BEAUTIFUL YESTERDAY

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (DAYNA KURTZ)

La carrera discográfica de Dayna Kurtz, originaria de New Jersey, dio comienzo a mediados de los años noventa con un álbum en vivo llamado Otherwise Luscious Life, producto de diversas grabaciones en cassette, en el que ya aparecían alguna de las canciones claves de su repertorio, como «Fred Astaire» o «Postcards from Downtown», que daría título a su primer disco en estudio,

Las comparaciones comenzaron a aflorar: canta jazz como Billie Holliday, su falsete recuerda a su querido Jeff Buckley, a ratos podría ser el primer Tom Waits.

En realidad, y a diferencia de otras cantantes con las que fue relacionada en un primer momento, el espíritu de Dayna la hacía desviarse de los caminos habituales y hacer que una canción que daba comienzo en un lugar determinado te terminase llevando a otro muy distinto. Probaba la savia de todos los géneros sin quedarse en ninguno.

Luego hubo una larga temporada en que todos sus caminos fueron los de Europa, no sólo por esa querencia tan propia de los vanguardistas hacia el Viejo Continente, donde giró con el trío avant-garde Tarántula. Su garganta de contralto probablemente sonaba fuera de lugar entre las paredes de los clubes de su New Jersey natal. Por eso se fue a conocer el mundo y a buscar su lugar en él. Entonces fue que apareció su segundo disco, Beautiful Yesterday (2004), de versiones de sus soundtracks queridos y de su admirado Leonard Cohen.

A la postre, Dayna comenzó a cambiar de rumbo con Another Black Feather (2006), un disco que parecía devolverle la preocupación por su país, debido tanto a los atentados del 11-S como a la catástrofe de Nueva Orleáns.

A la postre, tras unos años de relax y de observación, salió American Standard, un disco de inequívoco título, en el que se encuentra, por fin, en tierra de William Faulkner y Flannery O’ Connor, con paisajes bañados por la mortal luna llena. Ya no hay emigraciones a otros continentes, ni postales de Europa, sino escapadas a las tierras más contradictorias de la Unión Americana.

Dayna Kurtz nunca ha puesto las cosas fáciles a quienes han intentado encuadrarla en una escena o género, y en sus poderosos discos tampoco. Tras su vuelta a la Unión Americana la cantautora ha reforzado su lado de profundidad en las raíces de la música estadounidense. En sus últimos álbumes se ha enfocado hacia el blues-rock, el country sureño y el rockabilly vintage.

BEAUTIFUL YESTERDY (FOTO 2)

 

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MIS ROCKEROS MUERTOS

Por SERGIO MONSALVO C.

(octubre-diciembre 2019)

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Eric Clapton concibió el concepto estético del grupo como un trío de blues que interpretara piezas largas y eléctricas y se mantuviera en el gusto de los aficionados al género. No obstante, el éxito de Cream, que así se llamó tal formación, rebasó incluso las fronteras de la imaginación más desatada.

Si bien su existencia se redujo a dos años, el tríptico representó el prototipo del grupo de rock exitoso y “moderno” de los años sesenta, el “Power trio”. Caracterizado por un volumen fuerte, basado en el blues, audaz en el aspecto instrumental (imbuido en el jazz del que 2/3 de sus componentes eran originarios) y muy rítmico, Cream conquistó al mundo con sus bombásticas y largas interpretaciones en vivo.

De tal modo, el conjunto fue fundado a mediados de 1966 por tres experimentados jóvenes de la escena londinense. Jack Bruce (bajo, armónica y voz) y Peter “Ginger” Baker (batería y voz) habían constituido la sección rítmica de Alexis Korner a fines de 1962 y tocaron con Graham Bond de 1963 a 1965; Bruce fue brevemente compañero de Clapton en la agrupación de John Mayall en actuaciones off-record.

Cream sucumbiría ante las presiones externas del éxito y las disensiones internas (los dioses habían despertado y “obsequiado” la magalomanía de los semidioses: era cuestión de seguirse divirtiendo). Luego de una extensa y combustible gira por los Estados Unidos todo finalizó para el trío en un concierto de despedida realizado en la Royal Albert Hall de Londres.

Los integrantes del trío emprendieron caminos distintos. Bruce retornó a las huestes jazzísticas y se unió al emergente grupo Lifetime de Tony Williams. Clapton y Baker, por su parte, no habían quedado tan hartos uno del otro y siguieron hablando de proyectos. No era cosa de mantenerse estáticos en un año en que el Concorde aparecía en el mundo y el hombre llegaba a la luna o se realizaba el Festival de Woodstock; No, no era tiempo para estarse quieto.

A comienzos de diciembre de 1968 el rumor comenzó a expandirse. Los periodistas especializados comentaban que con la disolución de los grupos de Eric Clapton (Cream) y de Steve Winwood (Traffic), ambos tenían la oportunidad de tocar juntos en una nueva integración o por lo menos realizar un disco que resultara extraordinario.

El rumor tenía como fundamento las periódicas jam sessions que los dos músicos hacían formando trío con el baterista Ginger Baker. En mayo de 1969 el grupo dio a conocer su nombre, Blind Faith, y la incorporación del bajista de Family, Rick Grech.

"Blind Faith" Portrait

Para su debut anunciaron un concierto gratuito en el Hyde Park de Londres.  Días antes del acontecimiento el grupo ocupó las portadas de todas las revistas y periódicos del medio, en las cuales se le daba al suceso una importancia de proporciones gigantescas. Se comenzó a utilizar por primera vez la palabreja “supergrupo” para denominar a una integración rocanrolera.

En agosto fue publicado el disco que llevaba el mismo nombre del grupo: Blind Faith.  Sin embargo, una vez finalizada la gira por los Estados Unidos, las polarizadas concepciones musicales, la excesiva comercialización por parte de los promotores y la desilusión ante las falsas expectativas, hicieron que los integrantes de Blind Faith optaran por separarse.

Eric Clapton anunció su intención de grabar un disco como solista. Baker, Winwood y Grech seguirían unidos en la banda Air Force organizada por el propio Baker. Después Winwood la abandonó para volver a formar Traffic, al cual posteriormente se anexaría Grech.

Peter Edward “Ginger” Baker, conocido más por su apodo, era un pelirrojo inglés nacido hacia finales de la década de los años treinta contaba en ese entonces ya con un currículum impresionante. Además de los grupos mencionados había tocado jazz en sus inicios con Acker Bilk y Terry Lightfoot; luego entró a las raíces del blues con la Blues Incorporated de Alexis Korner y el Graham Bond Trio.

Así que un músico dinámico y creativo como él no se sentó a disfrutar con sus pasadas glorias. Recordó su enorme afición y sus orígenes dentro del jazz y para enero de 1970 ya estaba integrada la nueva banda, la cual combinaría esos orígenes con lo vivido dentro del blues y el rock y proyectaría la búsqueda de nuevas expresiones con la inclusión de músicas del Continente Negro.

En la aventura nominada Airforce lo acompañarían Stevie Winwood en los teclados y la voz; Graham Bond en el sax barítono; Denny Laine (ex “Moody Blues) en la guitarra y los coros; Chris Wood (ex “Traffic) en el sax tenor y la flauta; Rick Grech (ex Family, ex Traffic, ex Blind Faith) en el bajo y el violín; Remi Kabaka (músico africano) en las percusiones.

El propio Ginger Baker concibió una forma de tocar la batería (a la que llamó “de combate”), en combinación con el igualmente jazzista Seamen, que mostró el grado de sofisticación requerido por la naturaleza de la banda, con un ritmo complicado que subrayó aún más la maestría de sus improvisaciones (mismas que años después se repetirían cuando tocó con Elvin Jones y Art Blakey).

Con esta formación Airforce se presentó en el Royal Albert Hall de Londres en ese 1970 para dar dos conciertos que quedaron impresos en el disco en vivo con el nombre de la banda (en el sello Polydor), del cual destacan las piezas “I Don’t Care” y “Early in the Morning” (composición y arreglo de Baker), así como “Da Da Man” (de McNair) y “Aiko Biaye” (de Kabaka).

Originalmente la banda tenía la intención de separarse después de dichas presentaciones; sin embargo, Baker percibió la posibilidad de proseguir por ese camino. Y aunque algunos miembros sí la abandonaron (Winwood y Grech), Baker produjo otro disco en estudio con el agregado del baterista africano Speedy Acquaye.

No obstante los esfuerzos, la banda se disolvió en 1971, pero este grupo de músicos dejó un par de emocionantes discos, novedosos y plenos de improvisaciones, que ponían de manera vanguardista en primer plano los ritmos e instrumentos africanos, en los que Ginger Baker se volcaría totalmente a partir de entonces.

Se fue a vivir en a la capital de Nigeria, Lagos, para trabajar junto a Fela Kuti. En las últimas décadas del siglo XX, Baker se ganó una gran reputación el circuito de la world music, sin perder nunca de vista el jazz. De esta forma, integró el Ginger Baker Trio para seguir con sus exploraciones en su terreno original.

A pesar de los altibajos artísticos y sus problemas con las adicciones, su nombre fue siempre tan importante como el de otros músicos clásicos del siglo XX. Ginger Baker falleció el 6 de octubre del 2019, a los 80 años de edad.

 El fallecimiento de un músico de rock acarrea sentimientos en estado puro, una mezcla de sensaciones encontradas ante un final inextricable.

Otros rockeros desaparecidos en el 2019 fueron: Daryl Dragan (de Captain and Tennille), Paul Steven Ripley (The Tractors), Eric Haydock (The Hollies), Lorna Doom (The Germs), Chris Wilson (Crown of Thorns), Reggie Young (músico sesionista), Pepe Smith (músico filipino), Phil Western  (Download), Mark Hollis (Talk Talk), Scott Walker (The Walker Brothers), Wowaka (músico japonés), Roky Erickson (13th. Floor Elevators), Dave Batholomew (compositor), D. A. Pennebaker (cineasta y documentalista rockero) Daniel Johnston (rockero, cantautor, artista plástico), Eddie Money (cantautor), Ric Ocasek (líder de The Cars), Robert Hunter (poeta, letrista de Grateful Dead), Ginger Baker (Cream, Air Force), Marie Fredriksson (Roxette) y Sleepy LaBeef (profeta del rockabilly).

A todos ellos, gracias.

VIDEO: GINGER BAKER’S AIRFORCE – Tell Me a Story (Toady), YouTube (Frank Westwood)

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DEBUT

Por SERGIO MONSALVO C.

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 BJÖRK

A fines de los años ochenta, Björk transportaba las canciones de los Sugarcubes islandeses a otras galaxias, como cantante principal siempre gimiente, muchas veces aullante. Al desintegrarse el grupo se mudó a Londres.

Profundamente impresionada por las house-parties y los ritmos urbanos, la princesa de los indies y alternativos se dejó seducir por una compañía discográfica grande: Island Records.

Ésta presentó a Björk, la cantante fugada de los Sugarcubes en su primer muestrario como solista, con el gusto edulcorado de un cuento de hadas de la nueva era: Debut (1993).

Todo con mucha fineza. Como una comedia musical moderna en la que Blancanieves vocalizaba entre un club house y jazz de cabaret. Pasaba del uno al otro de acuerdo con las piezas o permanecía en la calle entre ambos, para escuchar los sonidos filtrados y mezclarlos en un solo título.

Björk recurrió a la tecnología para comunicar sus paisajes interiores. Pero no abusó de ello. La prioridad estuvo en las sonoridades acústicas y los instrumentos clásicos. Hubo muy poca guitarra. Dominaron los metales, las percusiones, el arpa y el piano. Sampleados o en vivo.

Instrumentos que tejieron ambientes, armazones más que muros, que se fueron formando con toques discretos detrás de una fachada decididamente a capella.  Resplandeciente, nostálgica, seductora, mágica, lánguida, la voz desempeñó el papel principal en esta obra magna en technicolor.

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Tornamesa

ABWÄRTS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL PUNK EXPRESIONISTA

El grupo alemán Abwärts representó el puente musical entre la desesperanzada resignación de aquellos tiempos y el ideal anárquico original del punk de la ciudad de Hamburgo, el cual desde mediados de los años setenta se fomentó en los edificios desahuciados que ocupaban los estudiantes, los artistas y vagos anexos, en el barrio llamado Karolinen.

Sus muchas presentaciones en los bares portuarios y un exitoso Extended Play con la canción “Computerstaat” (Estado computarizado) los convirtieron en puntales de una agresiva vanguardia rockera en idioma alemán. Frank Z. (Ziegert) se encargaba de las guitarras, de la voz y de los textos interpretados con un estilo de monotonía hipnótica y en el slang de la localidad.

Por otro lado, F. M. Einheit, la presencia más dinámica del grupo sobre el escenario, tocaba los sintetizadores, la percusión y apoyaba en los coros; Margitta Haberland se apasionaba con el violín, mientras Marc Chung lo hacía con el bajo y Axel Dill con la batería en un trabajo rítmico sumamente preciso.

Amok Koma, su primer disco aparecido a finales de 1980, solidificó la buena reputación del grupo y lo convirtió en uno de los líderes de la denominada “Neue Deutsche Welle” (Nueva Ola Alemana), corriente que se había gestado en las postrimerías de los setenta. Intempestivamente y en el pináculo de la fama dentro de su país, Abwärts pareció desintegrarse sin motivos aparentes.

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VIDEO SUGERIDO: Abwärts – Türkenblues, YouTube (Flaming Moe)

M. Einheit se unió de manera transitoria al grupo Palais Schaumburg y luego ya en forma definitiva con Einstürzende Neubauten; Dill y Chung canalizaron sus inquietudes artísticas a través del fotógrafo Bodo Dretzke, el cual produjo un disco sencillo con la voz original del papa Juan Pablo II, mientras los tres se recreaban musicalmente en el punk más espeso y decidido. El E.P. se puso en circulación bajo el nombre del grupo: Der Favorit.

Ante la sorpresa general Abwärts se reunió para grabar el disco Der Westen ist einsam (El Oeste es solitario) (Phonogram) que apareció en 1982. En él ya no participó Margitta; profundizaron (con lazos hacia la New wave) en los abismos espirituales; tocaron con mayor habilidad técnica y se hundieron en una temática más sombría, pesimista y de depresiones tridimensionales. Luego realizaron una gira dentro de Alemania, tras la cual volvieron a desbandarse.

Seis años después retornaron a los estudios para producir el disco Abwärts (Decadencia) (Efa, 1988), con una música superior y bien lograda. Un L.P. actualizado, con un beat establecido por la computadora, una pulida producción y piezas hábilmente seleccionadas.

En él se encontraban dos cóvers: uno, el de “Hotlegs” al que rebautizaron como “Neanderthal Man”; y otro, la interpretación que hacen de “You Only Live Twice” (de la película de James Bond del mismo nombre). El disco estuvo dominado por las aportaciones de Frank Z. Los desfigurados tonos quedan al fondo, mientras en primer plano se ejecuta una música armoniosa que acompañó letras irónicas y sencillas.

En los albores de una nueva década, los noventa, Abwärts reapareció con una nueva muestra musical fuerte y segura (industrial): Ich seh’ die Schiffe den Fluss herunterfahren (Veo a los barcos bajar por el río) (Virgin, 1990). Un rock duro y energético como principal elemento, aunque en ocasiones, como en “Sandmännchen” (El viejito de los sueños), los acordes de las guitarras acústicas le den un toque casi lírico.

Con este disco, Abwärts retornó al ambiente de “garage” que a veces llegaba a enrarecimientos expresionistas matizados hasta el límite por el estilo recitado de la voz de Frank Z. Con esta producción noventera el grupo incursionó en forma efectiva dentro de la era que se dio en llamar de la “conmoción alemana”.

Desde entonces Abwärts ha sido un carrusel de cambios de personal. Ha transitado por el siglo XXI con discos de estudio, en vivo y antologías de toda índole (Neue Deutsche Welle, Punk, Krautrock), sus miembros han publicado algún libro por ahí, se han acercado al cine, relacionado con otros grupos y proyectos y mantenido un perfil bajo como grupo. Su más reciente álbum fue Smart Bomb, del 2018.

VIDEO SUGERIDO: Abwärts – Sonderzug Zur Endstation. wmv, YouTube (ednakrababble)

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

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 PULSOR 4×4 / 15

 (1968)

En 1968, los estudiantes de la Sorbona de París encabezaron una revuelta general en Francia.

En los Estados Unidos, Martin Luther King fue asesinado.

En México, el gobierno reprimió con brutalidad y crimen el movimiento estudiantil. El fatídico 2 de octubre.

En 1968, mientras el orbe se mostraba agresivo contra sus jóvenes, las aspiraciones artísticas del grupo Velvet Underground se asociaron con las de Andy Warhol para producir su primer álbum, en donde entonaban las canciones oscuras, densas sobre el submundo de la droga con una música de siniestra intensidad, la cual ha permeado desde entonces a varias generaciones. Lou Reed, John Cale, Sterling Morrison, Nico y Maureen Tucker trascendieron en la historia.

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Ese año, Leonard Cohen lanzó su primer álbum. El poeta surgido de Canadá con disciplina y autoexploración analiza el yo hasta la línea que “puedes defender, en la que se puede envolver tu voz sin asfixiarte”. Con esta conciencia del compromiso con la poesía y la canción viene la humildad que también definió desde entonces la obra y las actuaciones de Cohen. El poder de la voz y la palabra.

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El tercer grupo de importancia en San Francisco fue Big Brother and The Holding Company, cuya principal atracción era la cantante Janis Joplin. Al principio su nombre no figuraba en cartel, pero cuando editaron su segundo álbum, Cheap Thrills, en 1968, se hizo evidente que el resto del grupo no hacía más que acompañarla. El álbum vendió un millón de copias y se colocó en el número uno. Janis era el blues encarnado en una mujer blanca.

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Steppenwolf, al mando del cantante John Kay, estaba orientado hacia el rock psicodélico y sus referencias a la droga y al mundo marginal eran abiertas, críticas y realistas, tal como indican sus canciones más celebradas: “The Pusher”, “Magic Carpet Ride” y “Born to Be Wild”. Esta última era una oda representativa de los outsiders de la época.

En 1968, el flower power languidecía. El mundo entero estaba en conflicto. Nuevas formas de ver la vida o de vivirla se contraponían a los viejos esquemas y esto provocaba choques de toda índole. Por ende, la música tuvo que endurecerse. La efervescente escena inglesa se encargó de crear a un grupo que se convirtió en el crisol del momento: dureza, virtuosismo, volumen, contradicciones sociales. Un ambiente pleno de electrificación: Led Zeppelin.

VIDEO SUGERIDO: Led Zeppelin – Communication Breakdown “1969” (Good Quality), YouTube (ubackdoorman)

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PULSOR 4x4 (REMATE)

CORRE, CONEJO

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (JOHN UPDIKE)

 I

 En una parte del poema de Wallace Stevens Un conejo, rey de los conejos se puede leer lo siguiente: “La dificultad de pensar al final del día,/cuando la sombra informe eclipsa al sol/y sólo queda la luz sobre tu abrigo de piel…”.

De esta cita, el escritor John Updike (nacido el 18 de marzo de 1932, en Shillington, Pennsylvania – y fallecido en Massachusetts, el 27 de enero del 2009) tomó la sensación causada por ese momento del verso de Wallace y desarrolló en una saga, la proyección narrativa sobre la realidad de la american way of life y su manera de sentir al mundo.

El personaje que Updike utilizó para esto se llamó Harry “Conejo” Angstrom, personaje principal de una serie que llegó a los cinco volúmenes. A Harry se le conoció por primera vez en la novela Rabbit, Run (Corre Conejo, de 1960).  En dicho texto, Updike presentó la historia de un hombre casado, de 26 años, con un hijo de dos y en espera de otro, que de repente se revuelve contra la vida que lleva y lo abandona todo.

Sí, simplemente huye, teniendo como trasfondo la obsesión por su fulgurante pasado con el equipo de basquetbol, del que obtuvo su apodo (“Conejo”). En esta novela, no muy extensa, trata el tema de un joven hombre inestable e inmaduro que, al anhelar el glamour y la aclamación recibida antaño, cuando fue atleta en la preparatoria, abandona a su esposa e hijo.

En sus andanzas involucra sus apetencias sexuales y, a través de tales relaciones, confronta su existencia y reflexiona sobre ella largamente para luego optar por cómo vivirla a través de las dudas que lo corroen. El gran acierto de Updike siempre fue contar, de manera diáfana y aguda, sobre sus contemporáneos, aparentemente bien instalados, y de sus complicaciones con el tiempo en que les tocó vivir.

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En la segunda narración, Rabbit Redux (Conejo regresa, de 1971), ubicada una década más tarde, Harry es un trabajador operario y más grueso en sus sensibilidades como ente social que se consume entre el vacío y la desolación, convencido plenamente de que la inmovilidad es insoportable. Ese mal absoluto que no admite para él justificación racional de ningún tipo.

Se pone a escudriñar en los pozos y agujeros que han generado en él un odio grande por la vida. Con esta entrega, el escritor es capaz de volver a poner en escena ese fenómeno que tantas veces resulta inconcebible para el hombre promedio de una sociedad confortable, el cuestionamiento sobre sí mismo o su circunstancia.

Sigue sus pasos, abre poco a poco cada capa de su conciencia, reconstruye su historia y da cuenta de sus emociones. Lo relevante no son, sin embargo, sus creencias, sino cómo esas creencias le obstaculizan construir su propia identidad frente a un entorno del que se siente marginal, del que no forma parte y cuyas promesas le resultan remotas, banales, confusas y sin derroteros claros.

Diez años después, Harry reaparece en Rabbit is Rich (Conejo es rico, 1981). Está gordo, tiene 46 años, y al fin pertenece por completo a la clase media. Vive con su esposa y su suegra y maneja un negocio de automóviles. Pertenece al Club Rotario y por primera vez se siente casi feliz. Tiene recursos y el sordo terror que siempre lo inquietó se ha atenuado.

Sin embargo, su euforia no dura. Los acontecimientos conspiran contra él y el problema ahora es con su hijo, un tipo amargado, temeroso, que detesta a su padre y está cansado de ser joven. A partir de ahí, Updike crea una obra intensa, delicada, impregnada de un melancólico reconocimiento de la mortalidad. Por esta novela, en específico, fue galardonado con el Premio Pulitzer de 1982.

VIDEO SUGERIDO: Phoenix – Run Run Run (Best Quality), YouTube (Universal Music Nederland)]

 La aparición de Rabbit at Rest (Conejo descansa, en 1990) puso de nueva cuenta al personaje en circulación y ya con más de medio siglo de vida, con sus encuentros sexuales variados, la vida de los suburbios residenciales, los atardeceres melancólicos, la lascivia hogareña, las noticias actuales de fondo brotando de televisiones y periódicos.

Es un hombre más o menos profesional y, aunque educado en el puritanismo protestante y blanco, se mantiene siempre poseído por la sátira descreída pasada por todos los colores. E igualmente, por la erosión del  paso del tiempo en los rasgos de un país tan moderno como decadente.

Finalmente, con Rabbit remembered (Conejo en el recuerdo, 2000) Updike volvió a conquistar al lector con una fascinante coda de la célebre tetralogía dedicada a su emblemático personaje. El autor retornó a los suburbios para hacer un tour de force con todos los ingredientes del melodrama, la tragedia, el humorismo y la memoria que emerge con todo su poderío.

Más allá del humor Updike plantea en esta última entrega ése, uno de los grandes conocimientos de la existencia, que es válido para cualquiera: la venganza final de la memoria, el hecho de que la vida no se vive impunemente. Que es algo que le estalla a cada uno de estos personajes y le muestra una lectura distinta del pasado, no precisamente la selectiva.

 En esta historia se reencuentra al gran Updike. Al de los perfiles rotundos y elocuentes, con un cierto trasfondo enigmático. Al agudo observador de una sociedad donde los individuos se difuminan en consonancia con la magnitud sus sueños perdidos.

Al que expone el absurdo en el que nos movemos, sin temor a enseñarnos las miserias sentimentales, las ensoñaciones lúbricas, la fragilidad de las relaciones humanas y el carácter apagado con que se resuelve la vida, que, a pesar de todo, siempre está en espera de algo que le dé sentido.

II

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Dave Alvin era un joven que en 1979 escribía poemas, leía con obsesión a los beats, a John Updike y coleccionaba discos. Para ganarse la vida trabajaba en la cafetería de un sórdido motel de carretera cercano a Los Ángeles, en California, donde residía.

Cuando los Sex Pistols llegaron a la Unión Americana para realizar una gira, leyó la noticia y se enteró de que Johnny Rotten y él tenían la misma edad. Eso lo decidió. Para conservar la cordura debía dejar su lastimoso trabajo y dedicarse al rock and roll. Ahora escribiría canciones.

Reunió a su hermano y amigos en un garage abandonado de la ciudad y los instó a reproducir algunas piezas de los discos que le gustaban de rockabilly, rock and roll, de blues y de rhythm and blues. Comenzaron a tocar. Desde entonces llamaron a su música roots eléctrica, porque The Blasters (como se nombraron) tomaban todas las tradiciones de tales músicas y las tocaban a través de amplificaciones sustentadas en el punk.

Se convirtieron en una especie de historiadores oficiosos de dichas corrientes. Habrá que decir esto: La escena punk de Los Ángeles era mucho menos sociológica y política que sus contrapartes londinense y neoyorquina. Los grupos participantes en ella se interesaban mayormente en los conocimientos sobre la música y en la técnica requerida para interpretarla. Entre ellos (X, Black Flag, The Plugz) comenzaron a detacar los Blasters.

En Los Ángeles se hicieron de un selecto grupo de fans, que también asistían a las discadas y lectura de poemas que hacía Dave en su casa, entre los asistentes  se encontraba el director de cine Walter Hill, quien pronto llamó al grupo para colaborar con él, tocando y actuando, en la cinta Steets of Fire. Quentin Tarantino hizo lo propio tras escucharlos en vivo y los incluyó en la película de culto From Dusk Till Dawn.

La banda se mantuvo unida hasta 1986, fecha en que Dave decidió seguir una carrera como solista, pues también requería de tiempo para seguir escribiendo poesía y para plasmar en papel todo lo que había observado sobre su país, la parte profunda y oscura, en las giras realizadas.

El estilo en que lo hizo era una combinación de retórica punk y dark americana, mezclada con imágenes de realismo sucio. Nada de romanticismo, sólo observación de la vida que lo rodeaba, tal como le aprendiera a Updike.

Con el paso del tiempo y la publicación de dos libros: Nana, Big Joe & the Fourth of July (Iliteratim, 1986) y Any Rough Times Are Now Behind You (Una selección de poemas y escritos entre 1979 y 1995, Incommunicado Press, 1996), Alvin decidió escribirle una canción a su gurú literario. Aquél le había dado mucho (literalmente, en más de 60 libros publicados entre novelas, poesía, teatro, cuentos y ensayos), Dave lo tendría que hacer en unos cuantos minutos.

Antes de hacerlo reunió los temas que otros músicos le habían dedicado, para no caer en algún lugar común, empezando por Pink Floyd, pasando por The Hoosiers, Fleet Foxes hasta My Chemical Romance. El mundo del rock había sido agradecido con el escritor.

Ahora le tocaba a él. Tituló la pieza como el primer libro de la saga (mezclando el español con el inglés: “Run Conejo, Run”, su herencia californiana), y utilizó el estilo word spoken (su herencia beat) mezclado con el musical de Bo Diddley (su legado roots-rockero).

Conejo Arsmtrong es un personaje atractivo, que reflexiona con ironía sobre su condición; es el retrato del hombre contemporáneo que Updike comprende e intelige con interés. El adulterio, la frustración, la soledad, la angustia, el sexo, son los temas en la narrativa de Updike en tales libros.

Y éste último mostró con sorprendente claridad el curso exacto de la desintegración; trasmitió el temor sin recurrir a la violencia o al melodrama e irrumpió contra los símbolos de una mitología que había sustentado una forma de vida.

VIDEO SUGERIDO: Barron vs. Pink Floyd – Run, Rabbit Run, YouTube (Barron)

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“SUSIE Q”

Por SERGIO MONSALVO C.

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 BABY, I LOVE YOU

 Nunca deja de sorprenderme la capacidad que tiene una canción para sintetizar una experiencia, un sentimiento, una emoción. Pero más sorpresa causa que pueda hacerlo en el corto plazo de dos o tres minutos.

Aquellos que se hayan enamorado alguna vez, sabrán del cúmulo de cosas que se desprenden de esa visión que causa la imagen de otro ser, sus movimientos, sus expresiones. Una experiencia que puede ir de una sacudida existencial hasta el más primitivo de los deseos carnales. Así de amplia es la gama de un momento dado.

Cuando una canción nos habla de ello en el breve lapso de su duración, y reconocemos en el transcurso de sus surcos dicho instante, esa pieza pasará inmediatamente al almanaque de nuestro soundtrack particular, y esa melodía nos acompañará por el resto de nuestra vida. Igualmente, cuando muchos reconocen en ella situación semejante, entonces dicha canción pasará a la psique colectiva y se volverá inmortal.

No importará si está compuesta con un ejemplar lenguaje poético o con la simpleza del habla cotidiana. A final de cuentas quedará instalada en el nicho de la sonoridad emocional humana. Y así como está conectada a ella, también lo estará, por fuerza, con otras manifestaciones, principalmente las artísticas y las mediáticas. El arte rockero se relaciona con todo.

El rock inició su andar con la radio, al mismo tiempo que con el cine. Desde entonces sus historias han sido tan largas como productivas. Todo fanático legítimo del género comienza su biografía emocional, su educación sentimental, sus afinidades electivas, con la escucha de la radio, en cualquiera de sus épocas. Las historias sobre esta relación llenan páginas y páginas en el devenir de tal música.

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La historia que hoy nos convoca tiene que ver con ello; la narración sobre las andanzas de una canción en tres tiempos. Primeramente, la del adolescente que la creó en un momento de exaltación para luego, tras la euforia ser esquilmado por los detentadores de la industria. Este joven se llamaba  Delman Allen Hawkins, pero era conocido como Dale.

Nació el 22 de agosto de 1936 en Goldmine, Luisiana, zona de granjas pobres y una de las regiones más deprimidas y apartadas de la Unión Americana (plagada de pantanos y caimanes y de las que la Gran Depresión había hecho polvo). Durante la infancia, en su choza familiar, creció escuchando en la radio (la única diversión que había) antiguas baladas de los inmigrantes franceses, el góspel de la iglesia y el canto bluesero de las plantaciones cercanas.

Aquello acabó cuando su padre, un músico de bluegrass, falleció en un incendio, quedando huérfano. Fue enviado a un orfanatorio en otra localidad, a orillas del río Rojo, donde por las noches sintonizaba la estación local de radio, la cual trasmitía las primeras canciones de Elvis Presley. Vivió de esta manera el nacimiento del rock & roll, entre la fatalidad, la pobreza y los ritmos locales (swamp, blues y country).

Al cumplir los veinte años Hawkins ensayaba con una guitarra que se había comprado con lo que había ahorrado vendiendo periódicos en la calle, cuando conoció a Susan Lewis, quien se acercó a escucharlo. Verla caminar y escucharla hablar hicieron que se prendara de ella. Le escribió una canción en clave de rockabilly y quiso grabarla en el estudio Jewel/Paula, del padre de Susan.

Éste, ante la oportunidad exigió que lo pusieran como coautor ya que su hija había inspirado la letra y también que anotaran entre los nombres de los créditos a Eleanor Broadwater, esposa de un DJ que la programaría en su estación de radio, como payola. Además le cobró los 25 dólares de cuota por grabarla.

Joven e inexperto, Dale Hawkins sólo quería escuchar la canción en un disco y lo demás no le importó. “Susie Q” se convirtió en seguida en un éxito desde su aparición en 1957. La inocencia erótica de aquel flechazo y su grito extasiado (“Me gusta como caminas / Me gusta cómo hablas / Mi Susie Q”), fue el inicio de la descripción poética de tal momento, que aún continúa efectúandose por doquier.

Pero Dale jamás vio un centavo de regalías. Todas le fueron birladas por el dueño de aquél estudio. Y lo único que le quedó fue el reconocimiento del medio por su síntesis de los estilos sureños de Louisiana, por el solo de guitarra y riff de Jim Burton y por su contribución al legado del rock (el swamp rock), debido a ello con el tiempo fue ungido al Salón de la Fama del mismo y la canción inscrita entre las 500 históricas que lo formaron.

VIDEO SUGERIDO: Dale Hawkins – Susie Q LIVE, YouTube (hepcat68’s)

En noviembre de 1967, una década después, surgió Creedence Clearwater Revival (antes The Golliwogs) con un nuevo comienzo de tocadas, bailes y demos. Por ese tiempo el grupo participó gratuitamente en un concierto de apoyo a una huelga de programadores de radio de la cadena KMPX, así que cuando John Fogerty le presentó su material más fresco —una versión del clásico “Susie Q” de Dale Hawkins—, al asesor de programación Bill Drake, éste escuchó la versión, lo entusiasmó y la recomendó a todas las estaciones de radio que atendía a pesar de su larga duración (8’36”). Los DJ’s de la cadena californiana la programaron sin parar en retribución a su apoyo huelguístico.

Creedence File Photos

Los distintivos sonidos de un poderoso y sugerente estilo, tan diferente de lo que se escuchaba por entonces, una mezcla de rock sureño con psicodelia (el sonido del vibrato extendido en la guitarra está presente en el tema, al igual que las versiones blueseras largas y reflexivas, donde su largueza recrea atmósferas y permite el viaje mental del escucha).

Además de un brillante trabajo de producción y uso del estudio, fueron las cosas que permearon los aires primaverales de una Bahía acostumbrada al nacimiento de todo lo imaginable y se extendió vigorosamente por el resto de la Unión Americana. Tan rápido que pronto el tema llegó al Top Twenty para sorpresa de los ejecutivos y el nuevo dueño de la compañía que no estaban preparados para el fenomenal acontecimiento.

No tenían listo un LP completo del grupo. El éxito de “Susie Q” los obligó a incluirla en el rápido ensamblaje del álbum en su versión completa, tal como se trasmitía en la radio, y para ello la dividieron entre el lado A y B del mismo. Así apareció Susie en el homónimo primer disco, Creedence Clearwater Revival (en julio de 1968), que la incluyó entre sus ocho temas, que pusieron al sonido Bayou en primera plana.

Y así como esta canción surgió de una inocente atracción, pasó luego a ser emblema, hasta llegar a ser usada, otra década posterior, como banda sonora de la barbarie, de la exacerbación de los bajos instintos, los salvajes y más primitivos. Esos que son soltados como arma arrojadiza durante un enfrentamiento bélico para mantener excitados a los combatientes. Así la plasmó Francis Ford Coppola en la película Apocalypse Now.

A una base militar en Vietnam llega un helicóptero con un grupo de Playmates, como parte de una operación de entretenimiento para los soldados. En cuanto el aparato toca el escenario los músicos comienzan a tocar “Susie Q”. Las muchachas, con diferentes y brevísimos disfraces, descienden e inician el espectáculo de su baile. La soldadesca (alcoholizada y drogada), con meses o años sin salir de aquella jungla, enloquece, vocifera, chifla y lanza frases y gestos canallas hacia ellas. En turba se lanzan enardecidos al podio sin que la policía militar pueda contenerlos. Hay peleas, granadas de humo y un tumulto generalizado que hace que las “conejitas” huyan. Se van con el espectáculo al siguiente campamento entre las notas finales de la pieza…

Cada canción importante es poliédrica y cuenta con infinidad de historias en su haber, como “Susie Q”. De eso trata el canon musical de un género, de cómo unas letras, unas notas, una melodía, presentan a las personas o sus emociones en cualquiera de sus extremos. Nunca dejan de ofrecer otras lecturas, como lo deben hacer los clásicos.

VIDEO SUGERIDO: Suzie Q – Creedence Clearwater Revival, YouTube (Creedence Clearwater Revival)

SUSIE Q (FOTO 4)

 

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