JAZZ Y CONFINES POR VENIR – 1*

Por SERGIO MONSALVO C.

JAZZ Y CONFINES POR VENIR (PORTADA)

 

 Para Saskia

en el nuevo siglo,

su siglo

Para Alive

y sus retos

Para Ian Eduardo, Yamil y Miranda

con el anhelo del futuro

 

INTRODUCCIÓN

 Todo ingrediente cultural es el resultado de una dinámica social específica y responde a necesidades colectivas. La cultura entendida de esta manera es la respuesta de un grupo al reto que plantea la satisfacción de las necesidades básicas que tiene toda colectividad humana.

Necesidades de creación y recreación, de conocimiento de las herencias acumuladas por generaciones anteriores y de un conjunto de elementos dinámicos que pueden ser transferidos, reinterpretados y enriquecidos. Así, hoy en día se oye hablar con frecuencia de la difusión de una cultura global o universal, en la que la humanidad entera participa de manera creciente con su cúmulo de valores.

El mundo civilizado o —para plantear el asunto en términos menos ambiciosos— el de las “áreas culturales” es una realidad que no puede ser ignorada, y tampoco soslayada en cualquier proyecto en ese sentido. El jazz es parte destacada de todo ello. Y así lo han entendido sus intérpretes de avanzada.

El elemento primordial para la génesis del jazz fue el encuentro de diversas culturas, su crisol fundamental. Tal fenómeno no ha dejado de ser importante a lo largo de la historia del género, y el futuro no predice otra circunstancia. Al contrario, fortalece esa simiente con nuevas corrientes y manifestaciones musicales tanto globales como regionales.

El jazz ha estado en el corazón de nuestro tiempo. Fue la primera cosa que habló de civilización en el siglo XX a través de las artes, incluyendo al cine: fue el placer que penetró por el oído y arrastró todos los sentidos. La historia, el mito, la leyenda, en una realidad entonada con la trompeta, el sax, la voz, el piano o los tambores.

El sonido de lo cierto en la intimidad de un solo o en lo lúdico representado por las orquestas. Una música libre para todos y espontánea; estallido de intérpretes apasionados que buscan la expresión conmovedora en la improvisación. Melancólico e introspectivo, reflexivo y con preocupaciones sociales o alegre y bailarín, el jazz se ha inspirado no sólo en un ideal abstracto sino en el mismísimo sonido de la voz humana. Con su realidad doliente, relajada o festiva, con su ritmo y sensualidades propias.

Hace no mucho eran para maravillarse las diferencias musicales entre los seres humanos. Todo resultaba extraño y exótico. Actualmente, debido a las grabaciones, a los medios de comunicación y nuevas tecnologías, se ha desarrollado otra capacidad al respecto: la sorpresa ante las similitudes. La identificación de unos con otros. Artísticamente se ha dado un claro impulso hacia ello. Hoy en día ya no es raro que los intérpretes de distintos continentes se sienten juntos a evocar la unidad a través de su música.

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El término “World music” (música del mundo) empezó a aparecer en la industria disquera británica en 1987. Antes de cumplirse el año cruzó el Canal de La Mancha y adquirió vida propia, convirtiéndose en un importante mercado. Es un concepto ideal, aunque demasiado amplio para definir un género de tamañas proporciones.

Ha servido para clasificar manifestaciones musicales con muy poca o ninguna coincidencia entre sí. Los unos lo entienden como música popular local; los otros, como oscuras grabaciones etnomusicológicas hechas in situ. Otros más lo utilizan para hablar de música acústica regional.

A fin de cuentas, la World music no es un arte de formas fijas, de estilos definidos, sino de inflexiones que se producen fundamentalmente a base de modelos remotos en el ámbito de las metrópolis. Y sus músicos creadores tienen la ventaja de abrevar en fuentes de una larga tradición, dotadas de caracteres propicios que a ellos corresponde universalizar.

El reconocimiento de estilos musicales como el raï argelino, el zouk antillano, el flamenco español, son producto de esta tendencia. Al igual que el reggae, la música africana, la latinoamericana, la caribeña y las manifestaciones regionales de la India, entre otros ejemplos.

Este desarrollo ha inspirado a los músicos para trabajar estilos excéntricos (procedentes de regiones alejadas de los centros tradicionales de la industria musical) como la polka, el folk celta o la música yiddish.

De todo ello se ha derivado también la categoría “World beat”, que se aplica a las fusiones contemporáneas entre el rock, el jazz, la electrónica y las músicas tradicionales que resultan exóticas para los primermundistas. Esta última interpretación es básicamente la nueva música creada por los inmigrantes de las grandes urbes internacionales.

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El jazz es el género musical que más estilos ha absorbido a lo largo de su historia y ahora, en pleno siglo XXI, ha abrazado a la World music y a la música electrónica, corrientes que han tomado al mundo sonoro por asalto con su revolución benévola. La influencia de las ideas no occidentales en la música por igual le ha dado una saludable revolcada a la vida contemporánea, además de permitir algunos injertos variados: estilos, tradiciones, nuevos instrumentos, técnicas interpretativas, vanguardias y tecnología de punta.

En las filas del jazz esto no es nada nuevo sino una evolución de su esencia misma. Piénsese, por ejemplo, en la relación recíproca mantenida por Dizzy Gillespie con Cuba, las danzas ejecutadas por Ornette Coleman con músicos marroquís, la integración de la música india por parte de John McLaughlin, el diálogo constante entre el jazz estadounidense y la música brasileña o el hipnotizante deconstructivismo africano en la obra setentera de Miles Davis. Y, en fechas más recientes, la música del saxofonista Steve Coleman ha recurrido a la polirrítmica africana, a tonalidades orientales y otras formas de pensar extra occidentales.

El jazz, la World music y la electrónica comparten de cara al futuro el lenguaje común de la improvisación y la flexibilidad armónica y rítmica, al experimentar con las ideas de diversos lares. Su conjunción representa una de las propuestas creativas más emocionantes en el mundo del jazz actual, un mundo que aguarda mayores exploraciones y menos purismos anodinos.

Asimismo, hoy, en lo que posiblemente sea una indicación de lo que vendrá, hay en el jazz un sentimiento nuevo, una voluntad fresca. Más allá de las etnias, en el sentido de una música individual pero plena de valores humanos básicos —en la que blancos, negros, amarillos, cafés y demás colores pueden funcionar libres y de igual forma—, se han dado las free forms de los músicos jóvenes, como lo confirman los ejemplos de Rabih Abou-Khalil, Monday Michiru o Saskia Laroo. La razón de esta posibilidad es que ya todos abordan la situación en igualdad de circunstancias gracias a la expansión o disolución de las fronteras musicales.

De tal forma y como respuesta a la diversidad cultural que los distingue, los jazzistas no negros (europeos, latinos, asiáticos) también tocan de acuerdo a su propia verdad e inspiración. Algunos han sido absorbidos por grupos afroamericanos o bien pueden actuar bajo la batuta de un líder de cualquier nacionalidad, de Manu Dibango o Hugh Masekela a Hans Dulfer, más allá de apologías o inhibiciones de todo tipo. Desde ya todos apuntan en la misma dirección, buscan el mismo objetivo: el arte. Y su música presenta todas las condiciones para la permanencia en el porvenir.

Por otro lado, así como un día el jazz se fundió con el rock, hoy, algunos años más tarde, lo reencontramos como acid jazz, Nu jazz o e-jazz, en una mezcla con el hip hop (jungle, drum’n’bass, trip hop, hardcore, etcétera). Los grandes esponsales fueron presididos inicialmente por el rapero Guru y su proyecto musical denominado Jazzmatazz.

Las similitudes históricas relacionadas con la aparición de los dos géneros, cada uno en su momento, son más que notables. Su fusión ha alcanzado una madurez debida, entre otros motivos, al creciente número de composiciones que dan fe de la expansión de una de las expresiones artísticas más interesantes del fin del siglo XX y comienzos del actual.

Ambos géneros —jazz y hip hop— derivan de la necesidad de recordar propia de la cultura afroamericana. El jazz y el rap (la voz del hip hop) responden cada uno a su manera a la evidencia y las carencias, a la voluntad de expresar, en un momento dado, una verdad y un punto de vista sobre alguna realidad precisa en una sociedad determinada. Sobre las dificultades de haber nacido dentro de una estructura dada y de cómo traducir dichas dificultades, exteriorizarlas y compartirlas. Como muestra está la obra de Nils Petter Molvaer, Jazzkantine, Courtney Pine o Me’shell Ndegéocello, entre otros. La evolución continúa su marcha.

En este periodo, entre siglos, han cambiado radicalmente las condiciones económicas, sociales, tecnológicas, sanitarias y hasta ambientales del mundo. Las artísticas también, por supuesto. Ante la dispersión de los elementos y la mediatización de los gustos, se impone un cambio en la forma de entender al jazz, sin purismos, sin regionalismos y con la mente abierta a los nuevos sonidos.

SERGIO MONSALVO C.

 

 

 *Fragmento del libro Jazz y Confines Por Venir. Comencé su realización cuando iba a iniciarse el siglo XXI, con afán de augur, más que nada. El tiempo se ha encargado de inscribir o no, en los anales del género, a cada uno de los personajes señalados en él. Inicio la serie en el blog “Con los audífonos puestos”, bajo la categoría de “Jazz y Confines Por Venir”.

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Jazz

y

Confines Por Venir

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

 

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© Ilustración: Sergio Monsalvo C.

 

 

BABEL XXI – 521

Por SERGIO MONSALVO C.

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD / IV

(2007-2008)

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/521-el-beat-de-la-identidad-iv-2007-2008/

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LIBROS: TRANSFORMACIONES* (ANNE SEXTON)

Por SERGIO MONSALVO C.

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 Introducción

Stefan Zweig escribió que “todo espíritu creador cae infaliblemente en la lucha con su demonio. Pero es en los que sucumben en esa lucha donde podemos ver mejor los rasgos pasionales de la misma, y en primer lugar en el tipo de poeta que es arrebatado por el suyo”.

Para muchos seres imaginativos la poesía es una forma de exaltación que los consume, dilata y termina por destruir. Conocen y temen esa exaltación de la que son portadores, pero de igual modo se sienten atraídos por ella, pues su arte consiste en esta visitación y padecen de una manera infinita la unidad de belleza y muerte. Su arte es su perdición.

Éste se exacerba hasta volverse agonía. De tal suerte el talento poético no es otra cosa que una forma de demencia. Para Platón esta locura era sagrada y su sabiduría profunda. Sin embargo, ya pasaron los tiempos en que esta locura despertaba respeto y aumentaba el prestigio del poeta.

El sufrimiento de éste, su falta de armonía, en la época que vivimos ya no se considera sagrado sino patológico. Su obra revelará, finalmente, cómo resuelven su problema moral, separados de los demás en la soledad. Tal es el caso de Anne Sexton, la poeta estadounidense.

Ella nació en 1928 en Massachusetts. Fue becaria de la Academia Norteamericana de Artes y Letras. Estuvo nominada para el Premio Nacional del Libro por su volumen de poemas All My Pretty Ones. En 1967 le otorgaron el Premio Pulitzer de Poesía por el libro Live or Die.

No obstante, entre la publicación de libros y el recibimiento de honores, la enfermedad mental siempre hizo acto de presencia. Ni médicos ni tratamientos pudieron ayudar a esta talentosa y atormentada escritora.

En Transformations (1971), la autora reunió una serie de textos del género confesional, pero recubiertos con una capa de burla social mediante referencias a los cuentos de hadas clásicos (Blancanieves, Rapuntzel, et al).

Su visión irónica va dirigida a la mujer contemporánea, víctima predilecta de una sociedad que la somete al vergonzoso juego de las representaciones recurrentes: la belleza como obligación, el matrimonio y los hijos como destino, la domesticidad como tarea cotidiana, etcétera.

En sus escritos, Anne Sexton siempre buscó explorar inexorablemente los temas que la obsesionaban. Transformaciones no es la excepción, como se podrá dar cuenta el lector de este poemario: el amor, la pérdida, la locura, la naturaleza de las relaciones humanas y familiares y sobre todo la muerte, vuelven a estar presentes.

En la poesía de la Sexton puede descubrirse cómo la poeta se identifica una y otra vez a sí misma en relación con el Otro masculino, ya sea en la persona de un amante o en la del padre omnipresente.

A intervalos diferentes Anne Sexton pasó por varias instituciones médicas sin resultado alguno. En mayo de 1974 tomó una sobredosis de somníferos, pero una amiga frustró el intento de suicidio. Sin embargo, en noviembre del mismo año, en la época de su cumpleaños, nadie pudo impedir la consumación del último intento.

Anne Sexton murió a la edad de 46 años. Peter Gabriel, uno de los tipos más sensibles, creativos  y polifacéticos que ha dado la música contemporánea, le dedicó la pieza “Mercy Street” conmovido por la profundidad de sus escritos y desdicha.

 

*Anne Sexton, Transformaciones. Selección y traducción de Angelika Scherp. Introducción de Sergio Monsalvo C. Primera edición en Ediciones Fósforo, México, D.F., 2009.

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BABEL XXI – SINOPSIS (13)*

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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 (61-65)

 

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 BXXI-61 CHARLES DICKENS

En la cultura popular la obra del escritor británico Charles Dickens (un autor clásico de la literatura universal), ha tenido influencia en el cine (con casi doscientas adaptaciones fílmicas: una reciente, A Christmas Carol del director Robert Zemeckis en 3D), la radionovela, la telenovela, el teatro y la música. En esta última disciplina han sido notables las puestas en escena de varios de sus textos en obras musicales, sobresaliendo por su cantidad las de Oliver Twist (cuya adaptación en el 2011 por la Ópera de Damasco en Siria fue todo un acontecimiento cultural). En el rock, por su parte, la presencia de Dickens ha quedado patente en los nombres de grupos y solistas de tal escena.

VIDEO SUGERIDO: Jim Carreys A Christmas Carol Official Trailer, YouTube (DisneyMovieTrailers)

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BXXI-62 PATTI SMITH

“Cuando hago discos o conciertos es para comunicarme con la gente no trato de enredarme con la estructura de un poema o con el lenguaje. Sólo busco un común denominador que me permita llegar a quien escucha”. Esto ha dicho Patti Smith, una apasionada portadora de la antorcha del rock como lenguaje universal. Sus definiciones 1): “En los años setenta no necesitabas un arma para decir lo que querías, una guitarra era suficiente. Hoy podría ser lo mismo”; 2) “El rock es una vía de expresión muy apropiada. Permite dar rienda suelta a las ideas e inquietues y explotar”; 3) “El rock es la forma de expresión más elevada y universal desde la lengua perdida de Babel”, 4) “El rock es mi religión”.

 

VIDEO SUGERIDO: Patti Smith – Rock N’ Roll Nigger (1979) Germany, YouTube, (PretzelFarmer)

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BXXI-63 BRIAN WILSON

La melodía, esa sucesión de sonidos que le da identidad y significado a una sonoridad en particular, ha sido el leit motiv en la turbulenta vida de Brian Wilson, un genio de la música popular, que en junio del 2022 festejará sus 80 años de edad (nació en 1942, en Hawthorne, California). La melodía es lo que ha sacado a flote la mente, muchas veces extraviada en mares de inestabilidad, del considerado uno de los compositores más importantes e innovadores del siglo XX. Y es, también, el elemento que lo ha hecho evolucionar como artista y concatenarse estéticamente con personajes semejantes a lo largo de su dilatada carrera. He aquí, a continuación, siete momentos, necesariamente simplificados, de tal evolución.

VIDEO SUGERIDO: The Beach Boys (Pet Sounds) – Wouldn’t It Be Nice (Stereo Remaster), YouTube (Ben L)

Jean Jacques Rousseau, French philosopher

BXXI-64 J.J. ROUSSEAU

El libro Emilio o De la educación de J.J. Rousseau se considera el primer tratado sobre filosofía educativa en el mundo occidental. Una obra revolucionaria que expresaba abiertamente las concepciones liberales de la época en materia educativa. El rock, como cultura viva en evolución, tomó en los años cincuenta del siglo XX algunos postulados de Rousseau para su propia concepción y los electrificó. Al igual que aquel ideólogo europeo, el rock odió en sus primeros años el sueño en el que querían alojar la energía juvenil con las cortapisas académicas. La energía, que lleva a la razón, duerme cuando el sentimiento que le inspira vida es atado por las estrechas categorías de un orden educativo inconveniente.

 

VIDEO SUGERIDO: Pink Floyd – Another Brick in the Wall Official Music Video (Lyrics in Description), YouTube (xGunsSaysBAANGx)

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BXXI-65 WILLIAM FAULKNER

El profundo Sur estadounidense ha tenido, desde que William Faulkner comenzó a contarlo, su referente sonoro. La demarcación que él ubicó en sus narraciones ha desarrollado una cultura particular: apego a la agricultura, el criollismo, la práctica vudú, la arquitectura, la gastronomía, la literatura y diversos estilos musicales (como la música country, el bluegrass, gospel, jazz, blues y rock and roll). Una cultura única debida a las colonizaciones que ahí se han sucedido, desde la originaria indígena, la española, la francesa y la británica, hasta  su anexión a la Unión Americana. Producto de tal mezcla ha sido la música de aquella zona, humedecida por el río Mississippi y nutrida de vida por los polvos y aires lodosos que la caracterizan.

VIDEO SUGERIDO: Creedence Revival – Green River (Officia Lyric Video), YouTube (Creedence Clearwater Revival)

*BABEL XXI

Un programa de:

Sergio Monsalvo C.

Equipo de Producción: Pita Cortés,

Hugo Enrique Sánchez y

Roberto Hernández C.

Horario de trasmisión:

Todos los martes a las 18:00 hrs.

Por el 1060 de AM

96.5 de FM

On line por Spotify

Radio Educación,

Ciudad de México

Página online:

http://www.babelxxi.com/

 

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MIS ROCKEROS MUERTOS

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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ENERO-MARZO (2021)

 

El inicio de la tercera década del siglo XXI ha sido traumático, desdichado e impredecible. El bicho que nos infestó desde el 2020 continúa su marcha contagiosa y mortal. Millones de personas han fenecido en el mundo por su causa. Pero a la ciencia y al sentido comunitario confiamos el combate.

En el ínterin muchos músicos han desaparecido por tal motivo o por otros, producto del oficio. Tras dichos anuncios cada uno a su manera se pregunta por lo que fue, es y será la época que nos tocó vivir. Y todos, a nuestra manera, esperamos que aparezca algo para darnos una señal, algo que nos lleve otra vez a la carretera (como quiere todo buen rockero).

Y ese algo será su música, porque, como reza el poema: “Todo lo que ha vivido, vive para siempre. Sólo la cáscara, es lo que perece, muere. El espíritu de aquello no tiene fin, es eterno. Inmortal”.

Así que voy y pongo un disco determinado de aquellos que se fueron, porque algo he aprendido de la reflexión y el confinamiento: que los demás seguimos aquí, y a cada uno le toca dar aliento al otro, respirar en compañía y hablar entre todos. Habrá vida tras la muerte como dice ese poema. El espíritu de la obra de aquellas personas que nos subyugaron con su música nos mantendrá su memoria y con la intención de seguir en el camino.

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Sylvian Sylvian

Entre 1972 y 1973 nació el rock decadente (o glam rock) al que asimismo se le llama “padrino del punk”. En Inglaterra, David Bowie, Marc Bolan y Roxy Music se dieron a conocer, mientras que en Estados Unidos los New York Dolls pasaban prácticamente desapercibidos para la mayoría, excepto unos cuantos: “Cuando vimos en escena a los Dolls nos llevamos la impresión de nuestra vida”. declaró Joey Ramone.

New York Dolls fue un grupo que precedió inmediatamente al punk: “Personality Crisis” o “Jet Boy”, un rock de trajes pegados, trasvestidos y solos relámpago. Es decir, la síntesis del rhythm and blues de Chicago, Muddy Waters, John Lee Hooker y Chuck Berry en versión reactivada, sobrecargada y anfetaminizada, con Sylvian Sylian entre sus miembros. Falleció el 13 de enero.

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Hilton Valentine

Graham Bond les sugirió el nombre The Animals debido a la fuerza con que tocaban. De Newcastle se trasladaron a Londres a mediados de la década de los sesenta. Pronto comenzaron a aparecer en las listas de popularidad. Su primera grabación fue “Baby Let Me Take You Home”, seguida de la ya hoy clásica versión de “The House of the Rising Sun” (con el famoso riff del bajo de Hilton Valentine, muerto el 29 de enero).

Es un hecho que la interpretación de Bob Dylan de ella fue el punto de inflexión para la novedosa y potente versión de The Animals (aunque Eric Burdon, asegure convenientemente haber escuchado antes la de Josh White). Como sea, en 1964 el tema se convirtió en número uno de las listas internacionales, contribuyendo a la solidificación de la era del folk-rock.

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Mary Wilson

Para las Supremes, la lista de éxitos fue grande. El trío se convirtió en el grupo femenino más importante del siglo XX, y no sólo en las listas de la industria (con doce primeros lugares durante los años sesenta) sino también como símbolo de la femineidad afroestadounidense, de la lucha del género contra el racismo, del buen gusto en el vestir y con un gran repertorio musical. El grupo se había formado en 1959 como cuarteto y se llamaban The Primettes: Diana Ross, Mary Wilson, Florence Ballard y Barbara Martin. Amigas todas ellas.

Discográficamente debutaron en 1960, con el sello Lupine. Al año siguiente firmaron para la compañía Motown de Berry Gordy Jr. y empezaron los cambios: el primero, su nombre, por The Supremes. A partir de ese momento y durante los tres años siguientes The Supremes mostraron un enorme potencial expresivo. con coreografías estilizadas y un estilo muy visual, con el que triunfaron tanto en sus presentaciones en televisión como en sus conciertos en vivo, mientras el equipo de compositores producía a tope. Mary Wilson falleció el 8 de febrero.

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Chick Corea

Filles de Kilimanjaro e In A Silent Way fueron un punto de partida para el jazz-rock.  A fines de los años sesenta Miles Davis intentaba poner énfasis en las raíces africanas de su música, lo cual resultó en una ampliación del concepto en la sección rítmica. El sentido de la oportunidad histórica le ayudó muchísimo y desde luego también su visión a futuro. El uso de la guitarra eléctrica y de múltiples teclados, también eléctricos (entre ellos Chick Corea), en lugar de concentrarse en complejidades armónicas o en el sutil juego entre el solista y la sección rítmica.

Todo ello hizo que esta música se distinguiera por sus texturas múltiples generadas por las improvisaciones simultáneas tanto de los metales como de dicha sección rítmica. Los públicos jóvenes estaban muy abiertos al rock muy experimental, así como al sonido jazz-rock o a cualquier otro que expandiera el concepto musical. Corea participó de todo ello en más de una decena de discos y a la postre como solista hasta su muerte el 9 de febrero.

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Chris Barber

 

Su verdadero nombre fue Donald Christopher Barber y fue un músico de jazz, trombonista y director de orquesta británico. Además de conseguir un buen número de éxitos en el la Gran Bretaña en el campo del trad jazz, tuvo una colaboración decisiva en la popularización del género llamado skiffle durante los años cincuenta. Sus colaboraciones con Lonnie Donegan, puntal del mencionado ritmo, y, más tarde, con el padrino del blues británico, Alexis Korner, hicieron de Barber una figura fundamental de aquella escena musical y posteriormente, en los años 60, del auge la corriente beat u Ola Inglesa.

Entre el final de la década de los cicuenta y principios de la siguiente los años 50 Barber fue el impulsor de las giras británicas de artistas como Big Bill Broonzy y Muddy Waters, entre otros. Hecho importante y fuente de inspiración para jóvenes artistas como los Rolling Stones, el Fleetwood Mac de Peter Green y los Bluesbrakers donde figuraría Eric Clapton. Barber falleció el 2 de marzo.

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Phil Spector

 

Phil Spector, el más legendario de los productores musicales en la historia de la música; cuyo nombre fue sinónimo de genialidad en ese rubro; el que produjo discos míticos de las Ronettes, de Leonard Cohen, de los Ramones o el Let it Be de los Beatles, murió apenas cumplidos los 81 años de edad (el 16 de enero). De su lado oscuro ya se ha hablado y escrito mucho, pero en el otro lado de la moneda estuvo el Phil Spector luminoso, el mimado por la genialidad. El que lleva a lugares mágicos con su cancionero único y placentero, mezcla fascinante de euforia, inocencia y nostalgia atemporal.

Spector aportó cuidadas sinfonías pop, en pequeños adornos que serán decisivos en el terminado, pero sobre todo demostró un conocimiento pleno del estudio de grabación en donde desplegó toda su habilidad para captar la fogosidad de la música. Lo impuso como el lugar para concretar todo el esplendor de las ideas sonoras (cuando las hay), ordenadas a base de horas y horas de trabajo, de sensibilidad y desgaste en las relaciones personales con los intérpretes. Eso tuvo un nombre, clásico entre los conocedores de la música popular: The Wall of Sound (el muro de sonido, su criatura).

 

Otros que cayeron en el camino: Gerry Marsden (de los Peacemakers), Bunny Wailer (integrante de los primeros Wailers de Bob Marley), Lawrence Felinghetti (quien no fue músico, pero sí un poeta que inspiró en mucho a los rockeros y apoyó a los escritores de la Generación Beat),

A todos ellos: ¡Gracias!

VIDEO SUGERIDO: New York Dolls, Peronality Crisis, YouTube (Miguel Rodrigues)

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TIEMPO DEL RÁPSODA: “BLACK & BLUE”

Por SERGIO MONSALVO C.

AMSTERDAMAS (PORTADA)

 

(POEMA)

 

black & blue*

(para Bettina Weller)

Sólo quien ama

plasma así con:

—el óleo de la memoria

—la acuarela de la emoción

un todo en moody blue

Sobre el satín del azul

la certeza del universo

nocturna/

íntima/

ich liebe dich, i love you

Una ventana pequeña

expande el tono aleph

—la mirada/el ojo

—el boomboomboom

babe, everything is true

El infinito está ahí, adentro

lo has descubierto

/para ti

/tu nombre

trazado en black & blue

Ámsterdam/2006

*Este texto es parte del libro Amsterdamas, de la Editorial Doble A, que se ha publicado a través del blog Con los audífonos puestos de manera seriada en la categoría “Tiempo del Rápsoda”.

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Amsterdamas

Sergio Monsalvo C.

Colección “Poesía”

Editorial Doble A

The Netherlands, 2019

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BOB MARLEY (2)

Por SERGIO MONSALVO C.

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 NACIMIENTO DE UNA PROGRESIÓN

(40 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO)

 A mediados de la década de los cincuenta, dos hombres que habrían de desempeñar un papel clave en el futuro de la música jamaicana se habían unido a las filas de los sonideros. Uno era Duke Reid y el otro Clement Seymour Dodd. Reid adoptó el apodo “Trojan” por el nombre del camión de plataforma Bedford Trojan que usaba para transportar el equipo.

Dodd, a su vez, bautizó su sonido como “Sir Coxsone Downbeat”, por el jugador de críquet Coxsone, originario de Yorkshire, del que era admirador. Durante la segunda mitad de la década, este par de personajes protagonizó una guerra musical que habría de alargarse hasta bien entrados los años sesenta.

Durante los cincuenta nació también la industria disquera local. Al comienzo de la década, un tal Stanley Motta registró en su estudio, con una grabadora primitiva, ejemplos de la versión jamaicana del calypso conocida como mento. En 1954, Ken Khouri fundó Federal Records, donde diariamente producía unos doscientos discos de goma laca de 78 revoluciones bajo licencia de los Estados Unidos, además de unas cuantas grabaciones locales. El negocio prosperó y al poco tiempo Khouri instaló una fábrica de prensar que empleaba a más de cincuenta obreros.

En 1958, Edward Seaga, a la postre líder del Partido Laborista Jamaicano y elegido primer ministro en 1980, fundó una compañía llamada WIRL (West Indies Records Limited), la cual empezó a producir los discos grabados por intérpretes locales como Joe Higgs y Roy Wilson.

En ese mismo año, Chris Blackwell (también oriundo de Jamaica) grabó al cantante Laurel Aitken, con una pieza llamada “Boogie in My Bones”. Fue un hit número uno en el país. Al año siguiente, Duke Reid realizó su primera sesión de grabaciones y Clement Dodd también hizo lo suyo. Al inicio de los sesenta, otros productores empezaron a entrar al negocio. Derrick Morgan con la disquera Hi‑Lite y Cecil Campbell, que adoptó el nombre profesional de Prince Buster, con The Voice of the People.

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Por esa época, en los Estados Unidos casi concluía la transformación del rhythm and blues negro en el rock and roll blanco. Los productores jamaicanos de discos que enfrentaban esta situación simplemente hacían sus propias copias del rhythm and blues, idénticas al modelo estadounidense.

Buster cambió todo eso. Sabía que era necesario algo nuevo, de modo que indicó a su guitarrista Jah Jerry que en cada compás pusiera el énfasis no en el tiempo fuerte sino en el débil. Las ramificaciones de esta innovación se han prolongado hasta la fecha, puesto que, de una manera u otra, esta acentuación sigue siendo la síncopa jamaicana esencial. Dicho sonido se erigió en un ingrediente clave del naciente género musical exclusivo de Jamaica que se conocería como “ska”.

Prince Buster negoció un contrato con Melodisc Records en Inglaterra, que editaba sus producciones en el sello Blue Beat. Ahí competían con la compañía Island, fundada en 1962 por Chris Blackwell (quien se había mudado a Londres), y con R&B de Rita y Benny King, en ventas y en el esfuerzo por acaparar la atención del que entonces era el más grande mercado para la música jamaicana.

Dicho mercado extranjero era de suma importancia. Los discos del país caribeño se vendían muy bien en la Gran Bretaña, donde cautivaron el oído de toda una generación de jóvenes blancos de la clase obrera, los “modernistas”, según ellos mismos se llamaban. Los discos eran tocados en clubes y en los bailes masivos de sonidos conocidos como “blues”.

Al comienzo de los sesenta, los bailes de “blues” se realizaban cada fin de semana en las zonas de población jamaicana de todas las grandes ciudades inglesas. Un nuevo ingrediente anunció así su llegada a la cultura británica. Es posible medir la profunda penetración del ska en su adoptada cultura anfitriona, por el hecho de que a mediados de la década existían clubes especializados en el género en lugares tan apartados el uno del otro como Lancashire y en la costa meridional de Kent.

En términos de música popular, dicha penetración se reflejó en las ventas multimillonarias de la pieza “My Boy Lollipop” de Millie Small, por ejemplo, con su tibia aproximación al ska (tiempo después sucedería lo mismo con la versión de los Bad Manners).

En la propia Jamaica hubo un diluvio de discos entre los años 1962 y 1966.  Durante este periodo, Bob Marley hizo sus primeras grabaciones, en un inicio como solista para el empresario chino‑jamaiquino Leslie Kong, pero de manera más importante desde 1963 para Coxsone, como integrante de los Wailing Wailers. Éste era uno solo de los muchos grupos vocales que existían en ese momento. Competían con The Maytals, Justin Hinds and The Dominoes, The Clarendonians, The Charmers y un sinnúmero más. Al panorama general había llegado la música del ghetto.

Sin embargo, aún debía luchar por obtener el reconocimiento de la élite dominante de Jamaica. Ésta prefería los sonidos más pulidos de la orquesta de Byron Lee, que realizaba giras constantes por la isla y de manera regular también por otros lugares del Caribe. En 1964 intentó, con poco tino, popularizar el ska en los Estados Unidos: lo redujo a fórmulas y dio un tratamiento comercial al baile con la intención de despertar una moda parecida a la del twist.  No obstante, el proyecto fracasó.

Otros hombres talentosos como Lee Perry, también producían en el estudio de Coxsone, quien proporcionaba a la música la infraestructura necesaria y se basaba en su gusto para seleccionar las grabaciones a lanzar.  Dueño de tres equipos de sonido activos durante los sesenta, Coxsone impuso su dominio hasta mediados de la década. Sin embargo, ya se anunciaba el cambio.

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ROCK & ROLL LXX-II (2)

 

Por SERGIO MONSALVO C.

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60’s

(SEGUNDA PARTE)

 El segundo lustro de la década es el inicio de una pesadilla generacional que conmociona de forma extrema a la tierra del Tío Sam, en todos los sentidos: El activismo político universitario —dormido hasta la fecha— hace sentir su rechazo al llamado a filas para los jóvenes y a la guerra imperialista. De igual manera, las minorías sociales inician la lucha por los derechos civiles de todas ellas (negros, indios, chicanos, feministas, gays, etcétera).

Como consecuencia de tal toma de conciencia surgirá el hippismo, el movimiento de los “weathermen”, el yippismo y otros ismos que se expandirán por el mundo en una diáspora cultural muy importante y de alcances indefinidos.

Todo ello había sucedido cuando la aparición de los Beatles en la Unión Americana arrasó en el Hit Parade y los convirtió en un hito. Luego de los Beatles el mundo fue otro, tanto como la música, la forma de componer, de hacer los arreglos, de producir, de grabar, de promocionarse. Los estilos se modificaron, la manera de escuchar la música cambió.

La beatlemanía fue una fuerza centrífuga que abrió la tubería del intercambio y asimilación cultural por doquier y por ella circularon el ye-yé francés, el pop italiano, la bossa nova brasileña, el krautrock alemán, la música hindú y el free jazz y la música estadounidense de raíces, así como las nuevas creaciones, el go-go, entre ellas.

El desembarco de los Beatles en los Estados Unidos, contagió a la población adolescente. En cuestión de días, los garages y sótanos de la Unión Americana fueron ocupados por jóvenes ensayando licks rocanroleros, iluminados por las sucesivas avanzadas de la Invasión Británica que continuarán llegando: Rolling Stones, Them, The Who, Kinks… Pocos fenómenos explican más vívidamente el poder catalizador del rock como aquel florecimiento musical al que se llamó garage rock: una explosión tan ubicua como expansiva en el tiempo.

A mediados de la década, con el paso de la adolescencia a la juventud, del instinto al conocimiento dentro del rock, se dio paso también al Bob Dylan que electrificó la palabra. La poesía, irrumpió en el género para amplificar la denuncia, el disgusto, la incomodidad con un sistema; para modificar los lenguajes, los sueños y las utopías. Esto forzó a que muchos grupos lanzaran varios discos al año, con los mismos Beatles como ejemplo.

Surgieron entonces el folk rock, el country rock y los primeros resultados de la exploración lisérgica por los paraísos artificiales. El rock psicodélico emanó de la Bahía de San Francisco para hablar de viajes interiores, de aventuras mentales, de trascendencias espirituales, acompañadas de otras vibraciones, de sonoridades desconocidas provenientes del interior humano, con infinidad de exponentes.

De tal actividad brotaron flores culturales para dar fijeza a un momento histórico: el LP como objeto del arte pictórico y del concepto en lo musical, las portadas de los discos, los álbumes dobles y triples, los happenings, los conciertos colectivos, el performance, los festivales masivos, la prensa underground, el pop-art, los shows musicales de la TV.

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Los iconos de una nueva cultura, como Jimi Hendrix (quizá el mejor guitarrista de la historia), los clubes de rock, la ruptura del papel de habitual de la mujer en la música popular, el movimiento ecologista, las radios piratas o las boy bands con referentes dignos como los Walker Brothers.

Hubo todo un nuevo movimiento musical, quizá el más trascendente y de gran repercusión social y cultural con el art-rock, alternativo e indie, el rock progresivo, el rock sinfónico, el jazz-rock, la rock-ópera y el hard rock como referentes. Al igual que las exploraciones electrónicas y las mitomanías exacerbadas en el exterior y en lo subterráneo. El uso del estudio de grabación como un instrumento más (experimentando con prácticamente toda la tecnología existente, e incluso provocando la invención de alguna nueva) creó una riquísima amalgama.

Los años sesenta abordaron lo musical como protagonista, pero en el fondo insistieron en lo sociológico. Puede considerarse la década de las ideologías. Del hedonismo al activismo, de la secularización a la píldora anticonceptiva, de la cultura de masas al afán por la juventud eterna y mucho de lo que nos caracteriza hoy hunde sus raíces en las batallas libradas en aquella década. Es la crónica de una generación que se encontró con un mundo en llamas y decidió ser sujeto activo de la Historia, con mayúscula.

Hubo movimientos de protesta contra el imperialismo yanqui (por la guerra de Vietnam); contra el imperialismo soviético (por la invasión de sus tropas en Checoslovaquía, en la Primavera de Praga); en mayo del 68 contra el orden establecido, durante las revueltas estudiantiles y sindicales que se iniciaron en Francia y se extendieron rápidamente por otros países. Los efectos socioculturales de estos movimientos aún se sienten actualmente.

Con el Festival de Woodstock, realizado en Nueva York en 1969, y considerada la reunión rockera más importante, esa progenie del “peace and love” vivió su momento ideal, su punto álgido, con la mayoría de sus dioses en el escenario, pero a la vez marcó el inicio del fin, que ocurrió meses más tarde con el concierto gratuito que The Rolling Stones ofrecieron en Altamont, California. Los Hell’s Angels y, antes, Charles Manson y Familia aportaron la parte oscura a aquel festín sesentero. La utopía hizo fade-out.

Dicha utopía sí, pero el rock continuó con su larga marcha hacia las decenas de horizontes descubiertos. Al llegar el final de la década se produjo un estremecimiento general, se dio otro cambio en el sonido gracias a los estallidos del  heavy metal.

La injerencia de tal cúmulo de hechos, pero sobre todo, la conquista de un arrebato generalizado y contagioso hizo patente el hecho de que la inmensidad de aquello había sido una revolución, en toda la extensión de la palabra, protagonizada por toda una generación a nivel internacional.

VIDEO SUGERIDO: Santana – Soul Sacrifice 1969 “Woodstock” Live Video HQ, YouTube (NEA ZIXNH)

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ARTE-FACTO: OTROS ESPACIOS (I)

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (ARTAUD/GRASS)

 Cuando son buenos, los libros dejan de ser libros, o únicamente libros, y pasan de conceptos, frases y oraciones a ser, además, ideas, letras y palabras con las que se escribe un nuevo texto. Es entonces cuando se mudan con las emociones que contienen y habitan otros espacios, ocupan lugares, se instalan y crean sus canciones, que son como íntimas estancias. He aquí, a continuación, algunos ejemplos de lo dicho.

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 UN VIAJE SURREALISTA

(ANTONIN ARTAUD)

El Teatro de la Crueldad ha sido creado para devolverle al teatro la noción de una vida apasionada y convulsiva…”. La única forma de lograr esto, según Antonin Artaud (1896-1948), era viajar a un país donde dicha noción fuera recobrable al abrigo de antiguas cosmogonías; donde se pudiera documentar sobre el terreno mismo acerca de los ritos solares; donde se pudiera explorar lo que quedara de un naturalismo lleno de magia; donde hubiera que sumergirse para recoger los vestigios movientes, los mitos, y aspirar directamente su fuerza: ese país era México.

El primer espectáculo producto de este aprendizaje resultó en el drama La Conquista de México. “Ahí puede verse de manera concreta, lúcida y bien calzada por las palabras exactamente lo que quiero hacer, y que mi concepción física del teatro emerge de modo indudable…”, escribió.  Era una forma de teatro que no se interesaba por éste en sí, sino como un instrumento para “modificar” el mundo.

Moctezuma, para el escritor francés, era el rey astrólogo que “obedece santamente las órdenes del destino, aquel que cumple pasivamente y en plena conciencia la fatalidad que lo liga a los astros… el hombre desgarrado que habiendo cumplido con los gestos exteriores de un rito, se pregunta si no se ha equivocado y se rebela en una especie de tête-à -tête contra el orden superior donde planean los fantasmas del ser”. La irrepresentabilidad de la gigantesca obra en el teatro francés de aquel entonces (1934) convirtió en obsesión su viaje a México.

El vía crucis para conseguir respaldo oficial y financiero no hizo más que acendrar la idea apoyada por particulares estudios sobre el esoterismo y tratados de antiguas civilizaciones, lo que Artaud consideraba como investidura para una misión verdadera: descubrir el manantial vivo de la cultura y, por este medio, recuperarse íntegramente, desembarazarse de las alienaciones y estratificaciones impuestas por la “extraviada civilización de Occidente”.

Por fin en enero de 1936 el autor partió rumbo a México vía La Habana, donde un brujo le obsequió una pequeña espada, a la que aquél le concedió un carácter mágico: “Hasta ahora, los horóscopos y mi fe íntima, que jamás me han engañado, prueban que México dará lo que debe dar… Ahí hay un mundo esotérico real, he tocado ese mundo desde La Habana”.

A finales de febrero, una vez en México, Artaud dictó una serie de conferencias bajo el patrocinio universitario: “Surrealismo y revolución”, “El hombre contra el destino”, “El teatro y los dioses”, las cuales, junto con artículos publicados en periódicos y revistas, le permitieron costear su estadía y hacer labor de proselitismo, la cual culminó con la petición escrita por un grupo de intelectuales mexicanos para que el gobierno le facilitara los medios para “tratar de retomar y resucitar los vestigios de la antigua cultura solar” mediante una expedición a la tierra tarahumara, con el fin de “restablecer la armonía o esperar su resurrección…con una abundante cosecha de documentos esotéricos”.

El viaje no fue turístico sino ritual, la experimentación en carne propia de las teorías largamente concebidas lo condujeron a una transformación de sí mismo, en el sitio donde se vivía la cultura largamente buscada: la cultura del peyote, sus brujos y sus ritos. El poseso siempre ha sido un poseso de sí mismo y Artaud quedó fascinado por lo concreto de las mágicas obtenciones del peyotl.

El artista habitaba un reino alterno y sombrío: la lucidez analítica en la penetración de la locura, que conservaba vestigios de una razón que actuaba sobre lo irreal. Con la aventura ritual se dio en él entonces un trueque con la naturaleza. Al inteligir el entorno como un poseso, marchó paralelo con el sentir de las plantas, buscó entonces la sombra del sueño, que es la región donde el vegetal ingerido penetra y se expande.

Tamaña experiencia del surrealista, en sí mismo, fue compilada en el volumen llamado Los tarahumaras, cuya redacción duró 12 años y el último de sus textos escrito tan sólo un mes antes de morir: el mito solicitó la noche para brillar.

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 LA RATESA

(GÜNTER GRASS)

 En la reflexión sobre el libro La ratesa, de Günter Grass, hay que comenzar con la selección por parte del autor del tema apocalíptico, con su escenificación de un hecho insólito.

Ambos sin duda denotan oficio y originalidad al mismo tiempo. El autor alemán, con su preferencia familiar por los animales heráldicos como narradores, escogió en esta ocasión a un asqueroso roedor: la rata.

Ésta no figuró entre la pequeña multitud salvada por Noé en su famosa Arca, por indicación de Jehovah –como argumenta el texto judeo-cristiano de la Biblia–. Sobrevivió por cuenta propia, sepultada en el monte Arafat.

La ratesa, con la que sueña el narrador de la novela de Grass, se muestra como su escéptica contraparte en las conversaciones acerca de la situación del mundo y las posibilidades de supervivencia del género humano.

Habla con la voz de un individuo y de la colectividad, habla desde un conocimiento preciso de la historia y la naturaleza del ser humano. De ella es la última palabra hablada; del narrador, la última palabra escrita.

Las personas de espíritu alegre siembran un manzano cuando sienten que se acerca el final (aunque sólo sea en el jardín de los libros de no ficción).  Los caracteres serios y severos, en cambio, hacen el balance, sacan la suma de diversas cifras aisladas.

Este último fue el camino elegido por Günter Grass. Por lo tanto, continuó aquí entre otras cosas con sus novelas El tambor de hojalata y El rodaballo, resucitó a Oskar Matzerath y a Ilsebill, sus protagonistas, respectivamente.

Las cuatro o cinco voces de la obra (la primera persona del narrador sobre la Tierra y en el espacio, Oskar Matzerath, la “nueva” Ilsebill y los terribles personajes de los cuentos), entretejidas, traspuestas entre el sueño y la realidad, siguen el hilo de una cronología confusa. No forman una concreta madeja de catástrofes, sino conservan su carácter casual y arbitrario.

En La ratesa hay que alabar el ritmo animado y conmovedor de la narrativa, la pródiga multiplicidad de las imágenes y la maravillosa ligereza del lenguaje. Esta es la obra de una imaginación grandilocuente con un mensaje que, a pesar de los años, continúa con urgente actualidad.

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