RADIOHEAD/6

Por SERGIO MONSALVO C.

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EL STATUS DE LA CELEBRIDAD

Tom Yorke aprovechó su nuevo status de celebridad para respaldar al nuevo grupo indie Drugstore (al que apoyó con su voz en “El President”, pieza lanzada en 1998), mientras que Radiohead en conjunto colaboraba con Massive Attack, que desde hacía mucho pretendía realizar un remix de todo el álbum OK Computer.

El triunfo del disco fue seguido por una frenética gira mundial, de la que se recibe una impresión bien lograda en el video Meeting People Is Easy de comienzos de 1999.

La película de Grant Gee permite echar un vistazo sobrio al mundo en el que vive Radiohead: el grupo es perseguido de forma incansable por los ejecutivos de las disqueras, los fans, los fotógrafos y sobre todo los periodistas.

En gran parte de 1999 los integrantes de la banda se retiran a Francia para trabajar con dedicación en el sucesor de OK Computer. Sólo se difunden noticias esporádicas del grupo, por ejemplo cuando se presentó como parte de los conciertos en beneficio de War Child de Amnistía Internacional y cuando se dio a conocer que trabajaban en la música para una nueva serie de televisión de la BBC, Eureka Street.

En junio del mismo año, Yorke y el guitarrista Jonny Greenwood dieron una actuación acústica en el marco del Concierto por la Libertad Tibetana en el auditorio Rai de Ámsterdam. Fue uno de los mejores momentos del evento.

De manera lenta pero segura se pone de manifiesto que Radiohead ha sufrido cambios. Las giras y las actividades de promoción exhaustivas son cosa del pasado y, también en lo que se refiere a la música, Yorke y sus compañeros quieren emprender otro rumbo.

Thom Yorke von Radiohead

Una vez de regreso en casa después de la gira para promover OK Computer, Yorke volvió a entregarse a un viejo amor —la música electrónica muchas veces abstracta de los grupos producidos por el sello Warp de Sheffield (Autechre, Aphex Twin)– e hizo constar que la verdadera renovación musical tenía lugar principalmente en ese género.

Asimismo, dijo que Radiohead se había quedado atrás en el tiempo, al contrario de lo que él deseaba. “De repente me di cuenta de que nos equivocamos –sentenció Yorke—. Después de regresar a casa compré todo el catálogo de Warp y redescubrí ese gran salto de la música, incluso cuando ésta consiste sólo en estructuras cambiantes y sin voz. Caí en la cuenta de que eso despertaba semejantes emociones en mí que la música común de guitarras”.

Así supo cómo quería que sonara el siguiente disco de Radiohead. “Me distancié por completo del canto y las melodías. Sólo quería ritmos y sonidos”, explicó el músico.

Yorke estaba convencido de que la música electrónica era el único medio para describirse a sí mismo y al grupo. “La electrónica ahora es nuestra herramienta. Se ha convertido en parte de nuestro mobiliario. Las guitarras ya no significan nada para mí.

“También se ha modificado por completo el proceso de escritura de las canciones. Es más, ya no se puede hablar de ‘escribir’. Lo que ahora hacemos es montarlas: reunimos material y luego lo pegamos. Lo único raro es la obligación de ponerle voz. La música que me ha inspirado últimamente no contiene voz. Y la que escucho en la cabeza no son canciones redondeadas. Son sonidos inconexos y fragmentados”.

VIDEO SUGERIDO: Radiohead – the National Anthem live at the BBC studios, YouTube (RadioheadSnatcher)

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RADIOHEAD / 5

Por SERGIO MONSALVO C.

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OKAY, OKAY

En la primavera de 1996, la banda rentó la fantasmagórica vieja mansión de la actriz Jane Seymour cerca de Bath (después de que hicieron lo propio en ese mismo sitio The Cure y Johnny Cash) e instaló ahí su flamante estudio móvil.

El entorno rústico le inspiró al grupo OK Computer, un álbum casi sacro que con creces cumplió las altas expectativas. El conjunto supo reunir en un sonido noventero la ambición del rock progresivo, el ambiente desolado de la New wave, el ansia por la experimentación del krautrock y las cualidades de los Beatles para la canción.

En sus textos Yorke parece seguir en pos de la pureza y la libertad, lo cual con frecuencia expresa en términos curiosamente surrealistas. OK Computer (1997) despertó una ola de entusiasmo en la prensa y el público.

Los tracks típicos del álbum, como “Paranoid Android” y “Karma Police”, llegaron a (las regiones inferiores de) las listas de éxitos, lo cual puede explicarse en principio por el hecho de que una influencia en sus sinfonías tecnológicas —y letras llenas de bilis— era Pink Floyd.

Así se confirmó cuando Yorke (acompañado por el grupo de country estadounidense, Sparklehorse) hizo un cóver de “Wish You Were Here” para la caja del centenario de EMI, Come Again (1997).

 OK Computer se celebró como el Dark Side of the Moon de los noventa (O’Brien, el guitarrista del grupo, definió al disco como “el producto de un Phil Spector perturbado”). Pero a pesar de sus raíces en la tradición del rock, el CD de Radiohead se distinguió de otras dos producciones “retrogresivas”, Urban Hymns de The Verve y Be Here Now de Oasis, por su inspiración y pretensiones. Ok Computer fue considerada la secuela de The Bends bajo la influencia del incienso.

El cantante Yorke siguió dominando toda la extensión de las emociones intensas. La banda continuó presentando baladas extremas sin igual y acercándose mucho al límite con el kitsch.

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Lo nuevo de este álbum fue su acercamiento a los territorios de la psicodelia envueltos por las drogas de los años setenta. A ratos la agrupación suena aquí como el denominador común de la inicial época de Yes, reducida a su esencia, una producción moderna de Pink Floyd y el temprano U2, con más energía.

Un ejemplo luminoso de esta nueva propuesta fue el primer sencillo, “Paranoid Android”, la extravagante pieza dedicada al sueño hippie de distanciamiento de la sociedad, en la que Yorke pone de manifiesto sus capacidades.

Y un ejemplo de su oscuridad sería “Let Down”, en la que el compositor y cantante clona el pathos de Bono y el lagrimeo de Tim Booth. Entre ambos extremos se da el vaivén del resto del álbum. Uno en el que se cae bajo su hechizo a corto plazo.

Acompañado por la mencionada “Paranoid Android”, OK Computer llegó al número uno en el Reino Unido y al 21 en los Estados Unidos. A pesar de que Yorke puso a prueba la paciencia incluso de sus admiradores al convertirse en el personaje quejumbroso obsesionado por sí mismo sugerido por sus letras, Radiohead se apuntó un triunfo tras otro.

La culminación fue el espectáculo de brillo deslumbrante en el Festival de Glastonbury de 1996, así como la celebridad en tierras británicas de “Karma Police” y “No Surprises”. OK Computer fue el “Álbum del año” para la mayoría de los seres sensibles, y “Banda del año” para publicaciones como Spin y Rolling Stone, así como número uno de los “100 mejores álbumes de todos los tiempos”, según los lectores de la revista Q. Un clásico para la historia del rock.

VIDEO SUGERIDO: Radiohead – Let Down, YouTube (zabaru)

Radiohead at NYC, session for Raygun magazine

 

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RADIOHEAD/4

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 EMBELSO POR LOS RASGOS

The Bends no tenía un sencillo tan significativo como “Creep”. No obstante, Ed O’Brien se mostraba optimista. “Estoy convencido de que nuestro nuevo álbum suena mucho mejor y más maduro que el debut. Por el momento no hay nada que me agrade más que tocar en un grupo. Viajas mucho, te pagan por ello y tus fans te regalan muchas cosas. ¿Qué más pudiera pedir? Si el asunto saliera mal a pesar de todo, podría ponerme a dar clases de Politología”.

La nueva obra demostró que Radiohead no era un “One hit wonder”: el sonido ligeramente nervioso de la voz de Yorke despertó gratos recuerdos de Bono y los músicos se transformaron en un grupo maduro que con igual facilidad manejaba un noise durísimo o una balada sutil. Los sencillos “High and Dry”, “Planet Telex”, “Fake Plastic Trees”, “Just” y “Street Spirit” se convirtieron en éxitos, y el álbum tuvo ventas platino en el Reino Unido.

Con la delicada “High and Dry” (número 17 en la Gran Bretaña) como abridora del álbum, The Bends engendró reseñas embelesadas por su mezcla de acordes de poder al estilo de Queen, arte épico en las baladas y guitarras estremecedoras.

Siguió una larga estancia en las listas (número 6 en la Gran Bretaña/número 88 en los Estados Unidos), promovida por los sobresalientes hits “Fake Plastic Trees”, “Street Spirit (Fade Out)” y “Just” (un tema célebre de MTV en los Estados Unidos gracias al confuso video de un hombre tendido sobre el pavimento).

En conclusión, este segundo álbum del grupo de Oxford no incluyó una sola canción débil. El quinteto había presentado doce perlas rítmicas y llenas de energía que extendieron un calidoscopio muy extenso del pop y del rock británicos.

Resultaba evidente que sus bisabuelos, abuelos y padres eran los Beatles, David Bowie y los Smiths, y sus hermanos mayores The Jesus and Mary Chain. Con todo, Radiohead sonaba posmoderno, joven y con un estilo más definido que Suede, con quienes se les comparaba.

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En The Bends, el cantante Thom Yorke domina todas las canciones de manera soberana. Cuando su voz característica llega a los registros superiores el escucha siente fuego en la médula de los huesos y se le pone la carne de gallina. El complemento ideal son las guitarras variadas que se entregan ora a riffs de glam rock, ora a un suave acompañamiento acústico o bien al uso hipnótico del pedal del volumen.

Si las canciones de su debut Pablo Honey aún podían evaluarse como respetables reverencias ante Clash o al U2 de su primera época, el disco que le siguió demostró que Radiohead era mucho más que el triunfo musical de un solo día, y que sus integrantes habían aprendido a dominar de manera satisfactoria sus instrumentos.

Cuando le sirvieron de abridores a R.E.M. en julio de 1995, Yorke se hizo amigo de Michael Stipe, uno de sus héroes personales. En septiembre ayudó a organizar, junto con Brian Eno, un álbum que se grabó y lanzó en cinco días en beneficio del trabajo realizado en Bosnia por la asociación de beneficencia War Child. La épica pieza “Lucky” de Radiohead fue un momento destacado del álbum Help! que resultó de ello.

El grupo anduvo de gira de manera continua, incluyendo apariciones como banda abridora en los Estados Unidos para Soul Asylum y Alanis Morissette (quien presentaba un cóver de “Fake Plastic Trees”). Estas giras le valen a Radiohead la reputación de “grupo abridor ideal”. Luego, después de que Yorke y Jonny Greenwood colaboraran en el soundtrack de la película de glam rock de Stipe, Goldmine, se pusieron a preparar su siguiente álbum.

VIDEO SUGERIDO: Radiohead – Just, YouTube (Radiohead)

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RADIOHEAD/3

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TORTURA Y TRABAJO

Decían los rumores que el cantante y letrista Thom Yorke no podía resistirse a la presión del consumo permanente de champán ante su creciente popularidad. La consecuencia fue que las nuevas canciones tardaron en aparecer. Sin embargo, el aplauso público le valió al grupo un millón de ejemplares vendidos del disco Pablo Honey en el país de las barras y las estrellas. Radiohead fue atrapado entonces por el circuito internacional de las promociones musicales.

En la segunda mitad de 1993 el resto del mundo siguió a los estadounidenses, a gran velocidad, en el entusiasmo por el grupo: desde Inglaterra y Holanda hasta Japón y el Líbano, “Creep” figuró en todas las listas de popularidad. El gran número de giras y la presión que la fama significaba se hicieron sentir rápidamente en el seno de la banda.

Confundidos por las alabanzas producidas por un álbum que a ellos les parecía disparejo, los miembros de Radiohead pasaron el año de 1994 en aislamiento, excepto por un par de breves giras británicas así como presentaciones en los festivales de Glastonbury y Reading. Su único lanzamiento de ese año fue el virulento EP “My Iron Lung”. A fin de no caer en el olvido, el grupo presentó como entremés este material en mini-CD, con una compilación de lados “B” y grabaciones en vivo. La medida les dio el aire necesario.

Las grabaciones para el álbum sucesor habían resultado tan difíciles que se suspendieron. A la postre los integrantes de la banda llegaron a la conclusión de que había sido por cuestión de miedo al fracaso, así como el hecho de haber pasado demasiado tiempo juntos. Después de una aplaudida gira por Europa, Japón y Australia, el segundo intento de grabación, bajo la dirección del productor de Stone Roses, John Leckie, tuvo buenos resultados.

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Tras el prestigio obtenido por Pablo Honey en los Estados Unidos, la compañía disquera estaba decidida a erradicar incluso las últimas dudas con respecto a la importancia del grupo y del nuevo disco The Bends (1995), por lo que llevó a 78 periodistas de todo el mundo a Oxford, alojándolos en un hotel de cinco estrellas de 375 dólares la noche para que se hicieran una idea propia de las cualidades del quinteto en vivo. Tales gastos por regularidad sólo se prodigaban en beneficio de los consentidos de la industria, lo cual demostraba las expectativas que se tenían en el álbum. A ello seguirá un sinnúmero de conciertos y de entrevistas.

El cantante y compositor Thom Yorke sufrió un colapso nervioso después de aquella reunión en Oxford. Sin embargo, la agenda no le brindó tiempo para recuperarse. “Para poder soportar esta tortura tienes que concentrarte en el trabajo y motivarte también el intelecto. Leemos muchos libros —declaró el baterista Phil Selway—. Los juegos de video son tabú para nosotros”. Por eso es un grupo de gente inteligente, con estudios universitarios.

Al final, el segundo álbum de Radiohead llegó a las tiendas de discos. Y al poco tiempo The Bends se celebraba como uno de los grandes álbumes de guitarras del momento. Con buena razón, pues Yorke había conseguido crear metáforas expresivas para sus experiencias en los Estados Unidos, las cuales a su vez desembocaron en canciones hábilmente construidas acerca de las atrocidades de la existencia humana.

Al mismo tiempo, los compañeros de Yorke habían aprendido a tocar con mucha emoción sin asfixiarse en el pathos. No obstante, para llegar a este punto Radiohead tuvo que sortear muchos riscos. “Puedo señalar con precisión cuál fue el gran punto de cambio para nosotros —ha dicho el guitarrista Jonny Greenwood—. Fue el instante en que cobramos conciencia de que habíamos ganado un lugar en la industria de la música y logrado algo con nuestras canciones.

Lo descubrimos el último día de nuestra gira por los Estados Unidos como abridores para R.E.M., es decir, más o menos medio año después del lanzamiento de The Bends. Fue para nosotros un gran honor que R.E.M. nos invitara a abrir sus conciertos. La razón por la que yo empecé a tocar la guitarra fue la forma de tocar de Peter Buck”.

Aún en la actualidad Radiohead no se cansa de hacer énfasis en la gran influencia que ejerció sobre ellos el cuarteto de Athens. Durante la gira pudieron asomarse de cerca a la vida de esas superestrellas estadounidenses. “Vimos cómo el lujo los rodea, pero a pesar de ello son personas honestas y cálidas. Su pasión por la música sigue incólume”.

Sintieron este hecho con mayor claridad cuando a Radiohead le tocaba abrir sus conciertos. “Todas las noches Michael, Peter y los demás se paraban a la orilla del escenario y nos observaban. Esta circunstancia nos pareció muy inspiradora. R.E.M. nos demostró que es posible seguir siendo sencillos y divertirse aunque seas el grupo más importante del mundo”.

VIDEO SUGERIDO: Radiohead My Iron Lung Subtitulado, YouTube (clkira1990)

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RADIOHEAD/2

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 INDIE Y LA CAJA DE PANDORA

Las transformaciones en el rock significan la desestabilización de viejas formas musicales y de pensamiento, extinción de informaciones anticuadas o su reordenamiento en contacto con los nuevos saberes y tecnologías, que confluyen en nuevas agrupaciones y senderos. Ahí es de manera precisa donde brotan los artistas independientes (indies) y las compañías disqueras que canalizan sus expresiones al margen de lo comercial.

No obstante, de manera paulatina y con el paso del tiempo, la palabra indie empezó a referirse menos a la industria que al estilo. Los investigadores, estudiosos y analistas serios de la música se mantuvieron fieles a la primera definición, pero la percepción pública, la vulgarización, promovida en mucho por las grandes disqueras que vieron en ello un lucrativo negocio, habló ya de indie como de un rock quejumbroso apoyado por retumbantes guitarras, y ese es el uso común que se le da hoy en día.

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En 1984, Thom Yorke fundó al grupo On A Friday con su compañero de escuela Ed O’Brien. Colin Greenwood más Phil Selway y el hermano de Colin, Jonny, se unieron a la postre. Originarios de Oxford, Inglaterra, los cinco miembros de la banda provenían de familias de clase media. Se conocieron a mediados de los años ochenta en la Abingdon School, centro educativo de una pequeña ciudad cercana a Oxford.

Thomas Edward Yorke (nacido el 7 de octubre de 1968) se convirtió en el vocalista, compositor, guitarrista, tecladista y con el tiempo en el realizador del trabajo artístico de las portadas de sus discos y videos. Fue a la Universidad de Exeter donde estudió Bellas Artes y Literatura Inglesa. Ahí tocó la guitarra en un grupo de techno —su primer amor en realidad— llamado Flickemoise.

Jonathan Richard Guy Greenwood (5 de noviembre de 1971), a su vez, estudió Psicología en Oxford Poly (sin graduarse). Ejecuta toda clase de instrumentos de cuerda, percusión y demás. Cuando entró al grupo tenía 14 años y ya era multiinstrumentista. Tocaba los teclados y podía escribir arreglos para cuerdas. Incluso sabía leer partituras (de hecho todos lo saben hacer). Jonny crea música con todo lo que toca. Su guitarra preferida es la Fender Telecaster.

Por su parte, Edward John O´Brien (15 de abril de 1968) estudió Ciencias Políticas en Manchester y se erigió en la segunda guitarra y segunda voz del grupo. Colin Charles Greenwood (6 de junio de 1969) tomó para sí el bajo y se licenció en Literatura Inglesa en Cambridge. Y Philip James Selway (23 de mayo de 1967), se hizo cargo de la batería y estudió Literatura Inglesa e Historia en el Liverpool Polytechnic.

Durante los primeros cuatro años sólo tocaron en ocasionales conciertos durante las vacaciones de la universidad. En aquel entonces el grupo interpretaba un pop pulido y durante algún tiempo incluso mantuvo una sección de metales. No obstante, después de graduarse se presentaron en julio de 1991 en un pub de Oxford lleno de cazatalentos de las disqueras.

Para septiembre del mismo año ya habían firmado con Parlophone y cambiado el nombre a Radiohead, sacado del título de una canción de los Talking Heads que aparecía en el disco True Stories. Sus primeras piezas con tintes de grunge, “Drill EP” y “Creep” (ambas de un EP de 1992), tuvieron poco impacto, mientras que el sencillo “Anyone Can Play Guitar” y el disco Pablo Honey de 1993 se hicieron notar apenas en las listas británicas.

Sin embargo, hay que señalar que en Pablo Honey el grupo halló un buen equilibrio entre un indie-pop frágil y un rock alternativo exorcista, con los textos misántropos y melancólicos de Yorke como marca distintiva. Las críticas, es cierto, fueron positivas, pero el grupo, por no estar “a la moda”, prácticamente no impactó a la prensa musical británica. Los sencillos “Anyone Can Play Guitar” y “Pop Is Dead” entraron a las listas de éxitos de su país natal en posiciones muy modestas.

No obstante, durante una gira por los Estados Unidos “Creep” se convirtió en un todo un fenómeno. En la Unión Americana el público se volvió loco por el tema. Era un track perfecto para los lánguidos escuchas llenos de conmiseración por sí mismos, adicionado con las cantidades justas de angustia y ruido.

Era la canción perfecta acerca de la sensibilidad de una generación, aderezada con elementos del grunge, nostalgia por la lejanía y guitarras emotivas. MTV tocó tanto “Creep”, al derecho y al revés —así como las demás canciones del álbum debut—, que en un dos por tres Radiohead se convirtió en un grupo respetado y solicitado en la tierra del Tío Sam. No obstante, el éxito también conllevó  problemas.

VIDEO SUGERIDO: Pop is Dead Radiohead, YouTube (jerollen)

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RADIOHEAD/1

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 (INTRO)

 INDIE Y EL TEMPLO DE LA PERDICIÓN

En la antigua Grecia, el espacio existente entre el hombre del saber y el de la experiencia era considerado como “misterioso” y sin leyes definidas; ni por la lógica (conocimiento) ni por la tradición (experiencia). Dicho espacio era el de la imaginación y funcionaba como un péndulo que aseguraba el vaivén entre las dos situaciones.

En la actualidad se le llama el espacio de lo imaginario, uno que no pertenece al saber pero tampoco a la experiencia, sino que actúa en ambos y los conoce por ser la zona que los separa y mantiene distintos. Es el espacio del sentido y los sentimientos, elementos que organizan la vida afectiva y cognitiva. Así nació la problemática de esta época hipermoderna: con la incapacidad del hombre afectivo para vivir al mismo tiempo que el hombre cognitivo y viceversa.

El éxito del rock llamado indie (por independiente) tiene sus raíces en el hecho de ser la primera música que puede localizarse en esa ruptura de la armonía entre ambos sujetos. Es la disciplina artística que vive de varios modos el resquebrajamiento de esa armonía. Es por esa razón que resulta complejo hablar de tal estilo en términos simples.

Bajo la bandera indie, la función de la música será siempre doble: expresar al mismo tiempo la alegría y la pena. Hacer lo primero con los medios de la segunda, es decir: llorar de alegría y reír de pena. Es a lo que conocen los antropólogos sociales como “estados luminares”. El grupo que representa mejor esta circunstancia existencial en la música es Radiohead.

Quinteto británico de guitarras con una obra independiente, supramoderna y luminar, de meditaciones desengañadas, profundas, sobre las expresiones del patetismo y la muerte en la cultura, en lugar de las románticas y tradicionales del pop sobre el sexo y el desenfado. Así como Oasis y Blur animaron la música indie con su alegre britpop, Radiohead devolvió al género a su estado natural, la autocompasión épica, y lo hizo trascender.

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El término indie surgió en la Gran Bretaña —y enseguida pasó a los Estados Unidos— hacia finales de los años setenta. Es una abreviatura que nació en la industria de la música y significó “sello discográfico independiente”, a diferencia de los llamados majors (las compañías grandes, las institucionales).

El indie implica todo lo que no es mainstream, es decir, que se ubica fuera del gusto masivo, aunque ahora con el correr de los tiempos muy bien puede darse —en contradicción— con una compañía trasnacional. Históricamente, el término es un subproducto de la ética punk del “hazlo tú mismo” y significó el crecimiento de los sellos independientes fundados por fans de la música —al margen de los gigantes como EMI, Sony, Universal, BMG, Warner, etcétera—, motivados por la pasión y no por el lucro.

Conceptualmente, su límite es aquello a partir de lo cual algo distinto empieza a manifestar su esencia. Nuevos sonidos, nuevas voces, diferentes lenguajes que están inscritos más allá. Ahí es de manera precisa donde surgen, trabajan y crean los “independientes”. En el sentido musical de forma específica los independientes son aquellos que buscan, que exploran, que descubren nuevos modos, nuevas formas de la experiencia artística.

Es indiscutible que quienes han sacado mayor provecho de los públicos mayoritarios a través de las épocas han sido los músicos y las compañías populares y por completo comerciales del mainstream. Sin embargo, esta misma historia comprueba que es a las figuras que provienen del terreno underground, de lo independiente, a quienes se debe la riqueza de ideas y propuestas que ensanchan los horizontes y proveen de sustento a los primeros.

Desde el comienzo del punk ha sucedido esto: las ideas, las personalidades, las imágenes, los sonidos y las técnicas surgidas de los independientes han visto traslapado su primordial objetivo artístico-cultural en beneficio exclusivo de lo comercial.

Las músicas alternativas e independientes por sus aportaciones a través de las décadas exigen ser valoradas por sus significados, por sus palabras, sus relatos, testimonios, tecnologías, intenciones artísticas, consecuencias socioculturales, y no sólo por las fuerzas comerciales que desatan. No debe olvidarse que tales músicas, aunque sujetas a dichas fuerzas, no equivalen a ellas.

El género indie, con sus derivados, paralelos y ramificaciones, como cualquier forma de cultura viva, va desarrollándose porque el valor de los viejos modelos se desgasta y debe ser superado por los nuevos. Las direcciones en que lo haga tienen, a todas luces, motivos sociales. La complejidad de éstos ha ido en aumento, al igual que los cambios que se presentan en ella.

VIDEO SUGERIDO: Radiohead Bones Subtitulado, YouTube (clkira1990)

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