KONSTANTIN GROPPER

Por SERGIO MONSALVO C.

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LITERATURA DE CÁMARA

 La primera pregunta que le suelen hacer a Konstantin Gropper es ¿si tiene más libros que discos en su departamento? El joven autor alemán también suele contestar que: “No sabría decirlo con precisión, pero son  varios miles en ambos casos”. Este es el contexto de su personalidad y la dimensión de su propuesta.

“Tomé el nombre de Vexations, para mi obra del 2011, de una poco divulgada partitura de Erik Satie. Mi padre es músico clásico, pero él tampoco la conocía.

 “Siempre me pareció divertido crear algo nuevo a partir de muchas citas e influencias dispares. Soy un hombre rodeado de libros y eso se nota, pero el resultado tiene un punto irónico. Siempre parto de la base de que escribir canciones es más divertido que preparar trabajos para la universidad.

“Provengo de una ciudad, Biberach, con apenas 300.000 habitantes y en la que no sucede absolutamente nada, así que me puse a componer, componer y componer. Quizás habría sido más sencillo darme a conocer desde Londres, por ejemplo, pero también tiene su gracia vivir en un sitio raro, ¿o no?

“No creo que mis discos sean complicados, sino solo emocionales. Nunca entendí bien la incomprensión que la música clásica genera entre los músicos populares, y a la inversa. Ni siquiera sienten curiosidad, pero yo procuro rodearme en el grupo Get Well Soon de compañeros versátiles y desprejuiciados”.

Konstantin Gropper nunca sale a un escenario si no es con traje y corbata. “Me parece un gesto de respeto hacia la audiencia. Estar sobre las tablas constituye una circunstancia especial y no puedes llevar la misma ropa que un día cualquiera”.

Por otro lado, sus enfáticas composiciones hacen bueno el nombre de la banda: Get Well Soon. “Desde luego que abrazo la idea romántica de que la música posee propiedades sanadoras. Nietzsche ya dijo que la vida, sin música, sería un error. Yo creo que poner un buen disco es lo mejor que puedes hacer para salir airoso de un momento de amargura”.

VIDEO SUGERIDO: HD – Get Well Soon – Dear Tempest Tossed! Dear Weakened (live) @ Arena Wien 23.11.2010, YouTube (galvanization85)

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CAN

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LOS RECUERDOS DEL PORVENIR

 Hacia mediados de los años sesenta, una nueva noción musical comenzó a cobrar forma. Dicha noción tuvo validez como generadora de una corriente que en nuestros días tiene nombre de subgénero, rock progresivo, disparador de diversos estilos desde entonces.

Éste fue un concepto un tanto reduccionista y confuso en aquella época, cuya amplitud merece siempre ser matizada, ya que además de incluir al rock sinfónico, lo hacía también con el Sonido de Canterbury y el Krautrock. Ideas diversas y bien separadas musicalmente.

En aquel tiempo la polifonía —base que regía el mundo sonoro académico— fue puesta en entredicho en su seno mismo, se denunciaron sus contradicciones y se expusieron nuevas rutas. Uno de los iniciadores del cambio en este sentido fue Iannis Xenaquis, quien a través de su teoría de la probabilidad y de la composición propuso en lugar de la polifonía un universo de masas sonoras. Nació así la música estocástica.

Al desarrollo de este nuevo campo contribuyeron con el tiempo Pierre Boulez, Tomás Marco y Karlheinz Stockhausen, entre otros. Un par de discípulos del último formaron, hacia el fin de los años sesenta del siglo pasado, un grupo precursor de la electrónica dentro del terreno del rock y lo denominaron Can.

Nombre y concepto se erigieron quizá en la piedra angular más importante de los prodigiosos siguientes años para el desarrollo de la música (1968- 1979). Tiempo en que la cultura rockera supo asimilar estas formas sonoras y crear una gran historiografía con sus diversidades.

Can contribuyó al big bang de tal universo de masas sonoras con los recursos de los elementos electrónicos, étnicos (exteriores a su país) y la primigenia idea del trance. En la música que sus miembros preconizaban hubo espacio para muchos géneros.

Lo hubo para las escalas del jazz, la world music, la música concreta y otras vanguardias sonoras; para la experimentación, la búsqueda y uso de una nueva instrumentación y, sobre todo, para el espíritu inquieto del rock. Fueron músicos que siempre le dieron su lugar a la música popular (emanada tanto de los centros culturales más preponderantes, así como de los excéntricos) que tenía influencias de las raíces, del blues, del rhythm and blues y del pop.

Bajo cada obra suya, ubicada hoy en el fértil campo electrónico del cual fueron precursores,  es notorio encontrar las huellas de esta actitud estética. Con ella pudieron abrir otros horizontes al laborar con tales materias primas, esenciales y reconocibles.

Con ella afianzaron en la historia del rock la aportación alemana. A la que el consenso mundial llamó “krautrock”, que si en un principio fue un nombre tópico, con el tiempo adquirió el peso, la importancia real y trascendente que tal epíteto llevaba tras de sí.

La inquietud artística de estos músicos los condujo a saltarse las fronteras y a hacer exploraciones casi antropológicas por parcelas tan disímbolas como el tango, la rítmica afrocaribeña, jamaicana, la música africana, árabe o la sínfónica y el hard rock, por mencionar algunas).

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Can fue el grupo de rock de vanguardia más longevo e imaginativo de Alemania, junto con Kraftwerk, y sus miembros (Irmin Schmidt, Holger Czukay, Michael Karoli, Jaki Liebezeit, Damo Suzuki, Malcolm Mooney,  entre otros) desempeñaron un papel crucial en el establecimiento del país germano como uno de los principales centros de producción de la música electrónica en los años setenta.

Con antecedentes como músicos de jazz y clásicos —el tecladista Schmidt y el bajista Czukay estudiaron, como ya señalé, con el compositor Stockhausen—, la aspiración de Can era producir música verdaderamente moderna basada en los componentes del rock, lo cual iba muy de acuerdo con el espíritu de la época en que se fundó, 1968.

VIDEO SUGERIDO: Can – Peperhouse 1971 (Tago Mago), YouTube (aleko jojua)

Radicado en Colonia, el grupo grabó álbumes para las compañías Liberty y United Artists durante los siguientes años, entre ellos Tago Mago (1971, para muchos, incluyéndome a mí, su obra maestra, y la cual he utilizado para sonorizar esta emisión), Ege Bamyasi (1972) y Future Days (1973), entre los más sobresalientes.

Todos se caracterizaron por el tratamiento electrónico dado a los instrumentos, así como por el uso de figuras rítmicas hipnóticas y repetitivas. Asimismo, Can tuvo mucha demanda para los soundtracks cinematográficos y, entre otros trabajos, le puso música a la película Deep End (1970) de Skolimowski.

Estos músicos que se cimentaron bajo una estética propia se movían con mucha soltura por los diferentes lares de la época, pero igualmente lo hicieron en el futuro. Transcurrieron por las corrientes y fueron protagonistas del cambio instrumental que se decantó hacia la electrónica (teclados digitales, cajas de ritmo, sampler, etcétera).

En 1974, Suzuki fue reemplazado por Malcolm Mooney, quien ya había tenido que ver con Can en un principio. Cantó en el disco Landed (1975), considerado el más intransigente del grupo, y que fue lanzado por el recién fundado sello Virgin.

Al año siguiente se orientaron más hacia el mainstream con la incorporación de los exmiembros de Traffic, Reebop Kwaku Baah (percusiones) y Rosko Gee (bajo), así como con el lanzamiento de algunos sencillos exitosos, “A Spectacle”,  “I Want More” y su versión de “Noche de paz” y “El Cascanueces”.

Al finalizar la década de los setenta Can dejó de existir como grupo, mientras sus integrantes se dedicaban a proyectos como solistas (muchos de ellos aclamados álbumes, que sería largo enumerar). Fundaron su propia compañía disquera, Spoon, para sacar estos trabajos así como reediciones de los álbumes anteriores del grupo.

De cualquier modo, las remembranzas sobre Can no terminaron ahí. En 1997 varios músicos y DJ’s se juntaron para realizar el álbum Sacrilege, en donde la crema y nata del momento electrónico y de otras músicas de vanguardia hicieron su tributo a las canciones del tan legendario y prototípico grupo.

Can se anticipó por mucho a corrientes como la New Wave, el electro-pop, el techno y otras más. Debido a ello, algunos destacados nombres como Brian Eno, Carl Craig, West Bam, The Orb, A Guy Called Gerald, Sonic Youth, entre otros, se juntaron para otorgar un encanto muy propio y muy contemporáneo a piezas clásicas de Can como “Spoon”, “Vitamin C”, “Future Days” o “Father Cannot Yell”.

Hoy, lamentablemente ya han fallecido Holger Czukay, Michael Karoli y Jaki Liebezeit. La vanguardia está de luto. Sin embargo, la inclinación oficial de los jóvenes innovadores musicales ante Can, los Grandes Mogoles de la innovación, sigue siendo la de emularlos: PIL, The Fall, Primal Screem, U.N.K.L.E,  LCD Soundsystem, Toy, Radiohead, están ahí para confirmarlo.

Lo siguen haciendo, a pesar de que el grupo no grabó ningún disco desde 1989 y de que su mejor momento se ubicó, como vimos, entre fines de los sesenta y los de los setenta. Lo que pasa es que Can estuvo siempre muy adelantado a su época. Desde el principio fue así y aún no podemos estar seguros de que el tiempo ya lo haya alcanzado.

VIDEO SUGERIDO: CAN – Halleluhwah, YouTube (butternutguns)

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WIR SIND HELDEN

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LOS HÉROES COTIDIANOS

David Bowie ha sido una enorme influencia para infinidad de grupo en diversas épocas. Sus temas son iconos culturales de los que han partido corrientes, reflexiones, géneros, carreras y vidas. Una de estas piezas es, sin lugar a dudas, “Heroes” cuya poética y contenido han sido diseccionados una y mil veces en todos los idiomas en busca tanto de la identificación como del conocimiento personal, íntimo. Es la piedra de toque que invoca el prurito romántico de la confirmación del yo en el mundo frente al universo.

En el idioma alemán apareció una versión de la misma en el 2007 a cargo del grupo Apocalyptica con la voz del cantante invitado Till Lindermann (de Remmstein). El hecho conllevó al nacimiento (como debe serlo todo encuentro cultural), con aquella semilla, de nuevos frutos en esas geografías.  La profundidad de dicha versión en clave de canto dramático en lengua germana hizo surgir a una banda que retomaría tal reafirmación existencial como razón de ser de su estética musical: Wir Sind Helden.

La aparición de aquella versión me hizo recordar la cita de Napoleón Bonaparte con respecto a tal lengua: “Cada frase de ese idioma es como un latigazo”. Para él no podía ser de otro modo, la importancia que cobraba el romanticismo en su época tenía como abanderados a los poetas y pensadores alemanes a los que él detestaba tanto como temía por sus ideas y conceptos sobre el hombre en general, cuando él encarnaba y pugnaba por ensalzar sólo al epopéyico.

El Napoleón conquistador buscaba en sus escritores afines que contaran las hazañas de los personajes como él; que contaran acerca de sus victorias, pero no sobre las derrotas. Los románticos alemanes (Goethe, Schiller, los hermanos Schlegel, Hoffman, Heine, Hölderling, Novalis, etcétera) se interesaban por lo que sucedía con los otros y sus heroicas proezas interiores de sobrevivencia. Por eso escuchar aquel idioma era para él una afrenta, un latigazo directo a la carne de su racionalismo megalómano.

La postura de dichos escritores es lo que encarna el grupo Wir Sind Helden (Somos héroes) en la actualidad matizada a través de la visión de Bowie. El rock es producto directo del romanticismo y tanto el británico como estos teutones lo confirman con su obra. La del primero es una harto conocida; la de los últimos –que tomaron uno de sus versos como nombre– es una que abarca ya varios álbumes: Die Reklamation (del 2003), Von hier an blind (2005), Soundso (2007) y Bring mich nach Hause (2010) entre ellos.

Este cuarteto está integrado por Judith Holofernes (voz y guitarra), Jean-Michel Tourette (guitarra y teclados), Pola Roy (batería) y Mark Tavassol (bajo). La formación es originaria de Berlín, pero a comienzos del siglo XXI decidieron cambiar su residencia a Hamburgo. Su estilo fluctúa entre el pop rock, el rock alternativo y el post-rock, con el uso del idioma alemán y las herramientas de la metáfora poética para hablar de la realidad del mundo actual: materialismo, consumismo, la simulación, la vigilancia de Estado.

VIDEO SUGERIDO: Wir Sind Helden – Guten Tag, YouTube (emimusic)

Pero tanto el amor como la falsedad artística ocupan también un papel preponderante en su lírica. E igual que su estilo musical, oscilan entre el sentido del humor y la gravedad distópica. Por eso mismo, en este época de siglas, se les ha incluido en la escena de la Neue Neue Deutsche Welle (una importante corriente musical derivada de los años ochenta que los ha  puesto en la cresta de dicha ola contemporánea en lengua germánica, a la que también se pueden añadir bandas como Silbermond y Juli).

Las canciones reunidas y trabajadas por Wir Sind Helden tienen un marco referencial. Son imágenes sin nombre de gente sin nombre que guardan, sin embargo, la memoria del retratado y de cuanto vieron sus ojos. Por eso sus letras esquivan el informe sociológico y apuntan a un tiempo irremisiblemente fugaz, el del individuo como tal. De ahí que hagan pensar. Más que abrir entornos sugieren los de quien actuó y padeció siendo uno: vemos su figura, ignoramos su hacer y su decir, pero no su sentir.

La evolución de los preceptos del grupo nunca ha agotado el potencial de su primigenia voz narrativa, es como si el cuarteto dominara su capacidad de fabulación lírica en favor de lo testimonial. La magia de estos alemanes consiste en dibujar un territorio de la mente y hacer vivir en él para siempre a un héroe sin edad, astuto y vacilante que siempre tiene algo de nosotros.

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Quizá sea este el punto de las piezas. No está en las historias mismas, sino en su elección. Y junto a los sentimientos y emociones expresadas en ellas revive la complicidad entre el escucha y ellos (los autores). Nada sabemos de los personajes que retratan, pero como músicos sugieren ese espacio, ideal e irrepetible, trazado por la inteligencia en las canciones. Sus álbumes  son así un compendio, no de hechos y objetos, sino de imágenes y gestos anónimos que en sus manos logran el heroísmo de la vida cotidiana.

Esos discos son una especie de viaje a la realidad y, al mismo tiempo, a la antigua dualidad que oponía aquella a la ficción o la vida al arte. Wir Sind Helden ha compuesto para tales álbumes canciones que fluyen misceláneas y errabundas al igual que la vida, en un dejarse llevar liberador para quien está acostumbrado  al trabajo de urdir con soltura y dando prioridad a la acción diaria, sin epopeya. El resultado de la liberación son unos fragmentos de vida en donde se pasa sin cortapisas de la reflexión a los hechos.

En las andanzas por sus tracks es posible cavilar sobre un episodio cotidiano o ir a una lectura de la suerte para luego ofrecer una sentencia arquetípica: “Moriré y nada sabré, pero me habré preguntado qué haré conmigo hasta que eso suceda”. Son simples divagaciones por las que en algún momento hasta se disculpan: “Perdóname escucha si estoy mezclando los temas, pero mi mente no deja de trabajar”. Su mezcla resulta grata y rica, quizá por la cohesión que le procuran con los elementos extraídos de sus influencias.

En estos retratos del día a día, en la vida de una de ficción musical hecha con retazos de la realidad contemporánea de fondo, nos van mostrando poco a poco imágenes de lo que alguien, cualquiera, ha querido ser y de lo que es.  “Sueño con una vida que me convierta en heroína” canta ella. Mientras el grupo entero arropa su imaginación y con la música sacian su sed de aventuras al mostrarle el entorno, su accionar, su permanencia y su lucha entre lo útil y lo poético en el trajín del ahora.

Perspicaces son sus ideas sobre cómo fueron y cómo serán los héroes. En esencia, la música de este grupo trata sobre qué actos hacen civilización y los que pueden destruirla.

Wir Sind Helden representa el romanticismo de quien tiene fe en el lenguaje como salvaguarda humana. Un reconocimiento de que a los hombres no nos es dado saberlo todo, lo que hace del misterio vital algo ineludible. Y ello da frutos paradójicos y oraculares. “No estamos preparados para la vida, y somos seres imperfectos”. Pero entre tantas dudas asoma la certeza de que la música –hecha con esas emociones– es un bien necesario para examinar nuestra humanidad, la de todos los días, la heroica.

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VIDEO SUGERIDO: Wir Sind Helden – Nur Ein Wort (Video), YouTube (WirSindHeldenVEVO)

 

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AMON DÜÜL

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL AGORERO GERMANO

En los años sesenta, la revolución practicada por los jóvenes músicos que conformaban el incipiente rock alemán produjo agoreros grupos como Amon Düül, quienes representaron fuertemente el movimiento más teórico e intelectualista de aquel entonces e influyeron de manera significativa en los acontecimientos musicales posteriores de su país.

En 1967, se formó en Munich una comuna de músicos entre los que figuraron los jazzistas Chris Karrer, Ulli y Peter Leopold y Rainer Bauer. Dieron el nombre de Amon Düül a sus presentaciones concebidas como espectáculo multimedia. El apelativo combinaba el nombre de la divinidad egipcia y un término turco para la música.

Sus experiencias vitales y con las drogas psicodélicas les dieron un estilo que los identificó, de manera inevitable, como grupo underground. La ruptura de las leyes musicales y su falta de inhibición con respecto a la instrumentalización les ayudó a darse a conocer, sobre todo con la aparición que tuvieron en el festival de Essen en 1968.

La idea comunal de hacerlo todo juntos desapareció cuando Bauer y los hermanos Leopold incrementaron sus actividades políticas. El grupo se escindió y, mientras Amon Düül I producía su primer L.P., Chris Karrer fundó Amon Düül II.  El primero se disolvió en 1971 por diferencias musicales y personales tras la aparición de cuatro acetatos (Psychedelic Underground, Collapsing, Paradies Warts Düül, Disaster y otros singles).

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Por su parte Amon Düül II, fundado bajo el concepto de círculo de arte y comunicación, se integró originalmente con Johannes Weinzierl (guitarra), Falk Ulrich Rogner (bajo y órgano), Renate Knaup (voz), Shrat (violín y segunda voz), Dieter Serfas (batería, luego sustituido por Peter Leopold que se incluyó de nueva cuenta) y Chris Karrer (guitarra, sax y voz). La orientación musical del conjunto fue encauzada por su posición social y sus innovadores intereses musicales.

A fin de grabar su primer disco, el grupo se reforzó con el bajista Dave Anderson.  Así, en la primera mitad de 1969 apareció Phallus Dei (Sunset), una obra llena de improvisaciones que se erigió en un clásico de la psicodelia alemana. Al año siguiente, la banda acudió al estudio para realizar Yeti (UA/Liberty, 1970), un disco menos misterioso, más sencillo y melodioso, sin desplegar tanta agresividad como en los acetatos anteriores. Con éste se lanzaron a su primera gira continental y obtuvieron buenos resultados con el público y la crítica.

Para la grabación de Wolf City (UA/Liberty, 1972) hubo nuevos cambios de integrantes y con la producción trataron de deshacerse de su imagen underground con composiciones equilibradas y arraigadas en el art-rock. Su segunda gira europea fue grabada en ese 1972, aunque el L.P. apareció dos años después con el título de Live in London (UA/Liberty, 1974).

Tras otros cambios de personal, el grupo editó Vive La Trance (UA, 1974) bajo la consigna de tocar para el público y no para ellos mismos. Después de la gira promocional se disolvieron por problemas personales.

Un año más tarde intentaron el comeback respaldados por la disquera Lollipop y produjeron Hi Jack (1975), un disco que puso de manifiesto la crisis de identidad del grupo. Por ese tiempo su antigua compañía disquera sacó el L.P. Lemmingmania (UA, 1975), el cual contenía su producción de sencillos.

El mismo año, Amon Düül grabó Made in Germany (Lollipop), una rock ópera que constituía la visión del grupo sobre la historia alemana. En 1976, el disco Pyragony X (Lollipop) no sirvió tampoco para reencontrar el éxito de los años primerizos. De igual manera se puede calificar Almost Alive (Lollipop, 1977), L.P. que cultivó la música pero sin la fuerza mística que los había caracterizado.  Luego de un tiempo más de tumbos, el legendario Amon Düül vio el ocaso de su vida junto con la década.

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VIDEO SUGERIDO: Amon Düül II – phallus dei – DVD video, YouTube (ROCKDRUMMERFULL)

 

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NINA HAGEN

Por SERGIO MONSALVO C.

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 UN ENCUENTRO CERCANO

“Para embarcarse en un viaje con Nina Hagen es necesario estar listo para deambular en los abismos del rock, la política, la naturaleza, la energía, los ovnis y el lugar que ocupa el ser humano en el ‘sistema divino’.

Nina Hagen: Un encuentro cercano es precisamente un libro que nos prepara para emprender ese enigmático viaje y concebir a esta rocanrolera asimoviana y esotérica, filósofa y budista-cristiana que produce la música más dura, excéntrica, pintoresca, vanguardista, audaz y teatral de la actualidad.

Sergio Monsalvo C. nos relata la vida de Nina Hagen, su formación musical, sus costumbres y aventuras. Ella misma ha fabricado ansiosamente su leyenda y su existencia no conoce límites. Es una personalidad del próximo milenio. Para Nina todo es un cuento de hadas.

Provocación y fantasía son las constantes de esta mujer de voz descomunal, reina y madre del punk. La lírica de sus composiciones, algunas de las cuales se incluyen en este libro, es la muestra pura de su avant-garde musical. Nina Hagen es un espectáculo salvaje de brujería electrónica que atrae y excita la imaginación, que profetiza y colorea la realidad con su arte y áspera genialidad.

‘Soy de un tiempo en el cual todavía sirve de algo formular un deseo. Espero que todos crean y me acompañen en él’, ha dicho la artista. Un encuentro cercano es la oportunidad para ello”. (Contraportada)

PIERRES ET GILLES ACERCAN A BERLÍN EL UNIVERSO KITSCH Y PROVOCADOR DE SU ARTE

Nina Hagen

Un encuentro cercano

Sergio Monsalvo C.

Editorial Diana, México, 1988

 

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