MIS ROCKEROS MUERTOS (ABRIL-JUNIO 2021)

Por SERGIO MONSALVO C.

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En el largo año y meses que ha durado la epidemia y sus mórbidas secuelas, la música ha salido en nuestra ayuda con su abrumadora vitalidad y su soberbia capacidad expresiva. Con ella se ha enunciado lo que podría considerarse una teoría sobre la vida. Ha estado ahí para mostrarnos desde la enfermedad, el dolor y la muerte cuán necesarios son la esperanza, el consuelo y la compañía.

Su solidaridad, tanto individual como comunitaria, ha enseñado que con sus notas puede surgir la claridad desde lo oscuro, y aparecer de nuevo el mundo ante nuestros ojos. Así ha sido el beat del rock y sus subgéneros, atravesando la estela de todos los horizontes, cual fruto de un intenso proceso de depuración tanto sanitario como emocional.

Sus líricas asumen un habla tan viva como poética, con artificios o sin ellos, con ficciones o sin ellas, con la realidad o su propuesta. Todo eso está en nosotros, los que la escuchamos. La palabra de los músicos que están o se han ido, pero no lejos, porque su obra queda en nuestra sangre, aunque hayan muerto, para dar voz al caos en que vivimos, para confortarnos frente a lo ignoto.

Su partida no es una pérdida irrecuperable, sino una fuente de savia que está ahí para poner orden en la historia de nuestros días y los que vienen; para poner claridad en los sentimientos. Escuchar las canciones de ellos, de nuestros rockeros muertos es un ejercicio de actitud, de identidad personal y de memoria colectiva.

Jim Steinman Portrait Shoot

JIM STEINMAN

Jim Steinman fue uno de esos personajes tras bambalinas que le aportaron originalidad al género rockero. Steinman nació el 1 de noviembre de 1947 en Nueva York. Durante su vida se desarrolló como compositor, productor, cantautor, arreglista, pianista y cantante. En sus inicios, tales actividades las llevó a cabo dentro del teatro musical, para luego pasar a la industria discográfica y a la postre a la cinematográfica, como autor de soundtracks. Compuso canciones exitosas dentro del rock, del pop y del musical, que fueron interpretadas por diversos cantantes, como Bonnie Tyler, Air Supply, Celine Dion y Meat Loaf.

Con este último realizó uno de los mayores discos clásicos de la historia del rock: Bat Out of Hell. Para empezar a hablar de tal grabación hay que contextualizar su aparición y la importancia que merece al haberlo hecho entre un buen número de álbumes importantes. El año fue 1977. Y, entre muchas más noticias, destacó por la muerte de Elvis Presley y de tres miembros del grupo Lynyrd Skynyrd en un accidente de avión, así como por la explosión del punk en Reino Unido.

Asimismo, la lista de las obras publicadas ese año estuvo conformada por los siguientes títulos: Talking Heads 77 (debut de los Talking Heads), The Clash (The Clash), Lust for Life (Iggy Pop), Marquee Moon (Television), Heroes (David Bowie), Trans Europe Express (Kraftwerk), Rocket to Rusia (Ramones), Never Mind the Bollocks (Sex Pistols), In The City (The Jam), Before and After Science (Brian Eno), entre otros.

Sin embargo, Bat Out of Hell se puede codear con todos ellos por sus aportaciones particulares a la cultura rockera. En él confluyeron los talentos del cantante Meat Loaf, la producción de Todd Rundgren y la composición de Steinman, donde éste aprovechó para mostrar sus influencias de Wagner a Bruce Springsteen, pasando por Phil Spector.

Steinman y Met Loaf (Marvin Lee Aday es el nombre real de este cantante texano) habían comenzado a colaborar juntos desde que se conocieron como parte del musical Neverland. De ahí surgió la columna vertebral del futuro álbum con tres canciones memorables: la que dio nombre al disco (la “canción acerca de un accidente más extrema de todos los tiempos”, según el autor), “Heaven Can Wait” y la renombrada “All Revved Up With No Place to Go”.

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A las que luego se añadiría la muy célebre “Paradise by the Dashboard Light” (una historia épica y con humor acerca de un romance adolescente y el sexo). Una pieza de miniópera donde Meat Loaf hace dúo con la cantante Ellen Foley, con el añadido (metafórico) de la voz en off de un comentarista de baseball.

 

Bat out of Hell es una obra redonda de 47 minutos de duración, que fueron paradójicamente el encumbramiento de Steinman y Meat Loaf y, al mismo tiempo, su némesis. Jamás ninguno de ellos pudo superar lo hecho en tal álbum, con sus siete temas plagados de libido adolescente, problemática existencial, momentos épicos, desmesura emotiva y muy buena muestra de rock operístico. Resultado: un disco clásico y universal.

Todo ello arropado por una portada también atribuida a una idea de Steinman e ilustrada por Richard Corben, copiada desde entonces por cientos de grupos de heavy metal e inscrita entre las mejores de todos los tiempos.

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LES McKEOWN

El grupo escocés Bay City Rollers fue tan popular en el Reino Unido que en la exageración se le llegó a nombrar como “los nuevos Beatles”. Tal era el fervor que desataron a mediados de los años setenta entre el público. Incluso hubo el término rollermanía para definir el momento. El cantante de ellos era Les McKeown (nacido en Edimburgo en 1955).

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La banda tuvo su propio programa de televisión y vendió alrededor de 120 millones de discos para convertirse en la agrupación escocesa más exitosa de todos los tiempos. Algunos historiadores aseguran que fue la primera boy band de la historia (dato aún sujeto a discusión). Eran guapos, vestían ropa de diseño muy colorido y glam y se les fabricaron canciones expresamente para convertirse en hits. Su pieza más representativa fue “Bye Bye Baby”.  Les McKeown murió a los 65 años el martes 20 de abril.

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El cantante estadounidense B. J. Thomas, que se movió entre el country, el soul, el góspel y el soft rock, y se hizo famoso por interpretar el tema Raindrops keep fallin’ on my head, falleció a los 78 años de edad el 29 de mayo del presente año. Había nacido en Hugo, ciudad del estado de Oklahoma.  Fue conocido por sus éxitos Hooked on a feeling (1968), con la que llegó en 1969 al quinto puesto de las listas de popularidad y, sobre todo, por la mencionada Raindrops keep fallin’ on my head escrita por Burt Bacharach. Esta última fue incluida en el soundtrack de Butch Cassidy and Sundance Kid (1969) y ganó un Oscar como mejor canción original (en el 2014 el cantante fue inscrito en el Salón de la Fama de los premios Grammy por la misma).

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LLOYD PRICE

Lloyd Price fue un músico, cantante y compositor de la Unión Americana, que nació y creció en Kenner, un suburbio de Nueva Orleans, en 1933. Cuando niño tomó clases de trompeta y piano y formó parte del coro de la iglesia local cantando gospel.

Durante la secundaria fundó un grupo de rhythm and blues que se dedicaba a animar fiestas. A la postre también se inclinó por el jazz. Por otro lado, su madre era propietaria de un restaurante y de ella heredó el interés por el negocio de la gastronomía.

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Una vez dentro de la industria discográfica, la pieza “Lawdy Miss Clawdy”, compuesta e interpretada por él, se convirtió en un hit para el sello discográfico Specialty Records en 1952 (en la grabación lo acompañó la banda de Dave Bartholomew, con Fats Domino al piano). Durante los años siguientes continuó lanzando sencillos con ambivalentes resultados, aunque su mayor logro fue con “Stager Lee” de 1958.

En 1959, publicó el exitoso tema “Personality”, lo que llevó a reconocerlo con el sobrenombre de “Mr. Personality”. ​ Por todas sus aportaciones fue incluido en el Salón de la Fama del Rock and Roll en 1998. Lloyd Price falleció el 3 de mayo.

Otro caído durante el primer trimestre del 2021 fue Dorde Marjanovic, Rockero yugoeslavo fenecido el 15 de mayo. En junio afortunadamente no murió ningún otro músico.

A todos ellos: ¡Gracias!

VIDEO SUGERIDO: Lloyd Price – Stagger Lee – YouTube (Rover TCB)

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MIS ROCKEROS MUERTOS

Por SERGIO MONSALVO C.

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(ENERO-MARZO 2019)

Ubiquémonos primero. Estamos en 1958, en el tiempo en que Elvis tuvo que ingresar al ejército y faltaban cinco años para el primer hit de los Beatles. Los Estados Unidos eran acosados por estrellas pop higiénicamente limpias y aptas para toda la familia. Sin embargo, en la población surcaliforniana de Balboa se sacudía el Rendevouz Ballroom con el primer concierto del guitarrista Dick Dale.

El público estaba formado por los amigos con los que Dale salía a surfear todos los días. “¡Oye! –le dijeron al terminar la presentación–. Eres lo máximo, ¡el rey! ¡Eres el rey de la guitarra surf!” Le gustó el título y se lo quedó. Dos meses después ya atraía al lugar alrededor de 4 mil personas. Así nació el sonido surf.

El guitarrista en realidad se llamaba Richard Anthony Monsour. Llegó a California con un carácter huraño y gustos musicales nada comunes. Por su padre libanés-egipcio estaba muy familiarizado con la música del Oriente Próximo; debido a la influencia de su madre polaca tampoco desconocía la animada polka. Además, le encantaba Gene Kruppa, el baterista de Benny Goodman.

El guitarrista argumentaba que la música era sexo. Y su guitarra, el rugido del puma y el murmullo del océano. El sonido de la naturaleza salvaje. Eso era lo que buscaban los jóvenes surfistas del sur de California, bronceados aficionados a tal naturaleza que buscaban el contacto con los elementos y su rugido sonoro. Su música era producida por en un alto volumen debido a que Dale buscaba emular el sonido del océano y lograr que “los oídos de la audiencia sangraran”.

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El fabricante de instrumentos Leo Fender, entonces, abasteció a la comunidad con las obligatorias guitarras Stratocaster y con amplificadores provistos de aparato de eco ya instalado, los cuales resultarían característicos para dicho sonido. Fender produjo en aquella década una guitarra y un amplificador que pudo llegar los decibeles que Dale buscaba con sus interpretaciones. Esto representó un cambio significativo en la industria musical que más tarde fue aprovechado por nuevas bandas de rock.

Dick Dale, por su parte, había mezclado sus influencias con las melodías de sus padres; de esta manera, proporcionó a la música un exotismo auténtico que luego degeneraría en kitsch gracias al despiadado efecto de miles de grupos de música ligera. Entre 1958 y 1961, Dale tuvo varios éxitos a nivel local. En agosto de 1961 grabó “Let’s Go Trippin”, su hit más grande hasta ese momento, y de su primer álbum, Surfer’s Choice, se hicieron 80 mil pedidos anticipados. También en otras partes se le hallaba ya el gusto por el sonido del surf.

La ola se volvió incontenible. Por todas partes surgieron grupos con nombres como Rivingtons, Challengers, Nobles, Frogmen, Phantom Surfers, Bel-Airs y los atípicos y duros Trashmen.

En 1963, Dale alcanzó la fama nacional al interpretar el tema “Misirlou” en The Ed Sullivan Show, una melodía con influencias griegas y de Oriente Próximo. Por el camino abierto por él siguieron docenas de grupos de surf con convicciones semejantes, que rendían tributo al sonido speed instrumental enriquecido por el eco.

A la postre, cuando The Ventures lograron un éxito a nivel mundial con “Let’s Go”, en 1963, las compañías disqueras desde luego presentaron grandes cantidades de obras hechas al vapor, como la Capitol, por ejemplo, según la cual el surf era sólo un truco sin fondo.

La industria del esparcimiento, a su vez, se dedicó a abrir el mercado para la patineta y el esquí. Parecía que todo estaba dicho. No obstante, sin Dick Dale no hubieran existido los Ramones, los B-52’s, The Cramps ni Weezer o Supergrass, por sólo mencionar a algunos, y su influencia enriquecería la obra de Jimi Hendrix o Eddie Van Halen. La revista estadounidense Guitar Player, por ejemplo, denominó entonces a Dale como el “padre de la guitarra heavy metal”.

En 1990, su emblemática pieza revivió en Pulp Fiction, la cinta de Quentin Tarantino. “Tener Misirlou para la escena de apertura fue muy intenso. La música te decía que estabas viendo una película épica”, comentó el cineasta. Desde entonces, los famosos acordes han sido llevados a otras películas, anuncios y videojuegos. Dale se convirtió así en estrella de culto.

No es de sorprender que en todo el mundo haya nacido una ola nueva y más dura de surf. En el norte de Alemania, los Looney Tunes pusieron a rugir sus Fenders; los finlandeses de Laika & The Cosmonauts tuvieron éxito en los Estados Unidos; en Seattle, la etiqueta Estrus reunió a grupos como Man or Astro Man o The Go-Nuts; la IRS sacó así poco después la antología Pulp Surfin’.

¿Y el “rey de la guitarra surf”? Él, a finales de la década de los noventa, se encontraba celebrando el sonido con una gira por Europa y otras partes del mundo. Sin embargo, comenzó a padecer por distintos problemas de salud, los cuales lo llevaron a la muerte el 16 de marzo del 2019, a la edad de 81 años de edad, pero su legado continúa vivo.

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Otra baja en el medio la significó su también contemporáneo Ray Sawyer, vocalista del grupo Dr. Hook & The Medicine Show. Reconocible rockero por su parche en el ojo (que había perdido tras un accidente automovilístico) y su destartalado sombrero de cowboy (ambas cosas le sirvieron de atuendo para emular al personaje de una película de John Wayne). Pero no sólo por eso. Siempre será recordado por su canto en la canción “The Cover of Rolling Stone”, el hit que encumbrara en 1972 a la banda y su humor mordaz.

Sawyer nació igualmente en el año de 1937, en Alabama, adquirió tablas en el circuito rockero de la carretera. Se unió luego al grupo que lideraba el cantante Dennis Locorriere, Dr. Hook & The Medicine Show, con el que se volvió famoso por la mencionada canción además de otras como “Sylvia’s Mother”, “Only Sixteen”, “When You’re in Love with a Beatiful Woman” o “Sexy Eyes”. Desde los años ochenta se escindió del grupo y se enroló en el campo de la nostalgia bajo el nombre de Dr. Hook featuring Ray Sawyer, en el que se mantuvo hasta su deceso la madrugada del uno de enero del 2019, también a la edad de 81 años.

Otros rockeros desaparecidos en ese trimestre fueron: Daryl Dragan (de Captain and Tennille), Paul Steven Ripley (The Tractors), Eric Haydock (The Hollies), Lorna Doom (The Germs), Chris Wilson (Crown of Thorns), Reggie Young (músico sesionista), Pepe Smith (músico filipino), Phil Western  (Download), Scott Walker (cantautor), Mark Hollis (Talk Talk), Peter Tork (The Monkees) y Keith Flint (The Prodigy).

A todos ellos, gracias.

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MIS ROCKEROS MUERTOS

Por SERGIO MONSALVO C.

FRANKLIN, ARETHA - Singer

 (JULIO-SEPTIEMBRE 2018)

Además de los atributos innegables del talento y la grandeza, Aretha Franklin puso desde la década de los sesenta su voz musical, actitud e imagen frente al agitado fondo del movimiento por los derechos civiles, la reivindicación femenina (la versión del tema  “Respect” es su himno), el trastoque de los lenguajes (del uso del góspel como herramienta de lo mundano en el rhythm & blues, a la  inserción del rock, en oposición al excluyente extremismo negro), el orgullo afroamericano y la legitimación personal como artista. Fuerzas políticas que la mayoría de los músicos se sintieron obligados a tomar en cuenta durante aquella década.

Uno de los efectos principales que el movimiento por los derechos civiles tuvo en el mundo del soul  (lo mismo que en el del jazz, del rock o del folk) fue la demanda insistente de que la gente tomara posición y se comprometiera con sus convicciones. Ella lo hizo, tal como lo demostró desde el contenido confesional de su disco I Never Loved a Man the way I Love You, un álbum clásico de 1967, y las decenas de grabaciones que le siguieron.

Se comprometió con sus convicciones cuando hubiera sido mucho más fácil entregarse a la complacencia del mercado. Cierta actitud de desafío —y el estar dispuesta a ir al fondo de los problemas, incluyendo los domésticos— también formaron parte del movimiento por aquellos derechos.

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La política como un elemento más dentro del desarrollo de Aretha también tuvo una enorme importancia para moldear el recibimiento que su sonido y actitud tuvieron. Su voz creció hasta reventar sus propios límites, no simplemente porque siempre eligió las canciones, las notas y a los músicos correctos, sino porque un gran número de personas deseó acercarse a ella en sus momentos más penosos, o militantes.

Al fin y al cabo, su voz no existía sólo en estado desencarnado sino era producida por un ser humano complejo afectado por las mismas cosas personales y las fuerzas sociales que lo hacían con los demás. Esa era la diferencia, el contexto fue el sustento para apuntalar su enorme talento.

Su poseedora ha decidido abandonar la escena a los 75 años de edad –por enfermedad–, durante los festejos por los cincuenta de aquel disco icónico, pero con la promesa de participar simbólicamente en cada acción que se tome para lograr el respeto humano y civil de los bárbaros en el poder que han jurado frente a la bandera de las barras y las estrellas, ante los medios y ante el mundo acabar con ello. Aretha Franklin falleció el 16 de agosto del 2018, un año después.

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Martyn Jerel Buchwald (nacido el 30 de enero de 1942 en Cincinnati, Ohio), fundó y se erigió en 1965 en el motor del Jefferson Airplane, grupo icónico del sonido de San Francisco y de la psicodelia californiana de la década de los sesenta. Tal banda obtuvo el reconocimiento general luego de la publicación de su segundo disco, Surrealistic Pillow (1967), y del lanzamiento de canciones como White Rabbit y Somebody To Love, que se convirtieron en temas emblemáticos del movimiento hippie.

Con el trajín de aquellos años, el grupo sufrió constantes cambios de personal hasta que terminó por desaparecer como tal. En 1974, otro ex miembros del mismo, Paul Kantner, creó Jefferson Starship junto a Grace Slick.

Balin, luego de colaborar en algunos de los éxitos de la banda, la cual fue protagonista importante de los festivales de Monterrey (1967) Woodstock y Altamont (1969), decidió salirse de la agrupación en 1978 e iniciar una carrera como solista en 1981. No obstante, el guitarrista y vocalista participó en diversos reencuentros con la misma en 1989 y 1993, para a la postre abandonarla definitivamente en  el 2008.

En el 2016, el músico tuvo que ser operado del corazón. Intervención de la que nunca se recuperó del todo. Falleció el  27 de septiembre del 2018, a los 76 años de edad.

2016 Lollapalooza - Day 1, Chicago, USA

Lista de otros caídos: Roy Carr (periodista del New Musical Express, 1 de julio), Alan Long Muir (Bay City Rollers, 2 de julio), Richard Swift (The Shines, Black Keys, 3 de julio), Bret Hoffmann (Malevolent Creation, 7 de julio), Gary Lowe (Big Sugar, 7 de julio), Otis Rush (bluesero, 29 de septiembre).

A todos ellos: Gracias.

 

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