ANDRÉS DE LUNA

Por SERGIO MONSALVO C.

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      ERÓTICA

(LOS GOTEOS DEL PLACER)

El libro Erótica. La otra orilla del deseo (Grijalbo, 1991, aunque hay ediciones más recientes) de Andrés de Luna es un festín a los sentidos que la generosidad del autor pone a nuestro alcance. Georges Bataille dio a entender que nunca estamos tan solos como cuando nos entregamos a la sexualidad y declaró que el único alivio para ello era la muerte. De Luna, antes de la consumación de tal drasticidad brinda la imaginativa opción de los florilegios alrededor de las fantasías reales y los deseos que provocan las delicias en una vida menos restringida.

En uno de los pasajes del volumen se puede leer que el único tratado moral aceptable es aquél que reconozca a los placeres como único rector de la vida. Efectivamente, en la aplicación de tal tratado se encontraría la consumación de las alegrías vitales, se alcanzarían las otras orillas del deseo. En el camino que conduce a todo ello De Luna nos guía con un trabajo impresionante y erudito; por una arquitectura literaria cuidadosa y un estilo diestramente flexible, dentro de un área que, como el misterio religioso, es de manera singular resistente a la definición verbal: el erotismo.

Lo que no puede hacerse en una aceptada vida adocenada asciende hasta el brillo de un estado excepcional en el erotismo, al aparecer entonces como única vida verdadera. Una mente erótica es una alegría sin fin. No obstante, dos mentes erotizadas son más excitantes que una. Finalmente, el órgano sexual más importante es el cerebro. El deseo y la atracción física son parte de los elementos para pasar un buen rato. Sin embargo, para amalgamar esto en un algo de mayor trascendencia resulta decisiva la capacidad de compartir los deseos sin restricción alguna. Dicha libertad de imaginación requiere –y así se puede comprobar a través del recuento de citas– de arte y artificio, ingenio, técnica y un mucho de perversidad sin convencionalismos.

Las circunstancias en torno a la búsqueda de placer que las estructuras sociales han mantenido para su preservación han perdido su carácter de  verdades indiscutibles en virtud de las apelaciones de receptividad, estímulos y capacidad de aprendizaje. Ahora, a quienes sostienen aún aquellas estructuras se les pregunta por las posibilidades de placer y esta extraña pregunta les impresiona. En Erótica hay respuestas en distintos niveles: “En Erótica todo es posible…siempre y cuando sea inventado al calor de los cuerpos y expresado a través de la literatura, el arte o cualquier otro acto creativo que deje huella recuperable.”

El erotismo planteado por De Luna, rastreado, recuperado, expuesto, analizado con sus iconos y conceptos, se encuentra más próximo a la realidad porque supone el afán de placer como impulso, su restricción y condicionamiento los concibe como peligrosos y ofrece remedios. En los textos plasmados se abandonan las limitaciones y se buscan nuevos estímulos y variantes, se saborean las excitaciones con manos, pies, bocas, objetos, posiciones, sitios. Eros es la presencia constante que sensualiza todos los terrenos con seducciones, sorpresas y juegos amorosos. Es la manifestación escrita y descrita de la nueva Arcadia.

Erotómano irredento, el autor muestra el placer entendido como lo contrario a las ideas establecidas; como signo de todo lo positivo, creador y excitante que existe en la naturaleza humana. La felicidad después de su lectura se puede definir cuantitativa y cualitativamente en los momentos de placer que se experimenta, se recibe y se proporciona. La fantasía erótica es algo parecido al soñar despierto; es, en efecto, una forma lúdica que intenta vivir al máximo el impulso obstruido en la trampa de la vida cotidiana.

Son sueños de desencadenamiento, liberación in mente de las fuerzas instintivas, un juego de averiguación sobre la vida bajo la vigencia ilimitada de las leyes del placer, porque en el fondo de casi todos los seres humanos hay una constante aspiración a nuevas experiencias eróticas, a un universo multiforme donde caen las máscaras y el hombre, entre gemidos, retorna como de un destierro. En el libro de De Luna, el erotismo, como liberación y modelo de lenguaje, ha proporcionado acceso a las anheladas orillas de los deseos.  Lo que ahí se presenta y airea, manoseado por todas partes, lamido, olfateado, orinado, defecado, etcétera, es el placer ubicado en la pretendida Arcadia donde –como voyeur— espía el ángel de la sublimación.

ANDRÉS DE LUNA (FOTO 2)

 

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MOMUS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 ALTEREGO ALTERMODERNO

Hace poco más de medio siglo Jack Kerouac, escritor e icono cultural, dijo que “no había lugar a dónde ir, excepto a todas partes”. Lúcidas palabras de alguien para quien el viaje era un fin en sí mismo.

Los aventureros de hoy con los nuevos medios de comunicación, la tecnología y el arte, tienen opciones diversas para hacer aquello que se planteó el mantra de Kerouac.

Ejemplo destacado de ello en la actualidad es Nick Currie (multifacético creador nacido el 11 de febrero de 1960, en Paisley, Escocia).

Currie es un tipo que al final de su década cincuentenaria es capaz de mudarse de ciudad y país reiteradamente (Londres, París, Tokio, Nueva York, Berlín), desafiando el sedentarismo conformista.

Este escocés ha grabado más de 30 discos de culto, hasta el momento, desde el inicial Circus Maximus (de 1986) hasta el reciente Pantaloon (2018) en el indie subterráneo.

Lo ha hecho a través de varias compañías independientes a lo largo de los años, como la Creation Records, hoy cerrada. Y en estilos diversos como el post-punk, el dark acústico o el pop gaélico.

Pero también con variaciones electrónicas avant-garde con influencias de Jacques Brel y Serge Gainsbourg, bajo el alterego de Momus – nombre de aquel dios de la sátira y la mofa en la mitología griega—.

Su radical postura indie lo ha llevado a retar a las grandes compañías discográficas, dueñas de los masters de algunas de sus grabaciones, al regalar por la Web el contenido de media docena de sus primeras y ya  inconseguibles obras.

Nick Currie o Momus se ha desarrollado como un comunicador vanguardista nato. Tanto como músico, como escritor o periodista estrella de revistas como Wired, Vice o Design Observer.

Como escritor ha publicado varios libros donde expone sus adelantados conceptos acerca de la comunicación en la era digital en la que vivimos. Entre ellos: The Book of Japans, The Book of Scotlands o The Book of Jokes.

En ellos mezcla la ciencia ficción con diversos recursos y herramientas escriturales, que van del cómic a la autoficción, del testimonio cultural al manejo de los lenguajes tecnológicos.

Currie es un tipo que a pesar de haber mantenido un reconocido y sustancioso blog cultural (“Click Opera”), seguido por cientos de miles de internautas, lo cerró en el punto más alto de su popularidad porque quiso trabajar por otros caminos y con otros objetivos, llevando más allá el uso de las redes sociales.

VIDEO SUGERIDO: Momus: Gibbous Moon, YouTube (momasu)

Es un artista, finalmente, que cuando otros a su edad ya han encontrado su nicho y viven de explotarlo ad infinitum, él opta por la vanguardia y militar en nuevas corrientes de pensamiento como el altermodernismo.

La idea básica de dicha estética (conceptualizada en primera instancia por el crítico francés Nicolas Bourriaud) sugiere que el período posmodernista llegó a su fin, simbolizado por la crisis financiera global.

 Tal era ha sido reemplazada por el altermodernismo: “Una redefinición in progress de la modernidad en esta era que se centra en la experiencia de vagabundear en el tiempo, los espacios y los medios”.

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Currie, haciéndose eco de tal concepto, ha canalizado su labor de migrante y nómada cultural hacia la idea de otredad y su multitud de posibilidades, incluyendo el cosmopolitismo como objetivo, necesidad y plataforma.

Este vanguardista contemporáneo traduce y transcodifica la información de un formato a otro, excediendo la disciplina del arte y abordando la actualidad en todas sus facetas: económicas, políticas y culturales.

Por eso los soportes en los que este artista trabaja son tan versátiles como la época lo requiere: desde la fotografía, el cine, el video, la telefonía celular, el audio (en cualquiera de sus derivados).

De Internet utiliza sus diversas maneras de conexión; de la radio la streaming on line; de la escritura, la ficción literaria y el periodismo –como hemos visto–.

Asimismo es diseñador, tanto sonoro como de la imagen. Su obra ha sido expuesta en extraordinarias instalaciones realizadas en galerías tanto como en espacios urbanos.

Es decir, Nick Currie es un artista con una visión poliédrica del presente que propone definiciones nuevas y formas de arte que celebran la sinergia y el espíritu de la cultura contemporánea.

Tres muestras de su reciente quehacer son, por ejemplo: una exhibición de fotos en la Tate Gallery de Arte Británico de Londres, junto a su performance estilo karaoke enraizado en el teatro de cabaret y el vodevil con una visión cibernética.

Asimismo, la edición del libro fotolog.book, a global snapshot for the digital age (fotolog.book, una “instantánea” global para la era digital) una selección fotográfica tomada por la comunidad internáutica con cámaras digitales y de telefonía celular que reflexiona sobre la vida actual.

Igualmente está su labor musical con los recientes discos Hypnoprism (2010), The Thunderclown (2011) y Pantaloon (2018), bajo el nombre de Momus.

En ellos reconstruye con humor sus canciones favoritas en YouTube con la idea de juntar imágenes y sonido para crear un nuevo artefacto audiovisual.

Lo mismo que diseña collages y frescos sonoros donde juega con el tiempo y el espacio o da su punto de vista armónico o de perspectiva sobre el presente y futuro de los libros.

Nick Currie es, pues, un artista altermoderno. Un heredero de aquella consigna de Kerouac (“no hay lugar a dónde ir, excepto a todas partes”), que hoy canaliza de diferentes maneras las redes sociales y la tecnología.

Ambas ofrecen a través de su alterego, Momus, un más allá, un incremento estético a sus objetivos de comunicación y amplían la experiencia cultural de “viajar” alrededor del mundo globalizado.

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VIDEO SUGERIDO: Momus: Bibliotek, YouTube (momasu)

 

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SIDDHARTHA

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (EL ALMA UBICUA DE HESSE)

Fue dos años después de su muerte, en 1962, que el escritor alemán Hermann Hesse alcanzó la divulgación global de su obra (falleció en Montagnola, Suiza, su patria adoptiva). Esta difusión se inició durante la guerra de Vietnam, al convertirse (el autor y sus libros) en un símbolo de identificación para el movimiento juvenil (la contracultura específicamente) que se rebeló contra esa guerra, tanto en los Estados Unidos como en diversas geografías.

Al respecto, Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, escribió de Hesse que, una vez desaparecido, al autor le sucedió “lo más grande que puede sucederle a un escritor: ser adoptado por los jóvenes rebeldes de medio mundo y convertido en su mentor. Eran los años sesenta, los de la revolución psicodélica, de la sociedad tolerante y la evaporación de los tabúes sexuales, del espiritualismo y la religión pacifista.

“El culto de los jóvenes novísimos por el autor suizo-alemán me intrigó y volví a leerlo –dijo Vargas Llosa–. Era verdad, tenían todo el derecho del mundo a entronizar a Hesse como su precursor y su gurú. Fraguó una fábula contra el pesimismo y la angustia en un mundo que salía de una tragedia y vivía en la inminencia de otra, Hermann Hesse anticipó un retrato con el que iban a identificarse los jóvenes inconformes de la sociedad afluente medio siglo después”.

El acicate de Hesse para vivir con autodeterminación (contracultural) y en forma opuesta (contestataria) a la sumisión hacia la autoridad, así como las soluciones ideológicas de corte universal, explican su fuerza de atracción sobre las nuevas generaciones. A la creciente desorientación él contrapuso una imagen global en la que se mezclan tradición y modernidad, ética y estética, de un modo por demás futurista.

A diversos rincones del mundo siguen llegando sus ecos, y con el mismo apelativo de una de sus novelas se han creado grupos de rock y solistas llamados Siddhartha, como reconocimiento al autor de la misma. En España (Asturias) existe Siddhartha  & The Kashmir Band, de rock y balada pop; en los Estados Unidos (Detroit) está el grupo de garage comandado por el cantautor Marlon Hauser, con dos discos en su haber: el homónimo Siddhartha e If It Die; en México (Guadalajara), con el mismo nombre y dos discos instalados en el indie: Why You? y Náufrago y, en las antípodas eslovenas una banda con amplia historia y reconocimiento internacional por su original sonido.

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Siddhartha es un grupo de hard rock y gótico de Eslovenia, considerado como el más importante de aquella joven república centroeuropea (formada apenas en 1991, tras deslindarse de la antigua Yugoslavia), codeándose con Liebach y Magnífico.

Se fundó en 1995 bajo el nombre del libro de Hesse. En sus orígenes fue una agrupación standard, con dos guitarras, bajo y batería, pero luego del agregado de un tecladista y un sax obtuvieron un sonido distintivo. Tras varios cambios en su configuración a lo largo del tiempo, los integrantes actuales son Tomi Meglič (guitarra y voz), Primož Benko (guitarra y coros), Jani Hace (bajo), Tomaž O. Rous (teclados), Cene Resnik (sax) y Boštjan Meglič (batería).

El Siddhartha esloveno se mueve bajo la batuta estética de Tomi Meglič, quien es el autor de casi todas las letras del conjunto. Este escritor pertenece, a su vez, a la selecta asociación de poetas eslovenos. El carácter simbolista de su lírica, cuya evolución se puede seguir a través de los discos ID, Nord, Rh, Petrolea, Saga, VI e infinidad de EP’s y remixes, habla de un mundo extraordinario y complejo, oscuro, con tradiciones ancestrales en las que conviven el horror y la lealtad, la traición y la amistad, el amor, la crueldad, el humor negro y la muerte.

Meglič pertenece a esa clase de autores que busca la eficacia del auténtico fabulador. Fiando la mirada a la imaginería de la palabra tanto para describir como para marcar a los sentimientos y personajes que habitan sus canciones.

El alma ubicua de Hesse está presente, pues, también en la obra de esta banda que ha mostrado desde su fundación un gran poder expresivo.

SIDDHARTHA (FOTO 3)

VIDEO SUGERIDO: Siddharta – Ledena (oficial video) – Album Infra, YouTube (Nika Records)

 

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ESPOLÓN PERDIDO

Por SERGIO MONSALVO C.

ESPOLÓN PERDIDO (FOTO 1)

 (JOEL)

I

EL VIAJE

(rememoranza aproximada)

Fue una noche de jueves o viernes en el Museo Carrillo Gil. El motivo del convivio: la presentación de un libro de Gustavo Sáinz (Compadre Lobo). Ahí bebimos bastante o, más bien, comenzamos a beber. Cuando aquello terminó (o casi) salimos en grupo bajando por las rampas (la reunión había sido en el último piso). Al llegar a la calle Rafael dijo que tenía una fiesta en Tepozotlán y que una compañera (no recuerdo quién haya sido la inocente o irresponsable, o ambas cosas) le había prestado su auto para ir (en realidad no era un auto, era un Volkswagen): “¿Quién se apunta?”, dijo. Caminamos hacia una calle paralela. Al llegar al vehículo un perro callejero se orinaba en la llanta delantera. Nos subimos: Rafael al volante, René, Pepe, Joel y yo, donde cupimos (quizá había alguien más, es muy posible, pero no lo recuerdo). Así que rumbo a Tepozotlán nos dirigimos. En Avenida Revolución nos paramos a comprar algunas botellas. Llegamos a la autopista (con pantagruélica alegría) y por ahí surgió el “Vamos a tirarnos en alguna barranca”. “!!!Sííí!!!”, fue el grito unánime. Nos fuimos casi todo el camino por la cuneta de la carretera sin encontrar (por fortuna) un lugar para lanzarnos. Llegamos a Tepozotlán al inicio de la madrugada y comenzamos a buscar la dirección de la fiesta, la cual nunca encontramos. Para entonces ya estábamos más que ebrios. Todos salimos del coche, entre jolgorio y risas y su luz interior como única iluminación alrededor. Nos dispersamos para continuar la búsqueda inaudita. Era una noche cerrada. Recuerdo alguna llovizna, el empedrado y el silencio de las calles sólo interrumpido por lejanos y oscuros aullidos caninos. Pasó el tiempo y nada. Regresamos al auto. René venía prácticamente cargando a un Joel desmayado por el alcohol (de ahí surgió el comentario jocoso de “Joel, ¿no oyes ladrar a los perros?”, una referencia a una película recientemente estrenada). Rafael también quedó fuera de combate, así que yo, aún despierto, me puse al volante (durante el camino de regreso veía en el espejo retrovisor, cada vez que me asomaba a él, la cabeza de Joel, inerte, recargada hacia atrás –o más bien hasta atrás–, con su inseparable boina y alguien leyéndole poemas o alguna página del libro de Sáinz). Volvimos al DF al final de la madrugada. Hacía frío. Al clarear regresamos el auto (es decir, lo dejamos estacionado frente a la casa o departamento de aquella compañera) y nos fuimos (aún con el eco de los ladridos en la cabeza) a lo que cada uno tuviera que hacer (no sobrios por completo o en plena cruda). La anécdota, al respecto de tal noche, la comentamos socarronamente a la postre con los otros asistentes regulares en la cantina La Noche Buena (donde acostumbrábamos reunirnos por aquel entonces). Joel no estaba ahí.

II

A MANERA DE TESTIMONIO

A Joel lo conocí por su silencio. Y digo lo conocí en la medida en que esto puede suceder con una persona recogida en el capullo de lo taciturno. Joel era un tipo callado que traía la música por dentro, al igual que las palabras.

Me imagino que la música se le acumulaba durante días para literalmente explotar en alguna noche, eso sucedía en la casa de alguien (en donde nos reuníamos tras la presentación de algún libro o la lectura de poemas en algún auditorio o sala), y en el rincón que escogía para permanecer toda la noche ensimismado (pero al parecer “a gusto”).

La música le explotaba de repente al tocarse la pieza justa de los Rolling Stones (entre las de Let It Bleed y Exile on Main Street). Entonces su reserva se transformaba en un baile estrambótico al más puro estilo “hoyero” (funky). Bailaba solo (o junto a Javier, su carnal más cercano, cuando estaba) con intensidad y ritmo tribales, de manera celebratoria. Para después de ello volver a su envoltura silente.

Pero no por ello Joel era un tipo huraño. No, para nada. Su presencia, aunque nebulosa, era liviana y siempre tenía un gesto positivo para el que se dirigiera a él, como lo hacía conmigo cuando en dichas reuniones o fiestas me le acercaba para decirle “¿Qué pasó Joel, estás de nuevo en la onda piedra?” Y él me sonreía para luego brindar y quedarnos callados, escuchando la siguiente pieza de los Stones.

Pero no sólo era la música la que le explotaba por acumulación, sino también –y mejor—las palabras. Pero éstas no eran jubilosas como su baile y nunca eran dichas sino escritas, quizá por la dificultad que le representaba hacerlo orgánicamente, y una vez plasmadas en el papel representaban un lenguaje singular, oscuro, raro, inexpresable, y lo inexpresable es, como decía Wittgenstein, “el fondo sobre el que cuanto se expresa adquiere significado”.

Uno que causaba impresión y que hablaba de un exuberante intento por explicar en algo su mundo.

Espolón de Proa (su único poemario) fue una guía sobre su presencia, como sus intermitentes apariciones, como la que sucedió en ese viaje ebrio por la autopista a Querétaro que hicimos y del que recuerdo la imagen de Joel en el espejo del medallón de ese Volkwagen, callado en medio del caos o noqueado por el alcohol y oyendo ladrar los perros.

Finalmente un día desapareció sin mayor explicación, reafirmando lo que una vez escribiera el francés René Char: “Un poeta debe dejar indicios de su paso, no pruebas”.

III

DE AUSENCIAS

Apreciado Joel: la memoria sobre ti flota en la negrura, totalmente inerme. Es imposible discernir dónde te encuentras y qué te rodea, tan sólo se percibe la sensación de fragilidad y de indefensión, el vacío. Para enfrentarte a él, a la intuición que tuviste de él, es que obligaste al lenguaje a salir a alta mar, a sus aguas heladas. Tu trabajo fue arduo y meticuloso, extractado, hasta dar con el plano exacto que transmitiera tus coordenadas –poéticas, dramáticas tal vez–. Fue duro, especialmente para tu mascarón, al que hoy otros tenemos que sacar del agua y reforzar con palabras y recuerdos, antes de colocarlo otra vez en su lugar: la proa. Recuerdos. Un potente espolón y su sabio uso hacen el resto por ti. Ahora, tras de las muchas imágenes que se captan en tu línea de flotación –hechas de palabras jóvenes e innovadoras- se conforma una ruta concebida y producida para un desembarco final: el silencio explícito, la acción de callarse. Ello ha creado un escenario posible para tu presencia y percepción. Territorio susceptible e inexplorado, uno que incluye el casco de tu resistencia a la comunicación. Un avistamiento positivo a lo silente, aun convirtiéndolo en un concepto camaleónico o contradictorio. En este momento del verbo incontinente, no hay espacio para la mudez. Así que debemos proporcionar un lugar para expresarte aunque tú hayas trabajado sin sonido. Reflexionar sobre los aspectos físicos y materiales del mutismo, así como las implicaciones y los usos de tu ausencia. No cabe duda: el silencio requiere del arte, porque finalmente, el espolón de proa fabricado en tus sensibles astilleros volvió del fondo del mar. Tú no. Algo ahí afuera te hundió.

 IV

AY, POETA*

Ayer

estaba

medio

          muerto

en una mesa

          de cantina

me debatía

          luchaba

entre

          la convulsión

del vómito

          y la orina

pobre

          tipo

decían

          la perversión

en la totalidad

          del desfiguro

hoy

          de pie

celebro

          haber

nacido

          nuevamente

ya volveré

          a caer

 

*Texto extraído del libro Espolón de proa, de Joel Piedra (poeta nacido en Durango, México, en 1954 y desaparecido algún día a fines de 1978 por causas ignotas). Fue publicado por La Máquina Eléctrica Editorial en 1979.

 

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PATRICIA CARRIÓN

 

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL JAZZ COMO OPORTUNIDAD*

En el libro Tiempo de Solos 50 jazzistas mexicanos escribí que “una cantante como Paty Carrión (nacida como Patricia Grisel Carrión Palacios el 12 de julio de 1959 en México, D.F.) posee el toque mágico para hacer que las palabras que hemos escuchado y repetido millones de veces se tornen sonidos que nos envuelvan formando remolinos o brisas ligeras.

“Es de las artistas a las cuales se les puede delegar la esperanza de atrapar esas palabras para que luego las renueve con el canto, como parte de un sueño lo mismo colectivo que privado. Muy pocas intérpretes de cualquier género son capaces de ello, de emocionar con su voz. Eso requiere de un talento innato y del estudio constante para canalizarlo”.

A Paty Carrión la entrevisté para su inserción en el libro, en noviembre de 1999, festejaba aún sus 40 años recién cumplidos.

Habla Paty:

¿CUÁL ES TU DEFINICIÓN DE “JAZZ”?

“Es una maravillosa oportunidad que nos brinda un espacio. En él cual nos movemos en abstracto. Es un espacio instantáneo que no se puede repetir y que crea pequeñas obras, todas diferentes, por medio de la improvisación. Es la sensación de estar componiendo al instante y de regocijarte en lo que oyes, en cómo lo quieres hacer, y en cómo te gustaría escucharlo al siguiente momento.

“El jazz es un instante maravillosos en el que no eres terrenal, en el que te vas a otro parámetro, a otra dimensión, donde la música es la reina y donde no existe el tiempo, no como lo conocemos nosotros, sino sólo en esos cuatro o cinco minutos que puede durar tu pieza, y en tu capacidad para crear una música única e irrepetible en ese momento. Eso es el jazz: la posibilidad de jugar, de divertirte, de vivir de ello y aparte que te aplaudan. Tiene que ser así o no es jazz.

“Si no eres por dentro un niño en edad entonces no eres jazzista. Todos los músicos compartimos un infante muy despierto, nada caprichoso, pero con capacidad de asombro, de sensibilidad, con la capacidad de emocionarse hasta las lágrimas, de sorprenderse, todo eso que a la mayoría de la gente se le va enajenado, mellando. Con los músicos que trabajo son esas las cosas en común”.

¿QUÉ HIZO QUE TE INCLINARAS HACIA EL JAZZ EN UN PRINCIPIO?

“Fueron varias situaciones, algunas de ellas deseadas, otras por azar. Yo viví en Cozumel nueve años, ahí tuve la posibilidad de explorar diferentes géneros musicales, porque toco la guitarra, mal pero la toco. Durante esos nueve años pasé por todo los estilos que tienes que pasar: ranchero, bolero, trova cubana, canto nuevo, etcétera. Sin embargo, tras haberme paseado por ellos sentía que había algo que me estaba deteniendo.

“Todos esos géneros me exigían en una determinada limitante, una frontera donde más allá no podía ir. Después de un viaje que hice a Europa me di cuenta del gran nivel que se maneja en esos países, musicalmente hablando, y también por las cantantes. Entonces me dije: ‘tengo que hacerme músico, no nada más ser otra cantonta’. Regresé a la Ciudad de México para estudiar música, en ese proceso alguien me presentó a Juan José Calatayud que en ese momento no tenía cantante, pero me lo plantearon como si yo fuera a alternar con él, y pensé ‘¿qué voy a hacer ahí con mi guitarrita y mi trova?’. Yo conocía algunas cositas de jazz pero no tenía mayor conocimiento. Sin embargo, resultó que el llamado era para trabajar con él no para alternar, y bueno después de ponernos de acuerdo en dos o tres cosas al señor le encantó como cantaba y ahí fue cuando yo me inicié en el jazz.

“Con él trabajé seis años. Aprendí muchísimas cosas, participé en infinidad de festivales internacionales, nacionales y demás. Juanjo nunca me dio una clase, en la manera en que nosotros tenemos la idea de una clase, sin embargo lo que trabajé, viví y viajé con él fue la mejor escuela que pude haber tenido para después desarrollarme. A la par también estaba yo estudiando música, fue una época bastante fuerte de desarrollo, mucho alimento, mucho conocimiento entrando en mí.

“Estudié en El Centro de Investigación y Estudios Musicales  (CIEM) que está afiliada a la Real Academia de Bellas Artes de Londres, y en lugar de tomar 10 años de mi vida para obtener un diploma en una de las escuelas de México, donde dice que estudiaste la carrera, preferí utilizar 36 meses de mi vida para obtener una licenciatura avalada por la Real Academia de Londres. Me costó un ojo de la cara porque la escuela era carísima, y luego o trabajaba o estudiaba, y al final mi fatiga era tal que ya no entendía ni lo que estaba trabajando ni lo que estaba estudiando, así que dije hasta aquí llegué, by. Muy buena escuela”.

¿POR QUÉ ESCOGISITE LA VOZ PARA EXPRESARTE?

“Yo no la escogí, mi padre es músico, siempre se dedicó a la música. Él es un arreglista-compositor y el 50% de las cosas que Javier Solís cantó fueron arreglos de mi padre. Se dedicó a la música vernácula y toda la vida estuve rodeada de músicos. A los 5 años yo cantaba con la influencia mi padre. Entonces Milisa Sierra, que en paz descanse, en esa época tenía una serie de discos que era sobre cuentos infantiles y a mi papá se le ocurrió que esta chiquilla podía cantar en ellos, así que grabé un disco con él y fue muy sencillo, no me costó trabajo. Lo que sí me costó fue aprenderme las letras, porque yo todavía no sabía leer, pero a partir de ahí ya nadie me bajó del asunto.

“Lo más loco es que nunca pensé dedicarme a la música. En 1978 me fui a vivir a Cozumel y no tenía claro qué quería hacer. Llegué a chambear ahí donde se pudiera. En una ocasión salí a cenar con unos amigos a un restaurante que estaba a la vuelta de su casa. Ahí, comenzamos a cantar para divertirnos. Nos escucharon los dueños del lugar y me vinieron a preguntar que si yo quería trabajar ahí cantando. Conseguí una guitarra y empecé a trabajar.

“Pasó un tiempo para que yo aceptara que eso era para lo que Dios me había puesto en la Tierra. Hice miles de cosas en Cozumel. Dime que chamba te gusta y te aseguro que la hice. Aprendí de todo, pero lo único que me ponía en paz era cantar. Así que lo asumí, y luego de que regresé de un viaje, en el que me fui de aventura a Europa, ya me dediqué de lleno a la música. A vivir para y por la música y de la música”.

¿CREES QUE SEA IMPORTANTE LA VIDA ACADÉMICA PARA UN JAZZISTA?

“No. Es importante, pero no lo más importante. Lo más importante es que tengas el corazón y el alma abiertos a la música. Si tienes el talento, si tienes el oído, si tienes la intuición, el instinto, tu nivel académico lo puedes ir elevando. Conozco gente que se dedica a esto y jamás ha estudiado nada de música. Son grandes orejas, grandes espíritus. Claro que es muchísimo mejor tener un nivel académico, porque entonces te ganas el respeto de los músicos, cosa que no todas las cantantes tienen. Desgraciadamente no todas han asumido el papel de lo que debemos ser: músicos.

“Y como músico tienes que conocer el lenguaje, el tuyo y el del instrumentista. Por ese lado, sí te ayuda mucho tener un nivel académico, porque entonces tus compañeros se vuelven precisamente eso: tus compañeros y no tus acompañantes. Yo sí te puedo decir que nunca me han acompañado, siempre hemos trabajado juntos como compañeros. Eso me ha ganado muchísimo el respeto de la gente con la que he trabajado. Hablamos el mismo idioma, y no hago berrinche como otra gente lo hace porque nunca sabe qué le salió mal, pero asegura que la culpa la tiene el músico. No. Hay que responsabilizarse de tu instrumento, de tu carrera, de hablar el lenguaje y ya entonces podrás decir no fui yo, fue él o los otros. Para eso sí se me hace muy importante el nivel académico.

“Por otro lado, para cantar lo único que necesitas saber es sentir. Tener el talento, tener la voz y sentirla, para poder decir lo que quieras. El nivel académico te sirve para comunicarte con los demás músicos, a nivel de compañeros no de acompañantes, y ese es otro boleto”.

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¿DENTRO DE LA VOZ, A QUIÉNES CONSIDERAS TUS MAYORES INFLUENCIAS?

“A nivel del jazz a las tres reinas: Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald y Carmen McRae. De las tres mi favorita es Carmen. A un nivel general, hay una cantante que admiro y adoro. Se llama Mina, es italiana, y la mera verdad es que es la mujer más versátil que conozco; que canta de todo y en varios idiomas y en tesituras que no le corresponden. Su versatilidad fue un impacto tremendo para mí, y algún día quisiera tenerla para mí también. Así como la cachondería de Sarah, la capacidad de improvisación de Ella Fitzgerald y el swing de Carmen, las formas de decir que tiene. Como ves casi no pido nada.

“A nivel personal mis influencias son las personas que mi padre, Rafael Carrión, llevaba a la casa a cantar cuando era niña. Porque entonces era la cosa de la bohemia, de quítate el look y adelante. Gente como Negrumo, un sinaloense que hizo canciones bellísimas. Mi padre que en esas épocas era un goce para mí, porque a través de él pude darme cuenta de lo que significa cantar en vivo y a todo color. De ahí obtuve muchas influencias y, luego, una vez dentro del mundo del jazz esas cantantes que ya te nombré. También podría incluir a Ellis Regina, a Gal Costa y a María Betania”.

¿CUÁL ES EL ESTILO QUE MÁS TE INTERESA INTERPRETAR, EN CUÁL TE SIENTES MÁS A GUSTO?

“Me gustan todos, así como los standards de siempre, que son como un dulce que has comido desde niño y siempre te va a saber igual. Las cosas más nuevas me gustan porque son retos en cuanto a la imaginación, a la capacidad vocal, porque no nada más es bella la voz clara, sino la voz rasposa, el chillido, su efecto percutivo, tratar de dar armónicos, el experimento, todo eso me encanta.

“Dentro del jazz me gusta todo lo que es jazz, no hay uno que me guste más que otro. Eso sí, para mi manera de ser prefiero los temas más emotivos, más apapachones, que los temas más dinámicos, pero es cosa de personalidad. Soy cien por ciento romántica. Todo se me viene a la emotividad. Disfruto mucho las baladas, la música de Ivan Linz, la de Sergio Méndez, la de Michel Legrand. Todo me gusta, pero mi preferencia sería todo ese tipo de música que además incluye un poco de poesía y una definición más exacta de una emoción, de un sentimiento, de un momento determinado en la existencia”.

¿CUÁL ES TU VISIÓN DEL JAZZ EN MÉXICO?

“Creo que en México hubo una época en que sí había excelentísimos músicos, la época de Chilo Morán, de Mario Ruiz Armengol, de Mario Patrón, del mismo Juan José Calatayud. Había gente que tenía un nivel tan alto, musicalmente hablando, que los extranjeros que venían a México, con grandes nombres y grandes orquestas se quedaban boquiabiertos cuando marcaban la pieza a los músicos mexicanos y ésta corría de pies a cabeza enseguida, cosa que con su grupo les llevaba meses montarla. Sí, hubo un pasado muy sólido. Mucha gente también vino a México porque había un escenario jazzístico en la ciudad. Al entrar los años sesenta éste se perdió por la llegada del rock and roll.

“Ahora yo sí siento que en este momento en México (fin de siglo) hay un movimiento jazzístico muy fuerte de gente muy joven, muy buena en lo que hace. Desgraciadamente ya se nos fue Chilo, Chava López también, que eran grandes representantes del género, gente que luchó y hasta le costó dinero hacer jazz. Ahora gracias a los medios de comunicación, a la información, a los videos, a los discos, ya no necesitas ir a una escuela,  sino que te metes a tu cuarto con los videos, con los discos y los estudias, hay más posibilidades de información y eso crea mucho mejores músicos.

“Hay mucha hambre en México de hacer buena música, también de escucharla. Hay pocos medios de difusión para el género, para saber dónde están los lugares, lo qué se está haciendo, etcétera. Porque desde que quitaron el Arcano todo se diluyó, toda la familia que había reunido ahí Paco Galindo, lo cual fue su gran mérito en este ambiente,  se desbandó. Él logró reunirnos a todos, hacer que nos escucháramos y respetáramos, pero al cerrarse el lugar nos dispersamos.

“Hoy todos estamos regados, no tenemos un lugar donde nos podamos reunir, hay algunos, pero ninguno como el Arcano. Ahí la gente iba a escucharnos, ahí jamás te iban a pedir un ‘Take Five’ o un ‘Misty’. Ahí llegaban a ver qué les ibas a ofrecer.

“En México el jazz tiene futuro, siempre y cuando la gente que tiene la posibilidad de brindarnos los foros haga precisamente eso, que nos los brinde y pague bien, que respete nuestra carrera, nuestros años de estudio, de trabajo. Nuestro trabajo tiene un precio, sin ínfulas. Nosotros tenemos también que darnos nuestro lugar. Le veo futuro porque ya somos muchos”.

¿QUÉ TE PARECE LA INFRAESTRUCTURA PARA EL JAZZ EN MÉXICO?

“Pésima, ¿cuál infraestructura?, no hay. Lamentablemente al jazz se le ha manejado como música elitista, y si es música elitista entonces yo soy alemana. El jazz nació de los negros, de los esclavos, ¿eso es ser elitista? Se ha creado una concepción errada de lo que es el jazz. Al considerarlo elitista se le han cerrado las puertas a mucha gente por cuestiones de mentalidad y eso está canijo. El jazz es un juego, en el que cotorreas de muchas maneras. Quien tiene capacidad de jugar le gusta el jazz. Si les pones un disco de jazz a 100 gentes es probable que a 99 les guste. Pero si antes de ponerlo les dices que es jazz es probable que sólo a uno le guste. Por prejuicio.

“Si logramos remover ese prejuicio y decir que el jazz es sólo una manifestación del alma, una forma de decir, de compartir, de exprimir lo que te está quemando, simplemente sabremos que son cosas comunes al ser humano. Estamos demasiado hechos a las palabras, si no trae texto no gusta y por ahí hay un gran impedimento. Vivimos en una ciudad de 20 millones de personas y  puedes contar con una mano los lugarcitos donde se toca el jazz, que no son precisamente lugares para el jazz, pero que de repente se permiten tener grupos de jazz por uno o dos días”.

HÁBLAME DE TU DISCOGRAFÍA

“Es poca. Grabé un disco a los 5 años con Milisa Sierra. Hice un disco de Salsa con Luis Demetrio, un disco de bolero con él también y acabo de terminar un proyecto de música ranchera con mi padre. A partir del 11 de diciembre [1999] me voy a meter al estudio a hacer un disco de jazz con un grupo que se llama Downbeats. Es el primero y todavía no tiene nombre. El año que entra también voy a hacerlo con algunas de las cosas que yo he compuesto, algunas jazzísticas, otras no. También un disco con Enrique Nery, un proyecto conjunto jazzístico con un material fuera de serie y también otro con Calatayud. Con él he trabajado mucho standard viejo. Con los Downbeats hay la posibilidad de hacer otro tipo de cosas. Downbeats tiene ya como veintitantos años de existencia”.

¿QUÉ PEDIRÍAS PARA LOS JAZZISTAS MEXICANOS?

“Foros, gente con 5 cm de espíritu para que nos comprendiera y se diera cuenta de que nuestro trabajo vale; la posibilidad de presentarnos y que la gente se diera cuenta de lo que somos, que cualquiera puede gozar con nuestra música, pero sobre todo foros y reconocimiento a nuestro trabajo; no quedarte en México y pudrirte dentro de ti de frustración. O que te tengas que salir a otro país a sufrir cualquier cantidad de cosas, incluyendo el éxito, pero fuera de tu casa.

“Para los jazzistas pediría un poco de conciencia, para que la gente nos pueda brindar los foros y mucha más solidaridad entre nosotros; mayor conocimiento de nosotros mismos. Estamos un poco alejados. La labor de Paco Galindo se desvaneció con el cierre del Arcano. Necesitamos más comunicación, compañerismo, más solidaridad y gente que le dé a este país esa opción de creatividad, de espiritualidad y la posibilidad del conocimiento interno”.

*Esta entrevista la realicé en noviembre del año 1999 y de ella brotó el extracto para ser publicado en el libro Tiempo de solos 50 jazzistas mexicanos, con las fotografías de Fernando Aceves.

PATRICIA CARRIÓN (FOTO 3)

VIDEO SUGERIDO: Patricia Carrión – Sabes, YouTube (Patricia Carrión)

 

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GARAGE/10

Por SERGIO MONSALVO C.

Various

 WHO IS WHO

La pieza “You Really Got Me” de los Kinks brindó también alimento al big beat británico: los tempranos Who se beneficiaron del invento de Dave Davies en la amplificación y distorsión, por ejemplo; de su estilo, producción y grabación. Shel Talmy, productor de los Kinks, les editó su primer sencillo en 1964.

Con su irresistible energía, conciencia arcaica de lo que es la juventud (con sus confusiones mentales, sexuales, etcétera) y una variedad ilimitada de estilos se escribió la historia de este cuarteto londinense, que se convertiría en epítome del rock de garage, del mod, del hard, la New Wave, el punk y el brit pop.

Los exaltados espectáculos en vivo de los Who (durante su primera década fue considerada la banda más ruidosa del mundo con los 130 decibeles de sus presentaciones), con rotura de instrumentos, movimiento de brazos en “remolino” al tocar la guitarra, además de una imagen acorde con la moda, tendencias desafiantes (temáticas sensibles e inteligentes) y las excentricidades de sus integrantes, conjugados con el poder de observación del guitarrista Pete Townshend, así como su extraordinario talento para escribir canciones, hicieron del grupo una referencia vital.

Los agudos análisis de Townshend, el genio narigón, figuran entre las declaraciones más importantes de los últimos 50 años del rock, al lado de Lennon/McCartney y Jagger/Richards. Ya sea que Townshend hablara de los mods, los hippies o toda la sociedad, su estilo autocrítico y caricaturesco también daba rienda suelta a sus propias frustraciones, fantasías y experiencias.

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La fuerza que empujó, después de Townshend, a los Who siempre fue Keith Moon (el icono del baterista de rock por excelencia y fan absoluto del surf rock californiano) que aparte de brillante instrumentista puede considerársele el mayor generador de comportamientos acordes al status rockero (inició los tópicos del mismo): de las poderosas y  enloquecidas actuaciones en el escenario hasta la destrucción material y personal, que lo inscribieron en la historia del género.

Pero sin el grupo, en conjunto como portavoz, el futuro precursor de las óperas rock posiblemente no hubiera llegado tan lejos. El cantante Roger Daltrey, el bajista John Entwistle y el mencionado baterista, la formación clásica de su época sesentera, poseían cualidades catalizadoras para el talentoso compositor. De la primera sesión en junio de 1964, cuando se llamaban High Numbers, hasta la grabación de Tommy, abarca el círculo con influencia en el garage de uno de los más legendarios grupos ingleses.

The Who se transformaron de esforzada banda mod en el grupo de rock de estadio que literalmente atropelló a Estados Unidos en sus giras, a partir de la ola inglesa. Fueron símbolo de una generación de jóvenes que se carburaban con anfetaminas y ginebra hasta el desmayo. Son más que historia y su legado sigue siendo actual.

The Who han sido retomados por el glam, el hard, punk, new wave, brit pop y el garage en sus sucesivas oleadas y subgéneros.

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VIDEO SUGERIDO: The Who – My Generation, YouTube (polydorclassics)

 

GARAGE 10 (REMATE)

“I’M A FOOL TO WANT YOU”

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (BILLIE HOLIDAY)*

En su canto hubo el esfuerzo y los rastros del que sobrevive, del experimentado lleno de cicatrices que no se ufana de ellas ni las ostenta, pero que sabe son suyas y le pertenecen. Por lo tanto cuando la escuchas crees en la esencia de lo que glosa, en su legitimidad y tienes el convencimiento de que las palabras son recovecos de la propia vivencia trastocados en canción.

La existencia no tiene remedio, parece decir, pero la afirmación no es una sentencia trágica o resignada. En su oficio significó también el rescate de una llave verbal que abriría los instantes vividos de cualquiera que la oyera en el futuro. Esta melodía llega desde entonces como un evocador sentimiento presente, eterno, que procede a redescubrir el riesgo de amar sin red protectora. Emite su misterio y lo desmenuza.

*Texto extraído del poemario Baladas III, publicado por la Editorial Doble A.

 

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