LIBROS: JAZZ (OBRA PUBLICADA)

Por SERGIO MONSALVO C.

LIBROS - JAZZ (PORTADA)

 Melancólica e introspectiva o alegre y danzarina, la palabra Jazz se inspira no sólo en un ideal abstracto, sino en el mismísimo sonido de la voz humana. Con su realidad doliente, relajada o festiva, con su ritmo y sensualidad propias. Así, el latido y la vivencia le dan a esa voz otra posibilidad de difundir su mensaje. “La libertad es ese lugar donde puedes amar y decir lo que se te antoja, donde no necesitas permiso para desear”. Alguien improvisa y el sonido se alarga interminable. Alguien improvisa y desata cantos sucesivos y mezclados con otros terrenos, con otros semejantes, sin distancia. Alguien improvisa mientras el instante reclama dicha libertad, y su fugacidad extiende cada momento…

 

(OBRA PUBLICADA)

 

ANA RUIZ (PORTADA)

ANA RUIZ

 

 

Ave del paraíso (portada)

AVE DEL PARAÍSO

 

 

BALADAS VOL. 1

BALADAS VOL. I

 

 

BALADAS VOL. 2

BALADAS VOL. II

 

 

BALADAS VOL. III (PORTADA)

BALADAS VOL. III

 

 

BILLIE (PORTADA)

BILLIE

 

 

BLUE MONK

BLUE MONK

 

 

CINE Y JAZZ

CINE Y JAZZ

 

 

ELLAZZ (.MX) PORTADA

ELLAZZ (.MEX)

 

 

ELLAZZ (.WORLD) VOL. I (PORTADA)

ELLAZZ (.WORLD) I

 

 

ELLAZZ (.WORLD) VOL. II (PORTADA)

ELLAZZ (.WORLD) II

 

 

ELLAZZ (.WORLD) VOL. III (PORTADA)

ELLAZZ (.WORLD) III

 

 

Imágenes sincopadas

IMÁGENES SINCOPADAS

 

 

IRAIDA NORIEGA (PORTADA)

IRAIDA NORIEGA

 

 

JAZZ Y CONFINES POR VENIR (PORTADA)

JAZZ Y CONFINES POR VENIR

 

 

John Coltrane PORTADA

JOHN COLTRANE

(EL SONIDO QUE VIENE DE LO ALTO)

 

 

JOHN ZORN (PORTADA)

JOHN ZORN

 

 

MARIO RUIZ ARMENGOL (PORTADA)

MARIO RUIZ ARMENGOL

 

 

Miles Ahead

MILES AHEAD

 

 

MILI BERMEJO (PORTADA)

MILI BERMEJO

 

 

OLIVIA REVUELTAS (PORTADA)

OLIVIA REVUELTAS

 

 

PLEGARIA AL SAX (PORTADA)

PLEGARIA AL SAX

 

 

POR AMOR AL SAX

POR AMOR AL SAX

 

 

TIEMPO DE SOLOS

TIEMPO DE SOLOS

 

SOLO JAZZ (FOTO 5)

SÓLO JAZZ

(REVISTA)

 

 

CLAZZ (FOTO 1)

CLAZZ

(REVISTA)

 

 

 

 

 

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LIBROS: ELLAZZ (.MEX)

Por SERGIO MONSALVO C.

ELLAZZ (.MX) PORTADA 2

 LAS MEXICANAS*

 A pesar de todas las restricciones que impidieron por mucho tiempo el acceso mayoritario de las mujeres a la escena jazzística mexicana, el amante de esta música puede encontrar una lista sobresaliente de féminas que han participado en el jazz desde la última parte del siglo pasado. Actualmente, ellas interpretan el jazz, lo graban, dirigen a grupos, componen, hacen arreglos musicales, producen álbumes, administran grupos y presentan conciertos, es decir, están involucradas en todo el proceso creativo.

Ejecutantes y compositoras. Aparecieron desde la segunda parte del siglo XX, pero, ¿quiénes son esas mujeres a las que desde entonces se reconoce dentro de la escena?

El jazz con ellas como protagonistas ha estado en el corazón de nuestro tiempo, en una realidad entonada con la voz o el piano primordialmente. Es el estallido de artistas apasionadas que han derramado su energía en tales instrumentos buscando la expresión conmovedora en la improvisación.

Uno escucha sus discos no tanto para saber cómo argumentan, sino para disfrutar con su transcurso en la construcción del argumento. Esta es una manera de defender un género, desde su esencia, que en general debe enfrentarse al anodino gusto mayoritario por otras músicas más conservadoras. Y buscar en él diversos ángulos en el panorama creativo. Es decir, las mujeres tienen en el jazz el mismo problema que los hombres en México: la necesidad de un público.

¿Quiénes son esas mujeres? Seres tratando de expresar sus emociones y sentimientos. Si hay algo que las haya caracterizado en él es su pronunciado individualismo, su dedicación y su deseo de que se les trate como lo que son: músicos profesionales. Las representantes contemporáneas siguen pidiendo que simplemente se les escuche.

La incertidumbre del fin de siglo y comienzos del nuevo, parece afectarlo todo. El jazz, por supuesto, no se abstrae de ello. En este periodo han cambiado radicalmente las condiciones económicas, sociales y hasta ambientales del mundo. Las artísticas también, por supuesto. Ante la dispersión de los elementos y la mediatización de los gustos, se impone un cambio en la forma de entender al jazz, con la mente abierta a los nuevos sonidos. Ellazz (.mx) es un libro que reúne sus palabras, conceptos sobre el género, sus iniciaciones, su devenir, sus historias, y con él he buscado participar en la divulgación de dichos conceptos.

 

 

*Ésta es parte de la introducción al libro Ellazz (.mx), de la Editorial Doble A, y cuyo contenido seriado he publicado periódicamente en este blog: Con los audífonos puestos, bajo tal categoría.

 

 

 

 

 

 

Ellazz (.mx)

Entrevistas de

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Neherlands, 2018

 

 

CONTENIDO:

Sandra Arán

Mili Bermejo

Patricia Carrión

Géraldine Célérier

Magos Herrera

Verónica Ituarte

Laura Koestinger

Elizabeth Meza

Iraida Noriega

Yekina Pavón

Olivia Revueltas

Ana Ruiz

 

 

 

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ELLAZZ (.WORLD): NINA SIMONE

Por SERGIO MONSALVO C.

NINA SIMONE (FOTO 1)

 EL CANTO Y LA DESESPERANZA

 Nina Simone nació con el nombre de Eunice Waymon el 21 de febrero de 1933 en Tryon, Carolina del Norte. Como talentosa pianista y cantante de soul y jazz la carrera de Simone abarcó cuatro décadas. La intensidad política y el alcance genérico de su trabajo le dieron más popularidad en Europa que en los Estados Unidos, por obvias razones.

Simone creció dentro de la tradición del gospel y estudió música en la Juilliard School de Nueva York. Dio clases de piano antes de hacer sus primeras grabaciones. Entre ellas figuró una intensa versión de “I Loves You Porgy” (1959), de la obra Porgy and Bess de George Gershwin, la cual entró a las listas de popularidad.

Habla Nina:

“Algunas mañanas antes de levantarme solía entretenerme con el control remoto de la televisión, cambiando constantemente de canal. Ésta es quizá la única marea de ver realmente la televisión. Vi cosas interesantes. Chicas rubias, morenas y pelirrojas que se ponían shampoo sonriendo sin descanso; con los dientes brillantes como el cromado de las defensas de los coches; los pechos firmes, firmemente envueltos, erguidos con impertinencia para siempre; la grasa de los cuarenta vencida en forma definitiva; ojos sensuales y misteriosos como un bombón relleno; labios de celofán, medias frustradas en su intento subversivo por caerse, torcerse, engancharse, romperse.

“Vi también manos protegidas contra la decrepitud por cremas increíblemente suaves, uñas cubiertas con esmaltes maravillosos y satinados que impiden que se rompan. Dientes que no se caerán nunca gracias a indiscutibles fórmulas químicas. Productos que eliminan por 24 horas al día los olores más inconcebibles del cuerpo, en cualquier circunstancia y para siempre jamás. Huesos sólidos de niños producto del genio precavido de grandes fábricas de alimentos. Coches que hacen que uno se sienta alguien, con puertas que jamás se cerrarán sobre dedos y uñas tan preciosos.

“Vi todo esto y mucho, mucho más, subrayado por el rugido de grandes automóviles que persiguen a los malos y por ráfagas de metralleta que los van segando; por el crescendo de la música en el momento en que el más malo se decide a decirlo todo; por la sonrisa conmovedora del ama de casa que acaba de ganar una fortuna en regalos y dinero gracias a un concurso de lavar platos. Además de noticias que caen en este mar perfecto como piedras inoportunas. Como debe de ser.

“Todos los estadounidenses hemos oído contar cuán lamentable fue que la roca de Plymouth se derrumbara sobre las propiedades de los Padres Peregrinos y no sobre los indios. Este comentario no me ha parecido nunca gracioso. Me parece inútil y vengativo, y encierra además una verdad muy amarga. La inercia histórica de aquella roca significó la muerte de los aborígenes, la esclavitud para los negros, el desastre espiritual para los europeos sin hogar que ahora se llaman americanos y que no han podido jamás con el continente del que huyeron ni con el continente que conquistaron.

“Prescindiendo –como casi siempre creemos que podemos prescindir— de aquella gente a la que clasificamos delicadamente como minorías, ¿quién hubiera cruzado el temible Océano Atlántico para llegar a este lugar desolado, de no existir una apremiante coacción, coacción que no se distingue de la desesperación?

“Sé que el mito nos habla de héroes que vinieron en busca de la libertad, del mismo modo que el mito nos dice que los Estados Unidos están llenos de gente sonriente, como en los comerciales de la televisión. Bien, los héroes van siempre, por definición, en busca de la libertad, y sin duda llegaron algunos héroes aquí, pero uno se pregunta cómo se las arreglaron; y aunque pocas veces veo aquí a alguien que sonría, estoy dispuesta a creer que son muchos los que lo hacen, pero sólo Dios sabe por qué.

Nina Simone, late 1960s

“Lo cierto del caso es que el país fue colonizado por una horda desesperada, dividida y rapaz, decidida a olvidar su pasado. Desde luego no hemos cambiado en ese aspecto, y así lo prueban nuestros rostros, nuestros niños, nuestra absoluta e indecible soledad y la espectacular fealdad y hostilidad de nuestras ciudades.

“Nuestras ciudades están terriblemente faltas de amor, del amor de la gente que vive en ellas, quiero decir. Nadie parece sentir que la ciudad le pertenece. Quizá sea esta desesperación la que deberíamos intentar analizar si queremos atraer agua a este desierto.

“Es propio de la naturaleza del mito que aquellos que son sus víctimas y a la vez sus creadores deban ser, precisamente, en virtud de estos dos hechos, considerados incapaces de examinarlo e incluso de sospechar, y mucho menos de reconocer, que es un mito el que controla y deshace sus vidas. Una lo ve, me parece a mí, con un enorme y triste alivio.

“El blanco pobre fue esclavizado casi desde el instante mismo en que llegó a las tierras americanas y sigue esclavizado todavía por una oligarquía brutal y cínica. La utilidad del blanco pobre fue hacer la esclavitud provechosa y segura y, en consecuencia, el germen de la supremacía blanca que trajo consigo de Europa floreció odiosamente en el aire americano.

“Dos guerras mundiales y una depresión universal no consiguieron demostrar a este desgraciado que tiene mucho más en común con el antiguo esclavo, al que teme, que con los amos que oprimen a los dos en su propio provecho. Considero que esta es la situación de los Estados Unidos en relieve, la raíz de nuestra pena no confesada, la clave misma de nuestra crisis. Por eso canto.

“Ha sido siempre mucho más fácil (porque siempre ha parecido menos arriesgado) dar un nombre al mal exterior que localizar el terror interno. Y sin embargo, este terror interno es mucho más verdadero y mucho más poderoso que cualquiera de nuestras etiquetas: las etiquetas cambian, el terror es constante. Y este terror tiene que ver con el abismo insalvable que separa el yo que nos inventan en la televisión, por ejemplo, y el yo indescubrible, que siempre tiene el poder de hacer añicos al otro con la realidad.

“Es perfectamente posible irse a la cama una noche, despertarse una mañana, o sencillamente cruzar el umbral de una puerta que se conoce de toda la vida, y descubrir, en el tiempo de un suspiro, que aquel yo tejido con tanto esfuerzo no es más que harapos, una ilusión que se ha esfumado. ¿Entonces con qué materia prima vamos a construir otro yo? La vida de los hombres –y por consiguiente de las naciones— depende hasta un punto inimaginable de la intensidad con que esta cuestión esté viva en la mente. Por eso canto.

“Cuando salgo de mi casa sin rumbo alguno y observo los rostros que pasan a mi lado, me pregunto de dónde vienen. ¿Cómo han llegado a ser estos rostros tan crueles y tan estériles? ¿Con quién se relacionan? ¿Con qué? No cabe duda de que no se relacionan con los edificios, ningún ser humano podría hacerlo: sospecho que muchos vivimos con el terror cuidadosamente reprimido de que uno de estos edificios se derrumbe un día sobre nosotros; el movimiento de la gente por las calles se parece mucho al pánico. Por eso canto.

“Por cantar entiendo que de ganas de hacerlo, porque sí. No me refiero a los maullidos borrachos y solitarios de las cuatro de la mañana, que son sólo el gemido de una pobre alma que intenta vomitar su angustia y se atraganta con ella. Donde la gente puede cantar, el poeta puede vivir, y vale también decirlo al revés; donde el poeta puede cantar, la gente puede vivir.

“Cuando una civilización trata a sus poetas con el desprecio con el que tratamos a los nuestros no puede estar lejos del desastre. Todo el mundo corre, Dios sabe adónde, y todo mundo está buscando Dios sabe qué, pero es evidente que nadie es feliz y que algo se ha perdido. Por eso canto”.

 

A fines de los años sesenta, Simone se convirtió en una poeta laureada del movimiento en favor de los derechos civiles. Grabó para la RCA una serie de canciones elocuentes y duras, incluyendo una musicalización del poema “Backlash Blues” de Langston Hughes y de “Mississippi Goddam” de Bob Dylan.

Simone también grabó versiones muy personales de melodías pop y tomadas del espectáculo de actualidad y logrando grandes éxitos.

La actitud militante de Simone condujo a su aislamiento del espectáculo en los Estados Unidos. De ahí en adelante su carrera se vio obstaculizada por una reputación controversial.

En realidad el estilo de Nina Simone no fue convencional. No se trató de que su voz no poseyera belleza, sino era diferente por la forma en que a menudo pasaba por alto el significado de las palabras, en beneficio de lo no verbal. No obstante, ni siquiera un escéptico sería capaz de negar la habilidad artística, imaginación rítmica y ese filo de coraje que hizo sonar a cada canción de amor como una amenaza.

Nina Simone falleció el 21 de abril 2003 a los 70 años de edad.

 

VIDEO SUGERIDO: Nina Simone Live At Montreux 1976 – Blacklash Blues, YouTube (bernardobarcellos)

NINA SIMONE (FOTO 3)

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LIBROS: ELLAZZ (.WORLD) VOL. III

Por SERGIO MONSALVO C.

ELLAZZ (.WORLD) VOL. III (PORTADA)

 LA MUJER EN EL JAZZ*

 Durante muchos años, las cualidades necesarias para adentrarse en el mundo del jazz se consideraron prerrogativas netamente masculinas. Entre ellas estaba una agresiva confianza en sí mismo, con la disposición a lucir e imponer la capacidad y potencia de interpretación en el escenario. Otra era la concentración exclusiva en la profesión, incluyendo ausencias frecuentes de casa y el derivado abandono de la familia.

A lo ya mencionado se agregaba la capacidad de moverse en ambientes difíciles y peligrosos, como lo eran los clubes nocturnos, infestados de vicios y administrados muchas veces por gángsters. Con frecuencia a las circunstancias mencionadas se sumaba la posibilidad de beber vastas cantidades de alcohol, ingerir drogas duras o las dos cosas juntas, según el caso, sin dejar de tocar de manera coherente hasta el amanecer del siguiente día.

En el pasado, una mujer decidida a formar parte de la comunidad de músicos y a no dejarse intimidar por dicho ambiente duro e impregnado de humo, en el que los compañeros de trabajo solían ser puros hombres, con frecuencia tenía que pagar el precio de su osadía, con costos tendentes a ponerla en su lugar, tales como la pérdida de su respetabilidad, la cual encabezaba la lista, además de la desaprobación social y familiar, y a veces ser relegada al ostracismo.

 

*Fragmento de la introducción al libro Ellazz (.World) Vol. III, publicado por la Editorial Doble A, y de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos, bajo ese rubro.

 

ELLAZZ (.WORLD) VOL. III (FOTO 2)

 

Ellazz (.World) Vol. III

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2021

Contenido

Cassandra Wilson

Doris Day

Lena Horne

Melody Gardot

Mindi Abair

Mosaic Project

Natalie Cole

Sabina Hank

Viktoria Mullova

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ELLAZZ (.WORLD): ELIANE ELIAS

Por SERGIO MONSALVO C.

ELIANE ELIAS (FOTO 1)

 EL PIANO Y EL FANTASMA

Nadie podría haber firmado ese guión. Mientras el extraordinario músico de jazz Bill Evans moría en Nueva York, a miles de kilómetros, en el otro extremo del continente americano, una niña atípica trataba de transcribir las piezas de este pianista al papel para poder interpretarlo. Ella se llamaba Eliane Elias y desde entonces no dejó de convivir con el fantasma de Bill. En el siglo XXI le comenzó a cantar.

De Evans le apasionó su forma de tocar, la manera de armonizar y de usar la melodía. Ella escribía cada nota en el papel pautado y después se sentaba frente al teclado y acompañaba al pianista del tocadiscos.

Los álbumes (hechos en Nueva York) pertenecían a su madre, quien tocaba el piano clásico pero amaba también el jazz. La niña se crió en tal ambiente. Sus raíces fueron ésas y las de su natal Sao Paulo, Brasil. La combinación le proporcionó la amplitud suficiente para sentirse a gusto en todas ellas.

Estuvo tan dotada física y musicalmente que a los 17 años era la muchacha en el espectáculo de Vinicius de Moraes, al que acompañó hasta su muerte. El espíritu del poeta la tomó bajo su manto.

En tres años estuvo más que posicionada en su país como acompañante de diversos artistas locales, pero en Brasil la música instrumental –su prioridad–  era minoritaria, pocas personas la apreciaban. Comenzó a sentir nostalgia de lo no vivido, del mítico Nueva York, de donde venían los discos que le gustaban.

Decidió cruzar las fronteras: las de Brasil, las de la música regional, las de la comodidad y la autocomplacencia. A los 21 años tomó el avión rumbo a la Urbe de Hierro en busca de sus propios fantasmas.

Así que en Manhattan aterrizó sola aquella joven brasileña, blanca, rubia, para hacerse de un lugar en el mundo del jazz, nocturno y de hombres en su mayoría negros. El valor se lo proporcionó la seguridad en sí misma, en su capacidad musical.

Primero fue el físico, pero su destreza pianística hizo correr la voz de su presencia en aquellos rumbos. Entró a formar parte del grupo Steps Ahead y las revistas musicales especializadas ya jamás dejaron de hablar de ella. Todo ocurrió rápidamente con el debido trabajo, sudor y dedicación.

Tras un cuarto de siglo en la escena, ya se ha labrado un nombre en mayúsculas dentro del jazz, como poseedora de un estilo, como solista y como titular de una larga discografía.

VIDEO SUGERIDO:  Eliane Elias – Waltz For Debby, YouTube (peterw99)

Hoy, con una madurez serena y propositiva, decide no respaldarse con aquel fantasma de Bill Evans sino dialogar con él, hablarle desde lo más íntimo, mostrarle el conocimiento que tiene de él, de la compenetración con su música, con su forma de tocar, con su pensamiento estético.

La experiencia dentro del género le ha clamado incluso por una nueva interpretación, no sólo con el piano, sino también y de manera extraordinaria con el canto.

Aunque Eliane Elias nunca tuvo la intención de dedicarse a cantar, en la actualidad ha desarrollado la voz con el objeto de hablar con Biil Evans en palabras, con el honor y la responsabilidad de grabar las últimas cosas que él escribió y que ya no pudo interpretar debido a su muerte prematura.

ELIANE ELIAS (FOTO 2)

El casamiento de Eliane con el postrer contrabajo del pianista, Marc Johnson, así como el descubrimiento de unos demos de Evans entregados una semana antes de morir y olvidados por ahí por Marc, fueron el detonante de un proyecto único.

En uno de los lados del cassette se oye a Bill ensayando y en el otro habla de las piezas que está escribiendo y las va tocando. Al escucharlas, a Eliane la recorrió un escalofrío de los pies a la cabeza. Se le despertó el recuerdo y las emociones de cuando niña.

Así que se puso a trabajar en seguida en la transcripción de la cinta. Al acabar la primera pieza empezó a tocarla con él y se le salieron las lágrimas. Después de 30 años en la música no pensó que volvería a sentir aquello.

En el disco homenaje hay clásicos como “But not for me” o “”My Foolish Heart”, así como composiciones como “Waltz for Debby”. Obras que van desde los inicios de Evans hasta lo último que compuso.

Y esto fue una pieza a la que Eliane tituló “Something for you” y para la cual escribió la letra. También da nombre al excepcional disco. Un día empezó a canturrearla mientras cocinaba, corrió al piano y comenzó a fluir la letra con una combinación de los títulos que él hizo famosos.

Eliane decidió entonces hacer un álbum de canciones, sin grandes improvisaciones, pasando de una canción a otra para poder contar una historia más completa.

Evans era una persona muy reservada, un hombre muy introvertido. Su música pese a instantes de alegría y de comunicar ese estado de ánimo, tenía muchos momentos de introspección. En el lado personal no era feliz, a causa de su dependencia descontrolada de las drogas, que finalmente lo mataron.

Bill Evans cambió la historia del piano, lo llevó al jazz con una función mucho más orquestal que la que tenía con los músicos de bebop. Amaba la armonía europea, la de Ravel y Debussy.

Le gustaban los impresionistas y los románticos como Chopin; aquel refinamiento armónico europeo mezclado con los ritmos del jazz. Él creó una escuela de armonía. Y no sólo eso, también le sacaba al instrumento un sonido hermoso.

Evans hizo al trío (piano, bajo, batería) la gran estrella del formato jazzístico. Una hermosa forma de expresión. Él fue quien la comenzó. Y Eliane ha seguido con su homenaje esa línea, se hace acompañar de Marc Johnson y de Joey Baron, respectivamente.

En el trío de Bill Evans existió siempre la comunicación entre los instrumentos, hizo de ello un arte virtuoso. Eliane Elias continúa la tradición con un disco mágico y evocador.

 

VIDEO SUGERIDO: Here’s Something for You – Eliane Elias – subtitled (HQ AUDIO / HD), YouTube (joesamplez)

ELIANE ELIAS (FOTO 3)

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BIBLIOGRAFÍA: ELLAZZ (.WORLD) VOL. I

Por SERGIO MONSALVO C.

ELLAZZ (.WORLD) VOL. I (PORTADA)

LA MUJER EN EL JAZZ*

Para escuchar a las mujeres en el jazz no bastan ni las expectativas ni los manierismos en el dibujo de lo esperado. Ellas generan con sus historias ese placer impagable del desarrollo histórico argumentado y cifrado en sus intersticios creativos, en los relatos biográficos, en las obras conseguidas. En líneas generales, las mujeres en el jazz no traicionan la poética del género como muchos pudieran pensar, es más, le insuflan un interés que trasciende las perspectivas habituales.

Uno escucha los discos de las jazzistas no tanto para saber cómo argumentan sino para disfrutar con su transcurso en la construcción del argumento. Esta es una manera de defender un género, desde su esencia Y buscar así el diverso ángulo creativo. Es decir, las mujeres tienen en el jazz el mismo problema que los hombres: la necesidad de un público.

El de las mujeres en este género es el arte de acomodar su música a unas leyes que a muchos oídos parecen infranqueables, tanto como una teoría cibernética. Y justamente es en esa maestría, en ese difícil arte de transitar por lo ignoto (original), tanto como por lo transitado (standard), con la sensación de la singularidad y la brillantez, donde estriba gran parte del atractivo mayor de sus propuestas.

Un tema como el de ellas en el jazz adquiere existencia gracias a la evolución constante de la que han sido capaces. Quienes se han sumergido en tal evolución las han contemplado a sus anchas y encarnado en la concreción de sus músicas, creando con tal circunstancia un armonioso y preciso encadenamiento de evocaciones, de recuerdos, que siempre sorprenden, y en lo que el tiempo pierde toda consistencia y no impone su rígido orden.

La serie Ellazz (.World) ha mostrado la complejidad y riqueza de sus vidas. Con sus ritmos propios y asociaciones entre imágenes, pensamientos, situaciones, sensaciones, amistades, ternuras, amores, nostalgias, y también miedos, ansiedades y a veces el logro del sosiego y la serenidad de lo ejecutado. Y no hay nada en sus discursos particulares que sea indiferente, todo cuanto compone la vida de una jazzista, aun cuando algo parezca nimiedad, adquiere una gran relevancia, cada instante de vida rememorado posee un enorme interés.

*Fragmento de la introducción al libro Ellazz (.World) Vol. I, publicado por la Editorial Doble A, y de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.

Ellazz (.World) Vol. I

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

The Netherlands, 2020

Contenido

Aki Takase

Andrea Parker

Anita O’Day

Aziza Mustafa Zadeh

Barbara Dennerlein

Bebel Gilberto

Dee Dee Bridgewater

Diana Krall

Dinah Washington

Eliane Elias

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ESPERANZA SPALDING

Por SERGIO MONSALVO C.

ESPERANZA (FOTO 1)

 NUEVOS MUNDOS

El jazz cerró uno de sus ciclos junto al siglo XX y abrió otro con el nuevo. En la reciente espiral ha aparecido la cantante, compositora y bajista Esperanza Spalding. Una joven maravilla entre cuyo bagaje se cuentan colaboraciones con Joe Lovano,  Patti Austin, Stanley Clark, Mike Stern. M. Ward y Pat Metheny, antes de cumplir los 22 años.

Este último fue quien en su momento indujo a esta artista a integrar el pop, el jazz y la música académica en su música. “Eso cambió mi relación, mi perspectiva de manera radical y determinante”, ha dicho Spalding al respecto.

Las influencias más importantes en la música sincopada de hoy no proceden de sí misma; sin embargo, esta música posee la fuerza suficiente para asimilar dichas influencias y mantenerse fiel a su esencia. Dicho proceder ha sido muy productivo y siempre con un mundo nuevo por recorrer.

La autenticidad no se pierde, al contrario aumenta la interrelación de los sonidos. Con ello surgen nuevas categorías en el género y la positiva sensación de que las cosas, como debe ser, se encuentran en movimiento.

El jazz comenzó a cambiar desde los años cero y en el proceso de abrirse a otros estilos ha dejado de ser jazz, según los puristas, pero para los que no lo son tal manifestación ha expandido sus horizontes y es más jazz que nunca. En la música vivimos ya en el tiempo de las mezclas y fusiones. Nadie en su sano juicio saldría a batirse para defender la virginidad y pureza de ningún género.

La confrontación entre las músicas populares y académicas es ya una necedad y la presencia constante de unas en el campo de las otras ha redundado en una interrelación muy diferente y fructífera de la música en general. Oír la obra de Spalding, en este sentido, es brindarse la oportunidad de ensanchar tales referencias. Ella tiene sólo 36 años y es una de las realidades más contundentes del presente musical y una firme promesa de futuro.

Nació en Portland, Oregon, en 1984, dentro de una familia de escasos recursos, desintegrada por el abandono del padre. No obstante,  aprendió de su madre, un sinfín de lecciones de constancia y rectitud. Aun así, y a pesar de contar con una figura materna, los años en la escuela no fueron fáciles para Esperanza, poseía una capacidad intuitiva extraordinaria que no sólo era una bendición y una maldición al mismo tiempo, sino que hacía que chocara con los métodos tradicionales de enseñanza.

De pequeña, además, se vio obligada a permanecer un largo período de tiempo en casa a causa de una enfermedad, por lo cual recibió clases particulares durante buena parte de la escuela elemental. Con el tiempo, no supo adaptarse a los planteamientos de la escuela tradicional, y a la necesidad de aprender de memoria las lecciones.

ESPERANZA (FOTO 2)

“En cuanto descubrí lo que era estudiar en casa y ser autodidacta, me resultó imposible volver a un entorno tradicional como aquel”, ha comentado. Sin embargo, lo que realmente llenó la vida de Spalding en aquellos primeros años fue la música. A los cuatro años de edad, después de ver al violonchelista clásico Yo-Yo Ma tocar en un programa de TV, se le abrió el mundo. Supo que quería hacer algo que tuviera que ver con la música. Empezó a verla como una aventura creativa.

En un año aprendió por su cuenta a tocar el violín lo suficiente para ganarse un lugar en la Sociedad de Música de Cámara de Oregon, una orquesta comunitaria abierta a músicos de todas las edades, con la que estuvo una década. Cuando cumplió los quince ya ocupaba el puesto de concertino.

Por aquel entonces también había descubierto el contrabajo, y todos los caminos que, lejos del universo clásico, le abría aquel instrumento. De repente, tocar música clásica en una orquesta comunitaria dejó de colmar sus expectativas. Al poco tiempo ya estaba tocando blues, funk, hip-hop y mil y un estilos distintos en el circuito local de clubes de su ciudad natal.

A los 16 años, provista del diploma que acreditaba su paso por la escuela secundaria y gracias a una beca, se matriculó para un programa musical de la Universidad Estatal de Portland. Fue la contrabajista más joven de aquel curso (también comenzó con el cello) y pronto mostró su talento y la experiencia que ya cargaba en ambos mundos musicales: el clásico y el popular.

VIDEO SUGERIDO: Tell Him Esperanza Spalding, YouTube (robix224)

El Berklee College of Music fue el lugar donde a la postre encajaron todas las piezas de su vida y donde empezaron a abrírsele las puertas. Después de trasladarse a la Costa Este de la Unión Americana y, tras los frenéticos años de estudio, Spalding no sólo consiguió graduarse en la prestigiosa  institución, sino que en el 2005, a los veinte años de edad, fue contratada como profesora, convirtiéndose así en una de las docentes más jóvenes en toda la historia de tal centro musical.

Ese año también fue premiada con la prestigiosa beca de la Boston Jazz Society por su extraordinario talento. Además del tiempo dedicado al estudio y a la docencia, los años pasados en Berklee le sirvieron para tejer una fecunda red de contactos con artistas de renombre como el pianista Michel Camilo, el vibrafonista Dave Samuels, el bajista Stanley Clarke, el guitarrista Pat Metheny, la cantante Patti Austin y los saxofonistas Donald Harrison y Joe Lovano, entre otros.

Tras la sugerencia de Metheny, de amalgamar estilos, trató de satisfacer el deseo de unir la composición con la improvisación. Dos medios de expresión musical opuestos. Fue su meta estética y definición del jazz para el nuevo ciclo. Como forma y lenguaje hipermodernos, tan familiares y al mismo tiempo tan ignotos y rítmicos. Y siempre con el deseo de mostrar entre todo ello su propia melodía.

Así lo ha hecho desde su debut como solista en el 2006, con el disco Junjo, pasando por  Esperanza (2008), Chamber Music Society (2010), el celebrado  Radio Music Society (2012) hasta el más reciente álbum 12 Little Spells (2018).

En cuanto a sus proyectos entre décadas, Eperanza en un principio pensó en hacer un álbum doble. Pero finalmente optó por lanzarlos de manera separada. El primero (Chamber Music Society) es un disco con una exploración íntima y sutil de obras de cámara.

En el segundo (Radio Music Society), a su vez, los músicos de jazz exploran formas y melodías de canciones que se encuadran más bien en la línea de lo que definiríamos como “canciones pop”.

Esas son las dos cosas que en los álbumes postreros realmente le interesó mostrar: diferentes enfoques para cada tipo de pieza. En el ámbito de la canción pop piensa en oyentes que no están familiarizados con el jazz, pero también indaga en las personas dentro de la comunidad jazzística que puedan interpretar mejor cada una de las ideas de ambos discos, durante las giras y las presentaciones.

En el escenario esta artista maneja con fluidez tanto lo íntimo como lo colectivo. Con un bello y transparente colorido vocal que revela su elegante estilo al utilizar las texturas y las densidades.

Spalding combina, asimismo, dicho estilo con el contrabajo (en el que muestra una soltura maestra), el bajo eléctrico (con el modelo Fender de Jaco Pastorius o el flamante Godine A-5), el cello y la vocalización, entretejiendo las voces con las notas en un atractivo tapiz jazzístico de nueva generación que se nutre de géneros adyacentes (funk, soul, folk, bossa nova, world music) para ganar en eclecticismo.

Su canto es del tipo clásico, con preferencia por las escalas agudas: expresivo y ligeramente mimoso, con un despliegue de cierta tristeza. Canta en portugués, inglés y español. Sabe improvisar y tiene swing, además de interpretar las letras con mucha delicadeza.

De igual forma ejerce su liderazgo (descentralizado) en el empeño en que todos los miembros de su grupo se luzcan dentro del proyecto que maneje. Spalding posee enormes recursos técnicos y de experiencia musical, al escucha le toca traducirlos en grandes emociones.

VIDEO SUGERIDO: Esperanza Spalding Nobel Peace Prize Performance LIVE, YouTube (Todd Brown)

 

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DEE DEE BRIDGEWATER

Por SERGIO MONSALVO C.

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 CANTAR PARA VIVIR

Dee Dee Bridgewater nació originalmente con el nombre de Dee Dee Garrett el 27 de mayo de 1950, en Memphis, Tennessee. Su talento se descubrió  muy temprano. Cuando ella tenía un año y medio de edad su padre, un trompetista de jazz, se la llevó de gira con Dinah Washington. La pequeña le cayó muy bien a la diva, quien le vaticinó que algún día llegaría a ser cantante. A la larga el pronóstico resultó cierto, aunque el camino al éxito como tal, del que goza actualmente, no fue nada fácil.

Habla Dee Dee:

“Mi desarrollo musical se inició con el jazz clásico, a pesar de que había nacido en Memphis, la capital del blues. Me encanta el blues y me gusta interpretarlo, sin embargo, mis inicios se dieron en otro terreno. Quizá me habría volcado más hacia ese género si no se hubiera considerado en ese entonces, y creo que ahora es lo mismo, que los negros ya no debíamos hacer eso.

“El blues es una música nacida de la pobreza, del sufrimiento, de los malos tratos. Es una música que no le gusta a la mayoría de los negros, sobre todo de la generación de mis padres y de mis abuelos. Mi madre siempre me suplicó que por favor no cantara el blues. Geográficamente mi familia también se alejó de él pues crecí en una ciudad industrial al norte de los Estados Unidos, en Detroit. Ahí la única inspiración era una fábrica de la General Motors.

“Después de varias presentaciones como parte de un grupo de la Universidad de Illinois, con el que viajé a la Unión Soviética en 1969, obtuve al año siguiente mi primer contrato como cantante profesional. Tenía yo 20 años. No me mantuve mucho tiempo soltera, a los pocos meses me casé con el trompetista Cecil Bridgewater. Ambos entramos entonces a formar parte de la orquesta de Thad Jones y Mel Lewis. Ahí aprendí lecciones decisivas, y me alegra que por lo menos algunas de ellas hayan sido de carácter musical.

“Thad Jones me dijo que siempre debía desarrollar primero la melodía y la canción. ‘En primer lugar se lo debes al compositor –señalaba—; y en segundo, eso le permitirá a tu público ver si eres buena para improvisar o no. Si cantas la melodía y luego improvisas, la gente contará con un punto de partida y podrá comparar’. En su opinión lo peor que se podía hacer era empezar con la improvisación cuando uno canta el jazz. Para él eso destruía la composición.

“De cualquier manera siempre fui una pupila atenta y muy pronto me convertí en la estrella del espectáculo. Al mismo tiempo me fui ganando una reputación como cantante sesionista. Entre otros proyectos participé con Stanley Clarke en su debut como solista. El disco se llamó Forever Dreams. Hice lo propio con Norman Connors y Roy Ayers. De esta forma mis intereses musicales se fueron desarrollando cada vez más hacia la fusión y el soul.

“A mediados de los años setenta, al igual que muchas otras cantantes, me atreví a dar el salto al pop, decisión que hasta entrados los ochenta empañó mi reputación entre el público del jazz. Sin embargo, aún los enemigos más acendrados de lo comercial debieron aceptar las razones que argumenté para hacerlo: No quería ser superestrella, sólo vivir de mi música.

“En los Estados Unidos es bastante difícil mantener a tu familia por medio del jazz. Eso lo viví con mi primer marido, Cecil, quien era un purista del jazz y no aceptaba otro trabajo que no fuera ése. Así que sufrimos muchas penurias porque no podía sostenernos. Por lo tanto, yo tuve que hacerlo: en el día trabajaba de secretaria y de noche cantaba.

“Empecé con lo del pop cuando ya no soporté el trato que me daban Thad y Mel en la orquesta. Con ellos tenía una especie de relación de amor y odio. Entre más se fortalecía mi reputación como cantante menos me dejaban cantar. Se convirtió en una competencia muy desgastante. En el Village Vanguard, donde actuábamos, muchas veces ocurrió que la gente se saliera cuando yo no cantaba.

“Entonces ellos comenzaron con cosas como ésta: ‘Muy bien, tú cantas dos canciones en el primer set y dos en el segundo’. No obstante, pasaba el primer set y argumentaban: ‘Oh, se nos olvidó llamarte por completo’. A la postre me permitían cantar una o dos canciones al final cuando ya no había nadie. Por último empezaron con la estupidez de que Cecil y yo trabajábamos en la banda, y que por lo tanto ganábamos demasiado. Así que me recortaron el sueldo. De repente me encontré dando conciertos por los que no recibía nada o quizá diez dólares o algo por el estilo. De cualquier manera nadie ganó ahí nunca más de 25 dólares.

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“En mis giras por Europa llegué a ver que gente como Miles Davis, Dizzy, Max Roach, Sonny Rollins o Dexter Gordon tocaban en los clubes sin ganar nada. No quería pasar mi vida sufriendo, ni ser infeliz o quizá hasta volverme drogadicta. Así que decidí salirme de esa situación. Una vez fuera de la banda lo primero que hice fue teatro.

“El teatro me encanta. En mi infancia muchas veces vi a escondidas las viejas comedias musicales, y soñé alguna vez con bajar de una de esas escalinatas interminables rodeada por cientos de hombres. Hice audición para entrar a The Wiz (una obra hecha totalmente por negros) y después de cuatro intentos me dieron el papel de Linda. Después que obtuve el Premio Tony por esa actuación me ofrecieron contratos para grabar. Acepté la oferta de Jerry Wexler para firmar con Atlantic. Así me pasé del jazz al pop, género en el que también hubo experiencias terribles.

“De hecho, mi debut con Atlantic tuvo muy mala estrella. Las piezas que grabé para este proyecto, con el mismo Wexler como productor, no se editaron. Entre otras razones porque al poco tiempo de su registro Wexler salió de la empresa en no muy buenos términos. Fue mi fin en dicho sello. También en Elektra, mi segunda escala, no tardé en sufrir las grillas internas y otras turbulencias. A pesar de ello por lo menos pude realizar un álbum que aún sigo defendiendo. Lo hice con Stanley Clarke y se tituló Just Family. Fue el único en el que yo misma decidí cómo quería la música. En ese entonces quería dedicarme más al rock. Fue el único de mis discos con Elektra que realmente se convirtió en una declaración musical personal y en el que conté con un productor dispuesto a hacerme caso.

“El segundo acetato lo grabé con George Duke y se llamó Bad For Me. La disquera quería algo más funky. Corrían los tiempos de la música Disco. Me cae bien George Duke y me gusta su música, pero no tenía nada qué ver con lo que yo quería hacer. Tenía ganas de colaborar con los Eagles y con Jackson Browne, con el que pasaba mucho tiempo.

“La música Disco lo invadió todo y yo me harté de eso y de la industria disquera también por otras razones. Me sentía muy amargada y renunciar me pareció lo mejor antes de que empeoraran las cosas. Todo el tiempo recibía ‘invitaciones’. Era joven y me catalogaban como sexy. Me negué a acostarme con el vicepresidente de Atlantic y mi material terminó en la bodega. En Elektra también me negué a acostarme con alguien y el material fue a dar al mismo sitio. Luego me amenazaron con nunca más darme un contrato si hablaba del asunto. Fue lo que sucedió. Me pusieron en la lista negra. Así que decidí dedicarme a otra cosa.

“Comencé a buscar trabajo otra vez en el teatro, pero aparecieron de nueva cuenta los problemas. Según ellos no era lo suficientemente negra, tenía la dicción demasiado clara y no contaba con los rasgos negros típicos que ellos buscaban: labios carnosos, nariz muy grande y unas nalgotas.

“Otros promotores me hicieron la oferta de salir de gira con la obra Sophisticated Lady, lo único que les pregunté fue a dónde iría de gira. Me contestaron que sería por seis meses a Japón y Francia. ‘Vámonos’, fue mi respuesta. En París conocí a algunas personas y una vez que terminó la producción decidí quedarme.

“Durante los años siguientes logré establecerme en Francia como cantante de musicals, y al mismo tiempo fui construyendo una sólida fama como cantante de jazz e intérprete de standards. Aparecí en la obra Lady Day, participé en diversos festivales de jazz europeos y eventualmente armé mi propio grupo.

“Cuando llegué allá llevaba mis propios arreglos. En algún momento pensé: ‘¡Vaya!, nadie está cantando standards. Todos están grabando material original. La tradición vocal va a morir’. Así que decidí quedarme con los temas clásicos y ayudar a conservar esa tradición, la de Ella, la de Sarah. Esta fase la registré en dos discos que fueron muy bien recibidos por la crítica y por el público europeo.

“No obstante, a mí no me gustan mucho esos discos, siento que grito demasiado. Mi voz natural se oye en mis producciones de estudio. Ahí estoy relajada, no hay estrés. Aquellos álbumes los hice con mi productor y mánager de aquel entonces. Su idea del jazz era hacerlo todo en vivo, grabar rápido y gastar lo menos posible en la producción. Yo tenía la ilusión de grabar un álbum de estudio así como los hacen los artistas del pop o del rock, con todo el tiempo y el dinero del mundo para obtener un buen sonido.

“En 1993 por fin pude hacer realidad esa ilusión, dar expresión sonora a mis propias ideas. El disco Keeping Tradition, producido por mí misma, me creó la fama de ‘última diva del jazz’. Desde entonces los standards cobraron auge en todas partes. Yo saqué a la luz un disco titulado Dear Ella, un tributo en tiempo de vida de Ella Fitzgerald. Me parece muy importante honrar a las personas que admiras mientras éstas viven aún. Todo tributo a difuntos me parece espantoso.

“Hoy tengo 70 años. Es una edad en la que estoy dispuesta a defender mi posición en todos los sentidos. Sé que soy una buena cantante, quizá una de las mejores —la modestia no es uno de mis defectos—. No digo que sea LA MEJOR, porque no creo que exista algo así. Pero hago las cosas lo mejor posible y a cambio quiero el apoyo y el reconocimiento que me corresponden. He trabajado duro. Tuve que luchar mucho para llegar a donde estoy. Así que hoy puedo exigir respeto”.

Dee Dee Bridgewater en la actualidad está considerada como la vocalista más importante de su generación. Con un estilo suntuoso y pulido ha conseguido rescatar la tradición del canto jazzístico, en la balada y en los standards. Ha obligado a muchos artistas del género a revisitar los temas clásicos, porque para eso son clásicos: para volver a ellos, retomarlos y enriquecerlos siempre con tratamientos nuevos. Dee Dee lo ha hecho de manera maravillosa.

VIDEO SUGERIDO: Dee Dee Bridgewater – Dear Ella, YouTube (Sidney Nelson)

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PEGGY LEE

Por SERGIO MONSALVO C.

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 CANTO DE LA INTIMIDAD

Peggy Lee se convirtió en el modelo más depurado de sofisticación vocal de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX. Su inmenso éxito dentro de la música popular no debe oscurecer el hecho de que su canto no tendría explicación sin el jazz.

Ella fue una estilista a la que se puede comparar con la economía de expresión del piano de Count Basie. Peggy redujo a voluntad sus medios vocales a lo esencial, lo mismo en registro, sonido que en la utilización de las notas, y eso le dio una personalidad única.

Peggy Lee nació con el nombre de Norma Egstrom en 1922, en el seno de una familia de origen nórdico que se estableció en Jamestown, Dakota del Norte. Durante su infancia pobre y miserable el único lujo que se dio fue el de pertenecer al coro de la iglesia cercana, un inicio poco habitual tratándose de una cantante blanca. Sin embargo eso le sirvió para conseguir un puesto en una estación de radio en la localidad de Fargo, en su primera adolescencia. Luego huyó de su casa, en la que tampoco fue extrañada, para trasladarse a Los Ángeles en busca de mejores horizontes, sin embargo en esos tiempos sólo consiguió trabajos ocasionales y mal remunerados.

Habla Peggy:

“El club nocturno estaba en una esquina, un edificio de una planta cuya fachada de estuco morado estaba salpicada de otros tonos purpúreos. En el interior de la oscura habitación cuadrada, una barra serpenteaba desde la puerta hasta una pequeña pista de baile situada en la parte trasera. Minúsculas mesas redondas con sillas estaban colocadas al azar, y el brillo de los focos rojos intensificaba la oscuridad.

“El club tenía casi demasiado ambiente. La música sonaba a un volumen estremecedor, compitiendo con las voces de los clientes por dominar el espacio. Ninguno de los dos ganaba, excepto durante unos pocos segundos, cuando se hacía la calma entre disco y disco y la jukebox permanecía en silencio contra la pared, sus luces verdes, rojas y amarillas parpadeando como el malvado robot de una película de Flash Gordon.

“La mayoría de los clientes procedían del mundo del hampa, aunque también había jóvenes marinos. Todos se movían y cambiaban de sitio, levantaban sus copas y sus voces en el aire cargado, que olía a cloro, a perfume, a cuerpos, a cigarros y a cerveza caliente. Las mujeres parecían señoritas modosas. Se sentaban remilgadamente en la barra, con las faldas recogidas, entablaban rápidas conversaciones o permanecían en silencio. En la calle habían sido tan eternamente viejas como su profesión, pero, cerca de los hombres superficiales y halagadores, se convertían en chicas modestas. Eran gatitas ronroneando bajo las caricias.

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“Las observé y comprendí. Las vi y las envidié. Tenían hombres propios. Claro que los compraban. Abrían sus cuerpos y tiraban su dignidad por un montón de condones llenos. Pero tenían a sus hombres. En las madrugadas, los traficantes de drogas y los ladrones zigzageaban entre la gente de la noche, haciendo tratos, comerciando, negociando, buscando contactos y tomando pedidos.

– Tengo una buena carga, de la mejor mercancía. Aquí te dejo una prueba, por si te interesa…

– Te ofrezco dos trajes: uno a rayas y otro café oscuro. En la etiqueta dice 200 dólares, pero a ti te los dejo en 150…

– Mira esta gatita, acaba de llegar de Texas, es la inocencia en persona, puede darte clases de ingenuidad por 100 dólares…

– Tu Nena arrasará si le compras estos trapos, son de los que usan las ricachonas aquí en Nueva York. Te doy cuatro por 300 billetes…

– Te presento a Mary Lou, era locutora de radio en su pueblo, pero quiere ser actriz. Le encanta tener la boca abierta, ¿te la envuelvo?…

“Dependiendo de las ventas de la noche y del humor de los hombres, los ladrones recibían dinero de los proxenetas, que a su vez lo habían recibido de las mujeres que regenteaban, quienes por su parte lo habían ganado acostándose las primeras y levantándose las últimas. Era formidable ese comercio, un auténtico mercado de bisuterías por humanos, polvos, hierbas y pastillas por favores de intimidad y desfogue. La mercancía cambiaba de cara, los compradores y vendedores siempre eran los mismos.

“Las meseras, en conjunto, eran las habitantes del club menos interesantes. La mayor parte eran aburridas mujeres casadas, que se movían entre los pintorescos clientes como caracoles entre mariposas. Los hombres no mostraban ningún interés por ellas, lo cual me hizo creer que aquella virtud era lo más seguro en una guarida de perversidad. Yo era una adolescente, pero aparentaba más edad, y por eso había conseguido ese trabajo. Quizá fuera un poco más interesante que mis compañeras, así que los hombres guapos no me metieron al principio en el mismo grupo que a las demás, pero me ignoraron como a todas cuando se dieron cuenta de que no iba a aflojarles mis encantos, ni a concederles mis atenciones fuera del lugar.

“Por otro lado, yo no tenía oportunidad para mostrarles lo lista que era, porque la inteligencia se trasmite por el lenguaje y yo no había aprendido el suyo todavía. Comprendí que su falta de interés implicaba para ellos el conocimiento implícito de que las mujeres listas eran prostitutas y las estúpidas, meseras. No había otra categoría en aquel club. Las prostitutas recibían regalos y los daban; dinero y lo repartían, y sobre todo el trato de sus hombres, según lo merecieran.

“Trabajé más de un mes limpiando ceniceros, sirviendo copas y escuchando. Escuchaba cosas que después escribía en mis cuadernos y convertía en letras para mis supuestas canciones, para cuando fuera famosa. Mis propinas eran buenas, porque era rápida y tenía buena memoria.

– ¿Whisky para usted señor, verdad?

– Así es, muchacha, tienes buena memoria.

A pesar de que los clientes nunca me miraran, me dejaban un dólar de propina.

“Tras mi primera semana en aquella ciudad, mi casera que cobraba por semana me dijo que me alquilaba la habitación de manera permanente.

– Veo que eres una buena chica, que viene a casa diario y no haces escándalos ni das lata con tus cosas, así que mi marido y yo hemos decidido que estamos dispuestos a dejarte vivir aquí por el tiempo que gustes y pagando mensualmente. La habitación te costará 60 dólares al mes. Te pondremos un nuevo juego de muebles en el dormitorio.

“Así pues, me convertí en inquilina de la casa de los señores Henry y Cleo Jenkins.

VIDEO SUGERIDO: Why Don’t You Do Right – Peggy Lee – Benny Woodman Orch 1943, YouTube (maynardcat)

“Mi vida empezó a moverse a un ritmo moderado. Encontré una escuela de danza moderna y canto, que era lo que me interesaba. Daban clases a un heterogéneo grupo de mujeres. Así que me iba a trabajar a las seis (cinco y media para montar las mesas, cambiarme, ordenar las servilletas y mi bandeja) y salía a las dos de la mañana. Regresaba a casa acompañada de una mesera cuyo marido la venía a buscar todas las noches. Dormía hasta tarde, hacia el mediodía me levantaba para prepararme el desayuno, hacer mis ejercicios vocales e ir después a la escuela de canto y baile”.

Luego de transitar por bares de mala muerte y clubes de segunda en donde Peggy comenzó a cantar, la oportunidad le llegó en 1941, cuando el famoso Benny Goodman la contrató para ocupar la vacante dejada por la vocalista anterior Helen Forrest. Un par de meses después de su llegada a la banda, grabó temas de Irving Berlin con arreglos altamente elaborados y creativos, los cuales señalan los primeros logros de Lee en el terreno de la balada.

En 1942 obtuvo un gran éxito con la pieza “Why Don’t You”, que se convertiría en standard. Ella lo cantó con su estilo insinuante. A pesar del éxito obtenido, abandonó al grupo de Goodman para volverse solista y casarse con el guitarrista de la banda, Dave Barbour, con quien compartió la vida artística y sentimental. Y aunque se divorciaron ocho años después por el alcoholismo de Barbour, y la cantante se volviera a casar infelizmente otras tres veces, siempre permaneció un gran amor entre ellos.

En esos años Peggy llevó una vida bastante relajada, grabando ocasionalmente con orquestas dirigidas por su marido para la compañía Capitol y componiendo canciones al unísono. Ella no sólo cantaba, sino que también tocaba el piano y tenía conocimientos de la armonía. También era aficionada a la poesía y escribía letras para canciones. Fue coautora de la partitura original para la película La Dama y el Vagabundo de Walt Dysney, y colaboró con Duke Ellington en el tema “Goin’ Fishing”. Asimismo era pintora y actriz. Fue nominada para un Oscar por su actuación en la película Pete Kelly’s Blues.

Las ventas millonarias de sus discos la convencieron de dedicarse completamente al canto, sin embargo su faceta como compositora la llevó también a colaborar con el famoso letrista Victor Young, autor de numerosos soundtracks de Hollywood. Los temas interpretados por ella siempre  fueron cuidadosamente seleccionados e interpretados con un gusto y sentimientos conmovedores. Con ella abundaron las obras de alto nivel interpretativo. El ejemplo fue el tema “Fever”, por el que obtuvo un disco de oro. Este fue una muestra original de su enorme habilidad para el fraseo rítmico, con el único sostén del contrabajo de Red Mitchell y la percusión de Shelly Manne.

La cosecha de álbumes exitosos ha sido copiosa en su vida profesional, acompañada por las orquestas de Nelson Ridle, Jack Marshall, Billy May y Quincy Jones, todos al frente de la flor y nata de los músicos angelinos. Peggy Lee mantuvo su contrato con Capitol hasta 1970 y grabó con distintas formaciones, no obstante a partir de ahí disminuyó mucho su actividad a consecuencia de una dolencia cardiaca, aunque esporádicamente actuaba y grababa algunas cosas, pero ya con las facultades mermadas. Falleció en el 2002 a los 81 años.

VIDEO SUGERIDO: Peggy Lee: Fever!, YouTube (Gareth Miller)

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