MIS ROCKEROS MUERTOS (OCTUBRE-DICIEMBRE 2021)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

OBI-2 OCT-DIC (ILUSTRACIÓN)

 

(OCTUBRE-DICIEMBRE 2021)

 

Hacia el final de otro año fatídico, siguieron sonando las notas que expresaron el duelo por los rockeros caídos en el cuarto trimestre del 2021. En octubre, la Parca pasó de puntitas, sin hacer mella, pero en noviembre y diciembre escogió a dos de ellos para llevárselos. El uno alejado estilísticamente del otro -ambos en la antípodas–, pero unidos por su pertenencia a un mundo que hace comunidad sin importar qué, aún en una realidad actual en constante confusión y temor. El rock volvió a sonar para despedir, para sanar, para recordar que debemos continuar…

Graeme Edge 1

Graeme Edge, el baterista cofundador de The Moody Blues en 1964, falleció a los 80 años de edad (11 de noviembre del 2021) en su casa de Florida, en los Estados Unidos. Su compañero de banda, John Lodge, escribió un mensaje con una referencia lírica a su canción “The Dream”, que coescribió con Edge: “’Cuando el águila blanca del norte vuela sobre nuestras cabezas’ … lamentablemente Graeme nos dejó hoy. Para mí, él era el Águila Blanca del Norte con su hermosa poesía, su amistad, su amor por la vida y su estilo ‘único’ de tocar la batería que era la sala de máquinas de los Moody Blues”.

Edge nació en la ciudad de Rocester, en Staffordshire, el 30 de marzo de 1941; su madre era pianista de películas mudas y su padre, abuelo y bisabuelo cantantes de music hall. Después de dirigir la Blue Rhythm Band local, se convirtió en miembro fundador de Moody Blues junto a Ray Thomas, Mike Pinder, Clint Warwick y Denny Laine.

Graeme tocó la batería en todos los lanzamientos de la formación original para la compañía Decca, que incluyeron una versión de “Go Now” de Bessie Banks, un éxito en las listas del Reino Unido y una serie de lanzamientos sin huella.

Edge colaboró con el grupo para hacer la transición hacia un sonido más progresivo con la partida de Laine y Warwick y la llegada de Lodge y Justin Hayward. El álbum Days Of Future Passed fue el primero de una serie épica de álbumes de rock experimental y señero, que aglutinaron poesía, folk, misticismo y otros elementos en una mezcla única.

Edge coescribió la letra de “Morning Glory” y del track “Late Lament / Resolvement” que cierra del álbum de 1967. Asimismo, escribió y narró el breve e introductorio “Departure” para el siguiente álbum: In The Search of The Lost Chord.

Este músico estuvo siempre presente en la batería y la percusión en cada lanzamiento de estudio posterior y en las exhaustivas giras del grupo, muchas de las cuales se centraron en l ámbito estadounidense. Continuaría contribuyendo con poesía y narración a los siguientes lanzamientos de la banda, escribiendo el instrumental rockero “Beyond” para To Our Children’s Children’s Children de 1969.

Graeme Edge 2

Sus otros créditos incluyen “Don’t You Feel Small” para A Question of Balance; “After You Came” para Every Good Boy Deserves Favor; y “I’ll Be Level With You” para la reunión de la banda en 1978, Octave. Su “Going Nowhere” fue en The Present de 1983 y “Nothing Changes” en Strange Times de 1999.

Durante el paréntesis que se tomó el grupo a mediados de la década de 1970, cuando todos los miembros se dedicaron al trabajo como solistas, el baterista formó la Graeme Edge Band y editó dos álbumes, Kick Off Your Muddy Boots de 1975 y Paradise Ballroom de 1977.

El histórico epíteto «conceptual» nunca tuvo más significado que con Moody Blues y su flemático sonido sinfónico, prototipo del rock progresivo. El uso de diversos instrumentos de cuerda, la sutil experimentación electrónica del Melotron, junto a la imaginativa variedad compositiva y bellos arreglos vocales, conjuntaron su bien ganada reputación de puntales del género, de los que Graeme Edge fue un ilustre miembro y el último fundador original.

VIDEO SUGERIDO: The Moody Blues – Days Of Future Passed (1967, studio Album) 07 THE NIGHT, YouTube (LUAN692)

Mike Nesmith 1

En un resquicio temporal de los años sesenta surgió del mainstream una propuesta musical distinta, original, bien construida entre las paredes de la reputada máquina creadora de hits llamada Brill Building y la fresquísima cultura pop: The Monkees.

Propuesta que se haría de un lugar, a base de calidad compositiva, entre todos los gigantes que nacían al parecer sin límite en la escena rockera.

La historia de este grupo es más que sabida. Un proyecto ideado para enfrentarlo a los Beatles y que la industria estadounidense apoyó con la mejor arma con que contaba: la televisión. Ésta dotó de anécdota al proyecto (con el ejemplo de A Hard Day’s Night de Richard Lester), además de dos conceptos extra: el humor y la ambientación pop.

Los productores hollywoodenses reunieron en torno a sí a buenos guionistas, directores y realizadores con argumentos y técnicas estilísticas novedosas y a una poderosa batería de noveles compositores de canciones procedentes del mencionado Brill Building (Carole King, Neil Sedaka, la dupla de Tommy Boyce y Bobby Hart y, sobre todo, Neil Diamond).

Y seleccionaron entre cientos de aspirantes a Mike Nesmith, Mickey Dolenz, David Jones y Peter Tork. La leyenda dice que ellos no cantaban ni tocaban los instrumentos, cosa que harían músicos de estudio. La realidad fue que a la larga ellos mismos serían los instrumentistas en las grabaciones.

Las muy bien escogidas canciones y el estudio de todos los detalles  dieron como resultado una auténtica receta para el éxito, así como ventas millonarias de sus cuatro primeros discos. Los Monkees se convirtieron al instante en el grupo más popular del mercado más grande del mundo: los Estados Unidos y de la infinidad de países que retrasmitieron la serie.

Hoy, generalmente cuando se habla sobre ellos se hace como si fuera tan sólo un grupo prefabricado y para derramar nostalgia sobre tiempos idos. Esto implica tratarlo sin la importancia que merece, no reconocerle la trascendencia cultural que tuvo como parte de la historia del género, del cancionero memorable, de los medios, con sus avances tecnológicos, y del pop como movimiento estético. Elementos cuyas implicaciones sociales se derramarían en muchos ámbitos.

En el 2021 falleció el tercer monkee: Mike Nesmith (10 de diciembre) Este músico consiguió incorporar varias piezas suyas a la lista de éxitos del grupo. Nesmith cuenta en este haber con tracks como los célebres “Mary, Mary”, «Tapioca Tundra» o “The Girl I Knew Somewhere”, firmadas por él.

En resumen, la buena cosecha de canciones del grupo representó un impacto potente y directo sobre el sonido sesentero en su continuo flujo de géneros. Las piezas de Mike Nesmith cuentan con la trascendencia atemporal de una dimensión y un valor que las ha hecho únicas e independientes de los ecos mediáticos.

Otros caídos en tal trimestre: RobbieShakespeare (del famoso dueto de Sly & Robbie, productores y sección rítmica afincados en el reggae y el dub, que colaboraron en cientos de discos de variada gente, incluyendo rockeros, murió el 8 de diciembre).

A todos ellos: ¡GRACIAS!

 

VIDEO SUGERIDO:  The Monkees – Mary Mary 1967 – YouTube (woolhat1)

Mike Nesmith 2

Exlibris 3 - kopie

MIS ROCKEROS MUERTOS: JULIO-SEPTIEMBRE (2020)

Por SERGIO MONSALVO C.

MIS ROCKEROS JUL-SEPT (FOTO 1)

(JULIO-SEPTIEMBRE)

Es fantástica la cantidad de crudeza emocional que contiene el blues. Y es precisamente esa crudeza el factor que ha permitido que lo mejor de la música negra haya rebotado de manera productiva en las cámaras de eco de la cultura media mundial desde fines de los años cincuenta.

La música negra es en esencia la expresión de una actitud o un cúmulo de ellas acerca del mundo, y de manera secundaria acerca del modo en que la música se produce. El músico blanco de blues vino a entender dicha actitud como una forma de vivir y de hacer música, y la intensidad de su entendimiento produjo —y sigue produciendo— la gran marea de ellos.

El fin del blues, como toda forma artística, es hacer partícipes a todos de sus emociones, y las voces inglesas lo han hecho a la perfección desde su acercamiento al género. Para la juventud europea, en particular de la Gran Bretaña, el atractivo de dicho género iba ligado, con la individualización que permitía, al concepto muy en boga de la persona que se ha formado a sí misma.

Bajo las circunstancias en las que vivía aquella zona del planeta, el blues actuó entonces como un detonador, exaltando la pasión que vegetaba en los adolescentes británicos que habían existido hasta ese momento con la rigidez moral heredada de la época victoriana y acendrada por la guerra; con un marcado decaimiento económico y una vida social constreñida por las restricciones que acarreaban los perjuicios duraderos de la sociedad inglesa. El origen social de algunos jóvenes británicos facilitó su orientación hacia el blues.

A los ingleses les gustaba la música y cantar, pese a la situación del país. Lo hacían a la salida del trabajo, de las escuelas, en las repletas mesas de un pub. Tocaban y cantaban canciones tradicionales y también las que llegaban de la Unión Americana, que aparecían por ahí en algún lado gracias a las jukeboxes.

Así se aficionaron por esos sonidos, por esa vitalidad y energía. Descubrieron a Muddy Waters, a Howlin’ Wolf, lo mismo que a Elmore James: o sea, el blues eléctrico de Chicago. Pero también se dieron cuenta de que podían tocarlo y cantarlo.

Todas aquellas noches les sirvieron para instruirse en los misterios del género y de su interpretación. Así fue como surgió el grupo Fleetwood Mac en 1967 (Peter Green, guitarra, voz y armónica; Mick Fleetwood batería; John McVie, bajo, Jeremy Spencer, voz, guitarra slide y piano), reunido por el baterista del mismo nombre y el bajista John McVie. Una poderosa sección rítmica que se había instruido y desempeñado en la academia de los Bluesbreakers de John Mayall.

Sin embargo, el nuevo grupo se sustentaba en las artes de otro egresado de tal escuela: Peter Green (guitarrista que había sustituido sin contratiempos a Eric Clapton en los Bluesbrakers, con los cuales había dejado la pieza “The Supernatural” en el disco A Hard Road para corroborarlo). Entre los cóvers de sus ídolos y piezas originales armaron en el temprano 1968 su primer disco, homónimo, en el que destacó su amor por el blues bajo la batuta del guitarrista.

Green era un intérprete que sobresalía por sacar las notas prístinas, transparentes y con una virtuosa austeridad. Era uno de los mejores guitarristas de blues que había producido Inglaterra. Sus riffs que cambiaban de forma y sus largas excursiones de improvisación hicieron de Fleetwood Mac una de las bandas en vivo más emocionantes de la explosión del blues británico.

“Tengo la corazonada de que el blues es mi único camino”, cantaba en “Looking for Somebody”. Y lo fue. Sus modelos habían sido Muddy Waters, Buddy Guy, B. B. King y, curiosamente, Han Marvin de The Shadows.

Entre aquel primer disco y el segundo: Mr. Wonderful, publicado hacia finales del mismo año, apareció el trackBlack Magic Woman” (de la autoría de Green) como sencillo, que los situaría popularmente.

MIS ROCKEROS JUL-SEPT (FOTO 2)

La pieza, que ya había tenido un antecedente estilístico en “If I Loved Another Woman”, se convirtió en influencia grande para muchos músicos posteriores (Gary Moore, Billy Gibbons y Carlos Santana, por mencionar algunos). El tema amplió los horizontes del blues-rock.

Green utilizaba la técnica del open tuning de los maestros blueseros originales (Robert Johnson, Mississippi Fred McDowell y Son House), seis cuerdas que abiertas formaban un acorde de sol, el famoso estilo “slide” rural cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos y que se tocaba con la ayuda de un cuello de botella, un bottleneck, ensartado sobre el meñique para ejecutar glissandos.

Este segundo disco fue grabado en vivo en los estudios de la CBS de Londres y, gracias a las distinciones obtenidas por el sencillo, la compañía les proporcionó mejores condiciones de grabación: un novedoso sistema de amplificación, a Mick Vernon como productor y la posibilidad de contar con instrumental de apoyo.

Y aunque Jeremy Spencer haya abusado del riff característico de Elmore James, el álbum es un testimonio de la aplicación de estos músicos en el aprendizaje del blues y sus vericuetos (a los miembros originales se agregó una sección de saxofones y los teclados de Christine Perfect).

El tercer disco de estudio de la banda se publicó al año siguiente. El título, Then Play On, fue tomado de una comedia de Shakespeare, Noche de Reyes, exactamente de la línea de apertura de uno de sus personajes, el Duque Orsino: “If the music be the food of love, then play on”. Fue el último en que participó Green.

De tal obra se extrajo el tema “Oh Well” como sencillo, el primero que entraría en las listas estadounidenses. La imagen que aparece en la portada, un hombre desnudo cabalgando sobre un caballo blanco, se extrajo de un mural llamado Mural de pinturas domésticas de 1901, hecho por el artista inglés Maxwell Armfield.

También fue el tiempo en el que Green enfrentó problemas de salud mental cada vez más graves, agravados por el uso de alucinógenos. Pronto dejó la banda, que después de él tomó una dirección diferente. Para entonces (1970) había saturado su sensible psique con ácido y comenzó a usar túnicas de monje y un crucifijo de madera. Había historias sobre sentirse poseído y haber experimentado Poltergeisten, lo que tuvo como resultado la pieza The Green Manalishi.

Ahí se rompió el delgado hilo entre la creatividad y la locura. Regaló todas sus pertenencias y sus guitarras y dejó que sus uñas crecieran tanto que no pudo tocar más, aunque quisiera. Aceptó trabajos como enfermero y sepulturero y cayó aún más en las oscuridades de su mente.

En la década de 1990, un cuarto de siglo después de su salida de Fleetwood Mac, Green realizo un comeback con el Splinter Group, en el que el guitarrista Nigel Watson se hizo cargo de la mayor parte del trabajo en la  guitarra. Más tarde actuó bajo el nombre de Peter Green and Friends.

No obstante conservar su brillo estilístico su presencia era nebulosa y lejana. Así se mantuvo con altibajos en el presente siglo. Hasta que el 25 de julio del 2020 la muerte lo sorprendió mientras dormía. Green tenía 73 años y una larga lista de temas maravillosos y una también larga de admiradores y discípulos entre los músicos.

Otros fallecidos en el trimestre: Charlie Daniels (Country-rock), Tim Smith (Cardiacs), Trini López (solista), Gienek Loska (polaco, Seven B, blues rock), Peter Starkie (guitarrista australiano), Lee Kerslake (baterista, Uriah Heep), Roy Head (rockabilly), W.S. Holland (baterista de Carl Perkins), Brent Young (bajista), Masayoshi Kobe (guitarrista japonés), Jimmy Winston (tecladista, Small Faces), Tommy DeVitto (guitarrista, Four Seasons) y Mark Stone (ex Van Halen).

A todos ellos: Gracias.

VIDEO SUGERIDO: Fleetwood Mac Peter Green – Black Magic Woman (Live Boston Tea Party) 1970, YouTube (rowfant123)

MIS ROCKEROS JUL-SEPT (FOTO 3)

Exlibris 3 - kopie

MIS ROCKEROS MUERTOS (2020)

Por SERGIO MONSALVO C.

OBI-2 (FOTO 1)

(ABRIL-JUNIO)

La pandemia que ha azotado al mundo durante el 2020 remite al tema de la fragilidad de nuestro cuerpo. Hemos vivido en todos estos días, semanas y meses, en un pronunciado riesgo de muerte, y a pesar de ello aún se continúa  desperdiciando buena parte de la existencia en futilidades. Pero, ¿cuál es la causa de ello, la de desaprovechar el tiempo y/o a malgastarlo?

El ser humano sigue teniendo esa vana idea de vivir como si lo fuera a hacer siempre y no dispusiera ni de un instante, ni del espacio, para reflexionar sobre la mortalidad, una realidad que en estos días ha aflorado cada vez con más potencia y nitidez. Un poeta como Rilke sí lo hizo en su momento, y se planteó tanto la pregunta como la respuesta: “¿A qué viene la gente al mundo? Yo diría que viene a morir”.

Y ello le tocó a otro puñado de músicos, que en orden de desaparición comenzó con Hal Willner (7 de abril). Willner, un talentoso y poliédrico productor, nacido en Filadelfia en 1956, que supo hacer del sonido una paleta de pintor. Y con ella pintó la evocación y el tributo, el testimonio y la legitimación. Y lo hizo a través de diversos medios y géneros musicales: la grabación de estudio, la cinematografía, la televisión y los eventos en vivo. La lista de su trabajo es amplísima y variada. La cultura del rock le debe varios de sus tesoros más preciados:  ​la interacción con William Burroughs, Lou Reed, Marianne Faithful, Lucinda Williams, Laurie Anderson, Allen Ginsberg, Todd Rundgren, entre ellos.

OBI-2 (FOTO 2)

Así se pudo leer: “Con la desaparición de Christophe –el 16 de abril– la canción francesa pierde una parte de su alma, pero el azul agridulce de sus canciones es indeleble”. Con este mensaje en su cuenta de Twitter, el ministro de Cultura francés, Franck Riester, despidió a uno de los ídolos musicales de su país. Christophe nació en Juvisy-sur-Orge en 1945 y Daniel Bevilacqua fue su verdadero nombre.

“Como cantante Christophe estuvo por debajo en índice de popularidad de compatriotas como Johnny Hallyday, Sylvie Vartan o Serge Gainsbourg. Sin embargo, únicamente por su canción Aline, este personaje ya tiene su página relevante dentro de la canción popular europea. Publicada en 1965, Aline vendió un millón de ejemplares y fue número uno en Francia y Bélgica”. En el resto del mundo sirvió para aprender francés en las clases del idioma.

lorian Schneider (flautas, sintetizadores, violín eléctrico), por su parte, murió el 30 de abril. Él, junto con Ralf Hütter (órgano eléctrico, sintetizadores), creó Kraftwerk en 1969 en Düsseldorf. En aquel tiempo tal zona industrial por excelencia de Alemania se ubicaba lejos de los centros de influencia de la psicodelia o del country rock, por lo que el grupo no tardó en ponerse a experimentar con las primeras cajas de ritmos, así como con los primeros sintetizadores.

En este grupo, los instrumentos se mezclaron con un entramado electrónico denso y áspero hasta transformarse por completo, en temas largos que formaron texturas y ambientes ideales. El grupo ha propuesto desde su fundación una proyección a futuro, sin religiosidad y sin noción de viaje galáctico. Sólo una correcta utilización de la moderna tecnología. Su música es rítmica, directa, mecánica y repetitiva, con elementos de collage al modo expresionista. Adiós Florian y que reencarnes en robot.

OBI-2 (FOTO 4)

Tony Allen, nacido en Nigeria en 1940, fue piedra fundamental en el ritmo del afrobeat, casi más un pálpito que un mero compás, “Esa música era inconcebible sin él”, dijo Fela Kuti el fundador de ese movimiento que revolucionó la música africana en los años setenta y la redimensionó para siempre. Este baterista, murió en París a los 79 años, el 30 de abril.

Fue uno de los músicos más virtuosos y admirados no sólo en el continente africano, sino entre jóvenes rockeros de toda estirpe. Formó parte de The Good, The Bad and The Queen junto a Damon Albarn (Blur), Paul Simonon (Clash) y Simon Tong (ex del grupo The Verve). El grupo capturó el zeitgeist de una Inglaterra aún ensombrecida por la guerra de Irak y a punto de sumergirse en la recesión económica, Folk inglés contemporáneo, lo definieron. Allen fue parte importante de ello.

A todos ellos: Gracias.

VIDEO SUGERIDO: Gorillaz – Tranz (Official Video), YouTube (Gorillaz)

 

Exlibris 3 - kopie