BLUES PROJECT

EL MOSAICO PROGRESIVO

Por SERGIO MONSALVO C.

Blues Project (foto 1)

 Blues Project fue uno de los grupos más importantes surgidos en los años sesenta. Eso parece un cliché, pero no lo es. Al contrario. Fue una banda, creada en el vecindario bohemio de Greenwich Village de la ciudad de Nueva York, que se formó en 1965 y tuvo una vida corta pero sustanciosa, y se dividió en 1967 formando nuevas ramificaciones que mostraron injerencia en la cultura musical en aquella época y una rica herencia para las posteriores.

Sus piezas se inspiraron en una gran variedad de estilos musicales. Entre ellos estaba el blues de Chicago (el más eléctrico, crudo y urbano), el jazz-rock (el de las fusiones primigenias) y el rock progresivo (tanto el que daba sus primeros pasos en la Unión Americana como en el Viejo Continente –en Inglaterra, Georgie Fame y Graham Bond habían hecho algún intento al inicio de la década). Esos tres fueron quizá los que más contribuyeron a su repertorio, tanto en el estudio como en sus actuaciones en vivo.

Hasta mediados de los años sesenta, más o menos, cuando el Blues Project se integró, los mundos del jazz y el rock se habían mantenido separados casi por completo. No obstante, conforme el rock se volvía más creativo y mejoraba el oficio de sus músicos; así como al aburrirse del manoseado hard bop algunos miembros del mundo del jazz –sin por ello querer limitarse al avant-garde–, los dos lenguajes empezaron e intercambiar ideas y, de manera ocasional, a unir fuerzas.

Para hablar de aquella fusión, pues, hay que remontarse al principio de los años sesenta. Algunos jazzistas se sentían atraídos artísticamente por el rock. Además, la presencia del género «nuevo», cada vez más popular, les estaba haciendo mucha competencia. Cuidadosamente empezaron a experimentar con él y luego, a implementarlo en sus interpretaciones.

La fusión combinó sobre todo la libertad y la complejidad del jazz con el carácter más directo y agresivo del rock. También en el aspecto comercial dio resultados, pues tuvo éxito entre el público del rock.

(Asimismo, otra forma más de fusión derivó del jazz de las grandes bandas de Duke Ellington, Count Basie y Stan Kenton. Grupos como Blood, Sweat & Tears, Chicago y Tower of Power, así como los señeros Electric Flag incluyeron una sección de metales, mediante la cual el sonido de la big band ingresó en el rock.

El gran número de participantes en estos grupos y los gastos ocasionados por ello, sin embargo, en muchos casos impidieron una larga subsistencia. Algunos otros nombres más o menos conocidos de este periodo son Cold Blood, Dreams, Steps, Steps Ahead, los Brecker Brothers y el Buddy Miles Express, encabezado por el ex baterista de Jimi Hendrix. De Canadá se afiliaron Chase y Lighthouse).

Blues Project (foto 2)

Así estaba el panorama cuando Blues Project apareció en la escena musical. De medirse sólo en términos de las listas oficiales de éxitos, su impacto tal vez parezca insignificante, pero el grupo se integró en la contracultura del rock de una manera por completo diferente: como un ardiente conjunto en vivo que se presentaba en los clubes de Greenwich Village.

Pero igualmente lo hacía en el campus de las universidades de los Estados Unidos donde se avalaba el avant-garde, la experimentación y toda forma de adelanto musical (gracias a las lecturas de los poetas beats), vía por la cual se convirtieron en invitados consentidos del naciente rock en las estaciones de FM que surgían por entonces. En resumen, tal grupo pertenecía al prestigioso underground neoyorquino.

VIDEO SUGERIDO: The Blues Project – Steve’s Song (Live 1967), YouTube (westcoastpaeb)

Al desplegar sus considerables talentos musicales, Blues Project fue lo más cercano que Nueva York tuvo al sonido de la costa occidental de aquel país (en específico de San Francisco), por su psicodelia, virtuosismo y largas improvisaciones, que sólo estaban al alcance de músicos formados y conocedores del jazz más vanguardista.

La impresionante formación original estuvo constituida por Tommy Flanders (en la voz), Danny Kalb (en la guitarra), Steve Katz (guitarra, armónica y voz), Al Kooper (en los teclados), Andy Kulberg (bajo y flauta) y Roy Blumenfeld (en la batería). Todos ellos con un bagaje personal amplio, variado, expansivo, influyente y ubicuo. Es decir, siempre estuvieron (están) en el lugar indicado, en el momento indicado para hacer avanzar la música.

Una agrupación semejante sólo pudo haberse formado en los años sesenta. Musicalmente, sus gustos eran muy diversos. No existía una razón lógica por la cual cinco músicos de orientaciones tan diferentes debieran hallar un fundamento común, pero el grupo Blues Project fue más sólido y explosivo que la mayoría de antes o después de ellos. Bajo la dirección del guitarrista Danny Kalb soltaban la carga sobre un blues eléctrico en el que se incorporaba un poco de jazz y bastante rock progresivo básico.

Al principio tocaban para un público compuesto por los outsiders, marginales y asiduos de la Bleeker Street (quizá una de las calles más icónicas en la historia del rock por sus clubes y tiendas especializadas de discos, un tabernáculo del género) y la Universidad de Nueva York, en un club llamado Café Au Go Go (lugar de encuentro del temprano Andy Warhol, los nuevos cantautores, bandas de rock y directores y actores del teatro off y off off).

El primer álbum del grupo, Live at Café au Go Go (1966), documentó una sesión típica y candente en dicho lugar. Sin embargo, la obra maestra del grupo fue Projections (1967), en esencia su único álbum de estudio (producido por el destacado Tom Wilson para la compañía Verve y con las fotografías de Jim Marshall, es decir: la cosa era importante).

El álbum fue un libre mosaico de blues, jazz, folk y rock and roll. Se trató, en retrospectiva, de uno de los productos no sólo musicales, sino culturales, más significativos de los años sesenta, un verdadero crisol, al que la generalidad aún no estaba preparada, tuvieron que pasar otros cinco años para que se comprendiera su magnitud, para entonces Blues Project ya se había disuelto en infinidad de proyectos sustantivos y trascendentes por cuenta propia.

El último álbum grabado por el grupo con su alineación original fue Live at Town Hall, editado en 1967 al poco tiempo de que Kooper dejara al grupo. Kooper formó entonces la banda Blood, Sweat and Tears, a donde lo siguió Steve Katz. Kulberg y Blumenfeld, por su parte, mantuvieron al Blues Project con vida para un álbum más, Planned Obsolescence (1968), antes de cambiar el nombre del grupo a Seatrain.

Danny Kalb se perdió de vista por un tiempo después de un mal viaje de ácido y luego reapareció a comienzos de los setenta, para encabezar una nueva versión del Blues Project con duración de dos álbumes con la compañía Capitol. El efímero primer cantante del conjunto, Tommy Flanders, a quien puede escucharse en algunos de los tracks del Café au Go Go, a continuación grabó un LP con sabor a folk para Verve, The Moonstone, el cual se convirtió en un objeto de culto.

A excepción de la versión en vivo de la pieza «Flute Thing» incluida en el   álbum titulado The Blues Project/Projections (Verve), todos los tracks de dicha colección provienen de discos o sencillos grabados por el Blues Project original para Verve entre 1965 y 1967. La versión en vivo de «Flute Thing» fue tomada de la reunión del grupo en 1973, plasmada en Live in Central Park, pero no fue incluida en el álbum doble que registró dicho evento. Desde entonces, Blues Project se presenta con algunos de sus antiguos o recientes miembros de forma esporádica y con efectos semejantes.

VIDEO SUGERIDO: The Blues Project – A Flute Thing – 06-18-1967 – Monterey Pop Festival – Monterey, Ca., YouTube (SnookyFlowers)

Blues Project (foto 3)

 

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STEFAN ZWEIG 

LA PREOCUPACIÓN POR EUROPA

Por SERGIO MONSALVO C.

STEFAN ZWEIG (FOTO 1)

La significancia del mundo al que se pertenece sólo se hace palpable al ser alejado de él por la fuerza de las circunstancias, o al abandonarlo voluntariamente. Y esa situación bien relatada emana por sí misma el nivel de símbolo. Esa es, de manera precisa, la importancia de un libro como El mundo de ayer de Stefan Zweig. Autor que encarnó como muy pocas personalidades la idea de todo un continente, culto y unido.

De ahí, la absoluta necesidad de volver a leerlo (y a su obra en general: setenta y cinco volúmenes entre poemarios, obras de teatro, novelas, cuentos, biografías, ensayos y hasta el libreto de una ópera, junto a otros escritos) para comprender la idea, primero utópica y luego práctica, de una Europa Unida frente a las amenazas actuales del totalitarismo, la derechización, el separatismo, los rastreros nacionalismos y el populismo de la ignorancia (el Brexit como ejemplo de ello).

La vida de Zweig es la del Viejo Continente de la primera mitad del siglo XX. Es una historia que parte de lo apacible y del imperio de lo inamovible decimonónico hasta llegar a la quiebra y el horror de una segunda guerra mundial, que volvió irreversible un mundo tranquilo, afanado en el conocimiento, los descubrimientos científicos y el estudio del humanismo.

Zweig se consagró a “la idea europea”, es decir, a una Europa culturalmente unida, y sus escritos se caracterizan por el pensamiento global y la búsqueda de la paz mundial, y en eso emuló la lucha de uno de sus biografiados, León Tolstoi, quien estuvo “en contra de todos los excesos del Estado frente al individuo y su libertad última e inalienable”. Y aunque para Zweig tal propuesta llevaba el germen de la utopía, implicaba de cualquier forma “la defensa fundamental de todo humanismo auténtico”.

Argumentos semejantes le acarrearon la prohibición de escribir durante el nazismo, la quema de sus libros, la persecución y finalmente el exilio fuera de Europa, que para un tipo como él significó la muerte, la restricción de vivir en el territorio que él consideraba su propia casa.

«Estoy, como rara vez lo ha estado hombre alguno en todo tiempo, cabalmente desprendido de todas las raíces y aun de la tierra que tales raíces nutría. Me he educado en Viena, la dos veces milenaria metrópoli supernacional, y he tenido que abandonarla como un criminal…Mi obra literaria ha sido reducida a cenizas…Es así que ya no pertenezco a ninguna parte, soy extraño y a lo sumo huésped dondequiera. También perdí la patria verdadera, la elegida por mi corazón, Europa, desde que por segunda vez se desgarró en una guerra fratricida. Contra mi voluntad fui testigo de la derrota más terrible de la razón y del triunfo más desaforado de la brutalidad en la crónica de los tiempos».

Palabras con las que prácticamente se despidió de su mundo Stefan Zweig, en el libro autobiográfico El mundo de ayer. Despedida que canalizada por el suicidio cumple 78 años de haber sucedido.

STEFAN ZWEIG (FOTO 2)

Stefan Zweig nació el 28 de noviembre de 1881 en Viena, dentro de una familia judía austriaca de la alta burguesía. Estudió filosofía, germanística y romanística en Berlín y Viena, culminando con el doctorado. Luego realizó varios viajes por todo el mundo. Obtuvo tempranos éxitos como poeta y ensayista. Se dedicó igualmente a la bibliofilia y a coleccionar autógrafos de los famosos a nivel internacional.

Durante la Primera Guerra Mundial, Zweig, convencido defensor del espíritu europeo, luchó por la paz entre los pueblos desde su exilio en Suiza, donde se hizo amigo de Romain Rolland. En 1919 se radicó en Salzburgo y a partir de 1934 contó con una segunda residencia en Inglaterra, país al cual emigró en 1938 debido a la persecución nazi.

Dos años después viajó de ahí a Nueva York; y en 1941, a Brasil.  Zweig, quien apoyó a muchos colegas desde el exilio (entre otros a Joseph Roth), sufrió una profunda melancolía durante sus últimos años de creación, achacada por él mismo, por una parte, al derrumbe de sus ideales humanitarios en Europa; y por otra a una personal crisis espiritual. El 23 de febrero de 1942 se suicidó junto con su segunda esposa, Lotte Altmann, en Petrópolis, cerca de Río de Janeiro.

Desde la escuela preparatoria, Zweig reconoció en el placer de jugar y dar forma al lenguaje la actividad apropiada para él. Sus primeros poemas (Cuerdas de plata de 1901 y Las primeras coronas de 1906) revelan su proximidad al poeta Hofmannsthal, así como la influencia de la escuela neoromántica, del simbolismo francés y del impresionismo poético propio de Viena: el arte de los nervios, perfecto en su forma.

Zweig tradujo a Verlaine, Baudelaire y las obras completas de Emile Verhaeren, amigo suyo. Bajo la influencia de la psicología freudiana, se concentró, como narrador, en buscar los laberintos y los centros críticos de la psique. Esto se aprecia particularmente en sus antologías de cuentos Primera experiencia (1911), Amok (1922) y Confusión del sentimiento (1927), pero aún está presente en el último relato que concluyó, Cuento de ajedrez (1942), llevado al cine en 1960. Dramáticas decisiones sostuvo el escritor y ensayista en las «miniaturas históricas» de su libro Horas estelares de la humanidad (1927, ampliado en 1936 y 1943).

Constructores del mundo (1935) se intituló la antología de sus famosas biografías de escritores, entre ellas los retratos de Balzac, Dickens y Dostoyevski (Tres maestros, 1920), así como de Hölderlin, Kleist y Nietzsche (La lucha con el demonio, 1925). En 1928 siguió su trabajo con el tríptico Tres escritores de su vida (Casanova, Stendhal, Tolstoi). Por otro lado, la profesión de fe apolítica, humanista y pacifista de Zweig encontró expresión directamente en el ensayo El triunfo y la tragedia de Erasmo de Rotterdam (1934).

De sus obras escénicas, sólo se impusieron en el teatro de su época el libreto para la ópera La mujer callada (1935) de Richard Strauss, así como la adaptación de Volpone (1925) de Ben Jonson. En sus memorias, El mundo de ayer (1941), Zweig reflexiona sobre los vestigios de la vieja Europa, desde un punto de vista autobiográfico. Como sensible observador de los procesos creativos, estilista y sobre todo como mediador inteligente entre las naciones, Zweig se ganó una posición en la literatura europea ubicada por encima del éxito que gozó en su época.

Los dos elementos de que se compuso el mundo de Zweig fueron el espíritu y el sentimiento. Es imposible establecer cuál de esas dos fuerzas priva en su obra, pues cada uno de sus libros representa una idea lógicamente interpretada, expuesta y defendida y al mismo tiempo elevada a un clima vibrantemente humano (Veinticuatro horas en la vida de una mujer o Fouché, por ejemplo).

La sinceridad de las verdades concebidas por este autor austriaco, la sensibilidad y el ferviente deseo de imponer el bien sobre el mal de su tiempo son las características que dan a su obra esa tensión que obliga al lector a seguir las densas y dramáticas disquisiciones y representaciones brindadas por su pluma.

STEFAN ZWEIG (FOTO 3)

 

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DANIEL JOHNSTON

Por SERGIO MONSALVO C.

DANIEL JOHNSTON (FOTO 1)

 EL UNIVERSO DESGARRADO

Tiene 18 años y todo el futuro por delante. Ha fundado un grupo de rock de garage y viaja regularmente para presentarse en pequeñas salas de los estados vecinos al suyo. También sabe dibujar y cuenta con proyectos al respecto. Es en lo que va pensando ahora en esta avioneta que maneja un amigo suyo y lo conduce a él y los instrumentos al siguiente escenario. Van platicando al respecto. De repente todo se le nubla. Escucha dentro de su cabeza algunas voces, alarga la mano izquierda y arranca las llaves del switch del aeroplano. Después ya no se da cuenta de nada.

Del accidente salió vivo, pero no indemne. Su naturaleza lo atacó sin previo aviso. Daniel Jonhston es, desde entonces, una víctima extrema de lo que los psicólogos llaman trastorno bipolar. Es lo que hace poco se conocía como un piscótico maniaco-depresivo y antaño simplemente como un “loco”.

Johnston cumplió 58 años y fue un artista outsider de la música, del dibujo y del video.

Aunque su rendimiento a lo largo de tres décadas fue de altibajos y con una carrera de andar vacilante (con meses incluso sin poder salir de la cama por la depresión), no dejó de esforzarse para no perder creatividad.

Grabó más de una veintena de cassettes y CD’s, a pesar del constante e intenso acoso al que lo habían sometido sus “demonios”, manifiestos en The Devil and Daniel Johnston (2005), un documental dirigido por Jeff Feuerzeig sobre su vida y música.

La tradición humanística que había mantenido ciertos grandes modelos heredados del mundo greco-latino y en los que se encontraba exaltada la locura como una «furia» liberadora, pasó a convertirse en un tema exacerbante donde la agonía y el sufrimiento son parte del desasosiego por la eterna inarmonía del mundo.

DANIEL JOHNSTON (FOTO 2)

 

 

En contraposición con las ideas románticas de antaño, los médicos han dicho que en estos tiempos la locura ya no es considerada como cosa sagrada, sino exclusivamente como patología.

El médico-poeta alemán Gottfried Benn escribió que «se puede comprobar, estadísticamente, que en general el arte de los últimos cinco siglos es el ejercicio exaltado de psicópatas, alcohólicos, anormales, vagabundos, expósitos, neuróticos, deformes, tuberculosos, enfermos, etcétera: ésa fue su vida, y en las abadías, jardínes y panteones están sus bustos, y sobre ellos se alzan sus obras inmaculadas, eternas, flor y luz del mundo».

Locura o los nombres que la medicina da a la enfermedad son etiquetas, a fin de cuentas, que no iluminan el enigma de la vida y que olvidan el hecho de que existe un sufrimiento tan destructivo como creativo. Y éste, para quienes sólo tienen conocimientos científicos, resulta recurrentemente algo sospechoso, la imaginación para ellos siempre lo es.

VIDEO SUGERIDO: Daniel Johnston “True Love Will Find You In The End” Video, YouTube (phreshbread)

Gracias a su obra única Johnston contó con el apoyo y la admiración de variadas personalidades del mundo de la cultura desde Matt Groening (creador de Los Simpson), Johnny Deep, Kurt Cobain y David Bowie.

Kobain (compañero de enfermedad y litio) incluso publicitó sus dibujos a través de estampados en las camisetas que utilizaba (la rana Jeremiah como ejemplo).

Mientras que Bowie lo invitó a actuar en el Meltdown Festival, del Queen Elisabeth Hall de Londres, Asimismo el Ballet de la Opera de Lyon le encargó al coreógrafo Bill T. Jones Love Defined, una pieza de 25 minutos para enmarcar seis de sus temas.

Los dibujos de este autor se han expuesto en la Whitney Biennnial y su obra pictórica continúa viajando de una galería a otra por todo el orbe. Entre las últimas se encuentran la de Londres, en la Aquarium Gallery, y la de New York en la Clementine Gallery.

Johnston (nacido en Sacramento, California, en 1961) se convirtió en ídolo de músicos, a su vez, y su trabajo fue apreciado por su falta de artificio y su innegable brillantez.

Más de 150 artistas han interpretado sus temas hasta el momento y hecho cóvers para diversos álbumes y tributos: comenzando por Beck, pasando por Wilco, Sonic Youth, hasta Beach House, Lucinda Williams, Pearl Jam y Tom Waits. Tal variedad heterodoxa por algo será.

De las primigenias y legendarias grabaciones caseras en cassettes de hace treinta años, Tape y Songs of Pain, hasta el soundtrack de Space Ducks, su primera novela gráfica, del 2012, la de Johnston fue una poesía traspasada por la experiencia de un dolor que hay que adivinar.

Un dolor que no fue tan físico sino uno que se duele mental y espiritualmente de lo que hay en la vida: una dura historia personal, marcada por la falta de amor, los conflictos familiares, el sufrimiento y los problemas psicológicos.

Por eso su lírica fue elegíaca, dramática, desgarradoramente bella. Hecha de palabras que raspan y arañan, para hablar de esas cicatrices existenciales que son como pequeños gritos de desesperación, sin alharacas, que agudizan nuestras propias incertidumbres.

Daniel Johnston falleció el 11 de septiembre del 2019.

VIDEO SUGERIDO: The Story of and Artist – Daniel Johnston (with Lyrics), YouTube (ladyBUGnotbird)

DANIEL JOHNSTON (FOTO 3)

 

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LAS LLAVES DEL GARAGE

Por SERGIO MONSALVO C.

LAS LLAVES DEL GARAGE (PORTADA)

 ORIGEN ES DESTINO*

La historia del rock son sus mitos. Y los que contiene el del garage son de los más grandes. La serie “Las Llaves del Garage”, trata del rock como música y como idea. Vale la pena apuntar que como música no es más sencillo que como idea.

El rock de garage es la música más disponible de nuestra cultura global —una cultura más homogénea de lo que por lo común se quiere admitir—, pero disponible no es sinónimo de fácil. Aquí cabe apuntar que como idea surge de los veneros del romanticismo filosófico.

El rock y su mitología son profundamente románticos. Le otorgan el mayor mérito a toda desmesura y a las explosiones del genio individual, sobre todo a aquello que refleje el barullo mental y emocional que se transpira siendo de naturaleza airada y víctima circunstancial del mundo circundante.

Y su constante es la necesidad del descubrimiento, de lo dinámico y de lo evolutivo. El papel que sus intérpretes y seguidores le asignan a la música se acerca mucho al de un credo pagano, por cuanto tiene la misión de hacer visible la intuición absoluta y su revelación.

La serie “Las Llaves del Garageque presenté en este blog a lo largo del año 2019define la cualidad musical de un rock al que es imposible imitar por parte de quienes no comparten el espíritu del género, y explica el mundo y pensamiento en el que viven sus hacedores desde su primera manifestación hace varias décadas, un mundo literalmente impensable, que avanza a toda velocidad y en retrospectiva cuidando su precioso arcano contra viento y marea.

*Fragmento de la introducción al libro Las Llaves del Garage. La primera emisión fue trasmitida a finales de la primera década del siglo XXI (los años cero) a través de Radio Educación (México). La segunda, por entregas on line, bajo los auspicios de la Editorial Doble A (Países Bajos), en el blog Con los audífonos puestos en el año 2019, con motivo del 55 aniversario del emblemático rock de garage.

 

LAS LLAVES DEL GARAGE (REMATE)

 

 

Las Llaves del Garage

(Origen es Destino)

Sergio Monsalvo C.

Colección «Textos»

Editorial Doble A/

Con los audífonos puestos (Blog)

The Netherlands, 2019

 

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CAMBIO Y FUERA

Por SERGIO MONSALVO C.

CAMBIO Y FUERA (FOTO 1)

 DESERTORES DE LA ERA

Durante la historia del rock, hablando de éste como cultura viva, las décadas habían sido el periodo de tiempo sobre el que se medían los cambios habidos en el género.

Hasta fines del siglo XX los investigadores, sociólogos, antropólogos e informadores musicales tomaron esa unidad temporal como medida de común denominador, pese a que son diversos los movimientos y corrientes que se suceden durante un decenio -poco tienen que ver los años 1961 con 1964 o 1969, por ejemplo- y los hubo que incluso se produjeron de manera simultánea -si comparamos el 1977 de Londres con el de Berlín o Japón, en otra muestra, parece que habláramos de mundos diferentes-.

Al arribar el siglo XXI llegó un decenio, el de los años cero, en que fue difícil saber cómo denominar tales cambios (se echó mano de los prefijos: trans, neo, post, etcétera) y pronto dichas transformaciones se manifestaron demasiado rápidas y elusivas como para ser acotadas mediante una unidad de tiempo tan inexacta como es la regla de los diez años.

En ello tuvo que ver la tecnología (de información, grabación, distribución y acceso) y sus diversas herramientas, que fragmentaron todo el espacio y el tiempo en el que las cosas se movían en ese ámbito hasta entonces.

Para algunos, el barullo en que se convirtió todo ello se les presentó como un laberinto, un enigma insoluble o un colapso. Buscaron una salida de emergencia y hasta rechazaron continuar en la cresta de la ola del éxito (algo impensable para los huéspedes de la escena musical).

Simplemente esos intérpretes (y compositores) plantaron su raya y se bajaron del tren bala en que va instalada la música. Se autoexiliaron, a favor de la calma, de la marginación o del abandono total. “Los tiempos están cambiando”, diría uno de los inquilinos más antiguos de la misma (y que durante su paso por China advirtió una forma del futuro humano que lo hará revisitar su propia obra)

CAMBIO Y FUERA (FOTO 2)

Para ellos la cosa terminó. Una vez que se detuvieron a pensar en estas cosas les sobrevino a todos un pasmo en general. Sintieron que los cambios ya eran demasiado radicales. Que su vida artística y personal ya llevaban rumbos distintos, en fin, prefirieron autoexiliarse de su forma de expresión (o alguna de ellas) y buscar su acomodo de otra manera en la época que nos rodea: “Un estado mental anterior había sido anulado», como definió la cuestión Mike Skinner, líder y, prácticamente, único miembro del grupo The Streets.

A principios de 2011 este grupo editó su quinto y último disco, Computers and Blues, y anunció su retirada del mundo de la música. El hip-hop inglés se quedó, así de un solo plumazo, sin su figura más representativa hasta ese momento.

El nombre de Mike Skinner era el de un tipo cuya lírica se estudiaba ya en universidades y cuyo trabajo, según la crítica británica, debía ser comparado con el de Samuel Pepys o William Shakespeare más que con el de Eminem, por ejemplo.

«He madurado, pero he logrado que la gente que me sigue no se haya dado cuenta de eso. En esta era es complicado madurar en público, nadie tiene tiempo para ti», apuntó al despedirse entre loas de crítica y público.

VIDEO SUGERIDO: The Streets – Heaven For The Weather, YouTube (StefannPSV)

Y  a la postre, el grupo The White Stripes (es decir, Jack y Meg White) también acotó que la banda que había fijado los términos del rock de los últimos años dejaba de existir. Y aunque Jack White es un músico que detesta lo digital e Internet, publicó en su página web (más bien la de la compañía discográfica) que sí, que el dúo de Detroit confirmaba de manera oficial de su disolución.

«La razón no fue debido a diferencias artísticas, falta de deseo de continuar, ni por problemas de salud… Es por muchas razones, pero sobre todo para preservar lo que es bello y especial de la banda. Gracias por compartir esta experiencia», rezaba el texto.

La verdadera causa fue que tras publicar en 2007 su sexto disco Icky thump, el dúo suspendió su gira por problemas de salud de Meg. Ésta aseguró que no podía soportar “la ansiedad” que le provocaba tocar en vivo. Se estresaba demasiado ante tanta agitación de giras y presentaciones.

Ella ha desaparecido de la luz pública mientras Jack White empezó una serie de exitosos grupos paralelos (The Dead Wether o The Raconteurs, etc.), se convirtió en un reputado productor de estrellas venidas a menos como Loretta Lynn o Wanda Jackson y se mudó a Nashville con su mujer y sus hijos. Nunca descartó un regreso de The White Stripes hasta la publicación de dicho comunicado.

Se acabó la fiesta y la vida pública para ellos. A ninguno de estos grupos le dio tiempo de editar ese disco fallido que cuestionara la relevancia de todo artista en las horas previas a su autodestrucción.

Mientras el tiempo del rock, vía la mezcla de estilos, épocas y geografías a través de la Red principalmente, se dedica a correr a toda velocidad y en casi todas las direcciones posibles, tres de los puntales del género que presenciaron en directo y en primera fila el devenir del último decenio decidieron bajarse unas cuantas estaciones antes de las que su talento y el negocio suponían.

Así es el espíritu de los tiempos actuales: hay que vivir con una gran variedad de personalidades y a muchos artistas les cuesta tener o construir más de una.

Para Mike Skinner tener más de una significaba perderse las realidades de la escritura o de la escena y su crecimiento como artista. No tenía tiempo para ambas. Optó por la primera.

Y a Meg White le pasó lo que a la protagonista del Mago de Oz: se dio cuenta de que ya no estaba en Kansas (Detroit en este caso) y le entró una nostalgia provinciana que le causó un colapso nervioso y el absoluto deseo por desaparecer del mapa. Optó por el anonimato.

La edad hipermoderna requiere de saber dividirse en tantos pedazos como sea necesario sin perder la ubicación (física o virtual), la voluntad creativa y saber que se estará expuesto globalmente, para bien o para mal. Si no se puede con eso, lo recomendable (como hicieron los intérpretes mencionados) es salirse de la autopista y buscar un camino secundario para no extraviarse más en un mundo que ya es otro.

VIDEO SUGERIDO: In the Cold, Cold Night by The White Stripes, YouTube (thebeats)

CAMBIO Y FUERA (FOTO 3)

 

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DAYNA KURTZ

Por SERGIO MONSALVO C.

DAYNA KURTZ (FOTO 1)

 EL EXILIO INTERIOR

He aquí una de las mejores voces de la música estadounidense, una mujer capaz de hacer temblar al misterio con su garganta, una poeta sensible, atenta, desgarradora y, sin embargo, poco reconocida. Sunombre: Dayna Kurtz.

Kurtz es hoy una artista que busca un lugar con el cual identificarse dentro de su propio entorno (los Estados Unidos).

La situación social y política de la Unión Americana tras la confusión, el miedo y el engaño al que la tuvo sometida el gobierno de George W. Bush, las ambigüedades del de Obama y el esperpéntico Trump, es tal que sus mentes pensantes se han planteado las preguntas primigenias sobre su razón de ser y estar. Un signo de los tiempos.

Esta cantante y compositora lo ha hecho desde su propio trabajo, desde la escritura misma de las canciones y desde los lugares que escoge para presentarse (salas pequeñas, realizando giras sola o abriendo para otros artistas como Chris Whitley, Richie Havens, B.B. King o Ladysmith Black Mambazo, entre otros), para grabar (con compañías independientes) o para vivir (en un molino de seda en New Jersey).

Luego de sus anteriores producciones —Otherwise Luscious Life, Postcards from Downtown, Beautiful Yesterday-, en las que mostró su vocación vanguardista, Dayna se trasladó al Viejo Continente para realizar una larga temporada de conciertos acompañada del trío Tarántula.

Los aires de descomposición que marcaban a la tierra del Tío Sam (comenzando con la damnificada Nueva Orleans) la hicieron retornar para ver directamente lo que sucedía en su país.

El shock que recibió fue tal que escribió de un tirón el material para su siguiente disco: Another Black Feather (2006), en el cual dejó en claro sus sentimientos y pareceres sobre la situación. Vaciadas las impresiones quiso extender las alternativas para su escritura, una búsqueda interior.

Hizo un máster de poesía en Nueva York, al que se dedicó varios años. Tras ello retomó de nuevo la música y a la carretera por la que se había movido antes de su periplo europeo, y viajó por todo el territorio para encontrar su ubicación en él.

El Sur profundo, del que está empapada la literatura de William Faulkner o Flannery O’Connor, y la música del Mississippi colmaron sus expectativas.

VIDEO SUGERIDO: Dayna Kurtz – Somebody Leave A Light On (letra y comentario), YouTube (ScreaminJayJavi)

En los estados sureños recobró el espíritu social y el compás que siempre le ha gustado tener cual “animal de carretera” (así le gusta definirse), como cuando pasó la última década del siglo XX actuando en las pequeñas salas de conciertos y recorriendo el país en coches de segunda mano enfrentándose a audiencias desinformadas.

De esta manera constató el cambio que se había propagado desde la cúpula gubernamental: vivir en la duda de los hechos, con una opinión pública a la que se movía por estratagemas y convicciones falaces o con una clase dirigente que consideraba la religión como un asunto público, etcétera.

Situada en tal tiempo la cantautora tuvo que conquistar un nuevo balance con la herejía del artista observador para mostrarle al escucha la dimensión de la realidad de esos males.

DAYNA KURTZ (FOTO 2)

Su siguiente disco, American Standard, está impregnado de dicha tensión, de sexo voraz y amores rotos, de personajes desquiciados que dan vida a un paisaje de confusión doloroso.

Los desesperados protagonistas de sus canciones buscan alguien o algo a lo que aferrarse, aunque también hay un olorcillo a esperanza que habla del relevo en la actual clase dirigente.

Todo ello impregnado con el aroma de Memphis, del rockabilly, el soul y el blues y el apoyo de los estudios de la Sun Records, de cantantes legendarios como Sonny Burgess o los Nightcrawlers de Nueva Orleans.

La voz de Dayna Kurtz, con sus amplios registros, dota esos panoramas con la belleza de sus textos; con la rasposidad y calidez de las viejas divas del jazz; con el ingenio poético, la intensidad y el efecto dramático que sólo algunos artistas poseen.

VIDEO SUGERIDO: LEFT ALONE – DAYNA KURTZ, YouTube (MicheleVK)

DAYNA KURTZ (FOTO 3)

 

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TINA

Por SERGIO MONSALVO C.

TINA (FOTO 1)

 VESTIDA DE BLANCO, ALMIDONADA Y COMPUESTA

De antemano, la película Tina (What’s Love Got to Do with It, 1993) de Brian Gibson parecía una empresa condenada al fracaso. ¿Acaso la bien portada Hollywood iba a abordar de lleno la sulfurosa relación sadomasoquista y permeada de cocaína de la pareja Turner? ¿Qué actriz sería capaz de producir suficiente violencia para encarnar la emanación sexual de Tina Turner?

Al ver la cinta, las dudas se confirmaron ampliamente. Por una parte, Hollywood, al pasar a su heroína por el molinillo de lo «políticamente correcto», la privó de todo poder de fascinación y la redujo, a la manera de un filme de televisión con contenido social, a una buena madre de familia caída en las redes de un marido abusivo (Ike, quien a fuerza de ser “el malo” se convierte en el único personaje real de la película).

Por otra parte, la actriz Angela Bassett, lamentable clon salida del gimnasio fisiculturista, si bien hacia el final logra imitar los gestos de la Turner ochentera, no se acerca ni por medio segundo a la sexualidad primitiva que emana la Turner setentera, mezcla arrolladora del talento total y de un odio irremediable.

En estas circunstancias resulta inútil precisar en qué momento la cinta se tornó una hagiografía insípida y simple, al no buscar nunca realmente establecer un vínculo entre el talento de la cantante y la vida de la mujer, sino que se contenta con relatar cronológicamente los hechos, endulzados, apoyándose desesperadamente en una producción suntuosa. La píldora no se traga.  Sobre todo si uno ha tenido oportunidad de ver, sin aliento, extractos de los conciertos dados por la dama en otras épocas.

En 1993, Tina Turner ya no abría su show con la frase ritual «¿Are You Ready for Me?» Por desgracia parecía que el mundo estaba tan listo para recibirla que ya la había momificado, transformada para la historia y para nuestros descendientes en icono tieso: el de la Redención.

TINA (FOTO 2)

La mujer golpeada, la mujer honesta, la mujer eterna, sumisa y complaciente que huyó de su destino ya trazado para regresar a triunfar sobre el hombre negro y su genio artístico, sobre el hombre blanco y su genio comercial. Tras una buena década de éxitos y 30 millones de álbumes vendidos, Tina, la ex furia negra, el ex epítome del soul y el sexo, de la «música negra» en la que ella fue lo más sensual, blanqueada por la acción concentrada y libremente elegida de los dólares, los grandes costureros y los hombres de negocios, Tina esbozó un testamento. También blanqueado.

La película salió firmada por Touchstone, la división «adulta» de Walt Disney, sinónimo de limpieza y de gran público. Sin duda fue realizada con cuidado y todos los recursos hollywoodenses. No se escatimó en los accesorios, los vestuarios de la época fueron recreados hasta en los menores detalles, el material de época, los autos, los decorados, en fin todas estas cosas.

Por este motivo y pese a la puesta en escena de tipo escolar, afanosa, es posible ver la película sin aburrirse demasiado. Forzosamente uno se mantiene a la espera del detalle y de la anécdota y se enerva con las golpizas que le ponen. Disney no acepta ciertos detalles de la realidad, porque hay que determinar bien el campo: buenos o malos. Y las muchachas buenas no hacen ciertas cosas.

Las buenas no cantan «I’ve Been Loving You Too Long» transformando el micrófono con ciertas partes del cuerpo humano. Las buenas no se dejan embarazar por el saxofonista de la Ike Turner Revue aun antes de sucumbir a los encantos del patrón. Todo está concertado y la película pasa por alto en demasiadas ocasiones la realidad en beneficio del mito de la pobre mujer, víctima enamorada de su verdugo.

VIDEO SUGERIDO: Ike & Tina Turner – River Deep Mountain High 1971 (icluding intro), YouTube (thedudesupreme)

TINA (FOTO 3)

 

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MIEDO AL SAX

Por SERGIO MONSALVO C.

MIEDO AL SAX 7 (FOTO 1)

 EL SWING DEL REICH/ 7

El triunfo del swing produjo mayor actividad entre diversos músicos alemanes con ambiciones jazzísticas. Entre 1935 y 1936 fueron fundados varios nuevos grupos que tocaban «hot» y se declaraban partidarios del «swing». En primer lugar estaba Heinz Wehner und sein Swing-Orchester con una serie de solistas de primera fila.

Wehner empezó a estudiar música en el conservatorio de Hannover a los 12 años y se convirtió en solista en la trompeta y el violín. Inspirado y entusiasmado por el jazz de los años veinte, fundó primero un trío. En 1933 tocaba con un grupo de seis integrantes en el Ritz-Bar de Berlín, en el cual se presentaban asimismo el saxofonista tenor Hans Henke y el cantante de jazz Paul Rebhuhn.

A partir de comienzos de 1935 se convirtió en director de un grupo de diez integrantes bajo su propio nombre que no tardó en gozar la reputación de ser una de las primeras agrupaciones europeas. La banda de Wehner se presentó en el Europa-Haus de Berlín, en el Café Faun de Hamburgo y durante el verano en el Strandschlösschen de Timmendorf; posteriormente en el Delphi-Palast de Berlín, cuya dueña era la esposa de Heinz Wehner.

Cuando la orquesta de Heinz Wehner tuvo sus primeras presentaciones en 1935 en la «sala de espejos» del Europa-Haus, dándose a conocer rápidamente, se le auguró un gran futuro. Incluso en el extranjero fue calificado como el mejor grupo nuevo de swing en Europa (excluyendo Inglaterra).

El crítico Dick McDougall, en la recién fundada revista musical estadounidense Down Beat, y el pianista y jazzista Borge Friis, en la revista sueca Jazz, elogiaron la calidad del grupo de Wehner. No obstante, la Cámara de Música del Reich y las circunstancias impidieron el desarrollo del grupo dentro del jazz al censurar sus grabaciones e imponerles ciertas pautas para las mismas.

A pesar de todo, Bugle Call Rag, Aunt Hagar’s Blues, Bye Bye Blues y Twilight in Turkey figuran entre las mejores grabaciones alemanas de swing entre 1935 y 1937. Formaron parte del grupo en ese entonces Willy Berking (trombón, vibrafono y arreglos), Herbert Müller (clarinete y saxofón alto) y Helmuth Wernicke (piano y arreglos), todos ellos músicos excelentes que continuaron su actividad después de la guerra.

El grupo sólo sufrió pocos cambios de personal; en ocasiones contaba hasta con 15 integrantes. Hasta después de iniciada la guerra Wehner manifestaba su preferencia por la música anglosajona. En la década de los treinta no sólo grabó un gran número de composiciones inglesas y estadounidenses de moda, sino que asimismo cantaba la mayoría de estos textos en el original inglés, formando un caso sumamente raro en la Alemania de esa época.

MIEDO AL SAX 7 (FOTO 2)

La radio alemana presentaba casi todas las canciones ligeras provenientes de Inglaterra y los Estados Unidos en versión alemana, o sea, con títulos y textos en alemán. Con todo, aún se permitía que muchos conjuntos tocaran composiciones anglosajonas, sobre todo en las grandes ciudades, con el fin de guardar el tono internacional.

El rechazo oficial se intensificó conforme se difundía el swing en Alemania y se imponía, además, como baile, evolución que culminó en 1936, el año de la Olimpiada. Al terminar ésta y abandonar Alemania los visitantes extranjeros, se procedió con bastante rigor contra los grupos que tocaban swing y el baile fue prohibido. Se trató de una medida de las instancias locales implantada al recibir «de arriba» la recomendación de proceder en contra de la «música indeseable y ajena a la raza».

La Cámara de Música del Reich empleaba a espías musicales, funcionarios encargados de comprobar que no se tocara música «prohibida», o sea, jazz, swing y obras de «compositores y escritores de textos judíos». Dicha vigilancia se recrudeció bastante en 1938, después de los pogromes. En 1936 todavía eran relativamente tolerantes. En esta época (1936-1937) incluso se libró en la prensa un debate público a favor o en contra del swing. Había gente que señalaba la enorme diferencia entre el llamado «baile del swing» y la auténtica música del swing.

En 1936 el conjunto de los Original Teddies de Teddy Stauffer se elevó como una estrella resplandeciente en el cielo de la música alemana. A los músicos reunidos en torno a Stauffer les encantaba el «hot» y eran bastante radicales en este sentido. El grupo tocaba casi exclusivamente un repertorio estadounidense, incluyendo el swing más caliente con los mejores solos hot.

Siempre presentaban lo más nuevo, las composiciones importantes más recientes de Broadway, del cine y del swing, puesto que Teddy Stauffer tenía  un amigo en Nueva York que le enviaba de inmediato las partituras más nuevas, de modo que las presentaba casi al mismo tiempo que los conjuntos estadounidenses.

Los Teddies tocaban todo sin fijarse en la cualidad de «ario» o «no ario» del compositor. Por supuesto no tardaron en tener problemas con la Cámara de Música del Reich, sobre todo al terminar la Olimpiada. Pese a que Stauffer insistía en su ciudadanía suiza, existió la intención de expulsarlo del país cuando no acató las disposiciones de dicha Cámara.

Entonces tuvo la idea salvadora de grabar algunas composiciones desprovistas de interés del funcionario responsable dentro de la Cámara, lo cual halagó a éste ya que los Teddies tenían nombre. A partir de ese momento dejaron en paz a Stauffer y sus músicos. Fue posible superar otras crisis borrando los nombres «no arios» de algunos compositores y escritores de letras y utilizando títulos inventados en alemán en lugar de los originales en inglés. Muchos grupos alemanes imitaron pronto el método a fin de no tener problemas con los espías de tal Cámara.

MIEDO AL SAX 7 (FOTO 3)

 

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TRÍPTICO

Por SERGIO MONSALVO C.

TRÍPTICO (FOTO 1)

 (CRÓNICA)

 I

Al hostal desconocido

de focos esmerilados

juntos entramos turbados

Fiero avatar vencido

besé su boca rendido

Rumor de carne desnuda

sin el disfraz que escuda

mantuvo el tiempo vivo

bajo el manto esquivo

de su virgen testaruda

II

Una vez salvadas las enconadas reticencias de su parte, nos encaminamos a cualquier refugio que descubriéramos a nuestro paso. El albergue escogido resultó un portento en la decoración con sus lámparas pulidas. Decididos y con la emoción bullente, traspasamos el umbral de semejante posada. Instalados en el aposento lo primero que hice fue imprimirle mis labios con pasión. Despojados del ropaje que nos incomodaba, hicimos el amor con fruición y alargando el momento del disfrute. Atrás quedó finalmente el empecinado fardo de una castidad prolongada quizá por demasiado tiempo.

III

A la morra me la tuve que trabajar grueso, con pura verba. Aflojó, pero tuve que tirarle un rollazo para que prextara. De volada le camellamos al cinco letras. Íbamos más turbados que ayer. Le caímos a uno bien chido. Con unos colgajos muy acá, me cae. La chava nel que se arrugara. Apoquiné una luz pa’l cuarto, y papas a lo nuestro. Órale, que me le dejo ir. Chiquita no me la acababa. Kikoretes y agasajada. Fuera trapos y a darle. Estuvimos picando rico. Date color que la chava era todavía quintonil y un buen de virginia. No, hijo, me cae que sólo me faltó ponérmele a rezar, neta.

 

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