PRIMERA Y REVERSA: A LONG TIME COMIN’ (ELECTRIC FLAG)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Entre el grupo de jóvenes blancos de Chicago que descubrieron un mundo de música en su propio patio estaba Mike Bloomfield (nacido en 1945). Un muchacho zurdo que aprendió rápidamente a tocar la guitarra. Se integró a la corriente rocanrolera de su generación a los 15 años, tocando en grupos para amenizar bailes.

Entonces, con la curiosidad de un tipo que quiere conocer su oficio desde las bases, se dio a la tarea de buscar en los barrios bajos de Chicago a los auténticos intérpretes del blues urbano. Vagó por los bares y los sitios donde se reunían los fanáticos del blues y frecuentó con asiduidad el ambiente de los bluesmen negros.

A partir de ahí, Bloomfield tocó con éstos en lugares para aficionados a la música folk, interpretando desde canciones de Woody Guthrie hasta country blues.

A los 18 años formó The Group, una banda que acompañó a Big Joe Williams por un año aproximadamente. Fue acompañante también de Muddy Waters, Howling Wolf, Buddy Guy, Otis Rush, Big Walter, Junior Wells y varios músicos más: “Había que pegarse a los bluesmen —diría a la postre Bloomfield—, tocar con ellos más y más. Trascender la calidad de blanco, si se quería absorber la música. Toqué en algunos sitios de Chicago donde no se había visto a un blanco desde hacía años”.

Por 1964, Paul Butterfield, otro músico blanco de gran arraigo en Chicago, iba a grabar un disco y necesitaba que alguien tocara la guitarra slide. Bloomfield hizo la prueba y grabó con él. Tras el buen acoplamiento, Paul le pidió que se integrara a la recién formada Butterfield Blues Band.

La presencia de un guitarrista como Bloomfield tuvo mucho que ver con la modernidad de la misma. Al amparo de largas improvisaciones, como en la del disco East-West de 1966, Bloomfield llegó a aportar al grupo un clima muy propio del blues y su eterna preocupación personal por la búsqueda de nuevos sonidos y la utilización de fraseos guitarrísticos novedosos.

De este modo, su manera de tocar la guitarra anunció muchos desarrollos posteriores del blues-rock, como el de la fusión. Un progresismo firmemente cimentado en las vertientes musicales negras.

En la búsqueda de los caminos que su inquietud le marcaba, el ya considerado un genial guitarrista, en 1967 fundó al grupo Electric Flag, que contó entre sus miembros a Harvey Brooks, Nick El Griego, Buddy Miles y Barry Goldberg, entre otros. La tendencia de la banda se inclinó un poco hacia el jazz e inició con ello la corriente de fusión (el blues-rock experimental) que posteriormente se reafirmaría con otros grupos.

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Abandonó la banda en 1968. Al año siguiente se integró a la Fathers and Sons para la grabación de un álbum doble con Muddy Waters, Otis Spann, Sam Lay, Donald “Duck” Dunn y Paul Butterfield.

Luego tomó un breve descanso para volver con Triumvirat, trío formado con John Hammond y Dr. John en 1974. Un año después se unió a la KGB con Carmine Appice, Rick Grech, Barry Goldberg y Ray Kennedy. Posteriormente se convirtió en solista grabando el tradicional blues estadounidense. Murió el 13 de febrero de 1981 a la edad de 36 años.

La llamada fusión era en aquella época una combinación de jazz con el rock y/o el funk/soul, aunque a veces también con músicas extraradio (hasta los años ochenta se le denominó jazz-rock).

Para la mejor comprensión de ello, hay que remontarse a este año precisamente, cuando aparecieron los pioneros de esta música. Algunos jazzistas se sentían atraídos artísticamente por el rock, así que de manera cuidadosa empezaron a experimentar con él. El disco Bitches Brew de Miles Davis y la fundación del grupo Lifetime por Tony Williams por lo general se consideran como el principio oficial de la fusión del lado jazzístico.

Por el lado del rock apareció Electric Flag con Bloomfield al frente. Los músicos involucrados en estos proyectos pueden anotarse como la primera camada del género. Todos se convirtieron en líderes de banda tras su paso por el grupo.

El disco A Long Time Comin’, es de una frescura envolvente. Una ventana abierta a un amplio horizonte que trae nuevos vientos. A pesar de haber sido un grupo fugaz, dejó algunas piezas que serían piedra de toque para futuras formaciones bajo dicho signo: “Groovin’ is Easy” (de Gravenites), “Texas” (de Bloomfield y Miles), “Sittin’ in Circles” (de Barry Goldberg) o “Killin’ Floor” (una versión de Howlin’ Wolf).

La fusión combinó, desde entonces, sobre todo la libertad y la complejidad del jazz con el carácter más directo y agresivo del rock (con sus vertientes blueseras, del soul y del funk). La música tuvo éxito entre el público de ambos campos. Bloomfield abandonó la banda ese mismo año en busca de nuevas aventuras musicales.

VIDEO: The Electric Flag (feat. Mike Bloomfield) – “Goin’ Down Slow” & “Killing Floor” 1968, YouTube (Dimitris Koutsiaftis)

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LA AGENDA DE DIÓGENES: EL SONIDO CAPTURADO (Y DESECHADO)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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En 1877, al inicio de la Revolución Industrial, dentro de un laboratorio privado cerca de Nueva York, el inventor Thomas Alva Edison descubrió que era posible guardar el sonido con cilindros grabados en cera. Bautizó su aparato como «fonógrafo».

Emile Berliner opinaba que la cera de Edison era demasiado blanda e inventó, a su vez (en 1894), el disco más duro de goma laca, con todo y gramófono. Giraba a 78 revoluciones por minuto y guardaba 4.5 minutos por lado. Éste se erigió en el formato de grabación para los siguientes 50 años.

Darle vueltas cada cuatro minutos a la larga daba flojera y provocaba la impaciencia del escucha. La compañía Columbia sacó entonces el Long Play (LP), más robusto y de 33 revoluciones por minuto, con la serie «Gala 101» en 1948. La cantante Dinah Shore inauguró la nueva época; la siguieron la música clásica y Frank Sinatra. Al año siguiente, el sello RCA, por su parte, agregó el formato del single (sencillo) de 45 revoluciones.

En 1966, por fin los fabricantes de hardware quedaron de acuerdo en un formato de cinta para la grabación particular y comienza así la entrada triunfal del cassette. La ventaja es que podía regrabarse muchas veces y funcionaba también en el automóvil y el walkman.

Con el hito del álbum Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band (de 1967), los Beatles abrieron tres brechas a la vez: el arte de las portadas se volvió eso mismo, un arte, y además reproductivo; en segunda instancia, el grupo utilizó por primera vez la técnica de la grabación en varios tracks; y, en tercer lugar, el disco consiguió establecer al rock como un género artístico serio en el mundo entero.

Casi doce años después, el álbum Bop Till You Drop (1979) de Ry Cooder fue el primer álbum producido exclusivamente con máquinas digitales de varios tracks.

Las compañías Sony y Philips sacaron en 1983 el CD, o disco compacto, al mercado. Gracias al control remoto, al nulo esfuerzo para manipularlo y reproducirlo y a la ausencia de rayaduras molestas, el CD no tardó en hacer parecer muy viejo al vinil.

En 1992, la compañía Philips desarrolló el cassette digital DCC, una combinación accesible de todas las ventajas del CD y el cassette normal con reproducciones compatibles.

La Sony, a su vez, se jactó del mini disc «grabable», un nuevo sistema de sonido (en formatos de 60 y 74 minutos) que era el acoplamiento de los adelantos cibernéticos de disco duro al audio, para eliminar «ruidos» y otros problemillas del CD de los que se quejaban los escuchas quisquillosos.

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En 1993 apareció el «compact disc interactivo». El disco desarrollado por la compañía Philips que combinaba imagen y sonido, pero no ofrecía esta información con un orden fijo. Al contrario, el usuario tenía la jugada. Con el control remoto podía mover el cursor sobre la pantalla de televisión, para provocar las reacciones correspondientes del software inteligente.

El músico Todd Rundgren sin duda entró a la historia del sonido grabado como el innovador. El multiinstrumentista y productor tiene a su nombre el primer CD interactivo de audio (CD-I), titulado No World Order (Philips Interactive Media), el cual contiene aproximadamente 1500 fragmentos de sonidos –ninguno de ellos más largo que ocho segundos– que pueden escucharse en forma interactiva.

Con el CD-I, el escucha podía seleccionar las mejores piezas, programar el orden de los sonidos y modificar la velocidad o adaptar la música al estado de ánimo del momento. Se podía producir una mezcla propia. Era una nueva forma de escuchar.

Dentro del arte ha sido la música el puntal en el uso de tecnificaciones semejantes. La cibernética, y la computadora, como su instrumento y primera máquina de arte valiosa, han sido importantes en el proceso, y no sólo en cuanto al modo de producción sino también en cuanto a la oportunidad de emprender una estética experimental.

Ese mismo año (1993) aparecieron compilaciones especiales de videoclips de Tina Turner, Sting, Bon Jovi, Bob Marley, U2, Lionel Richie, Bryan Adams y Billy Ray Cyrus, entre otros.

Para el CD-I se requería de un aparato especial, que se controlaba ya sea mediante joystick, trackerball, thumbstick o el mouse (ratón). El aparato mismo se conectaba a la televisión y al amplificador. También los había con pantalla y bafles integrados.

El CD-I 360 portátil, por ejemplo, tenía un monitor LCD a color de alta resolución. En el aparato para CD-I también se podían escuchar CDs normales de audio y ver foto-CDs.

En 1995 aparecieron bajo ese formato interactivo los álbumes The Wall de Pink Floyd (Philips), Ginger Bread Man de The Residents (BMG Interactive), Rock-Guitarre, un curso para interesados en el uso de la guitarra en el heavy metal (Philips), Ten Summoner’s Tales de Sting (Philips), World Beat (New Media World), Headcandy de Brian Eno (BMG Interactive), X-Plora 1 de Peter Gabriel (Digital World) y Outside de David Bowie (ION/Versand). De todo ello, hace tan sólo un cuarto de siglo, ya nada se usa.

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BABEL XXI-597

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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JACO PASTORIUS

(LAS MANOS QUE CANTABAN)

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

https://www.babelxxi.com/597-jaco-pastorius-las-manos-que-cantaban/

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LIBROS: ARTE-FACTO (XII)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

ARTE-FACTO (XII) PORTADA

 

EL RIZOMA DEL ROCK*

Una de las aportaciones del rock a la cultura ha sido la de conectar a quienes trabajan en toda actividad estética y con ello creado sonidos, canciones o álbumes afines y alianzas artísticas en todo el mundo. Y lo ha hecho ya sea en un disco, en un track en particular o en la escenografía de un concierto. Ha conectado con aquellos que se han pasado la vida resolviendo sus misterios o belleza en alguna de sus formas, dentro de sus disciplinas individuales o conjuntas (humanistas o científicas), ya sea influyéndolos o siendo influido por ellos.

El resultado de tal encuentro ha producido sonoridades capaces de sacar al escucha de sí mismo y conducirlo a diversas dimensiones mentales, reflexiones existenciales o sensaciones en movimiento. Las obras creadas en este sentido son Arte-Factos culturales, aventuras en el microtiempo, las cuales requieren de la entrega a un flujo musical que enlaza una nueva expansión del quehacer humano con la experiencia auditiva en las diferentes décadas, desde mediados del siglo XX hasta el actual fin de la segunda decena del XXI.

El arte es la utopía de la vida. Los músicos rockeros de nuestro tiempo no han cesado en su tarea de acomodar la práctica musical a una búsqueda imparable de tales adecuaciones. La indagación sonora adquiere, en este contexto, un nuevo significado: no es mera búsqueda expresiva, sino persecución de horizontes culturales nuevos para un público en mutación, que exige de lo musical apreciaciones vitales, rizomáticas, en relación con sus exigencias estéticas y vivenciales.

Acompañando tales conceptos he creado las fotografías para que fungieran como ilustraciones en las portadas de los diferentes volúmenes. A éstas las he publicado de manera seriada e independiente bajo el rubro “Arte-Facto” de la categoría “Imago” del blog Con los audífonos puestos.

 

 

*Introducción al volumen Arte-Facto (XII), de la Editorial Doble A, cuyo contenido ha sido publicado de manera seriada en el blog Con los audífonos Puestos bajo esa categoría.

 

Arte-Facto (XII)

Sergio Monsalvo C.

Editorial Doble A

Colección “Textos”

The Netherlands, 2022

CONTENIDO

Alejandro Escovedo: El Rock como Patria

Best Coast: La Sencillez del Corazón

Bill Haley: Spanish Twist

Bruce Springsteen: The Boss

Calexico: En Busca del Jinete Errante

Charlie Parker: Bird y el ADN Primigenio

Dayna Kurtz: El Exilio Interior

Dick Dale: Rey de la Guitarra Surf

Eli “Paperboy” Reed: Misionero del Soul

Jim Jones: Una Píldora Antidrepresiva

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LOS EVANGELISTAS: CALEXICO (EN BUSCA DEL JINETE ERRANTE)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Las atmósferas del desierto norteamericano son singulares. Nada hay como las sonoridades que provoca. Del dobro solitario que se ensambla con el silencio a la imaginería instrumental de su exuberancia en flora y fauna. Todo depende de quien lo mire, de quien lo transite o de quien lo viva. Su melodía puede ser tan seca y minimal para el que lo tema, como húmeda y festiva para el que sepa descubrirla.

La imagen y el ritmo del paisaje desértico de tal zona, ubicada en la frontera entre México y los Estados Unidos, repercuten de forma permanente en aquel que ha forjado su existencia caminándolo, sintiendo su presencia o admirando su peculiar viveza. El hombre frente al panorama de su salvaje naturaleza.

Eso es lo que captura Calexico en su música. A la que se le puede definir como la lectura de un buen libro de literatura del Viejo Oeste, como la de O. Henry, con personajes multidimensionales, el descubrimiento de protagonistas con vida interior y la mística del espacio abierto.

Las letras sensibles, dolidas y melancólicas, tristes o descriptivas, y el tono atmosférico de muchas de sus canciones o piezas instrumentales contribuyen a su elevado contenido como country alternativo. Son auténticas películas sonoras o, si se quiere, soundtracks sin imágenes.

En el amplio horizonte del grupo se escuchan los ecos de Ry Cooder, de las road movies de todos los tiempos, de la teatralidad realista de Sam Shepard y el profundo conocimiento musical de su rico entorno aunado a la experimentación lúdica: hacen cine con guitarras.

La sabiduría que conforma a este grupo es incluyente. En ella hay geografía, biología e historia fronteriza y otras ciencias naturales y sociales, política humanista y oscuro exotismo, la dark americana.

Igualmente hay en el grupo música tradicional estadounidense a la que aderezan con serpentinas de folk, bluegrass, country blues y su interpretación del rock, pop, rockabilly, jazz, surf, alto tex-mex, música de mariachi y alt country. Eclecticismo de corazón abierto.

Alma y razón de Calexico están concentrados en el dúo nuclear que conforman Joey Burns (voz, guitarras, bajo, cello, mandolina, acordeón, teclados, dobro), nacido en Los Ángeles, y el oriundo de Oklahoma, John Convertino (batería, vibráfono, marimba, acordeón, xilofóno, percusiones), un auténtico “oakie”.

En el origen (1990) Burns, destacado estudiante de la Universidad de California en Irvine, fue invitado a colaborar con el grupo Giant Sand, lidereado por Howe Gelb y en el que ya participaba Convertino. Ambos músicos conformaron la base rítmica de la banda angelina, que rápidamente se inscribió en la corriente del Nuevo Rock Americano, heredero de R.E.M. y Dream Syndicate.

En 1994 Giant Sand se asentó en la ciudad de Tucson, en la parte sur de Arizona, colindante con montañas, el desierto de Sonora o Gila (según quien lo nombre) y a poca distancia de la frontera con México.

Ahí —en el lugar donde nace la mitología del American dream, que puede definirse como la igualdad de oportunidades y libertad que permite que todos los habitantes de los Estados Unidos logren sus objetivos en la vida únicamente con el esfuerzo y la determinación— se convirtieron en el grupo de casa del Hotel Congress y de algunos bares y clubes locales.

Un sitio donde conviven lo ancestral y lo nuevo, los indígenas, los aventureros y los parques industriales, los trenes y las carreteras, los cementerios de aviones y las leyendas populares sobre el Viejo Oeste.

Durante dos años ambos músicos, Burns y Convertino, viajaron con el grupo que hizo de telonero para gente como Evan Dando, Richard Buckner o Lucinda Williams. Sin embargo, optaron también por un proyecto musical paralelo al que denominaron Friends of Dean Martínez.

En él incrementaron sus dotes como músicos sesionistas y hacedores de rock instrumental y post-rock, para ambientar películas, otro de sus quehaceres: como Fast Food Nation, Commited, Dean Man’s Shoes, Ritual Road Map, Crooked Road and the Briar, I’m Not There o Lammbock, por ejemplo.

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En 1996, la productiva dupla arrancó también con un nuevo frente alterno: el grupo Spoke, que al poco tiempo cambiaría su nombre por el de Calexico.

La esencia de la música que tocan desde entonces tiene mucho qué ver con el nombre escogido, el punto de unión de Estados Unidos (la parte sur más extrema del país, California) y México (con la muy norteña Mexicali): la ciudad de Calexico.

Crucero obligado del comercio y el transporte entre ambas naciones y población primordialmente de entretenimiento desde hace cien años. Ahí, más del noventa por ciento de los habitantes habla español y las culturas se funden bajo un sol infinito. La incuestionable calidad del grupo tiene más de una década de llevar ese espíritu a todos los rincones del planeta.

Burns y Convertino han viajado incansables por sus caminos, y dejado huella dondequiera que se presentan, acompañados de formaciones tan cambiantes como la rica sugerencia de su propuesta: Paul Niehaus (steel guitar y otras) Jacob Valenzuela (trompeta, teclados, vibráfono, voces), Martin Wenk (trompeta, guitarra, teclados, acordeón, glockenspiel, vibráfono (ocasionalmente armónica y corno francés) y Volker Zander (contrabajo, bajo eléctrico).

Once álbumes de estudio, hasta la fecha, Spoke (1997), The Black Light (1998), Hot Rail (2000), Feast of Wire (2003), Garden Ruin (2006), Carried To Dust (2008), Circo (Soundtrack, 2010), Algiers (2012), Edge of the Sun (2015), The Thread That Keeps Us (2018), Seasonal Shift, disco de versiones y canciones originales (2020), y otros tantos en vivo o Tour Only, grabados para la venta exclusiva en sus presentaciones —sorprendentes y gozosas— son los contenidos de sus alforjas.

Igualmente, por dichos caminos, han compartido y se han acompañado o hecho acompañar de infinidad de artistas tan independientes y alternativos como ellos: ABBC, Naïm Amor, Iron & Wine, Beirut, Amparo Sánchez, Neko Case, Nancy Sinatra, Los Super Seven, Nortec Collective, Gotan Project, Sanguino, Lizz Wright y Susie Hug, entre otros. Es decir, franceses, españoles, argentinos, alemanes, etcétera, sin perder un ápice de su estilo inconfundible.

Calexico es un gran ejemplo de interculturalismo, en el que se amalgaman virtuosas instrumentaciones, multiplicidades musicales y la amplitud de miras de unos míticos cowboys hipermodernos.

VIDEO SUGERIDO: Calexico – “End Of The World With You” (Official Lyric Video), YouTube (casadecalexico)

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BIBLIOGRAFÍA: MINUTOS VELARDIANOS («UN EXISTIR APASIONADO»)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

MINUTOS VELARDIANOS (PORTADA)

 

(ENSAYO)

 

PRESENTACIÓN

Mucho se ha escrito sobre Ramón López Velarde, y la fascinación de su obra que crece día a día posibilitará siempre un profundo interés. Hace algunos años, en1971, con motivo del primer cincuentenario de su desaparición, la Secretaría de Educación Pública editó el Calendario de Ramón López Velarde en doce atracti­vos tomos, publicación que prestó una generosa ayuda a los estudiosos de la vida y la poética del escritor zacatecano al conjuntar la gran mayoría de los textos críticos, anecdóticos, así como de semblanza que sobre él se han hecho. El 15 de junio de 1988, Ramón López Velarde cumple cien años y sus aniver­sarios seguirán porque su palabra, su voz, vencieron al tiempo. Hoy el Instituto de Investigaciones Estéticas, que en su quehacer atiende tam­bién a la crítica y al análisis literario, desea contribuir con estas aportaciones a ese aniversario de uno de nuestros mayores poetas de este siglo. El presente volumen conjuga un buen número de textos escritos por reconocidos profesores, creadores, e in­telectuales de nuestro medio cultural. Como coordinadora de esta obra, deseo testimoniar mi agradecimiento al Dr. Jorge Carpizo, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México y miembro de la Comisión Conmemorativa del Centenario de Ramón López Velarde por designar y apoyar al Instituto de Investigaciones Estéticas en la realización de este proyecto.

Doctora Elisa García Barragán,

Directora del Instituto de Investigaciones Estéticas

 

 

Ramón López Velarde

“Un existir apasionado”

Sergio Monsalvo C.

Pág. 149

Minutos Velardianos

Ensayos de Homenaje

En el centenario de

Ramón López Velarde

(Cuadernos de Historia del Arte)

Instituto de Investigaciones Estéticas

Universidad Nacional Autónoma de México

México, D.F., 1988

 

 

MINUTOS VELADIANOS (FOTO 2)

 

 

 

 

 

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LONTANANZA: NITIN SAWHNEY (LA MÚSICA Y LA LLAGA)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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La música de Nitin Sawhney es una flecha disparada a la conciencia de todos. Una flecha templada con sensibilidad y oficio. Su briosa lírica posee el contenido propio del quehacer de un autor ya hecho, poseedor de la maestría y el poso de lo vivido.

Sawhney nació en 1964 en Rochester, en el condado de Kent en Inglaterra, y creció también ahí, un sitio en el que el racismo era (y es) una triste realidad. Los ataques de los ultraderechistas contra la etnia a la que pertenece –indio-británica— eran (son) constantes, a tal punto que hasta ser ya todo un joven seguía creyendo que tal situación era normal para las personas de ascendencia asiática como él. Su madre le decía que las cosas eran así y no había nada qué hacer.

Hoy, declara que el racismo es, ante todo, una manera de pensar condicionada por la historia. Intenta con sus manifiestos musicales hacer entender esa historia, que la gente en general cambie esos conceptos heredados y aprendidos.

“Para los niños lo más importante es soñar, pensar que lo puedes conseguir todo. Pero cuando eres de otro color en un país dominado por el imperativo ‘blanco’ y de los estratos, como me pasó a mí, la sociedad que te rodea no te deja soñar, aunque hayas nacido y crecido con la cultura del país y seas de ese país.

“Eso les sucede lo mismo a los indígenas de la América Latina que a los negros de Sudáfrica. La gente en general no lo piensa porque para ellos es lo normal actuar así. Los niños blancos y de otros colores crecen con y bajo esos prejuicios, es una cosa impuesta en las colectividades. Lo que quiero decir con mi trabajo es que podemos cambiar esa manera de ver el mundo con voluntad y sin permitir que esas ideas dominen”, ha dicho.

De esta manera Sawhney vio en la música una forma de escape a esa situación, y pronto acuñó un valor estético: “De la opresión nace la expresión”.

De niño aprendió a tocar varios instrumentos y ese interés por la música lo mantuvo hasta sus años universitarios cuando se reunió con un antiguo compañero, James Taylor, que ya actuaba en la escena del acid jazz al frente del James Taylor Quartet. Tal introducción al jazz lo llevó a la capital británica y a crear luego su propio grupo, The Jazztones, y a la postre el Tihai Trio.

Finalmente optó por una carrera como solista en 1994 y editó su álbum debut como tal: Spirit Dance. En él se encuentran ya las cimientes del estilo que lo daría a conocer, así como sus objetivos artísticos: una sorprendente y lograda fusión de la música india tradicional con el jazz.

 

En sus piezas comenzó a hablar de la migración, de la inmigración, de los problemas de la gran ciudad al respecto. De la lucha de clases y de razas, así como de otros conflictos que agobian al hombre.

VIDEO SUGERIDO: Nitin Sawhney – Distant Dreams, YouTube (Paul Morricone)

En su obra está Londres como metáfora del mundo y como telón de fondo y lo que representa para él: la mecanización, el automatismo de la vida, el poder de la banca y el dinero por sobre el político y el del ciudadano, la desigualdad entre las distintas razas que hoy componen la metrópoli y el imparable avance hacia el mestizaje.

Y todo ello lo canalizó no como panfleto sino como reflexión arropada con una música “total” y por ende incluyente. Una en la que desde sus comienzos estuvo interesado en armar y que supone la asunción de los recursos y técnicas de diversos géneros como el jazz, el drum and bass, el trip hop y el hip hop, sin perder la cadencia rítmica y aportando las fuerzas y riquezas de todos ellos.

Y fue incluso más lejos al fusionar los recursos propios de dos tradiciones musicales, la de la india (oriental) y la electrónica moderna (occidental), con ritmos y sonidos urbanos, con breaks jazzy y otros estilos como el soul, el r&b, el funk o el flamenco.

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El desarrollo que ha tenido a lo largo de dos décadas ha dado como resultado una especie de silbido de una sirena simbólica, que en su sonoridad unifica los misterios, pero a la vez la hace reconocible como una voz del hoy. Sus discos adquieren la forma del coro griego en el que muchas voces se convierten en una sola, donde asoma el ideal de la universalización humana.

Hasta la fecha, Nitin Sawhney ha publicado doce álbumes de estudio (Immigrants, del 2021, el más reciente) y cuatro compilaciones, a cual más aclamados por la crítica especializada y con sorprendente éxito de público en todo el mundo. Entre ellos hay alguna obra maestra, como es el caso de Beyond Skin, con la que obtuvo grandes reconocimientos y galardones, al igual que con London Undersound y el más reciente Last Days of Meaning.

El caos se ordena en la felicidad y en donde hay desdicha, hay materia sagrada. Esos parecen ser los mantras de este creador, que más que músico es un hombre renacentista contemporáneo.

Este prestigioso artista estudió la carrera de Derecho, es multiinstrumentista, ha sido DJ, tiene su propio sello discográfico, es productor, compone habitualmente soundtracks para películas, series de televisión, documentales, anuncios y obras de teatro, es un reputado actor, escritor y guionista de radio y TV y suele participar en los programas de debate político y de arte de la BBC inglesa.

De igual modo canaliza esfuerzos también hacia las ayudas sociales en las áreas de educación y construcción de comunidades, ha recibido títulos Honoris Causa de las universidades de Londres y de Kent y colabora en los más connotados periódicos británicos: The Guardian, The Telegraph, The Independent y The Observer, con columnas de opinión.

Se trata por lo tanto de un artista completo, que destaca en múltiples campos y que, además, es internacionalmente reconocido por sus álbumes de estudio.

La tragedia que él ve en la humanidad –el racismo– es también parte de la negra historia que ha marcado la de muchos pueblos. Por ello en sus cantos, en sus reflexiones, se retrata también la culpabilidad de todas las sociedades ante dicha infamia.

En la resonancia de esta música total se funden, pues, todas las voces y quizá un paliativo al sufrimiento de quienes la han padecido y padecen.

La propuesta artística de Sawhney es rompedora y hiere, como suele hacerlo la belleza, que como decía Platón es “el esplendor de la verdad”.

La música de Sawhney contiene una poética insólita y brillante, aglomeradora de géneros y emociones en la que se demuestra que no todo está dicho ni escrito, ni tocado ni cantado, confirmándose así el artista como digno heredero de la tradición de quienes reflexionan con la música y el baile, y al mismo tiempo como dueño de su propia e inconfundible expresión: una flecha templada con sensibilidad y oficio dirigida a la conciencia colectiva humana.

VIDEO SUGERIDO: Nitin Sawhney – Broken Skin, YouTube (The Demonlicious)

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LIBROS CANÓNICOS: BAJO EL VOLCÁN (MALCOLM LOWRY)

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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Sentimientos limítrofes. Esta característica de la narrativa consiste en hacer revelaciones tanto macro como microscópicas de la propia vida, que bordean en el terreno de la alucinación y enriquecen lo escrito con tales toques biográficos, continentes del espíritu del autor. Es el artista inmerso en su obra. Lo vivido, transformado por la sensibilidad, en manifestación del arte.

Una indiscutible obra maestra de la literatura que ejemplifica y confirma lo anterior es Bajo el volcán de Malcolm Lowry (1909-1957). Una y otro se encuentran fundidos en forma perenne. Lo están en gran medida por la cantidad de ingredientes autobiográficos que en ella se conjugan.

Pero lo están y en mayor cantidad porque Lowry es la novela, ésta lo encarna y es el único medio de acercamiento verdadero hacia el escritor. Bajo el volcán representa el espacio donde Lowry estuvo (ebrio) en compañía de sí mismo y logró el momento –un día que dura toda la eternidad– de la absoluta sinceridad.

La sinceridad es la insólita y apreciada esencia de esta obra. En ella el efecto vital está incorporado de forma rotunda, como una hidra íntima sin fauces, que mina, desespera y produce el desgarramiento personal que el autor sufre y luego revive a la hora de ir plasmándolo sobre el papel.

Por esto mismo la obra de Lowry es una de las más grandiosas en el logro de dicha comunicación. Es una obra básicamente personal que nos guía hacia su progenitor en forma contundente por tantos y diversos caminos como proporcione el estudio y la imaginación sensible.

Si el Cónsul –su alter ego— inscribió un graffiti en el que «no se puede vivir sin amar», Lowry sabe que es imposible vivir sin recordar y que todos sus recuerdos van a conformar el argumento de Bajo el volcán en primera instancia, porque él en verdad lo vivió, para luego, desde la altura de una vida ya hecha (o deshecha), sufrir con su escritura.

Esta novela de riquísima prosa lírica puede ser una historia privada si se quiere, pero igualmente es la historia de una literatura. Su encanto radica en que vemos la historia otra vez deshecha en su puro material de vida menuda, apuntalada por una construcción intelectual. En ella vemos descomponerse la nebulosa histórica en los infinitos e irisados asteriscos de la vida privada. Y en este caso el énfasis se da tanto en la ficción como en la forma.

El proceso de la memoria en Lowry adquiría niveles obsesivos: ¿por qué rememorarlo todo con tan inexplicable vehemencia? Todos sus recuerdos eran de sufrimiento -explicó uno de sus personajes-, de espantosa ansiedad; pero, sobre todo, de soledad o de una compañía peor que la soledad.

Se veía a sí mismo como un ente fantasmal que deambula entre la humanidad sin discernir claramente qué está haciendo en ella. En uno de sus poemas el propio escritor dijo que en su vida había intentado «una temerosa visión de sí mismo», y como tal, el Cónsul en Bajo el volcán, se maneja como un símbolo de la humanidad que ha perdido la orientación dentro de sí.

La novela escrita durante el preámbulo, desarrollo y primeras consecuencias de la Segunda Guerra Mundial refleja un destino fáustico para la humanidad, resultado del influjo del entorno sobre el escritor que así expresa la etapa de negrura que le tocó vivir.

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Ser o no ser, beber o no beber. Los demonios, lo demoniaco. En Lowry podrían llamarse demonios esas inquietudes, innatas y esenciales a todo hombre de genio, que lo separa de sí mismo y lo arrastra hacia lo infinito, hacia lo elemental.

Es como si la naturaleza hubiera dejado una pequeña porción de aquel caos primitivo dentro de los espíritus como éste y esa parte quisiera volver al elemento donde salió: a lo ultrahumano, a lo abstracto. Los demonios son, en Lowry, ese fermento atormentador y convulso que empuja su ser, por lo demás tranquilo, hacia todo lo peligroso, hacia el exceso, al éxtasis, a la renunciación y hasta la anulación misma.

Lo que Lowry experimentó en Bajo el volcán equivalió a algún tipo de iluminación, quizá hasta de cierto tipo de experiencia mística a que semejante sufrimiento lo condujo.

Por esto su figura resulta tan trágica y fascinante al mismo tiempo. Es en su sentido más puro la figura del artista que sólo se encuentra a sí mismo en el arte. La alteración de las relaciones de los personajes en la novela, a fin de sacarlos de la situación biográfica y elevarlos a un plano más universal, viene a culminar en lo que atinadamente se ha llamado la victoria del arte sobre la vida.

El poeta trágico de los primeros tiempos, al igual que los escritores trágicos de la actualidad, no actuaba como un elegido que se presentaba ante los ofuscados congéneres, sino que se levantaba del seno de la comunidad como un presentador del destino humano general que también lo incluía a él, y se exponía abiertamente, confiando sólo en su verdad, al juicio público.

Su visión giraba en torno a la destrucción y en ella irrumpía siempre la oscuridad. Así, de los griegos a Dante y de éste a Lowry. El protagonista es el hombre a quien la pasión demoniaca vela la mirada y confunde la razón. La naturaleza se muestra en él con irrefrenable violencia, dolor abrasador y desesperación clamorosa. Malcolm Lowry propuso al Cónsul como una figura de grandeza trágica en lo que para él nunca dejó de ser su «Divina Comedia ebria».

Alguien dijo que a pesar de que Lowry conocía el cielo, conocía mejor el infierno. Aunque conocía la esperanza, conocía mejor la desesperación. Por ello en el momento de Bajo el volcán el Cónsul era tan real como él mismo. Para Lowry resultaba inherente a su propia naturaleza imaginar que no escribía, sino que era escrito, «posiblemente por un caprichoso daemon«.

Por lo tanto, «¿Para qué escapar de nosotros mismos?», concluye el Cónsul-Lowry, si no se puede escapar de un destino ni aun haciendo trampa como algunos héroes míticos. El Cónsul era demasiado honesto para hacerla y se conformó con su propio destino.

VIDEO: Under The Volcano 1984 Trailer, YouTube (Screenbound Pictures)

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BABEL XXI-596

Por SERGIO MONSALVO C.

 

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 MR. LUCK

(RON WOOD)

Programa Radiofónico de Sergio Monsalvo C.

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