LONTANANZA: THE DO

Por SERGIO MONSALVO C.

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 ENCANTADOS DE CONOCERSE

Olivia Bouyssou Merilahti (de origen finlandés) y Dan Levy (francés) son la dupla detrás de The Dø y los responsables de crear discos interesantes, frescos y divertidos. Son obras innovadoras, hipermodernas absolutas, por el hecho de estar plagadas de influencias musicales perceptibles, así como de alardes de imaginación a la hora de realizar las mezclas con los géneros y estilos.

Merilahti, la encargada de la lírica –con una profundidad que va del romanticismo al realismo urbano–, además de tocar la guitarra, los teclados y el ukulele, es poseedora de una voz dúctil con distintos registros, emotiva y ejecutora de una vocalización distintiva. Es capaz de pasar de la suavidad a la rudeza con toda naturalidad.

Levy, de formación clásica a su vez, es el responsable de las composiciones orquestales y arreglos musicales de todos los temas. Toca diversas percusiones, la batería, el bajo, la guitarra, la armónica, el sax, la flauta, el piano y otros teclados, el xilófono el glockenspiel y las programaciones.

The Dø se formó en Francia a en el año 2005. Cantante y multi-instrumentalista se conocieron en París durante la grabación de la banda sonora original de la película francesa Empire of the Wolves y posteriormente colaboraron en The Passenger y Camping sauvage. Congeniaron y él la invitó a que conociera su estudio.

La primera vez que ella fue empezaron a experimentar un poco con los instrumentos y les pareció gozoso. Luego, las visitas se hicieron regulares. Al principio, discrepaban en absolutamente todo. Levy sólo escuchaba jazz y música clásica. Olivia, rock y pop. Ella le prestó sus discos y él los suyos. Así, ella empezó a conocer a John Coltrane y él se familiarizó con David Bowie. Levy jamás había escuchado rock o pop. Todo eso era nuevo para él. Hasta que la conoció no tenía idea de quiénes eran Radiohead o PJ Harvey, por ejemplo.

Al cabo de un tiempo, algunos amigos escucharon los temas que habían grabado como divertimento y los animaron a grabar un CD. Lo hicieron y decidieron también presentarse en vivo. A pesar de que Levy siempre había estado relacionado con la música, nunca había formado parte de un grupo ni pisado un escenario. En aquellos primeros conciertos iniciaron la venta de los discos y los agotaron todos.

El dúo comenzó a componer e interpretar temas de indie rock y folk rock (en inglés) y a mezclarlos con otros estilos musicales. El divertimento resultó ser un soplo de aire fresco para el panorama indie francés, algo estancado a principios del siglo XXI.

Y fue precisamente esa combinación de sonoridades lo que hizo tan atractivos sus discos. Cada track de los tres álbumes que han publicado hasta la fecha, A Mouthful, Both Ways Open Jaws y Shake Shook Shaken, tiene algo distinto y sorprendente para ofrecer al escucha.

Desde “Playground Hustle”, “Song for Lovers”, “Queen Dot Kong” o “Unissasi Laulelet” (una extraña canción con letras en finlandés y percusiones que hacen pensar en un jolgorio tribal) hasta “Dust it Off”, “Smash Them All”, “Quake, Mountain, Quake” o “Moon Mermaids”, la acertada mezcla de estilos da como resultado un sonido elaborado y único donde los créditos se reparten por igual: los arreglos se deben al talento de Levy, mientras que la particularidad vocal y el encanto emanan de la finlandesa Merilahti.

VIDEO SUGERIDO: The Dø – The Bridge Is Broken (Southern Soul Sessions), YouTube (ogatomartin)

La inclinación por realizar arreglos (intrincados, barrocos, de cámara o avant-garde) que evoquen imágenes, está en directa relación con la vinculación de Levy con la música sinfónica, pero el hecho de que cada track sea tan característico tiene más que ver con que, según él, cada canción es un cortometraje independiente y exclusivo.

Después de escuchar A Mouthful (el primero, del 2009) o Both Ways Open Jaws (el segundo, del 2011) queda claro que, para lograrlo, se sirvieron de cuanto instrumento y sonido pudieron encontrar. Por eso en ambos se pueden escuchar la fusión, el crossover o la mezcla de indie rock y folk rock con influencias que van desde la música clásica hasta el jazz, blues, rhythm & blues, bebop, hip-hop, por no mencionar el rock & roll, el post punk, el art-rock, la electrónica e infinidad de cosas más.

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The Dø se reinventa en cada giro. Su propuesta es de una complejidad técnica notable y llena también de sabores electrónicos y una rica orquestación. Sin embargo, en ambos discos el dúo se las ingenia para mantener esa sensación de ligereza y la inmediatez del pop: esto se debe, sin duda, a la cautivadora voz de Olivia y a su capacidad como compositora, así como al  multiinstrumentismo de Dan. Y, por otro lado, gracias a haberse autoproducido.

En los discos ellos lo han hecho todo: componer, arreglar, grabar, producir… Y, según han manifestado, no es que no confíen en nadie más, sino que realmente disfrutan con todo el proceso, por lo que no quieren dejarlo en manos de nadie más. Por eso en cada disco se percibe una sensación de libertad, de polo a polo.

“Lo que más me gusta de todo esto es que hay millones de formas de acometer una canción. Cuanto más aprendes, más opciones tienes. Puedes tocarla como quieras y eso enriquece mucho el perfil de la banda. Creo que se nota en cada disco que no nos hemos limitado a la hora de hacer experimentos con las canciones”, ha dicho Dan Levy.

El nombre del grupo, que se ha prestado desde el comienzo a la especulación, se supone deriva de la primera nota de la escala musical (Do). Nota que, a su vez, también es la última; representando así lo que es nuevo y lo que es antiguo. Eso les da a estos artistas las posibilidades para reinterpretar cualquier género. Aunque también se ha manejado que es un juego de palabras formado por las iniciales de sus nombres propios (Dan y Olivia).

En la tremenda variedad de su propuesta se nota una magnifica cultura musical en ambos integrantes, tanto en la compleja instrumentación de Levy como en los diferentes registros vocales de Merilahti, quien además ha aportado las influencias de The Knife, Bat of Lashes, Björk, Beck, The Cardigans, CocoRosie o The Fiery Furnaces, entre otros.

The Dø presenta de esta manera discos llenos de giros sonoros y, sin miedo a probar, por lo que se alza como una propuesta atractiva y renovadora de la oferta musical del mundo.

En la obra de esta dupla es tangible que la actitud y la atmósfera engendrada tanto por la academia como por la escena popular han despertado las imaginaciones expresivas de ambos artistas.

Como se ha visto, las sonoridades latentes en las composiciones de ella, provocan en él la utilización de arreglos sinfónicos al mismo tiempo que el uso de la improvisación. Muestras las hay de sobra y, al parecer, el crossover en este sentido resulta en una circunstancia creativa en pleno desarrollo (Work in Progress), mientras que quien los escucha sabe que los purismos, por fortuna, ya son lacras en extinción.

Incluso los del uso del idioma inglés en las canciones populares, que en tantos nacionalismos trasnochados provoca escozor y hasta la estulticia idiosincrática. Un asunto que recalcitrantes antiimperialistas, como Fela Kuti por ejemplo, zanjaron de la manera más pragmática y razonable. El africano cantó sus manifiestos en inglés desde el origen mismo de su obra, pues la consideró como la mejor lengua para ser conocida, entendida y difundida, a través de las fronteras de todo el mundo.

Con la misma postura estética de The Dø en tal sentido, este francés y esta finlandesa se han impuesto en sociedades tan reticentes como la francesa, que los ha elevado, a pesar de ello, a la cima en sus listas de popularidad.

“Desde el principio supimos que Olivia iba a cantar en inglés. No hubo dudas al respecto. La cultura del rock sólo se expresa verdaderamente en ese idioma. Por eso fue una decisión, natural de ambos”, ha dicho Levy.

Con dicha música y su expresión, The Dø se ha convertido en todo un acontecimiento cultural de los años cero del siglo XXI.

 

VIDEO SUGERIDO: The Dø – Quake, Mountain, Quake (Teaser Album), YouTube (ogatomartin)

 

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OMAR SOULEYMAN

Por SERGIO MONSALVO C.

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LA MEZCLA DE LOS TIEMPOS

 Desde tiempos recientes una multitud errante camina desde Siria por la geografía intercontinental (¿hacia dónde: Who knows?) en una migración masiva de expoliados debida a la guerra civil (los “despojos de la tempestad”, como definiera esos movimientos la célebre poeta Emma Lazarus).

Esa humanidad anónima y mísera enfrenta al mundo con una multitud de problemas inimaginables e infinitos. Masas cansadas y penando por respirar una libertad elemental que se les niega en su propio terruño.

Tales éxodos que por un lado pueden ser liberadores igualmente conducen al purgatorio del exilio, como el vivido por ejemplo por el cantante Omar Souleyman, quien no ha podido regresar a Tell Tamer, el villorio donde creció, cercano a  Ras al-Ayn, una ciudad al norte de Siria, del que tuvo que huir por el conflicto y para salvar la vida.

La práctica del canto lo ha llevado desde entonces por muchos lugares en los que ha podido sentirse a salvo. Sin embargo, no deja de considerarse  a sí mismo como un hombre mutilado.

Por eso el exilio, la nostalgia y la melancolía son temas importantes en la poesía ancestral y contemporánea que canta, apoyada por el World beat y el techno cosmopolita.

Souleyman nació en aquel pueblo en 1966, cuidaba animales y ayudaba en la siembra y otros menesteres para después, durante los fines de semana, unirse al grupo al-Hasakah que actuaba en las fiestas de la localidad.

Una vez como adulto decidió dedicarse de tiempo completo a trabajar como animador y cantante en festejos particulares y públicos. Lo hizo con un trío bajo su nombre, que incluyó a quienes habían sido sus acompañantes desde entonces: Rizan Sa’id y Hassan Hamadi.

Lo que diferenciaba a Soleyman de los muchos intérpretes que cantaban canciones folk y tradicionales y deambulaban por aquella región siria que colinda con las fronteras de Turquía e Irak, eran sus letras. Éstas procedían de poetas antiguos y poco conocidos de las tres culturas.

Él había crecido escuchando los cantos en todo evento social al que asistió, y luego los ejecutó profesionalmente, antes de que ello fuera prohibido de manera abrupta por los extremistas.

VIDEO SUGERIDO: Omar Souleyman “Badheni Nami” (prod. By Four Tet), YouTube (MonkeyTownRecords)

Pero una vez fuera y entrado en el siglo XXI, Souleyman no solo utilizó tal lírica. Además, comenzó a trabajar con poetas actuales a los que les proporciona una base rítmica (del hip hop, drum’n’ bass u otro derivado electrónico) para que escriban la letra en armonía con ella.

Esta mezcla de poesía y músicas árabes y kurdas y ritmos contemporáneos occidentales ha dado como resultado una fusión rica, melodiosa y, sobre todo, potente.

Dicha fusión ha sido la clave de su éxito. Un estilo ecléctico que ha llegado al público en general. Al de la propia Siria y árabe, primero, con cientos de cassettes y discos grabados durante sus actuaciones en vivo, que circularon y circulan en los mercados populares de aquella zona, y al resto del planeta, en segundo término, cuando la compañía independiente Sublime Frequencies (asentada en la Unión Americana y especializada en las músicas del Medio Oriente y africanas) lo firmó.

OMAR SOULEYMAN (FOTO 2)

Al iniciar el siglo, y a partir de ahí, su obra comenzó a ser conocida en la sopa planetaria con discos como: Highway to Hassake (2006): Dabke 2020 (2009), Jazeera Nights (2010), Haflat Gharbia – The Western Concerts (2011, LP doble), Leh Jani (2011, compilación en doble LP de algunos cassettes sirios para el subsello Sham Palace), Wenu Wenu (2013, para la Ribbon Music y con producción de Four Tet) y el más reciente Bahdeni Nami (2015, para Monkeytown).

Igualmente ha sido invitado a participar en los festivales de World music más afamados (Glastonbury, Chaos, Way Out West, etcétera) o a colaborar con gente como Damon Albarn o Björk.

Porque desde hace unos años su música ha calado entre los vanguardistas de Occidente, donde ha colaborado, además de con los mencionados, con Four Tet, Gilles Peterson y Modeselektor, entre ellos.

“Lo más importante que me han enseñado esas personas es que mi música podía sonar con una calidad superior”, ha declarado. Pero, ¿cuáles son los músicos a los que más admira? Obviamente a los de su esfera cultural: Umm Khaltoum, una cantante egipcia, con un enorme carisma, que conmovió a millones de personas. También le gusta Fairouz, la diva de Líbano, cuya música desborda pureza, que es la cualidad que más aprecia en una canción.

El tercero en su lista es Ahmad Alsamer, poeta de cabecera de su propio repertorio. “Se trata de un viejo amigo, que además creció en mi pueblo. Él ha compuesto mis piezas más populares: “Shift al mani” y “Kaset Hanzal”.

A pesar de que el lenguaje siempre va a ser un obstáculo para el conocimiento de su obra fuera de aquella región, su oferta musical sí le llega al oyente acostumbrado a las fusiones y al que le  dice cosas de esa manera, ya que las emociones contenidas en sus piezas, además de la melancolía, hablan de amor, tristeza, desamor, sentimientos compartidos por todos, por doquier.

No obstante las grandes diferencias que existen en el mundo, mucha gente busca áreas de encuentro donde haya algo en común. Las diferencias existentes son en realidad distintos puntos de vista en los que se puede aprender y entender al otro. Un cambio de perspectiva procede del acercamiento con la música  a distintas culturas.

Omar Souleyman, el sirio del Kurdistán, es un buen ejemplo y practicante de ello. Aunque con el exilio  haya sido víctima, como millones de sus paisanos, de quienes buscan imponer con la violencia y el terror las ideas propias sobre las ajenas.

VIDEO SUGERIDO: Omar Souleyman live in Vienna (2014), YouTube (Telekom Electronic Beats)

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AFRO CELT SOUND SYSTEM

Por SERGIO MONSALVO C.

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 CRISOL HIPERMODERNO

Es posible que en la prehistoria haya existido una cultura musical de alcances globales. De la punta occidental de África (Dakar) se extendía al Norte a Galicia y de ahí a las islas británicas de la Europa occidental. Por lo tanto, es probable que hubiera rutas comerciales, que la gente se reuniera, hiciera trueques e intercambiara estilos musicales. Eso sucedía, según las teorías. Se trataba de la cultura celta, quizá la primera en convertirse en interracial.

Aquel momento de la humanidad regresó a finales del siglo XX, en otra vuelta de tuerca histórica, con las aportaciones propias de su circunstancia. Su encarnación se hizo llamar Afro Celt Sound System e interpretaban afrobeat, fusión celta, techno percusivo, electrónica etno con breakbeat de gaita, jungle de kora y dub de arpa, es decir, el World beat en pleno.

El grupo Afro Celt Sound System es desde entonces un producto típico de la época. Con su fuerte crossover de dance y música tradicional celta y de África Occidental, estos músicos (con sus variantes numéricas y rotaciones) garantizan un crisol artístico hipermoderno.

En 1995, cuando el guitarrista y productor inglés Simon Emmerson presentó el proyecto de fusionar música tradicional celta y de África Occidental con beats del dance, las grandes compañías disqueras no le hicieron ningún caso. Sin embargo, cuando Peter Gabriel, dueño del sello de World music Real World —incorporado a Virgin— los escuchó tocar decidió incorporar este grupo a su catálogo. De esta forma, Afro Celt introdujo el dance moderno a una compañía por lo general tradicional y siempre “culturalmente correcta”.

Real World es una excepción positiva en el mundo de los discos. Gabriel es un gran amante de la World music y una persona honesta. Trata a los músicos con respeto y definitivamente no es una sanguijuela que los explote sean de donde sean, como lo hacen otros.

Al principio la compañía Virgin no esperaba mucho del proyecto; sus expectativas máximas eran vender entre 20 y 30 mil discos. No obstante, el debut del grupo, Volume 1: Sound Magic (1996), fue un éxito rotundo. Hasta la fecha se han vendido casi 750 mil ejemplares, un récord para Real World.

La agrupación contaba con Ronan Browne (un escocés que toca la gaita, flautas, mandolina y harmonio), James McNally (inglés ex Pogues en el acordeón, silbatos y bodhrán), Jo Bruce (hijo de Jack Bruce, en los teclados y programación), Iarla O’Lionáird (cantante gaélico de Irlanda), Myrdhin (arpista de la Bretaña), Davy Spillane (irlandés en las flautas villeanas y low whistle), Martin Russell (inglés en los teclados y programación), además de varios miembros del grupo senegalés de Baaba Maal (en las voces, tambores, kora, címbalos, sítara y tambores parlantes, el cuarteto escocés de folk Shooglenfly y el propio Emmerson (en los tambores, guitarras y teclados).

Su mezcla de palpitantes technobeats, alfombras ambientales de sintetizadores e instrumentos tradicionales de África e Irlanda se convirtió en una novedad total con esa forma electroacústica, y en un bestseller para el sello.

Al final de la gira promocional de 1997, el miembro más joven del grupo, el tecladista Jo Bruce, murió repentinamente de un ataque de asma. El grupo requirió más de un año para superar esta pérdida.

VIDEO SUGERIDO: AFRO CELT SOUND SYSTEM – Womad Festival UK 2010, YouTube (namuntv)]

En 1999 apareció el segundo CD del grupo, Volume 2: Release, con el mismo estilo aunque la integración había cambiado. Los músicos de Baaba Maal se fueron a cumplir sus compromisos, lo mismo que el cuarteto escocés, pero se agregaron el inglés del hurdy-gurdy Nigel Eaton y su compatriota Johnny Kalsi en la tabla y el tambor dhol de la India.

Como invitada participó la cantante irlandesa Sinéad O’Connor, además de N’Faly Kouyad (de Guinea), en la voz, la kora y el balafón, y Moussa Sissokho (Senegal) en el tambor parlante y Youth en el bajo. Continuó la frescura de los beats robustos, hubo mayor velocidad y el dejo de estar escuchando una síntesis de historia cultural, el signo de los tiempos.

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El Volume 2: Release retrató una especie de proceso de duelo y el sencillo “Release”, en el que destaca la emotiva interpretación vocal de Sinéad O’Connor, fue un homenaje póstumo a Jo.

Volume 1 representa el sonido de un proyecto; a partir del Volume 2, el de un grupo de verdad. El grupo en realidad no se conoció hasta después del primer disco, durante la gira. Después de unas cien presentaciones en vivo y en televisión, el núcleo de Afro Celt Sound System permaneció unido. La agrupación entonces quedó conformada como septeto más músicos invitados.

En los orígenes de este grupo multicultural se encuentra el pintor Jamie Reid, que en los setenta convirtió en “arte” al punk a través de las portadas de los Sex Pistols, entre otros. Reid se entusiasmó tanto con el cruce afrocelta que se escucha en Lam Toro, el disco producido por Emmerson para el cantante senegalés Baaba Maal, que pintó un cuadro intitulado Afro-Celt Sound Magic y le comunicó a Emmerson: “Aquí está la ilustración para el álbum que vas a sacar”.

Según Emmerson, ni siquiera pensaba aún en fundar un grupo, mucho menos en grabar un álbum. Reunió entones a varios músicos y organizó la primera sesión afrocelta en el club Whirl-Y-Gig de Londres. Fue un happening memorable. La gaita y la kora africana parecían integrarse perfectamente a los beats del drum ‘n’ bass.

De esta manera, Reid fue el responsable del título y la portada de Volume 1: Sound Magic. Fue la primera vez en la historia de la música que la portada existiera antes que el grupo y el álbum. Por una vez la vida imitó al arte.

El Afro Celt Sound System registra el sonido paneuropeo del este de Londres. Drum ‘n’ bass, underground asiático, afropop, reggae, dub. Todas esas corrientes se engendraron ahí. El londinense Emmerson creció en el barrio obrero multicultural de Hackney, iba a una escuela de alumnos negros, en su mayoría, y trataba a africanos y asiáticos. Sus padres, de filiación izquierdista,  tocaban, además, música negra y folk inglés de los sesenta y de niño lo enviaban a “campamentos folk”.

Apenas salido de la casa paterna, Emmerson se integró al movimiento squatter de ocupantes de casas en Londres, tocó la guitarra con los grupos Working Week y Scritti Politti (cuando todavía eran punks) y después de eso inició el capítulo de “música dance” en su vida, como productor de compilaciones de acidjazz bajo el nombre de Simon Booth.

Al mismo tiempo realizaba estudios sobre la música africana. Durante una investigación al respecto viajó a Senegal y ahí conoció a Manu Dibango, el padrino del afrobeat, quien a la postre lo contrató en 1990 para producir su álbum Polysonik, el cual se convirtió en una de las primeras producciones de música africana con influencia de dance y de hip hop.

El resultado del disco le abrió la posibilidad de contactarse con Baaba Maal, el más destacado intérprete del estilo mbalax. Ahí, Emmerson quedó sorprendido por las semejanzas de muchos sonidos con melodías irlandesas. Lo grabó y regresó a Londres. Al escuchar las cintas y compenetrarse con el material, intuyó la posibilidad de crear una fusión de sonidos celtas y africanos con beats modernos.

Desde entonces han ganado Grammys han variado sus formaciones con componentes de diversos países como Inglaterra, Senegal, Guinea, Irlanda, Francia y Kenia y se sienten orgullosos de poseer la habilidad de conectar con la gente. “Nos podemos comunicar con ella en cualquier esquina del planeta porque nos sentimos como en casa”, han declarado.

Lo Afroceltas han derribado las categorías musicales entre la World music, el rock y la música negra. Viven como un proyecto de puertas abiertas lo mismo para el futuro que para la tradición. Son como un péndulo que va de las míticas tierras celtas a los modernos clubes de dance londinenses. Con esta mentalidad realizaron el Volume 3: Further in Time, el cual incluyó a Robert Plant y Peter Gabriel en las voces.

En los siguientes años aparecieron Seed (de estudio), Pod (una compilación de mezclas de sus cuartro primeros discos) y luego al álbum de estudio Anatomic, que volvía a sus formas familiares e iniciaron una larguísima gira de dos años que finalizó en Corea del Sur. Se dieron entonces una pausa igualmente prolongada para realizar cada uno de los miembros sus proyectos particulares, como el The Imagined Village de Emmerosn y Johnny Kalsi.

En el verano del 2010 dieron comienzo nuevamente a sus presentaciones en vivo con el afán de promocionar su nuevo trabajo Capture, un álbum doble, que recoge lo mejor de su trayectoria. Después han vuelto a tomarse un respiro, a crear material y a esperar que las agendas de todos los miembros combinen para regresar al estudio y realizar alguna gira, mientras varios de sus temas son incorporados a los soundtracks de distintos trabajos fílmicos.

Afro Celt Sound System despliega muchos decibeles tanto en sus discos como en sus presentaciones en vivo y desarrolla un implacable ritmo de baile. Lo suyo es un viaje tribal en la curva del tiempo, que gracias a su estética es también una propuesta de lo más cosmopolita.

VIDEO SUGERIDO: LushFest 2011 Presents: Afro Celt Sound System (v2), YouTube (LUSH)

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BOB MARLEY (2)

Por SERGIO MONSALVO C.

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 NACIMIENTO DE UNA PROGRESIÓN

(40 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO)

 A mediados de la década de los cincuenta, dos hombres que habrían de desempeñar un papel clave en el futuro de la música jamaicana se habían unido a las filas de los sonideros. Uno era Duke Reid y el otro Clement Seymour Dodd. Reid adoptó el apodo “Trojan” por el nombre del camión de plataforma Bedford Trojan que usaba para transportar el equipo.

Dodd, a su vez, bautizó su sonido como “Sir Coxsone Downbeat”, por el jugador de críquet Coxsone, originario de Yorkshire, del que era admirador. Durante la segunda mitad de la década, este par de personajes protagonizó una guerra musical que habría de alargarse hasta bien entrados los años sesenta.

Durante los cincuenta nació también la industria disquera local. Al comienzo de la década, un tal Stanley Motta registró en su estudio, con una grabadora primitiva, ejemplos de la versión jamaicana del calypso conocida como mento. En 1954, Ken Khouri fundó Federal Records, donde diariamente producía unos doscientos discos de goma laca de 78 revoluciones bajo licencia de los Estados Unidos, además de unas cuantas grabaciones locales. El negocio prosperó y al poco tiempo Khouri instaló una fábrica de prensar que empleaba a más de cincuenta obreros.

En 1958, Edward Seaga, a la postre líder del Partido Laborista Jamaicano y elegido primer ministro en 1980, fundó una compañía llamada WIRL (West Indies Records Limited), la cual empezó a producir los discos grabados por intérpretes locales como Joe Higgs y Roy Wilson.

En ese mismo año, Chris Blackwell (también oriundo de Jamaica) grabó al cantante Laurel Aitken, con una pieza llamada “Boogie in My Bones”. Fue un hit número uno en el país. Al año siguiente, Duke Reid realizó su primera sesión de grabaciones y Clement Dodd también hizo lo suyo. Al inicio de los sesenta, otros productores empezaron a entrar al negocio. Derrick Morgan con la disquera Hi‑Lite y Cecil Campbell, que adoptó el nombre profesional de Prince Buster, con The Voice of the People.

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Por esa época, en los Estados Unidos casi concluía la transformación del rhythm and blues negro en el rock and roll blanco. Los productores jamaicanos de discos que enfrentaban esta situación simplemente hacían sus propias copias del rhythm and blues, idénticas al modelo estadounidense.

Buster cambió todo eso. Sabía que era necesario algo nuevo, de modo que indicó a su guitarrista Jah Jerry que en cada compás pusiera el énfasis no en el tiempo fuerte sino en el débil. Las ramificaciones de esta innovación se han prolongado hasta la fecha, puesto que, de una manera u otra, esta acentuación sigue siendo la síncopa jamaicana esencial. Dicho sonido se erigió en un ingrediente clave del naciente género musical exclusivo de Jamaica que se conocería como “ska”.

Prince Buster negoció un contrato con Melodisc Records en Inglaterra, que editaba sus producciones en el sello Blue Beat. Ahí competían con la compañía Island, fundada en 1962 por Chris Blackwell (quien se había mudado a Londres), y con R&B de Rita y Benny King, en ventas y en el esfuerzo por acaparar la atención del que entonces era el más grande mercado para la música jamaicana.

Dicho mercado extranjero era de suma importancia. Los discos del país caribeño se vendían muy bien en la Gran Bretaña, donde cautivaron el oído de toda una generación de jóvenes blancos de la clase obrera, los “modernistas”, según ellos mismos se llamaban. Los discos eran tocados en clubes y en los bailes masivos de sonidos conocidos como “blues”.

Al comienzo de los sesenta, los bailes de “blues” se realizaban cada fin de semana en las zonas de población jamaicana de todas las grandes ciudades inglesas. Un nuevo ingrediente anunció así su llegada a la cultura británica. Es posible medir la profunda penetración del ska en su adoptada cultura anfitriona, por el hecho de que a mediados de la década existían clubes especializados en el género en lugares tan apartados el uno del otro como Lancashire y en la costa meridional de Kent.

En términos de música popular, dicha penetración se reflejó en las ventas multimillonarias de la pieza “My Boy Lollipop” de Millie Small, por ejemplo, con su tibia aproximación al ska (tiempo después sucedería lo mismo con la versión de los Bad Manners).

En la propia Jamaica hubo un diluvio de discos entre los años 1962 y 1966.  Durante este periodo, Bob Marley hizo sus primeras grabaciones, en un inicio como solista para el empresario chino‑jamaiquino Leslie Kong, pero de manera más importante desde 1963 para Coxsone, como integrante de los Wailing Wailers. Éste era uno solo de los muchos grupos vocales que existían en ese momento. Competían con The Maytals, Justin Hinds and The Dominoes, The Clarendonians, The Charmers y un sinnúmero más. Al panorama general había llegado la música del ghetto.

Sin embargo, aún debía luchar por obtener el reconocimiento de la élite dominante de Jamaica. Ésta prefería los sonidos más pulidos de la orquesta de Byron Lee, que realizaba giras constantes por la isla y de manera regular también por otros lugares del Caribe. En 1964 intentó, con poco tino, popularizar el ska en los Estados Unidos: lo redujo a fórmulas y dio un tratamiento comercial al baile con la intención de despertar una moda parecida a la del twist.  No obstante, el proyecto fracasó.

Otros hombres talentosos como Lee Perry, también producían en el estudio de Coxsone, quien proporcionaba a la música la infraestructura necesaria y se basaba en su gusto para seleccionar las grabaciones a lanzar.  Dueño de tres equipos de sonido activos durante los sesenta, Coxsone impuso su dominio hasta mediados de la década. Sin embargo, ya se anunciaba el cambio.

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TAKE THE “T” TRAIN

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (METRONOMY)

 La historia de un grupo como Metronomy no comenzó a fines del siglo XX como lo puede indicar cualquier monografía sobre él. No. Su esencia, su origen ontológico es otro, uno que evoca tiempos idos y, antes que nada, la primigenia idea de la exclusividad para los momentos recreativos, como el privilegio de disfrutar de un ocaso, por ejemplo.

Joseph (Patrick Kennith) Mount es un músico, compositor y cantante británico que nació en Totnes en septiembre de1982. Su caso es el del artista cuyo lugar de nacimiento ha determinado su obra en más de una manera. La comunidad de Totnes está dentro del condado de Devon, al sur de la Gran Bretaña y a orillas de río Dart.

Sin embargo, es un sitio prestigioso gracias a su colegio de arte y a las formas de cultura y vida alternativas que ha suscitado. Mount estudió primeramente ahí, bajo los cuidados de sus padres que eran profesores en el lugar. La madre le inculcó el afecto por la literatura y su padre por la música. Materias que arroparon su niñez y adolescencia.

Durante los veranos la familia pasaba sus vacaciones en el cercano Torquay, una población de la costa sur inglesa y que se extiende a lo largo del litoral. Desde mediados del siglo XIX, cuando emergió como destino turístico gracias a la compañía de Cook y al recién inaugurado ferrocarril (el Great Western Railway), esta zona ha sido conocida como la Riviera Inglesa por su clima saludable, sus tranquilas y limpias playas, elegantes balnearios y hoteles, destino del gran turismo británico.

Sus playas se convirtieron en el lugar de veraneo de reyes y escritores como Charles Dickens, Agatha Christie y Oscar Wilde, lo cual ejerció de atractivo adicional para las personas que buscaban un esparcimiento donde la cultura (teatro, conferencias y charlas con los autores, conciertos), la oferta culinaria, el sol y la playa, ofrecieran para el tiempo de ocio y descanso un espacio igualmente importante para la reflexión.

Circunstancia que se mantuvo durante tres cuartos del siglo XX hasta que los paquetes turísticos de bajo costo y masivos desviaron la atención hacia otras latitudes y objetivos y el lugar comenzó a languidecer. Fue el tiempo en el que Mount se fue a la Universidad de Brighton, ubicada en la misma zona geográfica, a estudiar música y literatura inglesa.

Ahí, además de los estudios académicos fundó algunas bandas para explorar con sus posibilidades (The Upsides y The Customers, entre ellas) y trabajó como DJ (con el nombre de Metronomy, desde 1999, para sostenerse). Sin embargo, fue con un sintetizador G3, heredado de su padre, que el músico comenzó a probarse con la electrónica. Esto lo llevó a experimentar de manera solitaria en su propia habitación de Totnes.

VIDEO: Metronomy – The Look (Music Video), YouTube (Metronomy)

De tal situación brotó con los años el disco Pip Paine (Pay The £5000 You Owe), música de electrónica instrumental con la influencia de estilos como los de Autechre y Funkstörung. Esas piezas ondeaban la bandera del lo-fi.

 A aquel proyecto instrumental poco a poco, según iba ganando confianza, le fue añadiendo cosas: voces, otros músicos (Gabriel Stebbing y Oscar Cash en algunos beats) y pequeños detalles del synth pop. Su labor se fue conociendo, lo cual lo llevó a realizar remixes para gente como Goldfrap, Franz Ferdinand, Klaxons, Roots o Lykke Li, entre otros, y con el tiempo a lanzar otro disco: Nights Out (2009).

Joseph se había atrevido a cantar, y como trío habían conseguido cierta reputación en sus actuaciones en vivo. Metronomy seguía haciendo electrónica, pero ya se intuía la transición al pop. Pocos meses después de editar el segundo disco, Gabriel Stebbing abandonó al grupo, con lo que Mount se vio en una extraña situación. En el estudio todo seguía siendo asunto de él (es el letrista, compositor, cantante y guitarrista), pero también pensó que quizá fuera el momento establecer una banda fija.

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Así que él y Oscar Cash (sax, coros y teclados), reclutaron a la baterista Anna Prior y al bajista Gbenga Adelakan. Esa fue la formación que comenzó a trabajar en la que sería la nueva propuesta de Mount. Algo distinto y en lo que se había concentrado casi tres años: The English Riviera. Una vuelta espiritual a los orígenes del compositor.

Esos orígenes, completamente emocionales, se encuentran en todas las playas que forman parte de la bahía de Torbay y que significaron mucho en su desarrollo como persona y en su visión del mundo (Maidencombe, Watcombe, Oddicombe, Anstey’s Cove, Meadfoot Beach, Torre Abbey y Corbyn Sands): de cuando el gran turismo llegaba a tales sitios para fortalecerse, descansar, leer, intercambiar experiencias y disfrutar de los ocasos frente al mar.

A Mount le tocó vivir el último coletazo de aquel esplendor y el progresivo abandono pero también, cuando regresó de su estancia universitaria, del advenimiento de una nueva especie de visitantes: el estudiantado extranjero de alto nivel (no springbreakers), que le ha brindado a la zona los beneficios del cosmopolitismo, la interculturalidad y un nuevo auge.

De la concepción del ocio fructífero, del conocimiento de personas interesantes y de la relación con la naturaleza (con la admiración de por medio y las metáforas que de ello se desprenden) es que el líder de la banda escribió el material para su nuevo proyecto, que conllevaría un giro sonoro.

Los títulos y las letras son homenajes a su tierra natal, arropados con seleccionadas melodías y líneas de bajo que hablan de una revisitación a los efluvios de los setenta y los ochenta. Sin embargo, y a pesar de su mirada un tanto nostálgica, en el material no hay copias ni remedos de aquellos sonidos de antaño, sino guiños innegables que resultan ser herramientas bien utilizadas para conseguir un excelente  disco.

Uno que puede evocar a otros nombres (Bowie, Wild Beats o Blondie), pero que siempre suena a Metronomy. Un grupo tan diferente como cautivador, con sonidos electrónicos y ritmos originales, con una equilibrada mezcla de melodía e intención. La de recordar olvidados placeres de la vida, que pueden reencontrarse en la literatura de viajes y en las experiencias de larga sombra de un turismo memorable.

VIDEO SUGERIDO: Metronomy – The Bay (Music Video), YouTube (Metronomy)

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ANOUSHKA SHANKAR

Por SERGIO MONSALVO C.

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LA CONEXIÓN GYPSY

De la India procede una de las familias más activas, ilustres e importantes de la cultura de aquel país, una que se ha distinguido por establecer puentes sólidos entre la suya y las de otros lugares; por vincular sus raíces a la modernidad: los Shankar.

Ese clan se ha significado, en gran medida, en la puerta de entrada y salida contemporánea de y hacia aquel inmenso territorio por la vía de la música. Un insustituible elemento, éste, para la comunicación, la comprensión y el conocimiento de los otros.

A la cabeza de ésta se encontró hasta su muerte,  Ravi (1920-2012), el virtuoso gran maestro del sitár oriundo de Benarés, a cuya visión, talento y amplitud de miras se debió su amistad con los Beatles y con George Harrison, en particular, y a través de él con la cultura del rock, de la cual se convirtió en gestor y en una de las más fuertes influencias desde los años sesenta del siglo XX.

La expresión musical india constituyó desde entonces el siguiente factor esencial en el bagaje del romanticismo creado por tal género (pero no sólo de éste sino también del crossover de las ragas indias con lo sinfónico académico), nada menos.

Ananda Shankar, originario de Calcuta, a su vez, fue el hijo de los famosos bailarines tradicionales Uday y Amala Shankar y sobrino del legendario Ravi. Aprendió a tocar el sitár y su inquietud juvenil y las experiencias de su tío en el Occidente lo interesaron en el ritmo de su época: el rock. A finales de los años sesenta se convirtió en el pionero de la corriente indo-funk.

VIDEO SUGERIDO: Anouska Shankar & Jeff Lynne – The Inner Light, YouTube (dawid260892)

Por otro lado, el apellido Shankar tiene en la actualidad a Anoushka como representante contemporánea del sitár (ese instrumento de cuerdas, al que muchos consideran el más complicado de todos, tan delicado que requiere de afinamiento constante). Su aprendizaje requiere demasiada disciplina. En principio es difícil de sostener y los dedos se cortan con las cuerdas hasta que se hacen callos.

Pues ese fue el instrumento que Anoushka eligió: el mismo que todo el mundo, literalmente, asocia con Ravi, su padre (el mítico introductor de la música india en Occidente y progenitor también de Norah Jones, la cantante y pianista del pop jazzy).

Anoushka desde el comienzo supo que todo el mundo la compararía, pero no se amedrentó. Para mayor handicap la música clásica india la enseña directamente el maestro a su único discípulo. Así que buscó en el mismo instrumento su propio camino y en Ravi a su maestro.

Ravi Shankar tenía 61 años cuando Anoushka nació en Londres en 1981. Y desde siempre ella se ha movido entre dos mundos. Es originaria de Inglaterra pero desde niña se acostumbró a pasar largas temporadas en Delhi y California.

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A los nueve años inició sus estudios de la mano de su padre, con un sitár construido especialmente para ella. A los trece debutó en concierto. Tocó con Ravi en el Concerto numéro 1 para sitár y orquesta, con Zubin Mehta al frente de la London Symphony Orchestra (en el que la química entre ambos funcionó a la perfección). De igual manera se unió a Rostropóvich para estrenar una obra para violonchelo y sitár. Sus credenciales, pues, son impresionantes.

Además de sitarista, Anoushka es bailarina, actriz y escritora (publicó el libro Bapi-The Love of My Life). “Me gusta ser creativa en medios distintos porque creces con cada cosa que experimentas”, ha dicho.

Tales experimentos le han proporcionado su particular camino, un estilo, dentro de la música y como sitarista en especial. El proceso ha ido evolucionando a través de  sus discos. De Anoushka (1998), Anourag (2000) y Live at Carnegie Hall (2001), en los que tocaba obras paternas, a Rise (2005), Breathing Under Water (2007), Traveller (2011), Traces of You (2013), Home (2015) y Land of Gold (2016), en los cuales junta a músicos de Oriente y Occidente con instrumentos acústicos y electrónicos, y lo hace con las propias composiciones.

Éstas mezclan las raíces hindús con el jazz, el pop, el folk y la world music (de su progenitor aprendió también que no es conveniente apegarse mucho al purismo de las tradiciones). Así que dejó de ser sólo una instrumentista virtuosa de la música clásica india.

Sin embargo, fue con el álbum Rise que encontró la ruta nueva a seguir: descubrió el flamenco. Esto se dio a través del tema Soleá, que interpretó con el joven pianista sevillano Pedro Ricardo Miño. Lo que le atrajo de ese género fue su apasionamiento.

Al acercarse a éste se dio cuenta de que las divisiones rítmicas del flamenco son menos intrincadas que en la música india, pero hay algo igualmente fascinante y similar en la forma de tocarlas y que su empatía no es de ahora sino de siglos. Como en el flamenco, la música india se transmite de padres a hijos. Gitanos e indios viven la música como una experiencia vital. Han nacido con ese sino y conviven con él.

Su disco Traveller, fue todo por ese camino. En el reencuentro con Miño plasma, entre otras cosas, una desbordante bulería, tan frenética como lírica, y que constituyó una de las joyas de dicha grabación. Anoushka también firmó una preciosista granaína con el guitarrista Pepe Habichuela, acompañó a Sandra Carrasco en una seguiriya con la ayuda de las tablas y el cajón de Piraña, y caminó junto a Duquende en unos tangos canasteros. En fin el gran viaje al flamenco de la sitarista.

Ravi Shankar durante 50 años mantuvo como base la música india relacionándola con el rock, el jazz, el minimalismo o la clásica occidental. En el caso de Anoushka, en la segunda década del siglo XXI, se trató de un personal diálogo indo-flamenco. Como compositora fue el reflejo de lo que es actualmente.

Como intérprete del sitár continuó muy relacionada con su tradición y con su padre (haciendo juntos largas giras hasta el fallecimiento de éste), aunque como compositora, en sus discos, busca moverse por otro camino: el suyo. Con éste los nuevos escuchas quizá consigan invertir las cosas, sacudirse la fama paterna y hacerla brillar por sí misma; cambiar el tópico de  perspectiva: de ser “la hija de Ravi”, en ella, por el de “el padre de Anoushka”, en él.

VIDEO SUGERIDO: Anoushka Shankar – Boy Meets Girl (Live Denmark 2012), YouTube (miclu2011)

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LONTANANZA: CUONG VU

Por SERGIO MONSALVO C.

CUONG VU (FOTO 1)

GOOD MORNING VIETNAM

Cuong Vu (quien nació el 19 de septiembre de 1969) acababa de cumplir los seis años de edad cuando su familia decidió dejar Vietnam para irse a radicar a la Unión Americana. Fue la ciudad de Seattle la que lo vio crecer. Cuando cumplió los once su mamá le regaló una trompeta para satisfacer sus inclinaciones musicales.

Tal hecho fue determinante para la vida de Cuong, pues el asunto derivó en incansables sesiones de práctica del instrumento y en una beca para estudiar en el Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra.

En aquella institución Vu conoció al saxofonista y compositor Joe Maneri, el cual se convirtió en su maestro. Bajo tal batuta emprendió un camino que lo conduciría hacia las regiones ignotas del jazz y de la curiosidad por sus músicas ancestrales, con las que enfatizó, a la postre, la originalidad y el concepto personal sobre la música.

Para el trompetista este derrotero incluyó la búsqueda de un sonido particular que extendiera la sonoridad y el papel convencional de su instrumento hacia áreas muy poco exploradas, además de encontrar nuevas formas, texturas y enfoques para cada una de sus improvisaciones.

En la década de los noventa Vu volvió a su tierra natal para estudiar la música de sus antepasados. Vietnam se había convertido en punto importante en el destino de turistas y empresarios del mundo tras el levantamiento del boicot económico estadounidense. Los propios vietnamitas iban hacia su capital, Saigón, para divertirse los fines de semana. Sin embargo, las cosas ya eran así desde los años ochenta.

La nueva escenografía urbana de la Ho Chi Minh City ofrecía a los  cientos de jóvenes —que transitaban por sus ruidosas calles en bicicletas y motonetas escuchando sus grabadoras portátiles— los más diversos ritmos. Es más, la diferencia entre los jóvenes de aquella región asiática (tailandeses, indonesios, de Singapur y Vietnam) se había disuelto debido a la occidentalización en la forma de vestir y en la escucha del pop.

La música emanada de sus óperas tradicionales, de la que se desprendían las canciones populares desde épocas remotas (como la legendaria Cai Luong), transformaron su estilo a favor de la modernización con dos tipos de pop: el nhac ngoai o cóvers de los éxitos internacionales en su versión vietnamita, y las baladas o nhac tru tinh adaptadas a melodías antiguas.

CUONG VU (FOTO 2)

En los recién abiertos bares se escuchaba desde “La Bamba”, el cha cha cha o el techno en sus variados modos, hasta las imitaciones de Madonna con bailarines y demás. El Reggae y la Lambada permeaban las pistas de baile y centros nocturnos. No obstante, los jóvenes preferían los lugares más underground con discos poco conocidos, sonidos fuertes y pantallas trasmitiendo videos de heavy metal.

Es decir, era ya una capital cosmopolita con todos sus estándares. La música tradicional y folclórica, como la dan ca, por ejemplo, habían aportado sus sonidos suaves y sentimentales a las melodías del pop regional, el cual era interpretado por todo tipo de dotaciones musicales hasta la big band.

VIDEO SUGERIDO: Cuong Vu – Pure 01- Faith, YouTube (rikkisch)

La familia local del joven Vu, de acomodada posición, le dio a conocer las disonancias, armonías, percusiones e instrumentación de la música tradicional, con sus teatros de títeres y narraciones musicales mitológicas, costumbristas y suntuosas.

Mientras tanto, el Saigón finisecular le enseñaba los caminos de las mezclas y fusiones en concordancia con el resto del planeta. Tras este nutritivo aprendizaje volvió a los Estados Unidos para terminar sus estudios académicos.

Luego de titularse como jazzista, Vu estudió música clásica en el mismo conservatorio. Fue un seguidor incondicional de Beethoven, Schönberg, Lutoslawski y Ligeti. Así que al abrazar la música como forma de vida amalgamó todas sus influencias integrándolas en un lenguaje y voz únicas, tanto en las ejecuciones instrumentales como en sus composiciones.

Al salir del Conservatorio se dirigió a Nueva York, donde rápido se hizo de una buena reputación. En 1992 entró a formar parte de Orange Then Blue, un ensamble de jazz posmoderno.

Cuatro años después ya era una celebridad del downtown (estrella de la Knitting Factory) y sideman de gente como Chris Speed (intérprete del post bop), lo mismo que de Bobby Previte (una formación de free bop), Ken Schaphors (una big band de corte tradicional con arreglos contemporáneos) y Dave Douglas (enclavado en el free jazz).

La lista de sus intervenciones podría extenderse mucho más. Sin embargo, su trabajo como líder ha obtenido un mayor reconocimiento al frente de grupos como JACKhouse, Scratcher y Vu-Tet. En ellos puso de manifiesto las características que lo han encumbrado como músico: interpretaciones misteriosas, extrañas y lejanas de cualquier convencionalismo.

Vu es un músico aventurero, producto del hipermodernismo y de su largo directorio de influencias, urbano, pleno de expresividad y de riqueza instrumental.

Y para “descansar” un poco del trabajo con sus diversos proyectos entró a formar parte del grupo de Pat Metheny a partir del 2002, no sólo como músico sino también como cantante.

Discografía mínima: Luciano’s Dream (con Oscar Noriega, Omni Tone), While You Were Out (con Orange Then Blue), Ragged Jack (con Soft/Vu, Avant), Sanctuary (con Dave Douglas, Avant), Yeah/No (con Chris Speed, Songlines), Interpretationes of Lessness (con Andy Lester, Songlines), Too Close to the Pole (con Bobby Previte, Enja), Bound (como solista, Onmi Tone), Pure (como solista, Knitting Factory), Come Play With Me (Knitting Factory).

VIDEO SUGERIDO: Pat Metheny Group. Song For Bilbao, YouTube (2907rico)

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LONTANANZA: THE DO

Por SERGIO MONSALVO C.

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ENCANTADOS DE CONOCERSE

Olivia Bouyssou Merilahti (de origen finlandés) y Dan Levy (francés) son la dupla detrás de The Dø y los responsables de crear discos interesantes, frescos y divertidos. Son obras innovadoras, hipermodernas absolutas, por el hecho de estar plagadas de influencias musicales perceptibles, así como de alardes de imaginación a la hora de realizar las mezclas con los géneros y estilos.

Merilahti, la encargada de la lírica –con una profundidad que va del romanticismo al realismo urbano–, además de tocar la guitarra, los teclados y el ukulele, es poseedora de una voz dúctil con distintos registros, emotiva y ejecutora de una vocalización distintiva. Es capaz de pasar de la suavidad a la rudeza con toda naturalidad.

Levy, de formación clásica a su vez, es el responsable de las composiciones orquestales y arreglos musicales de todos los temas. Toca diversas percusiones, la batería, el bajo, la guitarra, la armónica, el sax, la flauta, el piano y otros teclados, el xilófono el glockenspiel y las programaciones.

The Dø se formó en Francia a en el año 2005. Cantante y multi-instrumentalista se conocieron en París durante la grabación de la banda sonora original de la película francesa Empire of the Wolves y posteriormente colaboraron en The Passenger y Camping sauvage. Congeniaron y él la invitó a que conociera su estudio.

La primera vez que ella fue empezaron a experimentar un poco con los instrumentos y les pareció gozoso. Luego, las visitas se hicieron regulares. Al principio, discrepaban en absolutamente todo. Levy sólo escuchaba jazz y música clásica. Olivia, rock y pop. Ella le prestó sus discos y él los suyos. Así, ella empezó a conocer a John Coltrane y él se familiarizó con David Bowie. Levy jamás había escuchado rock o pop. Todo eso era nuevo para él. Hasta que la conoció no tenía idea de quiénes eran Radiohead o PJ Harvey, por ejemplo.

Al cabo de un tiempo, algunos amigos escucharon los temas que habían grabado como divertimento y los animaron a grabar un CD. Lo hicieron y decidieron también presentarse en vivo. A pesar de que Levy siempre había estado relacionado con la música, nunca había formado parte de un grupo ni pisado un escenario. En aquellos primeros conciertos iniciaron la venta de los discos y los agotaron todos.

El dúo comenzó a componer e interpretar temas de indie rock y folk rock (en inglés) y a mezclarlos con otros estilos musicales. El divertimento resultó ser un soplo de aire fresco para el panorama indie francés, algo estancado a principios del siglo XXI.

Y fue precisamente esa combinación de sonoridades lo que hizo tan atractivos sus discos. Cada track de los tres álbumes que han publicado hasta la fecha, A Mouthful, Both Ways Open Jaws y Shake Shook Shaken, tiene algo distinto y sorprendente para ofrecer al escucha.

Desde “Playground Hustle”, “Song for Lovers”, “Queen Dot Kong” o “Unissasi Laulelet” (una extraña canción con letras en finlandés y percusiones que hacen pensar en un jolgorio tribal) hasta “Dust it Off”, “Smash Them All”, “Quake, Mountain, Quake” o “Moon Mermaids”, la acertada mezcla de estilos da como resultado un sonido elaborado y único donde los créditos se reparten por igual: los arreglos se deben al talento de Levy, mientras que la particularidad vocal y el encanto emanan de la finlandesa Merilahti.

VIDEO SUGERIDO: The Dø – The Bridge Is Broken (Southern Soul Sessions), YouTube (ogatomartin)

La inclinación por realizar arreglos (intrincados, barrocos, de cámara o avant-garde) que evoquen imágenes, está en directa relación con la vinculación de Levy con la música sinfónica, pero el hecho de que cada track sea tan característico tiene más que ver con que, según él, cada canción es un cortometraje independiente y exclusivo.

Después de escuchar A Mouthful (el primero, del 2009) o Both Ways Open Jaws (el segundo, del 2011) queda claro que, para lograrlo, se sirvieron de cuanto instrumento y sonido pudieron encontrar. Por eso en ambos se pueden escuchar la fusión, el crossover o la mezcla de indie rock y folk rock con influencias que van desde la música clásica hasta el jazz, blues, rhythm & blues, bebop, hip-hop, por no mencionar el rock & roll, el post punk, el art-rock, la electrónica e infinidad de cosas más.

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The Dø se reinventa en cada giro. Su propuesta es de una complejidad técnica notable y llena también de sabores electrónicos y una rica orquestación. Sin embargo, en ambos discos el dúo se las ingenia para mantener esa sensación de ligereza y la inmediatez del pop: esto se debe, sin duda, a la cautivadora voz de Olivia y a su capacidad como compositora, así como al  multiinstrumentismo de Dan. Y, por otro lado, gracias a haberse autoproducido.

En los discos ellos lo han hecho todo: componer, arreglar, grabar, producir… Y, según han manifestado, no es que no confíen en nadie más, sino que realmente disfrutan con todo el proceso, por lo que no quieren dejarlo en manos de nadie más. Por eso en cada disco se percibe una sensación de libertad, de polo a polo.

“Lo que más me gusta de todo esto es que hay millones de formas de acometer una canción. Cuanto más aprendes, más opciones tienes. Puedes tocarla como quieras y eso enriquece mucho el perfil de la banda. Creo que se nota en cada disco que no nos hemos limitado a la hora de hacer experimentos con las canciones”, ha dicho Dan Levy.

El nombre del grupo, que se ha prestado desde el comienzo a la especulación, se supone deriva de la primera nota de la escala musical (Do). Nota que, a su vez, también es la última; representando así lo que es nuevo y lo que es antiguo. Eso les da a estos artistas las posibilidades para reinterpretar cualquier género. Aunque también se ha manejado que es un juego de palabras formado por las iniciales de sus nombres propios (Dan y Olivia).

En la tremenda variedad de su propuesta se nota una magnifica cultura musical en ambos integrantes, tanto en la compleja instrumentación de Levy como en los diferentes registros vocales de Merilahti, quien además ha aportado las influencias de The Knife, Bat of Lashes, Björk, Beck, The Cardigans, CocoRosie o The Fiery Furnaces, entre otros.

The Dø presenta de esta manera discos llenos de giros sonoros y, sin miedo a probar, por lo que se alza como una propuesta atractiva y renovadora de la oferta musical del mundo.

En la obra de esta dupla es tangible que la actitud y la atmósfera engendrada tanto por la academia como por la escena popular han despertado las imaginaciones expresivas de ambos artistas.

Como se ha visto, las sonoridades latentes en las composiciones de ella, provocan en él la utilización de arreglos sinfónicos al mismo tiempo que el uso de la improvisación. Muestras las hay de sobra y, al parecer, el crossover en este sentido resulta en una circunstancia creativa en pleno desarrollo (Work in Progress), mientras que quien los escucha sabe que los purismos, por fortuna, ya son lacras en extinción.

Incluso los del uso del idioma inglés en las canciones populares, que en tantos nacionalismos trasnochados provoca escozor y hasta la estulticia idiosincrática. Un asunto que recalcitrantes antiimperialistas, como Fela Kuti por ejemplo, zanjaron de la manera más pragmática y razonable. El africano cantó sus manifiestos en inglés desde el origen mismo de su obra, pues la consideró como la mejor lengua para ser conocida, entendida y difundida, a través de las fronteras de todo el mundo.

Con la misma postura estética de The Dø en tal sentido, este francés y esta finlandesa se han impuesto en sociedades tan reticentes como la francesa, que los ha elevado, a pesar de ello, a la cima en sus listas de popularidad.

“Desde el principio supimos que Olivia iba a cantar en inglés. No hubo dudas al respecto. La cultura del rock sólo se expresa verdaderamente en ese idioma. Por eso fue una decisión, natural de ambos”, ha dicho Levy.

Con dicha música y su expresión, The Dø se ha convertido en todo un acontecimiento cultural de los años cero del siglo XXI.

VIDEO SUGERIDO: The Dø – Quake, Mountain, Quake (Teaser Album), YouTube (ogatomartin)

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ELLAZZ (.WORLD): BEBEL GILBERTO

Por SERGIO MONSALVO C.

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SER O NO SER

Los hay que escogen el camino difícil. ¿Por qué? Sólo ellos lo saben. Así les pasa por ejemplo a los hijos de quienes han sido o son grandes personalidades en algún campo. En el de la música existen muestras de ello y de la losa que cargan a cuestas. Ahí están, por ejemplo, Julian Lennon, el hijo de John o Jacob, el de Dylan.

Ambos decidieron entrar a la escena musical en la que sus progenitores no sólo han sido ilustres sino influencias generacionales enormes; ambos han intentado sacudirse el apellido y triunfar por sí mismos, sin conseguirlo o a medias. Con sus respectivas consecuencias existenciales.

En el siglo XXI le tocó dejar de ser “la hija de…” a Bebel Gilberto, la descendiente de Joao, el padre de la bossa nova, nada menos. Pero, ¿cómo huir de un destino así cuando desde la cuna se ha estado rodeada del ambiente en el que el padre marca las diferencias?

Bebel además tuvo a una madre que era cantante destacada, Miúcha, y un tío de nombre Chico Buarque. ¿Cómo huir de ello cuando a los nueve años de edad se ha debutado en el Carnegie Hall acompañada de Stan Getz, histórico saxofonista y compadre de su papá?

Pudo optar por cambiarse el apellido. Pero si es el legítimo, ¿por qué hacerlo? ¿Renunciar al nombre para buscar la identidad? Pudo muy bien no haber sido cantante, dedicarse a otra cosa, irse de Brasil a otro lugar donde nadie la conociera. Y Bebel lo hizo. Puso tierra de por medio al lastre de la familia. Se fue a Nueva York, donde por cierto había nacido durante una estancia de sus padres, e intentó hacerse un camino propio.

Llegó al comienzo de los años noventa, con una muda de ropa y su pasaporte estadounidense. Le cupo todo en una maleta. Puso manos a la obra. Trabajó de maquillista, de mesera, como modelo para pintores y también como babysitter.

Pero el canto la siguió llamando y comenzó a hacer sus pininos en bares de novela negra durante la noche, alternando con sus trabajos diurnos. Fue una larga década para ella. Proliferaron los excesos como forma de purgar aquel lastre, aunque también las muestras de sus talentos.

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La exposición de su voz en dichos bares dio frutos, por fin, al comenzar el siglo XXI. Empezó a colaborar con David Byrne, Arto Lindsay, Towa Tei, Arling & Cameron, Smoke City y Thievery Corporation, entre otros. Finalmente, con la mano de estos últimos en la producción llegó su debut en el año 2000 con el álbum Tanto tempo (todo el que tuvo que esperar).

Tanto tempo fue un excelente disco debut que inmediatamente se ganó a la crítica y al público, con una música que le valió entusiastas comentarios y con el que obtuvo un inesperado éxito comercial a escala mundial.

VIDEO SUGERIDO: Bebel Gilberto live @ Sesc Pompeia – Aganju, YouTube (blogbebelgilberto)

Fue el debut con el que sueña cualquier artista, pero para los oyentes también resultó un regalo, porque con el paso del tiempo se ha ido clasificando como un álbum clásico al que muchos músicos han acudido desde entonces en busca de su belleza y sensibilidad.

Bebel había logrado lo que en Brasil se le negó, la identidad particular, un nombre dentro de la escena a la que temerariamente se había incorporado desde niña. ¿Y cómo lo logró? Con dos elementos: la sencillez y la mezcla, la mejor química para nuestro tiempo.

Se acercó a las piezas inmortales brasileñas, sus raíces en la bossa nova, reinterpretándolas con un sofisticado, elegante y discreto uso de la electrónica.

Su muestra de ejemplar sencillez (incluso en la portada) es una que parece estar siempre al alcance de los mejores músicos brasileños. Es un álbum parejo, homogéneo en su concepto. No hay el descarado objetivo comercial.

La producción favorece la sensación de bienestar y las atmósferas de carácter intimista, aunque haya habido diversos productores. El punto de partida para todos fue la voz de Bebel, tercipelo de verdad.

Thievery Corporation, Amon Tubin, Arling & Cameron dieron forma a ese material. Pero quien se involucró por completo fue el yugoslavo Suba. En varios de los cortes de Tanto tempo se encuentran los ambientes que lo hicieron famoso como productor, esos un tanto oscuros y melancólicos que hablan de su particular concepción de la música brasileña mediante una imaginativa e innovadora deconstrucción en el estudio.

Sin embargo, por sobre la inspirada producción, por encima de la acertada escritura de los temas, lo que más brilla es la voz de Bebel Gilberto, perfecta para una propuesta como ésta.

De tal forma comenzó el tercer milenio para la música brasileña, con otra Gilberto reinterpretándola. La bossa nova del padre puesta al servicio de la melodía, acercándola a lo mejor del género clubero, con arreglos con sabor jazzy bebidos en copas clásicas. La electrobossa –inmersa en el downtempo– que sorprendió al nuevo siglo con sus sonidos suaves, que rápidamente se mundializaron para deleite de los oídos contemporáneos.

Bebel Gilberto le dio la vuelta a lo que al principio parecía una fatal tragedia griega. Metafóricamente “mató al padre” para para hacerlo vivir a través de su propio lenguaje.

Aquella música de Joao (ya desaparecido) que ha cumplido más de medio siglo  se ha refrescado con el aliento de su descendiente. La cual tuvo que pasar lo suyo, en una lucha consigo misma y con la historia, para al final salir airosa gracias a su propia voz.

VIDEO SUGERIDO: Bebel Gilberto – Bebel Gilberto – Jabuticaba, YouTube (MsLibrown)

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