GARAGE/15

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA TÓXICA ELECTRICIDAD

En 1965, el productor Huey P. Meaux con Dough Sahm y Augie Meyer creó un híbrido al que llamó Sir Douglas Quintet, para que pareciera británico (como hacían todos los productores estadounidenses de la época). Entraron al estudio y se pusieron a explorar un beat (con influencia stoniana) que sonara auténticamente sureño. El resultado cristalizó en: “She’s about mover”, tema que contenía un riff de órgano tex-mex, una guitarra eléctrica cargada de swing y una voz plena de soul.

“Ya no me importa lo grande que sea una vieja canción folk o lo que signifique la tradición. Los tiempos cambian y yo quiero ponerme a hacer rock”. Eso lo confesó Bob Dylan a principios de 1965 y en mayo del mismo año grabó “Like a Rolling Stone”. Con ello hizo una revolución estética y psicológica, electrificó la poesía. Construyó estilos, rítmica vivencial, nuevas visiones. La canción resultó un cataclismo, produjo polémica. La protesta y la propuesta.

Cuando inició la segunda parte de 1965 y “Farmer John” se convirtió en un hit radiofónico en el centro de la Unión Americana, los escuchas pensaron que se trataba de una nueva canción de Dylan. Sin embargo, no era así. Averiguaron que en realidad era un grupo de garage de Los Ángeles, California, de nombre Premiers. La banda, cuyos miembros eran chicanos, se había formado recientemente con la reunión de Larry Pérez y George Delgado. El hit era de sombra dylaniana.

La influencia del maestro de Duluth, a partir de su electrificación, fue definitiva para los grupos que surgían en 1965. Tal fue el caso de The Lyrics, una formación instrumental de San Diego, California, que se integró en un garage con miras a presentarse en las ferias locales tocando algo de rhythm and blues, pero con la llegada del cantante Chris Gaylord ocurrió la transformación hacia un proto punk que tendría como sostén la temática del Bob eléctrico.

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La atención del público masivo se centró en el grupo llamado Paul Revere & the Raiders. Ésta era una formación creada en 1958, en Idaho, como grupo instrumental lidereada por el organista Paul Revere. Bajo la tutela del mánager Roger Hart entraron al estudio para grabar su propia versión de «Louie Louie», que les proporcionó fama e incluso una polémica sobre quién la había grabado primero: ellos o los Kingsmen, pero fue con “Just Like Me” que se hicieron de una carrera.

Paul Revere & the Raiders se convirtieron en un fenómeno mediático cuando aparecieron en el Show de televisión de Dick Clarke en 1965 y mostraron poseer las armas necesarias para enfrentar con calidad a la Invasión Británica, incluso comenzaron a vestirse con uniformes del ejército de la Unión durante la Guerra de Independencia estadounidense. Sus influencias eran las del momento: Dylan, Stones, Beatles, Animals, el Motown y el rhythm and blues de Stax.

En 1965 la originalidad del rock se basaba en la matemática elemental, pero contada de manera sui géneris: “Uno, dos…one, two, tres, cuatro…”, quizá la manera de marcar el ritmo más popular que haya existido desde entonces. Dicha cuenta la hizo con todo el tufo del tex-mex y con el sencillísmimo riff de un órgano Hammond, un tipo singular llamado Domingo “Sam” Samudio, un chicano oriundo de Dallas, Texas, que devino en Sam the Sham, al frente de su grupo The Pharaos.

El año de 1965 fue el de la electrificación de Bob Dylan y de la canción que cambió el rumbo de muchas vidas y sonidos.

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VIDEO SUGERIDO: SAM THE SHAM / THE PHAROAHS – 1965 – “Wooly Bully”, YouTube (GoldenGreatsOldies24)

 

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LE LOUP GAROU

Por SERGIO MONSALVO C.

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 (LOBO-HOMBRE)

Boris Vian no fue “únicamente” el padrino del rock and roll francés sino también el escritor galo que más alargada influencia ha tenido sobre el género a nivel internacional (con el jazz hizo otro tanto). Sus poemas pronográficos, sus novelas negras, sus cuentos de humor oscuro, sus canciones perfectas e imperfectas, han sido el combustible para numerosos grupos alrededor del mundo. Desde Andy Chango (en Argentina) hasta los videoclips hechos para Björk por parte de Michel Gondry, pasando por La Unión (con su “Lobo-Hombre en París”, uno de los escasos aciertos del rock español), Metallica, Duran Duran, Megadeth o Willy DeVille. La lista es grande.

Todos ellos siempre han reconocido su deuda con Vian y adoptado en sus canciones las maneras del dandy insolente de aquél, sus muchos hallazgos,  sus juegos de palabras, sus caprichos lingüísticos y otras florituras textuales.

Vian (1920-1959), que era toda una leyenda en el mundo bohemio parisino y del europeo en general, por su polivalente creatividad artística, se le conocía como trompetista, crítico de jazz, traductor, cantante, director artístico de dos compañías discográficas, inventor, autor de canciones y espectáculos musicales, pintor, periodista, poeta, animador, cuentista y autor de teatro.

Pero además, como exitoso novelista aún bajo pseudónimo (Vernon Sullivan), actor, guionista de cine, diplomado en ingeniería y (Equarrisseur) Descuartizador de Primera Clase del Colegio de Patafísica (movimiento artístico relacionado al surrealismo y creado por Sainmont, Saillet, Quenau y otros intelectuales como homenaje a Alfred Jarry y de la cual Vian llegaría posteriormente a ser Gran Sátrapa), entre algunos de sus oficios.

Los textos de Vian, impregnados del humor único que lo caracterizaba, dejaron estupefacta a mucha gente en aquella época, mientras que a los iniciados en su literatura los divirtieron con sus malabares con las palabras y el manejo de la temática sexual (como lo había hecho con La espuma de los días, El Otoño de Pekín y La hierba roja, o bajo seudónimo con la exitosa novela Escupiré sobre sus tumbas, que primero le acarreó una multa de 100.000 francos por obscenidad y, tras recurrir la sentencia, quince días de cárcel).

Si Vian aparece tan fecundo y elocuente es que en él convergieron todas las pistas de la centuria. Fue una personalidad profunda de su época, y esa época tuvo talento.

BORIS VIAN

(Licantropía invertida)

Con “Le Loup Garou” (El Lobo-Hombre), dio ejemplo. Es un cuento en el que Vian rompió con la tradición literaria de la licantropía (personas que se transforman en lobos en noches de luna llena) y volteó al revés el mito popular.

“El lobo se llamaba Denis. Vivía en el bosque de los Falsos Sosiegos. Carente de ferocidad, manso y vegetariano, de pelaje negro y grandes ojos rojos, tenía la costumbre ingenua de observar a los impacientes enamorados que se internaban en la espesura del bosque. Un día, en una de estas incursiones, el mago del Siam muerde a Denis mientras aquél intentaba seducir a la joven Lisette. El lobo, tras la mordedura, comienza a sufrir una extraña fatiga, hasta que la metamorfosis le convierte en un ser humano”.

Así comienza el relato escrito entre 1945 y 1953 y que estaría inserto en los cuentos que integrarían el libro con el título homónimo.

Pero la historia de “El lobo-hombre” continúa. Denis viaja mutado en hombre hacia un París oscuro y noctámbulo. Conoce y se acuesta con una prostituta, se enfrenta con sus proxenetas. Cansado de la ruindad de los hombres, angustiado por la inminencia de su retorno al cuerpo de lobo, se topa con un policía que le da el alto y le impide su regreso al bosque.

Ahí explota el significado que Vian le otorga al relato: el enfrentamiento de la ingenuidad con la autoridad, lucha que devine en un final abierto: Denis, de nuevo en su condición de lobo, siente la cólera, la inquietud de lo que se presume es un sentimiento de venganza del animal contra la maldad del hombre.

Tal fábula ha dado mucha tela de dónde cortar a los rockeros (pero también a los intérpretes del pop que sólo se han dedicado a copiar lo hecho por el rock; en la literatura está la muestra de la novela Howling Mad de Peter David, con semejante argumento). De cualquier forma la temática licántropa ya le venía de lejos al rock, desde las raíces de su tradición bluesera.

En los pantanos de Louisiana, regados por el río Mississippi, existe la magia (negra y blanca, el vudú) en muchas manifestaciones y de sus lodos han surgido infinidad de leyendas, como la que dio origen a uno de sus hijos predilectos: Howlin’ Wolf. La historia del rock son sus mitos y el de Wolf es uno de los más pintorescos.

Chester Burnett era un niño negro que nació en 1910 en el Delta de tal río. En sus años mozos alternó el trabajo del campo con el de la música. Su mayor influencia por entonces era Charlie Patton con el cual llegó a tocar, lo mismo que con Robert Johnson, ambos con sus propios y particulares mitos. De su andanza musical obtuvo el apodo que lo daría a conocer y a influir en generaciones de músicos de blues y de rock.

Chester tenía un abuelo al que le gustaba contarles historias de terror  a sus nietos. Chester, por entonces, era muy impresionable como niño y temeroso de tales historias, así que su abuelo quiso enseñarle a manejar el miedo y prepararlo frente a la azarosa vida que lo esperaba ya. Lo hizo de la manera más brutal que encontró. Cierta noche lo llevó al cementerio local y le ordenó que permaneciera ahí hasta el amanecer.

Chester superó la prueba y contó a quien quiso oírlo lo que le había acontecido en aquella ocasión. Tembloroso y hecho un ovillo vio salir de su tumba a medianoche a uno de los muertos. Tenía aspecto de animal feroz y efectivamente, lo mordió. Los temblores cesaron, el miedo desapareció y cuando volteó hacia la luna comenzó a aullarle. Todo su interior se había transformado. Y éste se manifestó en la voz que desarrolló aquel chiquillo: baja, profunda y amenazadora. Lo comenzaron a llamar “Howlin’ Wolf” (Lobo Aullador), apodo con el que a la postre sería conocido.

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Su lobo interior lo dotó de un físico impresionante: casi dos metros de altura y más de 120 kilos de peso. Dicho aspecto correspondía a los cantos emitidos por él. En la década que va de 1951 a l962, fincó su estilo (una forma de hacer música que hallaba su lugar entre lo tradicional y lo innovador), el cual transformó los orígenes del blues del Delta. Wolf había moldeado a sus músicos para incorporarse al sonido eléctrico que en ese momento trasladaba el blues tradicional al dinamismo de la urbe, en Chicago. Habían amplificado sus guitarras y armónica e imponían nuevas formas.

Con su técnica en la armónica y la voz consiguió atraer la atención de la audiencia y hacerla saltar, fórmula que mantuvo con éxito durante los años cincuenta, mismos en los que jóvenes guitarristas del rock de ambos lados del Atlántico lo escucharon, asimilaron y proyectaron en los sesenta: Jeff Beck, Jimmy Page, Pete Townshend, Robbie Robertson, Ronnie Hawkins o Roy Buchanan.

Sin embargo, el discípulo más apegado a él resultó ser todo un personaje, el Captain Beefheart. Este músico irrumpió en el mundo tras la mordedura de dicho lobo aullador (que le inoculó la esencia de la voz profunda, haciendo historia y destilando lo mejor del lenguaje del blues y del rock en nuevos estilos hasta entonces ni soñados, buscando algo más cerca del corazón mecánico e irracional del ruido y de los implacables ritmos de la jungla que parecían representar la esencia tanto de la vida humana como la animal más salvaje.

Víctima hereditaria de tal tradición licántropa resultó ser también Tom Waits, un tipo que la asumió y asimiló y desde entonces es capaz de extraer de su áspera garganta sonidos que otros no logran producir ni por medio de intrincados procesos electrónicos de transformación. Posee el jadeo centenario que convierte canciones buenas hasta la médula en peligrosos monstruos. En sus discos y actuaciones añade otro capítulo a su expedición rumbo a la fábrica de sus propios sonidos y percusiones: hacia la lectura de Boris Vian. Si Howlin’ Wolf fue el modelo del instinto original y Beefheart el de la actitud, Vian fue, para Waits, el de la academia.

Su rock oscuro con garantía de sonido lowlife, tarantella y blues afrocaribeño, fue enriquecido con tal dentellada. Tras su lectura su música se convirtió es la de hombres que no se andan con rodeos y que del mundo no conocen más que el rugir de sus propios instintos. De esta manera Waits sigue los pasos de Wolf y del gran alquimista Beefheart al intentar una transformación lobuna, y de Vian al hacerlo a la inversa, convirtiendo a su lobo en hombre.

A fin de cuentas, el esencial hombre lobo hombre añoso y experimentado que ha transitado por la historia del rock, tiene el perfil del intérprete incómodo para los no iniciados. La realidad que define con la voz y la palabra está en su espíritu de comunión con la marginación; en algunos de sus enigmas y misterios. Éstos pueden ser calmosos o vibrantes, pasan de lo oscuro a lo sobrecogedor o viceversa. Como si fueran mandíbulas y garras poderosas e inquietantes ante las cuales debe uno rendirse, pero a la vez mantener el temple en medio de la fascinación por la dureza de la vida que manifiestan.

La suya es una poética del lamento interior humano, del que ha caído y sabe que todo es una porquería, pero aún así debe continuar, porque siente la cólera, la inquietud de lo que se presume es un sentimiento de venganza del animal contra la maldad del propio hombre.

¿Y por qué Waits añadió a Vian a su herencia, a su naturaleza rockero-licántropa? Porque el escritor galo posee un lenguaje que continuamente se arma y se desarma. Siempre aparece una alteración, algo que ocurre y se pierde al momento. Es como si una imagen pusiera en funcionamiento a la siguiente y viceversa, activando una gramática salvaje que exige revisar códigos y certezas.

¿Qué esconde la palabra compuesta, lobo-hombre, y la noche como momento de confusión, en el que no sabemos si el hombre es el lobo del hombre? Literalmente podría ser que se te haga de noche fuera de tu casa, en la calle, aunque también es un término intervalo, un momento de ambigüedad donde la propia palabra no se decide a serlo.

Un momento en el que tu límite como ser cotidiano, el de las obligaciones, se acaba cuando metafóricamente se pone el sol y se abre un territorio no exento de peligro. Esa franja horaria donde siempre aparece un doble. Algo que encaja con mover la materia de una forma u otra, una relación con lo que estás haciendo que te transforma en el proceso. De eso trata la tradición licántropa en el rock, en la que Vian ha tenido mucho qué ver con sus escritos, al brindar un espacio abierto para que tales cosas se observen y desarrollen.

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SANDRA ARÁN

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL MÁS BELLO DE LOS INSTRUMENTOS*

La voz es el ulterior resguardo musical de la especie, y eso lo sabía muy bien el poeta Gonzalo Rojas cuando escribió aquello de «Oh voz, única voz/ todo el hueco del mar no bastaría,/  todo el hueco del cielo,/ toda la cavidad de la hermosura/ no bastaría para contenerte,/ y aunque el hombre no tuviera más instrumento…/ tú nunca cesarías de estar en todas partes».

La voz humana es el más democrático de todos los instrumentos. Define puntual y textualmente lo que uno siente, lo que ellos sienten, lo que todos sentimos. Unos la saben utilizar mejor, otros en menor escala. Sin embargo, está ahí para el que necesite manifestarse. ¿Será ésta suficiente motivación para hacer del uso de la voz un modo de vida?

Habla Sandra:

¿Cuál es tu definición del Jazz?

“Ésa es una pregunta muy difícil por la amplitud de su respuesta. Contestaré con la jerarquía regida por lo primero que me viene a la mente. El jazz es la vida, el amor y la frustración de una raza amarrada por la esclavitud en un principio. Un grito de libertad con la fuerza de toda verdadera canción de protesta. Es la unión de lo “afro” con la música del mundo occidental teniendo como elemento pivote a la improvisación.

“Hoy en día el jazz abarca muchísimos ritmos y formas fusionando épocas, etnias y géneros musicales para satisfacer la sed insaciable de sus intérpretes. Ha pasado por las calles para llegar a la academia en donde ha alcanzado niveles altísimos de destreza técnica. Sin embargo, y después de todo lo dicho, para mí el jazz es libertad, pasión y creación en su máxima expresión”.

¿Qué hizo que te inclinaras hacia el Jazz en un principio?

“El Jazz me atrajo en un principio gracias a mi educación musical. Siempre se escuchaba Jazz en la casa. Más tarde empecé a buscarlo de manera espontánea después de experimentar con otros géneros, encontrándolos muy limitantes por alguna razón u otra. Creo que es cuestión de personalidad y necesidad creativa.

“La improvisación es un reto mayor, ya que creo que nunca será un elemento musical obsoleto mientras te sigas alimentando como persona y tengas algo que decir. Te exige lo máximo en todos los aspectos musicales y de esta manera uno nunca deja de crecer. De igual modo, creo que el jazz es el único género que permite la interacción tan profunda entre los músicos ya sea en dúo o en una big band. Se crean ‘ideas de ideas’ que nunca dejan de sorprender”.

¿Por qué escogiste tu instrumento (la voz) para expresarte? ¿Qué ofrece que no tengan otros?

“La elección de la voz como mi instrumento principal también surgió de manera espontánea. Empecé a cantar antes de hablar (nací el 31 de marzo de 1973 en México, D. F.), entonces nunca ha sido en realidad una ‘elección’. Creo que como cantante o como ejecutante de cualquier instrumento de aliento es necesario tocar un instrumento armónico para complementar el aspecto melódico de nuestros instrumentos.

“En sí, creo que la voz es el más bello de todos los instrumentos. Creo que ningún otro permite expresar a su máximo potencial la gran gama de emociones humanas. Además es un sonido con el cual todos podemos relacionarnos”.

¿Es importante la vida académica para un músico de Jazz en específico?

“Por supuesto que es importante la vida académica para un músico de jazz. Hay quienes argumentan que el Jazz es ‘folklore’ y se debe mantener en las calles. Con solo escuchar cualquier disco de jazz podemos darnos cuenta que los ejecutantes son dedicados estudiantes del género. Por supuesto que ‘la academia’ se puede dar en la calle, en el sentido de aprender directamente de los grandes como lo hizo Charlie Parker o Louis Amstrong”.

¿Cuáles han sido tus estudios en ese sentido?

“En mi caso, y en el de casi toda la gente que me rodea, no es posible absorber la música de esta forma ya que no estamos viviendo una realidad así. Sin embargo, podemos escuchar discos compactos, ver videos, analizar música, estudiar técnica, transcribir, etcétera, y de la misma manera tenemos que seguir el paso de Miles Davis y  John Coltrane en cuanto al esmero de estudiar horas y horas sobre nuestro instrumento, dominar algún aspecto y seguir con la lista sin fin de herramientas que nos ayudarán a expresarnos mejor. Qué bueno que existe la academia y que podamos avanzar más y más dentro de este género.

“Yo estudié cuatro años en la Escuela Nacional de Música, tres en el Taller de Jazz de la Escuela Superior de Música y ahora estoy terminando mi carrera en el Berklee Collage of Music en Boston, Massachussets como becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes”.

Dentro de la voz, ¿a quiénes consideras tus mayores influencias?

“Las mayores influencias que he tenido como vocalista han sido Carmen McRae, Betty Carter y Abbey Lincoln. En cuanto a instrumentistas mis más grandes inspiraciones han sido Charlie Parker, John Coltrane, Dexter Gordon y Miles Davis, por nombrar a algunos”.

¿Cuál es el estilo, dentro del género, que más te interesa interpretar?

“El estilo que me gustaría llegar a dominar por el momento es el bebop. Creo que es provechoso tratar de abarcar todas las épocas del jazz o por lo menos entender por qué sucedieron históricamente, cuáles son sus características particulares y conocer la música de sus principales exponentes. El bebop para mi es atractivo sobre todo por la energía tan explosiva presente en las composiciones e improvisaciones de músicos como Parker, Monk, Gillespie y Powell. En última estancia estudio el bebop en este momento para llegar a mi propia expresión”.

¿Cuál es tu visión del jazz en México? ¿Crees que haya un sólido pasado para pensar en un futuro promisorio?

“Estoy convencida de que en México existe el talento, el espíritu y la tenacidad necesaria para la creación de un movimiento jazzístico fuerte, pues creo que el jazz es una expresión universal que se enriquece con la aportación de muchas culturas.

“El artista mexicano tiene muchísimo que decir musicalmente. No se trata solamente de un grupo de gentes y una sola situación que permita el nacimiento de esta música, ya que nuestras raíces musicales, en mi opinión, comparten mucho con lo africano (la raíz principal del jazz) en el elemento rítmico del género. No hay que olvidar la influencia que tuvieron los ritmos latinos sobre el bebop en los años de la posguerra. Depende de nosotros crear un ambiente propicio para el crecimiento de esta música, pues mientras existan personas para quienes esta expresión lo sea todo, habrá un futuro para el jazz mexicano”.

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VIDEO SUGERIDO: Sandra Aran – Never Said, YouTube (Sfjscat)

La fugacidad, lo efímero, son las constantes de las agrupaciones mexicanas del jazz. No hay proyectos duraderos o han sido muy escasos. ¿Qué opinas al respecto?

“Estoy muy de acuerdo con esta afirmación y opino que este fenómeno es el resultado de una situación económica y política muy real. Para un músico de jazz en México es muy difícil conseguir trabajo tocando esta música noche tras noche. Al decir ‘muy difícil’ no quiero decir imposible. Sin embargo, los que hemos salido literalmente a las calles de México en busca de trabajo, ofreciendo nuestras  propuestas a los propietarios de restaurantes y bares, sabemos lo frustrante que es encontrarnos con mentalidades cerradas al crecimiento artístico.

“A pesar de esto, en los últimos cinco años se ha visto un avance, pues antes había unos cuantos lugares para ir a escuchar jazz en la ciudad y ahora existen una cantidad mayor de foros que se han creado específicamente para apoyar a jóvenes artistas. Varias instituciones cuentan con ciclos de muy buena calidad y poco a poco los empresarios privados también están aprendiendo a valorar esta expresión.

“No estamos en la gloria y todavía nos queda mucho por hacer, pero si seguimos por esta vía de la auto-promoción buscando nuevos lugares donde tocar, creo que lograremos ver a un mayor número de agrupaciones de jazz con las oportunidades necesarias para mantener a sus músicos unidos”.

¿Crees que el “hueso” sea una práctica aceptable para un músico de jazz?

“La situación del ‘hueso’ en México es un círculo vicioso. Creo que  no se trata de definirlo como aceptable o no. Si un músico no tiene manera de sobrevivir económicamente entonces no producirá música de ningún tipo. Conozco jazzeros muy buenos que se ven tan envueltos en sus actividades con ciertos ‘artistas’ de otros géneros, lo que no les deja tiempo para dedicarle al jazz.

“Sin embargo, es una actividad que cuenta con un salario fijo (haya o no conciertos en muchas ocasiones) y finalmente sigue siendo música. Existen otras maneras de ganarse la vida mediante becas o impartiendo clases, lo cual no implica un alto grado de estabilidad pero sí permite más tiempo para dedicarse al estudio y la ejecución del jazz.

“En conclusión, creo que es una decisión personal y obviamente me inclino por decirle no al ‘hueso’, y sí creo que en ocasiones nos priva de fantásticos músicos aunque puede justificarse por la realidad socioeconómica que prevalece en México por lo cual siempre tendremos que escoger entre una u otra actividad musical”.

¿Crees que haya la infraestructura necesaria para el desarrollo del jazz en México (compañías discográficas, estudios de grabación, clubes, festivales, etcétera)?

“No podemos hablar de la infraestructura necesaria para el desarrollo de cualquier expresión artística sin tomar en cuenta la situación general del país. México está viviendo un momento económico muy difícil y se ve directamente reflejado en el poco apoyo que se le da a las artes. No solamente en México se da esta situación, pues incluso en países del primer mundo el jazz sufre.

“Creo que en México hay talento y un público que quiere escucharlo. Con la organización de festivales, temporadas y conciertos que nosotros mismos podemos organizar (con  el apoyo y la solidaridad entre nosotros mismos) crearíamos por lo menos la conciencia necesaria para el desarrollo del jazz mexicano.

“El fenómeno de las producciones independientes ha surgido en últimas fechas por la falta de apoyo de compañías grandes en cuanto a grabaciones de jazz, y es claro que lo ideal sería que el sello Blue Note o Verve tuvieran una sucursal en México. Sin embargo, y a pesar de ello, las producciones que han salido en estos años del jazz mexicano demuestran la calidad que hay en nuestro país”.

¿Cuántas grabaciones tienes en tu haber, como miembro de un grupo  o como invitada? (¿En qué sello y en qué fecha han aparecido?)

“Participé como parte del ensamble vocal Cuicanitl en su primer disco Solo Voces bajo el sello Jazzcat (1999) y como cantante principal del grupo Cuervo Rey en su disco homónimo de Producciones ‘Mandinga’ (1999)».

*Esta entrevista la llevé a cabo con Sandra Arán en 1999 y cuyo extracto apareció en el libro Tiempo de Solos 50 jazzistas mexicanos del año 2000. Después he sabido de la aparición de un disco suyo llamado Intimately.

 

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MIS ROCKEROS MUERTOS

Por SERGIO MONSALVO C.

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(ENERO-MARZO 2019)

Ubiquémonos primero. Estamos en 1958, en el tiempo en que Elvis tuvo que ingresar al ejército y faltaban cinco años para el primer hit de los Beatles. Los Estados Unidos eran acosados por estrellas pop higiénicamente limpias y aptas para toda la familia. Sin embargo, en la población surcaliforniana de Balboa se sacudía el Rendevouz Ballroom con el primer concierto del guitarrista Dick Dale.

El público estaba formado por los amigos con los que Dale salía a surfear todos los días. «¡Oye! –le dijeron al terminar la presentación–. Eres lo máximo, ¡el rey! ¡Eres el rey de la guitarra surf!» Le gustó el título y se lo quedó. Dos meses después ya atraía al lugar alrededor de 4 mil personas. Así nació el sonido surf.

El guitarrista en realidad se llamaba Richard Anthony Monsour. Llegó a California con un carácter huraño y gustos musicales nada comunes. Por su padre libanés-egipcio estaba muy familiarizado con la música del Oriente Próximo; debido a la influencia de su madre polaca tampoco desconocía la animada polka. Además, le encantaba Gene Kruppa, el baterista de Benny Goodman.

El guitarrista argumentaba que la música era sexo. Y su guitarra, el rugido del puma y el murmullo del océano. El sonido de la naturaleza salvaje. Eso era lo que buscaban los jóvenes surfistas del sur de California, bronceados aficionados a tal naturaleza que buscaban el contacto con los elementos y su rugido sonoro. Su música era producida por en un alto volumen debido a que Dale buscaba emular el sonido del océano y lograr que «los oídos de la audiencia sangraran».

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El fabricante de instrumentos Leo Fender, entonces, abasteció a la comunidad con las obligatorias guitarras Stratocaster y con amplificadores provistos de aparato de eco ya instalado, los cuales resultarían característicos para dicho sonido. Fender produjo en aquella década una guitarra y un amplificador que pudo llegar los decibeles que Dale buscaba con sus interpretaciones. Esto representó un cambio significativo en la industria musical que más tarde fue aprovechado por nuevas bandas de rock.

Dick Dale, por su parte, había mezclado sus influencias con las melodías de sus padres; de esta manera, proporcionó a la música un exotismo auténtico que luego degeneraría en kitsch gracias al despiadado efecto de miles de grupos de música ligera. Entre 1958 y 1961, Dale tuvo varios éxitos a nivel local. En agosto de 1961 grabó «Let’s Go Trippin», su hit más grande hasta ese momento, y de su primer álbum, Surfer’s Choice, se hicieron 80 mil pedidos anticipados. También en otras partes se le hallaba ya el gusto por el sonido del surf.

La ola se volvió incontenible. Por todas partes surgieron grupos con nombres como Rivingtons, Challengers, Nobles, Frogmen, Phantom Surfers, Bel-Airs y los atípicos y duros Trashmen.

En 1963, Dale alcanzó la fama nacional al interpretar el tema “Misirlou” en The Ed Sullivan Show, una melodía con influencias griegas y de Oriente Próximo. Por el camino abierto por él siguieron docenas de grupos de surf con convicciones semejantes, que rendían tributo al sonido speed instrumental enriquecido por el eco.

A la postre, cuando The Ventures lograron un éxito a nivel mundial con «Let’s Go», en 1963, las compañías disqueras desde luego presentaron grandes cantidades de obras hechas al vapor, como la Capitol, por ejemplo, según la cual el surf era sólo un truco sin fondo.

La industria del esparcimiento, a su vez, se dedicó a abrir el mercado para la patineta y el esquí. Parecía que todo estaba dicho. No obstante, sin Dick Dale no hubieran existido los Ramones, los B-52’s, The Cramps ni Weezer o Supergrass, por sólo mencionar a algunos, y su influencia enriquecería la obra de Jimi Hendrix o Eddie Van Halen. La revista estadounidense Guitar Player, por ejemplo, denominó entonces a Dale como el «padre de la guitarra heavy metal».

En 1990, su emblemática pieza revivió en Pulp Fiction, la cinta de Quentin Tarantino. «Tener Misirlou para la escena de apertura fue muy intenso. La música te decía que estabas viendo una película épica», comentó el cineasta. Desde entonces, los famosos acordes han sido llevados a otras películas, anuncios y videojuegos. Dale se convirtió así en estrella de culto.

No es de sorprender que en todo el mundo haya nacido una ola nueva y más dura de surf. En el norte de Alemania, los Looney Tunes pusieron a rugir sus Fenders; los finlandeses de Laika & The Cosmonauts tuvieron éxito en los Estados Unidos; en Seattle, la etiqueta Estrus reunió a grupos como Man or Astro Man o The Go-Nuts; la IRS sacó así poco después la antología Pulp Surfin’.

¿Y el «rey de la guitarra surf»? Él, a finales de la década de los noventa, se encontraba celebrando el sonido con una gira por Europa y otras partes del mundo. Sin embargo, comenzó a padecer por distintos problemas de salud, los cuales lo llevaron a la muerte el 16 de marzo del 2019, a la edad de 81 años de edad, pero su legado continúa vivo.

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Otra baja en el medio la significó su también contemporáneo Ray Sawyer, vocalista del grupo Dr. Hook & The Medicine Show. Reconocible rockero por su parche en el ojo (que había perdido tras un accidente automovilístico) y su destartalado sombrero de cowboy (ambas cosas le sirvieron de atuendo para emular al personaje de una película de John Wayne). Pero no sólo por eso. Siempre será recordado por su canto en la canción “The Cover of Rolling Stone”, el hit que encumbrara en 1972 a la banda y su humor mordaz.

Sawyer nació igualmente en el año de 1937, en Alabama, adquirió tablas en el circuito rockero de la carretera. Se unió luego al grupo que lideraba el cantante Dennis Locorriere, Dr. Hook & The Medicine Show, con el que se volvió famoso por la mencionada canción además de otras como “Sylvia’s Mother”, “Only Sixteen”, «When You’re in Love with a Beatiful Woman” o “Sexy Eyes”. Desde los años ochenta se escindió del grupo y se enroló en el campo de la nostalgia bajo el nombre de Dr. Hook featuring Ray Sawyer, en el que se mantuvo hasta su deceso la madrugada del uno de enero del 2019, también a la edad de 81 años.

Otros rockeros desaparecidos en ese trimestre fueron: Daryl Dragan (de Captain and Tennille), Paul Steven Ripley (The Tractors), Eric Haydock (The Hollies), Lorna Doom (The Germs), Chris Wilson (Crown of Thorns), Reggie Young (músico sesionista), Pepe Smith (músico filipino), Phil Western  (Download), Scott Walker (cantautor), Mark Hollis (Talk Talk), Peter Tork (The Monkees) y Keith Flint (The Prodigy).

A todos ellos, gracias.

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CAMBODIAN ROCKS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LA RECUPERACIÓN COMO TRIBUTO

 Durante la Guerra de Vietnam, cuando en Camboya desarrolló el subgénero del garage a partir de su asimilación cultural. En esa contienda los soldados estadounidenses llevaron consigo sus discos y la radio de onda corta. Así los camboyanos (y demás países del área) conocieron también esta forma de música.

Estilo que fue asimilado pronto y, luego, ejecutado por los intérpretes locales, quienes a su vez retomaron algunos géneros tradicionales de su territorio, mezclándolos con lo llegado de Occidente, obteniendo mezclas musicales novedosas y particulares, fenómeno único en el sureste asiático.

Los oriundos grupos juveniles se presentaron en escena así, grabando (en Extended Play y en cassette) y reproduciendo el ritmo de manera calcada, pero con sus acentos y adaptaciones líricas del inglés a su idioma (cóvers), lo cual los volvió muy populares, sobre todo a Sin Sisamouth, Ros Sereysothea y Pan Ron.

A la postre llegó la extensión de la Guerra de Vietnam a su país, y con ella el terror genocida del gobierno Jemer Rojo (lo mismo estalinista que radicalmente maoísta en su socialismo agrario), durante el cual esta forma musical no sólo fue prohibida y silenciada, sino también asesinados todos sus intérpretes y difusores “dadas sus ligas corruptas y decadentes con el Occidente” (al igual que otros dos millones de personas por circunstancias semejantes, como saber otro idioma o leer, por ejemplo), según la explicación gubernamental del autodenominado Kampuchea Democrática.

El rock camboyano dejó de practicarse (al igual que toda música) y los discos y grabaciones caseras se ocultaron como auténticos tesoros y como posibles pruebas que podían llevar al fusilamiento a sus poseedores por contrarrevolucionarios.

Tras la caída de dicho gobierno y las alternancias políticas subsecuentes pasó al olvido aquella época garagera y sus hacedores.

 Como todo movimiento fuerte, las influencias del rock de garage camboyano no son mitos abrillantados en un panteón doméstico, sino piezas imprescindibles, disueltas en refracciones no imaginadas para el hilvanaje de una identidad dispersa en plena guerra y hoy recuperadas para la historia, en un ciclo intercultural que transcurrió a través de medio siglo, con la antología Cambodian Rocks, que reúne algunos de sus extintos representantes.

CAMBODIAN ROCKS (FOTO 2)

Aquella escena asiática se fundamentó en métodos anticuados, por obvias razones. El énfasis se puso en el formato single (en Extended Play de dos canciones) para lanzar a un grupo, o la sumisión de las exhibiciones instrumentales a las necesidades de la canción misma, lo que las hacía aún más prominentes.

Destaca en ellas la fascinación por la sobreamplificación electrónica y las múltiples referencias a la experiencia psicodélica junto a conceptos más mundanos.

 El contexto en el que se desarrolló esta forma musical, que por cierto fue la más rica en dicha zona indochina,  estuvo inmerso en la ingenuidad de una época infiltrada por la inminencia de tiempos socialmente convulsos y musicalmente expansivos.

Esto es lo que finalmente atrapó la edificante experiencia auditiva de tal época, y que tal antología ha rescatado, más que la exploración historicista. Quizás por ello dicha música sigue rasgando luminosa, como entonces, la turbia realidad de aquel presente atenazado por el fanatismo de una turba asesina y enloquecida.

La compilación Cambodian Rocks ha hecho justicia  a aquella música y dado nueva vida al rock camboyano para que cuente su andar, en memoria de una época donde fue víctima del exterminio.

CAMBODIAN ROCKS (FOTO 3)

VIDEO SUGERIDO: Unreleased 70’s Cambodian Rock, YouTube (khmerbattambang)

 

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RODRIGO CASTELÁN

Por SERGIO MONSALVO C.

RODRIGO CASTELÁN (FOTO 1)

 UNA RELACIÓN INTERACTIVA*

Nunca deja de sorprender el alto nivel musical al que se acostumbra uno al escuchar el jazz. Lo rápido que se puede uno también volver indiferente a todo aquello que no esté tocado por su grandeza –escribí en el libro Tiempo de solos 50 jazzistas mexicanos–. El sentimiento creado por el jazz cuando en verdad está sucediendo en el escenario o en la grabación es tan sutil, pero tan inequívocamente diferente, que no resiste la comparación.

Dicha sabiduría, y en el fondo ese sentimiento, enfrenta a los músicos con retos profundos y hasta sobrecogedores, en especial cuando lo que constituye la grandeza del género está más allá de la técnica; cuando el músico pone todo lo que tiene en su interpretación; cuando lo que surge de su instrumento depende de sus vivencias, de lo que ofrece finalmente como hombre.

«Por eso el jazz es una forma de vida —dijo Rodrigo Castelán al comenzar la entrevista—, en él encuentras la manera de expresar tu inteligencia y de darte con inteligencia. Es una relación interactiva”.

¿CUÁL ES TU DEFINICIÓN DEL JAZZ?

“A esa relación que te mencioné, la considero como algo que contiene el mismo significado grandioso que la vida implica. Adentrarse en uno de los aspectos o patrimonios  del mismo Dios. El jazz es el nivel total en la música. Algo que implica la culminación de todos los elementos totalmente desarrollados, llevados al nivel máximo: la musicalidad, la técnica, los conocimientos y razonamientos en todos los estilos. Es la meta final para toda la persona que se adentre en la música”.

¿QUÉ HIZO QUE TE INCLINARAS POR EL JAZZ EN UN PRINCIPIO?

“Cuando estaba chavo, como de unos 7 años, me tocó ver un concierto en la tele de B.B.King, me quedé perplejo, ‘¡Qué rollo!’. Me sorprendió y básicamente ahí fue. Por otro lado, a mi papá le gustaba escuchar jazz y tenía algunos discos y me fui por ahí. Me dije que por ahí era la cosa. La visión de B.B.King fue contundente para mí. Por el mismo tiempo vi en la tele también a McCoy Tyner con Sonny Rollins, en un concierto en vivo no sé dónde y me prendió durísimo. Lo que estaban haciendo no tenía límite. Además, tengo antecedentes familiares del lado de mi mamá, quien también tiene familiares músicos en Acapulco. Ella tenía un dueto con su hermana cuando era chava y de repente les hacía arreglos y las acompañaba Víctor Ruíz Pazos. Yo me encontré con una guitarra en la casa y clásico, empecé a incursionar en eso. Mi abuela me ayudaba a afinarla, me enseñó las primeras armonías y de ahí partí. Tenía ocho años. A esa edad fue que se conjuntó todo eso”.

¿POR QUÉ ESCOGISTE TU INSTRUMENTO PARA EXPRESARTE, QUÉ OFRECE EL BAJO QUE NO OFREZCAN LOS OTROS?

“Cuando era niño fui de vacaciones a Oaxaca, a un pueblo de por ahí. Fuimos a una fiesta en un kiosko y había una banda tocando, con marimbas. Había también un bajista y yo me clavé escuchándolo y sentí todo el poder que tenía el instrumento, era el sostén para la banda en general. Eso también se me quedó muy grabado. Luego, cuando estaba estudiando en la Escuela Superior de Música me metía a los salones donde había instrumentos, sobre todo bajos, y los tocaba y sentía su sonido contundente. Me llamó mucho la atención y yo seguí en ese rollo y me gustó.

“Entré a la Superior estudiando guitarra clásica e hice como cuatro años, pero después del primero me metí al Taller de Jazz de Francisco Téllez y con Enrique Valadéz que en ese tiempo fue mi maestro. Y ya me seguí con el instrumento. Originalmente comencé con el contrabajo desde los quince años, a los 17 ya tomé uno eléctrico, el primero fue un Fredless y así hasta la fecha. Hubo congruencia finalmente entre lo que me llamó la atención y el instrumento escogido. El poder del bajo”.

¿ES IMPORTANTE LA VIDA ACADÉMICA PARA UN MÚSICO DE JAZZ?

“Claro. Porque si no hay bases no puede haber nada que te saque adelante. En un principio si hay talento: perfecto. Pero éste tiene que desarrollarse y es forzoso que existan las bases. Cuando la persona se convierte en músico o en músico profesional la música sigue desarrollándose y hay que seguirla estudiando, actualizándose y todo eso. Es una labor de por vida. También hay autodidactas que casi siempre son talentosos de nacimiento, ya traen información de vidas pasadas y nacen superdotados, como Wes Montgomery, por ejemplo. Lo primero es el talento, luego es uno músico, y finalmente están las reglas teóricas, que como decía el mismo Béla Bartok, sirven para violarse, las reglas se hicieron para romperse”.

¿DENTRO DE TU INSTRUMENTO A QUIÉNES CONSIDERAS TUS MAYORES INFLUENCIAS?

“A Charlie Haden y Dave Holland, como contrabajistas. En el bajo eléctrico nadie se escapa de Jaco Pastorious. Ron Carter también dentro de los contrabajistas. Hay más pero esos son los principales”.

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¿CUÁL ES EL ESTILO QUE TE INTERESA MÁS INTERPRETAR?

“El free jazz, el jazz avant-garde o jazz contemporáneo. Todo tiene que ver casi casi dentro de lo mismo. Son estilos muy libres. Hay la libertad de la vida misma. Y el mismo elemento sucede en esta música. Es como para los astronautas estar flotando fuera de la atmósfera”.

¿CUÁL ES TU OPINIÓN DEL JAZZ EN MÉXICO? ¿CREES QUE HAYA UN PASADO SÓLIDO PARA PENSAR EN UN FUTURO PROMISORIO?

“No ha habido solidez alguna. En la actualidad ya se está dando un movimiento jazzístico con la generación a la que pertenezco. De las anteriores ves a Chilo Morán a Chava López. Pero ya desaparecieron y los que todavía están vigentes de esa generación no están haciendo nada que contenga fuerza, empezando porque no hay ni siquiera grabaciones de lo que están haciendo.

“En la actualidad ya hay un movimiento que estamos haciendo, con Armando Cruz, con Diego Maroto, con Iraida Noriega, con Emiliano Marentes, con Germán Bringas, con Agustín Bernal, que sí está trabajando todavía, con Tony Cárdenas, con Miguel Villicaña. Creo que el futuro se está gestando con nuestro presente, con nuestro ahora. Trataremos de hacerlo a pesar de las condiciones en las que vivimos en este país, que no permite solidificar nada, no hay billete para el jazz. A los productores no les interesa producir, como tampoco en el pasado.

“Antes creo que hubo (en los sesenta) algo así como treinta lugares para tocar), ahora tenemos como 25 más o menos, sin embargo la mayoría son de «happy jazz», como música de fondo. Creo que no ha pasado nada en ese sentido, ni pasará. Pero básicamente yo veo sólido el movimiento a partir de hace cinco años, con nuestra labor, porque mínimo se ha estado registrando todo eso en CD’s. No conozco referencias de los músicos que nos precedieron”.

¿CUÁNDO NACISTE Y EN QUÉ AÑO?

“Nací en México, D.F., el 30 de diciembre de 1970. En veinte años veo tocando jazz a todos los que estamos ahorita definitivamente. Agustín Bernal, Armando Cruz, Emiliano, Germán Bringas, los más constantes, los más aferrados. Y últimamente se han estado uniendo más chavos como Luri Molina, Aarón Cruz, Sergio Galván y Pablo Salas. El número de músicos va a crecer, no puedo garantizar que todos vayan a ser de un nivel superextraordinario, pero, sí se va a crecer en número. El semillero actual es Fermata”.

LA FUGACIDAD, LO EFÍMERO SON LAS CONSTANTES DE LAS AGRUPACIONES DE JAZZ EN MÉXICO, ¿QUÉ OPINAS AL RESPECTO?

“Como no hay producción uno no puede estar viviendo sólo del jazz. El sueño de todo músico es tener todo un fondo económico que jamás cesara, pero no es así. De modo que hay que estar buscando el billete, por lo tanto los proyectos no se vuelven duraderos. Pero así ha sido en el jazz desde un principio. Lo que cuenta son los conceptos personales. Lo bueno es el tronco común, ese de que si eres jazzista puedes tocar con otro jazzista sin ningún problema por razones que técnicamente son conocidas.

“Los músicos de renombre en el gabacho les recomiendan a los chavos que hay que estar compartiendo musicalidades con distintas gentes. Se perfecciona el oído, las fuerzas emocionales, toda tu energía, para hacer música con otras gentes. El líder es el que debe tener el concepto y rodearse de la gente adecuada para realizarlo y de gente que también pueda suplirlos en determinado momento, porque encontraron otro proyecto que les llamó la atención, por enfermedad, por lo que sea. Tiene que ver mucho con ello el aspecto de la composición. Así es como funciona. Lo que el músico quiera hacerle llegar al mundo y que quede el legado”.

¿EN QUÉ FORMATO TE GUSTA TRABAJAR MÁS?

“En trío o en dueto. Entre menos gente, mejor. Quinteto o cuarteto también, pero básicamente formaciones chicas. Porque cada quien tiene más cosas qué hacer dentro, cunado son más músicos tu labor es menor”.

¿HASTA EL MOMENTO EN CUÁNTAS GRABACIONES HAS PARTICIPADO?

“En alrededor de doce en el puro jazz. Hice un disco con Cristobal López y Fernando Toussaint (Atanor en concierto), hay dos con Tritonía, con Germán Bringas (Calles de plata de la Portales), con Maruja Leñero, uno reciente con Marcos Miranda. El de Niño con Agustín Bernal y Tony Cárdenas. Dos con Cipriano, uno de canciones y otro de jazz en donde hago arreglos yo también. Uno para niños con Cipriano, que grabé con elementos de jazz siempre, no como en Cri-Cri donde siempre trata como mensos a los niños, no. Las piezas son más de la actualidad”.

¿QUÉ OPINAS DE LA INFRAESTRUCTURA QUE HAY EN MÉXICO PARA LOS JAZZISTAS?

“No la hay. No hay productores. Casi todas las grabaciones son hechas con el dinero de los propios músicos, las compañías grandes jamás se interesan, porque sólo les interesa lo comercialote, lo que sale en Televisa, la iniciativa privada en rarísimas ocasiones apoya, las instituciones tampoco. Si no pones tú el billete tienes que andar taloneando por doquier y si te pelan, perfecto, pero eso no debería de suceder.

“En otros países hay un fondo para eso, para que los jazzistas lleven a cabo sus proyectos y los discos salgan rápido. Aquí siempre hay que estar buscando. Para tocar jazz los lugares son muy escasos, Jazzorca es uno. Música en serio, un club de jazz en toda la extensión de la palabra. Por los lugares no me preocuparía tanto sino más bien en la producción de los discos y en que éstos se distribuyeran fuera del país, en Nueva York y Europa para que nos conozcan. Un fondo para eso y, sobre todo, para los que no hemos soltado la bolita nunca, nombres como prioridad, por curriculum, por los que realmente están haciendo algo, los que de verdad lo requieren”.

¿CREES QUE SEA ACEPTABLE LA PRÁCTICA DEL HUESO PARA LOS MÚSICOS DE JAZZ EN MÉXICO?

“Aceptable sí, en el aspecto económico. Porque ultimadamente no queda de otra. Por otro lado sí obtienes billete, pero el precio que terminas pagando es muy alto: no estar en tu casa, con tu familia, no estar practicando, ‘haciendo dedos’, no incursionar en las implicaciones técnicas y teóricas que requiere esta música, además de estar tocando siempre lo mismo.

“Monetariamente es aceptable. Todo de donde salga billete es aceptable, pero para un músico de jazz sí está cañón, por ahí no es el asunto. Es lamentable que sólo sea por ese medio por el que te puedas hacer de un billete decente. Pero el precio es muy alto. Llega a dañar la práctica jazzística en sí, porque como no estás practicando, te olvidas del estudio cotidiano. También resulta que los otros compañeros no son jazzistas y no puedes trabajar con ellos, están en otro rollo”.

*Entrevista que llevé a cabo con Rodrigo Castelán en octubre de 1999 y cuyo extracto apareció publicado en el libro Tiempo de Solos 50 jazzistas mexicanos, en el año 2000.

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VIDEO SUGERIDO: JAZZ MIX MARIE ANNE GREENHAM, RODRIGO CASTELÁN Y ARMANDO CRUZ, YouTube (marie anne greenham)

 

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CHK CHK CHK!!!

Por SERGIO MONSALVO C.

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 DISTINTAS VOCES

Actualmente, quienes han echado mano del concepto onomatopéyico en la cultura del rock son los integrantes del grupo !!! (en su representación gráfica) o Chk Chk Chk (en la sonora). Dicho grupo se formó en Sacramento, California, en 1995, el cual ofreció una explicación para la opción a tal nombre. En primer lugar que debe ser pronunciado como tres monosílabos de manera onomatopéyica: ¡Chk Chk Chk!

Dicho sonido fue tomado como referente de la película The Gods Must Be Crazy (Los Dioses deben estar locos, de 1980), en la que su protagonista principal, un aborigen bosquimano del desierto de Kalahari, tribu lejana de toda civilización, en África Septentrional, se comunica mediante la lengua Kohisánida, caracterizada por el uso de chasquidos consonánticos o “clicks”.

De ahí la referencia dadaísta del grupo y principio musical que elige como estandarte ese fonema donde “la voz encuentra una tierra libre donde cantar”.

Chk Chk Chk se formó en un inicio con la unificación de dos bandas: Black Liquorice y Popesmashers que realizaban una gira conjunta e interpretaban funk disco. Con el afán de hacer algo fresco, buscaron endurecer su sonido, hacerlo más agresivo. Para ello convocaron a Nic Offer, el cantante y compositor de The Yah Mos, grupo que se caracterizaba por su hardcore de tintes techno.

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La banda quedó entonces conformada de la siguiente manera: Offer (voz y composición), Mario Andreoni (guitarras diversas), Dan Gorman (trompeta, percusión y teclados), Tyler Pope (guitarras y dispositivos electrónicos), John Pugh (batería y coros), Justin Vandervolgen (bajo y efectos electrónicos) y Allan Wilson (trompeta, percisión y teclados).

Una vez con Offer en sus filas, se lanzaron a crear una mezcla de diversos estilos como el indie rock, el post punk revival y el dance punk. De su laboratorio salieron tracks grabados en cassette con los que llamaron la atención durante su acoplamiento y giras respectivas.

Fue en el año 2000 que apareció su primer álbum titulado como su nombre: !!!, el cual fue seguido por el single que los daría a conocer internacionalmente  «Me and Giuliani Down By the School Yard», en el que a la mezcla anterior le agregaban beats del house, sinuosas líneas de bajo, guitarras psicodélicas y letras sencillas.

VIDEO SUGERIDO: Chk Chk Chk – AM/FM (Live on XEXP), YouTube (XEXP)

Una evolución del sentimiento rupturista procedente del punk. Con música y lírica que perforan la superficie pero no abandonan la sencillez. El dolor urbano introspectivo hecho música.

En el 2004 lanzaron Louden Up Now, un álbum que coincidiría con el nuevo auge del post punk (y el uso de instrumental rockero para experimentar con otros disciplinas, con la metodología techno, el math rock, el dub, etcétera), una coyuntura que los posicionaría definitivamente en la escena mundial y con la referencia de muchas agrupaciones ochenteras como Emery, The Faint, Liars, el primer LCD Soundsystem, Radio 4 y The Rapture, entre otras.

A partir de entonces, de ese segundo lustro del siglo XXI han editado otros cuatro álbumes (Myth Takes, Strange Weather, Isn’t It?, THR!!!ER y As If), han sufrido la baja de su baterista original, muerto por un accidente, y el cambio de otros miembros. Sin embargo, la estructura sigue vigente y con la misma energía con la que se convirtieron en un grupo importante para la música contemporánea.

Chk Chk Chk es un proyecto a largo plazo, bien estructurado, que les permite a sus integrantes efectuar los suyos de manera particular. Así lo han hecho Nic Offer, Pope y Vandervolgen, quienes son partícipes de una banda paralela conocida como Out Hud, en la cual llevan la experimentación sonora más allá de la que efectúan con su grupo base, con una propuesta semejante pero más abstracta. Asimismo, el mismo Tyler Pope es bajista oficial del LCD Soundsystem, encabezado por el voluble James Murphy.

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VIDEO SUGERIDO: !!! One Girl/One Boy, YouTube (!!! Chk Chk Chk)

 

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GARAGE/13

Por SERGIO MONSALVO C.

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 DE “SHE LOVE’S YOU” A “SHE’S NOT THERE”

En 1964 las cosas cambiaron radicalmente en los Estados Unidos. Súbitamente el surf dejó de vender. Para enfatizar la crisis y los cambios por venir Brian Wilson, el alma de los Beach Boys, sufrió un colapso nervioso, dejó de acompañar al grupo en las giras y empezó a pulir su visión a futuro de un «pop de cámara». Tras el flashazo de los Trashmen y “Surfin’ Bird”, sólo una velita iluminó aquel año las listas de popularidad: un tema llamado “Penetration” fue el último en llegar a ellas.

¿Pero qué es lo que había pasado? En febrero de ese año, tras la aparición de los Beatles en el Show de Ed Sullivan en la televisión ante 75 millones de espectadores, la cultura popular estadounidense y por ende la del mundo, cambió por completo y al instante. Se convirtieron en un hito no sólo de la música, sino de todas las cosas de la vida a partir de ese momento: el panorama quedó abierto para la Invasión Británica u Ola Inglesa y todos sus sonidos e influencias.

Cuando los adolescentes escucharon a todos aquellos ingleses tocar su propio y olvidado rock and roll, su oscuro rhythm and blues, el apartado soul, no lo podían creer y fue cuando en todas las casas norteamericanas los muchachos se lanzaron a comprar los nuevos y los viejos discos. Y entonces el rock resurgió en este lado del Atlántico como modo primitivo de expresión de emociones y como forma de entretenimiento. Se escuchó y bailó de nuevo a los Isley Brothers.

Y entonces los jóvenes compararon las canciones originales y las versiones inglesas y dijeron: ¿Por qué nosotros no? Y rompieron otra vez sus alcancías y fueron a comprarse los instrumentos más baratos que encontraran en las casas de empeño o de segunda mano y regresaron a sus casas y se preguntaron ¿y ahora dónde? Y voltearon hacia todas partes y se detuvieron en el coche familiar y corrieron a abrazarlo y darle las gracias por existir y fueron a pedirle a su papá las llaves del garage.

Y así, además de los Premiers, aparecieron uno tras otros grupos de cada zona estadounidense, como los Charlatans de la bahía de San Francisco, quienes hibridizaron el folk, el blues, la jug band y el contry and western; o los Gestures, de Mankato, Minnesota, quienes seguían los pasos de los Trashmen con la reververación, velocidad y licks en la guitarra surfera, cuando descubrieron las melodías del Merseybeat, y crearon un fugaz One Hit Wonder para la posteridad antes de disolverse.

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Pero 1964 también arrojó a las playas norteamericanas a los acompañantes de los Beatles en aquella primera oleada venida de Albión. Entre aquellas huestes estaba el grupo llamado Manfred Mann. De esta banda británico-sudafricana destacaba la poderosa voz de su cantante, Paul Jones, quien bebía de las fuentes del blues y la orquestación del tecladista Manfred Mann, fundamentada en sus querencias jazzísticas y del rhythm and blues. La combinación produjo un número uno en ambos lados del océano.

El abanico británico abarcaba del pop más meloso al blues más oscuro. Y los extasiados oyentes asimilaban y asimilaban el caudal de música que desembarcaba en sus costas y enriquecía sus oídos, como fue el caso de una banda con poca fama pero mucha influencia posterior, gracias a sus complejos arreglos musicales, a la armonía de sus voces y a su semillero de instrumentistas: The Zombies.

Y aquello corrió como un reguero de pólvora porque en el fondo había salida para el poder sexual que había contenido en todo ello, y hubo ritos y momentos de trance, porque los jóvenes machos humanos sintieron fluir los poderes y rabia de su espíritu y las jóvenes hembras humanas sintieron que podían expresar su sensualidad e ira, contenida por mil y un reglas.

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VIDEO SUGERIDO: THE ZOMBIES – She’s not there (1964), YouTube (pipovac zlatko)

 

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MUJERES Y ELECTRÓNICA

Por SERGIO MONSALVO C.

MUJERES Y ELECTRÓNICA (FOTO 1)

 JUEGO DE DAMAS

 El avance en las ideas que se aplican a la música electrónica y sus sucedáneos proviene de la necesidad de experimentación con las máquinas; de la curiosidad por plantear preguntas genuinas e interesantes y de la tosudez para intentar responderlas.

Hacerlo requiere de seriedad creativa y no adaptarse a aquella acomodaticia plegaria por un mundo lineal y estable. Porque no lo es. En ese conocimiento ha quedado establecido que las máquinas forman parte de todas las culturas, y que sin ellas la humanidad no sería como es ni lo que es.

En 1874 Elisha Gray inició la gran cascada en este sentido: ideó el primer instrumento musical electrónico, el electroarmonio (un teclado con suficientes trasmisores de tonos únicos para tocar una octava). A su vez, el científico Charles Babbage, en las primeras décadas del siglo XX, sintetizó el fenómeno de tal búsqueda de la siguiente manera: “El ser humano es un animal que fabrica instrumentos”.

La idea fue luego retomada por Karlheinz Stockhausen, y a partir de él por una serie infinita de innovadores y descubridores musicales. Éstos han hecho evolucionar a través del tiempo el concepto de la música en simbiosis con la cibernética.

Dentro de la música electrónica, la experimentación tiene una tradición propia y muestra puntos de coincidencia con la música clásica moderna, en especial con la música concreta, basada en sonidos, y otros campos de la vanguardia.

Vayamos a un ejemplo: el estilo ambient, por una parte, corresponde a una evolución musical antigua e independiente mientras que, por otra, se ha convertido en un terreno de juegos muy frecuentado por los productores del techno de la actualidad.

Es decir, que su andanza histórica tiene una doble vida y representa el viaje más o menos amorfo por los sonidos sin beats. Al igual que en el techno, la gama de posibilidades del ambient abarca desde una esotérica mescolanza sonora producida por los teclados hasta ruidos esenciales de carácter minimalista.

En tal evolución ha estado ligado el quehacer de la mujer desde hace muchas décadas. Aunque su historia dentro de la música electrónica aún no ha sido explorada con la debida atención. En muchas situaciones por el arraigado prejuicio de que las mujeres y la ciencia son cuestiones aparte; por la falta de documentación histórica y, a causa de lo mismo, por la indisponibilidad del material sonoro, perdido o desclasificado.

Debido a todo ello, el álbum originalmente intitulado New Music for Electronic and Recorded Media, lanzado por la compañía discográfica Arch en 1977 y luego reeditado veinte años después como Women in Electronic Music (por Composers Recordings), constituyó un gran paso en ese sentido.

Fue una colección que reunió contribuciones de seis compositoras estadounidenses y una neozelandesa: Pauline Oliveros (nacida en Houston, Texas en 1932), Johanna Beyer (Leipzig, 1888 – Nueva York, 1944,), Laurie Spiegel (Chicago, 1945), Ruth Anderson (Montana, 1928), Annea Lockwood (Nueva Zelanda, 1939 ), Megan Roberts (Nueva York, 1952 ) y Laurie Anderson (Illinois, 1947).

VIDEO SUGERIDO: Johanna M. Beyer – Music Of Spheres (1938), YouTube (remain22)

Antes de la reedición el disco tenía valor como rareza, primero sobre todo por el aglutinado femenino que ahí se daba cita; por la variedad que representaba y porque incluía el primer material grabado por Laurie Anderson: “New York Social Life” (luego integrado a su propio álbum United Sates I-IV de 1984) y el tema “Time to Go”.

La fama lograda por Anderson desde un par de años antes, cuando debutó con un álbum completo bajo su nombre con el título de Big Cience, y al que siguió Mr. Heartbreak a la postre, con su amalgama experimental de minimalismo y lenguaje (político y sexual) con buenas dosis de humor,  bastó para atraer la escucha tanto de los fanáticos del rock así como de los entusiastas por la música electrónica. No obstante, el CD es valioso por más razones que las mencionadas.

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No sólo testimonia la presencia femenina entre los innovadores del género (Pauline Oliveros, por ejemplo, trabajó junto a John Cage, Terry Riley y Morton Subotnick), sino también que las presiones sociales de las distintas épocas han afectado las carreras de las compositoras de muy diversas maneras.

Algunas, como Johanna M. Beyer, cuyo estilo musical estuvo influenciado por el ultra-modernismo y las derivaciones contrapuntísticas de un sistema teórico de composición que anticiparon el minimalismo de los años sesenta, simplemente desaparecieron del mapa de un día para otro.

Beyer había sido estudiante, secretaria y colaboradora de Henry Cowell hasta que una grave enfermedad la retiró del medio. Su obra compositiva fue ignorada durante décadas hasta su inclusión en esta antología que presentó de ella un interesante homenaje a Edgar Varèse con un extracto de Music of the Spheres, una pieza de protomúsica concreta de 1938.

Dicho fragmento fue reconstruido con atingencia para esta grabación por el Electric Weasel Ensemble, que logró con su interpretación que las oscilantes ondas sinusoidales de Beyer tanto como sus insólitos glissandi continuaran siendo hermosos, como en su origen.

Un similar sentido del espacio y de lo ralo permea otros dos temas muy distintos insertos en la recopilación. El primero, “Points”, de Ruth Anderson —con su música novedosa basada tanto en la improvisación como en la composición y que incluye canto, instrumentos clásicos y tecnología de computación.

 Y, el segundo, “Appalachian Grove” de Laurie Spiegel —quien tenía la idea de la música como un arte puro, abstracto, sin repetir patrones musicales—. Ambas son piezas intensas en su brevedad y producen puntos de sonido evocadores del trazado de las constelaciones.

Por su parte, Pauline Oliveros (fallecida el 24 de noviembre del 2016) con su “Bye Bye Butterfly” (compuesta en 1965), una obra para osciladores, cinta y tocadiscos que ejecutan trozos de la ópera de Puccini, le voltea las cosas a la heroína fatal del compositor italiano y con ello presenta una temprana —aunque también cándida y naive— réplica feminista.

A su vez, los dos temas incluidos de Laurie Anderson sorprenden a todos aquellos que sólo la conocían por sus desarrolladísimos hipnotonos y por el muy pulido material electrónico realizado para sus producciones con la compañía Warner.

En este caso Laurie trabaja con cintas rayadas y una voz más rápida y maniaca de la que se le escucharía en los siguientes años. El sentido del humor y su temática principal —el vacío— están presentes, pero resulta asombroso testificar el desarrollo que ha tenido desde entonces.

Con todo lo anterior se comprueba aquello de que la música electrónica no es el producto de las máquinas, sino de los seres humanos que aman las máquinas como instrumentos para la construcción de un lenguaje nuevo y significativo.

La compilación estuvo destinada a mostrar la parte femenina en el encuentro con la máquina, ofreciendo una visión breve pero sustanciosa del trabajo de las autoras, hoy clásicas, de dicho campo sonoro. Escuchamos en ella su finura estética y sus ingentes conocimientos, en piezas atravesadas por el aliento de la voluntad que no se orientaba tanto a la profesía como al pronóstico, ávidas de un atisbo de futuro: un nuevo ámbito para la existencia humana.

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VIDEO SUGERIDO: Laurie Anderson – New York Social Life (1977), YouTube (moppokatzuny)

 

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