ELLAZZ (.MX)

Por SERGIO MONSALVO C.

ELLAZZ (MX)

 LAS MEXICANAS*

A pesar de todas las restricciones que impidieron por mucho tiempo el acceso mayoritario de las mujeres a la escena jazzística mexicana, el amante de esta música puede encontrar una lista sobresaliente de féminas que han participado en el jazz desde la última parte del siglo pasado. Actualmente, ellas interpretan el jazz, lo graban, dirigen a grupos, componen, hacen arreglos musicales, producen álbumes, administran grupos y presentan conciertos, es decir, están involucradas en todo el proceso creativo.

Ejecutantes y compositoras. Aparecieron desde la segunda parte del siglo XX, pero, ¿quiénes son esas mujeres a las que desde entonces se reconoce dentro de la escena?

El jazz con ellas como protagonistas ha estado en el corazón de nuestro tiempo, en una realidad entonada con la voz o el piano primordialmente. Es el estallido de artistas apasionadas que han derramado su energía en tales instrumentos buscando la expresión conmovedora en la improvisación.

Uno escucha sus discos no tanto para saber cómo argumentan, sino para disfrutar con su transcurso en la construcción del argumento. Esta es una manera de defender un género, desde su esencia, que en general debe enfrentarse al anodino gusto mayoritario por otras músicas más conservadoras. Y buscar en él diversos ángulos en el panorama creativo. Es decir, las mujeres tienen en el jazz el mismo problema que los hombres en México: la necesidad de un público.

¿Quiénes son esas mujeres? Seres tratando de expresar sus emociones y sentimientos. Si hay algo que las haya caracterizado en él es su pronunciado individualismo, su dedicación y su deseo de que se les trate como lo que son: músicos profesionales. Las representantes contemporáneas siguen pidiendo que simplemente se les escuche.

La incertidumbre del fin de siglo y comienzos del nuevo, parece afectarlo todo. El jazz, por supuesto, no se abstrae de ello. En este periodo han cambiado radicalmente las condiciones económicas, sociales y hasta ambientales del mundo. Las artísticas también, por supuesto. Ante la dispersión de los elementos y la mediatización de los gustos, se impone un cambio en la forma de entender al jazz, con la mente abierta a los nuevos sonidos. Ellazz (.mx) es un libro que reúne sus palabras, conceptos sobre el género, sus iniciaciones, su devenir, sus historias, y con él he buscado participar en la divulgación de dichos conceptos.

*Esta es la introducción al libro Ellazz (.mx), que aparece en la Editorial Doble A y cuyo contenido seriado he publicado periódicamente en este blog.

 

Entrevistas a:

Sandra Arán

Mili Bermejo

Patricia Carrión

Géraldine Célérier

Magos Herrera

Verónica Ituarte

Laura Koestinger

Elizabeth Meza

Iraida Noriega

Yekina Pavón

Olivia Revueltas

Ana Ruiz

 

 

Ellazz (.mx)

Entrevistas de

Sergio Monsalvo C.

Colección “Cuadernos de Jazz”

Número 16

Editorial Doble A

The Neherlands, 2018

 

 

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SANDRA ARÁN

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL MÁS BELLO DE LOS INSTRUMENTOS*

La voz es el ulterior resguardo musical de la especie, y eso lo sabía muy bien el poeta Gonzalo Rojas cuando escribió aquello de “Oh voz, única voz/ todo el hueco del mar no bastaría,/  todo el hueco del cielo,/ toda la cavidad de la hermosura/ no bastaría para contenerte,/ y aunque el hombre no tuviera más instrumento…/ tú nunca cesarías de estar en todas partes”.

La voz humana es el más democrático de todos los instrumentos. Define puntual y textualmente lo que uno siente, lo que ellos sienten, lo que todos sentimos. Unos la saben utilizar mejor, otros en menor escala. Sin embargo, está ahí para el que necesite manifestarse. ¿Será ésta suficiente motivación para hacer del uso de la voz un modo de vida?

Habla Sandra:

¿Cuál es tu definición del Jazz?

“Ésa es una pregunta muy difícil por la amplitud de su respuesta. Contestaré con la jerarquía regida por lo primero que me viene a la mente. El jazz es la vida, el amor y la frustración de una raza amarrada por la esclavitud en un principio. Un grito de libertad con la fuerza de toda verdadera canción de protesta. Es la unión de lo “afro” con la música del mundo occidental teniendo como elemento pivote a la improvisación.

“Hoy en día el jazz abarca muchísimos ritmos y formas fusionando épocas, etnias y géneros musicales para satisfacer la sed insaciable de sus intérpretes. Ha pasado por las calles para llegar a la academia en donde ha alcanzado niveles altísimos de destreza técnica. Sin embargo, y después de todo lo dicho, para mí el jazz es libertad, pasión y creación en su máxima expresión”.

¿Qué hizo que te inclinaras hacia el Jazz en un principio?

“El Jazz me atrajo en un principio gracias a mi educación musical. Siempre se escuchaba Jazz en la casa. Más tarde empecé a buscarlo de manera espontánea después de experimentar con otros géneros, encontrándolos muy limitantes por alguna razón u otra. Creo que es cuestión de personalidad y necesidad creativa.

“La improvisación es un reto mayor, ya que creo que nunca será un elemento musical obsoleto mientras te sigas alimentando como persona y tengas algo que decir. Te exige lo máximo en todos los aspectos musicales y de esta manera uno nunca deja de crecer. De igual modo, creo que el jazz es el único género que permite la interacción tan profunda entre los músicos ya sea en dúo o en una big band. Se crean ‘ideas de ideas’ que nunca dejan de sorprender”.

¿Por qué escogiste tu instrumento (la voz) para expresarte? ¿Qué ofrece que no tengan otros?

“La elección de la voz como mi instrumento principal también surgió de manera espontánea. Empecé a cantar antes de hablar (nací el 31 de marzo de 1973 en México, D. F.), entonces nunca ha sido en realidad una ‘elección’. Creo que como cantante o como ejecutante de cualquier instrumento de aliento es necesario tocar un instrumento armónico para complementar el aspecto melódico de nuestros instrumentos.

“En sí, creo que la voz es el más bello de todos los instrumentos. Creo que ningún otro permite expresar a su máximo potencial la gran gama de emociones humanas. Además es un sonido con el cual todos podemos relacionarnos”.

¿Es importante la vida académica para un músico de Jazz en específico?

“Por supuesto que es importante la vida académica para un músico de jazz. Hay quienes argumentan que el Jazz es ‘folklore’ y se debe mantener en las calles. Con solo escuchar cualquier disco de jazz podemos darnos cuenta que los ejecutantes son dedicados estudiantes del género. Por supuesto que ‘la academia’ se puede dar en la calle, en el sentido de aprender directamente de los grandes como lo hizo Charlie Parker o Louis Amstrong”.

¿Cuáles han sido tus estudios en ese sentido?

“En mi caso, y en el de casi toda la gente que me rodea, no es posible absorber la música de esta forma ya que no estamos viviendo una realidad así. Sin embargo, podemos escuchar discos compactos, ver videos, analizar música, estudiar técnica, transcribir, etcétera, y de la misma manera tenemos que seguir el paso de Miles Davis y  John Coltrane en cuanto al esmero de estudiar horas y horas sobre nuestro instrumento, dominar algún aspecto y seguir con la lista sin fin de herramientas que nos ayudarán a expresarnos mejor. Qué bueno que existe la academia y que podamos avanzar más y más dentro de este género.

“Yo estudié cuatro años en la Escuela Nacional de Música, tres en el Taller de Jazz de la Escuela Superior de Música y ahora estoy terminando mi carrera en el Berklee Collage of Music en Boston, Massachussets como becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes”.

Dentro de la voz, ¿a quiénes consideras tus mayores influencias?

“Las mayores influencias que he tenido como vocalista han sido Carmen McRae, Betty Carter y Abbey Lincoln. En cuanto a instrumentistas mis más grandes inspiraciones han sido Charlie Parker, John Coltrane, Dexter Gordon y Miles Davis, por nombrar a algunos”.

¿Cuál es el estilo, dentro del género, que más te interesa interpretar?

“El estilo que me gustaría llegar a dominar por el momento es el bebop. Creo que es provechoso tratar de abarcar todas las épocas del jazz o por lo menos entender por qué sucedieron históricamente, cuáles son sus características particulares y conocer la música de sus principales exponentes. El bebop para mi es atractivo sobre todo por la energía tan explosiva presente en las composiciones e improvisaciones de músicos como Parker, Monk, Gillespie y Powell. En última estancia estudio el bebop en este momento para llegar a mi propia expresión”.

¿Cuál es tu visión del jazz en México? ¿Crees que haya un sólido pasado para pensar en un futuro promisorio?

“Estoy convencida de que en México existe el talento, el espíritu y la tenacidad necesaria para la creación de un movimiento jazzístico fuerte, pues creo que el jazz es una expresión universal que se enriquece con la aportación de muchas culturas.

“El artista mexicano tiene muchísimo que decir musicalmente. No se trata solamente de un grupo de gentes y una sola situación que permita el nacimiento de esta música, ya que nuestras raíces musicales, en mi opinión, comparten mucho con lo africano (la raíz principal del jazz) en el elemento rítmico del género. No hay que olvidar la influencia que tuvieron los ritmos latinos sobre el bebop en los años de la posguerra. Depende de nosotros crear un ambiente propicio para el crecimiento de esta música, pues mientras existan personas para quienes esta expresión lo sea todo, habrá un futuro para el jazz mexicano”.

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VIDEO SUGERIDO: Sandra Aran – Never Said, YouTube (Sfjscat)

La fugacidad, lo efímero, son las constantes de las agrupaciones mexicanas del jazz. No hay proyectos duraderos o han sido muy escasos. ¿Qué opinas al respecto?

“Estoy muy de acuerdo con esta afirmación y opino que este fenómeno es el resultado de una situación económica y política muy real. Para un músico de jazz en México es muy difícil conseguir trabajo tocando esta música noche tras noche. Al decir ‘muy difícil’ no quiero decir imposible. Sin embargo, los que hemos salido literalmente a las calles de México en busca de trabajo, ofreciendo nuestras  propuestas a los propietarios de restaurantes y bares, sabemos lo frustrante que es encontrarnos con mentalidades cerradas al crecimiento artístico.

“A pesar de esto, en los últimos cinco años se ha visto un avance, pues antes había unos cuantos lugares para ir a escuchar jazz en la ciudad y ahora existen una cantidad mayor de foros que se han creado específicamente para apoyar a jóvenes artistas. Varias instituciones cuentan con ciclos de muy buena calidad y poco a poco los empresarios privados también están aprendiendo a valorar esta expresión.

“No estamos en la gloria y todavía nos queda mucho por hacer, pero si seguimos por esta vía de la auto-promoción buscando nuevos lugares donde tocar, creo que lograremos ver a un mayor número de agrupaciones de jazz con las oportunidades necesarias para mantener a sus músicos unidos”.

¿Crees que el “hueso” sea una práctica aceptable para un músico de jazz?

“La situación del ‘hueso’ en México es un círculo vicioso. Creo que  no se trata de definirlo como aceptable o no. Si un músico no tiene manera de sobrevivir económicamente entonces no producirá música de ningún tipo. Conozco jazzeros muy buenos que se ven tan envueltos en sus actividades con ciertos ‘artistas’ de otros géneros, lo que no les deja tiempo para dedicarle al jazz.

“Sin embargo, es una actividad que cuenta con un salario fijo (haya o no conciertos en muchas ocasiones) y finalmente sigue siendo música. Existen otras maneras de ganarse la vida mediante becas o impartiendo clases, lo cual no implica un alto grado de estabilidad pero sí permite más tiempo para dedicarse al estudio y la ejecución del jazz.

“En conclusión, creo que es una decisión personal y obviamente me inclino por decirle no al ‘hueso’, y sí creo que en ocasiones nos priva de fantásticos músicos aunque puede justificarse por la realidad socioeconómica que prevalece en México por lo cual siempre tendremos que escoger entre una u otra actividad musical”.

¿Crees que haya la infraestructura necesaria para el desarrollo del jazz en México (compañías discográficas, estudios de grabación, clubes, festivales, etcétera)?

“No podemos hablar de la infraestructura necesaria para el desarrollo de cualquier expresión artística sin tomar en cuenta la situación general del país. México está viviendo un momento económico muy difícil y se ve directamente reflejado en el poco apoyo que se le da a las artes. No solamente en México se da esta situación, pues incluso en países del primer mundo el jazz sufre.

“Creo que en México hay talento y un público que quiere escucharlo. Con la organización de festivales, temporadas y conciertos que nosotros mismos podemos organizar (con  el apoyo y la solidaridad entre nosotros mismos) crearíamos por lo menos la conciencia necesaria para el desarrollo del jazz mexicano.

“El fenómeno de las producciones independientes ha surgido en últimas fechas por la falta de apoyo de compañías grandes en cuanto a grabaciones de jazz, y es claro que lo ideal sería que el sello Blue Note o Verve tuvieran una sucursal en México. Sin embargo, y a pesar de ello, las producciones que han salido en estos años del jazz mexicano demuestran la calidad que hay en nuestro país”.

¿Cuántas grabaciones tienes en tu haber, como miembro de un grupo  o como invitada? (¿En qué sello y en qué fecha han aparecido?)

“Participé como parte del ensamble vocal Cuicanitl en su primer disco Solo Voces bajo el sello Jazzcat (1999) y como cantante principal del grupo Cuervo Rey en su disco homónimo de Producciones ‘Mandinga’ (1999)”.

*Esta entrevista la llevé a cabo con Sandra Arán en 1999 y cuyo extracto apareció en el libro Tiempo de Solos 50 jazzistas mexicanos del año 2000. Después he sabido de la aparición de un disco suyo llamado Intimately.

 

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VIDEO SUGERIDO: Sandra Aran – I’ve Got You Under My Skin, YouTube (Sandra Aran – Tema)

 

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“I’M A FOOL TO WANT YOU”

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (BOB DYLAN)

Al escucharla se descubre un ejemplo contumaz del modo en que un folk singer, evolucionado en rockero, puede otorgar tamaña intensidad a una pieza de crooner.

Marcada por el examen, el lento cavilar, la duda y el arrogamiento, aquél la fragua con una afirmación despiadada: “I’m a Fool to Want You”. Es la evidencia del yo desencantado, una frase dolorosa.

El intérprete añoso y experimentado se confiesa algo sombrío a sí mismo e incluso la luz que lo rodea en el momento de decirlo parece hosca. Dentro del marco de la pieza no hace falta hablar más. Después de la última discusión lo único que resta es intercambiar acusaciones, piensa. Y luego de  eso ¿qué?, ¿el perdón?, ¿el olvido?

Quien canta pasea su mirada a lo largo de un cuello descubierto. La piel se ve suave. Detrás, una cortina de cabello castaño y sedoso. La música inunda las palabras al verterse a través de la malla de una voz rota. Esto es lo que hace ahora, sincerarse en cómo se siente cuando la convicción se vuelve un poco más grande que el deseo. Ya nada parece suficiente.

Sabemos del agotamiento y del momento embotado de quien canta eso, del  que ha pasado por un largo altercado. Está paralizado, incapaz de hacer nada, aunque sus pensamientos lo atropellen. La certeza ha aumentado el significado de la revelación. Es una certitud obsesiva, pero la naturaleza de ese significado parece rebasar el entendimiento. Un rostro con una sonrisa encantadora, algo desdeñosa, le devuelve la mirada. Las paredes de la mente retumban para luego dar paso al silencio.

*Texto extraído del libro Baladas III, publicado por la Editorial Doble A.

 

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DOBLE A

Por SERGIO MONSALVO C.

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 ESCOGER A LOS LECTORES

La Editorial Doble A es la concreción de un sueño romántico que busca la difusión del quehacer cultural literario en sus diversos géneros a través de la tecnología actual, más al alcance y común a cualquiera relacionado con el medio. Desprovista de patrocinios, fines comerciales o pretensiones grandilocuentes en el diseño de sus colecciones, intenta devolver a la palabra la importancia fundamental que tiene, en beneficio del acervo analítico cotidiano.

En un país como el nuestro (México), en el que no se lee, es un reto la realización de esta empresa.  Por lo mismo, Doble A es la única editorial que escoge a sus lectores.  Con un tiraje limitado de cien ejemplares numerados, está dirigida a los especialistas en sus distintas ramificaciones, con el objeto de que los textos ahí contenidos en verdad lleguen a receptores que sepan apreciar dicho material, como rescate y recopilación del trabajo de plumas con años de labor dentro del quehacer cultural y sin “institucionalizarse”.  Siempre a la búsqueda de fondos y formas novedosas, realistas, experimentales y rabiosamente contemporáneas, estos creadores encuentran en Doble A un medio alternativo para divulgar sus ideas y expresiones artísticas.

La colección dedicada a recoger tal cúmulo ha incluido la narrativa (cuento, novela corta), la poesía, el ensayo, la crónica y la traducción. Sus primeros títulos pertenecen a autores como Emiliano Pérez Cruz, con la noveleta Reencuentro; Arnulfo Rubio, con el poemario Voces de piedra; Xavier Velasco, con Cecilia (noveleta); David Cortés, con El Rock en Oposición (ensayo); Xavier Quirarte, con Jazz y literatura:  ritmos de la eternidad (ensayo); Eusebio Ruvalcaba, un doble poemario con Gritos desde la negra oscuridad y otros poemas místicos, Naief Yehya, con Caos y rabia en la cultura de la máquina, Víctor Navarro y su Homenaje a Tristán Tzara y otros Poemínimos (poemario) y Amiga a la que amo, textos de Ignacio Trejo Fuentes, entre otros títulos.

Por otro lado, Doble A editó una revista mensual entre marzo de 1993 y marzo del 2001, en la que la temática primordial fue la música en sus distintas manifestaciones. La revista llevó el nombre de Corriente alterna y en sus 58 números trató decenas de cuestiones desde el thrash, al world beat, las definiciones en torno a la nueva música y el sonido grunge emergido de la ciudad de Seattle, el acidjazz, el cyberpunk, el rock “mexicano”, el rock y las perversiones, un número monográfico sobre Frank Zappa, el minimalismo, el vinil y el rock chicano, por mencionar algunos temas.  Entre sus colaboradores se encontraron destacados comentaristas de los medios, y lo mejor: la pasión por la música, el soundtrack de nuestra realidad.

La intención de la revista fue hacer llegar a sus lectores la información sobre las expresiones musicales que se crearon en el underground de la época, al margen de los canales más comerciales, y que representaron las opciones de mayor avanzada dentro del género.  Lo llamado “alternativo” en la búsqueda de la expansión de las fronteras, sin restricciones y con una propuesta estética lejana a los lugares comunes. De la misma manera, analizó la influencia de esta música en otros ámbitos de la cultura.

Esa ha sido la labor de Doble A hasta el momento.

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Editorial Doble A

Sergio Monsalvo C.

Fundador y editor

México, 1993/The Netherlands, 2019

 

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PATRICIA CARRIÓN

 

Por SERGIO MONSALVO C.

PATRICIA CARRIÓN (FOTO 1)

 EL JAZZ COMO OPORTUNIDAD*

En el libro Tiempo de Solos 50 jazzistas mexicanos escribí que “una cantante como Paty Carrión (nacida como Patricia Grisel Carrión Palacios el 12 de julio de 1959 en México, D.F.) posee el toque mágico para hacer que las palabras que hemos escuchado y repetido millones de veces se tornen sonidos que nos envuelvan formando remolinos o brisas ligeras.

“Es de las artistas a las cuales se les puede delegar la esperanza de atrapar esas palabras para que luego las renueve con el canto, como parte de un sueño lo mismo colectivo que privado. Muy pocas intérpretes de cualquier género son capaces de ello, de emocionar con su voz. Eso requiere de un talento innato y del estudio constante para canalizarlo”.

A Paty Carrión la entrevisté para su inserción en el libro, en noviembre de 1999, festejaba aún sus 40 años recién cumplidos.

Habla Paty:

¿CUÁL ES TU DEFINICIÓN DE “JAZZ”?

“Es una maravillosa oportunidad que nos brinda un espacio. En él cual nos movemos en abstracto. Es un espacio instantáneo que no se puede repetir y que crea pequeñas obras, todas diferentes, por medio de la improvisación. Es la sensación de estar componiendo al instante y de regocijarte en lo que oyes, en cómo lo quieres hacer, y en cómo te gustaría escucharlo al siguiente momento.

“El jazz es un instante maravillosos en el que no eres terrenal, en el que te vas a otro parámetro, a otra dimensión, donde la música es la reina y donde no existe el tiempo, no como lo conocemos nosotros, sino sólo en esos cuatro o cinco minutos que puede durar tu pieza, y en tu capacidad para crear una música única e irrepetible en ese momento. Eso es el jazz: la posibilidad de jugar, de divertirte, de vivir de ello y aparte que te aplaudan. Tiene que ser así o no es jazz.

“Si no eres por dentro un niño en edad entonces no eres jazzista. Todos los músicos compartimos un infante muy despierto, nada caprichoso, pero con capacidad de asombro, de sensibilidad, con la capacidad de emocionarse hasta las lágrimas, de sorprenderse, todo eso que a la mayoría de la gente se le va enajenado, mellando. Con los músicos que trabajo son esas las cosas en común”.

¿QUÉ HIZO QUE TE INCLINARAS HACIA EL JAZZ EN UN PRINCIPIO?

“Fueron varias situaciones, algunas de ellas deseadas, otras por azar. Yo viví en Cozumel nueve años, ahí tuve la posibilidad de explorar diferentes géneros musicales, porque toco la guitarra, mal pero la toco. Durante esos nueve años pasé por todo los estilos que tienes que pasar: ranchero, bolero, trova cubana, canto nuevo, etcétera. Sin embargo, tras haberme paseado por ellos sentía que había algo que me estaba deteniendo.

“Todos esos géneros me exigían en una determinada limitante, una frontera donde más allá no podía ir. Después de un viaje que hice a Europa me di cuenta del gran nivel que se maneja en esos países, musicalmente hablando, y también por las cantantes. Entonces me dije: ‘tengo que hacerme músico, no nada más ser otra cantonta’. Regresé a la Ciudad de México para estudiar música, en ese proceso alguien me presentó a Juan José Calatayud que en ese momento no tenía cantante, pero me lo plantearon como si yo fuera a alternar con él, y pensé ‘¿qué voy a hacer ahí con mi guitarrita y mi trova?’. Yo conocía algunas cositas de jazz pero no tenía mayor conocimiento. Sin embargo, resultó que el llamado era para trabajar con él no para alternar, y bueno después de ponernos de acuerdo en dos o tres cosas al señor le encantó como cantaba y ahí fue cuando yo me inicié en el jazz.

“Con él trabajé seis años. Aprendí muchísimas cosas, participé en infinidad de festivales internacionales, nacionales y demás. Juanjo nunca me dio una clase, en la manera en que nosotros tenemos la idea de una clase, sin embargo lo que trabajé, viví y viajé con él fue la mejor escuela que pude haber tenido para después desarrollarme. A la par también estaba yo estudiando música, fue una época bastante fuerte de desarrollo, mucho alimento, mucho conocimiento entrando en mí.

“Estudié en El Centro de Investigación y Estudios Musicales  (CIEM) que está afiliada a la Real Academia de Bellas Artes de Londres, y en lugar de tomar 10 años de mi vida para obtener un diploma en una de las escuelas de México, donde dice que estudiaste la carrera, preferí utilizar 36 meses de mi vida para obtener una licenciatura avalada por la Real Academia de Londres. Me costó un ojo de la cara porque la escuela era carísima, y luego o trabajaba o estudiaba, y al final mi fatiga era tal que ya no entendía ni lo que estaba trabajando ni lo que estaba estudiando, así que dije hasta aquí llegué, by. Muy buena escuela”.

¿POR QUÉ ESCOGISITE LA VOZ PARA EXPRESARTE?

“Yo no la escogí, mi padre es músico, siempre se dedicó a la música. Él es un arreglista-compositor y el 50% de las cosas que Javier Solís cantó fueron arreglos de mi padre. Se dedicó a la música vernácula y toda la vida estuve rodeada de músicos. A los 5 años yo cantaba con la influencia mi padre. Entonces Milisa Sierra, que en paz descanse, en esa época tenía una serie de discos que era sobre cuentos infantiles y a mi papá se le ocurrió que esta chiquilla podía cantar en ellos, así que grabé un disco con él y fue muy sencillo, no me costó trabajo. Lo que sí me costó fue aprenderme las letras, porque yo todavía no sabía leer, pero a partir de ahí ya nadie me bajó del asunto.

“Lo más loco es que nunca pensé dedicarme a la música. En 1978 me fui a vivir a Cozumel y no tenía claro qué quería hacer. Llegué a chambear ahí donde se pudiera. En una ocasión salí a cenar con unos amigos a un restaurante que estaba a la vuelta de su casa. Ahí, comenzamos a cantar para divertirnos. Nos escucharon los dueños del lugar y me vinieron a preguntar que si yo quería trabajar ahí cantando. Conseguí una guitarra y empecé a trabajar.

“Pasó un tiempo para que yo aceptara que eso era para lo que Dios me había puesto en la Tierra. Hice miles de cosas en Cozumel. Dime que chamba te gusta y te aseguro que la hice. Aprendí de todo, pero lo único que me ponía en paz era cantar. Así que lo asumí, y luego de que regresé de un viaje, en el que me fui de aventura a Europa, ya me dediqué de lleno a la música. A vivir para y por la música y de la música”.

¿CREES QUE SEA IMPORTANTE LA VIDA ACADÉMICA PARA UN JAZZISTA?

“No. Es importante, pero no lo más importante. Lo más importante es que tengas el corazón y el alma abiertos a la música. Si tienes el talento, si tienes el oído, si tienes la intuición, el instinto, tu nivel académico lo puedes ir elevando. Conozco gente que se dedica a esto y jamás ha estudiado nada de música. Son grandes orejas, grandes espíritus. Claro que es muchísimo mejor tener un nivel académico, porque entonces te ganas el respeto de los músicos, cosa que no todas las cantantes tienen. Desgraciadamente no todas han asumido el papel de lo que debemos ser: músicos.

“Y como músico tienes que conocer el lenguaje, el tuyo y el del instrumentista. Por ese lado, sí te ayuda mucho tener un nivel académico, porque entonces tus compañeros se vuelven precisamente eso: tus compañeros y no tus acompañantes. Yo sí te puedo decir que nunca me han acompañado, siempre hemos trabajado juntos como compañeros. Eso me ha ganado muchísimo el respeto de la gente con la que he trabajado. Hablamos el mismo idioma, y no hago berrinche como otra gente lo hace porque nunca sabe qué le salió mal, pero asegura que la culpa la tiene el músico. No. Hay que responsabilizarse de tu instrumento, de tu carrera, de hablar el lenguaje y ya entonces podrás decir no fui yo, fue él o los otros. Para eso sí se me hace muy importante el nivel académico.

“Por otro lado, para cantar lo único que necesitas saber es sentir. Tener el talento, tener la voz y sentirla, para poder decir lo que quieras. El nivel académico te sirve para comunicarte con los demás músicos, a nivel de compañeros no de acompañantes, y ese es otro boleto”.

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¿DENTRO DE LA VOZ, A QUIÉNES CONSIDERAS TUS MAYORES INFLUENCIAS?

“A nivel del jazz a las tres reinas: Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald y Carmen McRae. De las tres mi favorita es Carmen. A un nivel general, hay una cantante que admiro y adoro. Se llama Mina, es italiana, y la mera verdad es que es la mujer más versátil que conozco; que canta de todo y en varios idiomas y en tesituras que no le corresponden. Su versatilidad fue un impacto tremendo para mí, y algún día quisiera tenerla para mí también. Así como la cachondería de Sarah, la capacidad de improvisación de Ella Fitzgerald y el swing de Carmen, las formas de decir que tiene. Como ves casi no pido nada.

“A nivel personal mis influencias son las personas que mi padre, Rafael Carrión, llevaba a la casa a cantar cuando era niña. Porque entonces era la cosa de la bohemia, de quítate el look y adelante. Gente como Negrumo, un sinaloense que hizo canciones bellísimas. Mi padre que en esas épocas era un goce para mí, porque a través de él pude darme cuenta de lo que significa cantar en vivo y a todo color. De ahí obtuve muchas influencias y, luego, una vez dentro del mundo del jazz esas cantantes que ya te nombré. También podría incluir a Ellis Regina, a Gal Costa y a María Betania”.

¿CUÁL ES EL ESTILO QUE MÁS TE INTERESA INTERPRETAR, EN CUÁL TE SIENTES MÁS A GUSTO?

“Me gustan todos, así como los standards de siempre, que son como un dulce que has comido desde niño y siempre te va a saber igual. Las cosas más nuevas me gustan porque son retos en cuanto a la imaginación, a la capacidad vocal, porque no nada más es bella la voz clara, sino la voz rasposa, el chillido, su efecto percutivo, tratar de dar armónicos, el experimento, todo eso me encanta.

“Dentro del jazz me gusta todo lo que es jazz, no hay uno que me guste más que otro. Eso sí, para mi manera de ser prefiero los temas más emotivos, más apapachones, que los temas más dinámicos, pero es cosa de personalidad. Soy cien por ciento romántica. Todo se me viene a la emotividad. Disfruto mucho las baladas, la música de Ivan Linz, la de Sergio Méndez, la de Michel Legrand. Todo me gusta, pero mi preferencia sería todo ese tipo de música que además incluye un poco de poesía y una definición más exacta de una emoción, de un sentimiento, de un momento determinado en la existencia”.

¿CUÁL ES TU VISIÓN DEL JAZZ EN MÉXICO?

“Creo que en México hubo una época en que sí había excelentísimos músicos, la época de Chilo Morán, de Mario Ruiz Armengol, de Mario Patrón, del mismo Juan José Calatayud. Había gente que tenía un nivel tan alto, musicalmente hablando, que los extranjeros que venían a México, con grandes nombres y grandes orquestas se quedaban boquiabiertos cuando marcaban la pieza a los músicos mexicanos y ésta corría de pies a cabeza enseguida, cosa que con su grupo les llevaba meses montarla. Sí, hubo un pasado muy sólido. Mucha gente también vino a México porque había un escenario jazzístico en la ciudad. Al entrar los años sesenta éste se perdió por la llegada del rock and roll.

“Ahora yo sí siento que en este momento en México (fin de siglo) hay un movimiento jazzístico muy fuerte de gente muy joven, muy buena en lo que hace. Desgraciadamente ya se nos fue Chilo, Chava López también, que eran grandes representantes del género, gente que luchó y hasta le costó dinero hacer jazz. Ahora gracias a los medios de comunicación, a la información, a los videos, a los discos, ya no necesitas ir a una escuela,  sino que te metes a tu cuarto con los videos, con los discos y los estudias, hay más posibilidades de información y eso crea mucho mejores músicos.

“Hay mucha hambre en México de hacer buena música, también de escucharla. Hay pocos medios de difusión para el género, para saber dónde están los lugares, lo qué se está haciendo, etcétera. Porque desde que quitaron el Arcano todo se diluyó, toda la familia que había reunido ahí Paco Galindo, lo cual fue su gran mérito en este ambiente,  se desbandó. Él logró reunirnos a todos, hacer que nos escucháramos y respetáramos, pero al cerrarse el lugar nos dispersamos.

“Hoy todos estamos regados, no tenemos un lugar donde nos podamos reunir, hay algunos, pero ninguno como el Arcano. Ahí la gente iba a escucharnos, ahí jamás te iban a pedir un ‘Take Five’ o un ‘Misty’. Ahí llegaban a ver qué les ibas a ofrecer.

“En México el jazz tiene futuro, siempre y cuando la gente que tiene la posibilidad de brindarnos los foros haga precisamente eso, que nos los brinde y pague bien, que respete nuestra carrera, nuestros años de estudio, de trabajo. Nuestro trabajo tiene un precio, sin ínfulas. Nosotros tenemos también que darnos nuestro lugar. Le veo futuro porque ya somos muchos”.

¿QUÉ TE PARECE LA INFRAESTRUCTURA PARA EL JAZZ EN MÉXICO?

“Pésima, ¿cuál infraestructura?, no hay. Lamentablemente al jazz se le ha manejado como música elitista, y si es música elitista entonces yo soy alemana. El jazz nació de los negros, de los esclavos, ¿eso es ser elitista? Se ha creado una concepción errada de lo que es el jazz. Al considerarlo elitista se le han cerrado las puertas a mucha gente por cuestiones de mentalidad y eso está canijo. El jazz es un juego, en el que cotorreas de muchas maneras. Quien tiene capacidad de jugar le gusta el jazz. Si les pones un disco de jazz a 100 gentes es probable que a 99 les guste. Pero si antes de ponerlo les dices que es jazz es probable que sólo a uno le guste. Por prejuicio.

“Si logramos remover ese prejuicio y decir que el jazz es sólo una manifestación del alma, una forma de decir, de compartir, de exprimir lo que te está quemando, simplemente sabremos que son cosas comunes al ser humano. Estamos demasiado hechos a las palabras, si no trae texto no gusta y por ahí hay un gran impedimento. Vivimos en una ciudad de 20 millones de personas y  puedes contar con una mano los lugarcitos donde se toca el jazz, que no son precisamente lugares para el jazz, pero que de repente se permiten tener grupos de jazz por uno o dos días”.

HÁBLAME DE TU DISCOGRAFÍA

“Es poca. Grabé un disco a los 5 años con Milisa Sierra. Hice un disco de Salsa con Luis Demetrio, un disco de bolero con él también y acabo de terminar un proyecto de música ranchera con mi padre. A partir del 11 de diciembre [1999] me voy a meter al estudio a hacer un disco de jazz con un grupo que se llama Downbeats. Es el primero y todavía no tiene nombre. El año que entra también voy a hacerlo con algunas de las cosas que yo he compuesto, algunas jazzísticas, otras no. También un disco con Enrique Nery, un proyecto conjunto jazzístico con un material fuera de serie y también otro con Calatayud. Con él he trabajado mucho standard viejo. Con los Downbeats hay la posibilidad de hacer otro tipo de cosas. Downbeats tiene ya como veintitantos años de existencia”.

¿QUÉ PEDIRÍAS PARA LOS JAZZISTAS MEXICANOS?

“Foros, gente con 5 cm de espíritu para que nos comprendiera y se diera cuenta de que nuestro trabajo vale; la posibilidad de presentarnos y que la gente se diera cuenta de lo que somos, que cualquiera puede gozar con nuestra música, pero sobre todo foros y reconocimiento a nuestro trabajo; no quedarte en México y pudrirte dentro de ti de frustración. O que te tengas que salir a otro país a sufrir cualquier cantidad de cosas, incluyendo el éxito, pero fuera de tu casa.

“Para los jazzistas pediría un poco de conciencia, para que la gente nos pueda brindar los foros y mucha más solidaridad entre nosotros; mayor conocimiento de nosotros mismos. Estamos un poco alejados. La labor de Paco Galindo se desvaneció con el cierre del Arcano. Necesitamos más comunicación, compañerismo, más solidaridad y gente que le dé a este país esa opción de creatividad, de espiritualidad y la posibilidad del conocimiento interno”.

*Esta entrevista la realicé en noviembre del año 1999 y de ella brotó el extracto para ser publicado en el libro Tiempo de solos 50 jazzistas mexicanos, con las fotografías de Fernando Aceves.

PATRICIA CARRIÓN (FOTO 3)

VIDEO SUGERIDO: Patricia Carrión – Sabes, YouTube (Patricia Carrión)

 

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CORRIENTE ALTERNA

Por SERGIO MONSALVO C.

CORRIENTE ALTERNA (FOTO 1)

 REVISTA/FANZINE

La publicación CORRIENTE ALTERNA en todas sus fases (con ocho años de existencia, entre 1993 y 2001, y 58 números en total) reafirmó las intenciones con que fue concebida por su fundador, director y editor, Sergio Monsalvo C.: devolver a la palabra la importancia fundamental que tiene, en beneficio del análisis musical cotidiano; reflejar la pasión  por la búsqueda y descubrimiento de los sonidos que componen diversas realidades, y trasmitir la información sobre las expresiones artísticas en este sentido, que se crearon en el underground, a la vanguadia, tras los límites o al margen de los canales más comerciales, y que representaron (en su momento) otras elecciones estéticas.

La revista (fanzine) estuvo inscrita en lo “alternativo”, en su afán por la expansión de las fronteras, sin restricciones y con una propuesta editorial lejana a los lugares comunes. De la misma manera analizó la influencia de las distintas músicas en otros ámbitos de la cultura global.

“Alternativo” es uno de los términos de los que se ha abusado en demasía, sin embargo, ha mantenido su significado. Si se le utiliza (cualquiera que sea el concepto en que se emplee) es sobre todo porque ninguna otra palabra describe de modo tan sencillo tamaña pléyade de actividades. Es la manifestación cultural aún inaceptable para lo convencional, y actúa fuera de éste.

Las actitudes alternativas, adaptadas por sensibilidad a los matices rápidamente cambiantes de la sociedad, son las primeras en formular con palabras y obras aquello que tantos otros no ven, ni sienten. De esta forma, lo alternativo cumple una función importante en cuanto ayuda a la mente a mantenerse ágil; pone en tela de juicio y promulga, con su ejemplo, la idea de que siempre hay opciones para pronunciarse. Ello, a final de cuentas, fue lo que significó “alternativo” para esta publicación.

Corriente Alterna

Revista/Fanzine

Editorial Doble A

Fundador y Editor

Sergio Monsalvo C.

México, D. F., 1993-2001

 

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RELATOS PARA NIÑOS ORDINARIOS

Por SERGIO MONSALVO C.

NIÑOS ORDINARIOS (FOTO 1)

 “EL COCODRILO DEL CAPITÁN GARFIO”*

El ambiente sofoca por la falta de oxígeno. Los olores a frenos gastados, a llantas quemadas, sudor, alguna vomitada recurrente, hacinamiento, o el de los malos modos, violencia explícita o reprimida, desprecio, no tienen cabida en sus narices. Ellos entran y salen de los vagones del Metro, convoy tras convoy, acompañándose, maldiciéndose, inventándose trabajos ahí bajo la tierra para comer o de perdida para inhalar thinner o pegamento, el chemo.

Las primeras horas de la mañana los descubren en el piso de la estación. Ahí juntos pueden dormir y tal vez protegerse del agandalle de unos y de la posible violación de parte de otros, de esos tipos mañosos que se pasan de lanzas. De cualquier modo, le tienen que entrar con una lana para el o los policías que les dan chance de quedarse a pernoctar. El frío cala menos y las ratas no molestan, como en aquellos mercados a los que a veces hay que recurrir.

El frío es quizá uno de sus temores, pero no el principal.

Ya saben que a la llegada de los vigilantes tienen que abandonar de volada la cama de piedra y evitar que los atropelle la multitud impaciente, ya iracunda, que retacará los pasillos del andén y los del vagón y sus asientos. Hombres por aquí, mujeres por allá. Ni a cuál rumbo irle. Y bueno, luego de desamodorrarse, pactar el acuerdo para la rutina del día: ¿payasos…cantantes…malabaristas o simples y llanos pedigüeños? ¿O la combinación de dos, tres o más cosas, estamos en una era hipermoderna, no? Y a darle.

Colarse por aquí, por allá, repetir el único chiste tras el chorreado maquillaje, la mugre. Ojos amarillentos o enrojecidos, sin atinar a fijarse en nada, utilizando las palabras como si otro las dijera, ajenas, utilitarias, sin más valor que un escupitajo.

Así pasan las horas, entre puertas que abren y cierran en escasos segundos, entre gente silenciosa, aburrida y tensa, que lucha encarnizadamente por algunos centímetros dentro del vagón. A los de los audífonos pegado a un teléfono ni acercarse, ¿para qué?, siempre están en otra onda.

No. Mejor buscar a las señoras con niños, a las solitarias, tal vez las agarren en medio de un pensamiento peregrino y logren sacarles algunas monedas. Tal vez alguien se descuide y puedan agenciarse una bolsa, un suéter, un paraguas, lo que sea.

La cosa es no irse en blanco luego de tantas horas, doce para ser precisos, antes de atreverse a emerger a la superficie.

Pasar entre los vendedores que se aposentan en las escaleras con sus chicles, chocolates, galletas, llaveros…¡ bara-bara! Entre las mujeres que se cubren casi por completo con el rebozo y sólo extienden una mano temblorosa y pálida. Piedades que cargan a un niño de meses o años siempre dormido o muerto.

Entre indígenas que tocan el violín, el acordeón, la armónica, mientras sus mujeres e hijos hacen sonar los botes o los sombreros en busca de unos centavos. Entre los voceadores de periódicos vespertinos con sus gigantescos titulares sobre la crisis, complots, secuestros, crímenes, ejecuciones, el último escándalo político o del narcotráfico.

Una vez superado todo ello, pisar por fin la calle o lo que han dejado de ella los vendedores ambulantes. Caminar entre los puestos de relojes, juguetes, videos, plumas, grabadoras, anteojos y otras miles de mercancías procedentes de Taiwán, Corea, Hong Kong, China, Japón y lugares circunvecinos del Lejano Oriente. Fritangas y aceite rancio, cebolla, cilantro, perros, muchachas que entran o salen de la escuela de computación más cercana. Tipos que sólo viven para picar la salsa  y secretarias temerosas. El afuera.

Además, hoy la lluvia cae sobre la ciudad. Opacándola, ahogándola un poco más. El gris metálico del agua acumulada se anega por doquier. Manchas que tardarán en desaparecer se abandonan a la pereza del hongo que deteriora. Los edificios se encogen al dolor del golpeteo constante. En los coches se encierran tufos de alientos discordantes. El cláxon irrumpe, sin transigir nunca. El lodo y la basura se acumulan en las alcantarillas. No importa, de cualquier manera siempre están tapadas acumulando los desperdicios de la antigua ciudad de la esperanza o de la diversión.

La banda de niños callejeros surge así de la estación del Metro, deambula por el arroyo y parte de la banqueta. Se avientan unos a otros hacia los charcos. Empapados lanzan entre sí filosas palabras inmundas que no hacen mella en ninguna de estas cabezas rapadas, apestosas, coronadas de cicatrices. Ni en las de ellas, las tres mujercitas del grupo, que traen el cráneo enmarañado en contraparte. Les gusta andar de pelo suelto.

En un aparente vagabundeo sin principio ni fin, con rumbo desconocido, golpean las cortinas metálicas de los comercios cerrados con artefactos diversos en competencia por lograr el ruido más extremoso, el rechinido más insultante, la muesca más profunda. Se acercan de este modo a las puertas de un bar tradicional del centro de la gran urbe.

Con el escándalo ha salido un mesero y su presencia evita el desfogue contra el establecimiento. Los chiquillos pasan de largo cabuleando por lo bajo al malencarado que los enfrenta sin palabras. Gestos, señas y el insulto se cuelan por las rendijas del chubasco y de sus orejas sin dejar rastro. Al dar la vuelta a la calle un halo de silencio cubre de nuevo el asfalto renegrido. El mesero retrocede hacia las puertas abatibles.

Dentro, el dueño del lugar está en eso, en plan de dueño ante la escasa concurrencia de parroquianos acompañados de tristeza o agonía. Al sujeto le gusta mostrarse desde un principio con alaracas destinadas a todos y a cualquiera. Lo fatuo, la barba cerrada y la nariz prominente complementan su atuendo.

Como la noche está “de perros” ha decidido permanecer en su negocio: sentarse en una de las mesas con sus amigos de la Policía Judicial, jugar al dominó y echarse unos tragos de brandy entre pecho y espalda. En una mesita anexa se encuentran los hielos, las cocacolas y una botella de brandy junto a la suya, con poco menos de la mitad de su contenido.

“Te toca, Patán”, le dice uno de los caballeros de la mesa. Pero él está concentrado, no es cosa tampoco de dejarse humillar “por estos cabrones”, piensa, mientras selecciona la ficha adecuada. Es mal jugador pero no acepta tal cosa y la oculta bajo una eterna cháchara plagada de maldiciones, fabulosos negocios, apuestas, tugurios, menciones de amigos influyentes, coches, borracheras y mujeres a cual más.

Le gusta azotar las fichas, reclamar al compañero. En esta ocasión es un obeso trajeado al que la pistola le sobresale bajo el brazo y los abultados rollos de grasa de los costados. El mesero, servicial, se acerca de cuando en cuando para llenarle de nueva cuenta la copa coñaquera o surtir de hielos a los otros. En un impasse de silencio, entre jugada y jugada, entran al bar las tres mujercitas de aquella banda callejera que regresó a ver qué sacaba.

Visten como punks, pero no lo saben, están demacradas como darkies, pero tampoco lo saben. Creen que es hambre. Cada una toma un caminito diferente para acercarse a los solitarios bebedores de las mesas aledañas o que se encuentran en la barra, de pie, y mirándose al espejo.

Al descubrirlas el dueño les grita: “¡Fuera, carajo, ya les dije que no quiero basura por aquí!” Hasta el gato que dormitaba bajo el calendario de Cortés con la Malinche voltea a verlas. “Oooh, deje talonear pa’ un taco”, replica una. “¡Dije que se larguen, coño!”, y hace la finta de que va a levantarse.

Ellas abandonan el lugar. Con la interrupción, el tipo se distrajo de las fichas. Pierde la mano y tiene que pagar. Reclama y maldice, pero saca de la bolsa de su pantalón un fajo de dinero y arroja a la mesa dos billetes. “¡Puta madre!” Los judiciales, entre risotadas, preparan la sopa para la siguiente partida.

Ellas, mientras tanto, han salido de nueva cuenta a la noche. Los otros las esperan y todos se encaminan escandalosamente hacia la siguiente gran avenida. Ahí doblan a la izquierda y se enfilan rumbo a una plaza popular donde se dan cita muchos turistas. Ahí quizá no haya comida, pero el chemo es seguro; tal vez hasta puedan atracar a algún borracho eufórico o a un turista que se descuide. El Capitán Garfio, el líder del grupo, les prometió algo de todo ello.

En el caso de este Capitán Garfio no se trata sólo de perseguir tozudamente al niño que nunca fue o sostener con él grotescos enfrentamientos de capa y espada en sueños de pegamento, ni tampoco lidiar con un montón de marineros inútiles en un barco desorientado dentro de mares imposibles. El símil mayor con aquel personaje fantástico es una mano perdida que le fue sustituida por un gancho.

En el caso de este Capitán Garfio no se trató de una mano cortada por las terribles y peligrosas fauces de un cocodrilo empecinado, no. La mano le fue trozada por una vulgar guillotina para refinar papel, manejada por unos no menos vulgares mocosos que vieron en la acción cercenatoria una anécdota extra que se sumó a otras anteriores, ni más ni menos cruentas. Era pura diversión.

Desde entonces, la pérdida de tal parte fue apuntalada con la atribución de un nuevo apelativo. El anterior cayó en el olvido sin que nadie hiciera lo más mínimo por evitarlo; al contrario, el recién adquirido apodo llenó la boca de todos los que vivían a su alrededor y lo convencieron de que le sentaba mejor y hasta le proporcionaba una personalidad antaño inexistente.

Lo curioso es que él, asiduo habitante de terrenos baldíos en unas no menos baldías colonias, estaciones del Metro, alcantarillas o construcciones deshabitadas, no tiene ni la menor idea del personaje ficticio del que es homónimo. La carpeta de las cuestiones literarias no tiene cabida en su apretada agenda.

A pesar de su mutilación, este Capitán se ganaba la comida y algunos centavos matando ratas en algún mercado. No obstante, los peculiares vicios del ambiente lo avasallaron, los inhalaba en demasía, y el negocio se acabó. Lo echaron del mercado aquél y tornó a la vagancia, tierra de nadie donde se encontró con sus actuales compañeros de historias semejantes. Ahora, los espera la estridencia y los paliativos al rugido de sus hambres.

En la madrugada retornarán a la estación del Metro más cercana si lo logran, porque este Capitán Garfio, y el resto de sus acompañantes, siempre guardan en alguna parte de sí el temor y la sapiencia genética de que un día serán alcanzados por el animal, la siempre acechante bestia imaginada.

 

*Cuento tomado de la publicación Relatos para niños ordinarios de la Editorial Doble A.

Relatos para niños ordinarios 2 (foto 2)

Relatos para niños ordinarios

Sergio Monsalvo C.

Colección 2×1 (Words & Sounds)

Editorial Doble A/IZY Records

The Netherlands, 2008

 

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