DIANA KRALL

Por SERGIO MONSALVO C.

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AMAR CUANDO SE CANTA

Esta jazzista originaria de Nanaimo, Canadá, y ahora neoyorkina, ha desarrollado una seguridad y madurez musical extraordinarias. Su ejecución transparente está llena de matices y sensibilidad emocional, y su habilidad en el piano es aún más impresionante al combinar el sentimiento del blues con el swing del soul.

Fuerte como pianista y sensual como vocalista, Diana Krall posee un extraordinario talento para crear música que toca personalmente a cada uno de los escuchas. Todo radica en su forma de comunicar. Ella cuenta una historia, generalmente una balada, pero la deja abierta a la interpretación personal, mostrando la importancia de un enfoque emocional en la música.

La balada presenta para el aficionado al jazz varios intereses: en primera instancia, está el aspecto sofisticado, refinado, técnicamente impecable, dulcemente rítmico, fascinante en una palabra.

En segundo término, persuade sin esfuerzo al neófito a probar licores más fuertes. Añadamos que a quien le guste la balada en general, siempre sacará provecho de ello. El impacto de la balada es más evidente y el jazz se congratula sobremanera en lo referente a la cantante y pianista Diana Krall.

Ello se debe, sin duda, a dos cosas fundamentales: el estilo y el acompañamiento. Ella es una artista de la voz y el piano. Una que posee un swing relajado en el instrumento y una capacidad baladística pulida en el canto.

VIDEO SUGERIDO: The Look of Love Diana Krall, YouTube (Dragon Blast)

En sus discos se percibe al Nat King Cole que emociona a la intérprete, pero al igual se descubre a la mujer que da vida a un estilo lleno de sorpresas y sentimientos. La de Diana es una voz fresca, plena de soltura y de presencia en las melodías románticas. Las suyas son interpretaciones sin fallos que encuentran en las cualidades rítmicas una forma de alcanzar el éxtasis por los oídos.

Especulemos con las probabilidades: si tus abuelos son fanáticos del legendario Fats Waller; si tu tío canta igual que Bing Crosby y tu papá es un maestro del stride-piano, hay muchas posibilidades de que tú también termines dedicada a la música. Tal es el caso de esta intérprete. Ella menciona como sus principales influencias a Shirley Horn, Carmen McRae, Billie Holiday, Ella Fitzgerald, Cassandra Wilson, Frank Sinatra, Johnny Hartman, por supuesto a Nat King Cole y a las atípicas K. D. Lang y Loreena McKennitt.

Esta belleza jazzística creció en la Columbia Británica, Canadá, donde nació en noviembre de 1964, y llegó a los Estados Unidos a comienzos de los años ochenta para comenzar sus estudios en la afamada Berklee School. A la postre tomó clases particulares con el pianista Jimmy Rowles y fue promovida por Ray Brown, quien ha sido su padrino y mentor en el medio. El resultado de todo ello no es sólo un bonito currículum, sino también un cúmulo de cualidades musicales insoslayables.

DIANA KRALL (FOTO 2)

Krall tiene una voz relajada y flexible y su estilo vocal mantiene la personalidad en temas por demás recurrentes. Sin embargo, su aportación más importante en este sentido es la atención que logra de manera contundente en sus introspectivas interpretaciones de las baladas, las cuales convierte en un auténtico y delicioso banquete pleno de intensidades evocativas.

Diana Krall toca el piano muy bien, alternando entre un estilo bluesero con el swing de Oscar Peterson y la sofisticación voluptuosa de Bill Evans. Ha desarrollado un aura enteramente nueva para el canto. Al escuchar a una pianista que canta, o a una cantante que toca el piano, se tiene la impresión de que se trata de dos personas diferentes. Ella no sólo aprovecha esta circunstancia, sino que asimismo funde su particular voz y considerable técnica en el piano con el espíritu musical del jazz, del jazz auténtico.

Canta el jazz, sí, pero sólo si la palabra jazz significa libertad de crear, de improvisar. Por eso no le teme a los standards, a asumir el reto con ellos. Ella creció escuchándolos. Y ahora, cuando tiene que elegir un tema para cantarlo, escoge exactamente el que le gusta. El que le dé más libertad para hacer su canción.

Claro que para hacer lo que hace se necesita de facilidad técnica, pero también de la capacidad para disfrutar. Interpretar es un acto tan creativo como el de inventar. Se necesita madurez, confianza en uno mismo. Las grabaciones de Diana contienen una deslumbrante colección de piezas escogidas con cuidado por ella misma y por el director del sello y productor Tommy LiPuma.

Ella admiraba el trabajo de Tommy mucho antes de tener la oportunidad de colaborar con él. LiPuma se involucra por completo en el estudio, con los músicos, no sólo en la cabina de sonido. Está ahí con los intérpretes para sacar lo mejor de cada uno. Tiene una gran intuición acerca de la música indicada para cada artista.

Para sus aventuras, la cantante y pianista se reúne en el estudio con sus compañeros musicales del momento o para la ocasión. Todos extraordinarios músicos. Toda la música se ha dado así de manera muy orgánica. Las interpretaciones que Krall hace sirven de marco perfecto a un estilo vocal romántico, así como para su habilidad consumada al agregar un giro fresco a baladas de jazz probadas por el tiempo.

Su fraseo impecable y poderoso dominio de los matices, en combinación con la claridad de su obra pianística y las ejecuciones notables de sus acompañantes, otorgan a todas las canciones un sonido instrumental pleno y un fuerte swing.

La relación de la pianista con las baladas clásicas del jazz y la música pop de décadas pasadas tuvo comienzo cuando era una niña. Siempre hubo música en su vida y muchas canciones reflejan sus experiencias personales desde entonces, y ofrecen una visión íntima de sus raíces, constituyen una mirada hacia su pasado, sobre las cosas importantes para ella como cantante y la fuerza de todo tipo de amor: familiar, de amigos, romántico. “El amor es chistoso, travieso, triste, lleno de regocijo… todas esas cosas”, ha dicho la pianista.

Ha sido fascinante observar cómo la carrera de Diana Krall dentro de la música ha florecido a través de los años. Desde un promisorio comienzo a Love Is Here to Stay, y todas sus nominaciones a los Premios Grammy, la pianista-cantante se ha hecho un importante lugar dentro del medio. Todo ello comprueba que hay mujeres que aman mientras cantan, y la Krall es una de ellas.

VIDEO SUGERIDO: Diana Krall – Temptation, YouTube (Marco Aurelio Fevereiro)

DIANA KRALL (FOTO 3)

 

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ANITA O’DAY

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LLÁMAME JEZABEL

 Anita O’Day fue quizá la cantante blanca de jazz de mayor personalidad en la historia del género (al menos hasta fines del siglo XX). El control del timbre y su voz de orientación cool, que sirvió de referencia a las cantantes de este estilo, era un aspecto importante que no agotó su originalidad.

Fue excelente lo mismo en trío o pequeña formación que como vocalista de big band. Fue poseedora de un contagioso sentido del swing, y una febril intérprete del scat. Cantó las baladas con profunda emoción y su estilo y dominio del fraseo rítmico la volvieron inigualable.

Anita O’Day nació en Chicago en 1919 dentro de una familia pobre. Ingresó al mundo del espectáculo a muy temprana edad y de manera poco romántica. Como adolescente tuvo que ganarse la vida durante

la época de la Depresión económica en los Estados Unidos, participando en brutales maratones de baile. Así sobrevivió durante un bienio.

A los 19 años comenzó a trabajar en un club nocturno, más bien un antro de mala muerte, como mesera y cantante. A los 20 años consiguió su primer empleo como cantante con un combo en el club Offbeat. Su capacidad natural y su swing pronto le valieron una buena reputación entre los músicos. En esa época citó a Billie Holiday, Mildred Bailey y Martha Raye como influencias tempranas en su estilo vocal.

La oportunidad le llegó cuando fue contratada por el baterista Gene Krupa como vocalista de su orquesta en 1941. Con él consiguió un éxito tremendo al lado también del trompetista Roy Eldridge. Los temas que interpretó con esa orquesta dan cuenta de la vitalidad alcanzada por Anita y de la refrescante manera con que abordó la dicción y articulación de palabras y sílabas. Lamentablemente sus problemas comenzaron en 1943, cuando Krupa disolvió la orquesta y fue arrestado por posesión de drogas.

En 1944 Anita se pasó a la banda de Stan Kenton, con el cual se dio a conocer por todo el territorio estadounidense. Regresó luego brevemente con Krupa, cuando éste salió de la cárcel; sin embargo, poco después decidió convertirse en solista. Se quejó de que en las big bands no había espacio de verdad para nada en el desarrollo del canto.

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Billie Holiday había expresado una idea semejante, pero en términos generales el hecho de que una cantante se propusiera a sí misma como músico era un ejemplo raro de autoestima para las mujeres de la época. Así que en 1947 se lanzó como solista, realizando sobre todo grabaciones para compañías pequeñas. No obstante, su carrera entró en una fase sin especial brillo, agravada por su adicción a las drogas y posteriores detenciones y juicios.

“Cuando llegó al tribunal un caso pendiente de Nueva York me condenaron a seis meses en un hospital de recuperación –recordó en The Life of a Jazz Singer, el documental que se rodó sobre su vida–. Pasé unos días en la enfermería, y después me pusieron con el común de las reclusas. Me asignaron un trabajo de maestra de canto. Nos pasábamos el día entero en el gimnasio, ensayando o jugando basquetbol. De noche, en la galería había partidas de póker, de ajedrez, o bien veíamos actuar a una pareja de bailarinas. Salí al cabo de cuatro meses (por buena conducta) y de inmediato acepté hacer una gira por Europa”.

El productor Norman Granz la contrató para sus sellos y giras por el Viejo Continente. Ése fue quizá el periodo de sus mejores discos y de su total expansión como cantante, en donde muestra admirablemente su espontaneidad y capacidad de improvisación, respaldada por diversas orquestas.

Anita O’Day siguió presentándose en vivo y grabando de forma extensa a pesar de los trastornos que sufría en su vida personal: adicción a la heroína, arrestos, encarcelamientos, sobredosis e incluso fallas cardiacas. Todo ello culminó en una crisis de salud a fines de los años sesenta que por fin la convenció de renunciar de facto a las drogas.

En los años setenta tanto en los Estados Unidos como en Japón, donde gozó de gran popularidad, logró un comeback y se volvió a afirmar como una de las más destacadas cantantes de jazz. Su ingenio en el manejo del swing y fresco fraseo le duraron por muchos años más. Sin embargo, poco a poco se fue retirando de la escena y ya eran raras sus presentaciones a comienzos del siglo XXI. Finalmente Anita O’Day murió el 23 de noviembre del 2006, a los 87 años de edad, de un mal cardiaco.

VIDEO SUGERIDO: Anita O’Day – Fly me to the Moon, YouTube (mrdantefontana666)

ANITA O'DAY (FOTO 3)

 

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PANNONICA

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA BARONESA DEL JAZZ

Cómo me hubiera gustado sentarme y hablar largo y tendido de cosas con Nica. Por desgracia ya es tarde. A fines de 1988 se supo la noticia del fallecimiento de la baronesa Pannonica de Koenigswarter en su domicilio de New Jersey —entre los amigos se le conoció como Nica—. Con ella el jazz de vanguardia de varias décadas perdió a su mítica protectora.

Era una aristócrata que supo valorar como nadie la amistad de los músicos, y que un buen día decidió sacrificar la parte de su vida que menos le interesaba para luego convertirse, con infinita gracia y una personalidad que sólo proporciona una inteligencia fuera de serie, en algo tan genial e insólito como pudiera ser, por ejemplo, la mezcla entre la super enfermera Florence Nightingale y una auténtica Soul Sister.

Kathleen Annie Pannonica Rothschild nació en Londres en 1923. Era la hija más joven de un magnate británico y hermana de Lord Rothschild. Recibió la típica educación convencional, y nada apuntaba hacia una vida diferente a la de los demás Rothschild, salvo por su vivo interés por la aviación, que la llevó a obtener la licencia de piloto.

El primer contacto de Nica con el jazz fue a través de su hermano que, aprovechando un concierto del cuarteto de Benny Goodman en el Royal Albert Hall de Londres, había solicitado un par de lecciones al pianista del mismo, Teddy Wilson. La presencia de la joven Nica fue tolerada por los músicos reunidos y ahí, en espacio de segundos, nació en ella una afición que iba a durar el resto de sus días. Poco a poco empezó a escuchar discos, y la orquesta de Duke Ellington la impresionó de especial manera con su pieza “Black, Brown and Beige”.

Pannonica se casó a los 22 años de edad con un diplomático francés, el barón Jules de Koenigswarter. Del matrimonio, que fue disuelto en 1956, nacieron cinco hijos. Los años de la Segunda Guerra Mundial fueron de gran actividad para la joven baronesa que, gracias a sus nuevos vínculos con Francia, tuvo varias misiones de importancia en los Servicios de Inteligencia de las Fuerzas Libres de Charles de Gaulle. Los viajes a África fueron frecuentes, y en general esta experiencia significó mucho para su madurez, su espíritu individualista y capacidad de decisión.

En 1951 llegó el cambio definitivo en la vida de una mujer que veía en la Embajada de Francia en México una auténtica cárcel. Decidió romper con su marido e instalarse en Nueva York, en una suite amueblada del lujoso Hotel Stanhope, en plena Quinta Avenida. Su nueva casa se convirtió rápidamente en un lugar de reuniones de los jóvenes músicos negros de la vanguardia, e incluso en una especie de refugio para algunos de ellos.

Los años que siguieron parecen los más intensos y también los más apasionados de la recién liberada Nica. Nadie se divirtió más que ella, llevando en su cómodo Rolls Royce a sus amigos músicos de gira, o simplemente paseando con ellos por Manhattan y deteniéndose en todos los clubes nocturnos famosos.

El gran momento de la Calle 52 era ya historia; la actividad musical de la ciudad se desarrollaba ahora hacia el Village, donde todo el mundo quedó enseguida encantado con una mujer de tan buen ver que, aparte de ser inteligente, se mostraba generosa y dispuesta a ayudar. Incluso tenía buen oído para la música. ¿Qué más se podía pedir? Todo esto coincidió con unos años de creación casi febril, que atrajo a muchos jóvenes músicos a Nueva York. También son los tiempos de los mayores estragos de la droga entre la gente del jazz.

El 9 de marzo de 1955, Charlie Parker decidió hacerle una visita a la baronesa. Se sentía solo, deprimido, viejo y cansado, físicamente no estaba bien. Aquella noche se puso mal estando ahí. Durmió en el sofá, en una cama que le improvisaron la baronesa y su hija. En el transcurso de la noche, Charlie bebió sendos vasos de agua helada. Tenía una sed terrible. A la mañana siguiente, los dolores lo atormentaban. Estaba muy débil.

El doctor le puso inyecciones de glucosa y de vitaminas y le administró penicilina. Le tomó el pulso y la temperatura. Le auscultó el pecho y la espalda, y volvió a insistir para que Charlie fuera al hospital. Éste no quiso ni hablar de ello.

El sábado, Charlie había dejado de beber grandes cantidades de agua helada. La baronesa le ayudó a desplazarse a otra parte de la habitación, para que pudiera estar más cerca del aparato de televisión. Al cabo de unos minutos iba a aparecer el Show de Tommy Dorsey y Charlie quería verlo. El médico aceptó que se sentara y mirara el aparato. Cuando el músico se irguió, se dio cuenta de su debilidad. La baronesa pudo sentir el raquítico pulso entre sus dedos. Después, él comenzó a desvanecerse.

PANNONICA (FOTO 2)

El doctor se presentó antes de que transcurrieran cinco minutos y confirmó lo que la baronesa ya sabía, que Charlie Parker había muerto. El doctor llamó enseguida a la policía de Nueva York e informó del fallecimiento.

A primera hora de la mañana del domingo, el cadáver fue levantado del sofá, y en una camilla trasladado al depósito de cadáveres de la ciudad. La edad tomada del certificado de defunción, estimada por la policía, fue de 53 años. Charlie Parker tenía en realidad 34 cuando murió.

Pocos dentro de la familia del jazz habrán visto más miseria, más casos desesperados que Nica. La muerte de Charlie Parker en su casa fue un tremendo drama que le debe haber causado mayor impresión que la que refleja la película Bird de Clint Eastwood. Este luctuoso suceso, tan bien aprovechado por la prensa amarillista de la época, hubiera sin duda podido destruir a cualquier mujer digamos “normal”. Nica actuó según su conciencia y sólo pudo deplorar la patética lucha por el cadáver del pobre Charlie que luego tuvo lugar entre sus herederas.

En el Hotel Stanhope la vida siguió su curso, con sus penas y alegrías. Un gran número de músicos negros que se abrieron camino durante la década de los cincuenta desfiló por ahí, y muchos aún tienen anécdotas increíbles qué contar.

El ya entonces legendario pianista Thelonious Monk, con quien la baronesa estableció pronto una fuerte amistad, fue de los invitados más asiduos. En cierto modo pertenecía a la casa, en el sentido de que pasaba temporadas solo con la dueña. Otras veces también traía a su esposa Nellie, tal vez a la familia entera. No hubo nunca problemas, aunque el vecindario asistía horrorizado a interminables fiestas nocturnas donde la música tenía su parte natural.

A los propietarios del hotel sólo se les ocurría doblar de vez en cuando el alquiler, lo que no suponía mayor trastorno para una Rothschild. Los músicos contaban acerca de las grandes veladas de ping-pong que tuvieron lugar en la terraza de la baronesa. Míticas tardes y noches de verano que revelaron nuevas facetas del genio de Monk, quien no tenía rivales y ganaba el prestigioso campeonato año tras año. En la revista Metronome apareció por entonces un amplio reportaje sobre uno de estos campeonatos. En esa final, Monk aplastó a Milt Jackson. Las fotos mostraron la enorme satisfacción con la que el gigante recibió su trofeo.

Fueron, a grandes rasgos, unos años de felicidad que se prolongaron hasta bien entrada la siguiente década. Con alivio, Nica veía a Monk llevar una vida activa dentro de cierta disciplina, aunque ya era evidente para todos que no se podrían esperar cosas nuevas de su mente desgastada. Las giras se hacían más cortas y escasas. La última tuvo lugar en 1971, y terminó con una larga serie de grabaciones de Monk como solista. Y desde aquella sesión no se supo literalmente nada del legendario pianista hasta el 17 de febrero de 1982, el día de su deceso.

Esos años, transcurridos con una vista sobre el Río Hudson, habrán sido largos y amargos para Nica, con un huésped cada día más preso de la más absoluta inercia, víctima de la pasividad, de la obesidad y de sus propios caprichos. Y lo maravilloso es que nunca nadie oyó a Nica quejarse. Hasta sus últimos días habrá estado activa, dedicada a la pintura y a la vida con las docenas de gatos que convivían con ella. También mantuvo una buena amistad con sus hijos.

Puede ser que esta excéntrica mujer se complicara la vida más de lo debido. “Desde luego, el jazz no favoreció nunca mi matrimonio”, solía exclamar con mordaz ironía. Con su fuerte instinto de independencia, su afán por lo imprevisto y lo absurdo, el mundo del jazz de la posguerra le ofreció unas condiciones de vida especialmente atractivas para ella.

Con la muerte de esta gran protectora del jazz, el mundo pudo darse cuenta de su incapacidad para imaginarla anciana. Y es que la muerte, con sus incesantes y violentas irrupciones en nuestro mundo, nos hace con frecuencia confundir las edades de las personas. Aparte de que la edad ha sido siempre una cuestión secundaria entre personas inteligentes. Nica vuelve a resurgir cada vez que se escucha la música íntimamente relacionada con ella. Son momentos mágicos que duran una fugacidad. Como si se fuera discretamente la luz para regresar de inmediato, infinitamente más densa, rotunda y cálida. Algo así pasa cuando se recuerda musicalmente a Pannonica.

VIDEO SUGERIDO: Thelonious Monk – Pannonica, YouTube (Praguedive)

PANNONICA (FOTO 3)

 

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LISA BASSENGE

Por SERGIO MONSALVO C.

Lisa Bassenge Trio

UNA MEZCLA PERSONAL

La cantante alemana Lisa Bassenge, al frente de su trío, tiene una misión muy especial, un desafío mayor: hacer de un tema que se ha escuchado miles de veces algo ignoto e innovador. Todo un reto. Pero para eso tiene al jazz como razón de ser y como herramienta.

Esta joven vocalista, nacida en 1974 en el aún Berlín Oriental y educada en la música del nuevo sentir de una urbe vuelta completa gracias al giro de la historia, se crió con dos amores: el de la ilegal circulación del pop (cuando niña) y el del jazz en plena libertad (como adolescente). En ambos tiene sus raíces y en ambos confió para iniciar su carrera profesional. Una tan original y encantadora, como la versión mil uno de una canción memorable.

Su fórmula toma un poco de Madonna, otro poco de los Beatles, recalienta a Dean Martin, quita un poco de espuma a Police, busca una pizca de Rio Reiser, el rímel de Bowie, lo pone en el recipiente del jazz trad más suntuoso y enciende todo con la chispa de una canción sobre el amor no correspondido y listo: se tiene a Lisa Bassenge.

La mezcla de ella y su trío tiene una visión personal al respecto. Le impone nuevos modos de expresión. El jazz de esta alemana provoca; su pop evoca. Evoca una respuesta pública y particular, seductora e inquietante: la rememoranza con altas dosis de apreciación.

Ella y sus compañeros, Andreas Schnidt (pianista y magnífico arreglista) y Paul Kieber (baterista), saben que tratan con los recuerdos personales que cada escucha tiene de las canciones que interpretan, pero ellos los deconstruyen para convertir al recordable hit, cómodamente instalado en la memoria, en algo distinto: en una novedad a la que hay que dedicarle el trabajo de prestarle atención por los muchos matices que presenta.

El jazz-pop del trío atrae una fijación anormal en el oído, su fetichismo, su voyeurismo. En suma, es la fascinación por el significado. Su fuerza se ubica en muchísimos lugares, menos en lo raro, lo intolerable o lo inasequible. Tal como en su momento hizo John Coltrane con “My Favorite Things” (a la que quitó lo complaciente) o Miles Davis con “My Funny Valentine” (a la que convirtió en un manifiesto expresivo), por mencionar algunos casos.

Con el tratamiento del pop los músicos del grupo van a los asuntos melódicos en sí mismos, mientras la voz de Lisa sólo insinúa las cosas, se concentra en los fuertes acentos histriónicos que le proporciona el jazz.

Ella tiene una voz nada extraordinaria, pero curtida, de manifiesta experiencia y un pulido terminante —en el que se nota la calidad de su formación al lado de Lee Konitz y Gary Peacock—, que le sirve plenamente de escaparate al significado de las canciones. La mayoría de las veces es un cristal por medio del cual se trasmite el texto, lo verdaderamente importante es la calidad de dicho cristal, su fundido y su emplomado.

LISA BASSENGE (FOTO 2)

A diferencia de otros jazzistas o de un Bowie, que elaboraba los humos del pop, la voz de Lisa no le agrega elementos a los temas originales, sino que los reduce hasta su mínima expresión, hasta casi desaparecerlos. Adquiere el don de la sustancia en sí misma, con una cualidad voluptuosa más allá y por encima de su función expresiva. Así, junto con sus músicos, descubre el núcleo fundamental de “A Hard Day’s Night” de los Beatles, por ejemplo. Con su disección muestra la dialéctica entre la vida cotidiana y el amor que viene contenida en aquella.

En el catálogo del grupo Cole Porter puede decir lo que sea, sobre los peces o los calcetines; uno no juzga por sus versos a Victor Young o le alega algo a Carl Perkins, sino que por la entonación del trío eleva a éstos por encima de la crítica musical que puede languidecer en sus letras. Gracias a su estilo, Paul Simon es desposeído de sarcasmo y llevado al límite de lo absurdo de una situación aritmética (“50 Ways to Leave your Lover”), sin hacernos dar vueltas sin sentido, a ningún lugar en particular. Nos coloca justo como protagonistas en el casillero que nos corresponde.

Dicha constitución del jazz-pop del Lisa Bassange Trio sugiere raptos ocasionales y el estremecimiento fortuito por la diversión, además de un proceso benigno de mejoramiento y la acumulación de un todo coherente de buena obra en nuestro haber como amantes del jazz. Incluso el cuerpo del consumidor del pop más puro podría tener su historia particular con estas versiones. Así de maleables son. Sugieren la vida del pop como una inundación de recuerdos emotivos, con la fantasía del jazz.

El jazz-pop del grupo consiste en sus propias superficies, en el sonido en sí. Es instrumento para otro discurso. Representa el rumor de una serie de composiciones de lejanía familiar. Es un género ideal y probarlo equivale a un festín auditivo. Es una presencia  intangible, literalmente venida de lejos. Las buenas canciones del pop que Lisa Bassenge presenta están dominadas por un pensamiento: “sembrarlas de nueva cuenta”. El equilibrio genérico tiene vigor, funciona. Lo extraído de la vida se devuelve, para vivirlo de forma distinta. Con la sabiduría de un proceso sofisticado y reflexivo.

 El quehacer artístico de este grupo germano tiene una personalidad desnaturalizada, sobredimensional y lo bastante consistente para imponerse como una parte inevitable del paisaje a futuro. Como lo puede ser una autopista o la cibernética. La fantasía inherente en su obra tiene un efecto real sobre el comportamiento memorioso y el apetito melódico. Sus temas pueden bastar como intoxicación para inducir un estado diferente del que caracteriza la existencia de un hit exitoso.

El jazz no destruye aquí las dicotomías sino que las toma para sí, las deconstruye, las perturba. De ahí su interés y su inmensidad de posibilidades. En esos terrenos fantásticos brilla con todo su espendor la obra de Lisa Bassenge, tan esplendorosa como es la actualidad de la ciudad de donde procede: Berlín.

LISA BASSENGE (FOTO 3)

VIDEO SUGERIDO: Three Cigarettes In An Ashtray – Lisa Bassenge – Borrowed and Blue (HD), YouTube (herzogrecords)

 

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ELLAZZ (.MX)

Por SERGIO MONSALVO C.

ELLAZZ (MX)

 LAS MEXICANAS*

A pesar de todas las restricciones que impidieron por mucho tiempo el acceso mayoritario de las mujeres a la escena jazzística mexicana, el amante de esta música puede encontrar una lista sobresaliente de féminas que han participado en el jazz desde la última parte del siglo pasado. Actualmente, ellas interpretan el jazz, lo graban, dirigen a grupos, componen, hacen arreglos musicales, producen álbumes, administran grupos y presentan conciertos, es decir, están involucradas en todo el proceso creativo.

Ejecutantes y compositoras. Aparecieron desde la segunda parte del siglo XX, pero, ¿quiénes son esas mujeres a las que desde entonces se reconoce dentro de la escena?

El jazz con ellas como protagonistas ha estado en el corazón de nuestro tiempo, en una realidad entonada con la voz o el piano primordialmente. Es el estallido de artistas apasionadas que han derramado su energía en tales instrumentos buscando la expresión conmovedora en la improvisación.

Uno escucha sus discos no tanto para saber cómo argumentan, sino para disfrutar con su transcurso en la construcción del argumento. Esta es una manera de defender un género, desde su esencia, que en general debe enfrentarse al anodino gusto mayoritario por otras músicas más conservadoras. Y buscar en él diversos ángulos en el panorama creativo. Es decir, las mujeres tienen en el jazz el mismo problema que los hombres en México: la necesidad de un público.

¿Quiénes son esas mujeres? Seres tratando de expresar sus emociones y sentimientos. Si hay algo que las haya caracterizado en él es su pronunciado individualismo, su dedicación y su deseo de que se les trate como lo que son: músicos profesionales. Las representantes contemporáneas siguen pidiendo que simplemente se les escuche.

La incertidumbre del fin de siglo y comienzos del nuevo, parece afectarlo todo. El jazz, por supuesto, no se abstrae de ello. En este periodo han cambiado radicalmente las condiciones económicas, sociales y hasta ambientales del mundo. Las artísticas también, por supuesto. Ante la dispersión de los elementos y la mediatización de los gustos, se impone un cambio en la forma de entender al jazz, con la mente abierta a los nuevos sonidos. Ellazz (.mx) es un libro que reúne sus palabras, conceptos sobre el género, sus iniciaciones, su devenir, sus historias, y con él he buscado participar en la divulgación de dichos conceptos.

*Esta es la introducción al libro Ellazz (.mx), que aparece en la Editorial Doble A y cuyo contenido seriado he publicado periódicamente en este blog.

 

Entrevistas a:

Sandra Arán

Mili Bermejo

Patricia Carrión

Géraldine Célérier

Magos Herrera

Verónica Ituarte

Laura Koestinger

Elizabeth Meza

Iraida Noriega

Yekina Pavón

Olivia Revueltas

Ana Ruiz

 

 

Ellazz (.mx)

Entrevistas de

Sergio Monsalvo C.

Colección “Cuadernos de Jazz”

Número 16

Editorial Doble A

The Neherlands, 2018

 

 

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SANDRA ARÁN

Por SERGIO MONSALVO C.

SANDRA ARAN (FOTO 1)

 EL MÁS BELLO DE LOS INSTRUMENTOS*

La voz es el ulterior resguardo musical de la especie, y eso lo sabía muy bien el poeta Gonzalo Rojas cuando escribió aquello de “Oh voz, única voz/ todo el hueco del mar no bastaría,/  todo el hueco del cielo,/ toda la cavidad de la hermosura/ no bastaría para contenerte,/ y aunque el hombre no tuviera más instrumento…/ tú nunca cesarías de estar en todas partes”.

La voz humana es el más democrático de todos los instrumentos. Define puntual y textualmente lo que uno siente, lo que ellos sienten, lo que todos sentimos. Unos la saben utilizar mejor, otros en menor escala. Sin embargo, está ahí para el que necesite manifestarse. ¿Será ésta suficiente motivación para hacer del uso de la voz un modo de vida?

Habla Sandra:

¿Cuál es tu definición del Jazz?

“Ésa es una pregunta muy difícil por la amplitud de su respuesta. Contestaré con la jerarquía regida por lo primero que me viene a la mente. El jazz es la vida, el amor y la frustración de una raza amarrada por la esclavitud en un principio. Un grito de libertad con la fuerza de toda verdadera canción de protesta. Es la unión de lo “afro” con la música del mundo occidental teniendo como elemento pivote a la improvisación.

“Hoy en día el jazz abarca muchísimos ritmos y formas fusionando épocas, etnias y géneros musicales para satisfacer la sed insaciable de sus intérpretes. Ha pasado por las calles para llegar a la academia en donde ha alcanzado niveles altísimos de destreza técnica. Sin embargo, y después de todo lo dicho, para mí el jazz es libertad, pasión y creación en su máxima expresión”.

¿Qué hizo que te inclinaras hacia el Jazz en un principio?

“El Jazz me atrajo en un principio gracias a mi educación musical. Siempre se escuchaba Jazz en la casa. Más tarde empecé a buscarlo de manera espontánea después de experimentar con otros géneros, encontrándolos muy limitantes por alguna razón u otra. Creo que es cuestión de personalidad y necesidad creativa.

“La improvisación es un reto mayor, ya que creo que nunca será un elemento musical obsoleto mientras te sigas alimentando como persona y tengas algo que decir. Te exige lo máximo en todos los aspectos musicales y de esta manera uno nunca deja de crecer. De igual modo, creo que el jazz es el único género que permite la interacción tan profunda entre los músicos ya sea en dúo o en una big band. Se crean ‘ideas de ideas’ que nunca dejan de sorprender”.

¿Por qué escogiste tu instrumento (la voz) para expresarte? ¿Qué ofrece que no tengan otros?

“La elección de la voz como mi instrumento principal también surgió de manera espontánea. Empecé a cantar antes de hablar (nací el 31 de marzo de 1973 en México, D. F.), entonces nunca ha sido en realidad una ‘elección’. Creo que como cantante o como ejecutante de cualquier instrumento de aliento es necesario tocar un instrumento armónico para complementar el aspecto melódico de nuestros instrumentos.

“En sí, creo que la voz es el más bello de todos los instrumentos. Creo que ningún otro permite expresar a su máximo potencial la gran gama de emociones humanas. Además es un sonido con el cual todos podemos relacionarnos”.

¿Es importante la vida académica para un músico de Jazz en específico?

“Por supuesto que es importante la vida académica para un músico de jazz. Hay quienes argumentan que el Jazz es ‘folklore’ y se debe mantener en las calles. Con solo escuchar cualquier disco de jazz podemos darnos cuenta que los ejecutantes son dedicados estudiantes del género. Por supuesto que ‘la academia’ se puede dar en la calle, en el sentido de aprender directamente de los grandes como lo hizo Charlie Parker o Louis Amstrong”.

¿Cuáles han sido tus estudios en ese sentido?

“En mi caso, y en el de casi toda la gente que me rodea, no es posible absorber la música de esta forma ya que no estamos viviendo una realidad así. Sin embargo, podemos escuchar discos compactos, ver videos, analizar música, estudiar técnica, transcribir, etcétera, y de la misma manera tenemos que seguir el paso de Miles Davis y  John Coltrane en cuanto al esmero de estudiar horas y horas sobre nuestro instrumento, dominar algún aspecto y seguir con la lista sin fin de herramientas que nos ayudarán a expresarnos mejor. Qué bueno que existe la academia y que podamos avanzar más y más dentro de este género.

“Yo estudié cuatro años en la Escuela Nacional de Música, tres en el Taller de Jazz de la Escuela Superior de Música y ahora estoy terminando mi carrera en el Berklee Collage of Music en Boston, Massachussets como becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes”.

Dentro de la voz, ¿a quiénes consideras tus mayores influencias?

“Las mayores influencias que he tenido como vocalista han sido Carmen McRae, Betty Carter y Abbey Lincoln. En cuanto a instrumentistas mis más grandes inspiraciones han sido Charlie Parker, John Coltrane, Dexter Gordon y Miles Davis, por nombrar a algunos”.

¿Cuál es el estilo, dentro del género, que más te interesa interpretar?

“El estilo que me gustaría llegar a dominar por el momento es el bebop. Creo que es provechoso tratar de abarcar todas las épocas del jazz o por lo menos entender por qué sucedieron históricamente, cuáles son sus características particulares y conocer la música de sus principales exponentes. El bebop para mi es atractivo sobre todo por la energía tan explosiva presente en las composiciones e improvisaciones de músicos como Parker, Monk, Gillespie y Powell. En última estancia estudio el bebop en este momento para llegar a mi propia expresión”.

¿Cuál es tu visión del jazz en México? ¿Crees que haya un sólido pasado para pensar en un futuro promisorio?

“Estoy convencida de que en México existe el talento, el espíritu y la tenacidad necesaria para la creación de un movimiento jazzístico fuerte, pues creo que el jazz es una expresión universal que se enriquece con la aportación de muchas culturas.

“El artista mexicano tiene muchísimo que decir musicalmente. No se trata solamente de un grupo de gentes y una sola situación que permita el nacimiento de esta música, ya que nuestras raíces musicales, en mi opinión, comparten mucho con lo africano (la raíz principal del jazz) en el elemento rítmico del género. No hay que olvidar la influencia que tuvieron los ritmos latinos sobre el bebop en los años de la posguerra. Depende de nosotros crear un ambiente propicio para el crecimiento de esta música, pues mientras existan personas para quienes esta expresión lo sea todo, habrá un futuro para el jazz mexicano”.

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VIDEO SUGERIDO: Sandra Aran – Never Said, YouTube (Sfjscat)

La fugacidad, lo efímero, son las constantes de las agrupaciones mexicanas del jazz. No hay proyectos duraderos o han sido muy escasos. ¿Qué opinas al respecto?

“Estoy muy de acuerdo con esta afirmación y opino que este fenómeno es el resultado de una situación económica y política muy real. Para un músico de jazz en México es muy difícil conseguir trabajo tocando esta música noche tras noche. Al decir ‘muy difícil’ no quiero decir imposible. Sin embargo, los que hemos salido literalmente a las calles de México en busca de trabajo, ofreciendo nuestras  propuestas a los propietarios de restaurantes y bares, sabemos lo frustrante que es encontrarnos con mentalidades cerradas al crecimiento artístico.

“A pesar de esto, en los últimos cinco años se ha visto un avance, pues antes había unos cuantos lugares para ir a escuchar jazz en la ciudad y ahora existen una cantidad mayor de foros que se han creado específicamente para apoyar a jóvenes artistas. Varias instituciones cuentan con ciclos de muy buena calidad y poco a poco los empresarios privados también están aprendiendo a valorar esta expresión.

“No estamos en la gloria y todavía nos queda mucho por hacer, pero si seguimos por esta vía de la auto-promoción buscando nuevos lugares donde tocar, creo que lograremos ver a un mayor número de agrupaciones de jazz con las oportunidades necesarias para mantener a sus músicos unidos”.

¿Crees que el “hueso” sea una práctica aceptable para un músico de jazz?

“La situación del ‘hueso’ en México es un círculo vicioso. Creo que  no se trata de definirlo como aceptable o no. Si un músico no tiene manera de sobrevivir económicamente entonces no producirá música de ningún tipo. Conozco jazzeros muy buenos que se ven tan envueltos en sus actividades con ciertos ‘artistas’ de otros géneros, lo que no les deja tiempo para dedicarle al jazz.

“Sin embargo, es una actividad que cuenta con un salario fijo (haya o no conciertos en muchas ocasiones) y finalmente sigue siendo música. Existen otras maneras de ganarse la vida mediante becas o impartiendo clases, lo cual no implica un alto grado de estabilidad pero sí permite más tiempo para dedicarse al estudio y la ejecución del jazz.

“En conclusión, creo que es una decisión personal y obviamente me inclino por decirle no al ‘hueso’, y sí creo que en ocasiones nos priva de fantásticos músicos aunque puede justificarse por la realidad socioeconómica que prevalece en México por lo cual siempre tendremos que escoger entre una u otra actividad musical”.

¿Crees que haya la infraestructura necesaria para el desarrollo del jazz en México (compañías discográficas, estudios de grabación, clubes, festivales, etcétera)?

“No podemos hablar de la infraestructura necesaria para el desarrollo de cualquier expresión artística sin tomar en cuenta la situación general del país. México está viviendo un momento económico muy difícil y se ve directamente reflejado en el poco apoyo que se le da a las artes. No solamente en México se da esta situación, pues incluso en países del primer mundo el jazz sufre.

“Creo que en México hay talento y un público que quiere escucharlo. Con la organización de festivales, temporadas y conciertos que nosotros mismos podemos organizar (con  el apoyo y la solidaridad entre nosotros mismos) crearíamos por lo menos la conciencia necesaria para el desarrollo del jazz mexicano.

“El fenómeno de las producciones independientes ha surgido en últimas fechas por la falta de apoyo de compañías grandes en cuanto a grabaciones de jazz, y es claro que lo ideal sería que el sello Blue Note o Verve tuvieran una sucursal en México. Sin embargo, y a pesar de ello, las producciones que han salido en estos años del jazz mexicano demuestran la calidad que hay en nuestro país”.

¿Cuántas grabaciones tienes en tu haber, como miembro de un grupo  o como invitada? (¿En qué sello y en qué fecha han aparecido?)

“Participé como parte del ensamble vocal Cuicanitl en su primer disco Solo Voces bajo el sello Jazzcat (1999) y como cantante principal del grupo Cuervo Rey en su disco homónimo de Producciones ‘Mandinga’ (1999)”.

*Esta entrevista la llevé a cabo con Sandra Arán en 1999 y cuyo extracto apareció en el libro Tiempo de Solos 50 jazzistas mexicanos del año 2000. Después he sabido de la aparición de un disco suyo llamado Intimately.

 

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VIDEO SUGERIDO: Sandra Aran – I’ve Got You Under My Skin, YouTube (Sandra Aran – Tema)

 

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PATRICIA CARRIÓN

 

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL JAZZ COMO OPORTUNIDAD*

En el libro Tiempo de Solos 50 jazzistas mexicanos escribí que “una cantante como Paty Carrión (nacida como Patricia Grisel Carrión Palacios el 12 de julio de 1959 en México, D.F.) posee el toque mágico para hacer que las palabras que hemos escuchado y repetido millones de veces se tornen sonidos que nos envuelvan formando remolinos o brisas ligeras.

“Es de las artistas a las cuales se les puede delegar la esperanza de atrapar esas palabras para que luego las renueve con el canto, como parte de un sueño lo mismo colectivo que privado. Muy pocas intérpretes de cualquier género son capaces de ello, de emocionar con su voz. Eso requiere de un talento innato y del estudio constante para canalizarlo”.

A Paty Carrión la entrevisté para su inserción en el libro, en noviembre de 1999, festejaba aún sus 40 años recién cumplidos.

Habla Paty:

¿CUÁL ES TU DEFINICIÓN DE “JAZZ”?

“Es una maravillosa oportunidad que nos brinda un espacio. En él cual nos movemos en abstracto. Es un espacio instantáneo que no se puede repetir y que crea pequeñas obras, todas diferentes, por medio de la improvisación. Es la sensación de estar componiendo al instante y de regocijarte en lo que oyes, en cómo lo quieres hacer, y en cómo te gustaría escucharlo al siguiente momento.

“El jazz es un instante maravillosos en el que no eres terrenal, en el que te vas a otro parámetro, a otra dimensión, donde la música es la reina y donde no existe el tiempo, no como lo conocemos nosotros, sino sólo en esos cuatro o cinco minutos que puede durar tu pieza, y en tu capacidad para crear una música única e irrepetible en ese momento. Eso es el jazz: la posibilidad de jugar, de divertirte, de vivir de ello y aparte que te aplaudan. Tiene que ser así o no es jazz.

“Si no eres por dentro un niño en edad entonces no eres jazzista. Todos los músicos compartimos un infante muy despierto, nada caprichoso, pero con capacidad de asombro, de sensibilidad, con la capacidad de emocionarse hasta las lágrimas, de sorprenderse, todo eso que a la mayoría de la gente se le va enajenado, mellando. Con los músicos que trabajo son esas las cosas en común”.

¿QUÉ HIZO QUE TE INCLINARAS HACIA EL JAZZ EN UN PRINCIPIO?

“Fueron varias situaciones, algunas de ellas deseadas, otras por azar. Yo viví en Cozumel nueve años, ahí tuve la posibilidad de explorar diferentes géneros musicales, porque toco la guitarra, mal pero la toco. Durante esos nueve años pasé por todo los estilos que tienes que pasar: ranchero, bolero, trova cubana, canto nuevo, etcétera. Sin embargo, tras haberme paseado por ellos sentía que había algo que me estaba deteniendo.

“Todos esos géneros me exigían en una determinada limitante, una frontera donde más allá no podía ir. Después de un viaje que hice a Europa me di cuenta del gran nivel que se maneja en esos países, musicalmente hablando, y también por las cantantes. Entonces me dije: ‘tengo que hacerme músico, no nada más ser otra cantonta’. Regresé a la Ciudad de México para estudiar música, en ese proceso alguien me presentó a Juan José Calatayud que en ese momento no tenía cantante, pero me lo plantearon como si yo fuera a alternar con él, y pensé ‘¿qué voy a hacer ahí con mi guitarrita y mi trova?’. Yo conocía algunas cositas de jazz pero no tenía mayor conocimiento. Sin embargo, resultó que el llamado era para trabajar con él no para alternar, y bueno después de ponernos de acuerdo en dos o tres cosas al señor le encantó como cantaba y ahí fue cuando yo me inicié en el jazz.

“Con él trabajé seis años. Aprendí muchísimas cosas, participé en infinidad de festivales internacionales, nacionales y demás. Juanjo nunca me dio una clase, en la manera en que nosotros tenemos la idea de una clase, sin embargo lo que trabajé, viví y viajé con él fue la mejor escuela que pude haber tenido para después desarrollarme. A la par también estaba yo estudiando música, fue una época bastante fuerte de desarrollo, mucho alimento, mucho conocimiento entrando en mí.

“Estudié en El Centro de Investigación y Estudios Musicales  (CIEM) que está afiliada a la Real Academia de Bellas Artes de Londres, y en lugar de tomar 10 años de mi vida para obtener un diploma en una de las escuelas de México, donde dice que estudiaste la carrera, preferí utilizar 36 meses de mi vida para obtener una licenciatura avalada por la Real Academia de Londres. Me costó un ojo de la cara porque la escuela era carísima, y luego o trabajaba o estudiaba, y al final mi fatiga era tal que ya no entendía ni lo que estaba trabajando ni lo que estaba estudiando, así que dije hasta aquí llegué, by. Muy buena escuela”.

¿POR QUÉ ESCOGISITE LA VOZ PARA EXPRESARTE?

“Yo no la escogí, mi padre es músico, siempre se dedicó a la música. Él es un arreglista-compositor y el 50% de las cosas que Javier Solís cantó fueron arreglos de mi padre. Se dedicó a la música vernácula y toda la vida estuve rodeada de músicos. A los 5 años yo cantaba con la influencia mi padre. Entonces Milisa Sierra, que en paz descanse, en esa época tenía una serie de discos que era sobre cuentos infantiles y a mi papá se le ocurrió que esta chiquilla podía cantar en ellos, así que grabé un disco con él y fue muy sencillo, no me costó trabajo. Lo que sí me costó fue aprenderme las letras, porque yo todavía no sabía leer, pero a partir de ahí ya nadie me bajó del asunto.

“Lo más loco es que nunca pensé dedicarme a la música. En 1978 me fui a vivir a Cozumel y no tenía claro qué quería hacer. Llegué a chambear ahí donde se pudiera. En una ocasión salí a cenar con unos amigos a un restaurante que estaba a la vuelta de su casa. Ahí, comenzamos a cantar para divertirnos. Nos escucharon los dueños del lugar y me vinieron a preguntar que si yo quería trabajar ahí cantando. Conseguí una guitarra y empecé a trabajar.

“Pasó un tiempo para que yo aceptara que eso era para lo que Dios me había puesto en la Tierra. Hice miles de cosas en Cozumel. Dime que chamba te gusta y te aseguro que la hice. Aprendí de todo, pero lo único que me ponía en paz era cantar. Así que lo asumí, y luego de que regresé de un viaje, en el que me fui de aventura a Europa, ya me dediqué de lleno a la música. A vivir para y por la música y de la música”.

¿CREES QUE SEA IMPORTANTE LA VIDA ACADÉMICA PARA UN JAZZISTA?

“No. Es importante, pero no lo más importante. Lo más importante es que tengas el corazón y el alma abiertos a la música. Si tienes el talento, si tienes el oído, si tienes la intuición, el instinto, tu nivel académico lo puedes ir elevando. Conozco gente que se dedica a esto y jamás ha estudiado nada de música. Son grandes orejas, grandes espíritus. Claro que es muchísimo mejor tener un nivel académico, porque entonces te ganas el respeto de los músicos, cosa que no todas las cantantes tienen. Desgraciadamente no todas han asumido el papel de lo que debemos ser: músicos.

“Y como músico tienes que conocer el lenguaje, el tuyo y el del instrumentista. Por ese lado, sí te ayuda mucho tener un nivel académico, porque entonces tus compañeros se vuelven precisamente eso: tus compañeros y no tus acompañantes. Yo sí te puedo decir que nunca me han acompañado, siempre hemos trabajado juntos como compañeros. Eso me ha ganado muchísimo el respeto de la gente con la que he trabajado. Hablamos el mismo idioma, y no hago berrinche como otra gente lo hace porque nunca sabe qué le salió mal, pero asegura que la culpa la tiene el músico. No. Hay que responsabilizarse de tu instrumento, de tu carrera, de hablar el lenguaje y ya entonces podrás decir no fui yo, fue él o los otros. Para eso sí se me hace muy importante el nivel académico.

“Por otro lado, para cantar lo único que necesitas saber es sentir. Tener el talento, tener la voz y sentirla, para poder decir lo que quieras. El nivel académico te sirve para comunicarte con los demás músicos, a nivel de compañeros no de acompañantes, y ese es otro boleto”.

PATRICIA CARRIÓN (FOTO 2)

¿DENTRO DE LA VOZ, A QUIÉNES CONSIDERAS TUS MAYORES INFLUENCIAS?

“A nivel del jazz a las tres reinas: Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald y Carmen McRae. De las tres mi favorita es Carmen. A un nivel general, hay una cantante que admiro y adoro. Se llama Mina, es italiana, y la mera verdad es que es la mujer más versátil que conozco; que canta de todo y en varios idiomas y en tesituras que no le corresponden. Su versatilidad fue un impacto tremendo para mí, y algún día quisiera tenerla para mí también. Así como la cachondería de Sarah, la capacidad de improvisación de Ella Fitzgerald y el swing de Carmen, las formas de decir que tiene. Como ves casi no pido nada.

“A nivel personal mis influencias son las personas que mi padre, Rafael Carrión, llevaba a la casa a cantar cuando era niña. Porque entonces era la cosa de la bohemia, de quítate el look y adelante. Gente como Negrumo, un sinaloense que hizo canciones bellísimas. Mi padre que en esas épocas era un goce para mí, porque a través de él pude darme cuenta de lo que significa cantar en vivo y a todo color. De ahí obtuve muchas influencias y, luego, una vez dentro del mundo del jazz esas cantantes que ya te nombré. También podría incluir a Ellis Regina, a Gal Costa y a María Betania”.

¿CUÁL ES EL ESTILO QUE MÁS TE INTERESA INTERPRETAR, EN CUÁL TE SIENTES MÁS A GUSTO?

“Me gustan todos, así como los standards de siempre, que son como un dulce que has comido desde niño y siempre te va a saber igual. Las cosas más nuevas me gustan porque son retos en cuanto a la imaginación, a la capacidad vocal, porque no nada más es bella la voz clara, sino la voz rasposa, el chillido, su efecto percutivo, tratar de dar armónicos, el experimento, todo eso me encanta.

“Dentro del jazz me gusta todo lo que es jazz, no hay uno que me guste más que otro. Eso sí, para mi manera de ser prefiero los temas más emotivos, más apapachones, que los temas más dinámicos, pero es cosa de personalidad. Soy cien por ciento romántica. Todo se me viene a la emotividad. Disfruto mucho las baladas, la música de Ivan Linz, la de Sergio Méndez, la de Michel Legrand. Todo me gusta, pero mi preferencia sería todo ese tipo de música que además incluye un poco de poesía y una definición más exacta de una emoción, de un sentimiento, de un momento determinado en la existencia”.

¿CUÁL ES TU VISIÓN DEL JAZZ EN MÉXICO?

“Creo que en México hubo una época en que sí había excelentísimos músicos, la época de Chilo Morán, de Mario Ruiz Armengol, de Mario Patrón, del mismo Juan José Calatayud. Había gente que tenía un nivel tan alto, musicalmente hablando, que los extranjeros que venían a México, con grandes nombres y grandes orquestas se quedaban boquiabiertos cuando marcaban la pieza a los músicos mexicanos y ésta corría de pies a cabeza enseguida, cosa que con su grupo les llevaba meses montarla. Sí, hubo un pasado muy sólido. Mucha gente también vino a México porque había un escenario jazzístico en la ciudad. Al entrar los años sesenta éste se perdió por la llegada del rock and roll.

“Ahora yo sí siento que en este momento en México (fin de siglo) hay un movimiento jazzístico muy fuerte de gente muy joven, muy buena en lo que hace. Desgraciadamente ya se nos fue Chilo, Chava López también, que eran grandes representantes del género, gente que luchó y hasta le costó dinero hacer jazz. Ahora gracias a los medios de comunicación, a la información, a los videos, a los discos, ya no necesitas ir a una escuela,  sino que te metes a tu cuarto con los videos, con los discos y los estudias, hay más posibilidades de información y eso crea mucho mejores músicos.

“Hay mucha hambre en México de hacer buena música, también de escucharla. Hay pocos medios de difusión para el género, para saber dónde están los lugares, lo qué se está haciendo, etcétera. Porque desde que quitaron el Arcano todo se diluyó, toda la familia que había reunido ahí Paco Galindo, lo cual fue su gran mérito en este ambiente,  se desbandó. Él logró reunirnos a todos, hacer que nos escucháramos y respetáramos, pero al cerrarse el lugar nos dispersamos.

“Hoy todos estamos regados, no tenemos un lugar donde nos podamos reunir, hay algunos, pero ninguno como el Arcano. Ahí la gente iba a escucharnos, ahí jamás te iban a pedir un ‘Take Five’ o un ‘Misty’. Ahí llegaban a ver qué les ibas a ofrecer.

“En México el jazz tiene futuro, siempre y cuando la gente que tiene la posibilidad de brindarnos los foros haga precisamente eso, que nos los brinde y pague bien, que respete nuestra carrera, nuestros años de estudio, de trabajo. Nuestro trabajo tiene un precio, sin ínfulas. Nosotros tenemos también que darnos nuestro lugar. Le veo futuro porque ya somos muchos”.

¿QUÉ TE PARECE LA INFRAESTRUCTURA PARA EL JAZZ EN MÉXICO?

“Pésima, ¿cuál infraestructura?, no hay. Lamentablemente al jazz se le ha manejado como música elitista, y si es música elitista entonces yo soy alemana. El jazz nació de los negros, de los esclavos, ¿eso es ser elitista? Se ha creado una concepción errada de lo que es el jazz. Al considerarlo elitista se le han cerrado las puertas a mucha gente por cuestiones de mentalidad y eso está canijo. El jazz es un juego, en el que cotorreas de muchas maneras. Quien tiene capacidad de jugar le gusta el jazz. Si les pones un disco de jazz a 100 gentes es probable que a 99 les guste. Pero si antes de ponerlo les dices que es jazz es probable que sólo a uno le guste. Por prejuicio.

“Si logramos remover ese prejuicio y decir que el jazz es sólo una manifestación del alma, una forma de decir, de compartir, de exprimir lo que te está quemando, simplemente sabremos que son cosas comunes al ser humano. Estamos demasiado hechos a las palabras, si no trae texto no gusta y por ahí hay un gran impedimento. Vivimos en una ciudad de 20 millones de personas y  puedes contar con una mano los lugarcitos donde se toca el jazz, que no son precisamente lugares para el jazz, pero que de repente se permiten tener grupos de jazz por uno o dos días”.

HÁBLAME DE TU DISCOGRAFÍA

“Es poca. Grabé un disco a los 5 años con Milisa Sierra. Hice un disco de Salsa con Luis Demetrio, un disco de bolero con él también y acabo de terminar un proyecto de música ranchera con mi padre. A partir del 11 de diciembre [1999] me voy a meter al estudio a hacer un disco de jazz con un grupo que se llama Downbeats. Es el primero y todavía no tiene nombre. El año que entra también voy a hacerlo con algunas de las cosas que yo he compuesto, algunas jazzísticas, otras no. También un disco con Enrique Nery, un proyecto conjunto jazzístico con un material fuera de serie y también otro con Calatayud. Con él he trabajado mucho standard viejo. Con los Downbeats hay la posibilidad de hacer otro tipo de cosas. Downbeats tiene ya como veintitantos años de existencia”.

¿QUÉ PEDIRÍAS PARA LOS JAZZISTAS MEXICANOS?

“Foros, gente con 5 cm de espíritu para que nos comprendiera y se diera cuenta de que nuestro trabajo vale; la posibilidad de presentarnos y que la gente se diera cuenta de lo que somos, que cualquiera puede gozar con nuestra música, pero sobre todo foros y reconocimiento a nuestro trabajo; no quedarte en México y pudrirte dentro de ti de frustración. O que te tengas que salir a otro país a sufrir cualquier cantidad de cosas, incluyendo el éxito, pero fuera de tu casa.

“Para los jazzistas pediría un poco de conciencia, para que la gente nos pueda brindar los foros y mucha más solidaridad entre nosotros; mayor conocimiento de nosotros mismos. Estamos un poco alejados. La labor de Paco Galindo se desvaneció con el cierre del Arcano. Necesitamos más comunicación, compañerismo, más solidaridad y gente que le dé a este país esa opción de creatividad, de espiritualidad y la posibilidad del conocimiento interno”.

*Esta entrevista la realicé en noviembre del año 1999 y de ella brotó el extracto para ser publicado en el libro Tiempo de solos 50 jazzistas mexicanos, con las fotografías de Fernando Aceves.

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VIDEO SUGERIDO: Patricia Carrión – Sabes, YouTube (Patricia Carrión)

 

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