TONY JOE WHITE

Por SERGIO MONSALVO C.

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HACEDOR DE CANCIONES

Hay una forma de escuchar las canciones de rock que no consiste en admirar la técnica de los compositores, sino en pensar en aquello que los hizo trascendentes: descubrir qué características los conformaron para formar parte de esa élite única de los buenos escritores de piezas, que se convierten en parte de nuestra actualidad, de la historia del género, de la personal y de  la colectiva, finalmente.

En ese selecto cancionero hay temas sobre todas las emociones, y las letras de algunas nos gustan por su secreto atisbo de profecía, otras porque copian e iluminan las vivencias, personales o ajenas.

Unas llegan a nuestras vidas para que descubramos, experimentemos y comprendamos lo que allí se nos cuenta y las otras parecen inspiradas en nuestro propio acontecer desmenuzado –un conocimiento misterioso llegado por vericuetos mágicos, seguramente–. Al final, ambas formas parecen creadas y cantadas para cada uno de nosotros.

Mucha veces los musicólogos o historiadores del 4×4 las consideran parte del acervo (porque sus letras son de alta calidad literaria, o por sus aportaciones musicales) pero, otras tantas, ignoradas por lo mismo. De cualquier forma están ahí, y llegan para quedarse por motivos descubiertos o ignotos y pasan a formar parte esencial del soundtrack de nuestras vidas.

Ello se lo debemos a los trovadores contemporáneos. Sin embargo, a algunos ni siquiera los conocimos directamente sino a través de sus intérpretes. Una injusticia que ya no se repara sino hasta leer un obituario informado y sentido e ir a comprar alguno de sus discos para perpetuarlo. Uno de estos compositores que mejor mostró ese acercamiento a dicha realidad fue Tony Joe White.

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Tony Joe nació el 23 de julio de 1943 como parte de una prole numerosa. Fue el benjamín de la familia. Su entorno fueron los campos de algodón de Oak Grove, en Luisiana (a los que les llegó a dedicar uno de sus temas). Una región regada por las aguas del río Mississippi. Así es que prácticamente en la puerta de su casa se empapó del country, del blues y del góspel que se cantaba en su familia.

Lo uno llevó a lo otro y al crecer y tocar en diferentes bandas para animar fiestas, resolvió que tenía que avanzar y se puso a escribir canciones donde hablaba sobre los personajes que conocía y situaciones que se daban en el profundo Sur, donde vivía. Un equivalente musical del gótico sureño literario (Erskine Caldwell, Carson McCullers, Flannery O’Connor y, por supuesto, William Faulkner, entre ellos).

En el río Mississippi, pues, radica el flujo canónico de su espíritu. De sus vertientes y trayectoria han surgido canciones, relatos e imaginería a los que White les dio carta cabal. Él fue producto de la mezcla musical creada en tal región, humedecida y nutrida de vida por los aires lodosos que la caracterizan. Es la llamada swamp music en sus diversas vertientes (del blues al funk, para desembocar finalmente en el swamp rock, un subgénero de prosapia procedente de aquella zona).

Una de las metas fundamentales de las canciones de White era decir algo acerca de la naturaleza humana en general, tales obras revelaron desde sus comienzos, allá en los años sesenta, una cosmogonía tan cerrada como vasta, en donde las dimensiones históricas, metafísicas y existenciales del hombre se apoderan del oído y de la reflexión.

VIDEO SUGERIDO: Tony Joe White – “Even Trolls Love Rock N Roll” (Live from Austin, TX), YouTube (Live From Austin TX)

Al rock primigenio lo mezclaba con el country, el folk, el boogie o el soul y como compositor, cantante y guitarrista le dio a la influencia de esta música y su entorno una dimensión mayor, como la del río de la cual emanaba. De ahí provino el canon virtuoso de su esencia. De sus cuencas y trayectorias surgieron cantos, formas y leyendas, referencias y crónicas, todo un mundo tan real y rústico como para atraer la atención de otros músicos y escuchas.

Así comenzó el desfile de nombres, tendencias, y grandes discos en los que aportó canciones e influencia de manera imparable por las siguientes décadas, desde Elvis Presley a Tina Turner, pasando por Wilson Pickett, Ray Charles, Brook Benton, Dusty Springfield, Willie Nelson o Waylon Jennings, entre muchos otros.

Trasladado a Nashville para hacer carrera, grabó algunas cosas en 1967 con el sello Monument con el productor Billy Swann pero sin buenos resultados. Esos discos pasaron inadvertidos aunque tuvieran en su interior canciones como “Soul Francisco” y “Groupy girl”, de posterior relevancia y donde su profunda voz ordenaba la atmósfera precisa.  

El reconocimiento le llegaría un par de años después, en 1969, con la pieza “Polk Salad Annie” que lo erigió como uno de los pioneros del swamp rock, aunque sus piezas, a partir de entonces, tuvieron mayor difusión en las versiones de grandes nombres, como el de Elvis Presley que integró aquel tema en su repertorio de actuaciones en vivo (igualmente le grabó la balada “I’ve a Thing about You”).

Sin embargo, el mayor éxito comercial de su carrera vino con la versión de “Rainy Night in Georgia” que hizo de tal canción Brook Benton, cantante de soul y rhythm & blues, en 1970. Interpretación tras la cual esa canción se volvió un clásico. Dusty Springfield, a su vez, llevó a su propio campo la pieza “Willie and Laura Mae Jones”.

Tony Joe White, pues, fue un escritor de canciones de estirpe rockera, que en plena efervescencia de las vanguardias lanzó un modo de contar con estilo sureño, que consiguió el éxito con sus piezas adaptadas con fortuna por otros.

Al abandonar el sello Monument, White firmó con Warner, una de las grandes. Ahí realizó media decena de buenos discos, acompañado por excelentes músicos tanto de Memphis como de Muscle Shoals, bajo las órdenes de los productores Peter Asher, Jerry Wexler y Tom Dowd, muy interesados en la difusión del swamp rock (que ya contaba como estandarte  al grupo Creedence Clearwater Revival). Tony Joe obtuvo muy buenas reseñas pero lamentablemente apenas vendió discos. Y el contrato expiró.

Los Estados Unidos, para variar, ignoraban a uno sus más talentosos y originales compositores. Ante la falta de oportunidades, Tony Joe emprendió una gira sin fecha de retorno hacia Europa, donde su voz grave, su estilo rústico, maneras y repertorio fueron muy bien recibidos y de Francia a Suecia fueron certificados como auténticos (incluso Johnny Hallyday grabó con él algunos tracks en París).

De regreso en la Unión Americana obtuvo alguna participación cinematográfica en musicals y fue designado para emprender una aventura que resultaba muy difícil, el comeback de Tina Turner, para la cual escribió temas como “Foreign Affair”, “Steamy Windows” o “Undercover Agent For The Blues”. El espaldarazo fue definitivo para la reinstalación de la fabulosa cantante en los ochenta.

Su paso por Europa le abrió ese mercado, un contrato con Polydor en los noventa, y su integración a las giras de músicos como Eric Clapton o Mark Knopfler. En el siglo XXI lo que imperó en él fueron las grabaciones en vivo como solista o haciendo duetos con cantantes como  Lucinda Williams, Shelby Lynne o Emmilou Harris.

Sus discos más próximos, Rain Crow y Bad Mouthin fueron la demostración de que White seguía componiendo buenas canciones. Iba a emprender la enésima gira a sus 75 años cuando la muerte lo sorprendió en su casa de Tennessee el 24 de octubre del 2018. Ahora no queda más que tocar y tocar sus canciones para recordarlo y que no se vaya del todo.

VIDEO SUGERIDO: Tony Joe White: Rainy Night in Georgia, YouTube (paganmaestro)

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BRYAN ADAMS

Por SERGIO MONSALVO C.

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UN JOVEN ETERNO

No es tarea fácil crear un rock memorable y desbordante de adrenalina, pero si se es uno de los pocos con la habilidad innata, no es fácil perderla. Así lo probó Bryan Adams en 18 ‘Til I Die, su primer álbum completamente nuevo tras cinco años de sequía. La producción contenía varios éxitos potenciales, como desde siempre habían caracterizado el trabajo de Adams, convirtiéndolo en uno de los artistas más importantes y de mayores ventas de las últimas décadas.

“La construcción del álbum es mucho más sencilla, porque buscaba algo más crudo y básico –afirmó Adams–. Siempre me he considerado un cantante blanco de soul de segunda generación, influido por Mick Jagger y Steve Marriott, y creo que el álbum capta mucho de eso. Mis influencias musicales más importantes son gente como Joe Cocker, Ray Charles, Sam Cooke y Paul Rogers, entre otros”.

Adams ha producido varias baladas premiadas con ventas multiplatino, como “Have You Ever Really Loved a Woman?” (incluída en 18 ‘Til I Die) y “(Everything I Do) I Do It for You”, las cuales lo impulsaron a nuevas alturas de estrellato internacional en los años noventa. Sin embargo, la energía directa de su octava obra, cumplió con dicha autodefinición.

Desde la jactancia bonachona de “The Only Thing That Looks Good on Me Is You” (acompañada por un video dirigido por Matthew Rolston, con una visión animada, colorida e irónica de la industria de la moda) hasta la energía rudamente desafiante que imbuye la apunkada “We’re Gonna Win” (canción oficial de la final de la liga de hockey, NHL, durante aquel año), resultó obvio que Adams tomó en serio el título del álbum.

“No se trata tanto de una edad literal como de una actitud –explicó el cantante–. Se trató de mucho más que del mero contexto rocanrolero. La imagen despierta la convicción de que, sin importar lo que suceda en el trabajo o en lo que sea, uno no se dejará abatir. No quisiera volver a tener dieciocho años. Necesito avanzar, no retroceder. No me arrepiento por nada.

“Me siento más inspirado y emocionado por el futuro que nunca. A los dieciocho años creía saberlo todo. Ahora me doy cuenta de lo poco que sabía. Conozco a gente de mi edad que parecen tener cincuenta años; y otros tal vez se vean viejos, pero su actitud es joven. Todo radica en lo que uno siente en su interior. Por cierto, se dio la coincidencia de que tenía dieciocho años al firmar mi contrato con A&M y que llevo el mismo número de años con ellos”.

(Bryan Adams nació el 5 de noviembre de 1959 en Kingston, Canadá, de padres ingleses. Pasó su infancia en Europa y el Medio Oriente. Recibió su primera guitarra de regalo a los diez años y compró la primera eléctrica a los doce. A los catorce se mudó a Vancouver y empezó a participar en audiciones como guitarrista. A los quince abandonó la escuela, se unió a un grupo como cantante y salió de gira por Canadá. En 1977 conoció al baterista Jim Vallance y empezaron a colaborar en la composición de canciones, material que muy pronto fue interpretado por muchos artistas. Los demos enviados a A&M en Canadá resultaron en un contrato de grabación a los 18 años)

Esa visión positiva impregnó 18 ‘Til I Die, desde la sexualidad juguetona de “Do to You”, impulsada por la armónica, y la irónica “(I Wanna Be) Your Underwear”, hasta el romanticismo franco que llena interludios conmovedores como “Let’s Make a Night to Remember”. Como siempre, la emotiva voz de Adams constituyó el eje de la obra. Acabó de terminar los ensayos en Inglaterra para la siguiente gira mundial que comenzaría el 10 de junio en Estonia, continuaría en Europa durante el verano y se prolongaría por cerca de dos años.

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“Siempre he querido mostrar los dos lados de la misma moneda –indicó Bryan–. Todos estamos constituidos por cualidades diversas y, al hacer canciones que abarcan todos los aspectos de mi personalidad, en cierta forma, puedo trasmitir una idea bastante buena de cómo soy”.

Apenas había superado la adolescencia cuando Adams firmó su primer contrato con A&M Records en 1979. Dedicó la primera mitad de los ochenta a una serie ininterrumpida de giras, las cuales con frecuencia lo ocupaban por más de 250 días corridos. Pese a su negativa crónica a abrazar los accesorios de la estrella de rock, sus emocionantes conciertos no tardaron en hacerse legendarios.

Cuts Like a Knife (1983), que sólo tardó ocho meses en alcanzar ventas platino, le dio su primer éxito en el Top 10, el himno “Straight from the Hear”. También la canción homónima del título y la contagiosa “This Time” escalaron los niveles más altos de las listas. Reckless fue su primer álbum número uno y le valió ser nominado para un premio Grammy, reconocimiento merecido para una obra que llevó varios tracks al Top 10, incluyendo el sencillo número uno “Heaven”, así como “Run to You” y “Summer of ’69”.

Adams terminó la década de los ochenta con otro álbum multiplatino para su currículum, Into the Fire (1987). En Canadá, su país de origen, fue nombrado Artista de Grabación de la Década por una serie de éxitos sin precedentes, incluyendo una docena de premios Juno y el Diamond Sales Award por Reckless, que se convirtió en el álbum canadiense de mayores ventas de todos los tiempos.

Asimismo aceptó el Orden de Canadá por su trabajo a favor de causas sociales (aportó “Tears Are Not Enough” al esfuerzo de Live Aid, en representación de su país) y ecológicas, ya que su colaboración constante con Greenpeace influyó en importante medida en el establecimiento de un santuario para ballenas en la Antártida.

En febrero de 1987 ganó el Premio Humanitario Bob Geldof por su colaboración con Northern Lights, Amnestía Internacional y otras organizaciones de caridad. A lo largo de los años no ha dejado de efectuar conciertos para reunir fondos para las causas más diversas, desde las ballenas hasta las víctimas de los terremotos en Armenia, hospitales y fondos de lucha contra el cáncer, la leucemia y otras enfermedades.

Cuando Adams puso fin a otra pausa, ahora de tres años, el resultado fue espectacular. Su primer trabajo para un soundtrack de cine fue la exquisita balada “(Everything I Do) I Do It for You” del film Robin Hood permaneció en el número uno del Billboard por siete semanas y fue nominada para un Grammy y un Oscar.

Con el apoyo del productor Robert John “Mutt” Lange (coautor de dicha canción), grabó a la postre Waking up the Neighbours, que vendió diez millones de ejemplares, y realizó una extensa gira mundial.

Adams volvió al número uno en 1993, con “All for Love” (interpretada junto con Sting y Rod Stewart) del soundtrack de los Tres Mosqueteros. El mismo año sacó una compilación de éxito, So Far So Good, que incluyó el hit “Please Forgive Me” y vendió más de 13 millones de copias en todo el mundo.

Siguió una gira mundial de 18 meses, con un concierto en Vietnam en enero de 1994; Adams fue el primer artista occidental en presentarse ahí desde la guerra. Al hacer escala en Modena, Italia, se presentó con el gran cantante de ópera Luciano Pavarotti, interpretando una canción en italiano que fue incluida en Pavarotti and Friends II.

“Have You Ever Really Loved a Woman?” del soundtrack de Don Juan DeMarco (1995), le valió otro número uno a Adams así como otra nominación a los Óscares. Cerró ese año con 45 millones de discos vendidos en todo el mundo.

Luego, después de más de un año de grabaciones intensas, si bien espaciadas, Bryan Adams volvió con 18 ‘Til I Die. Las grabaciones comenzaron en Jamaica, cuando Mutt, el productor, lo invitó a la isla para grabar unos demos. Permanecieron en el Caribe durante ocho meses, hasta mayo de 1995, y luego continuaron las grabaciones en el sur de Francia por cuatro meses.

Adams lo ha descrito como su álbum favorito, aunque sólo sea por el placer que le dio su creación. “Definitivamente me divertí más con ese disco que con cualquiera de los ochenta –ha comentado–. Se hizo muy fácilmente, con muy poco estrés. Eso me dio mucho gusto. Hago música para levantar mi ánimo y satisfacer mis inquietudes creativas. La música me ha dado libertad. La expresión es libertad. Es maravilloso que uno se divierta con su trabajo. Creo que el sentido del humor se notó en el disco”.

“He tenido el mismo grupo desde los veintiún años. Es muy reconfortante y me da mucha seguridad.” ¿Y el futuro? Como insinuaba el título, Bryan Adams no tenía pensado quedarse detenido en un solo lugar. “Sigo moviéndome todo el tiempo. Me interesa ver todo lo que pueda del mundo –afirmó–. Tengo mucha curiosidad, un espíritu aventurero, y quiero hacer todo lo que pueda”. Y lo ha hecho. Desde entonces ha grabado siete discos más (de On a Day Like Today hasta el más reciente Shine a Light, del 2019). Sin embargo, su nombre poco le dice a las nuevas generaciones.

VIDEO SUGERIDO: Bryan Adams – 18 ‘till I Die (Live At Wembley 1996), YouTube (Bryan Adams)

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LOS OLVIDADOS: MIKE BLOOMFIELD

Por SERGIO MONSALVO C.

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PRECURSOR DE TODO

Entre el grupo de jóvenes blancos de Chicago que descubrieron un mundo de música en su propio patio estaba Mike Bloomfield (nacido en 1945). Un muchacho zurdo que aprendió rápidamente a tocar la guitarra. Se integró a la corriente rocanrolera de su generación a los 15 años, tocando en grupos para amenizar bailes.

Entonces, con la curiosidad de un tipo que quiere conocer su oficio desde las bases, se dio a la tarea de buscar en los barrios bajos de Chicago a los auténticos intérpretes del blues urbano. Vagó por los bares y los sitios donde se reunían los fanáticos del blues y frecuentó con asiduidad el ambiente de los bluesmen negros.

A partir de ahí, Bloomfield tocó con éstos en lugares para aficionados a la música folk, interpretando desde canciones de Woody Guthrie hasta country blues.

A los 18 años formó The Group, una banda que acompañó a Big Joe Williams por un año aproximadamente. Fue acompañante también de Muddy Waters, Howling Wolf, Buddy Guy, Otis Rush, Big Walter, Junior Wells y varios músicos más.

“Había que pegarse a los bluesmen —diría a la postre Bloomfield—, tocar con ellos más y más. Trascender la calidad de blanco, si se quería absorber la música. Toqué en algunos sitios de Chicago donde no se había visto a un blanco desde hacía años.”

Por 1964, Paul Butterfield, otro músico blanco de gran arraigo en Chicago, iba a grabar un disco y necesitaba que alguien tocara la guitarra slide. Bloomfield hizo la prueba y grabó con él.

Tras el buen acoplamiento, Paul le pidió que se integrara a la recién formada Butterfield Blues Band. La presencia de un guitarrista como Bloomfield tuvo mucho que ver con la modernidad de la misma.

Sin embargo, tenía una oferta de Bob Dylan para acompañarlo en la también grabación de su álbum Highway 61 Revisited, que se realizaría a principios de 1965.

El rock había llegado a un punto en que ya se debían plantear preguntas vitales, de importancia fundamental. Aquella generación empezó a hacerle exigencias mayores al género, relacionadas con su propio crecimiento como seres humanos. Los textos de Dylan en tal disco tomaron al cielo por asalto.

Le dio a la canción, como tal (con “Like a Rolling Stone” encabezando el disco), dimensiones universales y también a la poesía emanada de ella, la parte que le correspondía de una larga tradición artística. Retrató la condición humana con el instrumento de la palabra, con su mejor uso y estilo.

Una obra maestra necesita el paso del tiempo para consolidar su peso, adquirir su suprema estatura y Dylan, con su aura de clásico contemporáneo, su voz raída y sus texturas añejas en blues y folk, se planteó como una novedad tan enigmática, tan individual y tan bien construida, que marcó para siempre la diferencia.

Con este álbum tuvo Dylan la certeza de que tenía que grabarlo, y que necesitaba algo fuerte, poderoso: la electricidad del rock fue la respuesta. Y llamó a los amigos que tenía en dicha escena: Mike Bloomfield (en la guitarra principal), Al Kooper y Paul Griffin (órgano y piano), Bob Gregg (batería), Harvey Goldstein (bajo) y Charlie McCoy (guitarra de acompañamiento). El propio Bob tocó la guitarra, el piano y la armónica.

Dicho grupo creó una enorme pulsión de energía. Todo empezaba con un golpe rápido del tambor, entraban entonces el órgano, el piano y la guitarra impactando con su riff al oyente, para dar finalmente paso a las palabras: “¡Había una vez…!”. Todo se contagió a partir de ahí.

Dylan hizo público su manifiesto y Bloomfield estuvo junto a él en la vorágine que se generó. Y tras ella Bob también le pidió integrarse a su grupo de acompañantes, pero Mike lo pensó y decidió aceptar el trabajo con Paul Butterfield.

Al amparo de largas improvisaciones, como en la del disco East-West de 1966, Bloomfield llegó a aportar al grupo un clima muy propio del blues y su eterna preocupación personal por la búsqueda de nuevos sonidos y la utilización de fraseos guitarrísticos novedosos.

De este modo, su manera de tocar la guitarra anunció muchos desarrollos posteriores del blues-rock, como el de la fusión. Un progresismo firmemente cimentado en las vertientes musicales negras.

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En la búsqueda de los caminos que su inquietud le marcaba, el ya considerado un genial guitarrista, en 1967 fundó al grupo Electric Flag, que contó entre sus miembros a Harvey Brooks, Nick El Griego, Buddy Miles y Barry Goldberg, entre otros.

La tendencia de la banda se inclinó un poco hacia el jazz e inició con ello la corriente de fusión (el jazz-rock experimental) que posteriormente se reafirmaría con otros grupos.

La llamada fusión era en aquella época una combinación de jazz con el rock y/o el funk/soul, aunque a veces también con músicas extraradio (hasta los años ochenta se le denominó jazz-rock).

Para la mejor comprensión de ello, hay que remontarse a este año precisamente, cuando aparecieron los pioneros de esta música. Algunos jazzistas se sentían atraídos artísticamente por el rock, así que de manera cuidadosa empezaron a experimentar con él.

El disco Bitches Brew de Miles Davis y la fundación del grupo Lifetime por Tony Williams por lo general se consideran como el principio oficial de la fusión del lado jazzístico.

Por el lado del rock apareció Electric Flag con Bloomfield al frente. Los músicos involucrados en estos proyectos pueden anotarse como la primera camada del género. Todos se convirtieron en líderes de banda tras su paso por el grupo.

El disco A Long Time Comin’, es de una frescura envolvente. Una ventana abierta a un amplio horizonte que trae nuevos vientos. A pesar de haber sido un grupo fugaz, dejó algunas piezas que serían piedra de toque para futuras formaciones bajo dicho signo: “Groovin’ is Easy” (de Gravenites), “Texas” (de Bloomfield y Miles), “Sittin’ in Circles” (de Barry Goldberg) o “Killin’ Floor” (una versión de Howlin’ Wolf).

La fusión combinó, desde entonces, sobre todo la libertad y la complejidad del jazz con el carácter más directo y agresivo del rock (con sus vertientes blueseras, del soul y del funk).

La música tuvo éxito entre el público de ambos campos. Bloomfield abandonó la banda ese mismo año (1968) en busca de nuevas aventuras musicales.

Al año siguiente se integró a la Fathers and Sons para la grabación de un álbum doble con Muddy Waters, Otis Spann, Sam Lay, Donald “Duck” Dunn y Paul Butterfield.

Luego tomó un breve descanso para volver con Triumvirat, trío formado con John Hammond y Dr. John en 1974. Un año después se unió a la KGB con Carmine Appice, Rick Grech, Barry Goldberg y Ray Kennedy.

Posteriormente se convirtió en solista grabando el tradicional blues estadounidense. Murió el 13 de febrero de 1981 a la edad de 36 años.

VIDEO SUGERIDO: The Electric Flag – Killing Floor, YouTube (NoRosesForMe)

Mike Bloomfield with Electric Flag

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ERIC BURDON

Por SERGIO MONSALVO C.

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 SOLÍA SER UN ANIMAL

Eric Burdon nació el 11 de mayo de 1941 en Walker-On-Tyne, un suburbio de Newcastle, en Inglaterra, siendo hijo de una familia de obreros y creció, como tal, en el ríspido y violento ambiente del puerto industrial de esa zona.

Su afición como niño y adolescente proletario, la única que se podía permitir, era escuchar los discos de rhythm and blues negro que podía conseguir en dicho puerto, mediante trueques y a través de los marineros que los comerciaban.

(Obligado contexto. Antes de finalizar el primer lustro de la década de los años sesenta, la Gran Bretaña experimentó la propagación del rhythm and blues y del blues. Los más importantes grupos que se crearon entonces, se valieron para ello de bluseros originales como John Lee Hooker, Jimmy Reed, Sonny Boy Williamson o Muddy Waters, que habían hecho giras por aquel país, pero también de artistas escuchados en las jukeboxes, asimilados al terreno del rhythm and blues propiamente dicho, como Ray Charles por ejemplo. Gracias a esta actitud, los jóvenes músicos ingleses comprometidos con el blues retuvieron la atención de un vasto público que abarcaba ampliamente también a las minorías de entendidos.)

Después de asistir brevemente a una escuela de arte en Londres, Eric se mantuvo con trabajos ocasionales. En 1961, el padre británico del blues, Alexis Korner, lo llamó para integrarse a su banda, tras escucharlo cantar ocasionalmente. A Burdon, la música de Ray Charles, Chuck Berry y Bo Diddley lo enloquecía.

En una de las salas donde se presentaba Korner, Burdon conoció a Alan Price, a cuyo grupo Combo se uniría un año más tarde en Newcastle. Tras una presentación en el Down Beat Club de dicha ciudad, Eric Burdon se integró como cantante. Esto sucedió durante 1962.

Todos los del grupo (Hilton Valentine en la guitarra; Chas Chandler en el bajo; Alan Price en los teclados; John Steel en la batería y Burdon en la voz) se habían criado en aquel ambiente minero, con la cerveza oscura espesa y con las difíciles condiciones de vida de su lugar de procedencia.

Una noche de diciembre de 1963, Giorgio Gomelsky, un productor, los descubrió en el club a Go-Go mientras servían de teloneros para Sonny Boy Williamson, que se encontraba de gira por Inglaterra. Se los llevó consigo a Londres. Donde estaban sucediendo las cosas.

Entraron a tocar en el círculo de clubes londinense y grabaron el sencillo “Baby, Let Me Take You Home”, que al no suscitar reacción alguna en el mercado buscaron hacer cambios.

Graham Bond, el líder de otra banda popular en tal escena, les sugirió empezar por el nombre y los denominó The Animals debido a la fuerza con la que interpretaban el género.

En esa época Burdon pasó a encabezar al grupo, y una de sus primeras decisiones fue cambió del sello EMI, en el que estaban, a la compañía discográfica Decca.

Con ésta lograron colocar un éxito “Top Ten” en la Gran Bretaña y los Estados Unidos con su versión de “Don’t Bring Me Down” (1966), de los compositores del Brill Building Gerry Goffin y Carole King.

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Los éxitos de ventas y de lista (que encabezó la ya hoy clásica “The House of the Rising Sun”) se fueron acumulando en discos como The Animals (1964), Get Yourself a College Girl (1965), Animal Tracks (1965) y Animalisms (1966).

Tras ellos Price abandonó al grupo para iniciar una carrera como solista; lo reemplazó Dave Rowberry. A éste le siguió una infinidad de cambios de personal. Viajaron a los Estados Unidos para emprender una corta gira, que se convirtió en larga y luego en permanencia.

Atraído por la nueva música underground de California, Burdon deseó apartarse de las raíces del grupo en el rhythm and blues. A finales de 1966 reformó al conjunto con el nombre de Eric Burdon and The Animals.  Sólo Jenkins sobrevivió de la formación anterior.

Los nuevos integrantes eran John Weider (ex Family) en la guitarra y el violín; el guitarrista Vic Briggs de Steampacket de Brian Auger; y el bajista Danny McCullough.  Después de cambiarse a California, este grupo tuvo una serie de hits “top twenty” con MGM, los cuales reflejaron el entusiasmo de Burdon hacia el estilo de vida de los hippies.

Supervisados por el productor de Dylan Tom Wilson, figuraron entre ellos “When I Was Young”, “San Francisco Nights”, “Monterey” (todos de 1967) y “Sky Pilot” (1968). Esta formación de los Animals se desintegró en 1969.

De ahí en adelante Burdon ha seguido una carrera como solista, la cual empezó en forma prometedora en el soul como colaborador con el grupo de War. A un sencillo de éxito, “Spill the Wine” (1970), le siguieron dos álbumes, incluyendo el extrañamente titulado Black Man’s Burdon.

Luego grabó un L.P. con el veterano bluesman Jimmy Witherspoon (Guilty, 1971), firmó con el sello Capitol para sacar tres discos mediocres con la Eric Burdon Band, (1974-1975).

No tuvo éxito tampoco la reunión de los Animals originales, la cual resultó en un gran álbum, Before We Were So Rudely Interrumped (1977), que lamentablemente no tuvo repercusión (el punk ya estaba en pleno desarrollo).

Ese mismo año, Burdon se hizo producir un disco como solista por Chas Chandler (Survivor, Polydor, 1977).

En busca de nuevas inspiraciones Eric se fue  a radicar en Hamburgo.  En 1979 participó en la gira “Panik” de Udo Lindenberg, durante la cual cosechó muchos aplausos.

En 1980 la cineasta Christel Buschmann recurrió a su actuación para la cinta Gibby West Germany. A continuación fundó con rockeros alemanes, tales como Bertram Engel en la batería y Jean-Jacques Kravetz en los teclados, el grupo Eric Burdon’s Fire Dept. Tras dos años presentaron el L.P. The Last Drive.

Después de todas estas experiencias frustrantes, Burdon confirmó su reputación bluesera con el disco Comeback en 1982. Lo apoyaron músicos experimentados como Tony Braunagel (ex Clover) y el guitarrista John Sterling (Love), impulsándolo a alcanzar niveles inesperados a estas alturas.

Gracias a su “incomparable fraseo”, Burdon hizo de este L.P. una interpretación contemporánea del r&b. Se acordó de su estilo más duro y rockero del blues y recuperó su antigua condición. En 1983, Power Company confirmó la nueva fuerza del cantante, pero ésta no se vio reflejada en las ventas del disco. Careció de éxito también la segunda reintegración de los Animals, intentada en 1983-1984 (con el fallido disco Ark).

En 1986, Eric Burdon publicó la descarnada autobiografía I Used to Be an Animal but I’m Alright Now, donde figuran las luces y oscuridades que lo habían acompañado a lo largo de su carrera hasta entonces.

Aunque en las últimas décadas ya no se ha ubicado en el epicentro de los acontecimientos musicales (con ningún disco significativo, infinidad de reinterpretaciones en diversas antologías y con el más reciente de estudio, ‘Til Your River Runs Dry, del 2013), Eric Burdon siempre fue una de las más grandes voces del rock y figuró entre los verdaderos innovadores del mismo.

Ha vivido todas las altas y bajas de su profesión (adicciones y recuperación en espiral continua, en lo artístico y en lo personal). Alcanzó la mayor calidad (musical e interpretativa) al no aceptar transigencias, pero perdió terreno cada vez que se sometió a las exigencias circunstanciales y comerciales. Pese a todo, Eric Burdon sigue en el camino a los casi 80 años de edad.

VIDEO SUGERIDO: Eric Burdon & The Animals “It’s My Life” 01-09-19 Belly Up Tavern (San Diego, CA), YouTube (Charlie Lester – Concert Memories)

ERIC BURDON (FOTO 3)

 

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SUPERCHARGE (II)

Por SERGIO MONSALVO C.

SUPERCHARGE II (FOTO 1)

 ¿QUÉ ES LA FELICIDAD?

Con un nuevo mánager, otros acompañantes y el reconocimiento obtenido como banda animadora de primer nivel, gran experiencia en escena, con el curriculum de varios trabajos musicales editados y por pertenecer activamente al circuito del jet set, Supercharge le fue recomendado al organizador del enlace del momento, el de Christina, la hija del fallecido magnate griego Aristóteles Onassis, conocida como “la princesa triste”.

La que quizás era la mujer más rica del mundo iba a contraer nupcias por cuarta vez. Las anteriores no habían rebasado el año y medio de duración. Circunstancia añadida a una vida familiar ligada al desafecto y al abandono.

Si su existencia se había iniciado rodeada de glamour (a los dos años bautizó con champán el barco carguero más grande del mundo, propiedad de su padre, y a los cinco había asistido a la boda de Grace Kelly con el príncipe Rainiero de Mónaco), en realidad era una niña solitaria cuyos padres nunca se hicieron cargo de ella, siempre en manos de asistentes u otros empleados.

Ni los matrimonios anteriores, ni sus ingresos de un millón de dólares semanales o la posesión del yate más grande y lujoso del mundo le habían brindado alegría alguna. En tiempos recientes su hermano había muerto en un accidente de aviación, su madre (divorciada de su padre) de una sobredosis de barbitúricos y su padre de neumonía.

Ahora, a los 34 años de edad, se casaría por cuarta vez con Thierry Roussel, joven francés e hijo del fundador de los laboratorios farmacéuticos del mismo nombre. Lo haría en París y festejaría la boda en el Restaurante Maxim’s. Para ello la pareja  se había embarcado en el Christina O en la Isla de Skorpios, propiedad de ella y viajaban rumbo a la Costa Azul francesa para trasladarse luego en avión a la capital gala.

Mientras tanto, por las aguas del Mediterráneo navegaba el Christina O, el yate que había nacido en 1943 en unos astilleros canadienses y cuya historia pasaba por haber avituallado a las tropas aliadas en su desembarco en Normandía y el cual luego fuera adquirido por Aristóteles Onassis, para  convertirlo en la nave más suntuosa del momento.

Contaba con casi cien metros de longitud, 18 suites dobles y la capacidad de ofrecer opulencia, privacidad y magnificencia. Tanta que ahí se celebró la boda real de la actriz Grace Kelly con el príncipe de Mónaco, amigo de Onassis, en 1956. Por su cubierta había circulado gente poderosa y personajes famosos de las décadas de los cincuenta y sesenta (Winston Churchill, John F. Kennedy, Elizabeth Taylor, Richard Burton, Marilyn Monroe o Maria Callas, por ejemplo). Ahora, transportaba a la rica heredera y estaba a punto de llegar a la costa francesa.

VIDEO SUGERIDO: Albie Donnelly’s Supercharge – medley – live Muddys Club Wernheim, YouTube (bluesWhm)

En París, mientras tanto, el Maxim’s se preparaba. Por aquellas fechas el célebre bistrot celebraba el 90 aniversario de su fundación por el modesto camarero Maxime Gaillard, que supo atraer a una selecta y mundana clientela que formaba parte de la Belle Époque que disfrutaba la ciudad a fines del siglo XIX. Su siguiente propietario la incluyó definitivamente en la historia al decorarlo por completo al estilo Art Nouveau que permearía no sólo la Feria Mundial de 1900 sino al resto del mundo con su estética.

Tras ser adquirido por la familia Vaudable, que supo sortear los avatares de la Segunda Guerra Mundial, el restaurante continuó con la costumbre de mantener a una clientela de artistas, aristócratas y gente rica, como Eduardo VII, Marcel Proust o Jean Cocteau, entre ellos, a quienes animaba durante sus cenas el violín zíngaro y la orquesta de Ben Horris, y luego a Marlene Dietrich, Aristóteles Onassis o Maria Callas.

Las décadas posteriores lo van asentando como el restaurante más famoso del mundo y el más caro. Aparte de eso su bagaje es tal que lo acredita ante el gobierno galo como un Monumento Histórico Nacional (además de motivo literario y locación cinematográfica). En 1981 fue adquirido por el diseñador Pierre Cardin que lo expandió por todos sus pisos a museo, sala de espectáculos y salones de fiesta privados. Uno de los cuales albergaría a los invitados de la boda de la rica heredera, en1984.

SUPERCHARGE II (FOTO 2)

La fiesta comenzaría con una novia extrañamente radiante. “Está enamorada de verdad”, chismorrean los comensales entre la joyería y el menú nupcial: Poêllée de Saint-Jaques au parfum d’ail, Salade de ris d’agneau poêlle au noix; Filet d’omble chevalier au beurre blanc, Suprême de faisan au coulis de foie gras; Soupe de chocolat au piment d’Espelette, sorbet framboise…

La inusual sonrisa de Christina será la destinataria del mejor set de la banda, contratada para este lugar y ocasión especiales. Músico experimentado, Albie Donnelly, irá in crescendo, soltando al grupo poco a poco a la pulsión de su sobrecargado ritmo. Y la sonrisa se convertirá en risa abierta, mientras la protagonista baila, canta, corta el pastel, y los invitados harán lo mismo como respuesta al pasmo de lo que ven y escuchan, se convierten en participantes y el conjunto en general en una auténtica fiesta.

 “Ustedes han creado la música del día más feliz de mi vida. Gracias para siempre: Christina”. Es la tarjeta que el grupo recibe tras bambalinas, acompañada de una botella de champán para cada uno de los músicos. De tal experiencia Supercharge conseguirá el permiso para reproducir en disco lo que han grabado, bajo el título de Supercharge’84 Live at Maxim’s at Christina Onassis Wedding, así como algunas fotos del evento, que aparecerán en la portada. Para Albie Donnelly sería la certeza sobre el camino escogido y de que la felicidad es un arma caliente, sí, pero que también está inmersa en el significado de una botella fría del mejor champán.

Aquella felicidad le duró a Christina más de lo esperado, pero fue también su canto de cisne. Cuatro años después se volvería a divorciar sumergida en un mar autocompasivo y dramático. Sería madre de una niña que heredaría una fortuna y destino atávico. Se suicidaría extraoficialmente con barbitúricos. El disco de Supercharge se convertiría en una rareza y en una referencia a un momento único en el devenir microhistórico del siglo XX.

VIDEO SUGERIDO: Supercharge Boogie Man Lahneck Live 2012, YouTube (Bertiklein)

SUPERCHARGE II (FOTO 3)

 

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AEROSMITH

Por SERGIO MONSALVO C.

AEROSMITH (FOTO 1)

 AÚN VIVE, DA VOCES Y SANGRA

Como parte de la primera ola de los llamados “grupos duros” (hard rock) estadounidenses, Aerosmith también ha resultado figurar entre las bandas más constantes, con 50 años de presentaciones y grabaciones. A lo largo de este periodo, la alta y sencilla energía de sus primeros trabajos se ha ido transformando en un hard rock sofisticado, sin perder un ápice de su fuerza.

Con la clara influencia de los Rolling Stones (Tyler se preció siempre de parecerse a Mick Jagger) y de los Yardbirds, Aerosmith fue fundado en 1970 en New Hampshire por el cantante Tyler y el guitarrista Whitford. Con Joe Perry en la guitarra, Tom Hamilton en el bajo y Joey Kramer en la batería, el grupo tocó en los bares y clubes de Nueva Inglaterra y fue contratado por Columbia en 1972.

Tras editarse un álbum con el mismo nombre del grupo, coescrito por Tyler y Perry, el productor Jack Douglas se encargó del siguiente Get Your Wings (1974). Los frecuentes conciertos dados en toda la Unión Americana impulsaron las ventas de Toys in the Attic (1975) a más de un millón de copias; “Sweet Emotion” fue un éxito menor, mientras que “Dream on” (del primer álbum) alcanzó el Top Ten en 1976.  “Walk This Way” y “Last Child”, de Rocks (1976), también fueron muy populares.

Después de grabar Draw the Line (1978), el grupo apareció en la película Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band, en la que interpretó “Come Together” de los Beatles, versión que logró penetrar en los primeros 30 lugares de popularidad en 1978. El álbum Live Bootleg, grabado en vivo, salió en 1979. Al poco tiempo de aparecer Night in the Ruts, Perry abandonó al grupo para fundar el Joe Perry Project, con el que grabó Let the Music Do the Talking (1980) y I’ve Got the Rock’n’Rolls Again (1981).

Debido a la renuncia de Whitford, quien grabó un disco con Derek St. Holmes, el antiguo cantante de Ted Nugent, y un grave accidente de motocicleta sufrido por Perry, el siguiente álbum de estudio de Aerosmith, Rock in a Hard Place, no apareció hasta 1982. La relativa falta de éxito del álbum dio lugar a la reunión de la alineación original en 1985, cuando el grupo fue contratado por Geffen para grabar Done with Mirrors, un éxito comercial.

Aerosmith tuvo un hit sospresa al año siguiente, cuando el grupo de rap Run DMC resucitó “Walk This Way”; Perry y Tyler participaban en la nueva versión.  El siguiente álbum del grupo fue Permanent Vacation (1987), producido por Bruce Fairbairn, que incluía el exitoso sencillo “Dude (Looks Like a Lady)” y una versión de “I’m Down” de Lennon y McCartney. Después de cambiar de compañía disquera, a Geffen, figuraron en las listas de éxitos de 1989 con “Love in an Elevator”, del álbum Pump.

Ya en una nueva década, la de los noventa, se puso a la venta la caja compilatoria Pandora’s Box.  Una atingente retrospectiva sobre la carrera del grupo a lo largo de diez años (1973-1982). Y en 1993 sacaron a la luz Get a Grip, álbum que con los meses se proclamó en uno de los de mayores ventas en el mundo. De él se extrajeron sencillos como “Livin’ on the Edge” y “Crazy”.

A pesar de su inclusión entre los millonarios estrellas del rock and roll, estos elementos del mundo musical continúan siendo escandalosos y rebeldes, negándose a ingresar al círculo de los ricos respetables. La música de su álbum, Get a Grip, desbordó agresividad.  El contenido sorprendió con la mordacidad de los reprimidos.

AEROSMITH (FOTO 2)

Desde entonces y tras otros cuatro álbumes (Nine Lives, Just Push Play, Honkin’ on Bobo y Music from Another Dimension) Tyler, autor de las letras, sigue observando al mundo con los ojos del hombre de la calle.  “Cuando veo a otra gente de mi edad, calva y gorda, me da miedo. A esos codiciosos les da flojera ir a los conciertos. Usan traje para ocultar sus cuerpos feos. Hay millones de desempleados, pero esos asquerosos yuppies acaparan el dinero en lugar de crear empleos. Canciones como ‘Eat the Rich’ tratan sobre ellos. Comérselos es lo mejor que uno pudiera hacer.”

Afortunadamente Tyler no ha perdido nunca la actitud juvenil: él y su banda contra el mundo astringente.  Con cada nuevo álbum quieren demostrar al planeta cuánto aún pueden dar de sí. Al escuchar el resultado se sienten como el Dr. Frankenstein que observa a su hombre artificial y grita: “¡Vive, grita, sangra!”.

Si de algo además el cantante se siente orgulloso en su carrera de medio siglo, es de la colaboración que tuvo con Rap DMC.  Si bien Tyler dice no escuchar nada de música mientras está grabando, a fin de no dejarse influir, este originario de Massachusetts es un fanático absoluto del rap el resto del tiempo. Para él, los negros lo lograron de nuevo: crearon una nueva forma de arte. Cantan de cosas de las que nadie quiere saber nada, como de los pobres en el arroyo y del junkie con la aguja en el brazo, cantan sobre la realidad.

Los miembros de Aerosmith no sólo se limitan a hablar, sino que también hacen otras cosas de carácter social. Apoyaron una exposición fotográfica alternativa, por ejemplo, con una generosa donación, después de que el gobierno estadounidense canceló los fondos para la misma puesto que las fotos, además de otros temas, también mostraban órganos sexuales. El quinteto se manifestó también a favor de la conservación de los derechos de la libertad civil, que en su opinión peligran bajo el nuevo gobierno estadounidense.

Asimismo han solicitado a sus fans en la Unión Americana que lleven alimentos a los conciertos. En Boston, por ejemplo, reunieron de esta manera 20 toneladas de comida –principalmente latas y otros abarrotes no perecederos–, las cuales fueron repartidas entre los pobres y las personas sin hogar de todo el estado de Massachusetts.

Según Steven Tyler, “La gente que vive en la calle me da muchísima lástima.  Cuando andamos de gira, muchas veces visitamos los asilos para personas sin hogar y repartimos comida. Eso ayuda a no reprimir la realidad, como gustan de hacerlo las corbatas instaladas en el piso 23 de alguna torre de oficinas. No es posible soslayar estos problemas”.

Con su llamada nueva época (la cual se puede decir empezó cuando el grupo volvió a juntarse en 1985 o en otra reunión posterior), Aerosmith está tratando de tocar un rock más duro y de hacer buenas baladas. Eso es todo. Su sonido está volviendo al origen. Después de grabar Just Push Play, les pareció que varias piezas se habían alejado demasiado de sus raíces.  Eso lo quisieron prevenir con ocasión de Honkin’ on Bobo, y eso se debió la influencia más clara del blues y del rhythm and blues.

Hoy 50 años después, Aerosmith suma y sigue evangelizando…

VIDEO SUGERIDO: Aerosmith – Road Runner – Yokohama – 27-07-2004, YouTube (LiveAerosmith)

AEROSMITH (FOTO 3)

 

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APHRODITE’S CHILD

Por SERGIO MONSALVO C.

Aphrodites Child (foto 1)

 LA HELÉNICA ROCKERA

En Grecia, el rock arrancó en la primera mitad de los años sesenta del siglo XX y poseyó un radicalismo esencial, dadas las condiciones políticas en las que vivía el país en aquella época. (por lo que Zeus estuvo en contra). Los primeros grupos originales fueron Formyx, los Beatkins, Juniors y los Dragons.

El movimiento se adjudicó su primer punto culminante en 1965 y los grupos más conocidos del momento eran los Olympians, Charms, los Sounds y MGC, que ya contaban con argumentos de música original. Dicho primer periodo terminó más o menos en 1968. Una de las causas fue el golpe de Estado de 1967, con el cual la milicia subió al poder y reprimió todo movimiento cultural innovador, incluso el pelo largo en los hombres.

Poco antes de la condena a la ilegalidad del género, en plenos aires de fascismo corriente, se fundó la agrupación Aphrodite’s Child en el exilio, cuyos integrantes eran Vangelis Papathanasiou (ex Formyx, en los teclados, la flauta y percusiones), Demis Roussos (verdadero nombre: Artemios Ventouris Roussos, ex The Idols y We Five, en la voz y el bajo), Lucas Sideras (en la batería) y Anargyros “Silver” Kourlouris (en la guitarra y las percusiones).

Orientados inicialmente hacia el jazz-rock, conquistaron los primeros lugares de las listas de éxitos europeos en 1968 con baladas empalagosas y sentimentales como “Rain and Tears”, contenida después en su disco debut llamado End of the World (Vertigo, 1969). De esta manera, se crearon la reputación de ser un simple grupo de pop, que gracias a sus melifluas canciones y a la voz quejumbrosa del corpulento Demis Roussos entusiasmaba sobre todo a los corazones románticos de las muchachitas adolescentes, cuestión que se extendió hasta su segundo disco, It’s Five O’Clock (Vertigo, 1970). Tenían el éxito pero estaban insatisfechos.

A fin de distanciarse de esta impresión superficial, el cuarteto presentó en 1972 un álbum doble, conceptual, progresivo y excéntrico al que denominaron 666 (Vertigo), basado en el apocalipsis bíblico y las letras de Costas Ferris, el cual cuenta la historia de la humanidad con numerosas referencias contemporáneas y críticas (su propia Iliada).

La complicada obra puso de manifiesto los talentos de Vangelis para la composición instrumental y las considerables cualidades vocales de Demis Roussos. Aunque no tuvo ventas extraordinarias, el disco se convirtió en objeto de culto y hasta la fecha es una rareza muy solicitada.

Tras la disolución de este grupo de rock en 1973, probablemente el único de aquel país que haya logrado un éxito internacional (con 20 millones de ejemplares vendidos), la compañía disquera sacó el Best of (Vertigo, 1974) y luego la Mercury otra antología de nombre Aphrodite’s Child en 1975.

Aphrodite's Child (foto 2)

Desde entonces Vangelis (nacido el 29 de marzo de 1943, en Volos) ha destacado como solista con sus imaginativos y extrovertidos experimentos musicales, dándose a conocer principalmente a nivel mundial con su música New Age y ambient para soundtracks de películas: Chariots of Fire, Blade Runner o 1942, entre ellas.

Demis Roussous (nacido el 15 de junio de 1946, en Alejandría, Egipto), también se convirtió en un exitoso y aplaudido cantante de pop ligero (con canciones como “Good-bye, My Love, Good-bye” y “Ever For Ever”), capaz de otorgar a temas mediocres un carisma y un peso especiales gracias a su voz característica.

En medio de la batahola que causaron las últimas votaciones en Grecia, en enero del 2015, hubo un hecho que pasó casi desapercibido y le restó trascendencia. Se trató del fallecimiento de uno de sus iconos musicales del siglo XX: Demis Roussos.

Demis Roussos era un joven inmigrante que había nacido en Alejandría, Egipto, y poseía grandes aptitudes vocales, ensayadas largamente en un coro de la iglesia ortodoxa de su país. El cual abandonó, rumbo a Grecia, junto con su familia tras la frustrada invasión del canal de Suez por fuerzas británicas y francesas.

Como adolescente en Grecia vivió los fuertes movimientos del rock y el pop que ya se extendían por todo el planeta en el primer lustro de los años  sesenta.

Admirador de los sonidos del soul emanados de los sellos Atlantic y de Stax, decidió crear su propia banda en ese sentido, aunque la onda proveniente de la isla británica de experimentación lisérgica (rock progresivo) lo sedujo mayormente. Así, en 1967 formó al mencionado Aphodite’s Child que grabó algunos demos, pero la bota castrense se interpuso en su camino.

A la primera oportunidad huyeron hacia el exilio, con Londres como objetivo. Sin embargo, no fueron aceptados por falta de visas de trabajo y tuvieron que viajar a París, donde se instalaron. Orientados inicialmente hacia el jazz-rock, terminaron conquistando los primeros lugares de las listas de éxitos europeos en 1968 con baladas de pop psicodélico como la mencionada “Rain and Tears”.

Tras la disolución del grupo en 1973 (por diferencias musicales),  Roussous, se adaptó al mercado convirtiéndose en el más exitoso y aplaudido cantante griego de pop ligero.

Viajó por todo el mundo y grabó canciones en muchos idiomas; engordó excesivamente, fue secuestrado en un avión por terroristas, se salvó, se deprimió e hizo dietas, mientras su fama se diluía con los años y grabaciones de poca monta. Murió en Atenas a los 68 años, el día que paradójicamente la izquierda griega llegó al poder.

VIDEO SUGERIDO: Aphrodite’s Child – Rain & Tears, YouTube (naima saidi)

Aphrodite's Child (foto 3)

 

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NICKY HOPKINS

Por SERGIO MONSALVO C.

NICKY HOPKINS (FOTO 1)

 LAS TECLAS NECESARIAS

El blues forma una parte importantísima de la ecuación de la música de nuestro tiempo. Aportó al rock muchas de sus preocupaciones líricas y de su estilo musical. El impacto del género es más evidente en las fijaciones de la cultura rocanrolera, cuyos representantes trataron de cooptarlo en su totalidad y fueron juzgados críticamente de acuerdo con su capacidad o incapacidad para hacerlo.

En la Inglaterra de comienzos de los años sesenta John Mayall, Alexis Korner y Cyril Davies organizaron verdaderos seminarios en el arte bluesero; lograron resultados duraderos tanto en forma de sus proyectos continuos –los Bluesbreakers, Blues Incorporated y His All Stars, respectivamente– como con referencia a todo lo engendrado por ellos, incluyendo a los Yardbirds, los Animals y los Rolling Stones y un sinfín de grupos y músicos destacados.

Asimismo se trató de conocer personalmente y actuando a muchos de los artistas originales del género, como Fred McDowell, John Hurt, Furry Lewis, Mance Lipscomb, Willie Dixon, Sonny Boy Williams, Muddy Waters, etcétera. Rescatados para la ocasión, se esperaba siempre de ellos la Revelación auténtica.

Muddy Waters recordaba lo siguiente: “Cuando fui a Inglaterra por primera vez –en 1958, año en que tocó con Chris Barber, Alexis Korner y Cyril Davies– inicié verdaderamente al país en el blues amplificado eléctricamente.  Muchos fans me preguntaron por qué no tocaba la guitarra acústica y les prometí llevar una en la siguiente ocasión, lo que por otra parte hice.

“Para la época de mi segunda visita, a comienzos de los sesenta, todos los grupos de blues ingleses tocaban ya con amplificación y con un feeling increíble. Recuerdo que en uno de los conciertos que hice con Cyril Davies y su banda His All Stars me llamó mucho la atención la forma de tocar de uno de ellos:  ‘Oye, Cyril –le dije–, ¿quién es el hombre del piano?’  Davies volteó y me dijo: ‘Se llama Nicky Hopkins y tiene 17 años.'”

Dicha forma de asimilación desapareció a ratos, pero nunca por mucho tiempo. En 1968, los Rolling Stones también habían absorbido y abandonado el blues, disponiéndose a inventarlo del todo nuevo. Para el fin incluyeron blues “auténticos” en sus mejores álbumes hasta la fecha: Beggars Banquet, Let It Bleed, Sticky Fingers, Exile on Main Street, Goat’s Head Soup e It’s Only Rock ‘n’ Roll (además de la famosa sesión Jammin’ with Edward).

En todos ellos y otros posteriores los acompañó tanto en el estudio como en sus presentaciones en vivo el mismo Nicky Hopkins. Desde sus comienzos los Rolling Stones acogieron acompañantes encargados de tocar en el estudio o en público un tema de órgano, piano o de algún otro instrumento que los miembros oficiales del grupo no utilizan por sí mismos: Ry Cooder, Billy Preston, Bobby Keys, Jim Price, Ian Stewart y Nicky Hopkins, entre los más destacados.

NICKY HOPKINS (FOTO 2)

Su intervención afectó definitivamente la expresión musical del grupo, según las modalidades que éste había establecido per se. De todos ellos, los constantes y omnipresentes fueron Ian Stewart y Nicky Hopkins en los teclados. Stewart murió hace unos años (1985) y Hopkins en 1994, terminando así una estrecha relación de más de tres décadas.

Hoy, muchos de los mejores intérpretes del blues inglés han muerto, entre ellos Alexis Korner, Cyril Davies, Nicky Hopkins, los tres curiosamente sin recibir mayor atención de las agencias noticiosas internacionales.

Nicky falleció un 6 de septiembre en Nashville, Tennessee, aquejado por problemas cardiacos y abdominales. Contaba con 50 años de edad. Este pianista, cantante y compositor nació en Inglaterra el 24 de febrero de 1944.  Recibió una educación clásica en el piano, pero sus instintos lo llevaron hacia el blues, género en el que debutó con la banda de Cyril Davies y con la cual se mantuvo hasta la muerte de éste.

A la postre se integró al Jeff Beck Group, junto con Rod Stewart. También fue miembro de Quicksilver Messenger Service y Sweet Thursday, hasta ser llamado por los Rolling Stones como sesionista y tecladista durante las giras.

Durante su extensa carrera musical colaboró con infinidad de grupos y solistas en diversas grabaciones: Beatles, Jefferson Airplane, Steve Miller Band, Lord Sutch, The Who, John Lennon, New Riders of the Purple Sage, Nilsson, Carly Simon, Donovan, George Harrison, Marc Almond, Joe Cocker, Peter Frampton y Rod Stewart, entre muchos otros.

A pesar de tamaña lista, a mí no me cabe la menor duda de que su mejor trabajo lo realizó con los Rolling Stones, y como ejemplo escúchese con atención su labor en los teclados de piezas como “Rocks Off”, “Rip This Joint”, “Tumblin’ Dice”, “Sweet Virginia”, “Torn and Frayed” o “Loving Cup”, en esa obra maestra llamada Exile on Main Street.

VIDEO SUGERIDO: “ANGIE” performed by Nicky Hopkins, Charlie Watts, Bill Wyman, YouTube (Mark Korvin Slugocki)

NICKY HOPKINS (FOTO 3)

 

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STEVE WINWOOD

Por SERGIO MONSALVO C.

STEVE WINWOOD (FOTO 1)

 SOUL SIN TRÁFICO

Desde su debut discográfico como solista, de título homónimo, luego de la disolución del grupo Traffic en 1974, hasta  Refugees of the Heart (1990) su sexto álbum, Steve Winwood había mantenido como promedio un L.P. publicado cada tres años. Constancia que se rompió durante la siguiente década, en la que pasaron hasta siete calendarios para conocer su siguiente obra, Junction Seven.

A partir de ahí hubo otra cuenta, distinta, con el timing que el músico marcara. A su propio ritmo. Del que ha sido muy celoso. Lo que sí se mantiene incólume con cada nuevo álbum del geniecillo británico, oriundo de Birmingham (donde nació un 12 de mayo de 1948), es una renovada oportunidad para escuchar una música estimulante (rica en contenido y destilada en los mejores alambiques) como una buena bebida.

Winwood, con sus maneras tranquilas y sin aspavientos, ha sabido romper esa implacable lógica del negocio discográfico que impone una producción anual, debido a lo cual sus salteadas obras muestran un exultante alto nivel compositivo y de sofisticación, prueba de que a veces hay que saber administrar tanto el feeling como el talento, sin malgastarlos.

Las canciones de cada disco muestran su flujo relajado y un sonido que suena reconocible desde cualquier plataforma de sonido. Aunque sinceramente, pienso que la escucha de las piezas de este músico necesitan ser tocadas en ese aparato llamado tocadiscos y su plato giratorio.

Con todo el ritual que implica la apertura de la funda, la revisión rápida del nuevo vinil (por alguna rebaba olvidada) y la colocación a mano de la aguja en el primer surco, que soltará su anhelado despertar en las bocinas contiguas.

Se necesita de tal ritual para confirmar que la negra voz soulera, el mítico órgano Hammond siguen ahí; que la voz continúa llevando una emoción directa y aún muy identificable pese al transcurrir del tiempo; que el sintetizador no ha perdido en absoluto su fascinante humanidad, que Winwood sigue creativo a los setenta y un años…

Sin lugar a dudas, a fuerza de mantenerse activo, de evitar reproducir incansablemente los mismos esquemas, Little Stevie (como se le conoció durante sus primeros años en la escena), el ex niño prodigio del rock and roll, no nos ha privado del indispensable efecto de la sorpresa, la sal de esta música plagada de alma.

Winwood era un quinceañero cuando el Spencer Davis Group empezó a figurar, y en ocasiones había problemas en las tours porque en algunos sitios no aceptaban que tocara por no tener la edad necesaria, aunque de cualquier manera ya llevaba largo tiempo rasgando la guitarra y dándole a los teclados (del Hammond, sobre todo) y cantando.

STEVE WINWOOD (FOTO 2)

En el 2008, en el año que cumplió sesenta de vida, Steve Winwood publicó un nuevo trabajo, Nine Lives. En él mantuvo ese timbre negroide que ha sido su marca de la casa, de manera rotunda y reconocible, y se sentía que continuaba en plenitud al momento de componer y de mantenerse apegado  a su estilo.

En tal disco hubo blues, soul y rock y, al mismo tiempo, la intención de ir un poco más allá. Hoy, alegra seguir descubriendo tanto frescor en su material y asombra la emoción que transmite por continuar con la curiosidad necesaria, por el gusto de hacer lo que le apetece, por probarse,  por disfrutar con todo ello.

El asunto de la música popular está lleno de nombres fugaces, de espumosos éxitos que suben y bajan con igual rapidez, así como de chascos contundentes. Permanecer por años resulta un acontecimiento. Sostenerse  haciendo bien las cosas es causa célebre. A Winwood siempre hay que reconocerle que ha mantenido el tipo y cualquiera de sus momentos es justo para celebrar su buen andar y que posea aún buena salud.

La estampa de este inmenso músico, desde su imagen de cuando empezaba a la actualidad, no denota grandemente el salto de los años. De entonces a la fecha ha conservado el buen físico y la sonrisa que manifiesta el gusto de hacer lo que hace: música.

Lo que hizo con el grupo de Spencer Davis (sus famosos temas: Gimmie Some Lovin’ y I’m the Man) conserva hoy por hoy la misma energía con la que fue creado y ejecutado entonces aquel material. La memoria guarda intacta la imagen de cuando empezó con Traffic en 1967. Y conviene hacerlo porque —en una época donde la dotación regular de los grupos era la del cuarteto con dos guitarras, el bajo y la batería— Winwood cubría varios espacios en tal formación como multiinstrumentista. Aparecía lo mismo  tocando la flauta, que el sitar, el órgano o la batería.

VIDEO SUGERIDO: Spencer Davis Group – Gimme Some Lovin’, YouTube (Alcast3)

Sus piezas mezclaban con toda naturalidad las influencias más disímbolas, en un espectro que iba del jazz a la música oriental, por sintetizar tal circunstancia. En cuanto a su acercamiento al género jazzístico, por ejemplo, era un verdadero placer escucharlos en el tema  “Giving To You” en el cual  se lanzaban improvisando como buenos y aventajados discípulos del Jimmy Smith, gran intérprete del Hammond, o de las aventuras místicas de John Coltrane.

Asimismo, hay que mencionar que Winwood) se ha permitido desde siempre acceder a los mejores aromas de la música. Desde muy joven se ha curtido y colaborado con los mejores intérpretes (de Eric Clapton, con quien formó Blind Faith, hasta Jimi Hendrix, B. B. King o Lou Reed, algunos del largo listado curricular). Y todo lo ha hecho sin la urgencia por nada. De tal suerte ha llegado por igual a las grandes masas que a tribus de culto y para hacerlo sólo le ha hecho falta hacer lo de siempre: buena música y bien hecha.

¿Cómo lo ha logrado? Como de costumbre, con todo lo mencionado, además de que la abrumadora mayoría de los textos de sus canciones vienen firmados junto a viejos compañeros de andanzas (Will Jennings, Jim Capaldi, Narada Michael Walden, José Neto, etcétera) aunque haya agregado en alguna ocasión cierto exotismo a la hora de plasmarlas, como el extremo de ir a Nashville para grabar la pieza “Refugees of the Heart”, por mencionar alguna.

Este artista de manera regular le ha inyectado nueva adrenalina a las asoladoras steel guitars, a los efectos musicales desbordantes de espuma, a los solos de sax que recuerdan el estilo de Junior Walker de la época de oro de la Motown o al aire jazzístico que se cuela por las ventanas abiertas de sus obras espaciadas. Es decir, aquello que arropa su voz y sus teclados, pero siempre al estilo Winwood.

VIDEO SUGERIDO: Steve Winwood – Back In The High Life Again (Live on SoundStage – OFFICIAL), YouTube (SoundStage)

STEVE WINWOOD (FOTO 3)

 

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