ELLAZZ (.WORLD): JULIA HÜLSMANN AND ANNA LAUVERGNAC

Por SERGIO MONSALVO C.

HÜLSMANN & LAUVERGNAC (FOTO 1)

 CELEBRANDO A NEWMAN

 En el jazz las cosas pueden ser distintas. No hay lugar para maledicencias, frivolidades o respuestas acomodaticias. No. Las mujeres reunidas ahí por lo regular crean y recrean, comunican algo sincero de manera voluntaria. Es el caso de dos féminas inscritas en él: Julia Hülsmann y Anna Lauvergnac, ambas de lengua alemana. Ellas se han reunido para contarnos a través de historias musicales su descubrimiento, vivencias y lecturas de Randy Newman.

Habla Julia Hülsmann:

“Mi nombre es Julia Hülsmann y empecé con la música desde niña. A los diez años me invitaron a dar un concierto de piano que se trasmitió por televisión. Uno de los cantantes famosos por esa época en mi país cantó varias piezas junto conmigo. Le gustó tanto cómo lo hice que me recomendó para entrar en una exclusiva escuela de música. Así que realicé estudios de piano y composición clásicos, en los que me gradué.

“Pero mis inclinaciones eran hacia el jazz y a él me dedicaba por las noches. Tocaba en los clubes de Munich. Ahí conocí a dos de las cantantes con las que he trabajado: la noruega Rebekka Bakken y la austriaca Anna Lauvergnac.

“Con Rebekka grabé mi primer disco como solista, Scattering Poems, al lado de mi trío, formado por dos amigos: Marc Mulbauer, en el bajo, y Heinrich Köbberling, en la batería. Me gustó. Sin embargo, quería hacer algo también con Anna. Ella ha sido por muchos años la vocalista de la Viena Art Orchestra. O sea, es una perfeccionista. Tiene un gran temperamento. A veces tempestuoso. Eso le ha ayudado a interpretar el jazz y el blues. Es una cantante con muchos matices finos. Es muy delicada y precisa en los énfasis.

“Así que un día le comenté que quería realizar algún proyecto con ella, pero teníamos que saber si congeniábamos para ello. Eso era muy importante. Lo mismo que tener puntos de encuentro, cosas en común. Y qué mejor manera de conocer a alguien que comiendo y bebiendo. Nos citamos en un restaurante italiano y comimos y bebimos, pero lo mejor de todo fue que conversamos.

“Siento que al otro día de la cena ya éramos amigas y las amigas se invitan a sus casas. Primero fuimos a la mía e hizo que pusiera los discos que a mí más me gustan. Mientras tomábamos una copa de buen Bordeaux recorrió mi discoteca con gran detenimiento.

“Un par de días después visité su casa. Pedimos comida china y bebimos un vino blanco del Rhin. Ahora me tocó el turno a mí de conocer su música. Destacaba sobre todo la sección de los clásicos, el blues y el pop. En un momento dado, mientras revisaba esa parte, me preguntó cuál era mi compositor preferido de tal género. Pensé en Cole Porter, en los Beatles, en Burt Bacharach. Sin embargo, pronuncié otro nombre: el de Randy Newman. “¡tor preferido de tal gsa parte, me pregunt pero sobre todo conversamosiaca Anna Lauvergnac.

Exacto!”, dijo ella. Al parecer habíamos encontrado el punto común sobre el cual trabajar.

“Comenzamos a hacerlo. Sugerí que pusiéramos cada una en el papel el por qué nos gustaba Randy Newman y nuestras doce canciones preferidas del compositor estadounidense. Algunas semanas después —debido a que los compromisos de ambas se habían interpuesto— pudimos reunirnos de nuevo.

“Cada una había hecho su tarea. Ella incluso fue más allá. Hizo un recorrido por varias tiendas de discos para corroborar que no le faltara ni uno, por más rara que fuera su edición. Consultó enciclopedias especializadas para asegurarse de tenerlo todo. Además de escribir lo solicitado, armó un disco compacto antológico con sus temas favoritos. Me regaló una copia.

“Comparamos notas y coincidían en la mayoría de las piezas. Ésas entrarían sin pensarlo más. Sobre el resto defendimos nuestras posiciones. Quizá fue la parte más importante de ese work in progress. El carácter de cada una se manifestó con las preferencias particulares. Incluso para aderezar nuestras posturas nos relatamos algunas anécdotas personales.

“Después de ello le concedí dos temas y ella hizo lo mismo conmigo. Logramos tal empatía luego del experimento que compusimos un tema al unísono para el disco producto de las sensaciones conjuntas. Uno que habló del papel de la música en nuestras vidas: ‘Come Closer’. Newman había sido el gran motivador.

“Optamos por interpretar en nuestro proyecto la música de Randy Newman por varios motivos. En primer lugar por su postura confesional como cantautor. Es decir, en él encontramos las vivencias necesarias. En segunda instancia por su enorme acierto al contar siempre historias en cada una de las canciones. Con ello ha llenado un nicho dentro del género pop, tan poco dado a las franquezas. Sus narraciones son un magnífico ejemplo del uso del humor. El suyo es irónico, profundo y cortante. Tiene agudeza.

“Newman habla del racismo, de la esclavitud a conceptos añejos, de las perversidades de la vida, con introspecciones sensibles, cercanas, sobre diversos tipos de personalidades. Y lo hace mezclando la forma lírica más tradicional con muy buenas orquestaciones. Quizá también por eso tiene tanto éxito como compositor de soundtracks. Rememora al famoso Brill Building de la cultura popular estadounidense. En él hay blues, cierta crueldad como en los cuentos férricos y un manejo ‘comercial’ de las desilusiones. Su pop es así de intenso y así de cercano a la realidad.

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“Nosotros describimos a Newman como una especie de chubasco que te sorprende mientras paseas por una feria. Tienes que refugiarte en algún sitio y esperar a que pase. Así que sólo te queda observar a los personajes que deambulan por ahí, sin el contexto de la diversión. Tanto los que trabajan como los que visitan el lugar. Siempre hay un dejo de acidez en ese panorama. Incluso uno de sus temas habla en esencia de lo mismo, creo que es ‘Davy the Fat Boy’.

“En esa canción hay su buena porción de humor negro, un ingrediente que lo caracteriza. Trata acerca de que un amigo de la familia está presente en el momento de la agonía de la madre de Davy, un jovencito víctima de una disfunción hormonal que hace que engorde de manera fenomenal. La madre le pide que por favor cuide a su hijo cuando ella ya no esté.

“El amigo se compromete ante el lecho de muerte a velar por el desvalido muchacho. Así que tras el fallecimiento de la madre mete a trabajar al chico como parte de un espectáculo de fenómenos humanos. ‘Su vida está asegurada’, se dice a sí mismo el amigo satisfecho. Así son las canciones de Newman.

“Anna me contó una anécdota personal con la pieza ‘You Can Leave Your Hat On’, quizá una de las más populares de Randy. Resulta que cierta vez, durante una gira por la Unión Americana de la Viena Art Orchestra, estaba cansada de tanto ensayo y de ver a la misma gente. Así que una noche salió con la intención de pasear y tal vez tomarse un trago por ahí. Estaba en Nueva York, así que las opciones eran múltiples. Se decidiría por el camino.

“Se dejó llevar por las luces y por el bullicio de una avenida cercana. Caminó sin objetivo, sólo mirando el neón de los anuncios y las fachadas de los distintos comercios. Había estado tanto tiempo rodeada de los músicos de la orquesta y de los relacionados con ellos, que la gente noctámbula de aquella ciudad le parecía de otro planeta. Los gritos, las risas, las conversaciones, hasta el modo d caminar los veía raros y misteriosos. Cuando concluyó que ya estaba fantaseando demasiado entró al primer bar que se encontró.

“Instalada en el bar ordenó un Manhattan y una cajetilla de cigarros. El mesero del concurrido lugar le llevó el coctel y lo demás y le dijo que ya estaba pagado. Un tipo sentado en la barra la estaba invitando. Lo vio. Tenía buena pinta. Quería hablar algo diferente con gente diferente, así que aceptó la invitación. El tipo se trasladó a su mesa y platicaron largo y tendido. Ella se tomó otros dos Manhattans y se sintió de lo mejor. El caso es que terminaron en un hotel cerca de Washington Square y él le pidió que le hiciera un streap tease con la canción que estaba en el sonido ambiental del lugar.

“Ella siempre había sido tratada como una diva en los encuentros amorosos, es decir todos se habían plegado a sus gustos y prácticas, nunca se presentaron las cosas a la inversa. Y tampoco ella se había detenido a pensar en ello siquiera, así que la petición le resultó tan contrastante que aceptó. Y por primera vez en su vida deseó ser una profesional del burlesque. Por su mente pasaron las escenas conocidas, pero el ritmo fue el que captó su atención, y a él se aferró para hacer su encueramiento. Todo un debut.

“Escuchó de forma atenta las palabras de la canción y siguió las instrucciones al pie de la letra. La música la acariciaba lujuriosamente y le hizo sencillo y urgente el despojo de cada prenda. Se sintió distinta, otra y el instante le gustó. Cuando tiempo después vio la película 9 y ½ semanas y escuchó de nueva cuenta el tema, se dijo a sí misma que no lo había hecho tan mal, comparada con Kim Bassinger. Desde entonces el tema siempre le recuerda cosas agradables y cierto perverso placer.

“Finalmente el proyecto se concretó en algo: hicimos un disco de nombre Come Closer que nos motivó enormidades. Confrontamos nuestras agendas, consultamos a los representantes y todo fue viento en popa. La compañía ACT se interesó en lo que pretendíamos y nos señaló estudio, tiempos y productor. No obstante eso fue lo de menos, lo importante fue que la música fluyó. Cada canción se convirtió en un guiño entre nosotras. La preparación había sido una auténtica charla entre amigas, con Randy Newman de pretexto”.

VIDEO SUGERIDO: Sandman’s Coming – Julia Hülsmann & Anna Lauvergnac, YouTube (Julia Hülsmann Trio – Tema)

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JAZZ Y CONFINES POR VENIR – 9*

Por SERGIO MONSALVO C.

JAZZ Y CONFINES POR VENIR (PORTADA)

 AZIZA

HERENCIA DE DIOSES

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Aziza Mustafa Zadeh es una pianista y cantante que nació en 1969 y se formó con la música clásica. Creció en la ex república soviética de Azerbaiján. Su padre, Vagif Mustafa Zadeh, fue compositor y pianista de jazz. Murió a los 39 años de edad. Su madre, Eliza, estudió canto clásico y actualmente funge como su mánager.

Aziza empezó a tocar el piano desde niña, al principio sólo con la mano izquierda. Por eso sus piezas tienen un bajo tan pesado. De esa manera acompañaba a su padre cuando él tocaba standards.

En Azerbaiján siempre hubo una escena jazzística muy viva, aunque no lo pareciera, y por eso tuvo la oportunidad de involucrarse con diferentes estilos. Eso sí, a los bajistas siempre les ha resultado difícil trabajar con ella, han tenido que reproducir con precisión sus líneas bajas, todo un problema. De cualquier manera, está segura de que nunca va a cambiar su forma de tocar.

Su música suele clasificarse como jazz, aunque consiste en una mezcla original de música clásica (en sus improvisaciones aparecen trozos de Bach, de Beethoven y Ravel), el mugam (música folklórica azerbaijana) y elementos del jazz. Las cualidades de dicha fusión se pueden corroborar desde su primer álbum homónimo (de 1991), donde toca el piano solo.

Les hizo la vida muy difícil a sus padres desde que comenzó a tocar el instrumento. Cuando debía tocar algo de Bach, por ejemplo, siempre lo modificaba. Se ponía a improvisar en el estilo del compositor y así con todos los demás. Nunca se atuvo a las partituras.

En realidad, nunca tuvo que estudiar arduamente. Pudo tocar con mucha facilidad desde el principio. “Al tocar lo único que quiero es hacer feliz a la gente y siempre trabajo en ello”, dice la tecladista.

Aziza Mustafa Zadeh muestra muchas coincidencias con Keith Jarrett: ambos interpretan una música improvisada de tipo romántico con influencias clásicas que no son ajenas al pathos, y ambos, además, se consideran un instrumento divino. “Mi música viene de Dios —ha comentado—. Él lo tiene todo pensado y yo sólo toco las teclas en su nombre”.

En compañía de otros músicos toca de manera bella y hace justicia a sus inclinaciones dramáticas. En los pasajes lentos sí se asemeja a Jarrett, aunque no se extiende de igual manera.

Aziza también canta en muchas de sus composiciones, casi siempre en su lengua materna, aunque no debe preocupar al escucha que no entienda el idioma, porque de hecho ella utiliza mucho scat.

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FUERZA DE EJECUCIÓN

Si bien es cierto que extrae elementos de su patrimonio azerbaijano, también ha sabido rodearse de excelentes músicos de fusión y pedido prestado, con todo descaro, atributos de la música clásica. Sin embargo, la obra de esta artista a final de cuentas no es más que el World jazz del presente con vistas al futuro.

Es un tributo a su habilidad como músico que sea capaz de mantenerse al tanto de tal cantidad de hilos sin perder nunca la claridad de propósitos que impulsa sus composiciones.

Muchos de los tracks de sus discos son poseedores de una gran intensidad y fuerza de ejecución, pero el mejor ejemplo tal vez sea la pieza “Desperation” del disco Seventh Truth, que debe mucho al canto oriental y quizá más aún a las interpretaciones clásicas de esta poderosa música.

Si bien Aziza es antes que nada una pianista, en piezas como “Daha…(Again)” y “Wild Beauty” utiliza una voz tan perturbadora como intensa, que alterna entre el scat y el azerbaijaní, una mezcla hechizante.

FAMILIA TALENTOSA

Su música cubre todos los tempos, sus ritmos —en piano y congas— abarcan desde el 4/4 más simple hasta los tesoros musicales más complejos de su patria. Sin embargo, no afloja ni por un instante el dominio que ejerce sobre el escucha, ni permite que las brumas se despejen mientras está tocando.

Los públicos la adoran y se presenta ante grandes salas en Europa, como los exitosos conciertos en el festival de jazz de Brecon y la Queen Elizabeth Hall de Londres, así como en su país de origen.

Aziza, como ya se anotó, proviene de una familia de excepcional talento musical. A su padre se le conoció como el artífice del jazz en Azerbaiján. La sola mención de su nombre basta para que se exclame: “Era un genio. Un verdadero genio”.

PERCUSIÓN MULTICULTURAL

Ella sabe contar buenas anécdotas al respecto: “Cuando B. B. King fue a tocar a mi país compartió el escenario con mi padre. Lo escuchó tocar el blues en el piano y al finalizar el concierto le dijo: ‘La gente me llama el rey del blues, pero si supiera tocar el piano como usted me haría llamar Dios’”.

Tal vez esa confianza que le inculcó su padre en sí misma condujo la grabación de Seventh Truth, que reunió a dos grandes percusionistas de Europa y la India para tocar las composiciones de ella: Ludwig Jantzer (batería) y Ramesh Shotam (en diversas percusiones indias). Un asombroso acompañamiento de músicos para el álbum de la pianista. Fue una grabación muy tardada por las características musicales. Tuvieron que desvelarse muchas veces y aun así hizo falta casi un mes de estudio.

UNA SOÑADORA

Sus álbumes en general cristalizan gran parte de la herencia de su padre. La muerte prematura de éste y la pérdida que le significó son manifiestas en mucho de lo que ella hace. A través de su música se observa que es una soñadora que viaja a sitios lejanos de su lugar de origen sólo para descubrir que algunas cosas son universales.

Aziza Mustafa Zadeh a grandes pasos se ha erigido como una reina sin corona del piano oriental en la actualidad. Ella es capaz de quitarle el aliento al más remolón escucha, primero por su sensual e impactante imagen y enseguida con su arriesgado recorrido por los límites entre el jazz, la World music y la música clásica. Y para corroborarlo está su significativa discografía.

COLORES INSPIRADOS

En el 2000, después de años en el jazz y varios álbumes producidos, le llegó el momento de una retrospectiva. En su disco Inspiration, Colors & Reflections, ofreció una mezcla de títulos ya conocidos y de material inédito.

De los 15 tracks incluidos en él, seis ya habían aparecido en sus tres primeros discos (First, Always, Dance of Fire), lo demás fue nuevo. No obstante, esta compilación demostró que las notas superfluas son algo inexistente en su obra.

Ya sean las interpretaciones influidas por el funk que efectuó junto a Omar Hakim, Stanley Clarke, Al DiMeola, Bill Evans, Kai Eckhardt y Torsten De Winkel, las grabaciones de trío con el baterista Dave Weckl y el bajista John Patitucci, o el material como solista, la pianista de Azerbaiján se mueve con toda soltura entre Oriente y Occidente.

Su trabajo muestra destellos de Bach, Ravel y Debussy; dispone tanto de la fuerza improvisadora del jazz como del potencial de expresión armónica de las escalas asiáticas.

Llegó así a su primera estación el cuento de la muchacha que salió del reino de las mil y una noches para viajar a la modernidad, en donde todo le ha resultado de lo más feliz. Aziza a principios de los noventa encontró cabida en la compañía Sony Music y desde entonces vive en Frankfurt, Alemania.

Hoy es artista del sello Decca, con el cual sacó al mercado el disco Shamans, en el que da una vuelta de tuerca a su propia historia y presenta una colección de catorce temas interpretados a piano solo. Shamans es una obra consecuente como tal.

En muchos aspectos es representativo de los cambios que la pianista y cantante ha experimentado desde su último álbum de estudio. Ayuda ver la portada para entender la intención: la artista con el pelo suelto, los ojos cerrados, un vestido blanco. La vampiresa en proceso de convertirse en ángel, concentrándose de manera introspectiva en las voces e indicaciones interiores.

El título también tiene causas musicales. Shamans es más unívoco que sus anteriores grabaciones. Aziza se atreve a dirigir su mirada artística hacia su intimidad, de una forma que pone énfasis en las raíces de su evolución estilística. Los tracks contienen citas dedicadas a Bach y a Chopin, a su padre y a las mujeres de Azerbaiján. Se encuentran envueltas en miniaturas pianísticas caracterizadas por estallidos orientalistas.

En la actualidad la pianista disfruta de una enorme popularidad. Ha vendido cientos de miles de copias de sus álbumes en el mundo entero, cantidades que resultan astronómicas y todo un fenómeno para un material jazzístico.

Discografía mínima:

Aziza Mustafa Zadeh (Columbia, 1991), Always (Columbia, 1993), Dance of Fire (Columbia, 1995), Seventh Truth (Columbia, 1996), Jazziza (Columbia, 1997) Inspirations, Colors & Reflections (Columbia, 2000), Shamans (Decca, 2002), Contrast I (Jazziza Records, 2006), Contrast II (Jazziza Records, 2007).

 

 

 

VIDEO SUGERIDO: Aziza Mustafa Zadeh – Dance of Fire, YouTube (Evening Music)

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*Capítulo del libro Jazz y Confines Por Venir. Comencé su realización cuando iba a iniciarse el siglo XXI, con afán de augur, más que nada. El tiempo se ha encargado de inscribir o no, a cada uno de los personajes señalados en él. La serie basada en tal texto está publicada en el blog “Con los audífonos puestos”, bajo la categoría de “Jazz y Confines Por Venir”.

 

 

Jazz

y

Confines Por Venir

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

 

 

POR VENIR 9 (REMATE)

ELLAZZ (.WORLD): SABINA HANK

Por SERGIO MONSALVO C.

SABINA HANK (FOTO 1)

BAJO GUARDA ANGELICAL

Lo emocionante de los talentos auténticos dentro de la música (y me imagino que también dentro de otras disciplinas) es que sin advertencia alguna abandonan su solitaria habitación de ensayos para de repente manifestarse entre nosotros —los escuchas— con brillantes colores y sonidos. Es parte de la misteriosa y sublime (a veces) naturaleza humana. Uno de los primeros grandes descubrimientos de este tipo, a comienzos del siglo XXI databa de lares mozartianos. Se llamaba Sabina Hank y apuntaba a un futuro prometedor con un presente muy sólido, y lo es.

Sabina Hank es oriunda de Salzburgo, Austria, donde nació en 1976. Aire que le sentó bien, por lo visto, ya que desde los cuatro años de edad comenzó a estudiar el piano clásico, evidenciando sus dotes. Dichos estudios los mantuvo durante los siguientes 13 años, incluyendo cinco en el Conservatorio Mozarteum. Luego el llamado del jazz se hizo presente y entró a formar parte de los conservatorios de Viena, Bochum y Linz, para realizar estudios de piano y voz jazzísticos, entre 1994 y 1999.

A la postre Sabina se inscribió en los talleres de composición de Kenny Werner y Mark Murphy, para consolidar su enseñanza. De cualquier manera su talento quedó de manifiesto muy pronto y durante su estadía en tales conservatorios le fueron solicitadas composiciones para diversas áreas artísticas, tanto para largometrajes, como para acompañar performances de jazz y poesía, así como el tema original y música de fondo para la serie de televisión alemana Tatort. Estaba trascendiendo. Tanto que fue invitada a tocar con Maria Schneider, Albie Donnelly y Sandra Pires, entre otros.

Esta joven pianista compositora y cantante, ganadora además de varios concursos de composición y como instrumentista, para su debut discográfico en el campo del jazz lanzó un cauteloso y bien condimentado acercamiento al songbook estadounidense. En él midió con todo cuidado los detalles necesarios e interpretó con el timbre delicado y discreto de su voz los textos de históricas y enormes baladas como “On The Street Where You Live”, “Beautiful Love”, “Caravan” o “For All We Know”, con madurez y audacia. Eran su terreno natural y donde lució sus particulares características, en cuyo fondo se percibió el santo de su devoción: Shirley Horn, quien la ha envuelto y cuidado como un buen ángel de la guarda.

Pero también, Sabina ha presentado composiciones propias, que bien escuchadas no le piden casi nada a los famosos standards. En los títulos “Smoke” y “Restless Souls”, temas nada suaves o convenientes, o bien en “Silent Tears”, pieza que es una auténtica reverencia ante la exitosa “Maiden Voyage” de Herbie Hancock, la joven Hank se coloca en un primer plano como pianista y muestra su dominio sobre las armonías, así como sus muchas capacidades melódicas.

Por otro lado, son raras las intérpretes que logran proyectarse límpidamente sin la colaboración de verdaderos acompañantes. Músicos que brinden el soporte necesario para permitir que su líder brille con toda su intensidad en los escenarios o los discos. Por fortuna, ella cuenta con un par de estos paladines. Uno es el sensible bajista Georg Breinschmid, a quien además da gusto oír con el ostinato en la pieza “Caravan”, por ejemplo. El virtuosismo de este músico es plenamente asumido por la misma Sabina, la cual le brinda muchas oportunidades para lucirse en la grabación (tanto como en sus actuaciones en vivo). Una leal correspondencia.

La otra parte de la sección rítmica es el baterista muniqués Stephan Eppinger. Con él, poseedor del toque de la sutileza, se logra la unión musical justa para constituir un trío con piano, y para hacer valer las capacidades de sus exponentes en el difícil y prestigiado ámbito de tal dotación en el jazz, donde la formación triada clásica ha contado con grandes nombres. La comunión que logran estos tres músicos europeos se escucha de manera contundente en el tema “Cruising Around Birmingham”, por ejemplo.

Con la aparición de su primer disco Uncovered Soul (de 1997), Sabina Hank adjuntó la siguiente explicación: “Finalmente tomé la decisión de hacerlo. Creo que ya estaba lista para ello. Así que opté por intentar en mi debut, lo que hasta en ese instante me parecía una cuestión irreconciliable: una simbiosis entre standards y composiciones propias. Trabajé mucho en los arreglos especiales que quería para este trío, para estos músicos. Seleccioné de forma crítica los temas míos que entrarían en el álbum y los puse a consideración de mis productores.

“El disco es un muestrario de mis amores. Hay baladas y canciones, con voz e intrumentales, que van desde Duke Ellington, Billy Strayhorn, Victor Young, Loewe y Lewis, hasta mis propias letras. Así traté de satisfacer el deseo de unir la composición con la improvisación. Dos medios de expresión musical tan opuestos. Es mi definición del jazz. Éste como forma y lenguaje modernos, tan familiares y al mismo tiempo tan ignotos y rítmicos. Y siempre con el deseo de mostrar entre todo ello mi propia melodía”.

SABINA HANK (FOTO 2)

En el escenario Sabina maneja lo mismo tal intimidad. Con un bello colorido vocal revela su estilo percusivo al utilizar las texturas y las densidades. Combina dicho estilo en el piano y la vocalización, entretejiendo las voces con las notas en un bello tapiz.

Su canto jazzístico es del tipo clásico, con preferencia por las escalas graves, ése emanado de Ella Fitgerald, Carmen McRae, Sarah Vaughan y Shirley Horn: expresivo, maduro y ligeramente ronco, con un despliegue de cierta tristeza. No se le nota acento alemán alguno al cantar en inglés. Sabe improvisar y tiene swing, además de interpretar las letras con delicadeza.

Su voz tiene sensualidad, quizá debido también a su cuerpo esbelto y frágil. Es un todo fino y poético, que crea su propio espacio escénico y no sólo por su canto. Se podría decir, sin sonar cursi, que la música emana de ella misma, y que sus manos y voz son instrumentos auxiliares. A veces utiliza esa ligereza que la caracteriza de manera juguetona para lograr con agilidad el alcance atronador propio del musical.

En el piano hace sonar las teclas con claridad y dinamismo. Con precisión y técnica. Con un sonido particularmente homogéneo. Crea así un jazz mainstream habilidoso y seguro. En las baladas se siente suelta de principio a fin, lo que subraya su capacidad de variar la música dentro del contexto de un solo estado de ánimo. Pleno de hermosas voces, progresiones y una amplia gama de cambios de tiempo. A ello le agrega elásticas líneas de una sola nota, creando una sensación de espontaneidad general.

La combinación de fragilidad y sensibilidad en su ejecución instrumental resulta virtuosa, por su fraseo elegante, de líneas prolongadas y articulado sobre movimientos de expansión y contención, en los cuales tiene mucho que ver el impulso rítmico trasmitido por su mano izquierda. Por su parte, la mano derecha cuenta con recursos tan inconfundibles como la repetición a distintas alturas de pequeñas unidades melódicas.

Con base en todas estas características, así como en su enfoque armónico fresco y toque sensible, Sabina Hank crea, desarrolla y perfecciona un estilo fundamentado en los de sus influencias más directas: Bill Evans y Herbie Hancock, protagonistas de la historia del género en el surgimiento del estilo modal, el cual constituye uno de los fundamentales pilares del jazz más cool y contemporáneo. Dibuja y colorea un universo musical con estos parámetros estéticos que abarcaban elementos tanto rítmicos como armónicos por donde sus acompañantes pueden moverse libremente para conseguir contundentes ejecuciones.

Sabina (y el grupo en general) pone en práctica el recurso de hacer creer a cada oyente que está tocando para él y para nadie más. Usar esta sensación de intimidad y mantenerla durante el lapso que dura el disco o el concierto, es una característica y opción que lleva tiempo poseer y sobre todo dominar como un instrumento más. No obstante, en el caso de este trío no es únicamente una ficción, sino que de manera efectiva el discurso musical que proyectan no es de grandes espacios, digamos que puede ser entendido y captado en profundidad en ámbitos reducidos y con la disposición a que ningún ruido grosero interfiera.

En sus ya varios álbumes (de A Song Kaleidoscope a Uncovered Soul y Carmen) se deja sentir una misma idea: la relación directa entre ejecutantes y escuchas a través de una música que tiene feedback, si cabe el término. Es decir, que va y vuelve, como en la sana base de cualquier comunicación eficaz, de tal modo que —en la oscura impiedad de nuestras ilusiones— podríamos llegar a pensar que somos nosotros mismos —los oyentes— quienes la estamos solicitando para después, al final de una noche melancólica en el bar, depositarle en la copa del piano una bien merecida propina.

El trío constituido por Sabina Hank, conjuntado desde 1996 y con el que ha grabado una docena discos hasta la fecha y presentado en infinidad de festivales internacionales, es la reunión de músicos virtuosos y amigos de la perfección; una celebración de largos estudios y preparaciones. No es un encuentro artificial, mucho menos rutinario, ambas caras tan comunes en estos tiempos. No.

Se trata de mostrar la sapiencia jazzística y de compartirla. En un diálogo con swing, sensible e inteligente. Su mainstream tradicional, con ritmos bien entendidos y fraseología más que comentada, se enriquecen con las obras originales insertadas aquí y allá para quienes buscan los tesoros ocultos en otros nombres y otros horizontes del jazz.

VIDEO SUGERIDO: SABINA HANK & BAND “LAST CHRISTMAS” @ ORF “LICHT INS DUNKEL” 2011, YouTube (sabinahank)

SABINA HANK (FOTO 3)

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ELLAZZ (.WORLD): VIKTORIA MULLOVA

Por SERGIO MONSALVO C.

ELLAZZ (.WORLD) VOL. I (PORTADA)

 CRUCE DE MUNDOS

VIKTORIA MULLOVA (FOTO 1)

 Los mundos del jazz y de la música clásica a veces se cruzan, a veces se rechazan, pero han caminado de manera paralela durante el último siglo. Son mundos con sus propias historias, leyendas, mitología y obras maestras; con personajes que han vivido el éxito y la aclamación lo mismo que el nulo o tardío reconocimiento por su quehacer en tal labor de mezcla llamada Jazz Progresivo. Hablar de este fértil campo musical resulta apasionante y aleccionador.

Representante de ello es Viktoria Mullova, una auténtica estrella como intérprete del violín clásico contemporáneo, quien ha traído a dicha escena musical aires frescos y renovados entusiasmos así como caminos y puentes hacia otros géneros, como el pop y el jazz.

Los aficionados de los géneros clásico y jazzístico al incursionar por primera vez en dichos terrenos reciben impresiones fuertes, determinantes para toda la vida. Si se les llega a preguntar sobre sus acercamientos a dichas músicas, juran y perjuran que esa primera vez les causó una emoción tan fuerte que sienten que lo que habían experimentado hasta aquel momento no había sido nada comparado con ésa.

En los escuchas de ambos géneros el gusto les ha dejado una huella mucho más profunda que cualquier cosa que hayan oído antes. Y seguramente es verdad, porque así deben ser las aficiones: definitivas y siempre en incremento. Estas sensaciones vuelven cada vez que se presenta la oportunidad de escuchar la música.

Conforme el jazz se ha ido estableciendo de manera firme en los círculos académicos y en las salas de conciertos en distintos lugares del mundo –al igual que los compositores del departamento clásico han ido contando con las facilidades para integrar a su gusto agrupaciones orquestales y arreglos al estilo jazzístico, para una danza o la dirección musical en una obra de teatro —, muchos de los resultados obtenidos con la libertad creativa se han aproximado entre sí: adaptando los cartabones de la música clásica a los del jazz de formato extendido.

Existen ya ejemplos tanto espectaculares como sutiles —ocultos estos últimos en subterfugios de la más variada índole— de compositores clásicos que incorporan las formas e influencias del jazz en sus obras sinfónicas y de cámara. Ambas cosas son un hecho.

¿Se tratará acaso de que los dos géneros musicales se han acercado hasta el punto de tocarse constantemente, conforme pasa el tiempo? ¿Existirá ya alguna especie de herencia genética para enriquecer sus respectivos campos del uno con el otro? Los puristas de los dos bandos ya han acusado síncopes y desmayos por esta sospecha.

Sin embargo, es tangible que la actitud y la atmósfera engendrada por la academia y por la sala de conciertos  han despertado las tendencias “clásicas” latentes en algunos compositores de jazz y, al mismo tiempo, la envidia por el blues, el swing y la improvisación en los compositores clásicos. Muestras las hay de sobra y al parecer la fusión en este sentido, al igual que con otros muchos géneros y corrientes, es una circunstancia estética e histórica irreversible y en pleno desarrollo, mientras los purismos son lacras en extinción.

Según el saxofonista noruego Jan Garbarek, el jazz cerró un círculo junto al siglo XX y abrió otro con el nuevo. Don Cherry fue quien en su momento indujo a este músico a integrar el folclor y la música académica escandinava en su música. “Eso cambió mi relación con ella de manera radical y determinante —ha dicho Garbarek—. Las influencias más importantes en la música sincopada de hoy no proceden de ella; sin embargo, el jazz posee la fuerza suficiente para asimilar dichas influencias y mantenerse fiel a sí mismo”.

Ralph Towner, uno de los músicos más respetados del medio y fundador del grupo Oregon, cuenta con una formación clásica sólida como compositor y guitarrista, y la aplica al jazz progresivo sin empacho alguno. Este proceder es muy fructífero y con todo un mundo nuevo por recorrer. La autenticidad no se pierde, al contrario, aumenta la interrelación de los sonidos. Con ello surgen nuevas categorías y la positiva sensación de que las cosas, como debe ser, se encuentran en movimiento.

La intérprete rusa Viktoria Mullova forma parte de ese movimiento. Es una violinista extraordinaria que aporta un estilo muy particular a sus interpretaciones. Se ha distinguido en sus conciertos por su capacidad para establecer un vínculo de empatía con el público. Egresada del Conservatorio de Moscú ha colaborado como solista con las mejores orquestas y directores del mundo con una lista interminable de referencias (la Sinfónica de Montreal, de San Francisco y de la Radio Bávara, entre otras). Y, además, es líder de su propio grupo de cámara.

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Mullova realizó sus estudios iniciáticos en la ya mencionada Escuela Central de Música de Moscú y en el Conservatorio de la misma ciudad, de donde es originaria.

Su virtuosismo instrumental, dinamismo y curiosidad artística la han llevado a explorar todas las posibilidades que le brinda el violín (es poseedora del famoso Stradivarious conocido como “Julius Falk”, construido en 1723), diversificando su repertorio a través de grupos formados por ella: el Mullova Chamber Ensemble (dedicado a Bach) y la Orchestra of the Age of Enlightenment (que tiene como proyecto la obra de Mozart al igual que del pop, con la de los Beatles, sobre todo, y el jazz).

La dirección de Mullova en estos grupos es ejemplar, grácil, animada y proporciona una versión “moderna”, en términos de sonido y estilo. Su trabajo con la Orchestra, como solista y directora en la ejecución de las obras de Mozart, por ejemplo, ha resultado muy exitoso.

La Ice Queen, como se le conoce en el medio musical, atrajo la atención cuando en 1980 obtuvo el Primer Premio en el Concurso Sibelius realizado en Helsinki. Un par de años después se hizo acreedora a la Medalla de Oro en el Concurso Tchaikovski de Moscú, el cual incluye interpretaciones originales tanto de compositores barrocos (Bach) como clásicos (Mozart).

Junto a otros músicos jóvenes que comparten sus mismas ideas musicales fundó como ya se apuntó el Mullova Chamber Ensemble, formación con la cual debutó durante una gira por Italia en 1994. El disco dedicado a los conciertos para violín de Johan Sebastian Bach, por parte de éste corroboró las capacidades para dar nueva vida a música antigua.

Asimismo, inquieta por naturaleza, Viktoria Mullova fundó también otra agrupación en el año 2000, con la cual se presenta como directora y solista. Se trata de la ya mencionada Orchestra.

El primer disco de la Orchestra bajo su influjo retomó los Concertos 1, 3 y 4 de Mozart, quien los escribió en Salzburgo entre 1773 y 1775. Escuchados con sus versiones, estos Concertos adquieren una enjundia inusitada, fantasía, flexibilidad rítmica y expresividad. La Orchestra les proporciona un tejido transparente y detallado con un acabado final de sorprendente y delicada ligereza.

Posteriormente la violinista exploró un nuevo camino en su universo musical mediante un concepto al que tituló “new classical”, el cual quedó plasmado en el álbum Through the Looking Glass, en el que incluyó arreglos de obras de Miles Davis (“Robot 415”, con sus cinco movimientos), Duke Ellington (“Ad Lib on Nippon”), Joe Zawinul (“The Pursuit of the Woman with the Feathered Hat”), Erroll Garner (“Misty”) y Jaco Pastorius (“Teen Town”), entre otros.

 

El jazz está cambiando y en el curso del proceso de abrirse a otros estilos ha dejado de ser jazz, según los apocalípticos, pero para los integrados ha expandido sus horizontes y es más jazz que nunca. En la música vivimos ya en el tiempo de las mezclas.

Nadie en su sano juicio saldría a batirse para defender la virginidad y pureza de ningún género. La confrontación entre las músicas del mundo (populares y académicas) y la presencia constante de éstas, ha redundado en una relación muy diferente con la música en general.

Resultaría inconcebible en la práctica que alguien decidiera no escuchar otra cosa durante toda su vida que un solo tipo de música. Sería como una autodestrucción. Oír la obra de la Mullova, en este sentido, es brindarse la oportunidad de ensanchar las referencias personales.

Para la realización de Through the Looking Glass, Viktoria Mullova invitó a colaborar al jazzista británico Julian Joseph (pianista, clarinetista, baterista, cantante), un egresado de Berklee que ha trabajado con gente como Branford Marsalis, Courtney Pine y George Coleman, por mencionar algunos.

Los arreglos de todos los temas fueron escritos en especial para ella por el compositor y cellista Matthew Barley (su actual esposo), combinando la pureza de su sonido, su vitalidad rítmica y su afamada técnica con una muy buena y calculada espontaneidad.

VIDEO SUGERIDO: Viktoria Mullova – Garner: Misty, YouTube (Viktoria Mullova)

VIKTORIA MULLOVA (FOTO 3)

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LIBROS: ANA RUIZ

Por SERGIO MONSALVO C.

ANA RUIZ (PORTADA LA BUENA)

 SUEÑOS EN TRANSICIÓN*

(ENTREVISTA)

El jazz (en su forma más free) es aquello que permanece de un sueño en la vigilia. Es una reverberación mental completamente afectiva que se anida en la memoria. Si no, ¿cómo explicar que podamos captar, de manera precisa, el eco de una música de la cual no se escribe ni una sola nota, ni se pinte su color?

Es un desdoblamiento poético que se fija en el espíritu como un goce fugaz de recuerdo imperecedero. Algunos mortales son capaces de recrearse en ello. Uno de éstos lleva por nombre Ana Ruiz. Es una pianista, pionera del género en un país reacio, que nació en la Ciudad de México el 2 de agosto de 1952.

Ella sabe que sólo equivale a la intimidad de un pianista la voluntad de comunicación. Una paradoja. Una sublime paradoja. Más aún cuando los aplausos estallan a causa del silencio tras su música. Los polvos mágicos que se disuelven en el fondo de un licor divino.

Ella sabe que su sueño jazzístico es forma pura y virgen, al que va levantándole sus arquitecturas sobre tinieblas frescas y significativas de las que surgirá flora y a veces lienzos alegóricos. Como el personaje de la Cantante Calva de Ionesco, que siempre se apresura a recomenzar.

Ana alguna vez fue calva. Por lo tanto, comprende que el más hermoso de los ejercicios físicos y espirituales es la peregrinación por esas formas territoriales de circulación personal, secreta, de virginidad en los signos.

El viaje con todos los sentidos despiertos, con el cuerpo aligerado por la marcha: estado en el que todos los dispositivos de la intuición funcionan. La tarea es dejarlos despertar, flotar, emerger de sí misma, como un desprendimiento astral.

Ella sabe que tales formas se convierten en manos sobre las teclas, con intenciones conmovedoras, ardientes, frágiles o fuertes. En libertad plena. Y lo sabe por sus ojos obsesivos, brillantes órganos de la adivinación.

La posibilidad de vidas múltiples y simultáneas, en notas diversas, como mundos en metamorfosis. Modalidades rítmicas, armónicas, melódicas. Cada una como objeto único que busca cabalgar en la imaginación. Pasa de uno a otro paisaje. El éxtasis está en la forma que los reúne: el free.

Todo cede ante su facultad de verse, de ver esas manos, de pasar de una vida a otra, de no consumirse en una sola. Ella lo sabe.

S.M.: Ana, ¿cómo se dio en tu caso el aprendizaje de la música?

A.R.: “En mi familia hay muchos músicos. Mi abuela era pianista, ella estudió el instrumento con [Alba Herrera] Ogazón y le encantaba tocar. Yo de muy chiquita le daba vuelta a las hojas mientras ella tocaba, iba leyendo la partitura y la disfrutaba con ella. Tocaba cosas maravillosas y las gozábamos. Un tío por parte de mi abuela era Carlos Chávez. Yo estudié música con Otilia, su esposa, y ésta nos dio clase a todos mis primos y hermanos. Yo aprendí a tocar con un teclado mudo. En él recibí toda la técnica. Una vez con estos elementos nos pasaba al piano, al piano acústico, nos daba solfeo y enseñaba a mover los dedos. Después me metí al Conservatorio Nacional junto con mi hermana Citlali, ella estudiaba viola. Mis otros hermanos estudiaron guitarra y oboe respectivamente. En la familia siempre oímos música clásica. La popular estaba vetada, aunque yo la escuchaba a escondidas”.

S.M.: ¿Cómo fuiste de niña, cómo fue la relación con tus padres?

A.R.: “Muy buena, muy amable. Siempre fui rebelde, siempre quise hacer cosas y todas mis emociones y demás iban a parar al piano, las volcaba en él. Mis padres gozaron mucho esta situación, siempre les gustó que tocara”.

S.M.: ¿Tu padre a qué se dedicaba, a qué se dedica?

A.R.: “Mi papá ya murió. Era campesino y fue compositor de boleros, de guarachas, etcétera. Le encantaba hablar sobre su pueblo, sobre el campo, las mujeres, el amor por Jalisco”.

S.M.: ¿Cuáles fueron tus discos favoritos primero como niña y luego como adolescente?

A.R.: “Beethoven me gustaba muchísimo, Dave Brubeck, lo mismo que los Rolling Stones. Los Beatles nunca fueron de mi agrado, no eran algo que me emocionara, como los Doors, por ejemplo. En la casa teníamos que oír otro tipo de cosas, pero en una recámara nos escondíamos todos los hermanos y poníamos el radio para oír a los Doors y cosas así, que eran raras o muy nuevas”.

S.M.: ¿Tienes algún disco entrañable para ti que haya causado cambios en tu vida?

A.R.: “Sí, claro. Los de Ornette Coleman y de Cecil Taylor. A este último lo entendí desde muy joven. La gente me decía: ‘Es un loco que nada más aporrea el piano’. Pero yo realmente siempre lo entendí. Tenía una estructura y un desarrollo. Había un juego y se reía del mundo, gozaba al hacerlo. A mí Cecil Taylor me cambió muchísimo. Sus primeros discos me hicieron decir: ‘¡Guau!, ¿qué es esto?’. Desde entonces he oído mucha música, pero ya no hay un disco que me llame la atención, en el que me haya clavado, ya no”.

S.M.: ¿Cuál es tu definición particular de la palabra jazz?

A.R.: “Es la forma que tienes para platicar sobre ti. Desde cómo te despertaste ese día hasta cuál es tu dolor más grande en el mundo. Es la manera de expresarlo y de decir ‘aquí estoy’”.

 

*Fragmento de la entrevista, publicada originalmente en el blog Con los audífonos puestos, bajo el rubro Ana Ruiz de la Serie Ellazz (.mex), que realicé el día 20 de febrero del 2001. Tras la publicación del libro Tiempo de solos (que edité junto al fotógrafo Fernando Aceves) quería continuar el proyecto de hacer más perfiles de los jazzistas mexicanos, Ana era parte de esa continuación. Sin embargo, los planes cambiaron. Vine a vivir al extranjero y aquello quedó trunco. Desde entonces no había tenido noticias de ella hasta que me encontré con una muy breve referencia online en la revista número 17 del Instituto de Estudios Críticos y de la cual hago referencia a continuación:

“Pianista y compositora mexicana dedicada a la improvisación y el free jazz desde 1973. Ha formado parte de los grupos Jácara, Baile y Mojiganga, Atrás del Cosmos, La cocina, Radnectary La Sociedad Acústica de Capital Variable. Ha compuesto música para películas, coreografías, y documentales. Desde febrero de 2015 comienza, con el auspicio de la Fonoteca Nacional, la recuperación de la música del grupo Atrás del Cosmos para editar varios discos compactos con el interés de dejar una constancia histórica y dar a conocer este grupo al mundo”.

 

Ana Ruiz

Una entrevista de

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2020

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ELLAZZ (.WORLD): ELIANE ELIAS

Por SERGIO MONSALVO C.

ELIANE ELIAS (FOTO 1)

 EL PIANO Y EL FANTASMA

Nadie podría haber firmado ese guión. Mientras el extraordinario músico de jazz Bill Evans moría en Nueva York, a miles de kilómetros, en el otro extremo del continente americano, una niña atípica trataba de transcribir las piezas de este pianista al papel para poder interpretarlo. Ella se llamaba Eliane Elias y desde entonces no dejó de convivir con el fantasma de Bill. En el siglo XXI le comenzó a cantar.

De Evans le apasionó su forma de tocar, la manera de armonizar y de usar la melodía. Ella escribía cada nota en el papel pautado y después se sentaba frente al teclado y acompañaba al pianista del tocadiscos.

Los álbumes (hechos en Nueva York) pertenecían a su madre, quien tocaba el piano clásico pero amaba también el jazz. La niña se crió en tal ambiente. Sus raíces fueron ésas y las de su natal Sao Paulo, Brasil. La combinación le proporcionó la amplitud suficiente para sentirse a gusto en todas ellas.

Estuvo tan dotada física y musicalmente que a los 17 años era la muchacha en el espectáculo de Vinicius de Moraes, al que acompañó hasta su muerte. El espíritu del poeta la tomó bajo su manto.

En tres años estuvo más que posicionada en su país como acompañante de diversos artistas locales, pero en Brasil la música instrumental –su prioridad–  era minoritaria, pocas personas la apreciaban. Comenzó a sentir nostalgia de lo no vivido, del mítico Nueva York, de donde venían los discos que le gustaban.

Decidió cruzar las fronteras: las de Brasil, las de la música regional, las de la comodidad y la autocomplacencia. A los 21 años tomó el avión rumbo a la Urbe de Hierro en busca de sus propios fantasmas.

Así que en Manhattan aterrizó sola aquella joven brasileña, blanca, rubia, para hacerse de un lugar en el mundo del jazz, nocturno y de hombres en su mayoría negros. El valor se lo proporcionó la seguridad en sí misma, en su capacidad musical.

Primero fue el físico, pero su destreza pianística hizo correr la voz de su presencia en aquellos rumbos. Entró a formar parte del grupo Steps Ahead y las revistas musicales especializadas ya jamás dejaron de hablar de ella. Todo ocurrió rápidamente con el debido trabajo, sudor y dedicación.

Tras un cuarto de siglo en la escena, ya se ha labrado un nombre en mayúsculas dentro del jazz, como poseedora de un estilo, como solista y como titular de una larga discografía.

VIDEO SUGERIDO:  Eliane Elias – Waltz For Debby, YouTube (peterw99)

Hoy, con una madurez serena y propositiva, decide no respaldarse con aquel fantasma de Bill Evans sino dialogar con él, hablarle desde lo más íntimo, mostrarle el conocimiento que tiene de él, de la compenetración con su música, con su forma de tocar, con su pensamiento estético.

La experiencia dentro del género le ha clamado incluso por una nueva interpretación, no sólo con el piano, sino también y de manera extraordinaria con el canto.

Aunque Eliane Elias nunca tuvo la intención de dedicarse a cantar, en la actualidad ha desarrollado la voz con el objeto de hablar con Biil Evans en palabras, con el honor y la responsabilidad de grabar las últimas cosas que él escribió y que ya no pudo interpretar debido a su muerte prematura.

ELIANE ELIAS (FOTO 2)

El casamiento de Eliane con el postrer contrabajo del pianista, Marc Johnson, así como el descubrimiento de unos demos de Evans entregados una semana antes de morir y olvidados por ahí por Marc, fueron el detonante de un proyecto único.

En uno de los lados del cassette se oye a Bill ensayando y en el otro habla de las piezas que está escribiendo y las va tocando. Al escucharlas, a Eliane la recorrió un escalofrío de los pies a la cabeza. Se le despertó el recuerdo y las emociones de cuando niña.

Así que se puso a trabajar en seguida en la transcripción de la cinta. Al acabar la primera pieza empezó a tocarla con él y se le salieron las lágrimas. Después de 30 años en la música no pensó que volvería a sentir aquello.

En el disco homenaje hay clásicos como “But not for me” o “”My Foolish Heart”, así como composiciones como “Waltz for Debby”. Obras que van desde los inicios de Evans hasta lo último que compuso.

Y esto fue una pieza a la que Eliane tituló “Something for you” y para la cual escribió la letra. También da nombre al excepcional disco. Un día empezó a canturrearla mientras cocinaba, corrió al piano y comenzó a fluir la letra con una combinación de los títulos que él hizo famosos.

Eliane decidió entonces hacer un álbum de canciones, sin grandes improvisaciones, pasando de una canción a otra para poder contar una historia más completa.

Evans era una persona muy reservada, un hombre muy introvertido. Su música pese a instantes de alegría y de comunicar ese estado de ánimo, tenía muchos momentos de introspección. En el lado personal no era feliz, a causa de su dependencia descontrolada de las drogas, que finalmente lo mataron.

Bill Evans cambió la historia del piano, lo llevó al jazz con una función mucho más orquestal que la que tenía con los músicos de bebop. Amaba la armonía europea, la de Ravel y Debussy.

Le gustaban los impresionistas y los románticos como Chopin; aquel refinamiento armónico europeo mezclado con los ritmos del jazz. Él creó una escuela de armonía. Y no sólo eso, también le sacaba al instrumento un sonido hermoso.

Evans hizo al trío (piano, bajo, batería) la gran estrella del formato jazzístico. Una hermosa forma de expresión. Él fue quien la comenzó. Y Eliane ha seguido con su homenaje esa línea, se hace acompañar de Marc Johnson y de Joey Baron, respectivamente.

En el trío de Bill Evans existió siempre la comunicación entre los instrumentos, hizo de ello un arte virtuoso. Eliane Elias continúa la tradición con un disco mágico y evocador.

 

VIDEO SUGERIDO: Here’s Something for You – Eliane Elias – subtitled (HQ AUDIO / HD), YouTube (joesamplez)

ELIANE ELIAS (FOTO 3)

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BABEL XXI – 518

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-518 (FOTO)

 DIANA KRALL

AMAR MIENTRAS SE CANTA

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/518-diana-krall-amar-mientras-se-canta/

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LIBROS: ANA RUIZ

Por SERGIO MONSALVO C.

Ana Ruiz (Portada 2)

 SUEÑOS EN TRANSICIÓN*

(ENTREVISTA)

El jazz (en su forma más free) es aquello que permanece de un sueño en la vigilia. Es una reverberación mental completamente afectiva que se anida en la memoria. Si no, ¿cómo explicar que podamos captar, de manera precisa, el eco de una música de la cual no se escribe ni una sola nota, ni se pinte su color?

Es un desdoblamiento poético que se fija en el espíritu como un goce fugaz de recuerdo imperecedero. Algunos mortales son capaces de recrearse en ello. Uno de éstos lleva por nombre Ana Ruiz. Es una pianista, pionera del género en un país reacio, que nació en la Ciudad de México el 2 de agosto de 1952.

Ella sabe que sólo equivale a la intimidad de un pianista la voluntad de comunicación. Una paradoja. Una sublime paradoja. Más aún cuando los aplausos estallan a causa del silencio tras su música. Los polvos mágicos que se disuelven en el fondo de un licor divino.

Ella sabe que su sueño jazzístico es forma pura y virgen, al que va levantándole sus arquitecturas sobre tinieblas frescas y significativas de las que surgirá flora y a veces lienzos alegóricos. Como el personaje de la Cantante Calva de Ionesco, que siempre se apresura a recomenzar.

Ana alguna vez fue calva. Por lo tanto comprende que el más hermoso de los ejercicios físicos y espirituales es la peregrinación por esas formas territoriales de circulación personal, secreta, de virginidad en los signos.

El viaje con todos los sentidos despiertos, con el cuerpo aligerado por la marcha: estado en el que todos los dispositivos de la intuición funcionan. La tarea es dejarlos despertar, flotar, emerger de sí misma, como un desprendimiento astral.

Ella sabe que tales formas se convierten en manos sobre las teclas, con intenciones conmovedoras, ardientes, frágiles o fuertes. En libertad plena. Y lo sabe por sus ojos obsesivos, brillantes órganos de la adivinación.

La posibilidad de vidas múltiples y simultáneas, en notas diversas, como mundos en metamorfosis. Modalidades rítmicas, armónicas, melódicas. Cada una como objeto único que busca cabalgar en la imaginación. Pasa de uno a otro paisaje. El éxtasis está en la forma que los reúne: el free.

Todo cede ante su facultad de verse, de ver esas manos, de pasar de una vida a otra, de no consumirse en una sola. Ella lo sabe.

S.M.: Ana, ¿cómo se dio en tu caso el aprendizaje de la música?

A.R.: “En mi familia hay muchos músicos. Mi abuela era pianista, ella estudió el instrumento con [Alba Herrera] Ogazón y le encantaba tocar. Yo de muy chiquita le daba vuelta a las hojas mientras ella tocaba, iba leyendo la partitura y la disfrutaba con ella. Tocaba cosas maravillosas y las gozábamos. Un tío por parte de mi abuela era Carlos Chávez. Yo estudié música con Otilia, su esposa, y ésta nos dio clase a todos mis primos y hermanos. Yo aprendí a tocar con un teclado mudo. En él recibí toda la técnica. Una vez con estos elementos nos pasaba al piano, al piano acústico, nos daba solfeo y enseñaba a mover los dedos. Después me metí al Conservatorio Nacional junto con mi hermana Citlali, ella estudiaba viola. Mis otros hermanos estudiaron guitarra y oboe respectivamente. En la familia siempre oímos música clásica. La popular estaba vetada, aunque yo la escuchaba a escondidas”.

S.M.: ¿Cómo fuiste de niña, cómo fue la relación con tus padres?

A.R.: “Muy buena, muy amable. Siempre fui rebelde, siempre quise hacer cosas y todas mis emociones y demás iban a parar al piano, las volcaba en él. Mis padres gozaron mucho esta situación, siempre les gustó que tocara”.

S.M.: ¿Tu padre a qué se dedicaba, a qué se dedica?

A.R.: “Mi papá ya murió. Era campesino y fue compositor de boleros, de guarachas, etcétera. Le encantaba hablar sobre su pueblo, sobre el campo, las mujeres, el amor por Jalisco”.

S.M.: ¿Cuáles fueron tus discos favoritos primero como niña y luego como adolescente?

A.R.: “Beethoven me gustaba muchísimo, Dave Brubeck, lo mismo que los Rolling Stones. Los Beatles nunca fueron de mi agrado, no eran algo que me emocionara, como los Doors, por ejemplo. En la casa teníamos que oír otro tipo de cosas, pero en una recámara nos escondíamos todos los hermanos y poníamos el radio para oír a los Doors y cosas así, que eran raras o muy nuevas”.

S.M.: ¿Tienes algún disco entrañable para ti que haya causado cambios en tu vida?

A.R.: “Sí, claro. Los de Ornette Coleman y de Cecil Taylor. A este último lo entendí desde muy joven. La gente me decía: ‘Es un loco que nada más aporrea el piano’. Pero yo realmente siempre lo entendí. Tenía una estructura y un desarrollo. Había un juego y se reía del mundo, gozaba al hacerlo. A mí Cecil Taylor me cambió muchísimo. Sus primeros discos me hicieron decir: ‘¡Guau!, ¿qué es esto?’. Desde entonces he oído mucha música, pero ya no hay un disco que me llame la atención, en el que me haya clavado, ya no”.

S.M.: ¿Cuál es tu definición particular de la palabra jazz?

A.R.: “Es la forma que tienes para platicar sobre ti. Desde cómo te despertaste ese día hasta cuál es tu dolor más grande en el mundo. Es la manera de expresarlo y de decir ‘aquí estoy’”.

 *Fragmento de la entrevista, publicada originalmente en el blog Con los audífonos puestos, bajo el rubro Ana Ruiz de la Serie Ellazz (.mex), que realicé el día 20 de febrero del 2001. Tras la publicación del libro Tiempo de solos (que edité junto al fotógrafo Fernando Aceves) quería continuar el proyecto de hacer más perfiles de los jazzistas mexicanos, Ana era parte de esa continuación. Sin embargo, los planes cambiaron. Vine a vivir al extranjero y aquello quedó trunco. Desde entonces no había tenido noticias de ella hasta que me encontré con una muy breve referencia on line en la revista número 17 del Instituto de Estudios Críticos y de la cual hago referencia a continuación:

“Pianista y compositora mexicana dedicada a la improvisación y el free jazz desde 1973. Ha formado parte de los grupos Jácara, Baile y Mojiganga, Atrás del Cosmos, La cocina, Radnectary La Sociedad Acústica de Capital Variable. Ha compuesto música para películas, coreografías, y documentales. Desde febrero de 2015 comienza, con el auspicio de la Fonoteca Nacional, la recuperación de la música del grupo Atrás del Cosmos para editar varios discos compactos con el interés de dejar una constancia histórica y dar a conocer este grupo al mundo”.

 

Ana Ruiz

Una entrevista de

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”/18

The Netherlands, 2020

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ELLAZZ (.WORLD) – AZIZA MUSTAFA ZADEH

Por SERGIO MONSALVO C.

AZIZA (FOTO 1)

HERENCIA DE DIOSES

Aziza Mustafa Zadeh es una pianista y cantante que nació en 1969 y se formó con la música clásica. Creció en la ex república soviética de Azerbaiján y es hija de Vagif Mustafa Zadeh, compositor y pianista de jazz al que ella dedica muchas de sus obras, y de Eliza Mustafa Zadeh, una cantante, quien actualmente funge como su mánager.

Desde su firma con la compañía Sony, la pianista radica en Frankfurt, Alemania, donde disfruta de una enorme popularidad. Ha vendido cientos de miles de copias de sus discos, cantidades que resultan astronómicas para un material jazzístico.

Su música suele clasificarse como jazz, aunque consiste en una mezcla de jazz, piano clásico y la música folclórica de su tierra natal. Canta en muchas de sus composiciones, casi siempre en su lengua materna, aunque no debe preocupar al escucha no entender el idioma, porque de hecho Aziza utiliza mucho scat.

Habla Aziza:

“Mi música busca cubrir todos los tempos; mis ritmos —en piano y congas– a su vez, abarcan desde el 4/4 más simple hasta los tesoros musicales más complejos de mi patria.

“No me gusta aflojar ni por un instante en la captación del escucha, ni permito que las brumas de lo misterioso se despejen mientras estoy tocando. Los públicos me han aceptado así y dado oportunidad de presentarme en las grandes salas de Europa, como la Queen Elizabeth Hall de Londres, por ejemplo.

“Provengo de una familia con talentos musicales. Mi madre, quien me acompaña a todas partes, era una cantante de folclor antes de renunciar a eso para trabajar de mánager conmigo.

“A mi padre se le conoció como el artífice del jazz de Azerbaiján. La sola mención de su nombre en esa región basta para que se exclame: “Era un genio. Un verdadero genio”. Incluso hay anécdotas al respecto. Cuando B.B. King fue a tocar a mi país, compartió el escenario con mi padre. El guitarrista lo escuchó tocar el blues en el piano y al finalizar el concierto le dijo: “La gente me llama el rey del blues, pero si supiera tocar el piano como usted, me haría llamar Dios”.

“Mi padre fue compositor y pianista. Murió a los 39 años de edad. Mi madre, por su parte, estudió canto clásico. Empecé a tocar el piano de niña, al principio sólo con la mano izquierda. Por eso mis piezas tienen un bajo muy pesado. De esa manera yo acompañaba a mi padre cuando él tocaba standards.

“En Azerbaiján siempre hubo una escena jazzística muy viva, aunque no lo pareciera, y por eso tuve la oportunidad de involucrarme con diferentes estilos. Eso sí, a los bajistas siempre les ha resultado difícil trabajar conmigo, han tenido que reproducir con precisión mis líneas bajas, todo un problema para ellos. De cualquier manera estoy segura de que nunca voy a cambiar mi forma de tocar.

“La música que interpreto es una mezcla original con elementos clásicos (en mis improvisaciones aparecen trozos de Bach, de Beethoven y Ravel), del mugam (música folclórica azerbaijana) y del jazz. Los resultados de dicha fusión se pueden corroborar desde mi primer álbum, donde toco el piano solo.

“Le hice la vida muy difícil a mis padres desde que comencé a tocar el instrumento. Cuando debía interpretar algo de Bach, por ejemplo, siempre lo modificaba. Me ponía a improvisar en el estilo del compositor, convirtiéndome en Aziza Bach Zadeh. Y así con todos los demás. Nunca me atuve a las partituras.

“En realidad nunca tuve que estudiar arduamente. Pude tocar con mucha facilidad desde el principio. Fui escogida por el Señor. Mi música es como un arco iris que busca el beneplácito de quien lo observa. Al tocar lo único que quiero es hacer feliz a la gente y siempre trabajo en ello. Quiero que mi mensaje se comprenda en todos lados.

AZIZA (FOTO 2)

“Mi vida se desarrolla tal como se tiene que desarrollar, ni más ni menos. Yo lo único que hago es seguir sus los designios.

“Debo admitir que mi concepto musical muestra muchas coincidencias con Keith Jarrett: ambos interpretamos una música improvisada de tipo romántico con influencias clásicas que no son ajenas al pathos, y ambos, además, siento que somos instrumentos de lo divino. Mi música viene de Dios. Él lo tiene todo pensado y yo sólo toco las teclas en su nombre.

“Estoy segura de que recibo sus instrucciones porque me mantengo en contacto con poderes superiores. Gracias a ellos también puedo leer la mente y el alma de las personas. Nada permanece oculto ante mí. Leer los pensamientos es un don que a veces me da miedo porque veo muchas cosas negativas. Veo lo que las personas sienten en realidad, aunque no lo quiera saber. El aspecto físico de la mayoría de la gente sólo es una fachada detrás de la cual ocultan su alma sombría. He visto y experimentado mucho en este sentido. Es un don muy desgastante.

“En compañía de otros músicos busco tocar de manera bella y hacerle justicia a mis inclinaciones románticas. En los pasajes lentos es cuando más creo asemejarme a Jarrett, aunque afortunadamente no me extiendo de igual manera. Mis temas suelen durar entre cinco y seis minutos, nada más.

“Tal vez la confianza que me inculcó mi padre condujo a la grabación de los discos que he hecho y en donde me he reunido con los grandes intérpretes de Europa, de la India y de los Estados Unidos para tocar mis composiciones: Ludwig Jantzer (batería) y Ramesh Shotam (en diversas percusiones indias); Omar Hakim, Stanley Clarke, Al DiMeola, Bill Evans, Kai Eckhardt, el baterista Dave Weckl y el bajista John Patitucci. Un asombroso acompañamiento de músicos para los cuatro álbumes de una pianista de apenas 30 años de edad.

“La gente de la compañía Sony Music me escuchó en un concierto y a raíz de eso me contrataron para grabar mi primer disco. Me siento muy a gusto en esa disquera. Me han tratado como a una hija, y los músicos con los que he tenido que trabajar han resultado seres humanos muy bellos”.

Si bien es cierto que Aziza extrae elementos de su patrimonio azerbaijano, también ha sabido rodearse de excelentes músicos de fusión y pedido prestados atributos de la música clásica.

Es un reconocimiento a su habilidad como músico el que sea capaz de mantenerse al tanto de tal cantidad de hilos sin perder nunca la claridad de los propósitos que impulsan sus composiciones.

Muchos de los tracks de sus álbumes son poseedores de una gran intensidad y fuerza de ejecución. Utiliza una voz tan perturbadora como intensa, que alterna entre el scat y el azerbaijaní, una mezcla hechizante.

A través de su música se observa que es una soñadora que viaja a sitios lejanos de su lugar de origen sólo para descubrir que algunas cosas son universales.

Aziza Mustafa Zadeh a grandes pasos se ha erigido como una reina sin corona del piano oriental en la actualidad. Ella es capaz de quitarle el aliento al más remolón escucha, primero por su sensual e impactante imagen y enseguida con su arriesgado recorrido por los límites entre el jazz, la música del mundo y la música clásica. Las notas superfluas son algo inexistente en su obra. Y para corroborarlo está su significativa discografía.

VIDEO SUGERIDO: Aziza Mustafa Zadeh – My Funny Valentine (HQ), YouTube (thepianoplayer)

AZIZA (FOTO 3)

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