LEOPOLDO ZAMORA PLOWES

Por SERGIO MONSALVO C.

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QUINCE UÑAS  Y CASANOVA AVENTUREROS

(LA IMAGINACIÓN HISTÓRICA) / III

 Estudios históricos sobre Antonio López de Santa Anna los hay por docenas y de las más variadas tesituras. Sin embargo, la literatura es la que ha aportado mayores luces a todo ello. Tres obras son quizá las más enriquecedoras en este conocimiento de uno de los periodos más confusos de la historia de México: “Su Alteza Serenísima”, aparecida en los Episodios Nacionales de Víctor Salado Álvarez, publicada en los primeros años del siglo XX; Santa Anna, el dictador resplandeciente de Rafael F. Muñoz, editada en 1936, y Quince Uñas y Casanova Aventureros, de Leopoldo Zamora Plowes, que se dio a la luz por primera vez en 1945.

Esta última es tal vez el mejor y más completo retrato de aquellos años del pasado mexicano. Abarca de los años 1841 a 1853, periodo que “además de ser pintoresco y poco conocido abunda en sugerencias histórico-sociales”, apunta Josefina Z. Vázquez. “Aprovechando un receso en sus labores periodísticas habituales, el autor de esta novela anotó historias, monografías, memorias, relatos de viajeros, costumbrismo, humorística, guías, periódicos, etcétera, acerca de esa época y con el acervo de datos recogido, proyectó y concluyó la misma”.

Efectivamente, Leopoldo Zamora Plowes, autor nacido en la ciudad de México en 1866 y fallecido en 1950, era lector asiduo de crónicas, historias y documentos sobre la historia mexicana, de lo que dan muestra las dos mil notas históricas, biográficas, toponímicas, genealógicas, folclóricas, que acompañan la novela.

Tales notas son ejemplo del conocimiento que el autor tenía de la era santanista y de cómo son los novelistas, sobre todo, los que nos proporcionan nuestra historia social y cómo esta obra de creación es más esclarecedora que lo producido por los historiadores conocidos del periodo.

Este autor en particular trató de crear un mundo que el lector pudiera reconocer, aunque se le haya dramatizado para despertar y mantener su interés en personajes que quedaban más allá de su experiencia. Zamora Plowes afirmó que sus personajes “son representativos de una sociedad corrompida por casi 40 años de guerra civil”.

En su mayor parte son ficticios, pero fácilmente relacionables con las descripciones de la etapa mencionada. Uno de sus efectos más importantes es el valor que tiene como fuente de información acerca de las condiciones sociales, políticas y económicas que describe. Estos detalles de la época explican asimismo aspectos de la conducta humana y de las instituciones sociales así como sus modos de vida. El trato dado a la novela refuerza de alguna manera una verdad social, al combinar varias técnicas consagradas a vincular personajes y acontecimientos imaginarios con sucesos y seres históricos.

Al utilizar todos estos elementos, el novelista tuvo que sujetarse a leyes más ásperas que las que gobiernan al historiador de los hechos; tuvo que hacer que todo pareciera probable, aun la verdad misma. En Quince Uñas… Zamora Plowes nunca hizo increíble a un personaje; lo poco común estuvo en los acontecimientos reales, no en los personajes.

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En cuanto a estilo, el escritor utilizó la picaresca, que sin duda iba bien con la etapa elegida y, según él, tan apropiada a “la idiosincracia del mexicano, el cual unge su tragedia con el humorismo'”, inyectándole a todo ello cierto “tono romántico”. Es una novela que nos ofrece un cuadro de la vida común animado por el humor y suavizado con el patetismo de los acontecimientos.

A Santa Anna lo dibuja bien como “el general-presidente” que aparece en los múltiples papeles que desempeñó en aquel tiempo: realista, independentista, imperialista, republicano, defensor de la patria contra las invasiones francesa y norteamericana, como emperador, centralista, federalista, monárquico, conservador y liberal, y todo eso envuelto en sus discursos sonoros, rimbombantes y de relumbrón, con escenografía de marchas militares, repiqueteo de campanas y salvas de artillería, teatralidad, audacia, demagogia, temeridad, algunos aciertos, muchos fracasos; como jugador, mujeriego, megalómano, intrigante, traicionero, etcétera. El surgimiento de una nación a través de un personaje inasible y misterioso, un caudillo por décadas en la historia de México.

El autor intentó iluminar los aspectos profundos y ocultos de una época induciendo al lector a suspender sus juicios e incredulidad con el fin de darse a sí mismo un placer y una enseñanza. La personalidad de aquel gobernante es una piedra de toque histórica, un arquetipo que enmarca a todos los siguientes gobernantes, hasta la fecha.

La lectura de este libro, como dice Zoraida Vázquez, “tal vez no nos proporcione la clave de toda aquella maraña de acontecimientos, pero por lo menos nos ayudará a revivirla mucho más que los fracasados intentos por explicarla”.

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