“BANGLA DESH”

Por SERGIO MONSALVO C.

BANGLA DESH (FOTO 1)

(CONTRA EL HAMBRE)

El rock tiene como toda disciplina artística la misma postura que cualquier humano con respecto al hambre. Sin embargo, tal cuestión el género casi no la ha tratado de manera individual, pero sí lo ha hecho en sus implicaciones colectivas. Y lo viene haciendo desde que Bob Dylan puso a Woody Guthrie como su referencia.

El folk retrató con las letras de este cantautor las miserias y penurias de los desposeídos, de los miserables, de los pobres expulsados de la maquinaria del desarrollo, de los marginados por el sueño americano y el capital.

El folk rock, primero, y las corrientes del heartland rock y de la dark americana e indie, a la postre, han puesto estas consideraciones en la lírica de su temática (el country y la canción de protesta lo han hecho por su parte). Infinidad de músicos han hablado del problema.

Desde el ya mencionado Dylan, Bruce Springsteen, Los Lobos, JJ Cale, los Klezmatics, Wilco, Anti-Flag, Meat Puppets, Fleet Foxes, Iron & Wine, Bon Iver, Ani DiFranco, Elliott Smith, Billy Bragg y un largo etcétera.

A través de este canto rockero se manifiesta el hombre sin mayor cosa que su propio trabajo, la voz de aquél al que ni el destino, ni su medio han podido sacar de la cuneta, pero cuya voluntad férrea lo lleva a sobrevivir.

De esta manera el género ha sabido llegarle a la gente hablándole de sus problemas, de sus esperanzas y de sus luchas. Es la música que primeramente ha elevado al mundo sus cantos por la paz, su compromiso con el otro y de ayuda para el necesitado.

Y lo ha hecho no sólo con su materia prima sino también de facto con los festivales benéficos que él mismo ha generado, comenzando con aquel Concierto para Bangla Desh, país que padecía el azote del hambre, las epidemias y la indiferencia del mundo, excepto la de los rockeros que se reunieron con ese propósito solidario.

(En 1971, Pakistán Oriental se separó del resto de Pakistán para conformar lo que actualmente se conoce como Bangla Desh. Los combates independentistas provocaron que los habitantes de esa zona se refugiaran de forma masiva en la India. A esto se sumó el Ciclón Bhola, y entre ambas cosas crearon una catástrofe humanitaria y una terrible hambruna.)

Para convocar un evento de semejantes dimensiones se precisó de un gran aglutinador de voluntades, y nadie mejor en ese momento que George Harrison, el cual además se presentaría en vivo por primera vez desde la disolución de los Beatles.

Un evento que creó modelo para los conciertos a beneficio. Una cita musical doble (una por la tarde y otra por la noche) en Nueva York (en el Madison Square Garden) que se conoció en todo el mundo, con varias horas de duración y con figuras de primera línea (hasta 35 músicos en total).

Asimismo, y como parte de la estrategia para recabar fondos, se realizó The Concert For Bangladesh: una película documental que se publicó en 1972 basada en él. Tanto el concierto ofrecido la tarde, como el acontecido por la noche de aquel 1 de agosto de 1971, fueron filmados y grabados para la realización de un álbum consecuente (lanzado a mediados de ese mismo año como triple vinil, por cierto; y luego convertido en dos CD’s y en DVD), con Phil Spector en la producción.

De aquel día se recaudó un cuarto de millón de dólares, que se entregó a la UNICEF. Los beneficios obtenidos entre el video y el DVD, todavía se siguen enviando a tal organismo humanitario a través de la Fundación del extinto George Harrison.

(El famoso Muro de sonido ese mostró de verdad: llamó la atención que tanta gente, con tan pocos ensayos, pudiera sonar de esa manera limpia y elegante. Las canciones de Harrison, sobre todo, exigían estar pendiente no solo de la belleza de cada frase, sino de los cambios de intensidad sonora)

El largometraje combinó los dos conciertos con las preferencias fijadas por Harrison en relación a la calidad de las interpretaciones.

El inicio de la película contiene imágenes de una conferencia de prensa ofrecida por Harrison y Ravi Shankar para la promoción del evento. En ella se puede escuchar a un reportero preguntar: “Con todos los problemas que hay en el mundo, ¿por qué ha escogido éste para hacer algo?”. La respuesta de Harrison fue: “Porque fui invitado por un amigo para ver si podía ayudar, eso es todo.”

(El músico bengalí Ravi Shankar, maestro del sitar y amigo de Harrison, lo había consultado sobre cómo podían ayudar en tal situación. Harrison grabó entonces el single titulado “Bangla Desh”, mientras que Shankar lo hacía con “Joi Bangla”, en el lado B del mismo, para empezar a recaudar fondos. Luego surgió la idea de organizar un concierto en la Unión Americana. Harrison entonces conectó a unos amigos, convenciéndolos para tocar en dicho macroconcierto en el inmueble neoyorquino mencionado. El ex beatle tardó cinco semanas en organizarlo.)

BANGLA DESH (FOTO 2)

La escena del documental pasa posteriormente a los exteriores del Madison Square Garden, con un reportero entrevistando a los seguidores que esperaban el inicio del concierto (en total fueron 40 mil los asistentes).

Éste comenzó con un recital de música india a cargo de Ravi Shankar y Ali Akbar Khan, introducido previamente por Harrison y con unas palabras del maestro hindú explicando la duración de la sección india. De forma adicional, Shankar pidió al público que no fumara durante la ceremonia.

Tras un interludio en el que se muestran imágenes de los músicos acudiendo al escenario, Harrison da comienzo el recital de música, rodeado de una banda extensa, incluyendo dos bateristas, Ringo Starr y Jim Keltner, Leon Russell en el piano, Billy Preston en el órgano, dos guitarras principales: Eric Clapton y Jesse Ed Davis, algunos miembros del grupo Badfinger en las guitarras rítmicas, una sección de instrumentos de viento, coristas y como invitados principales: Bob Dylan (quien tocó cinco piezas de su autoría) y Ravi Shankar.

Desde varios puntos de vista aquella presentación fue un éxito: en lo musical con momentos inolvidables, al igual que en el mediático-planetario y marcó, además, una fórmula a futuro (el Farm Aid, el Live 8 o el Live Earth, de la actualidad, son un derivado de aquello).

Y desde la perspectiva de la movilización, puso su grano de arena para concientizar sobre la lucha contra la pobreza y la desigualdad dentro del capitalismo salvaje.

Lo que quedó demostrado con él fue la capacidad del rock para unir esfuerzos por motivos sociales y humanitarios, el único género capaz de hacerlo.

En la cauda quedan aquellos esfuerzos que enseñaron al mundo lo que los individuos y su voluntad son capaces de hacer; lo que un puñado de músicos en plan generoso pueden realizar y finalmente la pública toma de conciencia sobre una realidad lamentable e inadmisible: el hambre.

Al rock le duele el mundo. Y con manifestaciones como este concierto busca el alivio con la reflexión y el acto.

 

VIDEO SUGERIDO: George Harrison – “Bangladesh”, YouTube (mac3079b)

BANGLA DESH (FOTO 3)

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“HIGHWAY TO HELL”

Por SERGIO MONSALVO C.

HIGHWAY TO HELL (FOTO 1)

 (AC/DC)

 Las canciones que muchos grupos crearon e interpretaron además de  proporcionarles grandes triunfos, resultaron piezas que (además de los registros en los primeros puestos de las listas de popularidad) se transformaron con el paso del tiempo en clásicos inmortales.

¿Y cómo lograron eso? ¿Cuál fue la clave para poder emocionar con una de ellas al escucha? Y, finalmente: ¿Cuál es la llave para hacerlo en diversas épocas y con diferentes generaciones? ¿Existe una fórmula para saberlo o es más una combinación de bagaje, talento y timing en cada nueva manifestación compositiva?

Eso le sucedió al grupo australiano AC/DC con el tema “Highway to Hell”, del álbum homónimo de 1979. La canción fue escrita por Bon Scott (cantante), Angus Young (guitarra líder) y Malcolm Young (guitarra de acompañamiento).

El tema y el nombre del mismo tiene dos versiones: una, proveniente del cantante, un bebedor empedernido, cuya taberna habitual se encontraba en Canning Highway al pie de una muy inclinada colina, en una intersección que vio tantos choques que la carretera empezó a ser conocida como “La Autopista al Infierno”.

La otra, y la más legitimada tanto por el periodismo musical como por las versiones que se han hecho de él, dice que el título se inspiró en la ocasión en que un reportero le preguntó a Angus si podía describir cómo era la vida on the road. A lo que él contestó que era “A fucking highway to hell” (literalmente “una jodida autopista al infierno”) y de ahí quedó el nombre.

La pieza se convirtió en una de las canciones más famosas en la historia del rock e incluso en un himno para sus seguidores del grupo. Ello se ha debido, y en mucho, al riff de la guitarra, ideado por Malcolm.

Hay unos acordes en la música que son declaraciones claras y sencillas por parte de la personalidad, del poder, de la sensibilidad finalmente, de un grupo o de un músico de forma única.

Son acordes luminosos e intensos que procuran la absoluta sensación de plenitud a quien las emite y en quien las escucha (al mismo tiempo); sensación que ocupa por entero la atención de quien se encuentra con ella.

Da la impresión, o la percepción sensorial, de que tal experiencia colma por completo y da sentido a la propia existencia de la canción. Al cúmulo de todo ello se le llama riff simplemente.

La del rock, como sabemos, es la historia de sus mitos. Y los de sus riffs tienen un especial apartado en su devenir a través de las épocas (su listado es tan grande como subjetivo, tan académico como personal). De alguno de ellos se podría escribir incluso toda una novela, por ejemplo.

Por otro lado, cada canción, además de contar la historia que la origina, termina contado la historia del que la oye además de con el oído, con el corazón. La canción es un artefacto cardiocéntrico, según los investigadores. La música es la expresión de una subjetividad que se opone a la sonoridad objetiva del mundo exterior, a la sonoridad en bruto, como en el caso del tema de AC/DC, el cual ha sido (y es) usado de distintas maneras.

Así como las personas no somos iguales, no toda la música ejerce el mismo efecto en cada uno de nosotros. Los científicos han determinado que las canciones con 130 pulsos por minuto tienen mayor efecto, pero hay otras cualidades de la canción que no se pueden medir numéricamente y que son tan importantes como el ritmo en lo que respecta a los efectos psicológicos y fisiológicos.

La melodía, la letra, el fondo emocional, son elementos intangibles que tienen mucho que ver con la cultura y la experiencia de cada oyente. Por ejemplo, el esquiador más prestigioso de Estados Unidos, Bode Miller, necesitaba escuchar “Highway to Hell”, del grupo AC/DC, antes de cada descenso. Y no le fue nada mal con este ritual, teniendo en cuenta que ganó varias medallas olímpicas.

HIGHWAY TO HELL (FOTO 2)

Asimismo, y en otro campo de acción, las canciones cuentan con la trascendencia atemporal de una dimensión y un valor que las ha hecho únicas e independientes de los ecos de una sociedad concreta en un momento concreto. En el siglo XIX, durante el romanticismo, los conjuntos corales llegaron a agrupar a más de ochocientos integrantes y en el XX adquirieron el fenómeno de la socialización, al considerarlos como medios de formación de los individuos. El uso del coro, ese conjunto de personas que interpretan una pieza de manera vocal y coordinada, sirve en el género para presentar el contexto de la canción, resumir las situaciones y para ayudar al público a seguir los sucesos de la misma, subrayando generalmente el tema principal de la obra (el estribillo). Mayormente ha sido usado con criterios de timbre y tesitura, para exaltar el carácter epopéyico y/o épico. Mayormente ha sido usado con criterios de timbre y tesitura, para exaltar el carácter epopéyico y/o épico.

Recurriendo a aquella herencia, los coros se han servido de los influjos del rock, como el pop, la new age y la música electrónica, y han llevado a tales conglomerados a sus distintas corrientes, como por ejemplo el grupo Gregorian, que interpretó bajo las anteriores consignas el tema “Highway to Hell”.

En un ambiente diametralmente opuesto, el del tiempo del ocio expansivo y sensual, la canción encontró un nicho para construir en él una forma con la que comunicar su idea. Así resultó un objeto que sumó el concepto gráfico, el interiorismo y, sobre todo, la aprehensión y selección de la música idónea para convencer de que hay un más allá en el misterio del ocaso.

Una DJ francesa pensó que la brutalidad de la canción de los australianos podría ser reinterpretada. De tal suerte pensó que la manera de rehacerla era a través de su  sencillez, pero ésta tenía que ser elegante, fashioned y cool. Que enmarcara el ambiente en el que se desenvolviera; que vistiera el instante en que su omnipresencia fuera tan etérea como protagónica; tan unívoca como multidimensional, tan poliédrica como las posibilidades que ofrece el anochecer en sitios cosmopolitas y epicentros culturales. Es decir, un coctel á-la-mode, sin dejar de ser reconocible en su esencia y sello de identidad.

En dicha tesitura la pieza también fue retomada por un icono contemporáneo, que habló de una época y una circunstancia sociopolítica determinada. Carla Bruni, ex Primera Dama de Francia, que al dejar de serlo volvió a presentarse en uno de sus antiguos oficios, el de cantautora (anteriormente había sido modelo), e incluyó la canción en su repertorio en vivo para darle un ligerísimo toque de “salvajismo” a su repertorio y mostrar su empatía con el texto, dadas sus experiencias en giras presidenciales y profesionales.

El riff, la melodía, el ritmo acelerado, (aunque los bajos trepidantes, los alardes en batería, ya no tuvieron importancia en su versión) y un mayor movimiento escénico, le inyectaron al tema su personalidad de Jet-set. Pero una de las características de una canción que hace dar el brinco y dejarse llevar por ella, la que pone la piel de gallina, es sin duda la letra y su melodía. Y esos ingredientes de la canción lo resisten todo. Incluso a un auditorio de asistentes del mismo pelaje, que en su vida han escuchado una nota de heavy metal o hablar de AC/DC, o de las peripecias de una gira sin límites.

Pero si se alinean los planetas y se tiene un riff poderoso, una gran melodía, buen ritmo y letra memorable, la canción será un dardo de adrenalina perfecto para cualquier momento. Eso ha sido “Highway to Hell” para intérpretes y escuchas durante 40 años, y sigue contando.

VIDEO SUGERIDO: AC/DC – Highway to Hell (Official Video), YouTube (AC/DC)

HIGHWAY TO HELL (FOTO 3)

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“BELA LUGOSI’S DEAD”

Por SERGIO MONSALVO C.

BELA LUGOSI'S DEAD (FOTO 1)

 (BAUHAUS)

 Ulises Clue hablaba todo el tiempo de viajar a Transilvania, de ir a San Francisco, de mudarse a Los Ángeles donde, según él, había auténticos criaderos de vampiros.

Había conseguido videos raros, era coleccionista de libros sobre el asunto. Incluso pagó una cantidad grande de dinero por unos supuestos mapas que le descubrirían catacumbas, antiguas construcciones, cementerios clandestinos, en los cuales se celebraban ritos y ceremonias que tenían como objetivo la exaltación de la morbidez.

Me mencionó incluso una dirección en especial que reunía a gente que buscaba saber el momento de su muerte por adelantado. Es decir, en aquella época el tipo tenía una real obsesión por el asunto.

Cierta vez, que nos encontramos en las oficinas de la revista donde trabajábamos, me pidió que le recomendara discos y artistas que tuvieran el tema vampírico y su contexto como principal interés, para cubrir la parte musical de su afición.

Incluso lo acompañé un fin de semana a la tienda que tenía un extenso catálogo de gothic-rock en Manchester, y adquirió una veintena de álbumes, entre ellos el del grupo iniciático de tal subgénero: Bauhaus, el cual interpretaba la pieza “Bela Lugosi’s Dead”.

Luego de ello nos metimos en un pub para que le platicara acerca de cada uno de aquellos grupos mientras nos tomábamos unas cervezas gigantescas. En medio de la charla le pregunté qué era para él un vampiro. Se soltó entonces con todo un cúmulo de citas, autores, ensayos y demás, que lo pusieron eufórico.

En una breve pausa que hizo en su dilatado discurso, lo cuestioné acerca de su romanticismo en ese sentido y sobre la unidimensionalidad de su visión acerca del fenómeno.

“¿Qué quieres decir?”, inquirió a su vez. Entonces le comenté que un vampiro no era sólo Nosferatu, Drácula o sus secuelas, o dicho de otro modo, había vampiros cuyo fin no era únicamente la sangre de sus víctimas, sino otros elementos, sustancias  e incluso entelequias.

Tras un intercambio de ideas al respecto, aceptó que era posible también considerar esas opciones, pero quería que se lo demostrara con algún ejemplo concreto. “De acuerdo –le dije–, pero lo haremos cuando regresemos a lo nuestro”.

BELA LUGOSI'S DEAD (FOTO 2)

Al mediodía del lunes siguiente se puso insistente al respecto. “Ok –casi le grité–, pero tenemos que esperar unas horas para que en cuanto la tarde caiga (o sea el Ocaso, en tu lenguaje) te pueda mostrar un ejemplar de ellos”.

Tiempo después salimos rumbo a un edificio en el que había vivido anteriormente y podíamos subir al tejado. Nos escondimos en un rincón que permitía la observación de un amplio panorama de las construcciones aledañas.

“Mira hacia allá –le susurré—. Los últimos rayos del sol le marcan el momento de alistarse. En ese cuartucho que ves nuestro personaje aguarda en la quietud el lento transcurrir de las horas. Se la pasa tirado ahí en su cama desde que regresa al amanecer.

“Con el primer movimiento que hace dentro de esas cuatro paredes espanta a las cucarachas por un instante. Luego, éstas continúan su labor por doquier y él se entretiene durante un rato interminable pisándolas y escuchando el sonoro crujir de sus caparazones.

“Los cadáveres de innumerables animalejos se suman a otras tantas capas de polvo y basura regada por ahí y por allá. Es una alfombra que se acolcha cada vez más cada vez que termina con los aplastamientos.

“Da entonces los primeros pasos hacia la tabla encima de unas cajas que le sirve de mesa. Deposita ahí la Coca-Cola y los pastelitos envueltos en plástico que trae en las bolsas del abrigo que antaño perteneció a otro velador. Se lo quita y avienta al camastro mientras busca un vaso (tampoco es un bárbaro que beba a pico de botella).

“Como no lo encuentra nunca, se dirige hacia una de las paredes, descarapelada y verdosa por la humedad, donde está un atascado y repleto fregadero y rebusca algún utensilio que le sirva. Regresa, toma los pastelitos y se vuelve a acostar.

“De la silla que tiene junto a él escoge alguna de las revistas del montón que yace ahí y se dispone a leer mientras cumple con el rito del lunch. Es una revista antigua, pero no importa, le da lo mismo en espera del sueño.

“Una vez que termina, arroja la envoltura al suelo y se tapa con el abrigo. Le sobresalen los zapatos, pero no se los quita para evitar que las cucarachas se les metan.

“Cierra los ojos pero no duerme. Prefiere repasar las peripecias que le deparará la noche. Sobre todo cuando subirá al segundo piso de la bodega que cuida (lo sé, porque lo he seguido aún sin estar armado de crucifijos, ajos o estacas) y descubrirá en la ventana del edificio de en frente a aquella pareja que suele retozar al amparo de la seguridad que le otorga la intimidad de su departamento.

“Afuera hay oscuridad y es de madrugada. Se alegra, pues no tendrá que recurrir a las fotografías de siempre para satisfacer sus ansias (no tiene cable ni acceso a los canales porno más populares, es pobre). No será necesario forzar la vista para adivinar las formas y los movimientos. Succionará la savia de tal escena y nutrirá de espejismos los huecos de su existencia, por una noche más.

“Finalmente, el atisbo de la primera luz del día lo sorprenderá de espaldas rumbo a su dormitorio…con acusadas ausencias de glamour y de literatura, mi estimado Ulises”

 

VIDEO SUGERIDO: Bauhaus – Bela Lugosi’s Dead Live (1980), YouTube (Oloferne8181)

BELA LUGOSI'S DEAD (FOTO 3)

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“HALLELUJAH!”

Por SERGIO MONSALVO C.

HALLELUJAH (FOTO 1)

HISTORIA DE UNA CANCIÓN

El leitmotiv de la película Love Actually, protagonizada por una pléyade de actores ingleses, es la carrera por el gusto popular del simplón remake de un tema de los años sesenta: “Love is All Around” que interpretaba el grupo The Troggs, a cargo de un viejo rockero ex junkie.

Efectivamente, a su alrededor y durante las fiestas decembrinas –a través del filme– se cuentan varias historias donde el amor florece en alguna de sus formas, mientras dicha versión musical pugna por alcanzar la cima de las preferencias públicas.

El tratamiento en clave humorística de tal concurso es, sin lugar a dudas, un socarrón comentario al respecto de esta situación que se vive ahí año con año.

Curiosamente, una de las costumbres recientes de la sociedad británica es que dentro de su territorio anualmente se genera una gran expectación por saber cuál será la canción triunfadora en las fiestas navideñas (como sucede en la película). Incluso entran en juego las casas de apuestas con grandes cantidades como anzuelo para la especulación.

Sin embargo, en el año 2008 no había dudas al respecto. Tenía ventaja Alexandra Burke, una concursante del programa The X Factor que había encandilado a buena parte del Reino Unido.

 (“Factor X es un programa de televisión internacional dedicado a la búsqueda de nuevas estrellas musicales que tengan el talento innato”, dice su propaganda. Es una emisión  producida en la Gran Bretaña por Fremantle Media, y creada y desarrollada por Simon Cowell”.)

Su cóver de “Hallelujah”, una canción de Leonard Cohen publicada 25 años antes, ocupó el puesto máximo de las listas de popularidad: en la fecha de su lanzamiento como single (un día después de ganar el concurso), el tema superó las 100 mil descargas legales en Internet y rompió además otros varios récords de ventas.

HALLELUJAH (FOTO 2)

Lo extraordinario de tal efeméride no son los datos antes mencionados, sino los siguientes: en el puesto número dos de tal lista apareció la misma canción, pero en la versión del malogrado cantautor estadounidense Jeff Buckley (de 1994), quizá la mejor realizada hasta el momento, según la crítica especializada y en opinión de respetados músicos (como Bob Dylan o Thom Yorke, entre muchos otros). Circunstancia inédita en medio siglo de historia de dicho registro.

La iniciativa para impulsar la candidatura de esta última interpretación partió de los propios melómanos informados que detestaban –y detestan— la hegemonía ideológica y homogeneizadora de los concursos televisivos, en cuanto a la directriz del gusto musical colectivo.

Empeñados en que la de Factor X (Burke) no llegara al número uno se conjuraron, en una revolución benévola y democrática a través de las redes sociales, para comprar la más venerada recreación de “Hallelujah”, la del estadounidense Jeff Buckley, quien la dejó grabada en su primer y único disco, Grace, tiempo antes de morir ahogado.

En segundo término y como efecto colateral, la campaña en contra desatada por el público británico, propició que el disco con el tema original de Cohen, Various Positions (de 1984), volviera a ponerse en circulación tanto en los medios de comunicación como en las tiendas de discos sorprendidos por el efecto producido por tal tema.

Finalmente, para Leonard Cohen, un autor cuya música no era habitual en las listas de éxitos ni en el gusto masivo, recibió un jugoso cheque por las regalías causadas por este fenómeno musical.

 Un hecho que lo congratuló con el mundo, luego de que saliera a la luz pública que su representante y persona de todas sus confianzas le había estado esquilmando sistemáticamente su cuenta bancaria y otros derechos de propiedad, hasta dejarlo en la inopia total ya septuagenario y luego de 40 años de trabajo.

Dos regalos de Navidad que obviamente lo pusieron a reflexionar, una vez más, sobre la mística del sentido de la vida, del amor, la soledad y los deseos.

VIDEO SUGERIDO: Leonard Cohen – Hallelujah, YouTube (LeonardCohenVEVO)

HALLELUJAH (FOTO 3)

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“PERSONAL JESUS”

Por SERGIO MONSALVO C.

PERSONAL JESUS (FOTO 1)

(VERSIÓN DE JOHNNY CASH)

Your Own/ Personal/ Jesus…

Yo duermo del lado derecho. Ella del izquierdo.

Esta vez me quedé con los audífonos puestos.

Escucho la voz que me habla desde el fin de la existencia.

De repente todo desaparece. Ya no oigo la música.

El silencio. Sólo el silencio y yo. Sólo yo en el silencio.

¿A dónde se fue la música, la voz cascada por la existencia?

La pregunta rebota en el eco de mi mente. En la oscuridad.

Desasosiego. Sé que tengo abiertos los ojos, pero no veo nada.

Comienzo a caminar con los brazos extendidos hacia el frente.

Las manos abiertas.

Siento la negrura rodeándome. Es espesa. Sorda. Muda.

Surge allá, lejos, la intención de un horizonte. Sí, hay algo.

Voy hacia ello con paso lento hasta que se denota por completo la forma.

Me encuentro en un túnel y ahí está la salida. Es un semicírculo perfecto.

Su resplandor es invernal, brumoso, un tanto sucio. Tengo que llegar a él.

Sin embargo, entre más rápido camino más se aleja. Acelero y se encoge.

Angustia. Quiero avanzar y no puedo. Parece como si estuviera en una banda continua.

Voy hacia atrás entre más intento ir hacia adelante. La salida se hace pequeña, pequeña. Desaparece.

Otra vez la oscuridad. Estoy cansado. Me detengo a respirar. Me ahogo.

Una risa burlona me corta la aspiración. Mantengo inmóvil mi cuerpo.

¿Oí algo? ¿De verdad escuché la risotada? La negrura permanece mustia, callada. ¿Lo imaginé?

La mano que se posa firme y fugazmente me responde. Otra risita socarrona.

¿Es un tipo? No lo sé con seguridad.

El fuerte latido de mis sienes no me deja atender con claridad.

Sé que tengo miedo. El mayor que haya sentido en mi vida. El peor de todos: el miedo a lo desconocido.

Ya no estoy solo, sino acompañado por eso que está jugando conmigo.

La mano se posa de nueva cuenta y yo lanzo el grito que nunca pensé poder emitir. Es el grito de un yo ignoto, primitivo. Ese grito me ensordece y por alguna causa me pone de vuelta en el túnel y vislumbro otra vez la salida.

Corro hacia ella, pero estoy consciente de que ese algo me puede ver a contraluz y decido pegarme a una de las paredes. Pero conforme intento acercarme ésta se aleja. Estoy otra vez en la oscuridad. Presiento que “eso” está detrás de mí. Volteo y el Miedo ya tiene forma. Es una especie de arlequín picassiano, extraído de una pintura, sin contornos redondos. Puras líneas que integran ¿un cuerpo? Con pequeños cuadrados. Es totalmente negro, acerino, como hecho de obsidianas. La cabeza es un gran rombo y en medio suyo el brillo rojizo de una mirada. Desaparece con otra risita chocante. Sólo un instante me dejó verlo. Para que lo grabara en mi memoria, en mis huesos. Intento recargarme en algo. No puedo sostenerme de pie. Cuando estiro los brazos atravieso una pared que no veo, pero intuyo. Estoy ahora en el fondo de un pozo profundo, pero por alguna causa hay cierta luz grisácea, enferma. Es un sitio redondo de dos metros de circunferencia. Volteo hacia arriba y no veo nada. El resplandor opaco puede salir de las piedras mismas. Intento escalarlas aunque sé que es inútil. Siento una gran tristeza. Estoy consciente de agitada respiración, de esa presencia, del hueco en mi estómago, de mi soledad. Por primera vez pienso en serio en la muerte.

Someone to hear you’re prayers/

Someone who cares…

Ella me platica después, al despertar, que estaba en una habitación cerrada. Se mira dormir plácida, tranquilamente. De repente, irrumpen sin abrir la puerta dos espantajos entre murmullos de malevolencia. La miran y se dirigen hacia la parte del cuarto en que guarda sus tesoros, lo que más quiere en la vida. Las apariciones le muestran lo que harán con ello. No puede moverse. Está paralizada y observando cómo dañarán sus querencias, su propia existencia. Llora. Pero en medio de su angustia se acuerda que alguien le dijo, o leyó, que algunas palabras sirven para estas cosas. Ella nunca las ha dicho ni se sabe ninguna. Sin embargo, de su boca empiezan a brotar una tras otra, las fundamentales. Con los ojos cerrados, con los puños apretados, deja salir las palabras de manera firme y clara, convencida de cada una de ellas. Al abrir los ojos los demonios han desaparecido. Cuando me lo cuenta está muy sorprendida. Salvó todo lo suyo con una letanía que no conocía. Yo no tengo nada que decirle, excepto que Johnny Cash murió anoche, mientras dormíamos.

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“HEAT OF THE MOMENT”

Por SERGIO MONSALVO C.

HEAT OF THE MOMENT (FOTO 1)

(ASIA)

Sucedió una mañana mientras me dirigía a Coney Island. Iba con la intención de pasar el día en la playa tomando el sol, leyendo un libro o la de pasearme por el boardwalk mientras me bebía unas cervezas. Sin embargo, no hice más que la última cosa.

En realidad estuve pensando en la escena que había vivido en aquel chirriante Metro neoyorquino sentado en una banca frente al mar, y luego escribiendo sobre lo que saqué al respecto de ella.

Por fortuna al subirme en aquella ocasión, me había tocado asiento. Lo celebré, pues el trayecto sería largo hasta la mencionada terminal. Así que estaba regodeándome en mi buena suerte, cuando las vi subir al carro: un par de adolescentes de unos trece o catorce años de edad. Una, a pesar de ser bonita no destacaba en lo más mínimo, pero la otra sí.

Era igual de bonita, pero además de eso tenía un aura especial, emanaba otra vibración literalmente. No podía apartar los ojos de ella. Pero no sólo yo, sino el resto de los hombres, jóvenes y adultos, que íbamos en esa parte del carro.

Era como un imán del que no podíamos despegarnos. Vestía chamarra y pantalones de mezclilla, una camiseta blanca sin lema o imagen alguna, y unos zapatos tenis blancos, gastados. Con ellos fue que la escena, ya de por sí inquietante, adquirió una dimensión extra.

El tipo que estaba sentado a mi lado se levantó y fue hacia ella. Al llegar a unos centímetros suyos se inclinó, puso las rodillas en el piso y comenzó a abrocharle la agujeta que estaba suelta de uno de dichos zapatos. Lo hizo pausada y esmeradamente, como si estuviera realizando un rito.

Ellas, estaban sorprendidas y mirándose entre sí, a punto de la carcajada. Los observadores, asintiendo y un tanto envidiosos. Él, al terminar su labor, se levantó, la miró con una sonrisa de agradecimiento y se bajó en la estación a la que habíamos llegado.

Ellas, riendo, comentaban lo sucedido. El resto de los pasajeros se quedó ensimismado, como yo, que me mantuve así hasta que llegamos a la última estación y a la playa, donde me puse a hacer lo mismo: pensar, para luego ponerme a escribir lo que había vivido, mientras en mi cabeza no dejaban de sonar las notas de “Heat of the Moment”, nunca mejor evocadas.

La fascinación que ejercen las adolescentes con sus frescos cuerpos femeninos es compleja, muchas veces placentera, otras tantas angustiosa, pero a todas luces innegable.

La sensación que se tiene mirándolas, deseándolas, soñándolas, imaginándolas, es la de vivir al borde del abismo, y esa sensación nos domina por completo, porque sin lugar a dudas lo que en el fondo de sus ojos entrevemos no es cierta distancia, sino de verdad el abismo.

La atracción que ejercen estos sugestivos seres es pues la del vértigo, la del abismo perturbador.  Como todas las fascinaciones hechiceras, consiste en que no podemos apartarnos de ellas y mucho menos la mirada, la posibilidad de un instante de vida deslumbrado.

En el vértigo la mirada no puede apartarse del abismo precisamente porque en él no hay nada, quizá un blando colchón de placer, probablemente el duro corazón del drama.

Pero, ¿cómo empieza todo eso; a amarse la pertenencia al enigma de un ser con quien sólo podemos tratar bajo la dudosa luz de las significaciones?

La imposibilidad de comprensión ante el embeleso se manifiesta de dos maneras: lo primero que se nos ocurre es aislar la circunstancia del minuto aquel en que fuimos atrapados por cualquier detalle. Así, intentamos una y otra vez saber con certeza cuál es el momento que hay que vivir. Pero los minutos lo lanzan a uno de aquí para allá sin que ninguno se revele como el de la significación primera.

Lo más lejos que se puede llegar es a comprender que todos los minutos son en cierto sentido el mismo. Que para todos los tocados por el viento de esa ala cada uno de aquellos minutos es el minuto del encanto, y que éste comenzó con el encuentro. 

La figura de la carne joven, jovencísima, a primera vista tienta siempre la imaginación.  Pero ¿no implica ello que en realidad anhelábamos ya a ese ser antes de conocerlo? (Proust, afirmó que sí).

La oscuridad envuelve el nacimiento mágico de la infatuación y por el de una de estas desenfadadas sílfides aún más.

“Hay que ser un tipo infinitamente melancólico –escribió Vladimir Nabokov–, con una burbuja de ardiente veneno en las entrañas y una llama de suprema voluptuosidad siempre encendida, para reconocer de inmediato la llegada del toque de dicha ala, por signos inefables –el diseño ligeramente felino de un pómulo, la delicadeza de un miembro aterciopelado y otros indicios que la desesperación y las lágrimas de ternura me prohíben enumerar–; para reconocer al pequeño demonio mortífero entre el común de las adolescentes; y allí está, no reconocida e inconsciente ella misma de su fantástico poder”.

Y se explaya el escritor: “Puesto que la idea de tiempo gravita con tan seductor influjo sobre todo ello, el que la mira no ha de sorprenderse al saber que debe existir una brecha de varios años –nunca menos de diez, diría yo, veinte o treinta por lo general, entre la mujercita y el hombre para que este último pueda caer bajo el hechizo de tal nínfula. Es una cuestión de ajuste focal, de cierta distancia que el ojo interior supera contrayéndose y de cierto contraste que la mente percibe con un jadeo de perverso deleite”. Hasta aquí Nabokov.

“Me he topado con la ráfaga, y yo con las alas marchitas”, dijo el escritor  Alberto Moravia alguna vez cuando habló de su fascinación por una adolescente romana que lo trajo por la calle de la amargura.

No obstante, la desventura del italiano ante lo aciago de un sentimiento incontrolable produjo para la literatura una obra inolvidable y llena de emotiva poesía: “¿Por qué he de sentirme desolado? ‑‑escribió tal autor a un amigo–. En el fondo ella nunca será mía; cuando mucho una ficción, siempre una niña dorada, como una foto de Lewis Carroll, pero igualmente habrá valido la pena vivir por el hecho de haberla conocido y anhelado, por la calidez que dejó en mí para siempre tal momento”.

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“ROCK AND ROLL NIGGER”

Por SERGIO MONSALVO C.

ROCK AND ROLL NIGGER (FOTO 1)

 (PATTI SMITH)

La irreductible confrontación, que se inició en la era de Elvis Presley y Alan Freed, entre los rocanroleros y la sociedad respetable (el stablishment), fue producto del encuentro cultural entre las versiones sobre el primitivismo de la población negra (afroamericana) que se esgrimían socialmente por entonces. Según ambas posturas la esencia de la negritud provenía de la selva libidinosa. En eso concordaban. Sin embargo, diferían en el criterio al enfrentarla y lo siguen haciendo.

El status quo la ha tratado de resistir (en combates ideológicos provocados por el conservadurismo derechista), mientras que el rock la asumió de todo corazón:

 Baby era un oveja negra

Baby era una puta

Baby creció y sigue creciendo

Baby consiguió algo y busca más

Baby era una negra del rock and roll

Soy una negra, negra, negra, del rock and roll.

 “Rock and Roll Nigger”, una composición de Patti Smith, es tanto una canción como una declaración de principios al mismo tiempo de parte de la autora. En donde equipara lo que el racismo detesta de la negritud con las fuerzas de la vida más preciadas por el género musical: “La tormenta que daña también engendra fertilidad”, afirma el tema.

Jimi Hendrix era un negro

Jesucristo y mi abuela también

Jackson Pollock era un negro

Negro, negro, negro…

Patti Smith
Patti Smith live on stage in New York City

Para el rockero, según la Smith, el negro representa el ideal de “la naturaleza irrefrenable  con su energía original”, misma que ensalzaba el poeta estadounidense por antonomasia: Walt Whitman. Antes de que la Iglesia llegara a modificarlas para su interés, las enseñanzas de Jesucristo surgían de esta energía primaria, aseguran las reflexiones del romanticismo.

La vida sana e impremeditada de los ancestros, de los abuelos, es alimentada por las fuerzas semejantes y fecundas y que produjeron el virtuosismo guitarrístico de alto voltaje de Jimi Hendrix. Eso es parte de la mitología ontológica rockera, la cual se conecta con la tradición poética del romanticismo.

La canción “Rock ‘n’ Roll Nigger” acierta al incluir a Jackson Pollock en el mismo párrafo. Por algo Patti Smith se erigió en La Primera Dama del rock neoyorquino y en la poeta insuperada del género hasta la fecha. Ella acudía a las fuentes de la cultura para arropar su talento.

Se nota que asistió al Museo de Arte Moderno y aprendió las lecciones que la pintura le dio. La obra de Jackson Pollock ocupó un destacado lugar en la exposición El Primitivismo en el arte del siglo XX montada por el museo.

Pollock era un devoto de los arquetipos primitivos, de las máscaras tribales y las pinturas rupestres. Había leído las obras influyentes sobre lo primitivo publicadas en diversos ensayos a través de las décadas, los cuales vinculaban la exploración de la mente subconsciente en la “excavación del pasado racial primordial”.

Tanto Pollock como Smith descubrieron y aprendieron sobre el primitivismo gracias a Pablo Picasso cuyo interés, permanente en las manifestaciones aborígenes, al parecer fue despertado por el arte negro que conoció en el Museo de Etnografía de París en 1907.

Picasso afirmaba que las máscaras tribales eran “armas para evitar que los espíritus gobiernen a las personas, para ayudarlas a liberarse”. A partir de esta meditación sobre África, Picasso comprendió de qué se trataba la pintura: se convirtió en dueño de un aplomo primitivo que emanó sexualidad; uno que poseyó la dignidad primaria de la selva.

Si la fusión efectuada por Patti Smith entre la energía original y las virtudes del “negro del rock and roll” sonó cruda en su canción, lo fue así, pero con una crudeza con paralelos sumamente respetables en el moderno arte romántico.

“Rock and Roll Nigger” es la versión que presentó la mejor música popular de los años setenta acerca de lo primitivo, nacida no de los artefactos y máscaras africanas, sino del mito acerca de los negros afincados en el Delta del río Mississippi, cuna del blues y del rock.

El romanticismo moderno considera la unión de la música popular negra con el romanticismo blanco como un acto natural y espontáneo: una nueva modalidad del sentimiento y su exteriorización.

En uno de los líbros más leídos en los Estados Unidos durante el siglo XIX, Los piratas de Penzance (obra de teatro original del dramaturgo británico Sir William Schwenck Gilbert, que se estrenó en 1879), uno de los protagonistas entra a la capilla de su finca para orar ante las tumbas de sus ancestros. Uno de sus amigos, que está junto a él, le dice: “Creo que olvidaste que esta finca la compraste hace apenas un año, éstos no son tus muertos”. A lo que el protagonista responde: “En esta capilla hay ancestros, eso no lo puedes negar. Yo, junto con la finca adquirí la capilla y su contenido. No sé de quién hayan sido estos ancestros, pero sí sé de quién son ahora”.

El protagonista se convirtió en el “descendiente por adquisición”. Exactamente la misma relación que existe entre el romanticismo rockero y la música negra.

El rock and roll tuvo por fuerza que iniciarse en la Unión Americana, de manera específica en el Sur de ella, no sólo porque esa negritud estaba ahí con su música, sino porque existía la cepa del romanticismo blanco, la cual hubo de entrar en reacción con la música negra para producir el rock. Patti Smith lo sintetizó de manera ejemplar en su poema-canción, contenido en el disco Easter.

VIDEO SUGERIDO: Patti Smith – Rock ‘N’ Roll Nigger (with Babelogue intro), YouTube (Steelyman08)

ROCK AND ROLL NIGGER (FOTO 3)

 

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HISTORIA DE UNA CANCIÓN

Por SERGIO MONSALVO C.

AMERICAN PIE (FOTO 2)

 “AMERICAN PIE”

 (DON MCLEAN)

Existe un tipo de canto surgido en los años treinta que proviene de los negros afroamericanos: el folk blues. Esta forma fue retomada y trabajada a la postre por los cantautores blancos de la época. Se presentaba por lo general acompañado de guitarra o banjo (y a veces con grupo), y el ejecutante soltaba frases mordaces, incisivas o de reflexión.

Desde sus inicios, el folk blues se convirtió en un medio de protesta o denuncia contra situaciones sociopolíticas que afectaban a la mayoría de la población.

En el caso de los Estados Unidos, la psicosis creada en los jóvenes sesenteros por la guerra de Vietnam (con el hecho no tan simple de morir a temprana edad) fue un gran motivo para la proliferación de tal canto, con diversos resultados.

Woodie Guthrie, el primer gran representante del género entre los blancos, dijo que “era necesario un hombre atribulado para interpretar canciones atribuladas”. Así, esta música popular se desparramó por aquella nación y, en casos como el de Don McLean, por todo el mundo.

McLean (quien nació el 2 de octubre de 1945, en el estado de Nueva York) es el autor de la canción “American Pie”, un folk blues elegíaco sobre los años sesenta con tintes epopéyicos y baladísticos, que enmarca una historia un tanto críptica de ocho minutos y 27 segundos de duración.

Es una canción llena de referencias tanto personales como generacionales. Una de ellas es con respecto a Buddy Holly, uno de los héroes y víctimas del primer rock and roll, quien murió el 3 de febrero de 1959 en un avionazo junto a Ritchie Valens y Big Bopper. De ahí el estribillo que proporciona el leit motiv al tema: “The day the music died…” (El día que murió la música).

McLean ha declarado que Holly fue la única persona a la que idolatró de niño: “A la mayoría de mis amigos les gustaba Elvis Presley. Pero a mí me interesaba más Holly porque sentía que los temas de sus canciones hablaban de lo que en realidad me pasaba a mí”.

Efectivamente, la música que hacía Buddy Holly simbolizó algo más profundo que otros cantantes del momento. Su canción “That’ll Be the Day” (Ese será el día) ponía énfasis en las emociones ambivalentes y desconcertantes de un joven preocupado por su existencia.

Asimismo, el grupo de Holly, los Crickets, patentó un sonido limpio, sólido y pleno de armonías inéditas. De esta manera se erigió en prototipo dinámico de un concepto instrumental y vocal que a la larga sería utilizado y llevado a su clímax por los Beatles, por ejemplo.

NAMES MCLEAN

“Holly se convirtió en una metáfora perfecta de la música e historia de mi juventud”, comentó McLean para referirse a su propia canción “American Pie”, en la que también aparecen menciones a Bob Dylan, a los Rolling Stones y a los Beatles.

Originalmente “American Pie” resultaba demasiado larga para caber en un solo lado de un disco sencillo, así que se dividió en dos partes para lanzarse como disco de 45 rpm. Por otra parte era un tema muy fuerte como para abreviar sus ocho minutos y pico de duración, y las estaciones de radio no tuvieron más remedio que trasmitirlo en su versión completa.

De esta forma entró a las listas de popularidad con el número 69 el 27 de noviembre de 1971. Siete semanas más tarde (el 15 de enero de 1972) alcanzó el número uno en los Estados Unidos (donde permaneció por cuatro semanas) y el segundo lugar en Inglaterra.

El álbum debut de McLean, Tapestry, fue rechazado por 34 sellos discográficos antes de que Mediarts lo editara al fin en 1970. Cuando United Artists Records compró Mediarts, Don McLean se convirtió en su artista nuevo de mayor éxito con el álbum American Pie, y dentro del medio artístico en el creador de una obra maestra.

La cantante Roberta Flack se inspiró en dicha canción para componer a su vez la pieza “Killing Me Softly with Your Song”, y más recientemente Madonna se apuntó otro hit al realizar un cover de “American Pie”. Sin embargo, no le hizo justicia al original y su resultado estético es desastroso, ya que en aras de la comercialización retomó el tema de manera edulcorada y con una edición que lo descontextualizó por completo.

VIDEO SUGERIDO: Don McLean – American Pie, YouTube (OLD TAPES)

Music File Photos - The 1970s - by Chris Walter

 

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“PERFECT DAY”

Por SERGIO MONSALVO C.

PERFECT DAY (FOTO 1)

 LOS SERES CREPUSCULARES

En los Países Bajos, durante el periodo invernal, existen los llamados “Donkere Dagen”. Son esos días donde la luz matutina aparece muy tarde (nueve o diez de la mañana) y se oculta temprano (tres o cuatro de la tarde). En un fin de semana de tales días se me ocurrió ir a comprar el New York Times a una hora inusual: 7:00 A.M. (regularmente lo hago después del mediodía para disfrutar de la lectura de sus maravillosos suplementos durante el lunch).

Fui caminando (dejé la bicicleta estacionada, hacía bastante frío). La librería dónde venden los periódicos foráneos no queda lejos de mi casa. Recorrí el trayecto al margen del Schinkel, uno de los canales más transitados de la ciudad pero que a esa hora estaba casi desierto. Allá en el horizonte se vislumbraba apenas una levísima raya rosada de luz.

Sólo pasó un largo navío de nombre “Zonsopgang” (Salida del sol) bogando muy lentamente. Y, como sucede con la mente, una cosa me llevó a la otra y recordé que para los griegos todo el protagonismo era para el amanecer y sus múltiples metáforas: la aurora, el alba, el despertar. El crepúsculo no existió para ellos como tema poético.

Eso pasó hasta mucho después en Roma, en plena decadencia del Imperio. El poeta Virgilio, sus discípulos y seguidores comenzaron a celebrar el ocaso, el crepúsculo, el fin del día, sus criaturas. Entonces el mundo conoció otra de sus divisiones: escritores del amanecer y escritores del crepúsculo. Estos últimos iniciaron la construcción de los sentimientos ligados a la puesta del sol y a sus oscuridades siguientes.

Así han emergido las visiones de dichos instantes a través de sus plumas, a lo largo de los siglos. ¿Y ellos, los crepusculares, los anochecidos, cómo han definido un día perfecto, por ejemplo? Yo conozco a uno que en la época contemporánea lo hizo, con una obra también perfecta: Lou Reed.

Lou era un letrista de narraciones concisas, que contenían en su seno metáforas tan herméticas como sublimes. Se había erigido en el autor más decadente y mítico desde los años sesenta. Quizá en el más grande de los poetas nihilistas del rock a corazón abierto. Era, además, un cronista de la marginalidad y de la neurosis urbana, temas hasta entonces inéditos en el género.

Con “Perfect Day” Lou Reed volvió a darle otra vuelta de tuerca al concepto de la canción en el rock, con la recreación de su mundo de marginales de la ciudad. Una obra maestra que se extiende como un fresco.

Así nació está pieza, que sirve también para presentar al personal que acompaña a Reed (voz, guitarra rítmica y teclados) a lo largo del mítico álbum al que el tema pertenece (Transformer): Mick Ronson (Guitarra líder, piano, coros y arreglos de cuerda, que incluyen violines y cello), John Halsey (batería), Herbie Flowers (bajo eléctrico, contrabajo y tuba). El juego textual se complementa con el de la rítmica. Humor flâneur arropado con agudeza.

“Perfect Day”, es la cereza del pastel. Ronson fue el arquitecto sonoro que compuso los acordes e hizo los arreglos de piano y cuerdas del tema. Toda aquella epifanía la conformó la cabeza de ese genio musical que era el guitarrista de los Spiders From Mars, y que fue grabada por el ingeniero Ken Scott, en los Estudios Trident.

La aterciopelada voz de Lou, que acompaña su propio texto sobrecogedor, le proporciona el toque de sofisticación y decadencia que (al parecer) narra una tópica historia de amor que concluye con un ácido comentario: “Cosecharás lo que has sembrado”. El tema admite varias lecturas, entre las cuales unas sostienen que, en este tema, el autor se refiere en todo momento a su relación con alguna adicción. Que cada escucha escoja su versión.

Simplemente un día perfecto

Bebemos sangría en el parque

y luego más tarde

cuando oscurezca

nos iremos a casa

 

Simplemente un día perfecto

Damos de comer a los animales del zoológico

más tarde veremos una película también

y luego a casa

 

Oh, un día perfecto

me alegra haberlo pasado contigo

Oh, un magnífico día perfecto

Tú haces que lo soporte

Tú haces que lo soporte

 

Simplemente un día perfecto

Olvidando todos los problemas

portándonos como seres domingueros

vaya diversión

 

Simplemente un día perfecto

hiciste que me olvidara de mí mismo

Y pensé que podría ser otra persona

alguien bueno

 

Oh vaya día perfecto

me alegra haberlo pasado contigo

Oh vaya día perfecto

Tú haces que lo soporte

Tú haces que lo soporte

 

Sólo recogerás lo que siembres

Sólo recogerás lo que siembres

Yo prefiero quedarme con la de un anhelo profundo de autoconocimiento, más que con la de los clichés autodestructivos. Con las sugerencias que  aluden a la felicidad o infelicidad subyacente y dolida de la melancolía, a menudo sentida cuando todavía un acontecimiento está siendo vivido. Con la impronta de contar ahí mismo un “día perfecto” en tal sentido. En el de las emociones a flor de piel, con todos los matices puestos en ellas.

Compré el periódico y en lugar de regresar a mi casa caminé en busca de un lugar dónde tomarme un café y, antes de ponerme a hojear las páginas, extendí la mirada hacia aquel horizonte que preludiaba el día, pensando que Lou Reed había muerto y que siempre extrañaría su poesía crepuscular poblaba de humanidad.

VIDEO SUGERIDO: Lou Reed – Perfect Day – Later…with Jools Holland (2003) – BBC Two, YouTube (BBC)

PERFECT DAY (FOTO 2)

 

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