FREE (IGGY POP)

Por SERGIO MONSALVO C.

Iggy Pop

(IGGY POP)

Fue durante los años sesenta que la palabra free (libre) alcanzó altos niveles de cotización. Fue un concepto que prácticamente lo impregnó todo: lenguaje, literatura, música, cine, filosofía, política, pacifismo, etcétera, etcétera. Fue una parte esencial en el desarrollo y concepción de un movimiento juvenil que pugnó por ella en todos los sentidos.

Literalmente alcanzó la divulgación global en infinidad de manifiestos, expresiones artísticas y hasta cuestiones míticas. Tal difusión se inició cuando aquella generación se rebeló contra muchas formas de vida, empezando por la guerra de Vietnam, al convertirse la palabra en un símbolo de identificación para todo movimiento social (la contracultura específicamente) que se rebeló tanto contra esa guerra, como contra un futuro incierto e inquietante, tanto en los Estados Unidos como en diversas geografías.

Al respecto, la obra de varios autores influyó en la formación de dicho concepto en tal época (Hermann Hesse, Jack Kerouac, Ken Kessey, entre muchos otros). A esos autores le sucedió “lo más grande que puede sucederle a un escritor: ser adoptado por los jóvenes rebeldes de medio mundo y convertido en sus mentores”. Eran los años sesenta, los de la revolución psicodélica, de la sociedad tolerante y la evaporación de los tabúes sexuales, del espiritualismo y la religión pacifista.

El culto de los jóvenes por esos autores hizo que se les leyera y sí, era verdad, tenían todo el derecho del mundo a entronizarlos como sus gurús. Ellos fraguaron con la palabra free una fábula contra el pesimismo y la angustia en un mundo que salía de una tragedia y vivía en la inminencia de otra. Anticiparon un retrato con el que iban a identificarse los jóvenes inconformes con la sociedad.

La palabra se convirtió en el acicate para vivir con autodeterminación (contracultural) y en forma opuesta (contestataria) a la sumisión hacia la autoridad, así como las soluciones ideológicas de corte universal. Vida libre, amor libre, espíritu libre, liberación de la mente, frases que explican su fuerza de atracción sobre las nuevas generaciones. A la creciente desorientación el concepto contrapuso una imagen global en la que se mezclaron tradición y modernidad, ética y estética, de un modo por demás futurista. Sus diversos ecos aún continúan llegando.

Iggy Pop, un icono musical emergido de aquellos años, ha recurrido a tal palabra (Free) para titular su álbum más reciente. ¿Por qué? Porque al parecer le ha llegado un momento de hartazgo en su carrera como músico y, quizá, en su vida.

Una carrera en la que ha cumplido más de cincuenta años de andanzas, desde aquellos inicios con los Stooges en 1967, para luego convertirse en un referente fundamental para diversos subgéneros del rock (desde el garage hasta el punk y lo que ha derivado de él) y para su cultura. Así es que si Iggy ha llegado a un instante crítico hay que escucharlo y tratar de entender lo que dice al respecto.

IGGY POP (FOTO 2)

Desde hace siglos, si no es que desde siempre, el hastío ha proyectado una sombra gigante sobre los humanos y su arte. La poesía, escultura, pintura, novela, música, han creado monumentos impresionantes a tal sentimiento, una corriente subterránea dirigida a exaltar esa forma de estar en el mundo.

Hoy en día, en el fin de la segunda década del siglo XXI, quizá ellos, los hacedores de esta proyección, como Iggy Pop, se asuman en el eco. Quizá ellos lo perciban, y lo hagan por esa avenida donde como escritores deambulen mascullando su fastidio.

Quizá de cualquier manera tengan que emprender la vagancia imaginaria alrededor de sus desiertos cotidianos, gritando su desesperanza. La certeza de que la fama es una carga indeseable que los lleva, armados de un fuerte nihilismo, a una búsqueda interior, para explorar quiénes son y quiénes deseaban ser, y el cansancio por las tres cosas.

El flujo de pensamiento en sus obras equivale a la exploración continua por la comprensión personal de la propia realidad. En el hastío por la exposición pública es manifiesto que no es preciso el mal físico para sufrir por el quebranto. El agobio espiritual puede resultar mucho más insoportable que el dolor orgánico. En el caso de su música, de sus letras, en el disco Free este hecho es evidente, y su entendimiento es fundamental para percibir los lenguajes de esa vulnerabilidad que duele.

Sentirse abrumado por el precio de la fama (y en el caso de Iggy es un hecho real y no un invento publicitario) es un estado anímico al que conducen muchos caminos, de los cuales el más seguro es el de la pena vivencial. Un mundo afectado por tal aflicción trata de curarse en la obra, que en este caso se realiza dentro de la música. En Free se escucha la voz del hastío en la poesía del dolor plasmado y no sólo vivido.

Muchos seres han tomado al hartazgo como pauta para su manifiesto estético, es un tópico de la época. Un fenómeno recurrente en la actualidad, una erupción desesperada, un potente grito en el que se juntan todos los gemidos de la especie. El ojo del que padece es el que está más abierto para la verdad, han dicho los filósofos.

Los artistas como Iggy, como exponentes de esta situación, crean una atmósfera en que la aspiración no consiste en vivir dentro de la sociedad de la que forma parte, interrelacionarse con los otros, sino conseguir un paliativo a su sobreexposición y sus normas, a través del éxtasis provocado por dicho agobio.

La dicotomía humana más actual (y global) es la que se produce entre anonimato y fama. Ambas cosas forman parte hoy del cielo y del infierno, según como las ubiquen los medios. En el acontecer diario el trabajo más extenuante para una persona razonable no es el de la supervivencia, sino el de la defensa de su intimidad. Liberarse del yugo.

La fama es, pues, una trampa. Eso lo vive en carne propia Iggy Pop, figura para la estética punk, agitador nihilista al frente de los explosivos Stooges y un incansable gamberro del rock más fibroso y cuajado. Es esa forma de vida que genera un músico célebre, de incuestionable peso en la historia del rock, que finalmente debe admitir abiertamente que está exhausto de su papel sobre el escenario.

Lógico, a cualquier artista de su nivel y experiencia le ha llegado tal momento en alguna ocasión o muchas veces. Actualmente le ha tocado a él y de tal circunstancia existencial, y del intento de liberarse, trata su álbum. Se nota desde el número de piezas incluidas en él, tan sólo una decena, en la que figuran temas como la del título mismo, “We are the People”, “Do not Go Gentle Into Thah Good Night” o “The Down”.

Free es una confesión, entre desvaríos, del cansancio mental y físico, del hartazgo por la escena (al parecer desde la anterior gira  Post Pop Depression). Por lo tanto decidió plasmarlo en esta obra intimista y franca.

Pero al contrario de lo que pudiera pensarse, no le salió nada mal, aunque se muestre como una colección atípica, en la que Iggy recita más que canta. Un estilo que como hicieran Lou Reed, Leonard Cohen, Nick Lowe o el mismo Bowie, en su momento, lo pone ante la siguiente perspectiva de un horizonte incierto en su séptima década de vida.

VIDEO SUGERIDO: Loves Missing, YouTube (IggyPopOnVEVO)

IGGY POP (FOTO 3)

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