BABEL XXI-530

Por SERGIO MONSALVO C.

 BOB DYLAN 6 (FOTO 2)

BOB DYLAN: 80 / 6

(LOS 50 DE BOB)

 

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/530-bob-dylan-80-6-los-50-de-bob/

Exlibris 3 - kopie

BABEL XXI – 526

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-526 (FOTO 2)

BOB DYLAN: 80 / 5

DON’T LOOK BACK

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/526-bob-dylan-80-5-dont-look-back/

Exlibris 3 - kopie

BOB DYLAN 80 – 5

Por SERGIO MONSALVO C.

DON'T LOOK BACK (FOTO 1)

DON’T LOOK BACK

 (DYLAN/PENNEBAKER)

 Donn Ada (D. A.) Pennebaker (Evanston, Illinois, 1925 – Long Island, 2019) convirtió al Rockumentary (el documental de rock) en un auténtico género. Tal cineasta dirigió varias obras maestras de tal vertiente en las que no sólo equilibraba el cine, la música y el retrato del artista, sino que igualmente inscribió en tales obras el espíritu transformador de la década de los sesenta.

 

Esa estética personal es la que lucen Don’t Look Back (1967) -sobre Bob Dylan-, Monterey Pop (1968) -acerca del primer y mítico festival masivo de rock-, así como Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1973), enfocado en la presentación en la que David Bowie se despidió para siempre de Ziggy, su alter ego. Pennebaker, ese rockero fílmico, falleció a los 94 años de edad el 1 de agosto del 2019.

——

 

A mediados de los años sesenta Bob Dylan se colocó a la cabeza de la primera generación que había crecido con el rock and roll, pero quería más. Con canciones como “Like a Rolling Stone” defendió la idea de que el mundo se hallaba en el umbral de una nueva era en que todo sería diferente.

 

El rock había llegado a un punto en que ya se debían plantear preguntas vitales, de importancia fundamental. Aquella generación empezó a hacerle exigencias mayores al género, relacionadas con su propio crecimiento como seres humanos. Los textos de Dylan tomaron al cielo por asalto.

 

Le dio a la canción, como tal, dimensiones universales y también a la poesía emanada de ella, la parte que le correspondía de una larga tradición artística. Retrató la condición humana con el instrumento de la palabra, con su mejor uso y estilo.

 

Una obra maestra necesita el paso del tiempo para consolidar su peso, adquirir su suprema estatura y Dylan, con su aura de clásico contemporáneo, su voz raída y sus texturas añejas en blues y folk, se planteó como una novedad tan enigmática, tan individual y tan bien construida, que marcó para siempre la diferencia.

 

DON'T LOOK BACK (FOTO 2)

 

En “Like a Rolling Stone” se refiere a alguien que no reconoce lo que es importante, aunque haya sido afortunado en la vida. Y supo que tenía que grabarla, y que necesitaba algo fuerte, poderoso: la electricidad del rock fue la respuesta. Y llamó a los amigos que tenía en dicha escena: Mike Bloomfield (en la guitarra principal), Al Kooper y Paul Griffin (órgano y piano), Bob Gregg (batería), Harvey Goldstein (bajo) y Charlie McCoy (guitarra de acompañamiento). El propio Bob tocó la guitarra, el piano y la armónica.

 

Dicho grupo creó una enorme pulsión de energía. Todo empezaba con un golpe rápido del tambor, entraban entonces el órgano, el piano y la guitarra impactando con su riff al oyente, para dar finalmente paso a las palabras: “¡Había una vez…!”. Todo se contagió a partir de ahí.

 

La canción resultó un cataclismo, produjo polémica entre los puristas (el patriarca integrista Pete Seeger pidió furibundo un hacha para cortar los cables que alimentaban aquel “ruido infernal”, cuando Dylan la presentó por primera vez en vivo en el Newport Folk Festival con la Paul Butterfield Blues Band de apoyo, pero ya nada pudo hacer para atajar el cisma). La confrontación se  produjo irremediablemente.

 

Hoy, cuesta calibrar la profundidad de las pasiones que despertó aquella decisión estética. Pero hay una manera de hacerlo: con el documental Don´t Look Back, con el que D. A. Pennebaker recupera las filmaciones de Dylan en dicho festival de1965, donde aquello sucedió.

 

(Justo a mediados de la década de los sesenta Albert Grossman, representante de Bob Dylan, contactó con Pennebaker por primera vez para que hiciera un documental sobre el músico aprovechando la gira de presentación del disco Bringing It All Back Home. En la labor de Pennebaker ayudó al buen despliegue un reciente avance tecnológico: las cámaras que sincronizaban ya imagen y sonido. Eso le proporcionó la total libertad de movimientos que le permitió la fluidez narrativa y la intimidad con el espectador que se reflejan en la pantalla. De tal suerte el público se anota como testigo de primera línea en la electrificación del sonido de Dylan. Además, aparece la famosa secuencia en la que Bob muestra a la cámara carteles con la letra de Subterranean Homesick Blues, mientras al fondo Allen Ginsberg conversa con otra persona, esta idea original de Dylan le pareció genial al cineasta).

 

La relación de Dylan con el cine ha resultado ambivalente a lo largo de su carrera, desde filmaciones frustradas hasta obras de culto. Entre las primeras están la no realizada con el director John Schlesinger (Midnight Cowboy) en la que no entregó a tiempo la canción principal para el soundtrack de la misma (“Lay Lady Lay”, que a la postre formaría parte del álbum Nashville Skyline), encargo que terminó recayendo en la voz de Harry Nilson con la interpretación de “Everybody’s Talking”.

 

Asimismo, estuvo su participación casi testimonial en Pat Garrett and Billy The Kid de Sam Peckinpah, pero fue una actuación que quedó relegada al archivo de rarezas tras el tema escrito por él y que formó parte de la banda sonora: Knockin’ on heaven’s door.

 

Tampoco sería memorable su intervención en Hearts of Fire (Corazones de fuego) de Richard Marquand, en la que aparece en el papel de un veterano Rock Star o luego en Masked and Anonymous (de Larry Charles) donde volvía a repetir como músico protagónico.

 

Tendría mejores resultados como autor al obtener su primer Oscar por la pieza Things have changed de la banda sonora de Wonder boys (de Curtis Hanson) con la que Hollywood le haría un reconocimiento a su trayectoria como compositor a lo largo de casi medio siglo.

 

Por el lado soleado de la calle, entre las cintas de culto identificadas con Dylan, están las obras hechas con Martin Scorsese (The Last Waltz y No direction home), al igual que la experimental y sugestiva I’m Not There, de Todd Haynes.

 

El propio Dylan ensayaría la creación y dirección fílmica con Eat The Document, Renaldo y Clara y la que muy recientemente vería la luz: Rolling Thunder Revue, un road picture documental sobre tal gira, en la que el prestigiado autor Sam Shepard colaboró con Bob en su hechura.

 

Por otra parte, la lista de canciones de Dylan que ha formado parte de alguna película sería demasiado larga para señalarla aquí, solamente cabría decir al respecto que merecería un tomo completo en la historia del rock en la cinematografía.

 

VIDEO SUGERIDO: Bob Dylan (Like a Rolling Stone (Live@ Newport Festival 1965), dailymotion (toma-uno)

 

DON'T LOOK BACK (FOTO 3)

 

 

 

Exlibris 3 - kopie

BOB DYLAN 80 – 4

Por SERGIO MONSALVO C.

BOB DYLAN 4 (FOTO 1)

 DYLAN/GINSBERG

HERMANOS DE SANGRE

En el 2001 Bob Dylan cumplió sesenta años de edad (1941, Duluth, Minnesota). En el 2002 festejó 40 de su primera grabación (Bob Dylan, CBS, 1962). Hasta ese momento el listado de su obra abarcaba 52 discos oficiales, entre realizaciones de estudio, conciertos y recopilaciones. Todos muy celebrados y analizados de manera exhaustiva.

Sin embargo, había por ahí un par de producciones no consideradas dentro de su catálogo y que no obstante resultan importantes (no sólo por la música) para el ámbito cultural del último tercio del siglo XX. Se trata de las sesiones que llevó a cabo con el poeta beat Allen Ginsberg.

Ambos se conocieron a fines de 1963 en Nueva York. Fue la noche misma en que Dylan recibió el premio Tom Paine de parte del Comité de Emergencia por la Libertades Civiles. Bob había leído a Ginsberg durante su breve temporada universitaria en Minneapolis, entre 1959 y 1960. Y Ginsberg de seguro había escuchado las primeras grabaciones de Bob. Inmediatamente se creó entre ellos un vínculo muy especial de amistad.

En cuanto a lo cronológico estaban más cerca el uno del otro de lo que se pudiera pensar. Ginsberg, que nació en 1926, sólo le llevaba 15 años a Dylan. Además, en lo que se refiere a publicaciones empezó muy tarde. Howl, su primer libro, se publicó en 1956, apenas un lustro antes del álbum inicial del cantautor. Ginsberg, de cualquier manera, fue el evidente precursor de Dylan. No habría que subestimar en ello el efecto de Howl, libro que en los Estados Unidos proclamó la posibilidad de una poesía vital y contemporánea en lenguaje coloquial.

Sería difícil imaginar la existencia del clima cultural que envolvió a Dylan a principios de los sesenta sin el impulso que partió de Allen Ginsberg y de la generación beat en general. Éste, además, introdujo al joven poeta Dylan en la lectura de Rimbaud, Lorca, Apollinaire, Blake y Whitman, de manera profunda y sistemática.

Los encuentros y apoyos mutuos comenzaron de manera regular desde 1964 en sesiones fotográficas, en filmaciones (como la de Don’t Look Back del director D. A. Pennebacker); Ginsberg fue el intermediario para el encuentro de Dylan con los Beatles (que marcó cambios en la música de éstos); Dylan, a su vez, le regaló una grabadora portátil para que registrara sus observaciones y flujos de conciencia mientras recorría la Unión Americana –en combi– en compañía de Peter Orlovsky. Dichas grabaciones fueron la base para el libro The Fall of America. Ginsberg, asimismo, le dedicó una serie de poemas, como en Blue Gossip de 1972.

BOB DYLAN 4 (FOTO 2)

No obstante, el intercambio más importante y productivo se dio en noviembre de 1971, cuando Ginsberg realizó el intento más serio por transferir sus obras poéticas al medio de la canción. Él, que como poeta había inspirado a Dylan, como músico se convirtió por un tiempo en alumno de éste.

Tuvieron tres sesiones: dos en los estudios Record Plant y una durante la trasmisión del programa televisivo Freetime para la cadena PBS. En tales grabaciones participaron músicos, poetas y amigos. La gama abarcó desde los cantos budistas hasta la lectura musicalizada de poemas de William Blake.

La canción más contagiosa emergida de ahí fue el rock “Vomit Express”. No obstante, el tema más importante resultó ser “September in Jessore Street”, que contenía las observaciones de Ginsberg sobre unos refugiados hindús que trataban de llegar de Pakistán a Calcuta. El poema fue escrito para estas sesiones de manera especial.

A pesar de los esfuerzos, la grabación resultó en un caos total. Los músicos invitados no tocaron ni en el mismo ritmo ni en el mismo tono y nadie, mucho menos el propio Ginsberg, fue capaz de unirlo todo.

Casi dos décadas después Hal Willner, el productor de la caja antológica de álbumes de Ginsberg, Holy Soul Jelly Roll (Rhino Records, 1994), volvió a mezclar las cintas originales, las combinó con grabaciones posteriores y de esta forma creó una obra ejemplar y de alguna manera fantástica.

En su versión, Hal Willner eliminó todo de la sesión anterior, excepto la voz de Ginsberg y el piano y órgano de Dylan, mezclando estos elementos de nueva cuenta. Las figuras en el teclado, pensadas originalmente como complemento para instrumentaciones más complejas, quedaron solas como contrapunto al canto de Ginsberg. “Fue el momento culminante de la grabación —escribió éste— cuando Dylan hizo descender sus diez geniales dedos sobre el teclado. Fueron los puntos percusivos que subrayaron las distintas formulaciones”. A la distancia es posible que se trate de la mejor interpretación de Dylan en el piano que se haya grabado hasta la fecha.

En 1982 ambos volvieron a reunirse en los Rundown Studios de Santa Bárbara, California. Produjeron una animada versión del poema “Do the Meditation Rock”, así como dos tomas de “Airplane Blues”, en las que Dylan tocó los instrumentos de cuerda. A la postre Ginsberg se unió a la gira Rolling Thunder Review de Dylan y representó también el papel de “El Padre” en la cinta semiautobiográfica de éste, Renaldo y Clara. Participó también en algunas presentaciones del cantante en la cárcel de Trent, leyendo poemas, y escribió las liner notes del disco Desire.

En 1997 la muerte de Ginsberg selló una amistad de 34 años. Cuando le pidieron a Dylan un comentario al respecto, dijo lo siguiente: “En la vida sólo he conocido a dos personas sagradas para mí. Una de ellas fue Allen Ginsberg, mi amigo, mi hermano mayor”.

 

VIDEO SUGERIDO: Bob Dylan & Allen Ginsbrg – Vomit Express.mp4, YouTube (John Fitzimmons)

BOB DYLAN 4 (FOTO 3)

Exlibris 3 - kopie