FRIGHTENED RABBIT

Por SERGIO MONSALVO C.

FRIGHTENED RABBIT (FOTO 1)

 DESTINO FATAL

Frightened Rabbit era un grupo originario de Selkirk, Escocia, que practicaba el indie rock, y que se formó en el año 2003. En un principio estuvo compuesto únicamente por Scott Hutchison como vocalista y guitarrista: “El único miembro inicial de Frightened Rabbit era yo. Tan sólo me gustaba entretenerme con mis cuatro canciones por seis meses antes de que comenzara a tocar en algunas funciones por mi cuenta. Algunas de las canciones aún no tenían palabras y la mayoría del tiempo balbuceaba cosas sin sentido. Grant, mi hermano, se unió un año después, lo cual hizo al equipo más ruidoso”, explicó Hutchison al respecto.

De esta manera editaron su primer disco, Sing the Grays, en 2006, con una compañía independiente (Hits the Fan), y el buen recibimiento hizo que una disquera más grande se fijara en ellos y los firmara, lo cual provocó que se agregaran un par de miembros más al grupo: Billy Kennedy y Andy Monoham, alterándose en la guitarra, el bajo y los teclados.

De esta manera con el sello Fat Cat lanzaron The Midnight Organ Fight (2008) y The Winter of Mixed Drinks (2010). En ellos mezclaron su indie rock con toques de indie folk, con lo cual obtuvieron su sonido distintivo.

La Atlantic Records los contrató, a su vez, al principio de la segunda década para realizar los álbumes Pedestrian Verse (2013) y Painting of a Panic Attack (2016). En el primero entró a formar parte del mismo Gordon Skene  (guitarra, teclados y coros, hasta el 2014). Pues bien, todo funcionaba perfectamente, las grabaciones, las giras, etcétera, hasta que la depresión, enfermedad que padecía Scott Hutchison se agravó.

Tras el lanzamiento de Painting…su conducta se volvió errática y preocupante para todos (integrantes y familiares). El músico había hablado abiertamente de su batalla contra esa enfermedad mental en un intento de ayudar a otras personas en condiciones similares. Sin embargo, “la depresión es un mal horrendo que no le da ninguna señal o indicación sobre cuándo se apoderará de uno”, comentó su hermano.

El cual lanzó un llamado urgente para localizarlo, cuando Scott desapareció un día luego de escribir un par de mensajes en su cuenta de la red social: el penúltimo aconsejaba “Ser bueno con todos los que se ama, en lo cual creo haber fallado”. Y el último: “Me voy. Gracias”. La depresión finalmente terminó con él. Scott se suicidaría el 10 de mayo del 2018. La enfermedad acabó con un músico y un autor de temas profundos y letras talentosas, así como con uno de los grupos más sobresalientes de aquellas tierra altas.

Con el álbum Painting of a Panic Attack habían celebrado los diez años de su primera publicación, pero igualmente fue el dolido testimonio de todas esas cosas que arrastraba Scott (con títulos como “Death Dream”, I Wish I Was Sober”, “Woke up Hurting”, entre ellas). Su portada se volvió simbólica. Fue elaborada por él y en ella tomó forma una arquitectura onírica que trasmitía la desolación en la que se sentía.

Ese edificio de extrarradio urbano emite tal sentimiento y obliga a pensar y preguntarse ¿por qué se suicida la gente? Me imagino que esa pregunta no sólo me la hago yo, sino todos. Incluso se puede llegar más lejos, pensando en los científicos sociales, médicos, psicólogos o estudiosos de la teología que se han acercado al hecho, y se ven abrumados por la falta de respuestas contundentes ante los repetidos y numerosos casos de autodestrucción que confunden y crean ansiedad.

“¿Por qué lo hizo?”, se pregunta uno. Lo que queda claro es que nadie puede controlar los impulsos en determinadas circunstancias: la ira, el desconsuelo, el dolor existencial, la desilusión profunda. Nunca se sabe lo que pasa por la cabeza de esa criatura con una enfermedad degenerativa, incurable, atroz, acompañada de un sufrimiento intolerable.

Hay personas con salud física –como en el caso de Scott Hutchison– que tienen seriamente enfermo el interior, sitiadas por la soledad, la pérdida, el desconsuelo, la desolación, y que lo único que anhelan es la llegada del sueño eterno y a las que se les humedecen los ojos al amanecer, cuando ya no pueden dormir más, cuando llega el estado consciente.

Wilhelm Reich explicó lo siguiente en el libro Psicología de las masas: “El hombre está expuesto a las modas en el vestir, en el peinado y también en el suicidio. Las razones de éste reflejan las condiciones sociales que prevalecen en determinada época. Habría que traer a colación el impacto entre la juventud alemana del libro Las cuitas del joven Werther, o del suicidio de Yukio Mishima en Japón, por ejemplo.

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“No se puede contrarrestar esa corriente de tristeza sin señalar a las sociedades que gobiernan las vidas de los individuos –señala Reich–. La última esperanza de sus víctimas suicidas es que de ellas permanezca el desistimiento de vida por sus principios”.

En los albores de la civilización, el griego Homero registró el suicidio y sus razones: el dolor de la existencia dentro de una situación intolerable era una de ellas. El malestar que se sufre en las sociedades contemporáneas deriva de las mismas causas de entonces. Lo que prueba la cantidad de muertes voluntarias es el estado de perturbación profunda que padecen las comunidades civilizadas y atestigua su gravedad.

La noticia sobre la muerte de Hutchison, la escucha del disco Painting of a Panic Attack, la observación detenida sobre la portada del álbum, me hizo recordar que esa imagen que plasmó el músico, la había visto semejante en algunos viajes que he realizado. La vi, por ejemplo, en Madrid en un lugar llamado Sanchinarro, con una construcción que molesta más que por su fealdad, porque produce cierto shock mental.

Pero lo mismo hay en ciudades como Bucarest, París, Brasilia, Varsovia, Noruega o Moscú, donde iguales edificios se construyen o han sido construidos con forma casi idéntica. Lo que siempre sugieren este tipo de construcciones es desasosiego, intranquilidad, temor quizá. No sé si sean los materiales de los que están hechos o la forma geométrica, la cual remita a alguna memoria atávica.

El caso es que tales edificaciones conectan de cierta manera con aquella memoria, y así ha sido comentada desde Homero a Reich y Jung, y sus consecuencias tanto individuales como dentro del inconsciente colectivo. Ninguna cosa sucede por casualidad, como lo han demostrado la psicología humanista y la física cuántica. Es más, ni siquiera existe la casualidad como tal.

Carl G. Jung y el Wolfgang Pauli, Premio Nobel de física (1945), colaboraron en el desarrollo de una teoría de las coincidencias que bautizaron con el nombre de “Sincronicidades”. Jung creía que estos eventos eran indicativos de cómo nos interconectamos los seres humanos con la naturaleza en general y con otros seres humanos en particular, a través del inconsciente colectivo.

Cada imagen icónica posee un significado que se relaciona directamente con los estados del interior humano y las circunstancias y tipología de las personas. Es una cuestión sin espacio y sin tiempo, pues nos conecta con circunstancias del pasado, del presente y/o del futuro. De acuerdo con la teoría de Jung, las sincronicidades representan cosas que sugieren aspectos de la vida. Por ello nos remiten no sólo a lo inmediato, lo evidente; sino que representan las experiencias de la persona, sus propias pasiones, deseos y temores.

La proyección de una imagen surgida de la mente enferma de Scott Hutchison, en la portada del disco, relacionada con la materialización arquitectónica y la disección sobre el espíritu de los tiempos de Homero, Reich y Jung, sobre el estado y malestar que padecen en las sociedades contemporáneas, se comprueba con la cantidad de muertes voluntarias, motivadas por el estado de perturbación profunda que padecen ciertos individuos, muy sensibles, en las comunidades civilizadas de hoy y atestigua su gravedad, como en el caso de Hutchison.

VIDEO SUGERIDO: Frightened Rabbit – Death Dream (Oficial Video), YouTube (Frightened Rabbit)

FRIGHTENED RABBIT (FOTO 3)

 

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BABEL XXI-486

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-486 (FOTO 1)

 BRIAN SETZER

UN GATO CON SWING

 

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

http://www.babelxxi.com/?p=7634

 

 

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CARTAPACIO: “PLANES”

Por SERGIO MONSALVO C.

PLANES (FOTO 1)

 (RELATO)

Estoy sentado en una silla giratoria de color negro. El asiento es de terlenka y bajo él hay dos palancas para ajustar respaldo y altura. Tras de mí hay una pared de 3×3 m de tirol blanco sin aplanar, rugosa. Adherido a ella se encuentra un librero de 3 m x 1.5 m con cinco entrepaños. En los tres de arriba hay libros y revistas de poesía. En el siguiente, folders y carpetas con los trabajos del último semestre.

El entrepaño bajo, y cercano a mí, contiene un diccionario de la lengua, otro de sinónimos y cuadro pequeño con una inscripción: “Si quieres que la vida se ría a carcajadas, cuéntale tus planes a futuro” (la acidez del humor me arranca una mueca reflexiva). Luego, tres estuches para USB y tarjetas SD, con diversos archivos; una botella a medias de Jack Daniel’s; una pila de discos compactos. Un minicomponente, otros libros de consulta.

Hay diversas cajitas de madera con pins y otros souvenirs. Un bote de cerveza Guinness, recortado y lleno de monedas de distintas procedencias; una figura artesanal de El Santo (El Enmascarado de Plata), que le regalé cuando hicimos un documental sobre personajes de serie B; otro cuadrito, pero éste naive con dos manzanas en una canastita, olvido de la última mujer que pasó por aquí (según me dijo); un vikingo noruego de 10 cm en bronce y una lámpara sorda.

Bajo el librero está el escritorio de madera con tres cajones. Sobre él, a mano izquierda, un teléfono celular gris, una lámpara movible de color naranja con un foco soft de luz blanca; un atril de lámina, un lapicero de vidrio con clips, plumas varias y una taza para café.

A mano derecha la computadora portátil, un monitor grande y un teclado extra. Al centro, un block para apuntes, un tubo de pastillas de suave menta inglesa y una mini grabadora. A mi derecha una pared con discos y libros. A la izquierda un ventanal de piso a techo y a través de él veo únicamente las ramas de un eucalipto cuyo aroma es perenne en éste, su lugar de trabajo. Frente a él una pequeña terraza, con una mesa redonda y cuatro sillas plegables. Todo esto lo recordaría así de detallado en el futuro. ¿Por qué? No lo sé.

Ahora estoy aquí porque él citó en su casa al fotógrafo que nos acompañará en el siguiente proyecto para la revista. Se lo recomendaron. Tendremos que estar un par de meses fuera. Haremos entrevistas, crónicas, reportajes, con muchas fotos y videos. Yo me encargaré de la escritura, él de las filmaciones. El fotógrafo tendrá que armar todo un archivo gráfico. Es un proyecto grande.

Estamos entusiasmados, ansiosos y preparándonos para todo ello. Por eso la reunión, para planificar las cosas. Es la primera que tendremos y hacia el fin de semana partiremos hacia nuestro destino. El trabajo será arduo, laborioso y con convivencia plena. Él y yo nos llevamos bien, somos amigos, no hay problema de egos ni nada de eso. Desde que nos conocimos quisimos hacer un gran trabajo para que nos asignaran cada vez cosas mejores, e iniciamos una lista con propuestas conjuntas que le presentamos al jefe de sección hace tiempo.

Estaba pues, ahí en su escritorio buscando la libreta donde las anotábamos, con sus detalles, cuando tocaron el timbre y apareció tras los cristales del ventanal el fotógrafo, que resultó ser fotógrafa (cuestión de las expectativas excluyentes, creo). Cuando me la presentó, ella me dijo que había leído algunas cosas mías y que le gustaban. Obviamente me pareció una mujer inteligente, como es lógico.

Armamos los objetivos durante la semana, las escaletas, las story boards y partimos hacia rumbos lejanos. Entre la convivencia, la admiración por su trabajo, por las experiencias compartidas, por las situaciones a las que nos enfrentamos, por su temple, terminé enamorándome de ella y ella de él. Así, el resto del tiempo en aquel lugar se convirtió simplemente en el infierno para mí y en el paraíso para ellos. Morí y resucité varias veces. Quizá gasté todas las vidas que me quedaban. Los planes se quedaron en eso, como una pequeña y arrugada bola en el cesto de la basura, con una carcajada en su interior. Gajes del oficio, supongo.

 

 

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ELMORE JAMES

Por SERGIO MONSALVO C.

ELMORE JAMES (FOTO 1)

 ESCOBAS Y ÁNGELES EXTRAÑOS

 Son pocos los guitarristas de blues que con un riff aparentemente simple (como el de “Dust My Broom”) impusieran parámetros tan influyentes. Uno de ellos fue el bluesman Elmore James, quien además fue un estupendo cantante.

(Un riff es una frase musical distinguible y pegajosa que se repite a menudo a lo largo de la pieza, y es normalmente ejecutada por la sección de acompañamiento. En el rock representa la introducción del tema a partir de la guitarra. Una herencia directa del blues)

James produjo uno de los riffs más reconocibles en ambos géneros, con una técnica distintiva, hacía deslizarse por las cuerdas a la bottleneck y hacer gemir y aullar a la guitarra eléctrica como ningún otro hasta entonces. Fue su sello distintivo y su marca registrada.

Instrumentistas blancos que también han impuesto sus personalidades dentro de ambos géneros en las cuerdas, desde Duane Allman hasta Johnny Winter, pasando por Ry Cooder, Rory Gallagher, George Thorogood, Jeremy Spencer de Fleetwood Mac, Brian Jones de los Rolling Stones, Alan Wilson del Canned Heat, Stevie Ray Vaughan o John Mayall, entre otros, incluyeron el sonido del legendario bluesero dentro de sus repertorios. Una forma explícita de reconocimiento hacia el que fuera llamado “El Rey de la Guitarra Slide”.

En tiempos más recientes, en el 2018, un puñado de intérpretes le rindió otro tributo en el disco Strange Angels In Flight with Elmore James, realizando completamente con técnica monoaural como la que utilizó James en sus propias grabaciones. Entre ellos estuvieron Elayna Boynton, Betty LaVette, Rodney Crowell, Warren Haynes, Deborah Bonham, Keb Mo’ y Tom Jones, por mencionar a algunos de ellos.

En la lista de canciones aparecen títulos como “Person to Person”, “Shake Your Money Maker”, “It’s Hurt Me Too”, “My Bleeding Heart” y, por supuesto la más clásica de todas: “”Dust My Broom”.

ELMORE JAMES (FOTO 2)

En el origen de esta canción, un hombre pretendía volver a casa para confesar a su mujer que le había sido infiel; si ella no hubiera estado ahí, la buscaría donde hiciera falta. A partir de aquí se forjó el tópico que recorrería varias versiones. La de Robert Johnson cambiaría el signo: ella sería la infiel, él se debatiría entre irse de la casa, dejándola libre para que maltratara a  cualquier otro o buscarla donde quiera que estuviera y continuar a sus pies.

Con este giro nació I believe I’ll dust my broom (“Creo que voy pasar la escoba“). Johnson puso la silla en un rincón del cuarto del hotel que servía de estudio de grabación y tocó frente a la pared en búsqueda de un sonido más eléctrico.

De esta manera el tema entró a formar parte del menú bluesero como uno de los cóvers más recurrentes, eso debido a la adaptación que hizo de él tiempo después Elmore James pero, sobre todo, debido a su riff inicial en la guitarra  slide, uno de los más reconocibles de toda la historia del género.

El título primigenio se redujo a Dust my broom (“Pasar la escoba“) y fue grabado por James el 5 de agosto de 1951 para el sello Trumpet, acompañado por Sonny Boy Williamson II en la armónica, Odie Johnson en el  bajo y Frock O’Dell en la batería.

Pero Elmore James no sólo creó tal riff, igualmente lo hizo con una última estrofa que introdujo para retratar al pobre engañado como un tipo obsesivo, atrapado por sus sentimientos, enganchado por ellos a una mujer infiel, que se debate entre marcharse ya (“dust my broom“, metafóricamente se refiere a huir y abandonar a alguien), reconocer su derrota ante la mejor mujer que ha podido y podrá encontrar, dejar el camino libre para otros o buscarla por doquier; y tras gritar a plena voz que no es buena y pedir que no la dejen pisar la calle, opta por seguir como estaba para no romper su dulce hogar.

I’m gettin’ up soon in the mornin’ I believe I’ll dust my broom

I quit the best girl I’m lovin’, now, my friends, can get my room.

I’m gonna write a letter, telephone every town I know

If I don’t find her in Mississippi, she be in East Monroe, I know.

And I don’t want no woman, wants every downtown man she meets

Man, she’s not a good doney, they shouldn’t allow her on the street, yeah.

I believe, I believe my time ain’t long

I ain’t gonna leave my baby,

and break up my happy home.

James también quedó atenazado por esta canción, la cual grabó en diversas ocasiones (tal cual o con diversos títulos) y a la que buscó remedos burdos como Dust my blues (Trumpet, 1955). Quedó plasmada como marca de la casa e incluso nombró a su grupo como The Broomdusters.

A éste lo adoptó cuando el éxito con sus canciones le infundió el ánimo necesario para viajar a Chicago con su guitarra eléctrica (se sigue especulando sobre si fue él quien la introdujo en el Delta allá por 1945), y tocarla de manera ansiosa, furiosa, más que amplificada hasta su distorsión. Se convirtió en el pionero impulsor del poder que emanaría el instrumento en el blues de los años cincuenta.

Su estilo sin trabas (concreción de aquel muchacho que siendo campesino y animador en las juke-joints locales, quedaría fascinado al escuchar a unos guitarristas hawaiianos) se convirtió en un flujo apasionado que se distinguía por el sonido característico del slide blues, que puede apreciarse en canciones como las ya mencionadas; así como por su energética y buena voz de falsete.  Así que se autoproclamó El rey de la guitarra slide y padre de la bottleneck.

Elmore James  había nacido en el Condado de Holmes, en Mississippi, el 27 de enero de 1928. Comenzó su carrera por aquellas localidades al lado del intérprete de la armónica Rice Miller (más conocido como Sonny Boy Williamson), con el que se mantuvo durante varios años hasta que consiguió su primer contrato de grabación en 1951. Fue cuando se trasladó a Chicago.

Durante la Segunda Guerra Mundial y años posteriores, aumentó la migración de la población negra de los estados del sur de la Unión Americana hacia las grandes ciudades septentrionales. El blues también viajó, adaptándose a su nuevo ambiente. Esta adaptación se manifestó sobre todo en la transición del blues acústico al eléctrico y, en forma análoga, en el ascenso de los grupos a expensas de los solistas.

Se trata de una música muy espontánea con guitarras sobreamplificadas, en muchos casos, mucho swing, sentidos solos en la armónica y mucha diversión (en este sentido se recuerda la versión de treinta minutos del propio James del tema “Shake Your Moneymaker donde según los testigos de aquella ejecución “no había pista de baile sino sólo baile”).

Elmore James, pues, se acomodó en su estilo y ahí permaneció y se mantuvo (también como un apasionado bebedor de whisky). Con solo poner el track y escuchar los primeros acordes de “Dust My Broom” se sabe que la guitarra slide había llegado para quedarse, al igual que el rock and roll. Ambos aparecieron en el mismo año.

Sin embargo no fue así con Elmore. La naturaleza, que le había dado el genio, también lo dotó de un físico frágil, que finalmente lo llevó a la muerte de un infarto el 24 de mayo de 1963, en aquella “Ciudad del Viento”.

VIDEO SUGERIDO: Elmore James – Dust my broom, YouTube (Verons)

ELMORE JAMES (FOTO 3)

 

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ANTON CORBIJN

Por SERGIO MONSALVO C.

ANTON CORBIJN (FOTO 4)

RADIOGRAFIAR PARA IMAGINAR

Mirar dentro es estar dentro. Así es como se ubica y comporta el fotógrafo neerlandés Anton Corbijn con los sujetos que posan frente a su cámara: sus monumentales retratos presentan a la gente con la imagen que emana esencialmente.

Así es como muestra a David Bowie cual arcángel desvalido, perdido en un mundo denso y expectante, a Mick Jagger como decadente mujer inglesa aristócrata y cincuentona de mediados del siglo XX o a Henry Rollins como troll expulsado de una salvaje noche mitológica.

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Pero Corbijn no sólo lo hace con iconos rockeros, su medio elegido y natural, sino también con celebridades como Jodie Foster, Robert De Niro, Demian Hirst, Johnny Depp, Clint Eastwood, Martin Scorsese o Lucian Freud, quienes se atrevieron a dejar entrar su lente en ellos. Los resultados están ahí en sus fotografías expuestas por todo el planeta en galerías y museos.

Las salas donde cuelgan sus retratos requieren de la implicación tenaz de quien mira y captura, como experiencia biográfica, ese mundo bien compuesto del sepia y el onírico del blanco y negro, del grano reventado.

ANTON CORBIJN (FOTO 2)

Ése que ha convertido al neerlandés en el contemporáneo “Maestro del arte oscuro”. Uno que ha hecho del alfa y omega de la luz solar cotidiana su instrumento principal.

Para ello ha representado seriamente a sus seres, fotografiándolos o filmándolos en ambientes ambiguos, alejados del ruido de la celebridad. Intentando captar, así, el lado humano y las emociones naturales de los que están ahí, frente a él, creándoles una poética singular con una deslumbrante aridez óptica. Corbijn proyecta así, desde dentro, la experiencia individual de los claroscuros emanados de sus criaturas artísticas.

ANTON CORBIJN (FOTO 3)

 

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ORQUESTA DE LAS ESFERAS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 MÚSICA DEL UNIVERSO/ I

Hay ocasiones en que para hablar y explicar a un grupo musical hay que remitirse hasta el principio de la civilización y alguna de sus teorías filosóficas o científicas. Para mí es de agradecer esta situación porque el encuentro de tal espécimen y la postrera investigación acerca del quién, el por qué y el cómo, resulta entonces tan interesante y divertida como suculenta. Tal es el caso de esta agrupación de la que hoy comentaré: The Orchestra of the Sphers (La Orquesta de las Esferas).

El punto de partida para conocerlos es su país de origen: Nueva Zelanda. Una nación que ocupa altos lugares dentro del escalafón mundial en muchos aspectos. Basta mencionar sólo algunos de ellos para darnos una idea de lo que eso significa: Hay ausencia significativa de corrupción, el nivel educativo es uno de los mayores a escala global (su tasa de alfabetización, incluyendo a las tribus autóctonas, es del 99 % y más de la mitad de la población entre los 15 y los 30 años cursa algún tipo de educación superior).

Tales circunstancias conducen a su elevado índice de progreso humano (en democracia, libertad individual y respeto a los derechos civiles). Todo ello arropado por el correcto uso de la tierra, su aprovechamiento, reforestación y cuidado ambiental. Es decir, Nueva Zelanda es un país desarrollado. Ese es el contexto en el que crecieron los integrantes de esta orquesta, que surgió de la amistad y empatía forjada en las aulas universitarias y en las disciplinas de Filosofía, Ciencias Naturales, Astronomía y Matemáticas.

De la síntesis que hicieron de su entorno, del bienestar que emana, y de dichas materias de las que son estudiosos, un grupo de amigos –y científicos— crearon la Orchestra of Spheres. El nombre del grupo procede de su inclinación hacia la teoría proclamada por el griego Pitágoras, según el cual el cosmos en general está ordenado por proporciones numéricas que rigen el movimiento de los planetas, las cuales corresponden a su vez a intervalos musicales.

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En dicha teoría conocida como “la armonía de las esferas” Pitágoras expuso que “el Sol, la Luna y los planetas emiten un zumbido único basado en la velocidad de su rotación orbital, y que la cualidad de la vida en la Tierra es el reflejo de tales sonidos celestiales”. El tono y la nota de cada planeta tienen relación directa con la distancia que hay entre cada uno de ellos y con respecto al nuestro.

A esta relación emanada se le llamó también “música universal”. Tal idea ha sido base de estudios para muchos filósofos y humanistas posteriores, quienes la han expandido hasta crear los tres estadios musicales que contienen dicha armonía: el mundano (armonía de las esferas y el cosmos), el humano (armonía interior y los elementos del cuerpo) y el instrumental (la música tal como hoy se entiende).

La representación pitagórica del universo y su reflejo en la calidad de vida de la Tierra,  fue el punto de partida para este grupo neozelandés, primero como cuarteto y luego como una dotación flexible a la que se agregan miembros, según las circunstancias y las necesidades del material que vayan a exponer. Asimismo, tuvieron la ocurrencia de inventar sus propios instrumentos para divulgar la propuesta.

En el principio estuvieron: Baba Rossa (en las voces y la guitarra bísquet -biscuit tin guitar), Mos locos (en los sintetizadores y voces), EtonalE (en el bajo carillón –hecho a base de campanas de bronce como las de las torres de las iglesias– y las voces) y Woild Boin (en las percusiones y el cual trasmuta en “Tooth”, cuando interpreta el vacuum o bomba de vacío). A ellos se han ido sumando Jemi Hemi, Mandala y Zye Soceles, entre otros músicos y sus aparatos sonoros.

VIDEO SUGERIDO: Orchestra of Sphers – Fingerweg, YouTube (soundexplorers)

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MEXICO CITY BLUES: ORIZABA 210

Por SERGIO MONSALVO C.

MEXICO CITY BLUES (ORIZABA 210)

JACK KEROUAC

 (FRAGMENTO)*

Jack Kerouac llegó por primera vez a la Ciudad de México a fines de mayo de 1952, con el objetivo de encontrar motivación para escribir un nuevo libro. Arribó a la casa donde vivía de tiempo antes William Burroughs, en el número 210 de la calle de Orizaba, en la colonia Roma —una zona urbana europeizada en su arquitectura (art noveau, neo-colonial y funcionalista) que en aquella década era un revoltillo populoso cuya vida se enriquecía con los intercambios entre inmigrantes libaneses, judíos, gitanos y de las propias clase media y provincia mexicanas.

Antaño Burroughs había sido su mentor y Jack aún lo consideraba como tal, por su espíritu clarividente y una cosmovisión definida por el hecho supremo de la muerte. Aquél, desde sus distintos lugares de residencia, siempre ejerció como Sumo Augur. Enfundado en ello manifestaba su rebeldía contra un sistema opresivo que presagiaba el auge del totalitarismo. Sus visiones hablaban de estallidos de violencia urbana, de la fractura del establishment y de la juventud como punta de lanza en la instauración de cambios sociales.

Orizaba 210-Mexico City Blues Foto 2

A todo ello lo nutría con el experimento yonqui, con la anarquía interzonas y con la alienación del individuo atrapado por las constataciones de la finitud a las que él no quiso rendirse jamás. Las bases de su lucha estaban en el ansia de transformación y en el fluir de una conciencia epicúrea, retrofuturista, discordante y tóxica.

Este Burroughs le dio entonces la bienvenida al que tomaba como un talentoso escritor y elemento pertinente de esas huestes trasgresoras. Jack se instaló y comenzó a disfrutar de las arengas agrias e ingeniosas de su anfitrión mientras fumaba mota y mecanografiaba el texto de Visions of Cody. A la postre se lo envió a Allen Ginsberg, su “agente” literario por ese entonces. Drogado y tranquilo conversaba con su anfitrión y gurú y se acostaba con prostitutas…

 

*Fragmento del libro Mexico City Blues: Orizaba 210, publicado por la Editorial Doble A.

 

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Mexico City Blues: Orizaba 210

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A,

Colección “Textos”

The Netherlands, 2007

 

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

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PULSOR 4×4 / 28

(1981)

En 1981 hubo un intento de golpe de Estado en España.

Ronald Reagan resultó herido de gravedad en un atentado.

Anuar El Sadat murió asesinado por soldados que desfilaban frente a él.

El general Moshé Dayán murió de enfermedad.

Se estrenaron las películas Indiana Jones en busca del arca perdida, El hombre elefante y Toro salvaje.

En 1981 surgió una corriente musical de vanguardia, a la cual se le conoció como de los New romantics. Uno de ellos fue el grupo Spandau Ballet, que ofrecía un funk a la europea, con abundancia de extrañas melodías y una marcada inclinación por los sintetizadores. Su evidente madurez era reflejo de muchas horas de ensayo y actuaciones en pequeños clubes londinenses.

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Otro grupo importante de los New romantics era Duran Duran, que había iniciado su camino en 1980.

Antes de grabar su primer disco, el grupo actuó en numerosas ocasiones como telonero de Blondie, pero la aparición del álbum los situó en la cima de la popularidad. Al igual que Spandau Ballet, Duran Duran ofrecía una imagen notable, moderna, pero orientada hacia lo comercial, asimilable y provista de cuidados arreglos instrumentales.

Al margen de la moda de los New romantics, el año de 1981 trajo también el inicio del techno pop, con la aparición de grupos como The Human League, Depeche Mode, Simple Minds y Soft Cell. Este último estaba integrado por David Bell y Marc Almond. Su tema “Tainted Love”, una versión de la pieza de Gloria Jones, sentó las bases del nuevo pop electrónico.

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Kim Carnes, una oscura intérprete estadunidense cuyo mayor logro había sido componer algún tema para Frank Sinatra, fue rescatada en 1981 gracias a la difusión del tema “Bettie Davis’ Eyes”. La canción no era nueva, ya que seis años antes había sido grabada por Jackie de Shannon, sin que nadie le prestara atención a sus cualidades. Con Carnes se convirtió en un éxito instantáneo.

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El trío de los Stray Cats revitalizó la afición por el rockabilly en la Gran Bretaña y luego en el mundo entero. Brian Setzer, Lee Rocker y Slim Jim Phantom surgieron como la reencarnación de un espíritu musical auténtico.

Su primer LP fue una obra vitalista que traspasó las limitaciones del propio género para llegar a un sector más amplio del público. La oferta de los Stray Cats consistía en música de los cincuenta para audiencias de los ochenta, respetando el sonido antiguo, pero con nueva propuesta.

VIDEO SUGERIDO: Stray Cats – Rock this town LIVE, YouTube (Mr Sloth)

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PULSOR 4x4 (REMATE)

BABEL XXI-485

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-485 (FOTO 1)

 BAJO EL VOLCÁN

(LIBROS CANÓNICOS 24)

 

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

http://www.babelxxi.com/?p=7600

 

 

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