REZA EL GLOSARIO: CÓVER

Por SERGIO MONSALVO C.

 

CÓVER (FOTO 1)

 

(VERSIONES SOBRE UN MISMO TEMA)

 

Hacer la versión de un tema clásico es un reto para el/la cantante que se atreva. Volver a contar, por ejemplo, el reencuentro de una pareja que ha mantenido una relación tormentosa de amor, interrumpida, cortada, reanudada e inmadura como todas las historias de amor, necesita de algo más que la intención o la voluntad.

Requiere de experiencia vital, de implicarse con el texto y con la música; de imaginar como lo haría un actor para trasmitir la emoción inherente. Y, además de ello, adaptarlo al propio estilo para no perder personalidad ni identidad.

Por eso un cóver, una versión, exige más que un simple trasvase mecánico de un recipiente a otro: requiere necesariamente la reescritura del tema, que es sólo una parte de sí mismo, de su espacio vital, para darle una nueva forma. Esto es lo que hacen los buenos intérpretes.

Sólo así será la versión del aquí y ahora que quedará registrada para siempre. Desde entonces con esa canción se hará manifiesta la presencia física del  músico, del cantante, a través de su cuerpo, de su voz, del instrumento que encarnó literalmente.

De la época que representó. La pasión que derrochó creó su particular mundo imaginario y simbólico y finalmente éste permanecerá o no únicamente si la apropiación fue consumada.

Por otro lado, en un mundo en el que la memoria es un valor a la baja, a veces de lo que se trata al hacer un cóver es de recuperar un tema olvidado pero aún reconocible, y se hace por distintas razones. Por ejemplo, si es una pieza que le gusta particularmente al artista y quiere hacer su versión, tributarla de esa manera.

Otra razón, quizá menos poética es para el ahorro: Una canción exitosa, si no está muy trillada, se vuelve a grabar y es un éxito otra vez y sirve para reenganchar al intérprete a la escena. Para ello hay que saber leer el pulso de los tiempos y de las tendencias y elegir la canción adecuada en el momento adecuado, para el tipo adecuado, eso lo sabe un productor experimentado y poco escrupuloso.

En otras ocasiones de lo que se trata es de trasmitirla de un público a otro, de una generación a otra, como han hecho infinidad de artistas: Habrá gente que pensará que los temas son originales. Generalmente, escuchas poco enterados o desinformados que no están al tanto de las listas de éxitos. Y, al revés, hay gente que creerá que se trata de un tema standard.

Cóver (versión) es, pues, un término (y un campo de acción) muy amplio. A menudo los escuchas piensan, muy reduccionistamente, que es sólo cantar canciones que otros cantaron antaño. Sin embargo, no es tan simple. No se trata de hacer karaoke, una copia, sino de arreglarla de una nueva manera. De deconstruir la pieza original y reconstruirla con otros elementos.

CÓVER (FOTO 2)

Es obvio que tal arte a veces funciona, y otras veces no. Cuando sucede que la nueva versión no es tan diferente de la original se le puede asestar el epíteto de vil copia, de calca, y también obviamente a sus perpretadores se les echará en cara su falta de imaginación y talento.

Pero si funciona, el efecto puede ser muy grande y abrir otros horizontes, nuevos puntos de vista, crear una estética distinta. Si hacer versiones buenas fuera tan poco creativo “Hound dog” sería aún un rhythm & blues lento y no el rock and roll del preludio; “That’s all right mama” se hubiera quedado en el country sin evolucionar hacia el rockabilly y “Louie Louie” una canción caribeña que solo conocería un puñado de personas, y no una piedra fundamental del rock de garage, por mencionar algunos ejemplos históricos.

Por eso mismo nadie puede rebajar a reproche esta declaración tributaria, pues gracias a ella nos ha sido dado disfrutar de un nuevo estrato para la canción recurrente. Es un estadio nuevo para una canción previamente grabada, es decir: otro rubro en el cóver.

En ese ámbito se puede encontrar solaz y certidumbre, calidez y sosiego. La satisfacción que puede brindar un cóver afortunado se parece a ese momento que quema con la exaltación del enamoramiento ya detectado y la concentración en su disfrute.

Esa variación de lo conocido permite volver por unos minutos al reino del pasado, reencontrarse con ese otro que fuimos y habitarlo desde fuera. Ahí, en esa antigua nostalgia se satisface y enciende nuevamente algo para nuestro conocimiento personal. Por ello, el cóver representa una posibilidad de descubrimiento y acceso: una suerte de supermercado de reabastecimiento.

Este puede ser el lado utilitario de acceso a tal práctica. Sin embargo, existe como siempre otro point of view: la poética de la representación. Desde este ángulo, un músico, un cantante expresa su individualidad a través de un lenguaje recibido de otro semejante.

De este modo la llamada autoría original pierde su sentido, puesto que quien hace de ella una representación presenta la versión de una pieza como una nueva entidad subjetiva. Es decir, en la versión se expresa otro yo. En este punto preciso entra la mencionada poética, puesto que el escenario de la misma canción lleva una interpretación distinta, que requiere de ser reacentuada y reescrita, por otra mano, otra voz, otro grano.

Para los inescrupulosos, los perezosos que sólo hacen copias y no versiones, el trabajo sobre un canto previo es una elección simple y obvia y harán el fotocopiado.

Resultará exitoso porque no hay riesgo alguno. (recuérdense los casos de la pieza “Forever Young” de Japan copiada por la boy band One Direction, o el de “American Pie” de Don McLean hecha por Madona, por ejemplo: muchas ventas, pero asépticos y anodinos en lo artístico). Es un alimento que ha sido previamente masticado y la falta de imaginación se tratará de esconder tras la caja registradora.

Cuando los verdaderos artistas optan por la versión, aparecerán para legitimarla los parafraseados conceptos poéticos de T.S. Eliot: toda música se encuentra en músicas previas. Las versiones que hagan más o menos explícita esta presencia, en las que se advierta la esencia de voces anteriores, no significa de ninguna manera que la versión deje de ser “original”, dadas sus particulares contribuciones.

Por lo tanto, se podrá hablar de una misma canción, de los mismos acordes, de los mismos sonidos y hasta de las mismas palabras, pero el interés será distinto, será el de las variaciones, las acentuaciones o los modos, y a partir de ahí será “otra” canción sin dejar de ser la misma. Eso es un cóver.

VIDEO SUGERIDO: Joe Cocker – With a Little help from my Friends, YouTube (yosh95wilde)

CÓVER (FOTO 3)

Exlibris 3 - kopie

REZA EL GLOSARIO: MTV (DOS PREGUNTAS)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

MTV (FOTO 1)

 

1.- ¿Qué representó MTV en su mejor momento para la música?

No creo que haya habido un “mejor momento” de MTV para la música, al contrario, creo que todas sus acciones desde el comienzo han actuado en contra de la misma.

Si al principio la influencia y el uso del lenguaje cinematográfico adaptado para una TV musical parecía abrir muchas posibilidades para el ideal artístico, una nueva forma de expresión (incluyendo el contracultural), muy pronto se comprobó, sin embargo, que el medio y el fin eran iguales: la incitación al consumo.

Privó, a pesar de su alarde de novedad, la función primaria de la TV en la que estaba anclada: producir demanda y fabricar consumidores. Es decir, la imagen (la forma) fue puesta al servicio de esta función en detrimento del contenido (la música). Dejó de lado el componente sonoro y sólo tuvo en cuenta lo relacionado con el aspecto visual (el más aséptico).

Se puede comprobar que de contenido significativo ha habido muy muy poco. Lo que ha prevalecido ha sido la homogeneización de los gustos (manipulación pura y dura a partir de la repetición o el favorecimiento de la prevalencia del single sobre el disco completo y su lucrativa descomposición, entre otras cuestiones), la estandarización de “valores” impuestos (sus sospechosos premios, el mejor ejemplo) y hasta la conservadora y perversa intención de descafeinar las manifestaciones de resistencia social que habían gozado de gran importancia y popularidad, como el punk o el grunge, a través del Unplugged, es decir, buscó la neutralización del “ruido” (a la que en su “mejor momento” no lograron escapar ni las bandas más radicales), por mencionar algunas cosas.

La relación música/imagen que encarna MTV es muy compleja para abordarla con profundidad en este poco espacio, pero sí creo en lo que expuso Bruce Springsteen al respecto: “La música no debe ser la banda sonora de la publicidad televisiva. MTV ha suprimido la distinción entre hacer y vender música. Ésta debe ahora, más que nunca, definirse contra la lógica corporativa”.

MTV (FOTO 2)

2.- ¿Qué significa para mí que MTV haya dejado atrás su característica de canal de videos para transformarse en un canal de reality shows para adolescentes?

El en origen, las compañías discográficas no utilizaron los videos promocionales, el videoclip, simplemente porque existían. Sino que existían porque fueron necesarios para incrementar el número de ventas de dichas compañías en una época de crisis (fines de los setenta).

Para eso les sirvió MTV. Con el tiempo, ante la saturación y omnipresencia (no había lugar dónde escapar de ellos: bares, restaurantes, discotecas y hasta en los conciertos, los videos dejaron de funcionar como escaparates), los ejecutivos de esta cadena tuvieron que buscar nuevos caminos para producir de manera simultánea demanda y consumo.

Rebajaron aún más su oferta con el culebrón esperpéntico del reality de la familia de Ozzy Osborne, y ahora, ante la nueva crisis (¿terminal?) de la industria discográfica, recurren otra vez a la fragmentación con realities encapsulados, breves, excitando la bárbara “petición” de diversión constante de una nueva generación de consumidores, a quienes forman de esta manera, con estos gustos impuestos, para fabricarse un futuro probable a base de imberbes recursos humanos que sin criterio recibirán y aceptarán los lenguajes que los formarán y conformarán y cuyos efectos se reflejarán en su manera de ser y comunicarse en la vida cotidiana.

MTV (FOTO 3)

Exlibris 3 - kopie

REZA EL GLOSARIO: REMIX

Por SERGIO MONSALVO C.

 

REMIX FOTO 1

REMIX

(MODELO PARA ARMAR)

 

«Mi música no posee una estructura general, sino que se genera a sí misma a cada momento», han dicho reiteradamente diversos productores y DJ’s a lo largo de su carrera como “hacedores”.

Con ello han querido decir que la idea convencional de la obra como totalidad ya no es válida, puesto que aquélla constituye un proceso; ya no tiene la función de representar algo fuera de sí, sino sólo de referirse a su propia creación.

En esta abstracción artística, la improvisación y la estructuración  que proviene de ella (sea cual sea su género original) han llevado a dichos hacedores, luego de décadas de experimentación, a generar un presente musical a cada instante. Por eso mismo ponen el énfasis en la importancia del resultado auditivo.

Aquí es donde el pasado del avant-garde y el presente de la sonorización han confluido finalmente. A tal punto de conexión se le llama Remix.

El vanguardismo del Da-Da, del experimentalismo, del minimalismo, entre otros ismos, es retomado por los sutilizadores sonoros de hoy como Coldcut, Howie B, Tranquility Bass, DJ Spooky, Subliminal Kid, Mantronik, Andrea Parker, D’Note o Nabukazu Takemura, para lograr un proceso que acentúe los cambios en las percepciones.

Al remezclar temas clásicos de diversos géneros los DJs o sutilizadores sonoros, canalizan el resultado de sus exploraciones mediante los sintetizadores y máquinas de sonido hacia el oído de las nuevas generaciones de escuchas ya sensibilizadas por la sonorización contemporánea.

REMIX FOTO 2

Una de las grandes aportaciones de la globalización ha sido ésta: una forma de conectar a quienes manipulan los sonidos actuales en todo el mundo, ya sea en un disco, en un estudio de grabación (grande o independiente), en un soundtrack, en el diseño sonoro para algún sitio en particular, con aquellos que han estado por años resolviendo los misterios de la música en sus románticos laboratorios.

Tales productores, DJ’s y demás hacedores (me refiero a los creativos, a los artistas del mismo, no a los buhoneros) han sido pioneros de la manipulación sonora y ejemplo concreto de aquel axioma sempiterno: «Sólo es posible ubicarlo todo si se está dispuesto a aceptarlo todo».

El trance en vibración es la suma del encuentro de todos estos artistas en álbumes o tracks, a los que se les puede calificar de maravillas contemporáneas, no únicamente como calificativo sino como adjetivo.

Es una música, que se ha armado y construido, capaz de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a dimensiones estáticas y sensaciones de movimiento hasta ahora ajenas a él.

Es obvio que en medio de todo ello hay una gran influencia ideológica oriental, pero sin misticismos y con el objetivo del goce pagano.

Es como una aventura en el microtiempo, la cual no requiere de profundos enfoques analíticos sino la entrega a un flujo musical que conecta a una nueva expansión en la experiencia auditiva.

La música remix, en sus manifestaciones más avanzadas (lo mismo del experimentalismo que del underground) supone la neutralidad de los valores, como cuestión de principio.

Su intento por usar el material sonoro dentro del contexto de métodos estructurales no occidentales (orientales o de otro punto cardinal, desde la misma esencia humana –su ADN—hasta la recuperación de los sonidos cósmicos) constituye un proceso del intelecto y su sensibilidad en el manejo del tiempo.

VIDEO SUGERIDO: Steve Reich – Come Out (Ken Ishii Remix), YouTube (John Realmann)

Los sutilizadores sonoros de hoy han comprendido la importancia del intento y aportado sus técnicas y estilos para expresar los cambios en la manera de concebir la música. La libertad que se obtiene con ello es un gran paso hacia conceptos que deben desarrollarse como work in progress.

Ese espíritu abrasivo parece encontrarse desde ese punto de vista en cualquier emotivo instante de la interpretación libre, en el manantial de notas que prenden el corazón, como el significativo remix que representa nuestra época fragmentaria.

Igualmente, en el otro extremo de la escala está la revisitación de las herencias musicales a través, y con el regalo, de las nuevas tecnologías y el de diferentes horizontes por descubrir y plasmar.

Es el reto para quienes con el groove, el funk, el dance o el scratchnoise se acercan a él con respeto y curiosidad a la hora de entrar y experimentar en los mundos arcanos.

La cultura de la remezcla ha producido un eclecticismo que es material de disfrute y de disfrute para las generaciones cibernéticas, para quienes la manipulación de los sonidos es parte inherente de su vida cotidiana.

Hoy en día la tecnología juega sus cartas en todos los géneros y la infinidad de mezclas y derivaciones provenientes de ellos.

El productor, travestido en DJ o a la inversa, se ha convertido en un elemento influyente para escuchar nuevas músicas y moldear gustos y modos. Con el paso del tiempo el sector más comprometido con esta ocupación ha logrado incluso volver obsoletas las palabras “músico” y “compositor”. Han asumido esos papeles en formas musicales contemporáneas bajo otros conceptos estéticos.

REMIX FOTO 3

La evolución digital ha cambiado la manera en que hoy es hecha la música, puesto que la grabación realizada de este modo hace que miles de bites de información puedan ser manipulados en cada nanosegundo de sonido.

Actualmente, los productores vanguardistas alrededor del mundo trabajan bajo el lema de que la música no posee una estructura general, sino que se genera a sí misma a cada momento, constituye un proceso.

Tal entelequia artística ha llevado a estos hacedores de la experimentación, a crear un presente musical a cada instante. Por eso mismo ponen el énfasis en la importancia del resultado auditivo.

Estos manipuladores sonoros han comprendido la importancia de aportar sus técnicas y estilos para expresar los cambios en la manera de concebir la música. La libertad que se obtiene de ello es un paso hacia conceptos que se han desarrollado desde el inicio del siglo XXI.

VIDEO SUGERIDO: Andrea PARKER // The Four Sections’ after Steve Reich remix, YouTube (monQsurlaKomod)

REMIX FOTO 4

Exlibris 3 - kopie

REZA EL GLOSARIO: ADMIRACIÓN

Por SERGIO MONSALVO C.

 

ADMIRACIÓN (FOTO 1)

 

BREVÍSIMO ACERCAMIENTO

 

La empatía por un intérprete musical es algo tan elemental, tan básico, como respirar, comer, pensar o caminar. Los personajes de tal escena a los que se ha seguido con admiración conforman una parte de la educación sentimental de cada uno, por lo que le han aportado. Por más que se sepa que en todo ello hay un pedazo de verdad y mucho de leyenda, lo cual no es menos importante.

Uno escucha a su cantante favorito(a) y no puede dejar de oír también su biografía, de evocarla, con los vericuetos de su carrera, al ver las huellas del tiempo en el rostro, las muescas dejadas por la vida en el carácter, en la actitud y otras tantas cosas que se intuyen sin conocerlas  realmente.

Uno no gusta, ni quiere imaginarse a Leonard Cohen (mientras vivió), por ejemplo, comprando un billete de lotería; a Bob Dylan  leyendo una revista femenina en la sala de espera del dentista, a John Lennon haciendo pan (¡cómo me ha dolido esa imagen!) o a Patti Smith viendo crecer la hierba sentada en una mecedora. Se requiere siempre que ese personaje heroico sea fiel a la idea que nos hemos  hecho de él.

Cualquier creador (literario, musical o del resto de las artes) se encuentra permanentemente expuesto en un escaparate en la relación con su público. Hay miles de fotografías con sus gestos, posturas, maneras de ver o pulsar un instrumento, o grabaciones con las inflexiones de su voz que lo muestran como algo diferente y son un testimonio de doble filo.

En la Web están todos los supuestos datos biográficos que nos llevan a creer que conocemos, y muy bien, al personaje admirado (nada más falso). En esta confusión mediática hipermoderna actual necesitamos (por pura salud mental) identificar a la persona que está detrás de aquello que admiramos. Bajo ese pathos el territorio de la decepción se puede hacer inmenso, como también del otro lado ver crecer el mapa del engaño y la impostura.

Conocer realmente a un artista cuya presencia, opinión y obra nos interesa   es casi siempre un proceso incómodo, en más de un sentido, pero absolutamente necesario. Sin biografía eso será imposible. Y eso me hace pensar que en tal juego vital, donde el escenario es el escaparate, vale tanto en este sentido la voluntad tanto del que percibe como la del que se muestra. Y para que la admiración sea genuina y veraz los dos deben poner todo de su parte.

ADMIRACIÓN (FOTO 2)

Exlibris 3 - kopie

REZA EL GLOSARIO: POLÍTICA (POR TV)

Por SERGIO MONSALVO C.

POLÍTICA Y TV (FOTO 1)

 RITO Y DRAMATIZACIÓN

En el libro The Rituals of Humanity and the Rhythm of Reality, el comunicólogo Roland Delattre escribió que “Los ritos pueden celebrar y afirmar los ritmos y la forma de una versión establecida de la realidad, pero también pueden celebrar y dar expresión a la forma y los ritmos de una nueva versión naciente”.

Esto, traducido a la actualidad que nos ocupa –los debates políticos en pantalla–, indica que las figuras tradicionales del candidato fuerte a ocupar la presidencia de cualquier país y de sus contrapartes de los partidos opositores, hasta la fecha del primer «debate» político televisado, mantuvieron un sistema social vigente y totalmente anticuado, acorde a la misma actividad política.

Sin embargo, hubo el «descubrimiento» de que a través del medio electrónico más popular por antonomasia, la televisión, ese sistema podía ser modificado y esas figuras estáticas y lejanas ya eran susceptibles de ser tocadas y cambiadas en la conciencia pública.

Con dicha primera emisión masiva, las pautas del rito político, por y a pesar de quienes manejaban (y manejan) la televisión, deberían modificar la manera en que los ciudadanos pensaran en sus procesos políticos y participaran en ellos. Los reportajes televisados de las campañas presidenciales, tras la aparición de los candidatos en las pantallas chicas, no dieron ningún giro en relación a lo que se venía realizando antes del evento con ellos, sólo se incrementó la exposición previa, se saturó tiempo y espacio con ella y se terminó abrumando al espectador.

La concepción de quienes dirigen los noticiarios (tras aquello) continúa igual. En esencia, su visión –intereses de por medio– no ha sufrido cambio alguno: los mismos lenguajes de texto e imagen; las mismas tendencias burdas o subliminales; el mismo apiñamiento en torno a cuestionamientos semejantes, para luego darle «digerido» el mensaje al televidente.

Difícil iba a ser propiciar el cambio en la forma de abordar el tema político en las mentalidades de quienes realizan la televisión en el mundo, llámese como se llame la cadena. Acostumbrados a la información desechable día con día, los ejecutivos de tales emisoras continúan con los cartabones plenamente masticados.

Para ellos, los días de tal evento sólo fueron pretexto para atraer audiencia, elevar ratings. Cosa que hicieron, pero sólo de momento. La experiencia del instante no los puso (ni ha puesto) a reelaborar sus formas de periodismo, crear opciones para mantener continua la participación ciudadana en el medio o hacer auténticos reportajes, en los que los ingredientes sean las alternativas propiciadas por los géneros convocados: nota informativa, editorial, artículo de fondo, crónica, columna, entrevista, encuesta y hasta comentario de opinión de algún periodista relevante, sin compromisos más que con su profesión.

Para ello hubiera sido menester igualmente, y como ya apunté, modificar los lenguajes tanto en lo verbal como en lo iconográfico. Bastaba ya de mantener a las figuras intocables; bastaba ya de proporcionarles a estas figuras las listas de las preguntas antes de los programas; bastaba ya del agachismo frente a ellas, del servilismo, del trato extremadamente gentil para con ellos (sin ser irrespetuosos).

POLÍTICA Y TV (FOTO 2)

La educación y la cortesía son una cosa, la agudeza otra. Que las entrevistas fueran incisivas, profundas, punzantes, enriquecedoras, inteligentes; que los reportajes abarcaran todos los ángulos y puntos de vista; que la imagen también hablara por sí misma y complementara lo dicho; que descubriera y tradujera al televidente lo comentado por opinadores y gente destacada. Que cada noticiario tuviera su personalidad y dejara de haber estandarización al respecto; que hubiera continuidad para todos los aspectos y que se pensara en el público (como ente político y no sólo como consumidor) tras las cámaras.

Para éste, el cambio de mentalidad hubiera sido más rápido con respecto a las figuras políticas. En conversaciones por doquier se hubieran puesto en relieve ciertas actividades que antes del «debate» recibían escasa atención. Esa extraña emisión para todos los televidentes hubiera tenido mayores consecuencias en la vida común que en la electrónica.

En primerísimo lugar se habían apropiado con lenguajes cotidianos de una temática que a todos correspondía. Debido a ello se aumentaron de manera considerable los elementos que hacían de la política algo parecido a un encuentro deportivo.

Los hechos de acento político neto recibieron desde entonces una atención soterrada, diluida, y los ritmos de las campañas, debidos a esta atención pública, obligaron a los noticiarios nocturnos, sobre todo, a volverlos el centro de su transmisión. Supieron éstos de forma contundente que dichas campañas y quienes las encabezaban se habían convertido en ingente acontecimiento de los medios de comunicación, y que se podía elevar o rebajar a los candidatos con aspiraciones.

De ahí la manifestación evidente o encubierta de los intereses creados, que fueron a partir de ahí los únicos valederos para dichos medios; y de ahí también surgió la importancia de la opinión pública para evitar que tales intereses fueran los únicos que prevalecieran. Obligar al medio a que cumpliera con las expectativas de la comunidad, y no sólo con la de sus directivos.

Los noticiarios por televisión actualmente permiten a los espectadores ver y oír a los candidatos en una índole única de retrato político. Las cámaras y micrófonos registran sus pifias y aciertos escénicos u oratorios, y éstos circulan (por las redes sociales) durante días por todos lados.

Los noticiarios, retomando el lenguaje telenovelero, concentran la acción dramática de las campañas políticas. Cada noche, los espectadores se sientan ante sus receptores y ven esas dramatizaciones. Cabría entonces dejar en claro que las otras telenovelas finalizarán o cambiarán de título y sus personajes desaparecerán de la vida comunitaria, el candidato electo y los opositores no, seguirán ahí, como el dinosaurio monterrosiano.

VIDEO SUGERIDO: Gil Scott-Heron – The Revolution Will Not Be Televised (Full Version), YouTube (spuddy83)

POLÍTICA Y TV (FOTO 3)

Exlibris 3 - kopie

REZA EL GLOSARIO: RIFF

Por SERGIO MONSALVO C.

 

RIFF (FOTO 1)

 

SÍNTESIS DE LA INTENSIDAD

 

Hay unos acordes en la música que son declaraciones claras y sencillas por parte de la personalidad, del poder, de la sensibilidad finalmente, de un grupo o de un músico de forma única.

Son acordes luminosos e intensos que procuran la absoluta sensación de plenitud a quien las emite y en quien las escucha (al mismo tiempo); sensación que ocupa por entero la atención de quien se encuentra con ella.

Da la impresión, o la percepción sensorial, de que tal experiencia colma por completo y da sentido a la propia existencia de la canción. Al cúmulo de todo ello se le llama riff simplemente.

La del rock, como sabemos, es la historia de sus mitos. Y los de sus riffs tienen un especial apartado en su devenir a través de las épocas (su listado es tan grande como subjetivo, tan académico como personal). De alguno de ellos se podría escribir incluso toda una novela, por ejemplo.

He aquí, a continuación, lo que considero el decálogo de tal término musical. Una presencia definitiva y elemental en un género pletórico de ellos como lo es el rock.

UNO. La del riff será una melodía corta y rítmica que se repetirá a lo largo de la pieza. Una primera frase que como lo debe ser en la literatura, en el inicio de las novelas y los cuentos, sobre todo, significará un lance contundente y único, auténtico y original.

En el escritor el medio para conseguirlo serán las palabras escogidas. En el músico las notas seleccionadas.

Un verdadero golpe de Knock Out, en términos boxísticos, para dejar tocado al escucha, el cual de manera completamente inesperada será impactado por la contundencia de tal lance, tan imaginativo como novedoso.

DOS. La frase tiene que ser memorable. Es decir, necesita ser pegajosa en definitiva. Una condensación de melaza musical que se impregne por todo el cuerpo, de la cabeza a los pies,  como un elemento adherente, pegadizo y visceral, cuya creación lleve la más pura (o impura) intención del  disfrute.

Obvio es decir, que si tal intención se cumple, en la memoria del receptor tendrá un nicho particular y eterno.

Históricamente, el término ganó notoriedad y énfasis rítmico hace más de un siglo, y se convirtió en ingrediente fundamental cuando los músicos de Kansas City la introdujeron al swing de las big bands de los años treinta.

TRES. Dicha frase breve y característica será ejecutada como acompañamiento instrumental.

El riff, según los investigadores especializados, es una reminiscencia del blues, de los spirituals, de las work songs (canciones de trabajo) y otras formas musicales en las que la repetición tenía diversas finalidades.

Y si en el comienzo de los tiempos era la voz la encargada de realizarlo, con el paso de los años ha pasado por el cuerpo de toda la dotación orquestal hasta encontrar su lugar pleno en un instrumento en particular. En el rock fue primero el piano, luego el sax y finalmente terminó identificándose con la guitarra eléctrica.

CUATRO. La repetición de la frase debe tener diversas finalidades, tantas como efectos emocionales se busquen despertar.

El riff tiene como primer objetivo la fijación musical única y el propósito de la originalidad. Objetivo y propósito provocarán entonces, fuera de la voluntad de quien lo ejecute, múltiples efectos psicológicos en la mente del escucha.

Su emisión abrirá un horizonte sin fronteras para la selección de las secuelas emotivas: éstas podrán tener la finalidad de reconfortar, apoyar, impulsar, conectar, enfatizar, hacer gozoso o dramatizar, el estado anímico del receptor, según el momento y la oportunidad.

CINCO. Todas sus posibilidades tornarán al riff en un enérgico núcleo de poder. La respuesta inmediata a su emisión le proporcionará al músico que lo ejecute la herramienta, la varita mágica, para convertirse en ese preciso instante en un aprendiz de brujo.

Y éste tendrá la oportunidad de volverlo una oda, una celebración a su existencia o, si falla en el timing, en un vacuo cliché del sinsentido.

Adquirir el poder que aquél tiene para manejar a voluntad a los oyentes, sobre todo al actuar en vivo, debe incluir un compromiso estético irrenunciable, de lo contrario el músico devendrá en despreciable buhonero.

RIFF (FOTO)

SEIS. El riff contiene en sí las mismas características de lo llamado clásico. Una de ellas es su añejamiento.

A través de la historia del género rockero se ha confirmado que un riff selecto se volverá cada vez más significativo conforme pase el tiempo, y sea éste y las generaciones que lo conozcan, evoquen y degusten, los que le proporcionen un lugar importante entre sus páginas.

Esta frase musical cobrará un valor añadido cada vez que sea recordada, ejecutada y ovacionada, por oídos, voces y épocas nuevas.

SIETE. La frase o pasaje debe ser interpretada por un solista o una sección del grupo tocando en armonía. Esta acepción es un sinónimo de lick (frase aislada que reaparece como elemento de la interpretación).

Puede ser una creación personal o colectiva. La primera como resultado de una improvisación que reditúe en riff, mientras el instrumentista practique con las cuerdas y deje volar la imaginación. O colectiva, cuando el conglomerado se ponga de acuerdo para construir una pequeña obra de arquitectura sonora, teniendo en mente la proyección de una emoción dada.

OCHO. El riff es como una puerta de entrada para aquellos que aspiran a ser guitarristas, por lo tanto, tal frase debe ser sencilla, y entre más elemental mejor, ya que proporciona una recompensa inmediata.

NUEVE. La frase debe ser interpretada, casi siempre en armonía, con el resto de los músicos haciendo fondo al solista que la traza. Con el transcurrir de la canción tal frase se volverá un fin en sí misma, se erigirá en su propia estética, en su propia idea musical.

DIEZ. Tan importante como todo lo demás es que el riff, su creación, gozosa o dramática, su desarrollo, su puesta en escena, debe contener un relato oral  detrás suyo. Como una forma narrativa de incrementar la mitología del género, que es a fin de cuentas, su historia.

VIDEO SUGERIDO: Deep Purple – Smoke On The Water (Live), YouTube (deeppurpleos)

RIFF (FOTO 3)

 

 

 

Exlibris 3 - kopie

BABEL XXI-504

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-504 (FOTO 1)

TARJETA POSTAL

UNA ESPECIE EXTINGUIDA

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

Exlibris 3 - kopie (2)

REZA EL GLOSARIO: UBICUIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

UBICUIDAD (FOTO 1)

(MALAYA QUIEN DIJO MIEDO)

Berlín siempre ha sido un irradiador y un difusor de la civilización humana. Es un corazón que ha palpitado fuerte en este sentido, en todos los tiempos. Es un centro importante para lo cultural y lo  artístico, para lo filosófico y lo político; un caldero de conceptos para bien y para mal: de Prusia a Weimar, del nazismo al Muro; del expresionismo a la Bauhaus; de la propaganda del Tercer Reich al teatro inmersivo, etcétera.

Hoy vivimos en una época fragmentaria donde la velocidad y el movimiento han adquirido dimensiones tan extraordinarias como riesgosas, en un momento histórico que parece repetirse. Riesgoso por el vértigo y el atolondramiento que pueden provocar, por la falta de reflexión, ya no en un solo lugar sino en todos.

Durante los años treinta de la divulgación ideológica nazi, sus postulados, exigían hacer creer a la gente que todo se movía demasiado deprisa y eso era aterrador. La gente –vociferaban– debía estar consciente de que no se podía hacer nada al respecto. Era la legitimación del miedo permanente, en la que sustentaban su poder quienes dirigían el destino sociopolítico. El momento presente ha vuelto a retomar aquella circunstancia.

Ya no es la publicidad nazi la que lo hace sino sus herederos que ahora utilizan Internet como objeto y herramienta disuasoria. Existe la falsa presunción de que en tal instrumento tecnológico está escondida la revelación de cualquier cosa, situación, hecho o fenómeno de toda índole. Y la gente lo cree y “viaja” por la red, convencida de que en cada momento descubre las respuestas a cada circunstancia.

Cuando la verdadera intención de quienes publicitan aquello lo que busca en realidad es la turbación, la precipitación constante como acto reflejo, sin la reflexión debida. En una época cartesiana, como en la que estamos, es necesario recordar las instrucciones del mismo Descartes: primero dudar, seguido del pensar, para luego darse cuenta de que se existe por ello.

Si del Reichstag berlinés salió aquella propaganda, del teatro de tal lugar han salido también los antídotos a través del arte. Ese ha sido parte del trabajo de la compañía Rimini Protokool y su puesta en escena del concepto “inmersivo”, donde el actor es el espectador mismo, obligado a moverse, mediante el “viaje” por la propia ciudad a través de la orden robótica, los mapas tecnológicos y los audífonos y visores.

Se le presentan escenas y sitios distintos en fugaces desplazamientos con la intención de hacerlo creer, con los sentidos, que con aquel vistazo ya conoce perfectamente su entorno, sus peligros. Puro movimiento, sin pensamiento. Esta alienación se presenta como la realidad y ante ella no queda más que seguir las instrucciones.

Lo que queda claro tras esta propuesta artística es que cada uno ha de replantearse el significado de estar vivo, y que para entender el presente no hay que pasearse sobre él sino pensar desde él. Mantener un flujo de conciencia como hizo James Joyce en el Ulises, para deconstruir su ciudad, la vida y todas sus relaciones en el tiempo.

Eso es lo que no pueden hacer los algoritmos, pensar en el porqué del movimiento, en los resquemores que plantea, y no sólo ejercer en su dinámica con el objeto de desencadenar el aturdimiento frente a ellos. En estos momentos la osadía mayor es anteponer la reflexión a la velocidad, y el uso del espacio para hacerlo, para responder a las situaciones planteadas por el hoy y la sumisión que sugieren en beneficio de un sistema tirano, para el que la ubicuidad, falsa, es la píldora del atolondramiento.

UBICUIDAD (FOTO 2)

Uno de los usos de Internet que hace tal sistema es hacerte creer que a base de clics abarcas la realidad del planeta, que posees el don de la ubicuidad. Si se siente ansiedad al entrar a la Red buscando paliativos, no es la realidad lo que la genera, sino el efecto ubicuo de la vida actual.

En este efecto manipulado, el tiempo no existe, sólo las llamadas de atención, las alertas que gritan a través del black mirror,  las pantallas (del teléfono, de la tablet, de la computadora) que el mundo (literal y globalmente) quiere que estemos al pendiente de él sin pausas, ni descansos, que nos olvidemos de quiénes somos, que nos dejemos llevar por el “placer” constante de, precisamente, olvidarlo.

El de ahí es un mundo en el que se cree vivir estando en todas partes y en todas a la vez. Y eso no es posible. Aquí debemos recordar que una persona que busque tener presencia en dos sitios diferentes, en el mismo momento temporal, es físicamente imposible, significaría que todo lo quiere presenciar y vivir en continuo movimiento.

La ubicuidad, esa palabra de origen latino (“ubique”) que significa “en todas partes”, es un término que se utiliza actualmente en las ciencias naturales como la botánica y la zoología –donde se habla de que un organismo ubicuo es aquel que ocupa todas las áreas geográficas del planeta. Por ejemplo, las algas pues éstas se encuentran en todos los continentes así como en la totalidad de las aguas saladas (océanos y mares) y aguas dulces o continentales (ríos y lagos)–, o en la mocrobiología, donde organismos micros pueden estar en cualquier lugar: en el agua, en el suelo o en el aire.

Y si la teología la había mantenido como una característica de cualquier divinidad, la tecnología lo ha tomado para sí como una cualidad intrínseca. El sistema tirano dice que con Internet podemos estar conectados a la red en todo momento, sin importar el lugar, para estar alertas.

Eso es lo que vende tal sistema a través de la tecnología, la ilusión de la omnipresencia. Hacerle creer a las personas, a cada una de ellas, que tiene la habilidad de estar en todos los sitios precisos, en los momentos precisos, dándoles la impresión de poder estar en todas partes y prevenidos contra algo.

Eso fomenta la adicción a una tecnología que es sólo una herramienta de comunicación, de conocimiento de la realidad (siempre que haya contexto, compromiso y responsabilidad al emitir conceptos, sin anonimato) y no la realidad misma.

El rechazo o la aceptación, la indignación o la adhesión, la manifestación y el acto de asumir, ante una situación dada, ante una noticia, ante una declaración, debe corroborar primero tales hechos y no dejarse arrastrar por la velocidad que exige respuestas rápidas, inmediatas, mañana, tarde y noche, sin pausa ni interrupción y sobre infinidad de cosas.

Debido a ello la humanidad en pleno es más vulnerable que nunca, más maleable. Tratar de seguir esa velocidad, ese aparente movimiento continuo, con la ansiedad que conlleva sentirse ubicuo, hace que el espectador no viva su vida de forma natural, sino sólo la vea transcurrir por la pantalla, sentado  en medio de un torrente de información, regularmente innecesaria e imparable, que busca asentarse en un lugar privilegiado en dicha vida.

Imagínese por favor el desperdicio de tiempo que tal circunstancia produce, el lugar que ocupa, la inquietud constante que provoca. Una forma de control político que ya previó la literatura, con Orwell, con Bradbury, con Huxley, y que tanto el nazismo, como el estalinismo y actualmente el capitalismo salvaje, el populismo nacionalista, han utilizado para sus intereses y contra el de los ciudadanos a quienes peroran proteger y dicen representar.

UBICUIDAD (FOTO 3)

Exlibris 3 - kopie

REZA EL GLOSARIO: HASTÍO

Por SERGIO MONSALVO C.

HASTÍO (FOTO 1)

 FORMA DE ESTAR

Desde hace siglos, si no es que desde siempre, el hastío ha proyectado una sombra gigante sobre los humanos y su arte. La poesía, escultura, pintura, novela, música, han creado monumentos impresionantes a tal sentimiento, una corriente subterránea dirigida a exaltar esa forma de estar en el mundo, como lo atestigua la estética que declaró el hartazgo espiritual como parte esencial de lo poético.

Hoy en día, hacia finales de la segunda década del siglo XXI, quizá ellos, los hacedores de esta proyección se asuman en el eco, en el anhelo de otra realidad.

Quizá ellos lo perciban, y lo hagan por esa avenida donde como escritores deambulen mascullando su fastidio. Quizá de cualquier manera tengan que emprender la vagancia imaginaria alrededor de sus desiertos cotidianos, gritando su desesperanza. A veces juegan a la poesía distrayendo la pena. La certeza de que la vida no significa nada los lleva, armados de un fuerte nihilismo, a una búsqueda interior, para explorar quiénes son y quiénes deseaban ser, y el cansancio por ambas cosas.

El flujo de pensamiento en sus obras equivale a la exploración continua por la comprensión personal de la propia realidad. Un escritor piensa que todo ello es muy cierto en nuestra sociedad y que analizar el origen de dichas creencias puede conducirnos a un mayor conocimiento del vacío en el que vivimos.

La premisa de los surrealistas, que se consagra a desgarrar la fachada de la realidad a fin de revelar las verdades interiores, tal vez sea afín a su propósito. Es dentro del sutil reino subterráneo de la intuición, la pasión y la comprensión que será posible conectarse con él.

En el hastío es manifiesto que no es preciso el mal físico para sufrir por el quebranto. El agobio espiritual puede resultar mucho más insoportable que el dolor orgánico. En el caso de su poesía este hecho es evidente, y su entendimiento es fundamental para percibir los lenguajes de la invisibilidad que duele.

El terrible ángel que despierta tal entendimiento y otorga el don de la mirada interior es el del agobio, en este caso canalizado hacia el hartazgo. A éste desde tiempos inmemoriales se le considera como una cuita que tortura a los afectados por los lazos con el mundo.

El hastío es un estado anímico al que conducen muchos caminos, de los cuales el más seguro es el de la pena vivencial. Un mundo afectado por la aflicción trata de curarse en la obra, que en este caso se realiza dentro de la poesía. Y ésta, como ninguna otra, ofrenda el mayor lujo del arte: el sufrimiento. La voz del hastío es la poesía del dolor plasmado y no sólo vivido.

Muchos seres han tomado al hartazgo como pauta para su manifiesto, es hijo de la época, de la duda y de la incredulidad. Un fenómeno recurrente en la actualidad, una erupción desesperada, un potente grito en el que se juntan todos los gemidos de la especie. El ojo del que padece es el que está más abierto para la verdad, han dicho los filósofos.

La comprensión de la vida es una tragedia inserta como misterio. Los griegos pusieron al hombre desdichado en el centro del mundo y lo condenaron al protagonismo. Homero lo escribió: “No hay cosa de cuantas respiran y andan sobre la Tierra, más lamentable que el hombre”.

Los artistas, como exponentes de esta situación, crean una atmósfera en que la aspiración no consiste en vivir dentro de la sociedad de la que forma parte, interrelacionarse con los otros, sino conseguir un paliativo a su desprecio por el mundo y sus normas, a través del éxtasis provocado por un agobio muy bluesero.

HASTÍO (FOTO 2)

Con el hastío se puede hablar de hombres y mujeres con los sueños rotos; del vislumbre de la vida cotidiana como una sombra, la sombra de todos los días. Tantas sombras que parece que un tipo apenas tiene la oportunidad de mantenerse erguido.

La humanidad lleva la sombra como capa y la vida como un costal en sus espaldas, más grande que ella misma. Como si el gordo dedo de la divinidad (cualquiera) estuviera a punto de aplastar sus pequeñas miserias para hacerle saber que está viva.

La única vez que tiene una oportunidad de erguirse es cuando las sombras se convierten en noche. El peso de un hombre normal al abrigo de la oscuridad —oscuridad donde ninguna sombra puede encontrarlos— es la libertad. Y la libertad aquí enarbola un letrero que dice: “Estoy asqueado y aburrido: harto”.

Todos nos hemos hartado alguna vez de todo. Sin embargo, lo desquiciante es estarlo todo el tiempo. Y ahí es donde radica el quid. Nada ni nadie ha logrado encontrar una guía determinante que ayude a encontrarle lo positivo, ya no a una mala época, sino a la existencia. De tal manera que a cada quien le llega el momento de la claridad en este sentido y regularmente se tiende a explotar, a vociferar o a deprimirse –el espectro es amplio—, sin encontrarle razón al laberinto.

En esa circunstancia es donde radica la épica personal, en la tragedia que nos enfrenta al cosmos. Siendo razonable se intuye que es una lucha imposible de ganar, aunque a veces, muy escasas, se salga bien librado de una batalla. La historia, las estadísticas, los hechos consumados, registran minucias en este sentido. En la balanza hay una desigualdad definitiva.

Sobreviene entones una reacción natural, el tedio existencial y en cierto instante te das cuenta que ya pasaste por eso cuando eras joven y creías saberlo todo y, entre otras cosas, que los adultos no tenían ni la más mínima idea de lo que era la vida. Y pasan los calendarios y descubres que efectivamente no tenían ni idea, ni tú tampoco, ni nadie jamás, nunca, ni antes ni después de ti. Y que siempre todos hemos andado perdidos.

Hay paréntesis en el tiempo –días, meses, años— en que lo único claro es que las cosas se reducen a un combate entre el mundo y tú, en una pelea callejera, sin reglas, en donde las artimañas únicamente las conoce el otro bando. Y otra vez, gritas y vociferas harto de semejante injusticia, y vives como un basilisco cada segundo, cada minuto, cada hora…para esperar el enfrentamiento final, y entonces recuerdas aquella atinada canción que irónicamente dice que no debes preocuparte, para luego explicar que la vida es únicamente sobrevivir y luego, nada: te mueres.

Te das a la tarea de resumir a disgusto: ¿sirven de algo las rebeliones o las actitudes airadas? ¿Sirven de algo el retraimiento o la depresión, al respecto? Y te contestas que no, que todo ello es absurdo y no lleva a ningún lado, pero como buen espécimen de la raza humana nunca desaprovechas la ocasión para equivocarte de nuevo y te apuntas a uno de esos casilleros. Tratas de sobrellevarlo con entereza, pero es inútil.

Te llega la evocación de aquello que leíste en algún lado acerca de que hay mucha gente a la que le cuesta encontrar su lugar. “Pasan la vida dando muestras de sus intereses, pero cargan consigo el castigo de lo intermitente. Es como si su razón de ser llevara incorporado un mecanismo de autodestrucción, que garantiza que cuando al fin las cosas se vean bien, empezarán a ir mal de nuevo”. El agobio y el hastío, again.

No podemos controlar lo que la vida nos hace. Lo hace sin darnos cuenta, y cuando lo hacemos ya es demasiado tarde. ¿O no?

HASTÍO (FOTO 3)

 

 

 

Exlibris 3 - kopie