GARAGE/42

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL IMPERIO DE LAS RAYAS

Detroit, en el estado de Michigan, es la cuarta capital de la música en los Estados Unidos. De ahí brotaron los mejores ejemplos del soul, del proto-punk y el garage revival hipermoderno, con sus riffs y lo-fi.

El revival del siglo XXI, encarnado por los White Stripes, oriundos de Detroit, es la sublime síntesis donde confluyen todos los subgéneros del garage (sesentero, proto-punk, punk, psycho, psicodelia, underground…) junto al blues, el country y el folk.

Jack White, el cerebro del dueto, entra en la categoría de los que hacen art-rock, por su formación cultural y todos los intereses que ha mostrado junto a la música: pintura, arquitectura, cine y músicas diversas.

Todo el bagaje de Jack se ha canalizado hacia un minimalismo donde el axioma “menos es más” ha conseguido la legitimación de lo auténtico. Meg White (la baterista, compañera y esposa) le puso el beat elemental.

El estilo de los White Stripes se encuentra en lo musical y también en todo el arte que rodea al dúo: los videos (dirigidos siempre por reconocidos cineastas), escenografías, vestuarios y portadas de discos.

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Tras una década de andanzas, discos y otros proyectos paralelos, Jack White está considerado como uno de los mejores compositores de rock de todos los tiempos y también uno de sus máximos guitarristas.

Los White Stripes representan la hipermodernidad del garage en la primera década del siglo XXI, con la múltiple selección de cosas por sobre el imperio del tiempo.

VIDEO SUGERIDO: The White Stripes – Jimmy The Exploder, YouTube (whitEstripEdElephant)

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GARAGE/41

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA NEOPSICODELIA

Hacia el final de los noventa el rock de garage se retrajo para adquirir un nuevo impulso. Mientras tanto, sus cultivadores en las antípodas cobraron relevancia, como en el caso de los suecos The Hellacopters.

La influencias para este grupo escandinavo son varias, comenzando con el proto-punk de los Stooges, MC5 o el rock de la segunda Ola Inglesa al estilo de los Who, los Faces o los Kinks.

Esta banda sueca partió del estilo sucio y ruidoso más próximo al punk-rock. No obstante poco a poco evolucionaron hacia uno más clásico, de lo que incluso hacen una crónica in situ.

El avance de Hellacopters dentro del garage tuvo la influencia palpable de los Rolling Stones, patente en las guitarras rítmicas y en sus aproximaciones y arreglos al rhythm and blues más energético.

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Uno de los estilos que perviven de manera constante dentro del género garagero es el psicodélico. Ha sido practicado desde su aparición en los sesenta, cuando surgió como expresión de la experiencia lisérgica.

El modelo del rock psicodélico californiano continúa inspirando a un buen número de banda alrededor del mundo, con sus letras esotéricas, descripción de sueños o alucinaciones acompañadas de efectos sonoros.

Dentro de la música, la psicodelia ha sido un puente para los garageros, quienes le han impreso su sello y dinámica con diversas formas de fusión, muy especialmente con la música india.

En el rock de garage un importante número de grupos ha  trabajado con la corriente psicodélica y su presencia ha sido constante a través de las décadas. Cobró auge en el fin del siglo XX.

VIDEO SUGERIDO: The Lipstick Killers – Hindu Gods (Of Love), YouTube (Rui Bock)

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GARAGE/39

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA POSMODERNIDAD

Mientras en el norte de los Estados Unidos los nuevos sucedáneos del garage se manifestaron a través del grunge, el underground, el punk y el rock más primitivo, el Sur del propio país le brindó los ingredientes a una rama del subterráneo que buscó al blues y al r&b de los primeros tiempos, enlazándolo después con la crudeza scratchy y la grabación menos sofisticada del mundo. Se trata de la salsa especial al estilo Nueva Orleáns del grupo llamado G. Love.

Los aires de Nueva Orleáns, aquella ciudad vibrante y hoy fantasmal, se dieron cita en el trío G. Love de Boston. El cual fue fundado por el outsider Garrett Dutton III, amante del surf, la comida criolla y la rítmica afrocaribeña. A todo ello le sumó la lírica del beat hiphopero y creó un estilo posmoderno a mediados de los noventa, que le abrió las puertas hacia varios géneros. El garage ganó en acústica y le rizó el rizo al rizoma.

La bohemia del sureño coffee house tradicional fue representada, en la última década del siglo XX, por una fusión de rag-mop, blues y swing con toques de rockabilly y la más pura vestimenta al estilo de Elvis Presley, por este trío emigrado a la zona más culta de la Unión Americana. Los nuevos bostonianos revistieron su garage de seda roja y ribetes dorados para escándalo de sus modosos vecinos.

Al tiempo que Nueva Orleáns entraba al garage bostoniano, en Finlandia hacía lo propio el psycho garage. Un estilo derivado del amor a las películas de serie B y al surf instrumental. En este caso, al pisar el suelo europeo se modificó un tanto el gusto y ya no fue el cine de serie B californiano sino el de Hitchcock. “Psycho” y “Vértigo”, filmes clásicos, se convirtieron en el estandarte del menage a trois con el surf y el punk del grupo de Helsinki, Laika and the Astronauts.

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En 1995, el garage deambulaba por el mundo con su espíritu infeccioso convocado por intérpretes varios. En Glasgow, Escocia, los miembros de Teenage Fanclub lograron con él ser reverenciados por los seguidores del power pop, por sus repiqueteos de guitarra al estilo de los Byrds, muchas armonías vocales y destacadas labores de composición.

El sonido del grupo escocés tenía muchas reminisencias de la Costa Oeste norteamericana, de la Ola Inglesa primaria y de los paradigmáticos Big Star. Al crecer su popularidad fueron reclutados por el mismo sello que grababa a Jon Spencer, Matador. Siempre interpretaron sus propias canciones con remarcados ganchos líricos y armoniosos riffs también en la guitarra. El pop edulcoraba las paredes garageras.

La posmodernidad tomaba en 1995 carta de naturalización en el rock de garage. Y en ello se daban cita géneros diversos, mezclados o entrelazados.

"The Dinner Party Download Live at Merge 25"

 

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GARAGE/38

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL SUBTERRÁNEO

En 1992, el ríspido sonido del grunge cunde y pronto de un garage de New Jersey surge un émulo para secundar el grito desencantado. Se trata de los Swingin’ Neckbreakers que son escuchados en la radio local con un demo grabado en casa.

En Washington, mientras tanto, John Mortensen, quien ha salido de los Roofdogs, y ahora al frente de los Mono Men prolonga un sonido rockero que contiene elementos del grunge: guitarras distorsionadas y vociferaciones.

Pero también ese sonido de los Mono Men, que toma para sí elementos del grunge, está ligado a los estilos del proto-punk y del rock de garage de los años sesenta que se hacía en Washington.

Del noise de Washington, vía Pussy Galore, surgió Jon Spencer, quien al abandonar a dicho grupo se trasladó a Nueva York para formar su Blues Explosion. Un power trio que rompió con las normas del rock alternativo demostrando una devoción infinita por la música de raíces como el blues y el r&b básico, pero más aún por la experimentación independiente y enriquecedora con el hip hop, la electrónica o el garage-punk.

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Desde su aparición al comienzo de los noventa, la Jon Spencer Blues Explosion se ha caracterizado por sus guitarras potentes y sudorosas, por su sonido estridente, sucio y distorsionado, por su canto vociferante, por su manufactura lo-fi, por su rock and roll post punk lleno de adrenalina, mood de calles oscuras y malolientes, de antro grasoso y perdido, de pasiones desatadas a todo volumen.

En la música de Jon Spencer (de cualquier hechura, remezcla, experimento o participación de invitados ocasionales) no hay hits, no hay condescendencia o autocomplacencia, sólo el espíritu salvaje del garage en estado puro. Lo suyo son incendios sonoros, riffs desgarradores y ritmos minimalistas al margen de cualquier moda. Por todo eso ha creado un gran grupo de seguidores entre artistas y fans del género.

La Blues Explosion tiene sonidos y texturas distintivas. Creados por la firme mano de su líder, al lado de prominentes productores como Steve Albini o Steve Jordan. Entre todos han amalgamado el brío del punk con el blues y el r&r. Su leyenda habla de ellos como héroes desbocados y viscerales. Lo cierto es que este poderoso trío ha encarnado desde su aparición los minutos más sórdidos del rock and roll de los últimos años.

El punk blues con el que se ha denominado a la música de Jon Spencer ha creado escuela y seguidores, ampliando la cultura del garage  underground.

VIDEO SUGERIDO: Jon Spencer Blues Explosion – 2 Kinda Love (Recovery), YouTube (Music Crobler)

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GARAGE/37

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA ERA DEL RECHAZO

La década de los noventa arrancó con los fuertes ecos del garage revival en los subterráneos. Entre los grupos que pugnaban por él estaban los Funseekers y sus dejos de la Ola Inglesa.

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Los fundamentos del garage estadounidense como el del surf rock también estaban a buen recaudo con alineaciones como las de los Mummies.

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Kurt Cobain, un adolescente flemático que se crió en un parque de cámpers como  prototipo del rebelde sin causa aburrido hasta la médula, empezó a hacer música con un amigo, Chris Novoselic, en un garage. Ambos vivían en Aberdeen, un pueblucho intrascendente cerca de Seattle. En 1988 el dúo conoció al baterista Chad Channing y formaron un grupo llamado Skid Row, Bliss y al final con David Grohl el definitivo Nirvana.

Con Nirvana emergió el llamado sonido de Seattle: producto de jóvenes blancos de la clase obrera hartos, apáticos, desencantados, con trabajos miserables o bien desempleados. Insatisfechos ante la vida de los centros comerciales, del materialismo y de los suburbios. Cuando Cobain vociferaba sus letras, se trataba de gritos de desesperación, agresividad y la furia del “quiero escapar de esto”, de una existencia a la deriva.

El heavy metal, el punk, el noise y el pop se amalgamaron en Nirvana para conformar el grunge. Los momentos más destacados de su álbum clásico de 1991, Nevermind, mezclaron el dinamismo de los Pixies con los riffs al estilo de Black Sabatth, melodías pop y toda la angustia adolescente. Nevermind fue el nuevo manual de reglas del rock, el álbum de los noventa y un cambio en el mundo. El grunge fue un virus que Nirvana inyectó al mainstream. El noise se proyectó a las alturas.

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La era del grunge cundió como reguero de pólvora entre los grupos subterráneos y ejércitos de éstos emergieron a la superficie con sus potentes rechazos, deseos y posturas frente al mundo. En Los Ángeles la banda L7, integrada por mujeres, fusionó la cruda vitalidad punk con riffs electrificantes y salvajes a cargo de sus fundadoras: Donita Sparks y Suzi Gardner.

El aporte femenino de L7 hizo que las incluyeran en la lista de bandas indispensables de escuchar para entender la década de los noventa. Apoyadas por el productor Jack Endino y el sello Sub Pop, su disco Smell The Magic mostraba sus influencias de género (Joan Jett), las de Seattle y las fuertes raíces en la Ola Inglesa. Nuevas mujeres para la nueva década.

El rechazo a las formas de vida, a los papeles predeterminados y al materialismo incombustible, fueron los objetivos del áspero sonido emergente al comienzo de los años noventa.

VIDEO SUGERIDO: L7 Fast and Frightening, YouTube (L7JETT)

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GARAGE/36

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL PRELUDIO

The Creeps fue un grupo sueco que desató las pasiones a finales de los años ochenta. La muy soulera voz de Robert Jelinek y el sonido de Hans Ingemanssons, primero con su órgano Farfisa y luego con el Hammond, se convertirán en el sello de la casa. Su primer disco, Enjoy The Creeps, se convirtió en una pieza clave del rock de garage de la época. Contiene piezas con aire sesentero y festivo, las cuales crean un ambiente entre psicodélico y esquizofrénico si salir de la cochera.

En 1989 el organista le cedió el liderazgo del grupo a Robert Jelinek, quien tomó la guitarra además de llevar la voz cantante, y este cambio al igual que la adhesión de una nueva sección rítmica y con metales provocó una reacción mágica. Dicha reacción llevó a la fusión del funk-soul con el garage. Toda una sorpersa en la escena musical que se deja fascinar ante la atractiva propuesta que brindan estos “fríos” habitantes de Suecia, con su desquiciante Hammond, guitarras funky y R&B.

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Nick Saloman es un caso de hombre orquesta salido de la Gran Bretaña. En 1988 decidió que iba a hacer la música que escuchaba en su cerebro lisergizado y que no encontraba ya más en otro lado. Así que en su pequeño sótano londinense se puso a interpretar el bajo, la guitarra y la batería, a los cuales les agregó la voz al final. El resultado, The Bevis Frond: una combinación de la imaginería hendrixiana, con el sonido de los Byrds y el distintivo feeling británico emanado de los lejanos sesenta.

La ruta mostrada por Bevis Frond fue seguida por los neoyorquinos integrantes de The Optic Nerve, recién llegados de distintos puntos cardinales de la Unión Americana y frecuentadores del ambiente neo-bohemio del Greenwich Village, que vieron en la propuesta del solitario británico un vehículo ejemplar para introducir el folk-rock al caldo del garage posmoderno. Una vez más la electrificación dylaniana, seguida por la conducción Byrds-Buffalo Springfield-Love conectaba con el hoy.

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Ubicados en Inglaterra hacia el final de la década de los ochenta, nos encontramos con un nuevo eslabón en la gran cadena del garage revival. Se trata del grupo The LA’s, un cuarteto liderado por el guitarrista y cantante Lee Mavors, quien enfoca la lírica y música de la banda hacia su fuente en estos sentidos, el Velvet Underground. La mística que busca Mavors es la combinación del garage callejero con el noise-rock.

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La escena musical de Pittsburgh hacia el final de la década es tan dura como los elementos para la construcción y la industria metalúrgica que se forjan en la región. De esas fábricas aceradas y su ríspido ambiente surge un grupo como The Cynics, unos despectivos punks para quienes lo único que vale la pena en el mundo es el lema inscrito en la piedra: sexo, drogas y rock and roll, una obsesión cruda y garagera que los remite a los Blues Magoos y a los Who.

La década de los ochenta cierra su andar con los frutos del revival, las anexiones del  garage-punk, de los alternativos e independientes que preludian lo que vendrá: el grunge.

 VIDEO SUGERIDO: THE OPTIC NERVE Ain’t that a man, YouTube (fantomette771)

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GARAGE/35

Por SERGIO MONSALVO C.

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 GRITO PRIMARIO DE PEQUEÑOS HUMANOIDES

El bienio 1986-1987 se caracterizó por la aparición de grupos que serían seminales y muy influyentes para la escena del garage de la siguiente década. Y no solamente del garage, sino también del grunge y el sonido emergente de Seattle, una nueva meca para el rock.

De las rudas tierras escocesas llegó un grupo que aportaría una nueva raíz al sonido del garage del porvenir: The Primal Scream. Extracto del rock psicodélico e influenciados por la teoría de la terapia primaria querían que su música fuera instintiva y fundamental para la naturaleza humana.

Estos oriundos de Glasgow y lidereados por Bobby Gillespie, traían en su bagaje a los Rolling Stones, MC5 e Iggy Pop y los Stooges. Es decir, los aires de la escena garagera de Detroit. Con estos antecedentes establecieron nexos inmediatos con el movimiento llamado C86.

A partir de la segunda mitad de los años ochenta los Pixies comenzaron a hacer algo que nadie más había hecho. Y lo hicieron bien, es más, de manera fantástica: un trash indie, crudo, noisy y pop. De acuerdo con sus propias leyes garageras a las que se adjuntaron cientos de grupos.

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La obra de estos duendes maldosos incluyó la inventiva, el anticonvencionalismo, un punk melódico, el pop clásico y el surf con riffs en la guitarra a cargo de un líder bizarro: Black Francis. Todos sus discos desde Surfer Rosa se volvieron clásicos.

La de los Pixies era una música que se acercaba a los escuchas furtivamente: colgada de la línea del bajo seducía al oído para luego lanzarse de la garganta del incauto como un vampiro hábido de sangre, en medio de una explosión de guitarras.

Sus letras estaban llenas de ovnis, imágenes cinematográficas, mutilaciones y demás aportaciones de la cultura popular, narradas por la voz en off de un Black Francis genial y desatado, en armonía con el fondo de la voz arrulladora de Kim Deal.

De tal sonido fue que Kurt Cobain se inspiró para sustentar el concepto musical de Nirvana, según él mismo lo declaró en su momento. Es decir, The Pixies fue un grupo señero, seminal, imitado y el más influyente de la escena  alternativa de la Unión Americana de finales de los ochenta.

La historia de los Pixies en su primera etapa resultó un cuento de hadas. El grupo empezó en el garage de uno de ellos y a finales de 1986 y en marzo del siguiente año ya firmaba con el sello 4AD. Su primer EP salió a la venta en octubre y la aprobación general fue prácticamente unánime.

Lo dicho: el bienio 1986-1987, con Primal Scream y The Pixies, puso los estándares altos para el desarrollo del rock en general y del garage en particular.

 VIDEO SUGERIDO: Pixies – I’ve Been Tired (live), YouTube (einzack)

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