ELVIS PRESLEY

Por SERGIO MONSALVO C.

ELVIS PRESLEY (FOTO 1)

 EN EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

En 1956 la muerte entró como tema en las canciones del rock & roll. Y lo hizo a través de quien haría de ese año su año: Elvis Presley. La figura de Elvis, desde el momento de su aparición en la escena musical, se constituyó en un icono cultural generador de tópicos.

El de la muerte fue uno que se sumó a los del peinado, el movimiento de los labios, el uso de la ropa, el micrófono, la postura en el escenario, la guitarra como escudo, lanza y estandarte, los movimientos corporales, la estridencia del rock & roll star, la vida como tal, etcétera, etcétera. Con él comenzó prácticamente todo y de él derivó también prácticamente todo. Las leyendas surgidas del género en uno o varios aspectos lo tienen a él como referencia definitiva. Es el hito y el mito por excelencia.

 Well, since my baby left me,

I found a new place to dwell.

It’s down at the end of lonely street

At Heartbreak Hotel

El 10 de enero de 1956, sólo dos días después de haber cumplido los 21 años, Presley entró a los estudios de la compañía RCA en Nashville para grabar sus primeros tracks para un sello importante. Aquella primera sesión produjo un tema que haría época, “Heartbreak Hotel”, uno de los temas más impactantes del rock que se hayan editado jamás. La canción había sido compuesta entre Mae, la madre de Hoyt Axton (cantante y compositor country), Tommy Durden y Elvis, y evocaba una visión de desesperanza sepulcral absoluta.

Nada en el horizonte musical de aquel tiempo insinuaba siquiera un grado de desolación semejante. La interpretación de Elvis resultó extraordinariamente madura y conmovedora, evitando de manera resuelta cualquier actitud histriónica para aceptar, con dolor y resignación, una soledad equivalente a la muerte.

El trabajo escueto pero enfático de Floyd Cramer en el piano enriqueció el ambiente de la pieza, captada por una producción minimalista muy apropiada (Scotty Moore, en la guitarra eléctrica; Chet Atkins, en la acústica; Bill Black, en el doble bajo y D.J. Fontana, en la batería).

El carácter original e intenso de “Heartbreak Hotel” cautivó primero al público de la Unión Americana y lo mantuvo como sencillo en el número uno de las listas de éxitos durante el largo y asombroso periodo de ocho semanas.

En forma independiente a sus logros posteriores, Presley se reservó un lugar en la historia del rock por uno de los mejores discos debut realizados por artista alguno con una disquera de tal magnitud. En el mismo mes que grabó “Heartbreak Hotel”, Elvis apareció por primera vez en la televisión estadounidense, a nivel nacional, para mostrar sus movimientos abiertamente sexuales a un confundido público adulto, cuya indignación llevó a los productores a realizar tomas de la emergente estrella de la cintura para arriba. Lo demás se volvería historia.

 And although it’s always crowded,

You still can find some room.

Where broken-hearted lovers

Do cry away their gloom.

 En los dos años siguientes, el rock & roll se consolidó como género y se extendió como una nueva (contra)cultura por todo el mundo. Elvis Presley fue el adalid y la imagen constitutiva del movimiento e impuso sus huellas por doquier.

Sin embargo, el Status Quo no se iba a resignar tan fácilmente ante la avasalladora presencia. La ideología dominante, el talón de Aquiles presleyano, necesitaba someter al héroe y, como en cualquier choque cultural, lo puso en la palestra: fue llamado a filas durante la intervención norteamericana del momento (Corea).

Elvis no murió en el frente (el Sistema tampoco era tonto y no iba a permitir que un filón de oro como aquél desapareciera sin más del mapa), pero se desvaneció el rockero primigenio, el esencial, que se elevó a la categoría de guía parnasiano y que no volvería a encarnar en él.

De ahí en adelante como personaje mítico sería sacrificado una y otra vez (en otros cuerpos, con otros nombres) en castigo por haber incendiado los espíritus. Mientras, Elvis —el humano— sería domesticado, cuasi rapado y convertido a la larga en un cantante de variedad y películas lastimosas. El hecho se constituiría de forma metafórica en la primera “muerte” ritual dentro del género, pero no del rock mismo. Éste ya había trascendido a los individuos. El año, 1958.

“El rock and roll llegó para quedarse y no morirá nunca”, cantaron Danny Rapp y los Juniors en 1959, luego de las inesperadas y trágicas muertes de Big Bopper, Buddy Holly y Ritchie Valens en un accidente aéreo. Danny Rapp deseaba crear algo parecido a un llamado a cerrar filas, a un himno para la generación. Sin embargo, y aunque no se erigió en tal himno, dentro de su candidez se puede denominar una auténtica declaración de fe, producto de una era caracterizada en igual medida tanto por su inocencia como por su ardor. La muerte era ya una presencia concreta.

Casi un cuarto de siglo más tarde, en 1983, no quedaba nada de aquella inocencia y ardor. Danny Rapp se encerró en la habitación de un motel en Arizona y se dio un tiro en la cabeza. El rock continuó. No tiene caso analizar la muerte de Danny Rapp. Es un tópico. El rock cobró otra víctima y expresó una verdad en forma tan sobrecogedora que se convirtió en un cliché más que evidente.

Además del sexo, las drogas y los cortes de pelo, la muerte ha dado el tono para el rock desde sus comienzos. Y ésta, tanto como otras decenas de aspectos cualquiera, vincula a Elvis Presley con los Rolling Stones, los Beatles, los Sex Pistols, Joy Division o Nirvana.

El rock sigue vivo, pero muchos de sus dirigentes puntales no. La mayoría han muerto jóvenes y algunos, tristemente, en condiciones absurdas: víctimas del abuso de las drogas y el alcohol, en accidentes automovilísticos y aéreos, por depresiones severas y por otras causas inimaginables.

Es ya una tradición añeja. El bluesero Robert Johnson y el cantante de country Hank Williams, quizá los dos tótems más influyentes con relación a todo lo que habría de ser el rock, no alcanzaron los 30 años de edad; ambos murieron antes de que Bill Haley pudiera instar a todos a rocanrolear alrededor del reloj (por cierto, las luces se le apagaron a Haley en 1981 debido a un ataque cardíaco).

 Well, the bell hop’s tears keep flowin’,

And the desk clerk’s dressed in black.

Well they been so long on lonely street

They ain’t ever gonna look back.

ELVIS PRESLEY (FOTO 2)

Elvis Presley supo dar los toques finales a lo iniciado por Johnson y Williams al ocupar el lugar de Prometeo en una especie de  concatenación del mito. Elvis fue el heredero del rock (del fuego), el primogénito —no cabe duda— y a su vez puso los ejemplos para casi todo lo sucedido a continuación.

Sin él no hubieran existido John Lennon ni Brian Jones, por no hablar de Sid Vicious o Kurt Cobain. Además, aunque Presley haya rebasado los 30 años murió joven de cualquier manera y en el proceso convirtió la edad de 42 años en un coto legendario casi tan importante como el de los 27.

Uno se pregunta entonces qué diablos ocurre. ¿De entre los atavíos del rock —las drogas y el alcohol, las obsesiones de los fans, la vida de las giras —hay algo que de manera inherente sea fatal o peligroso? La historia dice que sí.

Casi siete décadas de tal cultura han servido un festín de muertes para el análisis, una para cada momento y algunas para ocasiones que no sabíamos que existieran. Aunque supusiéramos que los líderes políticos, las celebridades del cine, las modelos, los boxeadores e incluso los corredores de autos y los pilotos del vuelo acrobático están expuestos a los mismos peligros y tasas de mortandad, los diversos contextos en que se mueven jamás han incluido la misma invocación desenfrenada de la muerte, ese desafío escalofriante dirigido no sólo contra las limitantes físicas, sino también las metafísicas.

Enfrentémoslo, es difícil escapar de la muerte en el rock. En el de a de veras, en el auténtico, en el que el arte y la vida se confunden. Como sea, la propuesta se sostiene. Dedicar la vida al género desde siempre ha entrañado una decisión en esencia de carácter religioso, resultando en vidas plenas de rito y misterio.

Desde sus comienzos se han insinuado en el rock visos de muerte y visiones del más allá, los cuales en muchos casos adquirieron bastante fuerza. Si no se quiere remontar hasta Robert Johnson, también está “I’ll Never Get Out of This World Alive” de Hank Williams, un éxito de 1952, poco antes de su muerte. De no bastar con eso, está la mencionada “Heartbreak Hotel” y “Mystery Train” de Elvis. Asimismo “I Put a Spell on You” de Screamin’ Jay Hawkins o “Great Balls of Fire” de Jerry Lee Lewis.

En el rock, la extraña y obsesiva fascinación con la muerte y el poder sobrenatural se mantuvo bajo la superficie en las primeras décadas, si bien trasluciéndose de manera bastante clara, hasta más o menos 1968, fecha en que se manifestó plenamente. Lo que antes había sido objeto de sombrías alusiones, en importante medida debido a poderosos tabús, de súbito se convirtió en un punto focal y rasgo principal de muchos grupos y carreras, o al menos en su imagen dominante: los Rolling Stones, Doors, Iggy Pop, el Velvet Underground y un sinnúmero más.

En los años setenta los Sex Pistols y el punk hicieron de la automutilación y el exceso real (en imitación de Iggy Pop) un espectáculo rutinario y afirmación de buen tono como forma de autodestrucción. Sid Vicious resultó entonces el sacrificado. Al llegar los ochenta, Lennon fue asesinado por un fanático desquiciado. En 1981, las obsesiones con la muerte profesadas por personajes como Ian Curtis de Joy Division, quien se ahorcó, se consideraban románticas. En 1994 Kurt Cobain, de Nirvana, se voló la cabeza con una escopeta. Fin del siglo XX.

 Hey now, if your baby leaves you,

and you got a tale to tell.

Just take a walk down lonely street

to Heartbreak Hotel.

Elvis murió solo y tirado en su baño, como Janis, como Hendrix, como Morrison. ¿Qué significa todo ello? Vivir, escribió alguna vez Ibsen, es combatir contra los seres fantasmales que nacen en las cámaras secretas de nuestro corazón y de nuestro cerebro.

Para los rockeros, a partir de “Heartbreak Hotel”, la canción angular en este sentido, la estancia en lo tenebroso significó acercarse a esa entelequia difusa que es la muerte, juzgarse a sí mismos frente a ella y poetizar al respecto. ¿Cómo? Llevando al extremo lo que acosa la mente de nuestro tiempo: la propia vida.

Y en ésta el aspecto más hedonista de la permanencia: sex & drugs & rock and roll, el slogan (creado como tal por Ian Dury) que surge en todas partes cuando se habla de esta escena musical. Son palabras mágicas con las que el  rockero prometeico reta a los dioses, quienes en venganza lo encadenan al final prematuro que se repite ad infinitum. El castigo definitivo. Sin embargo, a las deidades les sale el tiro por la culata, al tornarse su víctima en un semi dios, en un mito a su nivel.

Elvis puso altos los parámetros del sexo (el irradiado y el consumido), las drogas (él era una auténtica farmacia) y del rock and roll (lo modeló a su imagen y semejanza). En ello invirtió su vida (que cristalizó en un tópico) y previó su muerte (y la de sus semejantes, para los que el siglo XXI ha iniciado la lista).

 You make me so lonely baby,

I get so lonely,

I get so lonely I could die

ELVIS PRESLEY (FOTO 3)

 

Exlibris 3 - kopie

TRES TREPIDANTES TIGRES

Por SERGIO MONSALVO C.

King_Ben_E._008_C_c_Don_Paulsen.jpg

 (DON COVAY)

Muchas cosas sorprendentemente equiparan a estos grandes nombres del soul desaparecidos no hace mucho. Don Covay, Ben E. King y Percy Sledge, pertenecen a una generación de cantautores negros surgidos de la pobreza, de los campos de entrenamiento vocal conocidos como coros.

Su origen hay que buscarlo en una iglesia, entre los himnos del góspel y los spirituals. Pero también de las filas del doo-wop urbano. Son (fueron) reales sobrevivientes que emanaron sus talentos a pesar del ambiente restrictivo y de los posteriores mánagers (auténticos buitres) que los tuvieron bajo contrato.

 Sobrevivientes de la misma compañía que los firmó: Atlantic Records, la cual a pesar del excelente material que le proporcionaron cada uno, siempre les restringió y limitó hasta lo indecible los presupuestos.

TRES TREPIDANTES TIGRES FOTO 2

 (BEN E. KING)

Todos ellos encumbraron casi al mismo tiempo sus canciones al primer lugar de las listas de éxitos. Canciones que el tiempo volvería clásicas. Todos ellos durante el lapso que duraron sus carreras adolecieron de falta de dirección de los productores y del interés que les hubiera evitado la indefinición artística.

 Los directivos de la compañía, por afanes netamente mercantiles convirtieron a estos vocalistas ejemplares en cantantes multiusos sin rubor alguno.

 VIDEO SUGERIDO: Ben E. King – Stand By Me (1961), YouTube (TheVideoJukeBox 4)

 Todos ellos desaparecieron de los principales escenarios al final de la década de los setenta. Y tuvieron que sobrevivir literalmente de sus actuaciones en locales pequeños. Y socialmente, al igual que los egresados del Mississippi, tuvieron que romper las barreras raciales y conseguir hechizar a un público blanco con su voz y su interpretación. Arrasaron con las baladas.

Todos ellos murieron en el mismo año (2015), casi a la misma edad, aunque en ciudades distintas. Todos ellos poseyeron la legitimidad histórica con la que exhibir una autenticidad que les ganó la gloria para siempre.

TRES TREPIDANTES TIGRES FOTO 3

(PERCY SLEDGE)

 

Exlibris 3 - kopie

68 rpm/36

Por SERGIO MONSALVO C.

68 RPM 36 (FOTO 1)

En el año 2012 Donovan fue inscrito en el Salón de la Fama del Rock. Una fecha tan reciente como tardía. Reciente para nosotros, tardía para él. De cualquier manera un acto apenas justo, porque nadie como este cantautor para representar lo mejor que tuvo la utopía del flower power.

Durante casi medio siglo Donovan ha encarnado el espíritu más puro e inocente de aquel periodo, sin traicionarse y trabajando para reforzarlo como estudioso del budismo zen y de la espiritualidad. Y lo ha hecho con poesía y con música, como los legendarios trovadores europeos, cofradía de la que forma parte por derecho propio.

Donovan ha pasado por infinidad de cambios dentro de su carrera musical, que en su caso es una auténtica forma de vida. Comenzó como intérprete del folk primitivo, al igual que su admirado Bob Dylan. Su primer single, “Catch the Wind”, y sus primeros álbumes fueron hechos bajo esa influencia. Hasta ahí el paralelismo.

Sin embargo, cuando los medios lo descubrieron explotaron esta única percepción y ya no hubo forma de modificarla. Ese fue el gran estigma de Donovan, quien como fino compositor y virtuoso guitarrista buscó diversas formas de apartarse de aquella etiqueta del “Dylan británico”.

A lo largo de las décadas su música ha transitado por múltiples estilos: de las canciones de protesta a los himnos sobre la luminosidad hippie; de la interpretación de poemas y cuentos infantiles al folk psicodélico; del canto antibelicista al rock celta; del glam rock a la música electrónica; del indispensable “Rubin” al misticismo oriental; del pop a los cantos de meditación, acompañado todo por bellas melodías y la más variada instrumentación. No obstante, la imaginería popular nunca le otorgó la visa para salir de los sesenta ni lo visitó tras ellos.

68 RPM 36 (FOTO 2)

THE HURDY GURDY MAN

DONOVAN

(Epic)

En la época en la que apareció este álbum, Donovan ya había hecho discos maravillosos y con éste continuó la historia. Fue un lapso de tiempo en el que escribió canciones sobre los sublimes estados de ánimo del alma juvenil frente a la magia de la naturaleza y del mundo.

Este bardo nacido en Glasgow, Escocia, en 1946, aprendió a tocar la guitarra y a moverse por los pueblos de la zona cantando en sus calles y plazas a los 14 años. A los 17 viajó a Londres, comenzó a cantar sus propias composiciones en los clubes de folk locales y grabó su primer demo con diez canciones, entre las que se encontraba “Catch the Wind”.

El productor del famoso programa de TV Ready Steady Go! lo escuchó e invitó a participar en él. Inició así su crecimiento artístico. Tenía 18 años de edad. Los discos Sunshine Superman (uno de los primeros proyectos de pop psicodélico), Mellow Yellow y A Gift from a Flower to a Garden señalaron las distancias musicales y conceptuales con el poeta de Duluth e inscribieron a Donovan como un gran autor de estilo personal.

En 1968 desbordaba de actividad y lo mismo se presentaba en los Estados Unidos que acompañaba a los Beatles en su viaje a la India. De esas experiencias saldrían, ese mismo año, el álbum de estudio The Hurdy Gurdy Man y el disco en vivo Donovan in Concert.

La atracción que el músico sentía por el misticismo orientalista fue lo que lo impulsó a viajar a la India, hacia un lugar llamado Rishikesh, en una tour junto a los Beatles así como las esposas, novias y amigos de éstos (Cynthia, Jane Asher, Patty Boyd y su hermana Jenny, la actriz Mia Farrow, su hermana Prudence y el Beach Boy Mike Love), para conocer al Maharishi Mahesh Yogi y sus enseñanzas sobre el pensamiento trascendental.

Durante su estadía aprendió algunos rudimentos de la música de aquel país, que luego incluiría en The Hurdy Gurdy Man en temas como “Peregrine”, “The River Song” y “Tangier”. Por otro lado, les enseñó a su vez a Lennon y a McCartney la pisada finger-picking en la guitarra, que éstos luego usarían en varias piezas del llamado White Album, como “Julia”, “Look at Me” y “Dear Prudence” (dedicada a la hermana de Mia Farrow), en el caso de Lennon, y “Blackbird” y “Mother’s Nature Son”, en el de Paul.

Tal peregrinaje indio enriqueció en mucho las dotes musicales de Donovan, un cantautor lisérgico, de estirpe hippie y espiritual, y un compositor de exquisito gusto para las melodías y ejecuciones de elevada expresividad emocional.

El disco incluyó dos piezas importantes: en primer lugar, la que da nombre al álbum, “The Hurdy Gurdy Man” (dedicada al Maharishi y una de las joyas de la psicodelia británica), entre cuyas características están la utilización de pedales armónicos y los pasajes pioneros de “folk metal” a cargo del guitarrista Alan Parker, así como el acompañamiento de músicos como Jimmy Page, John Paul Jones y John Bonham, futuros integrantes de Led Zeppelin, que en este tema tocaron juntos por primera vez como sesionistas.

La otra pieza fue “Jennifer Juniper”, una hermosa balada en clave celta dedicada a la cuñada de George Harrison. Todo ello conjuntó uno de sus mejores trabajos y quizá también de los más olvidados.

68 RPM 36 (FOTO 3)

Personal: Donovan, voz y guitarra; Alan Parker, guitarra, Clem Cattini, batería y muchos músicos sesionistas como los ya mencionados. Portada: Realizada por los artistas gráficos de la compañía discográfica.

[VIDEO: Donovan – Jennifer “Boyd” Juniper, YouTube (martisslandia)]

Graffiti: “Decreto el estado de felicidad permanente

ALPHAVILLE

Por SERGIO MONSALVO C.

ALPHAVILLE (FOTO 1)

 LA FINURA BERLINESA

Un trío de alemanes oriundo de Berlín decidió lanzarse a una aventura musical de corte fantástico en 1981, como tardíos seguidores del movimiento neorromántico iniciado en Europa a finales de los años setenta.  Marian Gold quedó como cantante y vocero oficial del grupo, Bernhard Lloyd fue el encargado de la computadora rítmica y Frank Mertens en los teclados y demás sintetizadores.

Al principio hicieron diversos experimentos hasta encontrar una fórmula que los satisficiera. Ante las nulas posibilidades de encontrar un lugar amplio y adecuado para instalar su propio estudio de grabación en aquella ciudad, decidieron cambiar su residencia a Münster, donde la novia de uno de ellos les consiguió una casa en la que podrían vivir juntos y realizar los cambios arquitectónicos pertinentes.

Los arreglos y las adecuaciones musicales les llevaron un par de años de trabajo y luego, con mucha confianza en sí mismos, se dedicaron a promover su material entre las disqueras con el nombre de Alphaville. Éste surgió de la admiración hacia una serie de películas de los años cincuenta, en las que actuaba Eddie Constantine como una especie de precursor de James Bond, bajo la dirección de Lemmy Caution.

 A la postre, Jean-Luc Godard consiguió los derechos y trabajó con ese material trivial para la producción de la cinta Alphaville. La idea impresionó al grupo y trataron de aplicarla a su música: crear una nueva calidad con los medios triviales del pop.

La compañía WEA los contrató y se puso a trabajar para la elaboración de sus primeros sencillos. Su grabación sotanera sobrevivió debido a la calidad en su concepción y al talento de estos músicos. De esta manera, salieron al mercado las piezas “Big in Japan”, “Sounds Like a Melody” y “Forever Young” en el transcurso de 1983 y principios del siguiente año.

La aceptación del público fue sorprendente. “Big Japan” llegó a los primeros lugares de popularidad debido a su agradable melodía, pero también al texto, que hablaba de un romanticismo muy contemporáneo: dos amantes inmersos en el ambiente de la prostitución y de las drogas viven la fatalidad de su destino.

El disco Forever Young (1984) marcó su debut a gran escala. Las cualidades musicales, interpretativas y textuales destacaron sobremanera en el melcochoso ambiente del resto de la corriente de pop electrónico. Las influencias de Depeche Mode y de David Bowie fueron manifiestas.  Alphaville retomó de ellos los puntos más finos.

Destacaron los contrastes de cuerdas operísticas hechas por el arreglista Wolfgang Loos, así como las aportaciones no sintéticas de Ken Taylor (ex Tokyo) en el bajo y del baterista Curt Cress, como músicos invitados. Los exitosos sencillos fueron remezclados. A la zaga de éstos no quedaron composiciones como “Victory” y “To Germany With Love”.

El compromiso político también fue una de sus características. Hicieron todo lo posible porque el disco alcanzara las ventas platino en Sudáfrica y luego donaron las regalías obtenidas ahí a un fondo antiapartheid.

Luego de la gira promocional que se alargó por espacio de un año, Frank Mertens decidió abandonar al grupo. Fue sustituido por Ricky Echolette y comenzaron las grabaciones para su segundo L.P., el cual salió a mediados de 1986 con el título de Afternoons in Utopia. Para la realización de éste, aprovecharon la oferta de producirlo en un estudio de Nueva York.

El disco contó con una producción más internacional debido a la labor de Pete Walsh. Completó el sonido electroacústico del grupo con músicos sesionistas estadounidenses e ingleses. El álbum resultó conceptual, de mensajes profundos acompañados de un pop digerible y de alta calidad.  Canciones como “Jerusalem”, “Dance With Me”, “Sensations” y “Voyager” la ponen de manifiesto.

Posterior a dos años de esmerada producción a cargo de Klaus Schulze, apareció su tercer disco en 1989, The Breathtaking Blue. Un álbum con 10 piezas creado en el estudio Lunapark de Berlín y quizá la obra maestra de Alphaville.

En él confluyen conceptos de sonido de las culturas más diversas (España, Francia y Japón, entre otras), con una inimitable sofisticación. El trío creó cuadros ambientales de gran fuerza asociativa y a los cuales fue difícil sustraerse. “Patricia’s Park” y “Anyway” marcaron los derroteros de este fino grupo pop. Los cambios de personal y mutaciones internas tornaron intermitentes sus siguientes grabaciones, pero por fortuna continúan en el camino, Strange Attractor (2017) es su disco más reciente.

ALPHAVILLE (FOTO 2)

VIDEO SUGERIDO: Alphaville – Big in Japan Original. 1984, YouTube (dj beto Mix)

 

REMATE

“LAYLA”

Por SERGIO MONSALVO C.

LAYLA FOTO 1

 CANCIÓN DE AMOR DESESPERADO

Cuando conocí a Eric, se hacía llamar Derek. Yo tenía 12 años y él 25. Venía a ver mucho a mi madre en aquel entonces. Eran buenos amigos desde que iban al Art College de Londres.

 Un día con mi impertinencia adolescente le pregunté que cómo un dios como él seguía manteniendo esa amistad. “Mi mamá es pintora y tú eres una estrella del rock”, le espeté desconcertado. Él me miró y dijo: “Precisamente por eso. La pintura es el único arte que puede entender a la música”.

 Mi madre me contó que Eric en ese momento estaba viviendo un infierno particular: “Su alma está llena de melancolía y no de felicidad. Siente el dolor que es más sutil y hiere más hondamente que los demás: el dolor del amor”.

LAYLA FOTO 2

 Luego me enteré que estaba enamoradísimo de la esposa de su mejor amigo, George Harrison. Aquello era un gran drama en el olimpo moderno. Y como buen drama todo estaba resultando trágico.

La dama en cuestión se llamaba Patti. Boyd era su apellido de soltera y ella un auténtico mito en la escena musical británica. Era una de las modelos más solicitadas en pleno auge de la moda pop y de su mundillo metropolitano. Ahí la conoció Harrison, quien se prendó de ella. Se casaron y eran felices, según el cuento.

Star Duet

 A Eric y George los unía una amistad antigua. Incluso cuenta la leyenda que Clapton pulsó la guitarra en uno de los temas más destacados del importante Disco Blanco de los Beatles: “While My Guitar Gently Weeps” a instancias del propio Harrison.

 El caso era que andaban juntos de arriba para abajo, junto con Pete Townshend de los Who. Un día en cierta fiesta toda la pléyade rockera londinense se dio cita y Harrison puso en práctica sus dotes donjuanescas y se llevó a la cama a una de las invitadas. Patti se enteró y juró cobrársela.

 El cielo tembló porque sabe del monstruo en que se convierte una mujer despechada. Como instrumento de venganza usó a Eric. Una deidad declarada y el mejor amigo. Los artilugios de ella –y la belleza física era sólo uno de tantos– lo hicieron sucumbir. Se enamoró locamente de Patti.

 [VIDEO SUGERIDO: Layla – Derek and the Dominos, YouTube (sheepenthusiast)]

 Una vez que ella logró el objetivo de poner celoso a su marido, Eric fue rebajado al papel de pretendiente al que sólo se le dan pequeñas dosis de afecto para mantener encendida la flama.

 El alcohol y las drogas fueron el paliativo del rockero para sobrellevar la pena. Sin embargo, nada lo consolaba. Dicen que no dormía, que todo se le iba en puro llorar. Fue cuando la luz bluesera se le encendió allá por el horizonte.

 Él era un bluesero, ¿no?, entonces sería con esta música que combatiría a sus demonios. Nada de Yardbirds, ni de Bluesbreakers ni de Cream, menos de Blind Faith o el grupo de los Bramlett. Necesitaba algo nuevo, algo con lo que se atreviera a revelar los abismos en los que vivía, un grupo de músicos que se convirtieran en sus compañeros de viaje y se rompieran el alma hombro con hombro durante su odisea sentimental.

LAYLA FOTO 4

Afortunadamente los encontró: Bobby Whitlock (teclados), Carl Radle (bajo), Jim Gordon (en la composición y la batería) y sobre todo Duane Allman (en las guitarras). Éstas fueron sus velas para surcar las aguas del amor no correspondido. Tales argonautas se hicieron llamar Derek and The Dominos.

 Según los estudiosos, el blues está repleto de detalles autobiográficos, porque favorece  la expresión individual en beneficio de una conciencia de masas. Yo sólo sé lo que ha dicho el mismo Clapton, que a él le gusta tocar el blues porque no es glamuroso, porque en él sólo se puede decir la verdad sobre uno mismo, sin adorno alguno.

Y eso fue lo que hizo precisamente con el álbum que brotó de los estudios Criteria de Miami. De entre las diversas canciones de amor que componen el disco, el tema “Layla”, que da nombre al doble LP, se erigió en la poesía del dolor plasmado y no sólo vivido.

LAYLA FOTO 5

 La malévola musa de Clapton provocó su desdicha, sí, pero también una explosión de creatividad que culminó en una bella pieza que únicamente podía nacer de una felicidad no disfrutada.

 El productor ejecutivo del disco, Tom Dowd, hizo posible la alquimia entre Duane Allman y Eric Clapton. Éste último en ese instante era presa de Eros y a Allman ya lo rondaba Tanatos (moriría un año después en octubre de 1971).

Bajo estos principios humanos fue que se dio la grabación. Allman poseía una técnica original de bottleneck e ideó la utilización del riff que permitía que dos partes de guitarra se conjugaran en una pura prolongación del solo de blues moderno.

LAYLA FOTO 6

 Esta contribución a “Layla” fue definitiva. Allman llevó a cabo una de las mejores interpretaciones en el instrumento de la historia del rock, misma que fue resaltada por Clapton al realizar uno de los más brillantes solos guitarrísticos de su vida con la Fender Stratocaster 1956, llamada “Brownie” por él.

“Layla” a final de cuentas resultó la obra de arte inmortal de Clapton. Bajo el hechizo del amor lo arriesgó todo y fue capaz de todo. Su conmoción se convirtió en magia pura en aquel track 3 del lado 4 del álbum.

LAYLA FOTO 7

En el ínterin, Eric venía a ver a mi mamá para convencerla de que hiciera la portada para el disco. Al contarle la historia de “Layla”, ella aceptó el trabajo. Haría el retrato de la mujer que había propiciado todo aquello.

Su imaginación la recreó y puso de manifiesto lo que un artista como Eric quería poseer. “Mira –me dijo al mostrarme la pintura–, aquí está el retrato de una mujer por la que mi amigo ha temblado, ardido y se ha consumido; una criatura extraña que no le pertenecerá nunca por más cerca que la tenga. El sufrimiento hizo brotar en él la esencia de su vida: el arte. Fue poeta en esa canción porque encontró el valor para llorar. Su espíritu bienaventurado transformó el dolor en canto”.

 [VIDEO SUGERIDO: Eric Clapton – Layla (Jazz version), YouTube (Angelo Alessio)]

 

Exlibris 3 - kopie