CAMINANDO BAJO LA LLUVIA

Por SERGIO MONSALVO C.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es caminando-bajo-la-lluvia-foto-1-1.jpg

(RELATO)

El splash de los zapatos en los charcos que va dejando la lluvia reclama tu atención. Miras volar las gotas plateadas de neón por doquier. El resplandeciente anuncio panorámico ha acompañado tu caminata desde la avenida cercana. 

En medio de aquella explosión lumínica los zapatos marrón fulguran intensamente incendiados por la intoxicación de hash que cargas. Continúas paso a paso repleto de ese hartazgo espléndido. 

Viste una buena película, llegaste a tu barrio tratando de borrar las huellas de los otros días de la semana y en pleno corazón del sábado. Fumaste aquello y te bebiste unas cervezas con los antiguos amigos. Así, con el recuerdo de fugaces jornadas tintineando en los bolsillos emprendiste el paseo hasta tu actual morada.

Observas el semáforo y el placer desaparece. Estás hecho un lío. Te paras con el verde y sigues cuando se pone el rojo. Te sientes melancólico porque sueñas con sábados de pasados tiempos cuando no eran Hush Puppies los zapatos que brillaban, cuando no pensabas en que la bonanza iba a proporcionártelos, cuando no te detenían esas actitudes circunspectas de vida asentada, cuando no tenías que evadir a una esposa para ir al cine, a unos hijos extraños, cuando no había ni un trabajo, ni una casa qué rentar. 

Ahora el sexo te late al guiño de cualquier mujer, los perros noctívagos están más presentes que nunca, la algarabía y el desparpajo de ondas idas. Es el barrio, te dices, y cruzas la calle para ver si el aire de la acera de enfrente no tiene tan alto contenido de nostalgia.

Con la piel en busca de nuevas sensaciones olvidaste los instintos y hasta a ti llegó una silenciosa camioneta que te secuestró. No valieron ni el slang de color local, ni los nombres ni las claves. Cuando la bestia es brava hasta los de casa muerde. Te quitaron los zapatos marrón, que ni pío dijeron. 

Descalzo de nuevo en la calle, comenzaste a rumiar ese levantón, la venganza; que no es lo mismo tu barrio que el de junto; pero también a imaginar otros zapatos, otras mujeres, esta otra vida que te esperaba.

CARTAPACIO: “PLANES”

Por SERGIO MONSALVO C.

PLANES (FOTO 1)

 (RELATO)

Estoy sentado en una silla giratoria de color negro. El asiento es de terlenka y bajo él hay dos palancas para ajustar respaldo y altura. Tras de mí hay una pared de 3×3 m de tirol blanco sin aplanar, rugosa. Adherido a ella se encuentra un librero de 3 m x 1.5 m con cinco entrepaños. En los tres de arriba hay libros y revistas de poesía. En el siguiente, folders y carpetas con los trabajos del último semestre.

El entrepaño bajo, y cercano a mí, contiene un diccionario de la lengua, otro de sinónimos y cuadro pequeño con una inscripción: “Si quieres que la vida se ría a carcajadas, cuéntale tus planes a futuro” (la acidez del humor me arranca una mueca reflexiva). Luego, tres estuches para USB y tarjetas SD, con diversos archivos; una botella a medias de Jack Daniel’s; una pila de discos compactos. Un minicomponente, otros libros de consulta.

Hay diversas cajitas de madera con pins y otros souvenirs. Un bote de cerveza Guinness, recortado y lleno de monedas de distintas procedencias; una figura artesanal de El Santo (El Enmascarado de Plata), que le regalé cuando hicimos un documental sobre personajes de serie B; otro cuadrito, pero éste naive con dos manzanas en una canastita, olvido de la última mujer que pasó por aquí (según me dijo); un vikingo noruego de 10 cm en bronce y una lámpara sorda.

Bajo el librero está el escritorio de madera con tres cajones. Sobre él, a mano izquierda, un teléfono celular gris, una lámpara movible de color naranja con un foco soft de luz blanca; un atril de lámina, un lapicero de vidrio con clips, plumas varias y una taza para café.

A mano derecha la computadora portátil, un monitor grande y un teclado extra. Al centro, un block para apuntes, un tubo de pastillas de suave menta inglesa y una mini grabadora. A mi derecha una pared con discos y libros. A la izquierda un ventanal de piso a techo y a través de él veo únicamente las ramas de un eucalipto cuyo aroma es perenne en éste, su lugar de trabajo. Frente a él una pequeña terraza, con una mesa redonda y cuatro sillas plegables. Todo esto lo recordaría así de detallado en el futuro. ¿Por qué? No lo sé.

Ahora estoy aquí porque él citó en su casa al fotógrafo que nos acompañará en el siguiente proyecto para la revista. Se lo recomendaron. Tendremos que estar un par de meses fuera. Haremos entrevistas, crónicas, reportajes, con muchas fotos y videos. Yo me encargaré de la escritura, él de las filmaciones. El fotógrafo tendrá que armar todo un archivo gráfico. Es un proyecto grande.

Estamos entusiasmados, ansiosos y preparándonos para todo ello. Por eso la reunión, para planificar las cosas. Es la primera que tendremos y hacia el fin de semana partiremos hacia nuestro destino. El trabajo será arduo, laborioso y con convivencia plena. Él y yo nos llevamos bien, somos amigos, no hay problema de egos ni nada de eso. Desde que nos conocimos quisimos hacer un gran trabajo para que nos asignaran cada vez cosas mejores, e iniciamos una lista con propuestas conjuntas que le presentamos al jefe de sección hace tiempo.

Estaba pues, ahí en su escritorio buscando la libreta donde las anotábamos, con sus detalles, cuando tocaron el timbre y apareció tras los cristales del ventanal el fotógrafo, que resultó ser fotógrafa (cuestión de las expectativas excluyentes, creo). Cuando me la presentó, ella me dijo que había leído algunas cosas mías y que le gustaban. Obviamente me pareció una mujer inteligente, como es lógico.

Armamos los objetivos durante la semana, las escaletas, las story boards y partimos hacia rumbos lejanos. Entre la convivencia, la admiración por su trabajo, por las experiencias compartidas, por las situaciones a las que nos enfrentamos, por su temple, terminé enamorándome de ella y ella de él. Así, el resto del tiempo en aquel lugar se convirtió simplemente en el infierno para mí y en el paraíso para ellos. Morí y resucité varias veces. Quizá gasté todas las vidas que me quedaban. Los planes se quedaron en eso, como una pequeña y arrugada bola en el cesto de la basura, con una carcajada en su interior. Gajes del oficio, supongo.

 

 

Exlibris 3 - kopie

EL CUMPLEAÑOS

Por SERGIO MONSALVO C.

EL CUMPLEAÑOS (FOTO 1)

 (RELATO)

Salió a la calle con la cara descompuesta por el mal humor.  Era su cumpleaños y su mujer no dijo ni hizo nada, ni la más mínima alusión a la fecha. De las hijas ni hablar, también se habían olvidado. Es más, ni siquiera estaban despiertas para desayunar con él. Así salió de su casa.  “Al parecer no merezco ni un beso, ni una palabra siquiera”, pensó.

Sin embargo, en la oficina lo esperaba un ramo de flores sobre el escritorio, así como la sonrisa y el abrazo de la secretaria. Ella, que no tenía por qué, lo había recordado. Era más que una auxiliar atenta, práctica y eficiente, era su mano derecha, como hasta entonces la había considerado. “Un corazón comprensivo”.

Pero pasada la impresión se sintió aún peor: el gran detalle de la secretaria, en vez de cerrar la herida, la abrió más. Una extraña lo recordaba mientras que su familia, nada.

A través del día, la secretaria redobló sus atenciones. Parecía querer consolarlo, como si intuyera lo que le estaba pasando. Sonreía y decía palabras amables. “¿Dónde va a celebrar, señor, en su casa o en un restaurante?”  Molesto, él contestó incómodo que en ningún lado. Cumplir años era una lata que a nadie le importaba y que pasaría la noche solo como un lobo estepario.

“Y si cenáramos juntos?”, insinuó ella, inocente. Él, más obnubilado que consciente, aceptó. En vez de pasar la noche aburrido, resentido con los de su casa, pasaría mejor unas horas agradables en compañía de una mujer que –viéndola bien– no estaba nada mal. De ahí en adelante trabajó con impaciencia y el placer ansioso de la espera.

“¿A dónde le gustaría ir?”, preguntó él, caballeroso, cuando salieron. Ella dijo que si no le importaba pasaran primero a su departamento, necesitaba arreglarse un poco. Excelente, pensó él, a lo mejor y… “Pero antes necesito tomar algo, para animarme”, agregó ella.  Entraron al bar. El no sólo recuperó la alegría de vivir y de cumplir años, rejuveneció.

En su casa, mientras tanto, la fiesta sorpresa que habían preparado, realmente resultó una sorpresa: el festejado nunca se presentó.

Exlibris 3 - kopie

LAS VOCES Y EL METAL

Por SERGIO MONSALVO C.

LAS VOCES Y EL METAL (FOTO 1)

 (RELATO)

Hoy lo asaltaron. No llevaba gran cosa consigo y por eso le metieron dos balazos.

En el trayecto al hospital los camilleros de la ambulancia le robaron la chamarra y los zapatos, dijeron que así lo encontraron.

Al llegar al hospital entró en estado de coma. Tenía una de las balas alojada en el cuello, imposible de ser sustraída por la inflamación. Se desangró y murió. Todo fue en cuestión de minutos.

Este día también leí en el periódico que capturaron al asesino de un periodista, un policía. Lo hicieron tras cinco años después del hecho. El crimen y la política bajo acepciones comunes. Este mismo día decidí conseguirme una pistola.

Una pistola a la cual tendré que considerar parte de mí y no olvidarla bajo ninguna circunstancia. Cuestión de prioridades: tratar de conservarme vivo.  Llevar la pistola eternamente conmigo, tal como lo hace un conocido, quien la carga hasta cuando va al supermercado o la panadería: “Uno nunca sabe”, afirma. Otro motivo para que su mujer lo insulte constantemente. Quizá un día termine usando el arma con ella.

Uno nunca sabe. A lo mejor también tendría que hacer lo que un amigo, a quien sorprendí en la casa de su amante realizando toda clase de ejercicios: pesas, costal, pera…”Preparado para cualquier cosa, para enfrentar a cualquiera de esos animales”. Sin embargo, la pistola es más contundente.

Hasta un tipo como mi vecino trae un arma en la bolsa del saco. Él ‑‑tan recatado, tan temeroso de Dios y de su mujer– me ha mostrado la navaja de 15 cm que salta presta cuando aprieta el botón del mango. “He practicado para cortar la yugular”,  dijo mientras acariciaba el filo.

Lo más probable es que yo no acaricie el arma, ni la ponga sobre una mesa para admirar la culata adornada o el resplandor de su cañón. No. Sólo quiero un arma que funcione, que haga lo que tenga que hacer. Discreta como buena compañía. La conservaré en buen estado y siempre lista para lo que se ofrezca.  Matar o ser el muerto, he ahí el asunto. Apretar el gatillo, sin vacilar.

 

Exlibris 3 - kopie

LAS ANGUSTIAS DEL TÍO LOLO

Por SERGIO MONSALVO C.

LAS ANGUSTIAS DEL TÍO LOLO (FOTO 1)

 (RELATO)

Cuando salí de la estación del Metro aquella un grupo de manifestantes estaba reunido en la explanada. Tenían pancartas, un tipo estaba sentado en el centro como la estatua El Pensador de Rodin en una especie de performance,  mientras varias jóvenes repartían hojas de propaganda por doquier.

Pero lo hacían de una manera nada convencional. Se paraban frente al transeúnte, arrugaban la hoja y se la entregaban. Éste, a diferencia de la costumbre de recibir la hoja sin dejan de caminar, arrugarla a su vez y tirarla en el primer basurero que encontrara, lo hacía a la inversa. Se detenía. Desarrugaba el papel y ¡leía el manifiesto!

Yo hice lo mismo. Pero no me quedé de pie. Busqué un sitio donde sentarme e inicié la lectura, sin dejar de mirar de vez en cuando a los protestantes.

Los enfrentamientos (un eufemismo para guerras de facto) locales, regionales, intercontinentales, petroleros, étnicos, religiosos, separatistas, fronterizos, y aunque no se quiera también las nucleares no dejan de latir y lo hacen fuerte.

“Son tema cotidiano en las páginas de los periódicos, en los noticiarios de la televisión comercial, por cable o satelital y en los de la radio del mundo entero. Y no se diga en toda plataforma de la web de Internet y sus infinitas redes, que no dejan de enviar mensajes a los teléfonos celulares, a la Tablet, a diestra y siniestra.

“Los gobiernos fanáticos de diversos países, con sus respectivos esbirros fuera de sus fronteras, tienen a diario en jaque a la humanidad entera. Un absurdo, desde luego, pero también un hecho contundente.

“En cada país conocemos al detalle, no siempre verídico (con sus fake news, posverdades y otras mentiras), los dimes y diretes de tales asuntos, y los prolegómenos de los mismos según el humor con que hayan amanecido los estrategas de los países en reyerta.

“Sin embargo, ¿nos hemos puesto a pensar qué pasará en caso de que literalmente explote el cohete –nuclear, por supuesto–?  ¿De quedar alguien vivo, valdrá la pena seguir estándolo?  ¿Qué se podrá comer?  ¿Hacia dónde se podrá ir que resulte seguro?  ¿Se podrá hacer uno un tecito verde para amainar el dolor, untarse algún ungüento maravilloso o tomarse tabletas de árnica por si las moscas?  ¿Qué cosa podrá ayudarle a uno a soportar los rigores del medio ambiente adverso?

“En fin, las preguntas al respecto pueden ser infinitas, pero es personificar al Tío Lolo (ése que se hace tono solo) si se trata de encontrar alguna respuesta.  ¿Qué, no existe algún instituto, paraestatal, subsecretaría u organismo ONG que nos haga saber las opciones que tenemos en caso de sobrevivir?  ¿A quién acudir para sofocar estas dudas que, igualmente nos están matando?

“Y en caso de que se pudiera salvar a alguien, ¿a quién sería?: ¿A los políticos, a los tecnócratas, a la burocracia, a ese uno por ciento que no sabe de miserias, a los futbolistas del Top Ten,  a los responsables de las plataformas de las series de televisión de Netflix, Amazon, HBO, etcétera?  ¿A los encargados de los Pronósticos Deportivos? ¿Tal listado sería la solución al dilema y a la ética seleccionadora?  ¿Quién se adjudicaría la responsabilidad de decidirlo?

“Eso sí, tocamos madera para que no sea ningún partido político. Por otro lado, ¿qué se conservaría de la identidad humana? ¿Las pizzas, el feng shui, la corrupción, la capacidad demográfica, las tiendas de marca, los concursos musicales, el lenguaje de los cronistas deportivos, las películas de superhéroes, las comedias de Blockbuster, Las Vegas? ¿Sólo las ratas y las cucarachas recogerían tal patrimonio cultural? ¿Valdría la pena conservar todo ello?  La respuesta mi amigo, sigue en el viento, como dijera aquel Premio Nobel. ¿Tú la tienes, la sabes?”

Comenzó a llover fuerte y todos nos desperdigamos buscando algún refugio.

 

Exlibris 3 - kopie

JAM SESSION

Por SERGIO MONSALVO C.

JAM SESSION (FOTO 1)

 (RELATO)

-“Una mujer es una presencia blanda y envolvente”, dijo Charlie dándole otra gran inhalación a su cigarro de marihuana.

-“Sí, a veces te envuelve por completo. Y entonces ya no puedes volver a salir a la calle, como no sea para algo importante, como el cumpleaños de su madre, por ejemplo”, argumenté socarronamente palmeando la espalda de Charlie, que en ese momento sacó la boquilla para acomodársela a su saxofón. “Eso sí, con una mujer te la pasas mejor que con una dama”, me extendí volteando a ver a Buddy.

Éste, quizá un poco de mal humor por la cruda hang over que cargaba consigo, señaló a Charlie con las baquetas que traía en la mano: “Un amigo solía decir que nunca había conocido a una mujer que lo hiciera disfrutar más que una buena partida de póker”, sentenció desde la cavernosa voz que podía emitir en su estado. “Todas se la pasan jodiéndote y les importa un bledo todo lo que no constituya su pequeño universo; todo lo que no les toque directamente. Jamás piensan en otra cosa fuera de ellas”, se explayó, al mismo tiempo que golpeaba un platillo de la batería con fuerza.

-“Lo que pasa es que nunca se han encontrado con una mujer sensible y  cariñosa”, exclamó Dizzy. “Hoy les presentaré a una. Después de tocar iremos a mi casa, los invito a cenar”.

Esa noche junto con Lucky y Billy, la banda dio el mejor concierto que había realizado hasta entonces. La música se coló por el cuerpo de todos los presentes en el bar. Fue algo especial, único, histórico, dirían después los críticos. Con los solos de Charlie y Dizzy la gente babeó, alucinó y hasta hubo algunos orgasmos discretos.

Cuando terminamos el turno en aquel club, Dizzy chasqueó los dedos apresurándonos a guardar los instrumentos, todavía en medio de los aplausos y gritos de júbilo. Yo los alcancé en la puerta y nos fuimos a la casa de Dizzy en un taxi. Éste iba feliz por la sesión. Los otros estábamos hambrientos y excitados.

Dizzy abrió la puerta y todos nos encontramos de repente con su mujer, que irritada soltó un: “¿Qué estás haciendo en mi casa con todos estos cabrones?” Y agregó con un grito: “¡Sácamelos de aquí, pero, ya!”

Todo desconcertado le dije: “Oiga, ¿se está dirigiendo así a Dizzy, el rey del bebop, al futuro candidato a la presidencia de los Estados Unidos, por cuenta de muchos; a Charlie, el revolucionario del jazz y personaje de Julio Cortázar y Clint Eastwood; a Buddy, el mejor baterista de todos los tiempos, y a mí, el trompetista sinónimo de vanguardia estética?”

Ella, entonces, sin parpadear y mirándome fríamente dijo: “Sí. A todos ustedes, músicos jodidos, que están ensuciando con sus patotas mi alfombra nueva”.

Nos fuimos a cenar a otro lado.

 

Exlibris 3 - kopie

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Por SERGIO MONSALVO C.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS (FOTO 1)

 (RELATO)

¿Anduviste con otra mujer en mi ausencia?

-Sí.

-¡Qué cínico!

– No es cinismo. Pudiera parecerlo, pero no lo es. Lo que pasa es que me molestaría ocultártelo y creo que fue una experiencia de la cual debías estar enterada. Para mí resultó fundamental.

-¿Hubo otras?

-¿Otras mujeres?

-Sí, de eso estamos hablando, ¿o no?

-No. Fue la única.

-¿Y cómo es ella?

-Bonita, simpática e inteligente, me lo puedes creer. La pasamos bien.

-Por eso nunca te encontraba. Siempre estaba puesto tu buzón de voz en el teléfono o en la contestadora del departamento. Pensé que tenías mucho trabajo, eso me dijiste.

-Lo tenía, pero lo dejé botado.

-¿La conociste antes de mi viaje?

-No. La conocí en el aeropuerto luego que te despedí. Me pidió mi celular para hablar por teléfono. Una urgencia o algo así y el suyo se había quedado sin batería. Me invitó un café para compensar el favor y una cosa siguió a la otra.

-¿Te acostaste con ella?

-Sí.

-¿Y ahora qué…la sigues viendo?

-No. Eso se acabó. Duró sólo el tiempo que estuviste fuera. Quería averiguar cómo me sentiría sin ti y ya lo sé. Descubrí, al volver a verte, que prefiero la parte de mi persona que te desea al yo en que me convertiría con ella. Lo demás ahora depende de ti, de tu respuesta…

 

 

Exlibris 3 - kopie

LA CUERDA

Por SERGIO MONSALVO C.

LA CUERDA (FOTO 1)

 (RELATO)

 La puerta del cementerio estaba abierta y supo entonces que habían salido a mover la cuerda. Ahí, justo a la vuelta de la esquina, donde terminaba el camposanto. Le intrigó saber cuál sería el mensaje cifrado en esta ocasión y cómo lo interpretaría para sí. No le serviría el I Ching, ni consultar a una médium espiritista. Eran idiomas diferentes, lo intuía. Era el lenguaje de un no-vivo (o casi), que buscaba a su propio interlocutor, que quizá no era él o sí, Who knows?

De cualquier manera, el asunto ya llevaba semanas así, los meses del invierno, que en esta ocasión había sido crudo y más oscuro de lo habitual, con temperaturas de -10 bajo cero, con nieve y viento. Esas que obligan a ponerse una desmesurada cantidad de ropa extra y aditamentos. Tenía la chamarra adecuada, pero tuvo que comprarse gorra, bufanda, guantes, underweare largo y botas impermeables. Todo ello para volvérselo a quitar a la hora de hacer ejercicio en aquel gimnasio y luego ponérselo de nuevo. Ridículo.

En fin. Aquello comenzó cuando cierta madrugada (se acostumbró a ir al gimnasio a esas horas, desde que ampliaron los horarios para atraer clientes) pasó frente al lugar, que estaba en su camino, y la puerta estaba abierta. Cosa rara, por la hora, y no sólo, pues nunca lo había visto así anteriormente. Creía que era un cementerio privado o clausurado, que únicamente admitía visitas con cita previa. Era un sitio extraño, en medio de un barrio de clase media, con nuevas construcciones por doquier.

Como estaba abierto aprovechó para echar una mirada desde la reja. A lo lejos veía una necrópolis al parecer bien diseñada con tumbas, criptas y mausoleos de la más variada índole, pero de las que no distinguía mayor cosa por estar rodeado de sombras (no quiso prender la lámpara del teléfono e iluminar a la distancia para no llamar la atención). Sin embargo, sentía una atmósfera cercana, a la cual decidió volver en otra ocasión, de día, para poder recorrer el sitio con calma, tomar algunas fotos y hasta algún video.

Retrocedió sobre sus pasos, se alejó del panteón y caminó de nuevo por la solitaria banqueta de costumbre, bien iluminada por la luz pública cenital. Llegó a la esquina y ahí se topó con el pedazo de cuerda por primera vez. Estaba sobre una de las tapas metálicas del alcantarillado que permitían la limpieza del desagüe a los camiones cisterna destinados a ello. Era una cuerda ordinaria, de color pardo. Pero lo que llamó su atención fue la figura que formaba, era el signo de interrogación con el que abren o cierran las preguntas (según el lado por el que se le mirara).

Se quedó con dicha imagen el resto del tiempo, incluso mientras se ejercitaba. Era como cuando uno no se puede quitar de la mente una melodía que aparece sin más y se repite hasta el cansancio y la desesperación y que luego desaparece por igual, tal como llegó. Al salir del gimnasio volvió a pasar por la alcantarilla, pero la cuerda ya no estaba. Había desaparecido. La buscó alrededor pero nada, se había ido. Pero no del sueño que tuvo luego de bañarse y meterse a la cama por un par de horas.

Lo sobresaltó el ruido del despertador. Tenía que ir a trabajar, pero se reportó enfermo. Se vistió rápido y salió sin desayunar. La puerta del fosal estaba cerrada, pero la baja altura de las bardas de la entrada le permitió divisar el interior sin problemas. En esta ocasión su mirada se topó con una diminuta caseta (seguramente del guarda o vigilante), que parecía más muerta que los inquilinos del lugar. Tomó nota del descuido, que complementó con algunas fotos. Caronte andaba de vacaciones, al parecer.

Asimismo las tumbas estaban llenas de hojas secas, basura que traía el viento y el lodo que cubría a la mayor parte de ellas. Todo lucía un largo abandono y descuido. No había señal de inhumaciones recientes, sólo espectros funerarios. No obstante, justo cuando había decidido retirarse, vio a lo lejos un montículo de tierra. Rodeó la cerca y comprobó que el agujero para la tumba era reciente, muy bien trazado y listo para el entierro. No había huella del vehículo que las abría ni rastro de alguna pala. Tomó otras fotos de diversos sepulcros y se fue.

Las demás madrugadas fueron semejantes, pero con la cuerda sobre la tapa de la alcantarilla con una forma diferente. Algunas veces era una letra (m, l, v, s, o), otras un signo (como de ampersand, de rayo, flecha o el de interrogación que se repitió varias veces). Lo veía al pasar, pero al regreso había desaparecido. Nunca de sus sueños. Al final de febrero, tras un día particularmente frío, una pesada sesión de ejercicios y un sueño reiterativo, decidió volver a salir y retomar el consabido recorrido.

Se dio cuenta cabal de que de noche las calles siempre son más largas, como las sombras. De que los gatos sustituyen a las personas en su tránsito noctívago por ellas. De que febrero es el peor mes del año porque no perdona la tristeza y de que despertarse, hacer todas las abluciones higiénicas y el ejercicio para mantener el cuerpo o alimentarse, las relaciones mismas, son cosas absurdas y una pesada carga cotidiana. Llegó así a la puerta del cementerio. La puerta estaba abierta. Entró.

 

Exlibris 3 - kopie

“THE END”

Por SERGIO MONSALVO C.

THE END (FOTO 1)

 (RELATO)

 Interior. Escenario dividido. Instalaciones de un hotel. Del lado izquierdo un elevador. Una mujer joven, con andar tambaleante y una botella de whisky en la mano derecha, se acerca en el momento que las puertas del ascensor se abren. De él sale un tipo como de 30 años. Ella trastabillea al querer hacerse a un lado y él la sostiene.

Él: ¡Hey, cuidado!

Ella: ¡Ah, hola! ¡Ja! Como hoy fue el último día de rodaje pensé en celebrarlo…Quizá hasta me podría acostar con alguno de ustedes: ¡El equipo de filmación! (intenta una reverencia con la mano en que trae la botella). Pero resulta que todos los fuereños terminaron su trabajo. Estaban cansados y se fueron a dormir temprano -menos tú, por lo que veo- y los extras ni adiós nos dijeron, ¿para qué? Así que pedí esta botella al bar y me la tomé en mi habitación yo solita, hasta que me harté y salí a ver qué había por aquí… ¿Sabes? Yo tengo que quedarme en este cochino pueblo del que nunca he salido, mientras ustedes se irán a seguir haciendo cosas, más películas…

Él: Creo que debes ir a acostarte.

Ella: ¡No! ¡Quiero hablar!

Él: Ok., pero puedes hacerlo acostada. Ven.

Ella hace un gesto desdeñoso con los hombros y lo sigue. Él le pide la llave y abre la habitación contigua (el lado derecho del escenario). Enciende la luz. La hace pasar y cierra la puerta. La lleva hasta la cama. La acuesta y le quita los zapatos.

Él: Muy bien, ahora habla todo lo que quieras.

Ella: Creo que tienes razón. Primero hay que ir a la cama para crear la intimidad necesaria y poder hablar. ¿Sabes? Me gustaría cumplir mi deseo: acostarme con alguno de ustedes. Quizá luego me corte las venas, para ya no tener que seguir aquí.

Él (Sentado en la cama la oye hablar sin moverse): No vale la pena. Ésta no fue más que una película estúpida.

Ella: No tan estúpida como la vida que me espera. (Pone la botella en la mesita de noche y apaga la luz).

 

Exlibris 3 - kopie