Por SERGIO MONSALVO C.

Los mejores filmes siempre ofrecen diversas lecturas, perspectivas desde las que es factible extraer reflexiones acerca de cuestiones varias. Una de las tantas posibles para la cinta Drive (del director Nicolas Winding Refn) es su mirada en relación con el amor.
Esta producción cinematográfica descubre nuevos tonos y ritmos para definirlo, tanto en sus imágenes como en su música. Eso es un gran logro. El siglo XXI es el de la electrónica. Las canciones y piezas que contiene muestran nuevas tonadas para expresar un dolorido y apasionado sentir, “Night Call” es la pieza la emblemática.
Es decir, crea una estética sentimental que es al mismo tiempo ríspida y sutil. Un código diferente para expresar la pasión. La extrema relación de la trágica pareja de esta película estrena en esta canción un colorido emocional que exalta el amor difícil, el de unos enamorados que son alejados cada vez que intentan acercarse en el marco de un mundo bárbaro.
Y esa lírica está reforzada con un refinado y sensual ambiente musical que termina por expresar una nueva sensibilidad. Es una lírica que brilla con fervor propio en el devenir de sus paisajes interiores. Con sus personajes de afectos rotos pero que aún se atreven a soñar dentro del espejo oscuro de lo que no se dice pero se percibe.
Las perturbadoras imágenes de Drive reúnen en una sola película el sabor del cine negro francés que capitaneó Jean-Pierre Melville en los años sesenta y los aromas del thriller estadounidense de los años setenta y ochenta. Su hierático protagonista (sin nombre e interpretado por Ryan Gosling) remite de modo inevitable al Alain Delon de El Samurai, por su sequedad narrativa o a las primeras obras de los mejores Walter Hill o Clint Eastwood.
Así, “Night Call” se convierte en una pieza esencial, en una narración en sí misma, emotiva y absorbente, que abre nuevos caminos emocionales y visuales, acentuada por terribles explosiones de brutalidad.
El tema es una composición de Vincent Belorgey (músico y actor nacido en Sena-Saint-Denis, Francia, el 31 de julio de 1975), y que desde el 2006, en que debutó, es más conocido como Kavinsky, en su faceta de DJ y productor.
Kavinsky lanzó el tema como EP con el sello Record Makers (tras la aparición de Teddy Boy en 2006, 1986 al año siguiente). “Nightcall” fue el tercero en el 2010, interpretado por Lovefoxxx, vocalista de la banda CSS. Al siguiente año fue escogida por Cliff Martínez para formar parte de la banda sonora de Drive.
Cliff Martinez es un músico y compositor neoyorquino de larga trayectoria.
Durante la misma ha pasado por las ilustres huestes del Capitán Beefheart, The Dickies, The Weirdos, Lydia Lunch y los Red Hot Chili Peppers. Bagaje que, para acabar de impresionar más, se acompaña de la elaboración de otros célebres soundtracks: Sexo, Mentiras y videos, Traffic o Solaris, por mencionar algunos.
Debido a él, Drive cuenta con una de esas bandas sonoras indisociables de su guión y de su fotografía. Si los créditos de la película aparecen en un rosa neón con aire indiscutiblemente ochentero, su música insiste en esos parámetros, usando como base los sintetizadores de la época. La clave de su éxito es que el filme fue centrarse en una historia de amor y soledad contada en silencio; la música no acelera sus bpm para mostrar una épica controlada.

No es lo habitual que un artista del pop electrónico (synthwave, French House, electroclash, o de “electrónica” a secas, como él mismo se define a veces) realice tracks para soundtracks conceptuales, con una canción que sintetice paso a paso toda una historia. Con ello puede haber marcado un antes y un después en el cine y seguro también en la música: en ciertos territorios de la electrónica se puede hablar ya de un post-Drive.
Quien llevó todo esto a su cénit fue el danés Nicolas Winding Refn. Un director con capacidad para crear expectación en la cinefilia con gusto (ahí están la trilogía Pusher, Bronson y Valhalla Rising, como otras muestras). Con Drive apasiona por su puesta en escena del desventurado relato del conductor solitario y enigmático que se enfrenta al mal para proteger a la mujer que ama, sabiendo que las posibilidades de lograrlo son elusivas.
La forma en que el estilista Kavinski, con “Night Call”, se amolda a la dura, triste y romántica historia resulta deslumbrante y no sólo por la plasticidad que emanan de sus notas convertidas en imágenes. Sino que también está al servicio de personajes tan creíbles como inquietantes.
Muestra dentro de su melodía, asimismo, una violencia con sentido y combina con armonía el intimismo y la acción. Es una pieza que por todo ello posee mucho encanto. Pero lo que la sublima y convierte en arte mayor es el uso seductor de la música sobre el silencio.
En nuestra vida cotidiana, y aunque resulte obvio decirlo, es difícilmente contestable la certidumbre de que el complemento sonoro del amor es la música. En el cine desde que éste comenzó, y no había aprendido a utilizar el sonido, las pianolas o las orquestas ilustraban o subrayaban en vivo, en la misma sala, cuando aquél estaba brotando en la pantalla.
Siempre ha recurrido a la música para que exprese, traduzca, exalte, aclare o matice lo que le está ocurriendo a los sentimientos. En este caso, si busco algunos de los momentos en la historia del cine que inapelablemente me remitan a anécdotas semejantes descubro que todas ellas son grandes clásicos y a todas las acompaña una gran música. Valga un ejemplo evidente.
La evocación a Bullit de Peter Yates (con Steve McQuinn como protagonista), en donde el manejo del auto, la agresividad, las persecusiones y la flor del amor tienen que convivir en un filme legendario y existencialista, donde la música compuesta por Lalo Schifrin, con alardes de jazz, metal y percusiones, nos señala las turbulencias emocionales en una ciudad de altibajos como San Francisco.
En Drive, Nicolas Winding tuvo el gran tino de optar por el compositor Cliff Martinez para elaborar la mayor parte de la banda sonora de la película. Ésta, sin embargo, se ha relacionado desde entonces con el tema de Kavinski, que marca el leitmotiv sonoro del resto del filme. El sencillo “Nightcall”, ha sido reconocido como una de las mejores entradas cinematográficas, la cual ha sido legitimada como tal con más de 250 millones de visualizaciones en YouTube hasta la fecha.
“Night Call” es un track hipermoderno que echa mano de las reminiscencias del electro-pop que acompañó la cinematografía francesa de los años ochenta. La construcción de la atmósfera, la instalación de lo emocional en el silencio, la forma de conseguir (por el establecimiento de los ritmos y los tonos) que las notas-imágenes vayan más allá de una simple lectura dramatizada es un trabajo artístico muy difícil que merece una enorme admiración por su partitura muy bien modulada.
En la memoria siempre quedarán la cadencia de sus emotivos tonos acompasadas por la mezcla de fluidez y densidad del relato que se expande en sus instantes de suprema e inesperada poesía en un casi western. Con la imagen del futuro herido e incierto en el horizonte oscuro, con todo lo que representa como metáfora.
VIDEO: Kavinsky – Nigthcall “Drive”, YouTube (Bazyx Rusty Shackleford)

