LONTANANZA: BEIRUT (VIENTOS DE MELANCOLÍA)

Por SERGIO MONSALVO C.

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Zach Condon era, en ese momento, un veinteañero multiinstrumentista (nacido en Nuevo México en 1986) que había terminado sus estudios de bachillerato en un instituto de su estado natal y, ante la perspectiva de unas largas vacaciones por delante antes de entrar a la universidad, decidió lanzarse con rumbo a Europa para ampliarse el horizonte, tanto culturalmente como para reflexionar sobre sus expectativas a futuro.

Condon estaba involucrado hasta las cachas con la rítmica de su época. Como quinceañero había realizado ya grabaciones caseras de música electrónica lo-fi con el nombre de Real People (las que en el futuro se conocerían como The Joys of Losing Weights). Sin embargo, dichas cintas no habían visto aún la luz, lo mismo que otras con aires de doo-wop que retomaban su admiración por el malogrado cantante Frankie Lymon y su grupo The Teenagers.

En semejante situación estaba también el EP Small Time American Bats con el misterioso apelativo de “1971”, que permanecería oculto a la espera de su momento.

Zach era un adolescente inquieto y con gustos intelectuales, así que eligió París para permanecer el mayor tiempo de aquellas vacaciones.

En sus andanzas callejeras descubrió a las bandas musicales de inmigrantes balcánicos que tocan durante el verano en las plazas de aquella capital (y del resto del continente). Los sonidos de los oboes, las mandolinas, los acordeones y los instrumentos de viento (trompas, tubas, trombones, etc.) lo impactaron.

Al regresar a la Unión Americana quiso plasmar musicalmente –disciplina artística por la que optó– lo que ya le daba vueltas en la cabeza y pugnaba por salir: todas aquellas influencias de la Boban Markovic Orchestra o de Goran Bregovic, entre otras.

Quería fundir el folklore del sudeste europeo (de los valses a las marchas balcánicas festivas o funerarias), matizado con sonidos agitanados y la pianola, y combinarlo con la canción contemporánea y melancólicas baladas del occidente norteamericano.

Era otro beat de la globalización el que buscaba plasmar. Argumentar con sonidos distintos y palabras familiares las emociones, melodías y ritmos que rebosaban sentimiento en su particular sensibilidad.

El resultado de su trabajo con tal combinación se llamó Gulag Orkestar, un disco del 2006 que marcó el debut de Zach Condon con el nombre de  Beirut.

BEIRUT (FOTO 2)

 

La infame leyenda de los “gulags” soviéticos y sus “campos correctivos de trabajo” le sirvió de leitmotiv, al igual que las fotografías de Sergey Chilikov. Esta obra lo dio a conocer a nivel mundial por su originalidad conceptual y sencillez compositiva.

Para la realización del álbum Condon tocó diversos instrumentos en un estudio de Albuquerque, acompañado de músicos de distintas agrupaciones como Neutral Milk Hotel o A Hawk and a Hacksaw (representantes del indie rock y psych folk), a los que convocó para apoyarlo en su proyecto.

A la postre se embarcó en una larguísima gira con otros músicos (los que participaron en el disco ya tenían compromisos con sus respectivas bandas), durante la cual tuvo que ser hospitalizado por fatiga extrema debida a su hiperactividad.

VIDEO SUGERIDO: Beirut – Gulag Orkestar (Live), YouTube (orchardmusic)

En el ínterin la compañía discográfica 4AD reeditó el álbum agregándole las piezas de un anterior EP de Condon titulado Lon Gisland (que ya había publicado en Europa) y que coincidían con el techno pop del tema “Scenic World” del álbum.

En el 2007, Condon regresó curado de sus males. ¿Y de qué manera lo hizo?: con trabajo, ¿qué más? Publicó The Flying Club Cup, su segunda obra, con arreglos de cuerdas a cargo del canadiense Owen Pallett (el compositor, violinista, tecladista, vocalista y miembro único de Final Fantasy, un proyecto individual de pop barroco y música experimental).

En él, Zach trató de evocar el ambiente de diferentes ciudades francesas en una especie de colección de tarjetas postales musicalizadas. A su new folk le agregó el toque de Jacques Brel y de la chanson francesa.

Entraron también en escena los violines, los saxofones y las percusiones, “para lograr la sensación de esperanzadora grandiosidad que su música evoca”, según la crítica. Asimismo, los videos publicados en su página Web reafirmaron la calidez, la sutileza y el cuidado que este conglomerado musical circulante emana.

En esta etapa fue cuando el cineasta estadounidense Cary Fukunaga lo contactó para que le hiciera el soundtrack de la película titulada Sin Nombre, con la cual haría su debut.

El director cinematográfico quería una musicalización semejante a la de Gulag Orkester para su drama migratorio (de personas de Centroamérica rumbo a la Unión Americana vía México), pero Condon ya andaba en otra sintonía y rechazó el trabajo.

A cambio se metió en el proyecto de un nuevo álbum con Beirut, el cual sería grabado bajo su propio sello Pompeii Records, y que finalmente representaría la amalgama de dos EP’s. Uno, la exposición de su aventura sonora por el Istmo mexicano; y, el otro, la de la propuesta del lejano adolescente que busca su identidad musical. Una arriesgada amalgama de la ubicuidad.

Esta última se llamó Holland y fue grabada bajo el nombre de Realpeople, un trabajo del joven precoz producido totalmente en casa. A los 15 años y como fan del pop de sintetizadores, Condon construyó dicha grabación con más de una veintena de tracks (aglutinados en un secretísimo disco llamado The Joys of Losing Weights, el inédito como tal), de los cuales tomó cinco para integrarlos al nuevo lanzamiento.

Con este EP el músico reveló un aspecto más de su personalidad musical (el del doo-wop había sido otro): la huella de los años ochenta en el apogeo de una house party con beats de computadora a la usanza de la vieja escuela. Material al que no tenía acostumbrado a su público.

Como sí lo estaba con el del otro EP titulado March of the Zapotec. Para ello había viajado a México, a Oaxaca para ser preciso, y nutrido su concepto con los instrumentos de viento empleados por la Banda Jiménez de Teotitlán del Valle, de aquel estado mexicano.

Los metales macizos de este grupo folclórico, integrado por artesanos tejedores del lugar, se embarcaron en una excursión con el joven estadounidense y sus colaboradores (entre los que se incluye a Chris Taylor de la afamada agrupación indie Grizzly Bear) hacia un territorio musical más conocido (el beat de los instrumentos de viento). Sin embargo, la novedad estuvo en los detalles.

El disco comienza con una marcha fúnebre y la banda mexicana le agregó el significativo toque de Pathos a la orquesta Beirut, para luego dejar participar en su celebración al ukulele, las trompetas, el acordeón, las cuerdas, las percusiones y la elegante melodía vocal.

Una propuesta sonora amerindia, plena de vientos centenarios, para acompañar el reconocido sentimiento melancólico de Zach Condon, alias Beirut, quien ha seguido publicando álbumes como The Rip Tide (2011), No No No (2015) y Gallipoli (2019).

VIDEO SUGERIDO: Beirut – Nantes (live in the streets of Paris), YouTube (luderpinguin)

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CIBELLE: LA BELLA Y LA MÁQUINA

Por SERGIO MONSALVO C.

CIBELLE (FOTO 1)

 

LA BELLA Y LA MÁQUINA

Dentro de la música popular, la electrónica y la experimentación con ella tienen una tradición propia y muestran puntos de coincidencia con la música clásica moderna, en especial con la música concreta, basada en sonidos, y otros campos de la vanguardia.

Por una parte, el estilo ambient del que se sirve este pop llamado “inteligente” corresponde a una evolución musical antigua y autónoma, mientras que por otra se ha convertido en un terreno de juegos muy frecuentado por los productores del indie actual: en él los viajes sonoros van más o menos de lo amorfo de los sonidos sin beats hasta el barroquismo pinturero de los que buscan paliar con techno su falta de originalidad.

La gama de posibilidades abarca desde una esotérica mescolanza sonora producida por varios teclados hasta ruidos esenciales de carácter minimalista.

A través de todo ello fluctúan los fantoches y los artistas. Los primeros, con una sola idea mueren como flor fugaz y tras de sí no dejan ni huella. Los segundos, en cambio, proporcionan una paleta polifacética o multidisciplinar que ilumina caminos y descubre vías. Entre estos últimos se encuentra Cibelle, la propuesta reciente más destacada de la diáspora brasileña (entre  quienes se encuentran Cidadao Instigado, Moreno, Domenico, Kassin, Roquestra imperial, M.takara, Hurtmold, Mombojo, Junio Barreto, Artificial, Instituto o Tetine, por mencionar algunos).

Dicho éter brasileño ha extendido por el mundo su gran manto a través de la música, la cual al mezclarse con otros irradiadores culturales, como el house de Londres por ejemplo, da paso a transformaciones de la misma para ubicarse, como ahora, en la hipermodernidad (la estética por antonomasia de las primeras décadas del siglo XXI).

Cibelle es una mujer de hipnotizantes rítmicas y sibilinos matices electrónicos que se ha formado musicalmente viviendo muchas experiencias diferentes, desde los estudios en un Conservatorio muy serio hasta en la participación en grupos folclóricos o actuaciones en clubes underground; lo ha hecho al viajar mucho por el mundo. Esa ha sido su mayor escuela.

Todo la ha inspirado, tanto para seguir una corriente o para hacer justo lo contrario. Con Suba, por ejemplo, trabajó una bossa nova con nuevas texturas, pero después de ello no volvió a hacerlo más en esa dirección y sí en el camino electrónico.

En ella, esta última impronta ha ocupado la preponderancia de sus propuestas (neo folk, jazz&bossa, microbeats, vocal FX y distopic sci-fi), aunadas al performance, al teatro y a la poesía, mientras que su instrumentación tecnológica obvia la tradicional brasileña, sin perder por eso el elemento de su esencia identitaria.

Como videoasta, que también lo es, utiliza en sus presentaciones alguna nueva herramienta, como el Ableton live 6, y el escenario semeja un gran plato de spaguetti debido a que aparecen en él muchos cables que sirven a su vez de decorado. Trabaja igualmente con Live Sampling y usa Stompboxes, como la RC20 o la RC50 de Boss, entre otras cosas.

Entre sus influencias notorias y confesadas en este sentido están John Isaacs, Muek, Man Ray, Fernand Leger, Hans Hichter, Len Lye, entre los más destacados.

VIDEO SUGERIDO: CIBELLE – SAPATO AZUL – OFFICIAL, YouTube (cibelleblackbird)

Todas estas referencias tienen su lugar a la hora de escucharla en un disco o al verla actuar en vivo. Los dos momentos son buenos pero tan diferentes como sus sensaciones. En el estudio, de donde salen sus álbumes, hace muchas jam sessions grabadas que se transforman en las músicas del disco. Se sienten excitantes. Las trabaja como si fuera una niña haciendo pinturas con los dedos en el 80% del tiempo. El otro 20% es el trabajo de sonorizar la escultura y su pulimento. En vivo ella convierte de nuevo dicha escultura sonora en pintura para los dedos.

Cibelle es, pues, una ejemplar representante de la panglobalización de tintes paulistas con un pie en el avant-garde. Con todo eso se comprueba aquello de que la música que se nutre, poco o mucho, de la electrónica no es el producto de las máquinas sino de los seres humanos que aman las máquinas como instrumentos para la construcción de lenguajes significativos.

¿Y qué puede recomendar una mujer como ella para enriquecer el bagaje de tales lenguajes significativos? Libro: Siddharta, del escritor alemán Herman Hesse. Disco: He Poos Clouds de Final Fantasy (nombre tras el que se escuda Owen Pallet, un compositor, violinista y vocalista canadiense que aparte de ser conocido por su carrera como solista, también es célebre por sus contribuciones como compositor de cuerda para grupos como Arcade Fire, Beirut y The Last Shadow Puppets, entre otros). Película: Dreams That Money Can Buy (1947), del pintor y cineasta surrealista alemán Hans Richter.

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A pesar de parecer un recién llegada a la escena musical, esta artista es poseedora de una larga trayectoria. Cibelle es el nombre sintetizado con el que se conoce a Cibelle Cavelli Bastos, una compositora, poeta y cantante brasileña, nacida en Sao Paulo en 1978, que se dio a conocer a finales de los años 90. Desde los cinco años de edad empezó a tomar  clases de guitarra, luego lo hizo con el piano y la percusión.

Fue descubierta a los 14 años por un cazatalentos y participó en varios anuncios como modelo, conejita de Playboy y hasta en el cine. No obstante, pronto supo que su verdadera pasión era cantar, así que probó suerte en las jam sessions de su ciudad.

Ahí el productor yugoslavo Suba (avecindado en Brasil) se fijó en ella y la invitó a participar en el álbum que estaba preparando. Dicho disco resultó ser Sao Paolo Confessions (de 1999), una obra clásica de la electrónica con la que la vocalista se dio a conocer internacionalmente con su voz dulce y delicada.

Tras la aparatosa muerte de Suba durante un incendio, la cantante participó en el álbum Tributo, dedicado a él. Fue cuando decidió lanzarse como solista.

Desde entonces ha publicado cuatro discos (cuatro EP’s y diversas colaboraciones): el prometedor debut Cibelle (2003, álbum que cuenta con colaboración de Apollo Nove en los controles), The Shine of the Electric Dried Flowers (2006, producido por el mismo Nove y Mike Lindsay), Las Vênus Resort Palace Hotel (2010, trabajado con el afamado realizador Damian Taylor) y Unbinding (2013). En todos ellos alterna los idiomas inglés y portugués.

Como escritora de poesía, que luego es trasladada a las canciones, no han sido tanto otros poetas como narradores y cantautores quienes la han delineado más en el camino de la escritura: Manuel de Barros, Leminsk, Arnaldo Antunes, Tom Waits, John Fante, Clara Averbuck. Por lo tanto así define su obra: una interrelación o mezcla entre imagen poética del realismo fantástico y la poesía musical del subterráneo electrónico emergente.

En el primero de sus discos, Cibelle, se inscribió en la corriente MPB, o (Música popular brasileña. Un género musical, apreciado principalmente por la clase media urbana de Brasil, que surgió a partir de mediados de los años sesenta, con una segunda generación de la bossa nova que incorporó elementos de procedencias varias como el rock, la samba y el pop y a la postre la mezcla de la música latina influenciada por el reggae).

Y en ese primer trabajo lo hizo con un marcado énfasis en lo brasileño, pero luego de su aparición decidió alterar la fórmula y optar por lo electro y para ello se mudó hacia Londres, la capital de los nuevos beats.

El resultado de la emigración fue The Shine of the Electric Dried Flowers el segundo de ellos, que ha sido comparado con trabajos tan elaborados y poéticos como Vespertine de Björk (su evidente influencia estilística) o Cripple Crow de Devendra Banhart (con el cual canta a dúo el tema “London, London”), por sus paisajes sonoros y eclecticismo.

La música es música, los instrumentos son instrumentos. La electrónica es otro instrumento. Los que quieren violines que los utilicen. Los que quieren guitarra eléctrica que la utilicen. Lo que importa es vestir su poesía con los colores que ella pida. Como en su siguiente obra.

Las Vênus Resort Palace Hotel, el tercer disco, su propuesta ha evolucionado hacia el concepto con un estilo tropical ciber-punk post Ziggy Stardust, que habla de la madurez artística de Cibelle, quien se presenta con un alter ego –Sonja Khalecallon— y un proyecto más complejo, retrofuturista y distópico (con algún tema del compositor pionero de la música electrónica Raymond Scott).

En este álbum conceptual, el mundo se ha acabado. Ha explotado y sólo queda este trozo de roca flotando en el espacio. En la roca hay una selva y un océano que gotea hacia ninguna parte. En la playa queda un decadente resort con un bar que es el refugio de lo que queda del planeta, sus habitantes: hula girls, mujeres amazonas, indios, turistas hawaianos, cowboys, fugitivos diversos, fans del cybertrance, travestis, viejos intérpretes de la chanson francesa y perdidos extras sacados de una vieja película de Indiana Jones.

En Las Vênus Resort Palace Hotel todo el mundo está un poco sucio, sudoroso y razonablemente ebrio. Los pájaros son de color neón y mutantes, pero están a salvo. Es el último lugar del universo que ha sobrevivido a la destrucción, y está de fiesta: la  del fin del mundo.

El disco es la banda sonora de la vida en un cabaret postnuclear: un grado superior en la experimentación de esta bella trenzada con las máquinas.

¿Y qué músicas del mundo pueden ser las  favoritas de una mujer de su tiempo, como ésta, que se renueva constantemente? A lo que de manera sencilla podría responder: “No pienso en géneros específicos, simplemente me dejo sorprender por la música contemporánea”.

VIDEO SUGERIDO: Cibelle, la Sonja Khalecallan “Frankenstein”, YouTube (suk74)

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ORQUESTA BAOBAB: EL SUCESO DE DAKAR

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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EL SUCESO DE DAKAR

 

La Orquesta Baobab representa una especie de milagro social. Uno que se repite cada vez que sus integrantes se suben al escenario con sus timbales, maracas, tambores, tumbadoras y saxofones.

 

El milagro social entonces se transforma en fiesta. Una en la que se funde la salsa con los ritmos africanos. Entonces todas las noches de cualquier lugar donde aparezcan serán  noches dakarianas. Los aires de Senegal flotan en el aire.

 

Cuando el guitarrista Barthelmy Attisso, líder de la banda, llegó a Dakar en los años sesenta para estudiar la carrera de abogado, en la ciudad sólo se escuchaba música cubana.

 

El son, el mambo, la guajira y el chachachá entraron con los marineros por el puerto, situado a unas pocas millas de Goree, la isla desde la que se embarcaron  rumbo a América millones de esclavos.

 

Encadenados en bodegas viajaron con su música, echaron raíces en los lugares de destino y luego en una vuelta de tuerca del tiempo la devolvieron a su sitio de origen con nuevas referencias, una parte importante de la historia de la música.

 

ORQUESTA BAOBAB (FOTO 2)

 

La Orquesta Baobab mezcla música africana, cantada en wolof, diola o mandinga, con salsa caribeña, tiene un catálogo muy amplio, tanto que fácilmente puede llenar cuatro horas seguidas de actuación o más, si se lo propone. Rudy Gomis, uno de sus vocalistas, entona boleros también en español, algo habitual en los salseros africanos.

 

Nick Gold, el aventurero musical responsable del sello World Circuit, les ha producido sus discos y es el hombre que fue capaz de cumplir el sueño de reagrupar a la orquesta tras su disolución en 1987.

 

Gold, que antes ya ha triunfado con el Buena Vista Social Club, ha repetido la hazaña y  el modelo de producción con la Orquesta Baobab: sonidos limpios y canciones populares, el tipo de música que a él mismo le gusta escuchar.

 

Reagrupar de nuevo a la orquesta requirió de tiempo. Para ello tuvieron que ser primero desbancados por el ascenso del sensual mbalax en el gusto popular, con Youssou N’Dour a la cabeza.

 

VIDEO SUGERIDO: Orchestra Baobab – Live, Hutru horas, YouTube (ziggolo77)

 

La Baobab pasó cerca de dos décadas separada antes de que Gold consiguiera juntarlos, un trabajo que no hubiera sido posible sin la ayuda del propio N’Dour.

 

Pero el tiempo transcurrido no parece haber influido en su manera de tocar, la química entre ellos sigue funcionando. Todos sus integrantes rabasan el medio siglo de edad. La identidad musical se ha mantenido.

 

Fue importante copiar el antiguo estilo para mantener la originalidad del trabajo y que el público lo reconociera. Para conseguirlo fue algo fundamental que el sax de Issa Cissoko siguiera levantando pasiones. Lo hace.

 

Sin embargo, el regreso no fue igual para todos. Para algunos fue difícil recuperar el tono después de tanto tiempo. “Me llegaban las ideas pero expresarlas era muy difícil; no me había olvidado de tocar la guitarra, pero los dedos y las manos no respondían igual”, ha rememorado Atisso, el último en reincorporarse a la banda en su segunda etapa.

 

A Atisso lo localizaron en Togo, donde trabajaba como abogado, y no fue fácil convencerlo. El mismo Nick Gold le envió una guitarra desde Londres. Y por segunda vez en su vida, Atisso consiguió involucrarse con el instrumento.

 

En su caso no se puede hablar de una vocación clara, pero sí de una especial disposición para tocar. Había entrado a la música para pagarse los estudios. Aprendió a tocar con un manual que se compró en un mercado callejero para poder actuar en un cabaret llamado Baobab.

 

A la orquesta de casa se fueron sumando músicos llegados desde Mali, Guinea y distintos puntos de Senegal, un multiculturalismo que ha impregnado su sonido.

 

Casi todos los músicos poseían antecedentes familiares como griots, hombres que cantaban o recitaban las noticias de la tribu; tradición que se ha trasmitido de padres a hijos y muestra la importancia de la música en África.

 

Eran los años de la independencia del país —1960— y en Dakar se respiraba un ambiente de libertad desconocido. En Baobab, el Jefe elegía cada noche el repertorio que tenía que sonar para un público de empresarios, políticos y diplomáticos.

 

De sus viajes por el mundo regresaba con discos de vinil que incluía en la jukebox para que los músicos se fueran haciendo de los nuevos sonidos que ellos fusionaban con canciones de su repertorio. “El público era muy variado y había que dar a cada uno lo que esperaba; el abanico musical iba desde el rhythm and blues al tango, mezclados con los sonidos de Guinea y Ghana. Aquello nos convirtió en especialistas de todos los estilos”, recuerda Atissa.

 

El club acabó por cerrar sus puertas y la orquesta emprendió su camino solitario, decididos los integrantes a ser sus propios empresarios. Eso sí, mantuvieron el nombre de un árbol que, dicen, está dotado de propiedades mágicas y es símbolo de resistencia, tolerancia y vitalidad.

 

La Orquesta Baobab llegó a grabar más de 20 discos. Sus LP’s todavía se venden en el mercado de CD de Dakar junto con las producciones actuales.

 

Tras firmar con la discográfica World Circuit, parte del patrimonio de la banda pudo ser recuperado con la edición de compactos como Pirat’e choice (1989), que reúne sus sesiones históricas.

 

Posteriormente, grabaron un nuevo disco con material inédito, en el que colaboró Ibrahim Ferrer, ese fenómeno vocal especialista en todos los estilos, con el que recorrieron medio mundo como un acontecimiento.

 

Made in Dakar, el álbum procedente, siguió el mismo camino y la orquesta no ha parado de hacer giras desde entonces y hacer sonar a Dakar por las cuatro esquinas del globo.

 

VIDEO SUGERIDO: Orchestra Baobab – Ndongo Daara (Live Womad 2003), YouTube (MuddyBoy61)

 

ORQUESTA BAOBAB (FOTO 3)

 

 

 

 

 

 

 

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LONTANANZA: THE DO

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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ENCANTADOS DE CONOCERSE

Olivia Bouyssou Merilahti (de origen finlandés) y Dan Levy (francés) son la dupla detrás de The Dø y los responsables de crear discos interesantes, frescos y divertidos. Son obras innovadoras, hipermodernas absolutas, por el hecho de estar plagadas de influencias musicales perceptibles, así como de alardes de imaginación a la hora de realizar las mezclas con los géneros y estilos.

Merilahti, la encargada de la lírica –con una profundidad que va del romanticismo al realismo urbano–, además de tocar la guitarra, los teclados y el ukulele, es poseedora de una voz dúctil con distintos registros, emotiva y ejecutora de una vocalización distintiva. Es capaz de pasar de la suavidad a la rudeza con toda naturalidad.

Levy, de formación clásica a su vez, es el responsable de las composiciones orquestales y arreglos musicales de todos los temas. Toca diversas percusiones, la batería, el bajo, la guitarra, la armónica, el sax, la flauta, el piano y otros teclados, el xilófono el glockenspiel y las programaciones.

The Dø se formó en Francia a en el año 2005. Cantante y multi-instrumentista se conocieron en París durante la grabación de la banda sonora original de la película francesa Empire of the Wolves y posteriormente colaboraron en The Passenger y Camping sauvage. Congeniaron y él la invitó a que conociera su estudio.

La primera vez que ella fue empezaron a experimentar un poco con los instrumentos y les pareció gozoso. Luego, las visitas se hicieron regulares. Al principio, discrepaban en absolutamente todo. Levy sólo escuchaba jazz y música clásica. Olivia, rock y pop. Ella le prestó sus discos y él los suyos. Así, ella empezó a conocer a John Coltrane y él se familiarizó con David Bowie. Levy jamás había escuchado rock o pop. Todo eso era nuevo para él. Hasta que la conoció no tenía idea de quiénes eran Radiohead o PJ Harvey, por ejemplo.

Al cabo de un tiempo, algunos amigos escucharon los temas que habían grabado como divertimento y los animaron a grabar un CD. Lo hicieron y decidieron también presentarse en vivo. A pesar de que Levy siempre había estado relacionado con la música, nunca había formado parte de un grupo ni pisado un escenario. En aquellos primeros conciertos iniciaron la venta de los discos y los agotaron todos.

El dúo comenzó a componer e interpretar temas de indie rock y folk rock (en inglés) y a mezclarlos con otros estilos musicales. El divertimento resultó ser un soplo de aire fresco para el panorama indie francés, algo estancado a principios del siglo XXI.

Y fue precisamente esa combinación de sonoridades lo que hizo tan atractivos sus discos. Cada track de los tres álbumes que han publicado hasta la fecha, A Mouthful, Both Ways Open Jaws y Shake Shook Shaken, tiene algo distinto y sorprendente para ofrecer al escucha.

Desde “Playground Hustle”, “Song for Lovers”, “Queen Dot Kong” o “Unissasi Laulelet” (una extraña canción con letras en finlandés y percusiones que hacen pensar en un jolgorio tribal) hasta “Dust it Off”, “Smash Them All”, “Quake, Mountain, Quake” o “Moon Mermaids”, la acertada mezcla de estilos da como resultado un sonido elaborado y único donde los créditos se reparten por igual: los arreglos se deben al talento de Levy, mientras que la particularidad vocal y el encanto emanan de la finlandesa Merilahti.

VIDEO SUGERIDO: The Dø – The Bridge Is Broken (Southern Soul Sessions), YouTube (ogatomartin)

La inclinación por realizar arreglos (intrincados, barrocos, de cámara o avant-garde) que evoquen imágenes, está en directa relación con la vinculación de Levy con la música sinfónica, pero el hecho de que cada track sea tan característico tiene más que ver con que, según él, cada canción es un cortometraje independiente y exclusivo.

Después de escuchar A Mouthful (el primero, del 2009) o Both Ways Open Jaws (el segundo, del 2011) queda claro que, para lograrlo, se sirvieron de cuanto instrumento y sonido pudieron encontrar. Por eso en ambos se pueden escuchar la fusión, el crossover o la mezcla de indie rock y folk rock con influencias que van desde la música clásica hasta el jazz, blues, rhythm & blues, bebop, hip-hop, por no mencionar el rock & roll, el post punk, el art-rock, la electrónica e infinidad de cosas más.

THE DO (FOTO 2)

The Dø se reinventa en cada giro. Su propuesta es de una complejidad técnica notable y llena también de sabores electrónicos y una rica orquestación. Sin embargo, en ambos discos el dúo se las ingenia para mantener esa sensación de ligereza y la inmediatez del pop: esto se debe, sin duda, a la cautivadora voz de Olivia y a su capacidad como compositora, así como al  multiinstrumentismo de Dan. Y, por otro lado, gracias a haberse autoproducido.

En los discos ellos lo han hecho todo: componer, arreglar, grabar, producir… Y, según han manifestado, no es que no confíen en nadie más, sino que realmente disfrutan con todo el proceso, por lo que no quieren dejarlo en manos de nadie más. Por eso en cada disco se percibe una sensación de libertad, de polo a polo.

“Lo que más me gusta de todo esto es que hay millones de formas de acometer una canción. Cuanto más aprendes, más opciones tienes. Puedes tocarla como quieras y eso enriquece mucho el perfil de la banda. Creo que se nota en cada disco que no nos hemos limitado a la hora de hacer experimentos con las canciones”, ha dicho Dan Levy.

El nombre del grupo, que se ha prestado desde el comienzo a la especulación, se supone deriva de la primera nota de la escala musical (Do). Nota que, a su vez, también es la última; representando así lo que es nuevo y lo que es antiguo. Eso les da a estos artistas las posibilidades para reinterpretar cualquier género. Aunque también se ha manejado que es un juego de palabras formado por las iniciales de sus nombres propios (Dan y Olivia).

En la tremenda variedad de su propuesta se nota una magnifica cultura musical en ambos integrantes, tanto en la compleja instrumentación de Levy como en los diferentes registros vocales de Merilahti, quien además ha aportado las influencias de The Knife, Bat of Lashes, Björk, Beck, The Cardigans, CocoRosie o The Fiery Furnaces, entre otros.

The Dø presenta de esta manera discos llenos de giros sonoros y, sin miedo a probar, por lo que se alza como una propuesta atractiva y renovadora de la oferta musical del mundo.

En la obra de esta dupla es tangible que la actitud y la atmósfera engendrada tanto por la academia como por la escena popular han despertado las imaginaciones expresivas de ambos artistas.

Como se ha visto, las sonoridades latentes en las composiciones de ella, provocan en él la utilización de arreglos sinfónicos al mismo tiempo que el uso de la improvisación. Muestras las hay de sobra y, al parecer, el crossover en este sentido resulta en una circunstancia creativa en pleno desarrollo (Work in Progress), mientras que quien los escucha sabe que los purismos, por fortuna, ya son lacras en extinción.

Incluso los del uso del idioma inglés en las canciones populares, que en tantos nacionalismos trasnochados provoca escozor y hasta la estulticia idiosincrática. Un asunto que recalcitrantes antiimperialistas, como Fela Kuti por ejemplo, zanjaron de la manera más pragmática y razonable. El africano cantó sus manifiestos en inglés desde el origen mismo de su obra, pues la consideró como la mejor lengua para ser conocida, entendida y difundida, a través de las fronteras de todo el mundo.

Con la misma postura estética de The Dø en tal sentido, este francés y esta finlandesa se han impuesto en sociedades tan reticentes como la francesa, que los ha elevado, a pesar de ello, a la cima en sus listas de popularidad.

“Desde el principio supimos que Olivia iba a cantar en inglés. No hubo dudas al respecto. La cultura del rock sólo se expresa verdaderamente en ese idioma. Por eso fue una decisión, natural de ambos”, ha dicho Levy.

Con dicha música y su expresión, The Dø se ha convertido en todo un acontecimiento cultural de los años cero del siglo XXI.

 

VIDEO SUGERIDO: The Dø – Quake, Mountain, Quake (Teaser Album), YouTube (ogatomartin)

 

THE DO (FOTO 3)

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MUJERES EN EL GARAGE ESCANDINAVO

POR SERGIO MONSALVO C.

BOMBETTES (FOTO 1)

 

GARAGE ESCANDINAVO

La península escandinava está localizada en el noroeste de Europa, entre los mares Báltico, de Noruega, del Norte y de Barents. La mayor parte de su superficie está ocupada por Noruega y Suecia.

Dicha península es la más larga de Europa, con un área total aproximada de 800.000 km². Las fronteras entre los países ahí localizados generalmente están marcadas por la cadena de los Alpes Escandinavios.

La población mayoritaria está concentrada en el sur de la península; Estocolmo y Gotemburgo, ambas en Suecia, y Oslo en Noruega, las ciudades más grandes.

La región es rica en recursos forestales, hierro, cobre, níquel, zinc, plata y oro. Existen grandes depósitos de petróleo y gas natural. El sustrato cristalino y la ausencia de tierra descubre los enormes depósitos minerales, pero también la existencia de excelentes grupos musicales de diversos géneros.

En dicha zona el rock de garage tiene ejemplos estimables en la última década The Hives, The Hellacopters…Sin embargo, en esta ocasión, habrá que hablar primero de las damas.

En Suecia, el productor Dennis Lyxzéns ha trascendido con su pequeña compañía independiente, Ny Vag, con el lanzamiento del grupo de garage punk The Bombettes. Un quinteto femenino afincado en Estocolmo, el cual está formado por Elin (voz), Jenka (guitarra), Ellen (guitarra y coros), Chrystal  (bajo) y Maria (batería).

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Ellas van a la cabeza de un subgénero que en su país tiene representantes como Sahara Hotnights, Epidemics, Masshysteri, Invasiones o The Most, entre otros muchos.

Estas rockeras no son modosas ni elucubran metáforas sobre lo que les interesa. Hablan de sexo explícito, de sus necesidades y gustos en él y hasta de su rechazo, de manera brutal, directa y lo más fuerte posible.

Si en el garage en general –sesentero, revival, punk (proto o post), alternativo, avant, etcétera– las mujeres han dejado de ser en las canciones los objetos complacientes, para convertirse en quienes exigen a los tipos lo requerido y ponerse a la altura de sus deseos, en el garage punk, como el de estas suecas, todo es más rápido y furioso, con más testosterona femenina, pero sin dogmatismos feministas.

Piezas de su repertorio, como “Dating Scene”, “I Wanna (Kick Your Ass)” o “The Thief”, las ubican en el mejor garage punk actual que extiende sus raíces hasta los girly groups y el proto combinándolo con la ética del movimiento DIY (Do It Yourself) y melodías tan duras como bailables al estilo de los Ramones.

The Bombettes debutaron con el EP What’s Cooking Good Looking? Y continúan su carrera ascendente con You Have No Chance, Lance. Ejemplos del sonido lo-fi de bronca gestualidad primigenia, con riffs agudos y ecos metálicos: mucha energía en juego y de lo más contagiosa.

VIDEO SUGERIDO: The Bombettes – Live – Berlin – 2009 (No. 2), YouTube (dubpunker)

Estas suecas están enparentadas, a su vez, con sus vecinas noruegas del grupo Cocktail Slippers, procedentes del sello Wicked Cool, el cual se ha posicionando realmente bien en el panorama internacional. Todo lo que edita es digno de ser, al menos, escuchado y eso dice mucho de una compañía discográfica.

El mérito de ello lo tiene su dueño que no es ni más ni menos que Steve Van Zandt (conocido como Little Steven) al que algunos conocen por ser el guitarrista de la E-Street Band (banda de Bruce Springsteen) y otros por encarnar a Silvio Dante en la serie Los Soprano o Frank Tagliano / Giovanni «Johnny» Henriksen en Lilyhammer.

Todo lo que firma y edita en su sello, o pone en su memorable programa de Rock radiofónico, tiene actitud: surf, rock, garage… si tiene calidad estará presente. Y el hecho de hablar de él es porque las Cocktail Slippers son su apuesta personal.

No sólo les dedica halagos cada vez que puede sino que además les ha escrito dos temas, “St. Valentine’s Day Massacre” y “Heard You Got A Thing For Me”, y producido todo el álbum junto a Jean Beauvoir, músico de Crown Of  Thorns. Casi nada.

Con semejante carta de presentación uno se pone a escuchar este trabajo de Cocktail Slippers con expectación, y lo que descubre es un emocionante álbum en el que se mezclan el rock de garage con el pop más dulce; melodías cincuenteras a más no poder con actitudes punks.

Esta banda femenina originaria de Oslo (Noruega) está compuesta por (nombres de fantasía, claro) Rocket Queen (guitarras y voces), Squirrel (guitarra), Modesty Blaze (voz y teclados), Sugar Cane (bajo) y Bella Donna (batería). El grupo es a menudo comparado con Blondie y las Shangri-Las.

Como se ve y escucha, el rock de garage de hoy no está atado a un sólo estilo. Al contrario. Es una síntesis completa y profunda del espíritu de cada época, apenas refinada para poder ser interpretada por cada emergente generación del país que sea.

El hipermodernismo de este garage escandinavo reverbera como una guitarra Fender, impregna el espíritu de estos años y permite a sus jóvenes creadores la selección de las afinidades selectivas de su mundo globalizado.

VIDEO SUGERIDO:  Cocktail Slippers – “St. Valentine’s Day Massacre” – SXSW 2010 Showcasing Artist, YouTube (SXSWSUSCRIBE)

BOMBETTES (FOTO 3)

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THE TWIST (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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LET’S TWIST AGAIN

 

(1960)

 

Al cantante para interpretar una nueva versión de “The Twist” lo encontraron en la persona de Ernest Evans (nacido el 3 de octubre de 1941 en Carolina del Sur, pero criado en Philadelphia), el cual trabajaba en esos momentos en una fábrica de carne de pollo, pero tenía aspiraciones como cantante y había hecho algunas pruebas para tal compañía. Lo llamaron. Pasó el cast, grabó el tema en y la esposa de Dick Clarke sugirió como nombre artístico el de Chubby Checker (como referencia amable a la figura de Fats Domino)

El Twist se hizo extremadamente popular después de que Chubby Checker lo bailara mientras cantaba la canción del mismo nombre en el Dick Clark Show el 6 de agosto de 1960. Ese baile que se hace girando las caderas, se convirtió en una locura mundial a partir de entonces. Básicamente, es un simple giro de tal parte del cuerpo. Algunos lo han descrito como si se estuviera fingiendo apagar un cigarrillo en el suelo o secándote la espalda con una toalla.

El cover llegó a las emisoras en el verano de 1960 y pronto se ubicó en el primer lugar (el 19 de septiembre), aunque socialmente fue repudiado por las fuerzas vivas de la época que no veían aceptable dicho baile con tal movimiento de caderas: “demasiado provocativo”, dijeron (fue el primer estilo internacional de baile, como subgénero del rock and roll, en el que las parejas no se tocaban mientras bailaban). A partir de ahí el Rey del Twist no fue otro que Chubby Checker, el cual hizo literalmente bailar a millones de personas en todo el mundo.

Tal movimiento inspiró una larga lista de bailes que se quisieron subir al carro de la popularidad de su predecesor: the mashed potato, the funky chicken o the monkey, entre otros. Sin embargo ninguno consiguió la legitimidad del twist, cuyo sonido se coló por todas las fronteras.

 Hubo cambios sociales. Ahora ya no sólo estaban las grandes salas de fiestas con bandas en vivo en, sino que con la llegada de los tocadiscos portátiles y como muebles de sala a las vidas de la gente, se inició a una nueva era: la de las sesiones de baile en la propia casa. Los jóvenes de aquellos primeros años 60 se inventaron las fiestas en sus casas para compartir buenos momentos mientras movían sus pies al ritmo del mejor rock n’ roll y la novedad del twist.

Para ayudar a los bailarines inexpertos en éste último se crearon todo tipo de guías con prácticos esquemas de cómo mover los pies Y así, todos pudieron bailar ese ritmo alegre que no entendía de razas ni de edades y en el que las parejas no se tocaban mientras bailaban.

Tales guías, indicaban que “no existían pasos preestablecidos y el movimiento básico era un enérgico giro de la cadera y los talones manteniéndose sobre las medias puntas. El bailarín se podía desplazar adelante, atrás, a los lados y hacia abajo. El baile consistía básicamente en mover primero un pie para un lado y el otro para el contrario, ayudándose del cuerpo para seguir el ritmo de las canciones”, se podía leer en esas guías.

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En lo musical la euforia se desató y los dueños de las compañías disqueras lanzaron canciones y artistas, consagrados o noveles con ese ritmo, y así surgieron Joey Dee y la Starliters con la canción “The Peppermint Twist”, que se convirtió en número uno en los Estados Unidos en enero de 1962.

Mismo año en que uno de los padres del rock n’ roll, Bo Diddley, puso en el mercado su álbum Bo Diddley’s A Twister en el que grabó varios temas de Twist, incluyendo «The Twister», «De Bo Twist» y » Mama Don’t Allow No Twistin», pieza que hacía referencia a las objeciones de muchos padres a los movimientos pélvicos de esta danza, sobre todo de las jóvenes.

Europa se sumó al fenómeno y también se dejó llevar por la moda del Twist. Países como Italia, Francia, Gran Bretaña e, incluso, la mojigata España se llenaron de fiestas con tocadiscos a todo volumen. En el verano de aquellos años hubo un lugar que se puso de moda: la Costa Azul y Saint-Tropez fue la ciudad más visitada en esa época por los jóvenes. Por eso, no es de extrañar que el twist los acompañara y el nombre apareciera en sus canciones. En la Gran Bretaña estaba surgiendo en ese momento un grupo que en su repertorio también incluía al twist: era en de los Beatles y su versión del “Twist And  Shout” de los Isley Brothers.

Así, con la llegada de la beatlemanía, el twist pasó a ser parte de la nostalgia y desde entonces algunos grupos vuelven al pasado y lo rescatan del olvido. En los noventa, por ejemplo, sería el grupo británico The Kaisers el que, saliéndose de la moda de esos momentos, el brit pop, pondría de nuevo el twist con su disco Twist With The Kaisers. Igualmente harían los Traveling Wilburys, en su momento, con “The Wilbury Twist”, o al comienzo del siglo XXI los Detroit Cobras y su revival en “Cha Cha Twist”.

El twist también ha aparecido en el cine. En 1993, en la película de Ron Mann llamada Twist, un documental sobre la twistmanía. En 1994 en la película Pulp Fiction de Quentin Tarantino, donde John Travolta y Uma Thurman lo bailan con el tema «You Never Can Tell”, de Chuck Berry. En Spiderman 3 del 2007, Harry Osborn y Mary Jane Watson lo hacen con “The Twist” de Chubby Checker.

 Por su parte, el creador original del twist, Hank Ballard, fue incluido en el Salón de la Fama del Rock and Roll en 1990, los Midnighters lo hicieron en el 2012. Ballard murió el 2 de marzo del 2003 a los 75 años de edad en Los Ángeles y está enterrado en el cementerio de Greenwood, en Atlanta, Georgia.

Chubby Checker, mientras tanto, aunque lo intentó, no pudo dejar al twist de lado (el público nunca se lo permitió), así que asumió sus presentaciones como un autotributo y se ha mantenido a través de las décadas interpretando sus éxitos con él.

El twist, como hemos visto, resurge de vez en vez, como cuando adquirió nueva fama al grabarlo en una nueva versión con el trío de raperos, The Fat Boys («El Twist», en 1987). Checker, asimismo, cantó la pieza para un comercial para Galletas Oreo a principios de 1990 y después abrió un restaurante propio, el cual administra, y en donde actúa frecuentemente hasta hoy, al mandato de “Let’s Twist Again”.

VIDEO SUGERIDO: The Twist – Chubby Cheker, YouTube (RetroTVCentral)

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BOB MARLEY (10)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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EL PODER DE LA PALABRA

(40 AÑOS RIP)

Sin duda, los Wailers originales tuvieron el grupo vocal más importante en toda la historia de Jamaica. No sólo debido a su capacidad musical, sino también a causa de la posición que ocuparon en la sociedad y a las experiencias colectivas que expresaron por medio de las canciones.

Éstas contenían su visión sobre la Jamaica del hombre negro pobre y reprimido, y su constancia en contra de vender las convicciones. La razón para la desintegración de los Wailers puede resumirse de  manera contundente: haber firmado contrato con una compañía disquera internacional que realizó una inversión y esperaba ganancias comerciales. Bob forjó su éxito mediante los viajes, sin importarle las molestias. Además, su decisión implicó otros sesgos: la rebeldía y el rastafarismo.

Resulta difícil aceptar la proyección comercial de las convicciones religiosas más básicas de un hombre. No obstante, Marley comprendió y supo salir adelante de esta imposición. Si un artista no quiere permanecer en el anonimato debe aceptar la realidad de las exigencias comerciales, resolviendo el qué y el cómo de ello de forma digna e inteligente.

Por otra parte, la posibilidad de morir los confronta con una realidad definitiva, cierta e inamovible. Los artistas comprometidos están muy conscientes de ello.  Las decisiones, por lo tanto, se forman en torno a esta aceptación como resultado de la expresión franca. Marley así tuvo que asumirlo para difundir su mensaje.

Los rastafaris (seguidores de la religión rasta) comprenden el fenómeno de la palabra, el sonido y el poder. Creen que el uso positivo de las palabras crea energía positiva y es posible que en ello se encuentre la base de la música reggae, la cual se utiliza como herramienta para «elevar al mundo» mediante vibraciones musicales positivas.

El nombre Jah Rastafari (la divinidad suprema de esta secta) ha cobrado familiaridad para muchas personas en el mundo occidental, no tanto debido al conocimiento sobre Haile Selassie (difunto rey etíope que para los seguidores rastas era la encarnación de su dios), sino al reggae.

El reggae tiene un ritmo hipnótico y conmovedor capaz de captar a una multitud a través de una fuente profunda y primaria, a la vez que la eleva a un estado etéreo de conciencia. El poder del reggae proviene de la fe de los músicos en Jah y del seguimiento que hagan de las enseñanzas de Haile Selassie.

Para los músicos rastas, el reggae es el don y la voz de Jah. El más importante divulgador de esta música fue Bob Marley. Él y los otros integrantes originales del grupo de los Wailers atendieron las enseñanzas de su mentor, el anciano músico rastafari Joe Higgs, y se convirtieron en los primeros en meter el nombre de Jah en la música.

Marley se erigió en el profeta por excelencia de la tercera ola del movimiento rastafari y en un embajador musical y político del Tercer Mundo. Llenas de una sabiduría de obsesiva antigüedad y de comprensiones dolorosamente contemporáneas, sus letras con frecuencia hablan de los mundos de Babilonia y de Sión, del infierno y maldad del primero y la perfección terrenal del último.

Él creía que los hijos de Sión serían despertados por medio de vibraciones musicales positivas, para aprender a trascender la destrucción de Babilonia. Al darse cuenta de la ineficacia de una confrontación directa con esta última (el Mal), Bob Marley planteó entonces su ira política contra las injusticias cotidianas practicadas en los negros a manos de los imperialistas ingleses que devastaron su país hasta la independencia de éste en 1962.

La mayoría de los temas del reggae expresan uno o dos pensamientos básicos repetidos una y otra vez hasta saturar por completo la conciencia del escucha. Algunos de estos pensamientos portan mensajes como el de Peter Tosh cuando cantaba: «Sin importar de dónde vengas, si eres negro eres africano».

Bob Marley recordaba constantemente a sus seguidores lo siguiente: «Levántense, álcense. Alcense por sus derechos»,  y afirmaba: «La verdad no se hace en la casa, es un lenguaje universal. Jah dio al hombre su vida para siempre. Al final todos los hombres cantarán la misma canción.  Quiero que la gente se reconozca en mi música». En una entrevista realizada poco antes de su muerte dijo: «Si Dios no me hubiera dado una canción para cantar, no tendría una qué cantar».

El estilo animado y carismático desplegado por este profeta musical en sus presentaciones se ha descrito de la siguiente manera: «Entre más se le escuchaba, más se comprendía que su música y mensaje llegaban del más allá, de una inspiración completamente espiritual. Sobre el escenario se movía dispuesto a ser un vehículo, a dejarse impulsar de un lado al otro con frenesí hipnótico y rítmico, como si lo gobernara una luz interior apuntada a divulgar en el exterior su mensaje de comprensión y justicia».

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LA SIGNIFICANCIA DEL VOCERO

El concierto de reggae para Bob Marley era como una misa rastafari ritualizada para la cual los músicos servían de altos sacerdotes. Normalmente, antes de comenzar el concierto, pronunciaba una bendición para Jah Rastafari, seguida de un momento de silencio. A continuación el público era barrido por un ataque frontal de ritmos que se prolongaba por horas.

Mientras el público bailaba, deshaciéndose de sus preocupaciones y tensiones, los músicos le infundían energía. El simbolismo de las letras a menudo se perdía en el frenesí de la gente, la densidad del acento jamaicano y el lenguaje inusual del Iyaric. No obstante, los acostumbrados a estos elementos característicos encontraban abrumadora la experiencia de la palabra, el sonido y el poder de la música. Se consideraba como una intensa aventura mística.

No es posible negar que el movimiento rastafari jamás hubiera logrado la popularidad mundial de que goza de no ser por este personaje, el cual siempre explicó su actuación de la siguiente manera: «Hay que tener cuidado con la canción que se canta. Si Babilonia viene a explotarnos, con ello sólo propiciará su propia caída. Si somos verdaderos hermanos, lo material no nos separará».

Marley lanzó sus mensajes simples de libertad, paz y comprensión humana a los corazones y las mentes de mucha gente en todo el mundo, sin importar su raza, creencias religiosas o intelectuales. Siempre anduvo sobre el estrecho filo entre los mundos de Jamaica y Babilonia; y sus triunfos y dilemas en última instancia reflejaron los del reggae en conjunto.

Su muerte significó una pérdida para tal mundo y del mundo en general, tan desesperanzado. Su figura alcanzó la inmortalidad mediante la palabra, el sonido y el poder de sus músicos. Su obra seguirá desempeñando un papel importante para mantener vivo el espíritu liberador en cualquier lugar del planeta donde se escuchen esas notas cargadas de ritmo y de intención.

El desarrollo histórico de la música jamaicana encontró su proceso más avanzado en las últimas décadas gracias al reggae y éste en su propagación a nivel mundial por parte de Bob Marley. El reggae debe su nacimiento al rhythm and blues afro-estadounidense, pero posteriormente llegó a expresar una identidad que se asociaría de manera específica con un lenguaje musical jamaicano neto.

Y su influencia es manifiesta en las formas actuales de la música popular de todo el orbe, con un sabor característico, y sus elementos esenciales han sido herramientas para la creación de nuevos estilos musicales.

La música jamaicana se ha desarrollado a tal grado que actualmente proporciona empleos a un número significativo de habitantes de la isla y contribuido de manera positiva a aliviar en algo la crisis sufrida por la economía de aquel país. Hay varias plantas de impresión de discos en su territorio que emplean un promedio de dos mil personas cada una en diversas actividades: desde obreros hasta vendedores, contadores, ingenieros, choferes, secretarias, etcétera. Esta industria, a su vez, ha creado la necesidad de discotecas, que también ofrecen fuentes de empleo.

Jamaica ha proscrito la importación de discos, y las principales compañías nacionales tienen la licencia de distribución de varias firmas estadounidenses como la Warner, Atlantic Records, CBS y ABC, entre otras. Dichos incentivos para la exportación han contribuido en grande a fomentar la industria del reggae, la cual produce decenas de millones de dólares al año, sin incluir las ventas internas y la piratería.

La música no sólo brinda beneficios a la economía jamaicana sino también la oportunidad a los músicos de proyectar en el exterior sus mensajes sociales contra la esclavitud y el colonialismo, así como la imagen de una nación envuelta en la lucha por sobrevivir, pese a que la violencia política aún impide todo progreso real y significativo.

El reggae, se ha significado en un importante rasgo político de la parte baja de la sociedad de ese país. El principal difusor de esta corriente, Bob Marley, murió en la plenitud de su carrera y de su vida; sin embargo, sus aportaciones sociales, culturales y musicales han prevalecido y su nombre legendario crece en importancia conforme pasan los años.

VIDEO SUGERIDO: Bob Marley And The Wailers – Get Up, Stand Up (Live At The Rainbow 4th June 1977), YouTube (Bob Marley)

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BJÖRK: EL VOLCÁN DE ISLANDIA (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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EL VOLCÁN DE ISLANDIA (II)

Ante todo (postura política, activismo) y primordialmente, Björk es una artista. Y una de las más singulares en el mundo, cabría decir. El arte no nace por generación espontánea. Todo es parte de una cadena de influencias a las que el talento individual sintetiza y conduce a la originalidad. Eso es Björk en primera y última instancia: una artista original.

Björk es una islandesa cuya originalidad se ha convertido en parámetro para los creadores en general y para el género femenino en particular. Ella es un espécimen ejemplar que se liga a una cadena etérea que siempre pugna por ir a la vanguardia.

Björk es cantante. Así lo decidió cuando cumplió los tres años de edad y empezó a hacerlo con las piezas de un musical: The Sound of Music. Luego creció escuchando en su casa a Hendrix, Janis Joplin y Eric Clapton, pero también a Simon & Garfunkel. Y cuando iba de visita con sus abuelos, éstos la arropaban con la música clásica y el jazz. A los nueve años ya es el blues vía los hermanos Winter (Johnny y Edgar) lo que la emociona y motiva.

El canto la singularizó en la escuela donde participaba en los festivales. En casa, su madre le inculcó valores ecologistas y otras constantes hippies. Su padrastro era músico y la instó a estudiar música y composición. Lo cual hizo. Pero igualmente se volvió coleccionista de insectos, apasionada de las ciencias naturales y de la física. Por otra parte, fue la única niña en miles de kilómetros a la redonda que tuvo a un antropólogo como héroe: David Attenborough.

A los 12 años grabó su primer disco con ayuda de su padrastro y sus amigos músicos. Fue un álbum compuesto de cóvers en islandés de gente como los Beatles y Steve Wonder y alguna que otra composición particular. Además del canto comenzó a interesarse por la batería. Con ella como instrumento formó un grupo de punk femenino con el que criticó al feminismo quejumbroso y victimista.

Al punk le siguió el jazz de fusión y el pop con otros grupos. A los 15 años ya tenía mucha experiencia escénica y apariciones mediáticas. Tras diez años de seguir el consejo de su padrastro, Björk se graduó de la escuela de música como pianista clásica. Contaba ya con las herramientas de la academia y del empirismo. Entró entonces a formar parte de un grupo de after punk al comienzo de los años ochenta.

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Luego de la aventura after punk se inclinó por el underground del rock gótico en el que utilizó las referencias vanguardistas que le heredó el primero, el jazz y el hardcore. A la experiencia musical agregó ahora la de la maternidad y el canto clásico. Sin embargo, la inquietud no mermó en ella y decidió formar a los Sugarcubes e internacionalizarse. Su concepto surrealista en la lírica y la extravagancia sonora les generaron el éxito.

Paralelamente a su desarrollo musical, Björk inició una carrera como actriz. Tuvo papeles en películas como The Juniper Tree y en obras de teatro para la televisión islandesa.  Para entonces, ya ilustraba las portadas de diversas revistas anglosajonas especializadas en música que alababan sus composiciones y variada arquitectura sonora. Tres años durará el embeleso en el que se mezcló la música con la literatura y la poesía.

El ocaso de los Sugarcubes motivó a Björk a participar en otros proyectos. Como clarinetista formó parte de la Banda de Konrad B. El comienzo de los noventa llegó con la llamada del jazz. Lo hizo vía el bebop y un trío. Cantó en islandés e inglés piezas conocidas y otras que resultan rarezas. La muerte del pianista truncó el proyecto y la cantante cultivó entonces el interés por la música house. Se reactivó el grupo Sugarcubes y lanzaron su disco más famoso tras el cual la banda se disolvió definitivamente.

Björk se mudó a Londres e inició una carrera como solista. En su obra primará desde entonces el perfeccionismo. Llamó al productor de Massive Attack, Nelle Hopper para que la asesorara. La high-tech será su instrumento decisivo de ahí en adelante. Obtuvo el primer hit bajo su firma con el disco Debut, de 1993. De ahí en adelante el nombre de Björk estaría siempre asociado al arte musical independiente y vanguardista. Ella confirmará con cada nuevo álbum (una decena de estudio hasta la fecha) dicha ubicación.

Tras la primera década del siglo XXI Björk se confirmó como la encarnación del ideal del artista contemporáneo: Talentosa, original, ecléctica, independiente, creativa e inquieta sobremanera. Ha cultivado el multiinstrumentismo, la composición, la utilización de los artilugios sonoros más avanzados (como el Reactable), el conocimiento musical, el show multimedial (incluyendo el audaz maquillaje y vestuario con referencias antropológicas y futuristas), filma sus propios videos, es actriz de cintas inteligentes para cine y televisión (Dancer in the Dark, Drawing Restraint 9), diseñadora gráfica y de ropa, activista de causas sociales y escritora.

A ello habría que agregar sus pasiones paralelas: la entomología, las ciencias naturales, la física y la  antropología.

En el rubro de la escritura ha publicado varios libros: el primero, Um Urnat frá Björk (un cuento de hadas), es un libro de poemas férricos coloreado a mano por ella misma. El segundo, Björk, es un libro fotográfico del género biopic, en el que la autora documenta su biografía artística (con fotos de muchos artistas de renombre) e incluye una entrevista grabada con su héroe desde la infancia: el antropólogo David Attenbourough.

El tercero es Björk Live Book, es la publicación de una larga entrevista personal sobre su carrera como solista y álbum por álbum e información sobre cada una de las personas que ha trabajado con ella a lo largo de su carrera.

Björk es hoy –con tres décadas de trabajo sólido y ejemplar– un nombre muy grande en la escena y un colectivo cultural de la mayor trascendencia, cuya obra siempre es esperada, documentada, analizada y copiada, por la imaginación que despliega y, sobre todo, por el avance musical que representa.

VIDEO SUGERIDO: Björk – Declare Independence (Later with Jools Holland), YouTube (oldnavy21)

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BJÖRK: EL VOLCÁN DE ISLANDIA (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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 El arrebato pro Tibet de la cantante islandesa Björk durante un concierto en Shanghái (en el que coreó «¡Tibet! ¡Tibet!» tras su canción «Declare Independence»—y que en otra presentación también hizo con Kosovo–) molestó a los recelosos censores del gobierno chino o “guardianes de la cultura”, como se nombran ellos mismos.

El Ministerio Chino de Cultura declaró que la actuación de Björk «había herido profundamente los sentimientos del pueblo chino». Este país ha gobernado Tíbet con mano de hierro desde que sus tropas ocuparon la región Himalaya en los años 50 del siglo XX y no permite desafíos a su autoridad sobre ella.

En su página Web Björk escribió al respecto: “Me gustaría puntualizar que no soy un político, por encima de todo soy músico y como tal siento que es mi deber intentar expresar la gama completa de emociones humanas. El impulso por declarar la independencia es sólo una de ellas, pero es de las más importantes en algún momento de nuestras vidas. Esta canción fue escrita con un pensamiento más personal pero el hecho de que haya sido traducido a un significado más amplio, como la lucha de una nación reprimida, me complace. Me gustaría desear a cada individuo así como a las naciones buena suerte en su batalla por su independencia. ¡Justicia!»

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Las posturas políticas de Björk siempre han sido claras, así como sus manifiestos en favor de la democracia, la ecología, el medio ambiente y los derechos humanos, pero no sólo los muestra en lugares donde la libertad de expresión es algo tácito, como lo hacen la mayoría de los representantes del pop que buscan hacer “imagen” o ser invitados a determinados festivales, sino que lo hace en el corazón mismo de donde se encuentre el problema. Lo hizo en China y también lo ha hecho en su propio país, cuando estuvo en crisis.

Islandia tuvo que nacionalizar dos de sus tres bancos más importantes, tenía una inflación del 15% y contaba con una moneda, la corona, cuyo valor bajó a más de la mitad de su valor en un año. ¿Cómo pudo ocurrirle esto a un país que hasta 2008 era el más solvente del planeta y el que tenía mejor nivel de vida del mundo?

Los expertos lo atribuyen a varios factores. Primero a la política de su Banco Central, que situó los tipos de interés incluso por encima del 15%, a la vez que animaba a las empresas del país y a los particulares a pedir préstamos en países con tipos más bajos. Es decir, la especulación financiera sin escrúpulos y sin ataduras en plena acción. Y el otro, al efecto devastador provocado por la erupción de un volcán de nombre impronunciable: Eyjafjallajökull (en 2010).

Con el derrumbe provocado por la crisis mundial que brotó en Wall Street, en Nueva York y por las mismas causas, la rueda endeudamiento/inversión se detuvo. A finales de 2007, los activos bancarios (cimentados en tales burbujas económicas) equivalían al 800% del PIB islandés y se extendían a otros países. Por lo tanto, Islandia se fue a pique, al igual que sus 300 mil habitantes y cuentahabientes.

Para salir de esta situación el gobierno conservador de ese país no pudo organizar un plan de rescate y se vio obligado a pedir financiación urgente en el extranjero.

En su momento Björk no sólo expresó su total desconfianza en la capacidad del gobierno islandés para llevar las riendas del país, sino que además lo acusó de utilizar la precaria situación económica para vencer el rechazo popular a la construcción de nuevas plantas de producción de aluminio, que se abastecen de energía geotérmica.

La cantante alertó sobre el impacto ambiental de esos proyectos en las famosas aguas termales y terrenos volcánicos. Asimismo denunció la intención del mismo gobierno de querer «vender» los recursos naturales nacionales a grandes compañías extranjeras como receta para paliar la grave crisis.

Björk no se cruzó de brazos y salió a su manera al rescate de la economía de Islandia al apoyar –con su nombre y dinero– un fondo de capital de riesgo ideado por la firma Audur para ayudar a la creación de empresas con una responsabilidad ambiental y social, que impulsara la economía nacional.

(Al siguiente año cayó del poder el gobierno conservador, hubo referendum al respecto, se optó por unas duras restricciones económicas y por un gobierno de coalisión verde-socialdemócrata. Ahora ya no están totalmente en manos ajenas, sino tomando sus propias decisiones y paliando con nuevas fuentes de trabajo los colapsos sufridos.)

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A la postre cuando estuvo de gira en Nueva York mandó una carta al periódico The Times en la que arremetió contra los gestores políticos y económicos locales que habían conducido no sólo a su país, sino al mundo entero a la crisis. “No veo a ninguno en la cárcel ni decomisados sus bienes para solventar en algo la penuria de los que han empobrecido”, escribió.

 

Al llegar a Inglaterra con la misma gira tampoco se libró de las críticas el Primer Ministro británico de aquel momento. Björk recordó a los medios ingleses la «injustificable» decisión del mismo de recurrir a la legislación antiterrorista con el fin de congelar los bienes islandeses en el Reino Unido.

Pero ante la situación no todo fueron críticas. Igualmente se puso a elaborar una plataforma en defensa del medio ambiente cuya campaña en pro de alternativas sostenibles ella había avalado por todo el mundo.

VIDEO SUGERIDO: Björk – Hyperballad, YouTube (CaptainJet)

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