RADIOHEAD/3

Por SERGIO MONSALVO C.

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TORTURA Y TRABAJO

Decían los rumores que el cantante y letrista Thom Yorke no podía resistirse a la presión del consumo permanente de champán ante su creciente popularidad. La consecuencia fue que las nuevas canciones tardaron en aparecer. Sin embargo, el aplauso público le valió al grupo un millón de ejemplares vendidos del disco Pablo Honey en el país de las barras y las estrellas. Radiohead fue atrapado entonces por el circuito internacional de las promociones musicales.

En la segunda mitad de 1993 el resto del mundo siguió a los estadounidenses, a gran velocidad, en el entusiasmo por el grupo: desde Inglaterra y Holanda hasta Japón y el Líbano, “Creep” figuró en todas las listas de popularidad. El gran número de giras y la presión que la fama significaba se hicieron sentir rápidamente en el seno de la banda.

Confundidos por las alabanzas producidas por un álbum que a ellos les parecía disparejo, los miembros de Radiohead pasaron el año de 1994 en aislamiento, excepto por un par de breves giras británicas así como presentaciones en los festivales de Glastonbury y Reading. Su único lanzamiento de ese año fue el virulento EP “My Iron Lung”. A fin de no caer en el olvido, el grupo presentó como entremés este material en mini-CD, con una compilación de lados “B” y grabaciones en vivo. La medida les dio el aire necesario.

Las grabaciones para el álbum sucesor habían resultado tan difíciles que se suspendieron. A la postre los integrantes de la banda llegaron a la conclusión de que había sido por cuestión de miedo al fracaso, así como el hecho de haber pasado demasiado tiempo juntos. Después de una aplaudida gira por Europa, Japón y Australia, el segundo intento de grabación, bajo la dirección del productor de Stone Roses, John Leckie, tuvo buenos resultados.

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Tras el prestigio obtenido por Pablo Honey en los Estados Unidos, la compañía disquera estaba decidida a erradicar incluso las últimas dudas con respecto a la importancia del grupo y del nuevo disco The Bends (1995), por lo que llevó a 78 periodistas de todo el mundo a Oxford, alojándolos en un hotel de cinco estrellas de 375 dólares la noche para que se hicieran una idea propia de las cualidades del quinteto en vivo. Tales gastos por regularidad sólo se prodigaban en beneficio de los consentidos de la industria, lo cual demostraba las expectativas que se tenían en el álbum. A ello seguirá un sinnúmero de conciertos y de entrevistas.

El cantante y compositor Thom Yorke sufrió un colapso nervioso después de aquella reunión en Oxford. Sin embargo, la agenda no le brindó tiempo para recuperarse. “Para poder soportar esta tortura tienes que concentrarte en el trabajo y motivarte también el intelecto. Leemos muchos libros —declaró el baterista Phil Selway—. Los juegos de video son tabú para nosotros”. Por eso es un grupo de gente inteligente, con estudios universitarios.

Al final, el segundo álbum de Radiohead llegó a las tiendas de discos. Y al poco tiempo The Bends se celebraba como uno de los grandes álbumes de guitarras del momento. Con buena razón, pues Yorke había conseguido crear metáforas expresivas para sus experiencias en los Estados Unidos, las cuales a su vez desembocaron en canciones hábilmente construidas acerca de las atrocidades de la existencia humana.

Al mismo tiempo, los compañeros de Yorke habían aprendido a tocar con mucha emoción sin asfixiarse en el pathos. No obstante, para llegar a este punto Radiohead tuvo que sortear muchos riscos. “Puedo señalar con precisión cuál fue el gran punto de cambio para nosotros —ha dicho el guitarrista Jonny Greenwood—. Fue el instante en que cobramos conciencia de que habíamos ganado un lugar en la industria de la música y logrado algo con nuestras canciones.

Lo descubrimos el último día de nuestra gira por los Estados Unidos como abridores para R.E.M., es decir, más o menos medio año después del lanzamiento de The Bends. Fue para nosotros un gran honor que R.E.M. nos invitara a abrir sus conciertos. La razón por la que yo empecé a tocar la guitarra fue la forma de tocar de Peter Buck”.

Aún en la actualidad Radiohead no se cansa de hacer énfasis en la gran influencia que ejerció sobre ellos el cuarteto de Athens. Durante la gira pudieron asomarse de cerca a la vida de esas superestrellas estadounidenses. “Vimos cómo el lujo los rodea, pero a pesar de ello son personas honestas y cálidas. Su pasión por la música sigue incólume”.

Sintieron este hecho con mayor claridad cuando a Radiohead le tocaba abrir sus conciertos. “Todas las noches Michael, Peter y los demás se paraban a la orilla del escenario y nos observaban. Esta circunstancia nos pareció muy inspiradora. R.E.M. nos demostró que es posible seguir siendo sencillos y divertirse aunque seas el grupo más importante del mundo”.

VIDEO SUGERIDO: Radiohead My Iron Lung Subtitulado, YouTube (clkira1990)

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GHETTO (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

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 URBANISMO RACISTA

La comunidad afroamericana que llegó a Chicago se asentó en la zona sur. “Al otro lado de las vías” del ferrocarril (Bronzeville), que delimitaban la zona urbana desarrollada de la que no lo era (blancos y negros, respectivamente). El blues eléctrico de Chicago reflejó el carácter de esta sombría ciudad fabril y las miserables circunstancias sociales acarreadas por la migración masiva desde el Sur. Agresivo, siniestro y cargado de tensión suena el nuevo estilo, con la slide guitar y armónica amplificada como sus características principales.

Si bien muchas veces sus cantos eran duros y brutales, esto no era para menos: los hijos blancos del Tío Sam nunca les habían dado respiro y sí todas las restricciones a sus derechos civiles, estigmatizándolos y a su entorno: “No es aconsejable entrar en esas zonas si eres blanco”.

La ciudadanía blanca del norte del país, apenas tenía contacto con la población negra. Sin embargo, con la inmigración masiva debida a la crisis se incrementó la repulsión hacia los negros, que apenas los concebía fuera de un grupo de seres primitivos y peligrosos. Tras la guerra civil y la abolición, la mayoría seguía creyendo en la leyenda del salvaje dominado por creencias irracionales, sometido a todo tipo de impulsos descontrolados.

Los líderes políticos y sociales, los líderes religiosos, los empresarios inmobiliarios supieron explotar ese miedo y, más aún, cuando estigmatizados bajo las leyes sociales de la población blanca, dicho temor redituó en la creación de los ghettos.

El devenir de éstos en la Unión American se encuentra estrechamente asociado con olas de inmigración (externa) y a la migración urbana (interna). La primera comenzó en el siglo XIX con los irlandeses, alemanes y chinos, seguidos de italianos, polacos y suecos. En el inicio del XX llegaron los judíos europeos, los rusos, ucranianos, otros asiáticos y latinoamericanos. Todos ellos crearon sus propios enclaves y barrios con crecimientos y adaptaciones dispares y ambivalentes.

La situación de la segunda, la de los afroamericanos, ha sido distinta. Entre la abolición de la esclavitud y la promulgación de las leyes de derechos civiles de la década de 1960, las costumbres discriminatorias (a veces codificadas en la ley) obligaron a que esta comunidad interna viviera en barrios específicos, conocidos como ghettos.

Las distintas autoridades jurídicas (federales, estatales) aplicaron una lógica perversa para crear con ellos un régimen de marginalidad plenamente aceptado: la tendencia mayoritaria blanca hacia la segregación y el mantenimiento de la desigualdad, la fragmentación laboral y la lumpenización, la reducción del estado de bienestar y la concentración de la pobreza en tales zonas, todo con su debida legalización.

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Medio siglo después de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos (1955–1968), la de los Estados Unidos sigue siendo una sociedad segregada en la que blancos y negros habitan diferentes barrios. Tras la II Guerra Mundial mucha gente blanca estadounidense se mudó de las ciudades a los suburbios recién creados.

El hecho ocurrió, en parte, como respuesta a los negros que se mudaban a los vecindarios urbanos blancos. Las prácticas legales destinadas a “preservar” dichos suburbios limitó el intento de los negros para vivir en ellos, aunque económicamente pudieran hacerlo.

Para conseguirlo, tanto los bancos (préstamos e hipotecas), las compañías de seguros y las empresas negaban o aumentaban el costo de sus servicios, el acceso a puestos de trabajo, a la atención médica, etcétera, ​en áreas racialmente determinadas.

Los datos sobre el precio de la vivienda y las actitudes contra la integración indican que la segregación es un producto de acciones colectivas, adoptadas por los blancos para excluir a los negros de los mejores barrios citadinos y suburbanos. En la era Trump todo ello se ha recrudecido e incrementado la violencia y la palabra ghetto ha cobrado nuevos significados para ambas partes (el gobierno usa la tecnología para canalizar su mensaje, mientras que el hip hop ha recogido la estafeta del blues).

La certeza de que el pasado, en lugar de alejarse, se torna cada vez más presente. El fanatismo y el odio racial y los gritos de supremacía blanca, la xenofobia, ya no están sólo en las hordas encriptadas como el KKK, sino que provienen del gobierno mismo y los han hecho extensivos a todo afroamericano o inmigrante extranjero.

Tal estulticia, además, ha tendido a ser imitada por los políticos populistas demagogos, derechistas y aspirantes a déspotas de diversas geografías del mundo con mayor libertad (amparados en el voto y el retorcimiento de la democracia) y espacios (redes sociales) para tergiversar y extender sus mentiras, desde Asia a Latinoamérica donde las barriadas crecen para poner ahí a los “contrarios y fugitivos del desarrollo”.

VIDEO SUGERIDO: Donny Hathaway – The Ghetto, YouTube (soulfunkist)

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GHETTO (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL INFAME INVENTO

Existe un hecho socio-histórico que se puede englobar en una sola palabra, y cuyas existencia y función deben ser incluidas en la historia universal de la infamia: el ghetto. Transcurrir por los vericuetos culturales en que dicha palabra cobra vida es una de las cuestiones que debe abarcar cualquier glosario que se precie.

Tras la huella de tal término hay un verdadero periplo histórico, determinante para comprender su significado esencial: la exclusión (del otro, del extraño, del diferente).

Este asunto contrahumano ha sido tratado recientemente por el escritor estadounidense Mitchell Duneier (también etnógrafo y sociólogo), profesor emérito de diversas universidades de la Unión Americana. El libro se titula  Ghetto: The Invention of a Place; the History of an Idea (Gueto: la invención de un lugar; la historia de una idea, según su traducción al español).

Éste indica que el término surgió en Venecia, Italia, en el siglo XVI, cuando a la etnia judía se le obligó a vivir en un barrio de la periferia citadina llamado géto (donde había funcionado una fundidora de hierro). El autor a través del libro transita por esa actitud antisocial (la señalada exclusión espacial) desde la época renacentista hasta la fecha.

De Venecia la “idea” viajó por todo el territorio italiano, con el respaldo total del papado. Se difundió y aplicó en diversas ciudades como Praga, Frankfurt, Hamburgo, Maguncia y en países como Polonia, Lituania o Cracovia, hasta la llegada de la Revolución Francesa y sus ideales libertarios. Luego regresó brutalmente de la mano del nazismo en Alemania, e incluyó a diversas poblaciones ciudadanas, por su origen étnico, y grupos ideológicos contrarios al gobierno, hasta desembocar en un fatal destino.

Sin embargo, con el fin de la Segunda Guerra Mundial no terminó su andar, al contrario, el virus mutó y utilizó la economía como herramienta para injertarlo en las sociedades contemporáneas, teniendo a los Estados Unidos como epítome de la aplicación como sistema.

En su libro Historia universal de la infamia, Jorge Luis Borges escribió que en 1517 el Padre “Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas. A esa curiosa variación de un filántropo debemos infinitos hechos, entre ellos el los blues de Handy”.

Efectivamente, como uno de los efectos de tal hecho emergió ese género musical como expresión de la desigualdad. El blues nació durante el turbulento periodo que siguió a la Guerra Civil estadounidense, al enfrentar los negros del sur del país un cambio total en los fundamentos de sus vidas bajo el duro yugo de la esclavitud (donde vivieron en zonas de las plantaciones destinadas a ello), a causa de su repentina libertad. Cambio que no siempre fue para bien.

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En muy poco tiempo, descubrieron que un sistema de opresión era reemplazado por otro (como la aparcería, el arrendamiento y otras formas de servidumbre económica), no muy distinto de la anterior servidumbre física.  En algunos aspectos era mucho peor, al surgir una serie de presiones –económicas, psicológicas y culturales– que no estuvieron presentes, con las mismas implicaciones, durante el tiempo de la esclavitud.

En respuesta a estas últimas, una nueva forma musical lírica, el blues, tomó forma en medio de la cultura de las plantaciones del Sur, en Mississippi, Alabama, Arkansas, Louisiana, Tennessee, Missouri y Texas, regiones de las cuales provienen las noticias más tempranas de dicha música.

El blues, reflejaba con visión mucho más certera el cambio provocado por las experiencias, los estilos de vida, los valores culturales y la comunidad de intereses de la mayoría, si no es que todos los negros en los Estados Unidos durante esos difíciles tiempos.

El intérprete de blues se colocó a la vanguardia en la articulación de dichos sentimientos; destilaba, mediante una forma musical dotada de simplicidad, franqueza, flexibilidad e inmediatez sobresalientes, los anhelos, disgustos, desafectos, esperanzas y el carácter humano de toda una raza dedicada a la búsqueda de sí misma dentro de la matriz de una sociedad que la había abandonado, marginado y separado a zonas específicas, por su origen, por su color de piel, por las costumbres culturales que prevalecieron a pesar de las prohibiciones y censuras, en fin, por ser como era.

Chicago se convirtió en la meca de los negros libertos, y del blues que generaron, luego de que la época de la depresión económica de los años treinta del siglo XX cerrara muchas fuentes de trabajo para gran parte de esta población del sur de la Unión Americana.

La emigración de un millón de personas de tal población (debida al racismo rampante, al cierre de fuentes de trabajo y a la extrema marginación) y la experiencia sonora que se recogió durante la misma, dieron como resultado el desarrollo de los más variados estilos y el surgimiento de nuevos elementos para enriquecerlos. Chicago fue el crisol de todo ello.

 VIDEO SUGERIDO: Too Short – The Ghetto, YouTube (YouTube (Too Short)

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BRECKER BROS.

Por SERGIO MONSALVO C.

BRECKER BROS. (FOTO 1)

 (POEMA)

BRECKER BROS.

Sueñe con otras tierras Capitán

con otros cielos, otros mares

De rocas como islas

o criaturas de mil rostros

Funky Sea, Funky Dew

Esponjas, corales, sirenas

arpones, cuchillos, utopías

Sueños de Aqualung

sin desviar la brújula

hacia rutas que no existen

Abrupto sienta el abordaje

el bronce subiendo al cielo

en gritos jubilosos

Katzenjammer Kids

Y luego lo invitarán a tomar el té

en medio de un revuelo de pieles animadas

del polvo mágico, de la complicidad

Campanas sus rostros

trompeta y sax traviesos, magistrales

Usted tiene razón Capitán

son unos salvajes

piratas fugados

de la Isla del Bop

Una hermandad al fin y al cabo.

 

 

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ATRACO (DE LIBROS)

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (CRÓNICA)

Sentado, circunspecto, intentaba manifestar su descontento “por la penosa situación que reina en el país con respecto al precio de los libros; por la consciente transigencia de las autoridades gubernamentales en este sentido para con los editores y libreros. Dichas autoridades –subrayó enfático—hacen caso omiso de esta circunstancia y dejan hacer libremente a los buhoneros de la industria editorial, a los dueños de las librerías y a los intermediarios lo que se les pega la gana en cuanto al precio que imponen a los libros.

“Es obvio que resultaría idiota esperar su intervención favorablemente en este asunto –dijo y sacó un papel con anotaciones–. Uno como lector, como consumidor de esta necesaria mercancía, ya como diversión, como actividad vital o como incremento cultural, se plantea el asunto al estar dentro de la librería y escoge alguna de las siguientes opciones: 1) resignarse a la situación y pagar sin chistar el desmedido precio del ejemplar; 2) abandonar el objeto con desencanto o enojo y salir del establecimiento rumiando un visceral ‘Fuck Off’, o 3) ingresar o reincidir en la práctica de las expropiaciones en nombre de la cultura, llamadas vulgarmente atraco de libros.

“Si se decide realizar la tercera opción, que a final de cuentas es la más atractiva y justiciera, hay que saberlo hacer –apuntó, acomodándose los anteojos–.  En primer lugar se debe estar convencido de que el fin justifica los medios; estar consciente de que tal acto está tipificado; recordar aquello de que ‘no da pena robar sino que te atrapen’; saberse poseedor de la suficiente sangre fría para no ser traicionado por los nervios a la hora de la hora y, lo más importante, tener un estilo poco ortodoxo para llevar a cabo la acción.

“Reunidos tales requisitos y fríamente considerados en el momento indicado, si se opta por la expropiación, seguro se podrá anotar otra victoria contra los mercachifles.

“Pero en caso de que la práctica llegue a fallar, hay que saber salir bien librado de tan penosa circunstancia –señaló con el dedo a los escuchas–. Recordar las anécdotas de los amigos o conocidos en este sentido es una buena costumbre.

“Para comenzar, si se es atrapado el trato será como al más despreciable de los delincuentes, humillado, acusado de todas las desapariciones, amenazado y quizá hasta golpeado si uno no se pone listo o se pasa de cínico. Ante todo hay que conservar la calma, la dignidad de quien ha sido capturado en dispareja lid al luchar por el acceso a la cultura, aunque sea de manera ilegal.

“Conocer el hecho de que en estos casos lo recurrente es que le pidan a uno pagar el precio del o los ejemplares al doble de lo que valen y, por si eso fuera poco, dejarlos ahí.

“Puede suceder también –afirmó ante el auditorio– que en plan vengativo, o sea joder de más, abusar pues, los captores llamen a la policía para sentir que han cumplido con el deber de entregar a un mal elemento social y ganarse así una palmada del dueño por ser un buen empleado.

“Si esto sucede, no olvidar que siempre se puede llegar a un acuerdo con los paladines de la justicia (“Ayúdenos a ayudarlo, joven”) a una o dos cuadras de distancia del lugar de los hechos. Se recomienda no hacerle al arrogante, al mártir ni mostrar radicalismo alguno, por motivos de seguridad física.

“Quizá la solución a todos estos problemas –dijo el especialista recargándose en la silla–  sea la formación de un organismo filantrópico que proteja en dichas situaciones a los expropiadores en nombre de la cultura, y mantenga constantemente una campaña de apoyo y reivindicación a favor de los derechos humanos de los atracadores de libros.

“Si los funcionarios públicos, industriales y banqueros que son descubiertos en fraudes millonarios y otras transacciones criminales quedan libres y salen con la frente alta alegando falsedades, traiciones o trampas políticas de las que la historia los exonerará, para luego disfrutar del producto de su ratería en forma tranquila, aunque con la imagen un tanto empañada, ¿por qué no hacerle igual justicia a quienes sustraen libros en nombre de la cultura?”

 

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PUNK / 3

Por  SERGIO MONSALVO C.

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 LA FURIA REFERENCIAL

Llegó 1975. Les tocó portada en las revistas especializadas a Paul McCartney, Led Zeppelin, Santana y otros tantos símbolos con los que una nueva generación se había dejado de identificar. El grupo Doctor Feelgood tuvo un éxito, “Back in the Night”, un boogie danzante, el título más efímero de su repertorio. La monarquía no tembló. Sin embargo, la estética del rock volvió a sus principios. El pub rock representado por este grupo fue ganando adeptos. Regresaron las piezas cortas, la energía y muy pronto la subversión total.

Finalmente, en 1976-1977, en las grandes metrópolis, toda una generación explotó, como una fuerza retenida por demasiado tiempo: los punks metieron sus problemas cotidianos en la música. El sonido de la ciudad, un lugar de violencia y energía pura, les sirvió de inspiración.

Descartaron por estériles muchos instrumentos por ser los atavíos elitistas del profesionalismo y del culto a la técnica. Y sólo con la guitarra, el bajo y la batería se volvieron hacia el sonido más adecuado para expresar ira y frustración, para enfocar el caos, dramatizar la vida cotidiana y compendiar todas las emociones en la angosta brecha comprendida entre una mirada fija y vacía y la sonrisa burlona.

El guitarrista produjo entonces una línea de fuego para cubrir al cantante, mientras que la sección rítmica los enclaustraba a ambos en una cabina de baja presión y, en respuesta a lo que se percibía como el congelamiento total y final del mundo moderno, la música mostró su versión de ello.

Fue en Nueva York donde nació el punk, y eso no hay que olvidarlo. Desde la Urbe de Hierro llegó Patti Smith con su poesía alucinatoria y visceral, inspirada por igual en los beats, los simbolistas franceses y los Rolling Stones. Procedía de una tradición de poetas, artistas y bohemios y siempre trató de tender un puente entre la literatura y el rock.

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Esta tradición tuvo comienzo con los beatniks y se desarrolló por medio de folkies como Bob Dylan, cantautores como Leonard Cohen y el expresionismo del Velvet Underground, hasta la llegada de Patti a la cabeza de su grupo. Sus letras mezclaban oscura poesía mística y visionaria, imaginería sexual y política populista, y las interpretaba con una voz rasposa que contenía más furia y abandono de los que cualquier rocanrolera se hubiera atrevido a manifestar jamás.

Plagada de referencias a Arthur Rimbaud y a MC5, uno de los raros grupos “revolucionarios” de la Unión Americana, brotó su primera obra, Horses. En su funda en blanco y negro giraban el tono y el espíritu del punk neoyorkino. En él estaba contenido el Velvet Underground y los devastadores Stooges. Letras y música que asombraban a una nueva generación.

Los efectos de la explosión punk se multiplicaron polarizándose y dando la bienvenida a otras voces, sonidos e ideas. Nueva York contribuyó, además, con el fuego de grupos como Television, quienes con el transcurrir de su desarrollo hicieron olvidar las definiciones genéricas hasta convertirse en bandas de características abiertas.

Television poseía un estilo distintivo provocado por el entrelazamiento de las guitarras y voces de Tom Verlaine, Richard Lloyd y Richard Hell. El grupo tuvo su centro de operaciones en el club CBGB’s donde fue el primero en tocar y darle fama al lugar. En 1977 lanzaron el álbum Marquee Moon —hoy clásico— que enfatizaba el trabajo de ambos guitarristas y compositores comprometidos entre el punk, la New wave y el art-rock.

VIDEO SUGERIDO: Television – Marquee Moon, YouTube (SpaceOdyssee0)

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PUNK (REMATE)

GUS VAN SANT

Por SERGIO MONSALVO C.

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 POR EL LADO SALVAJE DE LA CALLE

En sus películas Mala Noche, Drugstore Cowboy y My Own Private Idaho, jóvenes sin raíces buscaban el amor y la seguridad afectiva. En la siguiente obra de Gus Van Sant, Even Cowgirls Get the Blues, las muchachas encuentran la felicidad en el amor femenino.

Desde su adolescencia, este cineasta ha sentido fascinación por los jóvenes que buscan alternativas a una vida familiar insatisfactoria. Al estudiar en la Rhode Island School of Design, de la que se graduó en 1975, el director pudo relacionarse con espíritus afines.

La falta de técnicas de filmación económicas y de subsidios gubernamentales en los Estados Unidos lo obligaron a ganarse él mismo el dinero necesario para rodar su debut.  Mala Noche, basada en una novela, finalmente fue filmada por veinte mil dólares en 16 milímetros. Este retrato de un vendedor de verduras y su amor homosexual no correspondido por un inmigrante mexicano fue muy bien recibido por los críticos de cine y estableció la reputación de Van Sant como talento fílmico con una visión independiente.

Mientras que en su debut Van Sant (nacido en julio de 1952 en Kentucky) afrontó las imágenes estereotipadas de los homosexuales, en su segundo trabajo, Drugstore Cowboy, otra vez basado en una novela, destruyó los clichés armados en torno a la figura del junkie. “Al hacer la película –declaró– tuve que partir de mi imaginación, porque sabía poco sobre la vida de los junkies. Aprendí mucho de mi contacto con William Burroughs, quien tiene un papel en la cinta. Burroughs es mi ídolo y comparto su opinión de que deberían de legalizarse todas las drogas para acabar con la criminalidad en torno a ellas”.

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Para su tercera película, My Own Private Idaho, Van Sant escribió su primer guión original. La película despierta la simpatía del público por los sentimientos de los jóvenes que venden su cuerpo en la calle.  La película no trata tanto de la vida de los homosexuales como de la vida cotidiana de los prostitutos que niegan el aspecto homosexual de su profesión.

Tratándose de un director que ha hecho de la lucha contra los estereotipos el tema fijo de su obra, la siguiente película de Van Sant se antojó bastante conservadora.  Even Cowgirls Get the Blues, basada en la novela sesentera de Tom Robbins, habla de una muchacha con pulgares enormes y su recorrido por los Estados Unidos de los años sesenta.

Las lesbianas con las que encuentra la felicidad son feministas militantes y los drogadictos son excéntricos bizarros. En Even Cowgirls Get the Blues también los experimentos visuales de las cintas anteriores han cedido a enfoques más tradicionales.

Después de los papeles encomendados a Matt Dillon, Keanu Reeves y River Phoenix en las cintas anteriores, los actores estaban ansiosos por trabajar con Van Sant. Luego, además de la protagonista Uma Thurman, encontramos figuras muy variadas en dicho filme, como Angie Dickinson, Roseanne Arnold, Buck Henry y Udo Kier, estrella warholiana.

Llaman la atención los papeles secundarios de Ken Kesey y Ken Babbs, que en los sesenta encabezaron a los Merry Pranksters, apologetas del LSD. En la película aparecen como buenos padres de familia y debidamente burgueses. La cinta se ubica en el tiempo de los Pranksters. Kesey y Babbs, a pesar de ser hippies con un espíritu de libertad que se encontraba en la fuente de la revolución psicodélica, no eran los típicos flower children. No llevaban el pelo largo y cuidaban a su familia; las desenfrenadas fiestas de LSD que organizaban y su famoso viaje de camión forman sólo media verdad. Sus papeles en la película no están muy lejos de la realidad.

A pesar del destacado papel del homosexualismo y del consumo de drogas intravenosas en sus películas, hasta la fecha Van Sant ha evitado tratar la problemática del sida en la pantalla. Sin embargo, el siguiente proyecto de este director fue la película para televisión Christmas on Storkstreet.

La cinta forma parte de la serie “Red Hot & Film”, la variante cinematográfica del proyecto “Red Hot & Blue”, destinado a recabar fondos para la lucha contra el sida. Antes de que llegue ese momento, entre películas Van Sant se ganó la vida haciendo videoclips.

 Además de trabajos hechos para David Bowie, Tracy Chapman, Elton John y The Red Hot Chili Peppers (“Under the Bridge”), también tomó la foto de la portada para el disco Mothers Milk de este mismo grupo.

VIDEO SUGERIDO: Red Hot Chili Peppers – Under The Bridge (Official Music Video), YouTube (Red Hot Chili Peppers)

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