PSYCHIC TV (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

PSYCHIC TV II (FOTO 1)

CONFIGURACIÓN BIODÉLICA (II)

Con sus distintos proyectos multidisciplinarios, el grupo Psychic TV busca que sirvan definitivamente para explicar las cosas que se ven con el LSD al abrir ciertos cauces.

Genesis P-Orridge y compañía tenían la idea de que en el planeta existe una mente común. Creen que debe ser algo biológico y que todo mundo puede enlazarse con ella.

Sin embargo, nadie, excepto unos cuantos chamanes y místicos, controlan la manera de viajar en ella. Su misión como «ángeles de luz» es iluminar sobre todo ello.

Otro ejemplo del poder de la mente es la proyección astral, los viajes cósmicos.

Los miembros del grupo opinan que de ser cierto que se puede enseñar a lograr la proyección astral, tal vez sea posible dejar una huella dentro de aquel sector masivo del subconsciente, la cual podría dar a alguien la impresión de haber experimentado vidas anteriores.

Eso explicaría muchos de los fenómenos relacionados con el contacto con los muertos, los viajes al interior del yo e incluso la idea de un ataque psíquico desde fuera. Por ahí se podría empezar a investigar de una manera vagamente científica.

Actualmente, de lo único de lo que están seguros es que el cerebro humano constituye la base de todo. La mayoría de las cosas que se consideran como fenómenos extraños sólo son manifestaciones de actividad cerebral que no controlamos, no conocemos o no tenemos palabras para describirlas aún.

La mayor parte del mejor arte de este siglo está á relacionado con el subconsciente. Ésta es su era. Se trata de un hecho intuitivo.

«Lo desafortunado del asunto –argumentan– es que la mayoría de la gente sólo acepta lo que les dicen que deben aceptar, ya sea con leyes, reglas o la realidad de la televisión, en lugar de buscar su propia magia que trate con maquinaria, ya sea cámaras de fotografía o video, grabadoras o sampleadores, visores de realidad virtual y sobre todo, lo que se descubra del propio cerebro. De la expansión de la mente».

Las mentes expandidas sueñan mucho más en serio que las demás.

PSYCHIC TV II (FOTO 2)

Psychic TV encarna el propósito de una hipótesis de magia neurológica, esencial para la supervivencia y evolución humanas. Proclama que sin eso estamos condenados a desaparecer. Si no restablecemos el vínculo con los sueños y la mente subconsciente, será á el fin.

El único camino abierto a la evolución humana, dicen estos autodenominados “ángeles de luz”, es el de la configuración biodélica, un momento mágico en el profundo sentido de la palabra, basado todo en el cerebro, dormido y despierto. «Si no encontramos ese momento, ese camino, no quedará nada por hacer».

A pesar de obligados parones debidos a los problemas de Genesis P-Orridge con la justicia, por el fallecimiento de su pareja (Lady Jay) y a su posterior  enfermedad y muerte (por leucemia), el grupo y gente del medio lanzó reediciones de sus discos, algún cortometraje y otros actos para ayudar a la recuperación de su cabeza más visible. No hubo remedio. ¿Psychic TV continuará en el camino?

VIDEO SUGERIDO: Psychic TV – “Foggy Notion” (edit), YouTube (ElectricEddie)

PSYCHIC TV II (FOTO 3)

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BIBLIOGRAFÍA: ANHELO DE FINITUD*

Texto de SERGIO MONSALVO C.

Fotos y Esculturas: GUSTAVO RAMÍREZ CRUZ

ANHELO (FOTO 1)

 (ESTÉTICA DARK)

Necesarios y útiles resultan todos los horrores para quien desea conocer al hombre en sus extremos. La visión de esos cuadros es de gran ayuda para el desarrollo del perfil humano. Tal vez nuestra ignorancia en la ciencia del conocimiento de los seres humanos se deba al estúpido falso pudor de quienes no se han atrevido a escribir sobre ello.

Encadenados a sus prejuicios y temores, se limitan a relatar puerilidades que todos conocemos, sin aventurarse a bucear en los siniestros laberintos, plagados de fantasmas, del alma humana, ni a describir y a comunicar sus descubrimientos a sus semejantes.

Los hacedores del rock gótico o dark sí lo han hecho. Algunos de sus seguidores también. La prisión de la vida que delatan es la imagen de la soledad de un universo habitado por las monstruosas criaturas que atormentan el espíritu.

ANHELO (FOTO 2)

Los darkies son el símbolo de la incomunicación o, mejor dicho, el deseo de alcanzar una comunicación imposible. Y acaso sea esa la razón por la que, en un desesperado intento por establecerla, se asocian entre sí para entregarse a la orgía de sus conocimientos elitistas.

Una perversión artística y cultural que lo es tanto en el delirio de sus pasiones como en su pálida calma. En todo caso, los señalamientos que caen sobre los semejantes se convierten en placeres para ellos. Presos de sí mismos buscan la comunicación imposible en el supremo orgasmo que, de acuerdo con su mitología, estremece los últimos instantes de quienes se conectan con la muerte.

ANHELO (FOTO 3)

El apartado gótico propicia que el miedo sea sacado del reino de lo convencional y elevado a la negra nube que se cierne sobre el destino mismo de la humanidad. Así, ciertos extraños pensamientos ligados a otras dimensiones trascienden los cuidados habituales y por un instante pleno de música se asoman a un paraíso particular, disipando las nieblas que enturbian y obstaculizan la visión de la oscuridad.

Vivir, escribió alguna vez el escritor noruego Henrik Ibsen, es combatir contra los seres fantasmales que nacen en las cámaras secretas de nuestro corazón y de nuestro cerebro. Para los rockeros góticos, la estancia en lo tenebroso es acercarse a esos seres fantasmales, juzgarse a sí mismos y poetizar. ¿Cómo? Llevando al extremo contrario lo que acosa las mentes de nuestro tiempo: el aspecto egoísta de la permanencia.

El conocimiento científico nos ha enseñado que el mundo es en realidad discontinuo; que la noción de vida no es más que un existir entre los momentos de un tiempo dividido y que éste se transforma del sueño a la vigilia. Así, el aspecto último del mundo y del conocimiento es la muerte: un saber del que se puede sacar un placer ignoto.

ANHELO (FOTO 4)

Esta visión pasional no produce seres enteros, finos, valientes o aventureros. No. La flor de este género es el placer de la negación, entre otros. Por ende, tal forma de pensamiento se vuelve absoluta, mientras que los hedonistas sólo buscan la muerte para evitar el dolor.

En esencia los personajes góticos son seres románticos florecidos en el pensamiento de John Donne, Coleridge, William Blake, Edgar Allan Poe, Lovecraft, Velvet Underground, Patti Smith, Iggy Pop, Cocteau Twins, Dead Can Dance, Joy Division, New Order, Bauhaus, X-Mal Deutchland, Peter Murphy, Love Spirals Downwards, Masochistic Religion, Fields of the Nephilim, Glod, Human Drama, etcétera, etcétera… quienes los sujetan y llevan de la mano hacia el concepto del no ser o al hastío de la vida.

ANHELO (FOTO 5)

Los que han podido diferenciarse y dejar de ser ellos mismos saben aplicar su «voluntad zombie» a la creación estética y han engendrado música fantasmal y mórbida, en donde proyectan a esos seres que en otros se ocultan.

Esos extraños que nulifican la actividad están ahí, en la isla que es la vida rodeados por un mar desconocido y creciente. Los roqueros ocultistas de fin de siglo les tienden la mano. Tales roqueros, cuyo cerebro es perseguido por fantasmas, representan un momento de la evolución intelectual, como muchos artistas de nuestro tiempo, y no tienen otra locura que no sea ésa.

ANHELO (FOTO 6)

Quieren interesar a personas a quienes ven deformadas, para que éstas se vean proyectadas en el arte. Escriben canciones que así lo hacen y logran que algunos escuchen sus poemas como ellos los conciben. Su fijación está en el placer por la morbidez y la extrañeza y las recrean en el arte.

Los rockeros góticos hacen nacer seres terribles en las cámaras secretas de su corazón y de su cerebro, pero en la gestación se han vuelto poetas y con ello se han trascendido a sí mismos. Porque a la postre, como escribiera William Blake, la melancolía tiene corazón humano y el corazón humano es una garganta hambrienta.

*Este texto forma parte del libro Al Compás de la Parca (La Muerte en el Rock), publicado por la Editorial Doble A, y por entregas en el blog Con los audífonos puestos.

Fotos y Esculturas: Gustavo Ramírez Cruz

http://www.gustavoramirezcruz.com

Al Compás de la Parca

(La Muerte en el Rock)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2021

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ST. VALENTINE’S DAY

Por SERGIO MONSALVO C.

ST. VALENTINE FOTO 1

(TARJETAS MUSICALES)

La efeméride del día de San Valentín se presta para llevar a cabo una particular disertación sobre el amor. Éste es un concepto polisémico y nadie puede definirlo de una forma única. Llamamos “amor” a cosas tan diferentes como la dependencia, el deseo, el cariño, el sometimiento, la pasión, la fascinación, la idealización, etcétera, además de alguna (o muchas) de sus formas malévolas.

Entonces ¿a qué se le puede llamar amor? ¿Cómo se distingue de todo lo demás ese sentimiento que nos provoca otra persona? Quizá por medio de la poesía, “un idioma que invita a perseguir la emoción y la reflexión” y el cual también tiene múltiples formas, como la fotografía, por ejemplo.

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Van las muestras: Los músicos son personas absolutamente narcisistas. Siempre cuidan su imagen y lo que proyectan con ella. Así que cuando alguno de ellos elige para una de sus portadas salir fotografiado con la mujer que ama en ese momento es porque junto a ella se produce una sublimación de sí mismo.

Algunos de ellos se han hecho eco de tal convicción, invitando al escucha a ver y sentir ese instante en la cubierta de su disco más reciente, el cual se convierte paradójicamente en una peregrinación hacia la profundidad audible tanto de un  corazón ajeno como del propio.

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Con esta manera de hacerlo se adentran con mirada penetrante en el anhelo por un amor eterno y palpable. Cada detalle de la composición en estas portadas tiene la precisión no sólo de lo que se sentía en aquella ocasión, sino también de lo que no puede compararse con nada más, ni repetirse.

Es el caso de obras que han pasado a formar parte de la historia, como las de Bob Dylan, de Miles Davis o Nick Waterhouse.

ST. VALENTINE FOTO 4

THE FREEWHEELIN’

Se conocieron cuando ella tenía 17 años y él 20. Ella había nacido en Brooklin y crecido en Queens, bajo la férula de unos padres afiliados al Partido Comunista de los Estados Unidos. Él venía huyendo prácticamente de su natal Minnesota, donde cualquier horizonte era inconcebible.

Se reunieron en una noche de 1961, cuando él iniciaba su carrera como cantautor de folk en el Geenwich Village neoyorquino, ese barrio de la Urbe de Hierro que se erigía como el bastión de una emergente cultura artística y bohemia.

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Ambos se influenciaron entre sí a base de libros, discos, cine, intercambio de ideas y voluntad de cambiar las cosas. Ambos asimilaban de todo aquello que sucedía en su entorno. Y en éste florecía la lucha por los derechos civiles y la actitud contestataria.

Ella lo plasmaba en ensayos y pintura. Él en sus canciones. Todo era emoción, todo era pulsión y las preguntas, más que las respuestas, estaban en el aire. Ellos estaban enamorados y subían y bajaban juntos por los acontecimientos.

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Paseaban largamente por esas calles con calor o con frío celebrando su viveza y sentimiento. Así los plasmó Don Hunstein (el fotógrafo destinado por la compañía de discos para seguirlo a él) en 1963, en la Jones Street, casi en la esquina con la Calle 4.

Se separaron un año después. Cosas de la vida. Ella apostó por la utopía totalitaria y en algún paréntesis crepuscular escribió su autobiografía en la que puso esa misma foto como portada. Él se inspiró en su relación para componer piezas como “Don’t Think Twice, It’s All Right”, entre otras.

El lugar es ahora centro de peregrinajes para los fans del músico. La fotografía apareció en la portada de su segundo disco, The Freewheelin’, a petición suya. Ambas cosas son actualmente iconos de la cultura rockera. Ella (Suze Rotolo) murió en el 2011. Él fue el Premio Nobel del 2016.

VIDEO SUGERIDO: Bob Dylan – Suze Rotolo, YouTube (21JumpStreetKid)

“PFRANCING”

Lo cuenta el propio Miles Davis: “Lo más importante que me ocurrió en aquella primavera fue que Frances Taylor volviera a entrar en mi vida. Era una mujer maravillosa. Sólo con estar a su lado me sentía feliz. Solté a todas las demás con las que salía y durante aquel periodo me quedé sólo con ella.

“Éramos totalmente compatibles. Era una persona súper. Alta, de un color moreno con un toque de miel, hermosa, la piel lisa y suave, sensible, artista, gentil, elegante. La describo como si fuera perfecta, ¿no? Bueno, casi lo era.

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“Frances y yo empezamos a vivir juntos. Cambié mi Mercedes Benz por un Ferrari blanco convertible que me costó algunos miles de dólares. Así que imagínanos circulando por la ciudad en aquel coche espectacular.

“Cuando ella se bajaba de aquel auto parecía ser toda piernas, porque tenía aquellas piernas largas, espléndidas, y se movía con aquel porte típico de bailarina. Algo excepcional. Cuando vino a vivir conmigo era una estrella, probablemente la principal bailarina negra del mundo.

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“Tendrías que haber visto a toda la gente pararse en seco y mirarla con la boca abierta. ¡Guau, cómo me encantaba aquello! Y yo, me mostraba siempre en público pulcro y elegante como un príncipe. Frances me hizo mucho bien porque me indujo a sentar cabeza y consiguió que me concentrara más aún en mi música.

“La relación con Frances tuvo sobre mí otra influencia importante, aparte de la música. Despertó en mí el interés, primero por el baile y después por el teatro. A principios de 1961 entré al estudio a grabar Someday My Prince Will Come.

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“Fue para este disco cuando exigí a la Columbia Records que utilizara mujeres negras en las fotos que ilustraban las fundas de mis álbumes. Eso me permitió poner a Frances en la portada de aquel disco. O sea, era mi disco y yo era el príncipe de Frances, y ‘Francing’, una de las piezas del mismo, fue escrita para ella”.

VIDEO SUGERIDO: 5 MILES DAVIS – PRANCING, YouTube (EPO JAZZFAN)

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Holly

Especulemos: ¿Qué puede ser de ti si naces en los años ochenta, en el seno de una familia amante del rock clásico, del soul de la Motown, de Stax o de Fame Records? ¿Si creces en California con pinta de Buddy Holly, incluyendo gafas, y tu mundo es totalmente vintage?

Supongo que irías a San Francisco a estudiar música. Que solidificarías tu gusto por el soul y el rhythm and blues de la época dorada, que te pondrías a escribir canciones pensando en los discos de 45 rpm. Y que buscarías formar un grupo con gente afín a ti.

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Pues así lo hizo Nick Waterhouse. Y como buen científico de la música pasó por el experimento y el fracaso hasta encontrar su estilo. Armó un demo y acertó. Entró a grabar un disco con la compañía independiente Innovatie Leisure y acertó. Se lanzó a una gira por Europa. Un rotundo fracaso económico. Pagó el noviciado.

Y lo hizo con todo su dinero, sus ahorros, su coche, etcétera. En la ruina lo acompañó el alcohol, la depresión y el sillón de la sala de unos amigos donde podía dormir, cuando lo hacía. En ese mismo sillón, durante una cena con ellos le presentaron a Holly y se enamoró de inmediato. Acertó.

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Ella le recetó mucha lectura (T.S. Eliot, Hart Crane) y la escucha de George Gershwin. Dejó de lamentarse por las deudas. Vendió una canción para un anuncio de autos. Y volvió a entrar al estudio. Se lo dedicó a ella y la puso en la portada e interiores con fotos de Naj Jamai.

Así, un joven blanco, con voz de blanco, pero alma de sureño negro se afincó en la corriente retro. Esa que anota entre su contingente nombres como JD McPherson, Nathaniel Rateliff & The Night Sweats, James Hunter, St. Paul & The Broken Bones, Charles Bradley, y Eli “Paperboy” Reed, entre otros.

Entonces Nick, con tres discos en su haber se lanzó de nuevo a la carretera,  con Holly y a Europa. Se llevó consigo todo su compendio de sucio y refrescado Rhythm & blues, soul y jazz de los años cincuenta. Y Acertó.

Lo dicho: el amor proporciona el combustible de ilusión a los enamorados, que aunque sean músicos y tremendos narcisistas, son incapaces de soñar mayor felicidad que la de un recuerdo compartido. Una foto expuesta en una portada es una evocación mayor para ellos. Con fibras de eternidad.

VIDEO SUGERIDO: Nick Waterhouse performing “Holly” Live on KCRW, YouTube (KCRW)

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ROCK & ROLL LXX

Por SERGIO MONSALVO C.

R&R LXX (I) (FOTO 1)

 70 AÑOS (50’s/II)

El de 1951, por lo tanto fue un año clave para el devenir de esta música. El dueño de una tienda de discos de Cleveland, Leo Mintzer, se quejó a mediados de año con el disc jockey Alan Freed de que no programaban nada de r&b en su radiodifusora de la que era patrocinador, música que los adolescentes blancos y negros le pedían en su tienda en grandes cantidades. Así que debía hacer algo al respecto. Freed se puso a escuchar el mentado género. Obviamente se volvió fan y decidió incluirlo en la programación.

Fue tal la aceptación y el éxito, que Freed buscó él mismo conducir un programa especial al respecto, con la adición de su particular estilo de locución con el sobrenombre de Moondog: durante la trasmisión de las canciones incluía comentarios locuaces, ruidos y onomatopeyas. Circunstancia de la cual brotó un término singular, extraído de una mezcla de nombres de las canciones (entre ellas una del guitarrista Wild Bill Moore titulada “We’re Gonna Rock, We’re Gonna Roll”).

Se sabe que Freed vociferaba: “¡Hey, hey, hey! Let’s rock and roll”. Así que el 11 de julio de 1951 comenzó el programa Moondog Rock & Roll Party, con tal grito. El r&b, pues, cambió de siglas a r&r y el mundo fue otro.

La disponibilidad comercial del nuevo cuño se limitaba a los esfuerzos de un puñado de empresarios blancos que se ganaba la vida grabando y vendiendo música negra, primero como race music y luego como rhythm and blues. Uno de los más importantes y significativos de aquéllos fue Sam Phillips.

Éste, desarrolló una pasión hacia la música negra que formaba una parte integral de la vida agraria en el Delta y también por la gente que la producía. En 1951 consiguió trabajo como buscador de talentos para sellos independientes y al mismo tiempo los grababa. Como consecuencia lógica se volvió también  disc jockey en Memphis.

No muy lejos de ahí, Jackie Brenston era un saxofonista y cantante de r&b con no mucha fortuna al comienzo de los años cincuenta. Ante la falta de perspectivas, optó por unirse a la banda que lideraba el pianista y guitarrista Ike Turner, The Kings of Rhythm, misma que partiría rumbo a Memphis para intentar ganarse la vida escribiendo canciones, haciendo arreglos y acompañando a intérpretes de rhythm and blues. En una de sus andanzas Sam Phillips le había dado su tarjeta a Ike por si un día decidía pasar por ahí.

R&R LXX (I) (FOTO 2)

The Kings of Rhythm fundamentaban su sonido en el piano boogie para exponer su dinámico y poderoso r&b. Así fue como se le presentaron a Phillips, quien les sugirió una sesión para grabarlos. Llegaron con un tema titulado “Rocket ‘88”, que era el nombre de un modelo de autos Oldsmobil que estaba en el mercado desde 1949. La letra era una mezcla de jingle con un doble sentido sexual, de referencias fálicas. Estaba cargada de emoción y brío, adelantándose medio compás al ritmo surgido del animado piano de Turner.

La grabación también presentaba una novedad en el riff de la guitarra con un sonido de fuzz, el cual fue reclamado en créditos con toda justicia por Ike Turner. La canción contenía los tres temas que a partir de entonces estarían presentes en muchas otras del género: autos, mujeres y bebida.

Sam Phillips ni tardo ni perezoso le vendió el track a la Chess Records, en donde le acotaron todos los créditos en orden alfabético (de letra y música). Por eso Brenston aparece como el autor, aunque IkeTurner nunca se cansó de repetir que él fue el creador de la composición. Sea cual fuere la verdad quien la haya escrito creó un gran tema, el cual repercutió con mucho éxito en las listas de popularidad de 1951, luego de su lanzamiento por Alan Freed bajo el naciente rubro.

Por esos hechos, para mí,  “Rocket ´88” puede ser considerado el primer rock and roll grabado, divulgado, etiquetado y escuchado como tal.

Las regalías producidas por la pieza brindaron a Sam Phillips el soporte necesario para fundar su propia empresa discográfica al año siguiente: Sun Records. Ésta empezó a funcionar con el fin de grabar y promover dicha música. Fue el amanecer de una nueva era.

Así que mientras Phillips fundaba Sun Records, Alan Freed descubría que su auditorio de adolescentes blancos enloquecía con discos de los negros nunca antes programados como la mencionada “Rocket ‘88´”, que lo haría figurar en la historia de la música popular como padrino del género al bautizarlo y lanzarlo.

El éxito de “Rocket ‘88´” puso a otras compañías pequeñas en alerta y los cóvers no se hicieron esperar. Un grupo de country & western llamado Bill Haley and The Saddlemen hizo la versión blanca del tema con buenos resultados.

El nuevo sonido paulatinamente fue expulsando a las anteriores estrellas de la industria masiva. Esta música lanzada por pequeñas compañías independientes se convirtió en fortísima competencia para los editores y cantantes tradicionales. La llegada del disco de 45 rpm en sustitución del de 78 facilitó todo eso, así como el uso de las jukeboxes o rockolas.

Quienes a principios de los cincuenta entraban a la adolescencia, se hallaban afanosamente dedicados a rechazar los valores por los que se regían sus predecesores. El rock and roll les sirvió para ello, pues no estaban dispuestos a aceptar la música que sus padres aprobaban. Ya tenían estrellas de cine con quienes identificarse: James Dean, el rebelde sin causa, víctima de la incomprensión adulta; y Marlon Brando, el duro motociclista vestido con chamarra de cuero negro y pantalones vaqueros de la película El salvaje.

A mitad de la década, los jóvenes querían una música que les hablara a ellos, que fuera estridente y rítmica, algo que permitiera bailar. Así se encumbraron Chuck Berry, Little Richard, Elvis Presley, Jerry Lee Lewis, etcétera Se buscaba el regocijo transitorio, escapar de la monotonía de la vida cotidiana y de las sombrías perspectivas de un futuro que no ofrecía posibilidades de cambio.

Dentro de la industria discográfica se tomó a la pieza «Rock Around the Clock» como el primer tema de rock & roll en el mundo, cuando obtuvo el primer escaño en las listas del Billboard  en julio de 1955, cuando vendió millones de copias, es decir, en su parte de éxito comercial, no artístico. Con ello quiso borrar de un plumazo todo lo anterior, los antecedentes y raíces, sobre todo las negras. Sin embargo, ahí están los libros y registros para poner en blanco y negro la realidad.

Ajustes de cuentas aparte, en agosto de ese año, el locutor de radio más escuchado por las familias blancas y conservadoras en la Unión Americana, Mitch Miller, dijo a su alarmada audiencia que no se preocupara por el surgimiento de dicha música y, haciéndose eco de lo perorado por el cantante Frank Sinatra, afirmó que el rock & roll habría “desaparecido en seis meses”. Hoy, ese desaparecido, ha cumplido 70 años de una vida más que productiva.

VIDEO SUGERIDO: Bill Haley & His Comets – Rock Around the Clock 4:3 HD, YouTube (morrisjrs1965)

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REZA EL GLOSARIO: RIFF

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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SÍNTESIS DE LA INTENSIDAD

 

Hay unos acordes en la música que son declaraciones claras y sencillas por parte de la personalidad, del poder, de la sensibilidad finalmente, de un grupo o de un músico de forma única.

Son acordes luminosos e intensos que procuran la absoluta sensación de plenitud a quien las emite y en quien las escucha (al mismo tiempo); sensación que ocupa por entero la atención de quien se encuentra con ella.

Da la impresión, o la percepción sensorial, de que tal experiencia colma por completo y da sentido a la propia existencia de la canción. Al cúmulo de todo ello se le llama riff simplemente.

La del rock, como sabemos, es la historia de sus mitos. Y los de sus riffs tienen un especial apartado en su devenir a través de las épocas (su listado es tan grande como subjetivo, tan académico como personal). De alguno de ellos se podría escribir incluso toda una novela, por ejemplo.

He aquí, a continuación, lo que considero el decálogo de tal término musical. Una presencia definitiva y elemental en un género pletórico de ellos como lo es el rock.

UNO. La del riff será una melodía corta y rítmica que se repetirá a lo largo de la pieza. Una primera frase que como lo debe ser en la literatura, en el inicio de las novelas y los cuentos, sobre todo, significará un lance contundente y único, auténtico y original.

En el escritor el medio para conseguirlo serán las palabras escogidas. En el músico las notas seleccionadas.

Un verdadero golpe de Knock Out, en términos boxísticos, para dejar tocado al escucha, el cual de manera completamente inesperada será impactado por la contundencia de tal lance, tan imaginativo como novedoso.

DOS. La frase tiene que ser memorable. Es decir, necesita ser pegajosa en definitiva. Una condensación de melaza musical que se impregne por todo el cuerpo, de la cabeza a los pies,  como un elemento adherente, pegadizo y visceral, cuya creación lleve la más pura (o impura) intención del  disfrute.

Obvio es decir, que si tal intención se cumple, en la memoria del receptor tendrá un nicho particular y eterno.

Históricamente, el término ganó notoriedad y énfasis rítmico hace más de un siglo, y se convirtió en ingrediente fundamental cuando los músicos de Kansas City la introdujeron al swing de las big bands de los años treinta.

TRES. Dicha frase breve y característica será ejecutada como acompañamiento instrumental.

El riff, según los investigadores especializados, es una reminiscencia del blues, de los spirituals, de las work songs (canciones de trabajo) y otras formas musicales en las que la repetición tenía diversas finalidades.

Y si en el comienzo de los tiempos era la voz la encargada de realizarlo, con el paso de los años ha pasado por el cuerpo de toda la dotación orquestal hasta encontrar su lugar pleno en un instrumento en particular. En el rock fue primero el piano, luego el sax y finalmente terminó identificándose con la guitarra eléctrica.

CUATRO. La repetición de la frase debe tener diversas finalidades, tantas como efectos emocionales se busquen despertar.

El riff tiene como primer objetivo la fijación musical única y el propósito de la originalidad. Objetivo y propósito provocarán entonces, fuera de la voluntad de quien lo ejecute, múltiples efectos psicológicos en la mente del escucha.

Su emisión abrirá un horizonte sin fronteras para la selección de las secuelas emotivas: éstas podrán tener la finalidad de reconfortar, apoyar, impulsar, conectar, enfatizar, hacer gozoso o dramatizar, el estado anímico del receptor, según el momento y la oportunidad.

CINCO. Todas sus posibilidades tornarán al riff en un enérgico núcleo de poder. La respuesta inmediata a su emisión le proporcionará al músico que lo ejecute la herramienta, la varita mágica, para convertirse en ese preciso instante en un aprendiz de brujo.

Y éste tendrá la oportunidad de volverlo una oda, una celebración a su existencia o, si falla en el timing, en un vacuo cliché del sinsentido.

Adquirir el poder que aquél tiene para manejar a voluntad a los oyentes, sobre todo al actuar en vivo, debe incluir un compromiso estético irrenunciable, de lo contrario el músico devendrá en despreciable buhonero.

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SEIS. El riff contiene en sí las mismas características de lo llamado clásico. Una de ellas es su añejamiento.

A través de la historia del género rockero se ha confirmado que un riff selecto se volverá cada vez más significativo conforme pase el tiempo, y sea éste y las generaciones que lo conozcan, evoquen y degusten, los que le proporcionen un lugar importante entre sus páginas.

Esta frase musical cobrará un valor añadido cada vez que sea recordada, ejecutada y ovacionada, por oídos, voces y épocas nuevas.

SIETE. La frase o pasaje debe ser interpretada por un solista o una sección del grupo tocando en armonía. Esta acepción es un sinónimo de lick (frase aislada que reaparece como elemento de la interpretación).

Puede ser una creación personal o colectiva. La primera como resultado de una improvisación que reditúe en riff, mientras el instrumentista practique con las cuerdas y deje volar la imaginación. O colectiva, cuando el conglomerado se ponga de acuerdo para construir una pequeña obra de arquitectura sonora, teniendo en mente la proyección de una emoción dada.

OCHO. El riff es como una puerta de entrada para aquellos que aspiran a ser guitarristas, por lo tanto, tal frase debe ser sencilla, y entre más elemental mejor, ya que proporciona una recompensa inmediata.

NUEVE. La frase debe ser interpretada, casi siempre en armonía, con el resto de los músicos haciendo fondo al solista que la traza. Con el transcurrir de la canción tal frase se volverá un fin en sí misma, se erigirá en su propia estética, en su propia idea musical.

DIEZ. Tan importante como todo lo demás es que el riff, su creación, gozosa o dramática, su desarrollo, su puesta en escena, debe contener un relato oral  detrás suyo. Como una forma narrativa de incrementar la mitología del género, que es a fin de cuentas, su historia.

VIDEO SUGERIDO: Deep Purple – Smoke On The Water (Live), YouTube (deeppurpleos)

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LOST IN TRANSLATION

Por SERGIO MONSALVO C.

LOST IN TRANSLATION (FOTO 1)

(SOFIA COPPOLA)

El adiós es un hecho humano que siempre ha tenido su propio drama. Puede ser traumático, heroico, trágico, épico o romántico, entre otras cosas. El cine lo ha retratado muy bien y poéticamente en muy diversas películas. Casa Blanca es quizá el mejor ejemplo de ello en lo que al siglo XX se refiere. Y la muestra del comienzo de la nueva centuria es sin duda Lost in Traslation.

Ésta, fue la segunda cinta de Sofia Coppola, quien lo escribió y dirigió. La película fue una coproducción japonesa-estadounidense que se realizó en el 2003 y ambientada en Tokio. Estuvo nominada para varios premios y ganó un Óscar al Mejor Guión Original. En ella se invirtieron 4 millones de dólares para al final recaudar cerca de 120.

Una muy sucinta sinopsis señala a Bob (Bill Murray), un actor maduro en pleno declive que se ve obligado a viajar a la capital nipona por trabajo. Tiene que rodar anuncios de un licor y la parafernalia que eso conlleva (entrevistas y publicidad a lo japonés). En el ínterin se encuentra con  Charlotte (Scarlett Johannson) una joven mujer que se hospeda en el mismo hotel con su esposo, un famoso fotógrafo que trabaja durante todo el día, y el cual no le presta mucha atención.

Bob, a su vez, casado de muchos años, sostiene con su mujer diálogos por  teléfono fríos, absurdos y distantes. Bob y Charlotte comienzan a compartir sus soledades y desvelos en una ciudad que les es totalmente ajena. Viven momentos, noches y diversión, con fecha de caducidad.

 Él debe volver pronto a los Estados Unidos. Sin embargo la relación se establece sutil en medio de aquella atmósfera difusa, desorientada e irreal. Se sienten unidos por la soledad, el insomnio y por una nebulosa sensación de comprensión a pesar de ser extraños. Al final él debe volver y en un adiós callejero y populoso comparten un murmullo que mantiene su misterio hasta nuestros días.

Desde entonces, aquellas sugestivas imágenes han generado toda clase de interpretaciones. El susurro de él al oído de ella se ha convertido en piedra de toque para la especulación más diversa debido a su opacidad. Desde la fáctica despedida como punto final hasta  un futuro romántico y sublime que los redima a ambos de su orfandad emocional.

En todo ello cabe lo que se llama la realidad distorsionada, simulada o la ilusión. Depende de cada quien. Aquí, esa realidad no pretende registrar el hecho tal cual fue (dada su ambigüedad), sino hacerlo como el espectador lo imagina. Y ahí, en ese punto, ese susurro dentro del bullicio tokiota es donde cobra su real significado el título del filme.

Hay personas que escuchan que la ama. También las hay que seguras que aquel tipo en plena crisis (de edad, de trabajo, de existencia) le asegura al oído que jamás olvidará su sonrisa o su mirada triste, o también quienes oyen las palabras que desearían ellas mismas recibir en una situación semejante. La fuerza de la ilusión sobre la realidad.

Si aquella lejana Casablanca heredó un último diálogo épico, sin fisuras, Lost in Translation, más cercana por su parte,lega todas las posibilidades de tal siseo. Y ambas a su vez,igual sensación dolida y hermosa al mismo tiempo del adiós. La primera produjo una canción memorable; la segunda el soundtrack de toda una atmósfera sonora.

Dicha atmósfera tiene un nombre: dream pop. Éste es un subgénero indie, derivado del rock alternativo y con diversas ramificaciones (que van desde los Coctau Twins hasta Coldplay, pasando por muchos otros). Se caracteriza por su estilo suave, de ritmo lento, atmosférico y ensoñador, propiciado por el uso de guitarras con diversos y graduados efectos, casi indistorsionados (del eco al delay), lo cual crea un ambiente de sonidos tan melancólicos y tristes como bellos.

Dentro de la taxiconomía musical posee ramificaciones bien definidas. Por un lado, la tendencia gótica (influencia de la Ethereal wave) y el dream pop, propiamente dicho (con influencia de la New Wave), que posee las características ya mencionadas y acordes electroacústicos.

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Tal vertiente resultó ser una cresta importante en y para el rock. Era una música que empleaba elementos clásicos del género en direcciones originales y del mayor interés por las texturas y los timbres melódicos por la experimentación con la tecnología (feedback, flanger, reverb, chorus), por los recursos del estudio de grabación (dub, sampler), por la libertad de su sistema –jugaban o se alejaban de las estructuras lineales—y por el murmurado uso de la voz como un instrumento más, para matizar.

Todo ello en busca de resultados raros y emotivos, de atmósfera espacial nebulosa. Porque eso sí, el subgénero destaca por su apabullante emotividad, por la instigación de la temática melancólica –se convirtió en una elaborada gama de exploración de los traumas generacionales desde la (sobre) información al escrutinio de la identidad.

Aquello demostró que las aspiraciones dramáticas del rock podían sintonizar con el riesgo. Una forma evolutiva del rock alternativo al que pertenece.

Por fortuna, la pluralidad de grupos en la que se extendió la corriente evitó la simplificación industrial y por consiguiente su rápido desgaste. Y hubo entonces bandas que favorecieron el pinturerismo emocional lo mismo que la expresividad más teórica.

Así que cuando se escuchaba su música, se descubría una búsqueda estética con el grado de abstracción que se quiera, pero siempre con la vitalidad del sentimiento por delante, envuelto en el arrobo.

En el ámbito instrumental este rock se dejó llevar, sobre todo, por la ciencia del guitarreo y su capacidad transformatoria; por la fascinación por el aparato y su habilidad para reinventar la guitarra a partir de sus efectos, para convertir su sonido en algo etéreo, elevado y terriblemente romántico a través de telarañas de ambientaciones sonoras, de voces lejanas y fantasmales, como el estilo extraterrenal de quienes serían sus máximos representantes: My Bloddy Valentine.

Tal grupo británico significó la perfecta unión de ese ruido emocional: belleza e intensidad. La cual quedó impresa para siempre en sus emblemáticos discos. Una sofisticada obra de guitarras tratadas hasta el punto de parecer beats y con una atmósfera en gravedad cero.

Tal estética puso en relieve la confirmación de su líder, Kevin Shields, como un talento visionario. El noise, el ambient y el free jazz fundidos sin prejuicios; epígonos bien avenidos en una disonancia de guitarras vaporosas, incorpóreas, volátiles, en cataratas de samplers y voces cargadas de vértigo. Uno de los momentos más grandes de la música.

Su magia elevó el puente entre el dream pop y la experimentación techno-ambient. Los sonidos dieron entrada a letras inteligentes y dolidas: “La experimentación no tiene sentido sin el efecto emocional. Nuestra música alcanza tanto a la primera como a lo segundo”, dijo Shields en su momento.

Entre otros elementos, el instinto y el sentimiento sirven para medirse en el universo del rock. En esta corriente indie tal credo sostiene a aquellos como sus valores únicos y centrales. Concepto deliberadamente ambiguo y hasta confuso para quienes no participan de él.

Dentro del rock, como del romanticismo del cual deriva su espíritu y esencia, la confusión es una virtud apuntalada por todo un sistema de argumentos filosóficos acerca del yo, del mundo y el cambio que lo constituyen. En el más puro canon romántico.

La selección de esta música por parte de Sofia Coppola para su película y la participación de Shields en el armado del soundtrack de la misma, contribuyeron a elevar el murmullo a la categoría sublime de la sonoridad,  y el Adiós a una forma de arte abierto a todas las posibilidades, como todo buen arte (con Bob acariciando el pelo de Charlotte, y ella parada de puntas, con los ojos llorosos abrazada a él, y luego el susurro y el beso, que dan paso a unos acordes, como latidos del corazón, que evocan el Muro de Spector en “Be My Babe”, otra pieza perfecta).

VIDEO SUGERIDO: Scarlett Johansson – Lost in Translation Ending (4K), YouTube (John)

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BIBLIOGRAFÍA: JULIO TORRI

Por SERGIO MONSALVO C.

JULIO TORRI (PORTADA)

RODAR Y RODAR*

De la bicicleta se sabe que más de medio millón de ejemplares de tal instrumento mecánico, más o menos, se desplazan por Ámsterdam, tan sólo. Prácticamente cada habitante tiene una. Es el transporte ideal para la ciudad. No hace ruido, no se embotella, no contamina, ocupa un espacio reducido y crea un mercado muy particular.

Con ella se va a trabajar, a la escuela, de compras, al café, al club, al bar, de paseo o para hacer ejercicio, etcétera. El tráfico está organizado a su favor con carriles especiales en las avenidas, calles y parques, con semáforos, señales, estacionamientos y rutas establecidas. Pasear en ella es toda una experiencia. Es fácil, divertido, barato, va al ritmo de cada uno y de manera segura (con las debidas precauciones, claro).

Por añadidura, ser ciclista en esta ciudad brinda, además de ventajas, muchos placeres. Uno de ellos es el de conocer sus recovecos. Y si es detrás del pedaleo de una suculenta lugareña tatuada, pues más. Son raras aquellas jóvenes amsterdamesas que no porten sobre sí un tatuaje (entre los 16 y los 30 años: el 75%, según las estadísticas).

La moda en el vestir ofrece además la posibilidad de mirar esta galería corporal ambulante en toda su extensión. Las camisetas cortas, entalladas, y los pantalones bajos en la cintura amplían el campo del observador para admirar a plenitud la estética del tatoo. Los vientres planos o ligeramente curvos son fantásticos expositores en este sentido, así como los escotes, hombros, antebrazos, nucas, muslos y tobillos (entre lo visible).

Sin embargo, también la espalda baja y el principio del coxis revelan auténticas maravillas para el estudioso. El escritor mexicano Julio Torri (1889-1970), gustador de los andares bicileteros, se hubiera vuelto loco de la emoción ante este panorama general.

Este doctor en Letras, maestro universitario,  reconocido talento por su labor literaria, escribió poco debido a a su exacerbado perfeccionismo y quienes lo conocieron agregan, además, que “era tan afecto a los placeres que se distraía con facilidad”.

Este narrador fino y delicado de principios del siglo XX elaboró una obra, corta pero llena de fulgores, que fue resultado de la curiosidad por el espectáculo de la vida: “Todos somos un hombre que vive y un hombre que mira”—escribió—.

Él, al que tanto le gustaba deambular sobre la entonces novedad modernista de las dos ruedas, con la intención de observar a las secretarias y demás mujeres que veía por las calles de su época, sería el acompañante perfecto para dialogar con respecto a lo que ante nuestra vista se presenta en los citadinos rumbos de la antigua Mokum.

*Fragmento del libro Julio Torri (2 textos: Muerto que goza de cabal salud / Rodar y Rodar), publicado por la Editorial Doble A.

JULIO TORRI (FOTO 2)

Julio Torri

(Rodar y Rodar)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2019

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MIS ROCKEROS MUERTOS: EDDIE VAN HALEN

Por SERGIO MONSALVO C.

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MIS ROCKEROS MUERTOS

(OCTUBRE-DICIEMBRE 2020)

Es curioso. Se mire por un lado o por el otro la visión será más o menos la misma. A la calle Michelangelostraat se puede acceder por el Zuider Amstel Kanaal, caminar el par de cuadras que le corresponden o, viceversa, desde la Minervaplein. Es, pues, una calle pequeña, básicamente conformada por casas habitación y dos o tres comercios.

Forma parte del barrio conocido como el Apollolanbuurt, dentro de la zona metropolitana denominada Oud Zuid. Dicho barrio fue construido hace un siglo (junto a los aledaños Hoofdorppleinbuurt y Slotervaart), entre las décadas de lo años veinte y los treinta del siglo XX, en el periodo entreguerras. Dentro del plan de modernización de la ciudad de Ámsterdam.

Al Apollobuurt se le concedieron para su ubicación 95 y media hectáreas del sur citadino. Y su construcción se planificó en el estilo de la Escuela Amsterdamesa de Arquitectura, que surgió por entonces. Tal escuela era parte de un movimiento estético ligado al expresionismo alemán de dicha disciplina. El vanguardismo de ese movimiento contribuyó en gran medida al desarrollo urbanístico de la capital neerlandesa.

Ambas corrientes arquitectónicas compartían su gusto por el uso del ladrillo rojo combinado con el hormigón en un diseño innovador. En este último había cierta influencia del Art-Nouveau. El cual se manifestó en los detalles como la tipografía de los dígitos que señalaban cada casa y los adornos tanto en las entradas de las mismas, como en las cornisas de techos y ventanas.

Toda esta novedad hizo del emergente barrio una zona de lujo y opulencia, que atrajo a la gente rica de aquellas décadas (muchos de ellos de ascendencia judía). Por eso mismo, cuando los nazis invadieron la ciudad en 1940, la ocuparon, arrestaron a los propietarios, los despojaron de sus propiedades y los deportaron a los campos de concentración e instalaron su cuartel general en ella.

También por eso mismo, los aliados la bombardearon hacia el final de la conflagración. Destruyeron una parte de ella, que tras el conflicto fue reconstruida bajo las mismas bases originales. Debido a eso el barrio recuperó su esplendor hacia mediados de la siguiente década, con el agregado cívico de incluir vivienda popular para equilibrar su desarrollo.

A su aire entre majestuoso y moderno buscaron cimentarlo con la nomenclatura de las calles, que fueron nombradas con referencias a la Grecia Antigua, así como a los compositores y pintores históricos más destacados. De tal suerte, a esa pequeña calle le tocó un nombre grande: Micheangelo.

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En 1955 el barrio lucía nuevo, olía a nuevo. Era como el año mismo: caracterizado por la exhibición cultural, en su caso arquitectónica. Sin embargo, también aquella fecha del calendario se constituyó con los fuegos de otras disciplinas. Origen es destino reza un dogma romántico. Tal  pirotecnia alumbró el nacimiento de Eddie Van Halen y lo acompañaría en su periplo artístico.

Éste nació en los albores del año, el 26 de enero. No iba a ser un año normal, dijeron los augurios. Era un miércoles y la reacción a sus fuegos lo caracterizarían igualmente. Y cómo no, si había llegado al mundo en el mismo momento que Michael Schenker, que practicaría las mismas artes que él en The Scorpions.

No. No iba a ser un año normal. Las artes lo certificarían. Por ahí brotó Jeff Koons (cuyos fuegos de artificio se manifestarían en la escultura y la pintura) o Simon Rattle (quien haría lo propio en el terreno de los sonidos clásicos), la gama de tal fogosidad sería amplia, como paleta de pintor o partitura de director de orquesta.

Esa paleta de bengalas iluminaría la literatura con la publicación del tercer volumen de El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien; la aparición y el temblor que provocó la Lolita de Vladimir Nabokov; el estremecimento con la temática de Graham Greene en The Quiet American (El Americano Impasible) o la inquietante atmósfera del Pedro Páramo de Juan Rulfo.

Por otro lado, la cohetería protéinica sería encarnada en la cinematografía por un actor icónico: James Dean. Símbolo de lo que ya fluía y lo permeaba todo como un magma, esa juventud que exigía cambios, en películas de estreno y paradigmas como East of Eden (Al este del Paraíso, dirigida por Elia Kazan) y Rebel With a Cause (Rebelde sin causa, de Nicholas Ray).

No. Ese año no sería normal. Porque su resplandor sería provocado también por el fulgor de dos canciones emblemáticas: “Maybelline” (el primer sencillo de Chuck Berry) y “Rock Around The Clock” (de Bill Haley), lanzadas al planeta en 1955.  El rock and roll llegaría a la cima de las listas de popularidad para permearlo todo.

Así estaba el mundo cuando nació Eddie (Edward Lodewijk) Van Halen el 26 de enero, como hijo de Eugenie van Beers (una mujer indo-neerlandesa de origen javanés) y Jan van Halen, saxofonista, clarinetista y pianista, que formaba parte de la Orquesta de la Fuerza Aérea Neerlandesa. De él, Eddie y su hermano, Alex, recibirían la afición por la música.

La escucha de discos y la radio en la casa que les había asignado el municipio, dentro del plan de equidad social de la vivienda, en aquella calle Michelanglostraat en la que nacieron los hermanos, era una constante. Cada vez que el papá llegaba o antes de irse a trabajar, ponía discos de diversos géneros, destacando el jazz y ese nuevo género llamado rock and roll.

Los niños alternaban en la calle con otros vecinitos o a la orilla del Zuider Kanaal o en la Minervaplein, según el juego. El tránsito vehicular era poco en aquel entonces. Y de esa manera pasaron el segundo lustro de los años cincuenta, antes de que su padre fuera movilizado a la ciudad de Nijmegen, al este del país, muy cerca de la frontera con Alemania.

Sin embargo, aquella estancia en la Michelangelostraat y la vida que Eddie llevó ahí (bicicleta, amigos, futbol, escuela cercana, todo acontecido en el mismo barrio de la ciudad) pudo resumirse en una palabra: felicidad, con todos los sonidos que quedarían grabados en su memoria y que luego transferiría a su instrumento, cuando la familia se mudó a California.

Donde Eddie se convertiría con el transcurso del tiempo en un innovador, en un hito, un creador y un virtuoso, características que lo encumbrarían como uno de los mejores guitarristas de rock de la historia. Todo eso sucedería en Pasadena, California, a donde se mudó con su familia en los primeros años  de la década de los sesenta.

Ahí, con el grupo que llevaría su apellido como nombre, desarrollaría un sonido, un estilo al fin y al cabo, que lo identificaría eternamente: el tapping. Eddie hizo escuela con esa técnica: es decir, tocar con las dos manos sobre el diapasón para que dos notas distantes pudieran sonar consecuentes a una velocidad inusual. Un método que implica armar arpegios rápidos pulsando las cuerdas directamente sobre dicho diapasón.

Una adaptación al contexto rockero del lenguaje de la música barroca (Bach)  y del posterior romanticismo (Nicola Paganini). Movimientos estéticos fundamentales y ontológicos del rock mismo. Eddie Van Halen dio con uno de los avances del instrumento más espectaculares (en el sentido más combustible de la palabra) de su tiempo.

El ejemplo más conspicuo de su estilo se condensa en la pieza con que músico y grupo iniciara su andar: “Eruption”. Una contribución musical inconmensurable. En ella hay espectacularidad, extroversión y hedonismo. Nadie había escuchado un sonido de guitarra como ese anteriormente. Todos los intérpretes desde entonces buscaron sacar ese sonido con el amplificador, el pedal, el cable, la uña o las cuerdas adecuadas, pero la simple verdad es que el misterio estuvo en sus manos.

La magia de la pirotecnia como arte, como elixir de la inmortalidad. Eddie Van Halen por ello se convirtió en uno de los mejores guitarristas de la historia. Su fallecimiento el 6 de octubre del 2020 selló se permanencia en el Olimpo y en el Salón de la Fama del Rock.

Otros fenecidos en el trimestre: Johnny Nash (cantautor), Ken Hensley (ex Uriah Heep) y Spencer Davis (creador del Spencer Davis Group).

A todo ellos: ¡Gracias!

VIDEO SUGERIDO: Van Halen Eruption Guitar Solo, YouTube (Hazardteam)

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PHIL SPECTOR

Por SERGIO MONSALVO C.

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EL MURO Y SU SONIDO

Phil Spector, el más legendario de los productores musicales en la historia de la música; cuyo nombre es sinónimo de genialidad en ese rubro; el que produjo discos míticos como el de las Ronettes, el Christmas Gift For You, el Death of a Ladie’s Man, de Leonard Cohen, el End of the Century de los Ramones o el Let it Be de los Beatles, está a punto de cumplir los 80 años de edad.

De su lado oscuro ya se ha hablado y escrito mucho, pero en el otro lado de la moneda está el Phil Spector luminoso, el mimado por la genialidad. El que lleva a lugares mágicos con su cancionero único y placentero, mezcla fascinante de euforia, inocencia y nostalgia atemporal.

Su obra permite al oyente descubrir a un productor que conocía los secretos del pop clásico de los cincuenta, gracias a su aprendizaje en el Brill Building neoyorquino. Spector aporta tales señas en cuidadas sinfonías, en pequeños adornos que serán decisivos en el terminado, pero sobre todo demuestra un conocimiento pleno del estudio de grabación en donde despliega toda su habilidad para captar la fogosidad de la música.

Lo impuso como el lugar para concretar todo el esplendor de las ideas sonoras (cuando las hay), ordenadas a base de horas y horas de trabajo, de sensibilidad sonora y desgaste en las relaciones personales con los intérpretes. Eso tuvo un nombre, clásico entre los conocedores de la música popular: The Wall of Sound (el muro de sonido, su criatura).

PHIL SPECTOR (FOTO 2)

Él se encargaba de todo el proceso realizador, mientras llenaba el estudio de instrumentos que intentaba que sonaran a la vez: dos pianos, varias guitarras, un clavicordio… Grababa todo y regrababa. Era un obseso de la perfección hasta conseguir una ráfaga divina que distinguiera cada canción.

En aquellos primeros años sesenta, nada había sonado igual. Era una eclosión instrumental tan abrupta, tan exuberante, tan efusiva que impactaba por su gloria. La meta estética del productor era captar la magia del primer beso o de ese primer amor juvenil, tan ingenuo como cegador. Spector era un romántico. Pensaba que en una canción de menos tres minutos se podía plasmar ese sentimiento efímero pero inolvidable, atrapar su belleza. Y lo logró como nadie hasta entonces.

Spector era capaz de extraer toda la intensidad del sonido, creando canciones pletóricas, de un brillo deslumbrante hasta el último destello. El romanticismo antes de ser corrompido por la realidad cotidiana. Para ello, se basaba en ese muro de sonido, donde todos los instrumentos entraban en una toma, eclosionando en los oídos como algo inédito, para hablar del amor y esas minucias que inquietan a los espíritus adolescentes.

Su obra, en general, es un objeto de estudio. Un trabajo que contiene tantos conceptos, tanta ambición sonora que en su momento llevó a los Beatles, a los Beach Boys y a tantos otros después, a adoptar el estudio de grabación como un verdadero atrapador de sueños en el que se podía apresar a la belleza. Una osadía, en su caso, que al final sería castigada por los dioses.

VIDEO SUGERIDO: The Ronettes, BE MY BABY – Live (HQ)], YouTube (MrHaagsesjonny1)

Acuden a la memoria las imágenes curiosamente claras de aquella época: aquel hit de las Crystals en las listas de popularidad, lo cual significó un triunfo personal; pero, sobre todo, se recuerda las de aquellos con los que compartió los meses finales de 1963, cuando preparaba un álbum completo dedicado a esta temporada del año, A Christmas Gift for You: con Darlene Love, las Ronettes, los Blue Jeans…

Aquel disco fue una absoluta satisfacción para él. Un éxito instantáneo. Con él se solidificó la leyenda del Muro de Sonido y la de su prestigio como productor. Sí, disfrutó de aquello. Lástima que el asesinato de John F. Kennedy le haya ensombrecido los festejos a su catapultada fama.

Fue la parte luminosa de una carrera plena de éxitos, pero también de traspiés. Una que puso en su real perspectiva y diferencia el perfil del artista y el de la persona. Talento creador versus tiranía, paranoia, armamento, locura, sadismo, pelucas esperpénticas, crimen y castigo (una condena carcelaria de casi 20 años): el lado oscuro de la escena.

Su apellido está en el diccionario discográfico: el adjetivo spectoriano se aplica a las producciones densas y arrebatadoras. El escritor Tom Wolfe lo retrató como «El primer magnate de lo juvenil», su fama trascendió lo musical. Hay muchos libros dedicados a su asombrosa carrera.

Nacido en el Bronx en 1940, en una familia de judíos huidos de la Rusia antisemita, Phil Spector debutó con los Teddy Bears antes de descubrir que la creatividad musical estaba detrás de una mesa de grabación.

En Nueva York, Phoenix y Los Ángeles aprendió los secretos del estudio e inventó nuevos; se arropó con eficaces equipos de compositores, arreglistas, instrumentistas, técnicos de sonido y cantantes que escenificaban los traumas y los éxtasis del amor adolescente. Su sonido definió al pop orquestal de principios de la década de los sesenta.

Al avanzar ésta, le perdió el pulso al mercado; anunció su retiro en 1966. Sólo apareció una vez en aquel tiempo, en el papel de traficante de drogas al inicio de la película Easy Rider. No necesitaba dinero: lo tenía a caudales por los derechos de canciones que resultaron inmortales.

Luego los Beatles -con la oposición de McCartney- lo llamaron para que adornara las cintas de  Let it Be; también trabajó con George Harrison y John Lennon (ya solistas), los Ramones y Leonard Cohen. Sin embargo, sus extravagancias hundieron una a una las oportunidades: el perfeccionismo degeneró en despotismo, resolvía las discusiones exhibiendo pistolas y su conducta fue irracional. Después, ya sólo otro tipo de seres requirieron sus servicios: Yoko Ono y (finalmente) Charles Manson.

Phil Spector falleció el 1 de enero del 2021, a la edad de 81 años a causa del Covid.

VIDEO SUGERIDO: Righteous Brothers You’ve Lost That Lovin’ Feelin’ (45 RPM), YouTube (vwestlife)

PHIL SPECTOR (FOTO 3)

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