Además del sexo, las drogas y los cortes de pelo, la muerte ha dado el tono para el rock desde sus comienzos. Y tanto como otras decenas de aspectos cualquiera, vincula a Elvis Presley con los Rolling Stones, los Beatles, los Sex Pistols, Joy Division, Nirvana, Frightened Rabbit o Prodigy.
El rock sigue vivo, pero muchos de sus dirigentes puntales no. La mayoría han muerto jóvenes y algunos, tristemente, en condiciones absurdas: víctimas del abuso de las drogas y el alcohol, en accidentes automovilísticos y aéreos, por depresiones severas, suicidios y por otras causas inimaginables. Es ya una tradición añeja dentro del género.
Pero, ¿cuándo y de qué manera entró la muerte en la temática del rock, y cuál ha sido su quehacer desde entonces?
*Fragmento del ensayo “Elvis, en el corazón de las tinieblas”, que forma parte del libro Al Compás de La Parca (La Muerte en el Rock), publicado por la Editorial Doble A, y de manera seriada online a través del blog Con los audífonos puestos.
VIDEO SUGERIDO: Elvis Presley Heartbreak Hotel Live (1956), YouTube (John56517)
La música en video surgió a fines de los años setenta como un medio para promover a las estrellas populares. La estación MTV, fundada en 1980, se dedicaba al rock, y BET –fundada alrededor de 1984– al soul, aunque ambas incluían presentaciones ocasionales de jazz, con un estilo algo insípido. Algunas excepciones notables fueron los videos del cantante y guitarrista de rock Sting, entre cuyos acompañantes figuraban Kenny Kersey y Branford Marsalis (1985-1986), así como la versión bop del propio Marsalis de «Royal Garden Blues» (1987).
Al erigirse en negocio lucrativo la producción y distribución de videos pregrabados y diseñados para el consumo casero, fueron puestas a disposición del público muchas películas originalmente filmadas para el cine o la televisión, así como compilaciones de soundies y telescripciones. Entre ellas estaban The Last of the Blues Devils, Count Basie Live at the Hollywood Palladium, Born to Swing, After Hours, Playboy Jazz Festival y The Sacred Music of Duke Ellington. El video parece brindar una oportunidad de oro al jazz y los músicos del género.
Al comienzo de la era sonora, los estudios de Hollywood comprendieron que una canción popular podía ayudar en la promoción de una película. Estas asociaciones aparecieron en varias de las primeras producciones, notablemente Ramona (1928), Coquette (1929), Glad Rag Doll (1929) y I Cover the Waterfront (1933). La pieza «St. Louis Blues» de W. C. Handy fue empleada en un sinnúmero de cintas y se convirtió en un leitmotiv para los personajes de moral dudosa.
Como ejemplos de lo anterior también sirven Safe in Hell (1931, First National-Warner Bros., dirigida por William Wellman), durante una escena en la que la dueña de un burdel le habla por teléfono a una prostituta, mientras la cámara lentamente sube por su pierna al compás de la pieza; Dancers in the Dark (1932, Paramount, dirigida por David Burton), en la que un gángster interesado en una fichera pide «St. Louis Blues» cada vez que la visita en su lugar de trabajo; y The Way of All Flesh (1940, Paramount, dirigida por Louis King), en la que se pone énfasis en la paulatina caída en deshonra y degradación de un respetable empleado de banco durante una escena en un speakeasy, donde un grupo de jazz compuesto por negros toca blues al fondo, acompañado por el descorche de las botellas de champán.
La práctica de utilizar el jazz en soundtracks a fin de intensificar el drama desarrollado en la pantalla y ayudar a ubicar el momento del relato se generalizó en los cincuenta. Panic in the Streets (1950, 20th Century-Fox, dirigida por Elia Kazan) fue filmada en Nueva Orleáns y trata de la desesperada búsqueda llevada a cabo por un médico de un criminal fugitivo, de quien se sospecha que es portador de la peste bubónica.
Gran parte de la música fue producida ex profeso por jazzistas como Ziggy Elman, Eddie Miller, Teddy Buckner y Benny Carter, y cada pieza capta el sabor del ambiente en el que tiene lugar la acción; se utiliza de manera efectiva blues, boogie-woogie y dixieland, como la música lógica producida por rockolas, el radio y un grupo que toca en un restaurante.
Entre las películas posteriores que utilizan grabaciones comerciales de jazz como música de ambiente figuran Carnal Knowledge (1971, Avco Embassy/Icarus, dirigida por Mike Nichols), en la que «Moonlight Serenade», «Tuxedo Junction» y «String of Pearls» –todas de Glenn Miller– evocan los tiempos universitarios de los dos protagonistas.
Por su parte, Save the Tiger (1972, Paramount, dirigida por John G. Avildsen), cuenta en su narración con piezas de época como «Air Mail Special», «Stompin’ at the Savoy» y «I Can’t Get Started»; y Paper Moon (1973, Paramount, dirigida por Peter Bogdanovich), en la cual la música participa mucho en fijar la era en que se ubica la historia, con piezas como «The Music Goes ‘Round and Around» de Nat Gonella, «Mississippi Mud» de Paul Whiteman, «Georgia on My Mind» de Hoagy Carmichael y «After You’ve Gone» de Tommy Dorsey.
Raging Bull (1980, Universal-International, dirigida por Martin Scorsese) emplea una increíble gama de música nostálgica para dar su sabor especial a la película, incluyendo «Drumboogie» (Gene Krupa), «Jersey Bounce» (Benny Goodman), «Frenesi» (Artie Shaw), «Big Noise from Winnetka» (Bob Crosby), «I Ain’t Got Nobody» (Louis Prima) y «Stone Cold Dead in the Market» (Louis Jordan y Ella Fitzgerald).
Mismas a las que Woody Allen recurre en forma consistente a grabaciones originales de época como forma de ubicar sus relatos en el momento apropiado; películas como Annie Hall (1977), Interiors (1978) y Stardust Memories (1980) emplean de manera abundante y eficaz las grabaciones exitosas de big bands y de instrumentistas estelares y de renombre mundial.
VIDEO SUGERIDO: Annie Hall Official Trailer #1 – Woody Allen Movie (1977) HD, YouTube (Movieclips Classic Trailers)
Alguna vez el fotógrafo húngaro Brassaï (Gyula Halász, 1899-1984) dijo que “no se pueden atrapar las cosas de la vida, la vida misma, a través del realismo o del naturalismo, únicamente podemos hacerlo por medio de los sueños, los símbolos o la imaginación”. La serie “Gloves” posee algo de todo ello. Son fotos- partículas en las que el tiempo ha quedado detenido.
La serie es un intento de narrativa y una sucesión onírica de imágenes tan ordinarias que rompen lo lineal de la realidad para confrontarla. Los objetos atrapados ahí son como un paréntesis misterioso en medio de la cotidianidad. Entre dos hechos: un momento de súbita iluminación, un gesto único, una señal, un aviso enfocado por el guiño de una prenda.
Tales objetos huérfanos están, además, faltos de grandilocuencia, de sucesos importantes, de anécdotas colectivas. Sin embargo, resultan un indicador de que hay o hubo vida. Representan momentos intrascendentes, insustanciales, donde lo anodino es precisamente lo más sustancial de la vida, en tanto que la nutre a la hora de tratar de recordar lo distorsionante y sin glamour de un olvido, de un descuido. Los mostrados aquí son unos pequeños objetos perdidos y dispersos, y acaso con una historia que contar.
GLOVES 1/CRUZAR EL CAMINO
Gloves 1 – Cruzar el camino
Atravesar
con vigor
e intuición
hacia otra ruta
GLOVES 2/CATCH THE SUN
Gloves 2 – Catch The Sun
Atraparlo
para comprobar
si hay en él
un lugar para cada uno
GLOVES 3/GOTCHA!
Gloves 3 – Gotcha!
La sensación de sentirse
descubierto al descubierto
con ansias de diluirse
GLOVES 4/LES FEUILLES MORTES
Gloves 4 – Les Feuilles Mortes
Recordar
cómo se llaman
y ponerles un nombre
como a las hojas muertas
GLOVES 5/CAPTURED
Gloves 5 – Captured
Atreverse a abrir
para inquietar
esa vida
con lo inesperado
GLOVES 6/LOST
Gloves 6 – Lost
Perderse
con el fin
último
de reencontrase
GLOVES 7/MISTY BLUE
Gloves 7 – Misty Blue
Cuidar que el
pensamiento
no lo convierta
en bruma
GLOVES 8/ASPHALT FLOWER
Gloves 8 – Asphalt Flower
¡Atención!
Lo inesperado
brota por ahí
de vez en cuando
GLOVES 9/IN FOCUS
Gloves 9 – In Focus
Recordar
que todo
es cuestión
de enfoque
GLOVES 10/IN THE DARK
Gloves 10 – In the Dark
La oscuridad
siempre
puede iluminarse
con palabras
GLOVES 11/TO BE AROUND THE BUSH
Gloves 11 – To Beat Around the Bush
Ahuyentar
las indecisiones
sin derrochar
el tiempo
GLOVES 12/THE ASCENT
Gloves 12 – The Ascent
Visto así
el ascenso
por supuesto
tendrá la voluntad
GLOVES 13/WAITING FOR THE END OF THE WORLD
Gloves 13 – Waiting For The End of The World
Esperando
sin premuras
el fin del mundo
¿Hay alguna prisa?
GLOVES 14/BIKE ACCIDENT
Gloves 14 – Bike Accident
Atender
las señales
y los ruidos
resta el dolor
GLOVES 15/IN THE WILD
Gloves 15 – In The Wild
Convivir
o no convivir
he ahí el nudo
del fracaso
GLOVES 16/GRAVEYARD
Gloves 16 – Graveyard
Toda senda
conduce
al sitio reservado
para todos
GLOVES 17/URBAN PHANTOM
Gloves 17 – Urban Phantom
Existen
tantos mitos urbanos
que comienzan
con una aparición extraña
GLOVES 18/THE RECLUSE
Gloves 18 – The Recluse
El Afuera
como fin
el anhelo
como causa
GLOVES 19/STAND UP AND RUN
Gloves 19 – Stand Up and Run
No decaer
seguir corriendo
mantener la forma
vivir con ritmo
GLOVES 20/HOWL
Gloves 20 – Howl
Aullar
de Amor
de pena
aullar
GLOVES 21/AGAINST THE WIND
Gloves 21 – Against the Wind
Encontrar
la fuerza
en uno mismo
against the wind
GLOVES 22/BLUE
Gloves 22 – Blue
El azul
le sienta bien
a toda
soledad
GLOVES 23/PUNK’S CHALLENGE
Gloves 23 – Punk’s Challenge
Arrojar
el guante
y la
consigna
GLOVES 24/DRUNKEN ANGEL
Gloves 24 – Drunken Angel
La Sed
del custodiado
puede
intoxicar
GLOVES 25/HOLD ON!
Gloves 25 – Hold On!
Mantener el tipo
sin importar
la ausencia
el apoyo llegará
GLOVES 26/POOR FOOL
Gloves 26 – Poor Fool
Mimetízate
te dijeron
y lo hiciste
poor fool
GLOVES 27/HELP ME!
Gloves 27 – Help Me!
Help Me Darlin’
Si hablas habla conmigo
Si sueñas sueña conmigo
Si amas hazlo conmigo
GLOVES 28/JUMP IN MY CAR
Gloves 28 – Jump in My Car
A veces
los accidentes suceden
y pueden llevarte
a pensamientos desconocidos
GLOVES 29/BLACK VELVET
Gloves 29 – Black Velvet
En el arroyo
el terciopelo
encontró su nombre
subterráneo
GLOVES 30/BEING LOST
Gloves 30 – Being Lost
Saberse
perdido
para volver
a encontrarse
GLOVES 3I/LET’S WORK TOGETHER
Gloves 31 – Let’s Work Together
Conocer
al otro
de una u otra
manera
GLOVES 32/AFTER THE TOUR
Gloves 32 – After the Tour
Lo que importa
no es la meta
sino el viaje
y la perspectiva
GLOVES 33/ABBEY WHO?
Gloves 33 – Abbey Who?
Zebra Crossing
lookin’, lookin’
for the road
everywhere
*Texto de presentación al volumen Gloves, de la Editorial Doble A, cuyo contenido (fotografías) ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos, bajo ese rubro.
Al escucharla se descubre un ejemplo contumaz del modo en que un folk singer, evolucionado en rockero, puede otorgar tamaña intensidad a una pieza de crooner.
Marcada por el examen, el lento cavilar, la duda y el arrogamiento, aquél la fragua con una afirmación despiadada: «I’m a Fool to Want You». Es la evidencia del yo desencantado, una frase dolorosa.
El intérprete añoso y experimentado se confiesa algo sombrío a sí mismo e incluso la luz que lo rodea en el momento de decirlo parece hosca. Dentro del marco de la pieza no hace falta hablar más. Después de la última discusión lo único que resta es intercambiar acusaciones, piensa. Y luego de eso: ¿qué?, ¿el perdón?, ¿el olvido?
Quien canta pasea su mirada a lo largo de un cuello descubierto. La piel se ve suave. Detrás, una cortina de cabello castaño y sedoso. La música inunda las palabras al verterse a través de la malla de una voz rota. Esto es lo que hace ahora, sincerarse en cómo se siente cuando la convicción se vuelve un poco más grande que el deseo. Ya nada parece suficiente.
Sabemos del agotamiento y del momento embotado de quien canta eso, del que ha pasado por un largo altercado. Está paralizado, incapaz de hacer nada, aunque sus pensamientos lo atropellen. La certeza ha aumentado el significado de la revelación. Es una certitud obsesiva, pero la naturaleza de ese significado parece rebasar el entendimiento. Un rostro con una sonrisa encantadora, algo desdeñosa, le devuelve la mirada. Las paredes de la mente retumban para luego dar paso al silencio.
*Texto extraído del libro Baladas Vol. III, de la Editorial Doble A, y publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos puestos.
La historia del rock son sus mitos. Y los que contiene el del garage son de los más grandes. La serie “Las Llaves del Garage”, trata del rock como música y como idea. Vale la pena apuntar que como música no es más sencillo que como idea.
El rock de garage es la música más disponible de nuestra cultura global —una cultura más homogénea de lo que por lo común se quiere admitir—, pero disponible no es sinónimo de fácil. Aquí cabe apuntar que como idea surge de los veneros del romanticismo filosófico.
El rock y su mitología son profundamente románticos. Le otorgan el mayor mérito a toda desmesura y a las explosiones del genio individual, sobre todo a aquello que refleje el barullo mental y emocional que se transpira siendo de naturaleza airada y víctima circunstancial del mundo circundante.
Y su constante es la necesidad del descubrimiento, de lo dinámico y de lo evolutivo. El papel que sus intérpretes y seguidores le asignan a la música se acerca mucho al de un credo pagano, por cuanto tiene la misión de hacer visible la intuición absoluta y su revelación.
La serie “LasLlaves del Garage” define la cualidad musical de un rock al que es imposible imitar por parte de quienes no comparten el espíritu del género, y explica el mundo y pensamiento en el que viven sus hacedores desde su primera manifestación hace varias décadas, un mundo literalmente impensable, que avanza a toda velocidad y en retrospectiva cuidando su precioso arcano contra viento y marea.
*Fragmento de la introducción al libro Las Llaves del Garage de la Editorial Doble A. La primera emisión fue trasmitida a finales de la primera década del siglo XXI (los años cero) a través de Radio Educación (México). La segunda, por entregas online en el blog Con los audífonos puestos en el año 2019.
Desde hace tiempo la democracia ha consistido en la revuelta contra los vencedores del capitalismo global. Dichas acciones se han repetido en muchos lugares del mundo en este último lustro para no olvidar lo que para Whitman significaba esto: una actitud ética y social que implica actuar con responsabilidad, asumiendo la obligación social compartida de cuidarnos mutuamente en fraternidad, camaradería e igualdad.
Ese fue el meollo del primer lustro: la desilusión. Y uno de sus señalados síntomas: el consumismo. Una tendencia quizá apuntalada por el desencanto sobre el futuro que plantearon los neocons y que no ha llegado aún. El aspecto futurista del mundo contemporáneo justo desde la mitad de la década estaba en cosas tan fascinantes como triviales, como la última generación de teléfonos celulares, de Tablets, de relojes digitales, de videojuegos, el entretenimiento como única forma de estar (on line) en el mundo.
Y ello puso en peligro a la cultura misma. El unívoco interés por el universo del espectáculo que se mueve entre lo frívolo, lo deportivo y lo político, por la banalidad de estos tiempos que ya forma parte del comportamiento (¿o no, Instagram?), esa perturbadora diferencia entre lo visto y lo difundido (sea mentira, posverdad o fake news). La impostura de quienes masivamente no han visto casi nada y opinan de todo a botepronto en cualquiera de sus cuentas en la red, y si lleva la firma de un famosillo se vuelve el trend topic del momento, el cual cambia con el siguiente.
Walter Benjamin decía que uno articula el presente no cómo ha sido sino como uno lo recordará en un instante de peligro, como el de ahora en que la salud, la economía, la cultura en general, lo está. Se lee menos (los mínimos caracteres han cooperado a eso), se escribe menos (y si es con caligrafía personal una rareza), la música se escucha generalmente a través del teléfono o la Tablet, donde los tonos bajos ya casi han sido eliminados, lo mismo que la voluntad o libertad para seleccionar qué oír porque los gustos personales están bien clasificados y enlistados tecnológicamente (Spotify).
Donde en esos sistemas de comunicación se olvidan voluntariamente de las palabras en favor de los símbolos y las caritas en un retorno a las cavernas; donde se hacen menos películas interesantes o para adultos y más sagas de Marvel, de blockbuster o remakes para público adolescente; o donde el arte de la conversación prácticamente ha desaparecido en favor del chateo multitudinario y anónimo, aun estando juntos; donde los recuerdos personales son relegados para remitirse mejor a un aséptico Internet.
Mientras tanto, el rock con su amplia, expansiva y omnipresente cultura aún les causa escozor a los conservadores ideológicos de toda ralea. Comenzó hace 70 años exactamente con el rock & roll clásico, el cual fincó los pilares y hoy hay que sanear dicha verdad y el ambiente que la rodea desde la composición hasta las listas de éxitos, a fin de investigar en sus fundamentos para informar y formar a las noveles oleadas de escuchas que tanto lo necesitan.
La revaluación de la importancia que tiene el r&r es quizá el compromiso cultural con mayor sentido en estos momentos, cuando todo impulso parece relegado a las máquinas, al criterio de los DJ’s, a los raperos sin bagaje, a las coreográficas boy bands o vedettes del pop y al flagelo de lo transitorio.
VIDEO SUGERIDO: The Vaccines – Teenage Icon, YouTube (TheVaccinesVEVO)
Por eso la irrupción de The Strypes, Jim Jones Review, The Vaccines, The Black Keys, en el mundo discográfico y en el escénico hace que la esperanza del viaje a la semilla brote gloriosamente. Y, como la vida misma que el género representa, lo que uno encuentra en estos grupos es riesgo, voluntad y actitud.
Actitud es la palabra clave. El r&r es un lugar increíble para hacer todo tipo de preguntas, precisamente porque nadie espera encontrárselas ahí. Tal música sigue planteándose las mismas cuestiones esenciales. Como la de la identidad, por ejemplo.
Los nuevos grupos han vuelto a echar mano del sonido primigenio, pero también del rhythm and blues y el blues eléctrico de Chicago y rinden tributo a los emblemas del rock and roll clásico, a la escuela del blues-rock británico, al pub-rock y al punk. Escuchar a estas agrupaciones es oír el latido vital de la libertad y la excitación de un género que desde hace seis décadas y media es un disparador contra la uniformidad cotidiana.
Con ellos se dilucida cómo ha sido su paseo por la genealogía del género para llegar a lo que hoy viven: la experiencia sonora del origen, extendida horizontalmente en una concatenación hipermoderna. Una experiencia que, repetida a lo largo de las épocas por otras agrupaciones, es paradójicamente única (una vez más).
Tales bandas son hoy, en este momento, la verdadera extensión entre lo ya hecho y la construcción de un nuevo carácter interpretativo. Son actores como estos los que hacen que la función del r&r, a pesar de ser la misma, al final sea tan diferente. Sería una falta grande perderse este universo cultural vivo desarrollándose genuinamente.
Su punto de partida a la hora de escribir las letras responde a las preguntas de siempre: el amor, la soledad, la fragilidad, los desencuentros, la necesidad de ser amado y el humor. Y su música es de la memoria y de la solidaridad histórica con ella.
El secreto de estos jóvenes músicos está en hacer aquello que los quema por dentro, que nace de la necesidad de reconocerse en el origen, ahí está el latido de la auténtica actitud; la del Homo sapiens rocanrolero que busca anticipar el futuro en nombre de la supervivencia y rebusca en el pasado en honor de su identidad.
Esta celebración de la vida, sin embargo, se desarrolla en medio de la inquietud sanitaria y sociopolítica global. El segundo lustro de la década de los años diez del siglo XX ha finalizado de manera horrible: con una epidemia generalizada (el Corona virus, causante de un sinnúmero de muertos en el mundo y sin perspectivas de finalizar), con el racismo rampante, con miedo a la recesión económica, al presente que ha dejado de ser lo que era y al futuro inmediato y mediato.
Sin embargo, hay que seguir adelante con la ceremonia de la música, por ejemplo, un mensaje desafiante ante la incertidumbre y dejar en claro que, pese a todo, se seguirá celebrando la vida, como ahora con los 70 primeros años del rock y de su cultura.
VIDEO SUGERIDO: The Black Keys – Go (“Let’s Rock” Tour Rehearsals), YouTube (The Black Keys)
Todo cambió en el planeta tras la Segunda Guerra Mundial. La posguerra aceleró el desmoronamiento del imperio británico, que se hallaba en proceso de desintegración desde antes del conflicto. Ante la presión ejercida por los pueblos colonizados, Inglaterra empezó a conceder la independencia a sus antiguos dominios.
En 1962 tuvo inicio el autogobierno en Jamaica —uno de aquellos dominios—, aunque el país no abandonó la Commonwealth. La cultura popular jamaicana, y de manera particular la música, reflejó estos cambios. En el mismo año nació un nuevo género, el ska, para expresar las aspiraciones de los recién liberados.
Tal fue el contexto en el que creció y maduró el joven Bob Marley. En su caso, dicho proceso de independencia culminó de manera imponente: llevó sus canciones al mundo entero. Marley fue, sin duda alguna, un artista dotado y consciente, dueño de un talento que le permitía traducir los hechos particulares de la existencia en el ghetto jamaicano a términos de significación universal.
*Fragmento del libro Bob Marley, de la Editorial Doble A, publicado de manera seriada online en el blog Con los audífonos puestos, bajo esa categoría.
El acontecimiento más importante (y trágico) del año fue la llegada del Corona virus que arrasó con cientos de miles de vidas humanas y con la salud, economía y socialización de los países del orbe en general, con secuelas aún ignotas, pero nada buenas para el mundo. Las películas, discos, tours, festivales, estrenos, exposiciones, campeonatos deportivos y demás actividades culturales debieron cancelarse, posponerse o realizarse sin público, hasta esperar nuevas disposiciones sanitarias y temporales en cada país debido a la pandemia global. La otra noticia sobresaliente fue la salvaje defensa del racismo y la xenofobia en los Estados Unidos, donde el presidente Trump, su vocero, hizo de todo para reelegirse y mantenerse ahí.
Alguna vez Dylan fue sospechoso de vagancia, de pasear a su aire, de ir pensando, de padecer un sentimiento, de vestir de mala forma. Fue sospechoso ante la gente, sospechoso ante la autoridad. Fue sospechoso. Punto. Lo soltaron, pero sin creerle del todo que era Bob Dylan. Kenneth Rexroth –otro poeta– lo había intuido. Supo de antemano la suerte que la sociedad le reserva a tales seres. “El estado y la condición del poeta revela, sin lugar a dudas, el verdadero estado de la vitalidad de un pueblo”. Henry Miller había escrito a su vez: “Lo que evidentemente falta en este país y de cuya carencia ni siquiera estamos conscientes, es el soñador, el loco inspirado…Con siniestro regocijo hurgan, cuando llega el momento de cavarle una fosa”.
VIDEO: Love Sick – Bob Dylan, YouTube (Luiz Cruz)
BXXI-553 1971 (I)
Desde 1971 han pasado 50 años. Al comenzar los años setenta grupos como The Who, los Rolling Stones o cantautores como Leonard Cohen grabaron cosas trascendentes. De tal manera lograron producir canciones importantes y memorables. El tiempo ha pasado y se han reafirmado en ello. El mito de los Rolling Stones, por ejemplo, se mide, entre otras, con las canciones de su álbum Sticky Fingers en el catálogo de oro del grupo: con “Brown Sugar” (quizá la mejor pieza del rhythm and blues británico, por su riff, por su sonido absolutamente grasoso, por su progresión instrumental) o “Can’t You Hear Me Knocking”, “Sister Morphine” o “Dead Flowers”, como muestras. Tales grupos y solista forjaron nuevos estándares en aquel entonces.
VIDEO: The Rolling Stones – Brown Sugar (Live) HD Marquee Club 1971 NEW, YouTube (genaro garcia)
BXXI-554 1971 (II)
Hay discos que jamás dejan de llamar la atención. ¿Por qué? Porque son clásicos. Pero ¿qué es lo que los convierte en clásicos? Actualmente, cuando la capacidad de atención es tan limitada y fragmentaria: los álbumes clásicos como los de 1971, que han cumplido cincuenta años, como Tago Mago (Can), IV (Led Zepelin) y Electric Warrior (T. Rex), proponen el desafío y la recompensa de una atención que se mantiene alerta a lo largo del tiempo (tanto del que dura la obra, como del transcurrido desde su realización), de un placer que es más profundo precisamente porque no se agota en la fruición instantánea. La modernidad de la vigencia es lo que se dice de un clásico como los mencionados.
VIDEO: Can – Peperhouse 1971 (Tago Mago), YouTube (aleko jojua)
BXXI-555 EL BEAT DE LA IDENTIDAD (XII)
Como una manera de festejar el aniversario número 70 del rock, me propuse exponer en el soundtrack de esta emisión una lista, del todo subjetiva y sintética, con las siete canciones que a mi parecer representan a cada una de esas décadas: En realidad, para quien quiera cubrir el camino andado por el género, o plasmar en un mapa lo que abarque su periplo musical, dicha persona tendría que remitirse a las listas oficiales (el Billboard, por ser la decana) y anotar un mínimo de 1200 canciones por año, las que abarcan el Top 100. Eso llevaría a la presentación de 8400 piezas, para darse una idea aproximada y reductiva del asunto cultural que habría que enfrentar con dicha empresa y contar, además, la derrama social que todo ello signifique.