JAZZ: COLEMAN HAWKINS

Por SERGIO MONSALVO C.

Dice la leyenda que Coleman Hawkins en realidad no planeaba grabar su obra maestra «Body and Soul». El 11 de octubre de 1939 el grupo de Coleman Hawkins entró al estudio para hacer unas grabaciones para el sello Bluebird, una división de RCA Victor. El grupo estaba constituido por ocho miembros, además de la cantante Thelma Carpenter. La intención era la de producir cuatro piezas.

Dos de ellas, «Meet Doctor Foo» y «Fine Dinner», eran composiciones hechas para la ocasión por el propio Hawkins, temas de tipo riff enfocados por el grupo como si pretendiera demostrar que con ocho personas es posible imitar una big band.  «She’s Funny That Way» era para lucir a la cantante. Faltaba un cuarto número.

El propio Hawkins dijo: «No tenía la intención de grabar ‘Body and Soul’ cuando iniciamos la sesión. No se me ocurrió para nada. Estaba acostumbrado a tocarlo como solo o pieza adicional cuando me presentaba en Europa. No tenía ningún arreglo listo cuando Leonard Joy (de la Victor) me pidió que tocáramos ésa. No quedé convencido, pero la repasamos una vez y la grabamos, ya que estábamos en eso».

Así se creó, pues, una de las grabaciones más famosas de la historia del jazz, como un relleno improvisado…si hemos de confiar en Hawkins, lo cual no necesariamente es aconsejable, según el autor de la biografía The Song of The Hawk – The Life and Recordings of Coleman Hawkins, John Chilton.

Coleman Hawkins se dedicaba conscientemente a construir su propio mito, por la razón que fuera. «Body and Soul» formó parte de su repertorio durante muchos años, había recibido muchas menciones, y la renuencia a grabarla en forma espontánea debe considerarse más bien como ardid para llamar la atención. 

Lo mismo sucedió con «Picasso», grabada por Hawkins en 1948 sin acompañamiento. También en este caso pretendió causar la impresión de que fue improvisado. «It came out spontaneously, that morning», en palabras del propio saxofonista. En realidad había mencionado la idea de un solo improvisado sin acompañamiento desde 1944, al productor de Keynote Records, Harry Lim. 

«Picasso» resultó de un intenso proceso de planeación, inspirado en la obra solista del cellista Pablo Casals, a quien Hawkins admiraba grandemente.  «Bean» (apodo de Hawkins) profesaba un gran amor a la música clásica; el jazz lo escuchaba casi exclusivamente en vivo.

A diferencia de Louis Armstrong y Sidney Bechet, Coleman Hawkins recibió una educación musical formal, primero en el piano y el cello (instrumento que le interesaba menos) y desde los nueve años en el saxofón C-melody.  Era un instrumento más accesible que el tenor, pues no hacía falta transportar a otro tono y se podía tocar sin dificultades las partituras del piano o el cello. 

Desde su juventud Hawkins desarrolló un gusto muy particular; no soportaba, por ejemplo, el dixieland.  Durante toda su vida prefirió un sonido duro, poco pulido.

El primer contrato formal de Hawkins fue con el grupo encabezado por la cantante Mamie Smith. Debutó en vinil con «Mean Daddy Blues» (1922), grabación que incluye varios compases del joven saxofonista. Con Mamie Smith y luego con Fletcher Henderson, Hawkins aprendió acerca de todo:  la vida misma y las presentaciones en todo tipo de lugares, además sin micrófono.

En su mejor época, muchos compañeros de Hawkins lo tildaban de avaro; gastaba todo su dinero en ropa y gozaba de mucha popularidad entre las damas, que con mucha frecuencia se hacían cargo de sus cuentas de bebida y comida.

Entre sus colegas, Hawkins era considerado como el indiscutible maestro de su instrumento. Sobre todo, su gigantesco volumen e inventiva espectacular en el terreno de las armonías fueron motivo del gran respeto que muchos compañeros le tuvieron. 

Según el pianista Barry Harris, por ejemplo: «Yo idolatraba a Parker, pero desde ese momento (cuando Hawkins hizo una excelente interpretación de ‘All the Things You Are’) Coleman lo sustituyó en el pedestal donde yo siempre lo había colocado. Coleman no tocaba acordes sino movimientos, y el enfoque se me grabó para siempre».

Alrededor de 1963 empezó a disminuir el interés por la música de Hawkins.  La atención del público fue acaparada por figuras más jóvenes y a Coleman le costó trabajo mantener el mismo pago que siempre había recibido. Prefirió no tocar a aceptar menos de lo acostumbrado. Sufrió un notable cambio físico y mental. 

Por primera vez en su vida no ocupaba ya una posición importante dentro de las nuevas corrientes; empezó a beber en demasía, a descuidar su aspecto y alimentación. Después de un triste periodo de tropiezos y nuevas apariciones en vivo (en las cuales para su pesar empezaba a parecerse a su gran rival Lester Young), el fin le llegó el lunes 19 de mayo de 1969.

El estilo poderoso y original de Hawkins fue el responsable, en gran parte, de la popularidad del saxofón tenor como instrumento de jazz. En sus primeras grabaciones empleó abundantemente la característica técnica del día, con su articulación muy marcada, pero posteriormente desarrolló una más ligada que con el tiempo se convirtió en la norma. 

Durante sus años con Henderson absorbió las ideas musicales de muchos músicos que no eran saxofonistas, incluyendo a sus compañeros de grupo.  El más importante en este sentido fue Louis Armstrong, cuyas líneas melódicas y desarrollado sentido del swing influyeron fuertemente en Hawkins, como se aprecia en las grabaciones realizadas de fines de septiembre de 1924 hasta noviembre de 1925. 

Para 1926, también estaban causando impresión en Hawkins las ideas armónicas de Art Tatum.  En The Stampede (1926) desarrolla un fraseo de pregunta y respuesta a la manera de Armstrong, con sus propios trinos y tresillos como adorno. Patrones y secuencias cromáticas altamente técnicos son introducidos en la tercera versión de «St. Louis Shuffle» (1927) y logran una complejidad virtuosa para «Wherever There’s a Will, Baby» (1929). 

Al compararse las dos versiones publicadas de esta pieza se pone de manifiesto que en momentos cruciales, como al principio y a la mitad, los patrones se aprenden de memoria y son repetidos literalmente, mientras que el resto es improvisación libre. 

Una semana después Hawkins grabó un solo en «One Hour» que se ganó el reconocimiento de otros músicos por su riqueza de ideas, tono sensible y flexibilidad rítmica; asimismo mezcló frases de rubato parecidos al habla humana con momentos en doble tiempo. Toda la ejecución de Hawkins se caracteriza por su intensa convicción emocional.

Hawkins siguió experimentando con el complejo enfoque rubato durante los siguientes años, creando estructuras muy elaboradas incluso a velocidades rápidas, como en «New King Porter Stomp» (1932). Su solo en «Can You Take It?» (1933), por otra parte, indica un regreso a tocar con el compás, y demuestra su creciente capacidad de improvisar melodías memorables dotadas de una construcción lógica. 

En la misma sesión, el grupo de Henderson grabó una pieza de Hawkins, «Queer Notions», que explora toda la escala tonal.  La célebre grabación de «Body and Soul» (1939) de Hawkins destaca por su virtuosismo relajado, calidez de sonido, ingenio armónico, uso consistente de doble tiempo y desarrollo intrincado de los motivos.

Hawkins era un pensador musical brillante extraordinariamente abierto a las nuevas evoluciones tanto en el jazz como en la música clásica; esto se reflejó tanto en la composición personal como en el repertorio de sus grupos. En febrero de 1944 encabezó a uno que incluía a Dizzy Gillespie, Max Roach y otros, responsable de lo que por lo general se consideran las primeras grabaciones de bop. Otra sesión efectuada más adelante el mismo año fue la primera en incluir a Thelonious Monk. En 1956, Hawkins grabó una entrevista para Riverside, Coleman Hawkins:  a Documentary.

Para fines de la década de 1950, el tono de Hawkins se había endurecido algo y desarrolló un estilo intenso de interpretar el blues. Siguió produciendo nuevas ideas, como en su tratamiento sensible y rítmicamente complejo de una versión de «Body and Soul» en 1959. 

Aceptó con facilidad las nuevas piezas de bossa nova y grabó algunas en 1962, pero tuvo mayores dificultades durante una sesión que al año siguiente lo juntó con Sonny Rollins y Paul Bley, de los cuales ambos exploraban ideas relacionadas con las de Ornette Coleman.

Los jóvenes saxofonistas siguen inspirándose en las grabaciones de Hawkins. Su influencia ha perdurado, pese a ser eclipsada un poco durante los cuarentas por la de Lester Young, y después de 1960 por la de John Coltrane: un testamento a la inteligencia y autoridad técnica de su música.

VIDEO: Coleman Hawkins – Body & Soul, YouTube (Rogerio Alabarelli)

ARTE-FACTO: FREE JAZZ (UNA INTERPRETACIÓN/X)

Por SERGIO MONSALVO C.

ROBIN KENYATTA

LA PRACTICA DEL FREE JAZZ

Prince Roland Haynes nació en Charleston, Carolina del Sur (Estados Unidos) en 1941. Luego su familia se mudó a Harlem en Nueva York. Siendo adolescente se enamoró del jazz y cambió su nombre por el de Robin Kenyatta, por admiración hacia el líder político africano Jomo Kenyatta. Enrolado dentro de la música como saxofonista y flautista, tocó en varios discos de algunos pioneros del free jazz, de los cuales el más conocido y vendido es el que hizo con Roswell Rudd, Everywhere (Impulse).

Se vio inmerso en el movimiento del free jazz a través de Will Dixon, organizador del legendario festival que luego se conocería como la October Revolution de fines de los años sesenta.  Kenyatta participó en él con su grupo Pucho and the Latin Soul Brothers. Ahí conoció a John Coltrane y se hicieron amigos. Tocó algunas veces con él, pero no se sintió capaz de pertenecer a su agrupación, aunque sí le abrió un nuevo mundo. Descubrió con él la forma de expresarse de otro modo, canalizar las ideas vanguardistas y la oportunidad de llevarlas a la práctica.

Grabó un disco como sideman de la pianista Valerie Capers y tiempo después con Barry Miles. Ninguno resultó exitoso y denotaba aún cierta confusión en lo que quería con su música. Con Sonny Stitt realizó un L.P. para Atlantic Records, con el nombre de Sonny Stitt Presents Robin Kenyatta.  Posteriormente apareció su primer producto como solista, Until, hecho en Vortex, una división de la misma compañía.  Sin embargo, eso fue todo por un buen rato. Durante años no pudo volver a grabar debido a políticas de la disquera y decidió irse a París, donde se quedó un par de años, hasta 1971.  Volvió a los Estados Unidos y en Nueva York trabajó en una serie de discos exitosos dentro de la fusión. Su primer hit en este sentido fue una versión de «Last Tango in Paris», del cual se vendió un millón de ejemplares en 1973.

A pesar de ello no quería atarse a este género y en Atlantic expuso sus ideas.  Lo dejaron hablar mientras veían insistentemente su aspecto: pelo pintado de rubio, túnica y cantidades industriales de anillos y colgajos. Grabó todavía algún material, pero en realidad lo habían puesto en la congeladora. Su enfoque musical no había cambiado en esencia. Partía de una pieza de jazz y la iba transformando a su manera. Modificaba los acordes para darles nueva vida y aplica un sonido completamente actual. Kenyatta fue un músico de jazz que buscaba alcanzar a los públicos grandes, creía en esa necesidad y así presentaba su música.

Su contrato con Atlantic se canceló de repente debido a un gran escándalo de drogas con su productor, Joel Dorn. Al mismo tiempo que éste fueron recortados los artistas que trabajaban con él: Yusef Lateef, Eddie Harris y Kenyatta. Entonces viajó de nueva cuenta a París y tocó en los clubes para sobrevivir.  En 1984 se cambió a Lausana, Suiza. Ahí también cambió el sax alto por el tenor y trabaja en el circuito formado por Suiza, Italia y Alemania.  Las cosas le fueron bien. Fundó su propia compañía, Jazz Dance Records Lausanne. Tuvo varios canales privados de distribución en la Comunidad Económica Europea y a través de todo ello buscó proyectarse a sí mismo y a otros músicos.

Su disco llamado Blues For Mama Dall/Live at Cully (Jazz Dance Records Lausanne, 1989), admite pocas comparaciones, cuando mucho con Archie Shepp, aunque no alcanza el nivel de éste en su mejor momento, pero sí es más interesante que el Shepp de aquel entonces. Kenyatta fue un músico cautivador que murió el 26 de octubre del 2004.

VIDEO: Robin Kenyatta – Jazz Dance, YouTube (GT40GRAPHITE ROD)

LIBROS: IMÁGENES SINCOPADAS

Por SERGIO MONSALVO C.

User Comments

El cine y el jazz se desarrollaron como géneros artísticos desde los primeros años del siglo XX. Entre el final de la I Guerra Mundial y el inicio de la era sonora en el cine la época estuvo marcada por el jazz y otras músicas sincopadas, que desempeñaron un papel persuasivo e influyente en el trastorno social que sacudió la cultura estadounidense. 

Su terreno eran los speakeasies, clubes nocturnos que pertenecían a los gangsters y eran frecuentados por ellos, además de los casinos, tabernuchas, burdeles y salones de baile baratos. Se le consideraba bajo en lo social y lleno de implicaciones eróticas, vulgar, agresivo y poco estético. Pero, igualmente, fresco, liberador y desinhibido.

Asimismo, se le veía como un aspecto fundamental del nuevo espíritu de la época y se convirtió en el perfecto acompañamiento musical de los años veinte, que al poco tiempo se conocieron como la «era del jazz».  Por lo tanto, resultaba natural que el cine se remitiera al género a fin de corresponder al nuevo estado de ánimo de su público. Hollywood percibió de inmediato el potencial de las películas que lo reprodujeran…

*Presentación extraída de la contraportada del libro Imágenes Sincopadas. Los textos contenidos en el volumen fueron publicados, de manera seriada online, en el blog Con los audífonos puestos, bajo el rubro “Popcorn Jazz”.

Imágenes Sincopadas

Cine y Jazz

Sergio Monsalvo C.

Times Editores

México, 1999

MUJER EN EL JAZZ: VICTORIA SPIVY

Por SERGIO MONSALVO C.

Fue con las mujeres que comenzó a grabarse el blues. Incluso existe una leyenda, bastante acertada en lo que respecta al contexto social, de que fue una mujer (Ma Rainey) quien le puso nombre al género. En fin, que el papel de la mujer dentro de él ha sido muy importante, enriquecedor y sobre todo impulsor.

A ellas les corresponde en gran medida la época clásica con nombres como Mammie Smith, Blu Lu Barker, Francine Reed, Memphis Minnie, Ida Cox, Bessie Smith, Victoria Spivey y demás pioneras. Con el transcurrir de las épocas las féminas consiguieron instalarse en un nicho aparte como un artículo genuino.

Spivey quería cantar al estilo de Ida Cox. Aprendió a tocar el piano de pequeña, en su Texas natal donde nació en 1908, acompañando los cortos en un cine. De allí fue girando por diversos tugurios del sur, y con veinte años los cazatalentos de la compañía Okeh la descubrieron en St. Louis.

A partir de esa fecha, 1926, Spivey se convertiría en la artista de blues más famosa de su tiempo. Fue de las pocas en sobrevivir a la Depresión y seguir cantando en los años cuarenta. Lo hizo gracias a su trabajo en el cine, en comedias musicales como Hallellujah, el primer musical negro de la MGM en 1929.

Su carrera fue impresionante por la cantidad de éxitos que grabó, muchas composiciones suyas, como la que le otorgó el debut, un blues angustioso titulado “Black Snake Blues”, que el guitarrista Blind Lemon Jefferson, a quien ella había conocido justo después de esta grabación, publicó a la postre con el nombre de “Black Snake Moan”, asegurando que era composición suya, una discusión entre ambos que nunca se llegó a aclarar.

El asunto de los derechos de autor en esos tiempos era terrible, casi siempre se los quedaban los editores de las discográficas y los artistas percibían una miseria en las grabaciones.

Con una voz extraordinaria, Spivey se hizo especialista en piezas arriesgadas, casi podríamos denominar góticas, que hablaban de sexo turbio (“Down In The Alley”), enfermedad y magia, otro tema muy presente en el blues (“Hoodoo Man”).

Los directivos le prohibieron actuar con el piano, porque daba mala impresión, pero en la última grabación de su vida para la televisión la vemos cantar su célebre lamento sobre la tuberculosis, acompañada por el piano.

Enseguida llegarían las colaboraciones con otros músicos, especialmente con uno de los mejores guitarristas del siglo pasado, Lonnie Johnson, con quien grabó números memorables y protagonizó escenas de violencia en las giras.

El repertorio de Spivey está entre lo mejor de los artistas de su época: escribió “Dope Head Blues”, donde se describe el consumo de cocaína, la escalofriante “Blood Thirsty Blues”, en la que una asesina de hombres cuenta su historia como en un cuento de terror, o “Good Cabbage”, un himno al sexo femenino.

“Queen Vee”, como se le llamaba, manejó su carrera de forma inteligente, enfrentándose a una industria que no entendía el papel de las mujeres, y mucho menos negras.

En los años cincuenta, cuando se había medio retirado a cantar góspel, observando el revival folk, decidió volver a grabar con Lonnie Johnson y poner en marcha un sello independiente para músicos de su edad, Spivey Records.

Un jovencísimo Bob Dylan apareció haciendo coros y tocando la armónica en su primer LP de 1962, y en el sello grabaron estrellas como Big Joe Williams o Muddy Waters. Spivey murió en el año 1976, todavía cantando y actuando, una de las más grandes intérpretes de su tiempo.

VIDEO: Victoria Spivey and Lonnie Johnson – Blak Snake Blues 1963, YouTube (Rockin’ Blues Takis)

LIBROS: BLUE MONK Y OTRAS LÍRICAS SENCIJAZZ*

Por SERGIO MONSALVO C.

(POEMARIO)

bluemonk

naciste con dedos visionarios

          que lo invisible y extraño

                                                  /atan

volviste por más de veinte mil días

          hasta que el tiempo rondó

                                                  /tu medianoche

nos contaste el momento del regreso

          sus maravillas instantáneas

                    /y juraste sobre la vida

de una música continua

          hiciste el saber puro

 con tu improvisar-peregrinaje/

          di dónde está el pasado

o a quién le clavó la garra el diablo

          muestra tus sonidos y sus cuerpos/

tan lejos de nosotros que los anhelamos

          por ser nuestros

inteligencia y atmósfera/

          te debemos el acercamiento

          su fuerza y sus sentidos

aleación del todo/

          los cielos infieren en el hombre

          al imprimirse sobre el aire

y un alma se vierte en otra/

          pidiendo auxilio al cuerpo

                    son necesarios tus dedos monk

                              para ordenar este concierto

*Texto extraído del libro Blue Monk, publicado por la Editorial Doble A.

Blue Monk

y otras líricas sencijazz

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

México, 1994 (primera edición), 1997 (segunda)

CONTENIDO

It’s Always You

Blues

Tuxedo’s

Balada

Ornette sabe

Impresiones

Invitación al viaje

Brass band

Para salvar ahogados

Con Lionel de fondo

Hawk

Shirley

Tan cerca, tan lejos

Ojalá hubieras estado ahí, conmigo

Jazzmatazz

Un violín para el deshielo

Ángel desolado

Riley b.

A saxofón abierto

Bobby’s beat

Mingus ordena

Bluemonk

Montreux

Historias de Nueva York

Plegaria al sax

p.h.

Blackbird

Atypical

Rave

Sun o ra

A orillas de los clochards

Batacas y vocablos

4 del sax

*Todos los textos del libro Blue Monk, de la Editorial Doble A, han sido publicados de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos, bajo tal rubro.

ARTE-FACTO: FREE JAZZ (UNA INTERPRETACIÓN/VIII)

Por SERGIO MONSALVO C.

Lo único seguro es que la mayoría de los músicos revolucionarios genuinos, esos que encontraron el sentido de sus vidas en la sublevación, nunca terminaron como aquellos a quienes combatieron. A veces también murieron jóvenes (la revolución siempre devora a sus hijos), pero la mayoría de las veces acabaron como locos iluminados, con su propia existencia mal asegurada y una afición especial por lo marginal.

JOHN COLTRANE

La conducta revolucionaria es a menudo la más constructiva de todas las conductas sociales, porque constituye una afirmación del derecho del individuo a existir como tal en una estructura colectiva.

El artista revolucionario presenta una visión de algo que puede ser mejor de lo que es, sobre la base del respeto a la libertad.

John Coltrane fue el primero que mostró esta capacidad en el jazz: tocar de manera multifónica, simultánea, varias notas o varios sonidos; la práctica de combinaciones rítmicas asimétricas, independientes de la pulsación básica, así como la elaboración de un sistema increíblemente sofisticado de acordes de sustitución.

Coltrane amplió de forma prodigiosa la extensión de su instrumento, el sax soprano; de las diferentes texturas que era capaz de extraer de él y de la cualidad humana de su sonido. Sobrepuso una serie de complicados acordes de paso y proyecciones armónicas sobre estructuras armónicas ya complejas.

Estaba dispuesto a tocar todas las notas posibles, a recorrer sonido a sonido, hasta sus últimas consecuencias, cada acorde con el que se enfrentaba, a buscar escalas, notas y sonidos imposibles en el sax, que parecía a punto de estallar de tanta tensión. El estilo modal de interpretación.

VIDEO: John Coltrane – A Love Supreme, Pt. IV – Psalm…), YouTube (JohnColtraneVEVO)

JAZZ: LIONEL HAMPTON

Por SERGIO MONSALVO C.

MÚSICO DE EXCEPCIÓN

Cierto día de 1930, un baterista de 22 años llamado Lionel Hampton estaba haciendo una grabación con su ídolo, Louis Armstrong, en los estudios de la NBC en Los Ángeles, cuando éste le pidió al joven que tocara algo con un instrumento que había en un rincón del estudio. Era un vibráfono y Hampton no lo había tocado nunca, pero logró sacarle un solo aprendido en una grabación de Armstrong. «Oye, eso suena increíble –exclamó éste–.  Hay que grabarlo.»  Y eso hicieron. «Memories of You» fue la primera vez que alguien usó el vibráfono para tocar jazz. Así, Hampton hizo historia musical y encontró su instrumento.

Al final del siglo XX, a los 83 años, Lionel Hampton –era uno de los pocos grandes directores de big band que aún quedan– daba más de 200 conciertos al año dentro y fuera de los Estados Unidos. Pese a ser una leyenda del jazz, no le daba mucha importancia a su celebridad y era muy modesto con respecto a sus logros.

«Nací con la afición a la música –afirmó en su momento–.  Solía levantarme por la mañana a golpear las ollas y los sartenes. De baquetas usaba los travesaños de las sillas. Siempre sentí el ritmo por dentro. Y eso no ha cambiado hasta la fecha».

Lionel Hampton nació en Louisville, Kentucky, en 1908. Su padre era ferrocarrilero antes de ser reclutado para la Segunda Guerra Mundial. Cuando no volvió de tal conflagración, Hampton y su madre regresaron al lugar de origen de ésta en Alabama. Ella contrajo matrimonio de nuevo y Lionel se fue a vivir con su abuela, Louvenia Morgan, evangelista muy devota que llevaba a su nieto a la iglesia todos los días de la semana y cuatro veces los domingos.  En uno de estas ocasiones, Lionel celebró un audaz debut. Acababa de cumplir los nueve años de edad.

«La iglesia tenía un grupo extraordinario –recordaba Hampton en las entrevistas–.  Trombones, saxofones, guitarras. Y una mujer que tocaba el bombo.  De verdad lo hacía muy bien. Una vez dejó caer la baqueta, casi en un trance. Yo la tomé y empecé a darle al bombo sin perder un solo compás».  Fue entonces que decidió ser baterista.

Después de mudarse a Chicago con su abuela y un tío dedicado a la producción ilegal de ginebra y whiskey en colaboración con Al Capone, Hampton ingresó a una escuela católica. Una de las monjas le enseñó a tocar la batería, castigando los errores con golpes en los nudillos. Su educación musical continuó según las indicaciones del mayor Nathan Clark Smith, un antiguo director de banda militar muy estricto para la disciplina.

Con él, Hampton conoció diversos instrumentos; tuvo la oportunidad de relacionarse con otros músicos en cierne y de tocar por primera vez con un grupo. Se familiarizó con el jazz escuchando a Louis Armstrong afuera de los salones de baile y copiando los solos plasmados por éste. Otro ídolo suyo era el baterista Jimmy Bertrand.

Hampton contó siempre con el apoyo familiar en sus aspiraciones musicales.  Su tío, por ejemplo, le compró su primera batería, además de llevar a las fiestas de la casa a personajes como Bix Beiderbecke y Bessie Smith.

A los 19 años, Hampton le pidió permiso a su abuela para reunirse con un amigo que quería fundar un grupo en California. Ahí conoció, en muy poco tiempo, a las tres personas que darían impulso y forma a su carrera: Gladys Riddle, su futura esposa y administradora financiera, Louis Armstrong y Benny Goodman.

Juntos, Hampton y Gladys se fueron de gira con un grupo dirigido por él mismo, haciendo frente a toda clase de problemas monetarios y de discriminación racial. Una noche de 1936, Benny Goodman llegó a escucharlos. Había oído que Lionel estaba haciendo cosas extraordinarias con un nuevo instrumento para el jazz. Durante una pausa en el programa, Goodman sacó su clarinete y se unió al grupo.

La noche siguiente Goodman volvió a presentarse, acompañado esta vez por el baterista Gene Krupa y el pianista Teddy Wilson. En una sesión histórica de improvisaciones nació el Goodman Quartet. Al otro día, grabaron «Moonglow» y «Dinah».

Unos meses después Hampton andaba ya de gira con el Goodman Quartet, grupo que aparte de sus cualidades musicales destacó por ser el primero en integrar a músicos de diferentes razas, Ahí fue donde reveló un fino oído para la improvisación y un estilo exuberante como solista. Con Goodman permaneció cuatro años (1936-1940).

La gira gozó de gran éxito y de súbito Hampton se dio cuenta de que era un hombre famoso. Cuando posteriormente llevó a su propio grupo al Sur de los Estados Unidos, siguió el ejemplo de Goodman e incluyó en él a músicos blancos para demostrar que las dos razas podían tocar juntas.

Luego de su aparición con Benny Goodman, Hampton se erigió en una de las figuras más célebres del periodo del swing, y su enorme éxito le permitió fundar una big band propia a principios de los cuarenta. Este formato probablemente resultó el más adecuado para el despliegue de su personalidad extravagante y dotes teatrales. Tal agrupación, que llegó a incluir a músicos de gran talla, fue uno de los conjuntos grandes más duraderos y populares a través del tiempo en el jazz.

Ahí el efecto Hampton en el vibráfono fue brillante, con solos de primera e ideas ricas y complejas, producto de un músico disciplinado, relajado y talentoso. Sin embargo, también fue un excelente líder de grupo. Su entusiasmo personal sirvió como agente catalítico e inspiró a quienes tocaron con él.

Hampton descubrió con él a muchos músicos que hicieron leyenda, entre ellos a una joven cantante de rhythm and blues, Ruth Jones, cuyo nombre cambió a la postre por el de Dinah Washington; Joe Williams, Betty Carter, Sammy Davis Jr., Nat «King» Cole y Clifford Brown; recomendó a Dexter Gordon que cambiara el clarinete por el saxofón; y tocaron en su banda Quincy Jones, Illinois Jacquet, Charlie Parker, Wes Montgomery y Charlie Mingus.

Todo iba muy bien hasta que su esposa murió, en abril de 1971. Hampton entonces se apartó totalmente de la música durante un año. Al cabo del cual volvió: «La música me hace feliz y quiero seguir tocando para Gladys –indicó Hampton–.  No tengo la intención de retirarme nunca».

Con todas sus cualidades intactas llegó hasta los 94 años, cuando un paro cardiaco lo retiró de las baquetas. Lionel Hampton murió el 31 de agosto del 2002 en Nueva York.

Antes de tal suceso, el Museo Smithsonian de Historia de la capital de la Unión Americana recibió el vibráfono que Hampton ha tocado las últimas dos décadas. El instrumento sería parte de su colección permanente y se incluiría entre otros 300 mil objetos relacionados con el jazz (entre ellos la trompeta de Dizzy Gillespie y el clarinete de Benny Goodman).

Post mortem, y como pieza extraordinaria de su discografía, la compañía MCA sacó a la luz un álbum de dos discos titulado Hamp, donde se reeditaron una serie de temas con ayuda de la más avanzada tecnología de la época, para preservar y restaurar una parte significativa del patrimonio musical del eminente vibrafonista, baterista, pianista y líder de grupo, entre los años 1940-1960.

VIDEO: The Benny Goodman Quartet 1959 – I Got Rhythm, YouTube (1964Mbrooks)

JAZZ: LIONEL HAMPTON

Por SERGIO MONSALVO C.

MÚSICO DE EXCEPCIÓN

Cierto día de 1930, un baterista de 22 años llamado Lionel Hampton estaba haciendo una grabación con su ídolo, Louis Armstrong, en los estudios de la NBC en Los Ángeles, cuando éste le pidió al joven que tocara algo con un instrumento que había en un rincón del estudio. Era un vibráfono y Hampton no lo había tocado nunca, pero logró sacarle un solo aprendido en una grabación de Armstrong. «Oye, eso suena increíble –exclamó éste–.  Hay que grabarlo.»  Y eso hicieron. «Memories of You» fue la primera vez que alguien usó el vibráfono para tocar jazz. Así, Hampton hizo historia musical y encontró su instrumento.

Al final del siglo XX, a los 83 años, Lionel Hampton –era uno de los pocos grandes directores de big band que aún quedan– daba más de 200 conciertos al año dentro y fuera de los Estados Unidos. Pese a ser una leyenda del jazz, no le daba mucha importancia a su celebridad y era muy modesto con respecto a sus logros.

«Nací con la afición a la música –afirmó en su momento–.  Solía levantarme por la mañana a golpear las ollas y los sartenes. De baquetas usaba los travesaños de las sillas. Siempre sentí el ritmo por dentro. Y eso no ha cambiado hasta la fecha».

Lionel Hampton nació en Louisville, Kentucky, en 1908. Su padre era ferrocarrilero antes de ser reclutado para la Segunda Guerra Mundial. Cuando no volvió de tal conflagración, Hampton y su madre regresaron al lugar de origen de ésta en Alabama. Ella contrajo matrimonio de nuevo y Lionel se fue a vivir con su abuela, Louvenia Morgan, evangelista muy devota que llevaba a su nieto a la iglesia todos los días de la semana y cuatro veces los domingos.  En uno de estas ocasiones, Lionel celebró un audaz debut. Acababa de cumplir los nueve años de edad.

«La iglesia tenía un grupo extraordinario –recordaba Hampton en las entrevistas–.  Trombones, saxofones, guitarras. Y una mujer que tocaba el bombo.  De verdad lo hacía muy bien. Una vez dejó caer la baqueta, casi en un trance. Yo la tomé y empecé a darle al bombo sin perder un solo compás».  Fue entonces que decidió ser baterista.

Después de mudarse a Chicago con su abuela y un tío dedicado a la producción ilegal de ginebra y whiskey en colaboración con Al Capone, Hampton ingresó a una escuela católica. Una de las monjas le enseñó a tocar la batería, castigando los errores con golpes en los nudillos. Su educación musical continuó según las indicaciones del mayor Nathan Clark Smith, un antiguo director de banda militar muy estricto para la disciplina.

Con él, Hampton conoció diversos instrumentos; tuvo la oportunidad de relacionarse con otros músicos en cierne y de tocar por primera vez con un grupo. Se familiarizó con el jazz escuchando a Louis Armstrong afuera de los salones de baile y copiando los solos plasmados por éste. Otro ídolo suyo era el baterista Jimmy Bertrand.

Hampton contó siempre con el apoyo familiar en sus aspiraciones musicales.  Su tío, por ejemplo, le compró su primera batería, además de llevar a las fiestas de la casa a personajes como Bix Beiderbecke y Bessie Smith.

A los 19 años, Hampton le pidió permiso a su abuela para reunirse con un amigo que quería fundar un grupo en California. Ahí conoció, en muy poco tiempo, a las tres personas que darían impulso y forma a su carrera: Gladys Riddle, su futura esposa y administradora financiera, Louis Armstrong y Benny Goodman.

Juntos, Hampton y Gladys se fueron de gira con un grupo dirigido por él mismo, haciendo frente a toda clase de problemas monetarios y de discriminación racial. Una noche de 1936, Benny Goodman llegó a escucharlos. Había oído que Lionel estaba haciendo cosas extraordinarias con un nuevo instrumento para el jazz. Durante una pausa en el programa, Goodman sacó su clarinete y se unió al grupo.

La noche siguiente Goodman volvió a presentarse, acompañado esta vez por el baterista Gene Krupa y el pianista Teddy Wilson. En una sesión histórica de improvisaciones nació el Goodman Quartet. Al otro día, grabaron «Moonglow» y «Dinah».

Unos meses después Hampton andaba ya de gira con el Goodman Quartet, grupo que aparte de sus cualidades musicales destacó por ser el primero en integrar a músicos de diferentes razas, Ahí fue donde reveló un fino oído para la improvisación y un estilo exuberante como solista. Con Goodman permaneció cuatro años (1936-1940).

La gira gozó de gran éxito y de súbito Hampton se dio cuenta de que era un hombre famoso. Cuando posteriormente llevó a su propio grupo al Sur de los Estados Unidos, siguió el ejemplo de Goodman e incluyó en él a músicos blancos para demostrar que las dos razas podían tocar juntas.

Luego de su aparición con Benny Goodman, Hampton se erigió en una de las figuras más célebres del periodo del swing, y su enorme éxito le permitió fundar una big band propia a principios de los cuarenta. Este formato probablemente resultó el más adecuado para el despliegue de su personalidad extravagante y dotes teatrales. Tal agrupación, que llegó a incluir a músicos de gran talla, fue uno de los conjuntos grandes más duraderos y populares a través del tiempo en el jazz.

Ahí el efecto Hampton en el vibráfono fue brillante, con solos de primera e ideas ricas y complejas, producto de un músico disciplinado, relajado y talentoso. Sin embargo, también fue un excelente líder de grupo. Su entusiasmo personal sirvió como agente catalítico e inspiró a quienes tocaron con él.

Hampton descubrió con él a muchos músicos que hicieron leyenda, entre ellos a una joven cantante de rhythm and blues, Ruth Jones, cuyo nombre cambió a la postre por el de Dinah Washington; Joe Williams, Betty Carter, Sammy Davis Jr., Nat «King» Cole y Clifford Brown; recomendó a Dexter Gordon que cambiara el clarinete por el saxofón; y tocaron en su banda Quincy Jones, Illinois Jacquet, Charlie Parker, Wes Montgomery y Charlie Mingus.

Todo iba muy bien hasta que su esposa murió, en abril de 1971. Hampton entonces se apartó totalmente de la música durante un año. Al cabo del cual volvió: «La música me hace feliz y quiero seguir tocando para Gladys –indicó Hampton–.  No tengo la intención de retirarme nunca».

Con todas sus cualidades intactas llegó hasta los 94 años, cuando un paro cardiaco lo retiró de las baquetas. Lionel Hampton murió el 31 de agosto del 2002 en Nueva York.

Antes de tal suceso, el Museo Smithsonian de Historia de la capital de la Unión Americana recibió el vibráfono que Hampton ha tocado las últimas dos décadas. El instrumento sería parte de su colección permanente y se incluiría entre otros 300 mil objetos relacionados con el jazz (entre ellos la trompeta de Dizzy Gillespie y el clarinete de Benny Goodman).

Post mortem, y como pieza extraordinaria de su discografía, la compañía MCA sacó a la luz un álbum de dos discos titulado Hamp, donde se reeditaron una serie de temas con ayuda de la más avanzada tecnología de la época, para preservar y restaurar una parte significativa del patrimonio musical del eminente vibrafonista, baterista, pianista y líder de grupo, entre los años 1940-1960.

VIDEO: The Benny Goodman Quartet 1959 – I Got Rhythm, YouTube (1964Mbrooks)

ARTE-FACTO: FREE JAZZ (UNA INTERPRETACIÓN (VII)

Por SERGIO MONSALVO C.

El free jazz es una manera de decir que no hay por qué tragar una versión empaquetada de las cosas, tampoco con las que proponen los políticos. Y no importa tanto, en este contexto, la manera en que el free jazz procedió para trastocar las reglas de juego.

Lo que tiene que tomarse casi como prescripción médica, y no tanto como parte de una lista de buenos propósitos, es la necesidad de volver a los hechos. Escuchar las disonancias, mirar de frente el desorden y el caos, aceptar el ruido, y no contentarse con un amable cuento que certifica nuestros prejuicios.

Creo que lo que más interesante que aporta el free jazz, se aborde como se aborde, es que muestra lo falsas que son las distinciones entre lo intelectual y lo emocional, entre lo propio y lo ajeno, entre lo lúdico y lo profundo, entre los sentidos y las ideas, y crea un espacio donde podemos alcanzar una rara unidad.

VIDEO: Sun Ra & His Arkestra – Plutonian Nights (Original Tape Master), YouTube (Strut Records)