“THE WANDERER”

Por SERGIO MONSALVO C.

THE WANDERER (FOTO 1)

 (RELATO)

Era un viernes, si mal no recuerdo. Estábamos reunidos ahí en la calle, como de costumbre. Seríamos unos diez esa vez, más o menos, sin contar a una de las hermanas de mis amigos que vivían en esa calle y un par de amigas suyas, que se habían detenido a platicar con nosotros sobre la próxima fiesta, el partido de futbol americano del día siguiente (en el que participaban dos de los nuestros), en fín, cosas así, entre bromas y risas. Pasándola bien bajo un gran poste de luz que iluminaba aquel crucero de nuestra colonia.

En ese momento pasó por ahí un tipo tocado con anteojos para el sol (¡eran las ocho de la noche!). No recuerdo quién de nosotros gritó “¡Rostro!” al verlo. Eso fue todo. Hubo risas y a otro tema.

Cinco minutos después escuchamos un cruce de chiflidos no muy lejanos. Gardo, el respetado cabecilla de nuestro conglomerado y hermano mayor de varios elementos incluyendo a la que estaba también ahí, nos miró a todos y les dijo a ellas que se fueran rápido para la casa.

Fue a su auto y buscó y rebuscó, pero no había mucho: un desarmador, unas pinzas, el gato, el tubo para levantarlo y ya. Los repartió a los que alcanzaron. El resto sólo tenía su propio cinturón.

A los diez minutos ya estaban frente a nosotros 50 cabrones, con cadenas, bats de beisbol, tubos de diferente calibre y un sinfín de artefactos que tenían el miserable objetivo de hacernos papilla. “Hasta aquí llegué”, pensé viendo mi triste cinturoncito.

En un cuarto de hora tan sólo, había pasado de una despreocupada felicidad al inminente instante de morir a golpes o con algo clavado en mi joven estómago. Al igual que algunos amigos de la calle y cuadras aledañas.

“Bueno, pues, ¡a la chingada!”, creo que todos pensamos. Nos acomodamos pegados en línea y a darle. Ya sentía yo el primer golpe en la cabeza cuando se escucharon a unos metros las sirenas de las patrullas y camionetas de la policía (las conocidas “julias” con sus ínclitos granaderos). Todo mundo a correr.

Después, más tarde, supimos que la hermana de Gardo había hecho la llamada telefónica y provocado aquel anticlímax, para que finalmente yo pudiera contar esto. La postergada pelea se dirimió a la postre con una pelea pactada entre los mayores de cada banda. El motivo había sido olvidado por completo.

 

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VELVET UNDERGROUND

Por SERGIO MONSALVO C.

VELVET (FOTO 1)

 LA LARGA SOMBRA

 Realmente hizo falta el apoyo de todos los dioses y todos los demonios para que un día se reunieran bajo el apelativo de Velvet Underground —con la intención genial de lo que este nombre, extraído de una novela de pacotilla recogida de la acera de la calle, pudiera sugerir en cuanto a negrura,  voluptuosidad, perversidad, cinismo, dulzura, provocación, inquietud, mezcla perfecta de miedo, asco y deseo— seis personajes que no contaban con más que el pretexto del lugar y del momento para hacerlo.

Aunque la formación clásica (Lou Reed, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker) sólo permaneció unida por tres años, su halo se ha extendido como uno de los grupos de rock más influyentes de todos los tiempos (la participación de Andy Warhol como promotor, agente, productor y diseñador del primer disco del grupo es otra historia; lo mismo que la inclusión, salida y posterior carrera de Nico).

La combinación del temperamento vanguardista de John Cale con la dura poesía callejera de Lou Reed, sobre temas tabú como el sexo y las drogas, se erigió en una alternativa corrosiva al optimismo «flower power» enarbolado por muchos contemporáneos suyos.

VELVET (FOTO 2)

 

 

La lista completa de grupos para los que el Velvet Underground ha sido una importante fuente de inspiración, rebasaría el espacio disponible de cualquier revista, de toda la revista. Los primeros en manifestarla fueron algunos hacedores del rock de garage. Sin embargo, a fines de los sesenta la influencia del grupo sólo se hizo sentir muy poco, pero fue aumentando a principios de la década siguiente, con el movimiento del glam rock, y llegó a su culminación durante los años del punk.

A comienzos de los ochenta, con el postpunk su herencia pareció haber crecido. Y se renovó con fuerza al finalizar el decenio con el noise. En los noventa, cuando se sintonizaba 120 Minutes de MTV, parecía como si todos los grupos de indie portaran el sello del Velvet. Y prácticamente se puede decir lo mismo de la primera década del nuevo siglo.

Uno de los primeros grupos en seguir el ejemplo de los neoyorkinos fue el europeo Can. Irmin Schmidt y Holger Czukay, alumnos de Stockhausen, pudieron identificarse con el rompimiento que Cale realizó con el avant-garde clásico. “Los del Velvet Underground tocaban sus instrumentos como unos malditos —indicó Czukay con tono de admiración—. Fue muy liberador escuchar eso”.

Al poco tiempo surgieron otras bandas que también reunieron los collages sonoros de la música electrónica y experimental con la simpleza estruendosa del rock, entre ellos Kevin Ayers and The Whole World (con quienes el compositor inglés David Bedford desempeñó el papel de Cale) y Roxy Music (dentro del cual esta tarea le correspondió a Brian Eno).

A comienzos de los setenta la música del Velvet Underground adquirió otro significado. Los personajes esquivos y andróginos de las canciones de Lou Reed, propios del entorno de Warhol, y la sexualidad no del todo definible del cantante, resultaron ser afines con una nueva moda, el glam rock. Al poco tiempo fue cosa común ver  tiempo fue cosa com, y la sexualidad no del todo definible del cantante resultaron ser afines con una nueva moda, el glaa hombres con maquillaje y a estrellas de rock con traje de travesti. Los New York Dolls, los Spiders from Mars de Bowie, Roxy Music, Iggy y los Stooges, Mott the Hoople: por doquier los grupos recorrían los escenarios así.

A los pocos años se produjo la reacción: el punk. El nuevo manifiesto dictaba: apréndete un acorde y funda un grupo. Muy bien, pero ¿qué canciones se han de tocar? Desde luego los viejos éxitos del Velvet, cosas como “White Light/White Heat” y “Sweet Jane” o en ese estilo interpretativo: Sex pistols.

VIDEO SUGERIDO: The Velvet Underground – Sunday Morning, YouTube (Katie M)

En el polo intelectual del punk su luz irradió los discos de Patti Smith y Television; con el new wave a los Talking Heads, Blondie. Joy Division, que dio inicio a la época del postpunk “industrial”, incluso se atrevió a realizar un cóver de “Sister Ray”.

Llegaron los ochenta. Para REM, con su actitud optimista y políticamente comprometida, el repertorio del Velvet Underground no parecía ser el adecuado. No obstante, a Michael Stipe le gustaba cantar “Femme Fatale” y “Pale Blue Eyes” al término de sus conciertos, y ambas piezas aparecieron en el álbum Dead Letter Office.

En el otro extremo del espectro, The Jesus & Mary Chain atacaron los gustos y los canales auditivos con una amalgama de rock de garage y el feedback, lo cual trajo a la memoria la estrategia del shock seguida por Exploding Plastic Inevitable.

Nunca fue un secreto para nadie que Birthday Party le debía mucho al Velvet Underground, pero el hecho acabó de revelarse cando Nick Cave interpretó “All Tomorrow’s Parties” en su álbum como solista Kicking against the Pricks. De Sonic Youth se puede decirlo mismo.

Desde luego uno de los muchos tributos que salieron a la venta en los ochenta se dedicó a Velvet Underground. En Heaven and Hell las canciones del grupo corrieron a cargo de Echo and The Bunnymen, Bill Nelson, Fatima Mansions y Shelleyan Orphan, entre otros, quienes resultaron incapaces de mejorar el material.

En la década siguiente la escena del indie y de lo alternativo se hundió en la moda de la tristeza. Conforme a esta evolución de repente cobró importancia el tercer álbum de Velvet Underground. La falta de energía es la característica más destacada que en él se comparte con los sonidos desganados de agrupaciones como Galaxie 500, Cabaret Voltaire, Spiritualized, Spacemen, The Cure y algunas muestras del gótico, el dark y el grunge. El rock industrial le hizo también los honores.

¿Y qué siguió? La vuelta al mainstream: Billy Idol hizo un cóver de “Heroin”, Bryan Ferry interpretó “All Tomorrow’s Parties”. Al comienzo de la primera década del siglo XXI los Strokes no nagaron la cruz de su parroquia.

Y el listado continúa desde el neo-garage al avant-garde y el post rock…(agregar aquí los nombres y estilos que se suman e irán sumando al paso de los años).

El Velvet Underground, pues,  ha proyectado una larga sombra sobre el rock y en sus diversos estilos y épocas (circunstancia cultural sólo comparable a la de los Beatles). La mano del destino, movida por los dioses y demonios, aún continúa suelta y vivos, aún, dos de los protagonistas de la leyenda, de los cuales sólo uno (John Cale) sigue forjándose la propia.

VIDEO SUGERIDO: Velvet Underground I’m Waiting For The Man Subtitulada (HD), YouTube (tama1266)

VELVET (FOTO 3)

 

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FLASHBACKS

Por SERGIO MONSALVO C.

FLASHBACKS (FOTO 1)

 (GELUKKIGE OGENBLIKKEN)

 

Bijvoorbeeld mijn eerste avontuur met Jules Verne

op een paard met de postbode van de tzaar…

Bijvoorveeld mijn eerste zoektocht naar goud

met Chaplin op weg naar Alaska…

Bijvoorbeeld mijn eerste doelpunt

in het Olympisch Stadion met mijn team…

Maar het was mijn eerste Elvis

die me deed trillen van opwinding (All Shook Up)…

Door luisteren en leren over muziek

leerde ik me voor het eerst kennen…

In het luisteren en schrijven erover

vond ik mijn toekomstige beroep…

Door luisteren, leren en schrijven erover

communiceer ik nu met andere mensen.

FLASHBACKS

(MOMENTOS FELICES)

Por ejemplo, mi primera aventura con Julio Verne

montando a caballo con el correo del zar…

Por ejemplo, mi primera búsqueda de oro

con Chaplin en senderos de Alaska…

Por ejemplo, mi primer gol

en el Estadio Olímpico con los Pumas

Pero fue mi escucha del primer Elvis

lo que me hizo estremecer de emoción…

Al escuchar y aprender sobre la música

me descubrí por primera vez…

Al escuchar y escribir sobre ella

me encontré con mi futura profesión…

Al escuchar, aprender y escribir sobre ella

me comunicó hoy con los demás.

 

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TARJETA POSTAL

Por SERGIO MONSALVO C.

POSTALES (FOTO 1)

 UNA ESPECIE EXTINGUIDA

 Este espacio se lo quise dedicar a un género epistolar que tuvo gran importancia en el ayer pero que actualmente ya ha agonizado: la tarjeta postal, de la cual se podría decir que la matamos entre todos y ella sola se murió. Lamentable. Porque significa la extinción de parte de la memoria colectiva y emocional de todo un siglo. Una memoria que con muy pocas líneas habló de vida, alegría, viajes, sorpresas, evocaciones o plenitud. Y lo hizo con cariño, con amistad, con amor y con una inigualable extensión de la personalidad: la letra manuscrita.

(Hoy es difícil describir la personalidad de alguien sólo guiados por sus mensajes de e-mail, Twitter o a través de WhatsApp. La tipografía es homogénea, contenida, fría –como el medio–, sin características individuales. Con un manuscrito la cosa cambia. Podemos saber qué color de tinta prefiere para escribir, el tipo de pluma que utiliza, si lo hace uniformemente o no, si su escritura es rápida o cuidada, si sus trazos son rectos o inclinados, delgados o gruesos, su puntuación, su ortografía –con los nuevos artilugios de corrección eso no es posible–, en fin, es un medio cálido que permite notar la personalidad de quien escribe y sus particularidades, y raramente se olvidará uno de dicho texto y de su imagen, y si es de alguien cercano, menos aún)

Volviendo a la tarjeta postal, en tal forma de comunicación siempre estuvo ausente el secreto, la privacidad. No hacía falta porque no había nada que mantener de esa manera. Al contrario, parecía alardear de su exposición pública constante sin tapujos a través de las distancias y hablaba a los demás de gente con familia o amistades viajeras en un mundo que aún no lo era de forma regular. Era un alarde inocente cuyo contenido podía ser leído con facilidad y la principal diferencia con una carta convencional, ya que ésta sí requería de un sobre para ocultar su contenido.

El de la postal era un expositor de lugares comunes, de clichés, las más de las veces. No había pretensión ni ejercicios de estilo. Era un monumento al tópico, hecho con material noticioso y testimonial –un simple mensaje– de un momento de júbilo que se quería compartir, de manera sencilla, cariñosa e ingenua.

La tarjeta postal fue además y en general un objeto bello, de paisajes naturales, urbanos o costumbristas, con una realidad aumentada en technicolor, que en su esencia logró la conjunción de la letra con la imagen, espalda con espalda, por primera vez. Un binomio que se volvió inseparable y al que únicamente  le hizo falta un sencillo soporte de cartón.

La primera postal de la que se tiene conocimiento se mandó como uno de los servicios que brindaban las oficinas de correos públicas en sus inicios. De esta manera Theodore Hook (un escritor y compositor británico muy conocido en su época) se envió a sí mismo (como una broma) aquella misiva en Londres en el año 1840. El precio fue el penique que costaba la estampilla.

Dichas postales fueron oficiales y editadas por las propias oficinas de correos. Por una cara tenían impreso el franqueo (con su logotipo y espacio para la estampilla y los sellos), mientras que la otra estaba completamente en blanco para que las personas pudieran escribir su mensaje.

Así se mantuvieron durante cuatro décadas hasta que a fines de siglo y con la llegada de la Revolución Industrial (que mejoró los sistemas para imprimir) se abrieron paso las editadas por la industria privada que las realizó con ilustraciones, no sin que antes la Union Postal Universal (un organismo internacional) regulara el formato para ellas, recomendando el tamaño de 9×14 cm. Indicación que se mantuvo hasta los años sesenta del siglo XX en que se hicieron más grandes (10.5×15 cm).

POSTALES (FOTO 2)

De esta manera las postales modernas incluyeron un dibujo o una fotografía del lugar donde eran vendidas, por lo que con ello se inauguró un espacio para ellas en las novedosas tiendas de souvenirs, en los puestos de periódicos y revistas y en los hoteles de lugares turísticos. Su consumo se volvió muy popular y en artículo obligado para cualquier viajero.

Con el cambio de siglo el intercambio de ellas se puso de moda, como viajar (la transportación internacional y sus avances tecnológicos lo hicieron posible). Su envío costaba la mitad de lo que era para una carta normal y además contribuyó la mejoría en la calidad de la impresión y en los motivos mostrados.

A partir de 1906 el anverso de la postal se volvió exclusivo de la imagen y el reverso fue dividido a la mitad. En una parte estaba el espacio para el escrito y en la otra el reservado para la estampilla y la dirección del destinatario. Hasta la Primera Guerra Mundial las mejores impresiones de ellas se hacían e países como Alemania, Suiza y Austria, ya que sus imprentas lo hacían con métodos basados en la fototipia y cromolitografía (litografía en varios colores). En la actualidad tanto las postales antiguas como las modernas son objetos de colección, con un valor documental muy apreciado.

Las postales, en su apogeo, fueron la señal de un mundo todavía enorme, desconocido y exótico y de tecnología rudimentaria y en transición. Era un alarde, como dije anteriormente, tanto para el que la enviaba, señal inequívoca de encontrase de viaje (en la excepcionalidad del turismo aún restringido) como para la que la recibía, señal inequívoca de tener tales contactos.

Actualmente sus fotografías estáticas y mensajes plagados de lugares comunes han fenecido y vuelto tan sólo objetos de coleccionismo. En las tiendas habitan por cientos su tristeza y su venta es nula. ¿Cuál sería su oferta ahora, frente al teléfono móvil, sus artilugios y su instantaneidad, que han borrado los anversos y reversos de su formato con mil y una posibilidades en el manejo de la imagen y son susceptibles de multiplicarlas con diversos apps (de forma gráfica y textual) hasta donde alcance la generación a que pertenezca el aparato del emisor?

Comprar y enviar una postal turística (las navideñas y las de felicitación por algún acontecimiento son otra historia) para festejar cariñosamente el recuerdo del otro(a) es una acto de melancolía puro y llano. Un sinsentido poético para ralentizar el tiempo, la nota de un destino, de un traslado o el prestigio perdido de un lugar antes remoto. Quizá un último guiño de reconocimiento ante la desaparición de una especie que alguna vez dio noticia de lo lejano y exterior.

Una memoria que se ponía debajo del grueso vidrio de las pesadas mesas del comedor como adorno kitsch y provinciano. O igualmente, se les guardaba en una caja especial dentro de la casa junto a sus semejantes, fotografías en blanco y negro o papeles importantes. Quizá el postrer vestigio para evitarle la nada a gente desaparecida, lejana o cercana con la que convivimos antaño y que envió una frase ocurrente o un saludo rápido, esperando que al llegar a su destino se transformara en flor de nomeolvides.

POSTALES (FOTO 3)

 

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ROBERT PLANT

Por SERGIO MONSALVO C.

ROBERT PLANT (FOTO 1)

 RETRATO DEL GRAN MAESTRO

La obra de Robert Plant (West Bromwich, Inglaterra, 1948) es fruto de una cosmovisión asentada en diferentes formas artísticas, estéticas y de pensamiento, donde el esoterismo y el erotismo, materias en las que ha estado inmerso desde los años sesenta, son elementos decisivos para él de aproximación hacia el conocimiento universal.

La trama de sus discos como solista (once de estudio hasta la fecha) se teje con una extraordinaria cantidad de hilos que, yuxtapuestos, dibujan la totalidad de su universo musical. De algunas de estas vías de creación da cuenta su álbum Carry Fire.

Este título que apareció a finales del 2017, se convirtió en el álbum más escuchado por mí en el 2018 y aún hoy, al margen de lo que iba surgiendo, e incluso frente a los mejores discos del curso. Lo oí cada semana (al menos una vez) durante los doce meses de este año. ¿Por qué? Porque me parece un muestrario ejemplar de su evolución como músico (un icono, por donde se le vea).

Este británico jamás se ha quedado atrapado en ninguna de las etiquetas que le han endilgado a lo largo de su carrera, y en las que cualquier otro con menos ambición se hubiera plantado para el resto de su vida. Fue pionero del heavy metal, en metalizar el blues, en electrificar la balada mística, en abandonar a una agrupación en la cima del éxito y seguir una carrera como solista.

«Mi vida ha adquirido otro ritmo –dijo en aquellos momentos–. Ya no trato de aferrarme al título ‘King of Cock Rock‘ que me dieron hace un millón de años, cuando eso aún funcionaba. La música alimentada por el hedonismo, por la ira, por la locura. Aún tengo algunos de esos problemas, pero ya sólo quedan unas dos personas que recuerdan aquello. Ya no significa nada. Y por eso me gusta lo que hago en la actualidad. Es una actividad completamente personal. Canto lo que quiero cantar”.

Pero no sólo llegó hasta ahí: inició el swing rock (lo popularizó y evitó a toda costa luego convertirse en crooner), lideró la ola retro del rockabilly y fue de los primeros en abrir el horizonte del world beat (con énfasis en las sonoridades del Medio Oriente) y en relacionarlo con el rock, el folk y la americana. En resumen, Robert Plant es un espíritu inquieto, artístico, talentoso y productivo.

Sobre los enigmas de la música versa su nuevo y continuado discurso estético. Es una meditación que transcurre por una vía sensual y de tono oriental y sahariano en el que discurren los sutiles cantos, acompañados por la música de The Sensational Space Shifters, una inspirada y compacta banda para un proyecto igualmente sólido (es su segundo álbum conjunto).

Ello son: Justin Adams, guitarra; Liam Tyson, guitarra; John Baggott, teclados; Billy Fuller, bajo y Dave Smith, batería. Todos acreditados en las composiciones que integran la obra, y a los que se agregan: Seth Lakeman, en la viola y fiddle, y Redi Hasa, en el cello.

Actúan en los límites de una frontera sonora en donde las imperfecciones no quedarían impunes y en cambio las aportaciones de genio enriquecen el resultado.

¿Y cuáles son sus aportaciones? Varias. Al proceder de mundos ajenos al rock traen con ellos otra imaginería y otras maneras de crear (tanto en estructuras como en ambientes). La lluvia de ideas del conglomerado va construyendo las piezas, embriagándose en lo musical y fomentando el clima adecuado para que Plant muestre la amplitud de su estilo vocal en plena madurez.

En su propuesta hipermoderna hay riesgo (sin ese elemento, ¿para qué ser pintor, escritor o músico?), se incrusta lo lejano en lo nuevo, el rock en la world music y todo se entreteje con el beat electrónico. Éste produce el ambiente y la seducción.

El ritmo que emerge de todo ello es el corazón del disco: aires de un paisaje místico, de aromas sugestivos que se deslizan como mantras a través de una voz aún dócil y maleable.

VIDEO SUGERIDO: Robert Plant – The May Queen, YouTube (Robert Plant)

Dicho ritmo pone en trance reflexivo al escucha sobre las temáticas presentadas: el romance, la mortalidad, el esoterismo, la observación, el poder y el uso de los medios, la demencia de los poderosos que gobiernan y retuercen la realidad. Es decir, hay sustancia y poso en Carry Fire.

Que es como un cuadro que muestra el trabajo de orfebrería realizado al unísono, como en los de taller que gustaban de trabajar los pintores del barroco neerlandés, durante su Siglo de Oro, donde la calidad técnica era muy alta. La mayoría de aquellos personajes seguía el sistema medieval de formar aprendices con un maestro o varios. (“Cuando tengo una idea para una melodía, la elaboramos conjuntamente, como si fuera una pintura colectiva”, ha declarado el cantante al respecto).

Plant es un tipo culto en el que la sabiduría se ha instalado al entrar en esa edad en la que sólo cuenta lo importante. En su mirada hay preocupación por lo que ve y las señas de la experiencia. Es bueno que se haya hecho fotografiar así (por Mads Perch), para luego ser recreado en la portada al estilo de los Grandes Maestros (con el diseño de Richard Robinson). Un estilo en el que reverberan lo ecos de la sapiencia, esos que ensanchan los universos.

ROBERT PLANT (FOTO 2)

(Ningún otro artista era capaz de jugar con la luz y la sombra como lo hacían esos Maestros –Rembrandt, Van Dyck, Frans Hals, Ferdinand Bol–, admirados sobre todo por cómo las usaban para atraer la atención sobre sucesos y figuras en sus cuadros. Se atrevieron a ser creativos, a ser diferentes. Su estilo les daba a aquéllos un aire dramático o casual y/o animado.

Sus amplias pinceladas hicieron que sus obras cobraran vida sobre el lienzo.  Estaban cargadas de vitalidad. Sabían cómo captar un momento en el tiempo, incluso iban por delante de él. Los cuadros carecían en su mayor parte de la idealización y el amor por el esplendor típicos del arte barroco europeo. La mayor parte de ellos refleja un detallado realismo –los ejemplos de personajes entrando en la vejez, son grandes y maravillosas muestras–.

Sus famosas pinceladas ágiles tenían la capacidad de mostrar a los modelos relajados, alegres o preocupados. Un tipo muy particular de cuadro era el que combinaba elementos del retrato, la historia y la escena de género intimista. Usualmente se trataba de una representación de medio cuerpo de una figura sola que muestra una expresión o estado de ánimo inusuales.

Además, entre otras de sus aportaciones estuvo el empleo de una luz dorada que creaba sensacionales efectos atmosféricos que reflejaban las relaciones del individuo con la sociedad y eran simbolizadas en el retrato.)

De las oscilaciones dinámicas y temporales que emana el disco Carry Fire, amplificadas y determinadas por las interacciones entre lo acústico y la tecnología, nace un sonido definitivo, en el que las referencias musicales tanto como el deseo amoroso despliegan una verdadera constelación con elementos diversos y distantes en apariencia, que tensan la flecha de un espacio atemporal fuera del propio ser que emite la voz, instalado en el presente pero con la mano en la palanca visionaria.

Inspirado por las canciones, Plant cuenta las historias que son un fresco de erótica y mística en la frontera incierta entre el amor y de la muerte. Una lírica apasionada en el éxtasis indecible de la ubicuidad, con el punto exacto del movimiento, del beat, elevado con humildad y sabiduría hacia el infinito.

(“Todo lo que pretendo es entretener con un poquito de intelecto. Mis observaciones no son profundas, son tan solo un catálogo de las locuras de la humanidad y la corrupción del poder. No hay nada nuevo en lo que digo, está por todas partes. Ahora mismo estamos preocupados, en cada esquina y en cada ciudad del mundo”, ha dicho el cantante.)

El suyo es un proceso incontenible que sostiene la “danza” irreversible del vivir. Es la integradora duración extendida de piezas en las que se abre un camino  que no necesita pasos, sólo el puro fluir del ahora, en esa su hora. Ahí es donde radica el gusto que puede despertar este álbum: en la forma de contar que tiene este gran maestro y músico británico, siempre instalado frente al misterio, como lo plasma su fiel retrato en la portada.

VIDEO SUGERIDO: Robert Plant – Carry Fire (Live), YouTube (1983mobydick)

ROBERT PLANT (FOTO 3)

 

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PAUL VERHOUVEN

Por SERGIO MONSALVO C.

PAUL VERHOEVEN (FOTO 1)

 BAJOS INSTINTOS

Desde Blue Movie (1971) del director Wim Verstappen, en la que el encuentro sexual entre los comentaristas de televisión Hugo Metsers y Carry Tefsen apenas permaneció dentro de los límites de la ficción, la piel desnuda ha sido uno de los ingredientes básicos del cine neerlandés. Sin embargo, hizo falta un talento mayor que el de Verstappen para hacer de la liberalidad holandesa un artículo de exportación. Es decir, el de Paul Verhoeven, quien con Turks Fruit de 1973 cruzó triunfalmente las fronteras locales y de moda.

Por desgracia en su propio país no tardaron en bajar los puntos de Verhoeven.  No obstante su éxito, tanto la prensa como el gobierno le pusieron cada vez mayores trabas a su trabajo. A mediados de los años ochenta Verhoeven llegó a su límite. Si no gustaban de él, buscaría su suerte en otra parte. En los Estados Unidos, por ejemplo, donde debido a Spetters (1980) y Der Vierde Man (El cuarto hombre, 1983) se había construido una buena reputación profesional.

Mientras que en Los Países Bajos su libertad artística se vio restringida principalmente por la mala gana de un pequeño ejército de funcionarios encargados de aprobar subsidios cinematográficos, en los Estados Unidos Verhoeven tuvo que someterse a un estricto sistema de producción en el cual todo se evaluaba (y sigue así) según su valor en el mercado.

No obstante, supo adaptarse muy bien y el éxito de Robocop (1987) y Total Recall (1990) incrementaron, además de su saldo bancario, también su libertad para seleccionar el material. Por consiguiente, su tercera cinta estadounidense, Basic Instinct (Bajos instintos, 1992), correspondió mejor a su desarrollo anterior que las otras dos. Dicha cinta, hoy un clásico, ha cumplido ya un cuarto de siglo.

En el intríngulis, el guionista Joe Eszterhas (también de Jagged Edge y Betrayed) supo cobrar la cantidad astronómica de tres millones de dólares por su guión en aquel entonces. El cliente, Carolco Pictures, a continuación contrató a Verhoeven. En cuanto se difundió el rumor acerca de qué se trataba el guión –«un policía heterosexual en las garras de unas lesbianas sanguinarias»–, la comunidad homosexual de Estados Unidos emprendió un ataque frontal contra Carolco, Verhoeven y Eszterhas. Este último se arrepintió y sugirió diversos cambios, todos rechazados por Verhoeven.

Durante las filmaciones en San Francisco el problema se salió de control. Las locaciones fueron sitiadas por muchedumbres de manifestantes, los cuales debieron ser desalojados por la policía. En el estreno de la película, más de medio año después, llegaron multitudes de activistas con pancartas en las que señalaban el nombre de los culpables. Sin embargo, las protestas no tuvieron ninguna consecuencia.

Verhoeven declaró a la postre, en una entrevista periodística, que sólo quería hacer un «buen thriller», «del mismo nivel que Jagged Edge, Sea of Love o Presumed Innocent«. Todo el alboroto que se armó en torno a ello fue impuesto, opinó. Tenía razón.

Verhoeven tradicionalmente no había sido muy sutil en su trabajo, y el hecho es que nadie salió intacto de la nueva entrega. El detective de policía Nick Curran (Michael Douglas), el supuesto héroe de la historia, no se salva. Curran había dejado tanto el alcohol como las drogas cuando por razones profesionales se topa con Catherine Tramell (Sharon Stone), una fascinante escritora bisexual de thrillers y la principal sospechosa de un asesinato.

Curran se prenda de ella de inmediato, lo cual desde luego le acarrea grandes problemas. Catherine no es sólo una posible asesina sino además una mujer dominante, sobre todo en la cama. Tan dominante, incluso, que Curran, para compensar su ofendida vanidad varonil, en cierto momento violenta a su novia Beth (Jeanne Tripplehorn) en una escena brutal.

El margen entre el bien y el mal, como tantas veces en la obra de Verhoeven, nuevamente fue en sumo grado estrecho, lo cual restó solidez a las críticas ventiladas contra Bajos instintos. La película no es ni antihomosexual ni proheterosexual (se le ha clasificado como neo-noir erotic thriller). Incluso habría bases para calificar la relación entre Catherine y su amiga Roxy como la menos intrincada de la cinta, aunque sinceramente habría que agregar que el desarrollo de la misma es muy deficiente como para proclamar a Verhoeven en el defensor del amor entre mujeres.

Pero no podía esperarse otra cosa de un director interesado principalmente en los aspectos negativos de las relaciones entre los seres humanos, sin importar su sexo ni temperamento.

Un cineasta a tal grado fascinado por estas cuestiones en las personas necesariamente encontrará en el sexo la metáfora de los juegos de poder en su nivel más primitivo. De ahí que en Bajos instintos se copule y en grande. En esta cinta destaca, por fortuna y como acierto, la ausencia de tomas a contraluz y otros lugares comunes del manual del erotismo cinematográfico.

PAUL VERHOEVEN (FOTO 2)

 

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EL BEAT DE LA IDENTIDAD

Por SERGIO MONSALVO C.

PULSOR 9 (FOTO 1)

PULSOR 4×4/9

(1962)

En 1962, se produjo el lanzamiento del Telstar, primer satélite de comunicación de Estados Unidos.

Ante la posible instalación de misiles soviéticos en Cuba, el presidente Kennedy ordenó un bloqueo militar de la isla. La Guerra Fría estaba en su momento más álgido y se corría el peligro de una confrontación nuclear.

U Thant fue elegido secretario general de las Naciones Unidas.

El de 1962 fue el último de los años estáticos para el rock. Muchas de sus estrellas consagradas habían decaído, pero también se comenzó a anunciar un periodo de cambios y de sonidos.

Los integrantes de Booker T. and the MG’s, con «Green Onions», se convirtieron en uno de los grupos instrumentales más conocidos y respetados de los años sesenta. Su impacto e influencia sobre el siguiente boom del rhythm & blues británico fue enorme, especialmente cuando se descubrió que —contra lo que se había supuesto— Cropper , uno de los integrantes del grupo, no era negro, hecho que animó a más de un discípulo blanco.

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Los placeres de los coches, las fiestas, la playa y el deporte del surf fueron la fórmula mágica para lograr discos exitosos por parte de los Beach Boys, un grupo californiano. Brian Wilson, el principal autor de las canciones, partió de un amplio espectro de influencias que iba desde The Four Freshmen a Chuck Berry, y logró crear un estilo extraordinario caracterizado por su poderoso vuelo melódico y unos complejos arreglos vocales.

PULSOR 9 (FOTO 2)

La compañía Capitol fichó al grupo en el verano del 62 y en pocas semanas el primer sencillo que grabaron, «Surfin’ Safari», ascendió a los primeros puestos de las listas y marcó un estilo que predominaría en toda la década.

Aparte de los Beach Boys, el más brillante de los nuevos grupos estadounidenses fue The Four Seasons. El núcleo de este grupo estaba constituido desde los años cincuenta, pero cuando su productor Bob Crewe los convenció de adoptar una técnica vocal similar a la de Maurice Williams y The Zodiacs, The Four Seasons entraron en órbita, produciendo 18 discos que estuvieron entre los primeros 25 que vendieron más de un millón de ejemplares los cinco años siguientes.

Entre los temas que obtuvieron un primer puesto estaba «Sherry». Muchos de los principales éxitos fueron escritos en colaboración entre los miembros del grupo y su productor, pero lo que caracterizó al conjunto y lo convirtió en el más influyente de los de la Costa Este fue el incomparable falsete de su cantante principal, Frankie Valli.

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Los vientos del cambio eran aún sutiles en 1962 y procedían de allende el Atlántico. En Liverpool, un energético circuito de clubes estaba en pleno funcionamiento, y un ejército de grupos de rock estaba listo a lanzarse a la conquista de la Gran Bretaña, primero, y del mundo, después. Al frente de ellos, preparándose para dirigir el ataque, se hallaba un cuarteto destinado a convertirse en el más famoso grupo musical de toda la historia: los Beatles.

Su repertorio estaba compuesto casi enteramente por rock y r&b procedente de los Estados Unidos, pero en esa época poseían ya un cierto número de notables canciones de su propia cosecha. Dos de ellas: «Love Me Do» y «P.S. I Love You» fueron escogidas para su primer sencillo, grabado en noviembre de 1962. Nadie tenía idea de lo que iba a suceder al año siguiente.

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El hecho de que Tommy Roe, con «Sheila», fuera el intérprete de más éxito aparecido en 1962 es un hecho indicativo del declive del rock estadounidense. Muchos jóvenes aspirantes a músicos buscaron otros caminos. Para ellos, la respuesta estaba en la música folk, ya que por debajo de la superficialidad comercial entonces en desarrollo había en ella una profundidad capaz de motivar la exploración y sostener el interés.

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Bob Dylan, en sus tempranas actuaciones en clubes locales de Nueva York, usó material tradicional, viejos blues campiranos y de su ídolo Woody Guthrie. Esto se reflejó en su primer álbum, Bob Dylan, de marzo de 1962, que contenía el tema «Blowin’ in the Wind», que se convertiría en el himno del movimiento pro derechos civiles. Había nacido el primer poeta del rock and roll.

VIDEO SUGERIDO: Bob Dylan – See That My Grave Is Kept Clean (1961), YouTube (Peter Sugarman)

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PULSOR 4x4 (REMATE)

GARAGE/40

Por SERGIO MONSALVO C.

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 LO RETRO

 El garage revival cobró nuevas fuerzas en la época de los noventa. Hacia 1996-1997 la corriente se había convertido en un movimiento de dimensiones mundiales. Grupos de todos los puntos cardinales del planeta confluyen en los sellos discográficos pequeños para sustentar sus necesidades expresivas. Y fue gracias a estas compañías diminutas que dicho movimiento revivalista nutrió la voracidad de la industria mayor por tal música.

Nombres de grupos como The Lyres, Fleshtones, Fuzztones, Headcoates, fueron moneda común en el mundo del garage. El surf-rock, el soul, el pop y el garage sesentero, nutrían con su savia los organismos que conformaban los nuevos grupos, quienes echaban mano de la estética de antaño en la espiral ininterrumpida del rock durante cuatro décadas. El fin del siglo y del milenio inquietaban aún más las existencias.

El sonido surgido como del fondo de una lata, con pegajosos riffs de la guitarra emulando a los viejos ídolos del rhytmn and blues clásico, las líricas sexoamorosas, la inspiración en el frat, la finalidad bailable de las ejecuciones, el Merseybeat renavegado, la vuelta al trío de guitarra, bajo y batería o al cuarteto con teclados, le agregan otra muesca al fenómeno que para nada disminuye su fuerza, al contrario, cobra nuevas energías.

Uniendo todos los factores mencionados se puede obtener una razón para la existencia de miles de bandas alrededor del mundo, que graban sus demos en las salas de sus casas gracias a la democratización de la tecnología, la cual le permite a cualquier adolescente acceder al ciclo giratorio de la producción a muy bajo costo. De esta forma los sencillos circulan y facilitan su exposición y engrandecen la oferta y la demanda.

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Las listas de hits locales adquieren importancia. La luz del mainstream ilumina los aspectos que más le agradan de la corriente y evita cualquier asomo a las catacumbas, al abismo o a los rincones sórdidos donde supuran sonidos más reales, crudos y rijosos. De esta forma suben a la palestra grupos con nombres como Flaming Stars, The Humpers, Save Ferris o Revillos. El lado soleado de la calle.

Sin embargo, el revival mantiene su lado auténtico, el de los tipos y las tipas que quieren tocar para divertirse y para que los demás también se diviertan, liguen, se rían, se embriaguen. Tienen la diversión y el sexo como sus motivos principales y eso hace que se sigan reuniendo en los garages del rumbo para evocar a sus ídolos de la música negra y crear, ¿por qué no?, el hit del momento.

El revival se cuela por todos los intersticios de la efervescencia post-rock de fines de los noventa, y lo hace, por supuesto también, con el rock instrumental que a pesar de no ser difundido por los canales del mainstream ordinarios (radio, MTV), debido a que no hay estribillos que cantar o slogans machacones, continúa teniendo aceptación entre los fans que lo interpretan y escuchan sobre todo en los clubes y antros para bailar.

El resurgimiento, la réplica, el estilo y el look. Con tales ingredientes el garage se divierte y nutre al movimiento revivalista del segundo lustro noventero.

 VIDEO SUGERIDO: The Smithereens “Strangers When We Meet”, YouTube (William McKeekan Jr)

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GARAGE 40 (REMATE)

JULIO TORRI (RODAR Y RODAR)

Por SERGIO MONSALVO C.

JULIO TORRI (PORTADA)

 DIFUNTO QUE GOZA DE CABAL SALUD*

 «Toda la historia de la vida de un hombre está en su actitud”

Julio Torri

Un viejo y sabio poeta (ensayista, novelista y muchas cosas más), escribió que ante la falta de seriedad de la mayor parte de la humanidad, los hombres serios han adoptado diferentes posturas. La primera, una especie de tolerancia intelectual, que se traduce en una forma superior de la sonrisa, tan cauta, que los hombres poco serios, por exceso de seriedad, ni se percatan siquiera, y presumen de que se les toma en serio. Es lo que se llama ironía.

La segunda, es una especie de simpatía sentimental y cordial hacia la falta de seriedad de los demás hombres, y como un deseo arrebatado por estrechar la hermandad humana, tomando en serio su falta de seriedad, y dejando de tomarse en serio a sí mismo. Es lo que se llama humorismo.

Y la tercera, una especie de vehemencia intelectual al emplear la propia inteligencia en aquello en que los demás no la usan, o sea, en corregir la falsa y vana seriedad, reduciendo la infatuación personal a su justa medida y señalando las ficciones como tales. Es lo que se llama sátira.

Las tres posturas fueron siempre los ingredientes de la breve pero excelente obra de Julio Torri (1889-1970), uno de los escritores mexicanos más finos y delicados, cuya obra es corta pero llena de fulgores y de señas, hija de la curiosidad y la ironía, delgado y oblicuo reflejo del espectáculo de la vida.

“Todos somos un hombre que vive y un hombre que mira…—escribió—.  Nos interesamos en el vivir como por el desarrollo de una novela; novela singular en la que el protagonista y el lector son una misma persona; novela que leemos a veces de mala gana, y cuya narración se anima muy de tarde en tarde…  El actor es siempre esclavo del espectador y en los hombres extravagantes esta esclavitud se vuelve tiránica. Representa el actor en nosotros la pequeña sabiduría y lo mueven exclusivamente bajos intereses…El espectador, al revés, piensa ante toda pérdida en variar…  Para él perder es como abrir una ventana a las sorpresas”.

 *Fragmento del libro Julio Torri (2 textos: Muerto que goza de cabal salud / Rodar y Rodar), publicado por la Editorial Doble A.

 

JULIO TORRI (FOTO 2)

Julio Torri

 

Julio Torri

(Rodar y Rodar)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2019

 

Exlibris 3 - kopie