REBIRTH OF COOL

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA BRISA QUE VINO DE ALBIÓN

Es posible que el jazz haya nacido en los Estados Unidos, pero la cuna del jazz de Dj que surgió hace décadas no fue con el sudor y la mugre de los clubes de allá, que en aquel entonces, en 1990, en su mayoría seguían produciendo el house.

La cultura del jazz dance floreció en Londres, donde Dj’s europeos remezclaban discos de hip hop estadounidense con artistas como A Tribe Called Quest y Gang Starr. Con el tiempo llamaron la atención sobre la evolución que practicaban de formas musicales extraídas por igual de las escuelas del hip hop y el jazz.

Una de las primeras compañías disqueras en documentar dichas corrientes fue la sucursal británica del sello 4th & Broadway de Island. En 1991, bajo la dirección de su label manager Julian Palmer, comenzó la serie conocida como The Rebirth of Cool. Al final de la década, después de siete volúmenes y casi ocho años de publicación, esta colección se considera la quintaesencia del sonido contemporáneo del jazz dance de fines del siglo XX.

Las entregas sucesivas sirvieron de escaparate al desarrollo de las formas musicales modernas desde el new soul, el acid jazz y el triphop al hip hop, el rare groove, el dub, el downtempo y más. La evolución continua de la serie  y su intención fue abarcar a todas ellas sin atorarse en ninguna.

Si bien la versión británica de The Rebirth of Cool resulta definitiva, la estadounidense fue muy abreviada. Los álbumes resultaron muy inferiores a sus contrapartes europeas, obligando a los Dj’s y verdaderos fans de los nuevos sonidos a acudir a tiendas especializadas o sitios para el intercambio de discos para localizar los álbumes importados.

Los primeros dos títulos de la serie nunca salieron en los Estados Unidos (el primer volumen de la secuencia de la Unión Americana correspondió al tercero de la británica); además, los problemas de derechos y las estrictas leyes que regían el sampleo en la Tierra del Tío Sam resultaron en la ausencia de seis o siete tracks de dichas ediciones.

Palmer explicó la gran diferencia entre las dos colecciones de la siguiente manera: “En los Estados Unidos se ha convertido en un gran negocio denunciar a los sampleadores –indicó–. Si en la Gran Bretaña se saca un disco convencido de haber cumplido con las regalías correspondientes a los sampleos utilizados en cada una de las canciones y luego resulta que el artista o el productor metió otra cosa sin avisarle a nadie, las sanciones no son demasiado severas. En los Estados Unidos, en cambio, reina una paranoia gigantesca en torno a estas cuestiones. Aquí pagamos un par de miles y todos se olvidan del asunto”.

REBIRTH OF COOL (FOTO 2)

En cuanto a los últimos álbumes de la colección, Palmer planteó que serían un poco más experimentales todavía y mostrarían la influencia del jungle de vanguardia, lo más nuevo que hubiera en la escena británica. “Adelante cada vez. La etiqueta es tan amplia que podría significar cualquier cosa y eso es lo que resulta tan emocionante para nosotros”, dijo en su momento.

Hoy esa serie es historia pura. Definió el sonido de los noventa en cuanto al jazz. Tuvo la suficiente energía para otorgarle la validez de un hecho cultural de avanzada. Los sonidos están todavía ahí para certificarlo. The Rebirth of Cool fueron y son palabras mayores.

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VIDEO SUGERIDO: The Rebirth of Cool, vol. 2 YouTube (Ricardo Alves)

 

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RAVE ON

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (TRIBUTO A BUDDY HOLLY)

Buddy Holly: Los grupos allegados al rock y al pop desde comienzos de los años sesenta lo han puesto siempre como una de sus grandes inspiraciones, desde los Beatles y los Rolling Stones hasta los Hollies, los Kinks, los Who y los Animals. Su larga sombra se puede sentir hasta Elvis Costello, Clash, Weezer, Stray Cats, The Knack o Radiohead. (Todos han hecho versiones de él en sus primeros discos).

Recientemente le tocó hacer lo propio a una nueva camada: The Black Keys, She & Him, Modest Mouse, My Morning Jacket, Florence & The Machine y Julian Casablancas, entre otros. Y para ello se pusieron a armar un tributo: lleva por nombre Rave On. El cual coincidió con la que sería la celebración del cumpleaños número 75 del finado músico (1936-1959).

VIDEO SUGERIDO: Maybe Baby – Justin Townes Earle, YouTube (Concord Music Group)

Las versiones de los mencionados músicos, junto a las de algunos veteranos (Paul McCartney, Patti Smith, Graham Nash o Lou Reed), facilitan la permanencia de ese consejo totémico: “Escucha a las raíces”. No hacerlo supondría una pérdida para la humanidad, porque como dijo el escritor Antoine de Saint-Exupéry: “No heredamos la Tierra de nuestros antepasados. La legamos a nuestros descendientes”. En eso radica nuestro conocimiento y permanencia como especie.

Como están las cosas necesitamos prescriptores para movernos por la fonoteca universal en que se ha convertido el mundo gracias a Internet. En la práctica de nuestro desarrollo como escuchas no se debe menospreciar la sabiduría que nos han legado los padres fundacionales de los géneros musicales, en este caso del rock & roll.

Hoy, con este tributo antológico esa sabiduría se convierte en una clase magistral que tiene como tema a uno de los precursores de la tribu (rockera). En un mundo desmemoriado de lo que se trata es de recuperar tales herencias para que una nueva generación de escuchas no se equivoque y valore las cosas en las que aristas como Buddy Holly se han consumido en su reto a los dioses por la inmortalidad.

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THE DOORS

Por SERGIO MONSALVO C.

THE DOORS (EN MÉXICO) FOTO 1

 (EN MÉXICO Y CON PROFETA DE FONDO)

Los encuentros se dan en momentos insospechados, ¿verdad, Jim?  El primero que tuvimos fue en aquel salón escolar, entre clase y clase, rodeado de espíritus adolescentes –y en plena punzada– que admirados escuchaban sin pronunciar palabra aquel “Light My Fire” en el tocadiscos portátil de uno de ellos.  Siluetas de nuevas criaturas acogiendo los sueños húmedos de ángeles enfangados.

Luego, en ese tiempo de hitos y mitos.  La calle de Insurgentes en la ciudad de México. Noche de nerviosa espera por tu arribo con los Doors. Las palabras haciéndose fuertes: ellos tienen los rifles, pero nosotros tenemos el rock y tú la magia poética por terrible que sea.

(La lírica de Morrison con los Doors no hizo la glorificación acostumbrada de la juventud, no. Eso era demasiado simplista e inocente para un tipo instruido en la parte oscura del pensamiento humano: Blake, Baudelaire, Rimbaud, Jack Kerouac, Nietzsche, Brecht, Artaud… Por lo tanto no definía a la juventud en años sino en emociones. Por eso la poesía de este rockero no era la tierra de los adolescentes que aún tenían una visión naive del mundo. Para él —un darky adelantado a su época— vivir no significaba respirar sino dejar de hacerlo, usando los sentidos y las facultades.)

Avenida Insurgentes y el lugar. Ir y venir de voces, de paseos cortos, de risas. Afuera una congregación de oficiantes pránganas que sólo tenemos la oportunidad de un breve vistazo al lagarto ebrio, entre el auto que te trajo y la puerta de ese Fórum. La ceremonia comenzó y muchos nos quedamos ahí, en la calle, con los bolsillos vacíos, los oídos aguzados, la acera que se acurrucó a nuestros pies como un perro en busca de simpatía. Dentro estaban los otros.

Así lo leí al siguiente día en el periódico El Heraldo de México, en una crónica del denominado “Profeta de Celaya”.

Domingo 29 de junio, página 1D. Título: “La salud mental de los jóvenes mexicanos triunfó sobre la proyección sórdida y angustiosa de Morrison y The Doors” (Crédito: reportaje de Raúl Velasco)

“La juventud dorada de México acudió en pleno a rendir pleitesía al mito de The Doors. La imagen que se tenía de ellos a través de sus discos era maravillosa, pero se fue deteriorando conforme avanzó en su actuación, que finalizó con un aplauso tibio, desconcertado, de aquellos increíbles jóvenes mexicanos que estaban ahí, bebiendo limonadas, porque no necesitan de mayor estímulo para sentirse eufóricos.

“La noche fue de los jóvenes mexicanos (comenzaremos nuestra crónica conforme a los cánones periodísticos: por orden de importancia de los factores), que se volcaron materialmente en El Fórum. Nunca en la historia del espectáculo nocturno mexicano habíamos visto tantos chamacos juntos, vestidos a la moda, con cabelleras abundantes, pero limpias y bien peinadas, dispuestos a entregarse a sus ídolos musicales.

“Javier Castro no hizo negocio con la cantina, los meseros pasaban a nuestro lado con las charolas repletas de limonadas; si hubieran servido leche malteada también hubiera tenido gran demanda, porque sí (y lo decimos con gran satisfacción) ¡sí es cierto!, que todos estos jóvenes no necesitaban del alcohol para estar contentos. Su entusiasmo por la música era suficiente.

“Se erizaba la piel de ver tanta cara sonriente y de percibir la corriente de vitalidad que generaban todos esos chamacos cuyas edades fluctuaban entre los 15 y los 20 años. Mario Olmos presentó en primer término un espectáculo fotográfico con las transparencias sobre las actuaciones de The Doors, unas fotos increíbles que fueron disfrutadas por el público juvenil. Vimos miles de rostros jóvenes en la pantalla, cabelleras rubias, rostros negros, imágenes de niños. El mundo de los jóvenes se volcó en la pantalla con música de fondo de The Doors, pero en disco.

EL DESCENSO AL AVERNO

“¡Y llegó el momento esperado de la noche! Jim Morrison y The Doors estaban sobre el escenario (“cierren las puertas”, “apaguen las luces”, “sí, también ésa de la cocina”, se escuchó la voz de Mario Olmos y el sonido local). Algunas chamacas gritaron jubilosamente y el aplauso fuerte se hizo escuchar para dar la bienvenida al conjunto.

“Luces azules y rojas iluminaron tenuemente a Jim Morrison y los demás músicos desaparecieron como por encanto, en la obscuridad, dejando escuchar únicamente las voces de sus instrumentos a través de los potentes altoparlantes (48 bocinas, ni más ni menos). Morrison era una especie de pirata Barbarroja, mezclado con Fidel Castro Ruz y el jorobado de Nuestra Señora de París. Con imaginación hasta podríamos verle un parche en el ojo.

“En medio de los reflejos de las luces rojas y moradas se veían de repente al baterista y al guitarrista, también de aspecto siniestro y la cabellera rubia, de brillo increíble, resbalaba sobre la cara del organista, una cascada cuando él la agitaba graciosamente. Sin embargo, en sus movimientos había algo que nos recordaba al Monje Loco. Sería tal vez que se contraía, que se cimbraba con dolor, con angustia, al sacar la música del órgano.

Y MORRISON COMENZÓ A GEMIR

“Sí, Jim Morrison comenzó a gemir, a gritar, a adoptar la conducta de un esquizofrénico. Era evidente que estaba trastornado y que nos invitaba a su mundo de pesadillas. Sí, la música era estridente, pero no penetraba al sentimiento, sino que aturdía. Había desconcierto en la sala, porque el mito de The Doors estaba latente.

“Había algo que no gustaba, pero la gente, los jóvenes, no sabían qué era, no lo descifraban en ese momento, y los ánimos se iban enfriando. Se enfriaban conforme avanzaba la esquizofrenia de Morrison, quien cantaba para sí mismo, tambaleándose sobre el escenario, totalmente mareado, embriagado en su mundo sórdido de pesadillas. De repente adoptaba la figura de un contrahecho y escondía la mano en la manga de su camisa, paralizaba sus dedos y se jalaba las barbas como el ogro del cuento que acababa de devorar a su víctima y la paladeaba, lengüeteando los restos que quedan sobre sus bigotes.

EL LENGUAJE INTERNO

“Eso que la gente no sabía definir era el lenguaje interno, el verdadero, el que no permite deformación ni engaño, porque es el lenguaje del sentimiento y que tiene su expresión a través de ondas invisibles y también de objetos tangibles como la ropa, el peinado y la actitud externa, y Jim Morrison estaba hablando y hablando muy fuerte, muy ácido.

“Jim Morrison nos hablaba de angustia, de miedo, de evasión. ‘Todo es horrible… hay fantasmas, demonios… Vengan conmigo a los infiernos, sufran, retuerzan sus cuerpos y griten, ¡ayyy!, ¡uggggg!, ¡gaagggagag!”, recibíamos la onda de The Doors. Y la guitarra eléctrica vibraba y metía sus sonidos en los oídos aturdidos.

ESTABLECER DIFERENCIAS

“Vamos a diferenciar para que podamos ser mejor comprendidos, poniendo en la otra esquina a Eric Burdon y Los Animales. Eric irritó a los adultos, pero enloqueció a los jóvenes en el cine Metropolitan, porque su lenguaje interno es positivo. Él nos comunicaba muchas cosas vitales, nos decía que había que amar, que había que luchar para mejorar el mundo que nos gustaba, que teníamos que acabar con las prohibiciones, porque el hombre necesitaba ser libre. Ese mensaje tan hermoso llegó limpiamente, porque Burdon se presentó limpio en el escenario. Si mal no recuerdo, su camisa era blanca, su cara no tenía barba, y hubo un momento en que se quedó con el torso desnudo, como mayor estampa de pureza.

“En cambio, Jim Morrison apareció con camisa roja y círculos blancos, con barba cerrada, melena abundante y sucia y nunca miró a su alrededor. Cuando se retiró se tropezó con el pedestal del micrófono, lo derribó y salió huyendo en señal de desprecio a quienes lo rodeábamos. Un artista que desprecia a sus semejantes no puede generar amor, ni admiración, sino eso mismo: desprecio.

“Pero la fuerza positiva de los cientos de jóvenes que anteanoche fueron al Fórum fue superior a la negativa generada por Morrison y la noche fue para ellos, porque demostraron que siendo jóvenes tienen madurez y capacidad de juicio y no son presas fáciles de influencias negativas.

“El éxito es también para el empresario Javier Castro, por traer a México espectáculos como éste. Porque el hecho de que no nos haya gustado no quiere decir que estemos en contra de que se vea, sino todo lo contrario. Los jóvenes necesitan ver todo para que puedan diferenciar. Ya demostraron su capacidad de juicio al no entregarse (hubo aplausos, pero no hubo entrega, aclaramos) al mundo de pesadilla de Mr. Morrison y se irán volviendo más exigentes y de gusto más refinado conforme vayan confrontando a los músicos del mundo que solamente habíamos escuchado en discos”.

Pues sí, tal como lo leen. Así escribió El Profeta aquel año de 1968, aunque ustedes no lo crean.

 

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GARAGE/20

Por SERGIO MONSALVO C.

GARAGE 20 (FOTO 1)

 LA ETERNA JUVENTUD AIRADA

En 1968 había pasado ya una década entre los preliminares del rock de garage y el fin de su primera etapa. Había sido fiel a sus influencias sin copiarlas al pie de la letra. De Little Richard y Chuck Berry habían absorbido los fundamentos; de la Ola Inglesa la importancia de los sonidos y parámetros y de los cientos y cientos de grupos que lo habían conformado en esta década: la actitud y el espíritu para tocar buenas canciones, con rabia y velocidad aunque fuera con impericia.

El rock de garage se había forjado con hambre, pasión y energía en las cocheras familiares, en los sótanos y covachas a base de poca elaboración musical (tres notas octavas y quintas), de la distorsión en los amplificadores y otros instrumentos baratos, de baterías agresivas y letras pegajosas, de riffs salidos del alma y con ecos metálicos, de la necesidad de agruparse y mostrar los deseos adolescentes de diversión y sexo.

Y los deseos manifiestos del rock de garage son por tanto calificados de sucios y sus intenciones de violentas, provocadoras y con actitudes nihilistas. Su base en el rhythm and blues es tocada con urgencia y con la intención de que refleje el barullo mental y emocional del eterno adolescente en celo, que se reúne con sus semejantes para compartir tales sensaciones y experiencias en un movimiento subterráneo y anárquico.

GARAGE 20 (FOTO 2)

Lo realmente importante de la corriente garagera no es la originalidad ni la calidad sino la manera de tocar las canciones. Hay que tocar rock & roll sin pérdidas de tiempo ni queriendo presumir. Escupir los temas tal y como salgan sin adornos ni adocenamientos. Tocar con todo el cuerpo porque no se puede hacer otra cosa, por necesidad existencial, porque lo esencial es el qué y no el cómo.

De los cientos de bandas que habían aparecido por todos los Estados Unidos y otros confines del mundo en esta época, algunos obtuvieron éxitos; la mayoría quedó en la oscuridad y desapareció tan fugazmente como había surgido. En 1968 el álbum conceptual era una realidad y la industria se plegó a ello. Los Beatles, que con la Invasión Británica desataron los deseos, ahora crecían para dar paso a otra etapa: la de los simbolismos, la abstracción y el uso de la palabra con otras intenciones.

Llegaron a su fin los sencillos solitarios y los one-hit wonders contenidos en los discos de 45 rpm, el formato ideal para los grupos de garage. Con el nuevo LP de 33 rpm el virtuosismo dentro del rock cobró una enorme importancia. Los héroes de la guitarra y otros instrumentos se encumbraron en el gusto popular. Asimismo, el uso del estudio de grabación como otro instrumento se impuso en la escena. Ambas cosas eran por completo ajenas al rock de garage y apareció el ocaso para éste.

En esa primera etapa para el rock de garage de cualquier modo quedaron cimentadas fuertemente sus bases. La saturación de los amplificadores, los cantos viscerales, el desaliño generalizado, los guitarristas trastocados y sobre todo el riff que lo definía todo. En ese campo fue precisamente donde los iracundos músicos sembraban y cosechaban tempestades. Uno de los últimos grupos de aquella época le proporcionó al mundo un tema histórico y un riff que se convertiría en tópico.

En 1968 el rock de garage volvió al capullo de su origen a esperar y forjar nuevos representantes. Su destino en todo caso tenía futuro: el espíritu de la eterna juventud airada.

GARAGE 20 (FOTO 3)

VIDEO SUGERIDO: The Lollipops Shoppe – You must be a Witch, YouTube (jeffo0771)

 

GARAGE 20 (REMATE)

BLACK SABBATH

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA OSCURIDAD DISIPADA

En 1968, John Michael “Ozzy” Osbourne, Terry “Geezer” Butler, Tony Iommy y Bill Ward (todos con 20 años de edad, originarios de Birmingham, Inglaterra, y obreros con diferentes oficios) decidieron unir esfuerzos y formar el grupo Polka Tulk Blues Band Earth. Antaño los dos primeros, cantante y bajista respectivamente, habían integrado una banda de blues rock de nombre Rare Breed.  Los otros, guitarra y batería, lo habían hecho con Mythology.

El sonido de Earth rápidamente emprendió el camino hacia el rock duro (pionero del heavy metal), inspirado en Cream y Led Zeppelin. Comenzaron a ser conocidos en su localidad pero el nombre del grupo no terminaba de convencerlos. Cambiaron al de Black Sabbath a sugerencia de Butler, nombre que iba más con el volumen y la presencia siniestra del grupo.

La fuerza de convicción expresada en su música pronto rindió frutos y fueron contratados por Vertigo Records en Inglaterra y por Warner Bros. en los Estados Unidos. El sencillo “Evil Woman, Don’t You Play Games With Me”, así como el disco homónimo, Black Sabbath, aparecieron en un buen momento, febrero de 1970, y ambos tuvieron éxito.  Ese L.P., grabado en sólo dos días y con un costo de 600 libras, forjó la imagen del grupo.

Éste fue calificado casi al instante como una banda satánica. Durante la gira de promoción confesaron estar fascinados por la maldad del hombre y por el diablo, aunque jamás adoptaron una actitud didáctica. Ser considerados como tales les confirió un misterio oscuro y atrayente que pronto se transformó en discos de oro.

En su segundo disco el grupo profundizó en la temática melancólica. Paranoid, grabado en seis días y publicado en enero de 1971, llegó rápidamente a los primeros lugares de las listas y un crítico acuñó el término “downer rock” para describir su ritmo pesado y su visión generalmente sombría. Iommy dijo al respecto: “Si causamos una impresión sombría y malvada es porque así nos sentimos”. Ward, por su parte, opinaba que la mayoría de la gente sufría lo que él llamaba “una depresión permanente” y que Black Sabbath simplemente la expresaba para esa mayoría.

La apariencia del grupo correspondía a todo ello: Ozzy, cubierto de tatuajes; Ward, con su barba rasputinesca; Butler, con su enervante y astuta sonrisa; e Iommy, misterioso y distinguido con sus afilados rasgos. Todos llevaban las grandes cruces invertidas de acero que hiciera el padre de Osbourne para ellos  con el fin de alejar a los malos espíritus.

El grupo pasó gran parte de 1970-72 en gira por los Estados Unidos, donde su música halló a un público entusiasta. Sus letras reflejaban la indignación de la juventud sobre la guerra de Vietnam. No obstante ser despreciados por la crítica, la popularidad de la banda estuvo por las nubes a fines del 71. El disco Master of Reality alcanzó aún mayor éxito e incluso lograron agotar los boletos para su presentación en Salt Lake City, el hogar de los mormones. Sin embargo, las constantes giras habían cansado al grupo. Ozzy tuvo que ingresar a un hospital para descansar y poder estar con su esposa y dos hijos; Ward contrajo hepatitis y Butler tenía problemas con los riñones.

BLACK SABBATH (FOTO 2)

El año de 1973 fue por completo de convalescencia, pero pudieron vivir de las sustanciosas regalías del Black Sabbath Vol.4, el cual contaba con un nuevo productor, Patrick Meehan, quien sustituyó a Roger Bain.          Su siguiente disco, a fines de ese mismo año, Sabbath, Bloody Sabbath, resultó menos agresivo y crudo. Hicieron una gira junto a Black Oak Arkansas en 1974.

Para el año siguiente la popularidad del grupo comenzó a decrecer, a pesar de discos como Sabotage (1975) y Technical Ecstasy (1976). Osbourne tuvo que ingresar a un hospital psiquiátrico por depresión, drogas y alcohol y separarse del grupo hasta 1978, cuando volvieron a juntarse para grabar Never Say Die! y realizar una gira con Van Halen.

En 1979 Osbourne se separó del grupo definitivamente (y desde entonces ha estado dando tumbos, ganando discos de platino como solista o causando lástimas, con reality show familiar incluido, así esporádicas reuniones con el Sabbath). Tras fracasar con un nuevo cantante (Dave Walker), Iommy presentó como nueva adquisición a Ronnie James Dio (ex Rainbow, ex Elf). Con él grabaron Heaven and Hell en 1980, Mob Rules (1981) y Live Evil (1982). Después abandonó al grupo y fue sustituido por Ian Gillan (ex Deep Purple). Entonces grabaron Born Again (1983) con un nuevo baterista, Bev Bevan (ex Electric Light Orchestra, ex Move).  Después de la gira de 1984 ambos salieron del grupo e Iommy se dio a la tarea de reconstruir al grupo.

Black Sabbath resurgió nuevamente de sus cenizas en 1987 con el disco The Eternal Idol, con Ray Gillen en la voz. Esa fue la primera de las numerosas resurrecciones, reuniones, reconciliaciones, reencuentros, rehabilitaciones, etcétera, que ha tenido el grupo desde entonces, aunque en el 2017 anunciaron oficialmente su desbandada y siguiente reunión para 2022.

VIDEO SUGERIDO: Black Sabbath “Paranoid”, YouTube (Black Sabbath)

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NGUYÉN LÉ

Por SERGIO MONSALVO C.

NGUYEN LE (FOTO 1)

 CUERDAS Y CONTINENTES

La guerra civil de Vietnam en los años 50-60 del siglo pasado provocó la emigración de muchas personas del sur de aquella península (del Norte muchas menos debido al control estatal comunista). Así, uno de los resultados colaterales del enfrentamiento armado fue el nacimiento de una generación de hijos de vietnamitas en diversos puntos del planeta.

Entre ellos varios músicos que con la obligada interculturalidad han contribuido a la extensión de su diáspora sonora y al despliegue de la música vietnamita mediante la interrelación con otras culturas musicales. Nguyên Lê es ejemplo destacado de todo ello.

Los padres de este músico obtuvieron refugio en Francia, donde nació el 14 de enero de 1959, en París. Ahí aprendió las dos lenguas (la paterna y la francesa) y el gusto artístico. Comenzó a tocar la batería a los 15 años, luego optaría por el bajo y la guitarra. Aunque el mundo de la música lo atraía, sus padres lo condujeron hacia los estudios universitarios. De esta manera se graduó en Artes Visuales y luego se licenció en Ciencias Filosóficas con una tesis sobre Exotismo.

A mediados de los años ochenta, sin embargo, volvió a su viejo amor: la música. Fundó el grupo Ultramarine, una banda multiétnica con la que grabó dos álbumes (Programme Jungle y , con mezclas de rock, funk, jazz y músicas contemporáneas) y obtuvo algunos premios y reconocimientos.

Sus dotes como multiinstrumentista lograron que el director de la Orquesta Nacional de Jazz francesa lo invitara a colaborar con la prestigiada formación. Ahí se codeó de gente como Louis Sclavis, Carla Bley, Randy Brecker, Gil Evans y algunos otros.

Sus inquietudes e intereses estéticos lo condujeron a iniciar una carrera como solista y líder de formaciones diversas. Su primer disco en tal modalidad, Miracles, apareció en 1990, cuando se trasladó a vivir a los Estados Unidos. Con él comenzaron a trabajar Art Lande (pianista con el que labora desde entonces de manera regular), Marc Johnson y Peter Erskine. A partir de ahí su agenda fue una de las más apretadas del medio. Las giras, grabaciones como solista y colaboración en proyectos colectivos son su diario alimento.

Su talento lo ha convertido en uno de los intérpretes más eclécticos que existen en la actualidad, como consecuencia de la mixtura cultural a la que se ha expuesto: la propia (vietnamita), la de crianza (francesa) y la adoptiva (estadounidense). Esta unión de culturas musicales le ha proporcionado una carrera amplia y variada, la cual se ha manifestado en una gran cantidad de grabaciones de lo más heterogéneas.

Nguyên Lê ha creado un magnífico universo sonoro que funde de manera convincente las distintas formas del rock, la música folclórica de diversos países y naturalmente el jazz. Este gran improvisador gusta de trabajar en combinaciones de formato y de nacionalidad, que van desde la big band hasta el dueto.

Muestra de ello son los discos Soundscape (con el italiano Paolo Fresu y el tunecino Dhafer Youssef), Walking on the Tiger’s Tail (con el estadounidense Paul McCandless), ELB (con su compatriota Huong Thanh) o el Fragile Beauty (con la japonesa Mieko Miyasaki)

No obstante, entre los proyectos que ha realizado a lo largo de su carrera hay uno que destaca, por erigirse en medular y en el más significativo dentro de su desarrollo como músico. Se trata de Purple Celebrating, proyecto al que le ha dedicado casi toda la primera década del siglo XXI y con el que le rinde tributo a quien es su gran hito: Jimi Hendrix, uno de los mejores músicos que han existido en el planeta. Con la perspectiva ubicada desde puntos de vista que la gente, en general, ha olvidado: su faceta como compositor y como escritor de melodías.

Con una formación elástica y dando cabida a todas las ideas que le han ido surgiendo, Nguyên Lê ha resuelto en el proyecto su necesidad de ser él mismo como intérprete; ha buscado desde el inicio de ese trabajo el espacio donde evolucionar sus propias concepciones en la guitarra y trasmitir la libertad implícita en las composiciones hendrixianas.

Asimismo, ha puesto los acentos en las voces (tan distintas como las de Terry Lyne Carrington, Aida Khann o Corin Curschellas) y en las líneas de bajo (con los estilos melódicos de Michel Alibo o Meshell Ndegeocello, por ejemplo). Con los años el proyecto (iniciado en el 2002) se ha modificado y crecido con la participación de muchos músicos, al igual que con la realización de infinidad de conciertos. El jazz lo ha dotado de la creatividad necesaria para que cada vez sea tan distinto como fresco.

VIDEO SUGERIDO: Purple Haze (jimmy Hendrix – Arrgt. Nguyen Le), YouTube (CathyRenoir)

Pero como el guitarrista es un tipo hiperactivo, también ha fundado un grupo paralelo, el trío Saiyuki, que ha lanzado recientemente un disco homónimo con el subtítulo de “Chronique du Voyage vers l’Ouest”. Una obra inspirada y sutil donde el este de Asia se entrelaza entre sí con el jazz como hilo conductor.

Ahí, el Japón representado por la magnífica Mieko Miyazaki al koto, flirtea con la India del virtuoso Prabhu Edouard en las tablas. Una fabulosa epopeya poética que fusiona las tres personalidades con el jazz, el blues y la tradición musical de tales países. Este músico no cesa de desarrollar nuevos universos sonoros destinados a asombrarnos, con exploraciones en las que la imaginación siempre busca nuevas alianzas.

En la última década del siglo XX, los diarios europeos escribieron a propósito de la primera presentación de Nguyên Lê en en continente: “Nadie toca actualmente la guitarra como él” y hoy en día esta frase sigue sonando autentica como lo demuestra su más reciente producción para el sello ACT, Saiyuki.

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Este disco es claramente un viaje. Un viaje de ida y vuelta al este dentro de una “Asia sin fronteras”, citando las mismas palabras que Nguyên Lê, al respecto. El trío transcurre por la ruta de la seda sonora que entrelaza los diversos mundos de dicho continente.

Nguyên Lê ha tomado prestado el titulo para el disco del célebre libro del siglo XVI escrito por el poeta chino Wu Cheng’en (conocido como El Viaje a Occidente y también como El Rey de los Monos), en el que cuenta la peregrinación de un monje hasta el paraíso del oriente conocido como la India. Para este guitarrista viajero, tal expedición literaria representa un fascinante punto de partida.

Vietnam, la India y Japón, países de origen de los miembros del grupo, señalan los puntos de un triángulo mágico donde los sonidos se mezclan para crear nuevas formas. Esto da como resultado la brillante fusión de las tres identidades.

Cada una de las cuales se refleja en las otras dos, de la misma forma en que Nguyên Lê combina la tradición vietnamita y el jazz contemporáneo en un estilo que se inspira tanto en el blues como en los sutiles instrumentos de cuerda del sudeste asiático, al mismo tiempo que sus compañeros se impregnan también de las influencias mestizas.

Mieko Miyazi recibió una formación clásica del koto en su natal Japón. A la vez que intérprete y compositora para programas de la radio y la televisión de aquel país, adquirió experiencia en el jazz a través del grupo Koto2Evans Quartet que interpretaban temas de Bill Evans transcritos para el koto. Tras escucharla, el guitarrista la invitó a participar en su disco Fragile Beauty, pero como la colaboración daba para más la incluyó en el proyecto Saiyuki.

Prabhu Edouard, a su vez, nació en el subcontinente índico. Estudió la interpretación de las tablas en Calcuta con el maestro Shankar Goshi. En la actualidad es uno de esos raros virtuosos de esta percusión india, pequeña de tamaño pero tremendamente expresiva. La tabla, que en realidad forma parte de la familia de los timbales, se toca con las yemas de los dedos, lo cual necesita de una gran delicadeza.

Los dedos mismos de un ejecutante como él realizan una danza a la vista y pueden mostrar un espectro de sonidos que van desde los bajos viscerales a los agudos casi metálicos. Edouard también ha tocado con músicos del jazz como David Liebman, Marc Ducret y Dider Malherbe.

Los miembros de este trío, a los que a veces se añade como invitado a Hariprasad Chaurasia, maestro hindú de la flauta bausouri, dejan correr su imaginación a lo largo de Saiyuki, lo que proporciona un conjunto de temas altamente ecléctico.

Desde “Autumn Wind”, y su amplia lírica de guitarra modulada delicadamente, hasta la pulsación rítmica de “Mina Auki”. Esta pieza abre sobre una guitarra country-blues, luego se condensa para transformarse casi en rock y termina sonando profundamente asiática, gracias a el dialogo entre flauta y koto.

La música permanece en una dinámica orgánica constante, como si las tablas, el koto y la guitarra eléctrica moderna hubieran pertenecido desde siempre en el mismo grupo instrumental.

Los músicos nos llevan y se dejan llevar por paisajes fascinantes bajo los cuales hay un soplo etéreo; por fuera resplandecen como un amanecer y por dentro los escuchas percibimos un elemento misterioso, mágico. Pero este instante tiene además la facultad de asombrarnos, con sus arranques de guitarra eléctrica estallando de pronto en medio de una graciosa melodía.

O bien, escuchamos pronunciar el titulo del tema –por debajo de la música- y es la ocasión para aprender que “sangam” significa “feliz encuentro”. Estas dos palabras resumen bien el sentimiento que se desprende de estos temas y ello resulta por una razón tan simple como intrincada: Saiyuki es su propia globalidad.

Un grupo así, ejemplo sonoro de la fragmentación contemporánea, representa justamente la dicha de tocar y de explorar la personalidad musical de cada uno de sus miembros. El periodo de tiempo embelesador que manejan (contenido en un CD) se da a través de un continente asiático que, en clave de jazz, nos hace accesible toda una gama de impresiones inesperadas. En el universo hipermodernista de Nguyên Lê todas estas cosas se unen de la forma más natural del mundo.

NGUYEN LE (FOTO 3)

VIDEO SUGERIDO: Saiyuki – Izanagi Izanami, YouTube (uvisni)

 

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CROSS THE LINE

Por SERGIO MONSALVO C.

 (FOTOGRAFÍAS)

CROSS THE LINE 1

 Cross the line 1

CROSS THE LINE 2

 Cross the line 2

CROSS THE LINE 3

 Cross the line 3

CROSS THE LINE 4

  Cross the line 4

 

 

 Su hábitat: la acera

Su aire: el comprimido en lata

Hará brotar

criaturas de vida fugaz

que serán borradas por Natura

sin importar ángeles o mariposas

ni aleteo demoniaco patrocinado

 

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