ROCK Y LITERATURA: MARK LANEGAN

Por SERGIO MONSALVO C.

A Mark Lanegan, se le pueden registrar más de una docena de entregas discográficas en su colección solista de formas musicales, aunque en las postrimerías de su vida él mismo se concibiera como figura a la que explorar vía la narrativa, para explicarse literariamente y que se entendieran sus desbarres frenéticos, airear los sucesos, y de paso, ajustar cuentas con otros contemporáneos.

Vayamos por partes. Lanegan nació en Ellensburg (Washington) en noviembre de 1964. Una ciudad cercana al centro donde surgió el grunge, Seattle. Ahí se embarcó en tal estilo con la banda Screaming Trees, a la que lideraba con su voz grave y dramática. Y le dio otra perspectiva al grunge de los años ochenta, desde la segunda fila, tras Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden y Alice in Chains.

Luego de ello, en algún momento de su carrera, formó parte de los grupos Mad Season, The Gutter Twins, Soulsavers, The Twilight Singers y Queens of the Stone Age. Incluso colaboró con Manic Street Preachers en el disco The Ultra Vivid Lament. Posteriormente, Lanegan dejó en los noventa sobresalientes y agudas obras como Whiskey for the Holy Ghost y I’ll Take Care of You, y otras tantas, hasta completar las cinco en el 2004 con Bubblegum.

A ello siguieron años de colaborar con músicos como Greg Dulli, Isobel Campbell o James Lavelle, entre otros. A partir de entonces, no hizo más que hundirse en sus propias y turbulentas tinieblas de drogadicción y depresión hasta convertirse en un músico de difícil molde que, incluso, contra todo pronóstico, experimentó con la electrónica.

Tal época de solista abarcó sus facetas de crooner disolvente, de ríspido rockero y de bluesman acerado. Poliédrico él, llegó a editar 11 discos en esas maneras. “Lo más importante en esto de la música es no perder la curiosidad”, dijo. Y ya entrada la segunda década del XXI, en sus siguientes álbumes siguió la estela de Tom Waits y sobre todo de Nick Cave.

Así lo contó en una entrevista: “En el 2012 por primera vez en mucho tiempo, me encontré sin nada que hacer y, en vez de esperar que alguien me llamara, actué yo. Tenía 48 años y, bueno, muchos de mis amigos ya estaban muertos. Cada vez era menos la gente que me podía llamar para hacer algo. Yo seguía vivo. Todo un éxito, si le echas un vistazo a mi biografía”.

En el 2020, efectivamente, la escribió. Lleva por título Sing Backguards and Weep, dondebuscó reconciliarse con su pasado en un libro de memorias.Su lectura produce sensaciones contradictorias, primero por la imagen que siempre proyectó y la explicación que da de sí mismo. No hay literatura, es una narrativa con demasiado balbuceo y mucha condescendencia con sus dependencias, a las que dedica y se regodea en decenas y decenas de páginas. Lo sustancial es breve e iluminador sobre la escena grunge, sobre todo.

Es un testimonio directo, pero menor, sobre la gente con la que convivió en ese tiempo en que nació, desarrolló y feneció tal estilo (del que renegó cada vez que pudo). Es más que nada un ajuste de cuentas con algunas de sus personalidades, y un autorretrato construido a la medida, antes de fallecer el 22 de marzo del 2022, a los 57 años.

Por otro lado, lo mejor de Mark Lanegan siempre será su música como solista. Y de ese legado, su álbum Straight Songs of Sorrow (2020), es su verdadero testamento, el sonido de su repaso existencial o, de manera más poética, el soundtrack de sí mismo.

El disco es, por lo mismo, una obra hecha con material ávido y profuso (quizá ya intuía la llegada del fin) en su más de una docena de composiciones, y el crisol de una revisión profunda y visceral sobre la vida y música que lo poseyeron mientras duró su existencia.

Y, como no podía ser de otra manera, el tema inicial ‘I Wouldn’t Want to Say’ es la evocación de un momento crucial para muchos creadores del género: el dickensiano encuentro con el espectro de la trinidad berlinesa David Bowie-Lou Reed-Iggy Pop. El instante de los hechos y desechos en la vida. De la opción entre el borrón y la cuenta nueva o el desaire al futuro.

Tal circunstancia es el mejor comienzo para un álbum semejante, ya que a la postre, durante su escucha, Straight Songs of Sorrow mostrará a todos los Lanegan conocidos de una manera atingente y estruendosa. Es un trabajo de lucidez en donde el músico se descubre, se disecciona sin piedad y pone en la balanza las consecuencias de quien ha sido.

Es un trabajo con hondura que requirió de los acompañantes adecuados para semejante tarea, y cuya colaboración resulta garantía de efectividad: Adrian Utley de Portishead, Greg Dulli de The Afghan Whigs, Warren Ellis de Bad Seeds, John Paul Jones de Led Zeppelin y el reconocido cantautor británico Ed Harcourt.

Con ellos, Lanegan ofrece su muestrario de franquesas y sinceridades, de ardientes y nebulosas imágenes de rock, como ‘Ketamine’, ‘Churchbells, Ghosts’, ‘Ballad of a Dying Rover’ y ‘Bleed All Over’, así como las frágiles sensaciones de soft rock como ‘Apples from a Tree’ y ‘This Game of Love’, acompañado de su esposa, Shelley Brien, en donde rememora sus apreciados duelos con Isobel Campbell.

Con todo este conjunto de letanías y compañeros, Lanegan se eleva sobre su propia figura (a la que intentó mixtificar en el libro autobiográfico), suena épico y contundente, circunstancia ilustrada en los más de siete minutos de ‘Skeleton Key’, una composición con voz hiriente y aprehensiva, tras cuya escucha se debe hacer el gran esfuerzo de separar al hombre de la obra y apreciar en lo todo lo que vale un álbum difícil de olvidar.

VIDEO: Mark Lanegan – Skeleton Key, YouTube (Mark Lanegan)

BABEL XXI-801

RADIOHEAD

PÉNDULO DEL CONOCIMIENTO

(REMAKE)

Por SERGIO MONSALVO C.

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

BLUES: WILLIE DIXON

Por SERGIO MONSALVO C.

EL BLUES DEL SEPTIMO HIJO

Como compositor, productor y arreglista, Willie Dixon (músico nacido en Vicksburg, Mississippi, en 1915) se presentó siempre como una figura dominante del blues de Chicago desde mediados de los años cuarenta del siglo XX.

Antes de convertirse en el principal productor de la etiqueta de Leonard Chess en 1952, formó parte, como bajista y cantante, de grupos como los Five Breezes y el Big Three Trio (precursores indiscutibles del doo-wop).

En la compañía Chess supervisó, acompañó y muchas veces proporcionó material a las grabaciones de artistas como Howlin’ Wolf y Muddy Waters.  Otis Rush y Magic Sam figuraron entre los músicos con quienes Dixon trabajó como productor freelance a fines de aquella década.

Durante dichos años, escribió docenas de canciones exitosas para los mencionados músicos y otros artistas de Chicago.  Entre los títulos estuvieron «(I’m Your) Hoochie Coochie Man» (1953), «Just Make Love to Me» (1953) y «I’m Ready» (1954) para Muddy Waters; «My Babe» (1955) para Little Walter; «I Can’t Quit You Baby» (1956) para Otis Rush; y «Spoonful» (1960), «Wang Dang Doodle» (1960) y «Little Red Rooster» (1961) para Howlin’Wolf. 

Muchas de sus piezas fueron adoptadas por grupos blancos de rhythm and blues, como «Little Red Rooster», que fue un número uno en Inglaterra con los Rolling Stones en 1964; «Spoonful» con Cream, «Seventh Son» con Johnny Rivers y la Climax Chicago Blues Band, «Hoochie Coochie Man» con Johnny Winter, «I Can’t Quit You Baby» con Led Zeppelin y «Back Door Man» con los Doors, por sólo mencionar a unos cuantos.

El genio de Dixon como compositor estuvo en entrelazar elementos tradicionales, desde el folk y la forma de hablar de los negros hasta el patrimonio del blues mismo, con formas posteriores de blues y de rhythm and blues. 

Además de ser populares entre el auditorio negro de los años cincuenta, las canciones de Dixon resultaron adaptables a otros contextos, incluyendo los periodos posteriores de un renovado interés en el blues.

En los sesenta, Dixon siguió trabajando para Chess, además de sacar provecho del nuevo entusiasmo surgido hacia el blues, sobre todo en Europa. Se presentó en clubes y en giras extranjeras con Memphis Slim, además de unirse a varias giras europeas como parte del American Folk Blues Festival. 

Desde 1968 organizó a una serie de grupos de estrellas de Chicago para trabajar en clubes y conciertos. Esto condujo a la fundación de su propia agencia de talentos y grabación, dirigida por él sin descuidar sus frecuentes presentaciones en toda Norteamérica y Europa.

En aquellos años setenta tuvo a bien visitar la ciudad de México, invitado por los organizadores de los conciertos de blues patrocinados por el CREA (una institución burocrática creada dizque para atender a la juventud). El primero se efectuó en la Sala Nezahualcoyotl de la UNAM, allá en el novísimo y flamante Centro Cultural Universitario, que por cierto convocó a una afluencia impresionante de público, jóvenes en su gran mayoría. 

Cuestión que espantó a las autoridades del gobierno priísta en turno y al año siguiente se trasladó la sede de los conciertos al antiguo Auditorio Nacional, aquel infame cascarón frío y sin acústica de la Avenida Reforma. Eran otros tiempos.

Tiempos de trasladarse desde el Metro Chapultepec a pie hasta el inmueble.  Llegar y encontrarse con el clima de violencia propiciado por la propia policía: patrullas y más patrullas por doquier, con las torretas encendidas y hasta alguna sirena nomás porque sí.

Tiempos de camiones repletos de granaderos rodeando el área y equipados con sus cascos, bastones antimotines y perros; la policía montada agrediendo sin ton ni son y amenazando con disparar gases lacrimógenos a los que arribaban al lugar o a los que se encontraban formados para entrar al recinto. 

Tiempos en que por una sola puertita –para evitar que algunos se colaran sin pagar– querían hacer pasar a todos los asistentes cuando faltaban únicamente minutos para el inicio del concierto, ante la desesperación de los asistentes.

Tiempos de combates para adquirir un boleto; de combates para poder entrar, de luchas para encontrar tu lugar; de luchas para salir sano y salvo del concierto.

Tiempos también en que ponían a presentar el espectáculo a un locutor que se especializaba en jazz y que con terror se plantaba en el escenario para hablar de la labor del CREA, ante las mentadas y los chiflidos del respetable. Y que cuando aconteció el temido portazo –dadas las circunstancias– y vio correr por los pasillos a los colados y detrás de ellos a los granaderos sólo atinó a articular varios “¡No! ¡No! ¡No!” por el micrófono. 

De no haber sido por Willie Dixon, que se presentaba en dicha ocasión, aquello se hubiera convertido en un auténtico campo de batalla. El veterano músico se precipitó al escenario con su grupo interpretando «The Seventh Son», para atraer los ánimos y que las cosas se calmaran.

Aquella noche Willie Dixon evitó una masacre con su voz, el contrabajo (de color blanco) y el blues.

Los álbumes como solista de Dixon aparecieron en varias compañías discográficas, incluyendo Columbia (I Am the Blues, 1970) y Ovation, y también grabó con Memphis Slim y con Pete Seeger para la Folkways y Verve, respectivamente. 

No obstante, su principal contribución al blues se desarrolló entre bastidores, en el auspicio de las carreras de nuevos artistas o en la ayuda para mantener vigentes las de los veteranos. 

En 1989 el legendario Willie Dixon publicó una autobiografía, I Am the Blues y murió tres años después en Burbank, California, en1992, a la edad de 76 años.

VIDEO: Willie Dixon (w Stephen Stills) – Back Door man – Muddy Waters Trib…, YouTube (Rusted Television)

PLUS: ROCK Y POESÍA (SUSTANCIAS CONCATENADAS/VIII)

Por SERGIO MONSALVO C.

Una vez iniciada aquella construcción, entre rock y poesía, Bob Dylan ascendió por ella y armado del atrevimiento del poeta se puso a llamar a todas las puertas, y una vez frente a ellas escribió y cantó hasta formar un cúmulo de fábulas (“Once Upon a Time…”), de preguntas y de imágenes acordes a sus requerimientos y a los de la época y épica.

El que se adentra en su obra entra de hecho en un poema sin fin (como el nombre de su gira eterna) que sacraliza lo real y lo entreteje con la visión y el sueño —un alto poeta de sueños y símbolos—. En Dylan todo equivale a todo.

Nunca deja de sorprender y siempre estará inaugurando sus caminos, extendiendo o deconstruyendo los ya andados, para cotejar sus propios argumentos, sin importarle nada más, verse reflejado y continuar redefiniéndose como desde el principio.

Porque de eso se trata la carrera y el arte de Dylan: del diálogo consigo mismo. Y no importa en qué fecha se le ubique, en qué género trabaje o el espacio en vivo en el que se le capte –desde las puertas del Cielo al Subterráneo Melancólico–: interpretará quizá una canción familiar, pero ésta será otra porque consistirá en lo que ella diga de él o para él, no al revés.

Mientras Bob, a su vez, ya estará en otro tiempo, el suyo, que también podría ser el nuestro si estamos atentos a sus palabras.

VIDEO: Bob Dylan – Idiot Wind, 1976. New improved…, YouTube (nightly moth)

HITOS: ELVIS PRESLEY (90 AÑOS/VIII)

Por SERGIO MONSALVO C.

Entre décadas Elvis también cambió la coreografía de su espectáculo de maneras conformes al vestuario: tiraba golpes y patadas de karate y recorría el podio como un artista marcial, ya sin un solo giro pélvico.

En 1970, al volver al mismo escenario, se entregó a un glam llevado hasta las últimas consecuencias y a la imagen del hombre sexy y musculoso, con joyas y blancos overoles escotados. Aún tenía la figura esbelta necesaria para ello. Las perlas ceñían su cintura delgada en un cinturón dorado de karate, mientras que enormes y resplandecientes gemas proyectaban rayos fluorescentes color malva y rosa desde sus dedos.

Más perlas le adornaban el torso y acariciaban su cuello. Lo lucía todo de manera favorable adoptando poses clásicas al final de cada número. A partir de ese momento y hasta el final de la carrera de Presley, Belew, el diseñador de aquello, se regodeó con imágenes totémicas adornadas y dibujos abstractos sobre las extensiones blancas de la tela de sus overoles: tigres de rayas negras y anaranjadas, pavos reales, calendarios mayas, pirámides aztecas y el arco iris.

Por último, figuraron las combinaciones fantásticas de tira cómica basadas en los trajes de Supermán y Buck Rogers, altos cuellos napoleónicos, un cinturón de gladiador romano hecho de oro (supuestamente costó diez mil dólares) y muchas alhajas y mascadas para ser arrojadas al público. La esposa de Presley, Priscilla, dio inicio a la fase de las capas cuando en 1971 le regaló una.

VIDEO: ELVIS PRESLEY – I Can’t Stop Loving You (Las Vegas 1970), YouTube (Fabrica Elvis XXI)

BABEL XXI – SINOPSIS (160)*

Por SERGIO MONSALVO C.

(796 – 800)

BXXI-796 HECTOR ZAZOU (REMAKE)

La línea del horizonte de un ser creativo, como el argelino-francés Hector Zazou, es aquella a partir de la cual algo distinto empieza a manifestar su esencia. Lo mismo pueden ser nuevos sonidos que nuevas voces o diferentes lenguajes. Es todo aquello que esté inscrito más allá de lo consabido. En tan extenso terruño es precisamente donde surgen, trabajan y crean los «imaginativos». En el sentido musical de manera específica los alternativos como él son aquellos que buscan, que exploran, que descubren otros modos, diversas formas de la experiencia artística. Por ello, el campo de acción de Zazou no tuvo fronteras ni límites para su capacidad innovadora.

VIDEO: IS –Hector Zazou, YouTube (manduo)

BXXI-797 ALBERT KING/BOOKER T. & THE MGs

En cierto momento, sentado en aquella barra, a William Bell se le prendió el foco con una idea: “Oye, ¿Y si escribimos una canción con ese tema, el del eterno perdedor que le achaca su mala suerte al hecho de haber nacido bajo el signo equivocado; sobre esas personas de fracasos tan comunes con las cosas de la vida que al final de cuentas desprenden cierta magia. Algo con mucho blues”. Frente a él Booker T. estuvo de acuerdo y regresaron al estudio para trabajar el asunto. El título para la pieza brotó fácil y limpio: “Born Under a Bad Sign”. Unos días después el guitarrista Albert King entró al estudio para grabarla. Por ello, a la postre, la historia lo colocaría como parte de la realeza del blues, junto a B.B. King y Freddy King.

VIDEO: Albert King and Stevie Ray Vaughan – Born Under A Bad Sign (HD), YouTube (Gustavo Freire)

BXXI-798 PERSONAL JESUS

Existe también el principio antrópico, el cual observa que el universo parece haber sido fabricado pensando en que existamos y todo encaja milagrosamente bien. Puesto que puede haber ya, oficialmente, un multiverso y que el del “Personal Jesús” solo sea uno de tantos. De este lado los humanos y su problemática colectiva y particular, y del otro lado de la línea un sucedáneo que conteste la llamada y sea al que contarle las cuitas, se ajuste a las necesidades de cada quién, porque en su anuncio dice que será alguien al que le importe, y será al igual que la poesía, que no le pertenece a nadie excepto al que la necesite. En fin, la canción sigue abierta al tiempo y gustando.

VIDEO: Depeche Mode – Personal Jesus (Remastered), YouTube (DepecheModeVEVO)

BXXI-799 75 AÑOS EN LA HISTORIA DEL ROCK (VIII-I)

En los ochenta, Bob Geldof, líder de la banda irlandesa Boomtown Rats, llamó la atención sobre la hambruna africana y organizó la Band Aid y el concierto Live Aid (que en lo musical también marcó un parteaguas estilístico: de la new wave y el new romantic al synth pop y al uso del sintetizador en detrimento de la guitarra). Resultó importante que hechos gigantescos como éstos fueran respaldados por infinidad de músicos. Asimismo, hubo eventos que apoyaron diversas causas y demostraron que los rocanroleros de cepa miran más allá de los límites de sus países para tocar asuntos más grandes en el mundo, como el concierto de Knebworth en Londres o el histórico de The Wall tras la caída del Muro de Berlín.

VIDEO: N.W.A. – Straight Outta Compton (Good Quality), YouTube (deathrowunreleased)

BXXI-800 75 AÑOS EN LA HISTORIA DEL ROCK (VIII/II)

La década terminó con un sentimiento de inseguridad aplastante en lo político, militar, económico, ecológico y social, y esto quizá haya provocado las miradas al pasado en busca de asideros. Los Rolling Stones llenaron los estadios de todo el mundo como desde hacía 20 años y se erigieron en el grupo más exitoso en gira; revivieron efímeramente Ten Years After, Steppenwolf y hasta los Monkees por ahí, en algún momento. Grateful Dead se convirtió en parámetro de la neopsicodelia; Lou Reed y John Cale homenajearon al recientemente fallecido Andy Warhol y el flamante presidente de la Checoslovaquia liberada de entonces, Vaclav Havel, invitó a su toma de posesión a rockeros como Lou Reed, entre otros.

VIDEO: Bruce Springsteen – Dancing In the Dark, YouTube (BruceSpringsteenVEVO)

*BABEL XXI

Un programa de:

Sergio Monsalvo C.

Equipo de Producción: Pita Cortés,

Hugo Enrique Sánchez y

Roberto Hernández C.

Horario de trasmisión:

Todos los martes a las 19:05 hrs.

Por el 96.5 de FM

Online por Spotify

Radio Educación,

Ciudad de México

Página Online:

http://www.babelxxi.com/

PRIMERA Y REVERSA: SYMPHNY OR DAMN (TERENCE TRENT D´ARBY)

Por SERGIO MONSALVO C.

«Creo que soy un genio», dijo Terence Trent D’Arby tras su presentación con el disco The Hardline According…, en 1987. Esta audaz evaluación de sí mismo fue seguida por una confusión mental extrema. 

Al producir su segundo álbum, Neither Fish nor Flesh, el músico abusó de su total libertad artística y presentó ideas a medio cocinar e insípidas secuelas de la primera producción. El resultado fue que nadie quiso saber más de él.  Luego, tres años y medio después del desastre, D’Arby dejó de lloriquear por fin por los rincones y se atrevió a salir.

Symphony or Damn, la obra resultante, fue el arma en la lucha por conservar su contrato de grabación. Sorprende en primera instancia que no se perciba tensión alguna. 

Con habilidad D’Arby se apropió de los tesoros de la historia del soul, con mayor certeza en gustos que su rival directo en el mercado, Lenny Kravitz. La canción abridora, «She Kissed Me», fue prueba de ello. De ahí en adelante todo le salió bien a D’Arby: el palpitante ritmo, un dueto con Des’ree, los kilos de neopsicodelia, etcétera. 

Por distintas que sean las influencias individuales, el fuego vocal de D’Arby y su razonable uso de los trucos de estudio finalmente moldearon una obra emocionante. Un atinado comeback, al que más tarde procedería el declive.

VIDEO: Terence Trent D’Arby – “She Kissed Me” (Top of the Pops 1993), YouTube (Matheus)

LOS OLVIDADOS: BIG BILL BROONZY (VII)

Por SERGIO MONSALVO C.

SECRETOS DEL CAMINO (VII)

Michael quedó en shock, luego de leer acerca del blues ¿Qué significaba todo eso? y ¿qué tenía qué ver su padre en esta historia? Y una cuestión más: Si el blues era música de negros, ¿por qué los jóvenes blancos que comenzaba a conocer también tocaban y cantaban esa música?

Preguntas y más preguntas y sólo dos páginas que no se conectaban entre sí. “Maldición”, pensó, perdido en aquella biblioteca pública.

A pesar de todo, algunos libros de música lo remitieron a los periódicos de la época, a la hemeroteca y a las incipientes revistas especializadas. Ahí encontró citas que le aclararon algunas dudas, recortes de periódicos que hablaban de los conciertos de su papá y los nombres de personas en la ciudad a los que seguro podría visitar para preguntarles más cosas.

Igualmente tuvo la idea de comprar los viejos discos de su padre en los mercados “de pulgas” de la ciudad. Vaya, el panorama se le abría de repente. Ya tenía respuestas.

VIDEO: Big Bill Broonzy: Black, Brown and White, YouTube (Jazz Everyday!)

BABEL XXI-800

75 AÑOS

EN LA HISTORIA DEL ROCK

(VIII-II)

Por SERGIO MONSALVO C.

80’s Retro Background Life Style. Vector Illustration

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.