KONSTANTIN GROPPER

Por SERGIO MONSALVO C.

KONSTANTIN GROOPER (FOTO 1)

LITERATURA DE CÁMARA

 La primera pregunta que le suelen hacer a Konstantin Gropper es ¿si tiene más libros que discos en su departamento? El joven autor alemán también suele contestar que: «No sabría decirlo con precisión, pero son  varios miles en ambos casos”. Este es el contexto de su personalidad y la dimensión de su propuesta.

“Tomé el nombre de Vexations, para mi obra del 2011, de una poco divulgada partitura de Erik Satie. Mi padre es músico clásico, pero él tampoco la conocía.

 «Siempre me pareció divertido crear algo nuevo a partir de muchas citas e influencias dispares. Soy un hombre rodeado de libros y eso se nota, pero el resultado tiene un punto irónico. Siempre parto de la base de que escribir canciones es más divertido que preparar trabajos para la universidad.

«Provengo de una ciudad, Biberach, con apenas 300.000 habitantes y en la que no sucede absolutamente nada, así que me puse a componer, componer y componer. Quizás habría sido más sencillo darme a conocer desde Londres, por ejemplo, pero también tiene su gracia vivir en un sitio raro, ¿o no?

«No creo que mis discos sean complicados, sino solo emocionales. Nunca entendí bien la incomprensión que la música clásica genera entre los músicos populares, y a la inversa. Ni siquiera sienten curiosidad, pero yo procuro rodearme en el grupo Get Well Soon de compañeros versátiles y desprejuiciados».

Konstantin Gropper nunca sale a un escenario si no es con traje y corbata. «Me parece un gesto de respeto hacia la audiencia. Estar sobre las tablas constituye una circunstancia especial y no puedes llevar la misma ropa que un día cualquiera».

Por otro lado, sus enfáticas composiciones hacen bueno el nombre de la banda: Get Well Soon. «Desde luego que abrazo la idea romántica de que la música posee propiedades sanadoras. Nietzsche ya dijo que la vida, sin música, sería un error. Yo creo que poner un buen disco es lo mejor que puedes hacer para salir airoso de un momento de amargura».

VIDEO SUGERIDO: HD – Get Well Soon – Dear Tempest Tossed! Dear Weakened (live) @ Arena Wien 23.11.2010, YouTube (galvanization85)

KONSTANTIN GROOPER (FOTO 2)

 

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SCAT

Por SERGIO MONSALVO C.

SCAT (FOTO 1)

 JAZZ JUGUETÓN Y FONÉTICO

Entre las muchas vertientes que el jazz ha creado para interpretarlo está el Scat. Una forma musical fonética que ha cumplido un siglo de existencia. A tal palabra se le define como el estilo de expresar el jazz vocalmente y en el cual se emplean sonidos sin palabras, en una de sus acepciones.

Según declaró el gran músico y enorme mitómano Jelly Roll Morton, al primer artista que oyó utilizarlo fue al cómico de variedades Joe Sims, en Vicksburg, Mississippi. Al hacerse famoso su acto varios músicos lo copiaron e incluyeron en sus repertorios, entre ellos el propio Morton, para luego hacerse extensivo a toda la escena jazzística de Nueva Orleáns en las primeras décadas del siglo XX. Las primeras grabaciones con tal estilo de las que se tiene memoria son las de Gene Green, un especialista en ello, que realizó en 1917, al iniciarse tal acontecimiento técnico.

Otra acepción aceptada sobre tal término es el de “imitación improvisada de un instrumento con sílabas de significado musical en el que se muestra el plurifuncionalismo de la voz”. En 1925 Louis Armstrong hizo popular dicho estilo al acompañar su interpretación en la trompeta con tales vocalizaciones, a las que entonces llamó «Heebie Jeebies» en una pieza con el mismo título, la cual le sirvió luego de modelo al director de orquesta, compositor y showman Cab Calloway durante la década de los treinta, en sus presentaciones en vivo como recurso humorístico.

SCAT (FOTO 2)

Elemento esencial e irremplazable para realizar el canto mediante scat es la improvisación. No hay scat sin ella. Dicho elemento incorpora estructuras musicales a su creación, las cuales están compuestas por líneas melódicas que regularmente son variaciones de fragmentos de escalas y arpegios y riffs, al igual que  sucede con los improvisadores instrumentales.

Esta forma de improvisación vocal es una herramienta virtuosa, por lo que requiere habilidad y entrenamiento por parte de los cantantes, ya que es tan difícil de ejecutar como la improvisación con un instrumento.

Tras Armstrong y Calloway, los representantes más destacados hasta la fecha en este sentido han sido Ella Fitzgerald, Mel Tormé, Bobby McFerrin, Al Jarreau, el grupo vocal Manhattan Transfer, Dee Dee Bridgewater y Leon Thomas, entre otros nombres ilustres.

VIDEO SUGERIDO: Ella Fitzgerald: On note Samba (scat singing) 1969, YouTube (diegodobini2)

SCAT (FOTO 3)

 

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ALFRED WERTHEIMER

Por SERGIO MONSALVO C.

ALFRED (FOTO 1)

 EL TESTIGO

Con el surgimiento del rock & roll, casi por azar, sin premeditarlo siquiera, dio comienzo una larga y fructífera relación entre el género musical y las imágenes de sus artistas, mismas que fueron a parar a las paredes, libros y cuadernos de adolescentes ávidos de identificación o de enfrentar a sus propios ídolos contra los de sus mayores.

Muy poco tiempo después se pudo apreciar al ex camionero de Tupelo, Mississippi, Elvis Aaron Presley, mover la cadera frente a cientos de histéricas jovencitas por todo el sur de la Unión Americana (imagen -pero en movimiento- que fue censurada a la postre en el programa de Ed Sullivan de la televisión estadounidense).

De este modo inició una difícil y, en ocasiones, azarosa especialidad estética que continúa hasta nuestros días y que consiste en la captura, por medio de la fotografía, de las imágenes propiciadas por los artistas del rock. Mucho tiempo ha transcurrido desde esos tiempos heroicos y, a través de ellos, la relación entre la imagen y el rock se ha ido sofisticando y estrechándose conforme la tecnología avanza y la capacidad de asombro de la gente disminuye.

La que una vez fue informal y poco estilizada se ha convertido en una actividad ritualizada, plena de controles, de elementos técnicos, y el reto para producir imágenes memorables cada día es mayor. Es por ello que ahora resulta impensable el lanzamiento de un disco, de un tema como sencillo del álbum, sin el apoyo visual.

Desde los comienzos de esta actividad ligada al género, el fotógrafo que ha logrado estar en el lugar justo, en el momento justo, ha sido capaz de atestiguar escenas que han trascendido en el tiempo y puesto su nombre en la historia de la música, tal es el caso de Alfred Wertheimer.

En junio de 1956 este artista de la lente era un hombre de 28 años que desarrollaba su labor como freelancer. Su trabajo en las revistas Life (con imágenes de Joel Grey) y en Paris Match (con las de Arthur Ruubinstein) le había valido un llamado de la compañia discográfica RCA Víctor para cubrir gráficamente las andanzas de una estrella naciente: Elvis Presley.

ALFRED (FOTO 2)

 

 

“Yo era sólo un nombre en la lista de fotógrafos que tenían. Pero fui el freelance que contestó al teléfono cuando llamaron de la compañía discográfica RCA. El único que estaba disponible para el 17 de marzo. Ese trabajo, al final, se ha convertido en el encargo más largo de mi vida. Dura ya 65 años”, ha dicho Wertheimer al respecto.

Wertheimer no había escuchado nada de él hasta ese momento, como muchos en el medio, pero según confesaría después  sintió una corazonada y aceptó el trabajo. Lo llamaron para fotografiar al futuro Rey del rock, que con 21 visitaba Nueva York para hacer su debut en la televisión nacional. Aún era un cantante de moderado éxito. Un provinciano del sur estadounidense, mal visto en la gran ciudad. “¿Elvis qué?”, preguntó Wertheimer cuando le dijeron su nombre. Jamás había oído hablar de él.

Cuando conoció a Elvis supo que la labor no sería una asignación más. “La primera vez que lo vi estaba en una habitación, antes de actuar en televisión. Se miraba con atención la mano izquierda. Le dije: ‘Elvis, vengo a hacerte fotos, si no te parece mal’, pero ni me oyó. Siguió fijándose en sus dedos. Entonces vi que llevaba un anillo con una cabeza de caballo de oro rodeada de diamantes. Lo había encargado y estaba decidiendo si se lo quedaba.

VIDEO SUGERIDO: Elvis Presley – Hound Dog 1956, YouTube (sool1975 ful)

“Se concentraba mucho en cada cosa que hacía. Daba igual que estuviera peinándose, ligando o cantando. No le importaba lo que pasaba a su alrededor y eso le hacía perfecto para mi forma de entender la fotografía. Me gusta volverme invisible. Llegó un momento en el que podía estar a 90 centímetros de él, y ni siquiera se daba cuenta. Pensé: ‘Este hombre es especial, es único. Así que pégate a él’. Tenía cualidades que nunca había visto en nadie».

Rápidamente el fotógrafo logró la confianza del cantante e hicieron amistad.

Él era el objeto de su lente. Solo eso. “No soy un crítico musical ni un psicólogo, soy un testigo. Lo que intento hacer es desaparecer para que el fotografiado aparezca. Para mí Elvis tenía dos grandes virtudes. Permitía que me acercara y hacía a las chicas llorar con su presencia. Tenía poder, era increíble, era distinto. Por eso aquella tarde decidí viajar con Elvis si conseguía su permiso”.

Lo consiguió y paso varias semanas a su lado desde aquel 17 de marzo hasta los primeros días de julio. Haciendo fotografías en cualquier momento. Elvis rasurándose y en el escenario. En trenes, hoteles o en un set de televisión. Tras esos meses, su fama lo aislaría del mundo, pero entonces viajaba casi solo, sólo con su primo Junior como consejero, al poco tiempo se le uniría su manager, el siniestro Coronel Parker.

Elvis empleaba en esos momentos su carisma para la seducción, ya fuera en masa durante sus apariciones públicas, o en privado, en la constante caza de presas. “Una de mis fotos favoritas es la de él con su primo en un restaurante. La mesera les pregunta que van a pedir. Junior está pensando en el menú. Elvis está fijándose en ella. Minutos después de que tomé aquella imagen él ya la estaba abrazando”.

Wertheimer fue el único fotógrafo al que el joven Elvis (de 21 años) permitió acceder a la cocina de su mamá, a su habitación; al único que dejó capturar con su lente los momentos de algunos de sus encuentros con jóvenes fans, como la famosa “Foto del beso”, hoy clásica y muy valorada, tanto comercial como estéticamente. La cual confirmaba lo dicho por el fotógrafo al principio: tener la suerte de estar en el lugar preciso en el momento preciso.

«En aquel momento –el 30 de junio de 1956–, yo me había instalado en el rincón de uno de los pasillos del Teatro Mosque, en Charlotte, Virginia, detrás del escenario antes de una actuación. Esperaba a Elvis que vendría de los camerinos y subiría por la escalera del backstage. Me recargué en el barandal aguardando.

“En el momento que subía apareció una fan también y le dijo: “Hey Elvis, apuesto a que no me puedes besar, ¿eh?” y se le quedó mirando retadora. Yo ni siquiera sabía si se conocían o no. Preparé mi cámara al mismo tiempo que pensaba que probablemente Elvis se enojaría conmigo si la tomaba. La imagen funcionaba visualmente así que ya no me importó nada más.

“En mi imaginación ella era una femme fatale, lo demás no me interesaba. Soy una persona visual. Mi única preocupación era conseguir la imagen. Entonces él le contestó “Apuesto a que sí”. Se le acercó la abrazó y le dio un beso de lengua para la historia. Minutos después se presentó ante tres mil fanáticas a las que puso histéricas. Por cierto, ella se llamaba Bobbi Owens, y tenía 20 años”.

Elvis no le puso reparo alguno a Wertheimer e incluso le permitió tomar algunas escenas caseras junto a su madre y padrastro. Esas imágenes en blanco y negro son el mejor registro que  existe de la metamorfosis de un simple mortal en un mito.

Wertheimer disparó más de 2,500 fotografías en aquel breve lapso de tiempo. Tiempo en el que se erigió en testigo de la vida de un Elvis de carne y hueso, cotidiano, humano y cuyos registros gráficos (espontáneos, sin artificio, inocentes, naturales), son el mejor testimonio de una época y un momento histórico para la música.

Esto sucedió hasta que el manager de Elvis, el tenebroso Coronel Parker, viendo la mina de oro que tenía en las manos le cerró la puerta de la casa y el camerino y le negó al fotógrafo todo acceso al artista. A partir de entonces, todas las imágenes de Elvis fueron cuidadosamente pensadas y seleccionadas para ser difundidas por los medios de comunicación, hambrientos de  todo el material que generaba el nacimiento de un gigante icónico.

Alfred Wertheimer nunca pudo volver a fotografiar a Elvis, pero dichas fotografías adquirieron con el paso de los años un status mítico, así como los relatos sobre las mismas que finalmente –tanto éstos como aquellas-  fueron compiladas en un libro muy apreciado por la crítica, los coleccionistas y los fans: Elvis ’56: In the Beginnen.

Varias de estas fotos aparecen también en un disco compilatorio homónimo que nació igualmente como un clásico instantáneo: Elvis 56. Ése que antologa todos los éxitos de Elvis durante aquel año, su año.

VIDEO SUGERIDO: Elvis Presley – Live 1956, Tupelo’s Own (Complete – 6 Tracks – 13…), YouTube (technohater)

ALFRED (FOTO 3)

 

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

PULSOR 4X4 5 (FOTO 1)

 PULSOR 4×4 / 5

(1958)

En 1958, los Estados Unidos lanzan su primer satélite artificial, el Explorer I.

Nikita Kruschev se convierte en el Primer Ministro de la Unión Soviética.

Vladimir Nabokov publica la novela Lolita.

El grupo The Champs, con la pieza «Tequila», logra llegar a los primeros lugares de popularidad, además de comenzar a ilustrar el horizonte del rock chicano que ya burbujeaba en California. El tema fue escrito por Daniel Flores, quien a la postre cambiaría su nombre por Chuck Río. «Tequila» fue una excitante pieza instrumental con elementos latinos que perdura igual de vibrante hasta la fecha.

Cada una de las sucesivas manifestaciones del rock and roll ha surgido brutal de los lugares en donde fue creada, bramando como un toro enfurecido. Observando desde la barrera, el poder las ha considerado peligrosas, subversivas y una amenaza para la juventud, pidiendo al mismo tiempo que se hiciera algo al respecto. Y realmente se ha hecho.

El poder se dio a la tarea de mediatizar a la bestia del rock and roll. El 24 de marzo de 1958, Elvis Presley fue llamado a filas y rapado por el ejército estadounidense para cumplir con su servicio militar. Como Elvis no era precisamente muy consciente del fenómeno que representaba, dobló las manos sin mayor aspaviento.

Su ingreso al ejército recibió la mayor publicidad y la industria de cualquier manera siguió con el negocio: apareció la película King Creole (El rey criollo), y una serie de grabaciones que se fueron editando durante su ausencia y ganando premios: «Hard Headed Woman» fue el mejor ejemplo.

PULSOR 4X4 5 (FOTO 2)

Tras la operación sin dolor, el poder creyó que podía matar a la bestia o engordarla y convertirla en un bicho estúpido. Sin embargo, no contaba con que aquella fiera tuviera más de una cabeza y tuvo que replegarse para volver a planear una nueva estrategia destructiva. Mientras tanto, Jerry Lee Lewis le mostraba sus grandes bolas de fuego.

 De los grupos negros que surgieron en aquella época, el más importante e interesante fue el de los Coasters, cuyos triunfos se debían a la excelente labor que entre bastidores llevaba a cabo el dúo de compositores Leiber-Stoller.

Sus éxitos se caracterizaban por estar construidos mediante un ritmo y una melodía rápidos y animados; una letra humorística que reflejaba los problemas sociales o familiares de algún adolescente que se sentía reprimido, y un solo de uno de los mejores saxofonistas de los años cincuenta: King Curtis.

El primer artista en romper las barreras raciales en la música fue Fats Domino, un músico de Nueva Orleáns cuya forma percusiva de tocar el piano y su técnica vocal provenían del jazz estilo Dixieland.

Desde 1949, Fats Domino había conseguido estar en ambas listas, blancas y negras, y vender millones de ejemplares. Dentro del rock and roll consiguió más de 20 éxitos, siendo uno de los pocos artistas de los comienzos del rock que trabajó casi hasta su muerte en el 2017.

La canción del año de 1958 fue «At the Hop» de Danny and the Juniors, un grupo que tenía sus orígenes en el doo-wop de Filadelfia. Habían saltado a la fama gracias a sus apariciones en el famoso show de Dick Clark, American Bandstand, y por enfrentarse con temas como «Rock and Roll Is Here to Stay» (El rock and roll llegó para quedarse) al ataque social que estaba recibiendo el género, del que incluso se hacían masacres disqueras —rompiendo acetatos— por parte de estaciones de radio retardatarias y fascistas que sólo gustaban de la música campirana.

VIDEO SUGERIDO: Danny & The Juniors – At The Hop (1958), YouTube (John1948ThreeC)

PULSOR 4X4 5 (FOTO 3)

 

PULSOR 4x4 (REMATE)

BALADAS (III)

Por SERGIO MONSALVO C.

BALADAS III (PORTADA)

 (POEMARIO)

 “I’M A FOOL TO WANT YOU”*

Es un reto cantar un standard. Es mayor si éste es una balada. Y crece si el autor es un hito musical. Es un reto volver a contar el reencuentro de una pareja donde una de las partes tiene el dominio emocional pleno sobre la otra.

Y más aún si es la parte frágil la que habla con el corazón en la mano, con certezas breves y contundentes que llevan a la caída una y otra vez en la misma historia, un amor cortado y vuelto a unir a base de esperanzas vanas y con la sapiencia de la recaída, pero contra la que no se ha encontrado antídoto. Un amor como muchas historias de amor…

Casi como si detrás de todo hubiera el aliento de un enamorado con la voluntad de pensar sobre las decisiones y los impulsos antes de que todo quede sembrado una vez más de decepción, la vida que pende de un hilo delgado, como son las sombras de los recuerdos de lo que fue y no fue, o casi fue, sin serlo.

“I’m a Fool to Want You” es una de esas canciones que se deslizan por su narración y alcanzan sin preámbulos el único estado  desde el que pueden ser dichas las cosas verdaderamente importantes: sin falsa poesía, sin construcción del sentimiento, sin clarines de aviso. El personaje que cuenta habita este estado del que espera teniéndolo todo que perder.

En la aventura de la versión se anotan Frank Sinatra (el autor), Billie Holiday, Chet Baker, Dinah Washington, Bob Dylan y Dee Dee Bridgewater. Y para acompañar estas líneas: Dexter Gordon. Esta balada es cualquier cosa menos inofensiva. Que cada quien escoja la expresión que más le llegue vía el estilo.

 

 *Texto de introducción al poemario Baladas III, mismo que se ha publicado completo en este blog en varias entregas, dentro de la categoría «Tiempo del Rápsoda».

 

DEXTER (FOTO 1)

Baladas III

(“I’m a Fool To Want You”)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Palabra de Jazz”

Número 17

The Netherlands, 2019

 

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MIEDO AL SAX

Por SERGIO MONSALVO C.

MIEDO AL SAX 2 (FOTO 1)

 EL SWING DEL REICH/ 2

Todas las ramas de la industria alemana fueron afectadas por la dura crisis económica de los años treinta, incluyendo la disquera. Muchas compañías desaparecieron en un corto lapso de tiempo.  En 1932 sólo se sostenían ya unas pocas grandes disqueras dedicadas principalmente a editar grabaciones estadounidenses de todo tipo.

Entre ellas destacaban las marcas Brunswick, Electrola, Columbia, Alberti Special Record, Kristall, Odeon y Parlophon, en su mayoría parte del consorcio Lindström. Las últimas tres marcas habían reducido un poco su producción desde 1931 de la edición masiva de grabaciones de la Unión Americana y aumentado la difusión de orquestas inglesas, puesto que era más económico obtener este material de las casas matrices británicas, sin embargo seguían produciéndose buenas grabaciones estadounidenses de jazz en Odeon, Parlophon y Kristall.  La oferta a final de cuentas también se orientaba por la demanda.

El hecho de que en 1932, el último año de un gobierno democrático en Alemania, existiera una asociación sólida y constante de las grandes empresas disqueras con el extranjero, garantizada por contratos de exportación e importación con vigencia de muchos años, permitió la importación sin restricciones de la música extranjera, el jazz inclusive, y aseguró la influencia del jazz y del swing en Alemania incluso durante del «Tercer Reich».

La importación y edición constante y regular sobre el acetato de grabaciones originales norteamericanas de jazz y de swing desempeñó un papel decisivo en mantener presente el jazz en Alemania e incluso en ganarle un círculo cada vez más grande de adeptos, pese a la demagogia y la violencia de los nazis.

El interés en el jazz incluso había crecido tanto en la Alemania de 1931-1932 que ya empezaban a aparecer los primeros «conjuntos amateurs de jazz» en las escuelas, así como «grupos de jazz estudiantiles» dirigidos por jóvenes maestros de tendencias progresistas.

MIEDO AL SAX 2 (FOTO 2)

El director del Hoch’schen Konservatorium de Frankfurt del Meno, Bernhard Sekles, fue el primero en incluir estudios sobre el jazz en un conservatorio alemán, lo cual le acarreó muchas hostilidades. La materia estaba a cargo de Matyas Seiber, quien se había hecho de cierto nombre por una «revista de jazz» llamada Jim und Jill (uno de los alumnos del jazz en tal conservatorio de Frankfurt fue el trompetista Rudi Thomsen, quien después de 1950 destacó como solista de la Willy-Berking-Orchester).

Se manifestaron así los primeros indicios de un interés amplio y bien fundado en el jazz, el cual fue interrumpido bruscamente por la «toma de poder» de los nacionalsocialistas, la cual obligó a disolver las bandas de jazz estudiantiles y las clases en la materia en los conservatorios antes de poder desarrollarse del todo.

Quedó así el interés de los músicos y los coleccionistas de discos (los amigos del jazz), que mantuvieron su espíritu y siguieron ocupándose con la música que amaban, aunque empezaban los años desfavorables para el género en Alemania con el «Tercer Reich», el periodo nazi.

A principios de 1933 se produjo una casi epidemia en los gustos musicales de los alemanes con el enorme auge de la música de marcha. Las listas y los catálogos de discos del año casi parecían integrados exclusivamente por esta música. No obstante, a la larga se hizo monótona. Una vez pasado el entusiasmo del principio, la gente empezó a acordarse de otros tipos de música.

La de baile «jazzificada y judeizante» del «periodo del sistema», según el lenguaje nazi, debía ser sustituida por una «música de baile alemana ligada a las tradiciones populares». Esta «música de baile alemana ligada a las tradiciones populares» representaba un concepto tan vago e indefinible que muchos músicos ingenuos cayeron presa de gran confusión.

Muchos se apuraron a vender su saxofón, considerado por regla general como «instrumento típico del jazz». Otros más se negaron a seguirlo utilizando y adoptaron otros instrumentos. El miedo al sax llegó a tales extremos que una rama de la manufactura alemana de instrumentos enfrentó serios problemas de venta y se vio obligado a intervenir el Ministerio de Economía para tranquilizar a los músicos asustados.

MIEDO AL SAX 2 (FOTO 3)

 

Exlibris 3 - kopie

GARAGE/31

Por SERGIO MONSALVO C.

GARAGE 31 (FOTO 1)

 THE KNACK Y CÓMO LOGRARLO

A finales de los años setenta, el power pop se convirtió en una vena importante para el rock de garage con grupos como Plimsouls, The Romantics o The Knack, entre otros. El término para esta corriente fue utilizado por Pete Townshend en los sesenta para definir la música que hacían los Who y algunos compañeros de la Ola Inglesa.

Quizá el grupo más representativo del power pop entre décadas fue The Knack, el cual se formó en Los Ángeles, California,  y cuyos integrantes sacaron el nombre para la banda de una película de Richard Lester —el mismo de A Hard’s Day Night y Help de los Beatles— y la estética en sonido y look del new wave brit de los setenta.

Las influencias primordiales de The Knack fueron los Rasperries, los Who y los Kinks. Su sonido fresco y directo, aunado a una lírica inspirada, riffs intensos, melodías pagadizas, ritmos vibrantes, armonías vocales y estribillos contagiosos, les abrieron el camino al éxito y a las listas de popularidad de ambos lados del Atlántico.

En 1979 al grupo se lo disputaron varias compañías, pero Capitol Records fue quien lanzó al mercado Get The Knack, su álbum debut. El disco fue producido por Mike Chapman y fue grabado en el corto lapso de 10 días. En él, la banda reveló un apreciable talento compositivo que los inscribió en la historia del rock por temas que se volvieron clásicos.

GARAGE 31 (FOTO 3)

 

“My Sharona” es quizá su tema más conocido y representativo del power pop de la época. Comienza con una musculosa intervención de la sección rítmica, de marcada pulsión sexual, para dar paso a un riff característico, incisivo, a un implacable ritmo y a un solo de guitarra memorable. La ansiosa voz pone la cereza en el lascivo pastel musical.

Sin embargo, “My Sharona” no fue su único tema trascendente en aquella primera década de existencia (se disolvieron en 1981). También en su cuenta se pueden enlistar canciones como “That’s what the little girls do”, “Good girls don’t” y “That thing you do”. Los homenajes intrínsecos a sus influencias en ellos son por demás evidentes.

The Knack fue un grupo emblemático de los años ochenta y de la Generación X en particular. Emergente de una sociedad masificada y consumista, que no oculta el rechazo que le produce saberse parte de tal época, ni tampoco de la mediocridad de la que son parte. Fatalismo existencial y  un profundo sentimiento hihilista.

The Knack fue un suculento bocado de la realidad fragmentada. Ira y necesidades musicalizadas que evocaban y presagiaban al mismo tiempo.

VIDEO SUGERIDO: The Knack – My Sharona live, YouTube (satussy)

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GARAGE 31 (REMATE)

GARBAGE

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL VERTEDERO COMO ESPEJO

La modernidad romántica puso las cosas en su sitio: el hombre frente a sí. Charles Baudelaire inició la cadena poética que daría cuenta de ello en sus Flores del mal, como en las siguientes líneas: “El hombre atraviesa la vida entre bosques de símbolos / Que lo contemplan con miradas familiares. / Como los largos ecos que de lejos se mezclan / Con una tenebrosa y profunda unidad, / Se responden sonidos, colores y perfumes… / Hay perfumes corrompidos, ricos y triunfantes, / Que tienen la expansión de cosas infinitas, / Que cantan los transportes de sentidos y espíritu”.

O como en: “Una carroña asquerosa en el canto rodado de un riachuelo…/ basura cocinándose al sol devolviéndole esa moneda a la Naturaleza.

Con tales textos Baudelaire percibió a los desechos, en el París de mediados del siglo XIX, como una expresión de lo trascendental en lo degradado, de lo vital en lo escatológico; pero también como la advertencia de que, en la era moderna, poeta era, sobre todo, aquel que no apartaba la mirada: que ve lo fundamental en lo que parece insignificante y que se atreve a mirar de frente lo que parece insoportable: el Mal.

Igualmente, el largo poema titulado Garbage (Basura), la gran obra de Archie Randolph Ammons –un poema de 2217 versos estructurado en pareados libres, publicado en 1993 y que recibió el National Book Award, el premio más prestigioso en las letras estadounidenses, es el más reciente eslabón de poemas que tienen al despojo como símbolo y representación del artificio humano.

Ammons (nacido en Whiteville, Carolina del Norte, en 1926) buscaba como materia prima para su trabajo un tema que resultara inagotable, durante el fin de la década de los ochenta del siglo XX, cuando casualmente vio una montaña de desperdicios mientras manejaba por una autopista de la Unión Americana. Su cerebro, entonces, comenzó a fraguar ese poema.

Llegó febril a su casa luego de varias horas de conducción y corrió a mecanografiar lo que había venido martillando. Lo hizo rápida e improvisadamente, en un rollo de papel para calculadora, al finalizar  lo dividió en 18 fragmentos y lo trabajó durante los siguientes años.

GARBAGE FOTO 2

 

 

Garbage (Basura) fue el nombre con el que llamó a tal texto que es a la vez una visión del vertedero y el vertedero mismo, en la medida en que el poema es capaz de integrar y dar un cierto orden al todo, a lo armónico y lo caótico, al sistema y al acontecimiento; un magma que estalla siendo a la vez la lengua y la conciencia del que habla, el monólogo en el que se replican todas los voces, como un coro de drama griego.

Residuos tóxicos, aire polucionado, pringue de playa o erosión / en los caminos se unen naciones, mientras que la magnánima / perogrullada y la apacible apariencia las aplacan a todas / para que vuelvan a su confort o a su desesperanza: las crisis globales…

Ammons vio en el basurero “la regurgitación de la cultura en la que vivimos, las entrañas de nuestro mundo artificioso, el detritus infernal a ras de tierra:

‘La basura tiene que ser el poema de nuestra época porque la  basura es lo bastante espiritual y creíble como para embargarnos la atención, estorbando, amontonándose, apestando, manchando…’

El crítico Harold Bloom, quien conformó uno de los cánones de la poesía estadounidense, al mencionar al autor de este extenso poema en el mismo, escribió: “Tal vez ningún poeta contemporáneo tenga tantas posibilidades de convertirse en clásico como el creador de Garbage”. A. R. Ammons murió en el 2001 bajo ese halo.

Y con él se cumple el axioma que acompaña a las grandes obras: todo empieza a suceder un poco antes de su comienzo y no se extingue del todo con su fin, es una ola expansiva. El guijarro lanzado al agua proviene de aquel Baudelaire maldito y la cultura del rock, que es una esponja y un proyector en este sentido, retomó el concepto de Ammons para continuar la línea con música y actitud.

El poema Garbage apareció en 1993 y fue leído con avidez y asimilado por jóvenes músicos y productores interesados tanto en la literatura como en el sonido que, inspirados por aquel texto, se pusieron a escribir canciones donde reflexionaban por su cuenta sobre la vida contemporánea de fines del siglo XX, y el estercolero en que se había convertido el quehacer de ésta. El nombre de su grupo sería ése: Garbage.

VIDEO SUGERIDO: Garbage – Stupid Girl, YouTube (eti)

El proyecto de Butch Vig, Duke Erickson y Steve Marker se concretó cuando la onda estadounidense de su oriundo Madison conectó con el Edimburgo escocés de Shirley Manson.

A los 15 años, Shirley Manson se había unido al grupo Goodbye Mr. Mackenzie como tecladista y cantante de apoyo. Luego de algunos años, tal agrupación fue reemplazada por Angelfish, conjunto en el que Shirley se convirtió en la cantante principal. Tras ver un video de éstos Butch Vig se puso en contacto con ella para invitarla a colaborar en algunos tracks individuales, y así nació Garbage.

Butch Vig y Steve Marker se encargaron de poner a la ciudad de Madison, Wisconsin, en el mapa del rock con su proyecto conjunto, los Smart Studios. Los clientes del dúo de productores venían cada vez de más lejos (Killdozer, Smashing Pumpkins, Sonic Youth, Tad) y llegaron a su culminación con la producción del disco histórico Nevermind de Nirvana y el sonido grunge.

Vig y Marker se juntaron con el músico y productor Duke Erikson (líder de los grupos anteriores de Vig, Spooner y Firetown) y pusieron las bases experimentales de rock que habrían de convertirse en Garbage. El proyecto cuajó con las aportaciones creativas y la presencia de Shirley Manson.

El álbum debut de Garbage, homónimo del grupo y una de las sorpresas de 1995 resultó sorprendente y orgullosamente rockero. La voz de Shirley cumplió de más en todos los sentidos. Los tres músicos, por su parte, metieron las doce canciones en un vestido de alambre de púas inventivo y noisy, y la interpretación entre sensual y siniestra de Manson esculpió de manera convincente cada uno de los temas

Los textos de Garbage se expresan con un cinismo excepcional y conducen al escucha en un viaje por las cavernas más oscuras del espíritu, muerte y desgracias, obsesiones religiosas, frustraciones sexuales, relaciones destrozadas y demás desperdicios de la realidad humana.

El humor irónico de piezas como “Queer” y “Only Happy When It Rains” resultó sintomático. “No somos ni melancólicos ni estamos siempre deprimidos. Simplemente nos parece lo más adecuado escribir acerca de ese tipo de cosas. Así como lo describió Ammons en su poema. Tratamos de crear bellas melodías de rock, pero seguimos siendo catastrofistas con respecto a los sedimentos de la sociedad«, confesó Manson.

Garbage es un grupo que tiene la suerte de entenderse en su forma de ver las cosas. Los cuatro se dejan inspirar por libros, como el ya mencionado y películas, pero también por experiencias personales y observaciones del comportamiento humano. Todas sus diferentes influencias entraron al disco.

Los tres estadounidenses no recurrieron al sonido grunge que solía considerarse en ese momento típico de su país. Y los cuatro aportaron influencias comunes como New York Dolls, Stooges, Talking Heads, Velvet Underground, Patti Smith, Echo and The Bunnymen y Cure.

Escribieron (y escriben aún) textos que por una parte estimularan al escucha mentalmente, pero que por otra estuvieran abiertos a varias interpretaciones, como lo de “I can’t use what I can’t abuse/And I can’t stop when it comes to you”. El suyo, desde entonces, es un rock de conciencia que crea adicción.

Garbage es uno de los mejores grupos emergidos de los noventa que continúan con vida y sorprendiendo con cada nuevo trabajo, para el que se toman todo el tiempo, principalmente porque sus textos deben describir las situaciones desesperadas a las que ha llegado el estercolero contemporáneo.

La póetica expansiva iniciada por Baudelaire y continuada por A.R. Ammons, tiene en Garbage su soundtrack más representativo de los tiempos vividos: un sumidero con acumulación de restos y desperdicios de toda índole, en donde la vida se ha visto degradada por el perverso devenir del mundo.

VIDEO SUGERIDO: Garbage live on Letterman – “The Battle In Me” 3/30/13, YouTube (Cathode Roy)

GARBAGE FOTO 3

 

Exlibris 3 - kopie

COULDN’T STAND THE WEATHER

Por SERGIO MONSALVO C.

STEVE RAY VAUGHAN (FOTO 1)

 STEVIE RAY VAUGHAN

Number One”, la número uno, ese fue el nombre que Stevie Ray Vaughan le dio a su guitarra Fender Stratocaster modelo ’59, la cual llevaba impresas las iniciales de su nombre.

Es la que rasgueaba aquella madrugada de octubre, después de haber celebrado su cumpleaños número 30 con un concierto en el afamado Carnegie Hall de Nueva York, junto a su hermano Jimmy,  Dr John, George Rains y Angela Strehli. Vaya invitados.

Aquel había sido un año fantástico para él. Las repercusiones de su primer álbum reverberaban y fuerte: las revistas especializadas del género lo nominaron como “Mejor nuevo talento”, “Mejor guitarrista de blues eléctrico” y a aquel disco como “Mejor álbum”, además de conquistar otros premios. Nada mal para un músico debutante.

Ahora circulaba ya su nuevo disco Couldn’t Stand The Weather, por el cual había recibido también otros honores, quizá más significativos y que colmaban de alguna manera su meta en el blues: la honestidad en él por sobre todas las cosas.

Con aquellos premios al “Mejor Showman” y “Mejor instrumentista de blues”, se había convertido en el primer músico blanco en ganar dichas distinciones. Sí, ese era la ruta. No soportaría otro clima.

Ahora rasgueaba complacido a la “Número Uno”, tentando en mucho al destino: “Creo que sólo la muerte podrá sacarme del camino”. Ambos le aceptaron el reto.

VIDEO SUGERIDO: Stevie Ray Vaughan – Couldn’t Stand The Weather – 9-21-1985 – Capitol Theatre (Official). YouTube (SRV on MV)

STEVE RAY VAUGHAN (FOTO 2)

 

Tornamesa