EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

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(1963)

En 1963, se instaló una línea telefónica directa entre la Casa Blanca y el Kremlin.

El reverendo Martin Luther King pronunció su célebre discurso “Tengo un sueño”.

El 22 de noviembre, el presidente John F. Kennedy fue asesinado en Dallas, Texas.

Hasta este año, casi todos los grupos o cantantes con algún valor artístico en el mundo del rock habían sido estadounidenses. Pero 1963 fue un año de transición en este sentido; el momento de hacer cambios generales había llegado definitivamente a cargo de la Gran Bretaña. No es que en la Unión Americana no hubiera cosas importantes como Stevie Wonder o las Chiffons, pero el escenario del rock británico ya bullía.

Sin embargo, hay que hacer mención especial del tema “Louie Louie” de los Kingsmen, que con un rock estilo garage todavía conmovió las listas de popularidad e influyó en músicos como Frank Zappa o en movimientos como el de los mods en Inglaterra.

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En Londres empezaron a surgir grupos como el del pianista Manfred Mann, el cual ya había logrado una sólida reputación en los clubes de su ciudad, principalmente en el barrio de Richmond, donde llegó a sustituir a los Rolling Stones, quienes ya habían despegado hacia otras latitudes. Obtuvieron varios éxitos, pero los más celebrados fueron: “Pretty Flamingo”, “The Mighty Queen” y “Do Wah Diddy”.

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El más importante grupo londinense de 1963 eran los Rolling Stones. El cual había surgido en el verano de 1962 tras muchos problemas para integrar la formación en el club de Alexis Korner, donde se reunían los escasos partidarios del R&B.

A principios de 1963, el grupo había quedado como sexteto: Mick Jagger, Keith Richards, Brian Jones, Bill Wyman, Charlie Watts e Ian Stewart. Apenas constituidos los Rolling Stones, lograron asegurarse apariciones en el Crawdaddy Club de Richmond. Fue ahí donde los descubrió Andrew Loog Oldham, quien se convirtió en su representante. Lo primero que hizo fue despedir a Stewart, quien a su parecer no correspondía a la imagen que él quería del grupo.

En pocos meses, sus sencillos con versiones de Chuck Berry y Buddy Holly culminaron con la obtención del número uno en Inglaterra, con el tema “It’s All Over Now”. El primero de una larguísima lista que aún continúa hasta la fecha.

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El escenario del rock británico ardía con tremendo entusiasmo y energía. Destacados y por encima de los demás estaban los Beatles, que alcanzaban con el tema “From Me to You” rápidamente el número uno. Su primer álbum, Please Please Me, encabezó las listas durante 30 semanas. Sin embargo, su éxito se limitaba a la Gran Bretaña, aunque ya preparaban una gira por los Estados Unidos, misma que iniciaría la llamada Invasión Británica, la Ola Inglesa del año siguiente.

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Tres puertorriqueñas de Nueva York eran el único argumento artístico válido en los Estados Unidos, demasiado poco para combatir la invasión que se avecinaba. Las Ronettes estaban encabezadas Verónica Bennett (Ronnie). Se caracterizaban por la espectacularidad visual, que incluía cuerpos esculturales, faldas abiertas, tacones y peinados altos y sofisticados.

Phil Spector las descubrió mientras se dedicaban a ser coristas de estudio. Reconociendo de inmediato su potencial, las contrató y les escribió la pieza “Be My Baby” para su debut. Vendió más de un millón de ejemplares. A las Ronettes, desde entonces, debe considerárseles como uno de los mejores grupos de su especie de todos los tiempos. La voz lastimera de Ronnie se complementaba perfectamente con el famoso “muro de sonido” de Phil Spector, producido por el doblaje de cuatro guitarras, tres pianos, dos contrabajos, un tambor y otros tres instrumentos de percusión.

VIDEO SUGERIDO: The Ronettes – BE MY BABY – live @ Moulin Rouge Club, YouTube (MrHaagsesjanny1)

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GARAGE/13

Por SERGIO MONSALVO C.

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 DE “SHE LOVE’S YOU” A “SHE’S NOT THERE”

En 1964 las cosas cambiaron radicalmente en los Estados Unidos. Súbitamente el surf dejó de vender. Para enfatizar la crisis y los cambios por venir Brian Wilson, el alma de los Beach Boys, sufrió un colapso nervioso, dejó de acompañar al grupo en las giras y empezó a pulir su visión a futuro de un “pop de cámara”. Tras el flashazo de los Trashmen y “Surfin’ Bird”, sólo una velita iluminó aquel año las listas de popularidad: un tema llamado “Penetration” fue el último en llegar a ellas.

¿Pero qué es lo que había pasado? En febrero de ese año, tras la aparición de los Beatles en el Show de Ed Sullivan en la televisión ante 75 millones de espectadores, la cultura popular estadounidense y por ende la del mundo, cambió por completo y al instante. Se convirtieron en un hito no sólo de la música, sino de todas las cosas de la vida a partir de ese momento: el panorama quedó abierto para la Invasión Británica u Ola Inglesa y todos sus sonidos e influencias.

Cuando los adolescentes escucharon a todos aquellos ingleses tocar su propio y olvidado rock and roll, su oscuro rhythm and blues, el apartado soul, no lo podían creer y fue cuando en todas las casas norteamericanas los muchachos se lanzaron a comprar los nuevos y los viejos discos. Y entonces el rock resurgió en este lado del Atlántico como modo primitivo de expresión de emociones y como forma de entretenimiento. Se escuchó y bailó de nuevo a los Isley Brothers.

Y entonces los jóvenes compararon las canciones originales y las versiones inglesas y dijeron: ¿Por qué nosotros no? Y rompieron otra vez sus alcancías y fueron a comprarse los instrumentos más baratos que encontraran en las casas de empeño o de segunda mano y regresaron a sus casas y se preguntaron ¿y ahora dónde? Y voltearon hacia todas partes y se detuvieron en el coche familiar y corrieron a abrazarlo y darle las gracias por existir y fueron a pedirle a su papá las llaves del garage.

Y así, además de los Premiers, aparecieron uno tras otros grupos de cada zona estadounidense, como los Charlatans de la bahía de San Francisco, quienes hibridizaron el folk, el blues, la jug band y el contry and western; o los Gestures, de Mankato, Minnesota, quienes seguían los pasos de los Trashmen con la reververación, velocidad y licks en la guitarra surfera, cuando descubrieron las melodías del Merseybeat, y crearon un fugaz One Hit Wonder para la posteridad antes de disolverse.

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Pero 1964 también arrojó a las playas norteamericanas a los acompañantes de los Beatles en aquella primera oleada venida de Albión. Entre aquellas huestes estaba el grupo llamado Manfred Mann. De esta banda británico-sudafricana destacaba la poderosa voz de su cantante, Paul Jones, quien bebía de las fuentes del blues y la orquestación del tecladista Manfred Mann, fundamentada en sus querencias jazzísticas y del rhythm and blues. La combinación produjo un número uno en ambos lados del océano.

El abanico británico abarcaba del pop más meloso al blues más oscuro. Y los extasiados oyentes asimilaban y asimilaban el caudal de música que desembarcaba en sus costas y enriquecía sus oídos, como fue el caso de una banda con poca fama pero mucha influencia posterior, gracias a sus complejos arreglos musicales, a la armonía de sus voces y a su semillero de instrumentistas: The Zombies.

Y aquello corrió como un reguero de pólvora porque en el fondo había salida para el poder sexual que había contenido en todo ello, y hubo ritos y momentos de trance, porque los jóvenes machos humanos sintieron fluir los poderes y rabia de su espíritu y las jóvenes hembras humanas sintieron que podían expresar su sensualidad e ira, contenida por mil y un reglas.

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VIDEO SUGERIDO: THE ZOMBIES – She’s not there (1964), YouTube (pipovac zlatko)

 

GARAGE 12 (REMATE)