JAZZ: JOHN COLTRANE (LIVE IN SEATTLE)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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John Coltrane fue el primero que mostró la capacidad de tocar de manera multifónica, simultánea, varias notas o varios sonidos; la práctica de combinaciones rítmicas asimétricas, independientes de la pulsación básica, así como la elaboración de un sistema increíblemente sofisticado de acordes de sustitución.

Él amplió prodigiosamente la extensión de su instrumento, de las diferentes texturas que era capaz de extraer de él, y de la cualidad humana de su sonido. Sobrepuso una serie de complicados acordes de paso y proyecciones armónicas sobre estructuras armónicas ya complejas.

Parecía dispuesto a tocar todas las notas posibles, a recorrer sonido a sonido, hasta sus últimas consecuencias, cada acorde con el que se enfrentaba, a buscar escalas, notas y sonidos imposibles en el sax, que parecía a punto de estallar de tanta tensión. El estilo “modal” de interpretación, que utiliza varios modos diferentes al mismo tiempo.

FLASHBACK. Cuatro de la madrugada: la hora más oscura antes del alba, la hora del interior. Otoño de 1964. John Coltrane se despierta a esta hora, como todas las mañanas. Sentado en media posición de loto se concentra en sacar el aire. La habitación está silenciosa y no existe nada más en el mundo. No hay pensamientos. La comunicación directa con el cosmos, con la divinidad o lo que quieran.

Busca un mensaje: saber si se encuentra sobre el buen camino. Trane se pone a ello. Es la meditación más larga que haya conocido. Primero el silencio, luego la música que invade el espacio a su alrededor. Y todas las melodías, todas las armonías, todos los ritmos. El Verbo le sopla una composición consagrada a la gloria de su Esencia suprema.

Despierta, sale de la meditación: “Por primera vez en mi vida tuve en la cabeza la totalidad de lo que grabaría, de principio a fin.” Una arrebatadora confesión de fe en la inspiración. La distingue declarando que es la función básica del espíritu humano. Le otorga un rango superior a la imaginación. La poesía de la música es para él fuerza creadora sagrada.

Crear un sonido para los sentimientos nacientes. El primero, único y bueno para el Amor. “A Love Supreme”, grabada en diciembre de 1965, es la última ofrenda de Trane a lo Divino: Ya no tiene que probar nada más. Se contenta con aullar, llorar, implorar y gozar. “A Love Supreme” se basa en la cábala:  Ahí donde termina la filosofía comienza otra sabiduría. “A Love Supreme”: estas simples palabras recitadas 19 veces. Los placeres y la sapencia. Lo exótico y lo próximo. Lo expuesto y lo oculto.

21 de julio de 1967. Nueva York. La iglesia luterana de San Pedro. Albert Ayler sopla en su sax sonidos de muerte: John Coltrane abandonó su cuerpo.  A pesar de que Trane tenía mucho tiempo de haberse recuperado, los años de adicciones dañaron su hígado en forma definitiva.

Ahora es estrella que brilla en un cielo gris, en donde improvisa y el sonido se alarga interminable. Improvisa desatando cantos sucesivos y alternados, de otros semejantes sin distancia. Improvisa mientras su instantaneidad reclama y su fugacidad extiende el momento. El sonido se oye porque viene de lo alto simplemente. El Sonido invade no sólo el espacio, también el tiempo. Trane fue un hombre de consagración mágica que penetró en dichos secretos y corrió los riesgos con tal de apoderarse de ése, su Amor Supremo.

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Hoy, a casi 60 años de su edición, A Love Supreme conserva intacto su poder de fascinación, con el descubrimiento de la interpretación en vivo que Coltrane hizo de él en el extinto club The Penthaouse, de Seattle, en octubre de 1965. “¿Cómo se puede examinar el lío de opciones que es tu vida y convertirlo en una plegaria?, se preguntó el cantante Bono. “Yo no sabía cómo, pero escucho en Coltrane a alguien que sí lo consiguió”, dijo al respecto.

Por su parte, Ashley Kahn, periodista e historiador musical estadounidense, le dedicó todo un libro al disco original: “pocos álbumes han tenido su influencia y resonancia”, escribió en él. La importancia de A love supreme se sustenta en razones tanto intra como extra musicales. Es “un disco que expresa lo inexpresable”.

En 1957 Coltrane experimentó un despertar espiritual hacia una vida “más rica, más llena y más productiva”, dijo en ese entonces. El saxofonista abandonó las adicciones y se impuso un régimen vegetariano estricto. Descubrió la meditación y, con ella, a lo divino; una divinidad genérica inspirada por el budismo. A ello estuvo dedicado el disco que grabaría unos años después.

Coltrane, en la grabación original, toca únicamente el sax tenor; lo acompañan McCoy Tyner, al piano; Jimmy Garrison, al contrabajo; y Elvin Jones, en la batería. Todo cuanto A love supreme puede ofrecerle al oyente en sus cuatro movimientos –Acknowledgement, Resolution, Pursuance, Psalm-, se concentra en el reproducido mantra central de 4 notas anunciado por el contrabajo de Garrison, al que se suma el líder de la sesión en su única intervención cantada registrada en disco.

Meticuloso y obsesivo, Coltrane avanza la idea de una “intensidad” desconocida en el jazz. Una música que para muchos significó la entrada en un universo desconocido y desconcertante. En la cinta recién descubierta, la sesión fue grabada por el saxofonista Joe Bazil y encontrada entre sus pertenencias, tras su muerte en el 2008, a la dotación de su cuarteto, Coltrane le agregó tres músicos: Carlos Ward (en el sax alto), Pharoah Sanders (sax tenor y percusión) y Donald Garrett (doble bajo), convirtiendo la agrupación en septeto.

Es la segunda de las únicas dos presentaciones que hizo Coltrane de tal material en 1965 (la otra es la que realizó en Juan-les-Pins, durante el festival musical de tal localidad francesa en el mes de julio, la cual forma parte de una edición de lujo que apareció durante los festejos del 50 aniversario del disco).

En ella, a los casi 30 minutos originales son extendidos hasta los 75, y el rating mundial eleva la grabación al rango de “Aclamación universal”. Es decir, en los tiempos hipermodernos que estamos viviendo, un artefacto musical como éste, pone de nuevo las cosas en perspectiva y reactiva las discusiones culturales, sociales y estéticas, que iniciaron desde su primera aparición.

Hay noches irrepetibles, como aquella de ese 2 de octubre de 1965, cuando se grabó una joya (a pesar de las condiciones para ello) que permaneció oculta por casi 60 años y que, ahora, tras ser sacada a la luz, brilla a plena luz de la actualidad, con el agregado de la osadía de sus intérpretes y de la descomunal puesta musical que presentaron, la cual el tiempo ha legitimado: la propuesta de oficio místico en el disco de estudio se convirtió, en vivo, en una desmesura polifónica contenida tan solo por la evocación, de vez en vez, de los lemas esenciales de la obra primera.

VIDEO: John Coltrane – A Love Supreme, Pt. IV – Psalm (Live in Seattle/ Visualizer), YouTube (JohnColtraneVEVO)

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BLUEMONK: «HISTORIAS DE NUEVA YORK»

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BLUE MONK (PORTADA)

 

(POEMA)*

historias de nueva york

 

recorrer tus calles sorpresivas

mientras los escaparates asaltan las banquetas

y el viento saquea las avenidas

          marginales a los días

desfilan los paisajes súbitos

por sistemas de elevadores

repentino el fogonazo de tus ojos

                    bajo las persianas ingenuas de la hora

y los filos carnívoros del jazz

que hacen su nido en los rascacielos

                    ciudad espectral

jadeante de civilización

                    de multitudes desencajadas

que se extrovierten

con la música en las calles

pentagrama del explosivo urbano

 

Blue Monk

y otras líricas sencijazz

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

México, 1994 (primera edición), 1997 (segunda)

 

 

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CARTAPACIO: «COMO MATANDO EL TIEMPO»

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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(RELATO)

El taxi colectivo se detuvo bruscamente sobre la calzada. Bajó la señora con un niño envuelto en una cobija. El lugar, en medio del asiento trasero, fue ocupado por un hombre gordo, muy moreno, de edad indefinible y el pelo a la brush, cuyo rostro grasoso de ojos achispados exhibía un sinnúmero de barros.

Al abordar la camioneta, lo hizo con un cigarro encendido en la mano. Una vez sentado se lo puso en la boca y comenzó a fumar y a arrojar el humo aceleradamente, una y otra vez, ante la divertida mirada de un muchacho a quien el gordo de repente le pidió que arrojara la colilla por la ventana. El jovenzuelo, un poco azorado, recibió el cigarro, con dificultad abrió la ventanilla y lo aventó.

El gordo preguntó entonces que si fumar era dañino. El resto de los pasajeros volteó al unísono hacia el interrogador. El joven, después de pensarlo cinco segundos, respondió que sí, que los pulmones, que la contaminación, etcétera.  El gordo, tras un ¡oh!, guardó silencio y dirigió la mirada al exterior. El calor del mediodía era intenso y el sol se reflejó en su brillosa cara.

El olor a gasolina y el claxon confirmaron el embotellamiento. El fastidio se manifestó en algunos tronidos de boca y en tímidos insultos apenas dichos. El gordo comenzó a cantar sin mucho entusiasmo, como matando el tiempo: «Por allí pasó Jesús/ lleva una soga en el cuello/y carga sobre sus hombros/una muy pesada cruz…»

Los pasajeros cruzaron una mirada entre sí y de reojo lo veían cantar. El chofer le dirige una mirada feroz por el espejo. El gordo como si nada:  «Gracias te doy, Gran Señor/y alabo tu gran poder…». La fila de autos siguió estancada.

El chofer prende el radio. Las bocinas dan paso a la verborrea de un locutor que pregunta a cien por hora:  «¿Por quién votas?»  El gordo como respuesta sube el volumen del cántico: «Cinco mil azotes lleva/en sus sagradas espaldas…»  El chofer aumenta el sonido y entre la confusión se averigua que una cantante va a la delantera de la otra. «¿Por quién votas?»  Los pasajeros callan nerviosamente y optan por ver hacia la calle.

En medio del revoltijo sonoro, el gordo continúa inflexible:  «Y una corona de espinas/que sus sienes taladraba…» El locutor anuncia la canción ganadora a grito en cuello. Adelante, el embotellamiento se despeja, la combi arranca y el chofer apaga el radio. El canto del gordo continúa inalterable: «Por allí pasó Jesús/lleva una soga en el cuello…»

Al llegar a la estación del metro, los pasajeros que colman la combi deciden bajar todos. Pagos rápidos y brincos apresurados. El chofer, callando al gordo, le indica que hasta ahí llega. Éste dice, ah, bueno, gracias por el aventón.  Cómo que aventón, cáete con la lana del pasaje. No traigo, pero Jesucristo pagará tu atención. ¿Ah, sí?

El chofer baja rápido y saca un tubo de quién sabe dónde, con el que comienza a golpearlo. La multitud se congrega y un par de policías se aleja hacia la esquina.  Es la una y quince de la tarde…

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BLUES: BIG MAMA THORNTON (PODER Y CONVENCIMIENTO)

Por SERGIO MONSALVO C.

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Ellas, al igual que ellos, ya hacían rock and roll antes de que éste existiera, porque anteriormente se llamaba rhythm and blues y lo interpretaban los artistas negros. Una forma musical que preludiaba un futuro insospechado, intenso e incandescente.

Todos ellos condujeron, a través de dicho estilo, a la juventud tanto negra como blanca (que los escuchaba clandestinamente) hacia el disfrute de la rítmica y el reconocimiento generacional que marcaban los nuevos tiempos.

El swing hot, el jazz y el country blues se habían condensado en forma de jump blues (la expresión más salvaje del r&b) al final de los años cuarenta, empujando a las pistas de baile a una población cansada de la guerra (la segunda conflagración mundial) y las restricciones económicas.

Los pequeños y animados grupos que tocaban secuencias de blues con una energía y un entusiasmo sin precedentes eran acompañados por cantantes de ambos sexos que lanzaban poderosamente la voz con toda la fuerza de la que eran capaces (shouters).

El ánimo de los intérpretes se reflejaba en el del público. Los saxofones tenor graznaban y chillaban, los pianos ejercían un papel percusivo y las guitarras eléctricas vibraban y punteaban. Las letras de las canciones eran sencillas y elementales, dirigiéndose a los ardientes corazones mientras el estruendoso ritmo les hacía mover los pies.

Al aumentar la popularidad de esta música, y la exigencia a que se difundiera por la radio, atrajo a hordas de imitadores y admiradores blancos. En pocos años, el jump blues cambió el rumbo de la música popular en los Estados Unidos, aunque para entonces ya se le denominaba «rock and roll».

Durante su auge, la fuerza de su convocatoria abarcó a todas las razas, al contrario del country, del folk (básicamene gente blanca) o del country blues y el blues eléctrico urbano (de público en su mayoría negro).

Fue capaz de llenar los salones de baile con cientos de fans eufóricos, que vieron en sucesión a grandes intérpretes masculinos (Louis Prima, Roy Brown, Little Richard, etcétera), pero igualmente a las intérpretes femeninas que harían historia y señalarían el inicio del paso de la mujer en tal ámbito musical, como Big Mama Thornton, por ejemplo.

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A Binnie Willie Mae Thornton nadie le enseñó algo. Todo lo que supo lo aprendió por instinto y sin guía. Al igual que un animal silvestre. Porque, aunque haya nacido como la sexta hija de un pastor religioso y una madre ama de casa, no se libró nunca de su origen y tampoco se lo permitieron.

Nació en Alabama en 1926. Era un punto rural, sucio, miserable y racista. Por lo tanto, hablar de educación familiar o escolar era ridículo. Lo que sacó de su mísero entorno (yermo, duro) se lo apropió como salvavidas. De muy pequeña veía a uno de sus hermanos mayores tocar la armónica, y viéndolo la aprendió de manera autodidacta y al rescatar alguno de estos instrumentos que era lanzado a la basura.

En cuanto tuvo edad fue enviada a trabajar. Lo hizo limpiando escupideras en un bar de una localidad cercana. Ahí, entre la rudeza y la violencia cotidiana, aprendió a tocar la batería viendo al grupo que ambientaba el lugar. El canto también lo practicaba para sí mientras hacía el trabajo.

Cierto día cuando el cantante no pudo subir al escenario por encontrarse demasiado ebrio, le rogó al dueño que la dejaran hacerlo. A partir de ahí encontró su camino y su forma de sobrevivir. Se unió a diversas agrupaciones, antes de llegar a ser parte de la banda de Johnny Otis.

Ahí mostró todas sus aptitudes instrumentales y vocales. Su complexión, alta y gruesa (pesaba más de 100 kilos), le había valido el sobrenombre de “Big Mama” desde niña. Su voz no desentonaba con el paisaje de aquella comunidad en la que había crecido: “Era áspera como un estropajo de aluminio: demasiado impactante para la gente”, decía de ella Bessie Smith.

Se vestía como hombre, bebía grandes cantidades de alcohol y los textos de sus canciones eran de contenido sexual explícito. De entre todo ello brillaron dos gemas que le dieron presencia, pero no suerte. La primera, “Hound Dog”, un tema de Leiber y Stoller, que grabó en 1952, la cual era su estandarte hasta que Elvis Presley la anexó a su repertorio en 1956 y su interpretación pasó a segundo plano. Y la otra, “Ball and Chain”, de su autoría, y de la que sólo se recuerda la versión de Janis Joplin de 1967.

 

Sin embargo, quedan los rescoldos de su voz, de su solidez escénica, de la inestabilidad de su carrera, su falta de suerte y los rumores sobre su vida. Murió sola, arruinada y dipsómana, de un ataque al corazón, en Los Ángeles en 1984. No obstante, el rock le ha brindado reconocimiento al incluirla en su Salón de la Fama, y a esas dos canciones interpretadas por ella como parte de su canon histórico.

 

VIDEO SUGERIDO: Big Mama Thornton – They Call Me Big Mama, YouTube (My Moppet52)

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CRYSTALS 22 (ARE YOU THERE?)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

 

(FOTOGRAFÍAS)

 

 

CRYSTALS 22 (ARE YOU THERE)

 

 Crystals 22 (Are You There?)

 

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LIBROS: SÓLO LAS NOCHES

Por SERGIO MONSALVO C.

 

SÓLO LAS NOCHES (PORTADA)

 

 

(POEMARIO)*

 

 

“Sólo las noches”

 

Sólo las noches

son malas y temibles

Vienen sobre mí

aquellas imágenes antiguas

Noches de fiebre

Piedra

bajo los pies

Las manos irrumpen el granito gris

frío   duro   implacable

El pobre cuerpo caliente

abre surcos

en estos peñascos

Los cabellos

raíces que absorben la escarcha

que sube y baja

lentamente

por las rígidas venas

Sueños

que se apoyan

pesadamente en la ventana

El cuarto en la penumbra

como polvo añejo

y ese fino aroma marchito

siempre   siempre…

 

*Texto extraído del poemario Sólo las noches.

 

 

Sólo las noches

Sergio Monsalvo C.

Editorial Oasis

Colección “Los libros del fakir”

Núm. 63

México, 1984

Sólo las noches (foto 2)

Dibujo: Heraclio

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EMMANUEL JAL: RAP-SODA DEL KUSH

Por SERGIO MONSALVO C.

 

EMMANUEL JAL (FOTO 1)

 

En un mundo ya de por sí conflictivo, hay países que se caracterizan por serlo aún más. El Sudán es uno de ellos. Este territorio norafricano, rodeado de fronteras y el más grande de dicho continente, se ha distinguido desde su independencia de Inglaterra a mediados del siglo XX por un perenne estado bélico.

Las confrontaciones políticas y religiosas lo han enfrentado consigo mismo por varias generaciones. Si en la antigüedad fueron los egipcios y esclavistas su principal azote, luego lo serían los ingleses y finalmente el comunismo, el anticomunismo, los golpes de Estado, las dictaduras y una contienda civil interminable y brutal entre el Norte (islamista) y el Sur (cristiano y animista).

Es una nación dividida cuyos fundamentos parecen ser las masacres, las crisis económicas, las sequías y el éxodo de su famélica gente debido a la miseria y la implantación de la sharia o ley musulmana que prohibe un sinnúmero de cosas, entre ellas la música.

Es decir, nada que evoque aquel pasado mágico y faraónico construido por el imperio kush que permeó los primeros tiempos de esta tierra otrora próspera cuyos afluentes eran (y son) los legendarios ríos Rojo y Nilo, con una rica mitología, una lengua y escritura propias y la omnipresencia del Sahara.

Como pueblo comerciante importó formas de cultura tanto de los romanos y griegos como de los egipcios. A través de su extenso territorio viajaban los griots llevando las noticias y comentarios sobre todo lo que acontecía. Eran los hombres encargados de trasmitir las tradiciones, los cambios y las experiencias mediante la oralidad y la música.

Para las civilizaciones de la costa atlántica y del norte africano, la responsabilidad del griot consistía en recrear y renovar los recuerdos y las emociones de las generaciones pasadas con respecto de las presentes. Se reconocían como los mejores a aquellos que tenían el don de escuchar con atención y reproducir hábilmente el sentir popular.

En la actualidad, en el Sudán, uno de los más noveles y cercanos es Emmanuel Jal, cuya historia resulta ejemplar de lo acontecido por esos lares. Nació en el villorio Tong alrededor de 1980. Su madre murió mientras era niño y su padre también, en las filas del ejército rebelde.

Solo y abandonado intentó huir de la violencia que azotaba al país hacia Etiopía, como muchos otros infantes (los llamados Lost Boys). No obstante, en el viaje fue atrapado por la milicia sureña y reclutado para engrosar al Ejército Popular de Liberación del Sudán (SPLA en sus siglas en inglés, el cual se levantó contra el gobierno nacional que, entre otras medidas, quería imponer la ley islámica en todo el país).

Lo que en un principio parecía ser un viaje hacia algún instituto educativo –como habían dicho los oficiales ante los medios de comunicación– acabó siendo el camino que lo llevó a la trinchera. A partir de los 7 años se convirtió en uno más de los 10.000 niños soldados que sirvieron en ambos frentes a lo largo de dos décadas de guerra civil. Por casi cinco años fue un niño guerrero, cargando un fusil AK-47 que era más alto que él.

Fue entrenado en campos escondidos lejos de las miradas de las organizaciones internacionales de derechos humanos y participó en combates antes de los ocho años. Fue un niño soldado durante un lustro, en el que recorrió cientos de peligrosos kilómetros a lo largo del Nilo.

Fueron años sangrientos en los que vivió y padeció todo tipo de situaciones. Desde crueles castigos por desobedecer órdenes de sus superiores, pasando por la matanza y carnicería del enemigo: «Vimos la guerra. Vimos asesinatos. Vimos la muerte todos los días”, dijo a la postre.

En dicho ejército la deserción se pagaba (y se paga) con la muerte. Y así como su condición de niño no había sido excusa para eludir el frente de batalla, tampoco serviría de atenuante en ningún otro caso.

Sin embargo, a Emmanuel Jal ni siquiera el temor a esa amenaza de muerte logró hacerlo desistir de la travesía para buscar refugio, y ayuda para su situación, en el campamento humanitario de Waat, al este de Sudán, junto con otros niños, adolescentes y jóvenes.

Ellos calculaban que les llevaría unos treinta días llegar hasta allí y partieron de noche, con las provisiones necesarias para ese tiempo de viaje. Pero tardaron tres meses. Partieron trescientos. Llegaron apenas doce. Emmanuel estaba entre ellos. Vivió para contarlo. Y hoy vive para cantarlo.

Entre otras luchas tuvo la de no sucumbir a la tentación del canibalismo durante su viaje hacia el campo de refugiados. «Esa fue la parte más oscura de mi vida. Estaba hambriento y estuve a punto de comerme a mi propio amigo, que estaba herido. Recuerdo que yo le sostenía la mano mientras pensaba: ‘te voy a comer en cuanto mueras’. Pero entonces recordé que mi madre siempre decía que había que ser paciente y tener esperanza. A la mañana siguiente pudimos cazar un ave y comerla».

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La participación de niños en conflictos armados es una realidad que muchas veces pasa desapercibida para la opinión pública internacional. Lo cierto es que miles de niños son reclutados por ejércitos regulares y por grupos paramilitares, guerrilleros o narcotraficantes para la lucha armada.

En el caso del continente africano, escenario de conflictos bélicos internos, los niños son utilizados como soldados. En su mayoría son menores de 15 años y existen datos que indican que también son reclutados de hasta 7 y 8 años, como el caso que nos ocupa, violando de esta manera lo establecido por los organismos internacionales que intervienen en cuestiones de derechos humanos.

Las tareas a los que son sometidos son muy variadas: como soldados adoctrinados, carga de armamento, municiones y víveres, guardaespaldas de los superiores, entre otras cosas, y lo que es peor aún de «avanzada» para detectar campos minados y así evitar la mutilación o muerte de un soldado más «útil».

VIDEO SUGERIDO: Emmanuel Jal – Warchild, YouTube (giantstepnyc)

No sólo los varones son obligados a integrarse a estos grupos, las niñas generalmente son utilizadas como «esclavas sexuales» y sometidas a abusos y vejaciones de todo tipo. Para Amnistía Internacional, la razón por la cual se recluta a niños es por considerarlos «baratos y
prescindibles», además de ofrecer una obediencia incondicional.

La mecánica que siguen estos grupos armados habitualmente es la del secuestro. Éste se lleva a cabo en escuelas, orfanatos, centros de refugiados y barrios marginales, en forma abierta y deliberada. Luego, son enviados a campos de instrucción en donde los entrenan en tácticas de guerra, y después de un corto tiempo ya son puestos en el frente de combate.

Las consecuencias psíquicas de esta actividad son graves y entre ellas pueden contarse: el miedo permanente, el insomnio, la violencia desmesurada, el sentimiento de culpa y el temor al rechazo. Además, su nivel de comprensión se ve disminuido, no tienen pautas de conducta y la jerarquía militar se encuentra muy interiorizada en ellos: cuando se les desmoviliza suelen llevar ya mucho tiempo luchando y la guerra ha pasado a ser su forma de vida. El grupo armado es su referencia y les proporciona seguridad, según las investigaciones al respecto.

¿Y cómo es que ese lost boy llamado Emmanuel Jal logró convertirse en artista? Para eso fue fundamental la entrada en su vida de Emma McCune, la trabajadora humanitaria que conoció en el campamento de Waat –una ONG inglesa–, en una zona de la parte alta del río Nilo. McCune, casada con el líder guerrillero sudanés Riek Machar y a quien había convencido de no enrolar niños soldados, adoptó a Emmanuel lo sacó del país clandestinamente y lo llevó a Kenia con ella.

Lo mandó a un buen internado y pagó todos sus gastos. Aquel muchacho nunca había recibido ese tipo de atención ni trato afectivo. Sin embargo, el destino volvió a actuar en su contra cuando seis meses después de la llegada a Kenia, McCune murió en un accidente automovilístico. Quedó huérfano de nueva cuenta.

A pesar de todo, el poco tiempo transcurrido en su nueva situación fue suficiente para cambiar el rumbo en su vida y para que Emma le dejara una huella profunda en su accionar. Lo aprovechó y también desarrolló sus dotes musicales en el gospel y el rap. Jal descubrió el poder de la música para calmar a sus demonios.

En 1998 se inició en el canto, integró varios grupos vocales en los coros de las iglesias. A los 18 años, aunque de manera muy precaria, pudo grabar su primer single, “Gua” –el comienzo de su carrera profesional y nombre también de su primer disco– y se convirtió igualmente en organizador de conciertos en favor de los refugiados y los huérfanos.

Con la comunicación de boca en boca y la difusión radial de ese tema le llegaría la fama: dos meses en la cima del top ten keniata y hoy, más de diez años después, cientos de miles de copias de sus discos son vendidos por todo el mundo.

En el año 2005 Abdel Gadir Salim, el popular hiphopero de Sudán del Norte, colaboró con él en su segundo álbum, Ceasefire. Un hecho trascendente, ya que en el álbum se unieron dos víctimas de sus respectivos regímenes: Jal como ex niño combatiente y Salim como músico perseguido por los fundamentalistas islámicos.

El CD fue producido por Paul Borg entre Nairobi y Londres y aglutinó a otros raperos (MC Solar, Naughty By Nature) y representantes de la world music (Cheb Bilal, Mory Kante). Jal interpretó sus temas en suahili, nuer, inglés y árabe al frente de su grupo Reborn Warriors y del Merdoum All Stars de Salim. Una obra antibelicista nominada para varios premios.

Hoy, a sus 42 años, Emmanuel Jal es un cantante de hip hop sudanés que no sólo es aclamado en su propio continente, sino que ha logrado hacer acto de presencia en países como Inglaterra o Estados Unidos en forma muy exitosa (ahí se ha presentado en universidades para hablar de sus vivencias). Incluso algunos de sus temas integraron la banda sonora de la película Blood Diamond (protagonizada por Leonardo Di Caprio) y musicalizaron varios capítulos de la serie estadounidense ER.

En sus cuatro discos, grabados en lengua nuer (una lengua tribal que se habla en su tierra natal), árabe e inglés, el artista repasa fragmentos de su singular vida, una historia con entidad más que suficiente para erigirse, por sí sola, en denuncia sobre el drama que padecen cientos de miles de niños en el mundo: los niños soldados.

Pero también, consciente de que su pasado es el presente de los infantes africanos, Emmanuel creó una fundación llamada popularmente Gua, que significa «paz» en lengua nuer –de hecho, el proyecto educativo de la fundación creada por Jal lleva el nombre de McCune, en agradecimiento a su protectora–.

Con ella trabaja para que diferentes comunidades africanas logren superar los efectos devastadores de la guerra y la pobreza, aunque hace especial hincapié en brindar educación y oportunidades a niños y jóvenes. En la actualidad trabaja, principalmente, en zonas de Kenia y Sudán, pero se propone expandirse a toda el área del Africa subsahariana.

Tras ello, Jal ha sido nombrado portavoz de la Coalition To Stop The Use Of Children Soldiers y con tal misión viaja por todo el continente negro y el resto del mundo.

Su más reciente disco se titula Emmanuel Jal’s 4th Studio Album (2010), y en él confluyen el rap, las armonías vocales yuxtapuestas con beats tribales, la rítmica del hip hop, el estruendo de las percusiones y el canto coral. Habla, como siempre, de los males del continente de una manera cruda y realista, pero ausente de cinismo.

Con todos estos ingredientes, su historia inspiró el documental War child, dirigido por C. Karim Chrobog. El filme ganó numerosos premios en festivales internacionales como el de Bolonia y Tribeca. También la vida de Emma McCune fue llevada al cine con la película Emma´s war, protagonizado por Nicole Kidman.

Suele decirse que la fama de todo artista tiene sus costos y el caso de Emmanuel Jal no es la excepción. Para él, la fama es un constante viaje hacia aquellos terribles años. Algo que, de todas formas, él ha sabido convertir en una oportunidad.

Sólo con el nombre de sus cuatro discos – Gua (“paz”) , Ceasefire («Alto el fuego») War Child («Niño guerrero») y Emmanuel Jal’s 4th Studio Album – puede tenerse una idea sobre la dimensión cuasi terapéutica que ha significado grabarlos. Una especie de exorcismo de viejos fantasmas que también se recreó cuando escribió su autobiografía, War Child, a child soldier´s story, publicada en todo el mundo en diferentes idiomas.

Sabedor de su influencia sobre las generaciones más jóvenes, critica, incluso, a otros artistas del hip hop que, con su propuesta, incitan a la violencia en cualquiera de sus formas (entre las bandas urbanas del planeta, el AK-47 causa furor. Algunos cantantes del “gagnsta rap” le han dedicado fragmentos de sus canciones. Incluido el famoso Eminem).

“¿Cómo es posible que alguien pueda pensar que es divertido lastimar o matar?”, se pregunta. Él sabe por experiencia que no lo es. Y que el hip hop es el nuevo instrumento para cumplir con su misión de griot contemporáneo, el que lleva hoy las noticias de tolerancia y comprensión no sólo a su localidad si no al mundo entero.

VIDEO SUGERIDO: Emmanuel Jal, Emma live at Mandala’s birthday in Hyde Park, London, 2008, YouTube (Gatwitch)

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LIBROS: SÓLO JAZZ & BLUES*

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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(REVISTA)

 

La década de los noventa tuvo renovados sentimientos sobre lo que debía ser la improvisación y las estructuras básicas del género jazzístico. Se fincaron futuros planteamientos. Apareció el acid jazz, que luego se convertiría en jazz-dance y a la postre en el jazz electrónico o e-jazz.

Era también un hecho que la influencia de las ideas no occidentales en la música le dio una saludable revolcada global a lo contemporáneo, además de permitir algunos injertos variados: estilos, tradiciones, nuevos instrumentos, técnicas, vanguardias y tecnología avanzada.

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El lenguaje compartido recurrió a la polirrítmica africana, a tonalidades orientales y a otras formas de pensar extra occidentales. El jazz y la world music compartieron de cara al futuro la flexibilidad armónica y rítmica, al experimentar con esencias de diversos lares.

 

El jazz, pues, se reafirmó como una palabra con legitimidad de tiempo y en él siguió siendo principio de impulso creativo. Razón de ser y destino de música sabia, que habla del desarrollo, del mito y sus oscuridades en una realidad entonada con la voz, el sax, la trompeta, el piano, los tambores, los teclados o las computadoras. El sonido de lo cierto en la intimidad de un solo o en lo lúdico representado por las orquestas.

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Una música libre para todos y espontánea; estallido de músicos, DJ’s, mezcladores, ilusionistas o diseñadores sonoros apasionados, que derramaban su energía frente al micrófono, en los instrumentos o los aparatos, buscando la expresión conmovedora en la improvisación.

La revista SÓLO JAZZ & BLUES, que dirigí y en la que colaboré, le dio a esa voz, con añejamiento centenario, otra posibilidad de difundir su mensaje durante un lustro (1996-2000) y 47 números publicados.

 

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SÓLO JAZZ & BLUES

Dirección: Sergio Monsalvo C.

Edición: G. E. N., S.A., de C.V.

Fecha de aparición: 1 de abril de 1996 en México, D.F.

Periodicidad: mensual

Tiraje: 7 mil ejemplares

Formato: 21.5 X 33 cm

 

SOLO JAZZ (FOTO 5)

 

 

 

*El primer número de la revista apareció en blanco y negro y los siguientes fueron a color. El último de ellos, el 47, apareció en abril-mayo del año 2000. Obtuvo el Premio Edmundo Valadés los años 1996 y 1997 otorgado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, (Conaculta).

 

 

 

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BLUEMONK: «MONTREUX»

Por SERGIO MONSALVO C.

 

BLUE MONK (PORTADA)

 

(POEMA)*

 

montreux

 

 

regodearse en montreux

                              con whisky en vaso largo

como tu garganta

                              quizá hasta perderme

aunque sepa sus retos

                              la geografía de sus caminos

perderme en la ventana cerrada

                              en la paciencia quizá

relax posterior de cámara atardecida

                              de azules garzas y aire de norte cercano

servirte entonces delfines, pájaros circulares

                               un ángel blanco nacido en octubre

improvisar de cocinero loco

                              donde late del free al to be

extravagancia de fruto orgánico

                              vastedad de cristal cortado

puertas habitadas de sonido acústico

                              y las notas en el cielo como estampas

 

Blue Monk

y otras líricas sencijazz

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

México, 1994 (primera edición), 1997 (segunda)

 

 

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