LOS OLVIDADOS: MIKE BLOOMFIELD

Por SERGIO MONSALVO C.

MIKE BLOOMFIELD (FOTO 1)

PRECURSOR DE TODO

Entre el grupo de jóvenes blancos de Chicago que descubrieron un mundo de música en su propio patio estaba Mike Bloomfield (nacido en 1945). Un muchacho zurdo que aprendió rápidamente a tocar la guitarra. Se integró a la corriente rocanrolera de su generación a los 15 años, tocando en grupos para amenizar bailes.

Entonces, con la curiosidad de un tipo que quiere conocer su oficio desde las bases, se dio a la tarea de buscar en los barrios bajos de Chicago a los auténticos intérpretes del blues urbano. Vagó por los bares y los sitios donde se reunían los fanáticos del blues y frecuentó con asiduidad el ambiente de los bluesmen negros.

A partir de ahí, Bloomfield tocó con éstos en lugares para aficionados a la música folk, interpretando desde canciones de Woody Guthrie hasta country blues.

A los 18 años formó The Group, una banda que acompañó a Big Joe Williams por un año aproximadamente. Fue acompañante también de Muddy Waters, Howling Wolf, Buddy Guy, Otis Rush, Big Walter, Junior Wells y varios músicos más.

“Había que pegarse a los bluesmen —diría a la postre Bloomfield—, tocar con ellos más y más. Trascender la calidad de blanco, si se quería absorber la música. Toqué en algunos sitios de Chicago donde no se había visto a un blanco desde hacía años.”

Por 1964, Paul Butterfield, otro músico blanco de gran arraigo en Chicago, iba a grabar un disco y necesitaba que alguien tocara la guitarra slide. Bloomfield hizo la prueba y grabó con él.

Tras el buen acoplamiento, Paul le pidió que se integrara a la recién formada Butterfield Blues Band. La presencia de un guitarrista como Bloomfield tuvo mucho que ver con la modernidad de la misma.

Sin embargo, tenía una oferta de Bob Dylan para acompañarlo en la también grabación de su álbum Highway 61 Revisited, que se realizaría a principios de 1965.

El rock había llegado a un punto en que ya se debían plantear preguntas vitales, de importancia fundamental. Aquella generación empezó a hacerle exigencias mayores al género, relacionadas con su propio crecimiento como seres humanos. Los textos de Dylan en tal disco tomaron al cielo por asalto.

Le dio a la canción, como tal (con “Like a Rolling Stone” encabezando el disco), dimensiones universales y también a la poesía emanada de ella, la parte que le correspondía de una larga tradición artística. Retrató la condición humana con el instrumento de la palabra, con su mejor uso y estilo.

Una obra maestra necesita el paso del tiempo para consolidar su peso, adquirir su suprema estatura y Dylan, con su aura de clásico contemporáneo, su voz raída y sus texturas añejas en blues y folk, se planteó como una novedad tan enigmática, tan individual y tan bien construida, que marcó para siempre la diferencia.

Con este álbum tuvo Dylan la certeza de que tenía que grabarlo, y que necesitaba algo fuerte, poderoso: la electricidad del rock fue la respuesta. Y llamó a los amigos que tenía en dicha escena: Mike Bloomfield (en la guitarra principal), Al Kooper y Paul Griffin (órgano y piano), Bob Gregg (batería), Harvey Goldstein (bajo) y Charlie McCoy (guitarra de acompañamiento). El propio Bob tocó la guitarra, el piano y la armónica.

Dicho grupo creó una enorme pulsión de energía. Todo empezaba con un golpe rápido del tambor, entraban entonces el órgano, el piano y la guitarra impactando con su riff al oyente, para dar finalmente paso a las palabras: “¡Había una vez…!”. Todo se contagió a partir de ahí.

Dylan hizo público su manifiesto y Bloomfield estuvo junto a él en la vorágine que se generó. Y tras ella Bob también le pidió integrarse a su grupo de acompañantes, pero Mike lo pensó y decidió aceptar el trabajo con Paul Butterfield.

Al amparo de largas improvisaciones, como en la del disco East-West de 1966, Bloomfield llegó a aportar al grupo un clima muy propio del blues y su eterna preocupación personal por la búsqueda de nuevos sonidos y la utilización de fraseos guitarrísticos novedosos.

De este modo, su manera de tocar la guitarra anunció muchos desarrollos posteriores del blues-rock, como el de la fusión. Un progresismo firmemente cimentado en las vertientes musicales negras.

MIKE BLOOMFIELD (FOTO 2)

En la búsqueda de los caminos que su inquietud le marcaba, el ya considerado un genial guitarrista, en 1967 fundó al grupo Electric Flag, que contó entre sus miembros a Harvey Brooks, Nick El Griego, Buddy Miles y Barry Goldberg, entre otros.

La tendencia de la banda se inclinó un poco hacia el jazz e inició con ello la corriente de fusión (el jazz-rock experimental) que posteriormente se reafirmaría con otros grupos.

La llamada fusión era en aquella época una combinación de jazz con el rock y/o el funk/soul, aunque a veces también con músicas extraradio (hasta los años ochenta se le denominó jazz-rock).

Para la mejor comprensión de ello, hay que remontarse a este año precisamente, cuando aparecieron los pioneros de esta música. Algunos jazzistas se sentían atraídos artísticamente por el rock, así que de manera cuidadosa empezaron a experimentar con él.

El disco Bitches Brew de Miles Davis y la fundación del grupo Lifetime por Tony Williams por lo general se consideran como el principio oficial de la fusión del lado jazzístico.

Por el lado del rock apareció Electric Flag con Bloomfield al frente. Los músicos involucrados en estos proyectos pueden anotarse como la primera camada del género. Todos se convirtieron en líderes de banda tras su paso por el grupo.

El disco A Long Time Comin’, es de una frescura envolvente. Una ventana abierta a un amplio horizonte que trae nuevos vientos. A pesar de haber sido un grupo fugaz, dejó algunas piezas que serían piedra de toque para futuras formaciones bajo dicho signo: “Groovin’ is Easy” (de Gravenites), “Texas” (de Bloomfield y Miles), “Sittin’ in Circles” (de Barry Goldberg) o “Killin’ Floor” (una versión de Howlin’ Wolf).

La fusión combinó, desde entonces, sobre todo la libertad y la complejidad del jazz con el carácter más directo y agresivo del rock (con sus vertientes blueseras, del soul y del funk).

La música tuvo éxito entre el público de ambos campos. Bloomfield abandonó la banda ese mismo año (1968) en busca de nuevas aventuras musicales.

Al año siguiente se integró a la Fathers and Sons para la grabación de un álbum doble con Muddy Waters, Otis Spann, Sam Lay, Donald “Duck” Dunn y Paul Butterfield.

Luego tomó un breve descanso para volver con Triumvirat, trío formado con John Hammond y Dr. John en 1974. Un año después se unió a la KGB con Carmine Appice, Rick Grech, Barry Goldberg y Ray Kennedy.

Posteriormente se convirtió en solista grabando el tradicional blues estadounidense. Murió el 13 de febrero de 1981 a la edad de 36 años.

VIDEO SUGERIDO: The Electric Flag – Killing Floor, YouTube (NoRosesForMe)

Mike Bloomfield with Electric Flag

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ERIC BURDON

Por SERGIO MONSALVO C.

ERIC BURDON (FOTO 1)

 SOLÍA SER UN ANIMAL

Eric Burdon nació el 11 de mayo de 1941 en Walker-On-Tyne, un suburbio de Newcastle, en Inglaterra, siendo hijo de una familia de obreros y creció, como tal, en el ríspido y violento ambiente del puerto industrial de esa zona.

Su afición como niño y adolescente proletario, la única que se podía permitir, era escuchar los discos de rhythm and blues negro que podía conseguir en dicho puerto, mediante trueques y a través de los marineros que los comerciaban.

(Obligado contexto. Antes de finalizar el primer lustro de la década de los años sesenta, la Gran Bretaña experimentó la propagación del rhythm and blues y del blues. Los más importantes grupos que se crearon entonces, se valieron para ello de bluseros originales como John Lee Hooker, Jimmy Reed, Sonny Boy Williamson o Muddy Waters, que habían hecho giras por aquel país, pero también de artistas escuchados en las jukeboxes, asimilados al terreno del rhythm and blues propiamente dicho, como Ray Charles por ejemplo. Gracias a esta actitud, los jóvenes músicos ingleses comprometidos con el blues retuvieron la atención de un vasto público que abarcaba ampliamente también a las minorías de entendidos.)

Después de asistir brevemente a una escuela de arte en Londres, Eric se mantuvo con trabajos ocasionales. En 1961, el padre británico del blues, Alexis Korner, lo llamó para integrarse a su banda, tras escucharlo cantar ocasionalmente. A Burdon, la música de Ray Charles, Chuck Berry y Bo Diddley lo enloquecía.

En una de las salas donde se presentaba Korner, Burdon conoció a Alan Price, a cuyo grupo Combo se uniría un año más tarde en Newcastle. Tras una presentación en el Down Beat Club de dicha ciudad, Eric Burdon se integró como cantante. Esto sucedió durante 1962.

Todos los del grupo (Hilton Valentine en la guitarra; Chas Chandler en el bajo; Alan Price en los teclados; John Steel en la batería y Burdon en la voz) se habían criado en aquel ambiente minero, con la cerveza oscura espesa y con las difíciles condiciones de vida de su lugar de procedencia.

Una noche de diciembre de 1963, Giorgio Gomelsky, un productor, los descubrió en el club a Go-Go mientras servían de teloneros para Sonny Boy Williamson, que se encontraba de gira por Inglaterra. Se los llevó consigo a Londres. Donde estaban sucediendo las cosas.

Entraron a tocar en el círculo de clubes londinense y grabaron el sencillo “Baby, Let Me Take You Home”, que al no suscitar reacción alguna en el mercado buscaron hacer cambios.

Graham Bond, el líder de otra banda popular en tal escena, les sugirió empezar por el nombre y los denominó The Animals debido a la fuerza con la que interpretaban el género.

En esa época Burdon pasó a encabezar al grupo, y una de sus primeras decisiones fue cambió del sello EMI, en el que estaban, a la compañía discográfica Decca.

Con ésta lograron colocar un éxito “Top Ten” en la Gran Bretaña y los Estados Unidos con su versión de “Don’t Bring Me Down” (1966), de los compositores del Brill Building Gerry Goffin y Carole King.

ERIC BURDON (FOTO 2)

Los éxitos de ventas y de lista (que encabezó la ya hoy clásica “The House of the Rising Sun”) se fueron acumulando en discos como The Animals (1964), Get Yourself a College Girl (1965), Animal Tracks (1965) y Animalisms (1966).

Tras ellos Price abandonó al grupo para iniciar una carrera como solista; lo reemplazó Dave Rowberry. A éste le siguió una infinidad de cambios de personal. Viajaron a los Estados Unidos para emprender una corta gira, que se convirtió en larga y luego en permanencia.

Atraído por la nueva música underground de California, Burdon deseó apartarse de las raíces del grupo en el rhythm and blues. A finales de 1966 reformó al conjunto con el nombre de Eric Burdon and The Animals.  Sólo Jenkins sobrevivió de la formación anterior.

Los nuevos integrantes eran John Weider (ex Family) en la guitarra y el violín; el guitarrista Vic Briggs de Steampacket de Brian Auger; y el bajista Danny McCullough.  Después de cambiarse a California, este grupo tuvo una serie de hits “top twenty” con MGM, los cuales reflejaron el entusiasmo de Burdon hacia el estilo de vida de los hippies.

Supervisados por el productor de Dylan Tom Wilson, figuraron entre ellos “When I Was Young”, “San Francisco Nights”, “Monterey” (todos de 1967) y “Sky Pilot” (1968). Esta formación de los Animals se desintegró en 1969.

De ahí en adelante Burdon ha seguido una carrera como solista, la cual empezó en forma prometedora en el soul como colaborador con el grupo de War. A un sencillo de éxito, “Spill the Wine” (1970), le siguieron dos álbumes, incluyendo el extrañamente titulado Black Man’s Burdon.

Luego grabó un L.P. con el veterano bluesman Jimmy Witherspoon (Guilty, 1971), firmó con el sello Capitol para sacar tres discos mediocres con la Eric Burdon Band, (1974-1975).

No tuvo éxito tampoco la reunión de los Animals originales, la cual resultó en un gran álbum, Before We Were So Rudely Interrumped (1977), que lamentablemente no tuvo repercusión (el punk ya estaba en pleno desarrollo).

Ese mismo año, Burdon se hizo producir un disco como solista por Chas Chandler (Survivor, Polydor, 1977).

En busca de nuevas inspiraciones Eric se fue  a radicar en Hamburgo.  En 1979 participó en la gira “Panik” de Udo Lindenberg, durante la cual cosechó muchos aplausos.

En 1980 la cineasta Christel Buschmann recurrió a su actuación para la cinta Gibby West Germany. A continuación fundó con rockeros alemanes, tales como Bertram Engel en la batería y Jean-Jacques Kravetz en los teclados, el grupo Eric Burdon’s Fire Dept. Tras dos años presentaron el L.P. The Last Drive.

Después de todas estas experiencias frustrantes, Burdon confirmó su reputación bluesera con el disco Comeback en 1982. Lo apoyaron músicos experimentados como Tony Braunagel (ex Clover) y el guitarrista John Sterling (Love), impulsándolo a alcanzar niveles inesperados a estas alturas.

Gracias a su “incomparable fraseo”, Burdon hizo de este L.P. una interpretación contemporánea del r&b. Se acordó de su estilo más duro y rockero del blues y recuperó su antigua condición. En 1983, Power Company confirmó la nueva fuerza del cantante, pero ésta no se vio reflejada en las ventas del disco. Careció de éxito también la segunda reintegración de los Animals, intentada en 1983-1984 (con el fallido disco Ark).

En 1986, Eric Burdon publicó la descarnada autobiografía I Used to Be an Animal but I’m Alright Now, donde figuran las luces y oscuridades que lo habían acompañado a lo largo de su carrera hasta entonces.

Aunque en las últimas décadas ya no se ha ubicado en el epicentro de los acontecimientos musicales (con ningún disco significativo, infinidad de reinterpretaciones en diversas antologías y con el más reciente de estudio, ‘Til Your River Runs Dry, del 2013), Eric Burdon siempre fue una de las más grandes voces del rock y figuró entre los verdaderos innovadores del mismo.

Ha vivido todas las altas y bajas de su profesión (adicciones y recuperación en espiral continua, en lo artístico y en lo personal). Alcanzó la mayor calidad (musical e interpretativa) al no aceptar transigencias, pero perdió terreno cada vez que se sometió a las exigencias circunstanciales y comerciales. Pese a todo, Eric Burdon sigue en el camino a los casi 80 años de edad.

VIDEO SUGERIDO: Eric Burdon & The Animals “It’s My Life” 01-09-19 Belly Up Tavern (San Diego, CA), YouTube (Charlie Lester – Concert Memories)

ERIC BURDON (FOTO 3)

 

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SUPERCHARGE (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

SUPERCHARGE II (FOTO 1)

 ¿QUÉ ES LA FELICIDAD?

Con un nuevo mánager, otros acompañantes y el reconocimiento obtenido como banda animadora de primer nivel, gran experiencia en escena, con el curriculum de varios trabajos musicales editados y por pertenecer activamente al circuito del jet set, Supercharge le fue recomendado al organizador del enlace del momento, el de Christina, la hija del fallecido magnate griego Aristóteles Onassis, conocida como “la princesa triste”.

La que quizás era la mujer más rica del mundo iba a contraer nupcias por cuarta vez. Las anteriores no habían rebasado el año y medio de duración. Circunstancia añadida a una vida familiar ligada al desafecto y al abandono.

Si su existencia se había iniciado rodeada de glamour (a los dos años bautizó con champán el barco carguero más grande del mundo, propiedad de su padre, y a los cinco había asistido a la boda de Grace Kelly con el príncipe Rainiero de Mónaco), en realidad era una niña solitaria cuyos padres nunca se hicieron cargo de ella, siempre en manos de asistentes u otros empleados.

Ni los matrimonios anteriores, ni sus ingresos de un millón de dólares semanales o la posesión del yate más grande y lujoso del mundo le habían brindado alegría alguna. En tiempos recientes su hermano había muerto en un accidente de aviación, su madre (divorciada de su padre) de una sobredosis de barbitúricos y su padre de neumonía.

Ahora, a los 34 años de edad, se casaría por cuarta vez con Thierry Roussel, joven francés e hijo del fundador de los laboratorios farmacéuticos del mismo nombre. Lo haría en París y festejaría la boda en el Restaurante Maxim’s. Para ello la pareja  se había embarcado en el Christina O en la Isla de Skorpios, propiedad de ella y viajaban rumbo a la Costa Azul francesa para trasladarse luego en avión a la capital gala.

Mientras tanto, por las aguas del Mediterráneo navegaba el Christina O, el yate que había nacido en 1943 en unos astilleros canadienses y cuya historia pasaba por haber avituallado a las tropas aliadas en su desembarco en Normandía y el cual luego fuera adquirido por Aristóteles Onassis, para  convertirlo en la nave más suntuosa del momento.

Contaba con casi cien metros de longitud, 18 suites dobles y la capacidad de ofrecer opulencia, privacidad y magnificencia. Tanta que ahí se celebró la boda real de la actriz Grace Kelly con el príncipe de Mónaco, amigo de Onassis, en 1956. Por su cubierta había circulado gente poderosa y personajes famosos de las décadas de los cincuenta y sesenta (Winston Churchill, John F. Kennedy, Elizabeth Taylor, Richard Burton, Marilyn Monroe o Maria Callas, por ejemplo). Ahora, transportaba a la rica heredera y estaba a punto de llegar a la costa francesa.

VIDEO SUGERIDO: Albie Donnelly’s Supercharge – medley – live Muddys Club Wernheim, YouTube (bluesWhm)

En París, mientras tanto, el Maxim’s se preparaba. Por aquellas fechas el célebre bistrot celebraba el 90 aniversario de su fundación por el modesto camarero Maxime Gaillard, que supo atraer a una selecta y mundana clientela que formaba parte de la Belle Époque que disfrutaba la ciudad a fines del siglo XIX. Su siguiente propietario la incluyó definitivamente en la historia al decorarlo por completo al estilo Art Nouveau que permearía no sólo la Feria Mundial de 1900 sino al resto del mundo con su estética.

Tras ser adquirido por la familia Vaudable, que supo sortear los avatares de la Segunda Guerra Mundial, el restaurante continuó con la costumbre de mantener a una clientela de artistas, aristócratas y gente rica, como Eduardo VII, Marcel Proust o Jean Cocteau, entre ellos, a quienes animaba durante sus cenas el violín zíngaro y la orquesta de Ben Horris, y luego a Marlene Dietrich, Aristóteles Onassis o Maria Callas.

Las décadas posteriores lo van asentando como el restaurante más famoso del mundo y el más caro. Aparte de eso su bagaje es tal que lo acredita ante el gobierno galo como un Monumento Histórico Nacional (además de motivo literario y locación cinematográfica). En 1981 fue adquirido por el diseñador Pierre Cardin que lo expandió por todos sus pisos a museo, sala de espectáculos y salones de fiesta privados. Uno de los cuales albergaría a los invitados de la boda de la rica heredera, en1984.

SUPERCHARGE II (FOTO 2)

La fiesta comenzaría con una novia extrañamente radiante. “Está enamorada de verdad”, chismorrean los comensales entre la joyería y el menú nupcial: Poêllée de Saint-Jaques au parfum d’ail, Salade de ris d’agneau poêlle au noix; Filet d’omble chevalier au beurre blanc, Suprême de faisan au coulis de foie gras; Soupe de chocolat au piment d’Espelette, sorbet framboise…

La inusual sonrisa de Christina será la destinataria del mejor set de la banda, contratada para este lugar y ocasión especiales. Músico experimentado, Albie Donnelly, irá in crescendo, soltando al grupo poco a poco a la pulsión de su sobrecargado ritmo. Y la sonrisa se convertirá en risa abierta, mientras la protagonista baila, canta, corta el pastel, y los invitados harán lo mismo como respuesta al pasmo de lo que ven y escuchan, se convierten en participantes y el conjunto en general en una auténtica fiesta.

 “Ustedes han creado la música del día más feliz de mi vida. Gracias para siempre: Christina”. Es la tarjeta que el grupo recibe tras bambalinas, acompañada de una botella de champán para cada uno de los músicos. De tal experiencia Supercharge conseguirá el permiso para reproducir en disco lo que han grabado, bajo el título de Supercharge’84 Live at Maxim’s at Christina Onassis Wedding, así como algunas fotos del evento, que aparecerán en la portada. Para Albie Donnelly sería la certeza sobre el camino escogido y de que la felicidad es un arma caliente, sí, pero que también está inmersa en el significado de una botella fría del mejor champán.

Aquella felicidad le duró a Christina más de lo esperado, pero fue también su canto de cisne. Cuatro años después se volvería a divorciar sumergida en un mar autocompasivo y dramático. Sería madre de una niña que heredaría una fortuna y destino atávico. Se suicidaría extraoficialmente con barbitúricos. El disco de Supercharge se convertiría en una rareza y en una referencia a un momento único en el devenir microhistórico del siglo XX.

VIDEO SUGERIDO: Supercharge Boogie Man Lahneck Live 2012, YouTube (Bertiklein)

SUPERCHARGE II (FOTO 3)

 

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AEROSMITH

Por SERGIO MONSALVO C.

AEROSMITH (FOTO 1)

 AÚN VIVE, DA VOCES Y SANGRA

Como parte de la primera ola de los llamados “grupos duros” (hard rock) estadounidenses, Aerosmith también ha resultado figurar entre las bandas más constantes, con 50 años de presentaciones y grabaciones. A lo largo de este periodo, la alta y sencilla energía de sus primeros trabajos se ha ido transformando en un hard rock sofisticado, sin perder un ápice de su fuerza.

Con la clara influencia de los Rolling Stones (Tyler se preció siempre de parecerse a Mick Jagger) y de los Yardbirds, Aerosmith fue fundado en 1970 en New Hampshire por el cantante Tyler y el guitarrista Whitford. Con Joe Perry en la guitarra, Tom Hamilton en el bajo y Joey Kramer en la batería, el grupo tocó en los bares y clubes de Nueva Inglaterra y fue contratado por Columbia en 1972.

Tras editarse un álbum con el mismo nombre del grupo, coescrito por Tyler y Perry, el productor Jack Douglas se encargó del siguiente Get Your Wings (1974). Los frecuentes conciertos dados en toda la Unión Americana impulsaron las ventas de Toys in the Attic (1975) a más de un millón de copias; “Sweet Emotion” fue un éxito menor, mientras que “Dream on” (del primer álbum) alcanzó el Top Ten en 1976.  “Walk This Way” y “Last Child”, de Rocks (1976), también fueron muy populares.

Después de grabar Draw the Line (1978), el grupo apareció en la película Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band, en la que interpretó “Come Together” de los Beatles, versión que logró penetrar en los primeros 30 lugares de popularidad en 1978. El álbum Live Bootleg, grabado en vivo, salió en 1979. Al poco tiempo de aparecer Night in the Ruts, Perry abandonó al grupo para fundar el Joe Perry Project, con el que grabó Let the Music Do the Talking (1980) y I’ve Got the Rock’n’Rolls Again (1981).

Debido a la renuncia de Whitford, quien grabó un disco con Derek St. Holmes, el antiguo cantante de Ted Nugent, y un grave accidente de motocicleta sufrido por Perry, el siguiente álbum de estudio de Aerosmith, Rock in a Hard Place, no apareció hasta 1982. La relativa falta de éxito del álbum dio lugar a la reunión de la alineación original en 1985, cuando el grupo fue contratado por Geffen para grabar Done with Mirrors, un éxito comercial.

Aerosmith tuvo un hit sospresa al año siguiente, cuando el grupo de rap Run DMC resucitó “Walk This Way”; Perry y Tyler participaban en la nueva versión.  El siguiente álbum del grupo fue Permanent Vacation (1987), producido por Bruce Fairbairn, que incluía el exitoso sencillo “Dude (Looks Like a Lady)” y una versión de “I’m Down” de Lennon y McCartney. Después de cambiar de compañía disquera, a Geffen, figuraron en las listas de éxitos de 1989 con “Love in an Elevator”, del álbum Pump.

Ya en una nueva década, la de los noventa, se puso a la venta la caja compilatoria Pandora’s Box.  Una atingente retrospectiva sobre la carrera del grupo a lo largo de diez años (1973-1982). Y en 1993 sacaron a la luz Get a Grip, álbum que con los meses se proclamó en uno de los de mayores ventas en el mundo. De él se extrajeron sencillos como “Livin’ on the Edge” y “Crazy”.

A pesar de su inclusión entre los millonarios estrellas del rock and roll, estos elementos del mundo musical continúan siendo escandalosos y rebeldes, negándose a ingresar al círculo de los ricos respetables. La música de su álbum, Get a Grip, desbordó agresividad.  El contenido sorprendió con la mordacidad de los reprimidos.

AEROSMITH (FOTO 2)

Desde entonces y tras otros cuatro álbumes (Nine Lives, Just Push Play, Honkin’ on Bobo y Music from Another Dimension) Tyler, autor de las letras, sigue observando al mundo con los ojos del hombre de la calle.  “Cuando veo a otra gente de mi edad, calva y gorda, me da miedo. A esos codiciosos les da flojera ir a los conciertos. Usan traje para ocultar sus cuerpos feos. Hay millones de desempleados, pero esos asquerosos yuppies acaparan el dinero en lugar de crear empleos. Canciones como ‘Eat the Rich’ tratan sobre ellos. Comérselos es lo mejor que uno pudiera hacer.”

Afortunadamente Tyler no ha perdido nunca la actitud juvenil: él y su banda contra el mundo astringente.  Con cada nuevo álbum quieren demostrar al planeta cuánto aún pueden dar de sí. Al escuchar el resultado se sienten como el Dr. Frankenstein que observa a su hombre artificial y grita: “¡Vive, grita, sangra!”.

Si de algo además el cantante se siente orgulloso en su carrera de medio siglo, es de la colaboración que tuvo con Rap DMC.  Si bien Tyler dice no escuchar nada de música mientras está grabando, a fin de no dejarse influir, este originario de Massachusetts es un fanático absoluto del rap el resto del tiempo. Para él, los negros lo lograron de nuevo: crearon una nueva forma de arte. Cantan de cosas de las que nadie quiere saber nada, como de los pobres en el arroyo y del junkie con la aguja en el brazo, cantan sobre la realidad.

Los miembros de Aerosmith no sólo se limitan a hablar, sino que también hacen otras cosas de carácter social. Apoyaron una exposición fotográfica alternativa, por ejemplo, con una generosa donación, después de que el gobierno estadounidense canceló los fondos para la misma puesto que las fotos, además de otros temas, también mostraban órganos sexuales. El quinteto se manifestó también a favor de la conservación de los derechos de la libertad civil, que en su opinión peligran bajo el nuevo gobierno estadounidense.

Asimismo han solicitado a sus fans en la Unión Americana que lleven alimentos a los conciertos. En Boston, por ejemplo, reunieron de esta manera 20 toneladas de comida –principalmente latas y otros abarrotes no perecederos–, las cuales fueron repartidas entre los pobres y las personas sin hogar de todo el estado de Massachusetts.

Según Steven Tyler, “La gente que vive en la calle me da muchísima lástima.  Cuando andamos de gira, muchas veces visitamos los asilos para personas sin hogar y repartimos comida. Eso ayuda a no reprimir la realidad, como gustan de hacerlo las corbatas instaladas en el piso 23 de alguna torre de oficinas. No es posible soslayar estos problemas”.

Con su llamada nueva época (la cual se puede decir empezó cuando el grupo volvió a juntarse en 1985 o en otra reunión posterior), Aerosmith está tratando de tocar un rock más duro y de hacer buenas baladas. Eso es todo. Su sonido está volviendo al origen. Después de grabar Just Push Play, les pareció que varias piezas se habían alejado demasiado de sus raíces.  Eso lo quisieron prevenir con ocasión de Honkin’ on Bobo, y eso se debió la influencia más clara del blues y del rhythm and blues.

Hoy 50 años después, Aerosmith suma y sigue evangelizando…

VIDEO SUGERIDO: Aerosmith – Road Runner – Yokohama – 27-07-2004, YouTube (LiveAerosmith)

AEROSMITH (FOTO 3)

 

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APHRODITE’S CHILD

Por SERGIO MONSALVO C.

Aphrodites Child (foto 1)

 LA HELÉNICA ROCKERA

En Grecia, el rock arrancó en la primera mitad de los años sesenta del siglo XX y poseyó un radicalismo esencial, dadas las condiciones políticas en las que vivía el país en aquella época. (por lo que Zeus estuvo en contra). Los primeros grupos originales fueron Formyx, los Beatkins, Juniors y los Dragons.

El movimiento se adjudicó su primer punto culminante en 1965 y los grupos más conocidos del momento eran los Olympians, Charms, los Sounds y MGC, que ya contaban con argumentos de música original. Dicho primer periodo terminó más o menos en 1968. Una de las causas fue el golpe de Estado de 1967, con el cual la milicia subió al poder y reprimió todo movimiento cultural innovador, incluso el pelo largo en los hombres.

Poco antes de la condena a la ilegalidad del género, en plenos aires de fascismo corriente, se fundó la agrupación Aphrodite’s Child en el exilio, cuyos integrantes eran Vangelis Papathanasiou (ex Formyx, en los teclados, la flauta y percusiones), Demis Roussos (verdadero nombre: Artemios Ventouris Roussos, ex The Idols y We Five, en la voz y el bajo), Lucas Sideras (en la batería) y Anargyros “Silver” Kourlouris (en la guitarra y las percusiones).

Orientados inicialmente hacia el jazz-rock, conquistaron los primeros lugares de las listas de éxitos europeos en 1968 con baladas empalagosas y sentimentales como “Rain and Tears”, contenida después en su disco debut llamado End of the World (Vertigo, 1969). De esta manera, se crearon la reputación de ser un simple grupo de pop, que gracias a sus melifluas canciones y a la voz quejumbrosa del corpulento Demis Roussos entusiasmaba sobre todo a los corazones románticos de las muchachitas adolescentes, cuestión que se extendió hasta su segundo disco, It’s Five O’Clock (Vertigo, 1970). Tenían el éxito pero estaban insatisfechos.

A fin de distanciarse de esta impresión superficial, el cuarteto presentó en 1972 un álbum doble, conceptual, progresivo y excéntrico al que denominaron 666 (Vertigo), basado en el apocalipsis bíblico y las letras de Costas Ferris, el cual cuenta la historia de la humanidad con numerosas referencias contemporáneas y críticas (su propia Iliada).

La complicada obra puso de manifiesto los talentos de Vangelis para la composición instrumental y las considerables cualidades vocales de Demis Roussos. Aunque no tuvo ventas extraordinarias, el disco se convirtió en objeto de culto y hasta la fecha es una rareza muy solicitada.

Tras la disolución de este grupo de rock en 1973, probablemente el único de aquel país que haya logrado un éxito internacional (con 20 millones de ejemplares vendidos), la compañía disquera sacó el Best of (Vertigo, 1974) y luego la Mercury otra antología de nombre Aphrodite’s Child en 1975.

Aphrodite's Child (foto 2)

Desde entonces Vangelis (nacido el 29 de marzo de 1943, en Volos) ha destacado como solista con sus imaginativos y extrovertidos experimentos musicales, dándose a conocer principalmente a nivel mundial con su música New Age y ambient para soundtracks de películas: Chariots of Fire, Blade Runner o 1942, entre ellas.

Demis Roussous (nacido el 15 de junio de 1946, en Alejandría, Egipto), también se convirtió en un exitoso y aplaudido cantante de pop ligero (con canciones como “Good-bye, My Love, Good-bye” y “Ever For Ever”), capaz de otorgar a temas mediocres un carisma y un peso especiales gracias a su voz característica.

En medio de la batahola que causaron las últimas votaciones en Grecia, en enero del 2015, hubo un hecho que pasó casi desapercibido y le restó trascendencia. Se trató del fallecimiento de uno de sus iconos musicales del siglo XX: Demis Roussos.

Demis Roussos era un joven inmigrante que había nacido en Alejandría, Egipto, y poseía grandes aptitudes vocales, ensayadas largamente en un coro de la iglesia ortodoxa de su país. El cual abandonó, rumbo a Grecia, junto con su familia tras la frustrada invasión del canal de Suez por fuerzas británicas y francesas.

Como adolescente en Grecia vivió los fuertes movimientos del rock y el pop que ya se extendían por todo el planeta en el primer lustro de los años  sesenta.

Admirador de los sonidos del soul emanados de los sellos Atlantic y de Stax, decidió crear su propia banda en ese sentido, aunque la onda proveniente de la isla británica de experimentación lisérgica (rock progresivo) lo sedujo mayormente. Así, en 1967 formó al mencionado Aphodite’s Child que grabó algunos demos, pero la bota castrense se interpuso en su camino.

A la primera oportunidad huyeron hacia el exilio, con Londres como objetivo. Sin embargo, no fueron aceptados por falta de visas de trabajo y tuvieron que viajar a París, donde se instalaron. Orientados inicialmente hacia el jazz-rock, terminaron conquistando los primeros lugares de las listas de éxitos europeos en 1968 con baladas de pop psicodélico como la mencionada “Rain and Tears”.

Tras la disolución del grupo en 1973 (por diferencias musicales),  Roussous, se adaptó al mercado convirtiéndose en el más exitoso y aplaudido cantante griego de pop ligero.

Viajó por todo el mundo y grabó canciones en muchos idiomas; engordó excesivamente, fue secuestrado en un avión por terroristas, se salvó, se deprimió e hizo dietas, mientras su fama se diluía con los años y grabaciones de poca monta. Murió en Atenas a los 68 años, el día que paradójicamente la izquierda griega llegó al poder.

VIDEO SUGERIDO: Aphrodite’s Child – Rain & Tears, YouTube (naima saidi)

Aphrodite's Child (foto 3)

 

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NICKY HOPKINS

Por SERGIO MONSALVO C.

NICKY HOPKINS (FOTO 1)

 LAS TECLAS NECESARIAS

El blues forma una parte importantísima de la ecuación de la música de nuestro tiempo. Aportó al rock muchas de sus preocupaciones líricas y de su estilo musical. El impacto del género es más evidente en las fijaciones de la cultura rocanrolera, cuyos representantes trataron de cooptarlo en su totalidad y fueron juzgados críticamente de acuerdo con su capacidad o incapacidad para hacerlo.

En la Inglaterra de comienzos de los años sesenta John Mayall, Alexis Korner y Cyril Davies organizaron verdaderos seminarios en el arte bluesero; lograron resultados duraderos tanto en forma de sus proyectos continuos –los Bluesbreakers, Blues Incorporated y His All Stars, respectivamente– como con referencia a todo lo engendrado por ellos, incluyendo a los Yardbirds, los Animals y los Rolling Stones y un sinfín de grupos y músicos destacados.

Asimismo se trató de conocer personalmente y actuando a muchos de los artistas originales del género, como Fred McDowell, John Hurt, Furry Lewis, Mance Lipscomb, Willie Dixon, Sonny Boy Williams, Muddy Waters, etcétera. Rescatados para la ocasión, se esperaba siempre de ellos la Revelación auténtica.

Muddy Waters recordaba lo siguiente: “Cuando fui a Inglaterra por primera vez –en 1958, año en que tocó con Chris Barber, Alexis Korner y Cyril Davies– inicié verdaderamente al país en el blues amplificado eléctricamente.  Muchos fans me preguntaron por qué no tocaba la guitarra acústica y les prometí llevar una en la siguiente ocasión, lo que por otra parte hice.

“Para la época de mi segunda visita, a comienzos de los sesenta, todos los grupos de blues ingleses tocaban ya con amplificación y con un feeling increíble. Recuerdo que en uno de los conciertos que hice con Cyril Davies y su banda His All Stars me llamó mucho la atención la forma de tocar de uno de ellos:  ‘Oye, Cyril –le dije–, ¿quién es el hombre del piano?’  Davies volteó y me dijo: ‘Se llama Nicky Hopkins y tiene 17 años.'”

Dicha forma de asimilación desapareció a ratos, pero nunca por mucho tiempo. En 1968, los Rolling Stones también habían absorbido y abandonado el blues, disponiéndose a inventarlo del todo nuevo. Para el fin incluyeron blues “auténticos” en sus mejores álbumes hasta la fecha: Beggars Banquet, Let It Bleed, Sticky Fingers, Exile on Main Street, Goat’s Head Soup e It’s Only Rock ‘n’ Roll (además de la famosa sesión Jammin’ with Edward).

En todos ellos y otros posteriores los acompañó tanto en el estudio como en sus presentaciones en vivo el mismo Nicky Hopkins. Desde sus comienzos los Rolling Stones acogieron acompañantes encargados de tocar en el estudio o en público un tema de órgano, piano o de algún otro instrumento que los miembros oficiales del grupo no utilizan por sí mismos: Ry Cooder, Billy Preston, Bobby Keys, Jim Price, Ian Stewart y Nicky Hopkins, entre los más destacados.

NICKY HOPKINS (FOTO 2)

Su intervención afectó definitivamente la expresión musical del grupo, según las modalidades que éste había establecido per se. De todos ellos, los constantes y omnipresentes fueron Ian Stewart y Nicky Hopkins en los teclados. Stewart murió hace unos años (1985) y Hopkins en 1994, terminando así una estrecha relación de más de tres décadas.

Hoy, muchos de los mejores intérpretes del blues inglés han muerto, entre ellos Alexis Korner, Cyril Davies, Nicky Hopkins, los tres curiosamente sin recibir mayor atención de las agencias noticiosas internacionales.

Nicky falleció un 6 de septiembre en Nashville, Tennessee, aquejado por problemas cardiacos y abdominales. Contaba con 50 años de edad. Este pianista, cantante y compositor nació en Inglaterra el 24 de febrero de 1944.  Recibió una educación clásica en el piano, pero sus instintos lo llevaron hacia el blues, género en el que debutó con la banda de Cyril Davies y con la cual se mantuvo hasta la muerte de éste.

A la postre se integró al Jeff Beck Group, junto con Rod Stewart. También fue miembro de Quicksilver Messenger Service y Sweet Thursday, hasta ser llamado por los Rolling Stones como sesionista y tecladista durante las giras.

Durante su extensa carrera musical colaboró con infinidad de grupos y solistas en diversas grabaciones: Beatles, Jefferson Airplane, Steve Miller Band, Lord Sutch, The Who, John Lennon, New Riders of the Purple Sage, Nilsson, Carly Simon, Donovan, George Harrison, Marc Almond, Joe Cocker, Peter Frampton y Rod Stewart, entre muchos otros.

A pesar de tamaña lista, a mí no me cabe la menor duda de que su mejor trabajo lo realizó con los Rolling Stones, y como ejemplo escúchese con atención su labor en los teclados de piezas como “Rocks Off”, “Rip This Joint”, “Tumblin’ Dice”, “Sweet Virginia”, “Torn and Frayed” o “Loving Cup”, en esa obra maestra llamada Exile on Main Street.

VIDEO SUGERIDO: “ANGIE” performed by Nicky Hopkins, Charlie Watts, Bill Wyman, YouTube (Mark Korvin Slugocki)

NICKY HOPKINS (FOTO 3)

 

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STEVE WINWOOD

Por SERGIO MONSALVO C.

STEVE WINWOOD (FOTO 1)

 SOUL SIN TRÁFICO

Desde su debut discográfico como solista, de título homónimo, luego de la disolución del grupo Traffic en 1974, hasta  Refugees of the Heart (1990) su sexto álbum, Steve Winwood había mantenido como promedio un L.P. publicado cada tres años. Constancia que se rompió durante la siguiente década, en la que pasaron hasta siete calendarios para conocer su siguiente obra, Junction Seven.

A partir de ahí hubo otra cuenta, distinta, con el timing que el músico marcara. A su propio ritmo. Del que ha sido muy celoso. Lo que sí se mantiene incólume con cada nuevo álbum del geniecillo británico, oriundo de Birmingham (donde nació un 12 de mayo de 1948), es una renovada oportunidad para escuchar una música estimulante (rica en contenido y destilada en los mejores alambiques) como una buena bebida.

Winwood, con sus maneras tranquilas y sin aspavientos, ha sabido romper esa implacable lógica del negocio discográfico que impone una producción anual, debido a lo cual sus salteadas obras muestran un exultante alto nivel compositivo y de sofisticación, prueba de que a veces hay que saber administrar tanto el feeling como el talento, sin malgastarlos.

Las canciones de cada disco muestran su flujo relajado y un sonido que suena reconocible desde cualquier plataforma de sonido. Aunque sinceramente, pienso que la escucha de las piezas de este músico necesitan ser tocadas en ese aparato llamado tocadiscos y su plato giratorio.

Con todo el ritual que implica la apertura de la funda, la revisión rápida del nuevo vinil (por alguna rebaba olvidada) y la colocación a mano de la aguja en el primer surco, que soltará su anhelado despertar en las bocinas contiguas.

Se necesita de tal ritual para confirmar que la negra voz soulera, el mítico órgano Hammond siguen ahí; que la voz continúa llevando una emoción directa y aún muy identificable pese al transcurrir del tiempo; que el sintetizador no ha perdido en absoluto su fascinante humanidad, que Winwood sigue creativo a los setenta y un años…

Sin lugar a dudas, a fuerza de mantenerse activo, de evitar reproducir incansablemente los mismos esquemas, Little Stevie (como se le conoció durante sus primeros años en la escena), el ex niño prodigio del rock and roll, no nos ha privado del indispensable efecto de la sorpresa, la sal de esta música plagada de alma.

Winwood era un quinceañero cuando el Spencer Davis Group empezó a figurar, y en ocasiones había problemas en las tours porque en algunos sitios no aceptaban que tocara por no tener la edad necesaria, aunque de cualquier manera ya llevaba largo tiempo rasgando la guitarra y dándole a los teclados (del Hammond, sobre todo) y cantando.

STEVE WINWOOD (FOTO 2)

En el 2008, en el año que cumplió sesenta de vida, Steve Winwood publicó un nuevo trabajo, Nine Lives. En él mantuvo ese timbre negroide que ha sido su marca de la casa, de manera rotunda y reconocible, y se sentía que continuaba en plenitud al momento de componer y de mantenerse apegado  a su estilo.

En tal disco hubo blues, soul y rock y, al mismo tiempo, la intención de ir un poco más allá. Hoy, alegra seguir descubriendo tanto frescor en su material y asombra la emoción que transmite por continuar con la curiosidad necesaria, por el gusto de hacer lo que le apetece, por probarse,  por disfrutar con todo ello.

El asunto de la música popular está lleno de nombres fugaces, de espumosos éxitos que suben y bajan con igual rapidez, así como de chascos contundentes. Permanecer por años resulta un acontecimiento. Sostenerse  haciendo bien las cosas es causa célebre. A Winwood siempre hay que reconocerle que ha mantenido el tipo y cualquiera de sus momentos es justo para celebrar su buen andar y que posea aún buena salud.

La estampa de este inmenso músico, desde su imagen de cuando empezaba a la actualidad, no denota grandemente el salto de los años. De entonces a la fecha ha conservado el buen físico y la sonrisa que manifiesta el gusto de hacer lo que hace: música.

Lo que hizo con el grupo de Spencer Davis (sus famosos temas: Gimmie Some Lovin’ y I’m the Man) conserva hoy por hoy la misma energía con la que fue creado y ejecutado entonces aquel material. La memoria guarda intacta la imagen de cuando empezó con Traffic en 1967. Y conviene hacerlo porque —en una época donde la dotación regular de los grupos era la del cuarteto con dos guitarras, el bajo y la batería— Winwood cubría varios espacios en tal formación como multiinstrumentista. Aparecía lo mismo  tocando la flauta, que el sitar, el órgano o la batería.

VIDEO SUGERIDO: Spencer Davis Group – Gimme Some Lovin’, YouTube (Alcast3)

Sus piezas mezclaban con toda naturalidad las influencias más disímbolas, en un espectro que iba del jazz a la música oriental, por sintetizar tal circunstancia. En cuanto a su acercamiento al género jazzístico, por ejemplo, era un verdadero placer escucharlos en el tema  “Giving To You” en el cual  se lanzaban improvisando como buenos y aventajados discípulos del Jimmy Smith, gran intérprete del Hammond, o de las aventuras místicas de John Coltrane.

Asimismo, hay que mencionar que Winwood) se ha permitido desde siempre acceder a los mejores aromas de la música. Desde muy joven se ha curtido y colaborado con los mejores intérpretes (de Eric Clapton, con quien formó Blind Faith, hasta Jimi Hendrix, B. B. King o Lou Reed, algunos del largo listado curricular). Y todo lo ha hecho sin la urgencia por nada. De tal suerte ha llegado por igual a las grandes masas que a tribus de culto y para hacerlo sólo le ha hecho falta hacer lo de siempre: buena música y bien hecha.

¿Cómo lo ha logrado? Como de costumbre, con todo lo mencionado, además de que la abrumadora mayoría de los textos de sus canciones vienen firmados junto a viejos compañeros de andanzas (Will Jennings, Jim Capaldi, Narada Michael Walden, José Neto, etcétera) aunque haya agregado en alguna ocasión cierto exotismo a la hora de plasmarlas, como el extremo de ir a Nashville para grabar la pieza “Refugees of the Heart”, por mencionar alguna.

Este artista de manera regular le ha inyectado nueva adrenalina a las asoladoras steel guitars, a los efectos musicales desbordantes de espuma, a los solos de sax que recuerdan el estilo de Junior Walker de la época de oro de la Motown o al aire jazzístico que se cuela por las ventanas abiertas de sus obras espaciadas. Es decir, aquello que arropa su voz y sus teclados, pero siempre al estilo Winwood.

VIDEO SUGERIDO: Steve Winwood – Back In The High Life Again (Live on SoundStage – OFFICIAL), YouTube (SoundStage)

STEVE WINWOOD (FOTO 3)

 

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A-HA

Por SERGIO MONSALVO C.

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 DULCE PARA ADOLESCENTES

A-Ha fue un grupo de soft rock de origen noruego y uno de los más exitosos a fines de la década de los ochenta, aunque de breve existencia. La popularidad de este conjunto, lo mismo que la de sus predecesores escandinavos de nombre Abba, reflejó en forma simultánea el carácter internacional de la música pop y la importancia central que le dieron al idioma inglés, en el cual compusieron y cantaron.

Bajo la influencia de los Beatles y los Doors, el tecladista Magne Foruholmen y el guitarrista Pal Waaktar, respectivamente, participaron en las agrupaciones Spider Empire y Bridges en la capital, Oslo, a mediados de los años setenta. Con este último grabaron un disco producido por ellos mismos llamado Nye Takter.

Llevándolo bajo el brazo viajaron a Londres para buscar un contrato con alguna compañía discográfica. No obtuvieron los resultados que esperaban y regresaron a casa a desbandarse.

Ambos músicos entonces decidieron reclutar al cantante Morten Harket –quien provenía de un grupo que interpretaba soul, de nombre Souldier Blue– para formar un trío. Una vez acoplados, lo volvieron a intentar en Inglaterra.

Luego de un tiempo de tocar puertas con sus demos caseros, la compañía Warner Bros. firmó con ellos un contrato preliminar; les asignó al director musical Dag Kolsrud y los puso a grabar un disco sencillo.

A-HA FOTO 2

Así, en 1985 salió a la luz la pieza “Take on Me”, con la cual pronto se dieron a conocer en Europa y llegaron al primer lugar en las listas de los Estados Unidos, apoyados por un videoclip dirigido por Steve Barron, el cual incluyó efectos de animación que sorprendieron a los especialistas y al público en general.

La posición del grupo como ídolos para adolescentes se reforzó posteriormente con las canciones “The Sun Always Shines on TV”, “Train of Thought” y “Hunting High and Low”, pieza esta última que le dio título a su primer L.P. en 1986.

Ya convertidos en “estrellas mundiales”, A-Ha, el bonito trío noruego, se lanzó a una gira europea con el handicap en contra de no haberse presentado jamás ante un público en vivo. Con la colaboración de tres músicos sesionistas (bajo, batería y teclados) el grupo mostró un repertorio que no brindaba muchas variantes y sí un sonido insípido que denotaba su elaboración en el estudio.

La crítica los hizo polvo por todo ello, pero las adolescentes se desmayaron, cantaron y gritaron que dio gusto. El disco se vendió en grandes cantidades.

De regreso en Inglaterra, el productor de Cliff Richard los tomó a su cargo y supervisó el proceso de su segundo álbum, Scoundrel Days, que apareció a fines de 1986. De ahí extrajeron la canción “Manhattan Skyline”, que se convirtió en hit en 1987.

El mismo año el letrista del grupo, Waaktar, colaboró con John Barry en el tema para la película The Living Daylights de James Bond.

A principios de 1988 comenzaron los problemas. La imagen que habían creado empezó a quedarles grande como músicos. La tensión creció entre ellos, lo mismo que con su equipo de producción. No obstante, apareció el disco Stay on These Roads.

Tras lo cual Dag Kolsrud dejó de asesorarlos para irse a formar al grupo One 2 Many. El disco subrayó claramente la problemática y que A-Ha no logró ganar la lucha contra el estancamiento musical. La voz de Harket evidenció su falta de flexibilidad y fuerza al salirse de los patrones sentimentales establecidos.

Las programaciones y los bancos de sonido mantuvieron el mismo tono; sin embargo, las canciones se atoraron en el intento interpretativo. La pieza que da título al último disco fue otro éxito de ventas, pero el grupo ya corría en un solo lugar como perro tras su cola y terminó por tronar.

VIDEO SUGERIDO: a-ha – Take On Me (Official Music Video), YouTube (RHINO)

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ASIA

Por SERGIO MONSALVO C.

ASIA (FOTO 1)

  LA PERFECCION SIN ALMA

Steve Howe (guitarra y voz), Carl Palmer (batería), John Wetton (voz y bajo) y Geoff Downes (teclados): cuatro músicos experimentados, cuyas participaciones grupales sonaban como un recuento de la historia del rock en Inglaterra, dieron inicio en 1981 a los ensayos para un proyecto conjunto.

David Geffen, dueño de la compañía disquera del mismo nombre, tenía el plan de conducir a nuevos récords de ventas a algunos grandes y reconocidos rocanroleros, con base en el viejo concepto del “supergrupo”.  El plan dio buen resultado, al menos en el aspecto comercial.

Los discos del proyecto llamado Asia han logrado desde entonces ventas platino y tenido éxitos considerables con sencillos como “Heat of the Moment”, “Only Time Will Tell” y “Don’t Cry”.

En el sentido artístico, sin embargo, el cuarteto –con varias modificaciones postreras en su formación, traumáticas en diversos momentos y hasta con el fallecimiento de Wetton como fatalidad– proporcionó (proporciona) pocas innovaciones.

Coquetea (desde su integración en 1981 hasta 1986, en su primer periodo, y luego de 1989 hasta la fecha) diestramente con la perfección técnica y la calidad profesional que no deja nada al azar.

Planeado, armado y calculado de cabo a rabo, Asia navegó (navega) dentro de un hard rock sinfónico y pop tal como en los Estados Unidos lo hacían viento en popa grupos como Journey y Toto.  En Europa este banquete de sonido suscitó reacciones muy diversas, que fueron de la celebración al absoluto desprecio.

Steve Howe había sido durante once años guitarrista con Yes; Carl Palmer era considerado la estrella del monstruo denominado Emerson, Lake and Palmer; Geoff Downes estuvo también una corta temporada con Yes, aunque alcanzó la fama mundial mediante su participación en el dúo Buggles; y John Wetton había tocado como invitado en grupos como King Crimson, Uriah Heep, Roxy Music y U.K.

Al mismo tiempo, Asia halló en Mike Stone (Foreigner, Queen) al productor indicado para su rock bombástico y convencional. Las opulentas canciones y dramáticos arreglos desde el primer L.P. se ubicaron entre el pathos, la egolatría y el virtuosismo, viéndose estas características asimismo como herederas de la sinfonía y el desenfreno wagneriano. El de Asia ha sido desde entonces un rock clasicista elevado a un nivel de profesionalización total.

Internacionalmente fueron celebrados de manera eufórica durante su gira de 1982, lo cual llevó al grupo a establecerse en los Estados Unidos. Confiables, virtuosos aceptables tanto como faltos de inspiración, los integrantes del grupo  efectuaron (efectúan) presentaciones y música planeadas hasta el último detalle, las cuales comunican una imagen fríamente profesional en todos sentidos, pero a la vez autocomplaciente y lejana.

ASIA (FOTO 2)

El de “supergrupo es un vocablo que originalmente se usaba para describir a bandas integradas por músicos que en el medio ya gozaban de nombre, de buena reputación y de respeto entre sus colegas, prensa y público, en agrupaciones anteriores o a nivel individual (actualmente se incluye también a miembros en activo en su grupo base que están en un periodo de descanso, entre proyectos o en la indefinición).

La etiqueta, correctamente empleada, debe referirse a la estructura y construcción misma de la banda, a los elementos convocados para conformarla, y no al éxito que haya obtenido durante su existencia o a posteriori.

Los supergrupos (en su definición estricta) tienden a ser de breve duración, la fugacidad es su estigma, la cual recurrentemente no cruza la frontera del par de álbumes publicados (cuando mucho).

Además, suelen reunirse como un propósito paralelo, provisional, más que con la idea de mantenerse juntos en el tiempo como banda (a menos que funcione y se dediquen a ella como algo oficial y permanente, situación muy rara en la escena musical).

Cuando músicos de calidad como los convocados se reunían en un estudio, sólo podía salir algo grande y eso es justo lo que sucedió en esos 50 minutos de recital artístico, llamado Super Session (con Al Kooper, Stephen Stills, Mike Bloomfield), que se volvió un disco histórico, clásico, de status legendario inmediato y del que emanó el concepto de “supergrupo” que sería usado de ahí en adelante.

No obstante el ejemplo de Asia fue distinto. Nació como algo torcido, su objetivo era espurio,  no artístico. Por lo mismo sus obras no son históricas, ni clásicas, ni tiene status de leyenda.

Todo se ha medido por el oro de sus ventas. Y aunque haya sido (sea) un supergrupo, la acepción que los distingue en tal categoría no es la estética sino la comercial y de diseño industrial.

Inundado por un enorme espectáculo de luces, Asia sufrió (sufre) de oficio brillante y se olvidó (olvida) de explorar ideas progresivas e interpretaciones espontáneas.

A punto de cumplir los 40 años de existencia (con alguna interrupción), este proyecto musical mantuvo (mantiene) sus actitudes y valor comercial. Pocas o nulas han sido sus aportaciones artísticas y para corroborarlo están sus obras desde Asia (1982), pasando por Alpha (1983), Then and Now (1990) y una decena más, hasta Gravitas, el más reciente (2014).

VIDEO SUGERIDO: Asia 1982 Only Time Will Tell, YouTube (KOUJI3281)

ASIA (FOTO 3)

 

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