ARTE-FACTO: FREE JAZZ (UNA INTERPRETACIÓN/XI)

Por SERGIO MONSALVO C.

KNITTING FACTORY

Cuando en 1987 Michael Dorf fundó la Knitting Factory junto con Louis Spitzer, no tenían idea de lo que querían hacer ni del rumbo que debían tomar.

La primera intención de estos personajes era poner una galería de arte y sitio para performance que vendiera café, té y una pequeña selección de alimentos.

Según su primer boletín de prensa, la Knitting Factory era principalmente un escaparate, y su objetivo, tejer un todo congruente con las hebras de los distintos medios artísticos, desde las lecturas de poesía de los miércoles hasta la obra en las paredes.

La Knitting Factory consideraba que muchas cosas eran arte y estaba abierta a sugerencias.

Sin embargo, la verdadera motivación de Dorf en ese momento era ganar dinero suficiente para vivir y pagar la renta de Flaming Pie Records.

El grupo Swamp Thing y Dorf, como su mánager, habían fundado Flaming Pie Records en Madison, Wisconsin, en 1985.

Dorf había llegado a Nueva York con la intención de promoverlos, pero todas las compañías disqueras los rechazaron, así que sacaron el álbum Learning to Desintegrate por su propia cuenta. Fue un fracaso comercial.

Por esas mismas fechas, Flaming Pie contrató a otros dos grupos de Madison, Honor Among Thieves y Feel Gnarly and the Tough Guys, así como al neoyorkino Joey Arias, que interpretaba covers de Billie Holiday.

La disquera acumulaba experiencias, no dinero. Dorf entonces invitó a su amigo Louis Spitzer, quien estaba en Wisconsin, para tratar de cumplir un sueño que habían platicado mucho: poner un lugar para performance y galería de arte.

Después de cinco meses de trabajos de acondicionamiento, se inauguró la Knitting Factory en febrero de 1987.

Dorf y Spitzer conocieron a muchos músicos experimentales, ya que hacía mucha falta un nuevo foro para jazz y rock.

Los improvisadores, los free jazzeros, la nueva generación de músicos con influencias de funk y groove o world beat, así como cualquier artista instrumental que no tocara swing o fusión o no fuera lo bastante famoso para llenar un club, necesitaban una opción.

Artistas en los límites del rock y el funk, el country y el folk, también encontraron casa.

Por un anuncio de una banda de jazz anónima conocieron a Wayne Horvitz, a quien le gustó el lugar, el pequeño sistema de sonido y la acústica del cuarto, y ofreció programar una serie de jazz los jueves por la noche. Así empezaron a conocer a artistas como John Zorn, quien buscaba un lugar para estrenar una nueva obra. Esa noche comenzó la leyenda de la Knitting Factory.

La leyenda del lugar fue construida con los nombres de los artistas que ahí se han presentado y se presentan, en condiciones normales o como invitados de su propio festival anual.

Free style, new wave, minimalismo, world music, música alternativa, avant-garde, jazz, etcétera, y todas las dobles o triples combinaciones que entre ellos se ven, son la música de la Knitting Factory.

Las de estos artistas son distintas formas de visualizar la realidad.

Géneros y subgéneros que hablan de cosas y sensibilidades en su acercamiento a esa realidad.

Cada uno de los solistas o grupos que ahí actúan tiene su universo, su cosmovisión, su razón de ser.

Todos ellos están sustentados en filosofías comunes o individuales. En su arte musical no hay anónimos. Son la vanguardia.

En 1991, Dorf y su nuevo socio, Bob Appel, extendieron el proyecto y comenzaron la grabación de los grupos bajo el sello Knitting Factory Works.

John Zorn, Bill Frisell, Fred Frith, Steve Coleman, Ikue Mori, Alba Roger, Cecil Taylor, Charlie Haden, Defunkt, The Jazz Passengers y decenas de artistas más han quedado asentados en el catálogo.

El sello ha sacado a la circulación también discos como Time Out. Knitting Factory Sampler, que incluye a gente como Arto Lindsay, Junk Genius, anthony Braxton, Thomas Chapin, Mark Dresser y Liminal, entre otros.

Álbumes como éste, que en un principio sólo circularon en el underground, empezaron a ganar más espacios y las propuestas musicales de esta élite compartieron desde entonces su patrimonio cultural mayoritariamente.

VIDEO: Masada: Hobah (The Knittinng Factory, 1996), YouTube (David Reaboi)

ARTE-FACTO: FREE JAZZ (UNA INTERPRETACIÓN/IX)

Por SERGIO MONSALVO C.

ORNETTE COLEMAN

«El bebop era ya una cuestión de ‘dame los acordes y yo hago el resto’. Lo que yo hago exactamente es lo contrario: llegar a los acordes desde la melodía. Si lo piensas de lo que trata la labor del músico es de obtener la melodía a partir de un instrumento y nada más. Eso es la música», eso dijo Ornette Coleman con respecto a su oficio.

Sin embargo, el suyo estuvo nutrido y mucho de esa circunstancia, y también de la controversia y de la genialidad inventiva. En todas las épocas desde que el mundo es mundo, a los innovadores o se les sigue o se les ataca, «no hay de otra», como dijera el mismo Coleman (1930-2015). Un lunático o un iluminado. Así fue tratado este músico, quien será recordado por siempre por sus conceptos propositivos en la teoría harmolódica y el free jazz.

Músico y hombre de su tiempo, Ornette reflexionó no sólo sobre el arte de la música sino también sobre el arte de ser humano, y el resultado de su pensamiento lo definió en breves palabras: «La música es básicamente lo que no está en el papel. No es la palabra ‘música’ la que crea el concepto. Es la gente la que crea la música».

El jazz de Coleman es una música llena de la sustancia de la vida, y el free jazz la contiene más que ninguna interpretación. Las posibilidades polifónicas de Ornette partieron de donde Monk las dejó al morir. Eso lo convirtió en un artista apasionado e imaginativo que utilizó un lenguaje propio, fresco, libre y, por qué no, también fragmentado.

Sus ideas no invitaban al caos melódico y armónico sino hacia una música metódica, en combate contra el egocentrismo; en busca de la improvisación modal, inspirada y sobre todo colectiva.

VIDEO: Ornette Coleman – Mind And Time (1959), YouTube (Classic Mood Experience)

ARTE-FACTO: FREE JAZZ (UNA INTERPRETACIÓN/VIII)

Por SERGIO MONSALVO C.

Lo único seguro es que la mayoría de los músicos revolucionarios genuinos, esos que encontraron el sentido de sus vidas en la sublevación, nunca terminaron como aquellos a quienes combatieron. A veces también murieron jóvenes (la revolución siempre devora a sus hijos), pero la mayoría de las veces acabaron como locos iluminados, con su propia existencia mal asegurada y una afición especial por lo marginal.

JOHN COLTRANE

La conducta revolucionaria es a menudo la más constructiva de todas las conductas sociales, porque constituye una afirmación del derecho del individuo a existir como tal en una estructura colectiva.

El artista revolucionario presenta una visión de algo que puede ser mejor de lo que es, sobre la base del respeto a la libertad.

John Coltrane fue el primero que mostró esta capacidad en el jazz: tocar de manera multifónica, simultánea, varias notas o varios sonidos; la práctica de combinaciones rítmicas asimétricas, independientes de la pulsación básica, así como la elaboración de un sistema increíblemente sofisticado de acordes de sustitución.

Coltrane amplió de forma prodigiosa la extensión de su instrumento, el sax soprano; de las diferentes texturas que era capaz de extraer de él y de la cualidad humana de su sonido. Sobrepuso una serie de complicados acordes de paso y proyecciones armónicas sobre estructuras armónicas ya complejas.

Estaba dispuesto a tocar todas las notas posibles, a recorrer sonido a sonido, hasta sus últimas consecuencias, cada acorde con el que se enfrentaba, a buscar escalas, notas y sonidos imposibles en el sax, que parecía a punto de estallar de tanta tensión. El estilo modal de interpretación.

VIDEO: John Coltrane – A Love Supreme, Pt. IV – Psalm…), YouTube (JohnColtraneVEVO)

ARTE-FACTO: FREE JAZZ (UNA INTERPRETACIÓN (VII)

Por SERGIO MONSALVO C.

El free jazz es una manera de decir que no hay por qué tragar una versión empaquetada de las cosas, tampoco con las que proponen los políticos. Y no importa tanto, en este contexto, la manera en que el free jazz procedió para trastocar las reglas de juego.

Lo que tiene que tomarse casi como prescripción médica, y no tanto como parte de una lista de buenos propósitos, es la necesidad de volver a los hechos. Escuchar las disonancias, mirar de frente el desorden y el caos, aceptar el ruido, y no contentarse con un amable cuento que certifica nuestros prejuicios.

Creo que lo que más interesante que aporta el free jazz, se aborde como se aborde, es que muestra lo falsas que son las distinciones entre lo intelectual y lo emocional, entre lo propio y lo ajeno, entre lo lúdico y lo profundo, entre los sentidos y las ideas, y crea un espacio donde podemos alcanzar una rara unidad.

VIDEO: Sun Ra & His Arkestra – Plutonian Nights (Original Tape Master), YouTube (Strut Records)

ARTE-FACTO: FREE JAZZ (UNA INTERPRETACIÓN/VI)

Por SERGIO MONSALVO C.

¿Qué tenemos para hoy?: Caos y ruido por todas partes, inestabilidad, conflictos que se quedan enquistados y que no parecen tener solución. Y todo ocurre en un marco en que la llamada comunicación se rige por las emociones y los estados de opinión que imponen las redes sociales donde la realidad desaparece y se instalan las tonterías que la interpretan.

No hay ya manera de enfrentarse a lo que ocurre sin las estulticias que ocultan los hechos y los maquillan y deforman. “El propósito del arte es revelar las preguntas que han sido ocultadas por las respuestas”, decía James Baldwin, baluarte escriba del free jazz.

Ahora tampoco hay respuestas, podría decirse, y en vez de pedirle al arte que revele las preguntas, quizá habría que insistir en que esa es también tarea propia de la información. Dar cuenta lo que hay más allá de los envoltorios.

Sí, hubo un momento, en que los músicos afroamericanos dieron un golpe en la mesa para romper la dinámica de las cosas y reclamar un poco de anarquía frente a la melodía que gobernaba los sonidos hasta hacerlos irrelevantes.

Los bulos que ahora se imponen tienen la consistencia de esa melodía que se elabora para ocultar las aristas y la complejidad y ambigüedad de todo lo que sucede. El free jazz, como siempre: señala el conflicto, lo enfoca y encuadra para su visualización total.

VIDEO: Lester Bowie – Brazzy Voices – North Sea Jazz (1995), YouTube (North Sea Archive)

ARTE-FACTO: FREE JAZZ (UNA INTERPRETACIÓN/V)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

LOS ANÁLISIS

 

En la nueva edición de Free Jazz Black Power no se maneja el análisis posmarxista (con sus ocasionales rigideces), sino la descripción de las formas de ser de un pueblo en función de sus necesidades y aptitudes frente a una sociedad abrumadora.

 

La historia de un pueblo que rompe (o trata de romper) sus cadenas por medio de la música cuando la ira se apodera de él. Este libro no acompaña un movimiento revivalista, sino es la clave perpetua para un futuro posible: “Para dominar una situación perturbadora –dicen los autores— tuvieron que inventar un sistema original de referencias, forzosamente heterogéneo, utilizando los elementos africanos de los que disponían, pero practicando también en su nuevo entorno un auténtico saqueo cultural”.

 

 

Al igual que el Río Mississippi, Free Jazz Black Power es un libro que cambia de curso naturalmente; que escucha a su tiempo, lo abraza y se adapta. A la hora de los grandes temores en los que la música elige, muchas veces sin saberlo, los colores de la muerte, este texto más que nunca hubiera podido titularse: El amanecer de los negros.

 

VIDEO: Archue Shepp Quartet – Here’s That Rainy Day (live 1994), YouTube (vrije geluiden)

 

 

 

ARTE-FACTO: FREE JAZZ (UNA INTERPRETACIÓN/IV)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

EL PODER NEGRO

 

 El libro Free Jazz Black Power no es únicamente la historia del free jazz; de los corazones destrozados, del habla de los fantasmas. Se trata de aprehender toda la historia del jazz y más allá de ésta: la música negra, la historia trágica del pueblo negro, la mutilación sociopolítica de los individuos.

 

Entre otras nociones esenciales se comprenden los mecanismos que empujaron a los negros estadounidenses a adoptar y adaptar ritos y religiones ajenas a manera de cimientos en épocas diferentes: el cristianismo, el islam e incluso la dictadura del proletariado.

 

 

La documentación es abundante. Las citas cuentan con todas sus referencias. Las figuras indispensables se encuentran ahí: W.E.B. Dubois (“Un solo grito: ¡Libertad!”), Ornette Coleman (“No hay una sola forma válida de tocar el jazz”), Malcolm X (“El Tío Tom del siglo XX es el negro profesionista”), Archie Shepp (“Nuestra venganza será negra, así como el sufrimiento es negro”), James Brown (“Soy negro y estoy orgulloso de ello”), Rap Brown (“El estudiante negro sí es revolucionario. Puede ayudar al resto de los negros a deshacerse de la información falsa de la que se les ha atascado durante toda su vida”), y así con Edward Franklin Frazier, LeRoi Jones, Richard Wright, Langston Hughes, etcétera.

 

VIDEO: Ornette Coleman – Free, YouTube (jazzhole13)

 

 

 

 

ARTE-FACTO: FREE JAZZ (UNA INTERPRETACIÓN/III)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

LOS EVANGELISTAS DEL NUEVO CUÑO

 

Entre la mucha literatura que ha provocado el género por todo lo antes mencionado, el libro Free Jazz Black Power de Philippe Carles y Jean-Louis Comolli (Éditions Gallimard, 2000, publicado en Francia) no contempla las cosas desde las alturas ni se coloca al lado de Dios, sino que apresa un movimiento, un cuerpo, como si fuera una frase que invita a la desarticulación para poder reconstruir sus verdaderos contenidos.

 

 

Su lectura es incluso más fascinante hoy en día, más indispensable que cuando se publicó por primera vez en 1971 (con una portada inocente y al mismo tiempo insolente: las alegrías de la revolución sesentera); más que en el momento de su segunda edición, 1979 (portada austera y militante). Ahora ha llegado otra edición (con una portada que denota la transición, un hecho que anuncia nuevos tiempos).

 

El saxofonista Julius Hemphill es quien le hace los honores a la portada en esta ocasión. No es un héroe del free jazz, sino un visitante ocasional del género. En la nueva edición el paso por el género se relata, al igual que en la magnífica tenacidad de un solo de Cecil Taylor, en un prefacio-poema en el que los autores transforman el eco de un viejo sueño revolucionario en una extraordinaria esperanza de salvación. Los individuos adquieren su libertad de manera simultánea gracias a la música y dentro de ella.

 

VIDEO: Julius Hemphill – Dogon A.D., YouTube (Interstellar Space)

 

 

 

 

ARTE-FACTO: FREE JAZZ (UNA INTERPRETACIÓN/II)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

Con la llegada del Free jazz el choque no se hizo esperar. Lo hubo en lo musical, en lo social, en lo político, en lo estético, en lo racial, en lo religioso. El bebop y el blues se convirtieron en las fuentes musicales (“músicas occidentales producto de la cultura afroamericana”). Se rechazó a la música clásica por ser un arte euroamericano que “aislaba al negro que intentaba existir dentro de la cultura blanca; que buscaba aculturizar a la propia historia negra”.

El free aportó una nueva concepción rítmica, librándose de la uniformidad, tanto en la métrica como en el beat (que se convirtió en pulse); desató la exploración sobre la música del mundo no occidental ni blanca: hindú, japonesa, africana, árabe.

Se creó una tendencia entre los negros hacia el islamismo (incluso muchos de ellos cambiaron sus nombres) en rechazo a “todas las prohibiciones, crímenes e hipocresías de la Iglesia cristiana”. Se puso énfasis en la intensidad interpretativa (éxtasis orgiásticos o místicos), y a la par de todas las demás aportaciones se buscó una extensión del sonido musical al invadir el ámbito del ruido.

El free jazz se convirtió así en una forma de expresión ricamente articulada que comandó toda la escala de las emociones humanas.

VIDEO: Abstract Painting to Free Jazz Music, YouTube (Dimitri Pavlotsky Artist)