MEXICO CITY BLUES: ORIZABA 210

Por SERGIO MONSALVO C.

MEXICO CITY BLUES (ORIZABA 210)

JACK KEROUAC

 (FRAGMENTO)*

Jack Kerouac llegó por primera vez a la Ciudad de México a fines de mayo de 1952, con el objetivo de encontrar motivación para escribir un nuevo libro. Arribó a la casa donde vivía de tiempo antes William Burroughs, en el número 210 de la calle de Orizaba, en la colonia Roma —una zona urbana europeizada en su arquitectura (art noveau, neo-colonial y funcionalista) que en aquella década era un revoltillo populoso cuya vida se enriquecía con los intercambios entre inmigrantes libaneses, judíos, gitanos y de las propias clase media y provincia mexicanas.

Antaño Burroughs había sido su mentor y Jack aún lo consideraba como tal, por su espíritu clarividente y una cosmovisión definida por el hecho supremo de la muerte. Aquél, desde sus distintos lugares de residencia, siempre ejerció como Sumo Augur. Enfundado en ello manifestaba su rebeldía contra un sistema opresivo que presagiaba el auge del totalitarismo. Sus visiones hablaban de estallidos de violencia urbana, de la fractura del establishment y de la juventud como punta de lanza en la instauración de cambios sociales.

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A todo ello lo nutría con el experimento yonqui, con la anarquía interzonas y con la alienación del individuo atrapado por las constataciones de la finitud a las que él no quiso rendirse jamás. Las bases de su lucha estaban en el ansia de transformación y en el fluir de una conciencia epicúrea, retrofuturista, discordante y tóxica.

Este Burroughs le dio entonces la bienvenida al que tomaba como un talentoso escritor y elemento pertinente de esas huestes trasgresoras. Jack se instaló y comenzó a disfrutar de las arengas agrias e ingeniosas de su anfitrión mientras fumaba mota y mecanografiaba el texto de Visions of Cody. A la postre se lo envió a Allen Ginsberg, su “agente” literario por ese entonces. Drogado y tranquilo conversaba con su anfitrión y gurú y se acostaba con prostitutas…

 

*Fragmento del libro Mexico City Blues: Orizaba 210, publicado por la Editorial Doble A.

 

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Mexico City Blues: Orizaba 210

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A,

Colección “Textos”

The Netherlands, 2007

 

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

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(1981)

En 1981 hubo un intento de golpe de Estado en España.

Ronald Reagan resultó herido de gravedad en un atentado.

Anuar El Sadat murió asesinado por soldados que desfilaban frente a él.

El general Moshé Dayán murió de enfermedad.

Se estrenaron las películas Indiana Jones en busca del arca perdida, El hombre elefante y Toro salvaje.

En 1981 surgió una corriente musical de vanguardia, a la cual se le conoció como de los New romantics. Uno de ellos fue el grupo Spandau Ballet, que ofrecía un funk a la europea, con abundancia de extrañas melodías y una marcada inclinación por los sintetizadores. Su evidente madurez era reflejo de muchas horas de ensayo y actuaciones en pequeños clubes londinenses.

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Otro grupo importante de los New romantics era Duran Duran, que había iniciado su camino en 1980.

Antes de grabar su primer disco, el grupo actuó en numerosas ocasiones como telonero de Blondie, pero la aparición del álbum los situó en la cima de la popularidad. Al igual que Spandau Ballet, Duran Duran ofrecía una imagen notable, moderna, pero orientada hacia lo comercial, asimilable y provista de cuidados arreglos instrumentales.

Al margen de la moda de los New romantics, el año de 1981 trajo también el inicio del techno pop, con la aparición de grupos como The Human League, Depeche Mode, Simple Minds y Soft Cell. Este último estaba integrado por David Bell y Marc Almond. Su tema “Tainted Love”, una versión de la pieza de Gloria Jones, sentó las bases del nuevo pop electrónico.

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Kim Carnes, una oscura intérprete estadunidense cuyo mayor logro había sido componer algún tema para Frank Sinatra, fue rescatada en 1981 gracias a la difusión del tema “Bettie Davis’ Eyes”. La canción no era nueva, ya que seis años antes había sido grabada por Jackie de Shannon, sin que nadie le prestara atención a sus cualidades. Con Carnes se convirtió en un éxito instantáneo.

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El trío de los Stray Cats revitalizó la afición por el rockabilly en la Gran Bretaña y luego en el mundo entero. Brian Setzer, Lee Rocker y Slim Jim Phantom surgieron como la reencarnación de un espíritu musical auténtico.

Su primer LP fue una obra vitalista que traspasó las limitaciones del propio género para llegar a un sector más amplio del público. La oferta de los Stray Cats consistía en música de los cincuenta para audiencias de los ochenta, respetando el sonido antiguo, pero con nueva propuesta.

VIDEO SUGERIDO: Stray Cats – Rock this town LIVE, YouTube (Mr Sloth)

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BABEL XXI-485

Por SERGIO MONSALVO C.

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 BAJO EL VOLCÁN

(LIBROS CANÓNICOS 24)

 

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

http://www.babelxxi.com/?p=7600

 

 

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MIS ROCKEROS MUERTOS (2020)

Por SERGIO MONSALVO C.

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(ABRIL-JUNIO)

La pandemia que ha azotado al mundo durante el 2020 remite al tema de la fragilidad de nuestro cuerpo. Hemos vivido en todos estos días, semanas y meses, en un pronunciado riesgo de muerte, y a pesar de ello aún se continúa  desperdiciando buena parte de la existencia en futilidades. Pero, ¿cuál es la causa de ello, la de desaprovechar el tiempo y/o a malgastarlo?

El ser humano sigue teniendo esa vana idea de vivir como si lo fuera a hacer siempre y no dispusiera ni de un instante, ni del espacio, para reflexionar sobre la mortalidad, una realidad que en estos días ha aflorado cada vez con más potencia y nitidez. Un poeta como Rilke sí lo hizo en su momento, y se planteó tanto la pregunta como la respuesta: “¿A qué viene la gente al mundo? Yo diría que viene a morir”.

Y ello le tocó a otro puñado de músicos, que en orden de desaparición comenzó con Hal Willner (7 de abril). Willner, un talentoso y poliédrico productor, nacido en Filadelfia en 1956, que supo hacer del sonido una paleta de pintor. Y con ella pintó la evocación y el tributo, el testimonio y la legitimación. Y lo hizo a través de diversos medios y géneros musicales: la grabación de estudio, la cinematografía, la televisión y los eventos en vivo. La lista de su trabajo es amplísima y variada. La cultura del rock le debe varios de sus tesoros más preciados:  ​la interacción con William Burroughs, Lou Reed, Marianne Faithful, Lucinda Williams, Laurie Anderson, Allen Ginsberg, Todd Rundgren, entre ellos.

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Así se pudo leer: “Con la desaparición de Christophe –el 16 de abril– la canción francesa pierde una parte de su alma, pero el azul agridulce de sus canciones es indeleble”. Con este mensaje en su cuenta de Twitter, el ministro de Cultura francés, Franck Riester, despidió a uno de los ídolos musicales de su país. Christophe nació en Juvisy-sur-Orge en 1945 y Daniel Bevilacqua fue su verdadero nombre.

“Como cantante Christophe estuvo por debajo en índice de popularidad de compatriotas como Johnny Hallyday, Sylvie Vartan o Serge Gainsbourg. Sin embargo, únicamente por su canción Aline, este personaje ya tiene su página relevante dentro de la canción popular europea. Publicada en 1965, Aline vendió un millón de ejemplares y fue número uno en Francia y Bélgica”. En el resto del mundo sirvió para aprender francés en las clases del idioma.

lorian Schneider (flautas, sintetizadores, violín eléctrico), por su parte, murió el 30 de abril. Él, junto con Ralf Hütter (órgano eléctrico, sintetizadores), creó Kraftwerk en 1969 en Düsseldorf. En aquel tiempo tal zona industrial por excelencia de Alemania se ubicaba lejos de los centros de influencia de la psicodelia o del country rock, por lo que el grupo no tardó en ponerse a experimentar con las primeras cajas de ritmos, así como con los primeros sintetizadores.

En este grupo, los instrumentos se mezclaron con un entramado electrónico denso y áspero hasta transformarse por completo, en temas largos que formaron texturas y ambientes ideales. El grupo ha propuesto desde su fundación una proyección a futuro, sin religiosidad y sin noción de viaje galáctico. Sólo una correcta utilización de la moderna tecnología. Su música es rítmica, directa, mecánica y repetitiva, con elementos de collage al modo expresionista. Adiós Florian y que reencarnes en robot.

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Tony Allen, nacido en Nigeria en 1940, fue piedra fundamental en el ritmo del afrobeat, casi más un pálpito que un mero compás, “Esa música era inconcebible sin él”, dijo Fela Kuti el fundador de ese movimiento que revolucionó la música africana en los años setenta y la redimensionó para siempre. Este baterista, murió en París a los 79 años, el 30 de abril.

Fue uno de los músicos más virtuosos y admirados no sólo en el continente africano, sino entre jóvenes rockeros de toda estirpe. Formó parte de The Good, The Bad and The Queen junto a Damon Albarn (Blur), Paul Simonon (Clash) y Simon Tong (ex del grupo The Verve). El grupo capturó el zeitgeist de una Inglaterra aún ensombrecida por la guerra de Irak y a punto de sumergirse en la recesión económica, Folk inglés contemporáneo, lo definieron. Allen fue parte importante de ello.

A todos ellos: Gracias.

VIDEO SUGERIDO: Gorillaz – Tranz (Official Video), YouTube (Gorillaz)

 

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RADIOHEAD / 7

Por SERGIO MONSALVO C.

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 KID A(LONE)

Thom Yorke hizo declaraciones positivas sobre el nuevo trabajo. Sin embargo, del dicho al hecho hay mucho trecho. Las grabaciones de Kid A resultaron muy difíciles en 1999 y llevaron al grupo al borde del abismo.

Yorke expresó dudas en público en cuanto a la sobrevivencia del mismo, mientras el lanzamiento del nuevo álbum se retrasó una y otra vez. Cuando a finales del año 2000 Kid A por fin vio la luz, las reacciones fueron encontradas.

El álbum experimental, casi sin guitarras y producido en gran parte con la técnica de “corte” y “pegado” (ProTools), le vale al grupo tanto alabanzas (“obra maestra atrevida y brillante”) como críticas (“churro tecnológico intrincado”).

La nueva obra de Radiohead contiene juegos electrónicos que tienen poco qué ver con lo que presentaron en OK Computer. ¿Por qué el grupo decidió cambiar de rumbo de manera tan abrupta?

“No hubo un momento definido en el que hayamos decidido hacer algo distinto —ha indicado Jonny Greenwood—. En algún momento, al trabajar en cada disco quedas en el punto exacto entre el anterior y el siguiente. Eliminas algunos de los elementos que no te gustaron del álbum previo y buscas otra cosa.

“En OK Computer pasaron demasiadas cosas. Era como si no hubiéramos tenido la suficiente confianza en nosotros mismos para simplemente decir: ‘Esta canción ya quedó’. Algunas se perdían debajo de un exceso de material. No obstante, en las grabaciones para Kid A aprendimos a poner fin a una canción en el momento justo”.

¿Les daban ya lo mismo las reacciones que pudiera producir el nuevo CD? No, sin lugar a dudas. Radiohead desempeñó un papel que le hacía falta a la industria de la música. “La escena se encuentra en una situación muy difícil –señaló Greenwood–. Hay que fijarse en lo que ha pasado en los premios al video musical de MTV. Son terribles. Todos los videos se ven iguales y todos los grupos trabajan con los mismos productores y directores de videos, que comparten a su vez los mismos valores de entretenimiento y formato.

“Pero el problema con el formato es que de vez en cuando éste requiere de una inyección de rejuvenecimiento. Sólo puede ser bueno si su contenido lo es. Y si éste se vuelve estándar la gente ya no lo ve. Por eso es bueno que los músicos inventemos algo por completo diferente de vez en cuando”.

Ninguno de los integrantes consideró cercano el peligro de que los músicos de Radiohead cayeran en la trampa de la venalidad (de Kid A no hubo sencillos ni videos), tal como les había sucedido a algunos de sus colegas. Más bien el grupo apoyó acciones como la iniciativa “Jubilee 2000” de Bono, en la que Thom Yorke apoyó el propósito de condonar las deudas a los países del Tercer Mundo.

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“Después de OK Computer por primera vez sentimos que estábamos haciendo algo que se vende en todo el mundo —declaró Colin Greenwood. De repente empezaron a llegar peticiones de compañías como Guinness, pidiendo usar nuestra música en una campaña publicitaria mundial para su cerveza. Lo mismo en MTV. Supongo que eso significaba que teníamos éxito. Pero no estoy seguro de que eso fuera lo que pretendíamos”.

 Kid A es algo neutral, una especie de lienzo en blanco. Alguien engendrado por un experimento con la clonación. Además, Thom Yorke quería explorar nuevas facetas con este disco. Tenía la paranoica impresión de que el éxito de OK Computer lo quería encajonar en una sola dirección musical.

De esa forma el reconocimiento público se convirtió en una especie de prisión. Era una experiencia que ya habían vivido de manera muy extrema con “Creep”. Esa canción los metió en el estante de la “música de guitarras”. No querían ya esas etiquetas, sino que se les reconociera la capacidad de hacer cosas siempre nuevas.

La mayoría de los integrantes podía ocultarse detrás de su instrumento. Pero Yorke sólo tenía su voz. Tuvo que encontrar diferentes formas de cantar, disfrazarla o transformarla para no sonar siempre igual.

En este álbum utilizó su voz como un instrumento. Los textos son fragmentos que deben incorporarse en el todo. Los usó como recortes que juntó de cualquier manera. Por eso no tiene sentido aislarlos de la música para hablar de ellos. Es uno de los motivos por los que Yorke no quiso imprimir los textos en la funda del álbum. Le resultó muy importante distanciarse de la imagen de portavoz de la generación perdida, con toda su enajenación y desesperanza.

VIDEO SUGERIDO: Radiohead – In Limbo – Sub. Español, YouTube (Reckonerz28)

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BRAD MEHLDAU

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL ARTE DEL PIANO

Los logros alcanzados por el pianista Brad Mehldau (Irlanda, 1970) hacia el fin de los años noventa, cuando irrumpió en la escena, y antes de cumplir la treintena, ya habían superado los de muchos pianistas de jazz con el doble de su edad.

En sus comienzos tuvo un hit (“Mood Swing”) con el cuarteto de Joshua Redman, al que acompañó en una intensa gira de un año y medio por todo el mundo. Después de abandonar el grupo de Redman, Mehldau fundó su propio trío y fue contratado enseguida por la compañía disquera Warner Records.

Su debut como líder con este sello, Introducing Brad Mehldau (1995), fue seguido a principios de 1997 por Art of the Trio (vol. 1). Por otro lado, la legendaria discográfica Blue Note sacó una grabación suya en vivo con Lee Konitz y Charlie Haden a finales de 1997.

Su éxito posterior, tanto de público como de crítica, multiplicó sus compromisos, aunque él nunca se preocupó por armar una infraestructura que le ayudara a sobrellevar la nueva situación. A unos meses apenas de su proyección internacional contrató a un manager que se encargara de sus asuntos. “Mi carrera se desarrolló sola, no planeé nada conscientemente”, indicó en aquel tiempo.

El pianista desde entonces, actualmente con 50 años de edad, tiene demanda. Conviene recordar que en cuanto se separó del saxofonista Joshua Redman, la Warner se le acercó con un contrato que le ha permitido, desde entonces, continuar por cuenta propia.

Sus relaciones con la compañía han sido buenas y ha logrado concesiones especiales, como la de grabar el segundo volumen de su álbum en vivo en el Village Vanguard de Nueva York, donde mostró sus influencias de la música clásica, pero también del rock, el pop, el cool jazz y el bebop. Para este pianista sólo existe una finalidad para el músico: fundirse con su instrumento.

Las cualidades de Brad Mehldau han terminado por imponerse en su colección Art of the Trio (Vols. 1-4), quizá su mejor muestrario. Lo impresionante de él, en primer lugar, es el arte consumado que presenta a través de una construcción rica, diversificada y directamente ligada a su ejercicio de la música clásica, en todo caso a su conocimiento de los cánones de la composición.

Dicho arte le permite crear una obra compleja sobre la base de una estructura temática simple (con standards, temas del pop o citas reiteradas). Por medio de este juego múltiple de voces y líneas, de su entretejimiento, de su insistencia en interpretar las mismas piezas, Mehldau reencuentra lo que John Coltrane supo concebir a partir del mundo estructuralmente limitado de los “temas de jazz”, no destinados en principio a expresar muchas ideas al mismo tiempo.

El jazz nos ha acostumbrado a tal grandeza y riqueza de pensamiento musical: desde la introducción de “West End Blues” de Armstrong en 1927 hasta “My Favorite Things” de Coltrane a fines de los años sesenta, pasando por la obra completa de Duke Ellington, es posible encontrar en el jazz tanto  arquitectura, como escultura, pintura, danza y poesía. Es bueno que de vez en cuando un músico como éste venga a recordárnoslo.

Otro rasgo característico de su estilo es el manejo del suspense, esa forma de retener la nota (en particular con las baladas lentas) y de hacerla vibrar en el momento delicioso en el que, si no tocada, por lo menos se encuentra inscrita en la duración.

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Esta forma de retener, que ha generado el swing desde que el jazz es jazz, en el caso del autor de “Song-Song”, se duplica en una voluptuosa puesta en escena (la famosa “cabeza metida en el piano”) que no deja de recordar a Bill Evans y a Keith Jarrett.

Al leer estos nombres se comprenderá que el “regreso de la melodía” o el “lirismo en el jazz de piano” no es una invención reciente. Pero en definitiva sí es hoy que se tiende a consumir este nuevo romanticismo, sin tener en mente de forma simultánea la vuelta y la revancha de esta música “decente” contra la del free.

Es muy posible que Mehldau deba parte de su éxito al ambiente romántico que se ha extendido en estos últimos tiempos en los ámbitos culturales menos inclinados al vanguardismo.

No obstante, también hay belleza y verdad en esta forma “irónica” (según el propio pianista) de darle al público lo que nos legó el siglo XIX. Y si es posible emocionarse con Dave Douglas no habrá insensibilidad ante los arrebatos schumanianos, los pequeños éxtasis chopinescos o los viajes schubertianos, que Brad Mehldau reencuentra bajo sus dedos con una pizca de desplazamiento, un toque de inocencia y una brizna de desenvoltura.

La realización de 250 conciertos por año y la venta de alrededor de medio millón de ejemplares del tríptico The Art of the Trio, por ejemplo, fue un indicio irrefutable de éxito, cuyas causas y consecuencias son diversas y en el que la calidad intrínseca de la propuesta musical ha jugado un papel decisivo.

Brad Mehldau es muy honesto en su forma de abordar cada concierto. Varía los ángulos y los temas interpretados, el clima general de sus recitales. A veces distante, pero nunca encerrado en una actitud de “estrella”, salta a la vista su esfuerzo para conservar intacto su amor por la música.

El quinto volumen The Art of the Trio (Warner, 2000) nos permitió, por un lado, apreciarlo en el contexto que más le ha convenido (en vivo y con trío). En “Solar” presentó un tema definido de manera furtiva, un contrabajo (Larry Grenadier) en un tratado de la discreción, un piano que se entrega y el baterista (Jorge Rossy), alerta. Y comenzó con “All the Things You Are”, pieza que se creía conocer de memoria, pero que Mehldau supo muy bien desarmar, dar vueltas en torno a ella, aparentar indiferencia para luego reconstruirla más bella.

En segunda instancia, tal volumen, puso en el horizonte hacia dónde se desarrollaría Mehldau en el nuevo siglo. Ha maravillado en las últimas dos décadas con, prácticamente, un álbum por año (de Largo, donde también tocó el vibráfono, hasta  Finding Gabriel, con una docena de instrumentistas a su lado, además de la inclusión de la vocalista Becca Stevens).

Lo dicho: Para este aclamado pianista sólo existe una finalidad para el músico: fundirse con su instrumento y él, definitivamente, lo ha logrado. Ha transitado por la música con el piano en el cuerpo.

VIDEO SUGERIDO: Brad Mehldau – All the Things You Are (1999), YouTube (orangefunk)

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REZA EL GLOSARIO: FAMA

Por SERGIO MONSALVO C.

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 ESA CRIATURA ALADA

La dicotomía humana más actual (y global) es la que se produce entre anonimato y fama. Ambas cosas forman parte hoy del cielo y el infierno del capitalismo (generalmente del más salvaje y cotidiano), de su Penthouse y sótano, como las ubican los medios.

En el acontecer diario el trabajo más extenuante para una persona razonable no es el de la supervivencia, sino el de la defensa de su intimidad. Desde que decide utilizar la tecnología en cualquiera de sus formas como herramienta de comunicación, económica, educativa o de diversión, el efecto colateral desde entonces será el combate denodado contra los feroces perros de la exposición pública.

A diferencia de los personajes creados por el hoy: populares, celebrities, influencers, trendies, bloggers, socialities, por huecos que sean, que buscan por cualquier medio (websites, blogs, Facebook, Twitter, MySpace, Instagram,  intertelefonía, etcétera, o las antiguallas de la televisión, la radio y la prensa) dar a conocer hasta su última y dudosa puntada (que no idea), acción o estulticia, el ser pensante sólo quiere el anonimato.

Pero al parecer ya no basta encerrarse a piedra y lodo para conservar lo que le pertenece por derecho propio: su espacio interior. Esa rara avis en que se ha convertido, sabe que aunque recurra a la legislación y a la jurisprudencia para evitar lo contrario, será prácticamente imposible conseguirlo (los algoritmos, ya se sabe).

“Los sentimientos de anonimato y oscuridad de una persona constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida”, declaró un escritor en uno de tantos juicios que emprendió contra  la exposición no voluntaria.

“Vida privada” es un concepto actualmente tan insignificante que quien quiera defenderlo tendrá que hacerlo desde un lugar inaccesible, incógnito, desconectado.

Pero, ¿cómo fue posible llegar a estas circunstancias? Lo primero fue ser tocado por la fama, aquella criatura alada de las mitologías griega y romana que cumplía con rapidez inaudita su misión: extender los rumores y los hechos de los hombres, sin importarle si éstos eran ciertos o no, justos o negativos. Por eso mismo no era bien recibida en el Olimpo aunque fuera una mensajera de Zeus.

Tal diosa tenía el poder de hacer grande lo pequeño y viceversa. Eso la hacía todopoderosa ante los hombres, que siempre terminaban dando por ciertos todos sus argumentos y venerándola como la única portadora de la inmortalidad que los acercara a los dioses.

Hoy su poder sigue siendo el mismo y sólo existen los tribunales para protegerse de ella. Incluso en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (adoptada por la ONU) está escrito que “Nadie será objeto de injerencias en su vida privada, su familia, su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación”. La ley protege contra dichas injerencias. Sin embargo…

El sistema rampante que hoy nos guía ha transformado las cosas. El anonimato, la privacidad, ya no es un valor y la fama se ha erigido en ideología.

Las escuelas de economía, negocios y publicidad, entre otras, de donde emergen los nuevos gurús para toda disciplina, imponen el siguiente edicto: “Primero la fama y luego todo lo demás”.

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De esta manera el proyecto de vida para cualquiera que se acerque a ellos consistirá en inventar estrategias para conseguir la fama y, luego, para administrarla.

Invitan a sus seguidores a no meterse en camisa de once varas éticas, cultas o informadas. No. La ley del menor esfuerzo: “Hazlo con lo que tengas más a mano”.

No hay que darle muchas vueltas a ningún asunto, y mucho menos a los importantes. La simpleza es un elemento básico y la vacuidad, oro molido.

No buscar los términos medios para nada. Hay que ser maniqueo. O se es bueno o se es malo, y cuando no te funcione uno hay que cambiarse al otro, sin chistar.

Eso sí, siempre y bajo toda circunstancia “cacarear el huevo”, es decir difundir la puntada, el hecho, la acción por todo medio posible. “Que el mundo entero (literalmente) se entere sobre ti”. Lo contrario será el anonimato, la insignificancia, como alternativa.

El credo sobre el que edifiques tu estrategia debe ser como tu guardarropa: cámbialo a tu gusto, sobre todo en lo que a los escrúpulos se refiere. No hay que ser sincero sino siempre claridoso, y entre más ríspida y burda la frase que lances al respecto de cualquier cosa –porque puedes decir lo que quieras sobre cualquier tema, faltaba más— mayor será el impacto en las redes, que multiplicarán tu dicho o acto ad infinitum.

Y si te atacan por ello mucho mejor, ya estarás del otro lado. Serás alguien. Aunque hablen mal de ti, pero que hablen. Te odian, luego existes, aunque sea por nanosegundos.

De esta manera ideológica el sistema ha sentenciado socialmente a los que quieren ser anónimos, a quienes intentan tener una vida privada, a quienes buscan sus propias opciones, fuera del conglomerado del snap chat. La fama tiene que ser aquí y ahora, nada de posteridades o peor: post mortem, eso no causa beneficios.

Los nombres a seguir: Andy Warhol, Damien Hirst, cualquier ex estrellita del Disney Channel, de los concursos musicales de televisión, de los reality shows…. Toda personalidad extrema, todo exabrupto, será bienvenido y se evocará como un referente, casi como dato curricular.

Demostrar que desde el vientre materno ya se tenía a la fama no como objetivo, sino como modelo de vida. La fama es el escaparate para quienes buscan proyectar su imagen y sólo prestan atención a sí mismos, es el gran selfie.

Eso debe quedar bien claro: ninguna otra causa (amor, inteligencia, pasión, utopía, revolución, etcétera) se equiparará a su consecución. Las estrategias serán de diseñador en tales escuelas, en los libros de autoayuda, en las emisiones para seguir a los famosos.

En estos tiempos, cuando el éxito depende de lo momentáneo, del glamour o de la novedad, la exposición personal es más fugaz que nunca, y quienes logran atraer la atención pública ya únicamente se (pre)ocupan, las 24 horas del día, por la posibilidad de perderla.

La Fama ha revoloteado a su alrededor para beneplácito narcisista del actual quehacer humano. Las otras divinidades esperan impacientes para cobrársela.

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TIEMPO DEL RÁPSODA: “DIANA”

Por SERGIO MONSALVO C.

BALADAS VOL. 1

 DIANA*

 (“ALMOST BLUE”)

Diana, por favor, una mirada hacia las cosas importantes—, inquirí, mientras te entrevistaba: “El amor es muy escurridizo, por eso busco atraerlo con baladas”, dijiste.

(O sea, que esas canciones usadas por ti atrapan esos momentos: la vida del detalle. Y lo hacen de manera sofisticada, con técnica impecable, refinada, dulce y rítmica, fascinante como un deseo bien expresado. En una palabra, persuades. Estimulas a probar licores fuertes con el fulgor súbito del lenguaje. Quien te escuche siempre sacará provecho de ello. El impacto será evidente. Por ti se descubre a la mujer que da forma a sorpresas y sentimientos: un modo de alcanzar el saber por los oídos. Delicioso banquete de intensidades evocativas, de citas voluptuosas, de ausencias sin nombres propios Logras la atención en los márgenes de una tiniebla real, sin duda.

Hay mujeres que inundan mientras cantan. Tú, una de ellas. Es preciso subrayarlo: eres lento temblor, ahogo dilatado y la sospecha, que pasa y traspasa, de que el placer no vendrá solo. Habrá dolor que deje también su huella. Interpretas así. Juegas con el riesgo. Y lo sabes. Y te gusta. Lo disfrutas. Te muestras en cada tema probado por el tiempo. Y al gotear tu fraseo, al fluir por tu lengua, lo humedeces todo)

“Sí. El amor es escurridizo, por eso busco atraerlo con baladas”—, repetiste. Mientras yo, profesionalmente, mantuve firme el micrófono frente a tu boca.

 

*Texto que forma parte del poemario Baladas I, publicado por la Editorial Doble A

 

 Baladas I

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2006

 

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PUNK / 7

Por  SERGIO MONSALVO C.

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 CABEZAS (DE CHORLITO) RAPADAS

Los punks combatieron al rock establecido y le dieron la vuelta sobre sí mismo, como un calcetín. Expusieron sus respuestas fáciles a preguntas falsas y crearon la necesidad de enfrentar con recelo toda la cultura popular creada de manera vertical.

Las ideas acerca de cómo llegar de un sitio a otro en la música fueron suspendidas y reacuñadas. Por los punks hubo que preguntarse: ¿Puede juzgarse al rock por su apariencia? ¿Cuál es la relación entre la manipulación y la inocencia? ¿Entre la anarquía y el capitalismo? ¿Qué sucede cuando se separa al rock de la política? ¿Qué pasa cuando se juntan? ¿Son regresivos tanto el interés por la técnica como el primitivismo autolimitante?

En el caso de los punks, el diálogo entre la juventud negra y la juventud blanca inglesa asumió una forma explícita, como quedó probado por el apoyo que muchos de ellos dieron a la campaña “Rock contra el racismo”. Los punks bailaron al son del reggae, emularon los estilos de los negros y se descubrieron a sí mismos, al igual que los negros, excluidos de la cultura británica dominante.

El punk se opuso al creciente racismo en la Gran Bretaña del Frente Nacional neonazi. Se alineó con los jamaicanos londinenses y buscó justificación, estrategia, sabiduría y valor en el reggae. Lo que el punk extrajo de éste y sus soberanos rastafaris fue la idea de la autodeterminación dentro de una patria percibida como prisión, así como el concepto paradójico de la guerra de clases definido en términos totalmente culturales.

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Es decir, una lucha que presentaría a los sustentadores del poder peticiones que ningún gobierno podría cumplir jamás. Era estoica y mesiánica al mismo tiempo. Y así, de hecho, no podía ser revolucionaria, pero sí completamente subversiva y desprovista de un objetivo concreto. Los veneros del reggae en el fondo eran religiosos y no existía el África mítica que el punk pudiera buscar como imagen de la redención. Y Johnny Rotten agregó una contradicción propia a ese conjunto de contradicciones: el nihilismo.

El intento punk por expresar afinidades con la cultura rasta y el reggae mediante la subversión de símbolos del nacionalismo (el uso iconoclasta de la bandera inglesa y de la imagen de la reina por los Sex Pistols, por ejemplo), así como el trazado de paralelismos entre el racismo y la miseria de los blancos desposeídos en una canción como “White Riot” (de Clash), contuvieron ambigüedades que resultaron susceptibles de la manipulación fascista.

Tales contradicciones no eran tan sorprendentes, dado que el punk nació de la misma crisis social y económica que produjo el surgimiento de la actividad del ala derecha nacionalista británica. La impotencia, el deseo de impactar y los sentimientos iracundos ante el Estado y la presunción institucional, expresados por el colectivo punk más ligado a la clase trabajadora, fueron precisamente los mismos motivos y sentimientos que empujaron a otros jóvenes blancos marginados y sin empleo hacia el basurero del racismo organizado: los skinheads.

 VIDEO SUGERIDO: The Clash – White Riot (Official Video), YouTube (THE CLASH)

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