68 rpm/4

Por SERGIO MONSALVO C.

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Entre el grupo de jóvenes blancos de Chicago que descubrieron un mundo de música en su propio patio estaba Mike Bloomfield (nacido en 1945). Un muchacho zurdo que aprendió rápidamente a tocar la guitarra. Se integró a la corriente rocanrolera de su generación a los 15 años, tocando en grupos para amenizar bailes.

Entonces, con la curiosidad de un tipo que quiere conocer su oficio desde las bases, se dio a la tarea de buscar en los barrios bajos de Chicago a los auténticos intérpretes del blues urbano. Vagó por los bares y los sitios donde se reunían los fanáticos del blues y frecuentó con asiduidad el ambiente de los blueseros negros.

A los 18 años formó The Group, una banda que acompañó a Big Joe Williams por un año aproximadamente. Fue acompañante también de Muddy Waters, Howlin’ Wolf, Buddy Guy, Otis Rush, Big Walter, Junior Wells y varios músicos más: “Había que pegarse a los blueseros —diría a la postre Bloomfield—, tocar con ellos más y más. Trascender la calidad de blanco, si se quería absorber la música. Toqué en algunos sitios de Chicago donde no se había visto a un blanco desde hacía años.”

Por 1964, Paul Butterfield, otro músico blanco de gran arraigo en Chicago, iba a grabar un disco y necesitaba que alguien tocara la guitarra slide. Bloomfield hizo la prueba y grabó con él. Tras el buen acoplamiento, Paul le pidió que se integrara a la recién formada Butterfield Blues Band. La presencia de un guitarrista como Bloomfield tuvo mucho que ver con la modernidad de la misma.

Al amparo de largas improvisaciones, como la del disco East-West de 1966, Bloomfield llegó a aportar al grupo un clima muy propio del blues y su eterna preocupación personal por la búsqueda de nuevos sonidos y la utilización de fraseos guitarrísticos novedosos. De este modo, su manera de tocar la guitarra anunció muchos desarrollos posteriores del blues-rock, como el de la fusión. Un progresismo firmemente cimentado en las vertientes musicales negras.

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A LONG TIME COMIN’

ELECTRIC FLAG

(Columbia)

En la búsqueda de los caminos que su inquietud le marcaba, el ya considerado un guitarrista genial fundó en 1967 al grupo Electric Flag, que contó entre sus miembros a Harvey Brooks, Nick El Griego, Buddy Miles y Barry Goldberg, entre otros. La tendencia de la banda se inclinó un poco hacia el jazz e inició con ello la corriente de fusión (el blues-rock experimental) que posteriormente se reafirmaría con otros grupos.

La llamada fusión era en aquella época una combinación de jazz con rock y/o funk/soul (hasta los años ochenta se le denominó jazz-rock). Para la mejor comprensión de ello hay que remontarse a este año precisamente, cuando aparecieron los pioneros de tal música.

Algunos jazzistas se sentían atraídos por el rock, así que de manera cuidadosa empezaron a experimentar con él. Del lado jazzístico, el disco Bitches Brew de Miles Davis y la fundación del grupo Lifetime por Tony Williams por lo general se consideran como el principio oficial de la fusión.

Por el lado del rock apareció Electric Flag con Bloomfield al frente, cuyos compañeros de grupo posteriormente se convertirían también en líderes de banda. Los músicos de rock y jazz involucrados en todos estos proyectos pueden anotarse, pues, como la primera camada del género.

El disco A Long Time Comin’, es de una frescura envolvente. Una ventana abierta a un amplio horizonte que trae nuevos vientos. A pesar de haber sido un grupo fugaz, dejó algunas piezas que serían piedra de toque para futuras formaciones bajo dicho signo: “Groovin’ is Easy” (de Gravenites), “Texas” (de Bloomfield y Miles), “Sittin’ in Circles” (de Barry Goldberg) o “Killin’ Floor” (una versión de Howlin’ Wolf).

La fusión combinó, desde entonces, sobre todo la libertad y la complejidad del jazz con el carácter más directo y agresivo del rock (con sus vertientes blueseras, del soul y del funk). La música tuvo éxito entre el público de ambos campos. Bloomfield abandonó la banda ese mismo año en busca de nuevas aventuras musicales.

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 Personal: Mike Bloomfield, voz y guitarra; Buddy Miles, voz y batería; Barry Goldberg, teclados; Harvey Brooks, bajo; Nick Gravenites, voz y guitarra, Herb Rich, órgano, sax barítono, guitarra y coros; Michael Fanfara, teclados; Marcus Doubleday, trompeta; Peter Strazza, sax tenor; Stemsy Hunter, sax alto. Portada: Foto de Jim Marshall.

The Electric Flag (feat.Mike Bloomfield) – “Going Down Slow” & “Killing Floor” 1968

Graffiti: “Somos demasiado jóvenes para esperar“.

68 rpm/3

Por SERGIO MONSALVO C.

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Si aquel año fue candente en lo sociopolítico, el talante dionisiaco del 68 igualmente se opuso al orden sexual que reinaba en la sociedad conservadora. Y ahí fue encendida otra hoguera fundamental desde el sexo, gracias al movimiento de liberación de la mujer, que literalmente se quitó el sujetador y usó la píldora: nada de timideces o de aguantarse el sexo hasta la boda. Con su complicidad fueron reventados los diques del tradicionalismo y se pudo hacer el amor igual que la revuelta.

De ello dio poética cuenta Van Morrison en su L.P. Astral Weeks. En él su voz desgrana historias, melancolía, resonancias emanadas de lugares idílicos. Los jóvenes querían en el 68 hacer la revolución, pero también buscaban un rincón en la noche, el tiempo verdadero, para amarse.

Es lo que cuenta Van en “The Way Young Lovers Do”, una de las ocho canciones que componen el álbum. La noche para amarse, y para voltear hacia el firmamento nocturno y soñar en lo que se es y en lo que habrá uno de convertirse.

En tal obra hay mucho folk-rock: rasgueos de guitarras acústicas, flautas y violines, arreglos de cuerda y metal, un majestuoso contrabajo. El músico irlandés, su creador, estaba en Nueva York, en el puro vértigo, grabando ese disco en dos días.

Pudo visitar a su amigo, el pintor Cecil McCartney (también irlandés), cuyos lienzos en ese momento se encontraban imbuidos en las proyecciones astrales. De ahí le vino la inspiración al cantautor para el título del disco y del tema abridor.

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ASTRAL WEEKS

VAN MORRISON

(Warner Brothers)

La principal razón por la que Van “The Man” Morrison (también llamado “León de Belfast”), impuso su poesía y su visión a partir de éste su segundo disco radica en que ningún otro cantante era capaz de irradiar tanto como él en ese entonces (con un cosmos musical de creación propia). La segunda razón es que sería difícil encontrar a otro intérprete blanco que lo superara en flexibilidad vocal y ritmo.

El virtuosismo vocal (sobre todo en presencia de influencias jazzísticas) su exaltación y sus argumentos, son la celebración de la vida errante y de la radio, las emisoras de rock y rhythm & blues que Van escuchaba de pequeño, en Cyprus Avenue, y su mantra central se refiere a una conexión con la platónica “música de las esferas” pitagórica, de la que se hablaba mucho en aquellos días.

Todo el material que compone el álbum suena lleno de fervor. La combinación de dichas cualidades se aprecia grandemente en él. Una bella mezcla de folk, blues, jazz y soul (celta), dotada de una orquestación ad-hoc. Aquí se encuentra el Van Morrison excelso, un digno heredero de las letras irlandesas con el que W.B. Yeats intercambiaría cosmogonías de manera gustosa.

El escritor austriaco Peter Handke dijo acerca del cantautor: “A él lo seguiré hasta el final de los días, los míos o los suyos. Lo he seguido siempre. Es imposible no creer en el sentimiento de algo cantado por él. Sus canciones crean absolutas epifanías: acontecimientos que consisten en mantenerse atento; en percatarse de las cosas; en ser abrazado y atrapado por un sol suplementario, por un viento refrescante, por un acorde silencioso, dulce, que afina y pone de acuerdo todas las disonancias”.

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Personal: Van Morrison: voz y guitarra rítmica; Jay Berliner, guitarra; Richard Davis, contrabajo; Connie Kay, batería; Warren Smith Jr., percusión y vibráfono; Barry Kornfeld, guitarra en “The Way Young Lovers Do”; Larry Fallon, clave en “”Cyprus Avenue”, John Payne, flauta en “Astral Weeks” y sax soprano en “Slim Slow Slider”.

Portada: La foto de Van Morrison incluida en la portada del álbum fue tomada por Joel Brodsky. El círculo adscrito al cuadrado de la misma simboliza místicamente, según el autor, la unión de los opuestos: “el sagrado matrimonio entre el cielo y la tierra”.

Van Morrison – The Way Young Lovers Do (Fillmore West, CA, 26 April 1970), YouTube (Apostolis Giontzis)

Graffiti: « Haz el amor, no la guerra »

68 revoluciones por minuto (rpm)/1

Por SERGIO MONSALVO C.

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 El de 1968 fue declarado oficialmente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el Año Internacional de los Derechos Humanos. Fue una año bisiesto. Sin embargo, para la historia social del mundo y para su memoria fue el año de la revuelta. Ésta se dio por doquier, con resultados ambivalentes en sus diversos escenarios. Dicha circunstancia tuvo en la música su pulso y su sonoridad, su soundtrack: 68 revoluciones por minuto (rpm).

El profesor británico Tony Judt (Londres, 1948-Nueva York, 2010), el más reconocido historiador del siglo XX a nivel mundial, escribió lo siguiente en su libro Postguerra: “El contenido de la música popular en aquellos años era muy importante, pero su estética contaba aún más. En los sesenta la gente prestaba una atención especial al estilo. La novedad de la época fue que éste podía sustituir directamente al contenido. Se trataba de una música que se rebelaba en su tono, se amotinaba. La música, por decirlo así, protestaba por uno”.

Por su parte, Hector Zazou, el artista de la vanguardia y la experimentación tanto de la música como del performance y del video, además de partícipe del mayo francés del 68, reflexionó en uno de sus libros sobre la estética sonora: “Cuando yo era adolescente, igual que mis amigos universitarios, escuchábamos el rock y lo cantábamos fuerte en nuestras barricadas callejeras. Desde entonces he oído nuevos discos durante décadas, sin olvidar aquellos temas, y nunca dejo de preguntarme lo mismo: ¿Qué hay tan fuerte, tan auténtico, en la música de los años sesenta para que se puedan sentir aún hoy sus grandes ecos?”.

La respuesta a esa pregunta es que no hay movimiento alguno sin banda sonora, sin soundtrack. Es decir, ninguna corriente sociopolítica, ninguna acción cultural, ningún levantamiento de voz en el ámbito que sea tendrá significancia o trascendencia si no es acompañado, envuelto y avalado por una música característica.

Los discos que a la postre serían clásicos y emblemáticos de ese año de definiciones, estilos, creación de géneros, corrientes, movimientos y revoluciones grandes y pequeñas hicieron de dicho lapso en el tiempo un hecho histórico irrepetible, el cual comenzó en enero con dos buenas noticias: el segundo trasplante satisfactorio de corazón humano realizado en Sudáfrica y en Checoeslovaquia el inicio de La Primavera de Praga. La revuelta brotaría aquí, allá y en todas partes en el mundo durante los siguiente meses. La sonoridad de aquellos días aún reverbera en la bitácora humana.

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ANTHEM OF THE SUN (1)

GRATEFUL DEAD

(Warner Brothers)

El segundo L.P. de Grateful Dead, Anthem of the Sun, sería un pastiche aural con numerosas fuentes estéticas que pusieron a la improvisación (psicodélica) como fin y como medio. La insatisfacción generalizada de los miembros del grupo con su debut discográfico de 1967 impulsó la búsqueda de un método de trabajo que yuxtapuso refinadamente los inspirados momentos de las actuaciones en vivo con el trabajo de estudio.

En tal mixología ácida incorporaron a su carisma y conceptualización a Robert Hunter como letrista; a Mickey Hart como segundo percusionista; las enseñanzas de John Cage y el uso de un variado instrumental alternativo, todo lo cual matizó la experimentación musical de sus largas jams y canciones hipnóticas. Este disco “es un producto de las alucinaciones”, diría al respecto Jerry García, el líder de esta banda de San Francisco.

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Personal: Jerry García, guitarra principal, guitarra acústica, kazoo, voz; Bob Weir, guitarra rítmica, guitarra de 12 cuerdas, guitarra acústica, kazoo, coros; Ron “Pigpen” McKernan, órgano, celesta, claves, coros; Phil Lesh, bajo, trompeta, harpsicordio, kazoo, piano, timpani, coros; Bill Kreutzmann, batería, percusiones, gong, campanas, crótalos, piano preparado, címbalos; Mickey Hart, batería, percusiones, gong, campanas, crótalos, piano preparado, címbalos, y Tom Constanten, piano preparado, piano y grabaciones electrónicas. Portada: “Anthem”, ilustración de Bill Walker.

Grateful Dead – Alligator 1968-01-22, YouTube (AlligatorWhine)

Graffiti: “Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar”
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