ILLUMENIUM

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA VIGENCIA DE LO OCULTO

 El verano pasado, entre vacaciones y trabajo, lo pasé en Estonia, en Tallín su capital y en algunas otras localidades portuarias del mismo país báltico (Haapsalu, Kärdla y Pärnu). En Tallín, durante una caminata por las calles peatonales del centro de la ciudad, plagada de turistas nórdicos principalmente, me detuve en la terraza de un restaurante para tomarme una cerveza Saku.

Mientras leía un poco de la historia del país en el que tendría que estar un par de meses, repasé la cantidad de invasiones y diversas culturas que han participado en su formación que se remonta al inicio del siglo XI a de C., desde grupos y pueblos prehistóricos, pasando por el nazismo, hasta su independencia de los soviéticos en la última década del siglo XX. Toda clase de religiones paganas y cristianas han permeado su cultura, lo mismo que el  comunismo, todo lo cual es manifiesto en su arquitectura, pero no solamente.

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Estaba en esas cuestiones, cuando un tipo joven, vestido de negro y con una camiseta de llamativa imagen impresa se paró junto a mí y me preguntó si quería comprar uno de los discos que vendía. “Mi grupo y yo estamos difundiendo la trascendencia espiritual de nuestra mitología con la música para iluminar al mundo”, me dijo. Podía ser  interesante, así que lo invité a sentarse y a tomarse algo. Lo hizo. Le pidió al mesero un té de eucalipto.

Antes de que me soltara su discurso le dije que tenía que resolverme primero cuatro preguntas: ¿qué? ¿quiénes? ¿cuándo? y ¿cómo? y después hablar de lo que quisiera y, además, le pregunté si podía grabar lo que dijera. Me afirmó con la cabeza y empezamos.

“Somos un grupo de rock independiente –subrayó–. Nos llamamos Illumenium. Es un nombre que surgió de la conjunción de las palabras “Illuminati” y “Millenium”, una inspiración surgida en un momento secreto del universo. Somos los iluminadores del milenio, con un nuevo mensaje. Llevamos lo inexplicable a los no iniciados (esos que sufren la incertidumbre por lo desconocido –me dijo–). Nuestra música es una amalgama de diversas corrientes del rock: hard, metal, punk y post-grunge, unida a lo esotérico

“Al grupo lo formamos seis músicos, pero en realidad hay más integrantes en la Orden, los que producen, los que diseñan y los que enseñan las prácticas espirituales y filosóficas y los que descubren los poderes latentes en el ser humano: Kari Kärner en la voz, Andre Kaldas, en los gritos y gruñidos,  Grigori Rõžuk en la guitarra, Kevin Presmann en la batería, Alo Puusepp en el bajo y Artjom Jevstafjev en los demás instrumentos –no aclaró cuáles–.

“La mayoría procedemos de una banda anterior, Defrage, que se fundó en  Pärnu en el 2007. Tocábamos básicamente heavy metal. Grabamos un par de EP’s y otros tantos álbumes. Pero uno de nuestros integrantes murió, así, de repente. Pasamos un tiempo de desconcierto, hasta que supimos que practicaba las artes oscuras, por lo que acudimos a un chamán de nuestra ciudad para saber por qué había sucedido aquél fallecimiento.

“Él nos explicó el incidente (cosa que no te puedo decir –afirmó–), pero además con adivinación nos reveló nuestra misión y destino y entonces decidimos cambiar de nombre. Algunos se fueron –no creían ser capaces del cambio– y otros llegaron –para ayudar–. La concepción musical ya no sería la misma, aunque conserváramos parte del material anterior. Agregaríamos géneros y modos distintos. Así surgió Illumenium, en el 2014, en octubre, el mes mágico.

“Procedemos de una milenaria cultura que vivió en Pulli hace 11 mil años, en el momento en que todos los dioses vigentes se reunieron ahí para construir la ciudad más grandiosa y al mejor hombre. Sin embargo, habían dejado de convocar al creador del Mal, que se presentó con sus pájaros de fuego cuando todo aquello estaba en su esplendor. La única manera de evitar la destrucción fue cubrirlo todo con agua y así tal esplendor quedó sumergido en las profundidades del mar.

“Algunos escogidos fueron enviados a divulgar el conocimiento por toda la Tierra. Nuestro clan permaneció  cerca del sitio original en un lugar llamado Sinti y desde entonces nos hemos dedicado a hacerlo con la música a través de las épocas. En ésta –inicio de un nuevo ciclo cósmico— lo hacemos como Illumenium.

“Al principio te dije que somos un grupo independiente. Eso quiere decir que no tenemos patrocinadores, no tenemos contrato con ninguna compañía discográfica y todo el trabajo lo hacemos los miembros, desde la concepción de la música hasta la distribución de los discos que llevamos a cabo de ésta manera, acercándonos a la gente y ofreciéndolos por lo que nos quieran dar por ellos. Así sufragamos la gira ininterrumpida en la que estamos inmersos desde el 2015 y con lo ganado por los conciertos que damos reunimos el dinero para la siguiente producción. Hemos publicado dos álbumes, Towards Endless 8 y Gehenna [aquí me anunció que el siguiente sería Underdogs, con otro sonido llamado Hop Hip y aparecería próximamente]. Esa es nuestra historia hasta ahora”.

Le compré los dos discos por el mismo precio que hubiera pagado en una tienda por ellos. No tenía ni idea de cómo sonaran, solo la vaguedad del heavy metal y algunas asociaciones semejantes, pero tenía curiosidad por escucharlos y mi romanticismo quiso colaborar con su espíritu pagano y alternativo, sus legados punk y con su imaginería, un aglomerado de leyendas, regadas con un discurso de  vocabulario cuidado y selectivo, que evidenciaba lecturas y conocimientos varios. Ahora sé que en Estonia la historia del rock con lo oculto tiene una secta más, nada clandestina y que, al menos, no busca acabar con el mundo, sino hacer emerger el suyo.

VIDEO SUGERIDO: ILLUMENIUM – MY CHILDREN, YouTube (ILLUMENIUM MUSIC)

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JANELLE MONÁE

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL COMPROMISO

La música de la negritud afroamericana del siglo XXI nació mezclada y ahí han vivido desde entonces sus más importantes manifestaciones. Creció con los textos de James Baldwin, Walter Mosley o Toni Morrison y las canciones de rap, r&b, cool jazz, pop y hip hop.

Tal música es también la literatura de Raymond Chandler con un beat de fondo; usando descripciones desnudas y duras de la vida en la ciudad: crónicas que no tienen miedo a decirlo todo (sobre el racismo, la sexualidad, la represión estatal, el separatismo). Descripciones, tanto de la vida exterior en la ciudad como del paisaje mental de sus individuos.

Ese es el compromiso del mundo musical de tales manifestaciones. Una de las más interesantes expresiones de las surgidas con el siglo, por su influencia no sólo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. Creció con el r&b de nuevo cuño, el rap, el pop y el renacimiento del cool jazz. Esas experiencias musicales fueron una gran inspiración para los nuevos creadores al empezar a escribir y componer.

Actualmente, dicha música es la voz “auténtica” de una generación desilusionada. Algunos ideólogos negros radicales en los Estados Unidos han afirmado que es la televisión de la comunidad negra; que los negros no están satisfechos con la información que reciben de los medios institucionales y por medio de ella la complementan con los avisos brindados por sus letras. Para eso se requiere ser totalmente honesto con los mensajes. Tal es el compromiso también musical.

Como en todo hay músicos auténticos y músicos impostores. Muchos de los primeros son increíbles y hacen una música magnífica (como Kendrick Lamar). Pero también hay representantes de la misma que propagan imágenes oportunistas (pornografía emocional) y de dudosa legitimidad (sobre el feminismo, la identidad, o la filiación política, como Beyoncé o Kanye West, por ejemplo) o en extremo violentas, sexistas, homófobas o antisociales (los gangstas).

Tales actitudes se basaban sobre todo en la agresividad sexual contra las mujeres y en su incitación a la violencia general con fines netamente lucrativos y comerciales. “Pura pose de adolescentes imbéciles”, han comentado algunos de sus ideólogos históricos al respecto (como The Last Poets, como muestra). Ellos argumentan que el r&b, el hip hop, el funk, como el rock, deben ir contra las convenciones, pero el aspecto sexista sólo beneficia los intereses de los productores amafiados y fomenta la opresión del sistema.

Nadie tiene necesidad de una cultura underground que haga cosas así. Pero también está la música que se dedica a crear reportajes realistas sobre las calles de la urbe, sobre la intimidad emocional de las personas, sobre su vida cotidiana o de personajes que no difieren mucho de los de una novela, como el caso de Jenelle Monáe.

VIDEO SUGERIDO: Janelle Monae – Sir Greendown – (The Arch Android 2010), YouTube (TrippinginDenver)

Con ella (una mujer nacida en Kansas City en 1985) la mezcla genérica le agrega a la realidad un nuevo beat de fondo, para gente que además de escuchar música y/o bailarla, pone el cerebro a funcionar.

Ella ha revolcado el lenguaje convencional de dicha música para ponerlo a otro nivel, ha creado un mundo donde la ficción se funde con la realidad, donde los androides optan y actúan (como en sus dos primeros discos: The ArchAndroi, del 2010 y The Eectric Lady, del 2013 o su EP: Metroplis, Suite I: The Chase, con la clara ascendencia en su estética del cineasta Fritz Lang).

En sus manos, ese mundo se convirtió en un instrumento de liberación identitaria del que hizo gala en el siguiente: Dirty Computer (2018), tanto para crear su propio hábitat lleno de paradojas, o bien para excluir al mundo “superfluo” de afuera.

Si los creadores afroamericanos de los años noventa llevaron la inventiva lingüística un paso más allá: crearon toda una subcultura basada en el manoseo del idioma inglés, expresándola mediante ingeniosos juegos de palabra y una eficaz rítmica. En igual medida, en el siglo XXI, la experimentación con ello que hace Monáe ha elevado el listón con sus relatos y testimonios.

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Con ella, entre sus mejores representantes, el espacio musical cúbico entre el funk, el soul, el hip hop o el r&b,  cuenta la historia de una generación global que ha vivido a la deriva, en la incertidumbre sociopolítica, perdida dentro de comunidades deterioradas por la economía, por el regreso de actitudes derechistas y reaccionarias o de retorcido izquierdismo (plagado de lo políticamente correcto), por el populismo rampante, el separatismo fascista, la posverdad y otras cuestiones derivadas de la fragmentación o manipulación de la realidad.

Al proyectar su ira, experiencias y necesidades, los auténticos, los verdaderos artistas de la música afroamericana, como Janelle Monáe, han inyectado poder a toda una generación y llegado a la gente donde el sistema de educación, las iglesias y las organizaciones políticas establecidas han fracasado. Más que música para bailar, la suya es hoy por hoy un movimiento cultural.

Su sonido. Sus collages auditivos, con sus remolinos de beats sobrecogen la mente. Pero la verdadera atracción es la letra, densa, con doble (y muchas veces) triple sentido y sincopada con ritmos asimétricos. Las palabras y frases son familiares, quizá, pero su significado se ha echado a volar por senderos nuevos.

La pasión, la sinceridad y su ritmo han atraído a muchos de fans que no son únicamente negros, pero que viven igualmente en zonas urbanas. Ya son hombres y mujeres que abarcan todas las razas, viven en el centro de las ciudades y pertenecen a todas las edades.

La música de Janelle Monáe –además de la moda, el humor, la actitud y la forma de vida que la rodean, incluyendo sus influencias del Northern soul, del pop electrónico y de la escuela de Prince– es más que beats funky y rimas ingeniosas o punzantes. La suya es una inexorable fuerza de cultura contemporánea. Es también una forma de vestir, de peinarse, de construirse una y otra vez y un modo de ver el mundo que se expresa en la voluntad de las audacias musicales y en su contenido de activismo social.

VIDEO SUGERIDO: Janelle Monáe – Dirty Computer (feat. Brian Wilson), YouTube (Janelle Monáe)

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MUSO

Por SERGIO MONSALVO C.

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 KRAUT-RAP DE ALTURA

El rap y la cultura del hip hop, de la que era procedente, llegaron a tierra teutona en la década de los ochenta en el contexto de una Alemania dividida aún por el Muro. Las vías de entrada fueron el cine (con películas como Wild Style y Beat Street) y los discos que recibían de su país los soldados estadounidenses afincados en Berlín, la última frontera de Occidente en los estertores de la Guerra Fría. La juventud alemana se familiarizó así con el breakdance, el freestyle sonoro y el graffiti de nuevo cuño urbano.

Entre los vestigios iniciales de tal movimiento en su propio idioma se encuentran dos ejemplos, más anecdóticos que otra cosa, seguidos de otros que fomentaron su posterior desarrollo. Entre los primeros se encuentra la curiosa grabación de tres DJ’s radiofónicos (el efímero trío GLS United) que llevó el título de Rappers Deutsch, así como el popular tema “Der Kommissar” a cargo de Falco (músico de origen austriaco), pieza rapeada con una base musical muy repetitiva y cargada hacia el pop.

La fascinación general por este nuevo estilo musical creció como la espuma para luego decrecer (sin medios ni lugares) de igual manera. Tanto que parecía condenado a desaparecer como moda pasajera. Sin embargo, el underground lo retomó para sí y, amputándole su primario carácter lúdico y comercial, se quedó con los de la denuncia, el choque y la experimentación estética. Practicados básicamente por los hijos de los inmigrantes, habitantes de los ghettos y jóvenes sin oportunidades (educativas, de trabajo o de futuro).

El de la denuncia –más parecido a su semejante afroamericano en sus orígenes– usó el inglés como escudo contracultural en reuniones llamadas jams que mantuvieron vivo dicho fenómeno. No obstante, pronto pasaron a utilizar el alemán como vehículo para lanzar sus mensajes sobre la cuestión inmigratoria, encabezados por grupos como Advanced Chemistry, o acerca de la historia y la problemática del país, como lo hizo Die Fantastischen Vier. Los noventa, los años cero y la segunda década, han mantenido tal temática con crítica consciente (instalada en el sello Bombastic) o bien radical y de choque (en  Aggro Berlin, con sus gangstas, ultraderechistas y violentos profetas del yihadismo islámico).

En el otro extremo se encuentran los experimentadores tanto del sonido como de la palabra, que señalan y enfatizan de manera artística sus reclamos sociales. En este nicho se encuentra Muso, sobrenombre del  rapero alemán Daniel Giovanni Musumeci, un músico procedente de las huestes intelectuales del movimiento que ha sabido relacionarse con sus congéneres del mismo nivel en distintos géneros al suyo, como en el caso de Konstantin Gropper (el hombre fuerte de Get Well Soon).

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Si escoger a este último como productor de las piezas de su álbum debut Stracciatella Now representó un hito por encargarle el trabajo a alguien de fuera del medio, el uso de las guitarras de rock (procedentes del indie bávaro) tanto como de los sintetizadores propios del rave, pianos del chill-out y coros que parecen salidos de una obra de Carl Orff (“Die Alte Ruine”), lo ubica como un constructor de puentes en busca de la diversidad, la cual será siempre bienvenida como ingrediente para un género enfangado en lo conservador y repetitivo.

La muestra de su originalidad no sólo está en lo mencionado sino también en que sistemáticamente Muso (y sus compañeros de aventura, entre los que se encuentra la integrante de Joan As Police Woman) se niega a incorporar los beats clásicos del hip hop, acto que demuestra con toda claridad lo importante que es para este músico buscar caminos nuevos, como lo hace igualmente en sus textos y en el estilo para interpretarlos que en su caso habría que calificar más bien de Spoken Word Performance – o sea, Poetry with a tempo–, en lugar de lo que los raperos convencionales suelen calificar como flow (“Garmisch Patenkirchen”, “Blinder Passagier”, “Wachturm” o “All Eyes on You”, son las creaciones excepcionales, por la influencia joyceana en su flujo de conciencia y amplio manejo del lenguaje).

El sólido movimiento rapero germano se caracteriza por su gran cantidad de representantes, de diferentes etnias y conceptos musicales, reflejo de la multiplicidad del país. Sin embargo, la aparición de gente como Muso le proporciona otra dimensión, otra categoría, donde la cultura se hace civilización y la forma de expresarse es tan importante como lo que se manifiesta.

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JIMI HENDRIX

Por SERGIO MONSALVO C.

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 BOOTH SIDES OF THE SKY

El de Jimi Hendrix es un fenómeno de la cultura rockera que va más allá del lugar común o del recuerdo nostálgico. Su presencia acabó construyendo un tipo específico de artista que impregnó un universo musical a partir de él. Los tres discos de estudio que grabó y publicó como tales mientras vivió: Are You Experienced?, Axis: Bold as Love y Electric Ladyland, se han convertido en clásicos contemporáneos y forman parte de los diez más importantes de la historia del rock.

La triada se constituyó en una sucesiva serie de revoluciones estéticas que incorporaron elementos de diversas músicas —el pop, el jazz, la clásica occidental, el folk (recuperando la esencia dylaniana), y por sobre todas las cosas el blues—; el uso del estudio de grabación como instrumento y la apertura a nuevas formas de percepción como fruto de la experiencia psicodélica.

Durante los breves cuatro años que duró su existencia como superestrella, Hendrix amplió el vocabulario de la guitarra eléctrica en la escena del rock más que ningún otro antes o después de él. Fue un maestro en sacarle a su instrumento todo tipo de sonidos imprevistos, con frecuencia a través de experimentos innovadores de amplificación que producían un feedback astral y distorsiones estruendosas.

Sus estallidos frecuentes de ruido, como huracanes, y sus espectaculares presentaciones –tocaba con la guitarra en la espalda y con los dientes, o bien le prendía fuego— distrajeron en mucho sobre sus otros dones como compositor, cantante y maestro de un amplio abanico de estilos propios en la música negra y el rock de vanguardia.

Cuando Hendrix se convirtió en un éxito internacional en 1967, parecía caído de otro planeta. Lo que a primera vista llamó la atención de la mayoría de las personas fue su virtuosismo en la guitarra, con la que además empleaba un enorme repertorio de aparatos, desde pedales wah-wah, solos llenos del zumbido del feedback, violentos riffs distorsionados y fluidas escalas relámpago a lo largo de todo el alcance del instrumento.

VIDEO SUGERIDO: Jimi Hendrix: Both Sides of the Sky (“Mannish Boy” Teaser, YouTube (Jimi Hendrix)

Sin embargo, Hendrix también resultó un buen compositor y escritor que supo fundir la imaginería cósmica con unos ganchos líricos que mostraban un conocimiento sorprendente de cómo funcionaba el rock en su esencia.  Asimismo, manifestó su verdadera sustancia como sobresaliente intérprete del blues en el que se mostró como un cantante apasionado y fascinante.

Para el asombro de cualquiera, Hendrix sólo grabó aquellos tres álbumes de estudio plenamente concebidos como tales en toda su vida. Con ellos el guitarrista se convirtió en pionero del uso del estudio mismo como instrumento de grabación; manipuló los recursos electrónicos e inventó técnicas de overdub (con la ayuda del ingeniero Eddie Kramer, en particular) para explorar territorios sónicos ignotos. Los álbumes resultaron únicos y referenciales por todo ello, además de por sus impresionantes pasajes instrumentales.

Los últimos dos años de la vida de Jimi fueron turbulentos desde los puntos de vista musical, financiero y personal (sexo, drogas y poco rock and roll). Las complicadas disputas con su ex mánager y compañías disqueras en las que se vio embrollado (algunas a causa de contratos que firmó sin el asesoramiento adecuado y antes de irse a Inglaterra), les darían trabajo a sus abogados por años.

Desintegró la banda The Jimi Hendrix Experience en 1969. La sección rítmica de Mitchell y Redding pasaron a ser historia y formó Band of Gypsies con el baterista Buddy Miles y el bajista Billy Cox, a fin de buscar un sonido más funky-jazz, con mucha improvisación.

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Hendrix grabó una cantidad enorme de material de estudio inédito durante su vida. Gran parte de éste (así como todos sus conciertos en vivo) se han editado de manera póstuma; varios de los conciertos son excelentes (Monterey, Woodstock, Atlanta y el de la Isla de Wight), pero las grabaciones de estudio se convirtieron en foco de grandes controversias por casi 30 años. Inicialmente salieron como pedacería al azar (la primera, The Cry of Love, de 1970, fue la más destacada).

A mediados de los años setenta el productor Alan Douglas se hizo cargo de estos proyectos y de manera póstuma agregó a muchas de las cintas dejadas por  Hendrix partes adicionales realizadas por músicos de estudio. A los ojos de muchos fanáticos, e incluso de la historia misma, fue un sacrilegio que destruyó la integridad de la obra de un músico que, según se tenía entendido, ejercía un cuidado meticuloso sobre la producción final de sus grabaciones de estudio. A pesar de la polémica, todavía en 1995, Douglas puso al exbaterista de Knack, Bruce Gary, a grabar nuevas partes para la malograda compilación Voodoo Soup.

La eterna historia de los pleitos legales en torno al legado musical de Jimi Hendrix después de todo encontró un final promisorio: la familia de Jimi ganó el juicio y dispuso de manera única de los derechos de la música producida por el guitarrista, incluyendo todas sus grabaciones inéditas. Los herederos de Hendrix (Al, su padre, y Janie, su media hermana) firmaron un contrato con la Universal Music (a través de la Hendrix Family Foundation), y el ex ingeniero de sonido de Jimi, Eddie Kramer, se puso a trabajar en la remasterización de las cintas originales. Se supone que con ello se ha ejercido un mayor cuidado al presentar el legado del  magnífico zurdo.

A partir del mes de abril de 1994 volvieron a aparecer entonces en el mercado mundial Are You Experienced?, Axis: Bold As Love, Electric Ladyland y Band of Gypsies, con las fundas originales y algunos bonus tracks. Además se anunció un  álbum con el título de First Rays of the New Rising Sun, que saldría bajo el sello Experience Hendrix/MCA. Dicho álbum contendría parte del material en el que Jimi trabajaba antes de morir: tomado de los póstumos Cry of Love, Rainbow Bridge y War Heroes, en donde se hizo acompañar por Billy Cox en el bajo y Mitch Mitchell en la batería. Las canciones de esas sesiones fueron remasterizadas y editadas y Universal Records las sacó por primera vez como álbum completo.

¿Qué han podido oír los fans de Jimi en esos “nuevos” discos, a partir de entonces? Los lanzamientos del 2010: Valleys of Neptune y People, Hell and Angels y el más reciente Both Sides of The Sky (2018). En cuanto al sonido, lo mejor hasta la fecha: la sonoridad Hendrix se escucha más transparente y natural en esta trilogía.

Baste oír el tema “Hear My Train A Comin’”, del último lanzamiento para darse cuenta inmediatamente de ello. Éste incluye al baterista Mitch Mitchell y al bajista Noel Redding de la Jimi Hendrix Experience. Tal composición original de blues era un clásico de los conciertos de Hendrix. La grabación inédita de abril de 1969 capta la fuerza y la tensión dinámica que hicieron de esta canción un tema memorable.

El resto del material es ambivalente y con alguna sorpresa. Por lo que se puede decir que tal nuevo lanzamiento resulta poco extraordinario en tal sentido. No obstante posee, eso sí, el valor documental del material inédito, que incluye algunas colaboraciones con otros gigantes de la época: Johnny Winter, Stephen Stills y Lonnie Youngblood,  así como su más importante aportación: el contexto.

Es una colección de tomas alternativas y temass nunca antes editados de cuando el guitarrista estaba obsesionado con el uso del estudio de grabación entre 1968 y 1970. Y permite entrever el momento en que se encontraba su desarrollo artístico justo antes de morir (entre la desintegración de la Experience, el Festival de Woodstock y el advenimiento de Band of Gypsies.

Por lo visto, seguiremos teniendo “nuevos” Hendrix de manera regular y, desde que su familia se hizo dueña de los derechos de su música, también muchos coleccionistas han ofrecido cintas piratas hasta ahora desconocidas, y ellos —los herederos— se la pasan evaluando qué se puede hacer con el material para seguir explotando su legado, al parecer, de inacabable veta.

VIDEO SUGERIDO: Jimi Hendrix – Hear My Train A Comin’ (Lyric Video), YouTube (Jimi Hendrix)

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LO CONTEMPORÁNEO

Por SERGIO MONSALVO C.

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 ¿HAY ALGUIEN AHÍ?

Escuchar lo contemporáneo es ir a contracorriente de lo que permea la actualidad; lo retro, el revival, lo reciclado o el más bajo común denominador musical (reguetón, por ejemplo). ¡Repámpanos! Oír lo que se hace hoy, fuera de las modas es ser un tipo contracultural. Un espécimen raro en el mundo de lo homogéneo. Muy peligroso. Un off-Spotify que anda suelto por ahí.

¿Y qué es lo contemporáneo? ¿Las músicas visuales, la música total, la que alude a la sonoridad que se involucra con la investigación de fenómenos o la de la percepción, que provoca imágenes?

¿El cosmic-prog que conecta el conocimiento y la imaginación con el big bang y la investigación espacial? ¿El ethno trance, dance o avance, que fusiona elementos de la cultura musical tradicional de diferentes países con las inmensas posibilidades que ofrece la música electrónica?

¿Lo electroacústico o la integración armónica de lo acústico y lo electrónico que surge como resultado de una ardua labor de investigación y experimentación que han venido realizado en todo el mundo músicos de extensa trayectoria profesional y reconocido prestigio?

¿La música atmosférica que crea espacios psicoacústicos o la que se involucra con todos los derivados de la biología, el ADN animal, vegetal o mineral y los cambios que su manipulación pueden provocar?

¿O, qué decir de la música astrológica de Holst y la interpretación indie del neofolk británico, que abandona el unplugged en favor de popularizar las partituras encontradas en una cueva de Nueva Zelanda, o el eco-rock de los millennialistas y sus manifiestos proNatura?

En fin, lo contemporáneo  se compone de un sinnúmero de células nuevas, con grandes dosis de información sobre el presente, con una rítmica polisémica y el dinamismo del lento aprendizaje. Un elitismo flotante en el enrevesado mar de lo común.

Células unidas en su conjunto por sutiles y determinantes lazos y por su actitud cambiaria en cuanto a las relaciones del ser humano con la música. Esos sutiles lazos de los que hablo se sostienen indisolubles en el hoy, en su cuestionamiento.

Porque cada uno de los intérpretes de tales músicas está consciente de que cualquier transformación que pudiera producirse, debe provenir de la música misma para ponderar todo quehacer humano.

Desde el arte de los ruidos primitivos hasta la electrónica indie experimental de Björk o Radiohead, por ejemplo, lo contemporáneo se concreta por fin en esta época, se le descifra no para revolucionar –concepto que ha perdido uñas y colmillos– sino para desmenuzar nuestra actualidad.

VIDEO SUGERIDO: Björk ‘Notget VR’, YouTube (Björk)

La variedad de estilos es infinita, como ya mencioné, y ciertamente hoy día el músico posee miles de máquinas de las que puede sacar infinidad de sonidos diferentes. Con la incesante multiplicación de la tecnología digital estos sonidos se transforman a su vez en diez, veinte o treinta modalidades diversas.

Se recupera también para estas instancias el uso de utensilios e instrumentos de los tiempos primigenios del hombre o el más reciente invento sonoro.  El pasado y el futuro se dan la mano para provocar el placer del escucha y el ejercicio de lo imaginativo, como condiciones permanentes. Combinación perfecta para desatar la fantasía artística.

Por fortuna, el ensayo histórico nunca se ha detenido y gracias a ello y a la ardua labor de los músicos involucrados auténticamente con su escena, con su estética, con su entorno en todo el mundo, se ha logrado extender los horizontes.

Han sido ayudados también por el desarrollo tecnológico y la aplicación inteligente de ese recurso escénico llamado YouTube, que cuando se usa así, con muchas neuronas de por medio, es una herramienta de lo más eficaz para difundir conocimiento y placer.

Lo contemporáneo actual es tan diferente del que se produjo desde los sesenta hasta fines de los noventa que hipermoderno, probablemente, sea la denominación mejor para llamar al producido en las primeras décadas del siglo XXI.

Por otro lado, no existen hilos que conecten a estos grupos o solistas con algún movimiento social. Éstos ya no existen, solo individualidades y fines en sí mismos. Los usos tecnológicos, la real preocupación apocalíptica, la decadencia comunitaria con sensación de pérdida y el ostracismo social a que todo ello conduce se han erigido en los pilares que los arman.

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Su presencia es avalada por la diversidad de estilos musicales y sus razones de ser. La demarcación más sensible dentro del sentimiento pos (que lo abarca todo) probablemente sea entre el trabajo experimental (ruidos, atmósferas, collages) y los muchos sabores de la música industrial de baile.

En estos tiempos, la información (falsa, acomodaticia, posverdadera o de facto) prevalece sobre el sonido.  La señal y el sonido han cambiado de lugares en las últimas décadas. Vivimos en una dimensión sin valores, en un agujero negro de valores desarmados e ideologías deshechas.

La música industrial de los comienzos de los noventa contempló este páramo cultural y decidió hacer música con él.  Hoy, en el devenir del tiempo, los contemporáneos han descubierto otras posibilidades para el “ruido artístico”.

Ellos exploran los límites de la música y la antimúsica, el orden y el caos, el terror y la dicha, la belleza y la bestialidad. Si la era de los imperios murió a fines de los ochenta, la música contemporánea es la encargada de actualizar su herencia y reescribir sus obituarios, evitando el selfie.

El arte es la utopía de la vida. La música es todavía una búsqueda de la utopía. Los músicos contemporáneos de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de adecuaciones culturales.

La experimentación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera indagación expresiva, sino persecución de horizontes culturales diversos para un público escaso y en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales a sus exigencias estéticas y existenciales.

De ahí el encuentro con latitudes interculturales y universos sonoros diferentes: electroacústicos, extremadamente techno, cantos gregorianos, música árabe, hindú, china, amerindia, popular y académica de todo tipo. Voces de mil clases. Para estos músicos su universo es lo audible.

Asimismo, una de las propiedades más notables de tal espacio musical es su apertura al infinito del mundo. No hay más que escuchar, por ejemplo, la manera en que el ruido del entorno está integrado en él, modulado y extendido.

Y también expuesto hasta lo amorfo, creando y englobando líneas de fuerza, eléctrica, electrónica o mecánica, redes de comunicación multimedia, arquitecturas y naturaleza exteriores, lazos de todo tipo, hasta con los restos y fragmentos de alguna civilización en crisis.

La decadencia, las injusticias que corroen, la dureza de la vida, la omnipresencia de la muerte, la miseria humana, el ser en la urbe, la ira, el nihilismo, el veneno que respira, la acidez de los mensajes, la máquina en hermandad con el hombre, el hedonismo a ultranza, los estados alterados, el goce…

Todo eso y más en continua manifestación dentro del contexto cultural, multidisciplinario y difícilmente explicable sin la aplicación de términos que ubiquen, que hablen de su impacto e influencia.

Lo contemporáneo musical es, pues, un arte posindustrial, hábil, desparpajado, cínico, elegante, teatral, mercantil a veces u underground, las más. Juguetón, voluntarioso, sincrético…en definitiva, un conjunto de hechos y cualidades muy acordes al espíritu de la época. Un goce solitario en medio del tráfico internetario y la muchedumbre que puebla las redes.

VIDEO SUGERIDO: These New Puritans – Fragment Two (Official Video), YouTube (Creators)

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SUPERORGANISM

Por SERGIO MONSALVO C.

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 UNA BRÚJULA DE JUGUETE

Contar la hilazón de un disco a partir de anécdotas lo coloca a uno muchas veces en el reverso de cualquier relato al respecto. Los pequeños detalles se convierten en puntos cardinales capaces de reorientarnos en el más adverso de los terrenos, hasta legar al origen de todo.

El conglomerado Superorganism (que se define a sí mismo como  “un colectivo artístico que se ha juntado para hacer cosas creativas”) habita en dicho reverso desde antes de su fundación como tal, cuando empezó a tantear con el lenguaje artístico ese lado inmaterial que tienen las cosas por Internet: lanzar una idea, esperar su asimilación, colaborar a larga distancia, asentarse en un sitio, cambiar de piel, poseer el tiempo con un nuevo nombre.

En esta era digital ya es posible andar incluso antes de haber nacido. Así lo demuestra este colectivo. A través del intercambio de materiales sonoros entre internautas multinacionales (Reino Unido, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda) se configuró lo que primero sería el grupo The Eversons. Entre sus miembros estaban Mark Turner (Emily), Christopher Young (Harry), Timothy “Tim” Shann (Tucan), Blair Everson (Robert Strange), B, Ruby y Earl Ho (Soul).

Un grupo, que sin conocerse en persona, intercambiaba canciones y otras sonoridades por la red, hasta que un día decidieron que tenían que verse. Tras ello fundaron tal aglomerado y tomaron la decisión de mudarse todos juntos a la capital inglesa en el 2015, lugar que les brindaría mayor exposición.

Han confesado que se mueven bien en la Web por su alta capacidad de conectar con el lado abstracto del mundo y las pequeñas revelaciones que circulan por él. “Cuesta un poco verlas, pero si te concentras en lo tuyo las encontrarás”, dijeron. Circunstancias que tuvieron un ancla en la realidad y otra en la memoria de sus PC’s, y que les funcionó como una brújula.

Así fue. Tuvieron mayor exposición. Con un pop sin mayores expectativas reunieron en torno a sí a un buen número de fans, el cual creció con su gira por Japón. Uno de los beneficios de ésta fue la de reunirse con otra internauta que había mantenido conversaciones con ellos desde hacía tiempo: Orono Noguchi (luego OJ), quien le ponía voz y otros detalles a sus composiciones.

Le dieron la opción de unirse a ellos, lo cual aceptó. De tal manera surgió el nuevo camino con el nombre de Superorganism. Y como una comuna del siglo XXI, ubicada en un lugar entre la Factory (“Everybody Wants To Be Famous”), sin sus oscuridades, y el San Francisco sesentero, con sus psicodelias (“Something For Your M.I.N.D.”), comenzaron a vivir juntos en Londres y a armar el material que los daría a conocer.

Merodeando, pues, en ese el lado inmaterial de la red, se crearon un espacio y un proyecto. Y lo hicieron con empatía y aceptando la posibilidad de la equivocación o del fracaso, pero sin miedo. Su material expositivo funcionó como un texto nuevo que volvía sobre ideas que habían aparecido entre sus anteriores chats.

Hacer lo que hicieron, pasar de la abstracción de una idea a la materialización de una forma, les vino de su formación tecnologizada, pero con criterio, capacidad de análisis y responsabilidad con lo que iban a crear: pop-art. Realizaron un gran ejercicio de autogestión y de autocrítica y generaron entonces su oportunidad, la de  formar parte de aquellos artistas que, al presentarnos obras concretas, proporcionan igualmente herramientas para escuchar parte de la actualidad en la que vivimos (“Nobody Cares”, “It’s All Good”).

SUPERORGANISM (FOTO 2)

Las suyas son precisas, livianas, rigurosas y divertidas (“Reflections on the Screen”). Son artistas volcados en pensar la rítmica entre la palabra y su sonido, con el material más cercano, portátil y económico que existe en una de las vertientes, quizá la más inteligente, de la escena musical más joven.

Su track sencillo, Something For Your M.I.N.D., llegó los oídos de Frank Ocean, figura del hip hop que los divulgó de manera entusiasta por las redes sociales y a través de su programa de radio, lo cual les sirvió de plataforma para llegar a un público numeroso. La masiva exposición los llevó, de tal suerte, a ser elegidos para aparecer en el soundtrack del videojuego FIFA 18. Asimismo en el interés del sello Domino, la compañía discográfica de Arctic Monkeys y de Franz Ferdinand.

Con dicho sello apareció entonces el homónimo álbum Superorganism (en el 2018). En él muestran una obra diferente para el medio en el que están inscritos (indie pop, synth pop), de manera que resulta espaciosa su propuesta. Una decena de piezas en las que el grupo trabaja con varios formatos, enseñando la amplitud de su propuesta.

Lo que a mí particularmente me interesa de este grupo es el procesamiento de los tracks, su manera de extraer la médula de otros formatos y estructuras musicales, y al mismo tiempo su forma de disolverse en la mezcla sin perder personalidad. Superorganism, el disco, es como adentrarse en su laboratorio y con aquella mencionada brújula obtener un punto de partida para discernir su orientación.

Como dije, el álbum se compone de diez piezas cuyos textos se pueden seguir en el booklet anexo, son cápsulas tan diversas como un paisaje urbano, con sus áreas verdes e imaginería desatada. La paleta sonora se recrea en la construcción de pequeñas postales Instagram, ligeras pero estables, hechas con materiales básicos del techno para armar cada contexto de temas como la fama, la indiferencia, las pequeñas pantallas móviles y la noche como campo de diversión. Los miembros, que intercambian su protagonismo, buscan hacerse de un sitio en tal paisaje.

En escena, por otro lado, su presentación es del todo original y expresiva. Aparecen los integrantes, de diversas edades, con los rostros maquillados ostensiblemente y fulgurantes y coloridos impermeables. Lo que sigue es hacer sonar unas campanillas, como si fuera la tercera llamada para una sesión de teatro infantil. ¿Todos listos para la función?

Algunos de ellos, que resguardan sus cabezas bajo las hoodies (capuchas) hacen el papel de coristas y bailarines desaforados, que no dejan de moverse y crear con ello una dinámica ágil y expansiva,  e igualmente agitan panderos adornados con tiras multicolores, como si se los hubieran rescatado de una fiesta popular de cualquier esquina del mundo.

Luego se da uno cuenta de que está ahí, sin parecerlo, la figura frágil, aniñada y diminuta de Orono (que en este momento, en esta actuación, la originaria de Tokio, tiene 19 años, pero nadie juraría por ellos), con sus rasgados ojos resguardados tras unos lentes especiales para ver películas en 3D. Todo muy lúdico.

Lo demás es pop del bueno, del hecho con inteligencia, con afanes de más sonido art que el que propicia la caja registradora de otros y otras exponentes del género. Por lo mismo uno disfruta de ellos, de su propuesta, porque en ella hay el encanto de lo fantasioso, de lo multi en varios de sus sentidos: cultural, color, racial, nacional y, sobre todo, con la apropiada dosis de  liviandad que pedía Kundera.

Su puesta en escena da para más de una noche de diversión. Su disco para ser visitado una y otra vez y su planteamiento expresivo, para pensar en esas cosas que en momentos de incertidumbre sirven de anclaje para la vida cotidiana. Para sobrellevar el absurdo.

Con ese paraguas, ese impermeable, ese afecto producido por una canción, una atmósfera, alguna niñería, el amor (por supuesto), las gratas memorias, el relajamiento…Porque Superorganism trata de eso: de cómo nos orientamos y habitamos este mundo con una brújula obtenida de una máquina de dulces.

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VIDEO SUGERIDO: Superorganism – Something For Your M.I.N.D. (Official Video), YouTube (Superorganism)

 

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CHK CHK CHK!!!

Por SERGIO MONSALVO C.

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 DISTINTAS VOCES

Actualmente, quienes han echado mano del concepto onomatopéyico en la cultura del rock son los integrantes del grupo !!! (en su representación gráfica) o Chk Chk Chk (en la sonora). Dicho grupo se formó en Sacramento, California, en 1995, el cual ofreció una explicación para la opción a tal nombre. En primer lugar que debe ser pronunciado como tres monosílabos de manera onomatopéyica: ¡Chk Chk Chk!

Dicho sonido fue tomado como referente de la película The Gods Must Be Crazy (Los Dioses deben estar locos, de 1980), en la que su protagonista principal, un aborigen bosquimano del desierto de Kalahari, tribu lejana de toda civilización, en África Septentrional, se comunica mediante la lengua Kohisánida, caracterizada por el uso de chasquidos consonánticos o “clicks”.

De ahí la referencia dadaísta del grupo y principio musical que elige como estandarte ese fonema donde “la voz encuentra una tierra libre donde cantar”.

Chk Chk Chk se formó en un inicio con la unificación de dos bandas: Black Liquorice y Popesmashers que realizaban una gira conjunta e interpretaban funk disco. Con el afán de hacer algo fresco, buscaron endurecer su sonido, hacerlo más agresivo. Para ello convocaron a Nic Offer, el cantante y compositor de The Yah Mos, grupo que se caracterizaba por su hardcore de tintes techno.

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La banda quedó entonces conformada de la siguiente manera: Offer (voz y composición), Mario Andreoni (guitarras diversas), Dan Gorman (trompeta, percusión y teclados), Tyler Pope (guitarras y dispositivos electrónicos), John Pugh (batería y coros), Justin Vandervolgen (bajo y efectos electrónicos) y Allan Wilson (trompeta, percisión y teclados).

Una vez con Offer en sus filas, se lanzaron a crear una mezcla de diversos estilos como el indie rock, el post punk revival y el dance punk. De su laboratorio salieron tracks grabados en cassette con los que llamaron la atención durante su acoplamiento y giras respectivas.

Fue en el año 2000 que apareció su primer álbum titulado como su nombre: !!!, el cual fue seguido por el single que los daría a conocer internacionalmente  “Me and Giuliani Down By the School Yard”, en el que a la mezcla anterior le agregaban beats del house, sinuosas líneas de bajo, guitarras psicodélicas y letras sencillas.

VIDEO SUGERIDO: Chk Chk Chk – AM/FM (Live on XEXP), YouTube (XEXP)

Una evolución del sentimiento rupturista procedente del punk. Con música y lírica que perforan la superficie pero no abandonan la sencillez. El dolor urbano introspectivo hecho música.

En el 2004 lanzaron Louden Up Now, un álbum que coincidiría con el nuevo auge del post punk (y el uso de instrumental rockero para experimentar con otros disciplinas, con la metodología techno, el math rock, el dub, etcétera), una coyuntura que los posicionaría definitivamente en la escena mundial y con la referencia de muchas agrupaciones ochenteras como Emery, The Faint, Liars, el primer LCD Soundsystem, Radio 4 y The Rapture, entre otras.

A partir de entonces, de ese segundo lustro del siglo XXI han editado otros cuatro álbumes (Myth Takes, Strange Weather, Isn’t It?, THR!!!ER y As If), han sufrido la baja de su baterista original, muerto por un accidente, y el cambio de otros miembros. Sin embargo, la estructura sigue vigente y con la misma energía con la que se convirtieron en un grupo importante para la música contemporánea.

Chk Chk Chk es un proyecto a largo plazo, bien estructurado, que les permite a sus integrantes efectuar los suyos de manera particular. Así lo han hecho Nic Offer, Pope y Vandervolgen, quienes son partícipes de una banda paralela conocida como Out Hud, en la cual llevan la experimentación sonora más allá de la que efectúan con su grupo base, con una propuesta semejante pero más abstracta. Asimismo, el mismo Tyler Pope es bajista oficial del LCD Soundsystem, encabezado por el voluble James Murphy.

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VIDEO SUGERIDO: !!! One Girl/One Boy, YouTube (!!! Chk Chk Chk)

 

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