“THE WANDERER”

Por SERGIO MONSALVO C.

THE WANDERER (FOTO 1)

 (RELATO)

Era un viernes, si mal no recuerdo. Estábamos reunidos ahí en la calle, como de costumbre. Seríamos unos diez esa vez, más o menos, sin contar a una de las hermanas de mis amigos que vivían en esa calle y un par de amigas suyas, que se habían detenido a platicar con nosotros sobre la próxima fiesta, el partido de futbol americano del día siguiente (en el que participaban dos de los nuestros), en fín, cosas así, entre bromas y risas. Pasándola bien bajo un gran poste de luz que iluminaba aquel crucero de nuestra colonia.

En ese momento pasó por ahí un tipo tocado con anteojos para el sol (¡eran las ocho de la noche!). No recuerdo quién de nosotros gritó “¡Rostro!” al verlo. Eso fue todo. Hubo risas y a otro tema.

Cinco minutos después escuchamos un cruce de chiflidos no muy lejanos. Gardo, el respetado cabecilla de nuestro conglomerado y hermano mayor de varios elementos incluyendo a la que estaba también ahí, nos miró a todos y les dijo a ellas que se fueran rápido para la casa.

Fue a su auto y buscó y rebuscó, pero no había mucho: un desarmador, unas pinzas, el gato, el tubo para levantarlo y ya. Los repartió a los que alcanzaron. El resto sólo tenía su propio cinturón.

A los diez minutos ya estaban frente a nosotros 50 cabrones, con cadenas, bats de beisbol, tubos de diferente calibre y un sinfín de artefactos que tenían el miserable objetivo de hacernos papilla. “Hasta aquí llegué”, pensé viendo mi triste cinturoncito.

En un cuarto de hora tan sólo, había pasado de una despreocupada felicidad al inminente instante de morir a golpes o con algo clavado en mi joven estómago. Al igual que algunos amigos de la calle y cuadras aledañas.

“Bueno, pues, ¡a la chingada!”, creo que todos pensamos. Nos acomodamos pegados en línea y a darle. Ya sentía yo el primer golpe en la cabeza cuando se escucharon a unos metros las sirenas de las patrullas y camionetas de la policía (las conocidas “julias” con sus ínclitos granaderos). Todo mundo a correr.

Después, más tarde, supimos que la hermana de Gardo había hecho la llamada telefónica y provocado aquel anticlímax, para que finalmente yo pudiera contar esto. La postergada pelea se dirimió a la postre con una pelea pactada entre los mayores de cada banda. El motivo había sido olvidado por completo.

 

Exlibris 3 - kopie