MIEDO AL SAX

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL SWING DEL REICH/ 12

 Existía, pues, en aquel tiempo una abundancia de discos de swing y de jazz en Alemania, aunque oficialmente mal vista. En 1938 la compañía Brunswick tuvo que suspender su edición de textos informativos por eso mismo, los cuales fueron extrañados mucho por los fans del momento. Asimismo hubo otras «prohibiciones locales al swing», como la denominada «Swing y música de niggers» en Pomerania que entró en vigor el 1de enero de 1939.

Las notas publicadas en los periódicos el 6 y el 13 de noviembre del año anterior afirmaban, entre otras cosas lo siguiente: «El salón Gauleiter tomó la iniciativa… desaparecerán el swing y la música de niggers…Pomerania será la primera en impedir la degeneración sobre las pistas de baile…No aceptamos a unos imbéciles que quieren traer las costumbres de la jungla a Alemania…Las orquestas aullantes y las parejas entregadas al `swing’ tienen su lugar en la selva, no en nuestras salas de baile…»

La prensa en general se expresó animadamente contra el jazz y el swing. A continuación otro ejemplo selecto de los discursos nazis contra el jazz: «…Sólo hay que observar a los judíos que bailan al compás de esta música (el swing).  Se advierte enseguida que esta actividad nos convierte prácticamente en monos. Nuestros compatriotas alemanes que eligen formas de expresión auténticamente judías y negras para sus bailes, son como los monos judíos…. Resulta incomprensible que pueda haber compatriotas alemanes dueños, en otros aspectos, de una sensibilidad sana y natural, capaces de participar, en este caso, en la invasión de una actitud judía y negra, sin que ninguno de sus instintos los advierta al respecto. Debemos defendernos con toda la fuerza de que somos capaces» (enero de 1939).

La señalada «degeneración» fue aumentando de mes en mes, sobre todo y por supuesto, en las grandes ciudades, donde nadie se dejaba impresionar mucho por las «prohibiciones» realizadas en las provincianas. El jazz y el swing eran «indeseables», pero los principales afectados fueron los grupos mismos, no los consumidores.

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Las orquestas alemanas que tuvieron la mala suerte de ser sorprendidas tocando composiciones «no arias» o que se atrevían a emplear a «no arios» o a los llamados «medio ario» (los cuales tenían prohibido trabajar), podían tener problemas con la Cámara de Música del Reich.

Kurt Widmann, por ejemplo, cuya orquesta alcanzó cierta fama en Berlín, se vio obligado a «esconder» a su excelente trompetista Hans Berry detrás de sus compañeros cada vez que se acercaba un espía del gobierno, puesto que Berry según disposición nacionalsocialista era «medio ario». Esto sucedía desde mucho antes que 1938.

Hans Berry abandonó el conjunto de Widmann debido a estas dificultades en septiembre de 1935, pero siguió tocando con los Lanigiros (grupo belga) en Alemania hasta 1937. Llamaba menos la atención entre tantos extranjeros.  Posteriormente se fue a Bélgica donde los nazis lo descubrieron en 1943 y lo convirtieron en «defensor de la patria», o sea, soldado, haciendo caso omiso de su señalada calidad de «medio ario».  Tras la contienda, desempeñó un importante papel en el jazz de Berlín de la posguerra.

Kurt Widmann, conocido como «Kutte» entre su público, fundó una orquesta en 1933. Poco a poco aumentó la cantidad y también la calidad de sus integrantes. Pronto adquirió popularidad como orquesta permanente del salón de baile Imperator en Berlín.

Widmann tocó la batería y posteriormente también el trombón, poniendo gran énfasis en crear el «ambiente» adecuado. Su preferencia era el hot, en lo cual se vio apoyado por los buenos solistas que formaban parte del grupo. Entre sus integrantes figuraron Charlie Pawlick, Béla Vollgraf, Helmuth Klopsch y Gerhard Rabsch en las trompetas, Robby Zillner (trombón), Paul Höpfner (clarinete, saxofón), Heinz Dammin (saxofón tenor), Werner Neumann (piano) y August König (contrabajo).

Todas las orquestas que en opinión de los vigilantes tocaban demasiado hot e incitaban a la gente a bailar el prohibido swing, recibían amonestaciones constantes y se les amenazaba con retirar su permiso de trabajo, etcétera. De esta manera, la voluntad hacia la creación propia y las improvisaciones jazzísticas fue perdiéndose poco a poco.

La única excepción eran unos cuantos obsesionados incapaces de dejar su amada música, lo mismo que los fans reunidos en los «hot-clubs«. Estos fans continuaban sus discadas regulares y hablaban sobre lo más nuevo del jazz y el swing. Su aislamiento, junto a las tornamesas sobre las que giraban los más bellos tesoros del jazz de los Estados Unidos, tuvo como consecuencia que perdieran el contacto con el jazz alemán. Al escuchar a los grupos nacionales por lo general había que aguantar mucha música ligera de moda y oficialmente aceptada antes de poder escuchar una interpretación del auténtico hot.

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HISTORIA DE UNA CANCIÓN

Por SERGIO MONSALVO C.

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 “AMERICAN PIE”

 (DON MCLEAN)

Existe un tipo de canto surgido en los años treinta que proviene de los negros afroamericanos: el folk blues. Esta forma fue retomada y trabajada a la postre por los cantautores blancos de la época. Se presentaba por lo general acompañado de guitarra o banjo (y a veces con grupo), y el ejecutante soltaba frases mordaces, incisivas o de reflexión.

Desde sus inicios, el folk blues se convirtió en un medio de protesta o denuncia contra situaciones sociopolíticas que afectaban a la mayoría de la población.

En el caso de los Estados Unidos, la psicosis creada en los jóvenes sesenteros por la guerra de Vietnam (con el hecho no tan simple de morir a temprana edad) fue un gran motivo para la proliferación de tal canto, con diversos resultados.

Woodie Guthrie, el primer gran representante del género entre los blancos, dijo que “era necesario un hombre atribulado para interpretar canciones atribuladas”. Así, esta música popular se desparramó por aquella nación y, en casos como el de Don McLean, por todo el mundo.

McLean (quien nació el 2 de octubre de 1945, en el estado de Nueva York) es el autor de la canción “American Pie”, un folk blues elegíaco sobre los años sesenta con tintes epopéyicos y baladísticos, que enmarca una historia un tanto críptica de ocho minutos y 27 segundos de duración.

Es una canción llena de referencias tanto personales como generacionales. Una de ellas es con respecto a Buddy Holly, uno de los héroes y víctimas del primer rock and roll, quien murió el 3 de febrero de 1959 en un avionazo junto a Ritchie Valens y Big Bopper. De ahí el estribillo que proporciona el leit motiv al tema: “The day the music died…” (El día que murió la música).

McLean ha declarado que Holly fue la única persona a la que idolatró de niño: “A la mayoría de mis amigos les gustaba Elvis Presley. Pero a mí me interesaba más Holly porque sentía que los temas de sus canciones hablaban de lo que en realidad me pasaba a mí”.

Efectivamente, la música que hacía Buddy Holly simbolizó algo más profundo que otros cantantes del momento. Su canción “That’ll Be the Day” (Ese será el día) ponía énfasis en las emociones ambivalentes y desconcertantes de un joven preocupado por su existencia.

Asimismo, el grupo de Holly, los Crickets, patentó un sonido limpio, sólido y pleno de armonías inéditas. De esta manera se erigió en prototipo dinámico de un concepto instrumental y vocal que a la larga sería utilizado y llevado a su clímax por los Beatles, por ejemplo.

NAMES MCLEAN

“Holly se convirtió en una metáfora perfecta de la música e historia de mi juventud”, comentó McLean para referirse a su propia canción “American Pie”, en la que también aparecen menciones a Bob Dylan, a los Rolling Stones y a los Beatles.

Originalmente “American Pie” resultaba demasiado larga para caber en un solo lado de un disco sencillo, así que se dividió en dos partes para lanzarse como disco de 45 rpm. Por otra parte era un tema muy fuerte como para abreviar sus ocho minutos y pico de duración, y las estaciones de radio no tuvieron más remedio que trasmitirlo en su versión completa.

De esta forma entró a las listas de popularidad con el número 69 el 27 de noviembre de 1971. Siete semanas más tarde (el 15 de enero de 1972) alcanzó el número uno en los Estados Unidos (donde permaneció por cuatro semanas) y el segundo lugar en Inglaterra.

El álbum debut de McLean, Tapestry, fue rechazado por 34 sellos discográficos antes de que Mediarts lo editara al fin en 1970. Cuando United Artists Records compró Mediarts, Don McLean se convirtió en su artista nuevo de mayor éxito con el álbum American Pie, y dentro del medio artístico en el creador de una obra maestra.

La cantante Roberta Flack se inspiró en dicha canción para componer a su vez la pieza «Killing Me Softly with Your Song», y más recientemente Madonna se apuntó otro hit al realizar un cover de “American Pie”. Sin embargo, no le hizo justicia al original y su resultado estético es desastroso, ya que en aras de la comercialización retomó el tema de manera edulcorada y con una edición que lo descontextualizó por completo.

VIDEO SUGERIDO: Don McLean – American Pie, YouTube (OLD TAPES)

Music File Photos - The 1970s - by Chris Walter

 

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ELLAZZ (.WORLD)

Por SERGIO MONSALVO C.

GREETJE (FOTO 2)

GREETJE BIJMA

LA EXTREMA INTIMIDAD

En 1979, Greetje Bijma participó en el «podio» para nuevos talentos del International Jazz Festival de Laren, Países Bajos. En 1991, obtuvo el prestigiado premio europeo de jazz Boy Edgar. Hoy cuatro décadas después de su primera aparición Greetje es un referente musical.

Esta cantante neerlandesa, nacida el 22 de abril de 1956, no tiene que forzar su voz para alcanzar los tonos extremadamente agudos que entran en sus interpretaciones. Tiene unas cuerdas vocales excepcionales.

Se ha llegado a comentar puntillosamente que tal vez tenga cuerdas vocales masculinas, con más pulsaciones y muy rápidas. Hace unos años, durante un concierto, un maestro de canto se le acercó y dijo: “No tenga miedo de perder la voz, porque la trata en forma muy natural. Se nota en su forma de pararse y moverse, en todo su cuerpo”.

Efectivamente, al adoptar ella cierta posición con todo el cuerpo, ejerce determinada presión y de ahí nace el tono. Al parecer tiene un alcance de cinco octavas, quizá cinco y media. Pero eso no es tan importante, aunque tuviera siete. Lo principal es que trasmite el sentimiento. Si no lograra eso, si su única gracia fuera el alcance, daría lo mismo que se presentara en un circo.

A veces se tiene la impresión de que Bijma entrega demasiado de sí misma en cada presentación, de que sus interpretaciones en realidad son extremadamente íntimas. «Siempre pongo mis sentimientos en lo que hago –ha comentado–. Es una cosa muy honesta, no tengo muros para protegerme, no puedo esconderme tras un texto. Es muy directo.  Por eso la gente a veces se incomoda, no sabe qué pensar.

“En los conciertos como solista es peor, por supuesto. Ni yo misma sé qué va a pasar.  Soy como un libro en blanco. Y cuando me pongo a pensar en qué sonará interesante en un momento dado y la gente se da cuenta, es porque de verdad no sé nada en ese momento. Llega uno a cierto límite y luego hay que buscar otra vez desde el silencio”, explica.

Greetje Bijma

Tiene casi medio siglo de cantar profesionalmente, de manera regular acompañada por el grupo Kwintet (Alan Laurillard, saxofones; Jan Kuiper, guitarra; Gerard Ammeriaan, bajo; y Charles Huffstadt, batería), aunque desde hace  veinte años, Greetje Bijma también da conciertos como solista. Son muy diferentes, en cuanto a su estructura, que las apariciones con su Kwintet.

Ahora se esfuerza por dejar ser al silencio, en el siguiente sentido: construye algo que ya terminó, y a partir del silencio debe comenzar. Con el Kwintet, trabaja a partir de la estructura musical. Es una diferencia esencial. Además, como solista experimenta con todas las posibilidades de los sonidos. Trata de reproducirlos, con todas las variaciones posibles.

“Uno aprende de muchas culturas –comentó recientemente–, recoge retazos aquí y allá. Y así se va ensanchando la visión. Actualmente estoy esforzándome por limitar esa evolución; quiero reducir el terreno y, en cambio, profundizar. Estoy en busca de lo que más me llega en las canciones. Quiero dejar fuera todo lo superfluo”.

Al principio le gustó trabajar con su voz como cualquier instrumento, ya que no utiliza textos. Pero en cierto momento fue demasiado. Usaba seis, siete, hasta ocho técnicas diferentes en una sola pieza. Lo discutió con Alan (Laurillard, su arreglista y director de orquesta). Quería usar una faceta específica de su voz en cada una de ellas. Y un sentimiento determinado. Fue un proceso paulatino que se nota incluso en la improvisación total.

“Cuando ahora pongo mi primer disco, Shiver (1982), y lo comparo con el álbum Winterlûd (que grabé en el 2005, 12 obras después), por ejemplo, que grabé para Enja, se nota un mundo de diferencia –comentó hace poco–. Entre más se ocupa uno creativamente con algo, más se desarrolla la sensibilidad en cuanto a los detalles”.

Entre la discografía de Greetje Bijma se encuentran Zebra Groningen presents (North Star, 1982); Shiver (Moers Music Momu, 1982); Amycamus (1985) y Dark Moves (1987), Sit Down Listen (2003), por mencionar algunos.

VIDEO SUGERIDO: Greetje Bijma, YouTube (Cyriel Pluimakers)

GREETJE (FOTO 3)

 

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RAMMSTEIN

Por SERGIO MONSALVO C.

RAMMSTEIN (FOTO 1)

 FUEGO CON FUEGO

Rammstein es un grupo de rock con inclinación por las referencias históricas revisionistas. Busca la reinterpretación ritualista de los iconos de la era más oscura de su país, de sus símbolos, de sus emblemas, de sus imágenes, de sus filias y fobias. Y lo hacen desde una concepción artística de ruptura, provocativa y polémica. La crítica de su propuesta se la dejan a quienes los escuchan.

Rammstein es una banda de pura cepa alemana, como lo fue el Wagner del siglo XIX y su ópera total. Poco más de un siglo después de su muerte surgió este grupo que hizo que se volviera a escuchar a aquel clásico como es debido, con toda su carga mítica.

Desde su fundación en 1994, hace un cuarto de siglo ya, la agrupación ha tocado un metal definitivamente industrial con su plétora de antojos mecánicos, y cantado acerca del fuego, la sangre y algunas formas oscuras del erotismo, como lo hizo en su momento el creador del Anillo de los Nibelungos, y con todo su drama musical, libretos y escenografías. Y lo que es más señalado todavía: sus integrantes se sienten orgullosos de ello.

Bajo la consigna primera de que “hay tantos prejuicios contra los alemanes que toda una vida no bastaría para eliminarlos”, ellos le han echado más gasolina al fuego (literalmente). Los temas de Rammstein desde entonces han sido el sadomasoquismo, la necrofilia, el incesto, la zoofilia, la guerra, la xenofobia, el racismo, entre otros semejantes, con todos sus ritos bombásticamente escenificados desde la primera gira que realizaron con el material de su disco debut, la Herzeleid Tour de 1995-96.

Y todo ello usando los imperativos: “Bésame”, “Empínate”, “Castígame”, por mencionar sólo tres títulos de su segundo álbum Sehnsucht, por ejemplo. “Tu cara me da igual, empínate”. Con letras semejantes, se hubiera esperado el contraataque feminista, pero no ocurrió así, se ve que tal bloque es selectivo à la carte.

Al igual que en el caso del conglomerado Rockbitch británico, Rammstein confronta al público con un extraño fenómeno: la aceptación y el rechazo, por igual (“No me gusta, pero sí me gusta”), con toda clase de pretextos para explicarlo.

En la base de este tinglado está un sonido sumamente contagioso que establece el equilibrio perfecto en el filo agudísimo entre el metal y el dance electrónico. Justo lo que anduvieron buscando en su momento grupos como Frontline Assembly, The Prodigy, Moby y The Chemical Brothers, entre otros.

Rammstein ha tenido éxito donde fracasó otro grupo alemán, Die Krupps. Y ha seguido rompiendo todos los récords de ventas en su país, pese a caminar por la delgada línea entre la propaganda y la parodia. Lo suyo hace referencia al espectáculo de cabaret de los años veinte, durante la República de Weimar, pero con el sonido expresionista de la actualidad.

Sehnsucht, su segundo álbum, llegó al número uno en las listas de discos después de permanecer embodegado durante más de medio año, a la espera de que bajaran las ventas del primero, Herzeleid.

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Este grupo originario de la ex Alemania Oriental se ha adaptado rápidamente a la nueva situación político-geográfica: a la prensa internacional le advirtieron que las entrevistas no podían durar más de 20 minutos, tenían que ser en alemán y estaba prohibido tomarles fotos, pero dichas entrevistas se le podían hacer a cualquiera de los miembros (todos son, desde el comienzo, igualmente importantes, por lo cual pusieron en circulación seis portadas diferentes de Sehnsucht y en las playeras inspiradas en éstas).

El éxito del grupo ha sido notable en vista de que sus canciones están prohibidas en la radio alemana y de la gran cantidad de enemigos que tienen entre la prensa de su país. Se les acusa de tocar “rock neonazi” y de dedicarse a puras “bravuconadas faltas de sentido y de contenido”.

Para Felix Klein, comisionado del Gobierno alemán para asuntos de antisemitismo, por ejemplo: “La escenificación de los músicos de Rammstein como presos de campos de concentración condenados a muerte –en uno de sus videos– rebasa una línea roja…Si esto sólo sirve para fomentar la venta de un disco, lo considero un uso de mal gusto de la libertad artística”.

Muchos se preguntan hasta dónde podrá llegar un grupo cuyos miembros no vacilaron en elegir como nombre una referencia evidente al accidente de un avión ocurrido hace algunos años en aquellos lares, en el que 80 personas fueron devoradas por las llamas. Si a eso se agrega que el espectáculo de Rammstein muestra un notable gusto por el fuego, cualquiera puede sacar conclusiones al respecto.

“No nos interesa lo que piense la gente —ha afirmado el tecladista Flake. Creo que una democracia debe ser capaz de aguantar a un grupo como el nuestro. De otra manera habría que prohibir también a Kiss, por el símbolo de la SS que contiene su nombre y el fuego que utilizan en sus conciertos. Somos entertainers, al fin y al cabo, aunque lo somos de nuestra generación. Y ésa es distinta a la de hace 20 o 30 años.”

“Creo que la única oportunidad que tienes como artista es ser sincero contigo mismo, ser auténtico. La música que tocamos debería provocar y polarizar. En el momento en el que empiezas a tener miedo de lo que puedes decir, todo se complica. Creo que hay niveles de moralidad que todos los individuos tienen y líneas que no se quieren cruzar. Se ponen de acuerdo, para que nadie esté incómodo”, ha señalado Richard Zven Kruspe, el guitarrista, por su parte.

Al director cinematográfico de culto David Lynch no le causó ningún problema todo ello. Utilizó dos canciones del álbum debut de Rammstein para el soundtrack de su película Lost Highway. Lynch no habla ni una palabra de alemán, pero lo que le importó fue la atmósfera que creaban sus canciones. Ése es uno de los principales objetivos del trabajo del grupo: “Si la gente se deja provocar por el resultado, es su propio problema”, ha sentenciado el sexteto.

Rammstein no es un conglomerado de psicópatas, sólo tiene los trastornos normales provenientes de su particular contexto: un país dividido y vuelto a unificar por decretos políticos —con décadas e ideologías polarizadas de por medio y como protagonista más conspicuo—, con el cúmulo de problemáticas sociales y psicológicas que ello conlleva. Ellos lo han llevado a la escena, con su propia estética, con el fuego como su principal elemento, ese que lo incendia todo.

Es un grupo sombrío y neo expresionista. Tiene una identidad propia y canta acerca de temas universales que inquietan por su escabrosidad. Les inyecta además a sus presentaciones un impactante toque de histrionismo en el escenario. Un toque que a muchos en el mundo les parece “políticamente incorrecto”. Cosas de la era que vivimos.

Dureza ensordecedora, marcial y goyesca –con ríspida visión infernal incluida–. Brocha gorda, nada de pinceles. Fuego, mucho fuego. Simbólico o destructor. En bruto o con sofisticaciones tecnológicas, militares y evocadoras: lanzallamas, cañones antitanques, ballestas, cohetes, efectos y multitud de juegos pirotécnicos.

Sonido y volumen. Un organismo vivo que se nutre de ellos y se incrusta –literalmente– hasta en el último rincón de un estadio, del cuerpo, del cerebro, que escucha bramidos, que observa nubarrones negros, que intuye hundimientos.

Imágenes caníbales, industriosas, cinematográficas, de golpeteo al músculo como insignia mitológica, de hipnosis, con ecos del krautrock y prácticas à la Mengele. Y más fuego, siempre el fuego, el que limpia, cura y el que reduce.

Iconografía nazi. De nuevo la delgada línea que separa lo crítico de lo fanático. Todo con el afán provocador como medio y como objetivo. Para ello hay una enorme producción en su mise en scène, bombástica y ampulosa, como herramienta para provocar la comunión con el público (gustador del ritual), sin importar que no sepa alemán, como en las óperas de Wagner.

Rammstein: épica y su autoparodia. Y así llegan los 25 años del grupo con un disco homónimo (¿?) y un cerillo como imagen en la portada, listo para incendiarlo todo en medio del paroxismo. Sin restarle un ápice a la música, a su dureza, a su rítmica, que es finalmente lo que más parece importarles.

VIDEO SUGERIDO: Rammstein – Radio (Official Video), YouTube (Rammstein Official)

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BABEL XXI-473

Por SERGIO MONSALVO C.

BXXI-1956 (FOTO 1)

 1956

(EL AÑO ELVIS)

Programa radiofónico de Sergio Monsalvo C.

http://www.babelxxi.com/?p=7424

 

 

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LAS ANGUSTIAS DEL TÍO LOLO

Por SERGIO MONSALVO C.

LAS ANGUSTIAS DEL TÍO LOLO (FOTO 1)

 (RELATO)

Cuando salí de la estación del Metro aquella un grupo de manifestantes estaba reunido en la explanada. Tenían pancartas, un tipo estaba sentado en el centro como la estatua El Pensador de Rodin en una especie de performance,  mientras varias jóvenes repartían hojas de propaganda por doquier.

Pero lo hacían de una manera nada convencional. Se paraban frente al transeúnte, arrugaban la hoja y se la entregaban. Éste, a diferencia de la costumbre de recibir la hoja sin dejan de caminar, arrugarla a su vez y tirarla en el primer basurero que encontrara, lo hacía a la inversa. Se detenía. Desarrugaba el papel y ¡leía el manifiesto!

Yo hice lo mismo. Pero no me quedé de pie. Busqué un sitio donde sentarme e inicié la lectura, sin dejar de mirar de vez en cuando a los protestantes.

“Los enfrentamientos (un eufemismo para guerras de facto) locales, regionales, intercontinentales, petroleros, étnicos, religiosos, separatistas, fronterizos, y aunque no se quiera también las nucleares no dejan de latir y lo hacen fuerte.

“Son tema cotidiano en las páginas de los periódicos, en los noticiarios de la televisión comercial, por cable o satelital y en los de la radio del mundo entero. Y no se diga en toda plataforma de la web de Internet y sus infinitas redes, que no dejan de enviar mensajes a los teléfonos celulares, a la Tablet, a diestra y siniestra.

“Los gobiernos fanáticos de diversos países, con sus respectivos esbirros fuera de sus fronteras, tienen a diario en jaque a la humanidad entera. Un absurdo, desde luego, pero también un hecho contundente.

“En cada país conocemos al detalle, no siempre verídico (con sus fake news, posverdades y otras mentiras), los dimes y diretes de tales asuntos, y los prolegómenos de los mismos según el humor con que hayan amanecido los estrategas de los países en reyerta.

“Sin embargo, ¿nos hemos puesto a pensar qué pasará en caso de que literalmente explote el cohete –nuclear, por supuesto–?  ¿De quedar alguien vivo, valdrá la pena seguir estándolo?  ¿Qué se podrá comer?  ¿Hacia dónde se podrá ir que resulte seguro?  ¿Se podrá hacer uno un tecito verde para amainar el dolor, untarse algún ungüento maravilloso o tomarse tabletas de árnica por si las moscas?  ¿Qué cosa podrá ayudarle a uno a soportar los rigores del medio ambiente adverso?

“En fin, las preguntas al respecto pueden ser infinitas, pero es personificar al Tío Lolo (ése que se hace tono solo) si se trata de encontrar alguna respuesta.  ¿Qué, no existe algún instituto, paraestatal, subsecretaría u organismo ONG que nos haga saber las opciones que tenemos en caso de sobrevivir?  ¿A quién acudir para sofocar estas dudas que, igualmente nos están matando?

“Y en caso de que se pudiera salvar a alguien, ¿a quién sería?: ¿A los políticos, a los tecnócratas, a la burocracia, a ese uno por ciento que no sabe de miserias, a los futbolistas del Top Ten,  a los responsables de las plataformas de las series de televisión de Netflix, Amazon, HBO, etcétera?  ¿A los encargados de los Pronósticos Deportivos? ¿Tal listado sería la solución al dilema y a la ética seleccionadora?  ¿Quién se adjudicaría la responsabilidad de decidirlo?

“Eso sí, tocamos madera para que no sea ningún partido político. Por otro lado, ¿qué se conservaría de la identidad humana? ¿Las pizzas, el feng shui, la corrupción, la capacidad demográfica, las tiendas de marca, los concursos musicales, el lenguaje de los cronistas deportivos, las películas de superhéroes, las comedias de Blockbuster, Las Vegas? ¿Sólo las ratas y las cucarachas recogerían tal patrimonio cultural? ¿Valdría la pena conservar todo ello?  La respuesta mi amigo, sigue en el viento, como dijera aquel Premio Nobel. ¿Tú la tienes, la sabes?”

Comenzó a llover fuerte y todos nos desperdigamos buscando algún refugio.

 

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CANON: THE BYRDS

Por SERGIO MONSALVO C.

BYRDS (FOTO 1)

 CREAR CORRIENTE

Jim McGuinn, un músico de folk formado en Chicago, había tocado la guitarra para Bobby Darin, Chad Mitchell y Judy Collins, antes de intentar una carrera por su propia cuenta interpretando canciones de los Beatles en los cafés neoyorquinos del Greenwich Village.

Inspirándose en George Harrison por su innovación en el tema “A Hard Day’s Night”, decidió entrar al rock con una guitarra eléctrica de 12 cuerdas. En ese tiempo conoció a David Crosby, otro folklorista que rondaba por el mismo circuito musical.

Ambos se trasladaron a Los Ángeles donde Crosby conocía a gente que pudiera ayudarles en sus planes. Ahí se reunieron con Chris Hillman, un bajista, con el cantante y compositor Gene Clark y con el baterista Michel Clark.

Acordaron integrarse en un grupo al que en primera instancia denominaron The Beefeaters para después cambiarlo por The Byrds, con el cual grabarían por primera vez en 1965. En ese entonces también Jim McGuinn cambió su nombre por el de Roger.

El primer álbum de la banda se llamó Mr. Tamborine Man, con el cual inauguraron una nueva corriente rockera, el folk-rock, y se constituyeron en una incomparable agrupación que denotaba la influencia evidente de Bob Dylan, el estilo de los Beatles, el country and western y el rhythm and blues, con lo cual originaron el nuevo rock estadounidense.

BYRDS (FOTO 2)

Las novedosas armonías vocales y de la distinguidísima guitarra de McGuinn les acarrearon el éxito inmediato. Sus aventuras lisérgicas y la experimentación musical produjeron notables resultados que se pueden paladear en los discos Turn! Turn! Turn! (1966), Fifth Dimension (1966) y Younger Than Yesterday (1967).

Tras estas grabaciones abandonaron al grupo Crosby (quien posteriormente se uniría a Stills y Nash) y Gene Clark. Como trío, editaron The Notorious Byrd Brothers (1968) y Sweetheart of the Rodeo (1968). Hillman y Michel Clark dejaron al grupo también y McGuinn lo reorganizó con nuevos músicos, entre los que destacó Gram Parsons.

En 1972, después de otros siete discos, el grupo desapareció definitivamente.  Su estilo e influencia permanecieron tan vigentes como sus canciones, basta recordar: “Mr. Tamborine Man” (de Dylan), “Eight Miles High”, “So You Want to Be a Rock n’ Roll Star” o «My Back Pages», entre muchas otras que los ubicaron entre el canon del rock para siempre.

VIDEO SUGERIDO: The Byrds – All I Really Want To Do (Live 1965), YouTube (TransatlanticMoments)

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ALLIGATOR RECORDS

Por SERGIO MONSALVO C.

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 UN SELLO LLENO DE BLUES

Bruce Iglauer  (Michigan, 1947) es el arquetipo del hombre apasionado del blues y al mismo tiempo del self-made man al estilo de la Unión Americana. Creó la compañía discográfica Alligator Records en 1971 con la ayuda de una pequeña herencia de 2300 dólares, con el único fin de darse el placer de producir un solo álbum, el de su artista preferido del South Side (el ghetto negro) de Chicago, Hound Dog Taylor, acompañado por los House Rockers.

En vista del éxito obtenido con esa primera grabación, amplió sus ambiciones y reinvirtió las ganancias de cada disco en el siguiente. Trabajaba solo en un pequeño local y él mismo se encargaba de hacer la ronda por las estaciones de radio, las distribuidoras y los vendedores al menudeo entre Chicago y Nueva York.

Actualmente su compañía vale millones de dólares y cuenta con un catálogo de más de un centenar de títulos, pero su equipo básico no rebasa las quince personas. Siguen trabajando de acuerdo con un espíritu muy artesanal, consagrados no sólo a conservar la tradición del blues, sino sobre todo a asegurar su renovación y futuro.

En el sello  Alligator grabó Koko Taylor. Ella fue una representante típica de la escena de Chicago. Apodada con justicia «The Queen of the Blues», nunca bajó  de su mejor nivel mientras vivió, según lo prueban discos como I Got What It Takes, de 1975, y también An Audience with the Queen, un concierto en el club Fitzgerald’s en el que interpreta clásicas como «Let the Good Times Roll».

Otro fenómeno que ha sido rescatado por la disquera es Lonnie Brooks de Louisiana, quien aportó su guitarra sureña al blues de Chicago y se convirtió en una figura clave del naciente estilo. Su primera obra con Alligator, intitulada Bayou Lightning (1979), fue seguida por perlas como Wound Up Tight, donde su interpretación, al mismo tiempo sensual y amenazadora, está en lo máximo de la maestría; Johnny Winter hizo una aparición por ahí.  Bayou Lightning Strikes es un disco en vivo que trasmite toda la excitación producida por sus conciertos.

Sin embargo, el abanico propuesto por Alligator no se limita a la capital del blues. La mayoría de las regiones fecundas en este dominio le hacen el honor, como el Texas de Albert Collins o la Georgia de Tinsley Ellis, en tanto que los adeptos blancos del blues-rock también ocupan un excelente lugar.

Con ocasión de sus veinte años de existencia, la disquera de Bruce Iglauer sacó la compilación Best of the Blues.  Como cualquiera sabe, una cosa así no sucede todos los días, y tampoco es común reunir a tal selección de artistas en la misma casa.

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El álbum abre simbólicamente con «She’s Gone», pieza tomada de Hound Dog Taylor & The House Rockers, el primer álbum producido por la compañía. Le sigue una colección variada confeccionada con base en los artistas más representativos del catálogo, un verdadero Salón de la Fama que se define precisamente por su eclecticismo.

Es posible encontrar a figuras del primer plano de Chicago (Lonnie, Brooks, James Cotton) y de otras regiones (Albert Collins, de Texas, y The Kinsey Report de Alabama), a la joven guardia (Kenny Neal) y a la vieja (Sonny Terry, aquí con «Whoo Wee Baby», compuesta en colaboración con su inseparable Brownie McGhee), a negros y blancos (Roy Buchanan, cuyo «Beer Drinking Woman» constituye un gran momento; Johnny Winter).

Igualmente, piezas originales y también clásicas (como «Got My Mojo Working», interpretada por Clarence «Gatemouth» Brown), sin olvidar el blues femenino con Koko «Queen of the Blues» Taylor, el grupo Saffire y Katie Webster, pianista y cantante originaria de Louisiana.

La unidad de la antología queda garantizada por el blues eléctrico, cuyo espíritu se refuerza en cada nueva aventura estilística. El coctel propuesto aquí establece su equilibrio sin problemas y la elección de estos mejores extractos está lejos de ser banal. Encantará tanto a los principiantes como a los conocedores experimentados.

El éxito del sello discográfico se debe al cuidado meticuloso puesto en la calidad sonora de sus producciones, así como en la confianza que Bruce Iglauer siempre ha tenido en la generación joven. Con Devil Child, Kenny Neal confirma su estilo muy funky y actual, pero su guitarra sabe ser lasciva como las de los maestros. La próxima vez que se vea por ahí a un ejemplar de Alligator vagando entre los estantes de una tienda de discos, hay que atraparlo sin titubear.

VIDEO SUGERIDO: Houn Dog Taylor and The House Rockers – Roll Your Monemaker, YouTube (mradantefontana666)

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