LEOPOLDO ZAMORA PLOWES

Por SERGIO MONSALVO C.

LZP I (FOTO 1)

QUINCE UÑAS  Y CASANOVA AVENTUREROS

(LA IMAGINACIÓN HISTÓRICA) / I

En la Edad Media, cuando la escolástica dominaba los preceptos filosóficos, uno de sus argumentos recomendaba, como medida profiláctica, no crear seres sin necesidad. Tal designio, a través de los años, fue tomado por unos y por otros como espíritu exclusivo para las doctrinas o en los métodos científicos. Sin embargo, para el momento que nos ocupa, ante esta norma surgen como válidas las siguientes preguntas: concediendo que sea necesaria la historia -como observación, interpretación y proyección del pasado- y concediendo también que sea necesaria la literatura -como invención de lo posible, como orden estético impuesto sobre la sucesión de los acontecimientos-¿es necesaria la fusión de los géneros, es decir, la existencia de la literatura histórica?

¿Qué es lo que pretende en última instancia? ¿Evocar figuras que se van cubriendo con el polvo del olvido y devolverles el brillo de lo que vive? ¿Librarlas de la cárcel de los documentos, de los testimonios, de la estrechez de unas circunstancias determinadas e inmodificables, de su servidumbre hacia alguna verdad para colocarlas en el plano de la verosimilitud y la constancia que se esconde tras la incoherencia aparente?

A tales preguntas han respondido, de muy diferente manera, los cultivadores de este tipo de ficción en el que los protagonistas y las anécdotas han sido tomados de los anales de la historia. Y esos cultivadores no han sido pocos. Han destacado en este aspecto Walter Scott, Bernard Shaw, Bertold Brecht, Hans Magnus Enzensberger, Tolstoi, Dickens, Norman Mailer, Umberto Eco, Gabriel García Márquez, por sólo citar a algunos. México también ha tenido los suyos: Martín Luis Guzmán, Mariano Azuela, Juan A. Mateos, Altamirano, Vicente Riva Palacio, Víctor Salado Álvarez, Rafael F. Muñoz, Fernando del Paso y Leopoldo Zamora Plowes, entre otros.

Después de todo, la historia y la literatura son formas compatibles de ordenar la naturaleza y la experiencia humanas, y cada una de ellas tiene su particular enfoque de los asuntos, los cuales, sin embargo, se entrecruzan y divergen. En su momento Flaubert afirmó que “la historia no tardaría en absorber todo lo literario”, y al hacerlo se creó la imaginación histórica, que señaló la necesidad de ser fiel a los datos concretos de la historia así como la necesidad de ejercitar la imaginación. Los estudiosos que se han ocupado de la novela han utilizado algunas técnicas de consulta de uso común en la historia.

Cuando los novelistas introducen o utilizan personajes históricos en sus narraciones, persiguen diversos fines, como lo son indicar el tiempo, aumentar el interés o la credibilidad, o simplemente para interpretar desde su óptica particular a un personaje, un proceso o una época. Desde este punto de vista, la novela buscará siempre una verdad más amplia y más perdurable que la historia, reafirmando lo que Aristóteles sostenía: que la poesía, es decir la ficción, la novela, es superior a la historia, en el sentido de que cuenta “lo que podría haber ocurrido”, mientras que la historia sólo “lo que ya ocurrió”.

Tal planteamiento liberó a los autores del estricto apego a los hechos, para permitir un retrato de la experiencia basado en la imaginación, para reunir lo imitativo y lo ideal y para usar las verdades de la historia con el fin de trascenderla. En época más reciente, Norman Mailer dijo que el escritor tiene que abandonar la simulación de escribir historia y  “entrar sin rubor en ese mundo de luces extrañas y especulación intuitiva que es la novela”, porque la historia ha llegado a su límite y “la novela tiene que sustituir a la historia precisamente en el punto en que la experiencia es suficientemente emotiva, espiritual, física, moral, existencial o sobrenatural”.

LZP I (FOTO 2)

 

Exlibris 3 - kopie

HAIR

Por SERGIO MONSALVO C.

HAIR (FOTO 1)

 (PELO EN LA SOPA TOTALITARIA)

 I

 Pyongyang, Corea del Norte.- El régimen estalinista del dictador Kim Jong Il reprendió de manera pública, a través de la televisión estatal, a los jóvenes coreanos que usan el cabello largo y escuchan música occidental (rock). Los llamó “tontos que abandonan nuestro propio estilo de vida e imitan modelos de otros pueblos”.

Así inició a principios del 2005 la campaña gubernamental titulada “Cortémonos el pelo según el estilo socialista”, misma que advierte que no debe rebasar los tres centímetros. La cortedad capilar está dentro de la filosofía Songun de la que era seguidor Kim Jong y actualmente también su hijo y heredero político, Kim Jong-un. Ésta se concentra en las cuestiones militares y por ello exhorta a los ciudadanos a seguir el ejemplo del ejército coreano, el cual consta en la actualidad de un millón y medio de elementos y es la columna vertebral del gobierno.

Este último exige un apoyo incondicional del pueblo y para ello controla todas las publicaciones y emisiones de la radio y la televisión. Con su manejo busca guiar los gustos culturales de los norcoreanos. Kim Jong Il y su hijo, han rechazado toda influencia extranjera y por eso el primero emprendió la campaña, cuyo dictado afirmaba que “el cabello largo entorpece la actividad cerebral al restarle oxígeno a los nervios de la cabeza”. La propaganda no mencionaba ninguna regla para las mujeres ni explicó por qué en ellas el cabello largo no reducía su actividad cerebral.

Debido a la profunda crisis en que está sumido ese país, miles de habitantes viajan a China en busca de comida y trabajo. Ahí han conocido paradójicamente formas de la cultura occidental que se han popularizado desde que China abrió sus puertas al capitalismo. Así que al retornar a sus lugares de origen llevan consigo las nuevas modas y gustos estéticos, pero también radios de transistores, videos y CD’s que introducen de contrabando a Corea del Norte.

La campaña llegó a nuevas alturas luego del cumpleaños número 64 del “Amado Líder” (como se le conocía a Kim Jong y hoy a su vástago), cuando la televisión estatal empezó a señalar a los ciudadanos de cabello largo como “estúpidos, poco higiénicos y antisocialistas”. Incluso el medio mostró e identificó a quienes violaban la orden con su nombre y domicilio.

Los comentaristas preguntaron ante las cámaras: “¿Cómo vamos a esperar que hombres así, con una actitud tan desaliñada, vayan a cumplir bien con su deber? No podemos más que cuestionar el gusto cultural de estos camaradas, quienes se muestran incapaces de sentir vergüenza por el largo de su cabello. Son ciegos seguidores del estilo de vida burgués”. De esta manera los expusieron a la burla y denigración públicas.

II

En Occidente, el rock llegó a los escenarios teatrales en 1960 con la obra Bye Bye Birdie. Sin embargo, el género no se apoderó realmente de Broadway, la meca de los musicales a nivel internacional, hasta 1967, cuando una obra tuvo verdadera aceptación en este sentido: Hair.

Síntesis: Claude Hooper Bukowsky, un granjero provinciano (de Oklahoma), llega a Nueva York en espera de ingresar en el ejército estadounidense para ir a combatir a Vietnam. Ahí se encuentra con miles de jóvenes que protestan contra la guerra, predican el amor libre y una existencia semejante. Conoce por casualidad a un grupo de éstos, cuyo cabecilla, Berger, lo adopta entre ellos con el objeto de mostrarle otra forma de actuar y de pensar, completamente desconocidas para el joven campesino.

De esta manera se adentra en una forma de vida sostenida por el pacifismo, el rock, las drogas de tinte psicodélico, los acercamientos al mundo oriental y a la comunión entre la naturaleza y el ser humano. Su simbología defiende una estética de melenas al viento (de ahí el título de la obra), collares, camisas de colores pintadas a mano; sus armas son las flores. Es la cultura hippie, un movimiento contracultural de esencia reivindicativa y juvenil que tuvo lugar en la segunda mitad de los años sesenta.

Los autores, James Rado y Gerome Ragni (actores de la bohemia teatral neoyorquina), buscaron presentar con esta pieza un formato distinto a los tradicionales que hasta entonces se mostraban en las obras musicales de Broadway. En el proceso de dicha búsqueda crearon algo por completo nuevo, algo que llevó al escenario la excitación que se vivía y sentía en las calles en ese momento.

Les costó trabajo, por lo mismo, y no accedieron a las principales salas en un principio. Hair fue estrenada primero en el Public Theater de Nueva York (en el off-off Broadway) el 17 de octubre de 1967, ante los 300 asistentes que llenaron el lugar. Las peripecias económicas, actorales, de adaptación, musicales, de dirección, así como legales y de ubicación, se dieron de todas clases.

HAIR (FOTO 2)

La obra tal como se le conoce en la actualidad encontró a su director ideal en Tom O’Horgan y a su musicalizador en Galt MacDermot. Y su itinerario fue de un local conocido como Cheetah (una Disco para 700 personas, el cual debía desalojar cada noche para que empezara el baile), hasta una larga temporada en el Teatro Sullivan, en pleno corazón de Broadway, donde realizó 1742 funciones, desde el 28 de abril de 1968 hasta su clausura en julio de 1972, para luego recibir premios como el Mejor Musical y la Mejor Dirección.

La obra comenzó así su vida, llevando el pelo largo como estandarte y un puñado de canciones como himnos: “Aquarius”, “The Flesh Failures (Let the Sunshine In)” y “Good Morning Sunshine”, entre las más sobresalientes y perdurables.

En el ínterin también causó una revuelta judicial por la censura que quería cernirse sobre ella. Su propuesta artística causó disgusto tanto en algunas regiones de la Unión Americana como en la propia Casa Blanca, la cual a través de su vocero, Henry Kissinger, habló contra ella.

Tales sectores crearon la controversia al acusarla de “lujuria y lascivia”, “ofensas a la bandera y a la moral públicas”, “obscenidad”, etcétera. Todo el reparto fue reconvenido y condicionado a proceso si no cambiaban contenidos y escenas.

A su vez, la Asociación de Actores la apoyó con sus 17 mil firmas y envió una carta expresando su “profundo desacuerdo sobre la represión y caprichosa acción de las autoridades al cerrar la obra en Boston. Hecho contrario a las libertades de expresión y de pensamiento, contenidas en la Constitución”.

El caso llegó hasta la Suprema Corte de Justicia estadounidense, pero la compañía fue absuelta por estar contenida su protesta legal en la Primera Enmienda de la constitución del país. Una acción ciudadana en pro de sus garantías individuales.

VIDEO SUGERIDO: Hair – Song Hair, YouTube (cal8887)

Tras la aparición de Hair, el rock sería adoptado en los escenarios teatrales de todos lados, al igual que los guiños de su cultura: ingenio, irreverencia y rebeldía. Los diálogos de Hair estaban escritos en lenguaje coloquial y eso incluía la novedad —en el teatro— de las groserías, el juicio social, el nudismo, el juego con las ideas y la alteración del realismo psicológico.

La música, por su parte, no era el rock más puro; sin embargo, al igual que sucedió con el ragtime o el jazz, se convirtió rápidamente en crisol que daba resultado dentro y fuera del escenario y dejó tras de sí un catálogo de piezas memorables. Asimismo difundió la costumbre de la amplificación en el teatro.

Las obras, a partir de entonces, mostraron una gama de temas que pronto adquirieron características identificables: no tenían un libreto ortodoxo; eran cantadas totalmente y por esa razón fueron anunciadas como rock musicals (la popularización de la rock ópera aparecería un par de años después con Tommy de Pete Townshend, miembro de los Who).

En 1979, el director checoslovaco —avecindado en los Estados Unidos—  Milos Forman llevó Hair al cine, junto con el guionista Michael Weller y la coreógrafa Twyla Tharp. Forman aprovechó el material escénico y retrató con bastante fidelidad el contexto sociocultural de los jóvenes contestatarios, al desarrollar con suficiencia una historia generacional y antibelicista.

La película se convirtió en un clásico y en un documento social. Aquel pelo largo sesentero adquirió la categoría de emblema eterno. Una serie de empresarios teatrales aprovecharon la proyección que Forman le confirió a la obra y la embarcaron  a distintas partes del mundo desde entonces. En el 2020 cumplira 50 años de rodar por el planeta, con un mensaje libertario al parecer demodé.

III

Con la lucha contra el pelo largo (el rock y otras formas que significan oposición) un personaje como Kim Jong Il y su hijo actualmente han apoyado al ser social tradicional y la opinión de que las cosas deben seguir siendo como son. Dicho estilo capilar, en este momento en aquel país, se liberaba del ser social institucionalizado y convertía a quienes lo portan en seres contrarios, libres de nuevas combinaciones.

El control total es una fantasía promovida por aquellos que quieren practicarlo, como Kim Jong Il y el siguiente tirano. La acción de la simbología busca otro principio, ese que tan atinadamente bautizó Arthur Conley como “Shake, Rattle and Roll”.

El inmenso error de los líderes totalitarios es creer que por alguna circunstancia están libres de la historia. Como si ellos hubieran empezado un nuevo orden sin conexión con lo anterior o el presente. Su gran pifia es pensar que están exentos de lo contemporáneo y de su actualización, como si pudieran estar libres de las leyes del progreso y de la cultura que entraña, que lleva implícitos los nuevos sonidos con todos sus símbolos, entre ellos el del pelo.

Dictadores más añejos que el coreano lo han intentado y terminado por ceder, aunque sea al final de sus vidas, ante tal principio, como en el caso de Fidel Castro. El viernes 6 de mayo del 2005, tras 45 años de rechazo y persecución a esa música, “concedió el permiso” para un concierto masivo con el grupo estadounidense de hardrock Audioslave. La primera banda de su especie que tocó al aire libre en la isla caribeña.

La férrea voluntad de los miles y miles de cubanos, que a lo largo de décadas padecieron la censura y obstaculización de sus gustos, obtuvo una resonada victoria histórica con tal concierto en el Malecón. En la Tribuna Antiimperialista (un lugar reservado por el gobierno para realizar denuncias hacia la política de la Unión Americana) fue que actuó la agrupación integrada por el vocalista Chris Cornell, el guitarrista Tom Morello, el bajista Tim Commeford y el baterista Brad Wilk —a los cuales se considera elementos del primer supergrupo del siglo XXI, ya que proceden de bandas como Soundgarden y Rage Against the Machine—, quienes declararon de manera incisiva que era “un magnífico nombre para un foro cultural”. Unos años después serían los Rolling Stones, con el mismo ejemplo.

Cierto dogma de los defensores de totalitarismo y la censura mantiene la idea de que el control a ultranza es aún una barrera segura para proteger “a las auténticas tradiciones” de los productos “extranjerizantes”. Se sienten adalides de la sana conciencia, guardianes del buen gusto social y de lo “correcto”. Sin embargo, dan pena ajena, como en su momento los medievalistas del siglo XVIII, quienes luchaban en contra de la urbanización.

Para corroborarlo se encuentran en la historia los ancianos dirigentes del Kremlin y del Soviet Supremo de la extinta URSS (la caída del Muro de Berlín se coronó con un concierto masivo de rock); el fanatismo musulmán (que tiene a su némesis en el raï), la cadena de presidentes de los Estados Unidos, quienes han actuado contra el rock and roll y hasta el rap (con muchos expedientes X); la España de Francisco Franco; la larga lista de dictadorzuelos latinoamericanos (proclives a los autoflagelantes boleros), como el propio Fidel, ya mencionado, o Hugo Chávez. Ambos fenecidos, pero a quienes sus caricaturas han sustituído.

En el caso mexicano, el disfraz priísta (años y años de censura a los conciertos de rock, a las obras de teatro como Hair, Tommy y Así hablaba Zaratustra, con crónicas bien documentadas al respecto), el siguiente mochismo panista o esa premonición del moreno futuro, con gobiernos que patrocinarán con bombo y platillo actos “gratuitos” en el Zócalo (léase: nada de iniciativas ciudadanas, sólo las que provengan de políticas partidarias, exclusivamente). Y así de manera sucesiva, hasta llegar al absurdo de la prohibición capilar en Corea del Norte.

Kim Jong Il, “El Amado Líder”, vivió la vida de la negación, de la bravuconería militar. Luchó para detener el cambio con un fascismo por demás corriente. Kim Jong-un, su sucesor, de igual manera. La obra Hair, por su parte, se sigue presentando en las ciudades de Europa en estadios con capacidades promedio de 80 mil espectadores (en temporadas consecutivas desde el siglo pasado). En China, el video de la película (Hair) de Milos Forman se consigue por un yuan, algo así como 50 centavos de euro.

HAIR (FOTO 3)

 

Exlibris 3 - kopie

EDDIE COCHRAN

Por SERGIO MONSALVO C.

Eddie Cochran: Early Rock Star, Guitarist, Rockabilly Pioneer

 THE X FILES: “R & R”

En 1960 los dirigentes de un mundo dividido (capitalismo y comunismo) tenían una cosa en común y que los hermanaba dentro de la Guerra Fría: su odio por el Rock & Roll.

Tras la Cortina de Hierro, a fines de la década de los cincuenta, cuando el rock ya era popular en la Unión Americana y se daba a conocer por todo el mundo. Tuvo lugar el nacimiento de la paranoia en otra unión, la Soviética, con respecto al nuevo género.

Hoy, con la apertura de ciertos archivos que se conservan de aquella época en Moscú, se ha podido saber que cuando llegaron los primeros discos de Elvis Presley, Little Richard, Chuck Berry, Bill Haley, etcétera, a los mercados negros del bloque socialista, hubo una reunión del Comité Central de la URSS para discernir sobre ello.

Luego de horas discutiendo al respecto, las inteligentes personas que componían aquél Buró Supremo, heredero del recientemente fallecido José Stalin, finísima persona, llegaron a la conclusión de que era obvio que se trataba de una jugarreta del Imperialismo Yankee.

Las suspicaces mentes estalinistas estuvieron de acuerdo en que era una invasión en pleno, una malévola estrategia política que tenía como fin corromper a las juventudes del paraíso socialista. Por lo tanto había no sólo que censurarlo, sino también prohibirlo, perseguirlo y encarcelar a sus difusores, grupos y fanáticos y no darle espacio de ningún tipo. El mandato fue desde entonces para todos los países bajo la férula de la Unión Soviética (incluyendo sus satélites latinoamericanos, igual de fundamentalistas), durante los siguientes 30 años.

Mientras tanto, en los Estados Unidos se llevaba a cabo un ajuste de cuentas con el r&r. En agosto de ese año, el locutor de radio más escuchado por las familias blancas y conservadoras en la Unión Americana, Mitch Miller, dijo a su alarmada audiencia que no se preocupara más por dicha música y, haciéndose eco de lo perorado por el cantante Frank Sinatra, afirmó que el rock & roll habría “desaparecido en seis meses”, lo sabía de buena fuente.

Casi fue así. La década en que se inició el rock concluyó con una crisis que casi le cuesta la vida. Al final de los cincuenta, luego del brutal ataque al que la sometieron el gobierno y las fuerzas vivas estadounidenses (encabezadas por el Partido Republicano, el Club de Rotarios, el Ku-Klux-Klan, Richard Nixon, Henry Kissinger, el senador McCarthy, J. Edgar Hoover –director del FBI– y demás camarilla). Los pioneros estaban arrinconados, encarcelados o muertos.

Little Richard combatido por su bisexualidad, por el racismo, por la campaña antirockera y, luego de un oscuro avionazo del que se salvó milagrosamente, decidió dedicarse al estudio de la Biblia y difundir la palabra de Dios.

En esta misma época, Chuck Berry (figura principal del show itinerante que producía Alan Freed, quien ya era sujeto de investigación por el FBI) fue perseguido y enjuiciado por haber cruzado la frontera estatal acompañado por una menor de edad. Tuvo que cumplir una condena en prisión por cargos de inmoralidad.

Jerry Lee Lewis iba camino del estrellato, con éxitos en las listas y todo eso, cuando se casó con su prima Myra Brown. El asunto adquirió proporciones desmedidas al comenzar a publicitarse sobremanera que ella era menor de edad. Los defensores de la moral y las buenas costumbres lo atacaron con todo y lo expusieron ante la opinión pública. Empobrecido y sin trabajo tuvo que volver al terreno del country para forjarse una nueva reputación.

Richie Valens, se hallaba promocionando el tema “La Bamba” cuando una avioneta que los llevaba a él, a Buddy Holly y a Big Bopper a un concierto se estrelló, muriendo todos sus ocupantes.

Estas muertes, aunadas al reclutamiento de Elvis Presley, a los accidentes automovilísticos de Gene Vincent y Carl Perkins, a los encarcelamientos, al abandono y a la persecución social, tenían al rock and roll en la hoguera en el año 1960 (se supo después que el gobierno estadounidense había decretado un expediente secreto X para exterminarlo).

La industria, apoyada por las instituciones estadounidenses, buscó sustituir a aquellos pioneros por gente menos peligrosa para el sistema. De ese modo llegaron los baladistas, carilindos bien peinados y vestidos (Mark Dinning, Rickie Nelson, Fabian, Pat Boone, etcétera). Con una temática pop reducida a lo meloso y elemental en exceso. Sin referencias ni significados.

Buscando esta meta, aquel expediente incluyó también a Eddie Cochran, un inesperado personaje que ante un Elvis domesticado (dominado por el Coronel Parker, cortado el pelo, llamado a filas y utilizado propagandísticamente por la milicia) y quien a su vuelta del servicio militar cantaba igual sólo baladas (el primer tema grabado por él a su regreso fue “Are You Lonesome Tonight”) tomaba la estafeta del alicaído r&r con la canción “Skinny Jim”. Eddie tenía entonces 18 años de edad.

EDDIE COCHRAN (FOTO 2)

Él había nacido en Minnesota el 3 de octubre de 1938 y ahí se había criado escuchando exclusivamente country e interpretándolo luego con diferentes grupos. Sin embargo, en unas vacaciones que hizo a Texas en 1956 asistió a un concierto de Elvis y todo cambió para él.  Elvis estaba en su mejor época como rocanrolero, desplegaba en escena por entonces carisma, vigor, energía y un poder rítmico y corporal que hacía cambiar de perspectiva a muchos de los que acudían a sus shows. Eddie estuvo entre ellos.

Se convirtió en guitarrista de tiempo completo y en respetable músico sesionista. No obstante, su talento lo empujaba al escenario y poseía el aura de rebelde que Elvis había abandonado. Con el tema “Skinny Jim” llamó la atención de una compañía discográfica que lo contrató.

Como era bien parecido la compañía entonces lo encaminó hacia el cine y apareció en algunas películas. En una de ella, The Girls Can’t Help It  y a pesar de la resistencia de los ejecutivos estrenó su canción “Twenty Flight Rock”, que resultó un éxito.

Pero aquellos no cejaban en limarle las uñas y únicamente quisieron venderlo como cantante, sin la guitarra. Por contrato estuvo obligado a sacar un disco LP, Singin’ to My Baby (el único de su carrera) que contenía baladas por doquier. Ante las pocas ventas optaron por dejarlo hacer en los estudios y de esa manera compuso una serie de temas que se convertirían en standards del rock y en himno de varias generaciones (de mods, heavymetaleros y punks) el más destacado de ellos “Summertime Blues”.

Así, Eddie adquirió experiencia como productor al realizar sus propios temas al dotarlos de avances como los riffs en medio de las piezas, el uso de diversos canales de grabación y otros desarrollos que permitía la contenida tecnología. Volvió al rock con canciones como “Jeannie, Jeannie, Jeannie”, “Pretty Girl”, “C´’mon Everybody”, “Teenage Heaven”, “Something Else”, “Little Lou” y “Teenage Cutie”, entre otras.

Con ellas introdujo el power chord en el rock y sus letras fueron declaraciones de principios. Ambas cosas fueron influyentes en los siguientes tiempos y se volvieron preocupantes en la mirada y acción de las instituciones. Otro rockero andaba suelto.

El 16 de abril de 1960, durante una gira por la Gran Bretaña y en la carretera que une Londres con Bristol, el taxi en que viajaba perdió el control cuando una de sus llantas estalló de repente. A bordo viajaban otros dos jóvenes con él. Uno de ellos era Gene Vincent, que aquel infausto día se destrozó por segunda vez la misma pierna que, cinco años antes, ya se había pulverizado en un accidente de moto.

El otro pasajero era su novia, Sharon Sheeley, que tenía solamente veinte años y ejercía como compositora para algunas figuras del rock and roll. Ella se rompió la pelvis. Él, al intentar protegerla, salió despedido del vehículo. Sufrió graves heridas en la cabeza. Lo llevaron todavía vivo a un hospital, donde murió algunas horas más tarde. Tenía solamente veintiún años. El rock entró en una severa crisis, que también parecía mortal, así que en Estados Unidos brindaron, los expedientes se cerraron y enterraron. La inesperada resurrección vendría como ola desde aquella misma tierra (de Albión) donde Gene Vincent y Eddie Cochran habían sembrado el r&r.

EDDIE COCHRAN (FOTO 3)

VIDEO SUGERIDO: Eddie Cochran – Summertime Blues, YouTube (DrFeinstone)

 

Exlibris 3 - kopie

REBIRTH OF COOL

Por SERGIO MONSALVO C.

REBIRTH OF COOL (FOTO 1)

 LA BRISA QUE VINO DE ALBIÓN

Es posible que el jazz haya nacido en los Estados Unidos, pero la cuna del jazz de Dj que surgió hace décadas no fue con el sudor y la mugre de los clubes de allá, que en aquel entonces, en 1990, en su mayoría seguían produciendo el house.

La cultura del jazz dance floreció en Londres, donde Dj’s europeos remezclaban discos de hip hop estadounidense con artistas como A Tribe Called Quest y Gang Starr. Con el tiempo llamaron la atención sobre la evolución que practicaban de formas musicales extraídas por igual de las escuelas del hip hop y el jazz.

Una de las primeras compañías disqueras en documentar dichas corrientes fue la sucursal británica del sello 4th & Broadway de Island. En 1991, bajo la dirección de su label manager Julian Palmer, comenzó la serie conocida como The Rebirth of Cool. Al final de la década, después de siete volúmenes y casi ocho años de publicación, esta colección se considera la quintaesencia del sonido contemporáneo del jazz dance de fines del siglo XX.

Las entregas sucesivas sirvieron de escaparate al desarrollo de las formas musicales modernas desde el new soul, el acid jazz y el triphop al hip hop, el rare groove, el dub, el downtempo y más. La evolución continua de la serie  y su intención fue abarcar a todas ellas sin atorarse en ninguna.

Si bien la versión británica de The Rebirth of Cool resulta definitiva, la estadounidense fue muy abreviada. Los álbumes resultaron muy inferiores a sus contrapartes europeas, obligando a los Dj’s y verdaderos fans de los nuevos sonidos a acudir a tiendas especializadas o sitios para el intercambio de discos para localizar los álbumes importados.

Los primeros dos títulos de la serie nunca salieron en los Estados Unidos (el primer volumen de la secuencia de la Unión Americana correspondió al tercero de la británica); además, los problemas de derechos y las estrictas leyes que regían el sampleo en la Tierra del Tío Sam resultaron en la ausencia de seis o siete tracks de dichas ediciones.

Palmer explicó la gran diferencia entre las dos colecciones de la siguiente manera: “En los Estados Unidos se ha convertido en un gran negocio denunciar a los sampleadores –indicó–. Si en la Gran Bretaña se saca un disco convencido de haber cumplido con las regalías correspondientes a los sampleos utilizados en cada una de las canciones y luego resulta que el artista o el productor metió otra cosa sin avisarle a nadie, las sanciones no son demasiado severas. En los Estados Unidos, en cambio, reina una paranoia gigantesca en torno a estas cuestiones. Aquí pagamos un par de miles y todos se olvidan del asunto”.

REBIRTH OF COOL (FOTO 2)

En cuanto a los últimos álbumes de la colección, Palmer planteó que serían un poco más experimentales todavía y mostrarían la influencia del jungle de vanguardia, lo más nuevo que hubiera en la escena británica. “Adelante cada vez. La etiqueta es tan amplia que podría significar cualquier cosa y eso es lo que resulta tan emocionante para nosotros”, dijo en su momento.

Hoy esa serie es historia pura. Definió el sonido de los noventa en cuanto al jazz. Tuvo la suficiente energía para otorgarle la validez de un hecho cultural de avanzada. Los sonidos están todavía ahí para certificarlo. The Rebirth of Cool fueron y son palabras mayores.

REBIRTH OF COOL (FOTO 3)

VIDEO SUGERIDO: The Rebirth of Cool, vol. 2 YouTube (Ricardo Alves)

 

Exlibris 3 - kopie

 

RAVE ON

Por SERGIO MONSALVO C.

RAVE ON (FOTO 1)

 (TRIBUTO A BUDDY HOLLY)

Buddy Holly: Los grupos allegados al rock y al pop desde comienzos de los años sesenta lo han puesto siempre como una de sus grandes inspiraciones, desde los Beatles y los Rolling Stones hasta los Hollies, los Kinks, los Who y los Animals. Su larga sombra se puede sentir hasta Elvis Costello, Clash, Weezer, Stray Cats, The Knack o Radiohead. (Todos han hecho versiones de él en sus primeros discos).

Recientemente le tocó hacer lo propio a una nueva camada: The Black Keys, She & Him, Modest Mouse, My Morning Jacket, Florence & The Machine y Julian Casablancas, entre otros. Y para ello se pusieron a armar un tributo: lleva por nombre Rave On. El cual coincidió con la que sería la celebración del cumpleaños número 75 del finado músico (1936-1959).

VIDEO SUGERIDO: Maybe Baby – Justin Townes Earle, YouTube (Concord Music Group)

Las versiones de los mencionados músicos, junto a las de algunos veteranos (Paul McCartney, Patti Smith, Graham Nash o Lou Reed), facilitan la permanencia de ese consejo totémico: “Escucha a las raíces”. No hacerlo supondría una pérdida para la humanidad, porque como dijo el escritor Antoine de Saint-Exupéry: “No heredamos la Tierra de nuestros antepasados. La legamos a nuestros descendientes”. En eso radica nuestro conocimiento y permanencia como especie.

Como están las cosas necesitamos prescriptores para movernos por la fonoteca universal en que se ha convertido el mundo gracias a Internet. En la práctica de nuestro desarrollo como escuchas no se debe menospreciar la sabiduría que nos han legado los padres fundacionales de los géneros musicales, en este caso del rock & roll.

Hoy, con este tributo antológico esa sabiduría se convierte en una clase magistral que tiene como tema a uno de los precursores de la tribu (rockera). En un mundo desmemoriado de lo que se trata es de recuperar tales herencias para que una nueva generación de escuchas no se equivoque y valore las cosas en las que aristas como Buddy Holly se han consumido en su reto a los dioses por la inmortalidad.

RAVE ON (FOTO 2)

 

Exlibris 3 - kopie

THE DOORS

Por SERGIO MONSALVO C.

THE DOORS (EN MÉXICO) FOTO 1

 (EN MÉXICO Y CON PROFETA DE FONDO)

Los encuentros se dan en momentos insospechados, ¿verdad, Jim?  El primero que tuvimos fue en aquel salón escolar, entre clase y clase, rodeado de espíritus adolescentes –y en plena punzada– que admirados escuchaban sin pronunciar palabra aquel “Light My Fire” en el tocadiscos portátil de uno de ellos.  Siluetas de nuevas criaturas acogiendo los sueños húmedos de ángeles enfangados.

Luego, en ese tiempo de hitos y mitos.  La calle de Insurgentes en la ciudad de México. Noche de nerviosa espera por tu arribo con los Doors. Las palabras haciéndose fuertes: ellos tienen los rifles, pero nosotros tenemos el rock y tú la magia poética por terrible que sea.

(La lírica de Morrison con los Doors no hizo la glorificación acostumbrada de la juventud, no. Eso era demasiado simplista e inocente para un tipo instruido en la parte oscura del pensamiento humano: Blake, Baudelaire, Rimbaud, Jack Kerouac, Nietzsche, Brecht, Artaud… Por lo tanto no definía a la juventud en años sino en emociones. Por eso la poesía de este rockero no era la tierra de los adolescentes que aún tenían una visión naive del mundo. Para él —un darky adelantado a su época— vivir no significaba respirar sino dejar de hacerlo, usando los sentidos y las facultades.)

Avenida Insurgentes y el lugar. Ir y venir de voces, de paseos cortos, de risas. Afuera una congregación de oficiantes pránganas que sólo tenemos la oportunidad de un breve vistazo al lagarto ebrio, entre el auto que te trajo y la puerta de ese Fórum. La ceremonia comenzó y muchos nos quedamos ahí, en la calle, con los bolsillos vacíos, los oídos aguzados, la acera que se acurrucó a nuestros pies como un perro en busca de simpatía. Dentro estaban los otros.

Así lo leí al siguiente día en el periódico El Heraldo de México, en una crónica del denominado “Profeta de Celaya”.

Domingo 29 de junio, página 1D. Título: “La salud mental de los jóvenes mexicanos triunfó sobre la proyección sórdida y angustiosa de Morrison y The Doors” (Crédito: reportaje de Raúl Velasco)

“La juventud dorada de México acudió en pleno a rendir pleitesía al mito de The Doors. La imagen que se tenía de ellos a través de sus discos era maravillosa, pero se fue deteriorando conforme avanzó en su actuación, que finalizó con un aplauso tibio, desconcertado, de aquellos increíbles jóvenes mexicanos que estaban ahí, bebiendo limonadas, porque no necesitan de mayor estímulo para sentirse eufóricos.

“La noche fue de los jóvenes mexicanos (comenzaremos nuestra crónica conforme a los cánones periodísticos: por orden de importancia de los factores), que se volcaron materialmente en El Fórum. Nunca en la historia del espectáculo nocturno mexicano habíamos visto tantos chamacos juntos, vestidos a la moda, con cabelleras abundantes, pero limpias y bien peinadas, dispuestos a entregarse a sus ídolos musicales.

“Javier Castro no hizo negocio con la cantina, los meseros pasaban a nuestro lado con las charolas repletas de limonadas; si hubieran servido leche malteada también hubiera tenido gran demanda, porque sí (y lo decimos con gran satisfacción) ¡sí es cierto!, que todos estos jóvenes no necesitaban del alcohol para estar contentos. Su entusiasmo por la música era suficiente.

“Se erizaba la piel de ver tanta cara sonriente y de percibir la corriente de vitalidad que generaban todos esos chamacos cuyas edades fluctuaban entre los 15 y los 20 años. Mario Olmos presentó en primer término un espectáculo fotográfico con las transparencias sobre las actuaciones de The Doors, unas fotos increíbles que fueron disfrutadas por el público juvenil. Vimos miles de rostros jóvenes en la pantalla, cabelleras rubias, rostros negros, imágenes de niños. El mundo de los jóvenes se volcó en la pantalla con música de fondo de The Doors, pero en disco.

EL DESCENSO AL AVERNO

“¡Y llegó el momento esperado de la noche! Jim Morrison y The Doors estaban sobre el escenario (“cierren las puertas”, “apaguen las luces”, “sí, también ésa de la cocina”, se escuchó la voz de Mario Olmos y el sonido local). Algunas chamacas gritaron jubilosamente y el aplauso fuerte se hizo escuchar para dar la bienvenida al conjunto.

“Luces azules y rojas iluminaron tenuemente a Jim Morrison y los demás músicos desaparecieron como por encanto, en la obscuridad, dejando escuchar únicamente las voces de sus instrumentos a través de los potentes altoparlantes (48 bocinas, ni más ni menos). Morrison era una especie de pirata Barbarroja, mezclado con Fidel Castro Ruz y el jorobado de Nuestra Señora de París. Con imaginación hasta podríamos verle un parche en el ojo.

“En medio de los reflejos de las luces rojas y moradas se veían de repente al baterista y al guitarrista, también de aspecto siniestro y la cabellera rubia, de brillo increíble, resbalaba sobre la cara del organista, una cascada cuando él la agitaba graciosamente. Sin embargo, en sus movimientos había algo que nos recordaba al Monje Loco. Sería tal vez que se contraía, que se cimbraba con dolor, con angustia, al sacar la música del órgano.

Y MORRISON COMENZÓ A GEMIR

“Sí, Jim Morrison comenzó a gemir, a gritar, a adoptar la conducta de un esquizofrénico. Era evidente que estaba trastornado y que nos invitaba a su mundo de pesadillas. Sí, la música era estridente, pero no penetraba al sentimiento, sino que aturdía. Había desconcierto en la sala, porque el mito de The Doors estaba latente.

“Había algo que no gustaba, pero la gente, los jóvenes, no sabían qué era, no lo descifraban en ese momento, y los ánimos se iban enfriando. Se enfriaban conforme avanzaba la esquizofrenia de Morrison, quien cantaba para sí mismo, tambaleándose sobre el escenario, totalmente mareado, embriagado en su mundo sórdido de pesadillas. De repente adoptaba la figura de un contrahecho y escondía la mano en la manga de su camisa, paralizaba sus dedos y se jalaba las barbas como el ogro del cuento que acababa de devorar a su víctima y la paladeaba, lengüeteando los restos que quedan sobre sus bigotes.

EL LENGUAJE INTERNO

“Eso que la gente no sabía definir era el lenguaje interno, el verdadero, el que no permite deformación ni engaño, porque es el lenguaje del sentimiento y que tiene su expresión a través de ondas invisibles y también de objetos tangibles como la ropa, el peinado y la actitud externa, y Jim Morrison estaba hablando y hablando muy fuerte, muy ácido.

“Jim Morrison nos hablaba de angustia, de miedo, de evasión. ‘Todo es horrible… hay fantasmas, demonios… Vengan conmigo a los infiernos, sufran, retuerzan sus cuerpos y griten, ¡ayyy!, ¡uggggg!, ¡gaagggagag!”, recibíamos la onda de The Doors. Y la guitarra eléctrica vibraba y metía sus sonidos en los oídos aturdidos.

ESTABLECER DIFERENCIAS

“Vamos a diferenciar para que podamos ser mejor comprendidos, poniendo en la otra esquina a Eric Burdon y Los Animales. Eric irritó a los adultos, pero enloqueció a los jóvenes en el cine Metropolitan, porque su lenguaje interno es positivo. Él nos comunicaba muchas cosas vitales, nos decía que había que amar, que había que luchar para mejorar el mundo que nos gustaba, que teníamos que acabar con las prohibiciones, porque el hombre necesitaba ser libre. Ese mensaje tan hermoso llegó limpiamente, porque Burdon se presentó limpio en el escenario. Si mal no recuerdo, su camisa era blanca, su cara no tenía barba, y hubo un momento en que se quedó con el torso desnudo, como mayor estampa de pureza.

“En cambio, Jim Morrison apareció con camisa roja y círculos blancos, con barba cerrada, melena abundante y sucia y nunca miró a su alrededor. Cuando se retiró se tropezó con el pedestal del micrófono, lo derribó y salió huyendo en señal de desprecio a quienes lo rodeábamos. Un artista que desprecia a sus semejantes no puede generar amor, ni admiración, sino eso mismo: desprecio.

“Pero la fuerza positiva de los cientos de jóvenes que anteanoche fueron al Fórum fue superior a la negativa generada por Morrison y la noche fue para ellos, porque demostraron que siendo jóvenes tienen madurez y capacidad de juicio y no son presas fáciles de influencias negativas.

“El éxito es también para el empresario Javier Castro, por traer a México espectáculos como éste. Porque el hecho de que no nos haya gustado no quiere decir que estemos en contra de que se vea, sino todo lo contrario. Los jóvenes necesitan ver todo para que puedan diferenciar. Ya demostraron su capacidad de juicio al no entregarse (hubo aplausos, pero no hubo entrega, aclaramos) al mundo de pesadilla de Mr. Morrison y se irán volviendo más exigentes y de gusto más refinado conforme vayan confrontando a los músicos del mundo que solamente habíamos escuchado en discos”.

Pues sí, tal como lo leen. Así escribió El Profeta aquel año de 1968, aunque ustedes no lo crean.

 

Exlibris 3 - kopie

GARAGE/20

Por SERGIO MONSALVO C.

GARAGE 20 (FOTO 1)

 LA ETERNA JUVENTUD AIRADA

En 1968 había pasado ya una década entre los preliminares del rock de garage y el fin de su primera etapa. Había sido fiel a sus influencias sin copiarlas al pie de la letra. De Little Richard y Chuck Berry habían absorbido los fundamentos; de la Ola Inglesa la importancia de los sonidos y parámetros y de los cientos y cientos de grupos que lo habían conformado en esta década: la actitud y el espíritu para tocar buenas canciones, con rabia y velocidad aunque fuera con impericia.

El rock de garage se había forjado con hambre, pasión y energía en las cocheras familiares, en los sótanos y covachas a base de poca elaboración musical (tres notas octavas y quintas), de la distorsión en los amplificadores y otros instrumentos baratos, de baterías agresivas y letras pegajosas, de riffs salidos del alma y con ecos metálicos, de la necesidad de agruparse y mostrar los deseos adolescentes de diversión y sexo.

Y los deseos manifiestos del rock de garage son por tanto calificados de sucios y sus intenciones de violentas, provocadoras y con actitudes nihilistas. Su base en el rhythm and blues es tocada con urgencia y con la intención de que refleje el barullo mental y emocional del eterno adolescente en celo, que se reúne con sus semejantes para compartir tales sensaciones y experiencias en un movimiento subterráneo y anárquico.

GARAGE 20 (FOTO 2)

Lo realmente importante de la corriente garagera no es la originalidad ni la calidad sino la manera de tocar las canciones. Hay que tocar rock & roll sin pérdidas de tiempo ni queriendo presumir. Escupir los temas tal y como salgan sin adornos ni adocenamientos. Tocar con todo el cuerpo porque no se puede hacer otra cosa, por necesidad existencial, porque lo esencial es el qué y no el cómo.

De los cientos de bandas que habían aparecido por todos los Estados Unidos y otros confines del mundo en esta época, algunos obtuvieron éxitos; la mayoría quedó en la oscuridad y desapareció tan fugazmente como había surgido. En 1968 el álbum conceptual era una realidad y la industria se plegó a ello. Los Beatles, que con la Invasión Británica desataron los deseos, ahora crecían para dar paso a otra etapa: la de los simbolismos, la abstracción y el uso de la palabra con otras intenciones.

Llegaron a su fin los sencillos solitarios y los one-hit wonders contenidos en los discos de 45 rpm, el formato ideal para los grupos de garage. Con el nuevo LP de 33 rpm el virtuosismo dentro del rock cobró una enorme importancia. Los héroes de la guitarra y otros instrumentos se encumbraron en el gusto popular. Asimismo, el uso del estudio de grabación como otro instrumento se impuso en la escena. Ambas cosas eran por completo ajenas al rock de garage y apareció el ocaso para éste.

En esa primera etapa para el rock de garage de cualquier modo quedaron cimentadas fuertemente sus bases. La saturación de los amplificadores, los cantos viscerales, el desaliño generalizado, los guitarristas trastocados y sobre todo el riff que lo definía todo. En ese campo fue precisamente donde los iracundos músicos sembraban y cosechaban tempestades. Uno de los últimos grupos de aquella época le proporcionó al mundo un tema histórico y un riff que se convertiría en tópico.

En 1968 el rock de garage volvió al capullo de su origen a esperar y forjar nuevos representantes. Su destino en todo caso tenía futuro: el espíritu de la eterna juventud airada.

GARAGE 20 (FOTO 3)

VIDEO SUGERIDO: The Lollipops Shoppe – You must be a Witch, YouTube (jeffo0771)

 

GARAGE 20 (REMATE)