ROCK Y LITERATURA: LES FEUILLES MORTES (JACQUES PRÉVERT)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

La mayoría de los standards más populares son canciones de amor. Tratan acerca del amor buscado, del requerido, del encontrado o del que se ha perdido. En tan sólo tres o cuatro minutos, lo que duran, hay verdaderos cuadros dramáticos, muchas veces cargados de ingenio y de sabiduría, al respecto.

 

En ellos se canta al amor como una cosa con poder y misteriosa a la que todos pretendemos conocer. Dichos temas nos pueden recordar pasajes de nuestras vidas, de nuestras tribulaciones en los malos tiempos o de las alegrías en los buenos.

 

Tales canciones nos suministran también un lenguaje para expresar nuestras esperanzas y sueños, y también nuestras sombras. Sin embargo, generalmente, a estos temas no se les considera poesía sino letras (lyrics), puesto que tienen otro fin como escenario, pero cuando han sido escritas por un poeta la cosa cambia, como en el caso de “Les Feuilles Mortes” (“Autumn Leaves”, en inglés, “Las Hojas Muertas”, en español), hecha por Jacques Prévert.

 

Éste, fue un poeta, autor teatral y guionista cinematográfico francés (nacido en 1900 y fallecido en 1977) que utilizaba las figuras retóricas o de repetición para trastocar el flujo convencional del lenguaje. Su poesía recurría muchas veces a dobles significados e imágenes insólitas con efectos inesperados, con un humor a veces negro y a veces erótico.

 

Al mencionar esta canción a cualquier escucha, éste se referirá a cuanto le ha gustado y/o entristecido, al mismo tiempo. Por eso es distintiva, y un tema cumbre de la llamada “canción francesa” de la posguerra. Con letra del mencionado poeta y música del compositor nacido en Hungría, Joseph Kosma (1905-1969) que se exiló y se hizo ciudadano francés en 1946.

 

Un año antes se había estrenado -justo al fin de la 2ª Guerra- esta emblemática pieza de época, que cantaron desde entonces muchos intérpretes, pero la de Juliette Gréco es única en versión femenina (así como la de Yves Montand lo es en masculina: “Oh! Je voudrais tant que tu te souviennes…” (Quisiera tanto que te acordaras…)

 

“Les Feuilles Mortes” (“Las Hojas Muertas”) es una canción plena de melancolía, un sentimiento que está presente en su melodía escalonada, en su armonía en tono menor y en el ritmo pausado en que se desarrolla esta balada. Su letra habla de un otoño gris, de las hojas muertas que caen de los árboles trayendo el recuerdo de unos besos idos, habla de un amor ausente y de unos días largos y vacíos.

 

Jacques Prévert

 

Oh, je voudais tant que tu te souviennes/ Des jours heureux où nous étions amis/ En ce temps-là la vie était plus belle/ Et le soleil plus brûlant qu’aujourd’hui/ Les feuilles mortes se ramassent à la pelle/ Tu vois, je n’ai pas oublié/ Les feuilles mortes se ramassent à la pelle/ Les souvenirs et les regrets aussi/ Et le vent du Nord les emporte/ Dans la nuit froide de l’oubli/ Tu vois, je n’ai pas oublié/ La chanson que tu me chantais…”

 

 

(“Me gustaría mucho que te acordaras/de los felices días en que éramos amigos,/entonces la vida era más hermosa/y el sol resplandecía más que hoy./Las hojas muertas se recogen con palas./Ya ves, no lo he olvidado./Las hojas muertas se recogen a paletadas./Igual que las añoranzas y los recuerdos./El viento del Norte se los lleva/a la negra noche del olvido./Ya ves, no he olvidado/la canción que me cantabas…”)

 

Cantantes de muy variados estilos la han incluido en sus discos a través del tiempo, entre ellas sobresalen las versiones de Ella Fitzgerald y Frank Sinatra, sin olvidar que la versión original en francés, “Les Feuilles Mortes”, fue la que catapultó esta canción al éxito en la voz de Yves Montand. En todas partes del mundo es uno de los standards más comunes en las jam sessions, y en el repertorio de todo vocalista serio. En el rock existe una gran versión de Iggy Pop y otra de Eric Clapton.

 

En el campo del jazz, con sus 32 compases los músicos pueden improvisar sin mucha dificultad gracias a que la escala de Mi Menor es constante y fácil de digitar para la mayoría de los instrumentistas o crear la atmósfera para acompañar a cantantes (hombres o mujeres) que la interpreten.

 

Debido a ello existen muchas versiones de este tema clásico, de entre las cuales destaca la de una de las mayores embajadoras de la canción francesa, Juliette Gréco, que en su voz se fundían los nombres de los grandes compositores y escritores del siglo XX.

 

Su estilo era una mezcla de gravedad y ligereza exhibida a lo largo de siete décadas sobre los escenarios. Un estilo que hizo historia. Juliette Gréco falleció el 23 de septiembre del 2020.

 

La pieza “Les feuilles mortes” (“Las Hojas Muertas”) representa la conjunción de la poesía de Jacques Prévert y la música de Joseph Kosma, la cual dio como resultado una de las cimas de la canción del siglo XX. El tema viajaría en la voz de diferentes intérpretes como canción estandarte, pero Juliette Gréco la acabó de entronizar como gran himno romántico del París de postguerra. Johnny Mercer trasladó los versos de Prévert al songbook estadounidense, como «Autumn Leaves» y la canción se hizo eterna en las voces de los crooners y los músicos de jazz.

 

La de Juliette Gréco (nacida el 7 de febrero de 1927, en Montpellier) fue una de las voces más señaladas del existencialismo llevado a la música durante fines de los cuarenta y los años de la década siguiente. El jazz y el pop francés se fusionaron aquí para lanzar al mundo los principios de la filosofía nihilista de la posguerra.

 

La época en la que se ubican la canciones interpretadas por esta cantante está marcada por la estrecha amistad de la intérprete con el padre de dicha filosofía, Jean Paul Sartre. Temas como “Les Feuilles Mortes”, evidencian el acercamiento. Por otro lado, la influencia de Miles Davis, inmerso en esos momentos en el estilo cool (y con quien mantuvo una relación romántica), también es patente en los arreglos musicales.

 

En su biografía Davis escribió lo siguiente al respecto: “En 1949 fui a Francia para participar, junto a Kenny Clarke, Tadd Dameron, James Moody, en el Festival de Jazz de París…Conocí a Julliete en uno de mis ensayos. Ella llegó y se puso a escuchar la música. Yo no sabía que era una cantante famosa, lo ignoraba todo. Simplemente estaba tan bonita, sentada ahí, con su largo cabello negro, una cara hermosa, cuerpo menudo, estilizado, tan diferente a cualquier otra mujer que hubiera conocido. Distinta por su aspecto, diferente por su manera de comportarse. Cuando le pregunté a un tipo quién era ella, me respondió todo receloso que ‘era una de esas existencialistas’. Le dije que aquello no me importaba. Me parecía bonita y quería conocerla. Como el tipo no hizo nada para facilitarlo, yo la llamé con la mano y se acercó. Hablamos. Nos enamoramos, y a partir de ahí estuvimos juntos durante mi estancia en aquel país”.

 

Por otra parte, la Gréco estuvo siempre en contra las trampas de la nostalgia- «Yo no siento nostalgia, tengo seres vivos que viven junto a mi corazón», dijo-. De esta manera la cantante proclamó y afirmó con vehemencia su presente. Gréco nunca perdió su actitud desafiante y el espíritu insumiso que la caracterizó, y que sobre el escenario acababa rindiendo al público.

 

Gréco siempre mantuvo su propia revolución personal, desde que en el París que la coronaba como musa del existencialismo y eterna dama de negro, mostró su espíritu inconformista, ese perfume de escándalo que la acompañó desde los primeros tiempos. Como el título de una de sus canciones, «Je suis comme je suis», siempre fiel a un estilo.

 

Con Gréco “Les feuilles mortes” (Las Hojas Muertas) se armaba de su vestimenta de coraje y de fuerza para interpretar el tema.

 

VIDEO: Juliette Greco – Les Feuilles Mortes, YouTube (hapasen)

 

Juliette Gréco

 

 

 

BLUES: DOCE TRIBUTOS/IV (SLIM HARPO)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

EL BLUES DEL PANTANO

 

El profundo Sur estadounidense ha tenido, desde que comenzó a contarse, su referente sonoro. La demarcación en que se ubican sus horizontes ha desarrollado una cultura particular —socialmente más conservadora que la del resto del país (debido al papel central de la tierra en su historia y economía)–, el criollismo, la práctica vudú, la arquitectura, la gastronomía, la literatura y diversos estilos musicales (como la música country, el bluegrass, gospel, jazz, blues, zydeco, cajun y rock and roll).

 

Una cultura única debida a las colonizaciones que ahí se han sucedido, desde la originaria indígena, la española, pasando por la francesa en diversas ocasiones (los negreros franceses fueron los primeros en introducir ahí la esclavitud hacia 1722) y la británica, hasta su anexión a la Unión Americana en 1803 y su aceptación como estado de la misma en 1817.

 

Producto de tal mezcla ha sido la música de aquella zona sureña, humedecida por el río Mississippi y nutrida de vida por los polvos y aires lodosos que la caracterizan. Es la swamp music o corriente pantanera en sus dos vertientes: la popular y el blues. Surgió a la luz pública gracias a las trasmisiones radiales que se produjeron al comienzo de 1950. En ellas participaban exponentes del cajun y músicas del criollismo negro local (zydeco), del country and western (hillbilly) y de las tradicionales influencias musicales folk de origen francés.

 

Entre los primeros exponentes destacaron Cookie and the Cupcakes con un tema llamado “Mathilda”. Tras él, una composición de Bobby Charles titulada “Later Alligator”, covereada por Bill Halley y sus Cometas como “See You Later Alligator”. Otras piezas importantes de dicho sonido son, por ejemplo: “Cotton Fields” y “Midnight Special” de Leadbelly, “Big Blue Diamonds” de Clint West o “Wasted Days and Wasted Nights” de Freddy Fender.

 

El estilo del swamp ha sido popularizado internacionalmente por diversos artistas que han hecho versiones del mismo en sus discos: “Just Because” de Lloyd Price, “Send Me Some Lovin’” con Little Richard, “Sea of Love” con los Honeydrippers, “Pledging My Love” con Elvis Presley. Incluso los Beatles se inspiraron por dicho sonido en su tema “Oh! Darling”.

 

De manera paralela, se desarrolló el swamp blues El estilo de éste evolucionó oscuro y denso, de forma silvestre, por aquellos lares. El ritmo de tal blues se caracteriza por su cadencia lenta, en la que se manifiestan las influencias del cajun y zydeco. El máximo exponente del estilo ha sido, sin lugar a dudas, Slim Harpo, de quien los Rolling Stones hicieron la versión de “I’m a King Bee” y “Shake Your Hips”, al igual que Neil Young realizó la de “Rainin’ in My Heart”.

 

James Isaac Moore o Slim Harpo (1924-1970) fue un compositor, cantante, guitarrista y armoniquista (de ahí su sobrenombre) que le dio a la influencia de esta música y su entorno una dimensión mayor, mítica. Tal como Faulkner lo hizo a través de la literatura. La historia del blues está coludida con el río Mississippi.

 

Ahí radica el canon virtuoso de su espíritu. De sus vertientes y trayectoria han surgido héroes y leyendas, relatos y fantasmas, todo un mundo tan real y fantástico como para crear a un personaje como Slim Harpo.

 

 

La superficie terrestre del estado de Louisiana abarca 113 mil kilómetros cuadrados, de los cuales más del 20% se encuentran constituidos por agua. Es un territorio que hace frontera con Texas, Arkansas, Mississippi (el estado) y con el Golfo de México.

 

La demarcación ha desarrollado una cultura particular –como ya dije, así como festividades características— debida a las diversas colonizaciones que ahí se han sucedido, desde la originaria indígena, pasando por la francesa en diversas ocasiones (que inicia con su toma de posesión en 1682 por parte del Cavalliere de La Salle, quien le da el nombre en honor del rey Luis XIV, y periodos entre cesiones a España y a los Estados Unidos), hasta la venta de Napoleón a la Unión Americana en 1803 y su aceptación como estado de la misma en 1868.

 

Por ello la ley reconoce tanto el inglés como el francés (más bien un dialecto conocido popularmente como cajun) como las lenguas más habladas de la región, aunque también están el criollo surgido de los esclavos negros, el español y el canario en menor medida.

 

La swamp music, en sus corrientes pop y blues, es un subgénero procedente de la zona acadiana, que se ubica al sur de dicho estado y está conectada con el sudeste texano, con el que colinda. Los acadianos son descendientes de los habitantes que vivían en los asentamientos franceses originales fundados en lo que hoy se conoce como Nueva Escocia.

 

Ahí, obligados a tomar partido por británicos o franceses durante una contienda en 1755, los ingleses los expulsaron. Más de 12 mil de ellos pasaron al exilio, sus casas quemadas y sus tierras confiscadas. Muchas familias se dispersaron por tierras británicas de Norteamérica, otros regresaron a Francia. Los que se quedaron y asentaron en la zona de Louisiana (la acadiana) fueron conocidos como los cajunes por el dialecto que hablaban (hoy se tiene el dato de que en dicho estado habitan unos 450 mil cajunes).

 

La música creada por ellos surgió a la luz pública gracias a las trasmisiones radiales que se produjeron al comienzo de 1950. En ellas participaban exponentes del cajun y músicas del criollismo negro local (zydeco): combinación del estilo bluesero de Nueva Orleáns, la segunda ciudad en importancia del estado, con el country and western (hillbilly) y las tradicionales influencias musicales de origen francés del folklor regional. El sonido mezclaba ondulantes líneas de bajo con el piano “honky tonk” y secciones de aliento y coros en las baladas al estilo del rhythm and blues.

 

Slim Harpo, uno de sus más conspicuos representantes, era un tranquilo hombre de Luisiana que se ganaba la vida en una empresa de camiones pero que tocaba diversos instrumentos para desahogarse. Primeramente, demostró su talento grabando con Jay Miller, un atingente productor blanco que surtía al sello Excello de lo que llamaban “blues del pantano”.

 

En el caso de Slim Harpo, eso equivalía a canciones sencillas y rítmicas, impulsadas por una armónica y una guitarra punzantes, que arropaban una sensualidad que potenciaba su escucha.

 

La fórmula creada le funcionó bien entre 1957 y 1970. Le proporcionó éxitos moderados en la Unión Americana -la compañía Excello era finalmente una modesta empresa sureña-, pero tuvo un impacto inmenso en el Reino Unido, donde los grupos de rhythm and blues y blues-rock se sintieron fascinados por su sonido fundamental. Y luego, con el ir y venir trasatlántico también en los Estados Unidos, donde los Doors o Z. Z. Top recrearon sus hallazgos.

 

En contra de la mitología que suscribe el género, según los testimonios de músicos y vecinos, Slim Harpo fue siempre un hombre de hábitos moderados. Fue una lástima que muriera de un infarto cardiaco a principios de 1970, a los 46 años de edad, cuando ya estaba tocando ante públicos blancos grandes y preparaba su primera gira por Europa.

 

Como cabía esperar, el sello alemán Bear Family le dedicó una de sus maravillosas y exhaustivas antologías, Buzzin’ the blues- The complete Slim Harpo. La cual contiene todo lo grabado por este músico incluyendo una actuación en vivo y –lo más importante- los singles que hizo en Nashville o Los Ángeles, tras dejar a Jay Miller; allí se aprecia que estaba renovando sus arreglos y que no rehuía los comentarios sociales.

 

Los discos y tracks fueron remasterizados con mimo, y dejando en claro con ello, que los temas de Slim Harpo parecen no estar inscritos en una época en particular: con su elementalidad y su sensual atmósfera, suenan tan eternos como los boscosos pantanos de Louisiana.

 

VIDEO: Slim Harpo – I’m a King Bee – YouTube (Hannah MacGregor)

 

 

 

PLUS: ROCK Y POESÍA (SUSTANCIAS CONCATENADAS/IV)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

Bob Dylan y Allen Ginsberg

 

La poesía modernista y modernista tardía y el rock son ahora tanto rizomas como géneros independientes y, al mismo tiempo, están interconectados con una gran variedad de disciplinas artísticas y de otra índole. La primera ocupa un nicho seguro dentro del mundo académico, las editoriales universitarias y las revistas y suplementos literarios; la segunda, ocupa un nicho mucho más grande, firme y en desarrollo constante dentro del mundo musical y del cultural, en pleno, definitivamente.

 

La poesía del siglo XX y la que va del XXI y el rock son paradigmáticos, por lo tanto, de la forma en que los movimientos del avant-garde han sido integrados a la psique colectiva durante tales centurias. Profundizar en este tema y proceso es tan interesante como enriquecedor para la cultura en general, y un ejercicio indispensable para todo aquel que se diga rockanrolero.

 

Cuando hablo de la influencia recíproca entre el rock y la poesía, debería poner énfasis en el hecho de que la poesía contemporánea se ha beneficiado más con el rock de lo que el rock ha obtenido de la poesía contemporánea, sus influencias y cánones más señalados datan del romanticismo hasta la contracultura del siglo pasado. Los motivos son evidentes: el rock ha servido de soundtrack a las generaciones nacidas inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y a las siguientes, hasta la fecha.

 

VIDEO: Bob Dylan & Allen Ginsberg Visiting Jack Kerouac’s Grave, YouTube (Swingin’ Pig)

 

 

BABEL XXI-783

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BABEL XXI

(XV ANIVERSARIO)

 

 

 

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

 

https://e-radio.edu.mx/Babel-XXI/783-Babel-XXI-XV-Aniversario

 

 

 

 

HITOS: ELVIS PRESLEY (90 AÑOS/IV)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

En su presentación del 13 de mayo de 1955, en el Gator Bowl de Jacksonville, Elvis estrenó un traje color rosa, con pantalones anchos. La experiencia de sus apariciones públicas enseñó a Presley que al arrodillarse para imitar el estilo gospel se le descosían los pantalones. Por eso usaba trajes demasiado grandes para permitirse movimientos más amplios.

 

En 1955 probó un fulgurante traje cruzado de seda cruda y corbata roja, mientras su cabello largo color rubio oscuro le caía en cascada sobre la cara. Al año siguiente aparecieron las chamarras deportivas en llamativos colores verde y rojo, pantalones azules, calcetines rojos y mocasines blancos de gamuza con suelas azules, el cabello oscurecido por la vaselina y los ojos delineados. El cabello teñido de negro no se convirtió en su sello característico hasta después de que salió del ejército en 1959.

 

Cabe admitir que gran parte de la imagen rebelde del rocanrolero fue catalizada por la película Blackboard Jungle de 1955, que utilizaba el éxito “Rock around the Clock” de Bill Haley, de 1954, como tema principal y así creaba un vínculo eterno entre el rock y la rebelión adolescente. No obstante, Presley se erigió en el símbolo visual de la música y la convirtió en leyenda.

 

VIDEO: Elvis Presley – Paralyzed, YouTube (Simone Presley Brasil)

 

 

 

PRIMERA Y REVERSA: CROSSROAD (BON JOVI)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

A Bon Jovi –tras once años de carrera grupal– le llegó el virus del The Best of…  Ya se habían tardado. La justificación:  «Un disco de éxitos es resumir una era, cerrar un capítulo, el final de algo, el principio de otra cosa…» Incluso Richie Sambora, el guitarrista, lo llama «una evolución».  Así se legitima la materia más importante de la compilación: la nostalgia. Se exhuma de esta manera parte del patrimonio de estos músicos, esfuerzo que, según la disquera y hasta los integrantes, debe recibirse con beneplácito.

 

Un Best of del artista puede convertir la compilación en una pieza de colección antológica. Concebida como el resumen de los logros, antología semejante se vuelve un objeto agradable de escuchar y de conservar. Sin tomar en cuenta la posibilidad de que contenga grabaciones inéditas o tesoros perdidos, que no es el caso de Bon Jovi, que sí incluye un tema de esta naturaleza, «Always» (una balada llena de sacarina que se escuchó como sencillo en la radio).

 

Por otro lado, sabemos que la verdad es que acción semejante sólo se realiza por causa del mercado, es la ley. Los tecnócratas defienden el hecho de practicar la regresión auditiva practicando una «pedagogía sonora» basada en los supuestos gustos del gran público. En realidad, ellos compilan según la cantidad de ventas logradas por cada canción, y el consumidor se la traga.  «Always» y la antología Crossroad fueron apoyados con un video de alrededor de siete minutos, cuya producción resultó multimillonaria.

 

VIDEO: Bon Jovi – Always (Official Music Video), YouTube (BonJoviVEVO)

 

 

 

RAMAJE DEL ROCK: ROCK DE GARAGE (16)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

The Shadows of  Knight son considerados en la actualidad como una de las bandas pioneras del garage-punk de los Estados Unidos. Se crearon en Chicago en 1963 bajo la batuta de su líder y fundador, el cantante Jim Sohls. El quinteto obtuvo alguna fama por su versión de “Gloria” de los Them, sin embargo, fue con una versión de Bo Diddley (“Oh Yeah”) que pasaron a ser ejemplo, más que imitación del boom británico. La crudeza de su hogareño sonido bluesero proveniente de Muddy Waters fue la clave.

 

La lectura que hicieron los jóvenes estadounidenses de la segunda oleada británica, más poderosa, más estridente, surgió de las academias londinenses con los Rolling Stones, los Kinks, Zombies, Yardbirds, Animals, Them y The Who, y tuvo efectos inmediatos y particulares. Entre lo más destacado de aquel año de 1966, estuvieron Question Mark and The Mysterians (todos chicanos), quienes ostentan hoy la designación de haber sido la primera banda de punk rock, por su sonido y actitudes emergidas de tal lectura. Estos oriundos de Texas, mostraron a Rudy Martínez (cantante) y Frank Rodríguez (órgano) como gurús del garage. Con “96 Tears”,

 

La intensidad era una de las premisas de la época. Y así lo hizo Roky Erickson (guitarra, voz, armónica y composición) con el grupo texano 13th. Floor Elevators. La psicodelia era el underground y ellos fueron los primeros en nombrarla en una canción. Eso los señaló de inmediato ante la ley que no paró hasta fichar a al cantante por posesión de drogas. Para evitar una larga condena carcelaria el músico se declaró mentalmente incapacitado. Se le recluyó por tres años en un hospital psiquiátrico. “You’re Gonna Miss Me”, fue su gran éxito.

 

 

The Count Five, lugareños de San José, California, entraron a formar parte del mito garagero en 1966 con “Psychotic Reaction». Sus edades fluctuaban entre 1os 17 y los 19 años de edad cuando disolvieron el grupo de mutuo acuerdo y a partir de ahí creció su leyenda. Una que el evangelista del rock Lester Bangs contribuyó a difundir en un gran ensayo. Los Yardbirds habían manoseado el poder de la luz en Inglaterra, The Count Five, lo hicieron vestidos de Drácula en una cochera californiana.

 

The Swinging Medallions, el octeto formado en Greenwood, Carolina del Sur, sortearon con habilidad el estigma del one-hit wonder, cuando alcanzaron las listas de popularidad en julio de aquel año con “Double Shot (Of My Baby’s Love)”, y lo convirtieron en el pilar de su institucionalización. A partir de ahí, y en el futuro, el grupo se erigió en el invitado incuestionable del frat-rock, y no hubo bar, club, fraternidad ni fiesta playera en donde no se le tocara. Circunstancia que aún continúa.

 

Nueva York no tardó en brindar sus propias aportaciones al rock de garage de 1966. Lo hizo con los Rascals y con The Groupies, un quinteto de chicos malos del East Side, quienes subrayaron tal rasgo típico de dicha metrópoli. Antes de grabar cualquier cosa, se hicieron notar con sus salvajes presentaciones en el Scene Club, con un rock abstracto rayando en lo primitivo. Sus riffs se basaban en los del bluesero Howlin’ Wolf y su lírica y actuaciones fueron precedente de la corriente psycho. “Primitive”, fue su estandarte.

 

Zakary Thaks fue el nombre que adoptaron los muchachos nativos de Corpus Chriti, Texas, cuando decidieron participar en una batalla de bandas del Carousel Club local. Ganaron el mismo y no sólo por el distintivo nombre, sino por la gran propuesta musical que mostraron, con una mezcla de influencias, tanto británicas como norteamericas. El tema «Bad Girl» les dio tanta popularidad por entonces que fueron convocados como teloneros durante la gira de los Yardbirds por aquellos lares.

 

VIDEO: Question Mark & The Mysterians – 96 Tears, YouTube (60s70sVintageRock)

 

 

 

 

 

ROCK Y LITERATURA: EL ARTE DE CREAR (UNA OBRA MAGNA)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

Al Señor de los Anillos, su obra magna situada en el mundo mitológico, épico y fantástico, el escritor británico J. R. R.Tolkien la desarrolló en un principio para intentar expandir la historia previa de El Hobbit, aunque adquirió características propias y canónicas.

 

La concepción de la obra parte de la erudición del escritor en la época medieval, y en su profundo estudio de las leyendas, religiones y mitos diversos.

 

En su esencia, este libro es una fusión épico-heroica medievalista de valores católicos y mitología nórdica (productos de la educación de su autor). También son claras las influencias literarias de dramas históricos de William Shakespeare, desde sus recorridos monárquicos de Ricardos y Enriques hasta el Macbeth escocés.

 

A tales influencias habría que añadir una capacidad suprema en cuanto a pulso narrativo, riqueza lingüística y alta creatividad en la imaginería, y tenemos la consecuencia materializada en los tres libros imprescindibles que componen la obra.

 

A través de ellos nos sumergimos en una épica absorbente y fascinante, que derrocha imaginación en un rico e influyente universo de multiplicidad de personajes y escenarios, en donde confluyen asuntos universales y atemporales como la muerte, el valor, el honor, la amistad, la corrupción, la avaricia y su principal asiento: la lucha entre el bien y el mal. El Señor de los anillos está considerado como el mejor libro del siglo XX de las letras británicas.

 

 

La influencia de este libro dentro de la literatura ha sido grande y con el tiempo se ha ido ampliando. Los autores que han asimilado su herencia en la ficción fantástica van de Ursula K. Le Guin a E.R. Eddison, pasando por Terry Brooks y Stephen R. Donaldson, Frank Herbert y Arthur C. Clark, entre otros.

 

Sagas cinematográficas, series de televisión, adaptaciones radiofónicas, teatrales, audiolibros, sitios de Internet, comics, posters, calendarios y videojuegos, han señalado su huella en la cultura popular.

 

Sin embargo, ha sido en el cine donde El señor de los anillos se ha enseñoreado. En algunos casos, sobre todo por el rechazo de los guiones por parte de Tolkien, los filmes no se llevaron a cabo en los cincuenta y en los sesenta.

 

No obstante, en 1978 apareció por primera vez en dibujos animados y rotoscopio. Pero no fue sino hasta el siglo XXI cuando de la mano del director Peter Jackson el clásico literario adquirió notoriedad cinematográfica en tres partes, con las que ganó varios premios Oscar.

 

La relación de El señor de los anillos con la música comenzó en los años sesenta de manera fallida. En 1967 el director cinematográfico Stanley Kubrick quiso llevar el libro a la pantalla protagonizado nada menos que por los Beatles. George Harrison sería el mago Gandalf, Paul McCartney y Ringo Starr encarnarían a los hobbits Frodo y Sam y John Lennon sería Gollum. Pero Tolkien rechazó el guión por los cambios propuestos sobre el libro original.

 

En aquel entonces, Kubrick venía del gran éxito obtenido por su película antibélica Dr Strangelove y se encontraba en la posproducción en pleno de la que sería su obra maestra 2001: Una odisea espacial. Mientras que los Beatles acababan de lanzar el álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y estaban preparando la película Magical Mystery Tour y el soundtrack (excelente) de la misma. Qué hubiera salido de tal combinación y en esos momentos de creatividad es aún un jugoso tema.

 

 

En el transcurso de las décadas varios han sido los géneros musicales que se han involucrado con la obra del autor británico: el folk alternativo con el grupo danés The Tolkien Ensamble; el new age con la cantante irlandesa Enya y con el teckadista sueco Bo Hansson; el jazz con el saxofonista noruego Jan Garbarek; el rock progresivo con la inflamada imaginería que va de Can a Yes (y Glass Hammer, en específico)

 

El heavy metal y su relación con Tolkien merece párrafo aparte comenzando con Led Zeppelin y sus famosas piezas: “Ramble On”, “The Battle of Evermore”, “Over the Hills and Far Away” y “Misty Mountain Hop”. Seguidos de Blind Guardian, Battlelore, Burzum o Summoning (alemanes, finlandeses, noruegos y austriacos, respectivamente).

 

El de la literatura y el metal ha sido un maridaje ejemplar, uno que asocia la negrura de la materia tolkiana y el camino mítico y espectacular de personajes heroicos.

 

J. R. R. Tolkien falleció el 2 de septiembre de 1973 a los 81 años de edad. Tras su muerte se editaron diversos libros suyos que agrandaban su legado dentro de la fantasía heroica, entre ellos los de La Historia de la Tierra Media y El hijo de Húrin, editado por uno de sus hijos en el 2007.

 

VIDEO: led zeppelin the battle of evermore, YouTube (zosozm69)