LISA BASSENGE

Por SERGIO MONSALVO C.

Lisa Bassenge Trio

UNA MEZCLA PERSONAL

La cantante alemana Lisa Bassenge, al frente de su trío, tiene una misión muy especial, un desafío mayor: hacer de un tema que se ha escuchado miles de veces algo ignoto e innovador. Todo un reto. Pero para eso tiene al jazz como razón de ser y como herramienta.

Esta joven vocalista, nacida en 1974 en el aún Berlín Oriental y educada en la música del nuevo sentir de una urbe vuelta completa gracias al giro de la historia, se crió con dos amores: el de la ilegal circulación del pop (cuando niña) y el del jazz en plena libertad (como adolescente). En ambos tiene sus raíces y en ambos confió para iniciar su carrera profesional. Una tan original y encantadora, como la versión mil uno de una canción memorable.

Su fórmula toma un poco de Madonna, otro poco de los Beatles, recalienta a Dean Martin, quita un poco de espuma a Police, busca una pizca de Rio Reiser, el rímel de Bowie, lo pone en el recipiente del jazz trad más suntuoso y enciende todo con la chispa de una canción sobre el amor no correspondido y listo: se tiene a Lisa Bassenge.

La mezcla de ella y su trío tiene una visión personal al respecto. Le impone nuevos modos de expresión. El jazz de esta alemana provoca; su pop evoca. Evoca una respuesta pública y particular, seductora e inquietante: la rememoranza con altas dosis de apreciación.

Ella y sus compañeros, Andreas Schnidt (pianista y magnífico arreglista) y Paul Kieber (baterista), saben que tratan con los recuerdos personales que cada escucha tiene de las canciones que interpretan, pero ellos los deconstruyen para convertir al recordable hit, cómodamente instalado en la memoria, en algo distinto: en una novedad a la que hay que dedicarle el trabajo de prestarle atención por los muchos matices que presenta.

El jazz-pop del trío atrae una fijación anormal en el oído, su fetichismo, su voyeurismo. En suma, es la fascinación por el significado. Su fuerza se ubica en muchísimos lugares, menos en lo raro, lo intolerable o lo inasequible. Tal como en su momento hizo John Coltrane con “My Favorite Things” (a la que quitó lo complaciente) o Miles Davis con “My Funny Valentine” (a la que convirtió en un manifiesto expresivo), por mencionar algunos casos.

Con el tratamiento del pop los músicos del grupo van a los asuntos melódicos en sí mismos, mientras la voz de Lisa sólo insinúa las cosas, se concentra en los fuertes acentos histriónicos que le proporciona el jazz.

Ella tiene una voz nada extraordinaria, pero curtida, de manifiesta experiencia y un pulido terminante —en el que se nota la calidad de su formación al lado de Lee Konitz y Gary Peacock—, que le sirve plenamente de escaparate al significado de las canciones. La mayoría de las veces es un cristal por medio del cual se trasmite el texto, lo verdaderamente importante es la calidad de dicho cristal, su fundido y su emplomado.

LISA BASSENGE (FOTO 2)

A diferencia de otros jazzistas o de un Bowie, que elaboraba los humos del pop, la voz de Lisa no le agrega elementos a los temas originales, sino que los reduce hasta su mínima expresión, hasta casi desaparecerlos. Adquiere el don de la sustancia en sí misma, con una cualidad voluptuosa más allá y por encima de su función expresiva. Así, junto con sus músicos, descubre el núcleo fundamental de “A Hard Day’s Night” de los Beatles, por ejemplo. Con su disección muestra la dialéctica entre la vida cotidiana y el amor que viene contenida en aquella.

En el catálogo del grupo Cole Porter puede decir lo que sea, sobre los peces o los calcetines; uno no juzga por sus versos a Victor Young o le alega algo a Carl Perkins, sino que por la entonación del trío eleva a éstos por encima de la crítica musical que puede languidecer en sus letras. Gracias a su estilo, Paul Simon es desposeído de sarcasmo y llevado al límite de lo absurdo de una situación aritmética (“50 Ways to Leave your Lover”), sin hacernos dar vueltas sin sentido, a ningún lugar en particular. Nos coloca justo como protagonistas en el casillero que nos corresponde.

Dicha constitución del jazz-pop del Lisa Bassange Trio sugiere raptos ocasionales y el estremecimiento fortuito por la diversión, además de un proceso benigno de mejoramiento y la acumulación de un todo coherente de buena obra en nuestro haber como amantes del jazz. Incluso el cuerpo del consumidor del pop más puro podría tener su historia particular con estas versiones. Así de maleables son. Sugieren la vida del pop como una inundación de recuerdos emotivos, con la fantasía del jazz.

El jazz-pop del grupo consiste en sus propias superficies, en el sonido en sí. Es instrumento para otro discurso. Representa el rumor de una serie de composiciones de lejanía familiar. Es un género ideal y probarlo equivale a un festín auditivo. Es una presencia  intangible, literalmente venida de lejos. Las buenas canciones del pop que Lisa Bassenge presenta están dominadas por un pensamiento: “sembrarlas de nueva cuenta”. El equilibrio genérico tiene vigor, funciona. Lo extraído de la vida se devuelve, para vivirlo de forma distinta. Con la sabiduría de un proceso sofisticado y reflexivo.

 El quehacer artístico de este grupo germano tiene una personalidad desnaturalizada, sobredimensional y lo bastante consistente para imponerse como una parte inevitable del paisaje a futuro. Como lo puede ser una autopista o la cibernética. La fantasía inherente en su obra tiene un efecto real sobre el comportamiento memorioso y el apetito melódico. Sus temas pueden bastar como intoxicación para inducir un estado diferente del que caracteriza la existencia de un hit exitoso.

El jazz no destruye aquí las dicotomías sino que las toma para sí, las deconstruye, las perturba. De ahí su interés y su inmensidad de posibilidades. En esos terrenos fantásticos brilla con todo su espendor la obra de Lisa Bassenge, tan esplendorosa como es la actualidad de la ciudad de donde procede: Berlín.

LISA BASSENGE (FOTO 3)

VIDEO SUGERIDO: Three Cigarettes In An Ashtray – Lisa Bassenge – Borrowed and Blue (HD), YouTube (herzogrecords)

 

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GLING-GLÓ

Por SERGIO MONSALVO C.

GLING FOTO 1

 BJÖRK Y EL JAZZ

El hecho de que Björk haya comenzado su aventura solista con un disco  sincopado explica, de alguna forma, la gran capacidad de interpretar distintos registros de la cantante.

El arte no nace por generación espontánea. Todo es parte de una cadena de influencias a las que el talento individual sintetiza y conduce a la originalidad. Eso es Björk en primera y última instancia.

Björk es una artista islandesa cuya originalidad se ha convertido en parámetro para los creadores en general. Ella es un especimen ejemplar que se liga a una cadena etérea que siempre pugna por ir a la vanguardia.

Björk es cantante. El canto la singulariza. Ha pasado por los cóvers del rock y soul, la fusión, el pop, el after punk y el gótico, entre otros estilos;  la composición, el empirismo instrumental y la academia del canto, el clarinete y el piano clásico, así como por la experiencia escénica y apariciones mediáticas,

Dentro de tal inquietud decidió formar a los Sugarcubes e internacionalizarse. Su concepto surrealista en la lírica y la extravagancia sonora les generaron el éxito.

Tres años durará el embeleso en el que se mezcla la música con la actuación, la pintura, la literatura y la poesía. Luego vino el ocaso de los Sugarcubes y ello motivó a Björk a participar en otros proyectos.

Al comienzo de los noventa le llegó la llamada del jazz. Lo hizo vía el bebop y un trío. Cantó en islandés e inglés piezas conocidas y otras que resultaron rarezas.

En el tiempo que The Sugarcubes se disolvían y mientras Björk trabajaba para pagar sus deudas y poder continuar su carrera como solista recibió una invitación inusual.

Se trató de un proyecto jazzístico junto al trío del pianista Guðmundar Ingólfssonar, el único jazzista profesional de toda Islandia. Él era una figura local consagrada y contaba con la admiración del medio.

En 1990 la radio estatal de aquel país tuvo la idea de editar una serie de interpretaciones de clásicos del jazz y dicho músico fue el elegido para el trabajo.

El pianista aceptó la propuesta pero pidió incluir una buena cantante. En un programa de radio éste había escuchado a Björk y quedó encantado con su voz y a su vez la invitó a colaborar en el proyecto.

VIDEO SUGERIDO: Bestir Og Brak – Gling Glo – Björk, YouTube (prado1313)

Cuando éste comenzó a gestarse, Björk ya tenía un nombre ganado en la escena musical islandesa. The Sugarcubes habían alcanzado la fama y ella se destacaba cantando.

Fue en un programa de jazz llamado Godravina Fundur que Ingólfsson la escuchó y quedó encantado con su voz. Parecían la combinación perfecta para este disco que debía ser tradicional y popular a la vez.

El producto de tal conjunción se llamó Gling-Gló, que en islandés quiere decir ding-dong o tic-toc y la melodía del primer tema del disco, homónimo, tiene mucho que ver con eso: es una canción de cuna derivada del folkor islandés.

La música que lo integra en general es bastante agradable y el trío que forman el propio Ingólfsson en el piano más Guðmundur Steingrimsson en batería y Pórður Högnason en bajo, funciona como un buen grupo de acompañamiento.

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Son músicos correctos, el sonido está bien capturado (fue realizado para el sello One Little Indian Records) y fue grabado en el Stúdíó Sýrlandi de Reykjavik, la capital islandesa.

El diseño de la portada fue obra de Oskar Jonasson, director de cine islandés que filmó algunos videos para The Sugarcubes, tiempo en que fue novio de Björk.

El resultado general es más que decoroso. Lo que lo destaca es que es sin duda un registro diferente, poco común. Gling-Gló fue un proyecto fugaz y para muchos ni siquiera constituye parte de la discografía “oficial” de Björk. La verdad es que suena bastante diferente a su sucesor Debut y todo el material que vendría después.

No obstante, por su rareza y registro es un disco de colección. Lamentablemente, la muerte del pianista truncó el proyecto y la cantante encausó sus intereses hacia la música house.

Entre las varias rarezas del álbum (desde el punto de vista de la discografía de la artista) está la de que escoge el jazz para iniciar su carrera solista y la grabación no contiene bases electrónicas ni nada por el estilo, es acústica por completo.

Asimismo, en los créditos la cantante aparece por única vez con su nombre completo: Björk Guðmunsdóttir y está cantado mayormente en islandés.  De las 16 canciones que contiene el disco la generalidad fue compuesta por autores de la isla y solamente las dos últimas son en inglés.

Ruby Baby y I Can’t Help Loving That Man son una especie de paliativo para la cantidad de información entregada en un idioma imposible del que no se entiende nada si no se es de la localidad. Pero también hay una versión sorpresa de un tema de Pablo Beltrán Ruiz en dicho idioma.

El estilo que Björk usó para cantar, además, hace que uno se mantenga muy atento a su voz, a los ruidos que hace, a cómo se siente cuando respira y cómo va pasando de los mínimos susurros a los gritos y explosiones emocionales. Un punto de inflexión para una cantante extraordinaria de futuro largo e impredecible.

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VIDEO SUGERIDO: Björk – Katta Rukkar (Kat Rocks) Gling-Gló Live @ Hemmi Gunn Show, Iceland, (1990) (Remastered), YouTube (björk HD)

 

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