ARTE-FACTO: JUKEBOX

Por SERGIO MONSALVO C.

JUKEBOX (FOTO 1)

PARAFERNALIA SONORA

El 23 de noviembre de 1889 se instaló en San Francisco el primer aparato musical automático de monedas en el mundo.  Un cilindro de cera servía como soporte para el sonido, se ponía en movimiento tras de introducir una moneda de 5 centavos de dólar y producía unos vagos graznidos por medio de una manguera auditiva.

Rudolph Wurlitzer, nacido en 1829 en Schildbach, poblado de la provincia alemana de Sajonia, fundó un comercio de artículos musicales en los Estados Unidos.  Sus descendientes hicieron furor con la “Mighty Wurlitzer”, un órgano para el cine, y las jukeboxes.

Esta popular máquina para difundir la música que se conoce con varios nombres, como jukebox, rockola, tragaperras o Bimbo-Box, tuvo su desarrollo primigenio en oscuras guaridas de los Estados Unidos.

El Automatic Phonograph experimentó su primer auge durante los años treinta, cuando la época de la Prohibición dio forma a una escena musical peculiar en los bares ilegales o speakeasies.

Por su parte, la población negra estadounidense, muchas veces indeseable en los establecimientos públicos de muchos lugares en ese entonces, con la ayuda de la jukebox organizó rent parties y juke joints. Para ello, la caja de colores naturalmente se armaba con la estigmatizada race music.

De acuerdo con el lema “Cambia lo viejo por lo nuevo”, el líder del mercado: Wurlitzer, animó de manera por completo legal el negocio de los aparatos intercambiables. 

Por el contrario, el crimen organizado recurría a métodos nada elegantes: los dueños de los bares eran obligados a comprar jukeboxes y los gangsters se quedaban con las ganancias.

El cantante estadounidense Bing Crosby fue aclamado durante mucho tiempo como el “rey de las jukeboxes“.  A cambio, hacía publicidad para la Wurlitzer.

Con el modelo “1015”, esta compañía se estableció como el número uno en el mercado. En 1946-1947 se vendieron casi 60,000 ejemplares del modelo original en el mundo.

JUKEBOX (FOTO 2)

Con el nacimiento del rock and roll, la jukebox vivió su mejor momento, porque esa “música selvática” fue boicoteada, al principio, por casi todas las emisoras de radio. A pesar de ello se escuchaba. En lugar de la radio, la reproducían todas las jukeboxes en los establecimientos juveniles en todos los Estados Unidos. 

En los años sesenta, los tocadiscos portátiles y las primeras Discos (clubes para bailar) les empezaron a hacer competencia.  (Al vislumbrarse el fin del disco de vinil de 78 revoluciones, la compañía Seeburg se mostró visionaria con la máquina “M 100 A”, diseñada para los discos de 45 rpm.)

Los conocedores del jukebox distinguen entre la “Golden Age” (1930-1950) y la “Silver Age” siguiente. Mientras que los primeros aparatos, con sus abundantes adornos, aún pertenecían a la categoría del “kitsch sublime”, el “nuevo pragmatismo” dominó durante los años posteriores: con diseños sobrios y funcionales. 

(Mucho antes de que MTV empezara a trasmitir, los “Nickelodeons” –las pequeñas máquinas reproductoras tragamonedas instaladas en los restaurantes y fuentes de sodas– ya proporcionaban clips musicales con sólo apretar un botón.  La música de la cinta era acompañada por una peliculita apropiada proyectada sobre una pequeña pantalla.)

Los diseños cambiantes debían mantener despierto el interés por los aparatos.  Fabricantes conocidos, como Wurlitzer, Rock-Ola, Seeburg o AMI incluso llegaron a servirse de elementos estilísticos extraídos de la investigación del espacio.

Los valores internos de la jukebox se mantuvieron al tanto del progreso técnico.  Transistores más baratos sustituyeron los viejos bulbos, la instalación de varias bocinas debía crear, además, un sonido de “alta fidelidad”.  De hecho, éste era bastante aceptable para la época. En comparación con lo actual, sin embargo, hace falta acostumbrarse un poco.

Provista de la técnica de CD más moderna, Wurlitzer ofrece actualmente una imitación del modelo “1015” de 1946.  La versión más económica cuesta 24 mil dólares.

Las jukeboxes de dicha compañía entretanto ya sólo se fabrican en Alemania.  La matriz estadounidense actualmente produce instrumentos musicales. Casi setenta años después de la Wurlitzer “P10” de 1934, casi todos los fabricantes renombrados de jukeboxes se han retirado del mercado.

Para quienes gustan del conocimiento de tal parafernalia musical está la revista especializada Jukebox Collector, una publicación dirigida a los coleccionistas de estos muebles sonoros.

Asimismo, el europeo es el continente para los coleccionistas. El buscador de rarezas o de refacciones difíciles de encontrar tendrá mayores probabilidades de éxito en el centro del continente, sobre todo.

Por otra parte, desde hace décadas, los músicos han rendido homenaje al espíritu de la caja sonora. Los rocanroleros Nino & The Ebb Tides le erigieron un monumento al aparato en “Juke Box Saturday Night”,  Alan Vega le cantaba a la “Juke Box Babe” y el grupo Foreigner creó el hit “Juke Box Hero”. 

Philip Glass, a su vez, hizo una obra monumental con Hydrogen Jukebox, basada en un libreto de Allen Ginsberg, misma que editó la compañía WEA en 1993.

 

JUKEBOX (FOTO 3)

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STEPHEN HAWKING

Por SERGIO MONSALVO C.

STEPHEN HAWIKING (FOTO 1)

Y LAS PEQUEÑAS COSAS

Hygge, el dios de las pequeñas cosas, me ha obsequiado recientemente con algunas dádivas. Debo decir que esta deidad no suele ser generosa en la cantidad de lo ofrecido, pero siempre lo es en la calidad de lo mismo.

Una muestras: Los goles de Messi, la prodigiosa aparición de otro goleador (¡y vaya que lo es!) con un equipo inglés (Liverpool): Salah “El Egipcio”. Asimismo, están el sol primaveral sobre algunas bancas del Vondel Park, el café latte de Pipes & Beans (una pequeña cafetería de barrio), las uvas de una frutería marroquí cercana a mi casa. En fin, cosas así.

Hygge es la imagen del término escandinavo que habla de la felicidad en dosis diminutas, pildoritas de ella que se consumen en la lectura de un buen libro; en la escucha de un disco; en la contemplación de una foto, pintura o ilustración; en el disfrute de una serie de televisión; en la degustación de un copa de vino sabroso, de un buen queso, etcétera.

Las infinitas alforjas de esta deidad están cargadas de anécdotas comunes con las que todos nos podemos identificar, de manera atemporal y selectiva.

Las pequeñas cosas, a su vez, son esos paréntesis cotidianos en los que uno puede divagar sobre el ser y estar humanos. Dentro de cada uno de esos momentos hay un relato completo. Y si uno echa mano de la elasticidad de esas situaciones suficientemente, habrá lugar hasta para esa fantasía llamada felicidad. Con tales detallitos dicho dios busca la empatía y provocar la sonrisa de la mente.

En un verano pasado, cuando anduve por sus dominios, compré un souvenir, un pequeño busto con la imagen del tal Hygge. Lo puse en mi llavero, así que va conmigo a todos lados desde entonces.

El otro día, por ejemplo, estuvimos en la Universidad de Erasmus, en Rotterdam. Hacía un frío endemoniado (20 grados bajo cero) y era el Idus de Marzo. Tuve que caminar del Metro al campus y fueron los 500 metros más penosos que haya pasado en los últimos tiempos. De tal modo que al llegar a las instalaciones lo primero que busqué fue una máquina de café para servirme algo y entrar en calor.

Entonces, mi tarjeta de débito no funcionó en el aparato dispuesto junto a la cafetera, ubicada en uno de los pasillos de dicho centro académico. Lo intenté varias veces pero nada. Quise agarrarlo a golpes pero no lo hice. En cambio lancé una grosera exclamación. La guapísima estudiante que estaba detrás de mí sonrió por ello y por mi torpeza con dicho aparato.

Dio un paso adelante, colocó su tarjeta y los focos se pusieron en luz verde. Me preguntó qué clase de café quería. Apretó los botones indicados, esperó a que la taza se llenara y me la entregó con otra sonrisa. Le di las gracias a ella por ambas cosas y, mentalmente, a Hygge por ese regalo inesperado.

Por otro lado, dicho Idus, además de aquel frío, también trajo consigo a La Parca. Y tras su infausta visita me enteré que se había llevado consigo al científico británico Stephen Hawking (1942-2018). El tipo que intentó explicar a la gente común y corriente, a los neófitos como yo, sus pruebas para conectar la teoría de la relatividad con la mecánica cuántica (que, según los que sí saben, es uno de los retos más grandes que puede enfrentar el cerebro humano, él recogió el guante y con éxito) al igual que con las cuestiones como la curvatura del espacio-tiempo.

Fue el tipo que buscó responder de manera sencilla a preguntas como ¿de dónde viene el universo? ¿A dónde va? ¿Hubo un inicio de éste? ¿Qué pasaba antes de eso? ¿Cuál es su destino? ¿Podemos retroceder en el tiempo? ¿Tiene éste una historia y un final? O sus conclusiones sobre los agujeros negros y la percepción que la ciencia tiene sobre ellos. “Mi objetivo es simple: un completo conocimiento del universo, por qué es como es y por qué existe”, dijo y además agregó: “El universo no sería gran cosa si no fuera el hogar de la gente a la que amas”.

STEPHEN HAWKING (FOTO 2)

En fin, su atrevimiento con La Teoría del Todo que James Marsh puso dentro de la película de tal nombre. Un biopic aproximado y subjetivo (la cinta está basada en el libro que escribió su ex esposa) sobre su atribulada vida.

Natura condicionó la vida de Hawking con la enfermedad. Apenas pasados los 20 años de edad le fue diagnosticada una esclerosis lateral amiotrófica (ELA), y le pronosticaron sólo dos años de vida. Sobrevivió 54 más. Sin embargo, ésta le destruyó poco a poco el cuerpo, la capacidad motora, los músculos y lo sentenció a una silla de ruedas.

Luego le quitó la capacidad de hablar. Nunca más pudo volver a usar la voz, pero debido a su obstinación y a la actitud con la que se aferró a la vida, logró comunicarse gracias a un artefacto electrónico, un sintetizador que le proporcionó una voz robótica que, paradójicamente, se convirtió en emblemática y en parte de su leyenda.

Su muerte fue una gran pérdida para la humanidad. Suena a lugar común, pero en este caso es una verdad absoluta. “Sus teorías abrieron un cúmulo de posibilidades que nosotros y el mundo estamos explorando”, dijo la NASA. Y sí, no hay que dejar de pensar en ello: nos legó sus contribuciones astrofísicas así como una fulgurante obra de divulgación científica.

Y dondequiera que se haya ido ya se reunió con Einstein y, como los dos tipos de cuidado que son, se están riendo a carcajadas, resultado del gran sentido del humor de ambos (de Einstein hay mil ejemplos; de Hawking, igual; ahí están sus participaciones en la serie Big Bang Theory y sus respuestas durante las entrevistas que concedió en vida).

Yo recuerdo haberle enviado al Profesor Hawking una carta a la Universidad de Cambridge, en la Gran Bretaña, y una copia de ella al Instituto Perimeter de Física Teórica, en Canadá (donde trabajaba) para agradecerle las ideas, los conceptos y los descubrimientos que había logrado leyendo algunos de sus libros (Historia del tiempo, El universo es una cáscara de nuez, Brevísima historia del tiempo, Agujeros negros y El gran diseño) y que me mantenían ocupado disfrutándolos.

Igualmente, con mucho respeto y apelando a su conocido sentido del humor, le hice saber que me parecía un auténtico rockero por su actitud ante la vida, además del más picassiano de los científicos, por su imagen y objetivos estéticos (“¿Qué es un rostro humano?”, se preguntaba Pablo Picasso, en una entrevista que le hizo la revista The Art en 1923. “¿Vamos a pintar lo que está sobre la cara, lo que está dentro de la cara o lo que está tras ella?”. La representación de la figura en sociedad dio lugar a una segunda temática en la que se adentraba en la intimidad, en cómo se ve el propio sujeto, en la que la que el retratado se observa tal y como se sueña. Picasso supo convertir en propio todo lo que le apasionaba y lo devolvió al mundo como algo propio y enriquecido, como el mismo Hawking).

Y también le escribí que era el científico más monkiano debido a lo mismo: a su imagen y a los sonidos que emanaba su mente. Esta última era el verdadero instrumento de Thelonious Monk, y el piano un medio para sacar el sonido de ella al ritmo y en las cantidades que quería. No hubo nada que quisiera hacer y no pudiera. Siempre tocó con algo grande en juego. Hizo todo lo que lo elevó a un principio de orden con sus propias exigencias y su propia lógica. Sugirió firmes caminos por los que transitar musicalmente. Su talento nunca dejó de evolucionar y ampliar sus alcances, al igual que el científico británico.

En aquella carta le explicaba que su obra la asociaba a este triángulo musical (por mi deformación profesional, seguro). Así que para mí era un héroe rockero, picassiano y monkiano (por actitud, por legado y por estilo), autores que son sinónimo de vanguardia, como siempre lo había sido él (a pesar del castigo de Natura).

Nunca me contestó (tampoco lo esperaba), pero no me canso de pensar que a partir de la lectura de mi carta Hawking puso a Monk en su iPod personal para escucharlo a discreción, junto a las obras de Wagner a las que era afecto. Escuchar a Monk como yo lo hice cuando regresé de Rotterdam y supe de su fallecimiento en pleno Idus de Marzo. Hoy sé a ciencia cierta que el nombre del dios de las pequeñas cosas se escribe con H, y el de las grandes también.

VIDEO SUGERIDO: Así funciona la voz de Stephen Hawking: “Utilizo la tecnología para comunicarme y vivir”, YouTube (El Futuro Es Apasionante)

STEPHEN HAWKING (FOTO 3)

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ARTE-FACTO: TSUKIOKA YOSHITOSHI

Por SERGIO MONSALVO C.

CARTA A KUMIKO (FOTO 1)

LA LUNA COMO TESTIGO

Querida Kumiko:

Antes que nada te ofrezco una disculpa por haber tardado en responder a tu última carta (me parece fantástico mantener este tipo de correspondencia, epistolar, escrita a mano, en una época en que eso ya no se usa, ni importa imginar la personalidad, las emociones de tu remitente por su caligrafía. Qué bueno que convinimos en hacerlo así).

Lo de la tardanza se debió a que estoy absolutamente inmerso (y con unos horarios imposibles) en ese proyecto documental, del que ya te había comentado, sobre la estancia de John Lennon en esta ciudad y su legendario Bed-In, y que será parte de las celebraciones del cincuenta aniversario de tal acontecimiento que tienen planeadas las autoridades culturales para entonces.

Pero ahora lo hago con doble gusto porque, además, tengo que platicarte acerca de la exposición que sobre Tsukioka Yoshitoshi montó el Nihon no hanga, ese museo privado al que fuimos antes de que regresaras a Japón, ubicado en una casa antigua del Kaizersgracht, y cuya materia estuvo basada en su mítica serie Tsuki Hyakushi (Cien aspectos de la luna), que realizó a fines del siglo XIX. Su obra maestra.

Tengo que agradecerte infinitamente el listado de personajes que me proporcionaste de aquella cultura y que debo conocer. No tienes idea de lo que disfruté al descubrir el trabajo de este artista, las sorpresas que tal visita me deparó y que voy a desglosarte como me pediste que hiciera con cada uno de ellos.

Comenzaré por el final. Creo que esta serie de imágenes es el summum de todas las ideas estéticas de Yoshitoshi. Es curioso, pero como acostumbran los hai-kus, y el que le dedicaron cuando murió señala la esencia de su búsqueda y encuentro. Poesía para describir poesía.

yo o tsumete
terimasarishi wa
natsu no tsuki

(conteniendo la noche

con su resplandor creciente

la luna del verano)

CARTA A KUMIKO (FOTO 2)

Perdona la versión aproximada que hice al español, vía el inglés, y espero tus modificaciones al respecto. Considero que en esas palabras se conjugan muy bien todos los aspectos que ese maestro japonés trabajó durante su vida: los momentos históricos que fueron creando la cultura nipona, las tradiciones, el heroísmo, los relatos fantasmales y la dimensión maravillosa que detenta lo cotidiano y lo sensual, con la luna como testigo de fondo de todo ello.

Aprendí que Yoshitoshi fue un personaje reconocido como el último gran maestro del arte llamado  Ukiyo-e y por ser un gran innovador de sus formas. En las que  incluyó la cultura del Japón feudal tanto como del moderno.  Que entre sus innovaciones estaba su marcado interés por las novedades provenientes de Occidente, tanto como la preocupación por conservar algunas tradiciones.

Según he leído, las raíces del Ukiyo-e datan de la urbanización que transformó al país y que tuvo lugar a finales del siglo XVI, lo que llevó al desarrollo de una clase de comerciantes y de artistas que comenzaron a escribir historias o novelas y a pintar imágenes, ambas cosas fueron compiladas por primera vez en libros ilustrados, conocidos como ehon.

El arte Ukiyo-e era comúnmente utilizado para ilustrar dichos libros, pero se desarrolló por su cuenta y se transformó luego en impresos de una sola página, en postales o en carteles del teatro kabuki. La inspiración para realizarlo provenía originalmente de los cuentos chinos y su narrativa estaba basada en la vida urbana y la cultura del momento. Todo esto tenía un propósito comercial y se volvió muy popular.

VIDEO SUGERIDO: MARIA MARACHOWSKA “MOON DANCE” instrumental piano SIBERIAN BLUES 2011, YouTube (Maria Marachowska)

Sin embargo, la poesía también estaba inmersa en ello como invitada. La Luna se impuso como un astro importante, pero igualmente como un símbolo desde que el mundo es mundo, y en ella se depositaron los deseos, las inquietudes, los testimonios, las ilusiones, los desamores o la memoria de cada uno. La Luna, asimismo, es la otra parte de todos.

Porque, como escribió Beaudelaire de este lado: “[La Luna] se entrega a prolongados éxtasis./ Y pasea su mirada sobre visiones blancas,/ Que ascienden al azul igual que floraciones./ Cuando sobre este globo, con languidez ociosa,/ Ella deja rodar una furtiva lágrima,/ Un piadoso poeta, enemigo del sueño,/ toma la fría gota como un fragmento de ópalo de irisados reflejos./ Y la guarda en su pecho, lejos del sol voraz”. 

Así es como ambos hemisferios se complementan en la lírica lunar del ayer. Porque hoy, te pregunto: ¿A alguien todavía le importan esas cualidades del astro, toda la poesía que ha creado? El comercio, que tanto rodeó a Yoshitoshi en su época sigue metiendo mano en la relación de las personas con el aquel cuerpo celeste (para pesar de lunáticos y soñadores).

Ahí te van los datos duros: Los negociantes ya han comenzado a vender terrenos en la Luna (¿a quién le pertenece?) y hasta el momento han despachado hectáreas por un valor de 4 millones de libras esterlinas, según las notas económicas. Por ahora, aún tenemos la poesía escrita y la de las imágenes de Yoshitoshi.

Sin embargo, también nos queda la música y aquí es donde te voy a poner de tarea escuchar las obras que el género rockero nos ha legado para vivir de alguna manera la experiencia de convivir con la Luna. Recuerda que cada disco, cada tema, cada track es una posibilidad para reforzar el lazo cosmogónico que nos une a ella y nos proporciona una perdurable imagen auditiva.

Cinco discos para empezar: The Dark Side of The Moon  (Pink Floyd), Man on The Moon (R.E.M.), Harvest Moon (Neil Young), Hécate de Ordo Equitum Solis y Moondance de Van Morrison.

Y siete canciones: “Blue Moon” de Elvis Presley, “Moonshadow”, de Cat Stevens, cuando aún se llamaba así, “Kiko and The Lavender Moon” de Los Lobos, “Walking on the Moon” de Police, “Moonage Daydream” de David Bowie, “Moonlight Drive” de los Doors, “Marquee Moon” (de Television) y “The Whole of the Moon” de los Waterboys, por ahora.

Todos esos discos y todos esos tracks son importantes por su contenido y por su contexto. También te recomiendo ver y sentir la antigua inocencia en una película como Viaje a la Luna de George Meliés. Espero que los disfrutes, así como yo lo hice con la exposición de Yoshitoshi.

Pero no sólo con eso, sino igualmente con la foto tuya que incluiste en la carta, con tu traje de baño amarillo, que sin lugar a dudas me hará muy cálida la espera para verte el próximo verano. Besos, abrazos y hasta entonces.

VIDEO SUGERIDO: “It’s a marvelous night for a moon dance”, YouTube (Lunayar)

CARTA A KUMIKO (FOTO 3)

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ARTE-FACTO: REVOLVER (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

REVOLVER II (FOTO 1)

 DISPARO AL INFINITO (II)

 Revolver, pues, fue un disco rizomático. Independientemente de las experimentaciones místico-instrumentales, las hubo en igual medida con las psicotrópicas, musicales, tecnológicas y estéticas. La psicodelia había iniciado su andar a principios de ese año (1966, el 3 de enero, con el acid test que llevó a cabo Ken Kesey en el auditorio Fillmore de San Francisco). Durante la gira que hicieron por California, los Beatles se empaparon de la gestación del movimiento hippie y de la contracultura, de la que el LSD formaba parte.

El contacto con éste por parte del cuarteto, propiciado por el odontólogo de Harrison, John Rilley, quien se los dio a probar con el café durante una cena en su casa (y al que “homenajearon” con el tema “Doctor Robert”), fue el causante de la creación de canciones y letras de las mismas, inspiradas por las exploraciones de los músicos con el ácido.

Están: “I’m Only Sleeping”, “She Said She Said”, “And You Bird Can Sing”, por parte de John Lennon, cuyo tema “Tomorrow Never Knows” es quizá el mejor modelo en tal corriente y que tiene como vaso comunicante la lectura del libro The Psychedelic Experience, de Timothy Leary, un manual basado en el Libro Tibetano de los Muertos.

A su vez, Harrison, con la ya mencionada “Love to You”, pero también con la pieza anti-sistema “Taxman”, que abre el disco y “I Want to tell You” (un enfrascamiento con el lenguaje), y Paul McCartney en el lado melódico y atenuado con “Here, There and Everywhere”, “Good Day Sunshine”, “For No One”, “Yellow Submarine” (con la voz de Ringo Starr) y con “Got to Get You Into My Life”.

Sin embargo, la cereza de tamaño pastel cultural,  fue “Eleanor Rigby”. Este tema (cuyo antecedente musical fue “Yesterday”), del mismo McCartney, se significó en un aparte por dos aportaciones fundamentales para el género. Primero por encumbrar a una de sus más altas cimas al pop barroco (con tan sólo un lustro de existencia); y por hacer evidente que el rock había rebasado otra frontera, mostrando a plenitud su desarrollo como un organismo vivo de cultura en expansión, hacia todos lados.

REVOLVER II (FOTO 2)

Los usos de esta música en el disco son una prueba fehaciente de ello. El grupo, en plena explosión creativa utilizó, remodeló e innovó al género en varias de sus formas: el hard rock, el folk-rock, la balada amorosa, el pop de vaudeville, el rock psicodélico, el retro-pop, el rock sinfónico y el ya mencionado pop barroco. Los estilos se convirtieron en arcilla para este séptimo álbum beatle, en el que el rock pasó a un nivel superior en todos sus aspectos: en la forma de concebir la música, en la manera de grabarlo, en la forma de escucharlo.

Ello se debió a la madurez que habían adquirido como entes creativos y que como tales exigieron un trato diferente a la compañía EMI. Y lo primero de todo fue la libertad artística para realizar su obra, a lo que la empresa no pudo negarse dados los resultados. Se acabarían las giras y las presentaciones en vivo y tendrían más tiempo para grabar. El productor sería George Martin, quien los había acompañado hasta entonces, pero ahora como realizador independiente y tendrían los mejores estudios a su disposición, no como una oficina, sino como un instrumento más.

Martin fue el elemento ecualizador en la ebullición artística beatle. Puso a su disposición su refinamiento, su experiencia en diversos géneros, su conocimiento de la música, su oído, su visión, su capacidad y su genio al mando de los controles de grabación. Los Beatles lo retaron a la experimentación y él recogió el guante para hacer historia.

En la hechura de Revolver se emplearon 300 horas para grabar los apenas 35 minutos que dura el disco (el triple de lo que usaron para hacer Rubber Soul). Algo inusitado en dicha época. Como inusitado fue el resultado. Usaron las más altas tecnologías que había por entonces y al quedarles cortas inventaron  nuevas. Hicieron de la palabra distinto algo concreto y de las palabras de sus canciones objetos de estudio. Las portadas de los discos fueron importantes para expresar el contenido (ésta  a cargo de Klaus Voorman) y se facturó una obra maestra que reunió el talento de todos en un momento único.

 

 VIDEO SUGERIDO: The Beatles – Tomorrow Never Knows (Subtitulada Español) HD, YouTube (TheUniversomerodea)

 

 

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ARTE-FACTO: REVOLVER (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

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 DISPARO AL INFINITO (I)

 En el mítico canon del rock, el álbum Revolver de los Beatles ocupa un sitio incólume entre los diez primeros lugares. Desde el momento de su lanzamiento (agosto de 1966) hasta hoy (54 años después) se erigió de facto en una de sus obras maestras (y clásicas a la postre), por más de una razón. Marcó un antes y un después musical, el rock elevó sus pretensiones genéricas, significó un cambio de era y mostró una vía de desarrollo no sólo artística sino también humana.

En el arte lo importante no es ofrecer respuestas sino brindar preguntas, crear cuestionamientos, y entre más, mejor. Con el disco Revolver, el Cuarteto de Liverpool lo hizo a granel. “¿Y, en estas canciones, dónde está el rock?”, fue una de ellas, sobre todo por parte de quienes se habían quedado en su melodiosa época de la beatlemanía y con la imagen de sus apariciones en vivo en 1965 (del Shea Stadium, de Nueva York al Cow Palace, en San Francisco).

Con la nueva obra de los Fab Four se hizo evidente que el rock era un espíritu omnipresente y su figura lo contemplaba todo. Se expandía por doquier y en él cabía lo inimaginable. Ya no sólo era una manifestación juvenil, sino que en su dinámico crecimiento se incluían las preguntas por el Ser y Estar de cada uno en el mundo, por la existencia del Otro, por la vida interior y exterior, y debido a estas cuestiones se experimentó para averiguarlo y la música fue la compañera de viaje y la vocera principal de sus bitácoras, con expresiones, lenguajes y sonidos ignotos.

Revolver contenía dentro de sí, entre otras aportaciones, el hecho de un fenómeno cultural de enorme trascendencia. George Harrison escuchó el sonido del sitar indio interpretando un tema de los Beatles para el sountrack de Help! Ese sonido entre terrenal y proveniente de lo alto fue lo que llamó la atención del oído de George y firmó con él un magnífico pero muy limitado antecedente (“Norwegian Wood” en el disco Rubber Soul). Ese sonido, penetrando en el cerebro del músico, fue también el momento de una síntesis social (anglo-hindú) y el primer paso al conocimiento del Otro.

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Ese otro era el hemisferio oriental descubierto a partir de entonces por una generación que buscaba respuestas y proyecciones místicas de la existencia. A Harrison le picó la curiosidad, se compró un instrumento y buscó a alguien que lo instruyera. En una cena de la comunidad artística londinense conoció a Ravi Shankar, el virtuoso indio del sitar, y lo convenció de enseñarle los rudimentos. Ravi aceptó, y con ello George se adentró en un camino que no sólo experimentaría él sino, a la postre, todo el Occidente.

Con el conocimiento del sitar vino también el de las ciudades indias como Cachemira, el principio de la inevitabilidad…: en fin, el de otra cultura. Por ese entonces la experimentación agregaba el elemento químico como instrumento del conocimiento interno. George realizaba de manera regular viajes con LSD y en ellos descubrió que el paisaje mental que la droga le producía era uno que ya había contemplado en la India, con sus seres y sonidos misteriosos.

Tales aventuras aseguraron la contribución que haría al legado beatle y que se imprimiría por primera vez en el disco Revolver de manera contundente: “Love You To”. Una pieza que abriría el camino hacia las Indias Orientales. Así, George Harrison se convirtió en el Marco Polo del rock.

A partir de entonces el Oriente ha ejercido una influencia más que significativa para el género, sobre la base de que el hombre oriental se identifica sobremanera con las fuerzas primarias. Para la imaginería del rock, el Oriente se erigió en una tierra de sensibilidades expansivas. Con Revolver, por un lado, los rocanroleros recurrieron a la música y filosofía de la India como una ruta convincente hacia la unidad primitiva del universo, cuyo hogar es el eterno ahora, concepto del que el rock se ha nutrido desde un principio.

Por otro, el punto fundamental del álbum radica en que es un icono de la transculturación. Al ser escuchado por primera vez la pregunta general fue: ¿Qué instrumento es ese que suena en “Love You To”? La cuestión condujo a una travesía en la que muchos se embarcaron. Algunos buscaron en ese viaje respuestas y proyecciones místicas: la ley del karma, el budismo, Abraxas, la conversación con santones (como discípulos de diversos Maharishis o gurús instrumentales). Otros se fueron por el lado de la literatura (con las lecturas de Hermann Hesse, Carl Jung y de clásicos como el poeta Alfred Tennyson) y por el de la música, con su atrayente exotismo.

 

 VIDEO SUGERIDO: Eleanor Rigby – The Beatles, YouTube (Canal de vitor021298)

 

 

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ORQUESTA DE LAS ESFERAS (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

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 MÚSICA DEL UNIVERSO/ II

Esta Orquesta de las Esferas, parecida a la concreción de un sueño inducido por Sun Ra, brotó al final de la primera década del siglo XXI en la ciudad de Wellington, capital neozelandesa, como producto de matrices sónicas como el Frederick Street Sound y la Light Exploration Society. Y en sus inicios actuaron en bailes universitarios, shows DIY y salas de ópera. En tales lugares se forjaron una buena reputación musical y la admiración por sus extasiantes espectáculos visuales.

Las influencias de agrupación semejante son un conglomerado genérico que va del kuduro a la psicodelia, pasando por la disco, la improvisación del free style, el electro dance shangaan, el funk en su versión de dilatada acidez, y la devoción de sus miembros por la obra de los Talking Heads, primero (básicamente del disco Remain in Light), y luego por la de los derivados Tom Tom Club y los posteriores Heads, en versión lo-fi. Es decir, hay experimentación científica e instrumental, aplicación mundana y emotividad humana.

La Orquesta de las Esferas no parece, pues, estar en contra del entretenimiento, sólo si es del falso, como puerta abierta a lo banal, y lo sé porque resulta que en sus discos, Nonagonic, Vibration Animal Sex Brain Music y Brothers and Sisters of the Black Lagoon,  hay entretenimiento del bueno a raudales: con ritmo y verdad. O sentimiento y asombro, como quiere Glen Vélez, aquel sensible maestro y pensador de tal elemento musical.

Y también sus semejantes, Paul Winter o Steve Reich, como se puede percibir. Si no hubiera ese ritmo cimbreante en cada track y la interpretación consecuente, con el acelerado latido de corazones anhelantes, el público escaparía. El ritmo aquí es belleza, es pulso, es el gancho con sensaciones de los integrantes tendidos hacia los escuchas.

El ritmo omnipresente en cualquiera de sus obras es potencia, la potencia de lo que la música dice y la potencia de su bombeo grabado en pleno goce. Quiero decir que, tal como la lanza y la respira la banda, se vive en sus discos. La interpretación de sus músicos atraviesa el plano imaginario entre ellos y nosotros. Sin problema alguno. Y no se necesita ser Tales de Mileto (quien no apartaba los ojos del cielo para desentrañarlo) o Asimov; o saber de gravitaciones,  quarks y radiaciones de fondo para descubrir sus arcanos, que los tiene y muchos.

No. No hay necesidad, sólo es necesaria la actitud empírica, como la de esta banda que es una opción ante el ruido, la furia de un mundo destemplado, dividido, fragmentado y egoísta hasta el selfie, que no nos permite oír nuestra propia armonía interior. Una armonía que está conectada con esa vibración de las esferas de la que hablaba Pitágoras, y que emite un canto sereno, cálido, que proclama la reconciliación entre el pulso trágico que late inevitable en todo ser humano y las fuerzas ocultas de la naturaleza.

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Eso es lo que busca una orquesta como ésta. Hacer que se perciba esa música para iluminarnos por el tiempo que dure su vibración. Nos proporciona el placer inmenso de sentirnos parte de algo grande concordado por una cadencia general y el graffiti encontrado por ahí: “Si se acaba el mundo luego no te quejes” cobra su real sentido. Sólo un mundo más solidario, más consciente de la necesidad de apreciar la armonía como lo hace Baba Rossa y compañía puede hacernos sentir que eso es posible. Desde dicha perspectiva, como muestran estos artistas con su aleación musical, es posible encontrar alguna respuesta.

Eso significa defender apasionadamente la cultura global, la cultura como medio de fomentar la cadencia individual y colectiva, y superar la sensación de resquebrajamiento, de fragmentación que viene aparejada con la época. Tal actitud es imprescindible y necesaria en momentos difíciles para la civilización y el triángulo pitagórico que une arte, ciencia y pensamiento. Por eso debemos dejarnos inundar por la música. Ésta es ciencia revelada, dirigida directamente al corazón de los seres humanos.

Saber interpretarla es el gran reto porque la música, como bien sabía Schopenhauer, es—junto con la comprensión global de la naturaleza y el arte— lo único que puede aplacar ese sentimiento desesperado por no conocer el sentido de la vida. Ésta tiene una explicación, y el instrumento para desentrañar su secreto está en la música.

Pero hay que saber escogerla (como el caso de esta ejemplar orquesta neozelandesa), intuirla y escuchar en ella esa extraordinaria armonía que es, como dijo el poeta romántico alemán E. T. A. Hoffmann, “el más universal de los lenguajes”, haciéndose eco de aquella pitagórica representación colmada por la vibración de sus esferas y sus cantos.

VIDEO SUGERIDO: Orchestra Of Sphers – 2,000,000 Years, YouTube (firerecordings)

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ORQUESTA DE LAS ESFERAS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 MÚSICA DEL UNIVERSO/ I

Hay ocasiones en que para hablar y explicar a un grupo musical hay que remitirse hasta el principio de la civilización y alguna de sus teorías filosóficas o científicas. Para mí es de agradecer esta situación porque el encuentro de tal espécimen y la postrera investigación acerca del quién, el por qué y el cómo, resulta entonces tan interesante y divertida como suculenta. Tal es el caso de esta agrupación de la que hoy comentaré: The Orchestra of the Sphers (La Orquesta de las Esferas).

El punto de partida para conocerlos es su país de origen: Nueva Zelanda. Una nación que ocupa altos lugares dentro del escalafón mundial en muchos aspectos. Basta mencionar sólo algunos de ellos para darnos una idea de lo que eso significa: Hay ausencia significativa de corrupción, el nivel educativo es uno de los mayores a escala global (su tasa de alfabetización, incluyendo a las tribus autóctonas, es del 99 % y más de la mitad de la población entre los 15 y los 30 años cursa algún tipo de educación superior).

Tales circunstancias conducen a su elevado índice de progreso humano (en democracia, libertad individual y respeto a los derechos civiles). Todo ello arropado por el correcto uso de la tierra, su aprovechamiento, reforestación y cuidado ambiental. Es decir, Nueva Zelanda es un país desarrollado. Ese es el contexto en el que crecieron los integrantes de esta orquesta, que surgió de la amistad y empatía forjada en las aulas universitarias y en las disciplinas de Filosofía, Ciencias Naturales, Astronomía y Matemáticas.

De la síntesis que hicieron de su entorno, del bienestar que emana, y de dichas materias de las que son estudiosos, un grupo de amigos –y científicos— crearon la Orchestra of Spheres. El nombre del grupo procede de su inclinación hacia la teoría proclamada por el griego Pitágoras, según el cual el cosmos en general está ordenado por proporciones numéricas que rigen el movimiento de los planetas, las cuales corresponden a su vez a intervalos musicales.

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En dicha teoría conocida como “la armonía de las esferas” Pitágoras expuso que “el Sol, la Luna y los planetas emiten un zumbido único basado en la velocidad de su rotación orbital, y que la cualidad de la vida en la Tierra es el reflejo de tales sonidos celestiales”. El tono y la nota de cada planeta tienen relación directa con la distancia que hay entre cada uno de ellos y con respecto al nuestro.

A esta relación emanada se le llamó también “música universal”. Tal idea ha sido base de estudios para muchos filósofos y humanistas posteriores, quienes la han expandido hasta crear los tres estadios musicales que contienen dicha armonía: el mundano (armonía de las esferas y el cosmos), el humano (armonía interior y los elementos del cuerpo) y el instrumental (la música tal como hoy se entiende).

La representación pitagórica del universo y su reflejo en la calidad de vida de la Tierra,  fue el punto de partida para este grupo neozelandés, primero como cuarteto y luego como una dotación flexible a la que se agregan miembros, según las circunstancias y las necesidades del material que vayan a exponer. Asimismo, tuvieron la ocurrencia de inventar sus propios instrumentos para divulgar la propuesta.

En el principio estuvieron: Baba Rossa (en las voces y la guitarra bísquet -biscuit tin guitar), Mos locos (en los sintetizadores y voces), EtonalE (en el bajo carillón –hecho a base de campanas de bronce como las de las torres de las iglesias– y las voces) y Woild Boin (en las percusiones y el cual trasmuta en “Tooth”, cuando interpreta el vacuum o bomba de vacío). A ellos se han ido sumando Jemi Hemi, Mandala y Zye Soceles, entre otros músicos y sus aparatos sonoros.

VIDEO SUGERIDO: Orchestra of Sphers – Fingerweg, YouTube (soundexplorers)

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BAUHAUS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 CONSTRUCCIÓN DE LA IMAGEN

El año de 1919 fue significativo para los alemanes (y, por sus aportaciones, para el mundo en general). En primer lugar se instauró la República de Weimar, se fundó el Partido Comunista de Alemania y fue inaugurada la escuela Bauhaus.

La reconstrucción del país tras la derrota en la Primera Guerra Mundial comenzó con dicha República, que lanzó la constitución en la que se organizaba al país como una República Federal de 15 estados. Su promisorio proyecto político tuvo desde el inicio infinidad de obstáculos que sólo le permitieron una vida muy corta (1933).

Entre tales circunstancias se encontraba la fundación del Partido Comunista. Sus peticiones inmediatas eran desarmar a la policía, a los oficiales y soldados no proletarios, formar una guardia roja, crear un tribunal revolucionario, establecer la jornada de trabajo de seis horas, anular las deudas del Estado y confiscar todo capital “con férrea decisión”.

Es decir, la reforma completa del Estado y la transformación total de los elementos económicos y sociales del pueblo alemán. Todo ello bajo el modelo del Partido Comunista Soviético, que tenía influencia preponderante en el territorio germano.

Obviamente el asunto provocó la enconada enemistad de todos los que poseían alguna propiedad, de la burguesía, del ejército, del ambiente universitario, y el cauteloso distanciamiento de funcionarios y líderes que no creían que la destrucción del orden en un Estado industrial sumamente complejo, por fuerza diera como resultado otro orden mejor.

En el ambiente de la derrota de la posguerra se generó una revolución socialista que a su vez creó una contrarrevolución. A ello se sumaría con el tiempo el creciente desempleo, la incontrolable inflación, las deudas de guerra y la mala disposición de los países aliados que los habían derrotado. Paradójicamente, a la par de todo este caos sociopolítico y económico, surgió la escuela Bauhaus, con una novedosa propuesta estética producto de diversas corrientes artísticas, que con el tiempo trascendería a nivel internacional.

La Bauhaus fue una escuela de arte que se creó en la región de Weimar, la cual era desde el siglo XIX el principal centro intelectual gracias a la labor de Goethe y Schiller. El nombre aludía a la tradición medieval de la corporación de artesanos (Bauhütte). El arte, la artesanía, la teoría y la práctica se unían según sus lineamientos en una creación conjunta cuyo objetivo era la obra de arte total: la construcción.

Para ello los artistas tenían que valerse de las técnicas contemporáneas y transferir las antiguas virtudes a las condiciones de la era industrial. La escuela estaba comprometida con la idea de correspondencia de la forma y la función, la utilidad de los productos se convirtió en el concepto dominante y la producción industrial en el objetivo del trabajo de diseño. De tal correspondencia debía surgir el “arte industrial”.

La Bauhaus se creó de acuerdo a los manifiestos y bajo la dirección de Walter Gropius, quien hizo de ella el centro docente más influyente de arquitectura, diseño y enseñanza del arte del siglo XX, pues en ella se formaron e instruyeron una gran parte de los artistas modernos más importantes (J. P. Oudt, Bruno Tout, Le Corbusier, Martin Wagner, Mies van der Rohe, Meier, Feininger, Klee, Kandinsky, Schlemmer, Macks, Moholi-Nagy, Mondrian, entre otros).

De aquellos talleres abandonados de lo que fue la Escuela de Artes y Artesanías creada por Van der Velde en 1901, Gropius a invitación del Gran Duque de Sajonia-Weimar construyó la piedra angular en el desarrollo del diseño, pues de la Bauhaus surgió un método creativo aplicable a la producción industrial.

En su curso básico se trabajó con materiales, formas, estructuras y colores, en un ambiente de experimentación renacentista dictado por las tendencias educativas más adelantadas de ese tiempo, las de María Montessori y John Dewey: educación activa, aprendizaje en el trabajo, observación de la naturaleza y respeto a la personalidad del alumno.

A la Bauhaus concurrieron las tendencias más significativas de la plástica: el expresionismo, el cubismo, el constructivismo y el De Stijl. Gropius mantuvo a la escuela apartada de la actividad política, del constructivismo ruso sólo tomó el aspecto de la experimentación artística, pero no la participación activa en la transformación de la realidad social.

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Su compromiso más fuerte lo estableció con la industria, que debía adquirir los proyectos salidos de la escuela. (Los prototipos para ser procesados que han permanecido en el mercado son, por ejemplo: los muebles estandarizados de Marcel Breuer y las sillas de Mies van der Rohe, el estilo popular de las construcciones de interés social.) Aunque Gropius se opuso sistemáticamente a la adopción de un estilo en particular, por sí misma la escuela produjo el suyo: de formas geométricas regulares, ángulos rectos y colores primarios.

La situación política, el ambiente de guerra civil y la violencia partidaria afectaron la vida de la Bauhaus. En 1925, la derecha, que había adquirido poder, transfirió la escuela a Dessau. Gropius dejó la dirección en 1928 por las presiones y el cargo recayó en Hanes Meyer, quien le dio un marcado carácter político. Fue expulsado por las autoridades civiles y Mies van der Rohe se encargó de la dirección.

La escuela se trasladó a Berlín y ahí permaneció hasta su cierre definitivo (junto con la caída de la República de Weimar) en 1933 por las fuerzas nazis, quienes veían en ella la personificación de lo que llamaran “el diabólico bolchevismo cultural”. Frenaron toda modernidad, expulsaron a los profesores, algunos se exiliaron en los Estados Unidos donde continuaron su labor en el Instituto de Diseño de Chicago.

Entre las muchas influencias que dejó la escuela Bauhaus para el futuro cultural del mundo, estuvo el de fungir como incentivo, inspiración y detonante estético para la creación de las portadas de discos para diversos géneros de la música: la clásica, el jazz y el rock. Un arte que ha recibido el reconocimiento como tal y que lleva más de medio siglo propiciando el placer sensual, colectivo e individual, pero no sólo.

Ese pequeño espacio, con su plataforma de cartón o papel, además del placer que provoca su contemplación ha servido como manifiesto y como cartel donde el artista de la música hace el anuncio de su producción, de su declaración de intenciones, de su ser y estar en el mundo en esos momentos. Para finalmente convertirse todo en un objeto de tentación, posesión e identificación.

La portada del álbum y su consecuencia colocan los gestos del artista (la construcción de su imagen) en la memoria de quien los posee y registra con ellos experiencias, tanto de carácter físico como psíquico, a nivel individual o colectivo. El estilo Bauhaus ha sido retomado en el tiempo en diferentes épocas en dicho campo, y es en el rock donde su influencia ha cobrado mayor relevancia.

Una lista con los nombres de quienes lo han utilizado para sus portadas es tan largo como sorprendente por sus expresiones. Quizá el ejemplo mayor de ello sea el grupo que lleva por nombre el del estilo mismo: Bauhaus (pionero del rock gótico y del post punk), que en cada uno de sus trabajos puso énfasis en la imagen de sus carátulas, posters, videos y demás grafía.

El escucha interesado debe saber que prácticamente no hay un grupo de rock de primera línea que no haya hecho uso de tal estilo: Joy Division, Siouxie & The Banshees, Iggy Pop, Velvet Underground, Led Zeppelin, Sonic Youth, The Smiths, Tom Waits, Clash, Queen, Suede, Marilyn Manson, Radiohead, Raveonettes, Cramps, Bauhaus, Tool, Metallica, Patti Smith, et al.

De este modo, la azarosa especialidad de la estética discográfica continúa hasta nuestros días y consiste en la captura, por medio del diseño, de las imágenes propiciadas por los artistas del rock. Mucho tiempo ha transcurrido desde esos tiempos heroicos de la fundación de la Bauhaus (un siglo) y, gracias a su creatividad, la relación entre la imagen y el rock se ha sofisticado.

VIDEO SUGERIDO: Bauhaus – She’s In Parties, YouTube (The Arkive)

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MARILYN MONROE

Por SERGIO MONSALVO C.

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                                       FRAGMENTOS                                     

Al erotismo regularmente se le ha representado con la imagen de una mujer. Pero no cualquier mujer. Debe ser una que, según la época, dé un nuevo sentido, siempre más audaz, a dicha manifestación.

Lo que se valora en esta mujer símbolo es su poder sugerente hacia un público admirador que se recrea en el disfrute de ese ser supremo, el cual pone a funcionar los resortes de la pasión en incansable fuga de las demás cosas.

Un símbolo así es la presencia materializada de Eros. Y todos los adoradores buscarán acercarse a la deidad encarnada para el consumo ilimitado de la imaginación y la fantasía.

Su imagen, entonces, se cultivará tanto de manera externa como en la intimidad, convirtiéndose en objeto de culto del cual cada uno querrá por lo menos apropiarse de una parte.

De entre millones de mujeres surge una sola que es diferente. Como Marilyn Monroe, que es símbolo y excepción en la cultura contemporánea: un icono que pertenece a todos.

Ella fue una criatura extraña e impetuosa que tuvo la capacidad innata de proporcionar una visión fulgurante del placer con su realidad carnal y  de proyectar esa imagen de sensualidad que pide la vida ordinaria.

Ella fue el sueño sexual insatisfecho, inalcanzado, que hay en todos y que sólo existe a través de cada uno. Su figura continúa siendo hoy la respuesta por antonomasia del deseo hacia lo que el cuerpo quiere, y su muerte sólo sirvió para perpetuarlo.

El escritor Ricardo Garibay lo dijo atinadamente: “Con la Monroe se nos murió un afán que ella satisfacía puntual desde los calendarios. Era una túrgida sedienta y ahíta realidad vivida dentro de cada uno de nosotros. No acabaremos de llorarla”.

Y así ha sido. La música como la poesía no se cansa de recordarla y de hacerla referencia, proyección o tragedia. En el primer caso va de The Distillers con “Gypsy Rose Lee”, Jay-Z y su “Hollywood” o Billy Joel en “We Didn’t Start the Fire” hasta The Kinks en “Celuloid Heroes”, las Spice Girls con “The Lady is a Vamp” o Lady Gaga con “Dance in the Dark”; en el segundo término con Tori Amos y su “Father Lucifer”, Bryan Ferry en “Goddess of Love”, Madonna en “Vogue” o los Stereophonics con “She Takes Her Clothes Off”.

La parte trágica del mito ha sido asumida por gente como The Misfits con el tema “Who Killed Marilyn?” (incluso tomaron su nombre de una película que ella protagonizó), Michael Jackson en “Tabloid Junkie”, Elton John con “Candle in the Wind” o el grupo Suede en la pieza “ Heroine”.

…se sostuvo a sí misma
se agarró con fuerza durante el vendaval
se quemó en las crepitantes llamas

(“Life”, M.M.)

Asimismo hay tres óperas que versan sobre ella: dos con su nombre, Marilyn (de Lorenzo Ferrero, una, y de Ezra Laderman, la segunda), y una tercera y quizá la más sobresaliente por su gran manejo temático: Anyone Can See I Love You, con textos de la poeta M. Bowering y orquestación del compositor y músico inglés Gavin Bryars.

Entrados ya en la poesía, ha habido muchos bardos que le han dedicado poemas o libros enteros a su trágica vida: Judy Grahan, Delmore Schwartz, Ernesto Cardenal, Steven Berkoff o Norman Rosten, por mencionar algunos.

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Del último señalado es el poema “Who Killed Norma Jean?” (verdadero nombre de la actriz), que a su vez musicalizó Pete Seeger y que Bob Dylan dio a conocer mundialmente: “¿Quién la vio morir? / ‘Yo’, respondió la noche. / ‘Yo y la luz de un dormitorio. Nosotras la vimos morir’/ ¿Quién recogerá su sangre? / ‘Yo’, respondió el fan. / ‘Con mi pequeño caldero, Yo recogeré su sangre’.”

De sangre y carne estaba hecha la naturaleza de Marilyn. Y ella lo sabía: “El sexo forma parte de la naturaleza y yo me llevo de maravilla con la naturaleza”, dijo.

El sexo era público y la sangre privada. Y ésta quedaba impresa en (lo que ahora se ha descubierto) gran cantidad de poemas también escritos por ella y hoy publicados con el título en español de Fragmentos (en la editorial Seix Barral).

Los editores del libro –Stanley Buchtahl y Bernard Comment– han dicho lo siguiente: “Algunos de estos textos darán lugar a interpretaciones y comentarios. Pero no hay en ellos nada sucio, ni de baja estofa, nada de chismes. Intimidad sin exhibicionismo, medición sísmica del alma”.

Marilyn era eso, un mito con alma que escribía sobre sus emociones obsesivamente –depresiones, tristeza o soledad– en todo papel que tuviera a la mano mientras trabajaba o no.

Pero ¿cómo podía sentirse sola la mujer más adorada del mundo?, se pregunta uno. Sin embargo, ella vivía ese sentimiento como una desgracia inexorable: “¡¡¡Sola!!! / Estoy sola-siempre estoy / sola / sea como sea”.

Físicamente, este símbolo sexual era (es) un espectáculo revolucionario en varios sentidos. Por un lado, suntuosa demostración del sex appeal (el guiño de los ojos, la mirada directa, la expresión divina, la voz ardorosa, la turgencia y generosidad de los senos, el movimiento invitante de los labios, los gestos de sus caderas lujuriosas, su vestimenta adherida al cuerpo, el diseño de su boca, el lenguaje de su piel, el imaginado aspecto del sueño libertino…) Y, por otra parte, el apremio de los brazos implorantes, el eterno gesto de avidez, desesperanza e inocencia.

A Sorry Song

I’ve got a tear hanging over
my beer that I can’t let go.
It’s too bad
I feel sad
when I got all my life behind me.
If I had a little relief
from this grief
then I could find a drowning
straw to hold on to.
It’s great to be alive.
They say I’m lucky to be alive it’s hard to figure out –
when everything I feel – hurts!

(“Life”, M.M.)

Tras leer sus escritos surge la razón de Norman Mailer, cuando dijo que Marilyn era en realidad una poeta tratando de recitar acerca de sí misma a mitad de la calle, mientras la multitud lo único que quería era arrancarle la ropa.

VIDEO SUGERIDO: marilyn monroe the subway scene (the seven year itch 1955), YouTube (Memories Of Marilyn Monroe)

MARILYN MONROE (FOTO 3)

 

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