GARAGE/38

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL SUBTERRÁNEO

En 1992, el ríspido sonido del grunge cunde y pronto de un garage de New Jersey surge un émulo para secundar el grito desencantado. Se trata de los Swingin’ Neckbreakers que son escuchados en la radio local con un demo grabado en casa.

En Washington, mientras tanto, John Mortensen, quien ha salido de los Roofdogs, y ahora al frente de los Mono Men prolonga un sonido rockero que contiene elementos del grunge: guitarras distorsionadas y vociferaciones.

Pero también ese sonido de los Mono Men, que toma para sí elementos del grunge, está ligado a los estilos del proto-punk y del rock de garage de los años sesenta que se hacía en Washington.

Del noise de Washington, vía Pussy Galore, surgió Jon Spencer, quien al abandonar a dicho grupo se trasladó a Nueva York para formar su Blues Explosion. Un power trio que rompió con las normas del rock alternativo demostrando una devoción infinita por la música de raíces como el blues y el r&b básico, pero más aún por la experimentación independiente y enriquecedora con el hip hop, la electrónica o el garage-punk.

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Desde su aparición al comienzo de los noventa, la Jon Spencer Blues Explosion se ha caracterizado por sus guitarras potentes y sudorosas, por su sonido estridente, sucio y distorsionado, por su canto vociferante, por su manufactura lo-fi, por su rock and roll post punk lleno de adrenalina, mood de calles oscuras y malolientes, de antro grasoso y perdido, de pasiones desatadas a todo volumen.

En la música de Jon Spencer (de cualquier hechura, remezcla, experimento o participación de invitados ocasionales) no hay hits, no hay condescendencia o autocomplacencia, sólo el espíritu salvaje del garage en estado puro. Lo suyo son incendios sonoros, riffs desgarradores y ritmos minimalistas al margen de cualquier moda. Por todo eso ha creado un gran grupo de seguidores entre artistas y fans del género.

La Blues Explosion tiene sonidos y texturas distintivas. Creados por la firme mano de su líder, al lado de prominentes productores como Steve Albini o Steve Jordan. Entre todos han amalgamado el brío del punk con el blues y el r&r. Su leyenda habla de ellos como héroes desbocados y viscerales. Lo cierto es que este poderoso trío ha encarnado desde su aparición los minutos más sórdidos del rock and roll de los últimos años.

El punk blues con el que se ha denominado a la música de Jon Spencer ha creado escuela y seguidores, ampliando la cultura del garage  underground.

VIDEO SUGERIDO: Jon Spencer Blues Explosion – 2 Kinda Love (Recovery), YouTube (Music Crobler)

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Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA ERA DEL RECHAZO

La década de los noventa arrancó con los fuertes ecos del garage revival en los subterráneos. Entre los grupos que pugnaban por él estaban los Funseekers y sus dejos de la Ola Inglesa.

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Los fundamentos del garage estadounidense como el del surf rock también estaban a buen recaudo con alineaciones como las de los Mummies.

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Kurt Cobain, un adolescente flemático que se crió en un parque de cámpers como  prototipo del rebelde sin causa aburrido hasta la médula, empezó a hacer música con un amigo, Chris Novoselic, en un garage. Ambos vivían en Aberdeen, un pueblucho intrascendente cerca de Seattle. En 1988 el dúo conoció al baterista Chad Channing y formaron un grupo llamado Skid Row, Bliss y al final con David Grohl el definitivo Nirvana.

Con Nirvana emergió el llamado sonido de Seattle: producto de jóvenes blancos de la clase obrera hartos, apáticos, desencantados, con trabajos miserables o bien desempleados. Insatisfechos ante la vida de los centros comerciales, del materialismo y de los suburbios. Cuando Cobain vociferaba sus letras, se trataba de gritos de desesperación, agresividad y la furia del “quiero escapar de esto”, de una existencia a la deriva.

El heavy metal, el punk, el noise y el pop se amalgamaron en Nirvana para conformar el grunge. Los momentos más destacados de su álbum clásico de 1991, Nevermind, mezclaron el dinamismo de los Pixies con los riffs al estilo de Black Sabatth, melodías pop y toda la angustia adolescente. Nevermind fue el nuevo manual de reglas del rock, el álbum de los noventa y un cambio en el mundo. El grunge fue un virus que Nirvana inyectó al mainstream. El noise se proyectó a las alturas.

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La era del grunge cundió como reguero de pólvora entre los grupos subterráneos y ejércitos de éstos emergieron a la superficie con sus potentes rechazos, deseos y posturas frente al mundo. En Los Ángeles la banda L7, integrada por mujeres, fusionó la cruda vitalidad punk con riffs electrificantes y salvajes a cargo de sus fundadoras: Donita Sparks y Suzi Gardner.

El aporte femenino de L7 hizo que las incluyeran en la lista de bandas indispensables de escuchar para entender la década de los noventa. Apoyadas por el productor Jack Endino y el sello Sub Pop, su disco Smell The Magic mostraba sus influencias de género (Joan Jett), las de Seattle y las fuertes raíces en la Ola Inglesa. Nuevas mujeres para la nueva década.

El rechazo a las formas de vida, a los papeles predeterminados y al materialismo incombustible, fueron los objetivos del áspero sonido emergente al comienzo de los años noventa.

VIDEO SUGERIDO: L7 Fast and Frightening, YouTube (L7JETT)

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 EL PRELUDIO

The Creeps fue un grupo sueco que desató las pasiones a finales de los años ochenta. La muy soulera voz de Robert Jelinek y el sonido de Hans Ingemanssons, primero con su órgano Farfisa y luego con el Hammond, se convertirán en el sello de la casa. Su primer disco, Enjoy The Creeps, se convirtió en una pieza clave del rock de garage de la época. Contiene piezas con aire sesentero y festivo, las cuales crean un ambiente entre psicodélico y esquizofrénico si salir de la cochera.

En 1989 el organista le cedió el liderazgo del grupo a Robert Jelinek, quien tomó la guitarra además de llevar la voz cantante, y este cambio al igual que la adhesión de una nueva sección rítmica y con metales provocó una reacción mágica. Dicha reacción llevó a la fusión del funk-soul con el garage. Toda una sorpersa en la escena musical que se deja fascinar ante la atractiva propuesta que brindan estos “fríos” habitantes de Suecia, con su desquiciante Hammond, guitarras funky y R&B.

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Nick Saloman es un caso de hombre orquesta salido de la Gran Bretaña. En 1988 decidió que iba a hacer la música que escuchaba en su cerebro lisergizado y que no encontraba ya más en otro lado. Así que en su pequeño sótano londinense se puso a interpretar el bajo, la guitarra y la batería, a los cuales les agregó la voz al final. El resultado, The Bevis Frond: una combinación de la imaginería hendrixiana, con el sonido de los Byrds y el distintivo feeling británico emanado de los lejanos sesenta.

La ruta mostrada por Bevis Frond fue seguida por los neoyorquinos integrantes de The Optic Nerve, recién llegados de distintos puntos cardinales de la Unión Americana y frecuentadores del ambiente neo-bohemio del Greenwich Village, que vieron en la propuesta del solitario británico un vehículo ejemplar para introducir el folk-rock al caldo del garage posmoderno. Una vez más la electrificación dylaniana, seguida por la conducción Byrds-Buffalo Springfield-Love conectaba con el hoy.

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Ubicados en Inglaterra hacia el final de la década de los ochenta, nos encontramos con un nuevo eslabón en la gran cadena del garage revival. Se trata del grupo The LA’s, un cuarteto liderado por el guitarrista y cantante Lee Mavors, quien enfoca la lírica y música de la banda hacia su fuente en estos sentidos, el Velvet Underground. La mística que busca Mavors es la combinación del garage callejero con el noise-rock.

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La escena musical de Pittsburgh hacia el final de la década es tan dura como los elementos para la construcción y la industria metalúrgica que se forjan en la región. De esas fábricas aceradas y su ríspido ambiente surge un grupo como The Cynics, unos despectivos punks para quienes lo único que vale la pena en el mundo es el lema inscrito en la piedra: sexo, drogas y rock and roll, una obsesión cruda y garagera que los remite a los Blues Magoos y a los Who.

La década de los ochenta cierra su andar con los frutos del revival, las anexiones del  garage-punk, de los alternativos e independientes que preludian lo que vendrá: el grunge.

 VIDEO SUGERIDO: THE OPTIC NERVE Ain’t that a man, YouTube (fantomette771)

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 GRITO PRIMARIO DE PEQUEÑOS HUMANOIDES

El bienio 1986-1987 se caracterizó por la aparición de grupos que serían seminales y muy influyentes para la escena del garage de la siguiente década. Y no solamente del garage, sino también del grunge y el sonido emergente de Seattle, una nueva meca para el rock.

De las rudas tierras escocesas llegó un grupo que aportaría una nueva raíz al sonido del garage del porvenir: The Primal Scream. Extracto del rock psicodélico e influenciados por la teoría de la terapia primaria querían que su música fuera instintiva y fundamental para la naturaleza humana.

Estos oriundos de Glasgow y lidereados por Bobby Gillespie, traían en su bagaje a los Rolling Stones, MC5 e Iggy Pop y los Stooges. Es decir, los aires de la escena garagera de Detroit. Con estos antecedentes establecieron nexos inmediatos con el movimiento llamado C86.

A partir de la segunda mitad de los años ochenta los Pixies comenzaron a hacer algo que nadie más había hecho. Y lo hicieron bien, es más, de manera fantástica: un trash indie, crudo, noisy y pop. De acuerdo con sus propias leyes garageras a las que se adjuntaron cientos de grupos.

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La obra de estos duendes maldosos incluyó la inventiva, el anticonvencionalismo, un punk melódico, el pop clásico y el surf con riffs en la guitarra a cargo de un líder bizarro: Black Francis. Todos sus discos desde Surfer Rosa se volvieron clásicos.

La de los Pixies era una música que se acercaba a los escuchas furtivamente: colgada de la línea del bajo seducía al oído para luego lanzarse de la garganta del incauto como un vampiro hábido de sangre, en medio de una explosión de guitarras.

Sus letras estaban llenas de ovnis, imágenes cinematográficas, mutilaciones y demás aportaciones de la cultura popular, narradas por la voz en off de un Black Francis genial y desatado, en armonía con el fondo de la voz arrulladora de Kim Deal.

De tal sonido fue que Kurt Cobain se inspiró para sustentar el concepto musical de Nirvana, según él mismo lo declaró en su momento. Es decir, The Pixies fue un grupo señero, seminal, imitado y el más influyente de la escena  alternativa de la Unión Americana de finales de los ochenta.

La historia de los Pixies en su primera etapa resultó un cuento de hadas. El grupo empezó en el garage de uno de ellos y a finales de 1986 y en marzo del siguiente año ya firmaba con el sello 4AD. Su primer EP salió a la venta en octubre y la aprobación general fue prácticamente unánime.

Lo dicho: el bienio 1986-1987, con Primal Scream y The Pixies, puso los estándares altos para el desarrollo del rock en general y del garage en particular.

 VIDEO SUGERIDO: Pixies – I’ve Been Tired (live), YouTube (einzack)

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 FUERZA DE LOS TENTÁCULOS

Las bandas proto punk de los primeros años setenta, como Iggy Pop and The Stooges y los New York Dolls, se convirtieron en el modelo sonoro de los grupos de garage revival del primer lustro de los ochenta. La cadena iniciada en los cincuenta comenzó a contar con un nuevo y reluciente eslabón, tan dorado como ríspido; tan brillante como movido.

En enero de 1984, la compañía Apple lanzó al mercado la PC original Macintosh 128K, costaba 2500 dólares, incorporaba el uso del “ratón” y era la vanguardia de la informática de uso doméstico. En el mismo mes apareció el sencillo con el que debutaba Lime Spiders, un grupo representativo del garage australiano. El rock de pub en plena diáspora.

A mediados de los años ochenta, los garageros utilizaban por lo común guitarras Gibson Les Paul y ningún pedal de efectos, a contracorriente del uso de sintetizadores que ya permeaba el mainstream internacional. Las bandas eran fieles a su sonido Lo-Fi, como el característico de los Chesterfield Kings, neoyorkinos admiradores de los N.Y. Dolls.

Aunque también los Fuzztones eran neoyorquinos, sus raíces musicales se encontraban en Detroit, de manera brutal y directa. Los muchachos de Rudi Protrudi, vocalista y armoniquista, representaban a plenitud la ira y el desconcierto de aquellos años. Los inquietantes sonidos de la guitarra respondían como espejo oscuro el ascenso de los yuppies.

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Oriundos de Solna, suburbio de Estocolmo, Suecia, The Nomads hicieron su debut en el vinil realizando un extraordinario cover de “Psycho” de los Sonics, sus modelos a seguir. El mundo tomó nota de la aparición de estos garageros nórdicos, lo mismo que de su duro y añejo sonido, matizado por oscuridades propias.

Tell-Take Hearts fue un destacado producto de la fértil escena musical de San Diego, California. Y al igual que sus coterráneos The Crawdaddys, tomaron la estafeta para recapturar el espíritu del rhythm and blues británico de mediados de los sesenta, el cual implantaron en el punk-garage que les tocaba vivir en los ochenta.

Los californianos The Nerves ubicaron sus intereses en el punk de los años setenta, en el primigenio, de cuando comenzaba a llamar la atención generalizada. Y lo mostraron a una audiencia cautiva y vecina del famoso Hollywood Punk Place, lugar del que salieron infinidad de grupos y una estética singular por su look deportivo.

A pesar de la gran oferta que ya existía a mediados de los ochenta del garage revivalista, ninguna otra agrupación tuvo tanta aceptación popular como la banda The Hoodoo Gurus, procedente de Australia, que coincidió con el inicio de un resurgimiento del surf-rock. La cabalgata de olas sónicas en uno de los extremos del mundo.

La energía del garage extendió su diáspora por los cuatro rincones del mundo entre 1984 y 1985. La corriente mostraba con fuerza sus tentáculos.

VIDEO SUGERIDO: Hoodoo Gurus – What’s My Scene, YouTube (Luis)

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 EL REVIVAL

La corriente Revival del rock de garage se instauró desde el inicio de los años ochenta como un fenómeno musical de proporciones internacionales. Su influencia fundamental, y como su nombre lo indica, abreva sustancialmente del rock de garage de los sesenta.

Salvation Army fue una banda fundada en 1982 en Los Ángeles, California, que pronto tuvo popularidad por su denso y nebuloso garage psicodélico, con toques de los Byrds y los Buzzcocks. La institución religiosa homónima los demandó para que cambiaran de nombre.

El cuarteto originario de Chatham, Condado de Kent, en Inglaterra, Mickey and The Milkshakes guió sus pasos musicales hacia la Caverna liverpooliana y retomaron el sonido de los Beatles pre Brian Epstein. Con dicho bagaje se hicieron de hits en cadena, comenzando por “It’s You”.

Un grupo de grandes ambiciones musicales fue sin lugar a dudas Green On Red. Con sede en Tucson, Arizona, emergieron con su dotación de country-rock al estilo de Neil Young, al que dotaron de la explícita lírica psicodélica underground y del sonido de Dream Syndicate.

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El característico sonido sureño estadounidense se hizo cargo del empalme con los Fab Four británicos de comienzos de los sesenta y resultó en The Spongetones, una banda esponja que refrescó los aires de su originaria Carolina del Norte.

Luego de que la institución religiosa con el nombre homónimo de Salvation Army los demandara por el uso del mismo, los miembros de dicha banda optaron por el de The Three O’Clock, con el que mostraron a plenitud sus influencias de la Invasión Británica.

La irrupción en Boston, Masachusets, de The Lyres en la escena musical marcó un hito y un slogan para las bandas de garage inscritas en su corriente: “El Revival llegó para quedarse y no se irá jamás”. Tres décadas después de lanzado continúa en boga.

El hardcore de los sesenta, es decir el lado duro del sonido de aquella época mítica para los nuevos grupos de los ochenta fue el cánon a seguir, como lo fue efectivamente para The Unclaimed, con una impactante guitarraa cargo de su guitarrista original Sid Griffin.

El cuarteto británico The Prisoners tuvo en la psicodelia sesentera y sobre todo en el uso del órgano su principal referente musical. El organista James Taylor trascendió el ámbito hasta convertirse en uno de los iniciadores del acid jazz al final de la década.

Los años 1982-1983 destacaron por el tributo que brindaban los grupos, con sus nuevos rumbos, a los originales sonidos garageros: El Revival.

VIDEO SUGERIDO: The Prisoners – till morning light, YouTube (simon Douglas)

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 NUEVOS AROMAS

Al inicio de los ochenta los vientos fueron de nuevo favorables para el rock de garage. Habían pasado diez años de aprendizaje y asimilación de sonidos y corrientes. El movimiento estaba listo para emerger de vuelta, ahora con una nueva generación dispuesta a revisar el pasado.

The Cramps fue un grupo paradigmático que marcó formas de expresión heterodoxas. En su cavernoso laboratorio mezclaron las raíces del garage sesentero, los gérmenes del rockabilly y la estética de las películas de serie B (con sexo masoquista y horror camp). Preludio del psychobilly.

Conjugar lo primitivo del rockabilly con el fuzz del subsuelo sesentero y la fresca visión sobre el rock and roll de los cincuenta, fueron las características de una quinta generación de rocanroleros que le pusieron el nombre de Revival a su movimiento garagero.

Tras una reunión donde el alcohol fluyó generosamente, achispando las intensidades, varios amigos decidieron formar una banda para fiestas en Nueva York. Eran los Fleshtones y el inicio de los ochenta, con el punk y el new wave en las alforjas. Revival arquetípico para nuevos escuchas.

El grupo británico The Barracudas se adjudicó para sí el híbrido de garage-folk-surf. Dicho caldo los montó en la ola revivalista que cobraba vida y poder con cada agrupación que surgía en este sentido. A la larga la banda se fue inclinando hacia la escena psycho con la que trascendieron.

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Hollywood fue la ciudad que vio nacer al grupo multirracial The Plimsouls, y como buen conglomerado hubo en ellos distintas influencias: del folk eléctrico al beat de la Ola Inglesa y un sonido muy cercano al punk hardcore. De esta forma triunfaron sus melódicas piezas.

La significancia de los Stray Cats para la corriente revivalista del rockabilly aún no pone el punto final a la misma tras varias décadas de existencia. El grupo se formó con Brian Setzer (voz y guitarra), Lee Rocker (en el contrabajo) y Slim Jim Phantom (en tambor y tarola).

Los Stray Cats no tuvieron suerte en su originaria Norteamérica y realizaron su particular invasión a la inversa. Llegaron exiliados a Inglaterra al comienzo de los ochenta para imponer su referente al rockabilly. El futuro los tendría como modélicos para la reactivación del género.

Las raíces del rock and roll siguieron extendiéndose con una segunda oleada ochentera. El sonido brotado de los garages traía nuevos aromas para antiguas recetas.

VIDEO SUGERIDO: Stray Cats – Rock This Town, YouTube (Rusty Waves)

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