PRIMERA Y REVERSA: CARMINA BURANA

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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(RAY MANZAREK)

Qué mejor conexión entre siete siglos de diferencia que la contracultura. Por un lado la de la Edad Media y, por otro, la de los muy frescos años ochenta del rock del siglo XX. Emergido de este último fue el músico Ray Manzarek.

Raymond Daniel Manczarek, mejor conocido como Ray Manzarek (12 de febrero de 1939 – 20 de mayo de 2013) fue un músico, cantante, productor, director de cine, escritor y cofundador de los Doors junto a Jim Morrison, Robbie Krieger y John Densmore.

Con sus teclados y orquestaciones le proporcionó a Morrison las atmósferas necesarias y pertinentes para sus poemas. De esta manera dicho grupo se convirtió en un referente indiscutible en la historia del rock.

Artista inquieto, tras la muerte de Morrison, Manzarek mostró el bagage del que era poseedor. Suya fue la versatilidad musical mostrada con el grupo angelino (entre cuyos temas incluyó cosas de Kurt Weil y Bertolt Brecht , del tango, de la música eslava, del blues, de Albinoni, del jazz de Coltrane, de Chopin).

CARMINA (FOTO 2)

Pero, igualmente durante su carrera como solista (iniciada en 1974, con discos como The Golden Scarab, The Whole Thing Started With Rock and Roll It’s Out of Control o Love Her Madly) y en colaboración con poetas (Michael McClure) y otros músicos (el grupo Nite City, Darryl Read, Bal, Roy Rogers, Michael C. Ford, Bruce Hanifan y hasta con Al Yancovic) el tecladista manifestó las influencias del funk, del new age, de la spoken word, de Eric Satie, de Manuel de Falla, entre otros.

Entre esos otros estuvieron también los Goliardos, a través de la obra de Carl Orff, de la cual tomó la puesta para hacer su propia versión de Carmina Burana (una propuesta muy interesante de 1983).

La armó poniendo énfasis en los sintetizadores, los coros, la percusión y la guitarra, con la colaboración de Philip Glass, Michael Reisman y un puñado de músicos y coros selectos para el caso.

La portada del álbum fue un destacado ejemplo del diseño llevado hasta el arte, con una ilustración de Hieronymus Bosch, trabajada por Lynn Robb y Larry Williams.

Los viejos goliardos fueron electrificados para bien, y enchufados a una nueva época y generación, con disidencias semejantes.

VIDEO SUGERIDO: Carmina Burana – Ray Manzarek – The Wheel of Fortune (O Fortuna), YouTube (Fenris307)

CARMINA (FOTO 3)

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THE LONG BLACK VEIL

Por SERGIO MONSALVO C.

THE LONG BLACK VEIL (FOTO 1)

 (THE CHIEFTAINS)

 “Cuerdas y flautas en la tierra y en el aire/ hacen dulce música;/ cuerdas y flautas cerca del río/ donde los sauces se acogen./ Hay música a lo largo del río/ pues por ahí vaga el Amor,/ pálidas flores en su manto, oscuras hojas en su cabello./ Todo suavemente tañendo,/ con la cabeza inclinada hacia la música, y dedos extraviados/ sobre un instrumento”.

Tierra y música irlandesa, crónicas e historias de heroísmos y desastres. Tierra de celtas, de santos y locos, de guerras y poetas, leyendas y simbolismos, de tiempo y lenguaje. Mitos pintorescos e imágenes como cuerpo del mundo.

De Irlanda, sus creencias, arte y filosofías son fundamentalmente mágicas. La observación sensorial ha dejado su huella en los creadores de esos lares con su azote, esfuerzo, sudor y sacudida.

Irlanda, tierra romántica, sabe que la locura de sus días descansa en sus poetas. De Ossian a Yeats, de Joyce a Friday y de Van Morrison a The Chieftains. En la poesía musical de este grupo se sabe que el corazón ha sufrido.

Se sabe que el espíritu ha tomado al filósofo por amigo y un poema siempre ha sido creado, hecho de sentimiento y razón; una obra de arte duradera y profética.

James Joyce lo dijo: “Ahora, en esta parda tierra/ donde Amor creó tan dulce música/ vagaremos los dos, tu mano en mi mano…”

El grupo The Chieftains ha desempeñado un papel preponderante en alejar la imagen del folk irlandés de la vulgaridad bronca asociada con los Dubliners.  Con gran virtuosismo instrumental mezclan arreglos formales de melodías tradicionales con improvisaciones basadas en las mismas.

El grupo derivó de la orquesta Coeltiori Cualann encabezada por el compositor y folklorista dublinés Sean O’Riada. La agrupación original incluía a Paddy Moloney (flautas uilleanas y silbato de hojalata), Sean Potts (silbato de hojalata), Martin Fay (violín) y Michael Tubridy (flauta).

Adoptaron el nombre Chieftains para su primer disco, que grabaron en 1963 bajo el sello Claddagh de Garech Browne.  Incluía el slip jig “Comb Your Hair and Curl It”, tonada que adquirió un destacado lugar en el repertorio de los Dubliners como “The Rocky Road to Dublin”.

Hubo una pausa de seis años antes del disco Chieftains II, en el que hacen su aparición Peadar Mercier –en el bodhran (percusiones)– y Sean Keane, un violinista de antecedentes clásicos.

La participación en el Festival Folk de Cambridge de 1970 les valió un reconocimiento más amplio, pero hizo falta la colaboración con el ex mánager de Steeleye Span, Jo Lustig, en 1973 para empezar a darse a conocer a nivel internacional.

THE LONG BLACK VEIL (FOTO 2)

El álbum Chieftains IV (1973) incluyó la majestuosa “Morgan Magan”, compuesta por O’Carolan, un arpista ciego del siglo XVIII, e interpretada por el arpista clásico Derek Bell, quien al año siguiente abandonó la Orquesta Sinfónica de la BBC en Belfast para unirse al grupo.

“Women of Ireland”, composición de O’Riada, entró al soundtrack de Barry Lyndon (1975) de Stanley Kubrick; el grupo ganó un Oscar por esta canción.  Su mánager les consiguió un contrato con Island para la grabación de Chieftains V (1975), que reconocía las raíces celtas comunes al incluir a varias tonadas bretonas.

La demanda por los Chieftains ya era global y el conjunto andaba de gira por Norteamérica, Japón, Australia y Europa. Alternaron con Grateful Dead y Eric Clapton en estadios y Molony particpó en sesiones con Paul McCartney y Art Garfunkel.

Asimismo, el grupo proporcionó música tradicional para varias películas. En 1979 la agrupación tocó ante lo que supuestamente fue el público en vivo más grande de toda la historia de aquellos lares: las 1.3 millones de personas reunidas en el parque Phoenix de Dublín.

Después de cambiar de compañía disquera (a Columbia) en 1978, los álbumes de los Chieftains aparecieron en intervalos regulares y su música mostró cierta disposición a abrazar otras tradiciones nacionales.

La ocasión más llamativa fue en 1985, cuando el grupo fue acompañado por una orquesta china durante una visita a este país. La presentación fue editada como Live in China (Claddagh, 1985).

En 1988 el grupo se presentó regularmente en conciertos con Van Morrison y fue contratado por la RCA Victor, misma donde lanzaron A Chieftains Celebration para conmemorar su aniversario número 25.

Después, en 1995, con la adición de Kevin Conneff (en el bohran), continuaron celebrándose y sacan a la luz The Long Black Veil (BMG/RCA) en el que varios artistas británicos los acompañan.  Hubo rockeros británicos de la talla de Sting, Mick Jagger, Mark Knopfler, Marianne Faithfull, los Rolling Stones y Van Morrison, entre otros.

En la poesía musical de este grupo, vertida en este álbum antológico, se sabe que el espíritu ha tomado al filósofo por amigo y un poema siempre ha sido creado, hecho de sentimiento y razón; una obra de arte duradera y profética.

El listado es apetitoso: “Mo Ghile Mear” (con Sting), “The Long Black Veil” (con Mick Jagger), “The Fuggy Dew” (con Sinead O’Connor), “Have I Told You Lately That I Love You” (un tema clásico con la misma voz de Van Morrison), “The Lily of the West” (con Mark Knopfler), “Love is Teasin’” (con Marianne Faithful), “The Rocky Road To Dublin” (con los Rolling Stones), por mencionar algunos.

Con este disco, que alcanzó cuotas millonarias de venta y conocimiento en todo el planeta, su quehacer artístico los confirmó como los más importantes exponentes de la música tradicional irlandesa hasta ese momento.

The Chieftains son poetas que se valen del drama, de la elegía, de las intuiciones y sentimientos, de mitos antiguos e inventos nuevos que revelan al mundo las sensaciones internas de un país en el que el fuego nunca se consume.

VIDEO SUGERIDO: ‘Long Black Veil’ – The Chieftains featuring Mick Jagger, YouTube (Stair na hEireann)

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JAZZ EN BÉLGICA

Por SERGIO MONSALVO C.

JAZZ EN BÉLGICA (FOTO 1)

 LA GRAN ANTOLOGÍA

Pensar que Europa pudiera algún día mostrar raíces en el jazz constituía hasta hace relativamente muy poco tiempo una auténtica fantasía. Sin embargo, las cosas han sido puestas en su lugar conforme el paso de las décadas, y para corroborarlo están todos los exponentes que ha tenido el jazz hecho en Bélgica a través de su historia y propio desarrollo.

Por ejemplo, están los nombres de Django Reinhardt —el fantástico guitarrista, banjoísta y violinista nacido en 1910 y muerto en 1953, que descolló con su genio y dejó patente la habilidad de su estilo, su poderoso vibrato, su tempo prodigioso y el solismo que tantos imitadores le acarrearon, haciendo a veces con una sola cuerda verdaderos encajes musicales.

O el de Toots Thielemans —para este intérprete de la armónica nacido en 1922, el jazz fue un lienzo en que plasmar el arte musical; prácticamente introdujo el instrumento como parte del género y le impuso su cromatismo, y desde su surgimiento a mediados de los cincuenta, hasta su muerte en el 2016, se puede decir que no tuvo competencia, como un real virtuoso que tocaba la armónica con la destreza de un saxofonista—.

Estos son sólo algunos de los nombres producto de la evolución jazzística belga, entre muchos otros.

Los músicos de dicho país europeo se instalan dentro de todas las tendencias que ha habido en el jazz del último siglo, desde el estilo de Nueva Orleáns hasta el muy contemporáneo y electrónico que se escucha en los clubes de dance y antros techno donde dictan ley los DJs y los remixes.

JAZZ EN BÉLGICA (FOTO 2)

El suyo es un jazz que causa admiración por igual en el Viejo Continente, Asia o la mismísima Unión Americana. Un jazz que ha apostado por las transformaciones echando mano de todo el intercambio cultural que se da por aquellos lares gracias a su estratégica ubicación en medio del continente.

El jazz belga ofrece una alternativa al que se hace en los Estados Unidos. De cualquier manera hay muchos buenos músicos que continúan desarrollando y trabajando los sonidos difundidos originalmente en diversas épocas por la tierra del Tío Sam.

No cabe duda que la tradición musical estadounidense es aún muy importante en este país, sobre todo la de los años sesenta y setenta. Sin embargo, estos músicos se han encontrado con una forma artística muy europea, la que toma en cuenta al mundo clásico, al folclor local y al pop, incluyendo la determinante influencia gitana.

Así surge la mezcla del jazz con este universo que tiene como su fundamento la música contemporánea. Son instrumentistas de excepción con un tempo y una técnica sobresalientes, pero también la forma en que usan sus talentos hace que sólo sea música lo que fluya, sólo música.

Para ejemplificar todo esto un par de investigadores de aquel país, Jempi Samyn y Sim Simons, presentaron una pequeña y equilibrada enciclopedia sonora del jazz belga, contenida en una caja de diez discos compactos extraordinarios, acompañados de un booklet de 320 páginas, bajo el título de The Finest in Belgian Jazz (Dewerf Records).

Los compactos constituyen un auténtico compendio de la escena jazzística de aquella nación y presentan a sus héroes que ya han tenido éxito internacional.

Además de los ya mencionados, aparecen músicos como Philip Catherine y Bertjonis y Nathalie Loriers, al igual que otros menos conocidos pero de calidades excepcionales: Erik Vermeullen, Kris Defoort, Ben Sluijs o Aka Moon. Por su parte, The Brussels Jazz Orchestra hace una demostración de sus  capacidades para la big band. En total es una caja fuera de los estándares comunes.

VIDEO SUGERIDO: NOVEMBER –PHILIP CATHERINE (Marc Moulin XL), YouTube (VrtRadio1)

JAZZ EN BÉLGICA (FOTO 3)

 

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THE LION FOR REAL

Por SERGIO MONSALVO C.

THE LION FOR REAL (FOTO 1)

 (ALLEN GINSBERG)

Este poeta, también fotógrafo y crudo maestro supradimensional, fue por igual el tipo que grabó música con Bob Dylan, Clash y The Fugs, y que continuó impresionando, junto con sus amigos William Burroughs (fallecido el mismo año que él), Jack Kerouac, Gregory Corso, Timothy Leary y Lawrence Ferlinghetti, a varias camadas de escritores, poetas, músicos clásicos, rocanroleros y experimentadores como Patti Smith, Richard Hell, Laurie Anderson, Tom Waits, Johnny Thunders, Gavin Friday, Kurt Cobain, entre muchos otros.

A fines de 1990, para celebrar su cumpleaños número 60, grabó un disco con lecturas de sus poemas que lleva el nombre de The Lion for Real. En él se hizo acompañar con un fondo de jazz desestructurado que interpretaron los músicos de Tom Waits: Marc Ribot y Michael Blair y los jazzistas Bill Frisell y Steve Swallow, pero ésta no fue su primera aventura recitativa apoyada por una creación musical concebida ex profeso para la ocasión.

En su primera incursión al acetato, denominada William Blake’s Songs of Innocence and Experience Tuned by Allen Ginsberg, la lectura fue acompañada por Elvin Jones y Don Cherry.

En total, fueron once discos de colección los que grabó durante su vida; entre ellos la buscadísima y agotada joya con el nombre de First Blues, un álbum doble que apareció bajo el auspicio de la compañía de John Hammond y que constituye el clímax de una prolongada colaboración con Bob Dylan.

De éste, Ginsberg dijo que fue el primero en soñar con meter la poesía en el rock and roll. “En los setenta me enseñó a tocar los tres acordes del blues. Yo no conocía casi nada de esta música, aunque el bluesman Leadbelly me impresionó mucho en mi juventud. Una vez que regresé de la India, le escuché a Dylan piezas como ‘Hard Rain’ y ‘Masters of War’, y tuve en verdad la sensación de hallarme frente a esa institución poética eterna y profética de la que habló alguna vez Kerouac.

“Por otra parte, Dylan me confesó que Kerouac tuvo una enorme influencia en él, sobre todo con Mexico City Blues, poema con el cual por primera vez tuvo la sensación de que se trataba de poesía escrita en su idioma.

“Es evidente que una frase como ‘the motorcycle black madonna two-wheeled gypsy queen and her silver-studded phantom’ constituye una deflagración de imágenes al estilo Kerouac –dijo Gingsberg–. No es de sorprender que me sepa a Dylan de memoria. Todo mundo se sabe un poco de Dylan de memoria. En eso radica su grandeza.”

En los noventa, Allen Ginsberg, el mismo hombre de aquella encrucijada en la vida intelectual y artística de los Estados Unidos en los sesenta y setenta, continuó “aullando” con el ya mencionado The Lion for Real, que contiene 16 textos producidos por Hal Willner. Son 16 los poemas seleccionados, escritos a lo largo de 40 años y acompañados por excelentes músicos.

Y también lo hizo con Howl, U.S.A. en 1996, junto al siempre propositivo cuarteto de cuerdas Kronos Quartet, en donde puso al día el famoso poema de 1956, su sonido y sus imágenes.

Allen Ginsberg fue el apóstol de la Generación Beat. Encarnación viva de los valores de tales congéneres y del humor priápico que giraba sobre esta especie de profesor alegre y didáctico que murió al cumplir los 71 años, pero aún continúa su viaje por todos lados en espíritu, llevando consigo kilos de manifiestos: contra la censura, contra la guerra, a favor de la universidad budista donde dio clases (en Colorado), de la contracultura, de la poesía contemporánea, los cuales distribuyó a diestra y siniestra.

En 1997 con la muerte de Ginsberg se selló también una amistad de 34 años con Bob Dylan. Cuando le pidieron a éste un comentario al respecto, dijo lo siguiente: “En la vida sólo he conocido a dos personas sagradas para mí. Una de ellas fue Allen Ginsberg, mi amigo, mi hermano mayor”.

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SAN PATRICIO

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (RY COODER & THE CHIEFTAINS)

 SOBRE HÉROES Y TUMBAS

 Ry Cooder con la experiencia que le ha dado su andar, su temple con las cuerdas, sabe que debajo de la realidad visible y de la historia de cualquier geografía existe una segunda realidad y otro tiempo, el de la intrahistoria, donde es posible reivindicar la actualidad de símbolos y mitos que integran la raíz de los hombres contemporáneos.

Su amistad con Paddy Moloney (integrante, fundador y líder de los Chieftains) le vino a reafirmar lo sabido. Cuando se enteró de las andanzas del llamado Batallón de San Patricio (una arrumbada leyenda en los pasados anales mexicanos, irlandeses y estadounidenses), se puso junto con Moloney y el resto de los Chieftains a reunir información y algunos temas relacionados con ello, además de una paleta del “exotismo” musical mexicano, tras conocer los entresijos de tan controvertido hecho histórico.

Una muestra más de las aventuras conceptuales de este músico y del prestigiado grupo irlandés, en las cuales todos escancian sus raíces en el entramado del crossover musical.

A mediados del siglo XIX, el gobierno estadounidense amparado por la oligarquía y el dogma del “derecho manifiesto” (con sus pretensiones expansionistas), además de sus conocimientos sobre los ricos yacimientos petrolíferos del territorio de Texas decidió declararle la guerra a México, invadirlo y arrebatarle la tenencia de dicho estado en disputa, agregando la de Nuevo México, Arizona y California de pasada.

El resultado de tal conflagración modificó la geografía, economía y la vida de ambos países. En todo ello colaboró la mediocridad de la política mexicana, la torpeza de su ejército y la dirigencia por entonces del presidente Antonio López de Santa Anna, epítome, espejo y paradigma de la clase de personajes que desde entonces legislan y gobiernan al país.

En medio de aquel conflicto bélico, un hecho tangencial como la creación, protagonismo y posterior destrucción del Batallón de San Patricio, integrado por emigrantes europeos con un alto porcentaje de irlandeses, se convirtió para Cooder y Moloney en motivo de investigación, lecturas y proyecto conjunto.

Al conocer la anécdota y el dramatismo de las andanzas de tal batallón ambos se engancharon con el tema, entre otras cosas porque en los tres países involucrados se contaban versiones distintas al respecto.

En Irlanda era un asunto intrascendente y menor, recordado sólo por una estatua del soldado John Ryley (quien dirigió tal batallón) en su pueblo natal. Por eso Moloney ni estaba enterado. En Estados Unidos (dicha contienda se llamó Mexican War) y en México (Guerra de Intervención) la retórica de los gobiernos ha tergiversado las acciones y contado lo que conviene para exaltar los nacionalismos y maquillar u ocultar realidades.

El Batallón de San Patricio fue en su origen una milicia integrada por emigrantes pobres europeos que llegaron a América huyendo de la hambruna que azotaba al continente y que tampoco en su nuevo destino encontraron forma de ganarse la vida.

Se alistaron en el ejército estadounidense como mercenarios, por tres meses de paga por adelantado y por la promesa de tierras si salían vivos de la contienda. Los mandos del ejército les encomendaban los peores trabajos y además les propinaban malos tratos.

Con el resto de las tropas, los irlandeses de tal escuadrón tenían enfrentamientos por cuestiones religiosas (protestantes vs. católicos), así que en un momento dado desertaron de él 175 elementos (entre dichos irlandeses, italianos, españoles, alemanes y escoceses) y se pasaron a las filas del mexicano (que los atrajo con la promesa de mejor salario, tierras y hasta nacionalidad).

SAN PATRICIO (FOTO 2)

Participaron en varias batallas como artilleros e infantería con suerte ambivalente, entre convivencia con la gente (mujeres, sobre todo) y traiciones del propio Santa Anna. Al final perdieron (junto con los mexicanos), fueron juzgados sumariamente, marcados con hierro candente por traidores y desertores, algunos condenados a trabajos forzados y otros muchos ahorcados.

Al final, también, catorce mil hombres del ejército estadounidense tomaron la capital mexicana, desfilaron por el centro de la ciudad e izaron la bandera de las barras y las estrellas en pleno Zócalo el 14 de septiembre de 1847. Y no se fueron hasta que se firmó el tratado que redujo la república mexicana a la mitad de su territorio.

Cooder y Maloney aprendieron durante el desarrollo de su proyecto, al que titularon San Patricio, muchas cosas que no se dicen en la educación pública ni en los libros de ninguno de ambos países y descubrieron lo que la realidad cambió desde entonces: que mucha gente amaneciera de un día para otro siendo de otro país, sin derechos y sin propiedades; que el flujo constante de mexicanos hacia la Unión Americana es como un regreso a su propio terruño, y que desde entonces se han levantado toda clase de barreras, muros y prohibiciones para que esa gente lo haga, con todas las dolorosas consecuencias que eso conlleva.

Para el proyecto San Patricio, Cooder y Moloney convocaron a mucha gente del folklor variopinto: Chavela Vargas, Linda Ronstadt, Lila Downs, La Negra Graciana, Los Folkloristas, Los Camperos del Valle, Los Tigres del Norte, el gaitero español Carlos Nuñez o el actor Liam Neeson (quien recita un texto llamado “Cruzando el río Grande” del novelista Brendan Graham), entre otros.

El resultado musical es también ambivalente, como la actuación del batallón. Cooder sólo cantó en un tema para el proyecto: “The Sands of Mexico”. Su funciones primordiales fueron las de la conceptualización (a la par de Moloney y sin buscar el aleccionamiento histórico), de enlace artístico y como instrumentista incidental y coproductor. El accionar de los Chieftains es casi anecdótico.

VIDEO SUGERIDO: Sinead O’Connor, Ry Cooder, Carlos Nuñez & The Chieftains: The Foggy Dew., YouTube (Gabriele Cini)

SAN PATRICIO (FOTO 3)

 

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DISCONNECTED IN NEW YORK

Por SERGIO MONSALVO C.

DISCONNECTED (FOTO 1)

 (LOS LOBOS)

¿De dónde viene esa fuerza que tienen Los Lobos, esa vitalidad salvaje, ese apetito insaciable por desarrollar la obra una vez más? Su enfoque poco convencional –sobre todo en lo que a ritmo se refiere– encontró en el álbum  Kiko (1992) la culminación en la búsqueda de una personalidad musical, con una obra maestra (reconocida por investigadores, historiadores y críticos) y la plataforma para nuevas evoluciones.

DISCONNECTED (FOTO 2)

Tal disco, del que festejaron su vigésimo aniversario con la grabación en vivo Disconnected in New York (grabado originalmente en el 2006 en el club House of Blues, de San Diego, y publicada en el 2012 para celebrar la efeméride), contiene momentos sorprendentes en los que la aguja del compás busca el Norte o cualquier señal de reconocimiento.

Al escuchar canciones como “Angels with Dirty Faces” y “Reva’s House”, entre otras, uno se queda con la sensación de no haberle descubierto todo, aún después de varias escuchas.

Su tratamiento musical de tipo experimental permite desarrollar líneas melódicas familiares –blues, country– por medio de títulos como “Two James”, “Wicked Rain” y, finalmente, otros espacios, como en la mayoría de las piezas de la segunda parte del álbum, en el que intervienen como invitados especiales Alex Acuña, en las percusiones; La Chilapeña Brass Band; Fermín Herrera en el arpa jarocha y el propio productor Mitchell Froom con su House of Keyboards.

Con el progreso el disco la trama de las canciones cierra el círculo planteado y retorna al origen (con “Whiskey Trail”, un rock que echa humo), pero con una visión diferente. Con esas 16 composiciones que integran su Opus Magna, Los Lobos sentenciaron que su música era para todos. Siempre y cuando todos fueran ampliando los horizontes al mismo tiempo que ellos.

VIDEO SUGERIDO: Los Lobos: Kiko Live – “Whiskey Trail”, YouTube (ShoutFactoryMusic)

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BEAUTIFUL YESTERDAY

Por SERGIO MONSALVO C.

BEAUTIFUL YESTERDAY (FOTO 1)

 (DAYNA KURTZ)

La carrera discográfica de Dayna Kurtz, originaria de New Jersey, dio comienzo a mediados de los años noventa con un álbum en vivo llamado Otherwise Luscious Life, producto de diversas grabaciones en cassette, en el que ya aparecían alguna de las canciones claves de su repertorio, como «Fred Astaire» o «Postcards from Downtown», que daría título a su primer disco en estudio,

Las comparaciones comenzaron a aflorar: canta jazz como Billie Holliday, su falsete recuerda a su querido Jeff Buckley, a ratos podría ser el primer Tom Waits.

En realidad, y a diferencia de otras cantantes con las que fue relacionada en un primer momento, el espíritu de Dayna la hacía desviarse de los caminos habituales y hacer que una canción que daba comienzo en un lugar determinado te terminase llevando a otro muy distinto. Probaba la savia de todos los géneros sin quedarse en ninguno.

Luego hubo una larga temporada en que todos sus caminos fueron los de Europa, no sólo por esa querencia tan propia de los vanguardistas hacia el Viejo Continente, donde giró con el trío avant-garde Tarántula. Su garganta de contralto probablemente sonaba fuera de lugar entre las paredes de los clubes de su New Jersey natal. Por eso se fue a conocer el mundo y a buscar su lugar en él. Entonces fue que apareció su segundo disco, Beautiful Yesterday (2004), de versiones de sus soundtracks queridos y de su admirado Leonard Cohen.

A la postre, Dayna comenzó a cambiar de rumbo con Another Black Feather (2006), un disco que parecía devolverle la preocupación por su país, debido tanto a los atentados del 11-S como a la catástrofe de Nueva Orleáns.

A la postre, tras unos años de relax y de observación, salió American Standard, un disco de inequívoco título, en el que se encuentra, por fin, en tierra de William Faulkner y Flannery O’ Connor, con paisajes bañados por la mortal luna llena. Ya no hay emigraciones a otros continentes, ni postales de Europa, sino escapadas a las tierras más contradictorias de la Unión Americana.

Dayna Kurtz nunca ha puesto las cosas fáciles a quienes han intentado encuadrarla en una escena o género, y en sus poderosos discos tampoco. Tras su vuelta a la Unión Americana la cantautora ha reforzado su lado de profundidad en las raíces de la música estadounidense. En sus últimos álbumes se ha enfocado hacia el blues-rock, el country sureño y el rockabilly vintage.

BEAUTIFUL YESTERDY (FOTO 2)

 

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FORMICA BLUES

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (MONO)

Todo sucedió hace poco más de 20 años. Un poco de contexto: Portishead apareció, debutó con Dummy, lanzó una nueva corriente junto con Tricky llamada trip hop y poco a poco fue argumentándose entre bastidores. Hasta que llegó septiembre de 1997 y se firmó el certificado genérico.

Ese mismo mes en que se presentó su segundo álbum, los escuchas supieron que traía cosas bajo el brazo. Del grupo mismo se sabía poco, pero la multitud de seguidores y clones que brotaban por doquier se hizo escuchar claramente. Portishead había descubierto un nicho en el mercado que resultó demasiado grande para que llenarlo solo.

En los años desde la aparición de Dummy salieron con regularidad los álbumes de conjuntos que no sólo copiaron, en muchos casos, el formato característico –una mujer cantante acompañada por algún músico o una agrupación de múltiples talentos– sino que de manera por demás evidente flirteaban también con el sonido de los de Bristol.

Cada disquera quería contar con su propio clon y lo consiguieron. Se llamaron Moloko, Lamb, Hoover, Ruby, Morcheeba, Sneaker y Pimps. La serie no tiene fin desde entonces, sigue alargándose, como lo prueban Mulu, Crustation y otras decenas de agrupaciones.

Dicho fenómeno desde luego señala una sola cosa: el modelo inaugurado por aquellos británicos estuvo acertado. Quien es objeto de copias o, mejor aún, de parodias, sabe que ha encontrado la llave del éxito. El trip hop es un sonido, lleno de atmósferas y ambientes, que con el tiempo ha producido canciones.

Esa es precisamente la cualidad que distinguió a Mono del resto de los grupos mencionados. Porque Mono hizo eso precisamente: canciones. Una buena selección de ellas en el disco hoy clásico Formica Blues, editado hace dos décadas.

Desde luego me gusta la palabra “formica” en el título del álbum del grupo. Otorga a este disco una conveniente serie de referencias prefabricadas: una especie de artificialidad industrial, una lustrosa uniformidad suburbana que promete un falso individualismo.

Característica esta última que lo hace tan vigente como entonces (estuvo disponible en 12 colores de diseñador), con su kitsch de cocina integral sesentera, un retromodernismo referencial y discretamente irónico. Mono fue todo eso y más.

FORMICA FOTO 2

 

 

Incluso el nombre del grupo resultó ambiguamente pre-estéreo, además de sugerir la consabida enfermedad trasmitida por los besos. El conjunto fue otra de esas agrupaciones inglesas con la fórmula mencionada del productor más cantante mujer, que recordaba incluso a Everything But the Girl, además del señero Portishead.

Mono estuvo integrado por el compositor y productor Martin Virgo y la cantante Siobhan De Maré, quienes consiguieron con este dueto inglés formado en 1996 un coctel muy disfrutable en el que lo techno, aunado a un hip hop suave y un drum ‘n’ bass amable, dio como resultado un imago retro-beat plagado de evocaciones a décadas como la de los sesenta y al cine de Claude Lelouch.

VIDEO SUGERIDO: Mono – Slimcea Girl, YouTube (OhNoItIsNathan 3)

Según su propia explicación, Virgo insistió en que la obra Formica Blues surgió simplemente de los discos más escuchados de su colección, mezclando el pasado y el futuro contenidos dentro de unos claros parámetros pop: “El álbum es tan sólo la forma en que los estilos se han encontrado”, comentó en su momento el compositor, que de esta manera preludiaba el futuro de lo hipermoderno.

También se percibieron en el disco indicios de Petula Clark y Dusty Springfield, Burt Bacharach y Dionne Warwick. Mientras que el tema “Disney Town” extrajo algo de casi todos estos elementos para construir su lamento sobre el infierno de los fraccionamientos (los suburbios).

La pieza “High Life”, por su parte, procedía directamente del pop sesentero más estereotipado, otros tracks, en cambio, se apoyan en nítidas programaciones de estilo jungle, gracias a las cuales el álbum se ubicó sólidamente en ese momento de la historia de la música.

La canción abridora y mejor momento del álbum, “Life in Mono”, sirvió como una especie de tema-guía a todo el estilo de vida enarbolado por el grupo (nada qué ver por cierto con la del grupo de post-rock japonés, instrumental y  homónimo formado en 1999).

La entrecortada interpretación vocal ofrecía una leve insinuación del acento de Claudine Longet (la cantante parisina que se volvió famosa actriz del cine británico en los sesenta con The Party), un señalamiento oportuno de los modismos y sus tonos.

Por otro lado, mientras que un sobrio motivo en el clavicémbalo recordaba los hits ligeros de los sesenta, el texto cinematográfico hizo patente su solidaridad con el trip hop. Pieza etérea y contagiosa, que a la postre fue vendida a Hollywood como tema del soundtrack para la película Grandes esperanzas,  una nueva adaptación, para el público finisecular, de la novela decimonónica de Charles Dickens.

VIDEO SUGERIDO: Mono – Life in Mono (live in 1998), YouTube (RobbiesVideoArchives)

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COLE PORTER

Por SERGIO MONSALVO C.

COLE PORTER (FOTO 1)

 MÚSICA CONTRA EL VIRUS

 La vida del compositor estadounidense Cole Porter ha sido materia literaria y fílmica. De hecho sólo una cosa es más extraordinaria que su vida: su obra. Por ello Porter se ha convertido a lo largo de los años (desde la década de los treinta) en uno de los compositores más importantes de la música popular del siglo XX.

Este autor fue construyendo sobre los escenarios de Broadway y los estudios de Hollywood una materia musical donde la sofisticación se combinó con el cinismo más elegante; donde las pasiones del amor se fundieron con las burbujas de la vida ligera y alegre con olor de gardenias y trajes esmoquin.

Porter retrató en sus mil canciones el amor desde su estadio más inocente hasta sus profundidades más dolorosas. Como señaló su discípulo, el letrista Alan Jay Lerner: “Cole ha sido el único en describir la pasión, nadie le ha igualado; otros han escrito piezas tiernas, románticas, melancólicas, pero nadie ha cantado a la pasión como él”.

El “toque Porter” hizo de él uno de los creadores más sensibles e ingeniosos de su generación y acabó por transformar la escritura musical. Con él se dio el nacimiento de la canción moderna y su mayoría de edad. Tal como testimonia William McBride en su biografía sobre el compositor: “Cole Porter creó todo un mundo de una manera que ninguna canción de su época había logrado. Era un reino entre guerras de intransigente elegancia y despreocupación indiferente. Y era muy sexi que te invitaran a aquel lugar”.

Tras medio siglo después de su muerte (1964), sus canciones no han dejado de sonar, y hasta se podría dar la vuelta al mundo con todos los intérpretes que las han cantado y los músicos que han buceado en ellas adaptándolas a los más diversos géneros.

Del gran Songbook americano, (que cuenta con los nombres de Richard Rodgers y Lorenz Hart, Irving Berlin, George Gershwin o Johnny Mercer), Porter sigue siendo el más homenajeado. Sus canciones sirvieron de bandera, por ejemplo, para el primer gran proyecto musical en la lucha contra el sida, Red hot + blue (1990), que reunió a la crema y nata del rock y pop internacionales.

El proyecto de ese álbum doble, tributo al compositor estadounidense, tuvo el propósito de recabar fondos para la investigación mundial del SIDA y atender a los afectados por esta deficiencia inmunitaria.

Cole Porter (nacido en 1891 y fallecido a los 73 años) escribió más de veinte obras musicales para ser representadas en Broadway. La mayoría de ellas ‑‑excepción hecha con Kiss Me Kate— era poco más que temas unidos por tramas un tanto endebles.

El fuerte de Porter radicaba más bien en las canciones individuales, perturbadoras y glamurosas con ritmos frágiles y animados, la mayoría de las veces con textos de doble sentido que las volvían controversiales y siempre dispuestas a escandalizar a la recatada audiencia burguesa.

VIDEO SUGERIDO: You Do Something To Me, YouTube (chubbynapinay)

Pese a que Porter vivió largos periodos de su vida en Europa (París principalmente) y aportó una gran sofisticación a la música, nunca dejó de utilizar el slang y el lenguaje cotidiano en sus letras. De esta manera se convirtió en un clásico de la cultura popular estadounidense.

John Carlin, abogado neoyorquino que trabaja para el bufete encargado de administrar el legado musical de Cole Porter, tuvo la idea de rendirle un homenaje al importante creador de aquellos  musicals en el aniversario de los cien años de su nacimiento y, al mismo tiempo, brindar apoyo a las instituciones mundiales que investigan las causas del SIDA y asisten a los enfermos de dicho mal.

Hacía años el SIDA era el mayor tema de actualidad; sin embargo, la preocupación se había ido disolviendo y urgía un nuevo recordatorio a los medios y a la conciencia general.  De tal manera surgió el proyecto de realizar un álbum antológico que rindiera frutos tanto de difusión como económicos (hasta la fecha ya suman quince discos).

COLE PORTER (FOTO 2)

En Red, hot and Blue se conjuntan veinte piezas clásicas del fallecido compositor, interpretadas por otros tantos artistas. Neneh Cherry se encargó de abrir el repertorio con “I’ve Got You Under My Skin”, un rap que entró de inmediato como sencillo en las listas de popularidad.

Ella cambió un poco el texto a fin de adaptarlo a la época: “Espero que Cole Porter me lo haya perdonado, pero con esta música quería dirigirme a los muchachos menores de 16 años, los cuales debían y deben enterarse de lo que es el SIDA y de la necesidad de los condones para preservar su vida”, declaró.

A Cherry le siguen los Neville Brothers con “In the Still of the Night”, luego Sinéad O’Connor con una conmovedora versión de “You Do Something to Me” y la excentricidad funky doudou de Salif Keita con “Begin the Begin”; The Fine Young Cannibals le puso lo pop a “Love for Sale”; y el dúo de Debbie Harry e Iggy Pop, la dureza a “Well Did You Evah!”

De ahí en adelante hay versiones destacadísimas por su originalidad, como las de The Pogues, David Byrne, Tom Waits, Annie Lennox, U2, Les Negresses Vertes y K.D. Lang. El resto de los invitados estuvo constituido por The Thompson Twins, Erasure, The Jungle Brothers, Lisa Stanfield, Jimmy Somerville, Jody Watley y Aztec Camera.

Lo sorprendente de este álbum es que mantiene un primer nivel musical a lo largo del mismo y se escucha como núcleo artístico pese a la variedad establecida.  Ello se debe a que todas las composiciones son del mismo autor y al trabajo de Steve Lillywhite, el productor ejecutivo, quien consiguió trazar una línea clara de sonido.

Especial importancia tuvo que además de auténticas joyas el álbum también contuviera temas comerciales con los cuales alcanzar al público joven. A fin de cuentas, Red, Hot and Blue empezó sobre todo con la ambición de proporcionar a tal público la información suficiente acerca de cómo protegerse de la epidemia mortal.

El proyecto fue apoyado igualmente por modistos de renombre como Jean-Paul Gaultier, Keith Haring, Bárbara Kruger y Rifat Ozbek, entre otros, los cuales diseñaron el material gráfico para las camisetas promocionales; así como por los cineastas Wim Wenders, Jim Jarmush y Percy Adlon, quienes realizaron algunos de los videos.

Las ganancias totales financiarían las investigaciones de ayuda para combatir el SIDA, sobre todo en los países en vías de desarrollo. A través de eventos culturales como el mencionado se ha mantenido hasta la fecha el objetivo urgente de hacer entender al público que no sólo los científicos y los enfermos tienen la necesidad de informarse sobre los pormenores del mal; que cada uno esté consciente de su responsabilidad para terminar con él.

Aquel primer álbum señaló el músculo vigoroso de las composiciones que 60 años atrás había creado el compositor y su rabiosa modernidad a prueba de modas y gustos. Cole Porter siguió y sigue seduciendo con su magia a las nuevas generaciones como lo hizo con las anteriores.

VIDEO SUGERIDO: Neneh Cherry – I’ve Got You Under My Skin (HQ Original Video), YouTube (zoppo9999’s cannel)

COLE PORTER (FOTO 3)

 

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