BABEL XXI-511

Por SERGIO MONSALVO C.

MIS ROCKEROS MUERTOS

(2020)

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Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

Exlibris 3 - kopie

PULSOR 4X4 – 40

Por SERGIO MONSALVO C.

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

(1993)

En 1993, Checoslovaquia se dividió en República Checa y República Eslovaca.

El británico Linford Christie se convirtió en el hombre más rápido del planeta al cronometrar 9 segundos 87 centésimas en los 100 metros planos.

En tal año, Bill Clinton fue electo presidente de los Estados Unidos.

Toni Morrison obtuvo el Premio Nobel de Literatura.

Ese año murieron William Golding, Federico Fellini, Audrey Hepburn, Brandon Lee y el mexicano Mario Moreno “Cantinflas”.

Se estrenaron las películas La lista de Schindler, Filadelfia y El piano.

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En 1993 llegó a los canales de video el grupo de Counting Crows con canciones habitadas por deseos incumplidos. La banda de Adam Duritz realizó sus temas de rock tradicional para luego perder la brújula en sus siguientes álbumes.

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Al escuchar el disco con el que debutaron los Cranberries, uno se pregunta qué habrían escuchado las señoritas modosas de los años noventa de no existir grupos como éste. Ese quizá fue su mérito histórico.

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Aunque ligeramente inferior a su triunfal predecesor Pump, la segunda colaboración de Aerosmith con el productor Bruce Fairbain, Get a Grip, los ratificó como medida standard contra la que podía medirse todo grupo que tocara rock duro.

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El álbum In Utero de Nirvana marcó el suicidio de la inocencia. El nihilismo poetizado por Kurt Cobain le dijo no a todo lo manejado por el hombre en esta época: el fin de las utopías, de las creencias, de los valores, de las ideologías. Una reflexión sobre la cultura que le costó la vida a un rockanrolero.

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El disco Debut fue la presentación solista al mundo de una visionaria ninfeta islandesa, conocida como Björk –ex Sugar Cubes–, con asistencia fluida y sensual del productor Nellee Hooper, que mostró a la encantadora excéntrica como la creadora de sonidos equidistantes de pop, jazz y house. Una probadita de lo que vendría en el futuro.

VIDEO SUGERIDO: Come to Me (Debut, 1993) HD Music Video, YouTube (Jorge)

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PULSOR 4x4 (REMATE)

MIS ROCKEROS MUERTOS: EDDIE VAN HALEN

Por SERGIO MONSALVO C.

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MIS ROCKEROS MUERTOS

(OCTUBRE-DICIEMBRE 2020)

Es curioso. Se mire por un lado o por el otro la visión será más o menos la misma. A la calle Michelangelostraat se puede acceder por el Zuider Amstel Kanaal, caminar el par de cuadras que le corresponden o, viceversa, desde la Minervaplein. Es, pues, una calle pequeña, básicamente conformada por casas habitación y dos o tres comercios.

Forma parte del barrio conocido como el Apollolanbuurt, dentro de la zona metropolitana denominada Oud Zuid. Dicho barrio fue construido hace un siglo (junto a los aledaños Hoofdorppleinbuurt y Slotervaart), entre las décadas de lo años veinte y los treinta del siglo XX, en el periodo entreguerras. Dentro del plan de modernización de la ciudad de Ámsterdam.

Al Apollobuurt se le concedieron para su ubicación 95 y media hectáreas del sur citadino. Y su construcción se planificó en el estilo de la Escuela Amsterdamesa de Arquitectura, que surgió por entonces. Tal escuela era parte de un movimiento estético ligado al expresionismo alemán de dicha disciplina. El vanguardismo de ese movimiento contribuyó en gran medida al desarrollo urbanístico de la capital neerlandesa.

Ambas corrientes arquitectónicas compartían su gusto por el uso del ladrillo rojo combinado con el hormigón en un diseño innovador. En este último había cierta influencia del Art-Nouveau. El cual se manifestó en los detalles como la tipografía de los dígitos que señalaban cada casa y los adornos tanto en las entradas de las mismas, como en las cornisas de techos y ventanas.

Toda esta novedad hizo del emergente barrio una zona de lujo y opulencia, que atrajo a la gente rica de aquellas décadas (muchos de ellos de ascendencia judía). Por eso mismo, cuando los nazis invadieron la ciudad en 1940, la ocuparon, arrestaron a los propietarios, los despojaron de sus propiedades y los deportaron a los campos de concentración e instalaron su cuartel general en ella.

También por eso mismo, los aliados la bombardearon hacia el final de la conflagración. Destruyeron una parte de ella, que tras el conflicto fue reconstruida bajo las mismas bases originales. Debido a eso el barrio recuperó su esplendor hacia mediados de la siguiente década, con el agregado cívico de incluir vivienda popular para equilibrar su desarrollo.

A su aire entre majestuoso y moderno buscaron cimentarlo con la nomenclatura de las calles, que fueron nombradas con referencias a la Grecia Antigua, así como a los compositores y pintores históricos más destacados. De tal suerte, a esa pequeña calle le tocó un nombre grande: Micheangelo.

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En 1955 el barrio lucía nuevo, olía a nuevo. Era como el año mismo: caracterizado por la exhibición cultural, en su caso arquitectónica. Sin embargo, también aquella fecha del calendario se constituyó con los fuegos de otras disciplinas. Origen es destino reza un dogma romántico. Tal  pirotecnia alumbró el nacimiento de Eddie Van Halen y lo acompañaría en su periplo artístico.

Éste nació en los albores del año, el 26 de enero. No iba a ser un año normal, dijeron los augurios. Era un miércoles y la reacción a sus fuegos lo caracterizarían igualmente. Y cómo no, si había llegado al mundo en el mismo momento que Michael Schenker, que practicaría las mismas artes que él en The Scorpions.

No. No iba a ser un año normal. Las artes lo certificarían. Por ahí brotó Jeff Koons (cuyos fuegos de artificio se manifestarían en la escultura y la pintura) o Simon Rattle (quien haría lo propio en el terreno de los sonidos clásicos), la gama de tal fogosidad sería amplia, como paleta de pintor o partitura de director de orquesta.

Esa paleta de bengalas iluminaría la literatura con la publicación del tercer volumen de El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien; la aparición y el temblor que provocó la Lolita de Vladimir Nabokov; el estremecimento con la temática de Graham Greene en The Quiet American (El Americano Impasible) o la inquietante atmósfera del Pedro Páramo de Juan Rulfo.

Por otro lado, la cohetería protéinica sería encarnada en la cinematografía por un actor icónico: James Dean. Símbolo de lo que ya fluía y lo permeaba todo como un magma, esa juventud que exigía cambios, en películas de estreno y paradigmas como East of Eden (Al este del Paraíso, dirigida por Elia Kazan) y Rebel With a Cause (Rebelde sin causa, de Nicholas Ray).

No. Ese año no sería normal. Porque su resplandor sería provocado también por el fulgor de dos canciones emblemáticas: “Maybelline” (el primer sencillo de Chuck Berry) y “Rock Around The Clock” (de Bill Haley), lanzadas al planeta en 1955.  El rock and roll llegaría a la cima de las listas de popularidad para permearlo todo.

Así estaba el mundo cuando nació Eddie (Edward Lodewijk) Van Halen el 26 de enero, como hijo de Eugenie van Beers (una mujer indo-neerlandesa de origen javanés) y Jan van Halen, saxofonista, clarinetista y pianista, que formaba parte de la Orquesta de la Fuerza Aérea Neerlandesa. De él, Eddie y su hermano, Alex, recibirían la afición por la música.

La escucha de discos y la radio en la casa que les había asignado el municipio, dentro del plan de equidad social de la vivienda, en aquella calle Michelanglostraat en la que nacieron los hermanos, era una constante. Cada vez que el papá llegaba o antes de irse a trabajar, ponía discos de diversos géneros, destacando el jazz y ese nuevo género llamado rock and roll.

Los niños alternaban en la calle con otros vecinitos o a la orilla del Zuider Kanaal o en la Minervaplein, según el juego. El tránsito vehicular era poco en aquel entonces. Y de esa manera pasaron el segundo lustro de los años cincuenta, antes de que su padre fuera movilizado a la ciudad de Nijmegen, al este del país, muy cerca de la frontera con Alemania.

Sin embargo, aquella estancia en la Michelangelostraat y la vida que Eddie llevó ahí (bicicleta, amigos, futbol, escuela cercana, todo acontecido en el mismo barrio de la ciudad) pudo resumirse en una palabra: felicidad, con todos los sonidos que quedarían grabados en su memoria y que luego transferiría a su instrumento, cuando la familia se mudó a California.

Donde Eddie se convertiría con el transcurso del tiempo en un innovador, en un hito, un creador y un virtuoso, características que lo encumbrarían como uno de los mejores guitarristas de rock de la historia. Todo eso sucedería en Pasadena, California, a donde se mudó con su familia en los primeros años  de la década de los sesenta.

Ahí, con el grupo que llevaría su apellido como nombre, desarrollaría un sonido, un estilo al fin y al cabo, que lo identificaría eternamente: el tapping. Eddie hizo escuela con esa técnica: es decir, tocar con las dos manos sobre el diapasón para que dos notas distantes pudieran sonar consecuentes a una velocidad inusual. Un método que implica armar arpegios rápidos pulsando las cuerdas directamente sobre dicho diapasón.

Una adaptación al contexto rockero del lenguaje de la música barroca (Bach)  y del posterior romanticismo (Nicola Paganini). Movimientos estéticos fundamentales y ontológicos del rock mismo. Eddie Van Halen dio con uno de los avances del instrumento más espectaculares (en el sentido más combustible de la palabra) de su tiempo.

El ejemplo más conspicuo de su estilo se condensa en la pieza con que músico y grupo iniciara su andar: “Eruption”. Una contribución musical inconmensurable. En ella hay espectacularidad, extroversión y hedonismo. Nadie había escuchado un sonido de guitarra como ese anteriormente. Todos los intérpretes desde entonces buscaron sacar ese sonido con el amplificador, el pedal, el cable, la uña o las cuerdas adecuadas, pero la simple verdad es que el misterio estuvo en sus manos.

La magia de la pirotecnia como arte, como elixir de la inmortalidad. Eddie Van Halen por ello se convirtió en uno de los mejores guitarristas de la historia. Su fallecimiento el 6 de octubre del 2020 selló se permanencia en el Olimpo y en el Salón de la Fama del Rock.

Otros fenecidos en el trimestre: Johnny Nash (cantautor), Ken Hensley (ex Uriah Heep) y Spencer Davis (creador del Spencer Davis Group).

A todo ellos: ¡Gracias!

VIDEO SUGERIDO: Van Halen Eruption Guitar Solo, YouTube (Hazardteam)

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SEÑOR COCONUT

POR SERGIO MONSALVO C.

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RETROFUTURO TUN-TUN

El Señor Coconut es un  “Reformista Ilustrado”, descendiente de la tierra donde se ubicaba la Casa de los Habsburgo, en cuyo quehacer artístico vemos proyectos que buscan transformar sistemas de escucha a fin de mejorar su percepción, mientras se mantienen ciertos elementos centrales de los mismos.

Tales proyectos que fueron percibidos básicamente como desestabilizadores y destructores del tiempo establecido (de su orden y espacio).

Su alternatividad hipermoderna (corriente estética en la que está inscrito el personaje), concibe tal reformismo musical como un proyecto general que, poseyendo una gran variedad de influencias o fuentes, está unido por una aspiración común de los miembros de su banda y familias “de antes” que los acompañan.

En la actualidad existente, esa aspiración común tiene su origen en el anhelo por lo no vivido. Es una cruzada moral por llamarla así.

La inspira una nostalgia sibilina que busca la obtención de cosas tales como la justicia social y cronológica para los géneros del hoy, que bajo su punto de vista deben afincarse de manera profunda y sensible en el heráldico lema de que “todo tiempo pasado sonó mejor”.

El Señor Coconut camina hacia atrás, pues, con pasito tun-tun. Es una marcha épica que avanza con la reversa de un vehículo en cuya radio se oyen los ecos de la High Fidelity (Alta Fidelidad) y el entrechocar de los hielos del Highball (ese coctel tan refrescante y festivo).

Pero ¿quién es El Señor Coconut?, se pregunta el respetable. A lo que el mismo mencionado responde: “El Señor Coconut soy yo”. Con ello muestra un bagaje cultural bien cimentado en la literatura, no por nada la recita de Flaubert en la aguda respuesta, con permiso de Madame Bovary.

(El Señor Coconut, aquí entre nos, responde en su pasaporte alemán al nombre de Uwe Schmidt -el alias de un tipo nacido en Frankfurt en 1968-  y que durante la década de los noventa habitualmente se ganaba el pan en su país natal como DJ, diseñador gráfico y productor de música electrónica, hasta que un buen día durante un descanso, tras darle durante horas a la tecla dance, decidió ponerse a jugar y mezclar ritmos al parecer antagónicos y ¡Eureka!: encontró el hilo de su propio estilo)

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Oculto tras el insigne nombre de Lassige Bendthaus, otro de sus múltiples alias, el Señor Coconut se dio a la tarea secreta de crear la fórmula para su nacimiento y trascendencia. Armó el disco Pop Artificielle, un álbum que incluía versiones latin en techno pop de David Bowie, los Stones, John Lennon y ABC, entre otros.

Uwe Schmidt ha dicho: “Coconut soy yo. Es mi idea. Yo compongo, arreglo, mezclo y demás. Coconut es de hecho un personaje imaginario, una especie de alter ego. Y éste representa básicamente un set de parámetros musicales que unidos forman la estética del proyecto ‘Señor Coconut’: son un cúmulo de referencias territoriales, históricas, citas, sampleos, etcétera, pero todo hecho con humor orgánico-tecnológico y ganas de divertir”.

El Señor Coconut emergió, pues, como un reformista del retrofuturo en el año 1996, un año antes de que Schmidt se fuera a vivir a Chile (invitado por Dandy Jack, un músico alemán con el que trabajaba, hijo de chilenos exiliados).

Llegar allí y permanecer alejado de la escena europea le permitió al creador trabajar en su criatura, y proyectar en ella su propia versión transoceánica de la música alemana que más ha trascendido: la de Kraftwerk.

VIDEO SUGERIDO: Senor Coconut – Showroom Dummies, YouTube (Nacionalrecords)

Tres años de estudios, acercamientos a la sonoridad latina y experimentos con su bagaje electrónico dieron como resultado, tras una noche tormentosa, llena de rayos, truenos y descargas eléctricas, al Señor Coconut y su carta de presentación: El baile alemán.

Se pudieron escuchar entonces las versiones de “Autobahn”, “Showroom Dummies”, “Homecomputer” o “The Man Machine”, pasadas por el tamiz del mambo, el cha cha chá y el merengue. Es decir, sutiles y descarados coqueteos de la tecnología del bit con el empírico latin rhythm.

De tan carnal unión nacieron los gemelos subgenéricos: laptop-mambo y acid-merengue, los reconocidos retoños de tal Señor, entre los evocadores gritos afrocubanos de Dámaso Pérez Prado y la hierática curiosidad de Ralf Hütter y Florian Schneider.

El Señor Coconut confesó, a todo aquel que se lo pidió, su afición por referencias hacia una época en que la hechura musical tenía otras maneras de ser, tanto de componer, tocar como de producir. Habló con regocijo de aquella época de mediados del siglo XX, de cuando hubo un peak de la música latina en el mundo y de unos nostálgicos años 40-50’s.

“En aquella época el conductor de orquesta seleccionaba la música de su repertorio, que en su mayoría había sido escrita por otros compositores. A eso se le llamaba tocar ‘standards’. Hoy se le conoce como hacer ‘cóvers’. A mí siempre me ha impresionado mucho esa época, en la cual la manera de ver la música era otra, incluso las portadas de los discos eran diferentes”, dice Coconut.

En su proyecto, el músico antes llamado Uwe Schmidt, trata de recobrar esa sensibilidad de la que habla y combinarla con su propia visión y experiencia personal como constructor musical. Para él “retomar” es recrear la idea del standard y darle importancia.

A partir del comienzo del siglo, cual quijote hipermoderno, el tal Uwe se ha puesto en el escenario como Señor Coconut tras su laptop (con una manzana como logo) y junto a su orquesta multinacional (en la que participan tanto nórdicos como caribeños; daneses, suecos o alemanes en la marimba, trompeta, sax, vibráfono, bajo y percusión, o un venezolano en la voz) versiona canciones de rockeros reconocidos o intérpretes del pop (como los Doors, Deep Purple, Sade, Michel Jarré, Daft Punk, Prince, la Yellow Magic Orchestra o Michael Jackson, entre otros) y las nutre con sus cocteles pimentosos.

El milagro de la transformación de distintos géneros en electro-latino (con guaguancó incluido) se ha dado desde entonces frente a distintos públicos, lo mismo europeos que japoneses o latinoamericanos.

El Señor Coconut ha tocado lo mismo en clubes reducidos que en festivales gigantescos, en restaurantes de Moscú, para eventos de la ONU en Noruega, en el Parlamento alemán o en un festival glitch de Montreal, en la inauguración de un mall en Francia o frente a la Ópera de Viena.

Una vez, por cierto, lo invitaron a presentarse en una plaza pequeña de una delegación casi rural del Distrito Federal mexicano, donde seguramente nadie los conocía, e iniciaron su actuación con las piezas de krautrock. Y, para complacencia suya, de repente las parejas de ancianos de 60 años o más empezaron a bailar cha cha chá y mambo como en los viejos tiempos, sólo que ahora lo hacían con la música de Kraftwerk.

El Señor Coconut es fan del techno, amante de la música global y un obsesionado por experimentar con ambos en atmósferas del pasado. Es un creador que se mueve entre las raíces y los cables, entre el corazón y las máquinas. Ha tenido éxito.

Uwe Schmidt, a su vez, continúa sus búsquedas por diferentes ámbitos y un arsenal de alias y colaboraciones como Atom Heart, DOS Tracks, Datacide y Ongaku, entre otros. La cosa es seguir poniendo patas arriba todos los clichés del mundo. De eso se trata.

VIDEO SUGERIDO: Señor Coconut & orchestra – Sweet Dreams – Live @ Fiera Milano City Mito 29/09/2010, YouTube (wally66100)

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MY BACK PAGES: HAIRCUT

Por SERGIO MONSALVO C.

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(GEORGE THOROGOOD)

Sin olvidar que ante todo el rhythm and blues es una bestia, Thorogood y sus Destroyers han afilado sus garras desde hace 40 años de manera cada vez más delicada, y sus discos finamente bestiales también le conservan sus honores de rebelde al mismo tiempo que le entregan un certificado de maestro.

George Thorogood se ha impuesto como uno de los grandes del blues moderno. Se ha convertido en un clásico a fuerza de tocar. Y cuando está realmente en forma, cuando se siente poseedor de la electricidad que de verdad sabe generar, entonces presenta un disco como Haircut, que de un solo golpe hacen parecer completamente insípido todo lo que se escucha en otras partes.

Thorogood alcanza lo esencial del rock. Y uno termina por decirse una vez más que, considerándolo todo, este género es un fenómeno espléndido que inculca nueva vida a la existencia.

No se encuentran en la generalidad de sus álbumes innovaciones arrolladoras, sólo blues y boogies sudorosos, tocados por un tipo que realmente los ama. Y esto basta para producir un festín generoso, con guitarras ásperas y cortantes, metales que truenan llenos de regocijo y una serie de cóvers que en su momento hicieron exclamar al mismísimo John Lee Hooker lo siguiente:  “¡Maldito chamaco, les va a quemar los huevos a todos si sigue tocando así!”  Y saben qué, tenía razón.

VIDEO SUGERIDO: George Thorogood & The Destroyers – Get a Haircut, YouTube (V Guimaraes)

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Tornamesa

BABEL XXI-510

Por SERGIO MONSALVO C.

BOB DYLAN 80 / 1

EL POETA Y SU TRABAJO

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Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

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PHIL SPECTOR

Por SERGIO MONSALVO C.

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EL MURO Y SU SONIDO

Phil Spector, el más legendario de los productores musicales en la historia de la música; cuyo nombre es sinónimo de genialidad en ese rubro; el que produjo discos míticos como el de las Ronettes, el Christmas Gift For You, el Death of a Ladie’s Man, de Leonard Cohen, el End of the Century de los Ramones o el Let it Be de los Beatles, está a punto de cumplir los 80 años de edad.

De su lado oscuro ya se ha hablado y escrito mucho, pero en el otro lado de la moneda está el Phil Spector luminoso, el mimado por la genialidad. El que lleva a lugares mágicos con su cancionero único y placentero, mezcla fascinante de euforia, inocencia y nostalgia atemporal.

Su obra permite al oyente descubrir a un productor que conocía los secretos del pop clásico de los cincuenta, gracias a su aprendizaje en el Brill Building neoyorquino. Spector aporta tales señas en cuidadas sinfonías, en pequeños adornos que serán decisivos en el terminado, pero sobre todo demuestra un conocimiento pleno del estudio de grabación en donde despliega toda su habilidad para captar la fogosidad de la música.

Lo impuso como el lugar para concretar todo el esplendor de las ideas sonoras (cuando las hay), ordenadas a base de horas y horas de trabajo, de sensibilidad sonora y desgaste en las relaciones personales con los intérpretes. Eso tuvo un nombre, clásico entre los conocedores de la música popular: The Wall of Sound (el muro de sonido, su criatura).

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Él se encargaba de todo el proceso realizador, mientras llenaba el estudio de instrumentos que intentaba que sonaran a la vez: dos pianos, varias guitarras, un clavicordio… Grababa todo y regrababa. Era un obseso de la perfección hasta conseguir una ráfaga divina que distinguiera cada canción.

En aquellos primeros años sesenta, nada había sonado igual. Era una eclosión instrumental tan abrupta, tan exuberante, tan efusiva que impactaba por su gloria. La meta estética del productor era captar la magia del primer beso o de ese primer amor juvenil, tan ingenuo como cegador. Spector era un romántico. Pensaba que en una canción de menos tres minutos se podía plasmar ese sentimiento efímero pero inolvidable, atrapar su belleza. Y lo logró como nadie hasta entonces.

Spector era capaz de extraer toda la intensidad del sonido, creando canciones pletóricas, de un brillo deslumbrante hasta el último destello. El romanticismo antes de ser corrompido por la realidad cotidiana. Para ello, se basaba en ese muro de sonido, donde todos los instrumentos entraban en una toma, eclosionando en los oídos como algo inédito, para hablar del amor y esas minucias que inquietan a los espíritus adolescentes.

Su obra, en general, es un objeto de estudio. Un trabajo que contiene tantos conceptos, tanta ambición sonora que en su momento llevó a los Beatles, a los Beach Boys y a tantos otros después, a adoptar el estudio de grabación como un verdadero atrapador de sueños en el que se podía apresar a la belleza. Una osadía, en su caso, que al final sería castigada por los dioses.

VIDEO SUGERIDO: The Ronettes, BE MY BABY – Live (HQ)], YouTube (MrHaagsesjonny1)

Acuden a la memoria las imágenes curiosamente claras de aquella época: aquel hit de las Crystals en las listas de popularidad, lo cual significó un triunfo personal; pero, sobre todo, se recuerda las de aquellos con los que compartió los meses finales de 1963, cuando preparaba un álbum completo dedicado a esta temporada del año, A Christmas Gift for You: con Darlene Love, las Ronettes, los Blue Jeans…

Aquel disco fue una absoluta satisfacción para él. Un éxito instantáneo. Con él se solidificó la leyenda del Muro de Sonido y la de su prestigio como productor. Sí, disfrutó de aquello. Lástima que el asesinato de John F. Kennedy le haya ensombrecido los festejos a su catapultada fama.

Fue la parte luminosa de una carrera plena de éxitos, pero también de traspiés. Una que puso en su real perspectiva y diferencia el perfil del artista y el de la persona. Talento creador versus tiranía, paranoia, armamento, locura, sadismo, pelucas esperpénticas, crimen y castigo (una condena carcelaria de casi 20 años): el lado oscuro de la escena.

Su apellido está en el diccionario discográfico: el adjetivo spectoriano se aplica a las producciones densas y arrebatadoras. El escritor Tom Wolfe lo retrató como “El primer magnate de lo juvenil”, su fama trascendió lo musical. Hay muchos libros dedicados a su asombrosa carrera.

Nacido en el Bronx en 1940, en una familia de judíos huidos de la Rusia antisemita, Phil Spector debutó con los Teddy Bears antes de descubrir que la creatividad musical estaba detrás de una mesa de grabación.

En Nueva York, Phoenix y Los Ángeles aprendió los secretos del estudio e inventó nuevos; se arropó con eficaces equipos de compositores, arreglistas, instrumentistas, técnicos de sonido y cantantes que escenificaban los traumas y los éxtasis del amor adolescente. Su sonido definió al pop orquestal de principios de la década de los sesenta.

Al avanzar ésta, le perdió el pulso al mercado; anunció su retiro en 1966. Sólo apareció una vez en aquel tiempo, en el papel de traficante de drogas al inicio de la película Easy Rider. No necesitaba dinero: lo tenía a caudales por los derechos de canciones que resultaron inmortales.

Luego los Beatles -con la oposición de McCartney- lo llamaron para que adornara las cintas de  Let it Be; también trabajó con George Harrison y John Lennon (ya solistas), los Ramones y Leonard Cohen. Sin embargo, sus extravagancias hundieron una a una las oportunidades: el perfeccionismo degeneró en despotismo, resolvía las discusiones exhibiendo pistolas y su conducta fue irracional. Después, ya sólo otro tipo de seres requirieron sus servicios: Yoko Ono y (finalmente) Charles Manson.

Phil Spector falleció el 1 de enero del 2021, a la edad de 81 años a causa del Covid.

VIDEO SUGERIDO: Righteous Brothers You’ve Lost That Lovin’ Feelin’ (45 RPM), YouTube (vwestlife)

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ÁLBUMES SUPREMOS – 1

Por SERGIO MONSALVO C.

ÁLBUMES SUPREMOS (FOTO 1)

Hay discos que jamás dejan de llamar la atención. ¿Por qué? Porque son clásicos. Pero ¿qué es lo que los convierte en clásicos? En el mundo grecolatino, durante la época de Sófocles, el término “clásico” se utilizó para designar a las personalidades de primera clase, es decir, a los miembros más sobresalientes de la cultura.

En el campo que nos convoca, la música, el rock fundamentalmente, posee por supuesto su material clásico, y éste en primera instancia no es lo incomprensible, sino lo misterioso disfrutable. Es aquello con lo que se puede deleitar (individual o colectivamente) toda la vida; lo que continúa conmoviendo y sorprendiendo; es aquello que es imposible hacer mejor (en su momento y circunstancia).

En el arte, cualquier arte, lo clásico resulta fascinante porque contiene un secreto, tanto para sí mismo como para quien lo contempla o escucha, y se mantiene vivo porque dicha fascinación prodigiosa envuelve siempre, sin faltar, y esa poética se verá legitimada constantemente por sus principales avales: valor y tiempo.

AÑOS 50’S*

Elvis Sun Sessions (portada)

1.- Elvis Presley

(The Sun Sessions; Elvis Presley, RCA 1956)

BILL HALEY (PORTADA)

2.- Bill Haley

(Rock ‘n’ Roll Stage Show, 1956, Decca, 95)

CHUCK BERRY )PORTADA)

3.- Chuck Berry

(The Great Twenty-Eight, Chess Records 55-65)

LITTLE RICHARD (PORTADA)

4.- Little Richard

(Here’s Little Richard, Specialty Records, 1957)

BUDDY HOLLY (PORTADA)

5.- Buddy Holly

 (20 Golden Greats, MCA Records 56-58, 78)

FATS DOMINO (PORTADA)

6.- Fats Domino

(Rock and Rollin’ with Fats Domino, 1955, Imperial)

BO DIDDLEY (PORTADA)

7.- Bo Diddley

(Bo Diddley, 1958, Chess Records)

JERRY LEE LEWIS (PORTADA)

8.- Jerry Lee Lewis

(Jerry Lee Lewis, 1958, Sun Records)

RITCHIE VALENS (PORTADA)

9.- Ritchie Valens

(Ritchie Valens, 1959, Del-Fi)

WANDA JACKSON (PORTADA)

10.- Wanda Jackson

(Wanda Jackson, 1958, Capitol)

*Lista definitivamente subjetiva, como todas las listas.

ÁLBUMES SUPREMOS (REMATE)

WUTHERING HEIGHTS

Por SERGIO MONSALVO C.

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CUMBRES BORRASCOSAS

(EMILY BRONTË)

En el arte de relatar, como en cualquier forma de arte, el contexto original pesa sobre los personajes y los hechos de una obra. Cuando ésta resulta extraordinaria refresca su visión desde las épocas diferentes en la que es revisitada y, por ende, expondrá su mensaje con un enfoque distinto. En el caso de Wuthering Hights (Cumbres borrascosas, en español), la actualidad de su significado es clara a todas luces.

¿Por qué? Porque estamos en un momento en el que lo políticamente correcto interfiere en la creación literaria, y por eso es determinante proteger las obras trasgresoras o políticamente incorrectas de la época que sean, porque, finalmente, en la realidad también suceden las historias de amores malsanos y trágicos, como el de la novela mencionada, y éstas deben ser contadas.

La espesura sobre el hecho literario vivido por Emily Brönte (y también por sus las hermanas) entre 1846 y 1847, en su casa rodeada del viento frío a orillas de los páramos y del cementerio de Haworth, es más clara hoy. Ahí, en esa casa del condado inglés de West Yorkshire, habitó y en ese lapso escribió uno de los clásicos universales del Romanticismo: Cumbres borrascosas. Su autora fue hija de la época romántica, buena y receptiva lectora ante autores como Walter Scott y Lord Byron.

El romanticismo que heredó esta autora iba en dirección contraria a las narraciones de evasión y sin perder de vista la rebeldía moral. Y por eso siempre perdurará su obra, con sus dolorosos delirios de clase y sus sobrecogedores fantasmas sentimentales, físicos y espirituales, amores fogosos y famélicos.

Y sí, le llegó la gloria, pero post mortem y rodeada por la bruma sobre su vida, como la infelicidad de sus amores y pasiones secretas, negadas en aquellas tierras borrascosas. En una casa de piedra rojiza y madera, en la cima de una colina custodiada por el cementerio del pueblo y los rugidos del viento, se fraguó lentamente su episodio literario.

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(EMILY BRÖNTE)

Su biografía dice que Emily Brontë, nació el 30 de julio de 1818 en Thornton, condado de Yorkshire. A los tres años, su familia se trasladó a Haworth. Fue hija de un reverendo y su madre murió en 1821, dejando seis hijos, de 6, 5, 4, 3, 2 y 1 años, respectivamente. Todas mujeres, salvo el cuarto, Branwell, que marcó el destino sombrío de las hermanas, eclipsadas todas ellas, al erigirse él en la esperanza socioeconómica de la familia y concentrar todo el esfuerzo a su alrededor. Dicho hermano terminó siendo un pintor mediocre, alcohólico y consumidor de opio.

Sus dos hermanas mayores murieron muy pequeñas y el resto se crió con una tía (honesta pero falta de cariño) en un mundo indolente, aunque su padre les inculcó la cultura, la lectura y la reflexión. Un hecho muy avanzado para la época. Ellas trabajaban en los quehaceres del hogar y luego se ganaban la vida como profesoras o institutrices. Al final de su jornada llegaban a casa a leer y a escribir a escondidas. La literatura fue su refugio.

Con un entorno social empeñado en arrinconarlas, las tres que sobrevivieron: Charlotte, Emily y Anne vivían en un mundo paralelo, mientras veían cómo su hermano se desbarrancaba hacia el infierno con una botella en la mano. Emily veló por él hasta que éste expiró y, al menos, la experiencia le sirvió como parte del argumento para crear parte de Wuthering Heights.

El origen de todo fue cuando Charlotte descubrió unos poemas de Emily y le propuso a ella y a Anne publicar un poemario conjunto. Emily se resistió, pero al final accedió con una condición: hacerlo bajo seudónimo. Así, en el verano de 1846, nacieron Currer, Ellis y Acton Bell. El libro fue bien recibido. Charlotte, con la euforia, lanzó una segunda propuesta: escribir una novela cada una.

En diciembre de 1847, llegaron los resultados: En esa casa de piedra y madera, en la orilla del viento y el cementerio, las tres transfirieron sus secretos y frustraciones pasionales. Charlotte publicó Jane Eyre; Anne Agnes Grey, y Emily Wuthering Heights. Al siguiente diciembre Emily moriría de tuberculosis a los 30 años.

La de Emily Brontë se alzó como una voz poderosa y persuasiva en la escritura. Fue la más solitaria de las tres hermanas y su única novela, publicada bajo aquel seudónimo masculino, además de unos 200 poemas (ubicados en la isla imaginaria de Gondal, donde recreaba las costumbres, las intrigas familiares, las rivalidades entre reinos y deseos y las opresiones de la gente insufladas de la pasión entre los humanos y el paisaje) la situó dentro de las letras británicas.

Emily desafió la época victoriana, rompió los esquemas literarios predominantes, abrió nuevas vías a la literatura y se adelantó al tiempo con varios de sus temas. Desde entonces se ha dicho que dicha novela fue hija de la experimentación que su autora realizó con la poesía.

En Wuthering Heights Emily cuenta la historia atormentada del amor entre los personajes de  Heathcliff y Cathy, reflejo de su “más que probable amor adolescente con Robert Clayton”, un muchacho pobre y rústico con quien jugaba en los páramos de Haworth. Después de que su padre la enviara a un internado, Robert murió, el 14 de diciembre de 1836.

Wuthering Hights es un relato de época que describe el entorno social. A  partir de la incendiada pasión entre los protagonistas son mostradas  situaciones inéditas, como el alcoholismo, el maltrato y la voluntad de una mujer, entre otras.

Es una narración realizada con pasión, sabio manejo del lenguaje, agudo trazado de personajes y detalles, y con una gran capacidad persuasiva. Características, además, que la volvieron universal y con vigencia, no obstante el peso histórico de la época que planea sobre toda ella.

WUTHERING (FOTO 3)

La obra, como no podía ser de otro modo, ha sido interpretada de diversas formas por los mundos del cine, el teatro, la televisión, la novela gráfica y la música, entre las que están, por supuesto, las del rock: las de Pat Benatar, Jim Steinman, Death Cab for Cutie, Billie Marten o Marillion. Sin embargo, aquí me gustaría hablar de otros ejemplos:

El octavo disco del grupo británico Genesis, Wind & Wuthering (1976), se fundamentó en el libro de la Brönte. Phil Collins estuvo por segunda vez en la voz principal (tras la salida de Peter Gabriel) y asimismo fue la última aparición de Steve Hackett con la banda. Ambos incluyeron algunas de sus composiciones en este collage, en clave de rock progresivo, inspirado por tal volumen. La portada de esta entrega, diseño y arte, como no podía ser de otra manera, estuvo a cargo del colectivo Hipgnosis, que ya había trabajado anteriormente con el grupo.

VIDEO SUGERIDO: Wind and Wuthering and Afterglow (Animated) – Genesis, YouTube (txikilin)

El título del álbum constó de dos partes. La primera, Wind, evoca la pieza compuesta por Hackett “The House of the Four Winds”, que finalmente se inscribiría en el disco como “Eleventh Earl of Mar”, Y la segunda, Wuthering, es una alusión a la novela ya citada y que inspiraría el trabajo conjunto.

Uno cuyo resultado emitiría una atmósfera sombría, como el libro mismo, para sellarlo también en un par de piezas postreras (“Unquiet Slumbers for the Sleepers…” e “…In that Quiet Earth”) con las últimas oraciones del libro: “…oía el suave viento suspirando sobre el césped, y me preguntaba cómo alguien podría imaginarse sueños intranquilos para los que duermen en esa tierra tranquila”.

Por otra parte, una de sus tempranas composiciones, “Wuthering Heights”, instigada por la lectura del libro clásico, le sirvió a Kate Bush de base para su espectacular debut discográfico en el mundo de la farándula roquera. Tal lanzamiento resultó sorprendente, dentro de una escena en la que casi nada sorprendía.

El sencillo “Wuthering Heights” se instaló de inmediato en los primeros lugares de las listas de popularidad y el disco, The Kick Inside (1978), que lo contenía figuró entre los tres primeros, todo un éxito. La canción mencionada ejemplificó el estilo que desde entonces se ha relacionado con ella.

Es una composición dramática, culta y misteriosa, interpretada con una aguda voz que se acompañó con un escenario y una coreografía extravagantes, que expresaron muy bien su personalidad, la cual se ha desarrollado por tales cauces hasta hoy (es vegana y seguidora del misticismo filosófico y de la astrología).

VIDEO SUGERIDO: Kate Bush – Wuthering Heights – Official Music Video – Version 1, YouTube (KateBushMusic)

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