MIS ROCKEROS MUERTOS

Por SERGIO MONSALVO C.

(octubre-diciembre 2019)

OBI-2 (FOTO 1)

Eric Clapton concibió el concepto estético del grupo como un trío de blues que interpretara piezas largas y eléctricas y se mantuviera en el gusto de los aficionados al género. No obstante, el éxito de Cream, que así se llamó tal formación, rebasó incluso las fronteras de la imaginación más desatada.

Si bien su existencia se redujo a dos años, el tríptico representó el prototipo del grupo de rock exitoso y “moderno” de los años sesenta, el “Power trio”. Caracterizado por un volumen fuerte, basado en el blues, audaz en el aspecto instrumental (imbuido en el jazz del que 2/3 de sus componentes eran originarios) y muy rítmico, Cream conquistó al mundo con sus bombásticas y largas interpretaciones en vivo.

De tal modo, el conjunto fue fundado a mediados de 1966 por tres experimentados jóvenes de la escena londinense. Jack Bruce (bajo, armónica y voz) y Peter “Ginger” Baker (batería y voz) habían constituido la sección rítmica de Alexis Korner a fines de 1962 y tocaron con Graham Bond de 1963 a 1965; Bruce fue brevemente compañero de Clapton en la agrupación de John Mayall en actuaciones off-record.

Cream sucumbiría ante las presiones externas del éxito y las disensiones internas (los dioses habían despertado y “obsequiado” la magalomanía de los semidioses: era cuestión de seguirse divirtiendo). Luego de una extensa y combustible gira por los Estados Unidos todo finalizó para el trío en un concierto de despedida realizado en la Royal Albert Hall de Londres.

Los integrantes del trío emprendieron caminos distintos. Bruce retornó a las huestes jazzísticas y se unió al emergente grupo Lifetime de Tony Williams. Clapton y Baker, por su parte, no habían quedado tan hartos uno del otro y siguieron hablando de proyectos. No era cosa de mantenerse estáticos en un año en que el Concorde aparecía en el mundo y el hombre llegaba a la luna o se realizaba el Festival de Woodstock; No, no era tiempo para estarse quieto.

A comienzos de diciembre de 1968 el rumor comenzó a expandirse. Los periodistas especializados comentaban que con la disolución de los grupos de Eric Clapton (Cream) y de Steve Winwood (Traffic), ambos tenían la oportunidad de tocar juntos en una nueva integración o por lo menos realizar un disco que resultara extraordinario.

El rumor tenía como fundamento las periódicas jam sessions que los dos músicos hacían formando trío con el baterista Ginger Baker. En mayo de 1969 el grupo dio a conocer su nombre, Blind Faith, y la incorporación del bajista de Family, Rick Grech.

"Blind Faith" Portrait

Para su debut anunciaron un concierto gratuito en el Hyde Park de Londres.  Días antes del acontecimiento el grupo ocupó las portadas de todas las revistas y periódicos del medio, en las cuales se le daba al suceso una importancia de proporciones gigantescas. Se comenzó a utilizar por primera vez la palabreja “supergrupo” para denominar a una integración rocanrolera.

En agosto fue publicado el disco que llevaba el mismo nombre del grupo: Blind Faith.  Sin embargo, una vez finalizada la gira por los Estados Unidos, las polarizadas concepciones musicales, la excesiva comercialización por parte de los promotores y la desilusión ante las falsas expectativas, hicieron que los integrantes de Blind Faith optaran por separarse.

Eric Clapton anunció su intención de grabar un disco como solista. Baker, Winwood y Grech seguirían unidos en la banda Air Force organizada por el propio Baker. Después Winwood la abandonó para volver a formar Traffic, al cual posteriormente se anexaría Grech.

Peter Edward “Ginger” Baker, conocido más por su apodo, era un pelirrojo inglés nacido hacia finales de la década de los años treinta contaba en ese entonces ya con un currículum impresionante. Además de los grupos mencionados había tocado jazz en sus inicios con Acker Bilk y Terry Lightfoot; luego entró a las raíces del blues con la Blues Incorporated de Alexis Korner y el Graham Bond Trio.

Así que un músico dinámico y creativo como él no se sentó a disfrutar con sus pasadas glorias. Recordó su enorme afición y sus orígenes dentro del jazz y para enero de 1970 ya estaba integrada la nueva banda, la cual combinaría esos orígenes con lo vivido dentro del blues y el rock y proyectaría la búsqueda de nuevas expresiones con la inclusión de músicas del Continente Negro.

En la aventura nominada Airforce lo acompañarían Stevie Winwood en los teclados y la voz; Graham Bond en el sax barítono; Denny Laine (ex “Moody Blues) en la guitarra y los coros; Chris Wood (ex “Traffic) en el sax tenor y la flauta; Rick Grech (ex Family, ex Traffic, ex Blind Faith) en el bajo y el violín; Remi Kabaka (músico africano) en las percusiones.

El propio Ginger Baker concibió una forma de tocar la batería (a la que llamó “de combate”), en combinación con el igualmente jazzista Seamen, que mostró el grado de sofisticación requerido por la naturaleza de la banda, con un ritmo complicado que subrayó aún más la maestría de sus improvisaciones (mismas que años después se repetirían cuando tocó con Elvin Jones y Art Blakey).

Con esta formación Airforce se presentó en el Royal Albert Hall de Londres en ese 1970 para dar dos conciertos que quedaron impresos en el disco en vivo con el nombre de la banda (en el sello Polydor), del cual destacan las piezas “I Don’t Care” y “Early in the Morning” (composición y arreglo de Baker), así como “Da Da Man” (de McNair) y “Aiko Biaye” (de Kabaka).

Originalmente la banda tenía la intención de separarse después de dichas presentaciones; sin embargo, Baker percibió la posibilidad de proseguir por ese camino. Y aunque algunos miembros sí la abandonaron (Winwood y Grech), Baker produjo otro disco en estudio con el agregado del baterista africano Speedy Acquaye.

No obstante los esfuerzos, la banda se disolvió en 1971, pero este grupo de músicos dejó un par de emocionantes discos, novedosos y plenos de improvisaciones, que ponían de manera vanguardista en primer plano los ritmos e instrumentos africanos, en los que Ginger Baker se volcaría totalmente a partir de entonces.

Se fue a vivir en a la capital de Nigeria, Lagos, para trabajar junto a Fela Kuti. En las últimas décadas del siglo XX, Baker se ganó una gran reputación el circuito de la world music, sin perder nunca de vista el jazz. De esta forma, integró el Ginger Baker Trio para seguir con sus exploraciones en su terreno original.

A pesar de los altibajos artísticos y sus problemas con las adicciones, su nombre fue siempre tan importante como el de otros músicos clásicos del siglo XX. Ginger Baker falleció el 6 de octubre del 2019, a los 80 años de edad.

 El fallecimiento de un músico de rock acarrea sentimientos en estado puro, una mezcla de sensaciones encontradas ante un final inextricable.

Otros rockeros desaparecidos en el 2019 fueron: Daryl Dragan (de Captain and Tennille), Paul Steven Ripley (The Tractors), Eric Haydock (The Hollies), Lorna Doom (The Germs), Chris Wilson (Crown of Thorns), Reggie Young (músico sesionista), Pepe Smith (músico filipino), Phil Western  (Download), Mark Hollis (Talk Talk), Scott Walker (The Walker Brothers), Wowaka (músico japonés), Roky Erickson (13th. Floor Elevators), Dave Batholomew (compositor), D. A. Pennebaker (cineasta y documentalista rockero) Daniel Johnston (rockero, cantautor, artista plástico), Eddie Money (cantautor), Ric Ocasek (líder de The Cars), Robert Hunter (poeta, letrista de Grateful Dead), Ginger Baker (Cream, Air Force), Marie Fredriksson (Roxette) y Sleepy LaBeef (profeta del rockabilly).

A todos ellos, gracias.

VIDEO: GINGER BAKER’S AIRFORCE – Tell Me a Story (Toady), YouTube (Frank Westwood)

OBI-2 (FOTO 3)

 

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DANIEL JOHNSTON

Por SERGIO MONSALVO C.

DANIEL JOHNSTON (FOTO 1)

 EL UNIVERSO DESGARRADO

Tiene 18 años y todo el futuro por delante. Ha fundado un grupo de rock de garage y viaja regularmente para presentarse en pequeñas salas de los estados vecinos al suyo. También sabe dibujar y cuenta con proyectos al respecto. Es en lo que va pensando ahora en esta avioneta que maneja un amigo suyo y lo conduce a él y los instrumentos al siguiente escenario. Van platicando al respecto. De repente todo se le nubla. Escucha dentro de su cabeza algunas voces, alarga la mano izquierda y arranca las llaves del switch del aeroplano. Después ya no se da cuenta de nada.

Del accidente salió vivo, pero no indemne. Su naturaleza lo atacó sin previo aviso. Daniel Jonhston es, desde entonces, una víctima extrema de lo que los psicólogos llaman trastorno bipolar. Es lo que hace poco se conocía como un piscótico maniaco-depresivo y antaño simplemente como un “loco”.

Johnston cumplió 58 años y fue un artista outsider de la música, del dibujo y del video.

Aunque su rendimiento a lo largo de tres décadas fue de altibajos y con una carrera de andar vacilante (con meses incluso sin poder salir de la cama por la depresión), no dejó de esforzarse para no perder creatividad.

Grabó más de una veintena de cassettes y CD’s, a pesar del constante e intenso acoso al que lo habían sometido sus “demonios”, manifiestos en The Devil and Daniel Johnston (2005), un documental dirigido por Jeff Feuerzeig sobre su vida y música.

La tradición humanística que había mantenido ciertos grandes modelos heredados del mundo greco-latino y en los que se encontraba exaltada la locura como una “furia” liberadora, pasó a convertirse en un tema exacerbante donde la agonía y el sufrimiento son parte del desasosiego por la eterna inarmonía del mundo.

DANIEL JOHNSTON (FOTO 2)

 

 

En contraposición con las ideas románticas de antaño, los médicos han dicho que en estos tiempos la locura ya no es considerada como cosa sagrada, sino exclusivamente como patología.

El médico-poeta alemán Gottfried Benn escribió que “se puede comprobar, estadísticamente, que en general el arte de los últimos cinco siglos es el ejercicio exaltado de psicópatas, alcohólicos, anormales, vagabundos, expósitos, neuróticos, deformes, tuberculosos, enfermos, etcétera: ésa fue su vida, y en las abadías, jardínes y panteones están sus bustos, y sobre ellos se alzan sus obras inmaculadas, eternas, flor y luz del mundo”.

Locura o los nombres que la medicina da a la enfermedad son etiquetas, a fin de cuentas, que no iluminan el enigma de la vida y que olvidan el hecho de que existe un sufrimiento tan destructivo como creativo. Y éste, para quienes sólo tienen conocimientos científicos, resulta recurrentemente algo sospechoso, la imaginación para ellos siempre lo es.

VIDEO SUGERIDO: Daniel Johnston “True Love Will Find You In The End” Video, YouTube (phreshbread)

Gracias a su obra única Johnston contó con el apoyo y la admiración de variadas personalidades del mundo de la cultura desde Matt Groening (creador de Los Simpson), Johnny Deep, Kurt Cobain y David Bowie.

Kobain (compañero de enfermedad y litio) incluso publicitó sus dibujos a través de estampados en las camisetas que utilizaba (la rana Jeremiah como ejemplo).

Mientras que Bowie lo invitó a actuar en el Meltdown Festival, del Queen Elisabeth Hall de Londres, Asimismo el Ballet de la Opera de Lyon le encargó al coreógrafo Bill T. Jones Love Defined, una pieza de 25 minutos para enmarcar seis de sus temas.

Los dibujos de este autor se han expuesto en la Whitney Biennnial y su obra pictórica continúa viajando de una galería a otra por todo el orbe. Entre las últimas se encuentran la de Londres, en la Aquarium Gallery, y la de New York en la Clementine Gallery.

Johnston (nacido en Sacramento, California, en 1961) se convirtió en ídolo de músicos, a su vez, y su trabajo fue apreciado por su falta de artificio y su innegable brillantez.

Más de 150 artistas han interpretado sus temas hasta el momento y hecho cóvers para diversos álbumes y tributos: comenzando por Beck, pasando por Wilco, Sonic Youth, hasta Beach House, Lucinda Williams, Pearl Jam y Tom Waits. Tal variedad heterodoxa por algo será.

De las primigenias y legendarias grabaciones caseras en cassettes de hace treinta años, Tape y Songs of Pain, hasta el soundtrack de Space Ducks, su primera novela gráfica, del 2012, la de Johnston fue una poesía traspasada por la experiencia de un dolor que hay que adivinar.

Un dolor que no fue tan físico sino uno que se duele mental y espiritualmente de lo que hay en la vida: una dura historia personal, marcada por la falta de amor, los conflictos familiares, el sufrimiento y los problemas psicológicos.

Por eso su lírica fue elegíaca, dramática, desgarradoramente bella. Hecha de palabras que raspan y arañan, para hablar de esas cicatrices existenciales que son como pequeños gritos de desesperación, sin alharacas, que agudizan nuestras propias incertidumbres.

Daniel Johnston falleció el 11 de septiembre del 2019.

VIDEO SUGERIDO: The Story of and Artist – Daniel Johnston (with Lyrics), YouTube (ladyBUGnotbird)

DANIEL JOHNSTON (FOTO 3)

 

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MIS ROCKEROS MUERTOS

Por SERGIO MONSALVO C.

MIS ROCKEROS MUERTOS 2019 (FOTO 1)

 (ABRIL-SEPTIEMBRE 2019)

 Ubiquémonos primero. Estamos en 1958, en el tiempo en que Elvis tuvo que ingresar al ejército y faltaban cinco años para el primer hit de los Beatles. Los Estados Unidos eran acosados por estrellas pop higiénicamente limpias y aptas para toda la familia. Sin embargo, en la población surcaliforniana de Balboa se sacudía el Rendevouz Ballroom con el primer concierto del guitarrista Dick Dale.

El público estaba formado por los amigos con los que Dale salía a surfear todos los días. “¡Oye! –le dijeron al terminar la presentación–. Eres lo máximo, ¡el rey! ¡Eres el rey de la guitarra surf!” Le gustó el título y se lo quedó. Dos meses después ya atraía al lugar alrededor de 4 mil personas. Así nació el sonido surf.

El guitarrista en realidad se llamaba Richard Anthony Monsour. Llegó a California con un carácter huraño y gustos musicales nada comunes. Por su padre libanés-egipcio estaba muy familiarizado con la música del Oriente Próximo; debido a la influencia de su madre polaca tampoco desconocía la animada polka.

El músico argumentaba que la música era sexo. Y su guitarra, el rugido del puma y el murmullo del océano. El sonido de la naturaleza salvaje. Eso era lo que buscaban los jóvenes surfistas del sur de California, bronceados aficionados a tal naturaleza que buscaban el contacto con los elementos y su rugido sonoro. Su música era producida por en un alto volumen debido a que Dale buscaba emular el sonido del océano y lograr que “los oídos de la audiencia sangraran”. Así lo hizo (favorecido en las últimas décadas por su inclusión en el soundtrack de Pulp Fiction) hasta que lo sorprendió la muerte el 16 de marzo del 2019, a la edad de 81 años de edad. Su legado continúa vivo.

VIDEO SUGERIDO: Miserlou – Dick Dale, YouTube (dreamcast1212)

Otra baja en el medio la significó su también contemporáneo Ray Sawyer, vocalista del grupo Dr. Hook & The Medicine Show. Reconocible rockero por su parche en el ojo (que había perdido tras un accidente automovilístico) y su destartalado sombrero de cowboy (ambas cosas le sirvieron de atuendo para emular al personaje de una película de John Wayne). Pero no sólo por eso. Siempre será recordado por su canto en la canción “The Cover of Rolling Stone”, el hit que encumbrara en 1972 a la banda y su humor mordaz.

MIS ROCKEROS MUERTOS 2019 (FOTO 2)

Sawyer nació igualmente en el año de 1937, en Alabama, adquirió tablas en el circuito rockero de la carretera. Se unió luego al grupo que lideraba el cantante Dennis Locorriere, Dr. Hook & The Medicine Show, con el que se volvió famoso por la mencionada canción además de otras como “Sylvia’s Mother”, “Only Sixteen”, “When You’re in Love with a Beatiful Woman” o “Sexy Eyes”. Desde los años ochenta se escindió del grupo y se enroló en el campo de la nostalgia bajo el nombre de Dr. Hook featuring Ray Sawyer, en el que se mantuvo hasta su deceso la madrugada del uno de enero del 2019, también a la edad de 81 años.

VIDEO SUGERIDO: Dr. Hook – The Cover of The Rolling Stone (and the Medicine Show: Live), YouTube (Eagle Rock)

MIS ROCKEROS MUERTOS 2019 (FOTO 3)

A mediados de 1966, Peter Tork (tras una temporada a la playa, antes de regresar a la universidad) fue llamado para comenzar a actuar en un proyecto televisivo nuevo para el que había hecho un casting. Era un show con propuestas fílmicas diferentes, avant-garde, para poner en la pantalla chica toda la nueva estética pop.

Tork había sido uno de los elegidos para integrar esa serie sobre un ficticio grupo de rock: The Monkees Show. La aparición de éste y del grupo en cuestión, el 12 de septiembre de 1966, resultó todo un fenómeno mediático que enriqueció los acervos de la cultura popular a perpetuidad.

Tork fue miembro de tal grupo (seleccionado de entre 400 aspirantes), que para finales de ese año ya contaba con dos éxitos musicales que con el tiempo se volverían clásicos: “Last Train to Clarksville” y, sobre todo, “I’m a Believer”, que cerró dicho maravilloso calendario como inconmensurable número uno.

MIS ROCKEROS MUERTOS 2019 (FOTO 4)

Lo de Keith Flint fue la imagen poderosa, ante todo. Ahí estuvieron sus piercings, su cuerpo tatuado, su pelo puntiagudo y teñido, sin embargo fue la mirada lo que más resaltó de él, tanto como su actuación escénica, apoyada por una voz estridente y plena de fuerza. Todos esos elementos convirtieron a Flint en el vocalista de Prodigy, uno de los grupos más admirados de la escena musical británica desde los años noventa.

En una rave party se conocieron Flint y Liam Howlett, intercambiaron materiales sonoros y de ahí surgió la idea de fundar un grupo, que adoptó el nombre de uno de sus sintetizadores favoritos. Con ello surgieron para una puesta en escena  del nihilismo autodestructivo, obsesionados en la búsqueda de una expresión original y auténtica a base de electrónica, techno y breakbeat hardcore, mezcla que fue su conducto transgresor. De esta manera Prodigy vendería 30 millones de discos a través de su historia. Una que pudo haber quedado truncada por el suicidio de Flint el 4 de marzo a los 49 años.

MIS ROCKEROS MUERTOS 2019 (FOTO 5 )

Dr. John, quien antes de graduarse en medicina vudú fuera Malcolm “Mac” John Rebennack Jr., nació en 1940 en Nueva Orleáns con el sonido de la música como fondo omnipresente: barrelhouse, junkie blues, funky butt, gut bucket y todo el jazz. Así creció este buen galeno, de día y de noche por las calles y los subterráneos llenos de prostitutas, proxenetas, ladrones y adictos, asimilando y consumiendo lo que aquel ambiente le ofrecía. Luego prefirió emigrar a California para evitar a la policía, llevándose el corazón y alma de Nueva Orleáns consigo.

Resultó natural, por lo tanto, que su disco debut Gris Gris, grabado en Los Ángeles, con un productor y músicos también nativos de su puerto natal, sirviera para llevarnos a él y a nosotros, sus escuchas, de regreso a sus raíces, pero con el añadido en su realización de una fuerte carga psicodélica muy ad hoc con los tiempos aquellos.

En cierto sentido se trató de la historia condensada de sus raíces. A partir de ahí y su postrer regreso, se pudo encontrar algo exclusivo de aquella ciudad en cada una de las piezas de todos sus álbumes (zydeco, rhythm and blues, blues, medicine shows, ritos vudú y el Mardi Gras, entre otros elementos), aderezado por los alcaloides lisérgicos y opiáceos que le proporcionarían nuevas rutas –interiores éstas– a una música ya de por sí viajera.

La música de Nueva Orleáns, tan sencilla como realista, se desarrolló así como la interpretó Dr. John en forma natural y gozosa en esos discos que se han convertido en clásicos de todos los tiempos. Dr. John falleció el 6 de junio del 2019  y su obra se ha convertido en un documento importante, además de testimonial.

Otros rockeros desaparecidos en estos meses del año fueron: Daryl Dragan (de Captain and Tennille), Paul Steven Ripley (The Tractors), Eric Haydock (The Hollies), Lorna Doom (The Germs), Chris Wilson (Crown of Thorns), Reggie Young (músico sesionista), Pepe Smith (músico filipino), Phil Western  (Download), Mark Hollis (Talk Talk), Scott Walker (The Walker Brothers), Wowaka (músico japonés), Roky Erickson (13th. Floor Elevators), Dave Batholomew (compositor), D. A. Pennebaker (cineasta y documentalista rockero) Daniel Johnston (rockero, cantautor, artista plástico), Eddie Money (cantautor), Ric Ocasek (líder de The Cars), Robert Hunter (poeta, letrista de Grateful Dead).

A todos ellos, gracias.

VIDEO SUGERIDO: The Prodigy – Firestarter (Official Video), YouTube (The Prodigy)

 

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DANIEL JOHNSTON

Por SERGIO MONSALVO C.

DANIEL JOHNSTON (FOTO 1)

 EL UNIVERSO DESGARRADO

Tiene 18 años y todo el futuro por delante. Ha fundado un grupo de rock de garage y viaja regularmente para presentarse en pequeñas salas de los estados vecinos al suyo. También sabe dibujar y cuenta con proyectos al respecto. Es en lo que va pensando ahora en esta avioneta que maneja un amigo suyo y lo conduce a él y los instrumentos al siguiente escenario. Van platicando al respecto. De repente todo se le nubla. Escucha dentro de su cabeza algunas voces, alarga la mano izquierda y arranca las llaves del switch del aeroplano. Después ya no se da cuenta de nada.

Del accidente salió vivo, pero no indemne. Su naturaleza lo atacó sin previo aviso. Daniel Jonhston fue, desde entonces, una víctima extrema de lo que los psicólogos llaman trastorno bipolar. Es lo que hace poco se conocía como un piscótico maniaco-depresivo y antaño simplemente como un “loco”.

Johnston recientemente llegó a los 58 años siendo un artista outsider de la música, del dibujo y del video.

Aunque su rendimiento a lo largo de tres décadas haya sido de altibajos y con una carrera de andar vacilante (con meses incluso sin poder salir de la cama por la depresión), no dejó de esforzarse para no perder creatividad.

Grabó más de una veintena de cassettes y CD’s, a pesar del constante e intenso acoso al que lo habían sometido sus “demonios”, manifiestos en The Devil and Daniel Johnston (2005), un documental dirigido por Jeff Feuerzeig sobre su vida y música.

La tradición humanística que había mantenido ciertos grandes modelos heredados del mundo greco-latino y en los que se encontraba exaltada la locura como una “furia” liberadora, pasó a convertirse en un tema exacerbante donde la agonía y el sufrimiento son parte del desasosiego por la eterna inarmonía del mundo.

DANIEL JOHNSTON (FOTO 2)

 

 

En contraposición con las ideas románticas de antaño, los médicos han dicho que en estos tiempos la locura ya no es considerada como cosa sagrada, sino exclusivamente como patología.

El médico-poeta alemán Gottfried Benn escribió que “se puede comprobar, estadísticamente, que en general el arte de los últimos cinco siglos es el ejercicio exaltado de psicópatas, alcohólicos, anormales, vagabundos, expósitos, neuróticos, deformes, tuberculosos, enfermos, etcétera: ésa fue su vida, y en las abadías, jardínes y panteones están sus bustos, y sobre ellos se alzan sus obras inmaculadas, eternas, flor y luz del mundo”.

Locura o los nombres que la medicina da a la enfermedad son etiquetas, a fin de cuentas, que no iluminan el enigma de la vida y que olvidan el hecho de que existe un sufrimiento tan destructivo como creativo. Y éste, para quienes sólo tienen conocimientos científicos, resulta recurrentemente algo sospechoso, la imaginación para ellos siempre lo es.

VIDEO SUGERIDO: Daniel Johnston “True Love Will Find You In The End” Video, YouTube (phreshbread)

Gracias a su obra única Johnston contó con el apoyo y la admiración de variadas personalidades del mundo de la cultura desde Matt Groening (creador de Los Simpson), Johnny Deep, Kurt Cobain y David Bowie.

Kobain (compañero de enfermedad y litio) incluso publicitó sus dibujos a través de estampados en las camisetas que utilizaba (la rana Jeremiah como ejemplo).

Mientras que Bowie lo invitó a actuar en el Meltdown Festival, del Queen Elisabeth Hall de Londres, Asimismo el Ballet de la Opera de Lyon le encargó al coreógrafo Bill T. Jones Love Defined, una pieza de 25 minutos para enmarcar seis de sus temas.

Los dibujos de este autor se expusieron en la Whitney Biennnial y su obra pictórica continúa viajando de una galería a otra por todo el orbe. Entre las últimas se encuentran la de Londres, en la Aquarium Gallery, y la de New York en la Clementine Gallery.

Johnston (nacido en Sacramento, California, en 1961) se convirtió en ídolo de músicos, a su vez, y su trabajo fue apreciado por su falta de artificio y su innegable brillantez.

Más de 150 artistas han interpretado sus temas hasta el momento y hecho cóvers para diversos álbumes y tributos: comenzando por Beck, pasando por Wilco, Sonic Youth, hasta Beach House, Lucinda Williams, Pearl Jam y Tom Waits. Tal variedad heterodoxa por algo será.

De las primigenias y legendarias grabaciones caseras en cassettes de hace cuarenta años, Tape y Songs of Pain, hasta el soundtrack de Space Ducks, su primera novela gráfica, del 2012, la de Johnston fue una poesía traspasada por la experiencia de un dolor que había que adivinar.

Un dolor que no era tan físico sino uno que se dolía mental y espiritualmente de lo que había en la vida: una dura historia personal, marcada por la falta de amor, los conflictos familiares, el sufrimiento y los problemas psicológicos.

Por eso su lírica fue elegíaca, dramática, desgarradoramente bella. Hecha de palabras que raspan y arañan, para hablar de esas cicatrices existenciales que son como pequeños gritos de desesperación, sin alharacas, que agudizan nuestras propias incertidumbres. Tal lírica hizo su último fundido el 10 de septiembre del 2019, día en que Daniel Johnston partió hacia su propia  dimensión, aunque algunos digan que ha muerto.

VIDEO SUGERIDO: The Story of and Artist – Daniel Johnston (with Lyrics), YouTube (ladyBUGnotbird)

DANIEL JOHNSTON (FOTO 3)

 

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BRIAN JONES

Por SERGIO MONSALVO C.

Jones, Brian & The Rolling Stones

 (50 AÑOS RIP)

Era uno de esos tipos de los que todo mundo sabe que no cumplirán los 70 años”, comentó Keith Richards lacónicamente después de la muerte de su compañero de grupo y rival de amores: Brian Jones. A pesar de la frialdad del comentario hacia alguien con el que había vivido el nacimiento y desarrollo primero de una leyenda musical, Richards tenía razón.

Pero empecemos por el principio: Brian Lewis Hopkin Jones nació el 28 de febrero de 1942 en Cheltenham, fue el dador del nombre para el grupo de los Rolling Stones (tomado de una canción de Muddy Waters) y en los comienzos se le consideró su líder.

Jagger y Richards lo descubrieron en abril de 1962 sobre el escenario del club Marquee, en Londres, donde el rubio de 20 años se presentaba como intérprete de la slide guitar y con el seudónimo de Elmo Lewis al lado de Alexis Korner. Se hicieron amigos y Mick y Keith lo admiraban desmedidamente, quien se declaró dispuesto a fundar junto con ellos su propio grupo de blues purista.

El departamento que los tres empezaron a compartir al poco tiempo, en Edith Grove, se convirtió en un convento del blues donde se vivió el dogma verdadero del género. Durante meses estudiaron los licks, las armonías y los riffs de sus ídolos estadounidenses. El 12 de julio de 1962 los entusiastas del género debutaron en vivo en el Marquee, por primera vez bajo el nombre de los Rolling Stones.

En aquello tiempos (1963), mientras Charlie Watts y Bill Wyman se mantenían al margen, Keith Richards se veía como un tipo desgarbado de cabello grasoso y Mick Jagger parecía casi pueril, Brian Jones, marcaba la diferencia. Era un joven encantador con buenos modales que siempre se vestía a la moda y tenía cierta tendencia a la excentricidad.

Era el prototipo del dandy rocanrolero: elegante, vanidoso, entregado a los excesos y lleno de pozos profundos. Ya había engendrado a varios hijos fuera de matrimonio, bebía como un cosaco, tomaba speed constantemente y se daba aires de diva caprichosa. Tal decadencia causó la ira del establishment, pero los fans lo celebraban como un ejemplo vivo de cómo salir de la triste normalidad.

Para los Stones fue su figura central hasta 1964. Determinó el rumbo del grupo, fungía como vocero y les daba el auténtico aire bluesero con su armónica y guitarra slide. No obstante, la influencia de Jones empezó a desvanecerse en cuanto se produjeron las primeras canciones de Jagger/Richards. A pesar de ello, la apreciación de que Mick, Keith y el mánager Oldham acabaron con él de manera sistemática es una tontería.

Brian Jones ya estaba acabado por esas fechas, lo cual tenía sus motivos: su consumo bárbaro de drogas, que a mediados de los sesenta lo convirtió en señero de una transformación social que para muchos, tuvo un final mortal. Al igual que su forma de ser: paranoica, complicada y supersensible.

Jones no tenía la capacidad de hacer frente al rudo negocio del rock, a las giras permanentes, a la vida a partir de una maleta, a los lambiscones y a los amigos falsos. Conforme perdía el control y la confianza en sí mismo se drogó cada vez más.

Fue el primer Stone que se vistió de terciopelo y seda y que con su camisa de olanes, sombrero y alhajas de fantasía desarrolló una imagen tan glamurosa y andrógina como años después lo harían Bolan o Bowie.

Para la película de Volker Schlöndorff, Mord und Totschlag (Asesinato, según la traducción al español), protagonizada por la novia de Jones, Anita Pallenberg, el músico compuso el soundtrack; sus capacidades musicales ahí parecían incólumes.

BRIAN JONES (FOTO 2)

En 1966 era aún imprescindible para los Stones como multiinstrumentista (tocaba todo instrumento de cuerdas, teclados y alientos, y a él se deben la cantidad de ornamentos musicales que aparecieron en los primeros discos del grupo), pero su estado mental y físico dificultaba cada vez más la colaboración: Jones llegaba muy tarde, completamente intoxicado o no llegaba.

Junto con Pallenberg y Richards se fue de vacaciones a Marruecos en 1967, donde se produjo el choque final: Pallenberg lo dejó para quedarse con Richards. Jones, de por sí vulnerable, se desplomó. Inició un tratamiento psiquiátrico y a la postre se le detuvo con drogas y enfrentó un juicio formal. Condenado a nueve meses de cárcel, el veredicto se cambió por tres años de libertad condicional.

A comienzos de 1969 Jones ya no era capaz de salir de gira con el grupo. En junio lo despidieron y se le permitió una salida honorable: pudo explicarle a la prensa que se habían separado por diferencias musicales. Más o menos un mes después murió ahogado en su alberca. Oficialmente se trató de un accidente, pero hasta la fecha su fallecimiento resulta misterioso: las declaraciones de los testigos se contradicen, el informe de la autopsia es poco claro, las huellas se borraron muy pronto.

Se supone que un tal Frank Thorogood, quien estaba renovando la casa de campo de Jones, posiblemente lo mató “sin querer” durante un pleito a golpes. Será difícil que se conozca toda la verdad. Y actualmente aún menos, debido al pésimo biopic que hizo  Leo Gregory (Stoned) al respecto.

Sea lo que fuere la causa de la muerte de Jones el 3 de julio de 1969 (el segundo miembro del Club de los 27), el comentario de George Harrison acerca de su triste fin quizá haya sido el más atinado: “No tenía nada que una porción extragrande de amor no hubiera curado”.

Ante la fatídica noticia, el grupo estaba conmocionado y en lugar de cancelar su próximo concierto en el Hyde Park londinense (de carácter gratuito), todos los miembros decidieron continuar y reformularlo como un homenaje a su ex compañero.

Tal concierto, más que una simple presentación, se convirtió en un evento histórico. Se calculó que medio millón de personas asistieron al mismo. Como abridores estuvieron King Crimson, New Church, y el  grupo más reciente formado por Alexis Korner.

Poco antes de que todos los Stones subieran al escenario, Mick Jagger, ataviado con un modelo de diseñador (conjunto de vestido y pantalones blancos, al igual que su novia de entonces Marianne Faithful) leyó fragmentos del poema “Adonais” del bardo británico Percy Shelley, en un emotivo homenaje a Jones después de que cientos de mariposas blancas se liberaran en el aire de verano.

Callad, que no está muerto ni dormido;

despertó ya del sueño de la vida.

Perdidos en visiones tempestuosas

y armados contra espectros sostenemos

contienda estéril y en delirio loco

el puñal del espíritu clavamos

en el vacío invulnerable. Sí.

Cruel despojos sepultos decaemos,

el temor y la angustia día a día

nos crispan y consumen, y esperanzas

friolentas cual gusanos hormiguean

en la entraña del barro que vivimos.

……….

Lo uno queda, lo vario muda y pasa.

La luz del cielo es resplandor eterno,

la tierra sombra efímera. La vida

cual cristalino domo de colores

mancha y quiebra la blanca eternidad

esplendorosa hasta que cae

a los pies de la muerte en mil pedazos.

Para encontrar lo que persigues, ¡muere!

¡Sigue la vía de todo lo que huye!

 VIDEO SUGERIDO: Rolling Stones –Paint It Black LIVE (1966), YouTube (Wil Per)

BRIAN JONES (FOTO 3)

 

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MIS ROCKEROS MUERTOS

Por SERGIO MONSALVO C.

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(ENERO-MARZO 2019)

Ubiquémonos primero. Estamos en 1958, en el tiempo en que Elvis tuvo que ingresar al ejército y faltaban cinco años para el primer hit de los Beatles. Los Estados Unidos eran acosados por estrellas pop higiénicamente limpias y aptas para toda la familia. Sin embargo, en la población surcaliforniana de Balboa se sacudía el Rendevouz Ballroom con el primer concierto del guitarrista Dick Dale.

El público estaba formado por los amigos con los que Dale salía a surfear todos los días. “¡Oye! –le dijeron al terminar la presentación–. Eres lo máximo, ¡el rey! ¡Eres el rey de la guitarra surf!” Le gustó el título y se lo quedó. Dos meses después ya atraía al lugar alrededor de 4 mil personas. Así nació el sonido surf.

El guitarrista en realidad se llamaba Richard Anthony Monsour. Llegó a California con un carácter huraño y gustos musicales nada comunes. Por su padre libanés-egipcio estaba muy familiarizado con la música del Oriente Próximo; debido a la influencia de su madre polaca tampoco desconocía la animada polka. Además, le encantaba Gene Kruppa, el baterista de Benny Goodman.

El guitarrista argumentaba que la música era sexo. Y su guitarra, el rugido del puma y el murmullo del océano. El sonido de la naturaleza salvaje. Eso era lo que buscaban los jóvenes surfistas del sur de California, bronceados aficionados a tal naturaleza que buscaban el contacto con los elementos y su rugido sonoro. Su música era producida por en un alto volumen debido a que Dale buscaba emular el sonido del océano y lograr que “los oídos de la audiencia sangraran”.

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El fabricante de instrumentos Leo Fender, entonces, abasteció a la comunidad con las obligatorias guitarras Stratocaster y con amplificadores provistos de aparato de eco ya instalado, los cuales resultarían característicos para dicho sonido. Fender produjo en aquella década una guitarra y un amplificador que pudo llegar los decibeles que Dale buscaba con sus interpretaciones. Esto representó un cambio significativo en la industria musical que más tarde fue aprovechado por nuevas bandas de rock.

Dick Dale, por su parte, había mezclado sus influencias con las melodías de sus padres; de esta manera, proporcionó a la música un exotismo auténtico que luego degeneraría en kitsch gracias al despiadado efecto de miles de grupos de música ligera. Entre 1958 y 1961, Dale tuvo varios éxitos a nivel local. En agosto de 1961 grabó “Let’s Go Trippin”, su hit más grande hasta ese momento, y de su primer álbum, Surfer’s Choice, se hicieron 80 mil pedidos anticipados. También en otras partes se le hallaba ya el gusto por el sonido del surf.

La ola se volvió incontenible. Por todas partes surgieron grupos con nombres como Rivingtons, Challengers, Nobles, Frogmen, Phantom Surfers, Bel-Airs y los atípicos y duros Trashmen.

En 1963, Dale alcanzó la fama nacional al interpretar el tema “Misirlou” en The Ed Sullivan Show, una melodía con influencias griegas y de Oriente Próximo. Por el camino abierto por él siguieron docenas de grupos de surf con convicciones semejantes, que rendían tributo al sonido speed instrumental enriquecido por el eco.

A la postre, cuando The Ventures lograron un éxito a nivel mundial con “Let’s Go”, en 1963, las compañías disqueras desde luego presentaron grandes cantidades de obras hechas al vapor, como la Capitol, por ejemplo, según la cual el surf era sólo un truco sin fondo.

La industria del esparcimiento, a su vez, se dedicó a abrir el mercado para la patineta y el esquí. Parecía que todo estaba dicho. No obstante, sin Dick Dale no hubieran existido los Ramones, los B-52’s, The Cramps ni Weezer o Supergrass, por sólo mencionar a algunos, y su influencia enriquecería la obra de Jimi Hendrix o Eddie Van Halen. La revista estadounidense Guitar Player, por ejemplo, denominó entonces a Dale como el “padre de la guitarra heavy metal”.

En 1990, su emblemática pieza revivió en Pulp Fiction, la cinta de Quentin Tarantino. “Tener Misirlou para la escena de apertura fue muy intenso. La música te decía que estabas viendo una película épica”, comentó el cineasta. Desde entonces, los famosos acordes han sido llevados a otras películas, anuncios y videojuegos. Dale se convirtió así en estrella de culto.

No es de sorprender que en todo el mundo haya nacido una ola nueva y más dura de surf. En el norte de Alemania, los Looney Tunes pusieron a rugir sus Fenders; los finlandeses de Laika & The Cosmonauts tuvieron éxito en los Estados Unidos; en Seattle, la etiqueta Estrus reunió a grupos como Man or Astro Man o The Go-Nuts; la IRS sacó así poco después la antología Pulp Surfin’.

¿Y el “rey de la guitarra surf”? Él, a finales de la década de los noventa, se encontraba celebrando el sonido con una gira por Europa y otras partes del mundo. Sin embargo, comenzó a padecer por distintos problemas de salud, los cuales lo llevaron a la muerte el 16 de marzo del 2019, a la edad de 81 años de edad, pero su legado continúa vivo.

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Otra baja en el medio la significó su también contemporáneo Ray Sawyer, vocalista del grupo Dr. Hook & The Medicine Show. Reconocible rockero por su parche en el ojo (que había perdido tras un accidente automovilístico) y su destartalado sombrero de cowboy (ambas cosas le sirvieron de atuendo para emular al personaje de una película de John Wayne). Pero no sólo por eso. Siempre será recordado por su canto en la canción “The Cover of Rolling Stone”, el hit que encumbrara en 1972 a la banda y su humor mordaz.

Sawyer nació igualmente en el año de 1937, en Alabama, adquirió tablas en el circuito rockero de la carretera. Se unió luego al grupo que lideraba el cantante Dennis Locorriere, Dr. Hook & The Medicine Show, con el que se volvió famoso por la mencionada canción además de otras como “Sylvia’s Mother”, “Only Sixteen”, “When You’re in Love with a Beatiful Woman” o “Sexy Eyes”. Desde los años ochenta se escindió del grupo y se enroló en el campo de la nostalgia bajo el nombre de Dr. Hook featuring Ray Sawyer, en el que se mantuvo hasta su deceso la madrugada del uno de enero del 2019, también a la edad de 81 años.

Otros rockeros desaparecidos en ese trimestre fueron: Daryl Dragan (de Captain and Tennille), Paul Steven Ripley (The Tractors), Eric Haydock (The Hollies), Lorna Doom (The Germs), Chris Wilson (Crown of Thorns), Reggie Young (músico sesionista), Pepe Smith (músico filipino), Phil Western  (Download), Scott Walker (cantautor), Mark Hollis (Talk Talk), Peter Tork (The Monkees) y Keith Flint (The Prodigy).

A todos ellos, gracias.

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TONY JOE WHITE

Por SERGIO MONSALVO C.

tony joe white (foto 1)

 (MIS ROCKEROS MUERTOS)

 Hay una forma de escuchar las canciones de rock que no consiste en admirar la técnica de los compositores sino en pensar en aquello que los hizo trascendentes: descubrir qué características los conformaron para formar parte de esa élite única de los buenos escritores de piezas que se convierten en parte de nuestra actualidad, de la historia del género, de la personal y de  la colectiva, finalmente.

En ese selecto cancionero hay temas sobre todas las emociones, y las letras de algunas nos gustan por su secreto atisbo de profecía, otras porque copian e iluminan las vivencias, personales o ajenas.

Unas llegan a nuestras vidas para que descubramos, experimentemos y comprendamos lo que allí se nos cuenta y las otras parecen inspiradas en nuestro propio acontecer desmenuzado –un conocimiento misterioso llegado por vericuetos mágicos, seguramente–. Al final, ambas formas parecen creadas y cantadas para cada uno de nosotros.

Mucha veces los musicólogos o historiadores del 4×4 las consideran parte del acervo (porque sus letras son de alta calidad literaria, o por sus aportaciones musicales), otras tantas ignoradas por lo mismo. De cualquier forma están ahí, y llegan para quedarse por motivos descubiertos o ignotos y pasan a formar parte esencial del soundtrack de nuestras vidas.

Ello se lo debemos a los trovadores contemporáneos. Sin embargo, a algunos ni siquiera los conocimos directamente sino a través de sus intérpretes. Una injusticia que ya no se repara sino hasta leer un obituario informado y sentido e ir a comprar alguno de sus discos para perpetuarlo. Uno de estos compositores que mejor mostró ese acercamiento a dicha realidad fue Tony Joe White.

Tony Joe nació el 23 de julio de 1943 como parte de una prole numerosa. Fue el benjamín de la familia. Su entorno fueron los campos de algodón de Oak Grove, en Luisiana (a los que les llegó a dedicar uno de sus temas). Una región regada por las aguas del río Mississippi. Así es que prácticamente en la puerta de su casa se empapó del country, del blues y del góspel que se cantaba en su familia.

Lo uno llevó a lo otro y al crecer y tocar en diferentes bandas para animar fiestas, resolvió que tenía que avanzar y se puso a escribir canciones donde hablaba sobre los personajes que conocía y situaciones que se daban en el Sur profundo, donde vivía. El semejante musical de la literatura gótica sureña (Erskine Caldwell, Carson McCullers, Flannery O’Connor y, por supuesto, William Faulkner, entre ellos).

En el río Mississippi, pues, radica el flujo canónico de su espíritu. De sus vertientes y trayectoria han surgido canciones, relatos e imaginería a los que White les dio carta cabal. Él fue producto de la mezcla musical creada en tal región, humedecida y nutrida de vida por los aires lodosos que la caracterizan. Es la llamada swamp music en sus diversas vertientes (del blues al funk, para desembocar finalmente en el swamp rock, un subgénero de prosapia procedente de aquella zona).

Una de las metas fundamentales de las canciones de White era decir algo acerca de la naturaleza humana en general. Así, tales obras revelaron desde sus comienzos, allá en los años sesenta, una cosmogonía tan cerrada como vasta, en donde las dimensiones históricas, metafísicas y existenciales del hombre se apoderan del oído y de la reflexión.

tony joe white (foto 2)

Al rock primigenio lo mezclaba con el country, el folk, el boogie o el soul y como compositor, cantante y guitarrista (también tocaba la armónica) le dio a la influencia de esta música y su entorno una dimensión mayor, como la del río de la cual emanaba. De ahí provino el canon virtuoso de su esencia. De sus cuencas y trayectorias surgieron cantos, formas y leyendas, referencias y crónicas, un mundo tan real y rústico como para atraer la atención de otros músicos y escuchas.

Así comenzó el desfile de nombres, tendencias y grandes discos en los que aportó canciones e influencia de manera imparable por las siguientes décadas, desde Elvis Presley a Tina Turner, pasando por Wilson Pickett, Ray Charles, Brook Benton, Dusty Springfield, Willie Nelson o Waylon Jennings, entre muchos otros.

Trasladado a Nashville para hacer carrera, grabó algunas cosas en 1967 con el sello Monument con el productor Billy Swann pero sin buenos resultados. Esos discos pasaron inadvertidos aunque tuvieran en su interior canciones como “Soul Francisco” y “Groupy girl”, de posterior relevancia y donde su profunda voz ordenaba la atmósfera precisa.

El reconocimiento le llegaría un par de años después, en 1969, con la pieza “Polk Salad Annie” que lo erigió como uno de los pioneros del swamp rock, aunque sus piezas, a partir de entonces, tuvieron mayor difusión en las versiones de grandes nombres, como el de Elvis Presley que integró aquel tema en su repertorio de actuaciones en vivo (igualmente le grabó la balada “I’ve a Thing about You”).

Sin embargo, el mayor éxito comercial de su carrera vino con la versión de “Rainy Night in Georgia” que hizo de tal canción Brook Benton, cantante de soul y rhythm & blues, en 1970. Interpretación tras la cual esa canción se volvió un clásico. Dusty Springfield, a su vez, llevó a su propio campo la pieza “Willie and Laura Mae Jones”.

Al abandonar el sello Monument, White firmó con Warner, una de las compañías grandes. Ahí realizó media decena de buenos discos, acompañado por excelentes músicos tanto de Memphis como de Muscle Shoals, bajo las órdenes de los productores Peter Asher, Jerry Wexler y Tom Dowd, muy interesados en la difusión del swamp rock (que ya contaba como estandarte  al grupo Creedence Clearwater Revival). Tony Joe obtuvo muy buenas reseñas pero lamentablemente apenas vendió discos. Y el contrato expiró.

Los Estados Unidos, para variar, ignoraban a uno sus más talentosos y originales compositores. Ante la falta de oportunidades, Tony Joe emprendió una gira sin fecha de retorno hacia Europa, donde su voz grave, su estilo rústico, maneras y repertorio fueron muy bien recibidos y de Francia a Suecia fueron certificados como auténticos (incluso Johnny Hallyday grabó con él algunos tracks en París).

De regreso en la Unión Americana obtuvo alguna participación cinematográfica en musicals y fue designado para emprender una aventura que resultaba muy difícil, el comeback de Tina Turner, para la cual escribió temas como “Foreign Affair”, “Steamy Windows” y “Undercover Agent For The Blues”. El espaldarazo fue definitivo para la reinstalación de la fabulosa cantante en los ochenta.

Su paso por Europa le abrió ese mercado, un contrato con Polydor en los noventa, y su integración a las giras de músicos como Eric Clapton o Mark Knopfler. En el siglo XXI lo que imperó en él fueron las grabaciones en vivo como solista o haciendo duetos con cantantes como  Lucinda Williams, Shelby Lynne o Emmilou Harris.

Sus discos más recientes, Rain Crow y Bad Mouthin fueron la demostración de que White seguía componiendo buenas canciones. Iba a emprender la enésima gira a sus 75 años cuando la muerte lo sorprendió en su casa de Tennessee el 24 de octubre del 2018. Ahora no queda más que tocar y tocar sus discos para recordarlo y que no se vaya del todo.

Gracias por tus canciones Tony Joe.

VIDEO SUGERIDO: Rainy Night in Georgia, YouTube (paganmaestro)

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