LET’S ROCK

Por SERGIO MONSALVO C.

THE BLACK KEYS (FOTO 1)

 (THE BLACK KEYS)

 Los nombres en el rock siempre varían, los detractores no. Siempre son los mismos. Es una tara que han pasado de abuelos conservadores a hijos conservadores y nietos conservadores. Así que ahora les toca a estos últimos decir que el género vive una crisis, aunque nadie, ninguno de ellos, define con certeza de qué tipo.

Económica no puede ser, porque los estadios se siguen llenando, sus grupos aparecen en todos los carteles de los festivales alrededor del mundo, siguen grabando discos, así que tampoco es una crisis de creatividad. De ninguna manera.

Y así como peroran sobre ello, sin argumentos, tampoco a lo largo de los años han sabido realmente definirlo: un género musical “degenerado”, una moda, una costumbre… en fin, la necesidad de definirlo les urge porque lo que digan de él, en general, buscarán que repercuta en todo aquello que se le parezca, que pretenda serlo o lo que algún neocon defina como tal. Y lo que haga uno de los individuos mezclados en él de cualquier manera, buscarán que tenga eco en el rubro entero.

Cuando eso sucede, principian los prejuicios, los desconocimientos, el rechazo, la descalificación, no ya por los atributos creativos sino por lo público. Se habla más de la vida personal de los intérpretes que de sus aciertos artísticos.

Por lo tanto hoy, al final de la segunda década del siglo XX, al rock hay que definirlo teóricamente, desde esa plataforma, y recurrir a ella como un concepto que no dé lugar a equívocos; recurrir a su historiografía y desarrollo hasta la actualidad, como labor artística, como industria y como cultura viva.

Una actualidad en la que en ha logrado convertir algunas de sus obras en discos del año (Alabama Shakes, Courtney Barnett, Vaccines, Ty Segall, et al) con todas las cualidades intrínsecas que eso conlleva. Tapando con ello las bocas que hablan de crisis cada vez que aparece la palabra “rock” en el horizonte.

Entre dichas obras está la que cerró los años del 10 al 20, a cargo de The Black Keys, uno de esos grupos evangelistas que no han cejado en su labor: Let’s Rock. Una cita de los orígenes mismos del género, que tuvo a Chuck Berry como su hacedor. Toda una declaración de principios a cargo del binomio constituido por Dan Auerbach y Patrick Carney.

La expansiva y omnipresente cultura del rock –desde su ontología centenaria, hasta su amplio tenderete sociológico– comenzó con el rock & roll primigenio, el cual fincó los cimientos. Una verdad de Perogrullo pero que hay que repetir una y otra vez porque la actualidad pasa por un ignorante negacionismo.

Airar dicha verdad y el ambiente que la rodea a fin de investigar en sus fundamentos no es de ninguna forma una mala idea y sirve para informar y formar a las noveles oleadas de escuchas que tanto lo necesitan.

La revaluación de la importancia que tiene el rock & roll es quizá el compromiso cultural con mayor sentido en estos tiempos, cuando todo impulso musical parece relegado al criterio de intrascendentes DJ’s, a los raperos sin bagaje, a las coreográficas boy bands y vedettes urban del pop y al flagelo de lo transitorio.

Por supuesto el rock and roll no se ha modificado como forma –como el blues del que proviene–. Es como un libro, un artilugio perfecto al que no importa que agregados se le hagan, siempre mostrará su forma original, pero precisamente por ser tan natural deja mucho espacio al quehacer de la imaginación y al conocimiento. De ahí el reto para los músicos, tanto bisoños como veteranos, que deben aprender a tocarlo desde sus raíces e impulsarlo constantemente a lo largo de su carrera.

THE BLACK KEYS (FOTO 2)

Por eso la reincorporación de The Black Keys al mundo discográfico y al escénico hace que la esperanza del viaje a la semilla del género brote gloriosamente de nuevo. Este grupo, desde su fundación en el 2001, se ha convertido en adalid de una avanzada del siglo XXI que sabe que origen es destino. Y, como la vida misma que tal ritmo representa, lo que uno encuentra en este grupo es riesgo, voluntad y actitud.

Actitud es una palabra clave y sus integrantes siempre lo han sabido: que el r&r es un lugar increíble para hacer todo tipo de preguntas, precisamente porque nadie espera encontrárselas ahí (“Eagle Birds”, “Walk Across the Water”). Dicha música sigue planteándose las mismas cuestiones esenciales. Como la de su identidad, por ejemplo.

The Black Keys, con Let’s Rock, han vuelto a echar mano de su sonido primigenio, pero también del rhythm and blues y del blues procedente de los lodos del Mississippi y hasta de las lumbreras del eléctrico de Chicago (“Get Yourself Together”, “Sit Around and Miss You”, “Fire Walk With Me”); lo han hecho para rendir tributo también a los emblemas del género y a la escuela del blues-rock británico (“Shine A Little Light”) y del rock de garage (“Go”).

Este grupo, que ha transitado desde el circuito de clubes hasta los grandes festivales, probándose como músicos y forjándose un sonido particular y una presencia escénica, han puesto el summum de su fogueo en tal álbum que marca su retorno (su última grabación databa del 2014, Turn Blue), así como el limado de asperezas entre sus integrantes). Y en el cual, a través de las doce canciones (número clásico en un antiguo disco de vinil) que lo componen, dan cuenta de sus saberes, de sus certezas y de su compromiso rocanrolero.

Cuatro años después de aquella abrupta separación, el beat totémico volvió a reunir a The Black Keys, banda que con discos como Brothers o El Camino, se convirtió en la última década en un gigante musical como los de antaño. Un grupo que lo acaparaba todo: las portadas de las revistas, los llenos de auditorios y estadios y era cabeza principal de todos los festivales internacionales de su momento. Una historia de éxito, sin lugar a dudas, que necesitaba un receso, abrir las ventanas, distraerse en otros proyectos, para luego retornar recargados y extra vitaminados.

Escuchar Let’s Rock es oír el latido vital de la libertad y la excitación de un género que desde hace casi siete décadas es un disparador contra la uniformidad cotidiana. Todo dentro de una exposición implacable. Así es la propuesta de estos tipos. Su presencia es ejemplo y estímulo para muchos grupos noveles que buscan modos de salir a escena y de florecer.

Tras la impactante sorpresa de la primera escucha del álbum vienen la segunda y la tercera y así, una y otra vez, hasta dilucidar cómo ha sido su paseo por la genealogía del r&r para llegar a lo que hoy viven: la experiencia sonora del origen, entendida como una concatenación hipermoderna. Experiencia que, repetida a lo largo de las épocas por unos y otros semejantes, es paradójicamente única (una vez más): Let’s Rock!

VIDEO SUGERIDO: The Black Keys – Go (“Let’s Rock” Tour Rehearsals), YouTube (The Black Keys)

THE BLACK KEYS (FOTO 3)

 

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LAS LLAVES DEL GARAGE

Por SERGIO MONSALVO C.

LAS LLAVES DEL GARAGE (PORTADA)

 ORIGEN ES DESTINO*

La historia del rock son sus mitos. Y los que contiene el del garage son de los más grandes. La serie “Las Llaves del Garage”, trata del rock como música y como idea. Vale la pena apuntar que como música no es más sencillo que como idea.

El rock de garage es la música más disponible de nuestra cultura global —una cultura más homogénea de lo que por lo común se quiere admitir—, pero disponible no es sinónimo de fácil. Aquí cabe apuntar que como idea surge de los veneros del romanticismo filosófico.

El rock y su mitología son profundamente románticos. Le otorgan el mayor mérito a toda desmesura y a las explosiones del genio individual, sobre todo a aquello que refleje el barullo mental y emocional que se transpira siendo de naturaleza airada y víctima circunstancial del mundo circundante.

Y su constante es la necesidad del descubrimiento, de lo dinámico y de lo evolutivo. El papel que sus intérpretes y seguidores le asignan a la música se acerca mucho al de un credo pagano, por cuanto tiene la misión de hacer visible la intuición absoluta y su revelación.

La serie “Las Llaves del Garageque presenté en este blog a lo largo del año 2019define la cualidad musical de un rock al que es imposible imitar por parte de quienes no comparten el espíritu del género, y explica el mundo y pensamiento en el que viven sus hacedores desde su primera manifestación hace varias décadas, un mundo literalmente impensable, que avanza a toda velocidad y en retrospectiva cuidando su precioso arcano contra viento y marea.

*Fragmento de la introducción al libro Las Llaves del Garage. La primera emisión fue trasmitida a finales de la primera década del siglo XXI (los años cero) a través de Radio Educación (México). La segunda, por entregas on line, bajo los auspicios de la Editorial Doble A (Países Bajos), en el blog Con los audífonos puestos en el año 2019, con motivo del 55 aniversario del emblemático rock de garage.

 

LAS LLAVES DEL GARAGE (REMATE)

 

 

Las Llaves del Garage

(Origen es Destino)

Sergio Monsalvo C.

Colección “Textos”

Editorial Doble A/

Con los audífonos puestos (Blog)

The Netherlands, 2019

 

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GARAGE/52

Por SERGIO MONSALVO C.

GARAGE 52 (FOTO 1)

 COLOFÓN

Origen es destino” reza uno de los cánones del romanticismo. Por eso la actualidad del rock de garage se mantiene en sus raíces. ¿Hay algo más romántico que un flamable adolescente tratando de arrancarle alguna nota a la guitarra eléctrica, un riff, para vociferar con ello todo lo que trae dentro, todo lo que quiere y desea; sintiendo, como Rimbaud, que la vida está en otro lado y que sólo en una cochera-covacha-sótano-bodega puede evocar los sonidos y aromas de esa otra vida antes de salir a buscarlos?

La historia del rock dice que no, que no hay nada más romántico que dicha imagen primigenia. Y cinco décadas con sus particulares generaciones lo han reafirmado y proclamado cada una en su momento:

En su nacimiento sesentero, en el proto-punk entre décadas, en la explosión punkera de los setenta, en el renacimiento ochentero, en el garage punk de los noventa y en el hipermodernismo de la primera decena del siglo XXI. El gran mito del estilo funciona en cualquiera de sus contextos y cronologías. Es el sustrato del inconsciente colectivo del género.

El devenir del rock de garage abarca desde aquellos legendarios amplificadores perforados a navajazos —buscando la analogía sonora de la iracunda o febril explosión interna— hasta el fuzztone y las distorsiones ya contenidas en las novísimas guitarras Gibson o en la saturación brindada por los amplificadores Marshall más evolucionados.

No obstante, el santuario, el lugar para manifestar el curso sigue siendo el mismo: el garage repleto de trebejos, la bodega grasosa o el herrumbroso sótano. Las catacumbas vivas del lo-fi subterráneo.

De los Troggs y los Trashmen, primeras tribus mitológicas, a los Hives y The Chats del presente, la barbarie garagera mantiene incólume sus constantes originales: en lo físico (adolescente —ruidoso, desaliñado— y urbano), en lo espiritual (energético, crudo, primitivo) y en sus vibraciones temporales (rock clásico, rhythm and blues, surf, Ola Inglesa, pop, frat rock, punk, new wave, grunge, indie…y lo que se vaya sumando). El garage es una ciencia musical y sus constantes lo legitiman.

GARAGE 52 (FOTO 2)

Y si en los comienzos el estilo fue estadounidense, blanco y provinciano, con el paso del tiempo se ha vuelto cosmopolita y sin filiación étnica específica. La diáspora de esta expresión rockera ha emprendido rutas diversas e impensables por los cuatro puntos cardinales del planeta. Hoy el garage es tan familiar como lejano. Pinta su existencia también de rojo, negro, café o amarillo y tiene protagonistas en todas las latitudes: de Latinoamérica a los Balcanes, de Islandia a Finisterre, de Río de Janeiro a Tokio, en Japón.

Los representantes actuales de esta música, como todo ente vivo, no nacieron por generación espontánea. Todos tienen bien identificado su ADN, sus influencias y sus fuentes, sus piedras de toque.

Si el soul y los girly groups alimentaron a los primeros, el punk, el noise y las músicas alternativas les han proporcionado el sustento a los más recientes. Es entonces cuando nos parece tan cercano como un recuerdo del futuro. Uno que convoca gran cantidad de sensaciones en y para todos nosotros.

En el rock de garage toda creación celebra su eterna vía misteriosa, monológica y toda gestación, inaugura la vida. Ambas, festejan el constante retorno del avance. Origen es destino.

VIDEO SUGERIDO: Kings of Leon – Sex on Fire, YouTube (Kings of Leon)

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GARAGE 52 (REMATE)

GARAGE/51

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA GLOBALIZACIÓN

Es en su evocación cuando el rock de garage nos parece tan primitivo, como igual un recuerdo del futuro capaz de convocar gran cantidad de sensaciones en o para todos nosotros.

El rock de garage de hoy no está atado a un sólo estilo. Es una síntesis completa y profunda del espíritu de cada época, apenas refinada para poder ser interpretada por cada emergente generación.

El rock de garage actual ha logrado transfigurar las abruptas atmósferas y consecutivas olas musicales de antaño en algo tan sutil como un aroma al que se le ha descubierto su ADN para bien manipular su mapa genético.

En el primer ocaso decenario secular las tramoyas sonoras de ayer son un ondear espectral de elásticas membranas cromáticas. La bronca gestualidad primigenia del rock se reviste además con un orden cinemático etéreo.

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White Stripes, Strokes, Hives, Kings of Leon, Wombats, Raveonettes, View, Vietnam, Killians, Art Brut, The Coral, The Black Keys, The Chats y un larguísimo etcétera. Tienen sus personalidades y lo que sale de ellas es una música completamente nueva aunque plena de gestualidad y alusiones.

Si los intérpretes son los idóneos, la comunicación será inmediata y todo transcurrirá con la mayor de las complicidades. Habrá mucha energía en juego y eso será contagioso.

El mundo del rock de garage de solera, nunca se trata de innovar por innovar, sino de ir un poco más allá, manteniendo la tradición pero sin perder la perspectiva de la creación de su tiempo.

Los intercambios de ideas y la propia realización musical llevan a los intérpretes del rock de garage al convencimiento de que hay que mirar hacia adelante revolviendo las raíces pero sin destruirlas.

El hipermodernismo del garage reverbera como una Fender, impregna el espíritu de estos años y permite a los jóvenes creadores la selección de las afinidades selectivas de su mundo globalizado.

VIDEO SUGERIDO: +/- (Plus Minus) “Steal the Blueprints”, YouTube (lumopix)

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GARAGE 51 (REMATE)

 

 

 

GARAGE/50

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL ESTIMULANTE

 Las mujeres que se comportan correctamente rara vez hacen historia”. Esa es una de las consignas lanzadas por las jóvenes en la primera década del siglo XXI. Las rockeras de garage la siguen al pie de la letra.

Las mujeres dentro de esta vertiente del rock no incursionan en lo introspectivo o en la disyuntiva del ser o no ser. Se han creado nuevas imágenes y ampliado sus contenidos.  Actualmente llenan todo un espacio con su visión. Ejemplos: 5678’s, Dum Dum Girls, Plastiscines, Gore Gore Girls, The Black Belles, Vivian Girls, Frankie Rose and The Outs, Cocktail Sleepers…

Buscan el regocijo transitorio, la diversión, no luchan por la igualdad: la asumen, para escapar de la monotonía de la vida cotidiana y de sus sombrías perspectivas. Ahora ellas lo escogen todo: y los tipos deben acomodarse a sus expectativas.

Hoy, las garageras reniegan de las militancias restringentes y predican con el ejemplo el individualismo de su conciencia social: “nunca digas nunca” y “no pierdas el tiempo con quien no llene tus afinidades”.

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Las rockeras de garage no son modosas ni elucubran metáforas sobre lo que les interesa. Hablan de sexo explícito, de sus necesidades y gustos y hasta de su rechazo, de manera brutal, directa y lo más fuerte posible.

En el garage –sesentero, revival, punk o post, alternativo, etc.– las mujeres han dejado de ser en las canciones los objetos complacientes, para convertirse en quienes exigen a los tipos el orgasmo requerido, ponerse a la altura de sus deseos.

Sea cual sea su tendencia, todas ellas constituyen parte de la música de nuestro tiempo. Cantan con el conocimiento genérico y cuentan con su fuerza y tradición. Constituyen poesía urbana rica, atractiva, desgarrada y cotidiana.

A todas ellas las une el lenguaje común del rock. El de garage les ha servido de estimulante. Ven en él una mejor manera de expresarse. Un género idóneo para sus observaciones y experiencias primordiales.

VIDEO SUGERIDO: Brazilian Girls – Jique, YouTube (Brazilian Girls)

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GARAGE 50 (REMATE)

GARAGE/49

Por SERGIO MONSALVO C.

MTV's TRL - Total Request Live - Leicester Square

 LO ALTERNATIVO

El segundo lustro de la primera década del siglo XXI dio la bienvenida a un garage que se nutría del rock alternativo como el de los Futureheads.

Pero también estaba el rock indie, con su ramificación hacia el folk recreado en Nueva Inglaterra por una banda de creciente reputación: Okkervil River

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Directamente de la llamada Escuela de Hamburgo, movimiento originado en Alemania, surge la rama del trendy garage de Tocotronic.

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Tras el derrumbe de los británicos Libertines surgieron de los escombros los Dirty Pretty Things, con la misma formación menos el expulsado Pete Doherty

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El álbum debut del cuarteto lidereado por Barat, Waterloo to Anywhere, tuvo un gran éxito y de él destacó el sencillo “Wondering”.

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El garage, el indie, el rock alternativo y el post-punk revival son las columnas musicales en las cuales se sostiene la banda de Sheffield, Inglaterra, Artic Monkeys.

En el 2006 esta banda británica se convirtió en una sensación en el mundo entero por su sonido único y letras humorísticas de contenido social.

El rock alternativo y sus distintas alternancias, del indie al post-punk revival, entretejieron el sonido que se hizo característico del garage en el 2006.

VIDEO SUGERIDO: Arctic Monkeys – The View From The Afternoon – Live at T in the Park 2006 (HD), YouTube (Facepark)

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GARAGE 49 (REMATE)

GARAGE/48

Por SERGIO MONSALVO C.

GARAGE 48 (FOTO 1)

 POLIFÓNICO Y DISCURSIVO

 Mathew Friedberger era un fanático de los Who e intentaba imitarlos en el sótano de su casa. Animó entonces a su hermana Eleanor para que lo acompañara en sus ensayos y le enseñó a tocar la guitarra. Así nacieron los Fiery Furnaces en Nueva York en el año 2000. Para la mitad de la década su variada gama de sonidos fue calificada como avant-garage.

La de este dúo neoyorkino es una música polifórmica, supramoderna, ejemplar de la primera década del siglo XXI. Contiene blues, garage, hard rok, ritmos de cabaret, hindús, electrónicos, orquestales, instrumentales y psicodelia. Todos estos sonidos envueltos en un pop atemporal destilado con humor y letras inteligentes.

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El quinteto Kaiser Chiefs comenzó en el 2003 como banda de garage en su natal Leeds, en Inglaterra. A mediados de la década canalizaron su estilo hacia el brit pop, el indie y el post punk revival. El nombre del grupo proviene de su afición por el futbol y como homenaje al capitán de su equipo favorito.

La casi instantánea popularidad de este grupo británico ha tenido mucho que ver con su apoyo incondicional a las causas humanitarias y sociales de distintos lugares del mundo. Y lo han hecho prácticamente desde el comienzo de su carrera con la aparición en el famoso Live 8. Es una agrupación que utiliza, además, el video como herramienta interactiva.

GARAGE 48 (FOTO 2)

The Queers, nombre traducible como los mariquitas, ha sido a lo largo de 25 años  una de las bandas más significativas del punk-rock embarcado en la nave del queer-core que busca tanto la provocación como la reivindicación sexual. Y lo ha hecho a través de un estilo que tuvo un resurgimiento y una bandera hasta los noventa: el punk-revival.

La génesis de Queers data de 1982 en New Hampshire, Estados Unidos. Tardaron casi una década en producir su primer disco, que apareció hasta 1990 y desde entonces sus canciones versan, en general, sobre la vagancia, el desmadre y la simpleza de la existencia adolescente. A veces suena airada y casi siempre divertida y sin pretensiones.

El punk-rock revival de este grupo estadounidense ha sido lidereado por quien firma como Joe King y también como Joe Queer, el único miembro constante de una agrupación que es una de las más honestas exponentes en la estela de bandas que tienen a los Ramones como sus iconos. El propio Joey Ramone, en vida, los tuvo como grupo favorito.

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El garage rock es un género democrático e incluyente a mediados de la década y en él caben todas las voces, desde el simple grito identitario y cuatro notas, hasta el avant-garde polifónico y discursivo.

VIDEO SUGERIDO: The Queers – Tamara Is A Pink (Official Music Video), YouTube (Hopeless Records)

GARAGE 48 (FOTO 3)

 

GARAGE 48 (REMATE)