CANON: MY BLOODY VALENTINE

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO 1

EL EFECTO EMOCIONAL

 

En aquella coctelera musical llamada “los años ochenta” se dieron cita los amantes del noisepop (The Jesus and Mary Chain), del dream pop (Galaxie 500) y del estilo conocido como C86 (una antología publicada por una revista y luego devenida en subgénero, que incluía nombres como los de Primal Scream, The Soup Dragons y Mighty Lemon Drops, entre otros).

Sin embargo, fue la aparición del disco Ecstasy & Wine (1987) de My Bloody Valentine, la que decantó el asunto. Quedaron claros cuales eran los elementos distintivos entre unos y otros. Los más se subieron al vehículo del brit pop en ciernes y los menos se asentaron en lo que la revista New Musical Express comenzó a llamar “shoegazin”. El sedazo puso de relieve las características de dicho estilo y nombres como Ride, Chapterhouse, Lush, Curve y Moose, entre otros.

El shoegazin, resultó ser una cresta importante en y para el rock durante varios años. En ese tiempo sus representantes hablaron de la raíz musical en las que se encontraba el germen de su existencia (Velvet Underground), además de sus influencias más recientes (los ya mencionados The Jesus and Mary Chain, Cocteau Twins, Sonic Youth, Bauhaus y The Smiths, por mencionar algunos).

El suyo era un rock que empleaba elementos clásicos del género en direcciones originales y del mayor interés por las texturas y los timbres (melódicos y ruidosos a la vez), por la experimentación con la tecnología (feedback, flanger, reverb, chorus), por los recursos del estudio de grabación (dub, sampler), por la libertad de su sistema –jugaban o se alejaban de las estructuras lineales—y por el murmurado uso de la voz como un instrumento más, para matizar.

Todo ello en busca de resultados raros y emotivos, de atmósfera espacial nebulosa. Porque eso sí, el subgénero destaca por su apabullante emotividad, por la instigación de la temática melancólica –se convirtió en una elaborada gama de exploración de los traumas de la generación de la (sobre) información y del miedo al escrutinio.

Aquello demostró que las aspiraciones dramáticas del rock podían sintonizar con el riesgo— y por el uso de una instrumentación que no difería mucho de la que se presupone standard. Una forma evolutiva del rock alternativo al que pertenece.

Por fortuna, la pluralidad de grupos en la que se extendió la corriente evitó la simplificación industrial y por consiguiente su rápido desgaste. Y hubo entonces bandas que favorecieron el pinturerismo emocional lo mismo que la expresividad más teórica.

FOTO 2

Así que cuando se escuchaba su música, se descubría una búsqueda estética con el grado de abstracción que se quiera, pero siempre con la vitalidad del sentimiento por delante, envuelto en el ensimismamiento caracterizado por la eterna vista del músico y cantante en los pedales de la guitarra o voz instalados en el suelo y a lo que con cierta ironía se denominó “shoegazin” (vista fija en los zapatos)

En el ámbito instrumental este rock se dejó llevar, sobre todo, por la ciencia del sampleo y su capacidad transformatoria; por la fascinación por el aparato y su habilidad para reinventar la guitarra a partir de sus efectos, para convertir su sonido en algo etéreo, elevado y terriblemente romántico a través de telarañas de ambientaciones sonoras, de voces lejanas y fantasmales, como el estilo extraterrenal de quienes serían sus máximos representantes: My Bloddy Valentine.

Tal grupo irlandés (fundado en 1983 por Kevin Shields y Colm Ó Cíosóig, a quienes luego se unirían, después de un desfile de músicos, Debbie Googe y Bilinda Butcher), significó la perfecta unión de ruido, belleza e intensidad. La cual quedó impresa para siempre en el disco emblemático Loveless (de 1991). Una sofisticada obra de guitarras tratadas hasta el punto de parecer beats y con una atmósfera en gravedad cero.

Tal disco puso en la mesa la confirmación de su líder, Kevin Shields, como un talento visionario. El noise, el ambient y el free jazz fundidos sin prejuicios; epígonos bien avenidos en una disonancia de guitarras vaporosas, incorpóreas, volátiles, en cataratas de samplers y voces cargadas de vértigo. Uno de los momentos más grandes de la música.

Su magia elevó el puente entre el dreampop de los ochenta y la experimentación techno-ambient de la siguiente década. Los sonidos dieron entrada a letras inteligentes y dolidas: “La experimentación no tiene sentido sin el efecto emocional. Nuestra música alcanza tanto a la primera como a lo segundo”, dijo Shields en su momento.

Luego de un lustro en este trajín con agrupaciones como Bailter Space, The Nightblooms, The Boo Radleys, Catherine Wheel o Medicine, el shoegazing palideció –tanto como sus seguidores-, su presencia se redujo, pero no así su larga influencia que llega hasta la actualidad, celebrándose a sí misma y a sus generadores.

My Bloody Valentine es una agrupación que no se modifica ni trata de cambiar su estética básica (ya bastante sorpresa fue su intempestivo retorno luego de dos décadas con el tercer disco m b v). Las canciones que conforman su último álbum son reafirmaciones de su identidad. Contenidas en un trabajo calmo y sensual en el que, según el líder de la banda “Experimentamos llevando el volumen hasta un nivel cósmico. Empezó porque una vez estábamos ensayando y decidimos usar todos nuestros amplificadores y un pedal llamado Octavio que suena como un volcán en erupción. Lo hicimos una hora: la habitación vibraba, todo se caía y nuestro estado mental cambió, entramos en otro nivel de conciencia”.

VIDEO: My Bloody Valentine – Only Shallow (Official Music Video), YouTube (UPROXX Indie Mixtape)

FOTO 3

Exlibris 3 - kopie

SIGNOS: DALE HAWKINS

Por SERGIO MONSALVO C.

 

SUSIE Q (FOTO 1)

 

BABY, I LOVE YOU

 

Nunca deja de sorprenderme la capacidad que tiene una canción para sintetizar una experiencia, un sentimiento, una emoción. Pero más sorpresa causa que pueda hacerlo en el corto plazo de dos o tres minutos.

Aquellos que se hayan enamorado alguna vez, sabrán del cúmulo de cosas que se desprenden de esa visión que causa la imagen de otro ser, sus movimientos, sus expresiones. Una experiencia que puede ir de una sacudida existencial hasta el más primitivo de los deseos carnales. Así de amplia es la gama de un momento dado.

Cuando una canción nos habla de ello en el breve lapso de su duración, y reconocemos en el transcurso de sus surcos dicho instante, esa pieza pasará inmediatamente al almanaque de nuestro soundtrack particular, y esa melodía nos acompañará por el resto de nuestra vida. Igualmente, cuando muchos reconocen en ella situación semejante, entonces dicha canción pasará a la psique colectiva y se volverá inmortal.

No importará si está compuesta con un ejemplar lenguaje poético o con la simpleza del habla cotidiana. A final de cuentas quedará instalada en el nicho de la sonoridad emocional humana. Y así como está conectada a ella, también lo estará, por fuerza, con otras manifestaciones, principalmente las artísticas y las mediáticas. El arte rockero se relaciona con todo.

El rock inició su andar con la radio, al mismo tiempo que con el cine. Desde entonces sus historias han sido tan largas como productivas. Todo fanático legítimo del género comenzó su biografía emocional, su educación sentimental, sus afinidades electivas (durante el siglo XX e inicios del XXI), con la escucha de la radio, en cualquiera de sus épocas. Las historias sobre esta relación llenan páginas y páginas en el devenir de tal música.

SUSIE Q (FOTO 2)

La historia que hoy nos convoca tiene que ver con ello; la narración sobre las andanzas de una canción en tres tiempos. Primeramente, la del adolescente que la creó en un momento de exaltación para luego, tras la euforia, ser esquilmado por los detentadores de la industria. Este joven se llamaba Delman Allen Hawkins, pero era conocido como Dale.

Nació el 22 de agosto de 1936 en Goldmine, Luisiana, zona de granjas pobres y una de las regiones más deprimidas y apartadas de la Unión Americana (plagada de pantanos y caimanes y de las que la Gran Depresión había hecho polvo). Durante la infancia, en su choza familiar, creció escuchando en la radio (la única diversión que había) antiguas baladas de los inmigrantes franceses, el góspel de la iglesia y el canto bluesero de las plantaciones cercanas.

Aquello acabó cuando su padre, un músico de bluegrass, falleció en un incendio, quedando huérfano. Fue enviado a un orfanatorio en otra localidad, a orillas del río Rojo, donde por las noches sintonizaba la estación local de radio, la cual trasmitía las primeras canciones de Elvis Presley. Vivió de esta manera el nacimiento del rock & roll, entre la fatalidad, la pobreza y los ritmos locales (swamp, blues y country).

Al cumplir los veinte años, Hawkins ensayaba con una guitarra que se había comprado con lo que había ahorrado vendiendo periódicos en la calle, cuando conoció a Susan Lewis, quien se acercó a escucharlo. Verla caminar y escucharla hablar hicieron que se prendara de ella. Le escribió una canción en clave de rockabilly y quiso grabarla en el estudio Jewel/Paula, del padre de Susan.

Éste, ante la oportunidad exigió que lo pusiera como coautor ya que su hija había inspirado la letra y también que anotaran entre los nombres de los créditos a Eleanor Broadwater, esposa de un DJ que la programaría en su estación de radio, como payola. Además, le cobró los 25 dólares de cuota por grabarla.

Joven e inexperto, Dale Hawkins sólo quería escuchar la canción en un disco y lo demás no le importó. “Susie Q” se convirtió en seguida en un éxito desde su aparición en 1957. La inocencia erótica de aquel flechazo y su grito extasiado (“Me gusta como caminas / Me gusta cómo hablas / Mi Susie Q”), fue el inicio de la descripción poética de tal momento, que aún continúa efectúandose por doquier.

Pero Dale jamás vio un centavo de regalías. Todas le fueron birladas por el dueño de aquél estudio. Y lo único que le quedó fue el reconocimiento del medio por su síntesis de los estilos sureños de Louisiana, por el solo de guitarra y riff de Jim Burton y por su contribución al legado del rock (el swamp rock), debido a ello con el tiempo fue ungido al Salón de la Fama del mismo y la canción inscrita entre las 500 históricas que lo formaron.

VIDEO SUGERIDO: Dale Hawkins – Susie Q LIVE, YouTube (hepcat68’s)

En noviembre de 1967, una década después, surgió Creedence Clearwater Revival (antes The Golliwogs) con un nuevo comienzo de tocadas, bailes y demos. Por ese tiempo el grupo participó gratuitamente en un concierto de apoyo a una huelga de programadores de radio de la cadena KMPX, así que cuando John Fogerty (líder y compositor) le presentó su material más fresco —una versión del clásico “Susie Q” de Dale Hawkins—, al asesor de programación Bill Drake, éste escuchó la versión, lo entusiasmó y la recomendó a todas las estaciones de radio que atendía a pesar de su larga duración (8’36”). Los DJ’s de la cadena californiana la programaron sin parar en retribución a su apoyo huelguístico.

Creedence File Photos

Los distintivos sonidos de un poderoso y sugerente estilo, tan diferente de lo que se escuchaba por entonces, una mezcla de rock sureño con psicodelia (el sonido del vibrato extendido en la guitarra está presente en el tema, al igual que las versiones blueseras largas y reflexivas, donde su largueza recrea atmósferas y permite el viaje mental del escucha).

Además de un brillante trabajo de producción y uso del estudio, fueron las cosas que permearon los aires primaverales de una Bahía acostumbrada al nacimiento de todo lo imaginable y se extendió vigorosamente por el resto de la Unión Americana. Tan rápido que pronto el tema llegó al Top Twenty para sorpresa de los ejecutivos y el nuevo dueño de la compañía que no estaban preparados para el fenomenal acontecimiento.

No tenían listo un LP completo del grupo. El éxito de «Susie Q» los obligó a incluirla en el rápido ensamblaje del álbum en su versión completa, tal como se trasmitía en la radio, y para ello la dividieron entre el lado A y B del mismo. Así apareció Susie en el homónimo primer disco, Creedence Clearwater Revival (en julio de 1968), que la incluyó entre sus ocho temas, que pusieron al sonido Bayou en primera plana.

Y así como esta canción surgió de una inocente atracción, pasó luego a ser emblema, hasta llegar a ser usada, otra década posterior, como banda sonora de la barbarie, de la exacerbación de los bajos instintos, los salvajes y más primitivos. Esos que son soltados como arma arrojadiza durante un enfrentamiento bélico para mantener excitados a los combatientes. Así la plasmó Francis Ford Coppola en la película Apocalypse Now.

A una base militar en Vietnam llega un helicóptero con un grupo de Playmates, como parte de una operación de entretenimiento para los soldados. En cuanto el aparato toca el escenario los músicos comienzan a tocar “Susie Q”. Las muchachas, con diferentes y brevísimos disfraces, descienden e inician el espectáculo de su baile. La soldadesca (alcoholizada y drogada), con meses o años sin salir de aquella jungla, enloquece, vocifera, chifla y lanza frases y gestos canallas hacia ellas. En turba se lanzan enardecidos al podio sin que la policía militar pueda contenerlos. Hay peleas, granadas de humo y un tumulto generalizado que hace que las “conejitas” huyan. Se van con el espectáculo al siguiente campamento entre las notas finales de la pieza…

Cada canción importante es poliédrica y cuenta con infinidad de historias en su haber, como “Susie Q”. De eso trata el canon musical de un género, de cómo unas letras, unas notas, una melodía, presentan a las personas o sus emociones en cualquiera de sus extremos. Nunca dejan de ofrecer otras lecturas, como lo deben hacer los clásicos.

VIDEO SUGERIDO: Suzie Q – Creedence Clearwater Revival, YouTube (Creedence Clearwater Revival)

SUSIE Q (FOTO 4)

Exlibris 3 - kopie

BABEL XXI-602

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO

 

BEATLES

FOR DUMMIES (IV)

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/602-beatles-for-dummies-iv/

Exlibris 3 - kopie

MIS ROCKEROS MUERTOS (JULIO-SEPTIEMBRE 2022)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO 1

 

Sabemos, por conocimiento generalizado, que los grandes temas de la música son el amor y el desamor y, por lo mismo, de la vida emocional. Como es comprensible, preferimos escuchar sobre el primero que padecer las sonoridades del segundo. Algunas canciones sur­gidas de estos ámbitos se convierten en presencias perennes en la cultura popular o en nuestra existencia. Estas piezas trasmutan en inmortales porque su interés ha rebasado el momento de su lanzamiento original y, en muchos casos, la muerte de sus compositores.

Éstos nos han acompañado en el camino y los ecos de su accionar, musical y social, nos siguen dando aliento, para sentir que respiramos en compañía. Es una nueva vida para su labor artística, tras su muerte.

Cuando la canción escogida empieza a sonar y nos envuelve, ese es uno de los momentos en que se vive apasionadamente, ¡en el aquí y ahora! Quizás muchos momentos le sigan a éste de la misma manera, o en algunos tristes, porque la vida es un continuo, discontinuo, en el cual se equilibran sentimientos y vivencias.

Cuando desaparece un personaje que ha creado uno de esos temas, es un pedazo del entorno que se va y duele, pero la existencia se encarga de que se sigan descubriendo diversas interpretaciones de dichas piezas y mientras se tenga aliento, las escucharemos como algo nuevo.

La cultura del rock es ese árbol que descansa y crece sobre la misma tierra que acoge en sus raíces a los artistas que nos hicieron emocionar con su música y con su amor por ella. En este campo los que se mueren no son personajes imaginados, sino reales a los que consideramos como seres queridos. Uno de ellos falleció en este trimestre: Lamont Dozier.

Él fue un personaje clásico que vivió y creó, con sus aportaciones, un trozo de la historia de la música contemporánea: el soul, terreno que abonó desde el muy prestigioso sello Motown, del que fue pilar y estandarte con sus composiciones siempre bellas y suntuosas (“Stop In The Name of Love”, “Nowhere To Run”, “Reach Out, I’ll Be There, entre muchas otras).

El soul hundía sus raíces en los errabundos misioneros evangélicos que promovían una música más relajada que los cantos de iglesia más tradicionales, aunque seguía los mismos patrones musicales. Se trataba pues, de una música viajera que se extendió por todas las áreas de la Unión Americana. A los patrones de los campos no les molestaba (a fin de cuentas, se trataba de difundir la cristiandad entre los “salvajes” pizcadores), y para los trabajadores negros era una oportunidad de hacer música, cantar y bailar, sin problemas.

De esta manera este tipo de música se fue desarrollando por la cultura negra hasta crear una nueva manifestación: el góspel, que hacía uso de la técnica “llamada-respuesta”, propia de las canciones sacras interpretadas en los campos de trabajo. Durante mucho tiempo se mantuvo esta expresión sin alteraciones hasta que en los años cincuenta los jóvenes fueron apropiándose de esta música, pero como creadores ejecutantes y con cambios en la temática de lo sacro a lo profano.

Se habían decepcionado de lo que siempre les habían prometido en los templos: igualdad y justicia. Así que decidieron transformar las cosas desde su punto de vista. Los cantos ya no se dirigían a Dios sino al hombre o la mujer amada y a la vida mundana, con los mismos cartabones musicales.

De esta manera los nuevos intérpretes atrajeron a nuevos públicos hacia la música negra cuando ésta comenzó a llamarse soul. Dicha expresión artística empleaba elementos que reflejaban, aunque de manera tenue, aquella música ancestral, el góspel y también el blues (con sus vertientes del doo-wop y el rhythm and blues), pero con swing suave.

Esta idea fue producto de un esfuerzo dirigido a mostrar nuevas perspectivas sociales y también en lo profesional y comercial (a los negros se les tenía vetado el acceso al trabajo en la música clásica, en la radio comercial o a los estudios de grabación como productores, compositores o técnicos). De esta manera comenzaron una nueva música sin elementos blancos en ninguno de aquellos sentidos. El género comenzó a arraigarse. Y paradójicamente, a futuro, fue el mejor frente que presentó la industria estadounidense ante la Invasión Británica.

Así surgieron tres vertientes, que enarbolaron con sus sellos representativos, el soul que permearía el ámbito musical durante las siguientes dos décadas: Stax, Muscle Shoals y Motown. El primero en su acepción más visceral y vibrante, el segundo con el influjo de las corrientes sureñas, y el tercero, con su cosmopolitismo, su maquinaria creativa y su búsqueda del mercado blanco.

En la Motown, el soul no negaba su vocación comercial, y bajo esta consigna derribó obstáculos entre la race music y las listas de ventas, y con ella triunfó en las todas las comunidades para normalizar la idea de iconos de la etnia negra.

US-ENTERTAINMENT-HWOF-HOLLAND DOZIER HOLLAND

La discográfica fue fundada en la ciudad de Detroit y ahí fabricó decenas de éxitos que se lanzaron desde la llamada Motor City y luego desde Los Ángeles. La obsesión de su dueño, Berry Gordy Jr, era publicar su propia concepción del pop, pero para todos los colores de piel y hasta 1979 sus joyas se colaron en las listas del Top 10, con Mary Wells, The Four Tops, Stevie Wonder, Marvin Gaye o The Supremes, como síntesis perfecta. Por eso se convirtió en un blasón y en una dinastía, con sus ídolos, características, territorios y tabernáculos, al igual que con sus malas artes para con sus empleados a través del tiempo.

En todo ello tuvo que ver Lamont Dozier. Él formaba parte del Holland-Dozier-Holland, un trío de cantantes y compositores, primero, y luego productores de aquel sello, cuyo nombre se transformó también en un estilo músical, por méritos propios. Ellos supieron durante los años sesenta escoger y ensamblar diferentes voces para interpretar cada uno de sus temas. Los Four Tops, los Elgins, los Isley Brothers, las Marvelettes, Martha and The Vandellas y las ya citadas Supremes se beneficiaron de su intuición y estética a la hora de encontrar el tono emocional en sus canciones.

El listado de sus composiciones (algunas han sustentado el soundtrack de esta emisión) es largo, largo, al igual que sus logros. Llevaron a todos sus intérpretes a las listas de popularidad y tangencialmente, surtieron también de material a los músicos británicos, durante su etapa beat, para confirmar su influencia y con ella conformar parte de sus repertorios.

Su impacto dentro de la industria y de su propia discográfica los motivó a querer crear su propia editorial subsidiaria de la Motown. Aquel fue el principio de un largo litigio, ya que Gordy no quería nada de independencias. Abandonaron la compañía hacia el fin de los sesenta y fundaron la propia, sin buenos resultados.

Al poco tiempo Lamont Dozier abandonó el proyecto y se lanzó a grabar con su nombre. Tuvo aciertos dentro de la reivindicación de la cultura afroamericana que por entonces luchaba por ello. En los años ochenta, Dozier se fue a vivir al Reino Unido, donde obtuvo un nicho por su trayectoria. Escribió algunos éxitos para Alison Moyet, Phil Collins, Eric Clapton y Simply Red. Grabó bajo su nombre una docena de discos, pero sin la repercusión que tuviera antaño. Murió el 8 de agosto del 2022.

Otros fallecidos en el trimestre:

Gord Lewis (Teenage Head), Darryl Hunt (The Pogues), Bill Pitman (The Wrecking Crew), Steve Grimmett (Grim Reaper), Kal David (bluesmen), Stuart Anstis (Cradle of Filth), Jerry Allison (The Crickets), Fredy Studer (OM), Piotr Szkudelski (Perfect), Rimmo Blom (Raskasta Joulua), John P. Varkey (Avial), Marciano Cantero (Enanitos Verdes), Sonny West (Buddy Holly), David Andersson (Soliwork), Anton Fer (Lounge Lizard), Kyle Maite (Hit the Lights), Prince Póló (Skakkamanage), Davis Malachowski (Comander Cody).

A todos ellos: !GRACIAS!

VIDEO: Four Tops “Reach Out I’ll Be There” on The Ed Sullivan Show, YouTube (The Ed Sullivan Show)

FOTO 3

Exlibris 3 - kopie

LOS OLVIDADOS: CHEAP TRICK

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO 1

UNA VIRTUD APÁTICA

«Ríndete, pero no renuncies a tu forma de ser». Ésta, quizá haya sido la consigna más sobresaliente lanzada por el grupo Cheap Trick durante sus ya casi 50 años de existencia. Con ella han defendido la apatía y la dejadez como virtudes de continencia y discreción en el enfrentamiento con el mundo.

Dichas virtudes, para los sociólogos estudiosos del rock, se transformaron en una poderosa fuerza de cambio precisamente a causa de la llamada apatía.  Tal mito político rebasó de inmediato los alcances del grupo, que se quedó en la historia musical como un preliminar teórico.

Cheap Trick es un grupo que se formó allá por 1973 en la ciudad de Illinois, Estados Unidos. Su sonido siempre ha sido considerado como una reminicencia pulida y bien explotada de los tempranos Who y Rolling Stones, aunque sus armonías vocales a veces quieren erigirse en remembranza de los también tempraneros Beatles.

Sus miembros originales fueron Robin Zander (cantante principal y guitarra rítmica que sustituyó al muy temprano y circunstancial Randy Hogan); Rick Nielsen (requinto y coros, además de la gorra de beisbolista); Tom Peterson (bajo y coros, que entró por Pete Comita en 1980) y Ben E. Carlos (batería).

FOTO 2

Participante de la New wave, Cheap Trick construyó su reputación muy lentamente con discos como In Colour y Heaven Tonight. Sin embargo, fue hasta la aparición de Live at Budokan donde obtuvieron el reconocimiento mundial.

Sus exitosos sencillos, «I Want You to Want Me», «Ain’t That a Shame» y sobre todo «Surrender», les permitieron el alcance masivo y casi la categoría de héroes en el distante Japón.

Contenedores de un gran atractivo visual durante sus presentaciones en vivo, el grupo ha recorrido muchas veces el mundo, incluyendo el tercero, durante sus ya mencionados casi 50 años de andar en el camino.

VIDEO: Cheap Trick – Surrender (Live from Budokan!), YouTube (Cheap Trick)

FOTO 3

Exlibris 3 - kopie

BABEL XXI-601

Por SERGIO MONSALVO C.

 

FOTO

 

 

I’LL BE YOUR MIRROR

(EL SIGLO XXI TRIBUTA AL VELVET UDERGROUND)

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/601-ill-be-your-mirror-el-siglo-xxi-tributa-al-velvet-underground/

Exlibris 3 - kopie

CANON: FRANKIE VALLI AND THE FOUR SEASONS

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-FOUR SEASONS FOTO 1

LAS VOCES DE JERSEY

Actualmente, el estado de New Jersey es uno de los más bogantes y desarrollados de la Unión Americana. Un progreso que se dio poco a poco a partir de la Posguerra, con la instauración en el lugar de la industria manufacturera, del transporte y de los productos químicos. Es un territorio pequeño, uno de los más pequeños de aquel país, pero su ubicación le ha permitido a lo largo de los años incrementar el nivel de vida, tanto de la clase media como de la trabajadora, que es la mayoría de la población.

Se encuentra entre los estados de Nueva York y Pensilvania y tiene frente a si al océano Atlántico, con puertos estratégicos para el movimiento de productos, así como a los ríos Hudson y Delawere para lo mismo. Sus playas son atracción turística, interna e internacional, desde entonces y un gran generador de ingresos para la zona.

Debido a ello, sus jóvenes músicos han tenido el espacio necesario para exponer sus ideas y adquirir experiencia escénica, dando como resultado la creación de un sonido particular conocido como “Jersey Shore Sound”. Pero no sólo la economía ha tenido que ver con ello. La demografía, por su parte, ha aportado el elemento cohesionador para tal resultado.

Riding bikes on Boardwalk of Liberty Park, New Jersey

Su población de nueve millones de habitantes se ha forjado con la inmigración paulatina de diversas culturas: hispanohablante, china, haitiana y fundamentalmente italiana. Esta variedad étnica ha propiciado la mezcla y asimilación de sonoridades variopintas, entre otras de las piezas que la conforman.

El Jersey Shore Sound se ha erigido a lo largo de más de medio siglo en un auténtico género musical por derecho propio. Diferentes épocas y representantes lo han colocado dentro de la historia del pop, el rock y otras vertientes. Y su presencia ha sido notoria a través de las décadas, al igual que su influencia.

Las raíces de su arranque y evolución se hallan en los años que van de 1960 a 1966. Es decir, desde la era pre-beatle y la explosión Motown, teniendo al rhythm and blues como manantial primigenio y sustentador. Y su síntesis llegó al clímax en la década de los ochenta (con Bruce Springsteen), dando lugar desde entonces a desarrollos más avanzados y al conocimiento mundial de sus formas y nombres.

BXXI-FOUR SEASONS FOTO 3

El r&b en su manifestación de doo-wop fue el crisol donde se forjó dicho sonido a finales de los años cincuenta, producto de una cultura netamente urbana, con la influencia manifiesta de grupos negros de esta especialidad procedentes de las dos Carolinas y de Filadelfia, lugares donde se creó tal estilo. Aquí no fue el Mississippi sino el Hudson, el río tutelar para la difusión de tal expresión artística.

Una vez que el doo-wop desembarcó en New Jersey fueron los italoamericanos, en específico, quienes lo tomaron para sí y lo unieron a sus propias tradiciones vocales. Pulularon entonces los cuartetos por doquier. No había bar, club o auditorio, donde no se presentaran constantemente formaciones de dicha naturaleza ambientando a los públicos tanto nativos como vacacionales.

Sin embargo, fue el de Frankie Valli & The Four Seasons el que destacó sobre todos los demás. Y el que impuso las pautas a seguir de lo que sería una marca del estado con registro de autenticidad en el origen.

VIDEO SUGERIDO: Four Seasons Sherry Original Stereo, YouTube (HoraceWinkk)

El cantante Frankie Valli (cuyo nombre real es Francis Stephen Castelluccio) fue el centro de atención de los Four Seasons, un cuarteto que durante los años sesenta, y luego de manera discontinua en los setenta, colocó infinidad de éxitos en los más altos lugares de las listas de popularidad, con su característico sonido (aportación al doo-wop blanco), apuntalado por el reconocido falsete de Valli.

El grupo se fundó en 1960 cuando Valli conoció a Bob Gaudio (tecladista y voz tenor procedente de los Royal Teens) tras una fallida audición y crearon la Four Season Partnership (aunque uno de sus primeros nombres también fue el de Four Lovers). A ellos se unieron Tommy DeVito (guitarrista y barítono) y Nick Massi (en la guitarra y voz baja).

Después de varios intentos por conseguir un éxito a lo grande, el grupo lo obtuvo nacional e internacionalmente, a principios de los sesenta con el disco sencillo “Sherry” (de 1962), que llegó a número uno de los Estados Unidos.  Al que seguiría una larga lista de temas que cubrirían aquella década con su presencia.

BXXI-FOUR SEASONS FOTO 4

La biografía musical de sus miembros se había cultivado al otro lado del río Hudson, en el aún desconocido estado verde que se estira a la sombra de Nueva York: Nueva Jersey, donde se cultivó aquel sonido que algunos dieron en llamar italoamericano.

Éste, como ya he dicho, provenía de la influencia del doo-wop negro llegado de la parte baja de la Costa Este, con sus tres vertientes principales: el gospel, el blues y la balada sentimental. Fue esta última afluente la que retomaron los jóvenes blancos de Jersey y la cultivaron con esmero y mucho estilo.

Con padre y madre reconocidos, este sonido, que tiene el nombre de Jersey Shore, bebió del R&B caracterizado por el uso de los teclados, una cuidada instrumentación (que incluye metales) y con el aprecio por las armonías vocales.

BXXI-FOUR SEASONS FOTO 5

El fundamento de los Four Seasons proviene, pues, de aquella aportación italoamericana y muchas de sus canciones fueron algunas de las primeras en retratar con romanticismo la vida urbana cotidiana formada, especialmente, por las esperanzas y los fracasos de los jóvenes de aquel sector mayoritario que vivía en Nueva Jersey y trabajaba en sus fábricas, talleres y tiendas o estudiaba en sus recintos.

Estas vivencias sonorizadas por los Four Seasons, que se movían al compás de las primeras grabaciones de los Beatles y la Motown, crearían escuela sonora y una lírica de tono épico que más tarde serían proyectadas por sus muchos y brillantes herederos.

Cuando el grupo se disolvió en los setenta (aunque luego ha tenido varios renacimientos), tras cambios en el personal, mánagers y demás interesados, Frankie Valli mantuvo una ambivalente carrera como solista. En su bagaje destaca, entre otras cosas, la aportación que hizo para la película Grease (Vaselina) con el tema principal de título homónimo. Este acercamiento a la pantalla culminó en los últimos años con sus apariciones en la serie de Los Soprano como uno de los capos de la mafia de Nueva York.

BXXI-FOUR SEASONS FOTO 6

Los Four Seasons, con sus miembros originales (los del sexenio 1960-1966) fueron adscritos al Salón de la Fama del Rock & Roll en 1990 y una década después al del Vocal Group. Hasta la fecha la cantidad aproximada de discos vendidos por ellos se estima en los 100 millones, todo un récord.

Broadway recuperó su historia con el musical Jersey Boys, un éxito en la temporada de 2007. Lo cual sirvió para hacer justicia a Nueva Jersey, como una tierra que ha destacado por su aportación a ese fantástico subgénero doo-wop, cargado de romanticismo.

VIDEO: 1965 – Let’s Hang On – FRANKIE VALLI & THE FOUR SEASONS – YouTube (campodegibraltar1959)

Exlibris 3 - kopie

BIBLIOGRAFÍA: CULTURACONTRACULTURA (AVÁNDARO)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

CULTURA CONTRA CULTURA (AVÁNDARO-MEMORIA DE LA ESPECIE)

 

“MEMORIA DE LA ESPECIE”*

“El camión escolar que lo trajo de vuelta a la ciudad luego de casi tres horas de camino se detuvo en la avenida Observatorio, a corta distancia de la entrada del Metro. El transporte se vació y los pasajeros plenos de una vibración común se separaron para continuar la vida cada uno por su lado.

“La mayoría se lanzó en pos de los convoyes del Metro; otros echaron a caminar en busca de rutas más convenientes. Él, con unos cuantos más, abordó un camión –de esos chatos con sus grandes vitrinas– que por ser domingo en la tarde venía casi vacío. Las cabezas de los que ya estaban instalados voltearon al unísono para ver el pequeño desfile de quienes retornaban. Cuchicheos, murmullo generalizado y miradas cuestionadoras.

“Él se instaló en la parte posterior para estar cerca de la puerta.  Venía cansado, desvelado y con un hambre feroz. Los pensamientos aún estaban allá, pletóricos de imágenes, de sonidos y de momentos inolvidables. El trayecto se le hizo corto.

“Una vez en el cruce de las avenidas Insurgentes y Baja California, a la altura del cine Las Américas, decidió irse caminando. La tarde estaba templada y discretamente soleada. Se echó el costal de marino al hombro e inició la marcha. Estaba contento y conservaba intacta la sensación de aquella buena vibra en la que vivió por varios días. Tenía mil cosas qué contar y mil más qué saborear por mucho tiempo.

“Cruzó la calle de Campeche y a media cuadra –frente a una tienda de vestidos de novia– se encontró con una familia resplandeciente y nívea que andaba de paseo. El papá, al verlo venir, tomó a uno de los niños de la mano e indicó a su esposa hacer lo mismo con la niña. Todos se pegaron a la pared y la sonrisa desapareció de los rostros de ambos padres. Los niños querían seguir con su juego, pero el papá y la mamá no les hicieron caso y los sujetaron bien mientras él pasaba.

“Al llegar a los escaparates de la tienda Woolworth se pudo ver de cuerpo entero: una gorra con muchos adornos le cubría la cabeza; el pelo lo traía un poco largo y sin peinar, unos lentes de espejo le tapaban los ojos; del cuello colgaba un yasqui que descansaba sobre una camiseta pintada con anilina. Encima llevaba una camisola de mezclilla con diversos adornos, un símbolo de amor y paz entre ellos. Los vaqueros –tiempo después la palabra sería cambiada por jeans— sucios de lodo hasta las rodillas; las botas mineras en estado semejante. En fin, lo que se podía esperar luego de varios días de lluvias torrenciales y sin mudas de ropa. El hecho le pareció chistoso, nada más.

“Al llegar a la avenida Álvaro Obregón, un coche se detuvo y los tripulantes le dieron aventón unas cuantas cuadras. Lo bombardearon a preguntas y lamentos por no haber podido ir. Se bajó en la avenida Orizaba y caminó todavía un par de cuadras ante las insistentes miradas de los transeúntes.

“Llegó al edificio, subió las escaleras y se plantó frente a la puerta de su casa. Tocó. Le abrió su mamá, quien con un grito corrió a quitar las alfombras, lo empujó hasta el baño y dijo que no saliera hasta quedar limpio.

“Al salir ya tenía a su papá frente a él observándolo detenidamente. Lo llevó a la sala y le mostró una pila de periódicos. ‘Ahí está lo que pasó en Avándaro, quiero que lo leas’, dijo.

“Él se acercó y quedó atónito ante los desplegados de la prensa.  No era posible tanta mentira. Mientras, su mamá iba echando al bóiler camisola, camiseta, vaqueros, calcetines, etcétera. Los zapatos, la cobija y el costal fueron a dar al basurero. Así culminó la aventura del Festival de Rock y Ruedas del 11 y 12 de septiembre de 1971.

*Fragmento de la crónica “Avándaro: Memoria de la Especie”, publicada en el libro CulturaContraCultura.

CULTURA CONTRA CULTURA (AVÁNDARO) FOTO 2)

 

*“Avándaro: Memoria de la especie”

Sergio Monsalvo C.

Págs. 111-117

Cultura contracultura:

Diez años de contracultura en México

Antología de textos publicados en Generación

Carlos Martínez Rentería, Compilador

Plaza & Janés Editores,

México, 2000

 

 

Exlibris 3 - kopie

HISTORIA DE UNA CANCIÓN: «HOTEL CALIFORNIA» (THE EAGLES)

Por SERGIO MONSALVO C.

HOTEL CALIFORNIA FOTO 2

EL HOSPEDAJE EXTRAÑO

 

Tenderse a escuchar el track, una y otra vez, hasta encontrar la punta del hilo, la idea, el nervio, la explicación. Esa es mi meta de hoy. “Hotel California” es una canción clásica y galardonada –al igual que el disco homónimo del que procede–. La he oído desde que apareció originalmente, pero en la que nunca me detuve en realidad. Los Eagles, sus intérpretes, no están en mi canon personal, ni mucho menos. No deploro su ausencia en ningún ámbito. Siempre los sentí impostados.

Ponía el disco en el aparato de sonido y lo escuchaba completo sin mayor cosa, sin conmoverme en algún momento. Corroborando con ello la definición de Tom Waits con respecto a él: “Sólo sirve para evitar que el plato de la tornamesa no se llene de polvo”. Al menos esa función cumplió para mí en mucho tiempo. Hasta que la gente dejó de hablar de él, hasta que los Eagles desaparecieron del panorama.

Luego, un día, escuché una versión absolutamente disparatada, repetitiva en su orquestación; absurda por su traducción y literalidad: la de los Gipsy Kings (ese grupo francés que aprovechó la oportunidad, en medio de las trifulcas, envidias y falta de visión de los propios artistas españoles creadores de la rumba flamenca, para erigirse en representantes de tal género ante el mundo).

Por supuesto tuvo éxito. Todos esos productos tienen éxito (dada la desinformación generalizada) y eso lo hace todo más absurdo (su versión de «Hotel California» forma parte del soundtrack original de una enorme película: El gran Lebowski).

Bueno, el caso es que a través del absurdo entré de nuevo en contacto con la canción original del grupo californiano. Sólo que ahora, ante el pasmo de dicho cóver rumbero, el contacto fue más “real”.

Me propuse “sentirla” a base de oírla una y otra vez. Sin tener que trabajar en ella para escribir algún texto para una revista o periódico. No. Sólo sería una escucha intensa y reiterada. Exclusivamente para mí. Dejé de hacer otra cosa y me concentré en ello, con los ojos cerrados.

HOTEL CALIFORNIA FOTO 3

Fue entonces que en cierto instante llegué al meollo. Es la descripción de un espíritu dañado. Deformado por el dolor de no saber su papel en el mundo, por la profunda duda. Otra de sus anomalías está en que la mayoría de la gente la califica como “bonita”, cuando en realidad es todo lo contrario o, más bien, posee la belleza de lo terrible.

Habla de la negrura de la vida. Del corazón de las tinieblas personales. Es angustiosa, a final de cuentas. Demasiado exceso o demasiada abstinencia. El conflicto entre ser algo o no ser nada. Es una descripción expresionista del espíritu en su ritmo y melodía, cuyo veneno dulzón corroe desde la primera nota.

Tras su larga, larga, escucha duermo y sueño con la pieza, con sus imágenes, su simbolismo. El mentado hotel está distorsionado, tanto que en lugar de parecerlo es más un larguísimo puente techado por nubarrones tormentosos, agoreros. Es un cuadro de Munch, me digo apesadumbrado. El puente se extiende desde el inicio del tiempo hasta los confines del universo ignoto, donde allá, lontananza, se vislumbra el neón de sus letras hoteleras.

VIDEO SUGERIDO: Hotel California The Eagles 1976) (SACD Remaster Audio 1080p H…, YouTube (Momcilo Milovanovic)

HOTEL CALIFORNIA FOTO 1

Exlibris 3 - kopie