APHRODITE’S CHILD

Por SERGIO MONSALVO C.

Aphrodites Child (foto 1)

 LA HELÉNICA ROCKERA

En Grecia, el rock arrancó en la primera mitad de los años sesenta del siglo XX y poseyó un radicalismo esencial, dadas las condiciones políticas en las que vivía el país en aquella época. (por lo que Zeus estuvo en contra). Los primeros grupos originales fueron Formyx, los Beatkins, Juniors y los Dragons.

El movimiento se adjudicó su primer punto culminante en 1965 y los grupos más conocidos del momento eran los Olympians, Charms, los Sounds y MGC, que ya contaban con argumentos de música original. Dicho primer periodo terminó más o menos en 1968. Una de las causas fue el golpe de Estado de 1967, con el cual la milicia subió al poder y reprimió todo movimiento cultural innovador, incluso el pelo largo en los hombres.

Poco antes de la condena a la ilegalidad del género, en plenos aires de fascismo corriente, se fundó la agrupación Aphrodite’s Child en el exilio, cuyos integrantes eran Vangelis Papathanasiou (ex Formyx, en los teclados, la flauta y percusiones), Demis Roussos (verdadero nombre: Artemios Ventouris Roussos, ex The Idols y We Five, en la voz y el bajo), Lucas Sideras (en la batería) y Anargyros “Silver” Kourlouris (en la guitarra y las percusiones).

Orientados inicialmente hacia el jazz-rock, conquistaron los primeros lugares de las listas de éxitos europeos en 1968 con baladas empalagosas y sentimentales como “Rain and Tears”, contenida después en su disco debut llamado End of the World (Vertigo, 1969). De esta manera, se crearon la reputación de ser un simple grupo de pop, que gracias a sus melifluas canciones y a la voz quejumbrosa del corpulento Demis Roussos entusiasmaba sobre todo a los corazones románticos de las muchachitas adolescentes, cuestión que se extendió hasta su segundo disco, It’s Five O’Clock (Vertigo, 1970). Tenían el éxito pero estaban insatisfechos.

A fin de distanciarse de esta impresión superficial, el cuarteto presentó en 1972 un álbum doble, conceptual, progresivo y excéntrico al que denominaron 666 (Vertigo), basado en el apocalipsis bíblico y las letras de Costas Ferris, el cual cuenta la historia de la humanidad con numerosas referencias contemporáneas y críticas (su propia Iliada).

La complicada obra puso de manifiesto los talentos de Vangelis para la composición instrumental y las considerables cualidades vocales de Demis Roussos. Aunque no tuvo ventas extraordinarias, el disco se convirtió en objeto de culto y hasta la fecha es una rareza muy solicitada.

Tras la disolución de este grupo de rock en 1973, probablemente el único de aquel país que haya logrado un éxito internacional (con 20 millones de ejemplares vendidos), la compañía disquera sacó el Best of (Vertigo, 1974) y luego la Mercury otra antología de nombre Aphrodite’s Child en 1975.

Aphrodite's Child (foto 2)

Desde entonces Vangelis (nacido el 29 de marzo de 1943, en Volos) ha destacado como solista con sus imaginativos y extrovertidos experimentos musicales, dándose a conocer principalmente a nivel mundial con su música New Age y ambient para soundtracks de películas: Chariots of Fire, Blade Runner o 1942, entre ellas.

Demis Roussous (nacido el 15 de junio de 1946, en Alejandría, Egipto), también se convirtió en un exitoso y aplaudido cantante de pop ligero (con canciones como “Good-bye, My Love, Good-bye” y “Ever For Ever”), capaz de otorgar a temas mediocres un carisma y un peso especiales gracias a su voz característica.

En medio de la batahola que causaron las últimas votaciones en Grecia, en enero del 2015, hubo un hecho que pasó casi desapercibido y le restó trascendencia. Se trató del fallecimiento de uno de sus iconos musicales del siglo XX: Demis Roussos.

Demis Roussos era un joven inmigrante que había nacido en Alejandría, Egipto, y poseía grandes aptitudes vocales, ensayadas largamente en un coro de la iglesia ortodoxa de su país. El cual abandonó, rumbo a Grecia, junto con su familia tras la frustrada invasión del canal de Suez por fuerzas británicas y francesas.

Como adolescente en Grecia vivió los fuertes movimientos del rock y el pop que ya se extendían por todo el planeta en el primer lustro de los años  sesenta.

Admirador de los sonidos del soul emanados de los sellos Atlantic y de Stax, decidió crear su propia banda en ese sentido, aunque la onda proveniente de la isla británica de experimentación lisérgica (rock progresivo) lo sedujo mayormente. Así, en 1967 formó al mencionado Aphodite’s Child que grabó algunos demos, pero la bota castrense se interpuso en su camino.

A la primera oportunidad huyeron hacia el exilio, con Londres como objetivo. Sin embargo, no fueron aceptados por falta de visas de trabajo y tuvieron que viajar a París, donde se instalaron. Orientados inicialmente hacia el jazz-rock, terminaron conquistando los primeros lugares de las listas de éxitos europeos en 1968 con baladas de pop psicodélico como la mencionada “Rain and Tears”.

Tras la disolución del grupo en 1973 (por diferencias musicales),  Roussous, se adaptó al mercado convirtiéndose en el más exitoso y aplaudido cantante griego de pop ligero.

Viajó por todo el mundo y grabó canciones en muchos idiomas; engordó excesivamente, fue secuestrado en un avión por terroristas, se salvó, se deprimió e hizo dietas, mientras su fama se diluía con los años y grabaciones de poca monta. Murió en Atenas a los 68 años, el día que paradójicamente la izquierda griega llegó al poder.

VIDEO SUGERIDO: Aphrodite’s Child – Rain & Tears, YouTube (naima saidi)

Aphrodite's Child (foto 3)

 

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NICKY HOPKINS

Por SERGIO MONSALVO C.

NICKY HOPKINS (FOTO 1)

 LAS TECLAS NECESARIAS

El blues forma una parte importantísima de la ecuación de la música de nuestro tiempo. Aportó al rock muchas de sus preocupaciones líricas y de su estilo musical. El impacto del género es más evidente en las fijaciones de la cultura rocanrolera, cuyos representantes trataron de cooptarlo en su totalidad y fueron juzgados críticamente de acuerdo con su capacidad o incapacidad para hacerlo.

En la Inglaterra de comienzos de los años sesenta John Mayall, Alexis Korner y Cyril Davies organizaron verdaderos seminarios en el arte bluesero; lograron resultados duraderos tanto en forma de sus proyectos continuos –los Bluesbreakers, Blues Incorporated y His All Stars, respectivamente– como con referencia a todo lo engendrado por ellos, incluyendo a los Yardbirds, los Animals y los Rolling Stones y un sinfín de grupos y músicos destacados.

Asimismo se trató de conocer personalmente y actuando a muchos de los artistas originales del género, como Fred McDowell, John Hurt, Furry Lewis, Mance Lipscomb, Willie Dixon, Sonny Boy Williams, Muddy Waters, etcétera. Rescatados para la ocasión, se esperaba siempre de ellos la Revelación auténtica.

Muddy Waters recordaba lo siguiente: “Cuando fui a Inglaterra por primera vez –en 1958, año en que tocó con Chris Barber, Alexis Korner y Cyril Davies– inicié verdaderamente al país en el blues amplificado eléctricamente.  Muchos fans me preguntaron por qué no tocaba la guitarra acústica y les prometí llevar una en la siguiente ocasión, lo que por otra parte hice.

“Para la época de mi segunda visita, a comienzos de los sesenta, todos los grupos de blues ingleses tocaban ya con amplificación y con un feeling increíble. Recuerdo que en uno de los conciertos que hice con Cyril Davies y su banda His All Stars me llamó mucho la atención la forma de tocar de uno de ellos:  ‘Oye, Cyril –le dije–, ¿quién es el hombre del piano?’  Davies volteó y me dijo: ‘Se llama Nicky Hopkins y tiene 17 años.'”

Dicha forma de asimilación desapareció a ratos, pero nunca por mucho tiempo. En 1968, los Rolling Stones también habían absorbido y abandonado el blues, disponiéndose a inventarlo del todo nuevo. Para el fin incluyeron blues “auténticos” en sus mejores álbumes hasta la fecha: Beggars Banquet, Let It Bleed, Sticky Fingers, Exile on Main Street, Goat’s Head Soup e It’s Only Rock ‘n’ Roll (además de la famosa sesión Jammin’ with Edward).

En todos ellos y otros posteriores los acompañó tanto en el estudio como en sus presentaciones en vivo el mismo Nicky Hopkins. Desde sus comienzos los Rolling Stones acogieron acompañantes encargados de tocar en el estudio o en público un tema de órgano, piano o de algún otro instrumento que los miembros oficiales del grupo no utilizan por sí mismos: Ry Cooder, Billy Preston, Bobby Keys, Jim Price, Ian Stewart y Nicky Hopkins, entre los más destacados.

NICKY HOPKINS (FOTO 2)

Su intervención afectó definitivamente la expresión musical del grupo, según las modalidades que éste había establecido per se. De todos ellos, los constantes y omnipresentes fueron Ian Stewart y Nicky Hopkins en los teclados. Stewart murió hace unos años (1985) y Hopkins en 1994, terminando así una estrecha relación de más de tres décadas.

Hoy, muchos de los mejores intérpretes del blues inglés han muerto, entre ellos Alexis Korner, Cyril Davies, Nicky Hopkins, los tres curiosamente sin recibir mayor atención de las agencias noticiosas internacionales.

Nicky falleció un 6 de septiembre en Nashville, Tennessee, aquejado por problemas cardiacos y abdominales. Contaba con 50 años de edad. Este pianista, cantante y compositor nació en Inglaterra el 24 de febrero de 1944.  Recibió una educación clásica en el piano, pero sus instintos lo llevaron hacia el blues, género en el que debutó con la banda de Cyril Davies y con la cual se mantuvo hasta la muerte de éste.

A la postre se integró al Jeff Beck Group, junto con Rod Stewart. También fue miembro de Quicksilver Messenger Service y Sweet Thursday, hasta ser llamado por los Rolling Stones como sesionista y tecladista durante las giras.

Durante su extensa carrera musical colaboró con infinidad de grupos y solistas en diversas grabaciones: Beatles, Jefferson Airplane, Steve Miller Band, Lord Sutch, The Who, John Lennon, New Riders of the Purple Sage, Nilsson, Carly Simon, Donovan, George Harrison, Marc Almond, Joe Cocker, Peter Frampton y Rod Stewart, entre muchos otros.

A pesar de tamaña lista, a mí no me cabe la menor duda de que su mejor trabajo lo realizó con los Rolling Stones, y como ejemplo escúchese con atención su labor en los teclados de piezas como “Rocks Off”, “Rip This Joint”, “Tumblin’ Dice”, “Sweet Virginia”, “Torn and Frayed” o “Loving Cup”, en esa obra maestra llamada Exile on Main Street.

VIDEO SUGERIDO: “ANGIE” performed by Nicky Hopkins, Charlie Watts, Bill Wyman, YouTube (Mark Korvin Slugocki)

NICKY HOPKINS (FOTO 3)

 

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STEVE WINWOOD

Por SERGIO MONSALVO C.

STEVE WINWOOD (FOTO 1)

 SOUL SIN TRÁFICO

Desde su debut discográfico como solista, de título homónimo, luego de la disolución del grupo Traffic en 1974, hasta  Refugees of the Heart (1990) su sexto álbum, Steve Winwood había mantenido como promedio un L.P. publicado cada tres años. Constancia que se rompió durante la siguiente década, en la que pasaron hasta siete calendarios para conocer su siguiente obra, Junction Seven.

A partir de ahí hubo otra cuenta, distinta, con el timing que el músico marcara. A su propio ritmo. Del que ha sido muy celoso. Lo que sí se mantiene incólume con cada nuevo álbum del geniecillo británico, oriundo de Birmingham (donde nació un 12 de mayo de 1948), es una renovada oportunidad para escuchar una música estimulante (rica en contenido y destilada en los mejores alambiques) como una buena bebida.

Winwood, con sus maneras tranquilas y sin aspavientos, ha sabido romper esa implacable lógica del negocio discográfico que impone una producción anual, debido a lo cual sus salteadas obras muestran un exultante alto nivel compositivo y de sofisticación, prueba de que a veces hay que saber administrar tanto el feeling como el talento, sin malgastarlos.

Las canciones de cada disco muestran su flujo relajado y un sonido que suena reconocible desde cualquier plataforma de sonido. Aunque sinceramente, pienso que la escucha de las piezas de este músico necesitan ser tocadas en ese aparato llamado tocadiscos y su plato giratorio.

Con todo el ritual que implica la apertura de la funda, la revisión rápida del nuevo vinil (por alguna rebaba olvidada) y la colocación a mano de la aguja en el primer surco, que soltará su anhelado despertar en las bocinas contiguas.

Se necesita de tal ritual para confirmar que la negra voz soulera, el mítico órgano Hammond siguen ahí; que la voz continúa llevando una emoción directa y aún muy identificable pese al transcurrir del tiempo; que el sintetizador no ha perdido en absoluto su fascinante humanidad, que Winwood sigue creativo a los setenta y un años…

Sin lugar a dudas, a fuerza de mantenerse activo, de evitar reproducir incansablemente los mismos esquemas, Little Stevie (como se le conoció durante sus primeros años en la escena), el ex niño prodigio del rock and roll, no nos ha privado del indispensable efecto de la sorpresa, la sal de esta música plagada de alma.

Winwood era un quinceañero cuando el Spencer Davis Group empezó a figurar, y en ocasiones había problemas en las tours porque en algunos sitios no aceptaban que tocara por no tener la edad necesaria, aunque de cualquier manera ya llevaba largo tiempo rasgando la guitarra y dándole a los teclados (del Hammond, sobre todo) y cantando.

STEVE WINWOOD (FOTO 2)

En el 2008, en el año que cumplió sesenta de vida, Steve Winwood publicó un nuevo trabajo, Nine Lives. En él mantuvo ese timbre negroide que ha sido su marca de la casa, de manera rotunda y reconocible, y se sentía que continuaba en plenitud al momento de componer y de mantenerse apegado  a su estilo.

En tal disco hubo blues, soul y rock y, al mismo tiempo, la intención de ir un poco más allá. Hoy, alegra seguir descubriendo tanto frescor en su material y asombra la emoción que transmite por continuar con la curiosidad necesaria, por el gusto de hacer lo que le apetece, por probarse,  por disfrutar con todo ello.

El asunto de la música popular está lleno de nombres fugaces, de espumosos éxitos que suben y bajan con igual rapidez, así como de chascos contundentes. Permanecer por años resulta un acontecimiento. Sostenerse  haciendo bien las cosas es causa célebre. A Winwood siempre hay que reconocerle que ha mantenido el tipo y cualquiera de sus momentos es justo para celebrar su buen andar y que posea aún buena salud.

La estampa de este inmenso músico, desde su imagen de cuando empezaba a la actualidad, no denota grandemente el salto de los años. De entonces a la fecha ha conservado el buen físico y la sonrisa que manifiesta el gusto de hacer lo que hace: música.

Lo que hizo con el grupo de Spencer Davis (sus famosos temas: Gimmie Some Lovin’ y I’m the Man) conserva hoy por hoy la misma energía con la que fue creado y ejecutado entonces aquel material. La memoria guarda intacta la imagen de cuando empezó con Traffic en 1967. Y conviene hacerlo porque —en una época donde la dotación regular de los grupos era la del cuarteto con dos guitarras, el bajo y la batería— Winwood cubría varios espacios en tal formación como multiinstrumentista. Aparecía lo mismo  tocando la flauta, que el sitar, el órgano o la batería.

VIDEO SUGERIDO: Spencer Davis Group – Gimme Some Lovin’, YouTube (Alcast3)

Sus piezas mezclaban con toda naturalidad las influencias más disímbolas, en un espectro que iba del jazz a la música oriental, por sintetizar tal circunstancia. En cuanto a su acercamiento al género jazzístico, por ejemplo, era un verdadero placer escucharlos en el tema  “Giving To You” en el cual  se lanzaban improvisando como buenos y aventajados discípulos del Jimmy Smith, gran intérprete del Hammond, o de las aventuras místicas de John Coltrane.

Asimismo, hay que mencionar que Winwood) se ha permitido desde siempre acceder a los mejores aromas de la música. Desde muy joven se ha curtido y colaborado con los mejores intérpretes (de Eric Clapton, con quien formó Blind Faith, hasta Jimi Hendrix, B. B. King o Lou Reed, algunos del largo listado curricular). Y todo lo ha hecho sin la urgencia por nada. De tal suerte ha llegado por igual a las grandes masas que a tribus de culto y para hacerlo sólo le ha hecho falta hacer lo de siempre: buena música y bien hecha.

¿Cómo lo ha logrado? Como de costumbre, con todo lo mencionado, además de que la abrumadora mayoría de los textos de sus canciones vienen firmados junto a viejos compañeros de andanzas (Will Jennings, Jim Capaldi, Narada Michael Walden, José Neto, etcétera) aunque haya agregado en alguna ocasión cierto exotismo a la hora de plasmarlas, como el extremo de ir a Nashville para grabar la pieza “Refugees of the Heart”, por mencionar alguna.

Este artista de manera regular le ha inyectado nueva adrenalina a las asoladoras steel guitars, a los efectos musicales desbordantes de espuma, a los solos de sax que recuerdan el estilo de Junior Walker de la época de oro de la Motown o al aire jazzístico que se cuela por las ventanas abiertas de sus obras espaciadas. Es decir, aquello que arropa su voz y sus teclados, pero siempre al estilo Winwood.

VIDEO SUGERIDO: Steve Winwood – Back In The High Life Again (Live on SoundStage – OFFICIAL), YouTube (SoundStage)

STEVE WINWOOD (FOTO 3)

 

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A-HA

Por SERGIO MONSALVO C.

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 DULCE PARA ADOLESCENTES

A-Ha fue un grupo de soft rock de origen noruego y uno de los más exitosos a fines de la década de los ochenta, aunque de breve existencia. La popularidad de este conjunto, lo mismo que la de sus predecesores escandinavos de nombre Abba, reflejó en forma simultánea el carácter internacional de la música pop y la importancia central que le dieron al idioma inglés, en el cual compusieron y cantaron.

Bajo la influencia de los Beatles y los Doors, el tecladista Magne Foruholmen y el guitarrista Pal Waaktar, respectivamente, participaron en las agrupaciones Spider Empire y Bridges en la capital, Oslo, a mediados de los años setenta. Con este último grabaron un disco producido por ellos mismos llamado Nye Takter.

Llevándolo bajo el brazo viajaron a Londres para buscar un contrato con alguna compañía discográfica. No obtuvieron los resultados que esperaban y regresaron a casa a desbandarse.

Ambos músicos entonces decidieron reclutar al cantante Morten Harket –quien provenía de un grupo que interpretaba soul, de nombre Souldier Blue– para formar un trío. Una vez acoplados, lo volvieron a intentar en Inglaterra.

Luego de un tiempo de tocar puertas con sus demos caseros, la compañía Warner Bros. firmó con ellos un contrato preliminar; les asignó al director musical Dag Kolsrud y los puso a grabar un disco sencillo.

A-HA FOTO 2

Así, en 1985 salió a la luz la pieza “Take on Me”, con la cual pronto se dieron a conocer en Europa y llegaron al primer lugar en las listas de los Estados Unidos, apoyados por un videoclip dirigido por Steve Barron, el cual incluyó efectos de animación que sorprendieron a los especialistas y al público en general.

La posición del grupo como ídolos para adolescentes se reforzó posteriormente con las canciones “The Sun Always Shines on TV”, “Train of Thought” y “Hunting High and Low”, pieza esta última que le dio título a su primer L.P. en 1986.

Ya convertidos en “estrellas mundiales”, A-Ha, el bonito trío noruego, se lanzó a una gira europea con el handicap en contra de no haberse presentado jamás ante un público en vivo. Con la colaboración de tres músicos sesionistas (bajo, batería y teclados) el grupo mostró un repertorio que no brindaba muchas variantes y sí un sonido insípido que denotaba su elaboración en el estudio.

La crítica los hizo polvo por todo ello, pero las adolescentes se desmayaron, cantaron y gritaron que dio gusto. El disco se vendió en grandes cantidades.

De regreso en Inglaterra, el productor de Cliff Richard los tomó a su cargo y supervisó el proceso de su segundo álbum, Scoundrel Days, que apareció a fines de 1986. De ahí extrajeron la canción “Manhattan Skyline”, que se convirtió en hit en 1987.

El mismo año el letrista del grupo, Waaktar, colaboró con John Barry en el tema para la película The Living Daylights de James Bond.

A principios de 1988 comenzaron los problemas. La imagen que habían creado empezó a quedarles grande como músicos. La tensión creció entre ellos, lo mismo que con su equipo de producción. No obstante, apareció el disco Stay on These Roads.

Tras lo cual Dag Kolsrud dejó de asesorarlos para irse a formar al grupo One 2 Many. El disco subrayó claramente la problemática y que A-Ha no logró ganar la lucha contra el estancamiento musical. La voz de Harket evidenció su falta de flexibilidad y fuerza al salirse de los patrones sentimentales establecidos.

Las programaciones y los bancos de sonido mantuvieron el mismo tono; sin embargo, las canciones se atoraron en el intento interpretativo. La pieza que da título al último disco fue otro éxito de ventas, pero el grupo ya corría en un solo lugar como perro tras su cola y terminó por tronar.

VIDEO SUGERIDO: a-ha – Take On Me (Official Music Video), YouTube (RHINO)

A-HA FOTO 3

 

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ASIA

Por SERGIO MONSALVO C.

ASIA (FOTO 1)

  LA PERFECCION SIN ALMA

Steve Howe (guitarra y voz), Carl Palmer (batería), John Wetton (voz y bajo) y Geoff Downes (teclados): cuatro músicos experimentados, cuyas participaciones grupales sonaban como un recuento de la historia del rock en Inglaterra, dieron inicio en 1981 a los ensayos para un proyecto conjunto.

David Geffen, dueño de la compañía disquera del mismo nombre, tenía el plan de conducir a nuevos récords de ventas a algunos grandes y reconocidos rocanroleros, con base en el viejo concepto del “supergrupo”.  El plan dio buen resultado, al menos en el aspecto comercial.

Los discos del proyecto llamado Asia han logrado desde entonces ventas platino y tenido éxitos considerables con sencillos como “Heat of the Moment”, “Only Time Will Tell” y “Don’t Cry”.

En el sentido artístico, sin embargo, el cuarteto –con varias modificaciones postreras en su formación, traumáticas en diversos momentos y hasta con el fallecimiento de Wetton como fatalidad– proporcionó (proporciona) pocas innovaciones.

Coquetea (desde su integración en 1981 hasta 1986, en su primer periodo, y luego de 1989 hasta la fecha) diestramente con la perfección técnica y la calidad profesional que no deja nada al azar.

Planeado, armado y calculado de cabo a rabo, Asia navegó (navega) dentro de un hard rock sinfónico y pop tal como en los Estados Unidos lo hacían viento en popa grupos como Journey y Toto.  En Europa este banquete de sonido suscitó reacciones muy diversas, que fueron de la celebración al absoluto desprecio.

Steve Howe había sido durante once años guitarrista con Yes; Carl Palmer era considerado la estrella del monstruo denominado Emerson, Lake and Palmer; Geoff Downes estuvo también una corta temporada con Yes, aunque alcanzó la fama mundial mediante su participación en el dúo Buggles; y John Wetton había tocado como invitado en grupos como King Crimson, Uriah Heep, Roxy Music y U.K.

Al mismo tiempo, Asia halló en Mike Stone (Foreigner, Queen) al productor indicado para su rock bombástico y convencional. Las opulentas canciones y dramáticos arreglos desde el primer L.P. se ubicaron entre el pathos, la egolatría y el virtuosismo, viéndose estas características asimismo como herederas de la sinfonía y el desenfreno wagneriano. El de Asia ha sido desde entonces un rock clasicista elevado a un nivel de profesionalización total.

Internacionalmente fueron celebrados de manera eufórica durante su gira de 1982, lo cual llevó al grupo a establecerse en los Estados Unidos. Confiables, virtuosos aceptables tanto como faltos de inspiración, los integrantes del grupo  efectuaron (efectúan) presentaciones y música planeadas hasta el último detalle, las cuales comunican una imagen fríamente profesional en todos sentidos, pero a la vez autocomplaciente y lejana.

ASIA (FOTO 2)

El de “supergrupo es un vocablo que originalmente se usaba para describir a bandas integradas por músicos que en el medio ya gozaban de nombre, de buena reputación y de respeto entre sus colegas, prensa y público, en agrupaciones anteriores o a nivel individual (actualmente se incluye también a miembros en activo en su grupo base que están en un periodo de descanso, entre proyectos o en la indefinición).

La etiqueta, correctamente empleada, debe referirse a la estructura y construcción misma de la banda, a los elementos convocados para conformarla, y no al éxito que haya obtenido durante su existencia o a posteriori.

Los supergrupos (en su definición estricta) tienden a ser de breve duración, la fugacidad es su estigma, la cual recurrentemente no cruza la frontera del par de álbumes publicados (cuando mucho).

Además, suelen reunirse como un propósito paralelo, provisional, más que con la idea de mantenerse juntos en el tiempo como banda (a menos que funcione y se dediquen a ella como algo oficial y permanente, situación muy rara en la escena musical).

Cuando músicos de calidad como los convocados se reunían en un estudio, sólo podía salir algo grande y eso es justo lo que sucedió en esos 50 minutos de recital artístico, llamado Super Session (con Al Kooper, Stephen Stills, Mike Bloomfield), que se volvió un disco histórico, clásico, de status legendario inmediato y del que emanó el concepto de “supergrupo” que sería usado de ahí en adelante.

No obstante el ejemplo de Asia fue distinto. Nació como algo torcido, su objetivo era espurio,  no artístico. Por lo mismo sus obras no son históricas, ni clásicas, ni tiene status de leyenda.

Todo se ha medido por el oro de sus ventas. Y aunque haya sido (sea) un supergrupo, la acepción que los distingue en tal categoría no es la estética sino la comercial y de diseño industrial.

Inundado por un enorme espectáculo de luces, Asia sufrió (sufre) de oficio brillante y se olvidó (olvida) de explorar ideas progresivas e interpretaciones espontáneas.

A punto de cumplir los 40 años de existencia (con alguna interrupción), este proyecto musical mantuvo (mantiene) sus actitudes y valor comercial. Pocas o nulas han sido sus aportaciones artísticas y para corroborarlo están sus obras desde Asia (1982), pasando por Alpha (1983), Then and Now (1990) y una decena más, hasta Gravitas, el más reciente (2014).

VIDEO SUGERIDO: Asia 1982 Only Time Will Tell, YouTube (KOUJI3281)

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ABWÄRTS

Por SERGIO MONSALVO C.

ABWÄRTS (FOTO 1)

 EL PUNK EXPRESIONISTA

El grupo alemán Abwärts representó el puente musical entre la desesperanzada resignación de aquellos tiempos y el ideal anárquico original del punk de la ciudad de Hamburgo, el cual desde mediados de los años setenta se fomentó en los edificios desahuciados que ocupaban los estudiantes, los artistas y vagos anexos, en el barrio llamado Karolinen.

Sus muchas presentaciones en los bares portuarios y un exitoso Extended Play con la canción “Computerstaat” (Estado computarizado) los convirtieron en puntales de una agresiva vanguardia rockera en idioma alemán. Frank Z. (Ziegert) se encargaba de las guitarras, de la voz y de los textos interpretados con un estilo de monotonía hipnótica y en el slang de la localidad.

Por otro lado, F. M. Einheit, la presencia más dinámica del grupo sobre el escenario, tocaba los sintetizadores, la percusión y apoyaba en los coros; Margitta Haberland se apasionaba con el violín, mientras Marc Chung lo hacía con el bajo y Axel Dill con la batería en un trabajo rítmico sumamente preciso.

Amok Koma, su primer disco aparecido a finales de 1980, solidificó la buena reputación del grupo y lo convirtió en uno de los líderes de la denominada “Neue Deutsche Welle” (Nueva Ola Alemana), corriente que se había gestado en las postrimerías de los setenta. Intempestivamente y en el pináculo de la fama dentro de su país, Abwärts pareció desintegrarse sin motivos aparentes.

ABWÄRTS (FOTO 2)

VIDEO SUGERIDO: Abwärts – Türkenblues, YouTube (Flaming Moe)

M. Einheit se unió de manera transitoria al grupo Palais Schaumburg y luego ya en forma definitiva con Einstürzende Neubauten; Dill y Chung canalizaron sus inquietudes artísticas a través del fotógrafo Bodo Dretzke, el cual produjo un disco sencillo con la voz original del papa Juan Pablo II, mientras los tres se recreaban musicalmente en el punk más espeso y decidido. El E.P. se puso en circulación bajo el nombre del grupo: Der Favorit.

Ante la sorpresa general Abwärts se reunió para grabar el disco Der Westen ist einsam (El Oeste es solitario) (Phonogram) que apareció en 1982. En él ya no participó Margitta; profundizaron (con lazos hacia la New wave) en los abismos espirituales; tocaron con mayor habilidad técnica y se hundieron en una temática más sombría, pesimista y de depresiones tridimensionales. Luego realizaron una gira dentro de Alemania, tras la cual volvieron a desbandarse.

Seis años después retornaron a los estudios para producir el disco Abwärts (Decadencia) (Efa, 1988), con una música superior y bien lograda. Un L.P. actualizado, con un beat establecido por la computadora, una pulida producción y piezas hábilmente seleccionadas.

En él se encontraban dos cóvers: uno, el de “Hotlegs” al que rebautizaron como “Neanderthal Man”; y otro, la interpretación que hacen de “You Only Live Twice” (de la película de James Bond del mismo nombre). El disco estuvo dominado por las aportaciones de Frank Z. Los desfigurados tonos quedan al fondo, mientras en primer plano se ejecuta una música armoniosa que acompañó letras irónicas y sencillas.

En los albores de una nueva década, los noventa, Abwärts reapareció con una nueva muestra musical fuerte y segura (industrial): Ich seh’ die Schiffe den Fluss herunterfahren (Veo a los barcos bajar por el río) (Virgin, 1990). Un rock duro y energético como principal elemento, aunque en ocasiones, como en “Sandmännchen” (El viejito de los sueños), los acordes de las guitarras acústicas le den un toque casi lírico.

Con este disco, Abwärts retornó al ambiente de “garage” que a veces llegaba a enrarecimientos expresionistas matizados hasta el límite por el estilo recitado de la voz de Frank Z. Con esta producción noventera el grupo incursionó en forma efectiva dentro de la era que se dio en llamar de la “conmoción alemana”.

Desde entonces Abwärts ha sido un carrusel de cambios de personal. Ha transitado por el siglo XXI con discos de estudio, en vivo y antologías de toda índole (Neue Deutsche Welle, Punk, Krautrock), sus miembros han publicado algún libro por ahí, se han acercado al cine, relacionado con otros grupos y proyectos y mantenido un perfil bajo como grupo. Su más reciente álbum fue Smart Bomb, del 2018.

VIDEO SUGERIDO: Abwärts – Sonderzug Zur Endstation. wmv, YouTube (ednakrababble)

ABWÄRTS (FOTO 3)

 

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SCORPIONS

Por SERGIO MONSALVO C.

SCORPIONS (FOTO 1)

 LA BALADA DE ACERO

Ante cada nuevo álbum, los Scorpions –esos alemanes eméritos del heavy metal desde hace más de cincuenta años– siempre se reencuentran con el mismo dilema: satisfacer al mismo tiempo a los batallones de rabiosos escuchas que sólo quieren ver en ellos a los feroces creadores de un metal voraz; y por otro lado a las cohortes menos ávidas del estallido, a ese público grande, acostumbrado a dejarse derretir dulcemente por sus insinuantes e icónicas baladas lentas, como “Still Loving You” o “Wind of Change”.

Este grupo germano fue fundado en 1965 por el guitarrista Rudolf Schenker en Hannover, en la entonces Alemania Occidental. Con una formación cambiante a lo largo de los años, se han dedicado a tocar un heavy metal que destaca por la excelente labor de sus diversos guitarristas; la del líder y autor de las composiciones duras y severas; por la voz de su cantante que no se ha cansado de vibrar.

En contraparte también se les señala por la contradicción de incluir piezas seductoras y baladas inofensivas en su repertorio. Lo que viene a demostrar que no todo en la tierra del Metal es parranda y anécdotas depravadas. También laten los corazones con el acicate amoroso.

A estas piezas, que con el transcurrir del tiempo se les ha llamado power ballads, representan una forma de canción que es frecuentemente incluida en los álbumes del mencionado heavy metal, pero igualmente en el hard rock y el rock de raíces. Dicho estilo comenzó su andanza en los años sesenta con los Beatles, quien si no, con canciones como “While My Guitar Gently Weeps”, derivando en distintas formas en las décadas siguientes.

A menudo tales composiciones hablan de temas sentimentales, como la angustia, la necesidad, el amor o la pérdida. El ejemplo más contundente y exitoso de esta corriente ha sido el grupo Scorpions, de los que siempre se citará sus mencionadas canciones “Still Loving You” y “Wind of Change” como muestras destacadas.

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Un lustro después de formado Rudolf Schenker lo reforzó con su hermano Michael (en la guitarra líder), y a la postre se le integraron el cantante Klaus Meine, el bajista Lothar Heimberg y el baterista Wolfgang Dziony, agrupación con la que en 1972 se grabó Lonesome Crow. Un año después Michael los dejó para unirse al grupo londinense UFO y fue reemplazado por Ulrich Roth.  El baterista y el bajista también abandonaron al grupo y se les sustituyó con Jürgen Rosenthal y Francis Buchholz. Con esta formación produjeron Fly to the Rainbow en 1974.

Siguió el reemplazo de Rosenthal por Rudy Lenners para la grabación de In Trance y Virgin Killer en 1976.  Los Scorpions entonces tocaban un hard rock en el que destacaba el excelente desempeño en la guitarra de Roth. Además de su propio país, el grupo tuvo éxito en Japón e Inglaterra con el disco Taken by Force.  En el ínterin Lenners fue cambiado por Herman Rarebell y en 1978 realizaron una gira muy exitosa por Japón, de la cual salió el material de Tokyo Tapes.

A comienzos de 1979, Roth dejó al grupo para fundar Electric Sun. Ocupó su lugar Michael Schenker, que entretanto había dejado a UFO y regresó al conjunto de su hermano para grabar Lovedrive. Varias semanas más tarde tuvo que renunciar debido a problemas de salud. Mathias Jabs entró al quite y en Animal Magnetism empezó a manifestar sus capacidades guitarrísticas.

Ya con Jabs, el grupo se dio a conocer en los Estados Unidos con Blackout.  Además de la distintiva voz aguda y nasal de Meine y de los fuegos pirotécnicos de Jabs, dicha injerencia mundial debe atribuirse sobre todo a Rudolf Schenker, autor de la mezcla de composiciones pesadas y voluntariosas con melodiosas armonías en las guitarras.

Pese a que al tiempo de grabarse Love at First Sting corría el rumor de que Buchholz y Rarebell serían despedidos, el grupo logró perfeccionar más el curso emprendido, en sentido instrumental y de producción.  World Wide Live fue la prueba “viva” de ello.

El grupo no se dejó confundir por el enorme éxito obtenido a nivel mundial por sus baladas (“Still Loving You” fue incluida en Gold Ballads, aunque había sido escrita nueve años antes), y siguió trabajando tranquilamente durante varios meses en su nueva realización Savage Amusement, en la cual más que nunca supieron encontrar el equilibrio justo entre la voz de Klaus Meine, la chispeante guitarra de Mathias Jabs, la constante alta calidad en el material interpretado y la producción bien balanceada de Dieter Dirks.

Con todo, hizo falta Crazy World, producido por Keith Olsen, para repetir el éxito de “Still Loving You”. En este álbum, Rudolf Schenker dio un paso atrás y se sirvió de vez en cuando de una ayudadita de Jim Valance, compañero de composición de Bryan Adams. El resultado fueron las características baladas que lograron el éxito comercial, en este caso “Wind of Change” y “Send Me an Angel”. El buen recibimiento de este material provocó que la compañía discográfica hiciera una antología en Best of Rockers ‘N’ Ballads y para Face the Heat (1993) algo semejante.

La difícil contradicción en la que han vivido como grupo ha requerido de mucha habilidad artística para continuar el desarrollo, ya que fue sin duda por lo que los músicos germanos acudieron al orfebre Bruce Fairbain para ayudarles en la tarea, además de un nuevo bajista, Ralph Rickermann (aunque han seguido ocurriendo cambios de personal).

El resultado ha sido curioso, porque sus álbumes de estudio desde entonces (siete más hasta el Return to Forever del 2015), así como su andar como grupo, parecen funcionar a dos velocidades (tanto en discos como en presentaciones en vivo) en una especie de esquizofrenia musical. Situación, que por otra parte, se ha vuelto definitiva para sus admiradores a la hora de comprar sus discos (generalmente ambivalentes), de los que han vendido más de cien millones.

VIDEO SUGERIDO: Scorpions – Still Loving You (HD), YouTube (Alberto Cruz)

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DEAD CAN DANCE

Por SERGIO MONSALVO C.

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EXPLORADORES DE LA SONORIDAD

Ellos están tan cerca del universo que pueden vivir lejos del mundo. Dead Can Dance ha engendrado un álbum-laberinto, por ejemplo, en una iglesia perdida de Irlanda, que garantiza horizontes lejanos y niebla sobre cualquier tipo de frontera a la creación.

Irlanda es un país sui géneris. Una especie de fin del mundo. El viento que la habita viene de lejos sin tocar la tierra, purificado de todo lo humano. En el espacio de cinco minutos, el cielo pasa del gris oscuro al azul resplandeciente. El sol hace brillar las gotas que aún cubren las hojas. El paisaje natural se cubre de arcos iris en miniatura.

Aislados en esta tierra de hadas, Brendan Perry y Lysa Gerrard, sus integrantes, mezclaron sus sonidos durante meses. En medio de los bosques, su vecino más próximo resultó ser un castillo en ruinas, cuyas piedras devora la vegetación. Actualmente un reino de tierras baldías y exiliados, en sus tiempos gloriosos fue un refugio de bandidos. El dúo, extranjeros eternos, de Australia e Inglaterra, halló por fin su territorio. Un lugar que los aceptó sin necesitarlos. “Un sitio donde uno se siente pequeño”, según James Joyce.

Hace casi cuatro décadas que Dead Can Dance explora al mundo y mezcla sonoridades ancestrales con la tecnología. Entre algunos silencios intermitentes de años, su búsqueda de raíces ha rendido nueve frutos hasta el momento.  Con cada uno de ellos estos gitanos del universo vuelven a salir a la superficie. El estilo sigue evolucionando, sin permanecer en ninguna etiqueta (dark wave neoclásico, world beat, art-rock, avant-garde o rock gótico); dramático, a veces mínimamente pedante e irritante en su énfasis.

En cada ocasión, igualmente, los mantras del Lejano y Medio Oriente, la polirritmia africana, el folk gaélico o el canto gregoriano, impregnan su música, con una espolvoreada omnipresente de la tradición irlandesa encima.  Un rompecabezas de orígenes y sensibilidades. Los gritos de pájaros enriquecen las voces. Es normal si se sabe que Brendan a veces se despierta con el canto de los cisnes al hacer el amor.  El músico no pudo más que utilizar esta fuente de inspiración viva y estrepitosa en una de sus obras.

Los álbumes a veces resultan extremadamente tribales, dominado por las percusiones o por sonoridades poshistóricas irredentas. “En general son discos sin concepto definido –ha dicho el músico–.  Claude Debussy decía que no se debe prestar demasiada atención a la forma, que hay que olvidar el andamiaje para ver la arquitectura. A lo largo de nuestra historia hemos pensado menos en nuestra música y buscando más el fondo, para funcionar por instinto”.

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Los viajeros Brendan y Lysa a través de los años han realizado expediciones físicas y metafísicas. Despegaron en Australia en 1980, cuando una rubia de pálido rostro conoció en Melbourne a un hombre de verde mirada. Ambos son de origen irlandés. La primera pieza que escriben juntos trata del desastre ocasionado por la invasión de los europeos en Australia.

En 1981, el dúo levantó el vuelo, lejos de los aborígenes a los cuales jamás conocieron. Un álbum homónimo nació en 1984 en Londres. Frío y místico, llegó en picada durante el periodo de pospunk gótico. Lysa y Brendan viven, entonces, en la punta de una torre londinense.

Su creación, a partir de esos instantes, respira la sed por el espacio. Entre la liturgia de cantos gregorianos y voces búlgaras, se enriquece con sonoridades lejanas y cardinales. Into the Labyrinth, a su vez, habló de otros horizontes.

Después de haber viajado por España, Lysa se va a vivir a una reservación en medio de la selva de las montañas nevadas de Australia, con su flamante hijo y su marido. Brendan, por su parte, se instala como ermitaño en una iglesia renovada a varios kilómetros de un remoto lugar llamado Belturbet, con un perro como única compañía. Así, sobre una isla rodeada por el río Erne tomó forma aquel laberinto. El estudio de Dead Can Dance de ahí en adelante quedó suspendido en el corazón de la iglesia de Quivvy.

El sonido del dúo es solemne, pero también onírico y reflexivo, pero el ambiente, que sigue siendo meditabundo, se ha ido volviendo más tribal, si cabe, como corresponde a los memoriosos de avanzada. Fuera la mística urbana; la naturaleza salvaje puebla sus paisajes románticos y melancólicos. El regreso a las raíces y a la naturaleza (la visión milenial adelantada).  Su obra se evade de los recintos místicos para respirar los grandes espacios. Los avatares habitan en sus álbumes, que avanzan al ritmo de percusiones dominantes con corazón techno.

Lisa Gerrard busca por doquier sus inspiraciones, algunas veces muy lejos de las voces búlgaras, otras del etéreo gaélico. La onomatopeya que aparece deja que hable el instinto; mientras la palabra se pierde en el sonido. A capella, ella ofrece sus cuerdas vocales al folk irlandés en una esquizofrenia artística singular que la incita a pasar de lo más simple a lo más enfático.

Brendan Perry, a su vez, canta cada vez más, desde la edición de Aïon en 1990 ha tenido tiempo de aprender a tocar instrumentos de otros tiempos. Los ha ido introduciendo en su música conforme hace sus descubrimientos. Los violines se rozan con la cítara, el programador con la bombarda. Juntos, causan la impresión del encuentro entre dos orquestas, una sinfónica y la otra, étnica.  Ejemplo catedralicio de su evolución, que es una maravilla sonora, sin lugar a dudas.

VIDEO SUGERIDO: Dead Can Dance – ‘Opium’, YouTube (Dead Can Dance)

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PROFESSOR LONGHAIR

Por SERGIO MONSALVO C.

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 EL CORAZÓN FESTIVO

De Nueva Orleáns, de sus casas de citas y ambiente burdelero partió la mejor música que se haya escuchado en el mundo en los últimos cien años: comenzando por el blues y el jazz, géneros que emprenderían desde ahí una de las mayores y más enriquecedoras travesías que haya registrado la cultura, viajando por el río Mississippi hasta el norte estadounidense y al mundo en pleno con todos los derivados que de ellos se conocen actualmente.

Viajó con sus aportaciones al lenguaje y al arte en general, con sus mitos y nombres legendarios, comenzando por los arquetípicos Buddy Bolden, Jelly Roll Morton, Joseph “King” Oliver, Johnny Dodds, el único y trascendente Louis Armstrong (a quien se debe haber sacado al género del gueto del prostíbulo e instalado en las salas de concierto del planeta entero) y con quien puso la fiesta como paradigma citadino: Professor Longhair.

Estos hombres llevaron la música de Nueva Orleáns, una vez clausurado Storyville, rumbo a tierras ignotas, llevando tras de sí una cauda infinita de sonoridades. Este big bang contenía nombres y universos varios cuya estela se extiende hasta nuestros días y mantiene abiertas las puertas del futuro: Fletcher Henderson, Sidnet Bechet, Duke Ellington (el más importante compositor estadounidense), Terence Blanchard, Harry Connick Jr. Dr. John, la Original Dixieland Jazz Band (agrupación a la que le tocó la distinción de grabar el jazz por primera vez), Al Hirt, Mahalia Jackson (la encarnación del gospel), la familia Marsalis, los Neville Brothers, Louis Prima, la Dirty Dozen Brass Band, Allen Toussaint, Fats Domino (padrino del rhythm and blues y el rock), etcétera, etcétera.

La música, pues, es la vital savia de Nueva Orleáns, un elemento significativo en la cultura del país del Norte. Es el sonido descrito por Dr. John como el resultado de “una batería fuerte, un bajo pesado, un piano ligero, una guitarra pesada, metales ligeros y una fuerte línea vocal”.

En el aspecto rítmico, el sonido de Nueva Orleáns se remite al beat que se desarrolló con ocasión de los desfiles de Mardi gras y de las famosas procesiones fúnebres, la llamada “second line”. Uno de los pioneros de tal aspecto fue el pianista y cantante Professor Longhair, quien fundió en un estilo propio el boogie-woogie, los ritmos latinoamericanos, la “second line” y diversos elementos jazzísticos.

Tal clase de música es auténtica, la que se oye en alguno de aquellos tugurios de mala muerte o en una de las muchas iglesias llenas de gente consagrada a lo divino cantando gospel. A dicha música se le suele llamar “gut bucket” o “barrelhouse”. La misma que los pianistas de dicho puerto, primigenios y actuales, tocaban sin parar durante horas mientras cantaban de memoria, reinventando muchas veces las letras en el proceso. La música de Nueva Orleáns, tan sencilla, como realista, se desarrolló así en forma natural y gozosa, gracias a este Professor.

De día y de noche.  Barrelhouse y junkie blues, funky butt, gut bucket y todo el jazz. Así se solía llamar esta música callejera. Longhair tenía su propia denominación para este estilo: “Toquemos un poco de funky butt“, solía decir.  Eso era exactamente.  Música que te ponía a bailar y a sacudir el cuerpo hasta volverlo funky.

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Esta clase de música de Nueva Orleáns es la auténtica, que igualmente pudiera escucharse en el desfile de algún grupo de metales por la calle Canal o durante una ceremonia gris-gris (vudú). Definitivamente no es el sonido relamido que algunos grupos tocan para los turistas en los hoteles elegantes.

Lo más importante que debe recordarse es lo siguiente: la música de Nueva Orleáns no se inventó. Se desarrolló en forma natural, gozosamente, sólo para divertirse. No hubo profundas ondas psicológicas traumáticas. Nunca. Sólo una música sencilla, realista, para pasar un buen rato. Es música que te permite reírte de ti mismo y de la música, sabiendo que te la estás pasando de maravilla.

En The Primo Collection se encuentran sus grabaciones más conocidas como “Tipitina”, “Mardi Gras in New Orleans” o “In the Night”, entre muchas otras, hechas por él en los años cincuenta con su grupo, The Shuffing Hungarians.  Asimismo, poco antes de su muerte el Professor grabó Crawfish (con Alligator), su mejor disco desde su redescubrimiento a comienzos de los setenta. Por otra parte, entre los muchos discos en vivo suyos que aparecieron en forma póstuma, The Last Mardi Gras (con Atlantic) es el mejor, un álbum doble grabado en el club Tipitina’s de Nueva Orleáns, establecimiento bautizado según su mejor éxito.

Estos álbumes de Longhair, son documentos importantes, además de testimoniales en el contexto de varios géneros musicales. En las historias que cuenta el músico mientras toca se pueden ver y sentir las circunstancias vivas dentro de las cuales se han creado muchas leyendas de nuestro tiempo, como la suya. La de un veterano al que escuchar por todo su contenido.

Henry Roeland Byrd, también conocido como Professor Longhair (nacido en 1918 en Bogalusa, una población cercana a Nueva Orleáns), fue el corazón y alma de Nueva Orleáns. Su música desde su aparición ha sido llamada todo desde rock y blues hasta calypso, jazz, funk y afrocubano, y es todo eso. Pero ante todo es música festiva.

Professor Longhir fue el rey supremo desde su banco-trono en el piano. Cada canción fue impulsada por el compás de la segunda línea, ese ritmo contagioso e imposible de describir creado originalmente por los bailarines que seguían los desfiles funerarios de la ciudad. Ese ritmo que ha impregnado toda la auténtica música de Nueva Orleáns, desde King Oliver hasta The Meters.

Bailar en la calle delante de las tabernas locales le dio al joven Byrd su primera oportunidad de escuchar a los pianistas que influyeron a la postre en su estilo: Kid Stormy Weather, Sullivan Rock, Archibald, Robert Bertrand y sobre todo Tuts Washington. La madre de Byrd, pianista profesional, lo animó a experimentar, primero en la guitarra y luego en el piano. Sin embargo, aquél no tomó en serio la música y se estableció primero como jugador profesional de cartas. No regresó al teclado hasta fines de los años cuarenta, cuando también se ganó su famoso apodo: Professor Longhair.

Durante los siguientes años, bajo este nombre se convirtió en uno de los músicos más populares de la ciudad. Sus sesiones produjeron canciones clásicas como las ya mencionadas, además de “Hey Now, Baby”, “Big Chief” y la gran “Baby Let Me Hold Your Hand”. Adquirió fama también por sus estrafalarios vestuarios (smoking con guantes rojos y plumas, uniformes de combate militares, etcétera) y por su costumbre de llevar el compás pateando el piano hasta astillar al instrumento.

Sus canciones se volvieron populares y han trascendido el tiempo y las generaciones (gracias también a la divulgación de su legado por parte del Dr. John, una luminaria que en sus años mozos fuera Mac Rebennack, el guitarrista de estudio de Longhair). Hoy en día se le aclama como el padre del sonido Nueva Orleáns: La casa de la fiesta eterna, donde Professor Longhair encabezó una permanente por toda la ciudad hasta su muerte en 1980.

VIDEO SUGERIDO: 1974 PROFESSOR LONHAIR – TIPITINA – LIVE!, Youtube (Historic Films Stock Footage Archive)

PROFESSOR LONGHAIR (FOTO 3)

 

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