BABEL XXI-580

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO

 

“BLUE MONDAY”

EL DÍA MALDITO

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/580-blue-monday-el-dia-maldito/

Exlibris 3 - kopie

LIVE FROM CHICAGO’S HOUSE OF BLUES (THE BLUES BROTHERS)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO 1

En 1997, veinte años después de creados, los Blues Brothers volvieron a la acción con la misión de organizar la «Fiesta del Milenio» y celebrar la apertura de la House of Blues de Chicago.

Brother Elwood (Dan Aykroyd) reactivó a la banda una vez más, ahora con el hermano menor del fallecido Joliet Jake, Jim Belushi, mejor conocido en esos lares como Zee Blues (en la armónica y voz), además de los infaltables Steve Crooper (guitarra), Matt Murphy (guitarra), Donald «Duck» Dunn (bajo), Alan Rubin (trompeta), Lou Marini (sax), quienes retornaron del filme junto con otros artistas invitados.

Inaugurar un nuevo club es la ocasión para realizar una fiesta en serio en cualquier lugar, con mayor razón si se trata de la cuarta sucursal de la House of Blues, y más aún si es en Chicago. Porque la cadena realmente comenzó ahí, cuando Jake y Elwood llegaron en 1980 a dicha ciudad para filmar The Blues Brothers (de John Landis) y abrir también un nuevo club after hours al que nombraron Snake Joint, donde realizaron presentaciones y jam sessions de manera privada con amigos de todos lados, con el blues y el soul a tope.

La apertura de la House of Blues no fue para rendir culto a la nostalgia ni dar rienda suelta a los recuerdos, como se pudiera pensar. Al contrario, eso fue celebración pura y quedó registrado en el disco Blues Brothers and Friends. Live From Chicago’s House of Blues (HOB, 1997).

Para el evento Aykroyd reunió a miembros de la banda original, ya mencionados, y convocó a bluesmen de Chicago de gran prestigio como Billy Boy Arnold, Lonnie Brooks, Charlie Musselwhite, Syl Johnson, Eddie Floyd, Tommy McDonell, Sam Moore y Jeff Baxter.

El repertorio escogido para el fin de semana inaugural fue de pronóstico reservado. La poderosa banda de los Blues Brothers arrancó con la pieza clásica “Gree Onions” (de Steve Crooper, que se hiciera famosa con el grupo de Booker T. and the MG’s), a la que siguieron “Chicken Shack” y “Sweet Home Chicago” (un tema tradicional, con Paul Shaffer en los teclados), “I Wish You Would” (con Billy Boy Arnold en la guitarra y voz), “Messin’ with the Kid” (una pieza fundamental de su repertorio desde hacía 20 años), “All My Money Back (con Lonnie Brooks), “Born in Chicago” y “Blues, Why You Worry Me?” (con Charlie Musselwhite).

El legendario Eddie Floyd aparece con ellos en «634-5789», y luego varios temas que convirtieron el lugar en una auténtica olla de presión: «All She Wants to Do Is Rock», «Flip, Flop and Fly», «Money» y «Viva Las Vegas». Un concierto lleno de energía, potencia, camaradería y del mejor blues y soul de los últimos tiempos.

VIDEO SUGERIDO: Blues Brothers Dallas House of Blues Sweet Home Chicago / Hard to Handle, YouTube (Blues Traveler Fan Club)

FOTO 2

Exlibris 3 - kopie

LIBROS: OLIVIA REVUELTAS

Por SERGIO MONSALVO C.

 

OLIVIA REVUELTAS (PORTADA)

EL ESPÍRITU DE LA MÚSICA*

 

Dentro del ambiente musical jazzístico hay un elemento omnipresente, asumido, que habla de la finitud de las cosas. Se trata de la fugacidad. Hay amores, momentos y amistades fugaces. El alimento evanescente de los músicos se da justo ahí. En el jazz es aún mayor la constante por tratarse de la esencia misma de sus contenidos. Los amores quedan casi siempre inscritos en los nombres de las piezas; en la selección de los materiales a interpretar; los momentos se reflejan en el estilo, en las formas, mientras que las amistades producen discos, obras, interpretaciones memorables algunas veces. El caso de Angel of Scissors, del Olivia Revueltas Trio, es de estos últimos.

La historia de este trío tiene una parte trágica pero también la gloria de la fugacidad productiva. Representó el contacto de una leyenda del jazz como Billy Higgins con un virtuoso como Roberto Miranda y el espíritu sensible y luchón de Olivia Revueltas. Baterista estadounidense, bajista de origen puertorriqueño y pianista mexicana, una combinación sui géneris provocada por los vasos comunicantes de la música y la amistad. La reunión se dio en 1998 en el World Stage, un lugar en el que el mundo se aglutina para escuchar la música de los exponentes del barrio afroamericano de Los Ángeles, California. Ahí tuvieron el primer contacto y se entrelazaron en la eternidad. Las manos en los tambores, en las cuerdas, sobre las teclas, hablaron y se reconocieron en la música, en el jazz. “¡Hagamos un disco!”, fue la sugerencia emocionada de Higgins. Y los hicieron, porque fueron dos.

*Fragmento del texto Olivia Revueltas, publicado por la Editorial Doble A.

 

 

 

Olivia Revueltas

Una entrevista de

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

México, D.F., 2000

 

 

 

 

Exlibris 3 - kopie

JAZZ: DOCE HITOS DEL SIGLO XX (MILES DAVIS)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO 1

 

V

Miles Davis fue el creador del jazz moderno. Sus exploraciones musicales comenzaron en los cincuenta y prepararon la escena para la explosión vanguardista de las siguientes décadas.

Fundó varias de las corrientes importantes aparecidas en el jazz y logró con su música y visión atraer, instruir y engendrar a un número sin precedentes de jazzistas de las generaciones recientes.

Su sonido se caracterizó por el tono solitario, amortiguado e introspectivo de la trompeta, el estilo neobop rápido y furioso y el gradual alejamiento de las progresiones y armonías tradicionales hacia un sonido modal más abierto, siendo el primero en usar éste dentro de un marco de improvisación completamente libre.

Asimiló las influencias del rock y comenzó a utilizar instrumentos eléctricos dentro del jazz para cimentar el nuevo estilo conocido como jazz-fusión y modificar todo el espectro del jazz actual.

FOTO 2

Integró igualmente excursiones polirrítmicas con tendencias hacia el funk duro. Para él, los músicos debían tocar los instrumentos que reflejaran mejor los tiempos que vivían, aprovechar la tecnología capaz de darles lo que querían oír.

Con el tiempo hizo que el sonido de su trompeta se fundiera con diversos géneros y era lógico que abrazara también el hip hop. Un paso acorde con su desarrollo musical.

Miles tuvo fe ciega en la música sin fronteras ni límites hacia dónde crecer o dirigirse. Nunca existieron restricciones para su talento. La buena música se distingue, sin importar el tipo. Por eso odió las categorías cerradas, sabía que no deben tener lugar en la música.

VIDEO SUGERIDO: Miles Davis – Kind of Blue – All Blues, YouTube (bprmartins)

FOTO 3

Exlibris 3 - kopie

LOS OLVIDADOS: INXS (ALEGRÍA MELACÓLICA)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

INXS (FOTO 1)

 

Con Kick (1987), el grupo INXS (fundado en 1977) se afianzó en forma definitiva entre los conjuntos de mayores ventas en el mundo. Para llegar a ello, el sexteto australiano requirió de 13 años de trabajo y siete discos, y no parecía que su producción X (Mercury, 1990) fuera a cambiar la situación. En tanto que Kick fue el álbum más variado en la carrera del grupo, el disco X mostró una mayor unidad.

En este último no hubo canciones abridoras tan martillantes al estilo de “Guns in the Sky”, ni apesadumbradas baladas a la “Never Tear Us Apart”, sino once canciones de arreglos sólidos y bien perfilados, en los que se reconocen claramente algunos elementos de su obra anterior (“The Swing”, “Listen Like Thieves” y de nueva cuenta “Kick”).

Por otra parte X, igualmente producido por Chris Thomas, parecía emanar una tranquilidad que no mostraba ninguno de aquellos discos anteriores; una aceptación del hecho de que Andrew Farris (teclados y requinto) y Michael Hutchence (cantante ansioso e inteligente, quien por cierto recuperado del golpe de no haber podido representar a Jim Morrison en la pantalla, fue elegido para hacerlo con el poeta P. B. Shelley en la película Frankenstein

Unbound), los dos compositores más importantes dentro del grupo, obtenían la inspiración en partes iguales del rock, el funk, el soul y el blues.

INXS (FOTO 2)

La mezcla fue, por lo tanto, muy constante, y las raíces fueron más patentes en la superficie de su música que antaño, lo cual no se debió únicamente a la participación del armoniquista Charlie Musselwhite en piezas como “Who Pays the Price” y “On My Way”.

En el sencillo promotor, “Suicide Blonde”, INXS plagió descaradamente (y en forma redundante) su propia obra; y “The Stairs” se construyó un poco con el estilo de U2, pero las demás canciones son de su particular sello: contagiosas, desbordantes de entusiasmo y llenas de pequeñas sorpresas instrumentales.

Los textos no eran tan alegres como gran parte de la música lo hacía sospechar. Los temas recurrentes fueron la soledad y la enajenación, alternados con el deseo y la esperanza, expresada ésta en forma bastante ingenua, como en “Faith in Each Other”. Un disco de pop puro.


VIDEO SUGERIDO: INXS – Suicide Blone. (1990) Original Video, YouTube (TheJellyBaby1988)

INXS (FOTO 3)

Exlibris 3 - kopie

BOTADERO: INSTRUMENTOS (BANJO)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO 1

 

Aunque el instrumento y su nombre descendía del África Occidental (fabricado generalmente con madera de Senegal) y había viajado en los barcos negreros en su forma primitiva, arraigándose en el sur de la Unión Americana —de donde proceden sus más remotas referencias escritas en el siglo XVII, y donde se industrializó hacia 1880–, el banjo era identificado con los opresores blancos en los años entre siglos.

Esta situación se debía a que al ser introducido en los montes Apalaches se convirtió en el emblema de la música hillbilly y el bluegrass, con el que en aquellos tiempos se cantaban baladas insultantes contra los niggers entre los campesinos y los montañeses blancos.

El instrumento perdió con esto gradualmente su popularidad entre los negros afroamericanos, y a pesar de que llegó a participar en las primeras agrupaciones de dixieland y en las jug bands no partió a la postre con los músicos en su periplo de la alborada del siglo pasado.

Con la evolución del jazz y del blues, el banjo quedó arrinconado en la zona de la historia donde aún se festejaban las piezas de Stephen Foster (“Oh Susanna”) y sus versos discriminatorios o en los minstrel shows donde los actores blancos se tiznaban caras y manos con corcho quemado para parodiar las conductas y cultura negras con su tañido.

Los músicos negros que se fueron del Sur, a principios del siglo XX, llevaron al blues y al jazz rumbo a las ignotas tierras norteñas sin tal instrumento, sin su imaginería ni uso oprobioso y canalla. Lo abandonaron a pesar de ser sólo un instrumento “inocente”, víctima de las circunstancias. Pero abandonaron por igual toda la cauda infinita de sus sonoridades.

Su bagaje contenía nombres de virtuosos y universos varios cuya estela quedó reducida territorialmente. La orfandad lo obligó a desprenderse del lastre racista que lo había confinado y reducido a una vida de paria, lo mismo que a aprender de todas las influencias estilísticas locales, a estudiarlas e incorporarlas a su repertorio.

FOTO 2

La experiencia lo enriqueció con el paso de los años y hoy, cien años después, su uso se ha extendido a diversos géneros y mantenido abiertas las puertas a nuevas incorporaciones. La música tradicional estadounidense, con The Carolina Chocolate Drops, lo ha encumbrado artísticamente y hasta dotado de premios y reconocimientos.

El ejemplo más reciente donde el banjo lleva el papel protagónico, acompañado de vecinos instrumentales típicamente norteamericanos (como el fiddle o el kazoo), es el de este grupo, que con un ingenioso juego de palabras en su nombre (el lugar, el color de la piel y su goteo) expresan y ubican su quehacer contemporáneo.

The Carolina Chocolate Drops es un conglomerado de intérpretes jóvenes afroamericanos que han puesto a géneros como el bluegrass, old country, jug, dixie, country blues, “jass”, jug music y folk tradicional (de origen europeo), en la proyección hipermoderna del siglo XXI, una época en la que conviven y se retroalimentan sin cortapisas distintas eras.

Por otro lado, está Béla Fleck, quien se ha creado su propio nicho en el mundo de la música como líder de los Flecktones. Es virtualmente el único banjoísta que interpreta una mezcla de fusión, jazz de vanguardia y bluegrass.

Desde 1989, con la fundación de los Flecktones, ha tendido más hacia el jazz. Hoy por hoy está recreando el papel del banjo en la misma forma en que Charlie Parker redefinió el del saxofón. Fleck está a la par con el resto de su innovador cuarteto: Howard Levy extrae semitonos cromáticos de su armónica, Victor Wooten toca cadencias de banjo en el bajo y Roy «Future Man» Wooten interpreta un sintetizador guitarrístico con máquina de ritmos. A pesar de toda la pompa no hay grandes pretensiones: el oficio extraordinario del grupo garantiza que el producto sea accesible y que todo mundo pueda seguir la melodía sin perder un gramo de la admiración.

VIDEO SUGERIDO: Béla Fleck – Round Rock (live), YouTuve (Béla Fleck)

FOTO 3

Exlibris 3 - kopie

BLUEMONK: «RILEY B.»

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BLUE MONK (PORTADA)

 

(POEMA)*

 

 

riley b.

 

            amar al blues, tu dios:

          la verdad cantada o agua de la vida

          ¿qué buscas, qué encuentras en ello?

          ¿a la negra lucille con sus historias,

          sus fulgores iluminados con tu sangre furiosa

          cuando entras en ella hasta las raíces?

          ¿carne de mujeres fundida en tus notas?

          nos morimos en honduras noctámbulas riley b.

          en este combate del ir y venir entre ellas

          por no poder amar trescientas a la vez

          porque también hay que beber, vivir

          y empedrar así, fugaces, nuestro camino

          al viejo, perdido paraíso

 

 

Blue Monk

y otras líricas sencijazz

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

México, 1994 (primera edición), 1997 (segunda)

 

 

Exlibris 3 - kopie

HÉCTOR INFANZÓN (LAS TECLAS INTERIORES)*

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO 1

El pianista y compositor Héctor Infanzón, oriundo de la capital de la República Mexicana donde nació en 1959, realizó sus primeros estudios musicales en la Escuela Superior de Música, en la cual también ingresó al Taller de Jazz impartido por el maestro Francisco Téllez. En 1985 obtuvo, gracias al talento mostrado, una beca para continuar el camino académico en la Berklee School of Music de Boston.

Desde entonces, en el terreno del jazz ha sido integrante del trío Antropóleo (constituido en 1987, además, por el baterista Tony Cárdenas y el bajista Agustín Bernal); de la formación Ensamble; del grupo experimental de percusión Banco De Ruido; del de Gerardo Bátiz (con el cual produjo un par de álbumes), así como de otros conjuntos liderados por él.

En 1993 grabó su primer disco de piano solo, el cual lleva por nombre De manera personal (Alebrije). En este año 2000 (fecha de la entrevista) aparece por fin el esperado disco con cuarteto titulado Nos toca (Opción Sónica), en donde es acompañado por Rodrigo Cárdenas en el bajo, Waldo Madera en la batería y Armando Montiel en la percusión.

FORJANDO EL JAZZ

La técnica, el estudio, la constancia y sobre todo mucha retroalimentación intergenérica son algunas características que hablan de este músico, quien ha forjado de esta manera su huella en la oscilante historia del jazz en nuestro país. Ésas serían las exteriores. De forma intrínseca lleva en él también la suprema cualidad del ser improvisador, un ser que se nutre de la concentración, que como ojo avisor lo mantiene muy al pendiente del mundo de los sonidos que se arremolinan —convocados por él— a su alrededor mientras ejecuta su música.

Dicha característica interior no es, como pudiera pensarse, la vía mediante la cual el genio —ese personaje tan del gusto de los románticos— dicta sus melodías. No. El espíritu de Infanzón realmente trabaja con lo que hace. Experimenta con todas sus influencias y al final de cuentas es el artista que hay en él quien hace la elección de forma consciente del arsenal que ha acumulado, del bagaje que ha asimilado. Eso es lo que le da la posibilidad de ser un gran improvisador, uno de los más selectos en el ámbito nacional.

S.M.: ANTROPÓLEO FUE UN GRUPO IMPORTANTE EN TU CARRERA. ¿A QUÉ SE DEBIÓ SU DISOLUCIÓN?

H.I.: «Las cosas tienen un cauce natural, un ciclo que se cumple. Cada uno de nosotros (Tony, Agustín y yo) empezamos a tener distintas tendencias tanto musicales como de proyectos personales. Eso dio como origen la separación del grupo, en los mejores términos, por supuesto. Siempre con el respeto de que cada quién iba a continuar con otro proyecto y a explorar otros terrenos. Ésa fue la razón por la que se disolvió. De cualquier forma, no está descartada la posibilidad de que podamos volver a tocar juntos, según las circunstancias».

S.M.: ¿POR QUÉ CREES QUE EN MÉXICO SEAN TAN EFÍMEROS LOS PROYECTOS JAZZÍSTICOS?

H.I.: «Son varias las razones. La primera quizá sea responsabilidad nuestra, de los músicos. Debemos creer en nuestro proyecto, en nuestra música. Por otro lado, no existe un compromiso de la producción. Se necesita una base muy fuerte de producción en este género que apoye los proyectos, principalmente de parte de las compañías disqueras. Hablo específicamente de ellas. En la actualidad hay compañías independientes a las cuales les interesa mucho más este género, dado que ahora se ha abierto mucho más el mercado para éstas. Hay más apoyo en este sentido. Asimismo, la difusión de este género sigue relegada, al margen de todo lo que es la información, de las actividades culturales y artísticas de este país».

S.M.: ¿CONSIDERAS QUE LA DEDICACIÓN DE LOS MÚSICOS MEXICANOS HACIA EL JAZZ LATINO ES MERAMENTE POR CAUSAS GEOGRÁFICAS?

H.I.: «Geográficas e históricas también. Nuestra cercanía con el Caribe es evidente. La influencia de tanta música cubana en los años cuarenta y cincuenta está bien marcada. Pérez Prado se hizo aquí y bueno, México también tiene una cultura negra y obviamente no estamos exentos de toda esa influencia. De ahí que se manifieste siempre en nuestro trabajo».

S.M.: EL JAZZ LATINO TIENE VARIAS TENDENCIAS. ¿HACIA CUÁL TE INCLINAS PERSONALMENTE?

H.I.: «Es difícil definirse por una tendencia. Yo no encuentro todavía la mía, creo que aún la estoy buscando. Si algo pudiera decir al respecto es que estoy experimentando con toda la influencia de la música afroantillana, el rock, lo clásico, toda esa experiencia que me conforma. Estoy tratando de combinarlas todas. En este momento hago música afroantillana, pero seguro voy a aparecer luego con un proyecto completamente distinto, que también sea parte de mis influencias. Entonces, es muy difícil decir que dentro de la música latina tenga una inclinación específica. Yo toco mucho con orquestas de baile, lo hice también en todos los lugares de ahí de la Colonia Obrera [zona cabaretera de la capital]. Formé parte de muchas orquestas de baile y me hizo muy bien conocer, trabajar con todos esos géneros. Ahora los aplico al jazz, pero también tengo otros en mi haber. Hoy ando explorando en la composición, en la improvisación, en la rítmica, junto con mis compañeros actuales que también tienen una cantidad de influencias enormes. Lo que hay que hacer es experimentar, no es fácil para mí definir lo que estaré haciendo en el futuro».

FOTO 2

S.M.: ¿CUÁLES HAN SIDO TUS INFLUENCIAS MUSICALES MÁS IMPORTANTES?

H.I.:  «Como te decía, una es la música afroantillana, otra es el rock y la música clásica. Antes de entrarle al jazz tocaba rock progresivo, el jazz tradicional, el funk, el swing de la época de las big bands, la música clásica. En cada uno de estos géneros hay representantes, gente que me ha marcado mucho. Dentro de la afroantillana está Papo Lucca, al que le tengo mucha admiración. Con los años afortunadamente hemos hecho una buena amistad. En el jazz está Oscar Peterson, Art Tatum, todos grandes pianistas. En cada género tengo a alguien que me ha influenciado mucho, es una gama interminable».

S.M.: ¿EN QUÉ FORMATO TE SIENTES MÁS A GUSTO TOCANDO?

H.I.:  «Todos me gustan muchísimo. Cada uno representa una distinta aventura, diferentes colores, sobre todo. Sin embargo, el reto más grande para mí es el piano solo, siempre ha sido el piano solo. El dueto es muy íntimo también. En realidad, todas las formaciones me gustan. He tenido la oportunidad de tocar en la mayoría de los formatos. Cualquiera de ellos siempre me ha brindado y enseñado distintas cosas, colores, sobre todo. Los enormes colores de las agrupaciones grandes los trato de abstraer y pasarlos a colores en formatos chicos, y al revés, colores de formatos chicos trato de ampliarlos a un arreglo grande. Interrelacionarlos todo el tiempo. Se trata de explorar en los colores de las instrumentaciones, por eso me siento muy cómodo en cualquiera de ellos».

S.M.: APARTE DE LAS MENCIONADAS, ¿EN QUÉ OTRAS MÚSICAS HAS INCURSIONADO?

H.I.:  «Yo solía tocar pop. Antes de tocar el piano tocaba la guitarra y siempre me gustó mucho hacerlo. Después entré a la Escuela Superior de Música. Ahí estudié formalmente el piano y cada año hacía un recital de música clásica, luego dejé de hacerlo, pero no descarto la posibilidad de retomar el asunto. Llegué a tocar con la Orquesta de Bellas Artes, en una presentación que se hizo en la escuela en aquel entonces. Cada experiencia me ha enriquecido mucho. Quiero tocar con un formato de salsa completamente típico también. Me gusta explorar en todos los géneros, en todas las cosas que me han conformado».

FOTO 3

HÉCTOR INFANZÓN QUARTET

(NOS TOCA)**

 

Por SERGIO MONSALVO C.

 

Hablar de Héctor Infanzón como pianista supone pensar de entrada en un músico multifacético y capacitado para asumir, de la manera más satisfactoria, los retos de cualquiera de las posibilidades expresivas lo mismo del jazz que de otros géneros. Tanto su lenguaje como solista, como en su condición de gran acompañante motivan a considerarlo ejemplo de lo que debe ser un artista contemporáneo: instrumentista con alto grado de técnica, compositor inspirado y equilibrado líder de agrupación. Su educación musical y su bagaje incluyen aspectos esenciales en todo buen músico: una temprana formación musical cimentada en centro de enseñanza, lo mismo que en cabaret y antros.

Asimismo, la de Infanzón es una pasión por el jazz no ajena a la reminiscencia y gusto por la música clásica, que tienen su origen en la etapa de primeras lecciones del instrumento, un background que él sabe aprovechar de la forma más positiva, y que en su momento no impidió que se ocupara a conciencia en la búsqueda de su propio lenguaje en un terreno jazzístico en el que su formación clásica y afroantillana también podrían tener un papel.

En este 2000 aparece su nueva grabación con el cuarteto (Waldo Madera, batería; Rodrigo Cárdenas, bajo; Armando Montiel, percusiones) y lleva por título Nos toca (Opción Sónica), acerca del que platiqué con él.

S.M.: ¿Cómo surgió la idea de formar este cuarteto en espe­cial?

H.I.: «Este cuarteto se formó a raíz de que yo estaba inquieto y buscando otras sonoridades. Quería explorar lo que había sido mi influencia primaria —la música afroantillana, afrocaribeña— con el jazz que había hecho anteriormente con el grupo Antropóleo, que por aquella época se desintegró (1991). Quería explorar otros sonidos, agregándoles lo que había vivido y aprendido en los cabarets tocando música afroantillana. Quise fusionar eso con el jazz y como consecuencia surgió este grupo.

«Cuando Waldo Madera llegó a México lo escuché tocar, luego ‘palomeamos’ [jam session] juntos y nos prendió la idea de seguir y hacer algo al unísono. Después conocimos a Rodrigo Cárdenas y formamos un trío. Empecé a componer cosas nuevas para el mismo. Igualmente, cosas que tocaba con Antropóleo las integré dándoles un giro y así iniciamos nuestro repertorio. Al año siguiente se integró Armando Montiel, quien al principio sólo palomeaba con nosotros, pero después pensamos que era indispensable para el grupo, y así quedó conformado el cuarteto que sigue vivo hasta la fecha».

S.M.: ¿Por qué el título del disco?

H.I.: «Podría sonar muy obvio el título, pero no lo es tanto. El día que hicimos la sesión de fotos aún no definíamos el nombre del álbum, y platicábamos cómo estaban nuestras familias, y surgieron situaciones en las que algunos de ellos, especialmente nuestros padres, no estaban gozando de buena salud. Estábamos preocupados por eso y conversamos al respecto. Sacamos a colación que ya estamos en una época en que generacionalmente nos toca cuidar a nuestros viejos, porque si bien ellos ya nos cuidaron y dieron carrera, ahora nos toca a nosotros cuidarlos, no sólo en el sentido de la salud, sino atenderlos en todo. Por otro lado, los miembros del grupo ya estamos en una edad en que necesitamos expresar todo lo que tenemos. Ya no somos tan jóvenes para seguir anhelando cosas a futuro, sino siento que tenemos que expresar día tras día todo lo que tenemos qué decir como seres humanos. Así que en ese momento se nos ocurrió la idea de que nos toca y eso no sólo implica lo musical sino también una actitud de vida. Nos corresponde decir las cosas no únicamente como músicos sino personalmente, tomar la estafeta, ser soportadores de nuestras familias, etcétera. Básicamente, ésa es la razón del título».

S.M.: Cecil Taylor dice que uno de los problemas con los músicos es que no definen verbalmente aquello que hacen, y por lo mismo están sujetos al cajón donde los coloquen. En tu caso, ¿cómo definirías musicalmente al disco Nos toca?

H.I.: «Efectivamente, hay una dificultad de los artistas en general para definir su propia obra. Creo que es una consecuencia natural y tiene cierta lógica porque uno crea sin tanto análisis, obedece a ciertos impulsos con la información que tiene, con la técnica que se posee, y se estructura el trabajo, pero no se está pensando en cómo va a llamar a ese concepto. Uno no está pensando en eso. Muchas veces la crítica es la que define el propio trabajo y es cuando lo encasillan a uno, y piensas: ‘¿Así se llama lo que estoy haciendo?’. Incluso los investigadores de los géneros —hablo del arte en general— al analizar las obras, al estudiar las corrientes artísticas y ver el trabajo de un artista, obviamente lo clasifican dentro de la gama de géneros que conocen, y uno a veces no es consciente de ello en realidad. Es como lo dice muy bien Cecil Taylor: hay dificultad para definir nuestro propio trabajo.

«En mi caso, el trabajo de Nos toca lo considero el resumen de una década de trabajo con este cuarteto. Pero no sólo eso: es el resumen de toda la historia que me ha conformado desde que tocaba salsa; desde que tocaba en los cabarets de la Ciudad de México con grupos salseros. Es el resumen de todas estas influencias. Primero dije de toda la década porque es el cuarteto que interpreta esta música y es el que la grabó, pero si me voy más lejos, es el resumen de la música que escuché desde pequeño, parte de ella, sobre todo del lado latino que es el que más me ha influenciado, el que más he hecho e hice durante muchos años. Creo que la música que plasmamos en este CD es en parte el resumen de ello y en parte de lo que podría venir.

«En algunos temas ya estoy con cierta tendencia a irme hacia otro lado. En piezas como ‘El atraco’ y ‘El piano parlante’ se me abrieron otras posibilidades, me dije que ya necesito hacer otras cosas. No sólo cambiar de género sino al mismo género darle la vuelta. La propia estructura no lineal de ‘El atraco’ me llevó a lo que quiero hacer: romper con las estructuras, con la lógica de estas cosas. Algunas resultarán, otras no, quién sabe. Finalmente, al disco Nos toca lo definiría así: es el resumen de las influencias que he tenido durante todos estos años. Al frente, la década con el grupo mismo, tocando esta música; y atrás, toda la influencia de la música latina que me ha marcado profundamente».

FOTO 4

S.M.: ¿Cuánto tiempo llevó grabarlo?

H.I.: «Tres días, más la mezcla que hice en Nueva York en donde le agregué también los metales de ‘El regreso’ y ‘El atraco’. Para ello invité a dos amigos: Bobby Franceschini, saxofonista, y a Barry Danielian, tremendo trompetista. A ambos los conocí en México trabajando con el cantante Emmanuel. Al llegar a mezclar el disco allá les hablé por teléfono para invitarlos y amablemente aceptaron. Hicieron un excelente trabajo que se grabó allá, pero el disco en audio y video lo hicimos aquí en México en tres días. Básicamente fue como capturar una más de las tocadas del grupo. No pretendimos tocar más o menos de lo que éramos en ese momento. Eso lo conversamos mucho, porque el hecho de plasmar un disco, que es como hacer una fotografía de la música, va a quedar ahí y eso es una responsabilidad.

«Les dije: ‘Muchachos, ¿se acuerdan de cuando éramos adolescentes y nos dejábamos crecer el bigote y nos veíamos más feos de lo que somos? Pues así es la música. No pretendamos ser más de lo que somos hoy, porque así tocamos en este momento. Sé que hemos escuchado 20 mil discos y que quisiéramos tocar como zutano o mengano, pero no somos ni fulano ni zutano ni mengano, somos éstos y eso es lo que hay que plasmar. Y si salimos con el bigote feo y retorcido, ni modo, así somos. Con el tiempo nos vamos a arreglar más y a ponernos otra cosa, es un proceso’. Y con esa imagen en mente nos aventuramos al estudio y el disco salió. Creo que tiene esa frescura precisamente».

S.M.: ¿Te sientes satisfecho con el resultado?

H.I.: «Mucho muy satisfecho. Obviamente hay una parte en el rincón en la que uno dice, bueno, hay cosas que hubiera querido tocar de otra manera. Siempre hay una parte de ti que te está dictando ‘me hubiera gustado hacer esto o esto otro’, pero en eso radica precisamente el crecimiento. Eso que pensé lo voy a hacer en el otro disco, con otra composición, con otra improvisación. En eso consiste la evolución».

S.M.: También el pianista Randy Weston ha insistido en que la improvisación es el lugar donde el entendimiento y la comunicación son absolutos. ¿Qué opinas al respecto? ¿Esto se dio en el disco?

H.I.: «Para mí la improvisación es un medio. A mí siempre me han preguntado por qué me dedico al jazz y no a otro género, teniendo la oportunidad de haberme dedicado a otro. A mí el jazz me permite expresarme en este momento, cambiar lo que quiera cambiar, componer al instante. Efectivamente, cuando estás tocando con otra gente te comunicas de una manera espontánea, no obstante, estén escritos los temas sobre los que estemos improvisando. Cuando viene el momento de los solos, de la improvisación, sí hay una comunicación que es espontánea, y que no se repite aun cuando volvamos a tocar el mismo tema.

«Uno se comunica, uno explora toda la gama de sus propias emociones. No nada más de lo bien que nos podamos sentir, también podemos expresar lo enojados que estemos, lo tristes, lo alegres, toda una multitud de emociones están plasmadas, y no sólo las mías sino las que estoy interactuando con el baterista o con el percusionista. Cuando un tema empieza a sonar ponemos en el centro toda esta variedad de cosas. No sabemos lo que nos pasó en el día, podemos estar mal, y sin embargo hay que salir a tocar y eso lo vamos a plasmar. En este sentido hay comunicación, una muy interna, profunda, entre nosotros. Es una dinámica de grupo con un lenguaje muy subliminal. De por sí la música es abstracta, el lenguaje musical es abstracto y no se diga la comunicación entre los músicos.

«Ahora, ¿por qué el jazz? Porque a la hora de la comunicación estamos haciendo lo que queremos musicalmente, y eso no pasa con otros géneros en donde uno obedece a ciertos patrones y hay que seguirlos, tienen otro encanto. Mi naturaleza me pide hacer este tipo de cosas, cambiar totalmente, buscar, explorar, componer al instante, y esto que hago internamente —y me imagino que en los otros integrantes sucede lo mismo—, cuando hay comunicación entre el grupo se da en la grabación, y lo pude notar en el proceso de Nos toca. A la hora que salimos a un concierto aparecemos también con esta actitud.

«Me he dado cuenta con el tiempo de que estas cosas las percibe el público, es muy sensible. Al haber una exposición, un mensaje, un discurso honesto, la gente lo percibe, la gente sabe si el músico está falseando las cosas. Si bien no puede saber lo que está pasando entre nosotros, se da cuenta de que no se le está comunicando. El público es muy sensible para estas cosas. Si la comunicación no está pasando entre nosotros no le está pasando tampoco al público, hay como un conductor. Y si no hay esa comunicación, no habrá proyección hacia el público y por lo tanto no habrá respuesta, no vamos a motivarlo. Tomando eso en cuenta, siempre salimos a dar lo mejor que tenemos, lo que podemos hacer, y por eso a la gente le gusta mucho este cuarteto, porque nos entregamos todo el tiempo, haya tres personas o esté lleno el lugar. Siempre les gusta que nos entreguemos cualquiera que sean las condiciones en las que estemos tocando. Por eso hay comunión en este disco, efectivamente».

S.M.: Entre De manera personal y Nos toca pasaron siete años. ¿Por qué tanto tiempo entre una grabación y otra?

H.I.: «En realidad pudo haber sido más. El disco De manera personal fue un accidente, en realidad íbamos a grabar este disco allá por 1993, y no sucedió entonces por razones técnicas. No llegó el ingeniero, así que me trepé a tocar el piano durante dos horas sin pensar que fuera a resultar un disco. El proyecto era grabar al trío (Armando todavía no estaba integrado), pero se me propuso la posibilidad del solo. Buscamos luego la manera de grabar al trío, no se dio, pero salió aquel disco. Lo promoví, seguí componiendo, trabajando para el cuarteto (para entonces ya cuarteto), y se retrasó hasta que dijimos: ‘esto no puede ser’. Debimos haberlo grabado antes, pero creo que las cosas se dan por una razón y se dieron en este 2000 y por fin salió el disco. Fueron muchos años en los que se fue acumulando lo que tenía que decir, toda una década. Ahora tengo 41 años y me toca expresarlo todo, sacarlo todo, y no sólo en el jazz. Me di cuenta, con el paso del tiempo, de que tengo otras propuestas musicales en mí y que las hago con facilidad. En el futuro las voy a sacar, dar todo lo que me corresponde dar, decir lo que tengo que decir».

S.M.: ¿Esto significa que vas a hacer discos en otros géneros también?

H.I.: «Los voy a hacer siempre y cuando esté listo, no los voy a sacar sólo por sacarlos. Pero no me voy a tardar tanto tiempo tampoco. Es decir, voy a ser más constante en mi trabajo, canalizarlo lo más pronto posible, siempre y cuando esté listo, ése va a ser el criterio, antes que nada».

* Y ** Estas entrevistas las realicé con el pianista en diciembre del año 2000, con objeto de que apareciera la primera en el libro Tiempo de Solos 50 Jazzistas Mexicanos, y la segunda a raíz de la aparición de su disco Nos Toca. Héctor Infanzón ha continuado todo lo que va del siglo XXI con una carrera ascendente y siempre prolífica.

 

VIDEO SUGERIDO: Héctor Infanzón Trio Live at El Lunario Azúcar Part I, YouTube (Héctor Infanzón)

FOTO 5

Exlibris 3 - kopie

BABEL XXI-578

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO 1

 

 

JERRY LEE LEWIS

THE KILLER INSIDE

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/578-jerry-lee-lewis-the-killer-inside/

Exlibris 3 - kopie