LA POÉTICA DEL NOMBRE (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

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“ANNA”

Arthur Alexander fue ejemplo de individuos solitarios, compositores sensibles, pero sin esperanza. Reflejaba el carácter particular del artista natural pero contenido y despreciado por un ambiente espeso, hundido en medio de una población provinciana, rural, con fenómenos sociales añejos, acendrados y quizá insolubles, como el aislamiento (y sus consecuencias culturales), la discriminación racial y de clase, el conservadurismo que permeaba cualquier forma de desarrollo colectivo y, por supuesto, la pobreza.

Alexander nació en un medio infame, en Florence, Alabama, en mayo de 1940. Un estado en el que los negros sólo podían aspirar a ser pobres, ligeramente por encima de la indigencia. Así creció Arthur como hijo de un músico y cantante de blues y góspel, que no quería lo mismo para su vástago. Pero el joven se empapó con aquella música que hacía su padre y con la que escuchaba en la radio (hillbilly y country). Sin estudios, tuvo que ganarse la vida en trabajillos diversos por las mañanas y cantando en bares durante las noches.

De esta manera se encontró un día con Rick Hall, un joven productor independiente que acababa de montar un estudio de grabación (FAME) en un viejo almacén de tabaco en la cercana localidad de Muscle Shoals. Alexander le confesó que tenía algunas canciones y Hall le pidió que le cantara algunas de ellas. Fueron al bar del hotel, Hall les dio una propina a los músicos de la casa para que acompañaran a Alexander. Cuando éste terminó de cantar “Anna” El productor se quedó callado para luego afirmar: “Tenemos un éxito”.

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Ahí, en el corazón de Muscle Shouls se acababa de inventar el country soul, el soul sureño. “Anna” fue una de las primeras grandes baladas soul, incluso está más cerca de un tiempo-medio que una balada lenta. Al igual que varias de las canciones de Alexander, llegaría a ser más famosa en versiones  hechas por otros artistas que en su propia interpretación original. Aunque en realidad tuvo cierto éxito cuando se publicó por primera vez en 1962, llegando al lugar 68 en las listas pop y en el 10 en las de R&B.

La derrama artística de Arthur Alexander, sin embargo, va más allá de las versiones que grandes estrellas hicieron de sus canciones, su legado se muestra en la influencia que tuvo en esos grupos y cantantes y en la propia historia del soul sureño. Su estilo era cálido y acogedor. “Sus canciones parece que te arropan como una manta suave durante una noche fría”, dijo alguien sobre él.

Con el uso de esta materia prima, el rock británico aprovechó la oportunidad  para su propia fundamentación. Integró su versión de ambas músicas con base en los conceptos particulares sobre ellas y su cotidianeidad. No habría rock en la Gran Bretaña sin la música negra.

Y esa deuda sus adalides la han pagado con divisas ontológicas en forma de referencias, citas y mágicos cóvers. Históricos, la mayoría de las veces. Que exponen sus raíces, sus emocionados descubrimientos y apegados acercamientos estilísticos para luego encarar su propio desarrollo.

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Los Beatles, lo hicieron con esa pieza. “Anna” era uno de los temas favoritos de John Lennon, de tal manera que formaba parte del repertorio regular de sus actuaciones de fogueo tanto en Hamburgo como en Liverpool. Como consecuencia estaba pulida en el estilo beatle y por ello fue grabada e incluida en su álbum debut, Please Please Me.

 La pieza escrita e interpretada originalmente por Arthur Alexander había sido lanzada como single en septiembre de 1962. La versión realizada por el Cuarteto de Liverpool fue grabada en febrero del siguiente año, casi enseguida. Resaltó su valor como un excelente y auténtico cóver. Uno que evidenció con su revisitación el cambio de época.

“Los Beatles estábamos buscando nuestro sonido y ahí apareció el rhythm and blues lleno de soul. Eso es lo que solíamos escuchar entonces y es lo que queríamos hacer. Estábamos fascinados por esa música negra y para nosotros la cima de todo aquello fue Arthur Alexander”, confesó Paul McCartney.

George Harrison se encargó del riff, Ringo lo hizo con un fuerte beat y John Lennon llevó la voz cantante en ella (le añadió un dolor tortuoso que no está en el tema original). El crítico musical Ian MacDonald dijo, a su vez, que sonaba como “un joven apasionado intentando dominar con su voz una canción de hombre”.

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Arthur Alexander, el creador de la canción (en la que volcó todas sus influencias), se convirtió en el primer cantante de Alabama en entrar en las listas de éxitos y en un cantautor prestigioso que escanciaría su talento en un sinnúmero de piezas memorables.

Tanto que pocos meses después los Beatles harían su versión, como ya se vio, y con el paso del tiempo infinidad de intérpretes. Entre ellos destaca la que hizo Roger McGuinn (nacido en Chicago como James Joseph McGuinn III el 13 de julio de 1942, y conocido a la postre como Roger McGuinn) para el tributo que el sello Razor & The Music antologó con material del compositor.

McGuinn era un músico de folk formado en su ciudad natal, que antes de intentar una carrera por su propia cuenta interpretaba canciones de los Beatles en los cafés neoyorquinos del Greenwich Village. 

Inspirándose en George Harrison por su innovación en el tema “A Hard Day’s Night”, McGuinn decidió entrar al mundo del rock con una guitarra eléctrica de 12 cuerdas. Y lo hizo con The Byrds, los cuales inauguraron una nueva corriente rockera, el folk-rock, y se constituyeron en una incomparable agrupación que denotaba la influencia evidente de Bob Dylan, el estilo de los Beatles, el country and western y el rhythm and blues, con lo cual originaron lo que se denominaría el nuevo rock estadounidense.

Con la resonancia de la Rickenbancker de 12 cuerdas de McGuinn, también cantante principal, y una compleja armonía instrumental y vocal los Byrds marcaron un nuevo sonido y se dieron a conocer al mundo. La belleza de cuerdas y canto está presente en la versión de “Anna”, el tributo que McGuinn le brindó a Artur Alexander.

VIDEO SUGERIDO: Anna (Go To Him), YouTube (Te Beatles)

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LA POÉTICA DEL NOMBRE (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

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“GLORIA”

El nombre de una persona dicho por otra siempre será diferente. ¿Por qué?

Porque lo pronunciará de manera distinta, se percibirá de manera distinta, se imaginará de manera distinta y se utilizará de manera distinta. Todo ello constituirá la poética del nombre. Y como ejemplo están las canciones que llevan uno por título, se han vuelto populares y han recibido el honor de la versión en la mejor acepción de la palabra.

La versión es un término (y un campo de acción) muy amplio. A menudo los escuchas piensan, de manera muy reduccionista, que versionar es sólo cantar canciones que otros cantaron antaño. Sin embargo, no es tan simple. En una versión, no se trata de hacer una vil copia, sino de arreglarla de una nueva manera. De deconstruir la pieza original y reconstruirla con otros elementos.

En un mundo en el que la memoria es un valor a la baja, a veces de lo que se trata al hacer una versión es de recuperar un tema olvidado, pero aún reconocible, y se hace por distintas razones. Por ejemplo, si es una pieza que le gusta particularmente al artista y quiere hacer su versión, su interpretación de la misma, rendirle tributo de esa manera.

Por eso mismo nadie puede rebajar a reproche esta declaración tributaria, salvo en el caso de una vulgar fotocopia, pues gracias a dicho tributo nos ha sido dado disfrutar de un nuevo estrato para la canción recurrente. Es un estadio nuevo para una canción previamente grabada, es decir: otro rubro en el quehacer cultural.

Y si la versión funciona, el efecto puede ser muy grande y abrir otros horizontes, nuevos puntos de vista, crear una estética distinta. Si hacer versiones buenas fuera tan poco creativo “Hound dog” sería aún un rhythm & blues lento y no el rock and roll del preludio; “That’s all right mama” se hubiera quedado en el country sin evolucionar hacia el rockabilly y “Louie Louie” hubiera quedado como una canción caribeña que solo conocería un puñado de personas, y no una piedra fundamental del rock de garage, por mencionar algunos ejemplos históricos.

En cuanto a los nombres, una muestra clásica sería la pieza “Gloria” de Van Morrison. Al respecto de ella, convendría primero dar una explicación digamos anatómica sobre su pronunciación: comenzando por el chasquido consonántico al principio del nombre. Ahí la punta de la lengua se encoge bruscamente bajo el paladar y hace un “klo”, como al abrir algo. Puede ser un sonido muy fuerte y atraer la atención de quien lo escucha. Es el llamado chasquido palatino que se hace con toda la lengua en un movimiento casi vertical que acabará con una clara y anhelante exhalación.

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Una vez dicho esto, pasemos a la versión original y posteriormente a la poética de la representación. En ese primer ámbito se puede encontrar solaz y certidumbre, avidez y deseo. La satisfacción que puede brindar un encuentro afortunado con una mujer con tal nombre, brinda en el original de Van Morrison ese momento que quema con la exaltación del enamoramiento lascivo ya detectado y la concentración en su disfrute.

Dominando la guitarra y el sax tenor, Van Morrison (Belfast, Irlanda del Norte, 1945) destacó en su ámbito local lo que le permitió integrarse a las bandas más conocidas de la zona. Luego le dio por viajar. Compuso “Gloria” mientras tocaba con The Monarchs en Alemania durante una estancia veraniega en 1963, cuando tenía dieciocho años de edad.

Morrison comenzó a interpretarla en el Maritime Hotel cuando volvió a Belfast y se integró a The Gamblers para  luego formar finalmente el grupo Them, con Billy Harrison (guitarra), Alan Henderson (bajo), Ronnie Milligans (batería) y Patrick John McCauley (en los teclados).

Durante las presentaciones que tenían, Van añadía versos a voluntad, improvisando la letra y alargando la interpretación hasta los quince o veinte minutos. Tras firmar un contrato con el sello Decca, el grupo se trasladó a Londres donde realizaron una sesión de grabación el 5 de julio de 1964 en  el Decca Three Studios de West Gampstead. El grupo grabó “Gloria” junto a otras seis canciones.

A la par de los miembros del grupo, el productor, Rowe contrató a músicos sesionistas como Arthur Greenslade, Jimmy Page y Bobby Graham por considerar que los miembros del grupo eran aún muy bisoños. El sencillo que seleccionaron como debut, y que llevaba por título The Angry Young Them, contenía “Baby Please Don’t Go”, por un lado, y “Gloria”, por el otro, los lanzó a la fama.

La letra nos habla de una joven que no es muy alta y más bien fiestera, y que cuando llega a la casa de quien narra y sube a su habitación, le muestra todas sus habilidades amatorias, que resultan muy satisfactorias para el protagonista. Lo hace sentir tan bien que lo lleva a la Gloria (Morrison juega todo el tiempo con los significados de esta palabra, incluso en el del latín).

La composición musical es un rock clásico con la guitarra y su legendario riff, un bajo marcando un ritmo pulsante que nunca varía los tres acordes, usando sólo cambios dinámicos para aumentar la tensión, mientras la batería y el órgano Hammod al fondo sirven de acompañamiento a la poderosa voz del cantante.

Like to tell you ’bout my baby,

you know she comes around,
just ’bout five feet four

a-from her head to the ground.
You know she comes around here

just about midnight,
She make me feel so good, lord,

she make me feel all right.
And her name is G-l-o-r-i-a,
G-l-o-r-i-a, Gloria
G-l-o-r-i-a, Gloria

I’m gonna shout it all night: Gloria
I’m gonna shout it every day: Gloria
Yeah yeah yeah yeah yeah yeah.

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Debido a su sencilla estructura el tema fue fácil de aprender y la canción se convirtió al poco tiempo en un tema básico del rock de garage y parte del repertorio de otras bandas de rock. Desde entonces ha sido versionada por centenares de grupos, destacando mayormente las interpretaciones de los Doors y la del Patti Smith Group.

Si en el caso de Van Morrison lo que implica la canción es la pulsión y el ardor sexual de un adolescente, el de obtener satisfacción para sus necesidades carnales, en la situación de las versiones hechas por los grupos mencionados el significado de las imágenes de los líderes de ambas bandas tiene una gran importancia su peso icónico: Jim Morrison y Patti Smith.

Hay, en estas figuras, una gran significancia tanto en la voz que canta, la mano que escribe, como en el cuerpo del que interpreta. Si tal hecho se percibe, habrá un par de valores agregados a la versión: el reconocido intelecto de ambos personajes, así como su proyección sexual pública.

Y, si así sucede, el escucha atento no podrá hacer otra cosa que rehacer su propia tabla de evaluación sobre la canción, ya que en la relación con tales figuras entrará el elemento erótico de la reescritura de la pieza, sumado a un tema ya de por sí libidinoso.

El rock forma parte de la tradición romántica que se regocija con el impulso sexual como principal ingrediente de la energía que arroja de sí las limitaciones en su búsqueda del infinito. Muchos de los excesos sexuales retratados por el rock alcanzaron un nivel de extravagancia orgiástica en el caso de Jim Morrison, que en la dirty version que hace de “Gloria” se explaya en ello.

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Patti Smith, por su parte, representaba, en el momento de rehacer el tema, una nueva forma femenina, que coqueteaba con la androginia, con la libertad artística, con el poder del rock apoyando la palabra poética escrita y dicha y viceversa. Todo esto mostrado en un nuevo escenario musical: el punk. Una revolución en marcha, que utilizaba con ella la imaginería erótica para fundamentar una estética diferente, poderosa y sensual.

VIDEO SUGERIDO: Patti Smith – Gloria (1979) Germany, YouTube (PretzelFarmer)

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“MAKE IT RAIN”

Por SERGIO MONSALVO C.

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(CRÓNICA)

En la ocasión que me tocó ver a Tom Waits (en la primera década del XXI), éste quiso mostrar frente al público su tarea reciente. Optó por Europa y con ocho únicos conciertos: en Amberes (Bélgica), tres en Berlín (Alemania), tres en Ámsterdam (Holanda) y el cierre en Londres (Inglaterra).

En Ámsterdam se anunciaron con muchos meses de antelación. En un día se agotaron todos los boletos, con precios que oscilaban entre 85 y 100 euros. A partir de ahí el mercado negro de la reventa comenzó la carrera ascendente en el costo de las entradas. Media hora antes de la primera fecha la cantidad a desembolsar era entre 400 y 500 euros. Nadie chistó al adquirir uno.

Waits eligió de tal ciudad la sala llamada Carré (un teatro mediano de añeja  tradición dentro del espectáculo —siglo y medio— que con él inauguró una larga remodelación de un año) para exponer sus canciones. El cantante sabe, con conocimiento de causa, que en los espacios mayores se perdería buena parte de su efecto intimista.

Las nocturnas aguas del río Amstel, frente a las que se asienta el teatro, vieron la llegada de los dos mil  primeros devotos de diversas partes de Europa (en total serían seis mil), que entraron al recinto para recibir durante dos horas la fuerza de las devastadoras historias del cantautor, los temas de sus recientes discos.

Títulos que tiene una doble acepción: la jazzística, con la cual se señala al músico arrebatado en el escenario; y la coloquial, con la que se menciona a quien ha muerto o se mantiene en estado de marginación. Un juego de palabras pleno de humor negro.

Tom aparece en escena en punto de las ocho de la noche, con su figura de espantapájaros y el traje hipster acostumbrado, de color café y sombrerito. Una presencia que por sí sola llena el estrado. Pero él no se conforma con eso, se hace acompañar del mismo excelente grupo base que colaboró con él en las grabaciones: Marc Ribot, Larry Taylor y Brian Mantia.

Ellos crean la sonoridad rocosa, el motor noise del que surge intimidando, el canto rasposo, retumbante de Waits, el cual brota de las profundidades de su caja torácica como si fuera producido por un rallador pétreo del alma. El público por supuesto ruge ante la descarga iniciática: “Make it Rain”.

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Y de ahí en adelante, entre la amplificación de lo subterráneo y el megáfono del realismo se pasea contundente la protagonista principal de sus actuaciones: la voz. Ésa que años de cigarros, whisky y desvelos convirtieron en bestia para un solo domador. Un animal salvaje que le proporciona su tono individual, único.

La quintaesencia del concierto es eso precisamente: el desarrollo y estilización de un instrumento expresivo, la construcción artística del tono, de cada tono. Waits no gruñe ni farfulla, cada una de sus sílabas se entiende, se siente. Arañan el corazón, la piel, la imaginación.

Los temas y personajes desfilan así, con sus crónicas desdichadas y ecos de tiempos duros, terribles, que permiten por igual vislumbrar el interior del propio narrador (un desliz procurado a voluntad).

Y en el inter entre cada fabuloso testimonio, aparece el excéntrico actor/presentador que es también este oriundo de Pomona, para de una manera ensimismada contar anécdotas bizarras o absurdas sobre fieras peligrosas de Indonesia; el envenenamiento con plomo debido a los jitomates, o sobre la posibilidad de ser sepultado con un cordón atado a la muñeca, para desde el ataúd poder hacer que suene una campanita por si lo han enterrado a uno vivo, etcétera.

Así como el actor entra, por igual desaparece y resurge esa forma de espetar palabras que es Tom Waits. Incluso con tal fuerza que es posible que el techo se venga abajo. Tras cada monólogo reaparece su tormenta vocal con furia aún mayor, nutrida por los relámpagos producidos sin cesar por Marc Ribot. Es el malabar adjunto que a través de su ingeniosa guitarra juega con el fuego y con los cuchillos de doble filo, con el estandarte de la estructura melódica, para poner aún mayor énfasis en lo que desfila, en lo vivido, en lo contado.

La voz se convierte en una sirena de niebla gutural distante y amenazadora, que convoca a sus fantasmas más influyentes: Kurt Weill y  Edith Piaf, guiados por el Captain Beefheart. Aúlla y distorsiona. Su sonoridad crea olas pantanosas en donde el ritmo se vuelve cada vez más importante y preciso, el ritmo y su instrumentación sobre relieve, hasta llegar a los conjuros de “Sins of the Father” con un acercamiento al gospel intenso, el cual prepara los espíritus para “Day After Tomorrow” y sus cavilaciones sobre las secuelas de la guerra y la omnipresencia de la muerte. El callejón sin salida.

Tras impactar con lo estrenado, interpreta también algunos temas de discos como Swordfishtrombones, The Black Rider, The Mule Variations, una excelente versión de “Alice” susurrada a los oídos, “House Where Nobody Lives”, la pieza final del concierto, o la canción con la que comienza el encore: “Invitation Blues” de Small Change.

Waits es un artista del ahora (en cada una de sus épocas), y en el ahora no hay belleza. Ésta no es lo importante para el arte. Lo relevante es el significado de la obra. Y en su obra hay significado con estilo personal y poesía —ríspida, grotesca, cruda—.

Waits ha alcanzado este punto culminante, universalista. Y lo ha hecho con una sustancial obra discográfica y con una auténtica puesta en escena de ella. Prácticamente se le ha visto estallar en el foro. La poesía no ha sido en este caso, como dijera T.S. Eliot, expresión de la personalidad, sino una liberación de la misma.

“Una fiebre descomunal pulsa en su cabeza como un tambor”, se escucha en una de sus canciones. Ese sería una buena síntesis de todo Tom Waits. Un delirio constante. Al menos eso cree uno al principio. Una vez que se domestica la oscuridad aparecen algunos momentos de reposo. Tiempo para un poco de ternura, para una borrachera, para una de las baladas vacilantes de siempre o para una fisura sorprendente. 

Se aprecia que la economía de los medios no entorpece en absoluto la riqueza musical de este autor. Ni la fuerza evocadora. Waits coquetea desde hace mucho tiempo con las imágenes, y a veces ha compuesto para ellas una música inolvidable. Las imágenes forman una parte integral de la música, engendradas por las palabras y los sonidos. Sólo faltan las que cada uno aportará, según su propia fantasía.

Tom Waits sólo tiene que abrir la boca para hablar, ya no cantar, y todo mundo empieza a calcular mentalmente la cantidad de cajetillas de cigarros y botellas de whisky que ha consumido este ser extraordinario.

La imagen del excéntrico poeta de bar que canta cuentos y pone música a su vida es la que domina en la imaginación de sus seguidores, los años destrampados. Sin embargo, no todo ha sido eso. Le ha dedicado mucho tiempo también al cine, al teatro y a trabajos musicales por encargo.

En sus álbumes de estudio cuenta las historias del subsuelo que se quieren oír con un humor extravagante, trabajando en el sufrimiento y a veces con maliciosa brutalidad su blues minimalista se balancea al borde del abismo. El teatro del absurdo para el oído.

Según Waits, tener una imagen fija es una bendición y una maldición al mismo tiempo. Cuando no se tiene, se quiere obtenerla, y cuando uno la tiene, se esfuerza por deshacerse de ella: “Por lo menos la gente así tiene alguna idea de mí en la cabeza, y eso es mejor que nada”, ha dicho. Y para ello ha creado muchas oportunidades para reforzar dicha idea: como vampiro, como pastor evangélico ebrio, como fugitivo de la justicia, como cínico barman, como sombrerero loco, como hacedor de lluvia, etcétera, etcétera.

VIDEO SUGERIDO: Tom Waits – Cold Cold Ground, YouTube / o Tom Waits – Dirt In the Ground – Live 2008 (Concert Folm), YouTube

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PUNK-11

Por  SERGIO MONSALVO C.

 

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LOS SUBGÉNEROS

 ANARCOPUNK: Corriente de fuertes tintes políticos que procede del coqueteo del movimiento intelectual de izquierda con la vieja escuela del punk. Resulta clave comunicar un mensaje radical. La música por lo general queda relegada al segundo lugar y es dura, monótona, mordaz e intransigente (Crass, Conflict). Generaciones posteriores, teóricamente menos instruidas, lo tachan de “peacepunk”.

 

BETONPUNK: También llamado motörpunk u overkill punk. Cruce entre el punk estándar y el metal de comienzos de los ochenta, particularmente la variante ejecutada por Motörhead. Una escena de machotes (cuero, tatuajes, crestas mohicanas, estoperoles) y textos poco iluminados. Florece principalmente a principios de los ochenta (The Exploited, G.B.H.).

 

CROSSOVER: Conocido inicialmente también como speedcore, se trata de un cruce del hardcore con el speedmetal (D.R.I., Suicidal Tendencies) y luego también con otros géneros musicales: funk, ska, rap y sobre todo jazz, por lo que una variación específica también se denomina jazzcore (Nomeansno, Victims Family).

 

EMOCORE: Corriente estrechamente vinculada con el poppunk, con la diferencia de que recorre caminos musicales menos obvios. La “moción” consiste principalmente en esquemas de acordes de distintas dinámicas que animan el corazón, así como textos que dan fe de un sentimiento seguro (Fugazi, Shudder to Think).

 

GOTHIC PUNK: Derivado genérico que simpatiza con la melancolía del gótico y muchas veces con su estética (Paradise Lost, Mystic Moon)

 

GRINDCORE: Forma bastarda del hardcore, caracterizada por velocidades increíblemente altas, guitarras pesadísimas, una voz áspera y una posición política explícita (izquierda) que representa la línea divisoria principal con respecto al death metal (Extreme Noise Terror, Napalm Death del principio).

 

HARDCORE: También llamado thrash. En un principio, término global para la escena punk estadounidense (ejemplos: Black Flag, Dead Kennedys, Bad Brains, The Exploited), posteriormente más bien sinónimo de cierta actitud hacia el punk: intransigente, subterránea y con una fuerte conciencia social. En los aspectos político y musical llega a coincidir con el anarcopunk, pero se manifiesta más como forma de vida.

 

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HATECORE: Variación del hardcore originaria de Nueva York (por lo cual también se le conoce como New York hardcore), con una visión muy pesimista, rencorosa y negativa de la vida. Se manifiesta como un hardcore sumamente agresivo, con voces estridentes y muchas oportunidades para corear a gritos. El número de seguidores crece a grandes pasos, sobre todo en los círculos del metal. Desde 1992 acusa la influencia creciente del hiphop hardcore y el gangsta rap (Quicksand, Sick of It All).

 

HORRORPUNK: Subgénero que hace las delicias de cinéfilos de las cintas de horror y sobre todo de las de Serie B y su parafernalia (vampiros, muertos vivientes, calaveras y demás habitantes panteoneros) (Misfits, The Quakes, Guana Batz).

 

NO WAVE: Tendencia experimental de movimiento abstracto oriunda de la Urbe de Hierro con nombres como Sonic Youth, Glenn Branca o Birthday Party.

 

OI!: Por el saludo cockney. El punk como expresión del orgullo obrero, en el que dominan la tradición y el afianzamiento de papeles (street punk), pero que tiene estrechos vínculos con el movimiento de los skinheads (por ello también conocido como skinpunk), así como los sustratos antiintelectuales del hardrock y el ska. Muchas veces lleno de una energía salvaje y excitante en el sentido musical, pero en cuanto movimiento encarna una sospechosa tierra de cultivo para el racismo, el fascismo, el sexismo y el vandalismo. Su mejor momento coincidió con la primera mitad de los ochenta (Cockney Rejects, Infariot). Adoptado luego, efectivamente, por los skins nazis (Böhse Onkelz, Skrewdriver).

 

POST-PUNK: El estilo musical básico (duro, monótono y sobre todo terriblemente rápido) llega a conocer, en el transcurso del tiempo, también sus variantes más experimentales y melodiosas, así como la influencia de otros estilos (Joy Division, Bad Religion, Siouxie Sioux, Bauhaus), lo cual garantiza su carácter progresivo.

 

PRETPUNK: Corriente que carece de pretensiones, enfocada principalmente en la juerga, el chupe y las tonadas alegres (pero rudas). Puede salirse de control, con consecuencias irritantes, pero la mayor parte del tiempo sirve para la diversión inocente (léase: orgías, desórdenes en general). El punk como entretenimiento, pues, caracterizado en lo musical por melodías poperas y un alto factor de coreo (Boegies, Toy Dolls).

 

PSYCHOBILLY: Fuerte movimiento punk hermanado con el rockabilly original del que incluso utiliza el contrabajo (The Cramps, Meteors, Nekromantix, Asmodeus, Sharks). Se caracteriza por su fanatismo por la violencia, el terror fílmico, las perversiones sexuales y otros temas tabú.

 

PUNKPOP: También llamado (power)poppunk. El nombre lo dice todo: cantos en coro y melodías pop bajo un rudo abrigo punk o hardcore (Buzzcocks, Bad Religion, Blink 182, Green Day).

 

QUEERCORE: Homopunk o punk homosexual, muchas veces tan militante como humorístico (Pansy Division, Tribe 8, The Queers).

 

RIOT GRRL: Punk de mujeres, iracundo y políticamente comprometido. Ha llamado la atención desde 1992-1993 (Bikini Kill, Huggy Bear, L7).

 

SKA-CORE: Punk rápido y fiestero mezclado con los ritmos brincones del ska e instrumentos diversos como el sax o la trompeta (Operation Ivy, Mighty Mighty Bosstones, Rancid, Skeletones, Out of Order, Undeclinable Ambuscade).

 

SKATE PUNK: Hardcore (ocasionalmente melódico) cultivado como soundtrack para los amantes de las patinetas y la subcultura que conlleva (Pennywise, Millencolin, Satanic Surfers).

 

STRAIGHT-EDGE: Corriente sectaria cuya idea puritana fundamental —estar bien con uno mismo mediante una forma de vida vegetariana, abstención del alcohol y las drogas y sin abusar del sexo— logra enraizarse sobre todo en la parte conservadora de los Estados Unidos. Cuenta con un amplio grupo de seguidores muchas veces muy jóvenes, entre ellos muchos patinadores (7 Seconds, Youth of Today).

 

VIDEO SUGERIDO: Youth Of Today – “No More”, YouTube, (Tim McMahon)

 

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PUNK (REMATE)

BIBLIOGRAFÍA: SOUNDTRACK DE LA REVUELTA (68 r.p.m.)

Por SERGIO MONSALVO C.

SOUNDTRACK DE LA REVUELTA (FOTO 1)

68 revoluciones por minuto

(rpm)*

El de 1968 fue declarado oficialmente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el Año Internacional de los Derechos Humanos. Fue una año bisiesto. Sin embargo, para la historia social del mundo y para su memoria fue el año de la revuelta. Ésta se dio por doquier, con resultados ambivalentes en sus diversos escenarios. Dicha circunstancia tuvo en la música su pulso y su sonoridad, su soundtrack: 68 revoluciones por minuto (rpm).

El profesor británico Tony Judt (Londres, 1948-Nueva York, 2010), el más reconocido historiador del siglo XX a nivel mundial, escribió lo siguiente en su libro Postguerra: “El contenido de la música popular en aquellos años era muy importante, pero su estética contaba aún más. En los sesenta la gente prestaba una atención especial al estilo. La novedad de la época fue que éste podía sustituir directamente al contenido. Se trataba de una música que se rebelaba en su tono, se amotinaba. La música, por decirlo así, protestaba por uno”.

No hay movimiento alguno sin banda sonora, sin soundtrack. Es decir, ninguna corriente sociopolítica, ninguna acción cultural, ningún levantamiento de voz en el ámbito que sea tendrá significancia o trascendencia si no es acompañado, envuelto y avalado por una música característica.

Los discos que a la postre serían clásicos y emblemáticos de ese año de definiciones, estilos, creación de géneros, corrientes, movimientos y revoluciones grandes y pequeñas hicieron de dicho lapso en el tiempo un hecho histórico irrepetible, el cual comenzó en enero con dos buenas noticias: el segundo trasplante satisfactorio de corazón humano realizado en Sudáfrica y en Checoeslovaquia el inicio de La Primavera de Praga.

La revuelta brotaría aquí, allá y en todas partes en el mundo durante los siguientes meses (“El rayo cayó sobre París, pero fue un fenómeno universal. La tormenta venía de lejos y sigue rondando alrededor de la tierra”). La sonoridad de aquellos días aún reverbera en la bitácora humana (SMC).

*Fragmento de la introducción al libro Soundtrack de la Revuelta. La primera edición fue publicada on line en el 2013 en el periódico Expresso de Oriente. La segunda, por entregas, en el blog Con los audífonos puestos, en el 2018, y en la Editorial Doble A con motivo del 50 aniversario del emblemático año de 1968.

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Soundtrack de la Revuelta

68 revoluciones por minuto

(rpm)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

The Netherlands, 2018

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SIGNOS: THE EVERLY BROTHERS

Por SERGIO MONSALVO C.

EVERLY BROTHERS (FOTO 1)

LA RIVALIDAD PRIMIGENIA

La historia del rock está compuesta por sus mitos y el del cainismo es uno de ellos. Este sustantivo nombra un tipo de conducta (derivada del mundo animal), en la que en este caso uno de los hermanos manifiesta un odio abismal por el otro por causas tanto reconocibles como ignotas. Si los relatos bíblicos tuvieron como ejemplo a la primera hermandad (de la que surge el nombre), la génesis del rock tiene su propio paradigma.

Todo comenzó en el inicio –diría Perogrullo– cuando se amalgamó el núcleo de la primera formación consanguínea: los hermanos Everly (Don y Phil) quienes, como toda hermandad que se respete, desde el principio de los tiempos se peleaban (como niños), continuaron peleándose (ya siendo artistas famosos) y seguirán peleándose por toda la eternidad, aunque alguno de ellos haya muerto.

Esta actitud, por lo general, parece ser la regular en la mayoría de los grupos del rock que han tenido a hermanos en su formación. Algunos han sorteado las tormentas sin mayores consecuencias, pero en la gran mayoría de los casos la unión terminó por ser una bomba de tiempo que les explotó, regularmente también, frente al público, acabando de golpe o a cuentagotas con un buen grupo o un dueto.

Muestras de todo ello las podemos encontrar a lo largo de la historia del género con diversos aconteceres y resoluciones: The Kinks, Credence Clearwater Revival, The Jesus and Mary Chain, The Black Crowes, Proclaimers, Pantera, Sepultura, Kings of Leon o la más publicitada de Oasis (con los hermanos Gallagher), nombres en los que las fraternidades mantuvieron una relación tirante tanto encima como debajo del podio.

Pero volvamos al comienzo, donde se forjó la primera narración de tal hecho. Ambos Everly aseguraban que su forma de vocalizar se debía a que habían crecido practicando el canto conjuntamente. Phil había nacido en Chicago, el 19 de enero de 1939. Don, su hermano, dos años antes en Kentucky (el 1 de febrero de 1937) de donde era oriundo su padre, Ike Everly, un minero del carbón convertido en músico de country (también junto a su madre, Margaret).

Los vástagos del minero tuvieron una infancia errante entre Indiana y Tennesse. Sin embargo, actuaron junto con sus padres en la radio y en programas en vivo no muy importantes en aquella zona el oeste de la Unión Americana. Al entrar en la highschool, consiguieron un contrato limitado con la Columbia Records, donde sacaron su primer sencillo The Sun Keeps Shining, sin éxito.

No obstante, atrajeron la atención de Chet Atkins, reconocido artista de música country, quien les consiguió una audición con el director de Cadence Records, el cual los contrató para su sello. Entonces, los hermanos se establecieron en Nashville, donde trabajaron como compositores para otros y, en seguida, para grabar lo suyo. Es a partir de entonces que los Everly surgen a la fama. Su primer tema como The Everly Brothers, Bye bye Love, se convierte en un enorme hit que vende más de dos millones de copias.

Al ser ambos buenos guitarristas, los Everly utilizaban un estilo de armonía cerrada en el que cada uno cantaba en un tono que normalmente sonaba como una melodía pausada. En comparación con la armonía tradicional, que resulta de dos o más voces con el ritmo parecido y distintos tonos. Utilizaban guitarras de la marca Gibson, usando con ella en algunas de sus canciones un efecto llamado trémolo (Gibson incluso sacó en su honor una guitarra de edición limitada llamada Gibson Jumbo Everly Brothers).

A partir de entonces Los hermanos formaron uno de los dúos más influyentes de la historia del rock and roll y alcanzaron su máxima popularidad a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Las preciosistas armonías con que adornaban sus cantos influyeron de manera notable a grandes nombres de la historia de la música como The Beatles, The Beach Boys o The Byrds.

Entre sus temas más celebrados durante aquella época cincuentera estuvieron “Cathy’s Clown”, “Wake Up Little Susie”, “When Will I Be Loved” y la ya mencionada “Bye Bye Love”, entre otras. Esta pareja de músicos, pues, pasó a la posteridad tanto por estas composiciones  como por las citadas armonías vocales, tan delicadas como en el caso de la pieza “All I Have to Do Is Dream”.

EVERLY BROTHERS (FOTO 2)

Sin embargo, detrás de todo aquel escaparate, la esencia estética y rasgo de peculiaridad en los Everly Brothers fue que le añadieron al rock and roll otra vertiente, la de la tradición, en paralelo a la rebeldía primordial con la que había nacido y se desarrollaba el género. Quizás por ello resultaron igual de atractivos para los conservadores oyentes del country, como para los de pop, espantados con el sonido salvaje de Elvis, de Jerry Lee Lewis o de Little Richard. Fue lo que hoy se consideraría un grupo familiar, al que podían escuchar sin sobresaltos tanto padres como hijos.

La vida artística de los Everly Brothers comenzó en 1951 y hacia el final de la década ya habían logrado gran relevancia. Pero a pesar de su éxito y popularidad dentro del seno del dúo no todo era miel sobre hojuelas. De una u otra forma, los hermanos habían mantenido una relación tirante, tanto arriba como debajo del escenario. Había asperezas y se desafiaban constantemente.

El éxito les llegó cuando tenían apenas veinte años y por inmadurez, al parecer, no supieron manejarlo. Pronto empezó la animadversión y los antagonismos, como solo en los hermanos puede haberlos. Sus diversas adicciones, excesos y problemas personales tampoco les ayudaron a mantener la convivencia fraternal, una además marcada por la necesidad de escribir un hit tras otro.

Y así como fueron pioneros en inscribir lo tradicional en el género, también lo fueron en sus exigencias a los empresarios que los contrataban. Lo fueron en el detalle de pedir camerinos separados y sólo encontrarse a la hora de empezar la presentación. Por ello también es de sorprender que duraran tanto tiempo juntos. De alguna manera se las arreglaron para mantenerse así hasta el 13 de julio de 1973, fecha clave que marcó prácticamente el fin de la historia del binomio en un concierto en Hollywood.

En aquella noche, Don Everly salió ebrio a tocar y cantar, haciéndolo  desacompasado y olvidándose hasta de las letras. Con el público pasmado, Phil rompió su guitarra contra el suelo justo al lado de su hermano, aguantándose las ganas de hacerlo contra él. En ese momento anunció el fin del dúo. Desde entonces, cada uno se encargó por su lado de anunciar que un regreso era imposible dadas sus diferencias irreconciliables. No volvieron a hablarse hasta el funeral de su padre en 1983, año en el que retomaron una relación interesada, para grabar y actuar juntos de forma ocasional, con el único fin de engrosar sus cuentas bancarias.

Su disco de regreso EB84, lo produjo el británico Dave Edmunds e incluía un tema compuesto ex profeso de Paul McCartney. En 1986, cuando el Rock and Roll Hall of Fame abrió sus puertas, ellos estuvieron entre los primeros en ingresar en tal recinto. En 1988 publicaron el que sería su último disco de estudio, Some Hearts.

Siguieron tocando en vivo, esporádicamente hasta ya entrado el siglo XXI. En 2003 fueron abridores para Simon y Garfunkel (quienes reconocieron que sin ellos no habrían existido). En 2005 hicieron su última gira británica y en 2010 se les pudo oír cantando en una canción de Edan, el hijo de Don. No hubo más, Phil Everly, el menor de los hermanos, murió en 3 de enero del 2014 a los 74 años de edad,  en Burbank (California) a causa de una enfermedad pulmonar, causada por el hábito de fumar.

Su influencia fue notable en distintas generaciones de músicos, tanto para los Beatles que comenzaron copiando sus armonías vocales. La primera gira importante de los Rolling Stones fue como teloneros de los Everly Brothers y Keith Richards aseguró que en aquel camión que los transportaba aprendió unos cuantos trucos en la guitarra. Graham Nash, a su vez, dijo que cuando entró en los Hollies, lo que quería era que la gente sintiera la emoción que él había experimentado cuando escuchó por primera vez “Bye Bye Love” e instaló las armonías con CSN&Y, y así sucesivamente. Los hermanos, pues, tenían algo además del odio del uno hacia el otro.

VIDEO SUGERIDO: Everly Brothers – “All I Have To Do Is Dream/Cathy’s Clown” 1960 (Reelin’ in The Years Archives)

EVERLY BROTHERS (FOTO 3)

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BIBLIOGRAFÍA: SONGBOOK (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

SONGBOOK I (PORTADA)

(HISTORIA DE UNA CANCIÓN)*

Las canciones del rock, del pop, los standards del jazz, a partir de los años cincuenta del siglo XX –fecha en que se empezó a documentar su trascendencia en las listas de popularidad— se han significado como una matriz de la cual todos los comportamientos tradicionales con respecto a las obras musicales salieron bajo una forma distinta.

Una que rara vez –con casos excepcionales e históricos– ha rebasado los cinco minutos de duración, y que se convirtió en terreno fértil para el uso de muchos buscadores de una educación sentimental y emocional. Con las canciones de aquellos géneros surgió una nueva subjetividad, tanto social como psicológica y, sobre todo, romántica.

Los temas de estas piezas se convirtieron en una especie de arquitectura comunitaria; un arte cuya recepción ha sido consumida por una colectividad en estado de “distracción”. Representan el acceso compartido de una sensación en un mundo que mantiene separada y a distancia a la gente con sus problemas.

Desde el comienzo, la experiencia de escuchar a un grupo o a un solista interpretando una canción fue como oír los propios sentimientos y enfrentarlos a la divulgación. Apareció un YO social diferente como resultado de esta noción.

Se dio el hecho de una catarsis nunca antes vista (baste el ejemplo de la conmoción causada por los Beatles durante sus conciertos en la década de los sesenta).

La música popular contemporánea, con el rock a la cabeza, ha alcanzado emociones y objetivos profundos. Ha hecho visible la cruda manera filosófica mediante la cual nos afectan las cosas. Ha abierto un nuevo espacio para el conocimiento de lo que se han dado en llamar “los sentimientos”.

No sólo románticos, sino existenciales, de estar en el mundo y frente a él. Las canciones han sido –y son– el espacio del placer estético contenido en una obra de dos o tres minutos, a la que se ha denominado como single o sencillo.

*Texto de la introducción al volumen Songbook I de la Editorial Doble A, colección de textos publicados de forma seriada a través de la categoría “Historia de una canción” en el blog “Con los audífonos puestos”.

Songbook I

(Historia de una canción)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

SONGBOOK I

(CONTENIDO)

1.- “Hotel California”

2.- “Hungry Hearts”

3.- “I’m a Believer”

4.- “Key to the Highway”

5.- “Layla”

6.- “Like a Rolling Stone”

7.- “Louie Louie”

8.- “Purple Haze”

9.- “Perfect Day”

10.- “Sex & Drugs & Rock & Roll”

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THE JIM JONES REVUE

Por SERGIO MONSALVO C.

JIM JONES (FOTO 1)

UNA PÍLDORA ANTIDEPRESIVA

No hay mejor manera de enfrentar la crisis, cualquier crisis, que empaparse con un buen y solidario rock’n’roll primigenio, donde es seguro que se produzcan los excesos que alivian: desde el flujo de la adrenalina hasta en la cantidad de cervezas o whisky consumidas. Una buena dosis de ello se encuentra (y se requiere como requisito para la escucha) en los discos de la Jim Jones Revue.

Por ejemplo uno, cuyo título lo dice todo: Burning Your House Down, un álbum que agrupa más de una decena de piezas, incendiarias al por mayor, continentes de su característico y garagero estilo punk-rock-blues (nombre también de la marca discográfica en la que graba).

Es la continuación en la trayectoria del grupo británico tras el anterior Here To Save Your Soul, donde se reunieron por primera vez todos sus sencillos y lados B.

Es increíble –y fascinante al mismo tiempo—constatar como Jim Jones, que fuera cantante de Thee Hypnotics (uno de los poderosos representantes del rock de garage británico y del sello Sub Pop durante la década de los noventa, así como de los posteriores Black Moses), tiene la fórmula para levantar y elevar a un ánimo decaído y colocarlo en el más alto nivel vital.

Su música agarra y transporta como un bólido que anda en busca del asfalto donde lucirse. Música para inflamar cualquier reproductor de sonido que le pongan por delante.

Jim Jones formó parte de aquel conglomerado (Thee Hypnotics) entre 1989 y 1994, con los que grabó en primera instancia un par de discos y un E.P. que los inscribieron con calificación de sobresaliente en la refrescante ola de garage de la Gran Bretaña.

Sin embargo, durante la gira promocional por la Unión Americana de Come Down Heavy (de 1990)el baterista sufrió un accidente automovilístico que lo inutilizó de por vida para la música.

Y aunque continuaron grabando y presentándose en conciertos ya no fue lo mismo, el impulso mermó. Tras un par de álbumes más y varios cambios en la formación el grupo se disolvió.

Sin embargo, Jones continuó dentro de la escena con los mencionados Black Moses, que se dedicaron más bien al público de los clubes pequeños londinenses, con un perfil bajo.

Y así se mantuvo hasta que en el 2004 formó una nueva agrupación junto a Rupert Orton, Gavin Jay, Nick Jones y Elliot Mortimer, a quienes les propuso rebuscar en aquel espíritu indomable que se percibe en los primeros tiempos y grabaciones del rock & roll. Así que luego de un par de ensayos… ¡zaz! Apareció la Jim Jones Revue, nombre con el que se presentó por vez primera en el club Not The Same Old Blues Crap, de la capital inglesa.

JIM JONES (FOTO 2)

Cubrieron todo el circuito punk y garagero de las islas con presentaciones intermitentes en el continente europeo (en festivales genéricos o como teloneros para otras agrupaciones).

En el 2008, tras cumplir personalmente veinte años dentro de la escena rockera, Jones decidió grabar por fin su primer disco con esta banda: The Jim Jones Revue (en el sello Punk Rock Blues Records), con el cual obtuvo un reconocimiento que le permitió brindar más conciertos y una regularidad para solidificar su idea musical.

En el inter grabaron una buena cantidad de singles que vendían durante sus presentaciones (que luego se recopilarían en el álbum ya citado). La veteranía de Jones los ancló en la mera alma del género.

VIDEO SUGERIDO: Jim Jones Revue – Burning Your House Down, YouTube (worldwideviral)

Matizando: en este tipo de rock se suscriben el mismo conjunto de conceptos: pasión, energía, actitud, espíritu, los pruritos por excelencia de las raíces.

Su crudeza apasionada hace caso omiso de la mesura, como en sus tiempos más remotos. Es el aquí, ahora y se acabó (en un siempre omnipresente sea retro o de avanzada).

La barbarie de la Jim Jones Revue mantiene incólume las constantes originales: en lo físico (ruidoso, desaliñado— y urbano), en lo espiritual (energético, crudo, primitivo) y en sus vibraciones temporales.

Dichas constantes lo legitiman. Una banda como ésta tiene bien identificado su ADN, sus influencias y sus fuentes, sus piedras de toque: The Birthday Party, Johnny Thunders, The Gun Club, el noise de The Sonics y los pilares fundamentales del r&r. Todas esas músicas les han proporcionado el sustento.

Por todo ello, el de esta revue es auténtico rock primigenio, vigoroso tanto en las incendiadas teclas, como en los brillantes y concisos riffs, sobre los que se estructura.

Asimismo, está la voz de Jones que se autocombustiona en cada canción. Por otro lado, ver al grupo en vivo intensifica la experiencia, resulta más contundente: el placer de la exuberancia se extiende.

Para mí, en una superflua votación para elegir entre lo mejor que ha dado el rock en la última década, comenzaría con la Jim Jones Revue para perfilar el decenio.

Obviamente con Burning Your House Down, entre los primeros lugares. Por su música, por sus actuaciones (que por fortuna se pueden constatar en video), pero por encima de todo, por su actitud.

Hay quien dice que se le puede comparar como una colisión entre Little Richard y MC5 (aunque también los hay que personifican la misma metáfora pero entre Jon Spenser y Jerry Lee Lewis).

Y sólo por tal circunstancia merecería la pena intentar escucharlo o adquirir un disco suyo en estos tiempos, para combatir el estrés producido por todo lo que nos rodea. Es un puro exceso. El rock’n’roll es ello. El antidepresivo por excelencia.

VIDEO SUGERIDO: 01 Jim Jones Revue – Big Honk O’Luv, YouTube (bastiduxxx) / o The Jim Jones Revue at Dirty Water Club, YouTube

JIM JONES (FOTO 3)

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“THE PRIEST” THEY CALLED HIM

Por SERGIO MONSALVO C.

THE PRIEST (FOTO 1)

EL ENCUENTRO

(W. BURROUGHS/K. COBAIN)

 A William Burroughs siempre le gustó el papel de predicador y de profeta de la contracultura. Era un auténtico maestro, y debe añadirse que tenía todo el derecho del mundo a enseñar porque se pasaba la vida aprendiendo. Y lo que aprendía era lo que él consideraba y llamaba “los hechos de la vida”. De los que se informaba no sólo por necesidad, también por afición.

Había arrastrado su largo y delgado cuerpo por todos los Estados Unidos y la mayor parte de Europa y el norte de África, sólo por ver cómo eran las cosas por ahí. Se pasaba el tiempo hablando y enseñando a los demás.

Antaño lo había hecho con Jane Vollmer (su esposa) sentada a sus pies, lo mismo que con Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Neal Cassady y los demás beats.

Transcurrido el tiempo hizo lo mismo también con sus herederos espirituales: Patti Smith, Frank Zappa, John Cale, Laurie Anderson, Jim Carroll, Iggy Pop, Johnny Thunders, Sonic Youth, Tom Waits, Genesis P-Orridge, Mark Sandman, Michael Stipe, David Bowie…

En esta tarde de septiembre lo haría con Kurt Cobain. Burroughs es en este momento un tipo de cabello gris, un tanto nebuloso, que puede pasar desapercibido por la calle, a no ser que se le observe desde muy cerca y se vea su rara y huesuda cabeza —siempre cubierta con un sombrero de fieltro — que le insufla una extraña juventud: es como un evangelizador del Medio Oeste estadounidense (donde por cierto nació en St. Louis, Missouri, en 1914), con ardores exóticos y misterios en su interior.

Estudió medicina, antropología, psicoanálisis, sociología, religiones, literatura; trabajó en todos los oficios sólo por experimentar y lo ha leído todo. Inició así su trabajo fundamental: el estudio de las cosas en sí mismas por las calles de la vida y de la noche —incluidas todas las adicciones, primordialmente la heroína.

VIDEO SUGERIDO: The Priest They Called Him, vimeo (Eliana Nava)

Esta tarde, como ya mencioné, el viejo Bill está con Kurt Cobain, el santón trágico de una generación la mar desesperanzada, heroinómano reincidente y náufrago de varias sobredosis.  Es el 25 de septiembre de 1992.

Burroughs llegó a la cita para grabar una sesión de estilo spoken word, con su andar cansino, ése que le marca hueso a hueso, con lentes que fijan como alfileres la mirada de sus ojos, el sombrero de fieltro y un traje antiguo y raído. Es un ser alto, muy delgado, encorvado, extraño y lacónico.

Habla en voz baja, apenas audible. Al terminar sus frases resopla por la nariz con el sonido de un depósito vacío. A veces le sale una risa lúgubre, sobre todo cuando siente atinado un sarcasmo extraído de sus propias experiencias. Le gusta hablar y sabe escuchar también.

La gente se sienta a sus pies. Y entonces es como un oficiante que tuviera sobre las rodillas un ejemplar de Shakespeare, Kafka o el Libro de los Muertos.

THE PRIEST (FOTO 2)

Así que Kurt, al que el sufrimiento y el dolor le brotan por todos los poros, siente como bálsamo escuchar la voz pausada de uno de sus héroes (junto a Jack Kerouac, Patrick Süskind, Samuel Beckett y Charles Bukowski, entre otros) del que ha leído todos sus trabajos y técnicas de escritura —especialmente en Naked Lunch—. Ahora, el tiempo la ha brindado la oportunidad de conocerlo, de hablar con él y de proyectar una obra conjunta.

La cita para conocerse es en los Red House Studios de Lawrence, en Kansas, donde también se ubica la casa de Burroughs. Ahí están los enviados de la disquera Tim/Kerr (una compañía independiente surgida en los años noventa en la que se graban indie rock y post-punk y llamada anteriormente T/K).

Está también el productor y mezclador James Grauerholz (también escritor y biógrafo oficial del viejo Bill) y su equipo móvil, con Brad Murphy como ingeniero de sonido y el cineasta Gus Van Sant revoloteando por ahí como fotógrafo. Tuvieron que esperar una hora a que el escritor llegara.

Kurt trae consigo el trajín de las presentaciones que está realizando con Nirvana para promocionar Nevermind, su exitoso álbum que apareció justo hace un año (lleva casi 20 millones de ejemplares vendidos, se perfila como el mejor disco de 1992, ha hecho emerger el grunge y tiene un futuro asegurado entre las obras clásicas del género).

Pero en igual medida está enfrascado en un pleito legal con la justicia estadounidense por su cuestionable buena paternidad (junto a Courtney Love, con quien se acaba de casar y de tener una hija en agosto), en los problemas de adicción de ella y en los suyos.

Asimismo ya ha tenido la experiencia de la sobredosis, la rehabilitación, el síndrome de la abstinencia y el reciente reenganche a la heroína. Cobain, sigue dando avisos. Anuncia su muerte, la presiente y la provoca. Su trabajo creativo, desde el comienzo, ha sido todo ello. Los cuestionamientos existenciales y el estrés lo enfrentan a barreras insalvables, desde su punto de vista. El futuro ha perdido toda proporción para él.

Así que al encontrarse frente a Burroughs, su gurú, ha buscado conseguir de él una respuesta a lo que a veces no la tiene, preguntarle cómo mantener el equilibrio en la cuerda floja de la vida, saber lo que nadie sabe con certeza: “¿Qué pasa con nosotros cuando morimos?”, le pregunta Cobain a quien ha considerado siempre la constatación de la finitud como una alienación del individuo. “Cuando uno muere se muere, eso es todo”, responde el que no se ha querido rendir jamás ante la muerte.

Cobain obtiene el tesoro buscado de aquella plática: “Palabras para el que sabe”, así como la grabación del texto “‘The Priest’ They Called Him”, leído por William Burroughs, extractos del escrito The Exterminator. Es el regalo que ambos le quieren dar al mundo en Navidad.

La parte que le corresponde a Kurt es ponerle música a aquellas palabras (lo cual hará en noviembre de este mismo 1992, en los estudios Laundry Room de Seattle): improvisará con la guitarra el soporte sonoro para dicha historia navideña perversa y alucinada con los ecos de “Silent Night” y “To Anacreon in Heaven”.

El resultado es una cruda fusión non-music entre ambos sentires que quedó impresa en un inusual (por su cortedad) sencillo EP de 9 minutos y 42 segundos, bajo el sello Tim/Kerr Records de Portland, que fue puesto en circulación el 12 de octubre de 1993 (una de sus curiosidades es que en la portada del single de vinil de 10” aparece disfrazado como párroco el bajista de Nirvana, Chris Novocelic, ilustración basada en una idea del cantante).

En su interior se remueven las serpientes venenosas encarnadas por el caos guitarrístico del solo noise avant-garde —que ya han puesto a Cobain y a Seattle en el mapa— y la tranquila y reptante voz de Burroughs, en el papel de mesurado narrador ápocaliptico merecedor del más alto aprecio, quien al contar puso además un énfasis irónico en su acento de predicador.

De esta manera se continuaba cumpliendo la profecía metafórica lanzada en Naked Lunch décadas atrás: “El rock and roll invadirá las calles de todas las naciones, irrumpirá en el Louvre y arrojará ácido al rostro de la Mona Lisa”.

Años después, luego del suicidio de Kurt, se le preguntó a Burroughs sus impresiones sobre él: “Era un joven atento y educado. Y luego de que me diera a leer las letras que compondrían las canciones para el siguiente disco de su grupo, supe que también estaba más que listo para la muerte. Sintió debilitados los nexos que lo unían a la vida y optó por el suicidio anósmico, aquel que se da por el quebrantamiento”. Hoy, el material que grabaron juntos es una rareza y objeto de culto por parte de los fans de ambos personajes.

Éste fue un capítulo más en la larga lista de encuentros que sostuvo Burroughs con el rock. Género que tuvo (y tiene) en él a uno de sus más amados irradiadores: en las técnicas escriturales y compositivas –que en el conglomerado de prácticas sonoras abarca también a la música techno–, en la experiencia outsider y en la actitud frente al American way of life. La sombra de su influencia ha sido larga y productiva.

VIDEO SUGERIDO: The “Priest” they called him – Burroughs and Cobain (lyrics on screen), dailymotion (OkHacku)

THE PRIEST (FOTO 3)

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