MIS ROCKEROS MUERTOS (JULIO-SEPTIEMBRE)

Por SERGIO MONSALVO C.

OBI-2 JULIO SEPTIEMBRE (FOTO 1)

En el largo año y meses que ha durado la epidemia y sus mórbidas secuelas, la música ha salido en nuestra ayuda con su abrumadora vitalidad y su soberbia capacidad expresiva. Con ella se ha enunciado lo que podría considerarse una teoría sobre la vida. Ha estado ahí para mostrarnos desde la enfermedad, el dolor y la muerte cuán necesarios son la esperanza, el consuelo y la compañía.

Su solidaridad, tanto individual como comunitaria, ha enseñado que con sus notas puede surgir la claridad desde lo oscuro, y aparecer de nuevo el mundo ante nuestros ojos. Así ha sido el beat del rock y sus subgéneros, atravesando la estela de todos los horizontes, cual fruto de un intenso proceso de depuración tanto sanitario como emocional.

Sus líricas asumen un habla tan viva como poética, con artificios o sin ellos, con ficciones o sin ellas, con la realidad o su propuesta. Todo eso está en nosotros, los que la escuchamos. La palabra de los músicos que están o se han ido, pero no lejos, porque su obra queda en nuestra sangre, aunque hayan muerto, para dar voz al caos en que vivimos, para confortarnos frente a lo ignoto.

Su partida no es una pérdida irrecuperable, sino una fuente de savia que está ahí para poner orden en la historia de nuestros días y los que vienen; para poner claridad en los sentimientos. Escuchar las canciones de ellos, de nuestros rockeros muertos es un ejercicio de actitud, de identidad personal y de memoria colectiva.

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Don Everly

Los hermanos Everly (Don y Phil) formaron uno de los dúos más influyentes de la historia del rock and roll y alcanzaron su máxima popularidad a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Las preciosistas armonías con que adornaban sus cantos influyeron de manera notable a grandes nombres de la historia de la música como The Beatles, The Beach Boys o The Byrds. Entre sus temas más celebrados durante estuvo “Bye Bye Love”, entre otras. Don falleció el 21 de agosto

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Charlie Watts

Charlie Watts en 1964 era un joven con aspiraciones musicales que se reunía con otros congéneres en los clubes de skiffle, para escuchar las melodías que le gustaban; para aprenderles algo a los jazzistas y bluesmen que conformaban aquellos grupos; para juntarse con sus amigos, intercambiar ilusiones y tocar en una jam de vez en cuando para mostrar alguna presencia oportuna. Así surgió la célula de lo que unos meses después serían los Rolling Stones. Charlie era el baterista. Murió el 24 de agosto.

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Dusty Hill

Los miembros del grupo ZZ Top saben sacarle jugo incluso a los temas anodinos que, gracias a sus estribillos, los llevan a desembocar en grandes versiones cantadas por Dusty Hill. Otros clásicos del grupo igualmente se abren paso a los encores junto a los de rigor: La Grange y Tush para cerrar los conciertos. De esta manera, el power trío más longevo del rock mantuvo con todo ello su pulso con los tiempos. Sin embargo, con el fallecimiento de Dusty Hill (el 28 de julio del 2021) no se sabe si seguirá contando.

VIDEO SUGERIDO: ZZ top – Tush – YouTube (wiieje)

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Joey Jordison

Joey Jordison, exbatería y miembro fundador del grupo de heavy metal estadounidense Slipknot, falleció el 26 de julio a los 46 años de edad. Jordison, fue integrante de tal grupo desde sus inicios en 1995. Se le considera una pieza fundamental en los primeros álbumes de la banda como Slipknot (1999) y Iowa (2001), Se retiró de la agrupación que ayudó a fundar a consecuencia de una mielitis trasversa, enfermedad que limitó el uso de sus piernas y afectó gravemente su habilidad con los instrumentos musicales.

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Ron Bushy

Entre los tres solos de batería más populares del rock figura el de Ron Bushy en In-A-Gadda-Da-Vida, de Iron Butterfly. Bushy falleció el 29 de agosto a los 79 años. Bushy fue el único miembro original de Iron Butterfly que tocó en los seis álbumes de la banda, de Heavy (1968) a Sun and Steel (1975). El músico ha pasado a la historia del rock por su participación en In-A-Gadda-Da-Vida, una canción de 17 minutos que ocupaba toda la cara B del disco del mismo título lanzado en 1968.

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ALAN LANCASTER

Alan Lancaster, bajista y fundador del grupo británico Status Quo, falleció a los 72 años (el 26 de septiembre). Formó parte de la banda desde sus inicios hasta mediados de los ochenta. Status Quo se integró en Londres en 1962, aunque no debutaron discográficamente hasta 1968. La agrupación encontró su ruta en el boogie simple y rápido que invitaba a sacudir el pelo y tocar air guitars, entre sus oyentes. En el listado de sus canciones más conocidas se encuentran Whatever you want y Rockin’ all over the world.

A todos ellos: ¡GRACIAS!

VIDEO SUGERIDO: Iron Butterfly – In A Gadda Da Vida – 1968 – Original Full Version, YouTube (pouloget)

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CHARLIE WATTS (EL SUEÑO JAZZÍSTICO)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

CHARLIE WATTS (FOTO 1)

 En los sueños comienzan las responsabilidades, dijo un poeta. Y es verdad. Charlie Watts en 1964 era un joven con aspiraciones musicales que se reunía con otros congéneres en los clubes de skiffle —el ritmo tradicional de moda en la Gran Bretaña—, para escuchar las melodías que le gustaban; para aprenderles algo a los jazzistas y bluesmen que conformaban aquellos grupos; para conjuntarse con sus amigos e intercambiar ilusiones en este sentido y, por qué no, tocar en una jam de vez en cuando para mostrar alguna presencia, si les daban la oportunidad. Así surgió la célula de lo que unos meses después serían los Rolling Stones. Charlie era el baterista.

Sin embargo, Charlie era también un incipiente diseñador gráfico (oficio con el que pensaba mantenerse en caso de que la música no le diera para ello). Al ejercer esta carrera soñaba igualmente. Uno de sus primeros sueños lo plasmó en lo que él consideraba un ejercicio de dibujo al principio, pero que en poco tiempo cobró vida como un libro ilustrado para niños, el cual llevaba por título Ode to a High Flying Bird, una aproximación férrica a uno de sus héroes particulares: Charlie “Bird” Parker.

PRIMEROS SUEÑOS

Casi 30 años después aquel libro infantil se convirtió en la base para un proyecto musical distinto del de los Rolling Stones, y que sería el camino para canalizar otra de sus pasiones (además de la ropa, los caballos pura sangre, la fotografía y la colección de pinturas): el jazz. Decidió editar From One Charlie…, una caja que contendría el libro en su diseño original, un estudio fotográfico de Parker y una interpretación musical de la Ode… en forma de CD. Emprendería así un segundo viaje por los mares de los sueños realizados.

La primera de esas tours la efectuó con la integración de la Charlie Watts Orchestra en 1986. Una big band armada por el baterista para realizar unas cuantas funciones por el territorio y clubes británicos a los que había sido afecto de adolescente. Un gustito del stone que se concretó en la grabación del disco Live at Fulham Town Hall, para el sello CBS.

En este LP Watts plasmó su predilección por la era del swing, música que escuchaba todo el día cuando era niño por influencia de sus padres. El sonido de aquellas orquestas se le grabó para siempre, y cuando tuvo la posibilidad (y el capital) quiso saber de tal experiencia. Este gran formato estuvo constituido por 32 músicos repartidos en 3 percusionistas, un pianista, vibrafonista, bajo y cello (a cargo de Jack Bruce, sí, el de Cream), 7 trompetistas, 4 trombones y 10 saxofonistas (altos, barítonos y tenores), e interpretaron temas como “Stomping at the Savoy”, “Lester Leaps In”, “Moonglow”, “Flying Home” y “Scrapple from the Apple”, puros temas clásicos de los años cuarenta.

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UN ESTUCHE PARA BIRD

El segundo viaje entonces fue la caja famosa, la cual se presentó oficialmente en el renombrado y antiguo club londinense de jazz Ronnie Scott’s, donde se integraron al Charlie Watts Quintet el bajista David Greene, amigo de su infancia y compañero de aspiraciones, además de otros tres músicos excelentes: Peter King, saxofón alto, director musical y arreglista del proyecto, así como compositor de las seis piezas escritas especialmente para el quinteto (“Practicing, Practicing, Just Great”, “Black Bird, White Chicks”, “Bound to New York”, “Terra De Pájaro”, “Bad Seeds-Rye Drinks” y “Going, Going, Going, Gone”); Brian Lemon, quien desde los años ochenta ha ganado el premio correspondiente a los pianistas de las British Jazz Awards; y Gerard Presencer, un muy talentoso y joven trompetista que en su corta carrera ha colaborado ya con Stan Tracy, Herb Geller y Kenny Drew, para mencionar sólo a unos cuantos.

Después de tocar por Europa, el Charlie Watts Quintet viajó a los Estados Unidos para ofrecer una sola presentación especial en el club de jazz Blue Note de Nueva York. Además de la gran emoción que significó para Watts y su grupo tocar en ese legendario lugar, tuvieron el placer adicional de que en el escenario se les uniera el antiguo trompetista de Charlie Parker, Red Rodney, afectuosamente conocido como Albino Red.

TRIBUTO EXTENDIDO

Aunque con eso hubiera bastado para realizar un sueño de la infancia de Watts, el quinteto continuó su viaje hacia el Japón. Al poco tiempo de regresar a Inglaterra, tuvieron el honor de ser invitados a presentarse en el nuevo local del Ronnie Scott’s de Birmingham el 31 de octubre de 1991.

El programa, originalmente de unos 45 minutos de extensión, fue alargado para la ocasión. “Ode to a High Flying Bird” fue la primera de dos partes, con el cantante estadounidense Bernard Fowler como narrador. La segunda parte (interpretada el 1 de noviembre, la noche siguiente) fue una extensión del tributo de suyo impresionante y en ella se incorporó la sección de cuerdas originalmente empleada sólo en una pieza de la primera parte (“Terra de pajaro”), con el narrador Fowler convertido en cantante en la clásica “Lover Man” (versión realizada con una técnica de canto extraordinaria).

EL MOOD DE LAS CUERDAS

La acogedora recepción que el público de varias partes del mundo manifestó hacia el grupo de Watts propició que el baterista buscara la concreción de ese proyecto, y logró que los temas montados aparecieran en A Tribute to Charlie Parker with Strings (The Continuum Group, 1992), que es una grabación de ese concierto en el nuevo Ronnie Scott’s. Si bien sólo cuatro de las piezas incluidas de hecho fueron compuestas por Bird (“Bluebird”, “Relaxing at Camarillo”, “Cool Blues” y “Dewey’s Square”), a cada momento el escucha recuerda la intensidad y emoción despertadas por la música que él creaba, así como el vacío que su muerte prematura ocasionó en el reino de la música.

El quinteto solía dar un concierto completo con cuerdas, incluso en piezas que Parker nunca tocó así, pero Peter King —director musical del grupo— escribió los arreglos adaptados a lo que hacía Bird en aquel entonces. El saxofonista de Kansas no usaba una gran sección de cuerdas, pero sí agregaba un oboe y el arpa.

Peter King era el único que había tocado a Charlie Parker desde siempre y él, al igual que todos los grandes del sax, está en deuda con Bird. Así que escribió algunas canciones basadas en las letras; una melodía temprana de Parker y otra posterior para otorgarle profundidad, y el conjunto funcionó a las mil maravillas.

CHARLIE WATTS (FOTO 3)

WATTS, EL ROMÁNTICO

Como consecuencia del éxito obtenido en casa y en las giras posteriores, en un estudio de grabación ubicado en el oeste de Londres, el quinteto de Charlie Watts grabó otro disco, Long Ago and Far Away (Point Blank, 1996), el cuarto álbum en su haber. Una colección del cancionero clásico estadounidense hecho por artistas como Hoagy Carmichael, Louis Armstrong, Duke Ellington, los Gershwin, Cole Porter y Jay Livingston, entre otros.

Long Ago and Far Away combina los talentos de la crema y nata de los jazzistas ingleses de la vieja escuela —Peter King, el bajista David Green y el pianista Brian Lemon— con el del ardiente joven trompetista Gerard Presencer y el cantante estadounidense Bernard Fowler. Asimismo, presenta a la sección de cuerdas de la Orquesta Metropolitana de Londres. Este disco incluye arpa, oboe, corno francés y a 22 intérpretes de cuerdas. Fue un grupo algo costoso, pero piezas como “I’ve Got a Crush on You”, “Good Morning Heartache”, “What’s New”, “In the Still of the Night” o “I’m in the Mood for Love” lo merecían.

LOS VÍNCULOS

Bernard Fowler representó el único vínculo entre las encarnaciones rockera y jazzista del baterista. El cantante llamó la atención de Watts por su participación en el álbum solista de Mick Jagger (She’s the Boss) y en sus giras subsiguientes con los Stones, y lo invitó a servir de voz en la caja y el espectáculo de From One Charlie. Se integró al quinteto para la grabación de una antología de baladas clásicas, Warm and Tender (The Continuum Group) de 1993, que contenía entre otros títulos: “Bewitched”, “My Foolish Heart”, “Someone Watches over Me”, “For All We Know”. Romanticismo suntuoso, terso y creador de ambientes. Su voz fue la clave también en la siguiente grabación.

“En realidad, Bernard Fowler impresiona en Long Ago and Far Away. A Bernard lo había oído en ‘Brown Sugar’, pero hay que tener ciertos conocimientos para ejecutar ‘Long Ago and Far Away’. Este tema expone mucho al cantante. En otros contextos he oído cómo lo ahogan —dijo Charlie Watts en su momento—. Nuestro acompañamiento lo enmarca sin nada que lo estorbe. Sólo algunos ornamentos jazzísticos, que a mí me encantan”.

LA ERA DE FORMACIÓN

El amor de Charlie Watts hacia el jazz nació cuando a los 13 años se encontró con un disco de Gerry Mulligan llamado Walkin’ Shoes. Abandonó, entonces, el interés que tenía en grupos de skiffle, el cual compartía con un amigo de la infancia, el bajista David Green, y empezó a buscar discos de Armstrong, Ellington, Monk, Gillespie y Parker. “Solíamos ir a ver a Ronnie Scott al Flamingo, así como frecuentemente a un baterista llamado Phil Seaman. Ese tipo de jazz era muy moderno entonces, un ejecutante del tenor con una sección rítmica. Así aprendí a tocar, copié ese estilo”.

La realización del álbum Long Ago and Far Away constituyó una oportunidad para volver a visitar la era que formó a Watts. “Los músicos de jazz han utilizado muchas de estas canciones con frecuencia y han sido interpretadas por algunos de los mejores cantantes del mundo —dijo—. Simplemente son canciones excelentes y yo soy un romántico en ese sentido”, explicó el baterista.

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CREACIÓN DE SENSACIONES

El jazz, como el vino, tiene sus momentos para ser degustado. Todo depende del mood individual, del instante y de la intimidad dispuesta a ser creada. Situaciones así son ideales para discos como ése. Suavidad, estilo y atmósfera son los componentes para las piezas de Cole Porter, Gershwin y Jay Livingston, interpretadas por la voz de Bernard Fowler, que se encuentra enmarcada por los ornamentos jazzísticos justos para crear esa sensación, tan escurridiza a veces, llamada fascinación.

PROYECTO DEL BEAT

Charlie Watts fue un baterista sesentero que profundizó en las raíces de su instrumento, sobre todo dentro del jazz. El Charlie Watts / Jim Keltner Project (Higher Octave, 2000) fue su quinto disco en el idioma jazzístico. Y representó un giro completo en el estilo de batería que había mantenido con los Rolling Stones y en sus cuatro álbumes anteriores con orquesta y quinteto.

La nueva producción constituyó un auténtico rompimiento. Sus novedosas posturas fluctuaron entre lo envolvente y lo hipnótico del technobeat y el dance instrumental, y consistieron en una deslumbrante colección de sampleos y ediciones coordinadas por el coautor del proyecto, el también baterista Jim Keltner. A ello se agregaron las aportaciones adicionales del programador Philippe Chauveu y una multitud de músicos invitados en diversos instrumentos, entre los que se encuentraron: Emmanuel Sourdeix (piano y programación), Marek Czerwiawski (violín), Kenny Aronoff (percusión), Remy Vignola (bajo), Mick Jagger (teclados), Keith Richards (guitarra), Blondie Chaplin (voz) y George C. Recile (percusión).

EL “DRUM” REVISITADO

Fundamentalmente el papel de Keltner consistió en facilitar el sonido de Watts, en torno al cual él ejecutó sonidos secuenciados de guitarra, percusiones programadas y otros manejos cibernéticos, todo un fondo creativo de interpretaciones que le valió al fin compartir los créditos como titular del disco.

El verdadero atractivo de la obra radica en escuchar cómo Watts y Keltner presentan sus tributos a los ídolos comunes en la batería. De entre todos destaca sobremanera la elegía onírica titulada “Tony Williams”. En ella se dan cita unos alucinantes teclados a cargo de Jagger, y la lectura con efectos sonoros y voces procesadas de una de las últimas entrevistas grabadas que concedió Williams antes de su muerte. Lo mismo es material de análisis el tema “Elvin Jones Suite”, en el que se incluye una expresiva participación vocal de Blondie Chaplin, a la que se agregan voces africanas programadas y una lenta progresión de acordes.

CUANDO LOS TAMBORES HABLAN

Existe una alegría intrínseca en todos los materiales techno presentados por este par de músicos en términos generales, como en “Roy Haynes”, por ejemplo, en la energía latina de “Airto”, en el juguetón despliegue marroquí de “Kenny Clarke” con violín de por medio. Sin embargo, el sustento de todo esto es el omnipresente apoyo rítmico de Watts.

Los puristas del jazz seguramente se azotaron con este disco en donde los pedacitos de bebop, como en “Max Roach”, fueron reasumidos por Charlie Watts para obtener una especie de nuevo swing; en donde hubo muy tenues conexiones con los hitos del jazz mencionados, y en donde los arreglos bizarros exigieron una apertura incondicional a los sonidos contemporáneos. En este proyecto hay un auténtico proceso creativo y recreativo y una profunda comunicación entre dos artistas (Watts y Keltner) que buscaron los impulsos significativos con las herramientas que proporcionó la tecnología. La responsabilidad de los sueños.

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WATT’S AT SCOTT’S

Luego del sueño tecnológico, de la ficción vanguardista, Charlie regresó un lustro después (2004) a la base de todo músico de jazz: los standards. Se dio el gusto de festejar sus casi 20 años de grabaciones en este sentido, con una acertada selección de 10 músicos. Armó una banda muy heterogénea para presentarse en el más importante club del género en Londres, el Ronnie Scott’s. Lo acompañaron su camarada y director musical, el saxofonista Peter King, el trompetista Henrry Lowghter y Evan Parker (también en los saxes), entre los veteranos, y Julián Argüelles (sax barítono) y Gerard Presencer (trompeta), entre los noveles.

Todos crearon una palpable atmósfera de diversión, nutrida de fuerza y pasión interpretativas. Algunos temas clásicos de Duke Ellington, Thelonious Monk y Miles Davis fueron revisitados de manera poco pretensiosa, casi informal, lo que le dio el toque fresco y significativo al concierto. Un momento muy afortunado, jazzísticamente hablando, el cual quedó registrado en un álbum doble bajo el título de Watt’s At Scott’s (Charlie Watts and The Tentet).

Con este material y grupo, el baterista realizó una minigira por Europa durante el resto del año, presentándose en lugares selectos. Evidenció como siempre su amor confeso por la música sincopada, por la era moderna de la misma y la actitud seria y discreta, pero contundente y eficaz a la hora de tocar, que lo ha caracterizado con los Rolling Stones.

(A la postre, el baterista realizó otros tres álbumes: The ABC&D of Boogie Woogie del 2010, The ABC&D of Boogie Woogie Live in Paris del 2012, y Charlie Watts meets the Danish Radio Big Band – Live At Danish Radio Concert Hall/2010, que apareció en el 2017)

Ahora, el sueño jazzístico de Watts pasó a ser interpretado en la eternidad. Asimismo, llegó allá como el último bastión de la sección rítmica original de los Rolling Stones. Charlie falleció el 24 de agosto del 2021.

Gracias Charlie por casi 60 años de tu icónico beat!!!

CHARLIE WATTS (FOTO 6)

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MIS ROCKEROS MUERTOS (ABRIL-JUNIO 2021)

Por SERGIO MONSALVO C.

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En el largo año y meses que ha durado la epidemia y sus mórbidas secuelas, la música ha salido en nuestra ayuda con su abrumadora vitalidad y su soberbia capacidad expresiva. Con ella se ha enunciado lo que podría considerarse una teoría sobre la vida. Ha estado ahí para mostrarnos desde la enfermedad, el dolor y la muerte cuán necesarios son la esperanza, el consuelo y la compañía.

Su solidaridad, tanto individual como comunitaria, ha enseñado que con sus notas puede surgir la claridad desde lo oscuro, y aparecer de nuevo el mundo ante nuestros ojos. Así ha sido el beat del rock y sus subgéneros, atravesando la estela de todos los horizontes, cual fruto de un intenso proceso de depuración tanto sanitario como emocional.

Sus líricas asumen un habla tan viva como poética, con artificios o sin ellos, con ficciones o sin ellas, con la realidad o su propuesta. Todo eso está en nosotros, los que la escuchamos. La palabra de los músicos que están o se han ido, pero no lejos, porque su obra queda en nuestra sangre, aunque hayan muerto, para dar voz al caos en que vivimos, para confortarnos frente a lo ignoto.

Su partida no es una pérdida irrecuperable, sino una fuente de savia que está ahí para poner orden en la historia de nuestros días y los que vienen; para poner claridad en los sentimientos. Escuchar las canciones de ellos, de nuestros rockeros muertos es un ejercicio de actitud, de identidad personal y de memoria colectiva.

Jim Steinman Portrait Shoot

JIM STEINMAN

Jim Steinman fue uno de esos personajes tras bambalinas que le aportaron originalidad al género rockero. Steinman nació el 1 de noviembre de 1947 en Nueva York. Durante su vida se desarrolló como compositor, productor, cantautor, arreglista, pianista y cantante. En sus inicios, tales actividades las llevó a cabo dentro del teatro musical, para luego pasar a la industria discográfica y a la postre a la cinematográfica, como autor de soundtracks. Compuso canciones exitosas dentro del rock, del pop y del musical, que fueron interpretadas por diversos cantantes, como Bonnie Tyler, Air Supply, Celine Dion y Meat Loaf.

Con este último realizó uno de los mayores discos clásicos de la historia del rock: Bat Out of Hell. Para empezar a hablar de tal grabación hay que contextualizar su aparición y la importancia que merece al haberlo hecho entre un buen número de álbumes importantes. El año fue 1977. Y, entre muchas más noticias, destacó por la muerte de Elvis Presley y de tres miembros del grupo Lynyrd Skynyrd en un accidente de avión, así como por la explosión del punk en Reino Unido.

Asimismo, la lista de las obras publicadas ese año estuvo conformada por los siguientes títulos: Talking Heads 77 (debut de los Talking Heads), The Clash (The Clash), Lust for Life (Iggy Pop), Marquee Moon (Television), Heroes (David Bowie), Trans Europe Express (Kraftwerk), Rocket to Rusia (Ramones), Never Mind the Bollocks (Sex Pistols), In The City (The Jam), Before and After Science (Brian Eno), entre otros.

Sin embargo, Bat Out of Hell se puede codear con todos ellos por sus aportaciones particulares a la cultura rockera. En él confluyeron los talentos del cantante Meat Loaf, la producción de Todd Rundgren y la composición de Steinman, donde éste aprovechó para mostrar sus influencias de Wagner a Bruce Springsteen, pasando por Phil Spector.

Steinman y Met Loaf (Marvin Lee Aday es el nombre real de este cantante texano) habían comenzado a colaborar juntos desde que se conocieron como parte del musical Neverland. De ahí surgió la columna vertebral del futuro álbum con tres canciones memorables: la que dio nombre al disco (la “canción acerca de un accidente más extrema de todos los tiempos”, según el autor), “Heaven Can Wait” y la renombrada “All Revved Up With No Place to Go”.

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A las que luego se añadiría la muy célebre “Paradise by the Dashboard Light” (una historia épica y con humor acerca de un romance adolescente y el sexo). Una pieza de miniópera donde Meat Loaf hace dúo con la cantante Ellen Foley, con el añadido (metafórico) de la voz en off de un comentarista de baseball.

 

Bat out of Hell es una obra redonda de 47 minutos de duración, que fueron paradójicamente el encumbramiento de Steinman y Meat Loaf y, al mismo tiempo, su némesis. Jamás ninguno de ellos pudo superar lo hecho en tal álbum, con sus siete temas plagados de libido adolescente, problemática existencial, momentos épicos, desmesura emotiva y muy buena muestra de rock operístico. Resultado: un disco clásico y universal.

Todo ello arropado por una portada también atribuida a una idea de Steinman e ilustrada por Richard Corben, copiada desde entonces por cientos de grupos de heavy metal e inscrita entre las mejores de todos los tiempos.

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LES McKEOWN

El grupo escocés Bay City Rollers fue tan popular en el Reino Unido que en la exageración se le llegó a nombrar como “los nuevos Beatles”. Tal era el fervor que desataron a mediados de los años setenta entre el público. Incluso hubo el término rollermanía para definir el momento. El cantante de ellos era Les McKeown (nacido en Edimburgo en 1955).

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La banda tuvo su propio programa de televisión y vendió alrededor de 120 millones de discos para convertirse en la agrupación escocesa más exitosa de todos los tiempos. Algunos historiadores aseguran que fue la primera boy band de la historia (dato aún sujeto a discusión). Eran guapos, vestían ropa de diseño muy colorido y glam y se les fabricaron canciones expresamente para convertirse en hits. Su pieza más representativa fue “Bye Bye Baby”.  Les McKeown murió a los 65 años el martes 20 de abril.

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El cantante estadounidense B. J. Thomas, que se movió entre el country, el soul, el góspel y el soft rock, y se hizo famoso por interpretar el tema Raindrops keep fallin’ on my head, falleció a los 78 años de edad el 29 de mayo del presente año. Había nacido en Hugo, ciudad del estado de Oklahoma.  Fue conocido por sus éxitos Hooked on a feeling (1968), con la que llegó en 1969 al quinto puesto de las listas de popularidad y, sobre todo, por la mencionada Raindrops keep fallin’ on my head escrita por Burt Bacharach. Esta última fue incluida en el soundtrack de Butch Cassidy and Sundance Kid (1969) y ganó un Oscar como mejor canción original (en el 2014 el cantante fue inscrito en el Salón de la Fama de los premios Grammy por la misma).

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LLOYD PRICE

Lloyd Price fue un músico, cantante y compositor de la Unión Americana, que nació y creció en Kenner, un suburbio de Nueva Orleans, en 1933. Cuando niño tomó clases de trompeta y piano y formó parte del coro de la iglesia local cantando gospel.

Durante la secundaria fundó un grupo de rhythm and blues que se dedicaba a animar fiestas. A la postre también se inclinó por el jazz. Por otro lado, su madre era propietaria de un restaurante y de ella heredó el interés por el negocio de la gastronomía.

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Una vez dentro de la industria discográfica, la pieza “Lawdy Miss Clawdy”, compuesta e interpretada por él, se convirtió en un hit para el sello discográfico Specialty Records en 1952 (en la grabación lo acompañó la banda de Dave Bartholomew, con Fats Domino al piano). Durante los años siguientes continuó lanzando sencillos con ambivalentes resultados, aunque su mayor logro fue con “Stager Lee” de 1958.

En 1959, publicó el exitoso tema “Personality”, lo que llevó a reconocerlo con el sobrenombre de “Mr. Personality”. ​ Por todas sus aportaciones fue incluido en el Salón de la Fama del Rock and Roll en 1998. Lloyd Price falleció el 3 de mayo.

Otro caído durante el primer trimestre del 2021 fue Dorde Marjanovic, Rockero yugoeslavo fenecido el 15 de mayo. En junio afortunadamente no murió ningún otro músico.

A todos ellos: ¡Gracias!

VIDEO SUGERIDO: Lloyd Price – Stagger Lee – YouTube (Rover TCB)

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JIM MORRISON (50 AÑOS RIP)

Por SERGIO MONSALVO C.

JIM MORRISON (FOTO 1)

 (50 AÑOS RIP)

En cierta crónica anónima de 1966 (en un periódico underground angelino), de una presentación de los Doors en el club Whisky A Go-Go, el autor esbozó en unas cuantas líneas la esencia de su puesta en escena musical y estética: “La iluminación del escenario es fría. El fondo musical funerario, sutil: la guitarra afinada como una sitar hindú; el órgano espasmódico y suave, la batería lanzando su advertencia de complicidad, y delante de todo ello un pálido, esbelto y drogado vocalista se contonea, colgado del micrófono esperando su momento”.

Y el momento era para definir intuitivamente caminos inexplorados por el rock, para rebatir los supuestos y las convenciones en las que había basado su etapa clásica: glorificación de la juventud, celebración de la energía, rechazo al tedio y a la educación formal.

Sí, Jim Morrison y los Doors le dieron un giro de ciento ochenta grados a esa forma de pensamiento, y todo ello quedó plasmado en su primer álbum, The Doors.

Éste fue el summum conceptual practicado hasta el cansancio en ensayos íntimos, de integración y conocimiento, así como en presentaciones en vivo forjadas a pulso en el fuego del ritual con el público; en experimentaciones con diferentes drogas y efluvios filosóficos provenientes lo mismo de Oriente que de Occidente.

La lírica de Morrison no hizo la glorificación acostumbrada de la juventud, no. Era demasiado simplista e inocente para un tipo instruido en la parte oscura del pensamiento humano: Blake, Baudelaire, Rimbaud, Jack Kerouac, Nietzsche, Brecht, Artaud… Por lo tanto no definía a la juventud sino que redefinía su YO constantemente, según lo dictaran sus razonamientos.

Por eso la poesía de este rockero no era la tierra de los adolescentes que aún tenían una visión naive del mundo. En sus dos libros publicados en vida (The Lords and the New Creatures, de 1969 y An American Prayer, de1970), así como en los póstumos (Arden lointain, edition bilingüe, de 1988), Wilderness: The Lost Writings Of Jim Morrison, de1988, y The American Night: The Writings of Jim Morrison, de 1990) está bien plasmada la suya. Para él —un darky adelantado a su época— vivir no significaba respirar sino dejar de hacerlo, usando los sentidos y las facultades.

JIM MORRISON (FOTO 2)

La aspiración por la muerte era su credo: clímax de la experiencia humana, concreción de la creatividad en la apoteosis de la pureza instintiva. Por eso al cabo de su vida murió como Marat, y de esta manera se garantizó para sí mismo el Pantheon eterno.

Pero mientras eso le llegaba, Jim Morrison utilizó su intuición como criterio personal y subjetivo. El centro y límite de este universo basado en la intuición debía ser el YO y sólo el YO. Y tal universo era disímbolo: temible, antagónico, pero también gozoso. Un universo del pensamiento.

“Mi realidad es cierta porque pienso”, dijo Jim en alguna ocasión. Y sólo por esa frase se alejaba de las cimientes de la época: diversión, paz y amor. Eso lo volvió igualmente “raro” ante el mundo hippie y ante el mundo convencional.

VIDEO SUGERIDO: The Doors – The End (1967), YouTube (bezo1981)

El rock con él y los Doors ya no fue sólo diversión como antaño. Perdió su inocencia. Ya no había un rechazo al tedio producto de la falta de diversión constante, sino una argumentación al hartazgo de la existencia misma; una explicación a la pelea entre el pensamiento y el propio reflejo mundano. Intuición pura esgrimida con palabras justas, precisas, y lo más notable de todo, adecuadas a la lírica del rock.

Y para llegar a ese diestro manejo del lenguaje revirtió ese otro supuesto adjudicado al género: el odio hacia la educación formal. Tanto Morrison como cada uno de los integrantes del grupo contaba con una educación universitaria, con una cultura vasta, con conocimientos de la literatura, el cine, el teatro, la música (ragas hindús, jazz, de cabaret, clásica y del blues, por sobre todas ellas).

Los integrantes de los Doors nunca rechazaron lo que su condición social clasemediera les había otorgado, al contrario. Con esas herramientas retaron seriamente al ambiente de aquellos días. Resaltaron la desesperanza y le dieron legitimidad al rock y a su poesía, con una imaginería terrible y desoladora.

Dimensionaron al género con el yang de temas como “Break On Through”, “Light My Fire”, “End of the Night”, y de manera inconmensurable con “The End”, antes de que apareciera el yin del Sergeant Pepper´s Lonely Hearts Club Band de los Beatles.

El YO de los Doors –que fue el de Jim– se tornó en un gran concepto. “Conozco al mundo como a mí mismo, como sentimiento e instinto, como pensamiento y raciocinio”. Dicho más precisamente, conozco al mundo porque me conozco a mí mismo, y bajo la tutela de este sentimiento Morrison tenía visiones cósmicas, pero por medio de estas visiones alcoholizadas, drogadas, no sólo expandió al rock sino que le dio trascendencia.

Jim mostró al mundo su formación académica (en poesía, cinematográfica, en sus teorías filosóficas y en sus catarsis; en su teatralidad; en el conocimiento chamánico y en la indiferencia; en el rito de la comunicación y en sus ideales inalcanzados) lo mismo que sus genitales. Y por ambas expresiones fue condenado.

Las imágenes de sexo y muerte, contenidas en sus manifestaciones musicales,  nunca fueron bien vistas por las fuerzas vivas: “I Tell You We Must Die…” (parafraseando a Weill); “Mother… I Want to Fuck You” (cantándole al Edipo errabundo y al freudiano). Todo contenido desde su primer álbum, The Doors, y hasta el último: L.A. Woman.

Así que de Jim Morrison se pueden decir muchas cosas (agregada la actual efeméride por el medio siglo de su fallecimiento), pero con la postrera convicción de jamás poder definir a un ser tan contradictorio como congruente como él. Un poeta, a final de cuentas.

VIDEO SUGERIDO: Jim Morrison Last Performance 1971, YouTube (MRMOJORISIN)

JIM MORRISON (FOTO 3)

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BABEL XXI – 527

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-527 (FOTO)

EDDIE VAN HALEN

ORIGEN Y DESTINO

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/527-eddie-van-halen-origen-y-destino/

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MIS ROCKEROS MUERTOS

Por SERGIO MONSALVO C.

 

OBI-2 ENERO-MARZO (FOTO 1)

 

ENERO-MARZO (2021)

 

El inicio de la tercera década del siglo XXI ha sido traumático, desdichado e impredecible. El bicho que nos infestó desde el 2020 continúa su marcha contagiosa y mortal. Millones de personas han fenecido en el mundo por su causa. Pero a la ciencia y al sentido comunitario confiamos el combate.

En el ínterin muchos músicos han desaparecido por tal motivo o por otros, producto del oficio. Tras dichos anuncios cada uno a su manera se pregunta por lo que fue, es y será la época que nos tocó vivir. Y todos, a nuestra manera, esperamos que aparezca algo para darnos una señal, algo que nos lleve otra vez a la carretera (como quiere todo buen rockero).

Y ese algo será su música, porque, como reza el poema: “Todo lo que ha vivido, vive para siempre. Sólo la cáscara, es lo que perece, muere. El espíritu de aquello no tiene fin, es eterno. Inmortal”.

Así que voy y pongo un disco determinado de aquellos que se fueron, porque algo he aprendido de la reflexión y el confinamiento: que los demás seguimos aquí, y a cada uno le toca dar aliento al otro, respirar en compañía y hablar entre todos. Habrá vida tras la muerte como dice ese poema. El espíritu de la obra de aquellas personas que nos subyugaron con su música nos mantendrá su memoria y con la intención de seguir en el camino.

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Sylvian Sylvian

Entre 1972 y 1973 nació el rock decadente (o glam rock) al que asimismo se le llama “padrino del punk”. En Inglaterra, David Bowie, Marc Bolan y Roxy Music se dieron a conocer, mientras que en Estados Unidos los New York Dolls pasaban prácticamente desapercibidos para la mayoría, excepto unos cuantos: “Cuando vimos en escena a los Dolls nos llevamos la impresión de nuestra vida”. declaró Joey Ramone.

New York Dolls fue un grupo que precedió inmediatamente al punk: “Personality Crisis” o “Jet Boy”, un rock de trajes pegados, trasvestidos y solos relámpago. Es decir, la síntesis del rhythm and blues de Chicago, Muddy Waters, John Lee Hooker y Chuck Berry en versión reactivada, sobrecargada y anfetaminizada, con Sylvian Sylian entre sus miembros. Falleció el 13 de enero.

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Hilton Valentine

Graham Bond les sugirió el nombre The Animals debido a la fuerza con que tocaban. De Newcastle se trasladaron a Londres a mediados de la década de los sesenta. Pronto comenzaron a aparecer en las listas de popularidad. Su primera grabación fue “Baby Let Me Take You Home”, seguida de la ya hoy clásica versión de “The House of the Rising Sun” (con el famoso riff del bajo de Hilton Valentine, muerto el 29 de enero).

Es un hecho que la interpretación de Bob Dylan de ella fue el punto de inflexión para la novedosa y potente versión de The Animals (aunque Eric Burdon, asegure convenientemente haber escuchado antes la de Josh White). Como sea, en 1964 el tema se convirtió en número uno de las listas internacionales, contribuyendo a la solidificación de la era del folk-rock.

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Mary Wilson

Para las Supremes, la lista de éxitos fue grande. El trío se convirtió en el grupo femenino más importante del siglo XX, y no sólo en las listas de la industria (con doce primeros lugares durante los años sesenta) sino también como símbolo de la femineidad afroestadounidense, de la lucha del género contra el racismo, del buen gusto en el vestir y con un gran repertorio musical. El grupo se había formado en 1959 como cuarteto y se llamaban The Primettes: Diana Ross, Mary Wilson, Florence Ballard y Barbara Martin. Amigas todas ellas.

Discográficamente debutaron en 1960, con el sello Lupine. Al año siguiente firmaron para la compañía Motown de Berry Gordy Jr. y empezaron los cambios: el primero, su nombre, por The Supremes. A partir de ese momento y durante los tres años siguientes The Supremes mostraron un enorme potencial expresivo. con coreografías estilizadas y un estilo muy visual, con el que triunfaron tanto en sus presentaciones en televisión como en sus conciertos en vivo, mientras el equipo de compositores producía a tope. Mary Wilson falleció el 8 de febrero.

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Chick Corea

Filles de Kilimanjaro e In A Silent Way fueron un punto de partida para el jazz-rock.  A fines de los años sesenta Miles Davis intentaba poner énfasis en las raíces africanas de su música, lo cual resultó en una ampliación del concepto en la sección rítmica. El sentido de la oportunidad histórica le ayudó muchísimo y desde luego también su visión a futuro. El uso de la guitarra eléctrica y de múltiples teclados, también eléctricos (entre ellos Chick Corea), en lugar de concentrarse en complejidades armónicas o en el sutil juego entre el solista y la sección rítmica.

Todo ello hizo que esta música se distinguiera por sus texturas múltiples generadas por las improvisaciones simultáneas tanto de los metales como de dicha sección rítmica. Los públicos jóvenes estaban muy abiertos al rock muy experimental, así como al sonido jazz-rock o a cualquier otro que expandiera el concepto musical. Corea participó de todo ello en más de una decena de discos y a la postre como solista hasta su muerte el 9 de febrero.

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Chris Barber

 

Su verdadero nombre fue Donald Christopher Barber y fue un músico de jazz, trombonista y director de orquesta británico. Además de conseguir un buen número de éxitos en el la Gran Bretaña en el campo del trad jazz, tuvo una colaboración decisiva en la popularización del género llamado skiffle durante los años cincuenta. Sus colaboraciones con Lonnie Donegan, puntal del mencionado ritmo, y, más tarde, con el padrino del blues británico, Alexis Korner, hicieron de Barber una figura fundamental de aquella escena musical y posteriormente, en los años 60, del auge la corriente beat u Ola Inglesa.

Entre el final de la década de los cicuenta y principios de la siguiente los años 50 Barber fue el impulsor de las giras británicas de artistas como Big Bill Broonzy y Muddy Waters, entre otros. Hecho importante y fuente de inspiración para jóvenes artistas como los Rolling Stones, el Fleetwood Mac de Peter Green y los Bluesbrakers donde figuraría Eric Clapton. Barber falleció el 2 de marzo.

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Phil Spector

 

Phil Spector, el más legendario de los productores musicales en la historia de la música; cuyo nombre fue sinónimo de genialidad en ese rubro; el que produjo discos míticos de las Ronettes, de Leonard Cohen, de los Ramones o el Let it Be de los Beatles, murió apenas cumplidos los 81 años de edad (el 16 de enero). De su lado oscuro ya se ha hablado y escrito mucho, pero en el otro lado de la moneda estuvo el Phil Spector luminoso, el mimado por la genialidad. El que lleva a lugares mágicos con su cancionero único y placentero, mezcla fascinante de euforia, inocencia y nostalgia atemporal.

Spector aportó cuidadas sinfonías pop, en pequeños adornos que serán decisivos en el terminado, pero sobre todo demostró un conocimiento pleno del estudio de grabación en donde desplegó toda su habilidad para captar la fogosidad de la música. Lo impuso como el lugar para concretar todo el esplendor de las ideas sonoras (cuando las hay), ordenadas a base de horas y horas de trabajo, de sensibilidad y desgaste en las relaciones personales con los intérpretes. Eso tuvo un nombre, clásico entre los conocedores de la música popular: The Wall of Sound (el muro de sonido, su criatura).

 

Otros que cayeron en el camino: Gerry Marsden (de los Peacemakers), Bunny Wailer (integrante de los primeros Wailers de Bob Marley), Lawrence Felinghetti (quien no fue músico, pero sí un poeta que inspiró en mucho a los rockeros y apoyó a los escritores de la Generación Beat),

A todos ellos: ¡Gracias!

VIDEO SUGERIDO: New York Dolls, Peronality Crisis, YouTube (Miguel Rodrigues)

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MIS ROCKEROS MUERTOS: EDDIE VAN HALEN

Por SERGIO MONSALVO C.

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MIS ROCKEROS MUERTOS

(OCTUBRE-DICIEMBRE 2020)

Es curioso. Se mire por un lado o por el otro la visión será más o menos la misma. A la calle Michelangelostraat se puede acceder por el Zuider Amstel Kanaal, caminar el par de cuadras que le corresponden o, viceversa, desde la Minervaplein. Es, pues, una calle pequeña, básicamente conformada por casas habitación y dos o tres comercios.

Forma parte del barrio conocido como el Apollolanbuurt, dentro de la zona metropolitana denominada Oud Zuid. Dicho barrio fue construido hace un siglo (junto a los aledaños Hoofdorppleinbuurt y Slotervaart), entre las décadas de lo años veinte y los treinta del siglo XX, en el periodo entreguerras. Dentro del plan de modernización de la ciudad de Ámsterdam.

Al Apollobuurt se le concedieron para su ubicación 95 y media hectáreas del sur citadino. Y su construcción se planificó en el estilo de la Escuela Amsterdamesa de Arquitectura, que surgió por entonces. Tal escuela era parte de un movimiento estético ligado al expresionismo alemán de dicha disciplina. El vanguardismo de ese movimiento contribuyó en gran medida al desarrollo urbanístico de la capital neerlandesa.

Ambas corrientes arquitectónicas compartían su gusto por el uso del ladrillo rojo combinado con el hormigón en un diseño innovador. En este último había cierta influencia del Art-Nouveau. El cual se manifestó en los detalles como la tipografía de los dígitos que señalaban cada casa y los adornos tanto en las entradas de las mismas, como en las cornisas de techos y ventanas.

Toda esta novedad hizo del emergente barrio una zona de lujo y opulencia, que atrajo a la gente rica de aquellas décadas (muchos de ellos de ascendencia judía). Por eso mismo, cuando los nazis invadieron la ciudad en 1940, la ocuparon, arrestaron a los propietarios, los despojaron de sus propiedades y los deportaron a los campos de concentración e instalaron su cuartel general en ella.

También por eso mismo, los aliados la bombardearon hacia el final de la conflagración. Destruyeron una parte de ella, que tras el conflicto fue reconstruida bajo las mismas bases originales. Debido a eso el barrio recuperó su esplendor hacia mediados de la siguiente década, con el agregado cívico de incluir vivienda popular para equilibrar su desarrollo.

A su aire entre majestuoso y moderno buscaron cimentarlo con la nomenclatura de las calles, que fueron nombradas con referencias a la Grecia Antigua, así como a los compositores y pintores históricos más destacados. De tal suerte, a esa pequeña calle le tocó un nombre grande: Micheangelo.

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En 1955 el barrio lucía nuevo, olía a nuevo. Era como el año mismo: caracterizado por la exhibición cultural, en su caso arquitectónica. Sin embargo, también aquella fecha del calendario se constituyó con los fuegos de otras disciplinas. Origen es destino reza un dogma romántico. Tal  pirotecnia alumbró el nacimiento de Eddie Van Halen y lo acompañaría en su periplo artístico.

Éste nació en los albores del año, el 26 de enero. No iba a ser un año normal, dijeron los augurios. Era un miércoles y la reacción a sus fuegos lo caracterizarían igualmente. Y cómo no, si había llegado al mundo en el mismo momento que Michael Schenker, que practicaría las mismas artes que él en The Scorpions.

No. No iba a ser un año normal. Las artes lo certificarían. Por ahí brotó Jeff Koons (cuyos fuegos de artificio se manifestarían en la escultura y la pintura) o Simon Rattle (quien haría lo propio en el terreno de los sonidos clásicos), la gama de tal fogosidad sería amplia, como paleta de pintor o partitura de director de orquesta.

Esa paleta de bengalas iluminaría la literatura con la publicación del tercer volumen de El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien; la aparición y el temblor que provocó la Lolita de Vladimir Nabokov; el estremecimento con la temática de Graham Greene en The Quiet American (El Americano Impasible) o la inquietante atmósfera del Pedro Páramo de Juan Rulfo.

Por otro lado, la cohetería protéinica sería encarnada en la cinematografía por un actor icónico: James Dean. Símbolo de lo que ya fluía y lo permeaba todo como un magma, esa juventud que exigía cambios, en películas de estreno y paradigmas como East of Eden (Al este del Paraíso, dirigida por Elia Kazan) y Rebel With a Cause (Rebelde sin causa, de Nicholas Ray).

No. Ese año no sería normal. Porque su resplandor sería provocado también por el fulgor de dos canciones emblemáticas: “Maybelline” (el primer sencillo de Chuck Berry) y “Rock Around The Clock” (de Bill Haley), lanzadas al planeta en 1955.  El rock and roll llegaría a la cima de las listas de popularidad para permearlo todo.

Así estaba el mundo cuando nació Eddie (Edward Lodewijk) Van Halen el 26 de enero, como hijo de Eugenie van Beers (una mujer indo-neerlandesa de origen javanés) y Jan van Halen, saxofonista, clarinetista y pianista, que formaba parte de la Orquesta de la Fuerza Aérea Neerlandesa. De él, Eddie y su hermano, Alex, recibirían la afición por la música.

La escucha de discos y la radio en la casa que les había asignado el municipio, dentro del plan de equidad social de la vivienda, en aquella calle Michelanglostraat en la que nacieron los hermanos, era una constante. Cada vez que el papá llegaba o antes de irse a trabajar, ponía discos de diversos géneros, destacando el jazz y ese nuevo género llamado rock and roll.

Los niños alternaban en la calle con otros vecinitos o a la orilla del Zuider Kanaal o en la Minervaplein, según el juego. El tránsito vehicular era poco en aquel entonces. Y de esa manera pasaron el segundo lustro de los años cincuenta, antes de que su padre fuera movilizado a la ciudad de Nijmegen, al este del país, muy cerca de la frontera con Alemania.

Sin embargo, aquella estancia en la Michelangelostraat y la vida que Eddie llevó ahí (bicicleta, amigos, futbol, escuela cercana, todo acontecido en el mismo barrio de la ciudad) pudo resumirse en una palabra: felicidad, con todos los sonidos que quedarían grabados en su memoria y que luego transferiría a su instrumento, cuando la familia se mudó a California.

Donde Eddie se convertiría con el transcurso del tiempo en un innovador, en un hito, un creador y un virtuoso, características que lo encumbrarían como uno de los mejores guitarristas de rock de la historia. Todo eso sucedería en Pasadena, California, a donde se mudó con su familia en los primeros años  de la década de los sesenta.

Ahí, con el grupo que llevaría su apellido como nombre, desarrollaría un sonido, un estilo al fin y al cabo, que lo identificaría eternamente: el tapping. Eddie hizo escuela con esa técnica: es decir, tocar con las dos manos sobre el diapasón para que dos notas distantes pudieran sonar consecuentes a una velocidad inusual. Un método que implica armar arpegios rápidos pulsando las cuerdas directamente sobre dicho diapasón.

Una adaptación al contexto rockero del lenguaje de la música barroca (Bach)  y del posterior romanticismo (Nicola Paganini). Movimientos estéticos fundamentales y ontológicos del rock mismo. Eddie Van Halen dio con uno de los avances del instrumento más espectaculares (en el sentido más combustible de la palabra) de su tiempo.

El ejemplo más conspicuo de su estilo se condensa en la pieza con que músico y grupo iniciara su andar: “Eruption”. Una contribución musical inconmensurable. En ella hay espectacularidad, extroversión y hedonismo. Nadie había escuchado un sonido de guitarra como ese anteriormente. Todos los intérpretes desde entonces buscaron sacar ese sonido con el amplificador, el pedal, el cable, la uña o las cuerdas adecuadas, pero la simple verdad es que el misterio estuvo en sus manos.

La magia de la pirotecnia como arte, como elixir de la inmortalidad. Eddie Van Halen por ello se convirtió en uno de los mejores guitarristas de la historia. Su fallecimiento el 6 de octubre del 2020 selló se permanencia en el Olimpo y en el Salón de la Fama del Rock.

Otros fenecidos en el trimestre: Johnny Nash (cantautor), Ken Hensley (ex Uriah Heep) y Spencer Davis (creador del Spencer Davis Group).

A todo ellos: ¡Gracias!

VIDEO SUGERIDO: Van Halen Eruption Guitar Solo, YouTube (Hazardteam)

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BABEL XXI-505

Por SERGIO MONSALVO C.

DON VAN VLIET

BOGAR CON PINCELES

BXXI-505 (FOTO)

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

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JOHN LENNON

Por SERGIO MONSALVO C.

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EL MITO Y LA CONTRADICCIÓN

(40 AÑOS RIP)

La mayoría de las personas –dijo John Lennon en alguna ocasión– viven sus vidas en forma indirecta” y él más que nadie fue el combustible de sus fantasías, tanto en la muerte como en la vida.

La gente ha sacado de su asesinato lo que ha querido: la creencia de estar llorando a un profeta o un santo, o bien a una víctima de maquinaciones políticas y conspiraciones de poder.

Su muerte no significó la muerte de una era de esperanza ni el amanecer de una de desesperanza, tal como algunos lo han sugerido.

No obstante, quizá para muchos simbolizó la muerte de una parte de su propia juventud y, a la vez, de algo de su idealismo, porque él, más que otro artista, parecía haber mantenido con vida ese idealismo. 

Su muerte dio oportunidad para exorcisar a los fantasmas, recordar el propio pasado, entregarse a la nostalgia, comprar un disco, un póster o un libro y, para los que en realidad siempre lo consideraron un poco “raro”, un poco “radical”, la oportunidad de perdonarle sus desviaciones, sus protestas y todas las cosas que en su momento a ellos sólo les provocaron risas. 

“Todo mundo te ama cuando estás dos metros bajo tierra” escribió Lennon en “Nobody Loves You” del álbum Walls And Bridges. Y así fue. Escribió esa pieza durante su periodo de separación de Yoko Ono, en lo que probablemente fue una de las mareas más bajas de su vida. 

Después del Some Time in New York, de 1972, cayó de la gracia de los críticos y del público consumidor de discos. Las canciones sobre Attica, Irlanda y el feminismo sólo provocaron acusaciones de ingenuidad política y abuso de las “buenas causas”.

Hubo demasiada Yoko en el disco, un abuso idiosincrático y direccional de tal personaje, de su incidencia y marcada manipulación. El siguiente, Mind Games, que salió en 1973, ayudó poco a corregir lo expresado.

Lennon vivía en Los Ángeles, bebía en exceso y en una ocasión se involucró en un incidente notorio en el que insultó a una mesera mientras que él, por razones que han perdido su claridad –si alguna vez la tuvieron–, lucía un “tampón” en la cabeza. 

Walls And Bridges (1974) derivó de ese periodo de soledad y confusión;  es uno de los álbumes que, quizá más que otra obra cualquiera, revela su vulnerabilidad y la buena disposición a exponerla, tal como exponía todas las cosas, a la mirada pública. Esta cualidad lo hacía cautivador, así como su idealismo y fuerza lo volvían admirable.

Tal vez Lennon era tan franco porque le daba flojera analizar las consecuencias de dicha franqueza y por lo tanto censurarla. Posiblemente ni le importaba mostrarse brutal, incluso deseoso de venganza: la pieza “How Do You Sleep”, por ejemplo, debe haber herido a McCartney más de lo que éste pudo admitir. 

JOHN LENNON (FOTO 2)

Lennon, de todos los Beatles, causaba la impresión de tener menos interés en lo que la gente pensara de él y se portaba de acuerdo con ello.

Este no fue el caso durante el auge de la Beatlemanía, cuando John, según se supo después, creía estar viviendo en un estado de compromiso casi constante al ayudar a perpetuar todo el circo construido en torno a los Beatles. 

A partir de ahí en adelante no se dejó hacer jamás prisionero de las ideas de otra persona. Cuando quiso renunciar a los Beatles, renunció. Y cuando en 1975 decidió retirarse de la música –parecía que para siempre–, se retiró.  Era su derecho como ser humano.

Sí, era un ser humano, pero sobre todo era un artista y a final de cuentas no le importaron lo que podían considerarse como sus “responsabilidades” de artista. Para Yoko él sí debía retirarse de la escena rockera, ella no de la suya, a la cual el nombre y el dinero legado por  John le han servido a discreción.

Lo que al parecer ofendió tanto a tantas personas acerca del retiro de Lennon fue la abierta implicación de que le había dado la espalda al rock and roll, en un momento en que la música lo necesitaba más. Y así fue. Negó todo lo que le había dado su razón de ser.

La verdad de la cuestión fue, sin embargo, que se imaginó que existían cosas tan importantes en la vida como el rock and roll, y que la hechura de pan y el cuidado del niño eran dos de ellas. 

El hecho de que una de las figuras más influyentes e importantes producida por el rock hubiera sacado una mayor satisfacción, al menos en forma temporal, de hacer pan y ser lo que él mismo describía como “un hombre de su casa”, constituye una irónica contradicción fundamentándose en el espíritu esencial de este género.

Ése fue su gran desbarre. Podía haber hecho las dos cosas sin menoscabo de la una por la otra, era un tipo inteligente a final de cuentas, pero las demandas de la Ono jamás se lo permitieron. Ella siempre ha detestado al rock.

Curiosamente, los que criticaron a Lennon por considerarlo un desertor fueron quienes expresaron la mayor decepción ante el álbum que marcó su regreso, Double Fantasy (1980).  Y con toda la razón. Otra vez demasiada Yoko.

Quienes habían amado a John Lennon en sus momentos más mordaces, acusadores o didácticos lo vieron como demasiado introspectivo, lejano y soñoliento.

Lennon salió de cinco años de retiro doméstico cantando sobre ello: las alegrías de la vida familiar (¿Ya está el pan?), su amor por Yoko (también llamado Síndrome de Estocolmo) y el de ella hacia él (ligeramente interesado en el confort millonario); la amenidad de la inversión de papeles (o roles)…y todo con un candor casi embarazoso. 

Así lo sorprendió la mano asesina del 8 de diciembre de 1980, a las puertas de su hogar.

VIDEO SUGERIDO: John Lennon / Yoko Ono “Watching The Wheels” Double Fantasy (1980), YouTube (Joe Cool)

JOHN LENNON (FOTO 3)

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