MIEDO AL SAX

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL SWING DEL REICH/ 4

El músico rumano James Kok, llegó a Alemania en 1929, encabezando al principio un pequeño conjunto con el cual en 1930 se presentaba en el Salón Barberina de Dresden. En 1932 formó su grupo definitivo compuesto por 15 integrantes, con el cual logró sus éxitos más importantes y que casi no sufrió cambios hasta la expulsión de Kok del país a mediados de la década.

Colaboraron con él músicos excelentes como Karl Kutzer (trompeta), Kurt Grienbaum (trombón), Erhard «Funny» Bauschke (clarinete y saxofón), Erich Kludas (saxofón alto y clarinete), Kurt Wege (saxofón bajo y arreglos), el joven Fritz Schulz (después Fritz Schulz-Reichel) (piano), Dick Buismann (contrabajo) y el baterista y cantante Erich Schulz.

Desde 1933 el grupo de Kok grabó muchos discos para la Deutsche Grammophon, aunque debido a indicaciones «superiores» debieron limitarse a una música de baile comercial y que por lo tanto no mostraron sus verdaderas cualidades, las cuales sí podían escucharse en el Moka-Efti y otros clubes.

En abril de 1935, Kok fue expulsado del país por haber brindado su apoyo al inglés Jack Hylton y a su orquesta que por tercera vez se presentaban en Alemania; la prensa controlada por los nacionalsocialistas se dedicó a criticar a los músicos ingleses y la solidaridad de Kok para con ellos fue interpretada como «insulto contra la prensa alemana».

No obstante, James Kok ya había hecho las mejores grabaciones de su carrera en enero y febrero del mismo año. Estas grabaciones, sobre todo Tiger Rag, Jungle Jazz, White Jazz, Harlem y Jazznocracy, forman un hito en la historia del jazz en Alemania.

La orquesta huérfana de James Kok fue dirigida en un principio por Erhard «Funny» Bauschke, pero en el mismo año empezó a disolverse lentamente.  Algunos de los músicos, como Erich Kludas, Paul Thiel y Erich Schulz, se integraron a la Oscar-Joost-Orchester; los demás, sobre todo Rudolf Ahlers, Otto Sill, Kurt Wege, Fred Dömpke y Dick Buismann se quedaron con Bauschke y participaron en su nuevo conjunto, la Erhard Bauschkes Tanz-Orchester.

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Bauschke se esforzó por continuar la tradición iniciada por Kok. Era uno de los mejores clarinetistas y saxofonistas del hot jazz en Alemania, con una gran afición al swing. Si bien los numerosos discos que grabó para la Deutsche Grammophon (entre 1936 y 1942) eran en extremo comerciales, según las exigencias oficiales, y nos transmiten sólo una impresión limitada de las capacidades del grupo, éste era otro muy diferente en el mismo Moka-Efti, su sede constante.

El conjunto de Bauschke tocaba mucho swing con solos hot y elegía de preferencia composiciones estadounidenses, entre las cuales el “Tiger Rag” formaba el punto culminante de cada noche. A ello se agregaban los títulos y arreglos probados de Kok de “White Jazz”, “Jungle Jazz” y “Fliegender Hamburger”.

Sin embargo, los de Kok y Bauschke no fueron los únicos músicos destacados entre 1935 y 1936.  Entre los otros grupos alemanes sobresalían los Melody Serenaders, fundados en octubre de 1935, los cuales también se presentaban en el Moka-Efti de Berlín y contaban con solistas como Müssigbroth, Graf, Ross y Naumann.

Los Melody Serenaders tocaban arreglos jazzísticos especiales de piezas como “Drifting Tide”, “Dinah”, “Hot Toddy”, “The Roy Rag”, “Dynamic, Chinatown”, “You Rascal You”, “Casa Loma Stomp”, “White Jazz”, “Embassy Stomp” y otras composiciones semejantes. Su programa ponía de manifiesto lo poco que muchas buenas orquestas se preocupaban por los deseos del ministerio de propaganda.

En las grandes ciudades era posible escuchar jazz por todas partes. Además de los Melody Serenaders estaban también la Fred-Fisher-Band y el grupo de Heinz Wehner. Sería imposible enumerar todos los grupos con ambiciones jazzísticas que hubo en Alemania en esta época.

La Oficina para Música del Reich observaba estas actividades con desagrado, pero sus intervenciones aún eran moderadas, aunque sí causaban dificultades a menudo. Esta displicencia se debió sobre todo al deseo de guardar la imagen del país ante el extranjero y conservar la reputación de metrópoli cosmopolita de Berlín y algunas ciudades más. En la provincia se procedía ya de manera mucho más severa, en lo cual tuvieron mucho que ver los respectivos Gauleiter (nombre dado a los oficiales paramilitares responsables de aplicar esta circunstancia).

A la larga se conservaron algunos oasis para el jazz y el swing en Alemania. Sobre todo en el centro de Berlín, con su sinnúmero de establecimientos en los que tocaba todo tipo de conjuntos de diversas calidades, ahí aún era posible que se recrearan todos aquellos que se oponían al régimen y que conservaban su libertad de opinión. Entre ellos figuraron, por supuesto, los cada vez más numerosos aficionados a tales músicas.

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JERSEY BEAT

Por SERGIO MONSALVO C.

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 THE MUSIC OF FRANKIE VALLI & THE FOUR SEASONS

 New Jersey se encuentra entre los estados de Nueva York y Pensilvania y tiene frente a sí al océano Atlántico, con puertos estratégicos para el movimiento de productos, así como a los ríos Hudson y Delawere para lo mismo. Sus playas son atracción turística, interna e internacional, desde hace casi un siglo y un gran generador de ingresos para la zona.

Debido a ello, sus jóvenes músicos han tenido el espacio necesario (en clubes, restaurantes, auditorios, etcétera, a lo largo de sus playas) para exponer sus ideas y adquirir experiencia escénica, dando como resultado la creación de un sonido particular conocido como “Jersey Shore Sound”. Pero no sólo la economía ha tenido que ver con ello. La demografía, por su parte, ha aportado el elemento cohesionador para tal resultado.

Su población de nueve millones de habitantes se ha forjado con la inmigración paulatina de diversas culturas: hispanohablante, china, haitiana y fundamentalmente italiana. Esta variedad étnica ha propiciado la mezcla y asimilación de sonoridades variopintas, entre otras de las piezas que la conforman.

El Jersey Shore Sound se ha erigido a lo largo de más de medio siglo en un auténtico género musical por derecho propio. Diferentes épocas y representantes lo han colocado dentro de la historia del pop, el rock y otras vertientes. Y su presencia ha sido notoria a través de las décadas, al igual que su influencia.

Las raíces de su arranque y evolución se hallan en el los años que van de 1958 a 1966. Es decir, la primera era beatle y de la Motown, teniendo al rhythm and blues como manantial primigenio y sustentador. Y su síntesis llegó al clímax en la década de los ochenta (con Bruce Springsteen), dando lugar desde entonces a desarrollos más avanzados y al conocimiento mundial de sus formas y nombres.

El r&b en su manifestación de doo-wop fue el crisol donde se forjó dicho sonido a finales de los años cincuenta, producto de una cultura netamente urbana, con la influencia manifiesta de grupos negros de esta especialidad procedentes de las dos Carolinas y de Filadelfia, lugares donde se creó tal estilo. Aquí no fue el Mississippi sino el Hudson, el río tutelar para la difusión de tal expresión artística.

Una vez que el doo-wop desembarcó en New Jersey fueron los italoamericanos, en específico, quienes lo tomaron para sí y lo unieron a sus propias tradiciones vocales. Pulularon entonces los cuartetos por doquier. No había bar, club o auditorio donde no se presentaran constantemente formaciones de dicha naturaleza ambientando a los públicos tanto nativos como vacacionales.

Sin embargo, fue el de Frankie Valli & The Four Seasons el que destacó sobre todos los demás. Y el que impuso las pautas a seguir de lo que sería una marca del estado con registro de autenticidad en el origen.

El cantante Frankie Valli fue el centro de atención de los Four Seasons, un cuarteto que durante los años sesenta, y luego de manera discontinua en los setenta, colocó infinidad de éxitos en los más altos lugares de la listas de popularidad, con su característico sonido (aportación al doo-wop blanco), apuntalado por el reconocido falsete de Valli.

La caja recopilatoria de su obra titulada Jersey Beat… The Music Of Frankie Valli & the 4 Seasons es la más completa y satisfactoria antología que se haya hecho sobre este grupo. Historia sonora de una épica musical.

Además de los tres CD’s , la exhaustiva compilación incluye un DVD que abarca desde los primeros días de su fundación hasta la tour a nivel mundial que Frankie Valli llevó a cabo con la edición más reciente de la formación con tal nombre (y distintos componentes) en el año 2007.

Misma fecha que marcó la aparición en los escenarios de Broadway del musical Jersey Boys, fundamentado en tal caja y con un éxito de crítica y público que lo mantuvo mucho tiempo en cartelera y luego en el cine con un (fallido) biopic de Clint Eastwood.

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Tornamesa

EL DÍA DE LOS ESCORPIONES

Por SERGIO MONSALVO C.

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 Al mediodía de aquel 23 de marzo de 1994 era la cita con los integrantes del grupo Scorpions en el Salón Andrómeda del Hotel Nikko, ubicado en la Avenida Reforma de la Ciudad de México.

Un pequeño grupo de periodistas especializados nos reunimos en el habitáculo donde ya se instalaban cámaras, micrófonos y grabadoras. El grupo alemán llegó casi puntual y dispuesto. Klaus Meine, el cantante, llevaba una boina que pudorosamente le tapaba la muy avanzada calvicie. El cuero negro y los estoperoles eran su atuendo preponderante.

Este grupo germano fue fundado en 1965 por Rudolf Schenker en Hannover. Con una formación cambiante a lo largo de los años, se han dedicado a tocar un heavy metal que destaca por la excelente labor de sus diversos guitarristas; la del líder y autor de las composiciones duras y severas; por la voz de Meine que no se ha cansado de vibrar, y en contraparte también por la contradicción de incluir piezas seductoras, baladas inofensivas en su repertorio. No todo en la tierra del Metal es parranda y anécdotas depravadas. También laten los corazones con el acicate amoroso.

Ante cada nuevo álbum, estos alemanes siempre se encuentran con el mismo dilema: satisfacer al mismo tiempo a los batallones de rabiosos que sólo quieren ver en ellos a los feroces creadores de un subgénero voraz, y a las cohortes menos iracundas del gran público, esperanzadas a dejarse derretir dulcemente por sus insinuantes ternezas. Difícil paradoja que requiere de mucha habilidad.

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Y ahí estaban ahora, ante nosotros, la prensa, con motivo de su primera visita al país.

Como siempre hubo algunas preguntas idiotas y babosas de parte de los representantes de las revistas para niñas y adolescentes y de las televisiones privadas, así como las fallas acostumbradas del intérprete. No obstante, destacaron un par de cuestionamientos de los medios escritos que ubicaron el contexto de los Scorpions en su real medida.

Una de las preguntas (de un colega) fue que ¿cuál era su sentir ante el derrumbamiento del Muro de Berlín y sus secuelas? Y la otra (mía): ¿qué opinaban de las declaraciones de Günter Grass al respecto de la reunificación alemana, y sobre la xenofobia ideológica y racial que se había desatado en su país recientemente, con la llegada de tantos europeos orientales?

Sobre la caída del Muro, Rudolf Schenker opinó, con una serie de frases hechas y lugares comunes: felicidad, hermandad, momento histórico, esperanza, etcétera, etcétera. Ya todo tomaba el curso de lo anodino y lo banalmente simpático, cuando se le inquirió a contestar la segunda pregunta. Ahí guardó un largo silencio y luego expresó algo así como: «…No sabría qué decir…» Al auxilio de su compañero acudió Klaus Meine, el cantante, quien dijo: «Creo que Günter Grass es un amargado y un tipo sin amor por su patria». La sentencia quedó flotando en el aire.

VIDEO SUGERIDO: Scorpions – Belive In Love (Official Music Video), YouTube (Scorpions)

Pedí la palabra y le expresé que me parecían palabras muy duras contra un intelectual que había dado, con su obra y opiniones, un aire fresco a la literatura y a la crítica de su país, y cuyas exactas visiones habían sido merecedoras del Premio Nobel y otros reconocimientos humanísticos.

Aquí habría que hacer un paréntesis para dar a conocer lo que Günter Grass escribió al respecto de los efectos de la unificación:

«Los políticos en el poder –señalaba Grass– no se dan por satisfechos con la derrota del opositor ideológico, sino que también quieren verlo desaparecer, llegar a su fin. Ésta es una característica que siempre compartieron capitalistas y comunistas: condenar, en forma tajante, cualquier opción diferente a ellos.

«Por eso cualquier señalamiento sobre la autonomía que la Alemania Oriental haya ganado mediante la lucha de sus ciudadanos, fue sepultada por la propaganda. La conciencia de sí como pueblo, que a pesar de los cuarenta años de represión fue desarrollándose poco a poco y por fin se impuso en forma revolucionaria al principio de la presente década, sólo es mencionada con letra menuda.

«¿Quién no va a levantar los puños y enfrentarse ante tal indecencia? Evidentemente es muy poco para ellos –los políticos– constituir tan sólo una nación respetuosa de las diversidades». Hasta aquí Grass.

Regresando a la conferencia de prensa con los Scorpions, el cantante, contrariado, argumentó que de cualquier manera ellos se la pasaban de gira casi todo el tiempo, y tampoco recibían muchas noticias de lo que ocurría en Alemania en fechas recientes: «Es cosa de los políticos. Nosotros somos músicos». De la xenofobia opinó que estaba muy mal y que habría que hacer algo al respecto. Dio rápido las gracias por la asistencia y les señaló a sus compañeros y promotores la salida del recinto.

Aquel 23 de marzo en la noche, el Palacio de los Deportes fue una auténtica olla express. Fue un gran concierto el que los Scorpions ofrecieron ante un  repleto foro. Afuera, mientras tanto, se confirmaba la noticia del asesinato de Luis Donaldo Colosio, aspirante a la Presidencia de la República. La zozobra y la desazón hicieron presa del país. El respeto a las diversidades, que pedía Grass a los gobernantes en su ensayo, en esta geografía tercermundista también se rompía brutalmente, y como nunca la política y la criminalidad dejaron sentir su contubernio. La lista de bajas sólo comenzaba (Habría desde entonces y hasta hoy cientos de miles de fenecidos por ambas causas).

Siglos hace que a un griego llamado Platón se le ocurrió estudiar cómo se ordenaría políticamente a un grupo humano en el que prevaleciera el individualismo. La forma, dijo, recibirá el nombre de Democracia y sus sostenes serán la libertad y la igualdad.

En la época actual la democracia es lo que se supone vivimos nominalmente, puesto que es el dogma político al que el mundo entero rinde pleitesía, aunque su presencia regular brille por su ausencia. Carente de moral, muchas veces la democracia se extralimita en las funciones para conservar el poder. No imparte justicia sino que separa sus intereses. Y cuando éstos se contraponen se vuelve del dominio común que el régimen produce dirigentes con un margen insospechado para hacer lo que se les dé la gana, y la masa de gobernados sufre las consecuencias gracias a su propio voto.

Entre las consecuencias se encuentran la violencia y el crimen como apuntaladores del sistema. Al respecto se sabe que el crimen es una arma esgrimida para ocupar el poder y para conservarlo, pero eso no es todo. Los mismos métodos se utilizan en igualdad tanto para el vulgar raterillo como para el opositor político. Ahí, en el uso de los mismos métodos para eliminarlos, es en donde radica tal democracia.

Y diariamente se comprueba que en el juego inseguro e insolente de la política en el que nos han enseñado a confiar crédulamente el porvenir, los únicos que salen beneficiados son esos profesionales del quebranto llamados «políticos».

Alguien lo señaló: «El asesinato de Luis Donaldo Colosio fue un crimen de origen oligárquico». Alguien lo dijo: «El asesinato de todos los demás es de origen político». Las voces desde entonces siguen escuchándose. Las diversidades acallándose violentamente, sin los vientos de cambio (“Wind of Change”) a los que alguna vez le cantaron los Scorpions.

VIDEO SUGERIDO: Scorpions – Wind Of Change, YouTube (Musicancion)

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JANELLE MONÁE

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL COMPROMISO

La música de la negritud afroamericana del siglo XXI nació mezclada y ahí han vivido desde entonces sus más importantes manifestaciones. Creció con los textos de James Baldwin, Walter Mosley o Toni Morrison y las canciones de rap, r&b, cool jazz, pop y hip hop.

Tal música es también la literatura de Raymond Chandler con un beat de fondo; usando descripciones desnudas y duras de la vida en la ciudad: crónicas que no tienen miedo a decirlo todo (sobre el racismo, la sexualidad, la represión estatal, el separatismo). Descripciones, tanto de la vida exterior en la ciudad como del paisaje mental de sus individuos.

Ese es el compromiso del mundo musical de tales manifestaciones. Una de las más interesantes expresiones de las surgidas con el siglo, por su influencia no sólo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. Creció con el r&b de nuevo cuño, el rap, el pop y el renacimiento del cool jazz. Esas experiencias musicales fueron una gran inspiración para los nuevos creadores al empezar a escribir y componer.

Actualmente, dicha música es la voz «auténtica” de una generación desilusionada. Algunos ideólogos negros radicales en los Estados Unidos han afirmado que es la televisión de la comunidad negra; que los negros no están satisfechos con la información que reciben de los medios institucionales y por medio de ella la complementan con los avisos brindados por sus letras. Para eso se requiere ser totalmente honesto con los mensajes. Tal es el compromiso también musical.

Como en todo hay músicos auténticos y músicos impostores. Muchos de los primeros son increíbles y hacen una música magnífica (como Kendrick Lamar). Pero también hay representantes de la misma que propagan imágenes oportunistas (pornografía emocional) y de dudosa legitimidad (sobre el feminismo, la identidad, o la filiación política, como Beyoncé o Kanye West, por ejemplo) o en extremo violentas, sexistas, homófobas o antisociales (los gangstas).

Tales actitudes se basaban sobre todo en la agresividad sexual contra las mujeres y en su incitación a la violencia general con fines netamente lucrativos y comerciales. «Pura pose de adolescentes imbéciles», han comentado algunos de sus ideólogos históricos al respecto (como The Last Poets, como muestra). Ellos argumentan que el r&b, el hip hop, el funk, como el rock, deben ir contra las convenciones, pero el aspecto sexista sólo beneficia los intereses de los productores amafiados y fomenta la opresión del sistema.

Nadie tiene necesidad de una cultura underground que haga cosas así. Pero también está la música que se dedica a crear reportajes realistas sobre las calles de la urbe, sobre la intimidad emocional de las personas, sobre su vida cotidiana o de personajes que no difieren mucho de los de una novela, como el caso de Jenelle Monáe.

VIDEO SUGERIDO: Janelle Monae – Sir Greendown – (The Arch Android 2010), YouTube (TrippinginDenver)

Con ella (una mujer nacida en Kansas City en 1985) la mezcla genérica le agrega a la realidad un nuevo beat de fondo, para gente que además de escuchar música y/o bailarla, pone el cerebro a funcionar.

Ella ha revolcado el lenguaje convencional de dicha música para ponerlo a otro nivel, ha creado un mundo donde la ficción se funde con la realidad, donde los androides optan y actúan (como en sus dos primeros discos: The ArchAndroi, del 2010 y The Eectric Lady, del 2013 o su EP: Metroplis, Suite I: The Chase, con la clara ascendencia en su estética del cineasta Fritz Lang).

En sus manos, ese mundo se convirtió en un instrumento de liberación identitaria del que hizo gala en el siguiente: Dirty Computer (2018), tanto para crear su propio hábitat lleno de paradojas, o bien para excluir al mundo «superfluo» de afuera.

Si los creadores afroamericanos de los años noventa llevaron la inventiva lingüística un paso más allá: crearon toda una subcultura basada en el manoseo del idioma inglés, expresándola mediante ingeniosos juegos de palabra y una eficaz rítmica. En igual medida, en el siglo XXI, la experimentación con ello que hace Monáe ha elevado el listón con sus relatos y testimonios.

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Con ella, entre sus mejores representantes, el espacio musical cúbico entre el funk, el soul, el hip hop o el r&b,  cuenta la historia de una generación global que ha vivido a la deriva, en la incertidumbre sociopolítica, perdida dentro de comunidades deterioradas por la economía, por el regreso de actitudes derechistas y reaccionarias o de retorcido izquierdismo (plagado de lo políticamente correcto), por el populismo rampante, el separatismo fascista, la posverdad y otras cuestiones derivadas de la fragmentación o manipulación de la realidad.

Al proyectar su ira, experiencias y necesidades, los auténticos, los verdaderos artistas de la música afroamericana, como Janelle Monáe, han inyectado poder a toda una generación y llegado a la gente donde el sistema de educación, las iglesias y las organizaciones políticas establecidas han fracasado. Más que música para bailar, la suya es hoy por hoy un movimiento cultural.

Su sonido. Sus collages auditivos, con sus remolinos de beats sobrecogen la mente. Pero la verdadera atracción es la letra, densa, con doble (y muchas veces) triple sentido y sincopada con ritmos asimétricos. Las palabras y frases son familiares, quizá, pero su significado se ha echado a volar por senderos nuevos.

La pasión, la sinceridad y su ritmo han atraído a muchos de fans que no son únicamente negros, pero que viven igualmente en zonas urbanas. Ya son hombres y mujeres que abarcan todas las razas, viven en el centro de las ciudades y pertenecen a todas las edades.

La música de Janelle Monáe –además de la moda, el humor, la actitud y la forma de vida que la rodean, incluyendo sus influencias del Northern soul, del pop electrónico y de la escuela de Prince– es más que beats funky y rimas ingeniosas o punzantes. La suya es una inexorable fuerza de cultura contemporánea. Es también una forma de vestir, de peinarse, de construirse una y otra vez y un modo de ver el mundo que se expresa en la voluntad de las audacias musicales y en su contenido de activismo social.

VIDEO SUGERIDO: Janelle Monáe – Dirty Computer (feat. Brian Wilson), YouTube (Janelle Monáe)

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GARAGE/39

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA POSMODERNIDAD

Mientras en el norte de los Estados Unidos los nuevos sucedáneos del garage se manifestaron a través del grunge, el underground, el punk y el rock más primitivo, el Sur del propio país le brindó los ingredientes a una rama del subterráneo que buscó al blues y al r&b de los primeros tiempos, enlazándolo después con la crudeza scratchy y la grabación menos sofisticada del mundo. Se trata de la salsa especial al estilo Nueva Orleáns del grupo llamado G. Love.

Los aires de Nueva Orleáns, aquella ciudad vibrante y hoy fantasmal, se dieron cita en el trío G. Love de Boston. El cual fue fundado por el outsider Garrett Dutton III, amante del surf, la comida criolla y la rítmica afrocaribeña. A todo ello le sumó la lírica del beat hiphopero y creó un estilo posmoderno a mediados de los noventa, que le abrió las puertas hacia varios géneros. El garage ganó en acústica y le rizó el rizo al rizoma.

La bohemia del sureño coffee house tradicional fue representada, en la última década del siglo XX, por una fusión de rag-mop, blues y swing con toques de rockabilly y la más pura vestimenta al estilo de Elvis Presley, por este trío emigrado a la zona más culta de la Unión Americana. Los nuevos bostonianos revistieron su garage de seda roja y ribetes dorados para escándalo de sus modosos vecinos.

Al tiempo que Nueva Orleáns entraba al garage bostoniano, en Finlandia hacía lo propio el psycho garage. Un estilo derivado del amor a las películas de serie B y al surf instrumental. En este caso, al pisar el suelo europeo se modificó un tanto el gusto y ya no fue el cine de serie B californiano sino el de Hitchcock. “Psycho” y “Vértigo”, filmes clásicos, se convirtieron en el estandarte del menage a trois con el surf y el punk del grupo de Helsinki, Laika and the Astronauts.

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En 1995, el garage deambulaba por el mundo con su espíritu infeccioso convocado por intérpretes varios. En Glasgow, Escocia, los miembros de Teenage Fanclub lograron con él ser reverenciados por los seguidores del power pop, por sus repiqueteos de guitarra al estilo de los Byrds, muchas armonías vocales y destacadas labores de composición.

El sonido del grupo escocés tenía muchas reminisencias de la Costa Oeste norteamericana, de la Ola Inglesa primaria y de los paradigmáticos Big Star. Al crecer su popularidad fueron reclutados por el mismo sello que grababa a Jon Spencer, Matador. Siempre interpretaron sus propias canciones con remarcados ganchos líricos y armoniosos riffs también en la guitarra. El pop edulcoraba las paredes garageras.

La posmodernidad tomaba en 1995 carta de naturalización en el rock de garage. Y en ello se daban cita géneros diversos, mezclados o entrelazados.

"The Dinner Party Download Live at Merge 25"

 

GARAGE 39 (REMATE)

BEEFHEART

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL CAPITÁN MÁGICO

Aunque su carrera arrancara bajo los cruzados auspicios del blues del Delta del Mississippi más ortodoxo, así como de la naciente psicodelia californiana, la continuación en la vida del Captain Beefheart, en cambio, rebasó por mucho el estrecho marco usualmente reservado para todas las variaciones y cambios realizados desde Robert Johnson.

Principal actor de una visión artística que él quiso universal, Beefheart inventó un lenguaje musical; mejor dicho, esculpió, pintó, coreografió, declamó y construyó su música. Se convirtió en un artista integral.

Fue un artista tocado por el espíritu del dadá, que cantaba como Howlin’ Wolf. Porque Beefheart cantó y muchos lo consideran aún como el más grande bluesero blanco. Esta visión total y libre, que no admitía concesiones, es lo que actualmente mantiene su aura intocable.

El Capitain Beefheart nació el 15 de enero de 1941 como Don Vliet en Glendale, California. Posteriormente agregaría el “van” a su nombre, afirmando haber sido, en una vida anterior, un pintor amigo de Van Gogh que nunca consiguió terminar sus lienzos. De muy pequeño creaba bizarras figurillas de barro, lo cual le valió la invitación de una academia de arte a los 11 años de edad. El artista portugués Antonio Rodrígues se convirtió en su maestro.

No obstante, al anunciar que deseaba enviarlo a Europa para estudiar arte, los padres de Don se cambiaron al pueblito de Lancaster, en pleno desierto de Mojave. Pretendían sustraer de esta manera a su vástago de la perniciosa influencia del ambiente artístico de Los Ángeles, sin sospechar que motivarían así el encuentro del joven con un personaje cuyo papel resultaría determinante para su futura carrera: Francis Vincent Zappa, hijo de un inmigrante chipriota y el gran tótem de la disidencia rockera.

Zappa evocó frecuentemente su primer encuentro con Beefheart: “Un día, a la salida de la universidad ofreció darme un ride a mi casa. Iba vestido de negro, ya usaba la barbita de chivo al estilo de Dizzy Gillespie y manejaba un Oldsmobile Holiday 88 Coupe modelo 1949, con un hombre lobo esculpido sobre el volante”.

Beefheart tocaba la armónica y el saxofón con varios grupos locales, sobre todo The Blackouts y The Omens. Se reencontró con Zappa en Cucamonga, donde éste componía música para películas de serie B. De acuerdo con la leyenda sobre el origen de su nombre, al recorrer el desierto tuvieron la idea de formar un grupo, The Soots, y de hacer una película intitulada Captain Beefheart Meets the Grunt People (jamás realizada).

Corre el año de 1964.  Es la era del rock británico y Beefheart acaba de fundar la Magic Band. Con él al frente, equipado con una voz ubicada en algún lugar entre Howlin’ Wolf y Max Schmeling y vestido con abrigo largo de piel negra, calzado con botines igual que los Beatles y el pelo largo. El conjunto pasaba, precisamente por el aspecto de su líder, por una agrupación inglesa de rhythm and blues y estaba constituido por Alex St. Clair y Doug Moon en las guitarras, Jerry Handley en el bajo y Paul Blakely en la batería.

La disquera A&M los contrató y citó a sesiones de grabación para realizar dos sencillos, entre ellas una versión de “Diddy Wah Diddy” de Bo Diddley que, si bien resultó un éxito en California, tuvo que enfrentar a nivel nacional la competencia de la versión interpretada por un grupo de Boston, The Remains.

Estas primeras grabaciones no correspondieron a las expectativas de los ejecutivos: “sin potencial comercial”, dijeron. Las cintas exponían las influencias profundas de Beefheart:  el delta blues de Fred McDowell, el blues eléctrico de Jimmy Reed, la armónica de Sonny Boy Williamson, el estilo vocal, esa aspereza cavernosa, de Howlin’ Wolf. Por no hablar del rhythm and blues al estilo de la compañía Stax. Más tarde se le agregaría el jazz vanguardista de Coltrane, Ornette Coleman y Cecil Taylor.

Impresionada a pesar del fracaso comercial de los sencillos, A&M propuso la realización de un álbum que Beefheart no tardó en entregar. Se lo rechazaron. Se trató, nada más ni nada menos, que de Safe as Milk, un álbum que luego haría historia.

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 Safe as Milk salió a la luz en 1967 gracias a otra compañía, la Buddah Records. La integración de la Magic Band evolucionó con la llegada de un joven intérprete de la guitarra slide, Ryland (Ry) Cooder, de apenas 16 años. Con la Magic Band ciertos instrumentos hicieron su primera aparición en el campo del rock. Tal fue el caso de la marimba, un xilófono de madera originario del África central; asimismo integró la log drum (un tipo raro de percusión) y la bottleneck, que hasta entonces no había abandonado nunca el repertorio del blues.

Sin embargo, la situación era dominada ante todo por la voz del Capitain. Ese órgano impresionante parecía mandar los elementos y tener el poder de desatar tormentas.

Este disco marcó los primeros pasos de un camino artístico único. A la autoridad natural del blues, Beefheart agregó la ironía y la desmesura de los surrealistas, como si el espíritu de Marcel Duchamp hubiera venido a coquetear con el alma faunesca de Howlin’ Wolf sobre las riberas del Mississippi.

A continuación, la carrera de la Magic Band fue marcada por una serie de frustraciones: la cancelación de su pasaje al Festival de Monterey (poco antes de la presentación programada para el mismo; Cooder abandonó al grupo y la grabación del álbum en vivo, Mirror Man, tuvo que esperar su salida hasta cuatro años después.

VIDEO SUGERIDO: Captain Beefheart & Magic Band – Sure ‘nuff’n Yes I do, YouTube (Nembutal)

El segundo álbum oficial, Strictly Personal (1968), destacó sobre todo por “Ah Feel Like Ahceed”, canción que provocó una polémica y llevó a Beefheart a tomar posición sobre los narcóticos en general:  “Yo soy una droga”, dijo contundente en una de sus raras entrevistas.

El fracaso comercial de este disco lo llevó a formar una nueva Magic Band con el guitarrista Antennae Jimmy Semens y John French, llamado “Drumbo”, en la batería. Asimismo escogió a dos músicos amateurs, que prefirió a los profesionales con prejuicios musicales demasiado asentados.

La música imaginada por Beefheart requería cierta virginidad, la total ausencia de ideas preconcebidas. La encontró en Mark Boston, a quien armó con el bajo y rebautizó como Rockette Morton. Bill Harkelroad se convirtió en Zoot Horn Rollo y heredero de la “glass finger guitar”.

 Al grupo se confía la colosal tarea de reproducir nota por nota las partes musicales de 28 piezas compuestas por Beefheart en el piano. Es la primera vez que se mencionaba el método beefheartiano de dirigir a su grupo. Algunos compararían esta técnica con la de Fellini, que exigía a sus actores ejecutar escrupulosamente cada movimiento y recitar cada sílaba exactamente según las palabras del guión.

Durante nueve meses, la Magic Band se recluyó en Woodland Hills, lejos de las drogas, las mujeres y la promiscuidad urbana. Este aislamiento modificó el comportamiento de los músicos. Los ensayos duraron varios meses, con jornadas de trabajo de 14 horas.

Por el contrario, la grabación de Trout Mask Replica, el álbum doble más impactante de la historia del underground, se realizó muy rápidamente; bastaron cinco horas. La filosofía musical de Beefheart tomó vuelo con esta obra: la provocación como principio, la convicción autodidacta, la experimentación; la música como aventura y la ruptura con los conformismos.

Trout Mask Replica fue su disco más intrincado, una hora y 20 minutos de un apocalipsis dadaísta, de esculturas auditivas como la flamígera “Moonlight over Vermont”, en la que aparecen sus obsesiones con la reencarnación y la transmigración de las almas, obra armada, precisamente, con líneas rotas que aspiran a reanudar los vínculos con la naturaleza.

En la disquera Straight lidereada por Zappa, Beefheart sacó Trout Mask Replica y Lick My Decals off, Baby, dos álbumes muy aplaudidos por la crítica e imperdonablemente pasados por alto por los compradores. En 1969, Beefheart y Zappa tuvieron su primera colaboración (si hacemos caso omiso de la efímera agrupación universitaria The Soots). Beefheart aportó la canción “Willie the Pimp” al álbum Hot Rats de Zappa y posteriormente colaboraron en el álbum Bongo Fury. Sin embargo, los roces personales alejaron a Beefheart de la égida del vanguardista en jefe.

Trout Mask Replica fue el punto cero de una progresión artística que encontró su apogeo en los tres álbumes siguientes, Lick My Decals off, Baby, Spotlight Kid y Clear Spot, discos en los cuales la Magic Band paulatinamente halla su coherencia con un boogie alucinante, a la vez bufonada y pesadilla.

A la postre, Beefheart se separó de su grupo y en las manos de los hermanos Di Martino, grabó dos álbumes para Virgin, Unconditionally Guaranteed y Bluejeans & Moonbeams (1974), fracasos comerciales y artísticos por igual. Bluejeans & Moonbeams, fue repudiado por los fans de Beefheart, aunque logró su primer éxito comercial con el sencillo “Same Old Blues”. De cualquier forma, Beefheart mostró la sobriedad de siempre: “Hago lo que debo hacer. El público me importa un comino”.

A comienzos de la década siguiente, regresa a la Magic Band al crudo carácter impredecible y al aliento de los primeros álbumes para las tres últimas entregas que se digna realizar, Doc at Radar Station, Ice Cream for Crow  y Shiny Beast, cuya ejecución musical pasa por la atmósfera de ritual vudú en muchos momentos.

Intempestivamente, en 1982 el Captain Beefheart se retiró de manera definitiva de la música. Se dedicó a explorar su apreciable talento como pintor bajo su propio nombre, Don van Vliet, y como capitán de su propio culto. Punks y vanguardistas se remitieron a su música y la intensidad marginal de Tom Waits también sería inconcebible sin él. Músicos de toda época lo citaron como su padre espiritual y le hicieron reverencias.

Finalmente, y tras muchos rumores sobre su salud en los últimos años, el Captain Beefheart murió, junto a su alter ego: Don van Vliet, el 17 de diciembre del 2010 en Trinidad, California. Estaba a punto de cumplir los 70 años de edad.

VIDEO SUGERIDO: Captain Beefheart – Electricity & Sure ‘Nuff’N’ Yes I Do, YouTube (shockingred)

BEEFHEART FOTO 3

 

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ORQUESTA BAOBAB

Por SERGIO MONSALVO C.

ORCHESTRA BAOBAB (FOTO 1)

 EL SUCESO DE DAKAR

La Orquesta Baobab representa  una especie de milagro social. Uno que se repite cada vez que sus integrantes se suben al escenario con sus timbales, maracas, tambores, tumbadoras y saxofones.

El milagro social entonces se transforma en fiesta. Una en la que se funde la salsa con los ritmos africanos. Entonces todas las noches de cualquier lugar donde aparezcan serán  noches dakarianas. Los aires de Senegal flotan en el aire.

Cuando el guitarrista Barthelmy Attisso, líder de la banda, llegó a Dakar en los años sesenta para estudiar la carrera de abogado, en la ciudad sólo se escuchaba música cubana.

El son, el mambo, la guajira y el cha cha chá entraron con los marineros por el puerto, situado a unas pocas millas de Goree, la isla desde la que se embarcaron  rumbo a América millones de esclavos.

Encadenados en bodegas viajaron con su música, echaron raíces en los lugares de destino y luego en una vuelta de tuerca del tiempo la devolvieron a su sitio de origen con nuevas referencias, una parte importante de la historia de la música.

La Orquesta Baobab mezcla música africana, cantada en wolof, diola o mandinga, con salsa caribeña, tiene un catálogo muy amplio, tanto que fácilmente puede llenar cuatro horas seguidas de actuación o más, si se lo propone. Rudy Gomis, uno de sus vocalistas, entona boleros también en español, algo habitual en los salseros africanos.

Nick Gold, el aventurero musical responsable del sello World Circuit, les ha producido sus discos y es el hombre que fue capaz de cumplir el sueño de reagrupar a la orquesta tras su disolución en 1987.

Gold, que antes ya ha triunfado con el Buena Vista Social Club, ha repetido la hazaña y  el modelo de producción con la Orquesta Baobab: sonidos limpios y canciones populares, el tipo de música que a él mismo le gusta escuchar.

Reagrupar de nuevo a la orquesta requirió de tiempo. Para ello tuvieron que ser primero desbancados por el ascenso del sensual mbalax en el gusto popular, con Youssou N’Dour a la cabeza.

VIDEO SUGERIDO: Orchestra Baobab – Live, Hutru horas, YouTube (ziggolo77)

La Baobab pasó cerca de dos décadas separada antes de que Gold consiguiera juntarlos, un trabajo que no hubiera sido posible sin la ayuda del propio N’Dour.

Pero el tiempo transcurrido no parece haber influido en su manera de tocar, la química entre ellos sigue funcionando. Todos sus integrantes rabasan el medio siglo de edad. La identidad musical se ha mantenido.

Fue importante copiar el antiguo estilo para mantener la originalidad del trabajo y que el público lo reconociera. Para conseguirlo fue algo fundamental que el sax de Issa Cissoko siguiera levantando pasiones. Lo hace.

ORCHESTRA BAOBAB (FOTO 2)

 

 

Sin embargo, el regreso no fue igual para todos. Para algunos fue difícil recuperar el tono después de tanto tiempo. “Me llegaban las ideas pero expresarlas era muy difícil; no me había olvidado de tocar la guitarra, pero los dedos y las manos no respondían igual”, ha rememorado Atisso, el último en reincorporarse a la banda en su segunda etapa.

A Atisso lo localizaron en Togo, donde trabajaba como abogado, y no fue fácil convencerlo. El mismo Nick Gold le envió una guitarra desde Londres. Y por segunda vez en su vida, Atisso consiguió involucrarse con el instrumento.

En su caso no se puede hablar de una vocación clara, pero sí de una especial disposición para tocar. Había entrado a la música para pagarse los estudios. Aprendió a tocar con un manual que se compró en un mercado callejero para poder actuar en un cabaret llamado Baobab.

A la orquesta de casa se fueron sumando músicos llegados desde Mali, Guinea y distintos puntos de Senegal, un multiculturalismo que ha impregnado su sonido.

Casi todos los músicos poseían antecedentes familiares como griots, hombres que cantaban o recitaban las noticias de la tribu; tradición que se ha trasmitido de padres a hijos y muestra la importancia de la música en África.

Eran los años de la independencia del país —1960— y en Dakar se respiraba un ambiente de libertad desconocido. En Baobab, el Jefe elegía cada noche el repertorio que tenía que sonar para un público de empresarios, políticos y diplomáticos.

De sus viajes por el mundo regresaba con discos de vinil que incluía en el jukebox para que los músicos se fueran haciendo idea de los nuevos sonidos que ellos fusionaban con canciones de su repertorio. “El público era muy variado y había que dar a cada uno lo que esperaba; el abanico musical iba desde el rhythm and blues al tango, mezclados con los sonidos de Guinea y Ghana. Aquello nos convirtió en especialistas de todos los estilos”, recuerda Atissa.

El club acabó por cerrar sus puertas y la orquesta emprendió su camino solitario, decididos los integrantes a ser sus propios empresarios. Eso sí, mantuvieron el nombre de un árbol que, dicen, está dotado de propiedades mágicas y es símbolo de resistencia, tolerancia y vitalidad.

La Orquesta Baobab llegó a grabar más de 20 discos. Sus LP’s todavía se venden en los mercados de Dakar junto con las producciones actuales.

Tras firmar con la discográfica World Circuit, parte del patrimonio de la banda pudo ser recuperado con la edición de compactos como Pirat’e choice (1989), que reúne sus sesiones históricas.

Posteriormente, grabaron un nuevo disco con material inédito, en el que colaboró Ibrahim Ferrer, ese fenómeno vocal especialista en todos los estilos, con el que recorrieron medio mundo como un acontecimiento.

Made in Dakar, el álbum procedente, siguió el mismo camino y la orquesta no ha parado de hacer giras desde entonces y hacer sonar a Dakar por las cuatro esquinas del globo terráqueo.

VIDEO SUGERIDO: Orchestra Baobab – Ndongo Daara (Live Womad 2003), YouTube (MuddyBoy61)

ORCHESTRA BAOBAB (FOTO 3)

 

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THE LION FOR REAL

Por SERGIO MONSALVO C.

THE LION FOR REAL (FOTO 1)

 (ALLEN GINSBERG)

Este poeta, también fotógrafo y crudo maestro supradimensional, fue por igual el tipo que grabó música con Bob Dylan, Clash y The Fugs, y que continuó impresionando, junto con sus amigos William Burroughs (fallecido el mismo año que él), Jack Kerouac, Gregory Corso, Timothy Leary y Lawrence Ferlinghetti, a varias camadas de escritores, poetas, músicos clásicos y rocanroleros como Patti Smith, Richard Hell, Laurie Anderson, Tom Waits, Johnny Thunders, Gavin Friday, Kurt Cobain, entre muchos otros.

A fines de 1990, para celebrar su cumpleaños número 60, grabó un disco con lecturas de sus poemas que lleva el nombre de The Lion for Real. En él se hizo acompañar con un fondo de jazz desestructurado que interpretaron los músicos de Tom Waits: Marc Ribot y Michael Blair y los jazzistas Bill Frisell y Steve Swallow, pero ésta no fue su primera aventura recitativa apoyada por una creación musical concebida ex profeso para la ocasión.

En su primera incursión al acetato, denominada William Blake’s Songs of Innocence and Experience Tuned by Allen Ginsberg, la lectura fue acompañada por Elvin Jones y Don Cherry.

En total, fueron once discos de colección los que grabó durante su vida; entre ellos la buscadísima y agotada joya con el nombre de First Blues, un álbum doble que apareció bajo el auspicio de la compañía de John Hammond y que constituye el clímax de una prolongada colaboración con Bob Dylan.

De éste, Ginsberg dijo que fue el primero en soñar con meter la poesía en el rock and roll. «En los setenta me enseñó a tocar los tres acordes del blues. Yo no conocía casi nada de esta música, aunque el bluesman Leadbelly me impresionó mucho en mi juventud. Una vez que regresé de la India, le escuché a Dylan piezas como ‘Hard Rain’ y ‘Masters of War’, y tuve en verdad la sensación de hallarme frente a esa institución poética eterna y profética de la que habló alguna vez Kerouac.

Por otra parte, Dylan me confesó que Kerouac tuvo una enorme influencia en él, sobre todo con Mexico City Blues, poema con el cual por primera vez tuvo la sensación de que se trataba de poesía escrita en su idioma.

“Es evidente que una frase como ‘the motorcycle black madonna two-wheeled gypsy queen and her silver-studded phantom’ constituye una deflagración de imágenes al estilo Kerouac –dijo Gingsberg–. No es de sorprender que me sepa a Dylan de memoria. Todo mundo se sabe un poco de Dylan de memoria. En eso radica su grandeza.»

En los noventa, Allen Ginsberg, el mismo hombre de aquella encrucijada en la vida intelectual y artística de los Estados Unidos en los sesenta y setenta, continuó «aullando» con el ya mencionado The Lion for Real, que contiene 16 textos producidos por Hal Willner. Son 16 los poemas seleccionados, escritos a lo largo de 40 años y acompañados por excelentes músicos.

Y también lo hizo con Howl, U.S.A. en 1996, junto al siempre propositivo cuarteto de cuerdas Kronos Quartet, en donde puso al día el famoso poema de 1956, su sonido y sus imágenes.

Allen Ginsberg fue el apóstol de la Generación Beat. Encarnación viva de los valores de tales congéneres y del humor priápico que giraba sobre esta especie de profesor alegre y didáctico que murió al cumplir los 71 años, pero aún continúa su viaje por todos lados en espíritu, llevando consigo kilos de manifiestos: contra la censura, contra la guerra, a favor de la universidad budista donde dio clases (en Colorado), de la contracultura, de la poesía contemporánea, los cuales distribuyó a diestra y siniestra.

En 1997 con la muerte de Ginsberg se selló también una amistad de 34 años con Bob Dylan. Cuando le pidieron a éste un comentario al respecto, dijo lo siguiente: “En la vida sólo he conocido a dos personas sagradas para mí. Una de ellas fue Allen Ginsberg, mi amigo, mi hermano mayor”.

THE LION FOR REAL (FOTO 2)

 

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TOKIO BLUES

Por SERGIO MONSALVO C.

TOKIO BLUES FOTO 1

(HARUKI MURAKAMI)

Haruki Murakami es el autor de un texto canónico cuyo personaje –Watanabe– recibe, con mucha jiribilla, el explosivo “regalo” de los recuerdos cuando escucha las notas de “Norwegian Wood” de los Beatles, en la magnífica novela Tokio Blues.

Una jiribilla que tendrá que ir descubriendo paulatinamente y que trae consigo la carga de emociones, lo mismo que de inquietudes, angustias, vacilaciones o la reinvención de los gestos cotidianos que vienen aparejados al recuerdo –como ya  constató Borges al respecto memorioso–.

La memoria de cada uno es su pasado reconstruido. ¿Qué tanta injerencia puede tener, entonces, el sonido de unas notas en un recuerdo personal? Esto sólo se puede descubrir a la manera de Marcel Proust: describiéndolo. Es lo que hizo el doliente personaje de Murakami en su romántico periplo interno.

Y ese hilo vuelve a encontrar quien lo teja cuando la música acompaña a una imagen, que exalta, a su vez, la palabra para crear un recuerdo en la escritura de Hanuki Murakami, quien busca en un tiempo perdido salvar un instante.

TOKIO BLUES FOTO 2

Un instante de comunión entre dos seres jóvenes confundidos por la vida y sus extravíos, bajo el influjo de una canción memorable: “Norwegian Wood”. Las piezas de la música popular contemporánea, del rock en particular a partir de mediados del siglo XX, han alcanzado emociones y objetivos profundos. Han hecho visible la cruda manera filosófica mediante la cual nos afectan las cosas.

Han abierto un nuevo espacio para el conocimiento de “los sentimientos”. No sólo románticos, sino existenciales, de estar en el mundo y frente a él. La gente utiliza desde entonces la música para responder a cuestiones referentes a la propia identidad. Han sido –y son–, además, el espacio del placer estético contenido en una obra de dos o tres minutos.

Asimismo, tales canciones dan forma a la memoria personal, son parte del soundtrack de cada vida particular. Organizan “nuestro” sentido del tiempo y la intensificación de la experiencia del presente en cualquier época. Una de las consecuencias más obvias de todo ello resulta clave para recordar las cosas pasadas, desencadenan las asociaciones más intensas de tiempos idos.

Por estas muchas razones Murakami (uno de los mejores escritores contemporáneos) escogió “Norwegian Wood” como leitmotiv para una de sus obras, porque ésta es una de las piezas mejor construidas, redondas y exitosas de la época que evoca. Mediados de los años sesenta. Momento en que unos “nuevos” Beatles, sus creadores, propiciaban un gran cambio cultural con el disco Rubber Soul, que presentaba el tema.

VIDEO SUGERIDO: The Beatles – Norwegian Wood (Super Rare Version), YouTube (Johnny Bleed)

Los cambios incluían la apertura mental, la experimentación sonora, instrumental, genérica, visual y lírica. Sintetizado todo ello en la unidad artística, en la muda de formato del EP al LP, del single a lo conceptual. El hecho psicológico obligó al mundo a ampliar sus horizontes (conocimiento del Oriente, del Otro) y sus vocabularios (musicales, sociales, étnicos).

Asimismo, a documentar el paso de la adolescencia a la madurez a través de letras más profundas, introspectivas, serias, complejas y misteriosas. Éstas ya no sólo servirían para transmitir celebraciones o lamentos de amores primerizos, sino también información íntima, antagonismos, experiencias colectivas y sensaciones personales.

En “Norwegian Wood” no hay  obviedades sino sugerentes indicaciones de ambientación, referencias evocadoras, seducción, rechazo y hasta la idea de venganza por lo mismo.

Murakami con el libro Tokio Blues, aprovecha la experiencia de aquella canción, la rememoranza que provoca, el instante de vida que retiene, para ubicar al lector en un lugar desde el cual asomarse a las grietas del espíritu humano joven, ante el umbral de la madurez (con sus relaciones amistosas, las responsabilidades que acechan, sus inquietudes amorosas y sexuales, los lados oscuros de la conciencia, los límites entre la razón y la locura, los diversos planos de la percepción, con la omnipresente música que lo acompaña todo: Beatles tendiendo hacia el Oriente, Murakami, hacia el Occidente).

Crea con ello un universo activo e hipnótico a la vez, sin terminar de verle el fin y con la sensación de haber tocado el sentimiento perfecto por un momento, para luego perderse.

Con este libro (y en general con su obra), Murakami abre al lector a las grandes preguntas y lo sitúa ante las grietas emocionales y éticas. Entre las preguntas está la de la identidad cultural de manera muy esencial («Nací y crecí en Japón, hablo japonés, como comida japonesa y hago todas las cosas que hacen los japoneses pero me gusta el jazz y la literatura occidental desde Dostoievski hasta Stephen King, ¿qué es oriental y qué es occidental?»).

Es, pues, un escritor acorde con el espíritu de los tiempos: cosmopolita sin complejos, mezclador de géneros entre lo real y lo onírico, evocativo y melancólico, con sensibilidad artística ante lo universal y ecléctico, de variado iPod musical, con humor y oscuridades.

Tiempos en los que estamos en un momento de derrumbe y reconstrucción, en los que es necesario retomar cosas para explicar el presente y cuestionar su habilitación.

Tiempos en que la intimidad es una utopía, el personalismo  una patología, lo cotidiano un tema a flor de piel, con atracción por el diálogo y la compartición sin presencia, tarareando un blues en Tokio o en donde sea y  hacia las identidades cambiantes, sintiéndose perdido por la traducción y plenamente ensimismado.

VIDEO SUGERIDO: The Beatles – Norwegian Wood Take 3 Accoustic Is This the Last Take?, YouTube (Amnestyvíahuh’s channel)

TOKIO BLUES FOTO 3

 

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