BIGGER THAN BOTH OF US

Por SERGIO MONSALVO C.

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 HALL & OATES

Estos pioneros del soul blanco, Daryl Hall y John Oates, crecieron en Filadelfia y se conocieron en 1967 en un coro de estudio. Oates había sido integrante de Masters y Hall, ex de Kenny Gamble and the Romeros y Temptones, luego formó el grupo de soft rock Gulliver, con el cual sacó un álbum para Elektra.

En 1969 empezó a escribir en colaboración con Oates. La editora musical Chapell los contrató como equipo de composición. Tiempo después Oates viajó a Europa y Hall trabajó como músico de estudio con los Intruders, Stylistics y Delfonics.  En 1972 ambos cantantes y guitarristas le dieron forma concreta a su asociación y fueron contratados por Atlantic. Con Arif Mardin como productor presentaron una cruda mezcla de folk rock denominada Whole Oates.

Pequeñas dosis amalgamadas de soul, gospel, rhythm and blues, folk y pop compusieron el material de su segundo L.P., Abandoned Luncheonette (1973).  Al año siguiente apareció el álbum conceptual War Babies, bajo la producción de Todd Rundgren.  Tras este trabajo cambiaron de disquera (a la RCA) y bajo el nuevo sello grabaron Bigger Than Both of Us (1976), pletórico de exitosos sencillos y ventas millonarias.

Los cinco discos aparecidos entre 1977 y 1979 conservaron su alto nivel técnico, instrumental y vocal, pero sin avance artístico alguno.  Así desfilaron: No Goodbyes, Beauty on a Back Street, Livetime, Along the Red Ledge (que contó con la participación de George Harrison); X-static agregó el toque discotequero, pero sin dar mayor impulso a la carrera de Hall and Oates.

El cambio se dio en 1980 con Voices, obra producida por ellos mismos y en la cual colaboraron Sara y Janna Allen como compositoras. Este acetato se mantuvo en las listas del Billboard por 100 semanas consecutivas e incluyó dos de los sencillos más destacados de 1981: “Kiss on My List” y “You Make My Dreams”.

De esta manera tuvo comienzo la fase más fructífera del grupo, con los discos siguientes: Private Eyes, H2O, Rock and Soul Part 1 (Hall produjo Sacred Songs, su primer disco como solista, en compañía de Robert Fripp en 1976, pero la RCA lo editó hasta 1980).  Después de Big Bam Boom sacaron el L.P. en vivo Live at the Apollo (1985) con ocasión de un concierto de beneficencia llevado a cabo en Harlem a favor del United Negro College Fund.

En 1986 Hall realizó su segundo álbum solista llamado Three Hearts in the Happy Ending Machine (con Bob Geldof y Joni Mitchell); mientras tanto Oates produjo al grupo Parachute Club y compuso material para los australianos de Icehouse.  Hall and Oates entró de nueva cuenta al estudio para grabar Ooh Yeah! (Arista, 1988), el cual, junto con Change of Season (BMG, 1990), habla de la intención perfeccionista del dúo en la técnica auditiva y el refinamiento en la composición. Sin embargo, este material de probada y pulida producción condujo al dúo, desde entonces, directamente al fatal reino de la autoparodia, en el que se instalaron para las siguientes décadas.

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VIDEO SUGERIDO: Do What You Want, Be What You Are – Hall & Oates, YouTube (konekoxox)

 

Tornamesa

“BACKSTREETS”

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LIVE

Su voz lo convirtió en el que manda. Aquélla se levantó, desesperada, cuando en los primeros escarceos con un estudio de grabación éstos se saturaban en una caótica cacofonía en ebullición, y entonces él elevó la propia, la suya, por encima de aquello para hacer callar el desorden e indicar la meta a conseguir: el clímax sonoro y el ansia por relatar lo fraterno. Sus compañeros de aventura (la E Street Band) lo nombraron The Boss (“El Jefe”), y así quedó grabado, aunque él no lo quisiera ser.

Por eso las emociones, los sentimientos, incluidos el de la empatía y la solidaridad, son elementos que están sujetos a su arte y le dan credibilidad. Es uno de los contadísimos artistas a los que basta citar por su apodo para evocar su presencia y sentirse reconfortado, sin necesidad de decir su nombre.

Porque tras escuchar sus canciones uno siente que no puede renunciar a ninguno de sus sueños particulares. Y a algunos realmente nos ha salvado la vida cuando nos ha hecho sentirnos destinatarios del mensaje preciso, con un camino por el cual echar a andar, a pesar de que las cosas se vean por demás torcidas.

Su compañía, como la de un amigo, hará que sepas que merece la pena intentarlo de nuevo una y otra vez y pagar el precio de ser necesario.

En su canto maneja dolores y experiencias, pero en cada una de sus piezas siempre cabrá la honestidad para sus personajes en ese viaje de aventuras sembrado de calamidades que es la vida de hoy y de siempre.

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FOLK SINGER

Por SERGIO MONSALVO C.

MUDDY WATERS (FOTO 1)

 MUDDY WATERS

Cuando el lenguaje de los discos folk se hizo popular, la compañía Chess deció “vender” a Muddy Waters como artista folk. Por eso apareció el LP Folk Singer de Muddy, en 1964.

A partir de ahí la Chess editó una serie completa de álbumes de The Real Folk Blues y More Real Folk Blues, de Waters, Howlin’ Wolf, Memphis Slim y John Lee Hooker, entre otros, que constaban en su mayor parte de reediciones de sencillos dirigidos en principio al público del rhythm & blues.

No obstante, los ejecutivos del sello se esforzaron en vano por conseguir que Muddy Waters preparara una actuación de 40 minutos en la que como folk bluesman “relacionara cada canción con un periodo de tiempo y entretejiera en el programa la historia de un pueblo o la de un concepto para que se le pudiera identificar con un movimiento, algo como lo que hacía Joan Baez, por ejemplo”, le suplicaban.

Al final, aunque los discos de Waters nunca irrumpieron en las listas de grandes ventas de los años sesenta, su inclusión en los mundos del folk y el rock —y el jazz, gracias también a su gira por la Gran Bretaña en 1958— le ganó un inmenso público.

Los fans continuaron acudiendo a sus conciertos y a sus discos en tropel, no por el folk, el rock, el jazz o cualquier otra refinada estrategia de marketing, sino por el propio estilo de Muddy, que era el blues simplemente, interpretado y presentado tal como lo había hecho durante años al margen de epítetos mercantiles: un blues seminal, prolífico, excelente.

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Tornamesa

NAVIDÁDIVAS (I): BEACH BOYS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 CHRISTMAS ALBUM

Los festejos navideños desde principios del siglo XX dejaron de ser religiosos en exclusiva para transformarse en culturales, en general. Hoy abarcan diversos aspectos que se han enriquecido a través de la historia con infinidad de expresiones culinarias, literarias, pictóricas y musicales.

Las manifestaciones de esta última cumplen casi un siglo de aparecer puntualmente con la temporada. Un producto de consumo que a veces se crea bajo conceptos estéticos con mayores pretensiones y de esta manera alcanza el grado de clásico. Ningún género, del rock al pop, de la world music al lounge se ha sustraído a ello y cuenta en su repertorio con muchos ejemplos en este sentido. He aquí uno de ellos, quizá el más sobresaliente.

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Acicateados por la llegada a los Estados Unidos de los Beatles, quienes ese año de 1964 arrasaron con todo, los Beach Boys bajo la batuta de su master mind, Brian Wilson, se dieron a la ardua labor de hacer de su estilo un arte. Crearon así tres álbumes geniales en un solo año: Shut Down Vol. 2, All Summer Long y The Beach Boys’ Christmas Album.

Este último contiene cinco canciones compuestas por Brian y siete covers que se convertirían en canciones queridas de manera instantánea. Fue el canto de cisne de la mente de Wilson que entró en crisis a la postre.

Pero antes realizó estas extraordinarias piezas tanto orquestales como para las aptitudes vocales de los miembros del grupo (inspirado en el álbum respectivo de Phil Spector). El disco de los californianos ha pasado a la historia como uno de los álbumes más amados de la temporada navideña.

Los discos clásicos navideños cuentan con el poder de los pequeños rituales para disfrutar mejor de los momentos. Pero no cualquier disco, sino alguno de los que realmente deben ser escuchados por su aportación a la poética de la cultura secular navideña, no por una machacante moda. Los álbumes clásicos, como el mencionado, han trascendido en el tiempo por sus innovaciones estilísticas, sus ideas de modernización y la influencia que han ejercido en intérpretes posteriores. Feliz escucha y felices fiestas.

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REMATE

CHANTILLY LACE

Por SERGIO MONSALVO C.

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 BIG BOPPER

 En la segunda mitad de los años cincuenta, el texano Jiles Perry Richardson, a veces Jape Richardson y finalmente Big Bopper, como él mismo se nombraba, era disc jockey y director de programación en la radiodifusora KTRM en Beaumont, Texas.

Bopper escribía canciones en sus ratos libres y editó un par de sencillos que no provocaron reacción alguna. Luego se tuvo que enrolar dos años en el ejército norteamericano para ir a Corea, y a su regreso volvió a la carga con otras canciones escritas por él que se imprimieron en un disco sencillo.

En el lado A contenía el tema “Purple Poeple Eater Meets the Witch Doctor” (“Mi amigo el brujo”, como se le conoció en su versión en español) y en la B la canción que le daría fama mundial y un sitio entre los diez primeros lugares del Hit Parade estadounidense: “Chantilly Lace”, aparecida en noviembre de 1958.

Tras su sorprendente éxito otras canciones suyas se harían conocidas: “White Lightning” con el cantante country George Jones en la marca Mercury, y “Running Bear” (“El oso corredor”, también en su versión en español), grabada por Johnny Preston.

En sus presentaciones con “The Big Bopper Wedding”, el show nocturno donde era el protagonista, usaba un sombrero texano de ala muy ancha y un saco a rayas que le llegaba arribita de las rodillas (por la influencia pachuca). Su voz era grave y resonante y tenía un talento natural para divertir al auditorio con su estilo. Fue por ello que la empresa musical GAC lo contrató para lo que consideran sería una exitosísima gira durante el año 1959.

La misma en la que se inscribieron Buddy Holly y Ritchie Valens. Así, la noche del 2 de febrero de aquel año, después de presentarse en el Surf Ballroom de Clear Lake, los tres rocanroleros se trasladaron a Mason City, donde querían conseguir una avioneta para trasladarse más rápido a su siguiente destino, descansar, lavar su ropa o recuperarse de un resfriado.

Al despertarse la mañana siguiente, el tiempo era malo, nevaba. Sin embargo, alquilaron una Beechcraft Bonanza y la abordaron festivamente y ansiosos de llegar a Fargo. El vehículo, de cuatro plazas y un solo motor, llevaba apenas unos minutos volando, y se encontraba sólo a unos ocho kilómetros del aeropuerto, cuando cayó.

Todos los ocupantes se mataron. Big Bopper tenía 24 años cuando eso sucedió.

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Tornamesa

“BACKSTREETS”

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LIVE

Su voz lo convirtió en el que manda. Aquella se levantó, desesperada, cuando en los primeros escarceos con un estudio de grabación éstos se saturaban en una caótica cacofonía en ebullición, y entonces él elevó la propia, la suya, por encima de aquello para hacer callar el desorden e indicar la meta a conseguir: el clímax sonoro y el ansia por relatar lo fraterno. Sus compañeros de aventura (la E Street Band) lo nombraron The Boss (“El Jefe”), y así quedó grabado, aunque él no lo quisiera ser.

Por eso las emociones, los sentimientos, incluidos el de la empatía y la solidaridad, son elementos que están sujetos a su arte y le dan credibilidad. Es uno de los contadísimos artistas a los que basta citar por su apodo para evocar su presencia y sentirse reconfortado, sin necesidad de decir su nombre.

Porque tras escuchar sus canciones uno siente que no puede renunciar a ninguno de sus sueños particulares. Y a algunos realmente nos ha salvado la vida cuando nos ha hecho sentirnos destinatarios del mensaje preciso, con un camino por el cual echar a andar, a pesar de que las cosas se vean por demás torcidas.

Su compañía, como la de un amigo, hará que sepas que merece la pena intentarlo de nuevo una y otra vez y pagar el precio de ser necesario.

En su canto maneja dolores y experiencias, pero en cada una de sus piezas siempre cabrá la honestidad para sus personajes en ese viaje de aventuras sembrado de calamidades que es la vida de hoy y de siempre.

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REMATE

BOYS & GIRLS

Por SERGIO MONSALVO C.

ALABAMA SHAKES FOTO 1

 ALABAMA SHAKES

La circunstancia del segundo disco regularmente conlleva muchas especulaciones. Por lo general, se suele apuntar a que el real avance de un grupo o solista no está de ninguna forma definido hasta que aparece su tercer trabajo.

Sin embargo, el segundo –si no muestra novedad alguna– puede erigirse en una tumba donde quede sepultada cualquier oportunidad de desarrollo a futuro. Y esa cuerda se tensa aún más cuando el álbum debut ha resultado todo un éxito.

Por ello han sido muchas las voces alegres que se sumaron para recibir el segundo trabajo de una banda con profundas raíces en el rock y con el alma más negra que se haya podido distinguir en tiempos recientes. Alabama Shakes sacó a la luz su segunda obra, Sound & Color.

Un trabajo muy esperado y que, además de alcanzar de igual manera las cuotas de sorpresa y alabanza cosechadas en su debut (Boys & Girls), deja abierta la senda para el crecimiento de una agrupación que desde un principio ha caminado paso a paso y  basado su cimiento en la difusión oral, la más categórica y legítima de la escena.

Los sólidos conocimientos del funk que arropan el disco en esta ocasión –su soporte musical– se entrelazan sensualmente con el sabor negro que rezuman las palabras emanadas del soul y góspel en la voz de su cantante, la tremenda Brittany Howard, que continúa brillando por encima de todo, al igual que lo hizo en el primer disco, el inolvidable Boys & Girls del 2012.

ALABAMA SHAKES FOTO 2

 

Tornamesa