GONE AGAIN (PATTI SMITH)

Por SERGIO MONSALVO C.

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(PATTI SMITH)

Hace 40 años, Patti Smith se encontraba a la cabeza de uno de los grupos de punk estadounidenses más importantes, The Patti Smith Group, con el que sacó cuatro álbumes impresionantes e influyentes.

Luego desapareció de los escenarios.

Cuando el 10 de septiembre de 1979, Patti abandonó el foro en Italia después de un último encore en Florencia (un cover de “My Generation”), nadie sospechó que fuera a tardar 17 años en volver a pararse en las tablas con un grupo de rock.

La legendaria suma sacerdotisa del punk neoyorkino se retiró así,  abruptamente, del mundo musical para fundar una familia. En marzo de 1980 se casó con Fred “Sonic” Smith, el ex guitarrista del mítico conjunto MC5, con el que se estableció en las afueras de Detroit.

Este retiro voluntario fue interrumpido en 1988 por el lanzamiento del álbum Dream of Life y el sencillo “People Have the Power”, pero no se habló en ningún momento de un verdadero regreso al podio.

Sin embargo, en 1996, sí llegó el momento.

Con dos integrantes del antiguo Patti Smith Group, el guitarrista Lenny Kaye y el baterista Jay Dee Daugherty, acompañados por los guitarristas Tom Verlaine (de Television) y Oliver Ray, el bajista Tony Shanahan y el tecladista Luis Resto, Patti se metió al estudio de grabación. El productor Malcolm Burn y Lenny Kaye cuidaron la calidad del sonido, y apareció entonces el disco Gone Again.

Antes que nada, Gone Again es un conmovedor y fascinante tributo, un disco muy profundo en el que la Smith salda cuentas con el dolor de haber perdido a su marido Fred “Sonic” Smith (fallecido en 1994), a su hermano Todd, a su tecladista Richard Sohl y a su antiguo amigo y compañero, el fotógrafo Robert Mapplethorpe. Demasiadas muertes juntas.

La elección era suya y su poesía y música tuvieron la fuerza para cumplirle. El álbum resultó intenso de principio a fin.

GONE AGAIN (FOTO 2)

“Quería crecer como artista para poder entregar un mejor trabajo –afirmó Patti, en su momento–. No soy muy productiva al escribir canciones. Por eso, cuando tengo algo qué dar, quiero que sea de valor. Existen ya muchísimos libros, cuadros y discos. No quiero agregar la enésima obra mediocre a todo eso. Espero que lo que haga tenga valor, porque ya hay suficiente contaminación ambiental. Además, cuando se saca un disco hay que ser responsable de él, puesto que se está reclamando una hora del valioso tiempo de alguien, una hora de su vida; que sea, en todo caso, una hora valiosa”. 

La cantante no firmó sólo los textos, sino también tres cuartas partes de la música. La canción del título y “Summer Cannibals”, que apareció como sencillo, son piezas del desaparecido Fred Smith, dos temas con sendas y poderosas declaraciones sobre las raíces y la lucha.

La canción “About a Boy” es la oda que Patti dedicó a otro muerto querido: Kurt Cobain: “Desde la dulce furia del caos/ desde la calle profunda y desolada/ hacia otra clase de paz/ hacia el gran vacío…”

“My Madrigal”, por su parte, con su atmósfera clásica, fue en gran medida de carácter autobiográfico, al igual que la canción final “Farewell Reel”, dirigida directamente a Fred, su esposo muerto.

En el aspecto musical cubrió un amplio terreno, con el agregado de elementos de folk y world music. Entre los invitados figuraron Jeff Buckley, voz y laúd egipcio, la cellista Jane Scarantoni y la hermana de Patti, Kimberly, en la mandolina. El cover de “Wicked Messenger”, de Bob Dylan, fue un poco parte de su eterno homenaje al cantautor, su ídolo confeso.

En cuanto a su seriedad y temática, el disco hace pensar en Magic and Loss de Lou Reed, pero también en Grace del hoy desaparecido Jeff Buckley. Hay muy pocos álbumes y artistas de este calibre. El disco Gone Again fue el comeback más que logrado de una apasionada portadora de la antorcha del rock como lenguaje universal: Patti Smith.

VIDEO SUGERIDO: Patti Smith – Summer Cannibals, YouTube (Patti Smith)

GONE AGAIN (FOTO 3)

Exlibris 3 - kopie

MY BACK PAGES: JIMI HENDRIX

Por SERGIO MONSALVO C.

 

JIMI HENDRIX (FOTO 1)

 

EL ARCANO Y SUS FÁBULAS

 (50 AÑOS RIP)

 Jimi hendrix nació el 27 de noviembre de 1942 en Seattle, Washington, y murió el 18 de septiembre de 1970 en Londres, Inglaterra.

Durante los breves cuatro años que duró su reinado como superestrella, Jimi amplió el vocabulario de la guitarra eléctrica en el rock más que cualquier otro antes o después de él. Fue un maestro en sacarle a su instrumento todo tipo de sonidos imprevistos, frecuentemente a través de experimentos innovadores de amplificación que producían un feedback astral y distorsiones estruendosas.

Sus estallidos frecuentes de ruido, como huracanes, y sus espectaculares presentaciones –tocaba la guitarra detrás de la espalda y con los dientes, o bien le prendía fuego—en ocasiones han distraído de sus considerables dones como compositor, cantante y maestro de un amplio abanico de estilos propios del blues, el rhythm and blues y el rock.

Cuando Hendrix se convirtió en una superestrella internacional en 1967, parecía acabado de bajar de una nave espacial marciana, pero de hecho había cumplido con un largo y mundano aprendizaje como integrante de numerosos grupos de rhythm and blues, tocando en clubes nocturnos para el público negro en los Estados Unidos.

Desde comienzos y hasta mediados de la década de los sesenta trabajó con grandes del rhythm and blues y del soul, como Little Richard, los Isley Brothers y King Curtis, como guitarrista de respaldo. En ocasiones llegó a grabar como sesionista (el sencillo “Testify” de los Isley Brothers, de 1964, es el único de estos primeros tracks que permita vislumbrar siquiera la genialidad que desarrollaría posteriormente).

Sin embargo, a las estrellas no les agradaba que les quitara atención y Hendrix se vio obligado a cumplir como acompañante, lo cual no le permitía  desarrollarse como solista. El paso lógico era que lo intentara solo, lo cual hizo en Nueva York a mediados de los sesenta. Ahí tocó con varios músicos en clubes locales y formó parte por un tiempo del grupo del cantante blanco de blues-rock John Hammond, Jr.

Fue en un club neoyorkino que el bajista de los Animals, Chas Chandler, se encontró con Hendrix. La agrupación original de los Animals estaba a punto de desintegrarse y Chandler, quien deseaba establecerse como mánager, persuadió a Hendrix de cambiarse a Londres y de grabar como solista en Inglaterra. Ahí se armó un grupo en torno a Jimi, con Mitch Mitchell en la batería y Noel Redding en el bajo; le pusieron el nombre de Jimi Hendrix Experience.

El trío ascendió al estrellato en el Reino Unido con una velocidad asombrosa, pues “Hey Joe”, “Purple Haze” y “And the Wind Cries Mary” llegaron al Top 10 durante la primera mitad de 1967. Los tres tracks también formaron parte de su álbum debut, Are You Experienced?, una obra maestra psicodélica que tuvo muchísimo éxito en los Estados Unidos después de que Hendrix causó sensación en al Festival de Pop de Monterey en junio de 1967. El resto de su vida es parte importante de la historia del rock y está completamente datado, hasta su muerte en 1970.

 En la actualidad todos los géneros lo tienen presente: los representantes del blues rock y del hard, la psicodelia y el avantgarde, las cuerdas clásicas y la electrónica: todos ven en Jimi Hendrix a su antepasado genial y santo patrono. Desde luego también los jazzistas.

JIMI HENDRIX (FOTO 2)

Durante las últimas semanas de su vida, Hendrix se ocupó en un proyecto de big band bajo la dirección de Gil Evans. Ya no pudo ser realidad, pero inspiró a Evans para que en 1974 llenara de público un concierto en el Carnegie Hall con las composiciones de Jimi.

El mismo año sacó el disco correspondiente (Gil Evans Plays the Music of Jimi Hendrix) y su admiración por el guitarrista volvió a rendir frutos años después, en colaboración con Sting. El viejo y legendario compositor-director y sus arreglistas lograron traducir de alguna manera la música de Hendrix a los colores de una orquesta de jazz, con una fuerte dosis de sonidos suaves y transparentes. Según el propio Evans, se trató de tener presente el estilo de Jimi en la guitarra.

Desde entonces, los tributos a Hendrix son cosa de todos los días, más en los aniversarios redondos de su muerte. En 1990, la delegación neoyorkina reunida en torno a Geri Allen, Craig Harris y Oliver Lake se solazó al recorrer los festivales de jazz con su particular homenaje hendrixiano.

Los guitarristas de entonces —Jean-Paul Bourelly, David Torn— repitieron el acto en otros años, al lado de Cassandra Wilson, Jack Bruce y Don Byron. Y la Knitting Factory mandó de gira también a miembros de su catálogo con su propia interpretación.

En su presentación del 2004, en el North Sea Jazz Festival, el vietnamita Nguyén Le mostró su versión personal de lo mismo, entre muchos otros a lo largo de las últimas tres décadas.

También en CD se encuentran muchos homenajes. Stone Free (Reprise/WEA) reúne a 14 agrupaciones diferentes en la adoración del difunto. El espectro abarca desde el blueman Buddy Guy hasta el jazzista Pat Metheny, del rapero Ice-T a las catacumbas de The Cure.

Virtuosos de las cuerdas de todo tipo (incluyendo al violinista Nigel Kennedy y al Kronos Quartet) en la cumbre fundamentalista. Los resultados de tales homenajes son ambivalentes. Unos son copias más o menos perfectas de la experiencia sonora original; otros, animadas pero fallidas reuniones con un poco de sampleo, pero sin ingredientes propios de consideración, como el caso de In from the Storm. The Music of Jimi Hendrix (BMG/RCA).

Defunkt, asimismo, emprendió el asunto de manera tosca y directa. En el Blues Tribute (Enemy/EFA) dedicado a Jimi Hendrix y Muddy Waters. No hay matices, pero el mensaje se comunica. Tiene muchas más ideas el flautista Robert Dick: su CD Third Stone from the Sun (New World/FONO) subraya el elemento espacial en la música de Hendrix, hundiéndose en las profundidades del espíritu hendrixiano con un cuarteto de cuerdas que reproduce los solos de Jimi y una flauta que convierte su sonido en meteoritos resplandecientes.

Hay varias grabaciones que valen la pena por curiosas hechas por cuartetos de cuerdas: Soldier y Auryn (además del mencionado Kronos).

Y al final aparecen los guitarristas que se han dejado avasallar por el ejemplo de Hendrix. Algo forzado, pero digno: el puente tendido por Christy Doran entre el rock y el avant-garde. La tradición de la Europa Oriental aparece personificada por el dúo de Joe Sachse con Pinguin Moschner.

Como ejemplo de música de cámara virtuosa está James Emery con el String Trio of New York. Y una celebración particularmente bella y sensible le salió al alemán Andreas Willers (con la disquera Nabel). De veras se percibe que Jimi vive a través del mundo actual.

 Lo único cierto en realidad es que tras la muerte del guitarrista, todos los géneros hicieron explosión, desde el reggae hasta el funk, el blues, el rap y el jazz, la música contemporánea y de ambiente, el techno y todos los punks y neos que uno quiera. Los espíritus comenzaron a abrirse en un fenómeno cultural sin precedente que pudo aparecer gracias a la vuelta de tuerca completa sobre ese pilar fundamental llamado Jimi Hendrix.

 

VIDEO SUGERIDO: Jimi Hendrix – Lover Man, YouTube (Jimi Hendrix)

 

JIMI HENDRIX (FOTO 3)

 

 

 

Tornamesa

MY BACK PAGES: GARBAGE

Por SERGIO MONSALVO C.

GARBAGE (FOTO 1)

 (GARBAGE)

 El álbum debut de Garbage, homónimo del nombre del grupo y una de las sorpresas de 1995 resultó sorprendente y orgullosamente rockero. La voz de Shirley Manson cumplió de más en todos los sentidos.

Los tres músicos, por su parte, metieron las doce canciones en un vestido de alambre de púas inventivo y noisy, y la interpretación entre sensual y siniestra de Manson esculpió de manera convincente cada uno de los temas

Los textos de Garbage se expresaron con un cinismo excepcional y condujeron al escucha a un viaje por las cavernas más oscuras del espíritu, muerte y desgracias, obsesiones religiosas, frustraciones sexuales, relaciones destrozadas y demás desperdicios de la realidad humana.

De acuerdo con sus integrantes, el principal objetivo del grupo Garbage era escribir buenas canciones. No se preocupaban tanto por el estilo, que de cualquier modo se mantuvo a la postre contemporáneo y alternativo.

Básicamente les interesaba representar el momento en el que el mundo se encontraba (y encuentra) en la actualidad. Por ello en términos generales cada uno de sus discos, a partir de ahí, es más oscuro que el anterior.

Los temas más recurrentes fueron el miedo y el odio ante lo que veían. Las vueltas que le habían dado al mundo con sus giras les han dejado huellas. Principalmente los textos describían las situaciones desesperadas de las que la gente o el planeta no ha logrado salir.

El grupo no ha sentido la presión de superar el éxito obtenido desde ese primer disco. Lo que buscaron con cada nueva producción fue (es) satisfacerse a sí mismos en cuanto a la expresión de sus intenciones. Son críticos severos y saben manejar la ironía.

“Hay que trabajar en primera instancia para uno mismo. Sentirse congruentes con lo dicho y cantado. Siempre hay que hacer algo de lo que puedas estar orgulloso aunque de lo que hables sea de esas flores del mal de las que escribió Baudelaire o de la basura que describió Ammons. Lo demás corre por cuenta de los escuchas. No deben creer que es en otra dimensión donde se decide y solucionan las cosas”, han declarado.

VIDEO SUGERIDO: Garbage – The World Is Not Enough (Official Video), YouTube (Garbage Music Videos)

GARBAGE (FOTO 2)

 

Tornamesa

40 BLUE FINGERS…

Por SERGIO MONSALVO C.

CHICKEN SHACK (FOTO 1)

 (CHICKEN SHACK)

Uno escucha los discos en los que participaron las blueseras británicas, como Christine Perfect, no sólo para saber cómo argumentaban con sus composiciones y voz, sino también para disfrutar con el transcurso en la construcción de sus argumentos.

Ésta fue una manera de defender su participación en un género, que si al principio les fue extraño, con su exposición a tales emociones les resultó en parte de su esencia tanto genérica como artística, en el panorama creativo que abrieron con él.

Es decir, las mujeres como ella tuvieron en el blues, al comienzo de sus carreras, el mismo problema que los hombres del medio: la necesidad de un público que realmente escuchara lo que tenían que decir.

Algo parecido se podría decir de sus personalidades, un filón de literatura, ensayo o biografía inagotable en sus caracteres y en toda esa pátina de claroscuros con que suelen estar muchas de ellas construidas.

Sumergirse en esas historias, adentrarse en sus territorios musicales, implica la ruptura de esos límites con los que se señala lo que recibe el nombre de “blues”, algo que como les había enseñado Muddy Waters durante sus visitas al Reino Unido: “Es más que un género musical”.

Ellas trascendieron los arquetipos y los clichés y fomentaron unos nuevos encarnados en la concreción de sus estilos, en los que las circunstancias perdieron toda consistencia sin imponer su orden, porque ellas, como sus semejantes masculinos resultaron ser “negras del corazón”.

La cantante y pianista Christine Perfect ha rememorado en diversas entrevistas  aquellas reuniones juveniles en los pubs donde los jóvenes locales se citaban para escuchar por primera vez el rhythm & blues de los artistas negros estadounidenses. Los discos llegaban a esos locales a través de los mismos asiduos o por los marinos que los traían de allende el Atlántico y los cambiaban por los tragos.

“Era música magnífica, diferente, nos encantaba. Hacíamos grandes coros en esas tabernas acompañando la voz de Elvis, Little Richard, Fats Domino, Chuck Berry y el rhythm and blues de Muddy Waters, Howlin’ Wolf y demás blueseros de Chicago”.

Todas aquellas noches le sirvieron a ella para practicar in situ, para buscar el tono en el que más se acomodaba, el estilo con el que más se identificaba.

VIDEO SUGERIDO: Chicken Shack – It’s Okay With Me Baby, YouTube (jimmytheferret)

Como nieta e hija de músicos, Christine Perfect había nacido en Bouth, Inglaterra, en 1943. Al mostrar talento para el piano la familia la condujo a recibir una educación clásica. Sin embargo, como adolescente descubrió el rock & roll, lo que la condujo a aquellos pubs para escuchar más de aquello.

Y mientras estudiaba escultura en una escuela de arte conoció a dos compañeros con los que formaría una banda amateur de blues (Sounds) durante su estancia escolar, la cual se disolvió al graduarse sus miembros.

En busca de expectativas económicas Christine trabajó como escaparatista de tiendas departamentales y a la postre, junto a sus antiguos compañeros retomó el proyecto musical bajo el nombre de Chicken Shack en 1968, como tecladista, compositora y cantante (su disco más destacable 40 Fingers Freshly Packed & Ready To Serve).

Su voz e interpretación en los teclados la volvieron distintiva en el medio. Tanto que Peter Green, líder de la banda Fleetwood Mac, la invitó a colaborar con ellos. Ahí conoció al que sería su esposo John McVie. A la postre adoptaría su apellido e iniciaría una larguísima historia con tal grupo en dos tiempos, igual de productivos.

VIDEO SUGERIDO: Christine Perfect with her Chicken Shack – Man Old World, YouTube (amemigustailblues)

CHICKEN SHACK (FOTO 2)

 

Tornamesa

NATURAL FAKE

Por SERGIO MONSALVO C.

NATURAL FAKE (FOTO 1)

 (DE-PHAZZ)

 A mediados de la primera década del siglo XXI, el jazz electrónico con las medidas de los  soft y long drinks, de la bossa nova, del lounge y de latin mood, a base de exóticos cocteles hi-fi y estética retro, inició su camino como downtempo-jazz

La sofisticada geometría geográfico-sonora que comenzó el andar de éste último con el triángulo Inglaterra-Italia-Noruega, se fue transformando con la adición del cuadro alemán hecho por De-Phazz. En lo musical surgió como una corriente, avanzó a movimiento y evolucionó a género.

El eclecticismo de estos alemanes abarcó, además de lo ya citado, músicas originarias en las décadas de los años 50 y 60, jazz tradicional, cha cha chá, drum’n’bass, mambo, reggae, trance, latin rhythms, ragas, pop, world beat, blues, soul, cajas de ritmos, cuts y grooves cariboasiáticoafricanos, sonoridades atmosféricas y ambientales y el remix (con toda su magia en el tiempo y el espacio).

Así como el infinito poder de la imaginación de su líder y mente maestra: Pit Baumgartner, igualmente el credo primigenio sobre la belleza apoyado por la tecnología para innovar. Y todo con el fin último de poner literalmente a todo el mundo a gozar. Un auténtico deseo hipermoderno.

Haber evolucionado de esta manera ha hecho que el jazz haya seguido extraordinariamente en contacto con la fuerza impulsora de sus orígenes: la mezcla. El estilo downtempo-jazz, como el jazz en general, es cualquier cosa menos un género hermético. Lo que hace de él una cuestión artística vital es su asombrosa capacidad de absorber la historia de la que forma parte, brindando siempre estilos frescos así como el planteamiento de nuevas preguntas sobre el porvenir.

En el mundo en general, las sociedades avanzan en el vacío sobre el sentido último del ser humano. Para evitar la depresión por las esperanzas frustradas en el acontecer cotidiano, los artistas del estilo mencionado en la música de club europea han proporcionado una respuesta ante la crisis: la construcción del placer mediante la música de baile o el relax de la escucha nítida y persuasiva.

El downtempo-jazz encarnado por De-Phazz, en su disco clásico Natural Fake (del 2005) es, pues, además de un estilo con ya más de una década de existencia, una metáfora epistemológica de la contemporaneidad que busca precisamente al sujeto y su sentido como ente hedonista. Los integrantes del hoy octeto echaron mano del jazz en su antigua sabiduría para intentar hacer feliz a la gente de las tribus cosmopolitas. Proporcionándoles un artefacto cultural sensible que se hace vida en la práctica con el movimiento de su satín sonoro.

Y para todo ello De-Phazz se ayudó de las herramientas y los mecanismos que utilizan las nuevas escuelas del sonido, de los lenguajes y técnicas del down tempo, del trip hop, de los instrumentos inventivos de la electrónica contemporánea, para facilitar con su reunión tanto los procesos cognoscitivos como los emotivos que, juntos, están en la base de la formación del urbanita en el preludio del siglo XXI.

La verdadera función de las hermosas piezas y líneas melódicas que componen el mencionado álbum, es servir como recurso para mostrar rítmicas, timbres, texturas, colores. Es un viaje al sonido en el sentido más lúdico del término, uno de los múltiples viajes propiciados por la música nacida del maridaje entre los organismos y las máquinas. Es un arte que transforma en música al entorno.

El puñado de piezas que lo componen (“Astrud Astrunette”, “Eternity Is”, “Love is Natural” o “Close to Jazz”, entre ellas) está marcado por la fascinación y el atractivo de las ingeniosas combinaciones. Baumgartner ha hecho de cada tema del disco un coctel maravilloso que, en conjunto, son un disparo al corazón, besos ligeros o instantes de embelesamiento, arropados en mezclas asombrosas y con el destilado rítmico de laboriosa sencillez.

Y como sucede con las buenas preparaciones, los sentidos danzan alegres hasta el final de la música, dejando al degustador pletórico y ahíto. Con la sensación de haber rozado lo perfecto, un espejismo de consoladora armonía, un atisbo de orden atmosférico con la belleza sonora que lo enmarca todo. Lo dicho: De-Phazz es un coctel nu-chic para el nuevo ser hedonista.

VIDEO SUGERIDO: De-Phazz – Backstreets of My Mind (Natural FakeCD).wmv, YouTube (sbniram)

NATURAL FAKE (FOTO 2)

 

Tornamesa

ART OF NOISE

Por SERGIO MONSALVO C.

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 WHO’S AFRAID?

 El futuro llegó, como lo predijo George Orwell, en 1984. Y como compañía vino implícita la utilización de lenguajes nuevos, tanto del habla cotidiana como de la música que acompañó su instalación y desarrollo. La idea humana quedó relegada, como el inicio para la realización de miles de proyectos en cuya manufactura posterior tuvo muy poco que ver, si no es que nada: los riesgos de la tecnología.

Art of Noise era un grupo británico inmerso dentro de la corriente futurista. El nombre derivó del ensayo The Art of Noises, escrito por Luigi Russolo, creador inserto dentro de tal corriente vanguardista a principios del siglo XX.

Una mano sujetando un microchip, núcleo de la tecnología digital, era el logotipo que usaban como propaganda. Gary Langan, uno de sus integrantes y experto en electrónica, dijo que en ese momento (los noventa), con frecuencia mayor de la que uno se imaginaba, la música que se escuchaba se debía a la derivación de las células de una computadora.

Dentro de la parafernalia maquinista, el productor inglés Peter Wegg creó para la televisión de su país a Max Headroom, la máscara electrónicamente dirigida que se volvió personaje del medio. Este realizador fue llamado por Art of Noise para participar en la elaboración de su primer disco, Paranoimia, con el cual ambos se convirtieron en estrellas.

No fue más que la confirmación de que sin el progreso técnico ya no funcionaba desde entonces ninguna extravagancia, y según los integrantes de este proyecto (el mencionado ingeniero y productor Gary Langan, el productor Trevor Horn, el programador J.J. Jeczalik y el periodista musical Paul Morley, a ellos e uniría en 1988 el músico Lol Creme) sirvió para desmentir a quienes aseveraban que la perfección técnica iba en detrimento de la creatividad. Art of Noise lo creía a pie juntillas y resultaron el mejor ejemplo de ello.

Jonathan (J.J.) Jeczalik, otro de sus componentes, había trabajado para Kate Bush, los Pet Shop Boys, Paul McCartney, ABC y Nick Kershaw, entre algunos músicos; empezó como programador del “fairlight” para el productor Trevor Horn (exmiembro de Yes). Jeczalik aprovechó los momentos libres que tenía para experimentar con dicho aparato.

J.J. y Langan se habían conocido una noche mientras mezclaban un disco para Yes, se pusieron a fantasear con las máquinas y el resultado fue el track “Close to the Edit”. Como el experimento resultó satisfactorio decidieron reunirse, pero les faltaba alguien que aportara la cuestión melódica. Entonces llamaron a la arreglista Anne Dudley, conocida de ambos y quien se uniría al conglomerado.   Ella había recibido una educación musical dentro del clasicismo; sin embargo, se sintió atraída al jazz y luego al pop.

Martin Frey, líder de ABC, le confió los arreglos más importantes del álbum Lexicon of Love, que estaba grabando, por su profesionalismo. Luego ella trabajó con Wham!, Lloyd Cole y Blancmange.

Gary Langan tenía también un impresionante historial en la mezcla y producción con The The y Spandau Ballet.

Al sumar todas estas actividades se explica el vasto archivo de sonidos con el cual se alimentó Art of Noise en sus dos etapas de existencia: de 1983 a 1990 y de 1998 al 2000, diskette tras diskette, cuyos productos manejaron a placer por medio de las computadoras para establecer la secuencia del sonido seleccionado.

Los resultados se pueden escuchar en álbumes y antologías como In Visible Silence, Belowe the Waste, Best Of, In No Sense, Nonsense! y The Ambient Collection, entre ellos.

VIDEO SUGERIDO: Art of Noise – Moments In Love (Live), YouTube (prozvu beer)

ART OF NOISE (FOTO 2)

 

Tornamesa

“A HORSE WITH NO NAME”

Por SERGIO MONSALVO C.

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(AMERICA)

De armonías eléctricas y acústicas suaves de folk rock, el grupo América siempre se ha constituido como una débil imitación de Crosby, Stills, Nash and Young.

Fundado en Londres en 1969 por Dewey Bunnell, Gerry Beckley y Dan Peek (todos hijos de militares estadounidenses apostados en el Reino Unido), el primer hit del trío fue “A Horse With No Name” contenido en el disco debut  América de 1971.

“A Horse With No Name” fue llamada primeramente “Desert Song”. Había sido escrita por Dewey Bunnell en el estudio de la casa de Arthur Brown. En los primeros demos sobre la misma se buscó propiciar la sensación del desierto seco y caluroso que aparecía en una pintura de Salvador Dalí, que decoraba el estudio, así como la presencia de un extraño caballo plasmado por M. C. Escher, en otro cuadro del mismo sitio.

Tras su lanzamiento, el tema fue censurado en algunas estaciones de radio de la Unión Americana por sus supuestas referencias a las drogas. De cualquier manera, llegó al primer lugar de las listas de popularidad ahí y en otros lugares.

La semejanza de la pieza con algunas de Neil Young motivó discusiones. “Sé que prácticamente todo el mundo, en una primera audición, asumió que era de Neil”, afirmó Bunnell al respecto. “Nunca escondí el hecho de que me haya inspirado. Creo que está en la estructura de la canción tanto como en el tono de su voz. Dolió un poco, porque nos atacaron de forma bastante violenta. Siempre lo he atribuido a que la gente protegía a su héroe más que a que me quisieran atacar a mí”.

Paradójicamente “A Horse With No Name” sustituyó a “Heart of Gold”, de Young, en el número uno de las listas en la tierra del Tío Sam. Por otro lado, la canción ha sido criticada por su letra pleonásmica y simplista: con fragmentos como “The heat was hot” (el calor estaba caliente), como ejemplo.

Tras el éxito millonario volvieron a los Estados Unidos para iniciar una sólida y muy redituable carrera con acetatos como Homecoming, Hat Trick y Holiday.

Sus composiciones pintorescamente místicas, aunque insípidas, sobre temas amorosos les valieron muy buenos lugares en las listas de popularidad de ambos lados del océano Atlántico, con sencillos entre los que se incluyen “Ventura Highway”, “Tin Man” y “Don’t Cross the River”, temas de melancólico romanticismo de fogata.

Después de 1974 sus discos fueron producidos por George Martin, cuyo perfeccionismo reflejaba el de las armonías vocales. Aparecieron entonces los álbumes Hearts, Hideaway, Harbor y Live.

En 1977, Dan Peek se separó del grupo y América siguió como dúo, disfrutando de un éxito continuo pero disminuido hasta fines de la década, antes de cambiar de compañía disquera (de Warner a Capitol) en 1980 y producir los discos Silent Letter, Alibi y View From the Ground, coproducido por Russ Ballard y del cual se desprendió el tema “You Can Do Magic” (1982).

Your Move, The Last Unicorn –un soundtrack–, Perspective y el disco en vivo America in Concert (1985) fueron sus últimas señales de vida antes de ser resucitados  a  la postre para servir de grupo abridor para gran cantidad de nuevos y viejos grupos. “A Horse With No Name” es un tema clásico en cualquier antología genérica.

VIDEO SUGERIDO: America – A Horse with no name (clip HQ), YouTube (vlaad27)

AMERICA (FOTO 2)

 

Tornamesa

ZUCO 103

Por SERGIO MONSALVO C.

ZUCO 103 (FOTO 1)

 DIÁSPORA MARACUYÁ

El arte musical puede convertirse en el mejor instrumento para abrirnos las puertas a un mundo distinto pero muy cercano y que todavía esconde muchas sorpresas. La hipermodernidad sonora es una forma y un conducto para relacionarse globalmente.

El modus operandi de la creación y divulgación de la música contemporánea en una época líquida e híbrida como la que estamos viviendo, obliga a las mutaciones (relativas, graduales o radicales), y para ello los autores exploran, clonan o deconstruyen en experimentos constantes para diseñar o rediseñar el presente (o el futuro) —que cada vez deja de ser lo que era—.

La mezcla (mix o remix) es una herramienta muy poderosa en dicha operación. Los elementos que la constituyen son siempre pertinentes y luego se transforman en neologismos. Y éstos, hoy por hoy, pueden surgir de cualquier lugar y viajar por doquier, asentándose aquí y allá, gracias a la ubicuidad y rapidez de la comunicación actual.

La diáspora brasileña ha extendido por el mundo su gran manto a través de la música. La dispersión de esta nacionalidad ha repartido sus notas en todos los ámbitos del globo terráqueo.

En los Países Bajos, por ejemplo, ha sido especialmente bien recibida y asimilada dando lugar a transformaciones de la misma para ubicarse en la hipermodernidad. Su mejor representante se hace llamar Zuco 103, un trío de hipnotizantes rítmicas y coloridos.

El trío se formó tras conocerse en el Conservatorio de Rotterdam, donde la brasileña Lilian Vieira estudiaba canto y el holandés Stefan Kruger y su tocayo, el alemán Stefan Schmidt, hacían lo propio con la composición.

El primero era baterista y el segundo tecladista. Ambos eran también, miembros activos de la escena jazzística local. Fue ahí donde recibieron una invitación para colaborar con el grupo de jazz de fusión SfeQ. Llevaron con ellos a su compañera de estudios.

A la postre aquel grupo se deshizo, pero ellos tres quedaron tan encantados de trabajar juntos que decidieron llevar a cabo un proyecto como trío. Lo llamaron primeramente Rec.a, pero luego decidieron cambiarle de nombre al del definitivo Zuco 103, una combinación de chiste lingüístico (el holandés pensaba que jugo en portugués se decía así, zuco) y una exageración apologética: la cantante dice que siempre dan el 103 % en cada actuación.

La música de este grupo es una combinación también de tres elementos: jazz (y funk en menor medida), la corriente electro y la música brasileña en sus manifestaciones samba, pop y bossa.

El resultado es un acid jazz lounge compuesto de piezas en downtempo donde predomina el sabor maracuyá. Cosa que no es de extrañar dada la aceptación popular en el país europeo de dicha música sudamericana. El mayor componente de inmigrantes latinoamericanos en Los Países Bajos  lo encabezan los brasileños.

Luego de una serie de presentaciones en el circuito de clubes neerlandés, extendieron su territorio hacia el Benelux y luego al resto de Europa. Grabaron entonces sus primeros singles que fueron muy bien recibidos.

ZUCO 103 (FOTO 2)

Ello los llevó a la realización de su primer disco, Outro lado, con el que debutaron bajo el sello Zingulboom. La mezcla del trío brindó magníficos temas bailables con buenas dosis de electrónica.

Outro lado los puso en el mapa mundial del e-jazz en el rubro de la electro-samba. Y lo hizo en dos sentidos. En uno, como auténtico collage festivo pleno de energía, en donde la fusión de sus elementos convive en la perfección, con muy buenos arreglos y composiciones y la fresca voz de Vieira.

Un elegante destilado de ideas que sale de las tres mentes para definir su estilo particular, que se atreve con el drum & bass, el rhythm and blues, los afrobeats, etcétera.

VIDEO SUGERIDO: Zuco 103 live @ PINKPOP’04 – Zabumba No Mar, YouTube (yogisp)

Asimismo, en segundo término está la postura social del grupo, que también pone su música al servicio de las emociones intensas.

El grupo relata vidas que tienen la dudosa suerte de nacer en una de las múltiples favelas de Brasil, donde el drama de la vida cotidiana poblada de pobreza, alcohol y violencia, se convierte en la historia de millones de casos. La realidad pura contada con las bases rítmicas urbanas.

La publicación de este disco volvió a Zuco 103 en referente de la diáspora brasileña. Por lo mismo fue remezclado por los productores y artistas de la escena como Bossacucanova, The Funky Lowlives y Charles Webster.

Luego el grupo hizo la recopilación de temas en vivo, remixes y algunos temas inéditos en Tales of High Fever y One Down, One Up. En ello fueron acompañados por Gerd, David Walters y Chris Harrison, destacados DJ’s. A éste se aunó One Down, One Up, un álbum doble recopilatorio.

Whaa! fue su siguiente producción y atrajo de inmediato a todos los amantes de las nuevas músicas brasileñas. Se escucha más samba y bossa nova que acid jazz. Además añade ritmos afrocubanos, ecos orientales y dub. Todo lo demás mantiene intacto la brillantez de la fusión y la estupenda y sorprendente voz de Vieira en cambios de ritmo, velocidad y melodía a veces en la misma pieza. Las letras conservan el interés.

En Whaa! el trío se ve reforzado con la participación de Dani Macaco, cantante de la banda española del mismo nombre, y por el legendario jamaicano Lee “Scratch” Perry, maestro del reggae. Cantante que mantiene la personalidad en los memorables temas “”Love Is Queen Omega” e “It’s a Woman World”. El tipo se integra perfectamente al universo sonoro de Zuco 103.

Posteriormente, el trío multinacional, residente en Nederland, sacó a la luz el disco After The Carnaval, en donde el ambiente festivo prevalece por sobre todo lo demás en obvia complicidad con la música. Es aún más brasileño que el anterior si cabe mencionarlo. Es la sensualidad cocinada a fuego vivo, donde la estridencia de lo callejero es opacada por la luminosidad carnavalesca (la cual tuvo su saga con Retouched! After the Carnaval Remixes, del 2009).

Para este disco el trío se trasladó a Brasil y se plantó en el estudio Toca do Bandido de Río de Janeiro. Contó con la colaboración de algunos elementos locales como la del percusionista Marcos Suzano.

La impronta europea, es decir el sampleo y la electrónica, cedió su lugar a una instrumentación más tradicional, pero sin perder por eso el elemento contemporáneo tan necesario para conformar la identidad musical de Zuco 103, representante de la panglobalización de tintes cariocas.

Las obras de Zuco 103 son propuestas intensas, con canciones ancladas en géneros reconocibles pero transculturados. Esa es su propuesta para el nuevo siglo.

En dichas obras se citan variantes sonoras donde lo popular se engarza con el tejido de atmósferas vitales en las cuales reconocerse y arreglos musicales con mirada contemporánea.

VIDEO SUGERIDO: Zuco 103 live Soundsystem mix, YouTube (nvv)

ZUCO 103 (FOTO 3)

 

Tornamesa

“I’VE GOT YOU UNDER MY SKIN”

Por SERGIO MONSALVO C.

I'VE GOT YOU UNDER MY SKIN (FOTO 1)

 EL STANDARD

Standard: Este término suele aplicarse a las canciones sur­gidas del ámbito popular, cuyo interés ha rebasado el momento de su lanzamiento original y, en muchos casos, la muerte de sus compositores.

Con frecuencia se trata de piezas tomadas de obras musicales, de teatro o de cine, así como del Tin Pan Al­ley. Algunas de ellas, como “My Favorite Things”, “Green Dolp­hin Street” o “My Prince Will Come”, por ejemplo, se han lle­gado a identificar tanto con el jazz que sus orígenes se han olvidado.

Desde el comienzo del siglo XX, y hasta hoy, el standard es una canción o pieza que constituye parte obligada de todo repertorio; tema ampliamente conocido, al que se re­curre con frecuencia como base para improvisar sobre seguro.

Dentro del repertorio de todos los géneros, pop, jazz, rock, soul, funk, hip hop, etcétera, hay temas que se han incor­porado al idioma de todos ellos, como “Misty”, “When the Saints Go Marchin’ In”, “Perdido”, “Ornithology”, “Take Five”, “‘Round Midnight”, “How High the Moon”, entre otras. No obstante en el Top Ten de tales cantos destaca una que ha trascendido todas las épocas: “I’ve Got You Under My Skin”.

I'VE GOT YOU UNDER MY SKIN (FOTO 2)

Hacia comienzos de la década de los veinte del siglo pasado, Cole Porter comenzó a aparecer como figura de primer plano en la llamada “era del jazz” en la Unión Americana. Sus obras habían sido representadas profesionalmente en Broadway mucho antes que las de Gershwin, Henderson o Rodgers, compositores todos de gran prestigio. Sin embargo, esos primeros esfuerzos fueron recibidos en forma desalentadora.

Luego, Porter pasó varios años en Europa. Regresó al final de los veinte e inmediatamente disfrutó de dos exitosos musicals: Fifty Million Frenchmen (o sea, “50 millones de franceses”) y Paris, cuya partitura incluía el tema “Let’s Do It” (“Hagámoslo”). Estas obras y sus partituras reflejaban el propio mundo sofisticado de su autor.

La obra Born to Dance, por su parte, presentaba la innovación, dentro de la comedia musical, de que Irving Aaronson y su banda de diez músicos, los Commanders, aparecían en el escenario en vez de estar en el foso de la orquesta. Born to Dance fue escrita en 1936, y su tema principal “I’ve Got You Under My Skin” se convirtió desde el mismo momento del estreno en una pieza clásica.

El romance y el encanto que desplegó Porter en sus letras quedó a su vez impreso en la mente de generaciones sucesivas, con trazos que evocan una estética con su implícita mezcla de night club y naive.

Muchas canciones han motivado versiones; las menos, su estandarización. Y poquísimas la sublimación de su plumaje blanco al cruzar por dicha estandarización.

El caso de Cole Porter y “I’ve Got You…” es, sin lugar a dudas, un suceso para la canción popular. Ésa que trasciende, evoca y motiva más allá de sus circunstancias.

Cole Porter capturó con sus notas y melodía la ligereza la sencillez de una pequeña obra clásica, que soporta cualquier versión, en cualquier género, como en el caso de la de Neneh Cherry, quien la inscribió en el hip hop dentro del disco Red, Hot & Blue, de 1990.

VIDEO SUGERIDO: Frankie Valli & The Four Seasons – I’ve Got You Under My Skin Subtitulada en español, YouTube (Miguel Mephistopheles)

I'VE GOT YOU UNDER MY SKIN (FOTO 3)

 

Tornamesa